Las quintillizas Dionne: el caso de explotación infantil que CONMOVIÓ A CANADÁ.

Fue el primer caso de quintillizos que sobrevivieron al parto. El Estado les sacó la patria potestad a los padres. El obstetra que atendió a la madre las cuidó hasta los nueve años y estuvo en conflicto con el padre, que también lucró con ellas. 

Las convirtieron en una máquina de facturar dinero y en una atracción turística.

La noche del 28 de mayo de 1934, el doctor Allan Roy Dafoe llegó a la casa de de Oliva y Elzire Dionne en las afueras de Callander, en la provincia canadiense de Ontario. La pareja de granjeros tenía cinco hijos y esperaba un sexto. Elzire, de 25 años, suponía que podía tratarse de mellizos. Le faltaban aun dos meses de gestación cuando el parto se adelantó y tuvieron que llamar a Dafoe

Con la ayuda de dos enfermeras, Dafoe fue el encargado de recibir a una niña, que se llamaría Yvonne. Las previsiones de Elzire de que se trataba de un embarazo múltiple eran ciertas y a los pocos segundos dio a luz a otra niña, Annette. Los dolores no cedían y apareció la cabeza de una tercera niña, que llevaría el nombre de Cécile. Dafoe se sorprendió al ver que asomaba una cuarta beba, Émilie. Apenas terminó de pasarle la niña a una de sus asistentas cuando Elzire lo alertó de que venía una quinta beba, que sería bautizada como Marie.

Entre las cinco pesaban algo más de seis kilos. Más tarde se sabría que había un sexto feto, que fue abortado de manera espontánea en el tercer mes de embarazo. Dafoe no era optimista de que pudieran sobrevivir. A modo de incubadora, utilizó una canasta de mimbre, en la que colocó a las niñas y las cubrió con mantas térmicas. Luego puso la canasta cerca de una estufa. 

En las siguientes 24 horas les dieron agua endulzada con jarabe de maní, para luego pasar a leche de vaca. Las hermanitas tenían buen aspecto, pese a ser sietemesinas. La madre y sus hijas sobrevivieron al parto y a las primeras horas. Era la primera vez que se registraba el nacimiento de quintillizos en el mundo.

Cinco pequeñas celebridades

La noticia corrió como reguero de pólvora cuando el hermano de Oliva le quiso vender la primicia a un diario local. Las quintillizas se convirtieron en celebridades. Era una historia fascinante: la medicina iba a poder estudiar un caso exitoso de parto múltiple, que se había dado en una zona rural castigada por la Gran Depresión. Y con otro condimento: los padres eran francófonos y católicos en una provincia anglófona y de mayoría protestante. Además, eran pobres. Oliva, de 30 años, tenía que alimentar a diez hijos, el doble de los que tenía hasta el momento del parto de su mujer.

La necesidad económica llevó a Oliva Dionne a escuchar la oferta de los representantes de una feria de atracciones de Chicago. Le propusieron hacerse cargo de todos los costos a cambio de exhibir a las quintillizas. El padre de familia firmó ese documento y marcó el comienzo de un drama sobre la tutela de las nenas. Necesitaba asistencia permanente para ocuparse de las pequeñas y sabía que los donativos de pañales y leche no eran suficientes si no se sostenían en el tiempo.

Sin embargo, Oliva se retractó de la firma a los pocos días y alegó que el contrato no era válido porque no estaba la firma de su esposa. En lugar de los promotores, quien ofreció ayuda, pero sin ánimo de lucro, fue la Cruz Roja. Por dos años se comprometía a pagar el suministro de leche y pañales, más los sueldos de enfermeras.

Además, se impulsó la construcción de un hospital materno dedicado a cuidar a las hermanas Dionne, a metros de la casa familiar. Esto no impidió que Oliva y Elzire viajaran a Chicago para ser presentados como celebridades. Mientras esto pasaba, dos hombres hacían sus planes.

El doctor Dafoe se había convertido en una celebridad por el quíntuple parto y se mostraba crítico de los Dionne, sobre todo de Oliva. Consideraba que quería mercantilizar a las niñas. Comenzó a dar charlas en los Estados Unidos y llegó a entrevistarse con Franklin Roosevelt en la Casa Blanca. Era el médico más famoso del mundo e incluso fue candidato al Premio Nobel de Medicina.

Una cuestión de Estado

Las quintillizas también estaban en la mira del gobernador de Ontario. Mitchell Hepburn era el líder del Partido Liberal y había llegado al cargo el mismo año del nacimiento de las Dionne. Vio el fenómeno de diarios y radios alrededor de las quintillizas y era, como Dafoe, un convencido de que Oliva Dionne estaba sobrepasado por la situación

El 15 de marzo de 1935, el Parlamento de Ontario trató un proyecto de ley por el cual el Estado provincial se hacía cargo de las quintillizas hasta que tuvieran 18 años. O sea: le quitaban la tutela a los padres para, aseguró Hepburn, evitar el lucro de los Dionne en base a sus cinco hijas célebres. El responsable directo de cuidarlas en forma permanente iba a ser el doctor Dafoe.

La promesa de que el gobierno de Ontario no iba a explotar a las niñas fue más que relativa. El 28 de mayo de 1935, cuando cumplieron un año de vida, tuvieron su debut radial. Dafoe habló desde la nursery construida para que pasaran su niñez y millones de oyentes escucharon los balbuceos de las pequeñas ante el micrófono. Así pasaron el día de su cumpleaños. Los padres no estuvieron presentes en tan particular festejo, que incluyó una cena en honor de Dafoe, y en la que se leyeron telegramas de felicitación de estrellas como Mae West.

Lo que se conoció como el Hospital Dafoe incluyó que las nenas fueran vistas por quienes se acercaban. Así se incrementó el turismo en Ontario en general y en Callander en particular. Las enfermeras llevaban a las pequeñas hasta el jardín, y cientos de personas las miraban a pocos metros. 

Como no se cobraba entrada, el lucro no era al nivel de como lo habían planteado los feriantes de Chicago a Oliva Dionne, así que no era visto como algo reprobable. En tiempos de crisis económica y Estado interventor, parecía loable.

Las cinco hermanitas Dionne junto al doctor Allan Roy Dafoe.

El problema es que el gobernador Hepburn no ponía dinero. Y aunque no se cobrase entrada por ver a las pequeñas, lo cierto es que quienes financiaban a Dafoe y sus enfermeras eran las propias hermanas Dionne. Por ejemplo, a través de la cesión de los derechos para tres películas de Hollywood que se filmaron entre 1936 y 1938. En dos de ellas, las nenas aparecen en pantalla. Sendos equipos de filmación rodaron en el Hospital Dafoe mientras jugaban e interactuaban entre ellas.

El reinado del doctor Dafoe

Al tiempo que las quintillizas se habían convertido en una máquina de facturar dinero, el doctor Dafoe era quien daba luz verde a cualquier acuerdo comercial o presentación de las nenas, en base a la ley del Parlamento de Ontario. Oliva Dionne tuvo posibilidades comerciales a través de un local de venta de souvenirs al lado de la nursery  (ya convertida en un parque temático con hasta 3 mil visitantes diarios, popularmente se le dio el nombre de «Quintland») y alimentaba su encono hacia Dafoe.

Se sumó otra cuestión: las nenas habían nacido en una familia de habla francesa, en una provincia canadiense angloparlante y se las educaba en inglés. Incluso, Dafoe echó a una enfermera que les hablaba en francés.

Así fue como pasaron los primeros nueve años de la infancia de las hermanitas, en condiciones sin antecedentes: no compartieron el hogar con sus padres biológicos y sus cinco hermanos mayores (los Dionne tuvieron tres hijos más después de las quintillizas, en total fueron trece hermanos), rodeadas de enfermeras y sin trato con otros niños. Y con miles de personas que las miraban todos los días como si fueran una atracción. Recién cuando tuvieron dos años pidieron jugar por primera vez con sus hermanos. Por supuesto, esto afectaba su comportamiento: una de las enfermeras escuchó a Émilie hablándole a un jabón.

Entre quienes vieron a las nenas en su infancia estuvo Alfred Adler, discípulo de Freud. No dudó en afirmar que “las quintillizas viven como presas de un orfanato modelo, y una cierta inanición emocional es inseparable de la vida institucional”. También señaló que “hay peligro por delante”.

La explotación

Como negocio, el quinteto fue muy lucrativo: para cuando cumplieron dos años ya habían recaudado 200 mil dólares. La cifra se duplicó un año más tarde. Para 1940 ya tenían un millón de dólares. Van algunos ejemplos: en 1939, General Motors pagó 15 mil dólares por una foto de las hermanitas para publicitar un auto. Una fábrica de jarabe pago esa cifra por año en concepto de patrocinio. Una compañía de galletitas también aportó sus regalías, y las nenas facturaban el 25 por ciento de los cortometrajes en los que aparecían. La Fox pagó 100 mil dólares por las tres películas que se hicieron en base a su historia.

La puja entre Oliva Dionne y el doctor Dafoe marcó con los años que la balanza se inclinara cada vez más hacia el padre de las nenas. Para 1939, el progenitor logró ser presentado ante la reina consorte de Gran Bretaña cuando esta llegó a Toronto (la capital de Ontario), y le llevaron a las quintillizas. Dafoe debió esperar a que las niñas y sus padres saludaran a la futura reina madre antes de que él pudiera presentar sus respetos. 

El médico dejó la tutela al poco tiempo, si bien el gobierno de Ontario continuaba a cargo de las pequeñas. Oliva, Elzire y sus otros hijos se instalaron en la nursery mientras se encargaban de la construcción de una casa que albergara a una familia numerosa. Se mudaron en noviembre de 1943.

El 2 de junio murió Allan Roy Dafoe, a los 60 años y con un patrimonio que no tenía antes de dedicarse a tiempo completo a las Dionne, cercano a los 200 mil dólares. Semanas más tarde, el 11 de julio, se produjo otro caso de quintillizos, si bien la noticia recién se conocería a comienzos de 1944: los Diligenti (tres nenas y dos varones), que nacieron en Buenos Aires.

La explotación comercial de las Dionne continuó en manos de su padre, que organizó presentaciones en las que aparecían vestidas igual y con el mismo peinado. En 1944 se dio por terminada la tutela estatal, con lo que Oliva y Elzire Dionne tuvieron control completo sobre las niñas. Años más tarde, las hermanas que llegaron a la adultez dirían que eran comunes los golpes por parte de Elzire y que Oliva abusó sexualmente de ellas.

Las tres hermanas vivas que contaron su historia en un libro publicado en 1997.

Mayores de edad

En 1952 cumplieron 18 años y dejaron la casa. Prácticamente rompieron relación con sus padres. Émilie tomó los hábitos y se recluyó en un convento. El 6 de agosto de 1954 murió por un ataque de epilepsia

En 1970, un coágulo acabó con la vida de Marie mientras dormía. Vivía sola después de su divorcio y había tenido dos hijas. Arrastraba un historial de depresión e internaciones. 

Un cáncer fue la causa de la muerte de Yvonne en 2001. Sus hermanas la describieron siempre como la más reservada. Como Émilie, quiso ser monja, y al final fue bibliotecaria.

Además de Marie, también tuvieron hijos Annette y Cécile. Esta última fue madre de una pareja de mellizos

Oliva falleció en 1979 y Elzire en 1986. Uno de los hermanos de las quintillizas convirtió la casa en un museo en 1981. 

Las Dionne sobrevivientes dejaron su testimonio en 1997, en un libro que hicieron con el escritor Jean-Yves Soucy

Ese mismo año se produjo el nacimiento de los septillizos McCaughey en Iowa. Las tres hermanas vivas publicaron una carta abierta en la que advirtieron sobre lo que podría causar la publicidad permanente.

El gobierno de Ontario les pagó casi tres millones de dólares como compensación por los años en los que fueron explotadas y en 2006 se anuló la ley de 1935 que le había sacado la patria potestad a los padres. Annette y Cécile, las dos hermanas que aun viven, tienen 87 años y residen juntas en un suburbio de Montreal.  

Imagen de portada: Gentileza de Página 12 (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Juan Pablo Csipka. Noviembre 2021

Sociedad y Cultura/Explotación y maltrato infantil/Infancia/ Repercusiones

 

Camila O’Gorman y Ladislao Gutiérrez, un amor signado por la fatalidad.

Esta historia comienza en el año 1843 cuando Camila O’Gorman, una joven hermosa y culta de una familia distinguida y católica, conoce a Ladislao Gutiérrez, sobrino del general Celedonio Gutiérrez, gobernador de la provincia, quien es párroco en la iglesia de Nuestra Señora del Socorro ubicada en Suipacha y Juncal, en la ciudad de Buenos Aires.

Enamorados, no se pensaban uno sin el otro, querían vivir juntos, casarse ante Dios y ante los hombres, tener hijos, y el 12 de diciembre de 1847, con algunas ropas y un poco de dinero, abandonaron hogar e iglesia.

La noche de a caballo

los vio partir.

Los rodeaba un mundo peleado,

un mundo sin amor.

El tiempo del degüello,

de la suprema autoridad,

del que siempre tiene razón (1)

Ambos sabían que no iba a ser fácil llegar a Río de Janeiro, la meta que se habían fijado. En febrero de 1848 obtuvieron sus pasaportes. Camila pasó a llamarse Valentina Desan y su esposo, Máximo Brandier, jujeño y comerciante.

Con estas identidades falsas, sin mirar hacia atrás, se instalaron en la pequeña ciudad de Goya, provincia de Corrientes, donde la “señora Brandier” abrió una escuela para niños mientras tomaban los recaudos para dar el ansiado salto hacia el vecino país.

A todo esto, ante la ausencia de su hija, el padre de Camila se dirigió al Gobernador, don Juan Manuel de Rosas, para transmitirle la preocupación de la familia:

“Me tomo la libertad de dirigirme a V. E. por medio de esta, para elevar a su Superior conocimiento el acto más atroz y nunca oído en el país, y convencido de la rectitud de V. E. hallar un consuelo en participarle la desolación en la que está sumida toda mi familia. (…) Así señor, suplico a V. E. dé orden para que se libren requisitorias a todos los rumbos para precaver que está infeliz se vea reducida a la desesperación y conociéndose pérdida, se precipite en la infamia.”

La huida se hizo pública. El obispo Medrano manifiesta que tal hecho constituía un procedimiento enorme y escandaloso… contra el que fulminan las penas más severas la moral divina y las leyes humanas”, Rosas moviliza la policía, hace fijar carteles con la filiación de los prófugos y envía sus datos a los gobiernos federales, pidiéndoles la captura y remisión de Camila y de Gutiérrez, sin importarle las críticas que recibe de los exiliados argentinos.

Ajenos a la persecución de que eran objeto, Camila y Ladislao despertaban uno junto al otro, el mundo había cambiado para ellos, eran libres y habían vencido. Así vivieron, llenos de vida e ilusionados hasta el mes de junio, cuando fueron invitados a un cumpleaños y tuvieron la desgracia de encontrarse con un conocido, el cura irlandés Miguel Gannon, quien de inmediato los denunció ante las autoridades.

Una vez capturados y traídos a Buenos Aires, el Restaurador ordenó que llamaran a un cura para que suministre a los condenados los auxilios de la religión, y fueran fusilados, ¡cómo se lee!, sin dar lugar a apelación ni defensa, desechando la opinión de jurisconsultos contrarios a la ejecución, y el pedido de su hija Manuelita que alegaba el embarazo de su amiga de la infancia. Un embarazo que muestran el cine y la literatura, aunque no existen documentos ni testigos que lo avalen.

Camila, después de declarar que no estaba arrepentida y que tenía la conciencia tranquila, recibió el siguiente mensaje de Ladislao: “Camila: acabo de enterarme que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir juntos en la tierra, nos uniremos en el Cielo ante Dios. Te abraza, tu Gutiérrez”.

Como a numerosos lectores, me hubiera gustado leer un final feliz, pero no. La sentencia se cumplió el día 18 de agosto de 1848, en Santos Lugares, una localidad de la provincia de Buenos Aires.

Domingo Faustino Sarmiento escribió entonces: “…Buenos Aires tiene encallecido el corazón de experimentar horror, Y no es fácil conmover con muertes, degüellos, desapariciones de individuos. Todo es vulgar; pero aquel fusilamiento (…) era tan exquisitamente horrible, imprevisto, repentino y aterrante, que valía por una matanza por las calles llevando al mercado las cabezas. Si la ciudad entera hubiese recibido un solo instante la noticia, se la habría visto estremecer como si una cadena galvánica hubiese comunicado a todos una descarga eléctrica…». 

Muchos trataron de quitar responsabilidad a Rosas; sin embargo, el mismo Rosas, desde su exilio en la ciudad de Southampton, Inglaterra, la aceptaba, como puede apreciarse en la carta que le envía a Federico Terrero el 6 de marzo de 1870: «Ninguna persona me aconsejó la ejecución del cura Gutiérrez y de Camila O’Gorman, ni nadie me habló en su favor. Por el contrario, todas las personas del clero me hablaron o escribieron sobre el atrevido crimen y la urgente necesidad de un castigo ejemplar para prevenir otros escándalos semejantes o parecidos. Yo creía lo mismo, y, siendo mía la responsabilidad, ordené la ejecución… Mientras presidí el Gobierno de Buenos Aires y fui encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, con la suma del Poder por la Ley, goberné según mi conciencia: soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores y de mis aciertos». 

Esta historia de amor, cuyo trágico destino nos retrotrae a una época de intolerancia, fue llevada al cine: “Camila O´Gorman”, dirigida por Mario Gallo e interpretada por Blanca Podestá y Salvador Rosich (1910); “Camila”, dirigida por María Luisa Bemberg e interpretada por Susú Pecoraro e Imanol Arias (1984), nominada al Oscar a la mejor película extranjera y premio a la mejor actriz en los festivales internacionales de Karlovy Vary (1984) y del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana (1985); y a un musical, “Camila, nuestra historia de amor”, escrita y dirigida por Fabián Núñez e interpretada por Natalie Pérez y Peter Lanzani (2015).

(1) Hugo Ditaranto. Los procesos. LA BESANA. Buenos Aires. 1981, p. 47.

Imagen de portada: Gentileza de CEDOC y Facebook.

FUENTE RESPONSABLE: Editorial Perfil por Ángel Cabaña. Profesor y Licenciado en Historia.

Amor/Sociedad/Crimen/Repercusiones/Buenos Aires/Argentina Siglo XIX.