Trágico encuentro

Parado frente al bravo océano
no podía dejar de recordar
lo feliz que me sentía cada año
cuando regresaba a ese lugar
en que sentía que mi mente se vaciaba.

Ya estaba preparado y salí a trotar
descalzo sobre la arena en la diaria
rutina que disfrutaba al amanecer,
cuando la playa casi estaba desierta
salvo algún pescador que se atrevía
quizás desde la madrugada a pasarse
horas y horas, esperando el pique
que le trajera esa presa tan deseada.

El sol del amanecer me encegueció
por un momento, pero basto solo eso,
para que me tropezara y me la llevara
por delante con inexplicable grosería.

La ayudé a levantarse, mientras sus manos
se sacaban de encima, la fina arena
que todo su cuerpo había cubierto.

Me miró con sus penetrantes ojos verdes
como haciendo juego con el atrevido oleaje,
dibujó su rostro una mueca de desagrado,
me disculpe de mil maneras pero no creyó
en un hecho fortuito, pensó lo contrario
y así espontáneamente me lo hizo saber,
su forma de hablar suponía una mujer culta
acostumbrada pensé al glamour de clase.

No obstante, aun con dudas se quedó
en el mismo lugar -pareció creerme me dije-
como galantería la invite a desayunar
en el único parador que estaba abierto.

Acepto, la mire y recién ahí luego del bochorno
me di cuenta que era una diosa de aquellas,
que pueden dar vuelta como un panqueque
a todo hombre que pretendiera seducirla.

Nos sentamos, mantuve un perfil bajo
y deje que hablara, percibí que lo necesitaba
quizás estaba sola sin compañía y el encuentro
podía ser una excusa para divertirse un rato.

Pero como me equivoque al pensar aquello,
contó tantas cosas que en su vida padeció
que comenzó a llorar ante mi sorpresa
en forma tan convulsiva sin poder detenerse.

Viuda hacía nada más que seis meses atrás
perdiendo al mismo tiempo a un hijo pequeño,
que acompañaba a su marido en un viaje
a la ciudad a entrevistarse con un especialista
en síndrome de down, con tan mala fortuna
que en una curva un camión se adelantó,
quitandole la visión chocando violentamente
con un ómnibus de pasajeros en sentido contrario,
ambos murieron instantáneamente y solo una voz
escucho ella del otro lado del teléfono dándole
la noticia además la necesidad de que los reconociera.

Siempre me han dicho que cuento con un don,
el don de la palabra para contener a quien lo necesita
así puse especial interés en escucharla hablar
de esa reciente y terrible tragedia que de la nada
le quito todo lo que amaba sin avisarle siquiera.

Me quedaré el tiempo que sea, necesito saber
porque está allí sola conociéndome protector,
se que la seguiré viendo cada día y seré oráculo
para que su hiel amarga fluya desde dentro de su alma.

Luego…no lo sé…el tiempo es el que nos dirá..

El Dia de la Tradición en la República Argentina

Hubo una vez; miento en realidad fueron varias, en las que concurrí en mi niñez y pre adolescencia, junto a la mayoría de los vecinos del barrio de Floresta a la Fiesta del día de la Tradición, cuando nos acercábamos cada 10 de noviembre a la Plaza Vélez Sarfield, sobre la Avenida Avellaneda, donde aún circulaba el tranvía 99 y los escasos automóviles de aquella época -en donde solo los “ricos o nuevos ricos”, podían poseer uno. La razón era que festejábamos esa festividad bien nuestra y nos sentíamos tan emocionados, al ver desfilar sobre sus caballos lustrosos y magníficos, a los gauchos con sus ropa de gala, en donde quien iba primero, llevaba la bandera celeste y blanca de nuestra Patría. Ese momento, nos impulsaba a cantar a todos los presentes del maravilloso espectáculo, nuestro Himno Nacional Argentino, una de las mas bellas piezas musicales de nuestra Argentina.
Pero eso era solo como si fuera en una cena glamorosa; una entrada o aperitivo, ya que después los espectáculos nos dejaban boquiabiertos a pura emoción o felicidad, de aquello que era tan auténtico como lo éramos nosotros mismos. sin necesidad de aggiornarnos de manera alguna.
Se cerraba el tránsito en tres cuadras de la Avenida; frente a la Comisaría 50 y al Club La Floresta, que aún permanece de pie y que este año cumple 127 años desde su fundación (1893). El público permanecía sobre la acera de la Plaza, ubicándose de la mejor manera posible -nadie empujaba o molestaba a nadie- para observar las habilidades del gauchaje y otros artistas, para finalmente pasar a los juegos que se llevaban a cabo, en donde partici-paban los vecinos.
Así el espectáculo se iniciaba con los gauchos, que galopaban con sus briosos caballos sobre los adoquines de la calle, para insertar la aguja en la sortija. Quien se llevaba una mayor cantidad de ellas, con sus cintas celestes y blancas, era finalmente el ganador. Los aplausos del público por la maestría de esos hombres, eran un humilde presente y reconocimiento a sus sobradas habilidades.
Los niños y los no tan niños, les pedíamos a nuestros padres, que nos compraran una manzana o higos acaramelados recubiertos por pochoclos o bien una bolsita de estos últimos -lo que se pudiera- y nos íbamos corriendo al carro de Don Pascual, que siempre se encontraba todos los días en la Plaza y se había convertido ya, para muchos de nosotros en un verdadero amigo. Siempre cuando íbamos en grupo, corríamos para ver quién llegaba primero a los juegos infantiles, y ahí estaba Don Pascual, con sus cachetes colorados y su amplia y buena sonrisa.
A veces; alguna travesura hacíamos, mientras uno lo distraía otro le sacaba del carrito, una golosina o una bolsita de pochoclos, Éramos unos bandidos, pero no tan malos…en aquella época.
Pero volviendo a la festividad del Día de la Tradición, luego de la carrera de sortijas; subían al escenario los fisicoculturistas, que ya habían aceitado todos sus cuerpos, para así exhibir sus biceps, triceps, trapecios y otras cualidades, que deleitaban a las adolescentes y también, a las no tanto.
Había grupos folclóricos no tan conocidos, pero que tocaban lindo y cantaban chacareras, zambas, gatos y carnavalitos de nuestra tierra, que nos obligaba a escucharlos con atención, aplaudiéndolos al final, hasta que nuestras manos se enrojecían de tanto hacerlo.
El ballet folclórico era un espectáculo aparte; era tal la habilidad de los varones en cuanto al malamibo  esencialmente, en que un ejecutante solo, hace con los pies en la mínima super-ficie, una serie de pequeños ciclos de movimientos llamados mudanzas; es decir, trata, pues, una danza individual, la principal y más difundida de la Argentina en su género, así como también la dulzura en los movimientos de las “chinas” que los acompañaban.
Todos los espectáculos duraban aproximadamente unas tres horas y nadie luego quería irse; porque ahí entraba el público a actuar; el palo enjabonado era un juego en el que un poste de aquella época, se lo enjabona o “enceba” (grasa de cerdo) colocando en la punta superior, un “botín lleno de plata” -dinero-. Así; quien lograba treparse -nada fácil- se llevaba el premio mayor.

Pero lo más divertido -o me van mentir diciendo, que cuando alguien tropieza en la calle, no hay nadie que se ría-, era cuando desde la mitad del poste, se iban deslizando poco a poco, hasta caer de nalgas en la acera.
Luego llegaba la carrera de “embolsados”, en donde los que intervienen ponían sus piernas dentro de bolsas de arpilleras, debiendo desde la largada recorrer unos cien metros y quien llegaba primero, obtenía su premio entre las risas y aplausos de la multitud.
Comencé pretendiendo; dar a conocer que significaba el Día de la Tradición en la República Argentina y la mente me llevó solita como pícara que suele ser, a los recuerdos de aquellos años sanos, sin tanta contaminación ambiental ni social.
Así que “hasta acá llegó mi amor”; y ahora a ponerme las “pilas” para darle la seriedad y el respeto a una festividad emblemática, ahora perdida en las grandes urbes, salvo algunas peñas folclóricas. pero sin el fervor de aquel entonces.

Hace un par de días; se reunieron en el predio del Museo Regional y desfilaron con sus caballos y carruajes por las calles de General Villegas, Provincia de Buenos Aires, hombres y mujeres a la vez.
Lo hicieron a dos días de celebrarse en toda la Argentina el Día de la Tradición, cuya fecha oficial es el 10 de noviembre.
El Día de la Tradición se celebra en Argentina el 10 de noviembre, fecha que fue elegida en conmemoración del nacimiento del poeta argentino José Hernández (1834 – 1886), que escribió, entre otros, el poema narrativo El gaucho Martín Fierro y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, relatos en forma de verso de la experiencia de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lengua y códigos de honor.
Cuando llega la fecha, a lo largo de todo el país se realizan festivales dónde se celebra la identidad argentina. Suelen haber jineteadas, comidas típicas, músicos y desfiles de todo tipo en los cuales se muestra las distintas tradiciones y costumbres que fueron dando forma al ser argentino.
¿Qué tradiciones hay en la Argentina?
Las 10 costumbres argentinas con las que los viajeros alucinan
Saludar con beso.
La sensualidad del Tango.
Juntarse con los amigos para hacer un asado.
El fútbol es una religión.
Compartir el mate, un ritual sagrado.
Hablar siempre de política.
Las empanadas argentinas.
Los alfajores.
¿ Qué se come en el día de la tradición en Argentina?
El locro, las empanadas de humita, las tortas fritas criollas, el puchero, los pastelitos, la mazamorra y el dulce de leche, también son comidas y alimentos tradicionales argentinos.
¿ Qué hacer para el Día de la Tradición?
➽Invitar a familiares para que vengan a bailar y a tocar instrumentos tradicionales ➽Cocinar comidas tradicionales como empanadas, pastelitos. Ponchos con papel, con bolsas o fliselina, horno de barro, cencerros con latas perforadas, un rancho, diferentes mates . UN BUEN FOGÓN y …un asadito tampoco vendría mal.


Pero la mayor parte ya lo he comentado y no deseo ampliar aún más, porque es una de la más importante de las festividades que se han perdido en las poblaciones urbanas, enfermas de vivir para el afuera y de creerse en un estrato social superior, discriminando de manera indirecta al residente en las provincias del interior.

Por alguna razón, el porteño -de la ciudad de Buenos Aires, es mal mirado por el resto de los habitantes de mi hermoso país, al creerse superior ora sea por nivel de educación, ora por nivel cultural, ora por el nivel socioeconómico, ora por ”él por las dudas”.

Hay una frase que me viene al pelo, para describir a los porteños -me incluyo, aunque no piense como los demás por convicciones y de la manera en que fui criado y educado- siendo aquella la que lo describe como un tipo soberbio y creído de sí mismo, que cuando se acerca a un abismo o acantilado, su ego lo hace suicidarse. Esa pedantería, es su marca registrada; mal le pese a quien lea esto y se sienta identificado.


Para concluir la tradición es cada una de aquellas pautas de convivencia que una comunidad​ considera dignas de constituirse y mantenerse de generación en generación. Comprenden ahora; porque no deseaba como argentino que siente vergüenza propia y ajena, seguir explayándome sobre una festividad tan importante, e ignorada por la inmensa mayoría de la población. Que me van a venir a hablar de valores…cuando y donde? ¿Dónde se fueron?

El amor que no pudo ser…

Romeo y Julieta ​ es una tragedia del dramaturgo inglés William Shakespeare. Cuenta la historia de dos jóvenes enamorados de 13 y 17 años que, a pesar de la oposición de sus familias, rivales entre sí.

Pero en este siglo XXI, si bien un multimillonario no vería con buenos ojos, que su hija recién alejada de la pubertad, hoy convertida en una bella y fogosa jovencita se enamorara de alguien, que no estuviera a su nivel socio económico.
Porque generalmente lo contrario; solo pasa en las edulcoradas películas de fantasía, que consumen con fricción las niñas enamoradizas de hoy en día, que se alientan hasta desde la mas precoz edad sin distinción de clases sociales.
Pero como el amor no tiene barreras; para esa edad están convencidos que los adultos no saben nada de la vida y solo son viejos amargados, preocupados por el día a día, ,que lejos de conocer lo bueno de la vida, solo se la pasan haciendo recomendaciones sin sentido, como si fueran a ser ellos los/las jóvenes- carne de secuestradores y traficantes de trata.
Ya no es; como en épocas pasadas en que las madres o los padres varones, mantenían esas intimas conversaciones en secreto que en tono casi inaudible, les decían a sus hijos o hijas, sobre que el origen de su nacimiento -no había sido causa ni de la cigüeña ni de un repollo-, habían sido el fruto del amor único y adorable de papá y mamá.
Hoy en día, hasta niños o niñas que tendrían que jugar con muñecas o autitos -sin generalizar-, en algunos casos nos enseñan a nosotros como les dieron la vida y en otros hasta el extremo, de conocer de que se trata el “Kamasutra el arte de amar” -que ya es tan viejo, como “Olga, historias de una princesa rusa”.
Así fue con Andrés Morales y Elizabeth de las Mercedes Cárdenas. El un niño abandonado por sus padres, criado por una tía que le dio cobijo y con esfuerzo le costeo los estudios en el exclusivo Belgrano Day School.
Allí desde su ciclo inicial, se sentó siempre con la niña Elizabeth y se convirtieron en inseparables. Si bien los padres de Elizabeth eran reconocidos en la sociedad echada a menos de la aristocracia argentina, el era socio y director de varias empresas, como asimismo socio del exclusivo Jockey Club de Buenos Aires, al enterarse de quien era su amiguito de escuela, trataron de persuadirla de alejarse de él, pero nada pudieron hacer con la niña, que les planto con sus ocurrentes desafíos y caprichos, tal como la habían educado.
Paso el tiempo, Elizabeth iba seguido a la casa de Andrés, en donde se ayudaban entre si con la tarea y merendaban con la armonía que les podía brindar la tía Jacinta, mujer de piel cobriza, de raíces indígenas pero muy culta, ya que también había servido en la casa de una familia adinerada y de raigambre porteña, pero que a diferencias de sus pares, trataban a su personal de servicio con mucho respeto, además de costearles cursos de ceremonial y otros, para que tuvieran un futuro mejor. Eran misericordiosos y humildes, lo que provocaba urticaria entre sus matrimonios amigos o conocidos, Esa era la razón de la calidez de la tía Jacinta y su nada despreciable nivel cultural.
Fue el año de finalizar el ciclo inicial, que los amigos comenzaron a mirarse de otra manera. Ambos; cuando rozaban sus manos en búsqueda de material para desarrollar sus trabajos prácticos, se sentían conmovidos. Se miraban fijamente y era Andrés quien bajaba la cabeza cohibido, Hasta el día que Elizabeth, llevo sus manos a la cara de Andrés y le dio un beso “inocente” -por ser el primero de su vida, no sabia besar ni que sabor tendría. Andrés, sintió que su corazón latía mas fuerte y ya no pudo detenerse, la abrazo suavemente tomándola por la cintura, y con sus labios entreabiertos sintió la humedad de la boca de Elizabeth. Un amor que venia creciendo desde niños; y que al llegar a la púber-adolescencia había florecido como una rosa en un vergel.
Nada dijeron. Un secreto solo de ellos dos. Realizaron la preparatoria, la que superaron con éxito, continuando estudiando en el mismo colegio, sentados en el mismo banco. Su historia de amor; era en privado y solo para ellos, en el “refugio” como ambos llamaban al cuarto de Andrés en su casa. Ni siquiera la tía Jacinta ni los padres de Elizabeth lo percibieron; asimismo en el colegio solo corrían rumores nunca verificados, de alguna actitud sospechosa de ambos, que pudiera advertirle a algún compañero o compañera, que había algo entre ellos. Ello solo podía surgir de alguna mente fantasiosa; pero imposible de afirmar.
Tanto Elizabeth como Andrés, se contentaban en estar juntos, estudiando y abrazándose adorablemente. Ambos aprendieron lo que era un beso de pasión de amor, como ellos se profesaban. Pero habían establecido el pacto de no tener relaciones, hasta tanto no les dijeran a sus mayores que solo deseaban irse a vivir juntos, una vez que finalizaran los estudios y pudieran emplearse. Se mudarían ambos; a un campus universitario donde continuarían la misma carrera de Ingeniería Informática, apoyándose en las capacidades que venían demostrando en la secundaria. Llego el fin de curso y así el baile de egresados, en el que Colegio mantenía la misma tradición centenaria, cada muchacho invitaba a una compañera, para acompañarlo a esa despedida que a casi todos les provocaba alegría, por el futuro y tristeza al mismo tiempo, por dejar de recorrer cada uno de los pasillos, aulas y el parque del Belgrano School.
Llegado ese momento, Andrés se presento en la casa de Elizabeth, a sabiendas que los padres de ella, siempre lo habían mirado con cierto recelo. Pero a Elizabeth ya no le interesaba lo que podían pensar sus progenitores, conocía mas a Andrés que cualquier otra persona, para saber que era un hombre gentil, inteligente y adorable hacia ella..
Esa noche, cerca de las ocho de la noche, Andrés tocó el timbre de la mansión de los Cárdenas. Le abrió el personal de servicio y el joven, pidió hablar con el Sr. Roberto Benjamín Cárdenas, padre de Elizabeth. Extrañado el mayordomo, le pregunto si tenía acordada una cita previa; a lo que Andrés ya nervioso, le respondió que no. Ante la negativa del mayordomo de avisarle a su empleador, le dijo al muchacho que se retirará. Andrés; todo lo contrario comenzó a discutir reiterando que tenía la necesidad de hablar con el padre de Elizabeth.
Los gritos llegaron a la planta superior de la mansión, y el citado Roberto Cárdenas se mostró sorprendido, procediendo a bajar rápidamente por las escaleras, encontrándose con el viejo mayordomo Matías y el muchacho, compañero de su hija, en plena discusión. Sereno; pero con firmeza se puso de pie en el medio de ambos y preguntó que era lo que estaba sucediendo.

Al contestarle el viejo Matías de las intenciones de Andrés; Cárdenas resoplando, dijo -bueno; no es para tanto, un amigo de mi hija, es un amigo de esta casa-. Pasa muchacho; e invito a Andrés a pasar al salón de recepción.


Siéntate le dijo, con voz firme y mas parecido a una orden…A que se debe tu imprevista visita sin aviso alguno, pidiendo hablar conmigo; cuando si te he visto unas tres veces en estos años, siempre fue de casualidad ya que nada conozco de ti. Bueno; tengo poco tiempo -a que venias?


Andrés; a pesar de sentirse al principio intimidado por la soberbia y malos modos del hombretón que tenia enfrente, alejo rápidamente todo ello de su cabeza y le espeto
sin vueltas – He venido a pedirle permiso a Ud. para invitar a Elizabeth al baile de fin de curso; y luego si ella está disponible quisiéramos conversar tanto con Ud. como con su señora esposa, de algo muy importante que hemos decidido ambos; es decir Elizabeth y yo.


Cárdenas se movió ya incomodo en su sillón de terciopelo italiano, y comenzó a carraspear…luego sin preámbulo alguno ni buenos modos, levantándole la voz le respondió – tú…justo tu; mestizo ignorante y huérfano, sin futuro alguno, te presentas en mi propia casa,

Descaradamente tu vienes para decirme esto! Largo de aquí ya, mestizo de mierda!
Los gritos alertaron a Elizabeth y su madre, que bajaron rápidamente, mientras el viejo mayordomo estaba a los empujones con Andrés, tratándolo de expulsarlo de la mansión. Pero sus idas al gimnasio, habían hecho de Andrés un joven atlético, fibroso además de poseer inteligencia por encima de la media, que en quien creyera, lo había privilegiado. Cárdenas; viendo que el viejo Matías no podía con el muchacho cogió de la chimenea, al atizador de fuego y se acerco por detrás a Matías, éste cuando se dio cuenta ya era tarde, fuera de si Cárdenas lo átraveso con el atizador en el abdomen. Matías, se desplomo como fulminado y debajo un gran charco de sangre era el retrato cruento de la tragedia. el grito de Elizabeth, debe haberse escuchado a 10 kilómetros a la redonda.
Cárdenas cayo de rodillas, tomándose la cabeza con ambas manos, seguramente preguntándose que había terminado de hacer y las graves consecuencias que tendría. Mientras tanto, Elizabeth sostenía la mano de Andrés, ya sin vida, presa de una crisis de nervios y un llanto convulsivo. Su madre, no tuvo oportunidad de contenerla, ya que la empujo violentamente.
Como dije al principio esta remake de “Romeo y Julieta” terminó en tragedia, pero su final fue distinto con matices. Andrés asesinado por el padre, que sufriría prisión perpetuas por el resto de su vida. Elizabeth….desapareció; dicen los vecinos que la ven pasearse por los balcones de la planta alta, hablando sola como si hubiera perdido la razón. No necesito la pócima del veneno…para Andrés, el veneno de este fue un atizador y ella solo pudo beber el veneno de la locura, que iría creciendo hasta el fin de sus días. Eso si, en todos los balcones no había siquiera una mísera flor. Recordé aquel poema de Baldomero Fernandez Moreno, que rezaba así “Sesenta balcones y ninguna flor”…

Sombría búsqueda – Final

Una tarde me extraño su demora
porque si tenía algún compromiso,
luego de cursar en su secundaria
no dudaba en avisarme indicándome
donde estaba y si deseaba que la buscara.

Me preocupe primero, me enloquecí después
cuando de la denuncia de su desaparición,
jamás pensé que solo sería una foto
más en la memoria “difusa” de Missing,
con su rostro en una factura de servicio.

No deje de buscarla, contrate a gente
extraña que vive en lo clandestino,
no logre nada, los rumores solo hablaban
de un tema de trata, secuestro y su fin.

No obstante, alguien que se compadeció,
me arrimo un dato a cambio de dinero
que fue lo que menos me importo,
al recibir certezas en donde mi Ana
se podría encontrar, solo me preocupaba
cuál sería el padecer que viviría mi niña,
sufriendo en este mismo momento
en que diviso las luces de un caserío
a unos quinientos metros de donde estoy.

Tuve la precaución, aunque odio las armas
de traer conmigo el viejo mauser 98 del bisabuelo,
ya casi inservible y de un solo tiro, el que nunca
había tenido en mis manos más dos cuchillas
que había comprado de apuro casi sin afilar,
sin sentirme un hombre común que pretende
transformarse en un héroe de la comunidad,
tan harto estaba por las dilaciones continuas
de la policía local en sus investigaciones,
que aquí estoy, solo como un padre desesperado
con las manos sudadas, con palpitaciones
que creo me cortaran la respiración, sino
trato de manejar mis tiempos de respiración.

A unos ciento cincuenta metros, diviso un motel
y en su puerta, dos hombres que supongo guardias.

Considero que debo rodear el lugar, y acercarme
por detrás no sabiendo sí es lo correcto,
pero es lo que vi en varias películas de Clase B.

Por detrás del motel, hay un patio trasero
detrás del muro perimetral. Escucho música,
risas, gritos, como si celebraran una fiesta.

Mi mente giraba a mil kilómetros por hora,
¿estaría Ana allí? ¿Cuántos delincuentes habría?
de repente escucho el sonido de motores llegando,
son tres camionetas de gente donde vivimos
de los que solo Juan, amigo de toda mi vida
sabía lo que iba a intentar hacer y me siguió,
junto un grupo de hombres armados
con aquello que pudieron haber conseguido.

Veo una camioneta dirigirse hacia el frente,
las otras dos hacia los laterales del motel.

Escalo el muro y salto al patio interior,
tomo el pasador de cierre desde afuera
y lo deslizo rápidamente entrando con
mi mauser apuntando en circulo mientras
Juan y los otros ya entraban por el frente,
con los guardias reducidos y manos en alto.

Un silencio sepulcral…inundo el lugar,
hubo uno que quiso reaccionar, pero recibió
un culatazo en la cabeza, para que durmiera un rato.

Todo estaba ahora controlado Juan me miro
y con su índice me señalo el piso superior,
haciéndome señas con su palma hacia abajo
que esperara…ahora no llego a comprenderlo,
pero supongo que no quiere que suba solo,
seguramente no quiere que nadie salga herido.

Siento ruido de vidrios rotos en el primer piso,
luego minutos de silencio que me aterran
siento pasos en la escalera, levanto mi vista
y la emoción me llega hasta las entrañas,
es Ana acompañada por uno de los muchachos
que llegaron junto a Juan. Lloramos abrazados.

Le pregunto con una voz inaudible, si la lastimaron
me dice sin dejar de abrazarme, que no
que la estaban preparando para unos hombres
poderosos que llegarían al motel mañana.

Se escucha afuera el ulular de las sirenas
de los móviles policiales, tarde como siempre
pero respondieron al llamado de mi amigo Juan.

Nos alejamos con Ana, abrazados y queriendo
salir de tal manicomio y los tensos procedimientos,
nos sentamos en el piso, la noche se abrió
de repente y brillo como no supuse que lo haría.

Habría sido alguien que me guío hasta allí
desconociendo totalmente la zona,
el mismo que le dijo a Juan que me auxiliara
si fuera así siempre incrédulo, vivo un milagro.

Sombría búsqueda

Es noche obscura,
demasiado cerrada,
debo esforzarme
para ver la senda,
la tierra húmeda
por la reciente lluvia,
ha puesto resbaladizo
el piso y la linterna
me ayuda poco
para distinguir
donde pisar firme.

No veo la luz
del caserío que busco,
el único dato confiable
que me han dado,
en este par de meses
desde la pérdida
de mi hija adolescente,
sin motivo aparente.

Vuelvo a retrotraerme y recordar
mientras sigo el confuso camino,
como eran nuestras vidas hace días
en que primaba la comprensión,
y un enorme amor reciproco,
ya que Ana no daba un paso
sin antes consultarme como padre
o bien como una
persona que le era ajena
sobre dudas que podían deberse
quizás a sus estudios, o a decisiones
en temas del amor, latente siempre
en toda muchacha adolescente.

Su madre, mi esposa había fallecido
hacía dos años en forma repentina,
el dolor nos paralizó pero me esforcé
para contener a mi hija, aun una niña.

Continuará…

Con el gran bonete de burro…

Resguardados en las sombras
con la complicidad y el silencio
de los medios que callan por algo,
el tratamiento en el parlamento
del proyecto ya acordado veloz
por ambas cámaras en cuanto
a la aberrante obligatoriedad
de vacunación masiva COVID19,
para adultos mayores y demás
generaciones etarias, elemental
resulta necesario preguntarse
sobre el silencio de los gobernantes,
avasallando Derechos Constitucionales
proclamados nacional
y supranacionalmente, nada menos.

¿Que manos aviesas, que intereses
se esconden detrás de todo esto?
Que no hace más que dar credibilidad
sobre que el virus fue sembrado
y no apareció porque si de la nada,
solo por una razón divina de castigar
a una sociedad putrefacta y mansa.

Contrariando aún principios éticos
de la biología médica y las neurociencias,
cuando el desconocimiento genético
es cada día mayor y más confuso
por las propias mutaciones del virus.

¿Porqué el apuro de la masividad
y obligatoriedad? ¿Alguien puede
responderme a esta simple pregunta?

¿O al gran bonete se le ha perdido

la verdad y nadie la encuentra?

Desenfrenada lujuria

cance.

Puedo sentirte con mis dedos
porque acompañan el contorno
de tu cuerpo diminuto y frágil,
besando tantas veces tu cuello
sintiendo que tiemblas por ello,
te das vuelta apoyando tu boca
con una agitación que te desborda
de pasión y me muerdes con rabia,
desesperada como cada prefacio
de esta versión prohibida de amor.

Nos dejamos llevar como si el aire
nos depositara en las blancas sábanas
de nuestro lecho para calzarnos
los disfraces de amantes únicos,
alejándonos de todo y de todos
nada se iguala a nuestro juego
parte vital de ese pacto de amor
que se multiplica y estalla dentro
de nuestros cuerpos en sintonía
a esa desenfrenada sensación
del éxtasis maravilloso y único
cuando lo repetimos una y otra vez.

Nos resulta imposible de explicar
esto que nos pasa y nos reímos
por ello, porque la atracción no decae
transformándose en algo nuevo
que en cada encuentro renace.

Solo nosotros queremos guardarlo
tal cual secreto que nos abochorna
cuando nuestros cuerpos húmedos
ya jadeantes, quedan entrelazados
esperando al amanecer que nos alcance.

País maravilloso, pena como Nación.

Atardece en estos primeros días
de una primavera que no cesa 
de disparar a los oídos de todos
los contagios y muertos sin fin,
agravando al límite la sanidad
de varias provincias del interior.

Los medios amarillos se regodean
pagos con la solvencia del poder económico,
atacando toda disposición del gobierno
de un partido político que desde los 40,
inauguro la famosa grieta argentina.

Que la corrupción y “él se vayan todos
sigue tan vigente como hace casi 20 años”,
ello no moviliza a la memoria colectiva 
es como si hubieran pasado dos siglos,
así el común denominador de la gente
enfrentarse a sí misma, constituyéndose
en funcional para quien le miente mejor,
solo para verse como así decía el “Nano” 
quien la tiene más grande, pero sin provecho.

A esto se suman meses de sequía
incendios devastadores en provincias
que destruyen bosques y serranías
alcanzando aun a parques nacionales.

Una tormenta perfecta, la inseguridad
que crece, pérdida de empleos fenomenal,
subsidios por doquier a base de emisión
para contener las necesidades básicas 
de los que menos tienen, que ahora ya
superan más que el 45% del país.

Justicia? Que es eso? Cuál es su papel?
Pendular, según el gobierno de turno. 
causas de corrupción de todos los gobiernos
que pasaron en la República desde siempre.
Y por el vil metal, se venden a Lucifer…

Parlamento? Que representan a las masas?
Políticos que canjean sus pasajes
por dinero contante y sonante,
que muerden seguro un porcentaje
de los sueldos de decenas de asesores,
y hacen lobby por los pasillos
respondiendo a espurios intereses,
para luego recibir el bono solidario.

Al igual que el peronismo, no peronismo
de la misma manera aquel barrigón
Rivadavia, hace casi dos siglos atrás
primer jefe político de la vieja aldea,
fue quien fundara la deuda eterna 
al permitir de los piratas ingleses 
aquel pútrido y usurero empréstito
y la rareza de sus fines ya que fueron
los acreedores mismos que junto 
a sus socios apátridas, oligarcas
resabio de los primeros inmigrantes,
para extender las redes ferroviarias,
no para unir a las comunidades sino
para extraer fácilmente los recursos
que enviaban al puerto de Londres,
y meses después devolvían en elegantes
prendas mundanas que les encantaba 
a las señoras “paquetas” porteñas. 

Alguien invento la frase aquella una vez,
la Argentina, es tan rica –en recursos, claro-
que durante el día la roban sin reparo,
pero ella solita a la noche, resurge como el Fénix.

Cuando veremos a un/a polític@ pres@,
a un empresari@ que compro a un/a polític@
entre rejas, a alguien sufriendo un embargo
real por sus delitos que no deberían prescribir,
quedándose como Dios, el Universo o en quien crea
y su Santa madre lo trajo al mundo. 
Porque la verdad, creo no equivocarme 
¿Uno es igual sin ropa que con ropa? ¿No?

El valor de ser. Final

A los treinta y cinco minutos de espera,
abrió la puerta un hombre corpulento
que no bien la vio, sus ojos la miraron
de manera extraña, así le pareció a Joyce.

No se equivocó, sintió al apretar su mano
el sudor del hombre que resulto desagradable,
ambos tomaron asiento y él se presento,


-Mi nombre es Robert Jones, me puedes
llamar Bobby, si quieres –


-Encantada Sr. Jones, soy Joyce Cárdenas
y vengo por esta citación por la beca-


-Bueno…bueno…mi bonita jovencita,
vayamos paso a paso, despacito. Que esta
sea una bella experiencia para ti,
que además bien merecida la tienes.
Sabes? Tienes que llenar unas formas
administrativas que son excluyentes,
pero no te preocupes te ayudare con ellas,
eso sí, ven siéntate a mi lado para guiarte.-

Joyce, era muy joven pero no estúpida,
jamás había permitido que ningún amigo
o compañero de escuela, la acosara.
También sabia de chicas que se prostituían
para pagar sus estudios. Estaba muy lejos de eso.

-Sabe Sr. Jones, estaré más cómoda aquí
demostrare que puedo completar las formas,
y le pediré que me aclare algo que no entienda,
le parece?-

-Turbado, el citado Sr. Jones con profuso sudor
solo atino a contestarle, bueno como tú quieras-

Joyce no demoro más de treinta minutos
en completar las 45 carillas de su futuro legajo, 
luego de ello se lo paso a Jones, sorprendido
y con una forzada sonrisa, la saludo al salir.

Joyce salió de la oficina, paseo por los jardines
de Stanford con una gran sonrisa en sus labios,
sabia ahora luego de lo pasado, que más cerca
estaba de alcanzar su objetivo y de manera digna,
así como le habían enseñado, con esa noble madera
que la había moldeado en su propio y amado entorno.

El valor de ser – Parte I

Joyce se sabía bonita
desde hacía ya tiempo,
al llegar a su adolescencia
su cuerpo se había transformado,
y brotaba de él, pura sensualidad
por todos y cada uno de sus poros.

Sin embargo, cero soberbia
deseaba ganarse un beca,
en la intermedia privada
que sus padres costeaban
con grandes sacrificios.

Su sueño, era más que eso 
el esfuerzo de superar la admisión 
e ingresar a Stanford,
su empeño había logrado
ser el más alto promedio
de este, su fin de ciclo 
en el high school ese año.

No le interesaba caminar
desde el condominio donde vivía
en las afueras de San Francisco,
como tampoco trabajar una horas
en un supermarket cercano,
para sus gastos y ayudar a sus padres.

Ya había tramitado y planificado
desde hacía dos años, junto a su padre
la solicitud de beca, que constaba
de un seguimiento de sus estudios
que cursaba en el high school.

Se sorprendió y salto de alegría, un día
cuando metió su mano en el buzón
sacando un sobre con el logotipo de Stanford,
sus manos temblorosas lo abrieron
para salir corriendo y contarle a sus padres,
que la citaban para concretar la beca
como así todos los requisitos de admisión.

Llego el día, y busco de su armario
lo mejor que tenía para ponerse,
encontró una camisa blanca y una pollera negra
lo que le pareció lo mejor para presentarse.

Le calzo perfecto, hubiera sido lo mismo
si se hubiera puesto un trapo encima,
tal era su encanto y abrumadora belleza.

Llego media hora antes, nerviosa
le dijeron que esperara en el corredor
invitándola a sentarse y que aguardara.