Aquel tiempo en que me descubrí…

A veces sucede que se presentan situaciones sorpresivas, que te traen recuerdos de la prehistoria de tu vida.


No soy de ver o engancharse en programas periodísticos; porque su evidente color amarillento, es lo que los pone en clara oposición a la verdad, aunque esta no sea objetiva. Responden a intereses, de uno y otro tiroteo de sectores políticos o bien de los propios sponsor que en pautas de publicidad, a veces resultan llamativamente gene-rosos, ya que pretendiendo que una noticia sea sutilmente convincente para un público en especial, que ciego se come “sapos” de todo color, quizás por lo que fue vida dentro de su contexto familiar en cuanto “a favor de o en contra de que partido político” ; o bien la militancia en la secundaria o en la universidad, al ser carne fresca para reclutar; y entre otros casos porque no, es como un panqueque que apoya cuando solo supone que le conviene, porque bien en la sede barrial del partido político le tiran una moneda o lo acomodan, si llegaran a ganar por el voto popular en un puesto público en planta transitoria.


Por la sencilla razón que en mi país, todos saben que el gasto público, viene hace déca-das incrementándose exponencialmente por las transas de los políticos con los punteros de las poblaciones de más escasos recursos o hasta los barras bravas (fanáticos afiliados a clubes de fútbol) que actúan en forma frecuente como fuerzas de choque en manifes-taciones masivas o se infiltran como espías funcionales, además de que en forma fre-cuente, asociados a algunos corruptos dirigentes del fútbol, se encargan no solo de la reventa de entradas sino que también realizan el marketing y venta de souvenirs para los simpatizantes. Si debemos hablar de “los pesados” en Argentina, deberíamos confec-cionar un ranking que seguramente superará toda expectativa.


Como siempre, mi neurona – sí; no se sorprendan- solo tengo una – y me lleva adonde ella quiere y me saca del tema neurálgico que pretendía desarrollar en el día de hoy.


Eso es lo que pasa con nuestra mente. Es muy pícara. Cuando deseamos concentrarnos, nos viene a molestar con cosas del pasado o deseos del futuro, y así no nos permite desarrollar aquello que teníamos previsto.


Pero ¡zas! Ahora recuerdo, que días pasados al pasar frente a la TV, vi que le estaban ha-ciendo un reportaje a un actor argentino, que había estado enfrentando los incendios forestales -en su mayoría, intencionales-, para salvar las unidades de su complejo turís-tico que se compone de cuatro cabañas, en el Valle de Punilla,, en nuestra Provincia de Córdoba, que se caracteriza por sus bellas serranías y un excelente clima seco.


Pero la sequía de meses, hacía que el fuego se acercara por el fuerte viento, en distintas direcciones y se propagaran los focos de incendios. Justamente su complejo, estaba en una hermosa localidad llamada Villa Giardino.


Ahí; como en “Volver al pasado” me retrotrajo décadas atrás cuando visitaba el pueblo 5 o 6 veces al año.


¿Razones? Mi primera mujer, tenía a sus padres allí y ella había nacido en el pueblo an-terior, yendo hacia las sierras grandes que se llama aún hoy, Huerta Grande.
Estaba cerca de cumplir 21 años, ella tenía 24. Como todo adolescente en mi caso a ser libre desde los trece años e incursionar en grupos musicales o de teatro, creí como un imbécil que ya estaba maduro como para casarme. Una locura; contra la que nada pu-dieron hacer mis más estrechos amigos y hasta mi mismísima madre a la que amaba muchísimo, aún hoy luego de que se fuera de vacaciones hace más de dieciocho años.


Pero solo voy a traer de la memoria, ya que me lo está pidiendo insistentemente que relate porque me enamore de aquel pueblo.


Es que descubrí en mí una cantidad insospechada de emociones y sentimientos, que seguramente en el asfalto de Buenos Aires, jamás me hubiera sucedido.


En primer lugar; su gente. A su ritmo y sin apuro. ¿Que no trabajaban? Si, claro que lo hacían, pero a su manera. Nada de ser estructurado y pretender no dormir una breve siesta a la tarde. El mate convoca no solo a la familia, también a aquellos vecinos que se iban convirtiendo en familia, rodeados en círculo frente a unos leños encendidos al cen-tro, con dos porongos (un tipo de mate hecho de un zapallo de calabaza) del que en una vuelta, podían tomar la infusión 3 o 4 personas, dado su tamaño). Los cordobeses para el humor, como la mayoría de nuestros hermanos de cada provincia, tienen una chispa tan especial, que si el primero y el segundo fueron tan buenos como para desencajar el maxilar, ya uno se reía a repetición con los que venían después. Mujeres y hombres, en donde nadie se subía a su ego y estamos todos hermanos, compartiendo madrugadas inolvidables.


Fue también mi verdadera cercanía con la naturaleza, con mis suegros llevándome bajo a los pinares, para buscar aquellos champiñones realmente comestibles y saber diferen-ciar a estos de los otros, que pueden lograr que partas antes de tiempo.
Por otro lado, descubrir las hierbas aromáticas (que utilizan los mismos laboratorios para sus medicamentos) como la peregrina, la carqueja o el té de burro, entre otros.
Ir con mi suegro a la vera de un arroyo, donde el “me gastaba” por ser un tipo de ciu-dad, que aún no había aprendido a disfrutar.

Y la verdad, que con el tiempo comprendí que tenía razón. Llegábamos con un “chivito  mamón” -6 o 7 kilogramos- y no se, como hacia el “viejo” Montoya para prender el fuego con unas ramitas, y así lo iba asando despacito, cosa que cuando llegaran las mujeres con las ensaladeras y aquello que faltaba, nos sentamos a almorzar a pleno estilo cam-po, comiendo las costillitas de las que de esa exquisita carne, se deshacían en la boca. Una exquisitez, que repetimos varias veces cuando los visitamos.


Ahí pude sentir las caricias que uno recibía, como un mimo al corazón. Mis suegros, eran muy buena gente y mi mujer, su única hija. No se si sería eso, pero mi suegra, Doña Rosa siempre me esperaba con uno de sus exquisitos platos; pollo o vizcacha en escabe-che, ensaladas que contenían verduras y tomates propios de quintas de los alrededores. Es infaltable antes de almorzar, algún copetín con salami de Colonia Caroya -uno de los mejores lugares en que los producen- junto con unos triángulos de queso de cabra.


Creo que mis contracturas; se debían en aquel entonces a tanta armonía y paz por dejar-me llevar cuando me encontraba allí, todo lo contrario a la vorágine de Buenos Aires, eran emociones y sentidos imposibles de vivir.
Si alguien no conocía a nadie, eso no era motivo para evitar saludarlo coloquialmente, como una muestra de amabilidad y respeto.
En los últimos meses del año, se festejaba el día de la Virgen de Nuestra Señora de la Merced -Patrona del lugar, desde hacia 300 años- que se encuentra alejada del pueblo y en una gruta, a la que uno debe subir para llegar a la cima y ver su imagen (detrás de una reja de protección) para realizar las oraciones o llevarle su agradecimiento.


En la base del cerro, un antiquísimo cementerio del pueblo en el que quedaron las pri-meras osamentas de pobladores de la Villa. Justo enfrente de ese lugar, es que había algo así como un almacén de Ramos generales, se congregaba todo el pueblo para feste-jar el día de la Virgen. ¿Que se hacía…?algo que por primera vez comí y luego cada año, fue rutina. Asado con cuero en horno de barro.
Uno solo debía llevar un pequeño cuchillo filoso, le daban la porción en un papel de es-traza (papel blanco) y la habilidad era comerlo utilizando solo el cuchillo, con el que me hice un experto recién a la tercera vez. Beber; bebíamos lo mismo que en la casa de mis suegros, un vino en damajuana de nombre Galán, cuyo sabor dulzón hacia que muchas veces me pasara de vueltas y tuvieran que ayudarme a volver.


Un camino asfaltado en su mayoría, de aproximadamente 5 kilómetros llevaba al pue-blo, increíble las centenas de lucecitas que las pequeñas luciérnagas producían para deleite de los niños y los no tan niños. Bravos eran murciélagos -en aquella época, yo fumaba- y no hubo una sola vez que con el cigarrillo entre los labios, no me sobre-volara ese maldito bicho.


Mi conexión con la naturaleza fue como recibir un aire tan puro, que renovaba cada célula de mi cuerpo.
Al principio me costó, yo estaba muy urbanizado. Me costó, pero me encontré con mi onda.
Me busqué, me di el tiempo. Adquirí el temple de la espera y eso también, me lo dio ese lugar.

La naturaleza me bajo el ego, me hizo agachar la cabeza, me hizo vivir el presente de cada día. Todas mis experiencias de esos cinco años -lo que, aquel matrimonio  duró-  fueron muy sanadoras, porque para mi fue todo un proceso el encuentro con la natura-leza viva. Empecé a ser parte y a entender.

Deje de decir “quiero tal cosa” y empecé a ir en armonía con lo que era. En el monte hacía calor, salíamos. Y cuando hacía frío, nos quedamos.Era así, la naturaleza era así y me templó mucho. Mi voluntad la tuve que ubicar por debajo de la voluntad de la naturaleza del clima.

Allí pude dejar de ver “el tiempo como tiempo” y pude verlo en el preciso momento en que ocurría. Me dio la posibilidad de ver las cosas, relajado. Por eso, lo recuerdo siem-pre y me digo a mi mismo “Nos tenemos que permitir disfrutar las cosas y hasta de los errores”.


Otra cosa, que me permitió cuando íbamos por un tiempo prolongado, es que se me abrió la posibilidad de practicar la mirada compasiva y sobre todo, conmigo mismo.
Cuando solté la idea, de que mi mente tenía
que controlarlo todo, como tenía que ser y lo deje ser, fue como aceptar eso, como soltando las cosas y verme quién era en reali-dad.

Las ideas mentales que en aquella época tenía planteadas, me hacían creer que lo que hacía, estaba destinado al fracaso. Pero luego no pasaba nada, de lo que tendría que haber pasado.
Observando la naturaleza, lo pude ver constantemente. Conectarse con la naturaleza es gastar menos energía y todo empieza a necesitar menos esfuerzo. La meditación, hoy que la practico, es lo que me hace todo más fácil,

Creo que estoy haciéndome amigo…

Saben; cuando escribo mi interés es ser simple y no buscar ni gerundios, adjetivos, adverbios por analogía, y así podría seguir…pero tengo algo que contarles.  ¿Puedo? ¿No les molesta, verdad? 

Recuerdan uno de mis últimos escritos, al que denomine “Así como Carlitos”… bueno hoy tuve un nuevo encuentro con (el nombre Roberto cuando no es el suyo). Y sucedió como siempre -saben que cuando escribo en la entrada “autorreferencial” es tal cual; un suceso que viví en esta alocada vida mía, en que necesitaría días de 48 horas.

Luego de los ejercicios de técnicas de respiración, meditación y desayuno, salimos como siempre con Daysi, a caminar nuestros 2 kilómetros matutinos y a hora temprana -no más allá de las 9 AM-. Primero por las aceras del sol y al retorno por la sombra, porque ya aquí estamos en primavera. En hora más tardía, el sol se pone que arde y hasta tendría que ponerle a mi mascota zapatillas en cada pata, para que no se quemes la almohadillas con el asfalto o los revestimientos de los pisos.

A las tres cuadras; lo vi en la vereda de enfrente, como siempre. Lo saludé con la mano y un ¡Buen día!, que creo escucharon todos los vecinos. Ahí comencé a pensar si realmen-te se llamaba Roberto o su nombre era Juan Carlos…

Ya había pasado casi media hora y volvíamos, Estaba en la puerta, pero ingresó a su casa al verme a unos cien metros. Que raro…me pregunte. Pero no; estaba haciendo tiempo como agazapado, para salir justo cuando pasábamos. Ahí nos saludamos y confirme que su nombre es Juan Carlos.

Pero esta vez, al margen de ser una persona que se considera el centro del mundo, no me cae mal. Además quién soy yo, para juzgar a alguien. Lo que sí; me dijo en solo 10 minutos un poco de su vida, descubriendo además que es un sujeto que al estar solo -tiene tiempo para pensar y sacar de la galera como un mago, sus ideas las que brillan por su creatividad-.

Primero me habló de su hija; a la que dejó de ver cuando la niña no había cumplido aún los dos años de vida. Fue en aquel momento,en que la infidelidad de su mujer con su mejor amigo le dio punto final a su matrimonio, hace ya tres décadas. Sabiendo los dos; que el Gobierno actual de forma anticonstitucional dio incrementos a los jubilados por Decreto, no respetando la Ley de Movilidad (que incluía las variables de incremento de salario real e inflación).

Ello produjo un deterioro en el salario de los jubilados, entre el 20 y el 30% interanual. Pero Juan Carlos, ya tenía una propuesta en la manga y vayamos a nuestro diálogo;

Juan Carlos – ¿ Yo la tengo muy clara, escucha lo de la radio Están hablando de nosotros…

De quienes…Juan Carlos.-

Juan Carlos- ¿Como de quienes? De nosotros, los jubilados. Y se me ocurrió la forma de generar más ingresos en el Fondo de Garantía de las Jubilaciones….

-¿Ahh…si y que se le ocurrió?

Juan Carlos- Fijese Ud. los periódicos como “Clarín” y otros, se la pasan hablando de nosotros, en sus editoriales. Así también en los otros medios de comunicación, llámese canales abiertos o no, a través de sus periodistas que ganan fortunas, comparado con el haber mínimo de un o una jubilada….

-Y entonces Juan Carlos, eso qué significa…?

Juan Carlos- Que deben pagar un “canon” a la caja de jubilaciones, ya que hablan o escriben sobre nosotros todos los días. La gente los ve o lee, y ahí también están los anunciantes o sponsors …y la platita no faltaría…ahh eso sí, quienes manejen los numeritos, deben ser fiscalizados por los propios jubilados, a través de una comisión de gente intelectualmente capaz….Que le parece?

Tengo que decir…que quedé estupefacto … .anonadado. Como congelado un par de minutos para finalmente, decirle;

-Sí; ¡tiene razón Juan Carlos! ¡Que idea fenomenal! ¡Ahora hay que tratar de conocer a algún diputado o senador, para tirarle el tema y que lo analice con sus asesores, para desarrollar un proyecto de Ley.-

Juan Carlos- Usted tranquilo, Daniel. De eso me ocupo…yo

Quedan 5 minutos más de conversación; en donde me pareció estar frente a un filósofo de la vida…pero lo que hablamos luego, lo dejó para la próxima. Eso sí; tengo que desha-cer lo casi peyorativo que fui, cuando escribí de él, la primera vez. Tengo que reconocer mi error. Ahora creo que estoy haciendo un nuevo amigo.

Qué mejor que vivir donde se respira armonía…

Hoy; como casi todos los días me desperté antes que la alarma del móvil sonará.¿La razón? La misma de cada mañana, Daysi que deja sus aposentos y de tanto dormir en el día. A veces me pregunto si los ejercicios de respiración,el yoga o la meditación quien la realiza ¿Ella o yo? Quien esté leyendo esto, sabrá entender si posee mascota como sola compañía.
No sé qué pensar a veces, cuando la miro en su cama con la panza y patas flexionadas hacia el techo -ni siquiera un experimentado fakir, podría hacerlo mejor-
Pero hoy era un día de corridas, así que me fui rápidamente al baño, me duché, me afeité y ya estaba haciendo mis ejercicios, luego de poner a calentar a fuego más que lento el desayuno y preparar los cítricos. Luego la meditación; y de ahí atraer de la cocina, nuestro desayuno. Ya Daysi, sabe que cuando mis movimientos son más rápidos que los habituales, en algún momento se quedará sola en el piso.
Tome la correa, el tapabocas y la calle tomamos para hacer nuestros dos kilómetros de la mañana. Pero se me ocurrió cambiar el recorrido, tenía interés en conocer la comuna en que me encuentro. Aclaro que mi casa está aún ocupada por mi ex mujer y mi hijo menor, casa que construí a finales de la década de los 80. Y cuando digo construí; así fue. El diseño y los planos de esa casa que permitiera albergar a un matrimonio, dos hijos y un tercero en camino, debía ser amplia, confortable, con un patio donde los niños podrían jugar libremente y mi sueño “mi jardín” con macizos florales y algún que otro frutal, lo hice luego de analizar cada metro de todos de los que disponía.
Hubiera sido más fácil en aquel tiempo contratar a un arquitecto y tener en la mano U$S 500.000 para construirla y terminarla en menos de 6 meses.Pero en aquel momento; era solo un empleado que si bien ejercía como Jefe de la División de Relaciones Industriales de una empresa metalúrgica, era el único ingreso de nuestra familia, ya que mi esposa estaba al cuidado de mis dos hijos de 4 y 3 años, mas un tercero que llegaría luego,
Fue muy bueno; para la familia disfrutar esa casa por varios años; hasta que comenzó cerca de la misma, a desarrollarse un polo comercial de indumentaria, que crecía vertiginosamente, con lo que ello conllevaba. No solo desaparecieron casas particulares y antiguos negocios, situados en la Avenida sino que además avanzaron por las calles paralelas o laterales.
Al final; el barrio dejó de ser barrio, un transito de locos, gritos, bocinazos durante el horario comercial, hasta los sábados. Y a la noche; “zona roja” para el trabajo de prostitutas o transexuales – los que tienen que vivir, claro-, si hubieran tenido el decoro de no caminar gritando o cantando, por estar borrachos o dados vuelta por efectos de alguna “sustancia”.
Cuando me fui de casa; y llegue aquí a solo 2 kilómetros de donde vivía. me encontré con “otro mundo, para mi desconocido”. Silencio, poco tránsito, casas bajas, Hoy mismo, cuando saque a Daysi a caminar, saque un par de fotos con el celular, como para inhalar ese perfume de árboles florecidos.
Luego al volver a casa, deje a Daysi y me cambié para ir a pleno centro de la ciudad, a un par de kilómetros de la “Casa Rosada”. Fui a una consulta médica de control y al salir tuve ganas de beber una infusión caliente. Así me senté en la vereda de un bar con mesas -hoy como todos- a la calle. Y vi la locura o enajenación de las personas, como evitándose unos y otros. Estuve pensando un rato y de paso saqué otro par de fotos, pero en este caso de un edificio, que fácilmente supera más de un siglo,
Me dije a mi mismo -que Dios o el Universo me había bendecido-. Ahora sí disfrutaba del lugar en donde vivía, aunque siempre pueden presentarse problemas menores, es lo ideal para mi caso.Busque el auto en estacionamiento, puse música de los 80 y cuando volvía, note que una sonrisa persistente me acompañaba….

Casí…como “Carlitos”

Creo en lo personal; que cada Ciudad cuenta en sus comunas, regiones o barriadas con personajes -vecinos- que pueden llegar a permitirnos como observadores o interlocutores, vivir situaciones tanto desopilantes como hilarantes. Este relato; que paso a comentar me hace pensar en Hector Gagliardi, de quien ya hice un par de homenajes, porque fue en realidad además del poeta “bueno” -porque hacía lagrimear con sus versos-, un profundo observador de aquella Argentina de su época y donde puso especialmente en primer lugar, personas que conoció o imagino, que fueron sus musas inspiradoras para en un castellano argentinizado y algo de “lunfardo” (1), nos emocionó sin distinción de edad a generaciones de argentinos.


Es mi costumbre; despertarme temprano, darme una ducha y luego realizar mis técnicas de respiración -que las recomiendo a aquellos con problemas de bronquios o pulmonares- para pasar a una meditación de aproximadamente veinte minutos, lo que me energiza para arrancar el día.
Voy a la cocina, preparo mi desayuno y a la vez el de mi mascota “Daysi” -porque no van a creer que solo se alimenta con “comida seca”. Ni loca, ni despistada. En su caso son infaltables “los daditos de queso”, que le voy dando sentada en la poltrona que se encuentra a mi lado. Mi mano izquierda le va dando cada dado, mientras que con mi derecha voy tomando el mío, al mismo ritmo ambos.


Terminada la primera comida fuerte del día; por aquella frase “desayunar como rey; almorzar como un príncipe; cenar como un mendigo” -Le doy gracias a Dios o al Universo, por tener este privilegio-, porque no soy de aquellos que publicitan que hacen por el prójimo, para darle estado público a lo que considero debe ser reservado, por respeto al tercero. Además no soy un millonario de empresa, que se vanagloria de organizaciones que realizan donaciones u obras de bien público- cuando en realidad, en su mayoría lo deducen de sus impuestos antes cada fisco.
Daysi; presiente que vamos a salir a pasear cuando ve que me disfrazo con la ropa de calle -bien raída por su uso- y porque lanzó su correa, sobre el lugar donde suele pasarse durmiendo.


Con Daysi caminamos un par de kilómetros, sumados en un ida y vuelta, Así fue; que conocí a Roberto -así me dijo llamarse-, cuando pasando por su casa y estando él en la puerta de la misma, cuando como un oficial de policía me detuvo con su palma de la mano en el aire….y me dijo -Hola que tal; soy Roberto y prosiguió ¿Usted es nuevo en el barrio?. -Sí le respondí, sorprendido-
Lo que siguió fue una desopilante e inesperada conversación, que trato de recordar hasta los más pequeños detalles, como para construir los diálogos de la manera más precisa que pueda….
Roberto -¿ Usted dónde vive?-
-Aquí cerca, a un par de cuadras…-
Roberto -Ya me parecía, porque no lo había visto antes y ¿dígame, vive con su familia.
-No, vivo solo con mi mascota-
Roberto – Ya me parecía; tiene cara de ser viudo o haberse divorciado…¿O me equivoco?-
-No enviude, y tengo tres hijos y cuatro nietos…-
Roberto – Vivo aquí hace 44 años y ahora solo, mi mujer me dejo…pero ojo que yo sabia como venia la cosa -acompañando esto con su índice en el ojo-
-Ahh…sí. ¿Qué le pasó?-
Roberto – Sabe; ella salía mucho y me dí cuenta un día cuando vino mi mejor amigo de toda la vida…vi como se miraban…Me dije; acá estos me están haciendo el “cornudo consciente”….-
-Uhh..qué frustración para usted! exclame-
Roberto -No para nada…me las se todas. Una vez fui con mi ex mujer a Galerías Pacifico. Y ese día; no se arreglo y maquillo como cuando salía sola,,, y yo que me las se lunga (2) le dije ¿¡Decime Rosario, te está ardiendo ahí abajo? y me respondió “¿porque sos tan guarango y me preguntas eso?” y ahí nomás le espete -Mira nena, ya se que entre vos y Carlos pasa lo que tenía que pasar”…para luego decirle…los chicos son grandes ya…porque no te vas con el, que la debe tener como esos senegaleses que venden baratijas en Buenos Aires. Y así amigo; partió un día con las pocas cosas que tenía. ¡Porque no se iba a llevar nada de la casa, imagínese!…si todo lo que había y hay hasta hoy, lo compre yo cuando era cobrador de una compañía de seguros….
-Pero Usted ¿no se enojó sintió tristeza ante la soledad?-
Roberto – Ni loco…ya le dije lo venía viendo hace tiempo…desde que se fue…llamó a alguna chica y con unos pesos, pasó un momento fantástico…el que tiene calle…también tiene acera y vereda.-
-Esboce una sonrisa y le dije -Se me hace tarde; deje cosas para hacer-
-Roberto…si claro amigo; un gusto hablar con una persona tan inteligente como usted….(¿?)
Y eso fue solo la presentación…luego han venido muchísimas más. Pero no es conveniente contarlas por ahora; todas…

Esto me hizo recordar uno de esos chistes que corrían cuando el Papa Juan Pablo II era el jefe de la Iglesia Católica…
-Había un amigo que se encontró con otro de su infancia, llamado “Carlitos ” con una vida tan mundana que hasta era conocido por el jetset internacional, en la mismísima Plaza del Vaticano y en un “Ángelus”.

La plaza estaba colmada de miles y miles de personas…cuando el Papa salió al balcón a saludar a los fieles. Ahí Carlitos le dice a su amigo…espérame acá que lo voy a saludar a “John”….y ahí se quedó congelado con los pies clavados en el piso, su amigo.


Así fue que Carlitos llegó al balcón y luego de abrazarlo, se puso a hablar cordialmente con el Papa; un murmullo y silencio después se hizo en la plaza, viendo Carlitos que su amigo…se encontraba tirado sobre el piso. Le pidió al Papa que lo perdonara y se dirigió presuroso a auxiliar a su amigo.


Se acercó y le preguntó -¿Jorge, estas bien…que te paso?
No lo vas a creer…la gente…la gente…
¿Qué Jorge? ¿Qué paso con la gente?


Es que cuando te vieron en el balcón; -el rumor que corrió fue “Quien es ese “boludo” de blanco, que está con Carlitos-….


(1) Lunfardo: El lunfardo es una jerga originada y desarrollada en Buenos Aires, capital de la República Argentina, y su conurbación;​​ también otras ciudades cercanas como Santa Fe y Rosario y Montevideo contribuyeron desde el principio a su desarrollo.
(2) Lunga: “Se las sabe todas”…
(3) Boludo: “La historia de la Historia dice que los primeros boludos fueron los valientes gauchos que, en las Guerras de Independencia, mataban a los españoles con sus bolas de piedra y sus boleadoras”.Así lo cuenta la escritora María Laura Dedé en su libro Deslenguados, una especie de diccionario razonado de “malas palabras”. “En la primera fila -cuenta Dedé- iban los pelotudos, quienes derribaban a los caballos enemigos con grandes piedras o pelotas. En segunda fila estaban los lanceros, que pinchan a los jinetes caídos; y en tercer lugar, los boludos, que terminaban de matarlos con las boleadoras. Pero los gauchos también morían, por eso un diputado una vez dijo: ‘no hay que ser boludo’, y así quedó: pelotudo y boludo eran los que se dejaban matar, aunque, según este señor, ser pelotudo era peor, porque iban adelante. Se ve que el diputado no entendía que los gauchos estaban defendiendo la Patria… por convicción o porque no tenían otro medio de subsistencia”.
La palabra, además de ser entre los jóvenes una manera de llamarse y no un insulto, en 2013 fue elegida por el poeta Juan Gelman como la que mejor representa el lenguaje de los argentinos. Se lo había pedido el diario español El País en el contexto del VI Congreso de la Lengua, en Panamá. “Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen”, argumentó Gelman. ¿Sabría su origen?
Advertencia: las cosas por su nombre Advertencia al lector: en esta nota no hay eufemismos. Más bien se llama a las cosas por su nombre. Aquí hay “malas palabras, improperios y otras cosas peores”, como dice el subtítulo de Deslenguados.

Rehenes

Lo recordaba bien; el ahora cincuentón en aquel momento; tenía 6 años y su hermano 10. Eran muchas las veces, que había oídos sus padres discutir. Pero ese día, su madre que era tan agresiva, llegando al punto de intentar abrir la ventana para que los vecinos la escucharan. Su padre, contador en una importante empresa, era todo lo contrario al tratar de contenerla y tranquilizarla. Pero ese día se produjo el estallido final. Su padre lo llama a él y a su hermano -que comprendía mucho más, lo venía pasando-, los sentó en el sofá y les dijo que debía irse, porque ya era imposible la convivencia de “papá y mamá”.
Apresuradamente, el padre tomó sus cosas, incluyendo papeles y documentos del trabajo, como lo poco que le dejó llevarse su mujer, de tanto tironeo.
La madre les dijo a él -Jorge- y a su hermano -Mario- que si alguien les preguntaba por su padre, solo dijeran que estaba muerto, Jorge no entendía mucho sobre eso, pero solo le quedó claro lo que tenía que decir.
Así; en aquel tiempo con artimañas legales de la madre, el padre de Jorge y Mario no podía ver a sus hijos, por una resolución de la jueza a cargo de la causa.
Jorge cuando sus compañeros le preguntaban por su padre, solo respondía “está muerto”. Hasta que un día, descubrió no solo él sino también sus compañeros que un automóvil, con su padre conduciendo lo seguía hasta que entraba al colegio, para luego desaparecer.
Jorge sabía que no lo dejaban que su padre los viera. Pero quién podía tener tanta maldad, se preguntaba. Ya en los cincuenta, no encontraba ni la mínima razón, ya que en aquellos años ni la restricción perimetral existía,
Finalizó la primaria, comenzó la secundaria. El hogar lo llevaba adelante su madre, taladrando la cabeza de sus hijos, insistiendo en el pésimo padre habían tenido, como si él no supiera que jamás su padre los maltrataba o no les daba cariño.
Hasta que cumplió dieciocho años, ultimo año de la secundaria. Siempre salía con compañeros que vivían cerca de su casa y a quienes conocía en algunos casos desde la escuela primaria.
Ese día al salir, vio como una imagen difusa. Se paralizó…era su padre. Se dio vuelta y les comentó a sus amigos- es mi viejo-. “Tranquilo”; le respondieron. Nosotros nos vamos y te vemos luego. Anda…anda.
Se acercó a su padre; este tenía la mirada entre llorosa y triste. Jorge simplemente le dijo – Papá, no te pongas mal, Yo se todo. Se que no te dejaban vernos. Se abrazaron tan fuerte, que el ruido de los huesos tenuemente se sintieron en el aire.
Jorge, le dijo el padre.- ¿Te invito a tomar un café, venís?
Claro que sí papá!-
Aquel fue el primer día que Jorge volvió a ver a su padre, cara a cara. Hablaron de tantas cosas. Rieron, lloraron…no podían recuperar en un rato doce años de separación, determinada por una jueza hija de puta y miserable, que ni considero lo que los niños pensaban o sentían en aquellos oscuros momentos.
El padre, fumador escribió sobre la cajita de fósforos, el día y la hora de ese primer encuentro.
Se vieron otras veces, al igual que con Mario. Pasaron los años, tanto su mamá como su papá, fallecieron.
Pero Jorge, tiene en el cajón de su mesa de luz, aquella cajita de fósforos que se transformó en algo más que memorable.

Imagen: Gentileza de Wattpad.com Pinterest

Argentina, tan generosa y a la vez tan iracunda…

Segundo capuchino al hilo,
mirando la cuadragésima
manifestación sobre la calle
Lavalle, apellido de un traidor
contrario al federalismo de la República,
haciendo fusilar al probó Dorrego,
uno de los líderes que bregaban
por una Argentina unida, utopía
que sigue hoy siendo la misma,
con la que soñaron los héroes
de la Independencia, San Martín,
Belgrano o Moreno, envenenado
en alta mar, por manos anónimas
a quienes el brillante abogado
estorbaba con sus decenas de planes
de total emancipación de la ¿Madre
Patria? -España, a quien se le habrá
ocurrido llamarla así, cuando conquistó,
y con el engaño de su evangelización promovió
uno de los tantos genocidios de América.

Y luego, mucho tiempo después
llegaron los piratas, descendientes
del otrora famoso Capitán Drake,
quienes se aliaron con los apátridas
que aún hoy mantienen su apellido
en sus descendientes con igual genoma,
siendo tan generosos los ingleses
que junto al “falso y soberbio” Rivadavia
primer presidente del Virreinato del Plata,
fundaron la primera “deuda externa argentina”
siendo el mismo dinero que usaron los piratas,
para realizar el trazado de las vías del ferrocarril,
-Me preguntarán:
¿para comunicar a los pueblos
alejados de la “Reina del Plata”?
-Y les contestare: ¡NO! ¡Para extraer los recursos,
luego enviarlos de vuelta eso si como productos
con alto valor agregado de su mano de obra.

O los negociados en la década del 30 del siglo XX,
denunciado por aquel brillante
Lisandro de la Torre, que como todo patriota
denunció el Pacto Roca-Runciman,
por la corrupción en las exportaciones cárnicas
sin tener éxito alguno por la mayoría
y vil oposición conservadora así tras haber perdido
a su compañero de bancada a manos
de un pagado asesino en plena Cámara,
se suicidó de un tiro en la sien en su oficina…

Mi mente se fue a la historia pero la traigo
a esta manifestación con colores “vario pinto”,
que en esto si que somos buenos porque como
reyes de la queja y hacer lio ningún otro nos gana,
además de no tener ni idea que hacer
para refundar la Nación Argentina,
ya pasados 220 años de su liberación
aprovechando la invasión a España,
por aquel belicoso Bonaparte, otro loco
que ni le llegaba siquiera a los talones
a aquel petiso llamado Napoleón.

Seguimos igual que entonces,
nuestra frase de cabecera
es aquella de “el sálvese quien pueda”
y sigue tan vigente como el Ave María.

Somos lo que merecemos ser
pero en realidad tan confusos nos volvemos,
que nos enfrentamos por cualquier cosa
llámese política, fútbol, economía
y tantas otras, que nos hemos convertido en
importantes ignorantes, hablando sin saber.

Cuando bajemos del ego suicida,
quizás logremos ser creíbles
hacia adentro y también hacia afuera.

Buenos Aires es de todos…

Estoy sin auto, una de mis distracciones,
provoco que se encuentre durmiendo
dentro del taller mecánico por un tiempo.

Viajo en taxi, camino al centro
de Buenos Aires, al que de día evito.

¿Razones?
Locuras colectivas, bocinazos
creyendo que a quien un semáforo
se le interpone puede volar,
como el auto fantástico o como
aquel maravilloso de “Volver al futuro”
cuya energía solo es cuando avizoran
que se viene una real y feroz tormenta.

Nuestra gente forma aquello
que sostenemos en el tiempo,
un denominado “crisol de razas”
tierra de oleadas de inmigrantes
de todo el mundo que llegaron
en su mayoría solo con lo puesto.

Todas las razas, religiones y costumbres
pero eso si, advierto cuando voy al centro
que todos nos hemos italianizados
de tal manera, que aparece con un disfraz
de Roma, mi misteriosa Buenos Aires,
basta con comprobarlo haciendo
un viaje y escuchar gritos, insultos,
“tipillos” que no respetan nada, caos absoluto.

Pero somos así, eso si no nos arrepentimos
en ser los mejores de nada, porque que otro
tiene a Borges, el dulce de leche, el asado,
y ahí me detengo porque no quiero abrumar,
evitando una respuesta que lastime
para que le conteste como un italianizado argento.

Trágico encuentro

Parado frente al bravo océano
no podía dejar de recordar
lo feliz que me sentía cada año
cuando regresaba a ese lugar
en que sentía que mi mente se vaciaba.

Ya estaba preparado y salí a trotar
descalzo sobre la arena en la diaria
rutina que disfrutaba al amanecer,
cuando la playa casi estaba desierta
salvo algún pescador que se atrevía
quizás desde la madrugada a pasarse
horas y horas, esperando el pique
que le trajera esa presa tan deseada.

El sol del amanecer me encegueció
por un momento, pero basto solo eso,
para que me tropezara y me la llevara
por delante con inexplicable grosería.

La ayudé a levantarse, mientras sus manos
se sacaban de encima, la fina arena
que todo su cuerpo había cubierto.

Me miró con sus penetrantes ojos verdes
como haciendo juego con el atrevido oleaje,
dibujó su rostro una mueca de desagrado,
me disculpe de mil maneras pero no creyó
en un hecho fortuito, pensó lo contrario
y así espontáneamente me lo hizo saber,
su forma de hablar suponía una mujer culta
acostumbrada pensé al glamour de clase.

No obstante, aun con dudas se quedó
en el mismo lugar -pareció creerme me dije-
como galantería la invite a desayunar
en el único parador que estaba abierto.

Acepto, la mire y recién ahí luego del bochorno
me di cuenta que era una diosa de aquellas,
que pueden dar vuelta como un panqueque
a todo hombre que pretendiera seducirla.

Nos sentamos, mantuve un perfil bajo
y deje que hablara, percibí que lo necesitaba
quizás estaba sola sin compañía y el encuentro
podía ser una excusa para divertirse un rato.

Pero como me equivoque al pensar aquello,
contó tantas cosas que en su vida padeció
que comenzó a llorar ante mi sorpresa
en forma tan convulsiva sin poder detenerse.

Viuda hacía nada más que seis meses atrás
perdiendo al mismo tiempo a un hijo pequeño,
que acompañaba a su marido en un viaje
a la ciudad a entrevistarse con un especialista
en síndrome de down, con tan mala fortuna
que en una curva un camión se adelantó,
quitandole la visión chocando violentamente
con un ómnibus de pasajeros en sentido contrario,
ambos murieron instantáneamente y solo una voz
escucho ella del otro lado del teléfono dándole
la noticia además la necesidad de que los reconociera.

Siempre me han dicho que cuento con un don,
el don de la palabra para contener a quien lo necesita
así puse especial interés en escucharla hablar
de esa reciente y terrible tragedia que de la nada
le quito todo lo que amaba sin avisarle siquiera.

Me quedaré el tiempo que sea, necesito saber
porque está allí sola conociéndome protector,
se que la seguiré viendo cada día y seré oráculo
para que su hiel amarga fluya desde dentro de su alma.

Luego…no lo sé…el tiempo es el que nos dirá..

El Dia de la Tradición en la República Argentina

Hubo una vez; miento en realidad fueron varias, en las que concurrí en mi niñez y pre adolescencia, junto a la mayoría de los vecinos del barrio de Floresta a la Fiesta del día de la Tradición, cuando nos acercábamos cada 10 de noviembre a la Plaza Vélez Sarfield, sobre la Avenida Avellaneda, donde aún circulaba el tranvía 99 y los escasos automóviles de aquella época -en donde solo los “ricos o nuevos ricos”, podían poseer uno. La razón era que festejábamos esa festividad bien nuestra y nos sentíamos tan emocionados, al ver desfilar sobre sus caballos lustrosos y magníficos, a los gauchos con sus ropa de gala, en donde quien iba primero, llevaba la bandera celeste y blanca de nuestra Patría. Ese momento, nos impulsaba a cantar a todos los presentes del maravilloso espectáculo, nuestro Himno Nacional Argentino, una de las mas bellas piezas musicales de nuestra Argentina.
Pero eso era solo como si fuera en una cena glamorosa; una entrada o aperitivo, ya que después los espectáculos nos dejaban boquiabiertos a pura emoción o felicidad, de aquello que era tan auténtico como lo éramos nosotros mismos. sin necesidad de aggiornarnos de manera alguna.
Se cerraba el tránsito en tres cuadras de la Avenida; frente a la Comisaría 50 y al Club La Floresta, que aún permanece de pie y que este año cumple 127 años desde su fundación (1893). El público permanecía sobre la acera de la Plaza, ubicándose de la mejor manera posible -nadie empujaba o molestaba a nadie- para observar las habilidades del gauchaje y otros artistas, para finalmente pasar a los juegos que se llevaban a cabo, en donde partici-paban los vecinos.
Así el espectáculo se iniciaba con los gauchos, que galopaban con sus briosos caballos sobre los adoquines de la calle, para insertar la aguja en la sortija. Quien se llevaba una mayor cantidad de ellas, con sus cintas celestes y blancas, era finalmente el ganador. Los aplausos del público por la maestría de esos hombres, eran un humilde presente y reconocimiento a sus sobradas habilidades.
Los niños y los no tan niños, les pedíamos a nuestros padres, que nos compraran una manzana o higos acaramelados recubiertos por pochoclos o bien una bolsita de estos últimos -lo que se pudiera- y nos íbamos corriendo al carro de Don Pascual, que siempre se encontraba todos los días en la Plaza y se había convertido ya, para muchos de nosotros en un verdadero amigo. Siempre cuando íbamos en grupo, corríamos para ver quién llegaba primero a los juegos infantiles, y ahí estaba Don Pascual, con sus cachetes colorados y su amplia y buena sonrisa.
A veces; alguna travesura hacíamos, mientras uno lo distraía otro le sacaba del carrito, una golosina o una bolsita de pochoclos, Éramos unos bandidos, pero no tan malos…en aquella época.
Pero volviendo a la festividad del Día de la Tradición, luego de la carrera de sortijas; subían al escenario los fisicoculturistas, que ya habían aceitado todos sus cuerpos, para así exhibir sus biceps, triceps, trapecios y otras cualidades, que deleitaban a las adolescentes y también, a las no tanto.
Había grupos folclóricos no tan conocidos, pero que tocaban lindo y cantaban chacareras, zambas, gatos y carnavalitos de nuestra tierra, que nos obligaba a escucharlos con atención, aplaudiéndolos al final, hasta que nuestras manos se enrojecían de tanto hacerlo.
El ballet folclórico era un espectáculo aparte; era tal la habilidad de los varones en cuanto al malamibo  esencialmente, en que un ejecutante solo, hace con los pies en la mínima super-ficie, una serie de pequeños ciclos de movimientos llamados mudanzas; es decir, trata, pues, una danza individual, la principal y más difundida de la Argentina en su género, así como también la dulzura en los movimientos de las “chinas” que los acompañaban.
Todos los espectáculos duraban aproximadamente unas tres horas y nadie luego quería irse; porque ahí entraba el público a actuar; el palo enjabonado era un juego en el que un poste de aquella época, se lo enjabona o “enceba” (grasa de cerdo) colocando en la punta superior, un “botín lleno de plata” -dinero-. Así; quien lograba treparse -nada fácil- se llevaba el premio mayor.

Pero lo más divertido -o me van mentir diciendo, que cuando alguien tropieza en la calle, no hay nadie que se ría-, era cuando desde la mitad del poste, se iban deslizando poco a poco, hasta caer de nalgas en la acera.
Luego llegaba la carrera de “embolsados”, en donde los que intervienen ponían sus piernas dentro de bolsas de arpilleras, debiendo desde la largada recorrer unos cien metros y quien llegaba primero, obtenía su premio entre las risas y aplausos de la multitud.
Comencé pretendiendo; dar a conocer que significaba el Día de la Tradición en la República Argentina y la mente me llevó solita como pícara que suele ser, a los recuerdos de aquellos años sanos, sin tanta contaminación ambiental ni social.
Así que “hasta acá llegó mi amor”; y ahora a ponerme las “pilas” para darle la seriedad y el respeto a una festividad emblemática, ahora perdida en las grandes urbes, salvo algunas peñas folclóricas. pero sin el fervor de aquel entonces.

Hace un par de días; se reunieron en el predio del Museo Regional y desfilaron con sus caballos y carruajes por las calles de General Villegas, Provincia de Buenos Aires, hombres y mujeres a la vez.
Lo hicieron a dos días de celebrarse en toda la Argentina el Día de la Tradición, cuya fecha oficial es el 10 de noviembre.
El Día de la Tradición se celebra en Argentina el 10 de noviembre, fecha que fue elegida en conmemoración del nacimiento del poeta argentino José Hernández (1834 – 1886), que escribió, entre otros, el poema narrativo El gaucho Martín Fierro y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, relatos en forma de verso de la experiencia de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lengua y códigos de honor.
Cuando llega la fecha, a lo largo de todo el país se realizan festivales dónde se celebra la identidad argentina. Suelen haber jineteadas, comidas típicas, músicos y desfiles de todo tipo en los cuales se muestra las distintas tradiciones y costumbres que fueron dando forma al ser argentino.
¿Qué tradiciones hay en la Argentina?
Las 10 costumbres argentinas con las que los viajeros alucinan
Saludar con beso.
La sensualidad del Tango.
Juntarse con los amigos para hacer un asado.
El fútbol es una religión.
Compartir el mate, un ritual sagrado.
Hablar siempre de política.
Las empanadas argentinas.
Los alfajores.
¿ Qué se come en el día de la tradición en Argentina?
El locro, las empanadas de humita, las tortas fritas criollas, el puchero, los pastelitos, la mazamorra y el dulce de leche, también son comidas y alimentos tradicionales argentinos.
¿ Qué hacer para el Día de la Tradición?
➽Invitar a familiares para que vengan a bailar y a tocar instrumentos tradicionales ➽Cocinar comidas tradicionales como empanadas, pastelitos. Ponchos con papel, con bolsas o fliselina, horno de barro, cencerros con latas perforadas, un rancho, diferentes mates . UN BUEN FOGÓN y …un asadito tampoco vendría mal.


Pero la mayor parte ya lo he comentado y no deseo ampliar aún más, porque es una de la más importante de las festividades que se han perdido en las poblaciones urbanas, enfermas de vivir para el afuera y de creerse en un estrato social superior, discriminando de manera indirecta al residente en las provincias del interior.

Por alguna razón, el porteño -de la ciudad de Buenos Aires, es mal mirado por el resto de los habitantes de mi hermoso país, al creerse superior ora sea por nivel de educación, ora por nivel cultural, ora por el nivel socioeconómico, ora por ”él por las dudas”.

Hay una frase que me viene al pelo, para describir a los porteños -me incluyo, aunque no piense como los demás por convicciones y de la manera en que fui criado y educado- siendo aquella la que lo describe como un tipo soberbio y creído de sí mismo, que cuando se acerca a un abismo o acantilado, su ego lo hace suicidarse. Esa pedantería, es su marca registrada; mal le pese a quien lea esto y se sienta identificado.


Para concluir la tradición es cada una de aquellas pautas de convivencia que una comunidad​ considera dignas de constituirse y mantenerse de generación en generación. Comprenden ahora; porque no deseaba como argentino que siente vergüenza propia y ajena, seguir explayándome sobre una festividad tan importante, e ignorada por la inmensa mayoría de la población. Que me van a venir a hablar de valores…cuando y donde? ¿Dónde se fueron?

El amor que no pudo ser…

Romeo y Julieta ​ es una tragedia del dramaturgo inglés William Shakespeare. Cuenta la historia de dos jóvenes enamorados de 13 y 17 años que, a pesar de la oposición de sus familias, rivales entre sí.

Pero en este siglo XXI, si bien un multimillonario no vería con buenos ojos, que su hija recién alejada de la pubertad, hoy convertida en una bella y fogosa jovencita se enamorara de alguien, que no estuviera a su nivel socio económico.
Porque generalmente lo contrario; solo pasa en las edulcoradas películas de fantasía, que consumen con fricción las niñas enamoradizas de hoy en día, que se alientan hasta desde la mas precoz edad sin distinción de clases sociales.
Pero como el amor no tiene barreras; para esa edad están convencidos que los adultos no saben nada de la vida y solo son viejos amargados, preocupados por el día a día, ,que lejos de conocer lo bueno de la vida, solo se la pasan haciendo recomendaciones sin sentido, como si fueran a ser ellos los/las jóvenes- carne de secuestradores y traficantes de trata.
Ya no es; como en épocas pasadas en que las madres o los padres varones, mantenían esas intimas conversaciones en secreto que en tono casi inaudible, les decían a sus hijos o hijas, sobre que el origen de su nacimiento -no había sido causa ni de la cigüeña ni de un repollo-, habían sido el fruto del amor único y adorable de papá y mamá.
Hoy en día, hasta niños o niñas que tendrían que jugar con muñecas o autitos -sin generalizar-, en algunos casos nos enseñan a nosotros como les dieron la vida y en otros hasta el extremo, de conocer de que se trata el “Kamasutra el arte de amar” -que ya es tan viejo, como “Olga, historias de una princesa rusa”.
Así fue con Andrés Morales y Elizabeth de las Mercedes Cárdenas. El un niño abandonado por sus padres, criado por una tía que le dio cobijo y con esfuerzo le costeo los estudios en el exclusivo Belgrano Day School.
Allí desde su ciclo inicial, se sentó siempre con la niña Elizabeth y se convirtieron en inseparables. Si bien los padres de Elizabeth eran reconocidos en la sociedad echada a menos de la aristocracia argentina, el era socio y director de varias empresas, como asimismo socio del exclusivo Jockey Club de Buenos Aires, al enterarse de quien era su amiguito de escuela, trataron de persuadirla de alejarse de él, pero nada pudieron hacer con la niña, que les planto con sus ocurrentes desafíos y caprichos, tal como la habían educado.
Paso el tiempo, Elizabeth iba seguido a la casa de Andrés, en donde se ayudaban entre si con la tarea y merendaban con la armonía que les podía brindar la tía Jacinta, mujer de piel cobriza, de raíces indígenas pero muy culta, ya que también había servido en la casa de una familia adinerada y de raigambre porteña, pero que a diferencias de sus pares, trataban a su personal de servicio con mucho respeto, además de costearles cursos de ceremonial y otros, para que tuvieran un futuro mejor. Eran misericordiosos y humildes, lo que provocaba urticaria entre sus matrimonios amigos o conocidos, Esa era la razón de la calidez de la tía Jacinta y su nada despreciable nivel cultural.
Fue el año de finalizar el ciclo inicial, que los amigos comenzaron a mirarse de otra manera. Ambos; cuando rozaban sus manos en búsqueda de material para desarrollar sus trabajos prácticos, se sentían conmovidos. Se miraban fijamente y era Andrés quien bajaba la cabeza cohibido, Hasta el día que Elizabeth, llevo sus manos a la cara de Andrés y le dio un beso “inocente” -por ser el primero de su vida, no sabia besar ni que sabor tendría. Andrés, sintió que su corazón latía mas fuerte y ya no pudo detenerse, la abrazo suavemente tomándola por la cintura, y con sus labios entreabiertos sintió la humedad de la boca de Elizabeth. Un amor que venia creciendo desde niños; y que al llegar a la púber-adolescencia había florecido como una rosa en un vergel.
Nada dijeron. Un secreto solo de ellos dos. Realizaron la preparatoria, la que superaron con éxito, continuando estudiando en el mismo colegio, sentados en el mismo banco. Su historia de amor; era en privado y solo para ellos, en el “refugio” como ambos llamaban al cuarto de Andrés en su casa. Ni siquiera la tía Jacinta ni los padres de Elizabeth lo percibieron; asimismo en el colegio solo corrían rumores nunca verificados, de alguna actitud sospechosa de ambos, que pudiera advertirle a algún compañero o compañera, que había algo entre ellos. Ello solo podía surgir de alguna mente fantasiosa; pero imposible de afirmar.
Tanto Elizabeth como Andrés, se contentaban en estar juntos, estudiando y abrazándose adorablemente. Ambos aprendieron lo que era un beso de pasión de amor, como ellos se profesaban. Pero habían establecido el pacto de no tener relaciones, hasta tanto no les dijeran a sus mayores que solo deseaban irse a vivir juntos, una vez que finalizaran los estudios y pudieran emplearse. Se mudarían ambos; a un campus universitario donde continuarían la misma carrera de Ingeniería Informática, apoyándose en las capacidades que venían demostrando en la secundaria. Llego el fin de curso y así el baile de egresados, en el que Colegio mantenía la misma tradición centenaria, cada muchacho invitaba a una compañera, para acompañarlo a esa despedida que a casi todos les provocaba alegría, por el futuro y tristeza al mismo tiempo, por dejar de recorrer cada uno de los pasillos, aulas y el parque del Belgrano School.
Llegado ese momento, Andrés se presento en la casa de Elizabeth, a sabiendas que los padres de ella, siempre lo habían mirado con cierto recelo. Pero a Elizabeth ya no le interesaba lo que podían pensar sus progenitores, conocía mas a Andrés que cualquier otra persona, para saber que era un hombre gentil, inteligente y adorable hacia ella..
Esa noche, cerca de las ocho de la noche, Andrés tocó el timbre de la mansión de los Cárdenas. Le abrió el personal de servicio y el joven, pidió hablar con el Sr. Roberto Benjamín Cárdenas, padre de Elizabeth. Extrañado el mayordomo, le pregunto si tenía acordada una cita previa; a lo que Andrés ya nervioso, le respondió que no. Ante la negativa del mayordomo de avisarle a su empleador, le dijo al muchacho que se retirará. Andrés; todo lo contrario comenzó a discutir reiterando que tenía la necesidad de hablar con el padre de Elizabeth.
Los gritos llegaron a la planta superior de la mansión, y el citado Roberto Cárdenas se mostró sorprendido, procediendo a bajar rápidamente por las escaleras, encontrándose con el viejo mayordomo Matías y el muchacho, compañero de su hija, en plena discusión. Sereno; pero con firmeza se puso de pie en el medio de ambos y preguntó que era lo que estaba sucediendo.

Al contestarle el viejo Matías de las intenciones de Andrés; Cárdenas resoplando, dijo -bueno; no es para tanto, un amigo de mi hija, es un amigo de esta casa-. Pasa muchacho; e invito a Andrés a pasar al salón de recepción.


Siéntate le dijo, con voz firme y mas parecido a una orden…A que se debe tu imprevista visita sin aviso alguno, pidiendo hablar conmigo; cuando si te he visto unas tres veces en estos años, siempre fue de casualidad ya que nada conozco de ti. Bueno; tengo poco tiempo -a que venias?


Andrés; a pesar de sentirse al principio intimidado por la soberbia y malos modos del hombretón que tenia enfrente, alejo rápidamente todo ello de su cabeza y le espeto
sin vueltas – He venido a pedirle permiso a Ud. para invitar a Elizabeth al baile de fin de curso; y luego si ella está disponible quisiéramos conversar tanto con Ud. como con su señora esposa, de algo muy importante que hemos decidido ambos; es decir Elizabeth y yo.


Cárdenas se movió ya incomodo en su sillón de terciopelo italiano, y comenzó a carraspear…luego sin preámbulo alguno ni buenos modos, levantándole la voz le respondió – tú…justo tu; mestizo ignorante y huérfano, sin futuro alguno, te presentas en mi propia casa,

Descaradamente tu vienes para decirme esto! Largo de aquí ya, mestizo de mierda!
Los gritos alertaron a Elizabeth y su madre, que bajaron rápidamente, mientras el viejo mayordomo estaba a los empujones con Andrés, tratándolo de expulsarlo de la mansión. Pero sus idas al gimnasio, habían hecho de Andrés un joven atlético, fibroso además de poseer inteligencia por encima de la media, que en quien creyera, lo había privilegiado. Cárdenas; viendo que el viejo Matías no podía con el muchacho cogió de la chimenea, al atizador de fuego y se acerco por detrás a Matías, éste cuando se dio cuenta ya era tarde, fuera de si Cárdenas lo átraveso con el atizador en el abdomen. Matías, se desplomo como fulminado y debajo un gran charco de sangre era el retrato cruento de la tragedia. el grito de Elizabeth, debe haberse escuchado a 10 kilómetros a la redonda.
Cárdenas cayo de rodillas, tomándose la cabeza con ambas manos, seguramente preguntándose que había terminado de hacer y las graves consecuencias que tendría. Mientras tanto, Elizabeth sostenía la mano de Andrés, ya sin vida, presa de una crisis de nervios y un llanto convulsivo. Su madre, no tuvo oportunidad de contenerla, ya que la empujo violentamente.
Como dije al principio esta remake de “Romeo y Julieta” terminó en tragedia, pero su final fue distinto con matices. Andrés asesinado por el padre, que sufriría prisión perpetuas por el resto de su vida. Elizabeth….desapareció; dicen los vecinos que la ven pasearse por los balcones de la planta alta, hablando sola como si hubiera perdido la razón. No necesito la pócima del veneno…para Andrés, el veneno de este fue un atizador y ella solo pudo beber el veneno de la locura, que iría creciendo hasta el fin de sus días. Eso si, en todos los balcones no había siquiera una mísera flor. Recordé aquel poema de Baldomero Fernandez Moreno, que rezaba así “Sesenta balcones y ninguna flor”…