Mi primer automovil…

Hoy sábado, ha sido un día muy especial. Hace un tiempo; mi hija mayor creyendo como siempre que quien escribe, siempre tiene las respuestas a todas las preguntas -a pesar de reiterarle una y otra vez, que cada día que pasa, sigo aprendiendo además de sorprenderme por no solo, lo que sucede en mi querida Argentina, sino en el mundo libre-

Tanto ella como su esposo, deseaban comprar su primer automóvil -obviamente usado, ya que los precios de los 0 km. son inalcanzables no sólo para ellos -maestros de escuela-; sino para la mayoría de la clase media argentina “hoy sufriendo enormemente los efectos económicos de la pandemia”.

Buscaron y buscaron por Internet, en sitios dedicados a la compra venta de automóviles y dentro de su humilde y esforzado presupuesto; me comentaron si de ver alguno que les resultará interesante, los acompañaba y les diera mi opinión. Sorprendido; le recordé a mi querida hija que mi profesión no era la de mecánico automotor y solo contaba con la experiencia de vida, de haber vivido situaciones similares, aprendiendo aquello que debía observar antes de cerrar cualquier operación de compra.

Los pase a buscar a su casa; y ansiosos como esperando la llegada de “Papá Noel” me indicaron donde se encontraban dos automóviles que debíamos observar para decidir por si o por no.

A 7 kilómetros llegamos a donde un tal Juan Pablo, tenía un automóvil para vender dentro del presupuesto con el que contaban.

Ya les habia comentado el cuidado que se debía tener en el mercado de compra venta de usados, ya que generalmente quien se dedica a ese rubro -excepciones, mediante- resultan ser verdaderos “piratas” quienes se ocupan de “maquillar” el producto, o les tocan el  velocimetro bajando el número de kilómetros rodados, entre otros trucos.

Aquí; luego de observar el auto sin la presencia del vendedor, observando múltiples detalles que los hicieron desistir de comprarlo; igualmente les dije que llamaran al vendedor quien al llegar y pedirle que pusiera en marcha el vehículo, irrisoriamente demostró que como  “pirata” quedó al descubierto en ese mismo instante, por el descomunal hecho de que no pudo hacer arrancar el motor, justificándose de que la batería no funcionaba (SIC).

Nos miramos sorprendidos y partimos raudamente, no sin antes saludarlo. Tan impresentable fue la situación que aun sonrió, al escribir estas líneas.

Realmente el vendedor resultó ser un verdadero “chanta” (1).

Proseguimos al segundo punto del recorrido, más o menos a dos kilómetros, donde una persona vendía un auto con algunos años encima afirmando que era el titular.

Al llegar, se presentó rápidamente – previamente vimos el automóvil y dentro del uso y años que tenía, se veía bien parado.- Abrió las puertas del vehículo y puso en marcha el motor, coteje si por el caño de escape “fumaba o largaba aceite”, observe algún óxido en el baúl y que tenía algunos arreglos de chapa. Pero en líneas generales; por el dinero del que disponían era como para hacer una reserva , negociando una baja de precio.

Así lo hicieron; y ambos -mi hija principalmente- quedaron contentos como si en este caso hubiera pasado realmente “Papá Noel” y dejado el automóvil de regalo.

La alegría de ellos, es mi alegría. Un pequeño sueño cumplido, siempre es importante.

Ahora comienza el tema del papeleo burocrático.

Y quizás; mi querida hija que tiene que andar de bus en bus en estos tiempos de pandemia, pueda ir con su “autito”.

(1) Chanta:Que presume de tener algo, especialmente una capacidad, un conocimiento o un poder, que en realidad no posee.

El sueño…

Era el distinto en ese lugar
donde predominaba el delito,
barrio pobre si lo hubiera
en el conurbano de la provincia
de la gran ciudad y a la vez tan lejana.

Padre changarin, madre domestica
que de bus a bus, casa a casa
llevaban los escasos pesos
para mantener seis bocas,
dándoles un plato de comida
por razón alguna nunca les faltara.

Julián era su nombre soñaba
con salir de ese lugar pero sabía,
que solo con su esfuerzo sin dobleces
en un año apenas tendría su título,
luego de un lustro de estudios
que lo convertirían en letrado.

Ya trabajaba medio tiempo
en un Tribunal como auxiliar,
para ir a la salida a la universidad
esa que le abrió un nuevo mundo
pleno de desafíos y oportunidades.

No buscaba solo su éxito personal,
pero bien sabía que él lograría
una mejor vida para su familia,
imaginando otro lugar donde vivir
sin sobresaltos ni droga, ni mas el miedo por disparos en la noche.

Sueña…sueña Julián que tu tesón
hará que tu vida y la de los otros,
merezca la pena vivirla a través
de tu esfuerzo y logrando con ello
convertir tu sueño en realidad.

Colapsum

Eres Ángel que se esconde
en la neblina de una calle,
es a quien aguardo agazapado
como la bestia en que me converti
por todo aquello donde la sorpresa
se volvió “la nueva normalidad “
en mundo cada vez más desigual.

En esto del paraíso y del infierno,
en este último me siento seguro
por la razón que ya se quien miente
como otras veces al escucharle.

Por eso construí un muro que no dejara
paso hacia un paraíso al que iran todos,
también aquellos miles que soguzgan
a miles de millones que en la hambruna
el propio sistema los arroja día a día

Pero estos últimos dejarán de sufrir
para ya inertes, convertirse en almas
puras que encontrarán una dimensión
que les proveerá la armonía y paz
desconocidas desde siempre en toda su vida.

Creí tanto hasta que un día,
deje de hacerlo
por los que nada tienen,
los marginales
desde aquí con desprecio
“mal llamados”
sudacas hasta el Japón,
en donde duermen
miles en cuchetas
rodantes aberrantes.

La película “Colapso”
la dirigen inexpertos,
que son segmentos
tan cruentos, tan reales
tomados en planos
de la vida de cada día,
que ni siquiera argumento
posee y solo muestra
la realidad hacia donde
nos dirigimos tal como
lo hace un documental.

Paraliza y sorprende,
ciertamente.

Hacia nuestra masacre
autoinflingida de los años 50
de este repugnante siglo,
donde la avaricia consume todo.

He visto tanto odio,
tanta traición,
desigualdad 
y desprecio por los otros,
en estas décadas de mi vida,
que dudo volver a creer
en aquellos ángeles,
que niño pretendian
convencerme de su protección.

En un mundo de pocos,
decidiendo el final de los otros
no cesare de denunciar
la agonía que nos va cercando.

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La decisión

Estaba sintiéndose fantásticamente, luego de la posibilidad de irse hacia el Sur, ante la propuesta que le hiciera una corporación petroquímica de enorme relevancia en el país. Ocuparía el cargo de superintendente de Recursos Humanos  y se constituirá según le habían dicho en un hombre público dentro de la ciudad de Bahía Blanca, ya que debía participar en todo acto político que pudiera organizar el intendente de turno.

Ya a los cuarenta años, tenía una dilatada trayectoria laboral en puestos de jefatura y gerenciales diferenciándose de sus colegas, porque ponía siempre al trabajador o a la trabajadora en primer lugar, no por simple demagogia sino porque profundamente estaba convencido de que las relaciones interpersonales, debían desarrollarse en un marco de mutuo respeto y consideraba que la empresa de alguna manera tenía que conectarse con la familia de cada colaborador, ora recordando su cumpleaños con una tarjeta de salutación; o con los regalos acordes a fechas festivas tales como el día del Niño o por las fiestas Navideñas; o los años en la empresa que desde los cinco años cumplia todo empleado. Tal es así, que aquel que estaba cerca de sus bodas de plata en la empresa, ya tenía asegurado un viaje para dos personas a cualquier lugar del país, con todos los gastos pagos durante una semana.

Era tan obsesivo en la colaboración recíproca, que desarrolló los estatutos de una cooperativa sin fines de lucro, en la que participaba todo el personal, sin distinción de rango o jerarquía, para la realización de actividades deportivas y sociales, destacándose entre estas últimas los alimentos no perecederos elegidos por la mayoría del personal, que se compraban mensualmente a precios mayoristas, lo que generaba una sensible mejora en cada economía familiar. Los bolsones luego se distribuían a través de los vehículos que la empresa ponía a disposición sin cargo alguno.

No se encontraba incómodo en la empresa que había ingresado hacía ya dieciséis años, pero pensaba que había cumplido un ciclo y deseaba para su familia, un mejor pasar económico.

Ya había realizado en la nueva Corporación innumerables entrevistas; así como los más complejos test psicotécnicos, superandolos con éxito. 

El gerente general del área, de apellido Turner había mostrado una sorpresiva empatia con el desde el primer momento en que se conocieron. Turner, en la casa central del grupo en la ciudad de Buenos Aires sería su jefe inmediato y a una distancia de aproximadamente 700 kilómetros. 

Como todo cambio -quizás no sólo pesaron los años que llevaba en la empresa- en el mes previo a su partida, le informó a la Dirección de su alejamiento. En aquel momento; los dos o tres ejecutivos de la alta dirección no hicieron otra cosa que reunirse con él, para que no se alejara de la manufacturera autopartista.

Entre todos esos tirones pensó en su madre, ya mayor con la que por ser el menor de cuatro hermanos, mantenía una relación edípica al revés -su madre “le hacía sentir que necesitaba siempre de él, cualquiera fuera la situación”; su esposa y sus hijos de 10, 9 y 5 años, el hecho de que había retornado a la Universidad de Buenos Aires…entre otras tantas cosas.

Por el contrario, había deseado siempre alejarse de la ciudad de Buenos Aires a pesar de haber nacido en ella. Quería respirar en un ambiente, en donde las personas serían quizás más solidarias entre sí. Sumaba a ello, las entrevistas con Turner quien lo “animaba”, diciéndole que los fines de semana podía irse a los campos que tenía la empresa, en los alrededores de la ciudad a comerse un “asadito” con la familia o meramente a pasear y divertirse con los niños.

Ya faltaban unos 10 días; cuando lo llamó Turner diciendo que ambos partían desde el aeroparque de Buenos Aires hacia Bahía Blanca, dándole la fecha y hora de embarque. Sería su presentación con el personal jerárquico de la planta, con la que sería su secretaria, como asimismo con los delegados gremiales de la comisión interna del personal. Sería una visita de reconocimiento, para luego coordinar la búsqueda de una vivienda para la familia y programar su arribo definitivo a la planta industrial.

Se noto muy ansioso; nervioso. No por el desafío, todo lo contrario. Si no por lo que dejaba. El lunes anterior a su partida, le avisaron que había sido convocado por uno de los Directores de la empresa en la que aún se desempeñaba en la Casa Central. Subió a su auto y en unos treinta minutos estaba allí. Se anunció y le informaron que subiera a su despacho.

El Director lo recibió con una gran sonrisa y un fuerte apretón de manos, invitándolo a sentarse. Luego de conversar algunas trivialidades, aquel fue directo al grano; se negaba a dejarlo partir y le ofreció ser parte de la Dirección en menos de un año, con un aumento significativo en su salario desde ese mismo momento. El aún joven ejecutivo sorprendido pensó hacia adentro – “que gratificante hubiera sido que me lo dijera antes de enterarse de que me iría de la empresa”- Le respondió que le diera 24 horas, era un tema tan importante que necesitaba hablarlo con su esposa, a lo que el otro accedió. Por otro lado, ya no tenía manera de dar marcha atrás al viaje con Turner a la ciudad de Bahía Blanca. Se sintió ahogado, como si le faltara el aire. Si ya fumaba demasiado; ese último mes había resultado caótico.

LLegó a su casa; conversó con su esposa y esta le dijo que solo él debía decidirlo.

El lunes a las 7 AM tomó un taxi y se dirigió al aeroparque Jorge Newbery. Vio a Turner en la cercanía del embarque que lo esperaba con una sonrisa, haciéndole una seña para que se acercara. Así lo hizo, estrecho su mano y simplemente le dijo;

  • Señor Turner; no se como disculparme pero desisto de la posición y no viajaré con Ud.,hoy.-
  • Turner dudo unos segundos, su rostro se notaba rígido y serio, solo le atino a contestar; no se preocupe, a mi me sucedio una vez pero en aquel momento decidí pensando en dónde estaba y adonde iba…-

¿Somos quienes quisimos?

Cada vida se construye de errores y aciertos por igual mal nos pese
por el solo hecho de ser humanos, simples mortales y falibles,
pero con una gran diferencia, hay quien amanece deseando construir
mientras otro prisionero del egoísmo y avaricia se esmera en destruir.

No es solo consecuencia de ser rico o pobre, es nuestra propia naturaleza
la que nos transforma sin avisarnos en ángeles o demonios o viceversa,
oiremos proclamas hasta nuestro último suspiro que será la benevolencia
la que nos permitirá viajar sin obstáculos hacia aquella enorme puerta,
que se cerrara para siempre llevándonos un centenar de interrogantes
y solo nuestros con la ignorancia del sin saber que sucederá al traspasarla.

Siempre he creído en algo absolutamente superior a los mortales,
pero si bien he respetado a toda religión y sus templos, no lo he hecho
con quienes hombres al fin se asumen como voceros de algo superior,
siendo buceadores de aberraciones como voceros que cada religión.

Somos lo que quisimos ser sin excusa alguna, nos convertimos
en quienes somos con los materiales que supimos utilizar o ignorar,
el camino de la construcción fue en los primeros años la enseñanza
de nuestros mayores, pero luego pudimos siendo racionales tomarlos
o cambiarlos para una mejor vida y ello era solo responsabilidad nuestra.

No hay excusas cuando se esgrime que la culpa la tiene el otro,
si teníamos una vida que no deseábamos porque no modificarla
-quizás la comodidad de no hacer nada, nos hizo inconscientes-
porque sabíamos que nuestra zona de confort sería inalterable
y esos otros que construyen serían nuestros eternos proveedores.

La vida que vivimos es en realidad cuestión de suerte?

Absolutamente no.


Fueron las convicciones que mantuvimos durante mucho tiempo,
reitero con aciertos y errores como seres imperfectos pero a sabiendas
de lo que debíamos lograr como objetivos de vida, y sin claudicaciones.

La queja por lo que somos no existe, porque somos lo que quisimos ser.

La vida que no elegi…

Durante siete días me sucedió lo que nunca me hubiera imaginado, me orinaba caminando por la calle -en esos casos, trataba de cubrirme avergonzado y no muchas veces lo lograba-.Con la defecación pasaba lo contrario; debía tomar laxantes en abundancia, ya que sin ello, no podía eliminar las heces.


Luego de quince días; fue como si alguien de constituirse en víctima se transformara en victimario. Deje de llorar a escondidas; y me dije a mi mismo que no era posible. Que no tenía enfermedad alguna.


Mi mente se adueñó de esa creencia y no la abandonó hasta el final. Realizaba mis actividades habituales con normalidad, pero sin cometer excesos. El temor a la muerte y el pensar en la la orfandad de mis hijos; comenzó a disiparse.


Era una obviedad; que las decenas de estudios de alta complejidad que debía realizar en el Hospital Italiano, requirieron la prescripción por parte del joven neurólogo de dicho centro de salud.
Ya en la primera cita médica; le había dado un pormenorizado detalle de mi encuentro con su colega. Me sorprendió la personalidad y firmeza, con que se puso a mi disposición para lo que necesitara.


Mientras tanto; estoicamente soporte durante un mes que una enfermera me aplicara en la hipófisis, el inyectable de corticoides.

El primer episodio había sucedido exactamente el 3 de junio y los sucesivos resultados que se extendieron hasta noviembre de ese año, no arrojaban una ratificación del diagnóstico que me brindara “aquél afamado profesional”.


A principios de diciembre; el joven neurólogo del Hospital Italiano me recomendó hacer un último estudio -una punción de médula-, para dar su opinión final.

Agotado de todos los estudios realizados -invasivos o no- le respondí afirmativamente. Me dio la cita médica para su realización, la que no fue lo dolorosa que me imaginaba.


Los resultados estarían para el 20 de diciembre; previo a Nochebuena. Ya el día anterior; recopile todos los estudios realizados y un regular nerviosismo se fue apoderando de mi.


Concurrir a la hora indicada; hacerme anunciar y pasar al consultorio del neurólogo del Hospital Italiano, llevó escasos minutos. El Dr. Lagman me aguardaba impaciente y sonriente, con sus manos sobre el estudio apoyado en su escritorio.


-Hola, Daniel. ¿Cómo ha estado?


-Bien…muy bien Doctor. Llegamos con esto al final de un infierno que duró casi 6 meses…verdad?


-Y si…pero finalmente llegué en lo personal, a confirmar mi sospecha y sostener mi diagnóstico.


-Entonces Doctor…cuál es su conclusión?

Usted Daniel; no sufre de enfermedad desmielinizante alguna.

¿Como? La paresia de miembros inferiores, la micción…


Me detuvo mostrándome la palma de su mano y expresó; Daniel seguramente esto ha sido un virus que se alojó en su médula y como así lo hizo, luego se fue. Hasta a mi como profesional, me cuesta comprenderlo-


Sorprendido…quedé por unos segundos, sin posibilidad de emitir palabra alguna.

Luego le pregunté si podía haber secuelas o podría repetirse y me contestó; que si bien la medicina no era una ciencia exacta, yo era un hombre absolutamente sano.


Recibí el informe de la punción lumbar y se sorprendió cuando en lugar de estrechar su mano; lo abrace repitiendo una y otra vez…gracias Doctor.


Al salir del Hospital Italiano; alce la vista y derrame un par de lágrimas sin realizar esfuerzo alguno.

Cómo comprender todo lo vivido; junto a quien fuera mi esposa y mis hermanos -un núcleo muy intimo- en ese infierno de casi seis meses.


Inhale profundamente y exhale de igual manera, para relajarme. Me dirigí pronto a mi casa, donde mi esposa aguardaba. Nos fundimos en un interminable abrazo. Luego besé y abracé a cada uno de mis hijos. Por tercera vez, alguien o algo decidió que no era la hora de marcharme.


Retome mis actividades -las que nunca durante ese periodo había dejado- con el ritmo de autoexigencia de siempre. Por ello; hoy sugiero a quien se parece al que fui -que inhale profundo “energía” y exhale de la misma manera “relajación”.


La vida es hermosa; pero vaya que cuesta vivirla con sus menos más que con sus más. Sin “falsa humildad”; debo decir que me construí a mi mismo tomando los mejores ejemplos que mis padres, supieron darme.

Al seguir desempeñándome en cargos gerenciales en empresas multinacionales o nacionales, fui siempre un  workaholic -adicto al trabajo- y así me fui alejando de todo aquello que podía brindarme armonía y paz interior. 

Sï, es cierto durante las vacaciones; llevaba a mi familia a una pequeña casa que poseíamos en una de las tantas bonitas playas del Atlántico.


Pero solo iba los fines de semana o bien la última semana de esos dos meses de verano, en que nos trasladamos a ese lugar. Para ser honesto; no sabía o no quise nunca delegar ninguna decisión. Me arrepiento de ello y de qué manera!


Considerando mi actividad profesional, relaciones interpersonales, estudios universitarios, seminarios y congresos me olvide de disfrutar lo más importante de la vida: mis hijos cuando tenían una edad, en que mi presencia debía ser no la de un amigo, pero si una guía en donde compartir todas y cada una de las cosas, que nos perdimos hacer juntos.

Por eso felicito hoy; a aquellos jovenes y no tan jovenes que priorizan “la vida”.


Avanzaba el año 2005; cuando a mediados de años comencé con “los ataques de pánico”.

Consulta a un psiquiatra; quien con buen criterio me derivó a un neurólogo, para constatar si el origen era consecuencia de alteraciones observables. Con el resultado negativo; me medico y luego de quince días me informó que padecía “trastorno bipolar grado 1 o leve”.


Seguramente alguna amiga o amigo que está leyendo estas líneas; habrá visto por Netflix la bonita película española “Loco por ella”. Bueno, la protagonista es bipolar grado 1 -severo-; que tiene altos grados de euforia como de depresión en ambos casos, siendo acompañados de pensamientos suicidas.


Por ello; en algunas circunstancias que he visto a personas hablar o conversar; dando una opinión sobre un hecho determinado, siempre se ha dicho que ello es “gratis” y me resulta correcto -esté o no de acuerdo con ella- , pero resulta muy desatinado cuando se utilizan acepciones, creyendo que son análogas a lo que se dice.


Así; es frecuente escuchar “soy muy bipolar” por quien no tiene una puta idea de lo que significa ello como trastorno de la salud mental. Confunden ello, con quien es ciclotímico, que significa la variación frecuente en sus estados de ánimo en el mismo eje de tiempo.


El trastorno bipolar afecta por igual a hombres y mujeres. Casi siempre comienza entre los 15 y 25 años. La causa exacta se desconoce, pero se presenta con mayor frecuencia en parientes de personas que padecen dicho trastorno.


En la mayoría de las personas con trastorno bipolar, no hay una causa clara para los períodos (episodios) de extrema felicidad y mucha actividad o energía (manías) o de depresión y baja actividad o energía (depresión). Los siguientes factores pueden desencadenar un episodio maníaco:
parto, medicamentos como antidepresivos o asteroides, períodos de no poder dormir-insomnio-, consumo de drogas psicoactivas.


Las/los bipolares somos “conejillos de indias”; ya que no todos los fármacos pueden mejorar nuestra calidad de vida. Y así el profesional actuante, va como en “tubo de ensayo” probando hasta llegar al más adecuado, según el paciente.


En mi caso -bipolar grado 1 o leve- hace años que los fármacos evitan esas depresiones que me tenían a maltraer hace ya tiempo. No obstante; durante esta mal llamada “pandemia”, el aislamiento o confinamiento, si así lo prefieren, ejerce una presión nociva.


Por ello, el motivo de mis apariciones repentinas como desapariciones, por las que les pido disculpas, por el solo hecho que hay momentos en que no leo y disfruto, lo que verdaderos escritores o poetas magnificamente escriben en esta plataforma.


Ahora; quizás comprendan aquello de…”Hubo un día en que me pregunté, cuál era el motivo por el cual seguía en este mundo…” Pero que nadie dude; de que seré centenario…


Feliz Domingo de Pascuas!

Gracias por leerme. Abrazos totales.

La vida que no elegi…

Debo realizar una pausa; para explicar que significa la Esclerosis de placa o Esclerosis múltiple (EM),

Esclerosis en placas o Poliesclerosis se conoce una enfermedad degenerativa del sistema nervioso caracterizada por la destrucción de la sustancia blanca que recubre los nervios, llamada mielina, la cual es sustituida por placas de tejido conjuntivo, de tipo cicatricial.


La causa de la EM permanece desconocida hasta hoy. No obstante, se reconoce la existencia de factores genéticos, que si bien no son absolutamente determinantes, generan una predisposición a padecer la enfermedad. Sobre esta predisposición genética uno o más factores ambientales podrían influir en su desarrollo
Se demostró que la EM está mediada por una reacción autoinmune, es decir un mecanismo de auto agresión donde el sistema inmunológico, normalmente encargado de las defensas contra agresiones externas como infecciones, por razones aún no totalmente clarificadas, genera una respuesta hacia estructuras del sistema nervioso como la mielina, provocando su lesión y la aparición de los síntomas de la enfermedad.
La esclerosis múltiple es imprevisible y el curso de la enfermedad no se puede pronosticar. Si bien cada persona experimenta una combinación diferente de síntomas, hay cuatro formas definidas de la enfermedad.
Una de las formas de la enfermedad es la EM primaria progresiva:
Esta forma de EM, presente en alrededor de un 10%-15% de los pacientes, se caracteriza por la ausencia de ataques clínicos (brotes), y por un comienzo lento y un empeoramiento constante de los síntomas a lo largo del tiempo. Es común en aquellas personas que desarrollan la enfermedad después de los 40 años.


En ese momento tenía 43 años; una esposa de 35 y tres hijos de 13, 12 y 8 años.


Sentí en ese momento que mi mundo se desmoronaba…solo le pregunte;
Que tiempo tengo Doctor; tengo una familia y no deseo -no por orgullo- que tengan que golpear alguna puerta para ser socorridos. Quiero saber de cuánto tiempo dispongo; para planificar todo lo que debo realizar…
Dr. Mire; si Ud. tenía 20 años ya habría fallecido. Pero a su edad, la enfermedad avanza más lentamente. Eso sí; comenzará con discapacidades como la pérdida de la vista; motoras y me animo a decir que estimo en un año su expectativa de vida, que puede ser un poco mayor si comenzamos con estudios de alta complejidad y para ello, le aconsejo que continúe paralelamente con su prestadora médica, ya que son muy costosos.
Eso si; no debia hacer esfuerzo alguno, jugar lo menos posible con mis hijos, dejar de estudiar, trabajar solo algunas horas… Pense para mi si quien tenia enfrente, era realmente consciente de lo que me estaba diciendo.

De todas formas, me prescribiría que me inyectaran por un tiempo y todos los días, corticoides en mi hipófisis ya que esta no lo generaba por sí misma…según él.

– ¿Comprender? Lo escuchaba bien lejos…mi cabeza era un caos…La    idea de la inmortalidad, de golpe se esfumó. Asentí, como aquel que va a recibir un paquete de caramelos…me entregó varias órdenes para realizarme varios estudios tales como RMN y uno específico al que llamaban “blink reflex”, este sumamente molesto porque con clavijas en el cráneo me daban impulsos eléctricos en el pene (que tendría que ver, me preguntaba cual ignorante).

Para ello, debí concurrir a un especialista en neurología, y me encontré con un joven profesional que fue el principal soporte en que me apoye, incondicionalmente.


Pero antes de ello; cuando salí del recomendado y afamado profesional allá por el invierno del ´93, estaba en la disyuntiva casi medianoche de llegar a mi hogar y no decirle nada a mi mujer, menos a mis hijos. Pero el estrés padecido era tan grande, que al llegar me derrumbe balbuceando lo que había pasado, estallando en llanto. Mi mujer se sumó a mi estado.Se le estaba cayendo la columna; el omnipotente; el que todo lo solucionaba.


Durante una semana y sin que los niños se enteraran de nada; lloramos juntos y cuando entraba al baño por las mañanas a darme una ducha, al afeitarme me miraba al espejo y lloraba, pensando alborotadamente que debía planificar frente a un futuro de corto plazo, en que solo seria un viaje de ida.


No servían los ejercicios o intenciones de comprensión que partían de mi esposa o de mis hermanas. A mi madre, quien padecía una leucemia crónica severa desde hacía años y la acompañaba cada mes a su médico de cabecera, nada le dije y lo mismo le exigí al resto de la familia, para no potenciar aún más su enfermedad.


Mi cabeza giraba tanto, que al ir a trabajar y ver por la calle a una persona adulta mayor, me preguntaba Porqué yo y no él A lo que llega uno; ante el abismo en que la vida puede diluirse.En qué miserable se convierte uno, …verdad? Porque nada justifica el medio, para huir del final.


Continuará…

La vida que no elegí…

Detente…lectora o lector. Lo que has leído hasta aquí, no significa que quien escribe este relato, resulte ser un dechado de virtudes. De aquellos que creen en los siete pecados capitales; salvo la envidia, la avaricia, la pereza y la gula…en el resto me anote en todos.


“ Quién esté libre de pecados, que tire la primera piedra” dicen por ahí; así que seguramente si existe el paraíso deberé pasar obligatoriamente por la antesala de admisión. ¿Quién realizará la evaluación? ¿O directamente iré al subsuelo?. O solo desenchufar…y el vacío. Quizás sea esta creencia que poseo de la vida; es que son infinitas dimensiones que nos reciben en forma circular.


Además quien elige su vida…si hasta hoy esta “ser fashion” cambiarse el nombre ya de adulto, contrario a aquel deseo primigenio de los padres. Estoy totalmente de acuerdo con ello. Porque leo a veces nombres que son impresentables o innombrables.
Por ejemplo, si me dieran a elegir hoy…sería Julio por el gran Cortazar.


Bueno; seguiré con mi relato. Deseo no aburrirlos, pero es lo que en este momento deseo hacer para llegar a la conclusión del porque, estoy convencido que existe algo más allá, de nuestro paso por este caótico mundo -pandemia incluida-.


En el año 1993; precisamente en el mes de junio y recién iniciado el invierno, un episodio nocturno conmocionó el hogar. A las tres de la mañana, no sentía las piernas -mi cerebro les ordenaba que se movieran, pero las pícaras no respondían y rechazaban la propuesta de la mente-. Además de ello; problemas de micción y esfinter anal no me permitían realizar mis necesidades fisiológicas. Quien fuera mi esposa, se comunicó con nuestra prestadora médica y a la media hora, apareció un médico clínico que tenía más sueño que voluntad de ejercer su profesión -que me perdonen aquellos, que hacen de ella, un sacerdocio-

.
La única manera era estar en cama y sentado, con mi espalda sobre el respaldar. Me auscultó y considero que seguramente se había producido un pellizco sobre el nervio ciático, lo que había producido la paresia y el fuerte dolor en la zona por debajo de las cervicales. Temerosa mi mujer, recibió la receta con los medicamentos prescritos y quiso salir a comprarlos a la primera farmacia o botica, que encontrará abierta. Mi respuesta fue NO. A esa hora con el gélido frío que ya se hacía sentir en Buenos Aires y por su seguridad, le conteste que esperaría así sentado hasta que amaneciera y con la luminosidad del día de ser necesario, iría. Tranquila, le dije…hay tiempo..
.


Ya había amanecido 8 AM de la mañana; primero mis pies y luego mis piernas, ahora si se doblegaron a las órdenes de mi cerebro y comenzaron a movilizarse. A los quince minutos, me incorporé de la cama y comprobé que aún se mantenía la imposibilidad de orinar y evacuar el aparato digestivo.


Era un sábado -sin responsabilidades laborales, pero como buen adicto al trabajo me costó errores pedir  ayuda-  Pero no había otra salida; llame a uno de mis cuñados quien presurosamente, me llevó en su automóvil al Hospital Italiano, del cual en esa época era socio por mi prestadora médica privada.


Allí ingresé por la guardia y luego fui derivado a tres especialistas; de clínica médica, neurología y urología. De alli sali igual; pero con una orden médica del neurólogo, para hacerme tres estudios somatosensitivos  denominados “sensorial, visual y auditivo”.


En aquel momento, la familia cercana, se revolucionó. Y a pesar de seguir con los estudios por el Hospital Italiano, una de mis hermanas mayores, Alicia quien falleció por COVID el pasado año y a los dieciocho años le habían extraído un tumor del tamaño de un huevo, entre la médula y la columna, que la estaba dejando paralítica me trajo de su memoria, la devoción por un famoso neurocirujano que la había atendido, recomendándome solicitar una cita médica con el dicho profesional
, a lo que accedí.


Así lo hice; no sin antes realizar los estudios y tener en mi poder los resultados de los somato sensitivos. El día de la cita médica fue un día de locos. En una avenida de gran circulación, un desperfecto de mi automóvil, me dejo de pie a quince minutos de aquella. Mi turno era a las 8 PM y llegué cerca de las 9:30 PM. Sin embargo, el renombrado profesional quien se desempeñaba como Jefe Neurocirujano de aquella entonces Federacion Argentina de Box, aun se encontraba en el piso.

Luego de aguardar unos minutos en la sala de espera; el profesional me hizo pasar a su consultorio, pretendí darle los estudios pero los rechazó secamente. Me pidió que le relatara el suceso y al finalizar, me respondió que podía ser uno de tres diagnosticos; A) Histeria B) Tumor C) Enfermedad desmielinizante.


Luego me solicitó que me desnudara, y me requirió hacer los movimientos propios de un examen neurológico. Al finalizar; me dijo que me vistiera y sentará. Fue allí, que me solicitó recién los estudios.

Con una sonrisa en su cara y una “soberbia manifiesta”, exclamó: Lo sabía; histeria no es porque usted de la forma que me relató lo sucedido, no conoce “una mierda” (SIC) de medicina. Un tumor, tampoco.

Usted, amigo sufre de una enfermedad desmielinizante. Y a partir de allí, se produjo el siguiente diálogo;


-¿Doctor, disculpe me puede decir que es una enfermedad desmielinizante?


-Dr.; Esclerosis en placa, muerte progresiva.

  • Me movi nervioso en la silla,,,respire profundamente…confundido…sorprendido…solo exclame ¡Como!

    Continuará…

Deseo que me permitan hacer un paréntesis o una parada técnica; para aclarar que no me considero “ni víctima ni victimario”, de la vida que he tenido.

La razón es que cada uno de nosotros utiliza los ingredientes que desea o dispone, por lo que nunca la vida en sí misma, no siempre es totalmente buena como tampoco totalmente mala.


Prosiguiendo el relato; aún hoy me pregunto qué sucedió en aquellos ya lejanos dieciséis años.

Nadie me supo o se atrevió a decirme -gran error- que fue aquello, ya que aún continúa ese espeso velo que no me permite recordar, como si fuera un episodio de amnesia transitoria, los hechos de ese lapso que tuvo una duración de aproximadamente seis meses.


Nunca me caractericé por ser el primero de la clase; pero la fui llevando. Lo idílico de la justicia y libertad se interpuso en mi juventud, haciéndome muy participativo de cualquier revuelta o manifestación que se organizara para defender esas nobles y utópicas causas.


Pero si bien me oriente a las ciencias sociales; la necesidad me hizo esclavo del capital. Ahí se acabó el lirismo, si bien siempre me he considerado un hombre de centro izquierda. En aquellos años de los setenta, se estaba produciendo una transformación en los cuadros de ejecutivos, en que las empresas orientaban sus búsquedas a tecnócratas que pudieran planificar e implementar procesos de reingeniería en sus estructuras.


Así que a los veintiún años; me convertí en Jefe de Personal de una empresa, cuya casa matriz estaba radicada en Alemania. Carecía en ese entonces de título profesional, la voracidad personificada de un autodidacta que todo libro sobre en aquella época, de la denominada  “Administracion de Personal” y quizás las actitudes y aptitudes personales, hicieron el resto.


La Facultad de Derecho (UBA); en donde se cursaba la Licenciatura de Relaciones del Trabajo, me tuvo entre sus alumnos a mediados de los años ochenta. Una carrera de más de cinco años; la finalice en tres años y seis meses, y para ello aprobando once o doce materias de cátedra por año, en calidad de regular, “libre u oyente”.

Prevía que luego de Alfonsín; el oxígeno de una democracia que los propios argentinos jamas hemos sabido valorar y defender, se vendría el neoliberalismo con su “capitalismo salvaje” que en la década de los ´90 -junto a la fantasía de “la convertibilidad” U$S 1 = $ 1, en donde el “deme  dos” era una constante y las reservas se fugaban al exterior por miles de millones, las organizaciones o corporaciones cambiaban sus cuadros de conducción por profesionales jóvenes, no solo con sólidos conocimientos del área de -hoy Recursos Humanos o Capital Humano antes Personal-  sino asimismo con fuertes personalidades para transformarse en líderes autocráticos, insensibles y que debían blandir tal como si fuera una espada “la gestión de reducción de personal, enarbolando la bandera de la falsa productividad”.


Consecuencia, que a fines de los 90 la desocupación en el mercado formal alcanzó el máximo histórico cercano al 23% de la PEA, si alguien cree que se debía en gran parte a la apertura externa, le diría que tiene parte de razón, pero el tema es mucho más complejo. Y ello da para que a futuro en mi condición de humilde observador de parte de la historia de mi país, pueda desarrollar el tema “Evolución del empleo en la Argentina” en la categoría de “Pensamiento  crítico”
.


Pero vuelvo a la década del 80, como si hoy fuera “mi presente”. Un sueldo digno, pero ya constituida una familia con una niña y un niño, apretados en un departamento de “dos ambientes y medio”. Me preguntaran que era el medio y responderé que “un amplio pasillo de circulación con un decorativo hogar muy bonito que había colocado, no por las gélidas temperaturas de la ciudad, sino porque siempre me agrado tener a la vista un hogar en un ambiente”.


A los tres años de vivir allí; con una niña de dieciocho meses y el niño recién nacido, intente desplazar las paredes pero luego de mucho esfuerzo, reconocí que era imposible.

No era un momento económico para ser demasiado audaz, pero siempre he insistido que si alguien tiene solo un poco de locura interior -audacia-, no puede quedarse sentado esperando que le avisen el momento.


A pesar de que sabía que los ´90 me debían encontrar egresado de la Universidad de Buenos Aires. la prioridad en ese momento era darle mas bienestar a nuestra familia. Aquel que conoce Buenos Aires, debo decirle que nos mudamos al viejo barrio de Flores, refugio de las mansiones de verano de la oligarquía porteña, que primero se asentó en el barrio de la Boca y ante la epidemia del cólera, migró hacia el norte de la ciudad.


Vendimos rápidamente el departamento tan coqueto -habia una larga cola de compradores-; resigne mi automóvil ya con sus años y a través de un contacto le sume un préstamo que me dio una financiera. Moraleja; Qué compré “algo” que era más que un híbrido almacén que abarcaba toda una esquina con un sótano de 1,80 metros de profundidad, utilizado como depósito. Paredes altas, descascaradas su color amarillo por el paso del tiempo, realmente algo espantoso. Eso fue lo que pudimos adquirir en condominio con mi esposa.


Mi sueño era construir en altos y bajos, la casa más funcional y cómoda para nuestra familia. Y luego de seis meses extendí los planos municipales sobre la mesa -no me pregunten como-, para diseñar cada uno de los ambientes y el estilo mediterraneo que deseaba. Lo resumo en la frase que le exprese a la que fuera mi esposa -“flaca, te aguantas seis años de construcción viviendo en la casa con granos de arena en la cama”-. Responderme -Si vos estas seguro, hagámoslo- fue como cargar combustible nuclear en mi organismo.


Pero existía un pequeño problema; ni loco tenía 500.000 dólares y menos un arquitecto. Así hubiera sido fácil, mirándolo de afuera y no luego como un imbécil que se paraba en la acera frente a la casa, sonriendo al ver como avanzaba aún lentamente su construcción.


Oficios desconocidos, “la magia” lo hizo posible a través de preguntar, observar, deteniéndome en otra obra similar viendo los detalles, etc. etc. y utilizando el sótano del comercio para acopiar materiales durante un año, antes de proceder a la demolición de la mayor parte de la casa; en donde se iban a levantar las dos losas de hormigón que serían su estructura de base.


Como aquello de la “necesidad tiene cara de hereje”; fui albañil, excavador, electricista, plomero, pintor, etc. etc.

Diría que salvo el profesional que gestiono la aprobación de mis planos, como los especialistas en el hormigón y luego, aquellos con los que peleaba más que a menudo -quienes levantaban las  paredes-. Esto si fue un caso. Ya no estaban el experto italiano o polaco o croata; ahora eran migrantes de países limítrofes que se decían albañiles y sin ser peyorativo -ni siquiera eran  peones-.


Hubo momentos en que mi ex esposa tuvo que mudarse a la casa de su madre y tuve que transformarme en el sereno de la obra -al margen de mi trabajo en la empresa-; pero debo decir que nunca me sentí solo.Las alimañas e insectos que resultaron ser mis más cercana compañías, lograron que hasta hoy no me conmueva ninguna película de terror.


Hube de detener la obra por un año -hiperinflación mediante, una de las tantas-, pero a través de un contacto político -¿cuando no, verdad? obtuve un préstamo hipotecario a once años. Con ello pudimos demoler la parte restante, finalizando la construcción y alcanzar nuestro sueño en el año 1987, meses después de la llegada del tercer niño. Mejor suerte tuvo él, porque sus hermanos mayores la niña con siete y el varón con cinco años, no habían casi podido caminar, dentro de la casa en construcción.


Completamente solo me armaba andamios de seis metros de altura, tendía caños de luz sobre lo que iban a ser las losas de hormigón, demoli los techos recuperando las vigas de madera que recicle en pisos y revestimientos, pintaba los ambientes a veces hasta las tres de la mañana, me hice paisajista construyendo mi propio jardín, etc. etc. Pero como dicen; eran otros tiempos, los tiempos aquellos.


Ya en el mismo año 1987; volví a la Universidad y finalice mi carrera logrando previamente la tecnicatura, en el año 1990 con el título de Licenciado en Relaciones del Trabajo de la Universidad de Buenos Aires.

Luego vendrían seminarios, cursos de especialización y actualización, viajes a congresos y así durante toda mi vida laboral activa.


Dormía sólo tres horas por día, alla por los 80. Mi empleo era full-time y me demandaba su cantidad de horas, luego rápido a la UBA y llegar cerca de medianoche -algo frugal de cena- y a dormir hasta las tres de la mañana. en que me levantaba a estudiar o preparar prácticos que debía presentar. Como era de esperar al recibir el título en la filmación, se me escucha “de esto el 50% es de mi familia, que me sostuvo durante estos duros pero fructíferos últimos tres años”.


No se si mi inconsciente con una ideología que se mantuvo en el tiempo; me permitió durante mucho tiempo unas mas que honestas y recíprocas relaciones interpersonales con los mandos medios y trabajadores de las empresas multinacionales o nacionales, en que me desempeñe.

Todo lo contrario, me sucedía generalmente con la alta Dirección de las mismas empresas, a las que alentaba cambiar las metodologías de premios y castigos al personal, propios de los trogloditas años 50. 

¿Sería el pensamiento subliminal de considerarme un traidor, hacia mis creencias ideologícas de aquellos años jóvenes? 

Continuará…

No elegi mi vida…

Hubo un día en que me pregunté, cuál era el motivo por el cual seguía en este mundo. Y no fue casualidad; he pasado demasiados trances con mi salud, episodios en que la medicina no poseía los avances de la actualidad, producto de la investigación y desarrollo, que han incrementado las expectativas de años de vida del ser humano de manera desigual, como lo es el mundo en su conjunto.

Me sorprendio agradablemente mi nieta mayor Valentina, días pasados con sus bellos catorce años al referirse a como debe observarse al globo terráqueo desde la línea del Ecuador y darse cuenta; que todo es una relación de poder.


Así pareciera que Rusia, tuviera una superficie mayor que el continente africano lo que es a la inversa. O bien que el territorio de Brasil fuera menor que el de Alaska. Acercarse a los polos, desprende un tufillo en que el cono sur -salvo muy puntuales excepciones- es el patio de atrás de los poderosos, como viene siendo desde hace siglos.


A los ocho años sufrí de meningitis por infección viral que es la más frecuente. En aquel entonces; el 80% de los casos de meningitis bacteriana se daba en niños menores a 16 años. … la meningitis meningocócica causa daño cerebral severo y la muerte en el 50% de los casos. Así fue que en un atardecer de otoño; comencé a tener convulsiones y perdí el conocimiento. Llegué al hospital, gracias a mi madre y a la habilidad de una tía -que siempre recuerdo- que  envolviéndome  en una manta ella misma se preguntaba luego del episodio, como había hecho para traspasar la puerta cancel, de la vieja casa que alquilaban mis padres.


Llegaron al Hospital en plena epidemia de poliomielitis y luego de la primeras atenciones por parte de los médicos, estos apartaron a mi madre para decirle que me encontraba en coma profundo y solo un milagro, podría salvarme.

Según me contaron pasado unos meses; mi madre rogó que a cambio de limpiar los pisos de la sala infantil, la dejaran para cuidarme a la noche.


Cuatro días en estado coma profundo con suero y sucedió el milagro, volví en si muy debilitado por lo que estuve internado más de un mes. Recuerdo como si fuera hoy, que mis padres a ambos lados, me tomaban de los brazos ya que había perdido tanta masa muscular que realmente no podía mantenerme en pie.


Hoy, según la Organización Mundial de la Salud, la meningitis meningocócica causa daño cerebral severo y la muerte en el 50% de los casos si no se recibe tratamiento adecuado. Y me estoy refiriendo que este primer episodio lo viví en la década de 1950
, en donde aun faltaba un largo camino a recorrer en las investigaciones sobre la enfermedad

Esbozo ahora una sonrisa, pensando en que mi pendular escritura o mi forma de escribir a veces en determinadas situaciones, deben ser la consecuencia de la “batalla fratricida de mis neuronas entre sí”.


Ello dejó secuelas en los años siguientes; ya que estuve sometido a a medicación por vía endovenosa a través de inyecciones diarias, que llegaron a ser realmente un suplicio para mis venas, que rebeldes se alejaban al mínimo contacto. Aquello perduro hasta mi salto de la pubertad a la adolescencia.


Cuando creía que todo era historia y se había convertido en algo anecdótico; se produjo lo verdaderamente temia. Ya me encontraba cursando el secundario en horario nocturno y trabajando para tener unos pesos en mi bolsillo.

En casa, mi madre tenia que poner en el plato pero si se quería algo fuera del alcance del único ingreso del hogar, debíamos ponernos a trabajar sin dejar de estudiar condición imposible de evadir.


Así que a los 16 años comencé a sufrir convulsiones, paresias, y alteraciones en la conducta, transformandome a esa edad en alguien muy agresivo.

Las secuelas suelen ser más frecuentes en las meningitis causadas por Streptococcus pneumoniae  y enterobacterias, como la que había padecido años atrás.

Así que bajo tratamiento psiquiátrico; fui sujeto a medicación por espacio de aproximadamente seis meses, en que debo reconocer que aprendí “los primeros palotes”; para convivir con mis hasta ahí desconocidos demonios.


Por un lado mi admiración por The Beatles; por el otro la decepción de no poder reunirme con mis amigos y amigas, cuando era una costumbre hacerlo para respirar esos aires de libertad, en que se encontraba el mundo en la década de los 60.

Continuará…