El acertijo – Parte IV

Pensó en lo que le había dicho, 
pero sin ella y menos sin el anillo,
como podría descifrar o bien
buscar a quien pudiera hacerlo,
para saber lo que significaba.

Reflexiono varios minutos,
recordó que poseían fotos,
de muchos de sus frecuentes paseos
a distintos lugares adonde habían ido,
en los que regularmente hacia posar a Amanda
dándole precisiones sobre como hacerlo, 
para luego disfrutarlas juntos al mirarlas,
en días grises de lloviznas persistentes
recordando esos momentos, solo suyos.

Que tenía él, hasta ese momento
se preguntó a sí mismo, muy poco
una figura dibujada con pétalos
sobre el acolchado de la cama,
y la mirada furtiva sobre el anillo
que ese extraño, depositaba mas de una vez
mientras el otro, el ruso le conversaba 
por lo que ahora se daba cuenta, era solo 
hablarle para distraerlo y así percibió
que no fue casual ese efímero encuentro. 

Los minutos que lentamente pasaban
le parecían horas, quizás por su angustia
y esa ansiedad que lo tensionaba
a pesar de que habían transcurrido, 
solo dos horas desde que había llegado 
encontrándose con algo tan inesperado. 

Pero el tiempo acuciaba y fue a buscar
las fotos, rigurosamente ordenadas
y clasificadas por Amanda en una caja,
que se encontraba en la baulera.

Era común en él que de lo estético
del arte fotográfico, fuera un fanático,
por ello de la misma manera que enfocaba
su lente en rostros, lugares, personas
lo hiciera sobre las manos de Amanda,
que cuando las entrelazaba parecían
encontrarse en posición de ruego o rezo.

Bajo y abrió la caja, apresuradamente
separo las fotografías que le interesaba,
como así, algunas de Amanda durmiendo
en la misma posición fetal de ese difuso
dibujo hecho de pétalos, sobre el lecho. 

Busco la lupa más conveniente
dentro de la caja de elementos
de fotógrafo aficionado que solía ser,
y se puso a mirar con detenimiento
el índice de Amanda, abrazado por el anillo.

Observo con claridad los símbolos,
desde diferentes perfiles y en varias fotos.
Solo podía recurrir a un especialista 
en el idioma arameo y su simbología. 
que le supiera traducir y revelar
el contenido de esos acertijos.

No se le ocurrió otra idea, que abrir
su laptop e ingresar a navegar por la web,
buscando en la ciudad algún lugar,
alguien que se dedicara a la cultura judaica,
pero especialmente al arameo antiguo. 

Se sorprendió de tanta y variada oferta,
creyó que el Instituto de Cultura Hebrea
debería tener en su equipo, varios especialistas.

No dudo en llamar y planteando su problema
consiguió una entrevista a la media hora,
salió rápidamente y se dirigió a Villa Crespo
barrio en donde la comunidad judía, 
con sus primeros inmigrantes, lo hicieron suyo. 

Llevaba consigo no solo las fotos clasificadas,
también un dibujo de la figura humana en un papel,
por las dudas, que representara algo importante…

El acertijo – Parte III

Julián , recordaba claramente
el rostro de aquel desconocido
que dijo llamarse Alexander,
como así también el del que 
se les unió enseguida al minu
to
a quien el recién llegado
se los presento como su amigo,
con el que juntos, explico 
visitaban algunos países
de Sudamérica, habiendo llegado
a Buenos Aires, la noche anterior.

El otro se presentó con una sonrisa
y con un perfecto castellano neutro,
dijo llamarse Boris y ser de origen ruso
diciendo que se alojaban en el Hotel Madero.

Julián, trató de recordar cada detalle
en forma pormenorizada de las actitudes
de los dos tipos, que parecieron cordiales
y solo se limitaron a preguntarles
sobre aquellos lugares de interés,
que serían interesantes visitar en la ciudad,
dado que estarían seguramente unos días,
casi diez porque ya habían reservado
un día de campo, en una estancia cercana.

Pero recordó que desde que Boris
se sentó a la mesa junto a los tres, 
Alexander cada vez que lo él lo miraba,
apartaba nerviosamente la vista de Amanda.

Se exigió a sí mismo, profundizar en eso
y luego de unos minutos, logro recordar
que el interés de Alexander, además 
de la belleza salvaje de Amanda, 
que a nadie le extrañaría, conociéndola
estaba depositado más en su dedo índice,
en el que llevaba un anillo antiquísimo,
a la que cuando él le pregunto alguna vez,
la joven le respondió que era un recuerdo.

Mismo hacia un tiempo Amanda, se lo saco 
dándoselo, Julián se sorprendió al ver símbolos
para él, absolutamente extraños y desconocidos.

Cuando pregunto sobre ellos, Amanda
solo le comento que el anillo era antiquísimo
y el grabado, correspondía a la simbología aramea.
..

El Acertijo – Parte II

Se preguntó, preocupado
entre la tristeza que lo oprimía
ante la ausencia de Amanda,
previamente a tomar su teléfono
si algún vecino de la vieja casa,
habría escuchado esa pequeña
discusión que habían mantenido,
antes de partir el a su trabajo.

Como también, si alguien 
lo había visto salir
y volver a entrar con la rosa
en sus manos como prenda
de reconciliación con su mujer.

Comenzó a sudar. Se preguntó,
respirando y expirando más de una vez
para tranquilizarse y no volverse paranoico,
si no era mejor aguardar algún llamado,
o poder descifrar lo que el suponía
como un acertijo, dándole una pista
que le señalara, donde podría estar Amanda.

Llamar a la policía, pensó a su vez
es lo más inconveniente por ahora,
comenzarían con las preguntas, 
no solo a él, también a todo aquel 
que viviera en esa casa de tres plantas
uno por uno y alguno, diría algo inconveniente,
quizás por haber escuchado esa discusión, 
lo que a él en realidad no le preocupaba, 
le preocupaba que la policía fuera a la habitación,
buscando por aquí y por allá, moviendo las piezas
tal como las que él, había encontrado al llegar.

No, se dijo. No llamaré. Tengo que pensar.
Sé que una denuncia por desaparición
tiene 24 horas como término o plazo,
es el escaso tiempo que dispongo
para poder descubrir que ha sucedido.

Comenzó a realizar en forma
minuciosa una retrospectiva,
tratando de ver como una película
lo sucedido en la última semana.

Así pensó cuando el anterior domingo
visitaron la feria de San Telmo,
y pasaron luego por la Iglesia
de Santo Domingo, por la Pascua.

Que luego fueron al barcito
donde solían sentarse 
a tomar unas birras,
luego de maravillarse
con todo nuevo patio antiguo,
que descubrían del viejo barrio.

Recordó que ahí era parte
del paseo de la historieta,
y que un pelirrojo alemán
en un ininteligible
español,
pregunto por el Museo de la Ciudad.

Y ellos, como buenos anfitriones
lo invitaron a una cerveza,
a lo que el extranjero agradeció
con una reverencia y se sentó a la mesa.
..

El acertijo – Parte I

La llamo al llegar como siempre 
nadie contesto, era infrecuente, 
siempre ella lo esperaba sonriente,
con esas mohindades que alumbraban
su rostro, que la hacía aún más niña.

Recorrió el departamento que ambos
compartían desde poco tiempo,
desde que se habían descubierto
viviendo juntos ese amor de ensueño.

Todo estaba como siempre, en su lugar
se apresuró a ir a la habitación 
y quedo tieso, al llegar a ella.

Las puertas de los placares
abiertas de par en par, 
sin la ropa de ella ni su maleta,
como si hubiera tenido prisa
por alguna desconocida causa.

No vio una nota alguna
ni siquiera un papelito cualquiera,
escrito explicando lo que fuera,
como para contener tanta tristeza.

Se dejó caer en una silla
por largas horas, atardecía
sus manos en la cabeza, 
mientras pequeñas lágrimas  
mojaban levemente sus mejillas.

Levanto su rostro y se sorprendió,
recién allí percibió sobre la colcha,
los pétalos de la rosa que como ofrenda
de amor le había regalado por la mañana,
luego de una de esas tontas 
y cortas discusiones de toda pareja.

Pero le resulto más que extraño
la forma en que estaban ubicados,
como si alguien hubiera querido
dibujar una figura que representara
como un sutil y cruel acertijo,
a una mujer durmiendo en forma fetal
tal como lo hacía, su querida Amanda.

No podía interpretar aquello,
ella no podría haberlo hecho,
dando a conocer su despedida
no haría algo así, la conocía.

El terror se apodero de él,
bajo a la calle, apresurado
recorrió cada negocio cercano,
donde habitualmente ella iba,
en todos, recibió la misma respuesta
nadie la había visto ese día.

Pensó, luego de comunicarse
sin éxito con amigos comunes, 
y el “no se” resonando en sus oídos, 
que solo le quedaba llamar al 911… 

El piso de arriba – El final

Más que sorprendido
vuelvo a sentarme,
para seguir escribiendo,
sin abrir aun el sobre
que pegado a la puerta,
me estaba esperando.

Pero hay una extraña
tranquilidad que me envuelve,
será quizás la fragancia
que desprende ese sobre,
junto a un inesperado y extraño
temblor en mis manos.

Comienzo a abrirlo
encuentro una nota,
escrita con letra delicada
y extrañamente cursiva,
no habitual hoy en día.


Comienza con un simple
“querido joven del piso de abajo”,
-me he sentido halagada
de recibir tan hermoso
y tan bien ejecutado regalo,
no solo por su contenido
siendo por casualidad, la música
que me acompaña cada día-.

Suspiro, sonrió y pienso
levantando la mirada, 
veo que le agradaron las melodías
que grabe con mi viejo saxo,
ese reluciente instrumento
que tengo desde adolescente.

Sigo leyendo, y al hacerlo
mis ojos se niegan a creer
todo lo que sigue a tal gratitud,
va desgranando sus comentarios
en una suave prosa que dice
-“tu bien sabes donde vivimos
y de la antigüedad del edificio,
seguramente tu escuchas
como lo hago yo, cada día
la intimidad de los otros”-.

-En mi caso, la pareja de ancianos 
que vive en el piso de arriba
se regañan mucho y a menudo
elevando sus voces muy seguido
así que bien sabrás imaginarte,
que los conozco como nadie
jamás podría siquiera suponerse-

-¿Recuerdas aquella vez,
que nos cruzamos en el palier?-

-No te voy a engañar, “joven de abajo”
que al verte, creyendo conocerte
como alguien del pasado reciente,
baje la vista cuando me saludaste.-

-Sabes bien que como ejercicio
entre otras de su rutina diaria,
el encargado conoce vida y obra
de cada uno de nosotros,
y al ser tan poco reservado
creyendo que el saber del otro,
inflama aun mas su ego de poder 
poco tuve que esforzarme,
en preguntarle y saber quién eras
que hacías, en que piso vivías.-

-A partir de allí y conociendo 
la acústica de nuestros muros,
inicie un acercamiento sonoro
hacia ti que llegara a tus oídos,
porque bien sabes de aquello
“que la curiosidad mata al hombre”.-

-Fue la seducción en juego
con un final casi anunciado,
pero igualmente incierto
ya que no podía saber
si actuarias según mis cálculos.-

-Pero bueno, aquí estamos
seguramente tu leyendo
estas líneas, sintiéndote molesto.-

-Pero no te sientas así, mi seductor
“amigo de abajo” no debes hacerlo,
porque también tú me agradas.-

-Mira si no es así, que no solo acepto 
encontrarme contigo el día después 
de este demonio que nos ha invadido,
sino ademas te invito a que juguemos
vía skype a comenzar a conocernos,
e iniciar esa aventura a la que casi todos
en tiempos de total aislamiento,
la llaman sutilmente “sexo virtual”.-

-Qué opinas?  Beso y abrazo.-
“Vivi” 1563565145 vvsaenz@yahoo.com

Mis brazos en jarra caen
a ambos lado de mi cuerpo,
aun sosteniendo la misiva.

Que puedo decir, luego de leerla.
Me siento no tanto, como aquella 
antiquísima novela de Villar, 
best seller  como “el varón domado”
pero si como un prisionero,
convertido en un instrumento
en su propia telaraña enredado,
por alguien que tuvo el control
desde el primer momento
en un inesperado e imaginario juego.

Bueno, prefiero dejar de imaginar…
Mejor encontrarme con la realidad que me aguarda.
..

El piso de arriba – Parte VI

Hoy domingo y se lo deje
el jueves pasado, 
sin noticias, día tres
lo que podía ser posible.

Quizás se dio cuenta
aunque no supiera
como lo hacía,
que la debía espiar ya que
de la nada yo no podía saber,
la música que frecuentemente
solía escuchar a la mañana
y al atardecer, cuando llegaba.

Me veo en el espejo
como un pervertido,
y me sorprende verme
a mí mismo tratando de deshacer
lo que ya no tiene remedio.

Que pensara, que supondrá
Quizás que la miraba a través
de un visor colocado
en un agujero que yo había hecho
en la loza del techo el que 
a la vez era el piso de arriba. 
¿O que le había 
puesto una cámara?

No había demasiado
en lo que le deje
para que me denuncie,
solo una corta misiva
y una bella grabación
con contenido musical.

Me estoy poniendo
creo más que un poco paranoico.
Uff…el timbre ¿Quién será?
Debo dejar de escribir
y seguir con esto, luego.
Mis sienes palpitan,
como si entrara en pánico.

El piso de arriba – Parte V

Comencé a preguntarme 
cómo llegar a ella, 
haciendo parecer casual
un encuentro fortuito,
pero fui desechando 
una y otra vez cada idea,
que ya a mi fatigada neurona
recibía siendo más infantil
que creíble al igual que la ultima.

Además, en cuarentena
más que imposible, era una locura.
Solo podia planificar un encuentro
en forma posdata da.

Me di un golpe en la sien,
como no había pensado
en el equipo de grabación 
que usaba cada tanto,
cuando tomaba mi saxo
para sacarle algunos acordes,
tocar alguna melodía
y dejarla grabada, 
para escucharla luego
junto a mis amigos de la vida,
en esos atardeceres
que se hacian noche,
llegando casi siempre 
juntos al amanecer.

Le grabare algunos temas
de los intérpretes que escucha
cada día, pero será como descubrir
que se de sus gustos por la música.


No importa, se lo dejare 
a la entrada de su piso 
con una breve nota 
que dirá un sábado 
sin fecha, hora y lugar 
del encuentro,
mi nombre y teléfono 
con el agregado
de  “el joven de abajo”

Quedará sorprendida, 
y seguramente si acepta,
me llamara o su silencio
será la única respuesta,
para darme el resultado
de un intento fallido.

El piso de arriba – Parte IV

Desperté,
y el dolor de cabeza
no dejo de acompañarme
hasta media mañana.

Recordaba lo sucedido
como también la conclusión
a la que había arribado,
antes de caer dormido.

Estaba convencido
de que mi locura
era mayor a lo que pensaba,
me había dejado seducir
por los sonidos que fluían
del andar de una mujer,
a la que desconocía
y vivía en el piso de arriba.

Y que cuando, a veces
no la escuchaba, extrañaba
su presencia que me daba letra
a la historia que escribía
y era esa misma historia
la que me movía por dentro.

Parecía que como suelen decir
en este caso, todos los planetas
se hubieran desalineado de su eje,
en el momento menos oportuno.
La pandemia, el aislamiento.

Ella debe tener un permiso
de trabajo, de lo contrario
debería encontrarse como
la mayoría, en aislamiento.

Peor aún, cuando la imagino
es como si trazara a lápiz
su figura quizás embelleciéndola,
aun mas de aquella silueta
difusamente recordada en el momento,
que en el palier nos habíamos cruzado.

El piso de arriba – Parte III

Escuche al rato, el agua
escurriendo por la tubería,
la imagine saliendo de la bañera
con toalla en mano y su salidera,
secando suavemente su cuerpo
como pretendiendo que el cansancio
se fugara de su mente y de su alma,
poniéndose unas medias largas
para caminar descalza por su piso, 
en que solo la música se escuchaba.

Me detuve, pensé en ese instante
cuanto tiempo hacia que sin saberlo,
estaba curioseando su intimidad
aunque ella no lo supiera, con una mirada
en la que se advertía una sexualidad imaginaria.

Pero no había en mí, reacciones eróticas
solo primaba la íntima satisfacción
de describir por sonidos su vida misma,
aunque me faltaran páginas de su biografía.

Reflexione 
me pregunte si mis amigos
aceptarían el contenido de mi historia,
cuando siempre me importo un carajo 
la opinión de los demás, 
entonces volví a preguntarme 
que buscaba realmente ,
sería algo más que pretender ser 
el coautor anónimo de una obra 
o pretendía sin darme cuenta,
apropiarme del mundo 
de los sueños y deseos,
de esa mujer del piso de arriba. 

De golpe, fue como si mis oídos
dejaran de escuchar lo que sucedía,
tan preocupado estaba que no pare 
de pensar en todo ello,
cuando caí vencido en la cama
hasta que el sueño me venció.

El piso de arriba – Parte II

Obviamente, 
no era mera casualidad
que yo me despertara
por propia voluntad,
las campanas del amanecer
provenían del piso de arriba.

En realidad, mal no venia
su salida de la mañana,
me llevaba a sentarme 
en mi cama, pensando
como construiría mi día,
fuera de las actividades
que registradas en mi teléfono
suelo tener, como buen obsesivo.

Todo ello, sabiendo que 
que al atardecer, volvería a ser
el coautor de su retorno.

El telón se levantaba
no más allá de las seis,
los tacones por la escalera,
las llaves en la cerradura
anunciando su llegada.

Zapatos que caían al suelo
al llegar a su dormitorio,
como odiados accesorios
en su caso, solo para sufrir.

Ello sugería solo una cosa,
demasiado tiempo parada.
¿Cuál sería su empleo?
Podría ser uno entre decenas, 
no lo sabría elucubrando tonteras.

Pero lo audible sufría un cambio
de acuerdo a sus movimientos,
pisadas que no se escuchaban,
música de Il Divo o Bocelli
como para iniciar la relajación.

La puerta del baño, nuevamente
cerrándose tras de ella.
Rato más largo que la mañana,
imagino un baño de inmersión.

Solo me cruce con ella
una sola vez en el palier,
susurro un buen día
bajando su mirada.

Morena, alta, elegante.
Imagine su largo cuerpo
cubierto de pompas de jabón,
en un pequeño mar de sales
aromáticas, que cubrirían su cuerpo.