Te recuerdo

Si supiera donde encontrarte
iría presuroso solo para verte,
amaría por igual tus finos rasgos
de tu hermoso rostro del ayer.

Tu cabello suelto hasta la cintura,
tus ojos castaños, tus manos suaves
como la espuma de las olas en la playa,
aquella en donde nos conocimos
y donde seguramente nuestras almas,
vagan aun tomadas de la mano.

Tus labios carmesí, que más de una vez
fueron míos y que su sabor quedo para siempre.

Daría lo que no poseo por volverte a ver
solo una vez, para decirte que has sido
uno de los grandes amores de mi vida.

Le dicen poeta…

Erase una vez un joven humilde,
que con gran sensibilidad y mejor rima,
se ganaba unas monedas a la gorra,
recitando su propia poesía en el centro de la plaza.

Poco a poco, se reunían las gentes a su alrededor.
Era tan pasional como sus letras,
y atraía a bellas jóvenes que lo miraban
como si fuera un juglar de otra época.

Al terminar agradecía con una reverencia,
a aquellos que se habían detenido a escucharle
sin siquiera mirar en el interior de su gorra.

La poesía estaba en sus venas y sus letras
simples, adorables en armonía y seductoras,
atravesaban aun, las almas más extraviadas.

Sonata del adiós

Paso el tiempo que casi siempre es
el verdugo de la esperanza.
Pasaron cinco años, volviste
ya no éramos los mismos.

Nos encontramos en Buenos Aires,
caminamos por la acera del muro
del ferrocarril, en donde nos dimos
nuestro primer beso, tú en puntillas.

Al llegar, lucias dulce y amorosa como antes,
pero ya sin rebeldía, tu mirada sin matices.
Te robaron los sueños, y ya no pudiste mentirme.
No éramos aquellos, éramos otros, distantes.
Nos abrazamos por última vez, en el mismo lugar
en que todo se había iniciado.
Nos dijimos adiós, y supimos que ahí
en ese preciso instante, habíamos perdido
un poco de la vida que tuvimos.

Siempre el amor…

Reías a carcajadas y corrías
hacia los medanos,
Ciego de amor, te perseguía
a sabiendas que te alcanzaría,
para estrecharnos en ese abrazo
eterno sobre la blanca y fina arena.

Vienes?
Me preguntaste sabiendo la respuesta.
Cruzamos nuestras manos
alrededor de las caderas.

Llegamos al muelle
al atardecer, porque nos emocionábamos
al ver caer el sol sobre el interminable océano.

Nos besábamos en ese lugar aislado,
nuestro lugar en el mundo,
prohibido a miradas indiscretas,
de esas que tu familia,
cada tanto enviaba a seguirnos.

¿Donde estarás?

Amanecíamos juntos oteando el horizonte,
Riéndonos de todo lo conversado
en esas horas que eran espuma,
por la manera en que se diluían
rápido, imperceptibles burbujas.

Que hermoso y distante, aquel tiempo
en que junto al mar, hacíamos lo prohibido
escondidos en la casilla del guarda vidas
que meramente se transformó en cómplice.

Eras rebelde e inconsciente, te exhibías
ante el mundo como la distinta entre los tuyos.

Y yo, halagado por tenerte siempre conmigo
Haciéndoles ambos, los cuernitos a la gente
que te indicaba que hacer, por tu clase social.
Ay, eterna rebelde donde estarás.
Hoy, en que te necesito tanto.

Iré a buscarte…

La brisa del mar de la mañana me acompaña,
junto a la espuma que deja cada ola, en la húmeda arena.

Recuerdos del ayer como torbellino vienen a mi mente.
Aquí nos amamos, nos reímos, bailamos en la noche
bajo la luna que nos miraba, junto al mar.
En mi arcón guardaré todo ello más lo que vendrá
hasta el final de las tantas vidas que tendré.

Mi “dejavu” será una inmensa biblioteca de cosas buenas,
y entre ellas primero, mis afectos luego el amor y fantasías
de las que cada mañana al despertar, extrañare tanto
como a ti al no encontrarte, el calor de tu cuerpo sobre el mío
la suavidad de tu piel, tú cabello rizado, tu boca única…

Nuestro amor fue tan intenso, que aun deseándolo
no lo puedo soñar. Por ello de mis amores, serás el primer tomo.
Pero descuida, espérame para que volvamos a ser aquellos
que seguiremos siendo, bailando por la noche en esta, misma playa.

Dicha

No he podido dejar de andar y mirar
la casa vacía, desnuda de lo corpóreo
y plenas de almas del pasado,
que corren y dan vuelta, una y otra vez
a mi alrededor, con risas tan cercanas.

Que maravilloso resulta escucharlas,
al acompañarme en esta soledad que no daña,
que me place a seguir viviendo, para solo ser feliz
en cualquiera de sus múltiples estados.

He tenido la dicha, de ser un optimista de la vida.
Amar y ser amado. Enfrentarme a las injusticias.
Y tener para el ego, mis pequeñas victorias.
Pero no un ego suicida, solo uno solidario y generoso.

Pero aún me siento en el piso como niño fui,
esperando ese abrazo que llegará, aunque no lo perciba.