La ineficacia neoliberal

Brasil: ‘El impacto psicológico del COVID-19 en los profesionales de la salud es devastador’

La falta de suministros de oxígeno y el colapso del sistema sanitario en Manaos, con más de 150 muertes diarias a fines de enero, han tenido un efecto trágico en la salud mental de los profesionales de la salud. Alvaro Palha, coordinador de Actividades de Salud Mental relata en primera persona su experiencia trabajando con estos profesionales en el Amazonas.

16.03.2021 – Por Alvaro Palha, coordinador de Actividades de Salud Mental de MSF Manaos, Brasil.

Hay algunos acontecimientos que quedan grabados en la historia, que marcan un antes y un después. Para las personas en el estado de Amazonas en Brasil, una tragedia sucedió por primera vez el año pasado, pero una más profunda llegó durante la segunda semana de enero de 2021.

En mayo de 2020, el sistema de salud del estado colapsó por primera vez: en promedio, más de 60 personas morían todos los días como resultado del COVID-19 y las escenas de las fosas comunes fueron muy difundidas. Sentí que esas imágenes eran lo peor que nos podía hacer la pandemia. A partir de entonces, el número de casos descendió, y aún con la crisis presente, la impresión general era que lo peor ya había pasado. Lo que vino después mostró que, lamentablemente, eso no era cierto.

El número de casos y muertes comenzó a acelerarse drásticamente a finales de diciembre. A mediados de enero se produjo el segundo colapso. Los y las pacientes de la región, que por la Selva Amazónica se conoce popularmente como los “pulmones del mundo”, fallecieron por falta de oxígeno.

Llegué a Manaos a finales de enero con un equipo de psicólogos y psicólogas de Médicos Sin Fronteras (MSF) y juntos hemos visto de cerca el impacto que la tragedia en el Amazonas sigue teniendo en las y los profesionales de la salud.

En los relatos que ahora recibimos, hay referencias recurrentes a los días 13, 14 y 15 de enero. Fue en estas fechas cuando se agotó el oxígeno en algunas instalaciones de salud, luego de un aumento exponencial de la demanda de este insumo.

Era una situación para la que nadie podría haberse preparado. Escuchamos cómo un profesional de la salud vio a uno de sus colegas sentado en el suelo, llorando y abrazando cilindros de oxígeno vacíos. La escena simboliza la frustración de quienes vivieron estos momentos: tener energía y saber ayudar a los y las pacientes en agonía, pero simplemente no tener los medios para hacerlo.

El número promedio de muertes diarias en Amazonas se disparó a más de 100 a mediados de enero. Incluso después de que se estabilizaron los suministros de oxígeno, aproximadamente una semana después, el impacto de un número mayor de casos graves siguió golpeando al sistema de salud colapsado. A eso se sumaba la imposibilidad de trasladar a Manaos a pacientes del interior que necesitaban cuidados intensivos porque simplemente no había camas hospitalarias disponibles en la capital. El pico se alcanzó con más de 150 muertes diarias hacia fines de enero, luego descendió y volvió a alrededor de 50 a finales de febrero.

El impacto emocional que sufren las personas que trabajan en los centros sanitarios que apoya MSF es devastador. Mi equipo trabaja en una unidad de emergencia y en el Hospital 28 de agosto, el hospital público más grande del Amazonas. Hemos tratado de brindar apoyo de salud mental no solo a personal médico y de enfermería, sino a todas y todos los que están en primera línea, incluido el personal administrativo, de seguridad y de limpieza.

El impacto emocional que sufren las personas que trabajan en los centros sanitarios es devastador. Para muchos, las heridas psicológicas permanecen abiertas y otros no se han permitido hacer el duelo. 06/02/2021 © MSF

Una cosa que destaca es que muchos trabajadores y trabajadoras de la salud ya han perdido a algún pariente por COVID-19. La preocupación de contagiarse es grande, pero nada puede vencer el miedo casi unánime de llevarse la enfermedad a casa, afectando a algún familiar.

Actuamos rápidamente con una estrategia que involucró mapear las necesidades y ofrecer apoyo inmediato a quienes nos preguntaron. Las prácticas de acompañamiento individual y grupal se están realizando en las unidades de salud y también de forma remota, en el caso de los trabajadores que se encuentren ausentes y también necesiten asistencia.

Lo cierto es que la necesidad de apoyo psicológico estará presente durante algún tiempo. Por eso queremos contribuir, para que este servicio continúe en el mediano y largo plazo, con estrategias realizadas por organizaciones y servicios locales. En este sentido, el trabajo de MSF implica la formación en primeros auxilios psicológicos y la presentación de recomendaciones técnicas a los gestores sanitarios locales.

Nos encontramos con personas que están de baja por motivos de salud y simplemente no pueden ingresar físicamente a su lugar de trabajo. Para algunas de estas personas, las heridas psicológicas permanecen abiertas y volver a la rutina diaria en este punto es simplemente imposible.

En otras situaciones, lo que vemos es la determinación de seguir adelante, sin dejar espacio para el duelo. Hubo quienes perdieron familiares dentro de la unidad donde trabajan. Informada de la muerte, la persona se ocupó de algunos trámites burocráticos pero dejó que otros familiares se encargaran de los arreglos del funeral porque sintieron la urgencia de volver al trabajo.

Otra persona, que perdió a su cónyuge y siguió trabajando con normalidad y sin descanso, nos ha dicho: “Sé que tengo que hablar contigo, pero ahora no puede ser”.

Sabemos que cuando el duelo no se resuelve, existe una tensión con tomarse el tiempo necesario para reorganizar emocionalmente la vida en ausencia del fallecido. Esta tensión, cuando no se reconoce y aborda, puede aparecer de otras formas. Es esencial tener tiempo y espacio para dejar salir estos sentimientos, y el papel más importante que tenemos mis colegas y yo en este momento es estar disponibles para apoyar a las personas en esto.

Fuente: Médicos sin Fronteras

¿Cuál es la razón de seguir sembrando miedo?

Crisis sanitaria

Un estudio hecho a sobrevivientes de COVID arrojó que un tercio tiene problemas neurológicos

Fue realizado a 230 mil pacientes. Los dos síntomas más diagnosticados fueron la ansiedad y la depresión.

Un estudio hecho con 230 mil sobrevivientes de COVID arrojó que alrededor de un tercio de los pacientes analizados había tenido problemas neurológicos o psiquiátricos hasta seis meses después de recuperarse de la enfermedad.

Para los especialistas, los resultados sugieren que, una vez finalizada la pandemia, podría verse una ola de pacientes con problemas mentales. Los hallazgos fueron publicados en el journal científico The Lancet. 

El estudio, del que participaron mayoritariamente pacientes de Estados Unidos, reveló que la ansiedad y la depresión fueron los dos síntomas más diagnosticados, de un total de 14 que registraron.

El 17% de los analizados exhibió síntomas de ansiedad, mientras que el 14% tuvo depresión. Estos resultados se vieron en todo tipo de personas, más allá de la severidad del cuadro de COVID que hubiera sufrido. 

En los pacientes que sí atravesaron cuadros más severos de COVID, hubo más casos de accidentes cerebro vasculares (ACV) y otros desórdenes neurológicos.

Un estudio hecho el año pasado por los mismos investigadores arrojó que un 20% de los pacientes que sobrevivían al coronavirus habían desarrollado un problema psiquiátrico en 3 meses. 

“Si bien el riesgo individual para la mayoría de los trastornos es pequeño, el efecto en el conjunto de la población podría ser importante”, afirmó a Reuter Paul Harrison, un profesor de psiquiatría de la Universidad de Oxford que codirigió este estudio.

Según los registros, un 34% de los pacientes analizados sufrió secuelas mentales luego de recuperarse de COVID. Los investigadores señalaron que este tipo de problemas eran mucho más común en personas que se recuperaban de COVID que de la gripe u otras enfermedades respiratorias.

Esto sugeriría que la COVID juega un rol preponderante en la aparición de este tipo de problemas. Para algunos investigadores, los resultados del estudio son preocupantes. 

“Se trata de un estudio muy importante. Confirma más allá de toda duda razonable que la COVID-19 afecta al cerebro y a la mente en igual medida”, afirmó Simon Wessely, docente de psiquiatría del King’s College de Londres.El 17% de los analizados exhibió síntomas de ansiedad, mientras que el 14% tuvo depresión. Estos resultados se vieron en todo tipo de personas, más allá de la severidad del cuadro de COVID que hubiera sufrido. 

En los pacientes que sí atravesaron cuadros más severos de COVID, hubo más casos de accidentes cerebro vasculares (ACV) y otros desórdenes neurológicos.

Un estudio hecho el año pasado por los mismos investigadores arrojó que un 20% de los pacientes que sobrevivían al coronavirus habían desarrollado un problema psiquiátrico en 3 meses. 

“Si bien el riesgo individual para la mayoría de los trastornos es pequeño, el efecto en el conjunto de la población podría ser importante”, afirmó a Reuter Paul Harrison, un profesor de psiquiatría de la Universidad de Oxford que codirigió este estudio.

Según los registros, un 34% de los pacientes analizados sufrió secuelas mentales luego de recuperarse de COVID. Los investigadores señalaron que este tipo de problemas eran mucho más común en personas que se recuperaban de COVID que de la gripe u otras enfermedades respiratorias.

Esto sugeriría que la COVID juega un rol preponderante en la aparición de este tipo de problemas. Para algunos investigadores, los resultados del estudio son preocupantes. 

“Se trata de un estudio muy importante. Confirma más allá de toda duda razonable que la COVID-19 afecta al cerebro y a la mente en igual medida”, afirmó Simon Wessely, docente de psiquiatría del King’s College de Londres.

La vida que no elegi…

Durante siete días me sucedió lo que nunca me hubiera imaginado, me orinaba caminando por la calle -en esos casos, trataba de cubrirme avergonzado y no muchas veces lo lograba-.Con la defecación pasaba lo contrario; debía tomar laxantes en abundancia, ya que sin ello, no podía eliminar las heces.


Luego de quince días; fue como si alguien de constituirse en víctima se transformara en victimario. Deje de llorar a escondidas; y me dije a mi mismo que no era posible. Que no tenía enfermedad alguna.


Mi mente se adueñó de esa creencia y no la abandonó hasta el final. Realizaba mis actividades habituales con normalidad, pero sin cometer excesos. El temor a la muerte y el pensar en la la orfandad de mis hijos; comenzó a disiparse.


Era una obviedad; que las decenas de estudios de alta complejidad que debía realizar en el Hospital Italiano, requirieron la prescripción por parte del joven neurólogo de dicho centro de salud.
Ya en la primera cita médica; le había dado un pormenorizado detalle de mi encuentro con su colega. Me sorprendió la personalidad y firmeza, con que se puso a mi disposición para lo que necesitara.


Mientras tanto; estoicamente soporte durante un mes que una enfermera me aplicara en la hipófisis, el inyectable de corticoides.

El primer episodio había sucedido exactamente el 3 de junio y los sucesivos resultados que se extendieron hasta noviembre de ese año, no arrojaban una ratificación del diagnóstico que me brindara “aquél afamado profesional”.


A principios de diciembre; el joven neurólogo del Hospital Italiano me recomendó hacer un último estudio -una punción de médula-, para dar su opinión final.

Agotado de todos los estudios realizados -invasivos o no- le respondí afirmativamente. Me dio la cita médica para su realización, la que no fue lo dolorosa que me imaginaba.


Los resultados estarían para el 20 de diciembre; previo a Nochebuena. Ya el día anterior; recopile todos los estudios realizados y un regular nerviosismo se fue apoderando de mi.


Concurrir a la hora indicada; hacerme anunciar y pasar al consultorio del neurólogo del Hospital Italiano, llevó escasos minutos. El Dr. Lagman me aguardaba impaciente y sonriente, con sus manos sobre el estudio apoyado en su escritorio.


-Hola, Daniel. ¿Cómo ha estado?


-Bien…muy bien Doctor. Llegamos con esto al final de un infierno que duró casi 6 meses…verdad?


-Y si…pero finalmente llegué en lo personal, a confirmar mi sospecha y sostener mi diagnóstico.


-Entonces Doctor…cuál es su conclusión?

Usted Daniel; no sufre de enfermedad desmielinizante alguna.

¿Como? La paresia de miembros inferiores, la micción…


Me detuvo mostrándome la palma de su mano y expresó; Daniel seguramente esto ha sido un virus que se alojó en su médula y como así lo hizo, luego se fue. Hasta a mi como profesional, me cuesta comprenderlo-


Sorprendido…quedé por unos segundos, sin posibilidad de emitir palabra alguna.

Luego le pregunté si podía haber secuelas o podría repetirse y me contestó; que si bien la medicina no era una ciencia exacta, yo era un hombre absolutamente sano.


Recibí el informe de la punción lumbar y se sorprendió cuando en lugar de estrechar su mano; lo abrace repitiendo una y otra vez…gracias Doctor.


Al salir del Hospital Italiano; alce la vista y derrame un par de lágrimas sin realizar esfuerzo alguno.

Cómo comprender todo lo vivido; junto a quien fuera mi esposa y mis hermanos -un núcleo muy intimo- en ese infierno de casi seis meses.


Inhale profundamente y exhale de igual manera, para relajarme. Me dirigí pronto a mi casa, donde mi esposa aguardaba. Nos fundimos en un interminable abrazo. Luego besé y abracé a cada uno de mis hijos. Por tercera vez, alguien o algo decidió que no era la hora de marcharme.


Retome mis actividades -las que nunca durante ese periodo había dejado- con el ritmo de autoexigencia de siempre. Por ello; hoy sugiero a quien se parece al que fui -que inhale profundo “energía” y exhale de la misma manera “relajación”.


La vida es hermosa; pero vaya que cuesta vivirla con sus menos más que con sus más. Sin “falsa humildad”; debo decir que me construí a mi mismo tomando los mejores ejemplos que mis padres, supieron darme.

Al seguir desempeñándome en cargos gerenciales en empresas multinacionales o nacionales, fui siempre un  workaholic -adicto al trabajo- y así me fui alejando de todo aquello que podía brindarme armonía y paz interior. 

Sï, es cierto durante las vacaciones; llevaba a mi familia a una pequeña casa que poseíamos en una de las tantas bonitas playas del Atlántico.


Pero solo iba los fines de semana o bien la última semana de esos dos meses de verano, en que nos trasladamos a ese lugar. Para ser honesto; no sabía o no quise nunca delegar ninguna decisión. Me arrepiento de ello y de qué manera!


Considerando mi actividad profesional, relaciones interpersonales, estudios universitarios, seminarios y congresos me olvide de disfrutar lo más importante de la vida: mis hijos cuando tenían una edad, en que mi presencia debía ser no la de un amigo, pero si una guía en donde compartir todas y cada una de las cosas, que nos perdimos hacer juntos.

Por eso felicito hoy; a aquellos jovenes y no tan jovenes que priorizan “la vida”.


Avanzaba el año 2005; cuando a mediados de años comencé con “los ataques de pánico”.

Consulta a un psiquiatra; quien con buen criterio me derivó a un neurólogo, para constatar si el origen era consecuencia de alteraciones observables. Con el resultado negativo; me medico y luego de quince días me informó que padecía “trastorno bipolar grado 1 o leve”.


Seguramente alguna amiga o amigo que está leyendo estas líneas; habrá visto por Netflix la bonita película española “Loco por ella”. Bueno, la protagonista es bipolar grado 1 -severo-; que tiene altos grados de euforia como de depresión en ambos casos, siendo acompañados de pensamientos suicidas.


Por ello; en algunas circunstancias que he visto a personas hablar o conversar; dando una opinión sobre un hecho determinado, siempre se ha dicho que ello es “gratis” y me resulta correcto -esté o no de acuerdo con ella- , pero resulta muy desatinado cuando se utilizan acepciones, creyendo que son análogas a lo que se dice.


Así; es frecuente escuchar “soy muy bipolar” por quien no tiene una puta idea de lo que significa ello como trastorno de la salud mental. Confunden ello, con quien es ciclotímico, que significa la variación frecuente en sus estados de ánimo en el mismo eje de tiempo.


El trastorno bipolar afecta por igual a hombres y mujeres. Casi siempre comienza entre los 15 y 25 años. La causa exacta se desconoce, pero se presenta con mayor frecuencia en parientes de personas que padecen dicho trastorno.


En la mayoría de las personas con trastorno bipolar, no hay una causa clara para los períodos (episodios) de extrema felicidad y mucha actividad o energía (manías) o de depresión y baja actividad o energía (depresión). Los siguientes factores pueden desencadenar un episodio maníaco:
parto, medicamentos como antidepresivos o asteroides, períodos de no poder dormir-insomnio-, consumo de drogas psicoactivas.


Las/los bipolares somos “conejillos de indias”; ya que no todos los fármacos pueden mejorar nuestra calidad de vida. Y así el profesional actuante, va como en “tubo de ensayo” probando hasta llegar al más adecuado, según el paciente.


En mi caso -bipolar grado 1 o leve- hace años que los fármacos evitan esas depresiones que me tenían a maltraer hace ya tiempo. No obstante; durante esta mal llamada “pandemia”, el aislamiento o confinamiento, si así lo prefieren, ejerce una presión nociva.


Por ello, el motivo de mis apariciones repentinas como desapariciones, por las que les pido disculpas, por el solo hecho que hay momentos en que no leo y disfruto, lo que verdaderos escritores o poetas magnificamente escriben en esta plataforma.


Ahora; quizás comprendan aquello de…”Hubo un día en que me pregunté, cuál era el motivo por el cual seguía en este mundo…” Pero que nadie dude; de que seré centenario…


Feliz Domingo de Pascuas!

Gracias por leerme. Abrazos totales.

Trastorno pandémico

Me contestaste en forma lacónica “un no se, veré"
cuando te pregunte adonde iríamos este verano,
si crees que puedo sorprenderme te aseguro que no
se que el temor te invade y ya lo has demostrado,
cuando a tus pacientes solo atiendes virtualmente,
toda compra la haces de manera digital y no sales
de la casa desde aquel lejano mes de marzo en que
se decretó el estado de cuarentena y aislamiento.

Parece ser que no te hubieras enterado de los cambios
graduales pero cambios al fin que han flexibilizado
mucho de aquello que te aterrorizó sin comprenderlo.

Me preocupa tu salud mental por la fobia a todo lo social,
que expresas tener pareciendo estar frente a una mujer distinta,
desconocida que vive como en su hermético castillo
por temor a contagiarse ante el menor roce con extraños.

Es uno de los tantos “daños colaterales” que produce
el aislamiento que en tu caso lo haces complacida,
como replicando “el síndrome de Estocolmo”,
donde la figura del secuestrador está plasmada
por ti en lo más profundo de tu mente enferma.

Lamento haber hecho esto, se que no te lo mereces
que no lo puedes controlar ni resolver fuera de tus cabales,
suena la sirena de la ambulancia viniendo a buscarte
para llevarte al neuropsiquiátrico para tratarte
y sacarte de esta paranoia que llegó para quedarse.

La Pandemia del Futuro

Nuestra idea del futuro casi siempre está asociada al progreso. Los avances tecnológicos y científicos, un creciente nivel de confort (en los integrantes de las clases medias y altas de las grandes urbes) y las conquistas médicas, que permiten un tratamiento más eficaz de algunas enfermedades y trastornos, nos llevan a creer que el paso del tiempo conlleva necesariamente una suerte de evolución positiva para la especie humana. Pero, al mismo tiempo, el estilo de vida contemporáneo –cada vez más sedentario y con exigencias crecientes, incluso abrumadoras– y su misma dinámica, hacen pensar a los especialistas en un avance progresivo de los trastornos mentales a nivel global para las próximas décadas. A punto tal, que hay quienes sostienen que el deterioro psiquiátrico de la población mundial se perfila como “la pandemia del futuro”, cuya gravedad plan-tea nuevos desafíos a la ciencia.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud mental como el “estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al es-trés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad
Presupone, inevitablemente, la existencia de un adecuado estado de salud física por el antiguo axioma de la Medicina de “mens sana in corpore sano”. Y la misma OMS  advier-te sobre un inevitable aumento a largo plazo del número y la severidad de los proble-mas de salud mental, por parte de cientos de millones de personas, una realidad tam-bién asociada al estado clínico de la población.


En el marco de la actual pandemia por coronavirus, además, se verificó que el aisla-miento obligatorio ya desencadena y agudiza los niveles de depresión que se registra-ban a nivel mundial, así como los problemas asociados a la violencia de género, el abuso o violencia con niños y la desatención de ancianos o discapacitados. Trastornos que, en casi todos los casos, deja secuelas a largo plazo.


Se prevé, en principio, que a los altos niveles de depresión y ansiedad que hoy se regis-tran (durante este año se ha comprobado un aumento de la angustia en un 35% en los chinos, un 60% en los iraníes y un 40% en norteamericanos, tres de los países más afectados por la pandemia) se sumen otros trastornos como los cambios en las rutinas, el agobio por las exigencias que impone la vida moderna y la debacle económica a nivel global.


Según datos de la OMS, una cuarta parte de la población mundial sufrirá de algún tras-torno mental a lo largo de su vida y esto llegará a representar, en un futuro no tan remoto, el mayor costo sanitario conocido hasta ahora, en términos materiales.

Una investigación realizada por 28 expertos en la Lancet Commision estima que para el año 2030 el costo de las enfermedades mentales llegará a los 16 billones de dólares, algo más del 10% del PBI mundial, un costo superior al que conlleva el tratamiento de la dia-betes, el cáncer y las enfermedades pulmonares juntas.


Se sabe también que el 50% de las enfermedades mentales se inicia antes de los 14 años por diversos factores, problemas que por lo general no se detectan ni se tratan a tiem-po. Los trastornos mentales infantiles y juveniles no diagnosticados oportunamente hipotecan el futuro, ya que derivan buena parte de las veces en enfermedades mentales durante la adultez.


Aunque el listado de alteraciones de la salud mental es muy extenso, en este siglo XXI  hay cuatro que se perfilan en una progresiva escalada:
Se calcula que la venta de antidepresivos creció un 113,3% entre los años 2014 y 2016. Y esta cifra sólo refleja el mercado en blanco.


1.
Depresión y trastornos del estado de ánimo:
Según la OMS, 350 millones de personas en el mundo padecen trastornos depresivos y este hecho convierte a “las depresiones” en la principal enfermedad psicoemocional en Occidente.


La depresión puede aparecer por diferentes razones, pero en la actualidad se considera que el estrés progresivo y prolongado es la causa principal que dispara este trastorno.
Según informes oficiales del mismo organismo, cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo, lo que eleva a un millón la cifra anual de víctimas: otra “epidemia” que se extiende y afecta cada vez más a los jóvenes. Si en 1950 el 60% de los suicidios afectan a personas mayores de 45 años, en la actualidad el 55% están protagonizados por jóvenes.
Otro “termómetro” de la incidencia de la depresión es el incremento en la venta de anti-depresivos, que aumentó de manera exponencial. Y aunque los números nunca resultan del todo precisos (ya que se venden también por internet y las inspecciones en la comer-cialización disminuyeron), se calcula que entre los años 2014 y 2016, el aumento fue de 111,3%.

El antidepresivo sertralina se recetó un 12% más en marzo de 2020, ya instalada la cua-rentena, que en el mismo mes del año anterior. Incluso, uno de los laboratorios que la fábrica comunicó que no tenía capacidad para cubrir la creciente demanda.


Otra alteración del estado de ánimo importante es el trastorno bipolar, que se carac-teriza por los cambios exagerados y pendulares en el estado de ánimo, que oscilan entre la aceleración y la depresión. Los ciclos típicos duran días, semanas o meses, y perju-dican seriamente al trabajo y las relaciones sociales de la persona afectada.


Los tranquilizantes figuran entre las drogas de mayor consumo global en 2019. Se estima que 9 millones de argentinos los toman.


2.
Trastornos de ansiedad:


La ansiedad no es una reacción negativa ni patológica, sino todo lo contrario: es esen-cial para la supervivencia del individuo por ser un valioso mecanismo de activación y alerta ante posibles peligros o exigencias ambientales, lo que facilita una respuesta rápida y, con suerte, eficaz. Pero también es la reacción inevitable ante toda situación de incertidumbre por el futuro ya que el ser humano no tolera la falta de certezas o la vivencia de una sensación de amenaza continua.


Existe una gran diferencia entre un nivel lógico y esperable de ansiedad ante una deter-minada situación y un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), ya que quien lo pade-ce siente preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes ante situaciones corrientes, desproporcionadas en relación al peligro real. Es persistente en el tiempo y produce un significativo deterioro funcional para vincularse con familiares, trabajar, establecer vínculos sociales o ir a la escuela.


La ansiedad puede adquirir distintas máscaras: el ataque de pánico que se define por la aparición intensa y brusca de temor, terror, sensación de muerte inminente; o la pre-sencia de diversas fobias (un miedo intenso, desproporcionado, irracional e injusti-ficado ante determinadas situaciones u objetos que producen una conducta de evita-ción).


Entre estas últimas se destaca la fobia social, un miedo irracional a situaciones de inter-acción social en las cuales el individuo siente una extrema ansiedad de ser juzgado por los otros, convertirse en el centro de atención, ser criticado, hablar en público o sentir-se humillado.


Este trastorno, cuya frecuencia aumenta y se estima seguirá aumentando, suele llevar a que quienes lo padecen evitan las relaciones con otros, las presentaciones en público, las salidas a eventos sociales o la posibilidad de conocer gente nueva. Mientras que, por su lado, la agorafobia es miedo a estar solo en los lugares públicos y/o espacios muy abiertos.


Otra afección que, se presume, se verá incrementada en los próximos años dada la vio-lencia social que aumenta día a día es el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), que se desarrolla después de padecer o presenciar una situación traumática o violenta.
Es una vivencia de mucha angustia y ansiedad que se prolonga en el tiempo y no se extingue con el fin del hecho (por ejemplo, agresiones, robos, intentos de violación, accidentes, desastres naturales o guerras). Los pacientes “reviven” continuamente el acontecimiento traumático, con recuerdos reiterativos del suceso (flashbacks) que se mezclan con pesadillas nocturnas.


Finalmente tenemos el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), en el que el individuo experimenta pensamientos, ideas o imágenes intrusivas (obsesiones) que suelen ser obscenos, prohibidos, agresivos hacia terceros y que se acompañan de comporta-mientos que se repiten una y otra vez (compulsiones), a fin de detener esos pensa-mientos torturantes.


Estos rituales pueden incluir limpieza, lavado excesivo de manos, verificación redun-*dante –sí las puertas o ventanas están cerradas o apagadas las hornallas de la cocina–, la compulsión a ordenar los objetos de manera particular y precisa.


El aumento de la ansiedad –en cualquiera de sus variantes– se ve reflejado en el pro-gresivo aumento del consumo de tranquilizantes. El informe mundial de drogas de 2019 ratificó que están entre las de mayor consumo global y se estima que más de 9 millones de argentinos las toman.


Según la OMS, una de cada cuatro personas sufre en la actualidad adicciones sin sustan-cia prohibida.


3.


Adicciones modernas sin drogas:
Cada adicción tiene sus características y muchas de las actuales están relacionadas con el abuso de sustancias: en nuestro medio prevalecen de manera categórica el alcohol y el tabaco, aunque otras drogas tengan menor exhibición social dado que su consumo es, en general, privado. Pero en la actualidad –y seguramente esto se acrecentará a futuro–vale destacar otras, que son las adicciones “sin sustancia”: actividades y comportamien-tos cotidianos que, convertidos en adicción, impiden llevar una vida satisfactoria.


La dependencia de las nuevas tecnologías (y de las redes sociales, que al formar parte de la vida diaria suelen pasar “inadvertidas”) representan un problema alarmante y son más frecuentes de lo que parece. Según la OMS, una de cada cuatro personas sufre en la actualidad de estas adicciones sin sustancia prohibida.


La adicción tecnológica afecta a usuarios de cualquier edad, aunque los adolescentes son especialmente vulnerables. Los nativos digitales han nacido con los medios de este tipo integrados a sus rutinas y, muchas veces, son su principal fuente de información, socialización y comunicación.


En los países más desarrollados del mundo, en donde Internet alcanza a casi toda la población, es casi imposible imaginar rutinas en las que la tecnología no esté implicada. Y también es un hecho que su uso, así como el de las redes sociales, los videojuegos, la mensajería interactiva (WhatsApp, por ejemplo), el consumo de pornografía virtual o las compras on line, son manifestaciones cada vez más reconocibles e indisociables de la vida en las grandes ciudades.


Ciertas características de Internet la hacen particularmente adictiva;


a) La posibilidad de la inmediatez en el uso.


b) El atractivo visual y auditivo, que estimulan positivamente los sentidos, la atención, concentración y memoria o la toma de decisiones.


c) La participación social con otros, incluso para aquellos que son tímidos o inseguros, ya que pueden resguardarse en el anonimato.


No sólo está previsto que la adicción a la tecnología a nivel global se incremente, sino también que sus efectos se agraven con el paso de las décadas. El documental El dilema de las redes sociales (disponible en Netflix) es más que elocuente en este sentido, en relación al modo en que la psicología humana se ve manipulada por programas tecno-lógicos diseñados para generar, de manera deliberada, una dependencia progresiva de parte del usuario.


¿Otras adicciones sin sustancia? La excesiva dedicación al trabajo, la compulsión a tomarse las selfies (“selfitis”, relacionado muchas veces con un intento de aumentar la autoestima y llenar un vacío de intimidad, y que trae aparejados tratamientos estéticos de dudosa eficacia, incluyendo las cirugías), la obsesión por las dietas restrictivas (que pueden inducir anorexia o bulimia), la adicción a la actividad física (vigorexia) o la llamada “binge-watching” (maratón para ver series en ciertas plataformas).


En general, todas las adicciones se asocian a individuos con altos niveles de vacío emo-cional, soledad, tendencia a la angustia o la depresión, poca tolerancia a la frustración y frecuentes trastornos de sueño.

La beneficiosa prolongación de los años de vida también implica indudables riesgos a futuro en términos sanitarios: uno es el esperable incremento de trastornos asociados a déficits cognitivos y a enfermedades como el Alzheimer.

4.
El desafío de la longevidad:
Diversas estadísticas globales muestran que la longevidad humana va en progresivo aumento. Si en el 1900 la expectativa de vida era aproximadamente de 35 años, en 1998 fue de 75 para los hombres y 81 para las mujeres. Ahora se estima que en 2050 será de, como mínimo, 80 y 85 respectivamente. Además, ya se cree que la mitad de los niños que nacen hoy alcanzarán fácilmente los 100 años.


Esto modifica gradualmente la pirámide demográfica ya que, por un lado, los métodos anticonceptivos regulan la natalidad pero, por otro, se evidencia una reducción de las enfermedades y la mortalidad en los adultos mayores gracias a los avances médicos y tecnológicos.


Más allá de los números, lo importante es considerar que la vejez no es un “problema” ni una “enfermedad”, y tampoco debería ser motivo de ningún tipo de discriminación o señalamiento peyorativo ni descalificador.


Una persona mayor saludable puede gozar de la vida tanto más que los jóvenes, y hacer gala de un pensamiento creativo, relaciones afectivas y amorosas, formas de alimenta-ción adecuadas, aptitud para la actividad física, y la posibilidad cierta de incorporar nuevos conocimientos o elegirá alejarse de ciertos estilos convencionales de consumo, competencia y ritmo vertiginoso de la vida actual. Como decía Groucho Marx: “Cumplir años es inevitable pero envejecer es optativo”.


Sin embargo, la beneficiosa prolongación de los años de vida también implica induda-bles riesgos a futuro en términos sanitarios: uno es el esperable incremento de trastor-nos asociados a déficits cognitivos y a enfermedades demenciales, como la de Alzheimer.

Otro, el llamado “riesgo de longevidad”, que supone que cada vez habrá más individuos que vivan más de lo esperado, lo que traerá aparejados serios desafíos socioeconómicos con fuerte impacto en los servicios asistenciales y de jubilaciones, a las que deberán res-ponder los Estados. Aunque será un proceso gradual sin duda culminará en una impor-tante revolución social y económica.


Todavía no existe evidencia empírica de que la duración de la vida haya alcanzado un límite biológico y, entonces, es previsible que el número de personas longevas siga aumentando en las próximas décadas. Por eso, es imprescindible comenzar a planificar y responder a este desafío.


La Realidad Virtual ya se utiliza para abordar el tratamiento de algunos trastornos cognitivos, emocionales y motrices.


¿Hay razones para el optimismo?
Sin duda alguna. La tecnología ya tiene y tendrá un progresivo y seguro papel relevante para el abordaje y tratamiento de las enfermedades mentales y así ya lo recomendaba el Mental Health Action Plan 2013-2020 de la OMS.


Es un hecho que la tecnología se mueve mucho más rápido que la ciencia y su mayor presencia a nivel sanitario supone un profundo cambio en el modo en que se organizará la asistencia sanitaria, desde la forma en que se evalúa al paciente hasta el compromiso que se establece en la relación con el psiquiatra o el médico.


En la actualidad, por ejemplo, la Realidad Virtual ya se utiliza para abordar el trata-miento de algunos trastornos cognitivos, emocionales y motrices. Y hasta acá demuestra eficacia en el tratamiento de fobias, trastornos de pánico, alteraciones de la imagen corporal, trastornos de la alimentación compulsiva y fobia a volar. Sin duda, es factible pensar que en las próximas décadas permitirá ampliar mucho más su utilidad como herramienta terapéutica de los trastornos psiquiátricos.


Además, la investigación en neurociencias, las nuevas tecnologías, los avances en las ciencias sociales, el desarrollo de métodos psicoterapéuticos, el conocimiento del sano desarrollo infantil y de la psicología evolutiva, los cuidados perinatales y el descubri-miento de nuevos fármacos permiten, finalmente, saber que, a pesar del aumento previsto de futuras alteraciones de la salud mental a nivel poblacional, también aumentarán a la par y de manera veloz los recursos para su prevención y tratamiento.

Fuente: Revista “Viva” – Diario Clarín – Doctor J. Abdala – Ilustración Pinterest