Estados Unidos: advierten sobre trastornos psiquiátricos relacionados al consumo excesivo de marihuana.

Afirman que el problema radica en el alto porcentaje de THC en los productos derivados del Cannabis.

Especialistas advierten en Estados Unidos por posibles trastornos psiquiátricos en adolescentes asociados al consumo abusivo de marihuana. El estudio fue en realizado en el contexto de mayor consumo del Cannabis en los últimos tiempos, en conjunto con la legalización de su uso recreativo en algunos estados y el avance industrial del sector.

Como droga, la marihuana no es tan peligrosa como el fentanilo, pero puede tener efectos potencialmente nocivos, sobre todo para los jóvenes, cuyos cerebros aún se están desarrollando afirman los profesionales a través de una entrevista en The New York Times. 

Además de los vómitos incontrolables y la adicción, los adolescentes que consumen con frecuencia dosis elevadas de cannabis también pueden experimentar psicosis que podrían conducir a un trastorno psiquiátrico de por vida, una mayor probabilidad de desarrollar depresión e ideas suicidas, cambios en la anatomía y la conectividad del cerebro y mala memoria.

Pero a pesar de estos peligros, la potencia de los productos que se comercializan actualmente no está regulada.

En 1995, la concentración promedio de THC en las muestras de cannabis incautadas por la Administración de Control de Drogas era de alrededor del cuatro por ciento. 

En 2017, era del 17 por ciento. Y ahora los fabricantes de cannabis están extrayendo el THC para hacer aceites; comestibles; cera; cristales del tamaño del azúcar; y productos concentrados similares al vidrio llamados shatter que anuncian altos niveles de THC que en algunos casos superan el 95 por ciento.

Mientras tanto, el nivel medio de CBD —el compuesto no tóxico de la planta de cannabis relacionado con el alivio de las convulsiones, el dolor, la ansiedad y la inflamación— ha ido disminuyendo en las plantas de cannabis. Los estudios sugieren que los niveles más bajos de CBD pueden hacer que el cannabis sea más adictivo.

Los concentrados de THC “son tan parecidos a la planta de cannabis como las fresas a las Pop Tarts de fresa con cobertura azucarada”, escribió Beatriz Carlini, investigadora del Instituto de Adicciones, Drogas y Alcohol de la Universidad de Washington, en un informe sobre los riesgos para la salud del cannabis altamente concentrado.

Aunque el cannabis es legal para uso recreativo en 19 estados y en Washington D.C., y para uso médico en 37 estados y D.C., únicamente Vermont y Connecticut han impuesto límites a la concentración de THC. Ambos prohíben los concentrados por encima del 60 por ciento, con la excepción de los cartuchos precargados, y no permiten que el material de la planta de cannabis supere el 30 por ciento de THC. 

Pero hay pocas pruebas que sugieran que estos niveles específicos sean de algún modo más seguros.

“En general, no apoyamos los límites arbitrarios de potencia siempre que los productos estén debidamente probados y etiquetados”, dijo en un comunicado Bethany Moore, portavoz de la Asociación Nacional de la Industria del Cannabis. 

Añadió que la mejor manera de mantener la marihuana lejos de los adolescentes es aplicar leyes que permitan a la industria del cannabis sustituir a los mercados ilegales, que no respetan las restricciones de edad, las pruebas obligatorias del estado o las directrices de etiquetado.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha emitido advertencias sobre varios productos de cannabis, incluidos los comestibles, pero hasta ahora los reguladores federales no han tomado medidas para frenar los niveles de potencia porque el cannabis es ilegal a nivel federal, dijo Gillian Schauer, directora ejecutiva de la Asociación de Reguladores de Cannabis, una organización no partidista sin fines de lucro que convoca a funcionarios gubernamentales involucrados en la regulación del cannabis en más de 40 estados y territorios.

Los legisladores de California están estudiando la posibilidad de añadir una etiqueta de advertencia sobre salud mental a los productos de cannabis, en la que se especifique que la droga puede contribuir a la aparición de trastornos psicóticos.

Las encuestas en Estados Unidos sugieren que el consumo de marihuana entre los alumnos de octavo, décimo y doceavo grado disminuyó en 2021, un cambio atribuido en parte a la pandemia. 

Sin embargo, en el intervalo de dos años entre 2017 y 2019, el número de chicos que informaron haber fumado marihuana en los últimos 30 días aumentó en todos los grados, casi triplicando su número entre los estudiantes de último año de secundaria. En 2020, el 35 por ciento de los estudiantes de último año, y hasta el 44 por ciento de los estudiantes universitarios, declararon haber consumido marihuana en el último año.

Trastornos

Michael McDonell, experto en tratamiento de adicciones de la escuela de Medicina de la Universidad Estatal de Washington, dijo que se necesitan más investigaciones para comprender mejor hasta qué punto la psicosis y el síndrome de hiperémesis cannabinoide se han vuelto más frecuentes entre los adolescentes y otras personas que consumen productos de alta potencia.

Aun así, añadió, “definitivamente sabemos que hay una relación dependiente de la dosis entre el THC y la psicosis”.

Un estudio riguroso descubrió que el riesgo de padecer un trastorno psicótico era cinco veces mayor entre los consumidores diarios de cannabis de alta potencia en Europa y Brasil que entre los que nunca lo habían consumido.

Otro estudio, publicado en 2021 en JAMA Psychiatry, informó que, en 1995, solo el dos por ciento de los diagnósticos de esquizofrenia en Dinamarca estaban asociados al consumo de marihuana, pero en 2010 esa cifra había aumentado hasta el seis u ocho por ciento, lo que los investigadores asociaron al aumento del consumo y la potencia del cannabis.

El síndrome de hiperémesis cannabinoide, que a menudo puede aliviarse con baños y duchas calientes, también está relacionado con el consumo prolongado de altas dosis de cannabis. 

Al igual que con la psicosis, no está claro por qué algunas personas lo desarrollan y otras no.

Sharon Levy, médica y directora del Programa de Uso de Sustancias y Adicción en Adolescentes del Hospital Infantil de Boston, dijo que “no hay duda de que los productos de mayor concentración están aumentando el número de personas que tienen malas experiencias con el cannabis”.

Cuando su clínica abrió en 2000, la marihuana era ilegal en Massachusetts. 

En ese momento, Levy dijo que muchos menos chicos llegaban con síntomas psicóticos “y casi nunca vimos el síndrome de hiperémesis cannabinoide”.

Ahora, dijo, esas cifras se están disparando. Los síntomas psicóticos mientras se está drogado pueden incluir alucinaciones, problemas para distinguir entre la fantasía y la realidad, comportamientos extraños (un joven se pasaba el día haciendo nudos con bolsas de plástico) o voces que les hablaban en su cabeza, añadió.

Si un adolescente muestra estos síntomas, conseguir que esa persona deje el cannabis “se convierte en una emergencia”, dijo. “Porque tal vez, solo tal vez, lo resolverán y estaremos evitando que alguien desarrolle un trastorno psiquiátrico de por vida”.

Imagen de portada: La marihuana no es tan peligrosa como el fentanilo, pero puede tener efectos potencialmente nocivos, sobre todo para los jóvenes, cuyos cerebros aún se están desarrollando afirman los profesionales.

FUENTE RESPONSABLE: El Litoral. Argentina. 25 de junio 2022

Sociedad y Cultura/Marihuana/Adicción/Adolescentes/Salud/Salud Mental.

¿Genética o neurología? Las razones por las que estamos cada vez más deprimidos.

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Este artículo lo puede ver en este link: ¿Genética o neurología? Las razones por las que estamos cada vez más deprimidos

Resulta también interesante; si es que deseas profundizar sobre las razones por la que la depresión afecta más a alguna franja etaria, el siguiente link:

Millennials y Generación Z: ¿por qué son la generación deprimida?

Imagen de portada: Gentileza de The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: El Observador. Por Fernando Nildo Vázquez González; The Conversation. 24 de Junio 2022.

Sociedad/Depresión/Salud Mental/Genética

Qué pasa por la mente de una persona con catatonia, la condición que te deja el cuerpo inmóvil pero la mente activa.

De vez en cuando, como médico, me piden que vea en la emergencia de un hospital a un paciente que es completamente mudo.

Se sienta inmóvil, mirando alrededor de la habitación. Levanto su brazo y se queda en esa posición. Alguien le hace un análisis de sangre y ni siquiera reacciona. No ha comido ni bebido nada durante uno o dos días.

Las preguntas comienzan a acumularse en tu mente. ¿Qué le pasa? ¿Respondería ante otra persona? ¿Tiene una lesión cerebral? ¿Está fingiendo? Y, lo más difícil de todo, ¿cómo voy a saber qué le pasa si no puede decírmelo?

Soy psiquiatra e investigador especializado en una condición rara conocida como catatonia, una forma grave de enfermedad mental en la que las personas tienen problemas con el movimiento y el habla.

La catatonia puede durar desde unas pocas horas hasta semanas, meses o incluso años. Algunas personas tienen episodios recurrentes.

He hablado con médicos, enfermeras, académicos, pacientes y cuidadores sobre esta enfermedad. Y una de las preguntas que se hacen con mayor frecuencia es: ¿qué piensan las personas con catatonia? ¿Están siquiera pensando?

Cuando una persona apenas puede moverse o hablar, es fácil asumir que no está consciente.

Pero las investigaciones en los últimos años han demostrado que no es el caso. De hecho, es todo lo contrario.

Las personas con catatonia a menudo expresan una ansiedad intensa y afirman que se sienten abrumadas por sus sentimientos. No es que las personas con catatonia no tengan pensamientos, es posible que tengan demasiados.

Pero, ¿cuáles son estos pensamientos? ¿Qué puede suceder en la mente de una persona para llevarla a «congelarse»?

En un nuevo estudio, mis colegas y yo hemos tratado de arrojar algo de luz sobre estos interrogantes.

Cientos de pacientes

Al observar notas de casos de cientos de pacientes que sufrieron catatonia, descubrimos que algunos hablaron sobre su experiencia, ya sea en ese momento o después. Muchos otros no sabían o no recordaban qué había pasado.

Algunos pacientes dijeron haber experimentado un miedo abrumador. Aunque eran conscientes del dolor de permanecer rígidos durante tanto tiempo, eran incapaces de moverse.

Sin embargo, lo que encontramos más interesante fue el caso de aquellas personas que tenían, en cierto nivel, una explicación racional para la catatonia.

Ilustración de una joven con halucinaciones

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Algunos pacientes relatan haber sentido un miedo abrumador.

En las notas de un paciente puede leerse:

«Cuando lo vi estaba arrodillado con la frente en el suelo. Dijo que había adoptado esta posición para salvar su vida y pedía que lo viera un especialista en cuello… Seguía repitiendo que se le había caído la cabeza del cuello».

Si realmente crees que tu cabeza está en riesgo inminente de caerse, tal vez no sea tan mala idea apoyarla en el suelo.

Algunos pacientes dijeron oír voces que les indicaban hacer ciertas cosas. Las voces advirtieron a una persona que su cabeza explotaría si se movía, una razón bastante convincente para quedarse quieto.

Otro paciente pensó que Dios le estaba diciendo que no comiera ni bebiera.

Fingir la muerte

Una teoría señala que la catatonia es similar a la estrategia de algunos animales de fingir estar muertos.

Cuando se enfrentan a un depredador de tamaño o fuerza abrumadores, algunos animales se «congelan» para que su potencial atacante no los perciba.

Una paciente del estudio describió vívidamente haber visto una serpiente (que también le habló).

Una persona tomando la mano de otra persona

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La catatonia sigue siendo una condición misteriosa, a medio camino entre la neurología y la psiquiatría.

No podemos decir a partir de un solo ejemplo que estaba adoptando una defensa primitiva ante un depredador, pero ciertamente es una posibilidad.

La catatonia sigue siendo una condición misteriosa, a medio camino entre la neurología y la psiquiatría.

Comprendiendo mejor qué experimentan los pacientes, podemos al menos confortarlos y ofrecerles empatía.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

Jonathan Rogers es investigador en la clínica psiquiátrica del Wellcome Trust en University College London, UCL.

Wellcome Trust Clinical Fellow in Psychiatry, UCL

Imagen de portada:GETTY IMAGES. «No es que las personas con catatonia no tengan pensamientos, es posible que tengan demasiados».

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation* Por Jonathan Rogers. Junio 2022.

Sociedad/Ciencia/Medicina/Salud/Salud Mental.

Descubren un vínculo entre la demencia y la falta de vitamina D.

Un estudio encuentra que los niveles bajos se asocian con volúmenes cerebrales menores y un mayor riesgo de demencia y accidente cerebrovascular.

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La vitamina D es un nutriente fundamental para la salud. Junto con el calcio, contribuye a prevenir la osteoporosis y es indispensable para que el sistema inmunitario pueda combatir las bacterias y los virus que lo atacan, apuntan los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés).

Los niveles necesarios dependen de la edad. Por ejemplo, la cantidad promedio diaria recomendada en microgramos (mcg) y unidades internacionales (UI) para adultos mayores de 19 años es de 15 mcg (600 UI). Estar por debajo de los umbrales marcados por las autoridades sanitarias supone una serie de complicaciones. En el caso de adolescentes y adultos, la deficiencia de vitamina D causa osteomalacia, un trastorno que causa dolores en los huesos y debilidad muscular.

Ahora, una investigación genética liderada por la Universidad de Australia del Sur (UniSA) muestra un vínculo directo entre la demencia y la falta de vitamina D.

Frenar el deterioro de vitamina D 

Al investigar la asociación entre la vitamina D, las características de neuroimagen y el riesgo de demencia y accidente cerebrovascular, el estudio encontró que los niveles bajos de vitamina D se asociaron con volúmenes cerebrales más bajos y un mayor riesgo de demencia y accidente cerebrovascular. Los análisis genéticos, señalan los autores, respaldaron un efecto causal de la deficiencia de vitamina D y la demencia.

Con el apoyo del Consejo Nacional de Investigación Médica y de Salud, el estudio genético analizó datos de 294.514 participantes del Biobanco del Reino Unido y examinó el impacto de los niveles bajos de vitamina D (25 nmol/L) y el riesgo de demencia y accidente cerebrovascular. La aleatorización mendeliana (RM) no lineal, un método que utiliza la variación medida en los genes para examinar el efecto causal de una exposición modificable en la enfermedad, se utilizó para probar la causalidad subyacente de los resultados de las neuroimágenes, la demencia y el accidente cerebrovascular.

“Nuestro estudio es el primero en examinar el efecto de niveles muy bajos de vitamina D sobre los riesgos de demencia y accidente cerebrovascular, utilizando análisis genéticos sólidos en una gran población”, señala la investigadora principal y directora del Centro Australiano para la Salud de Precisión de UniSA, la profesora Elina Hyppönen.

Hyppönen destaca que, en algunos contextos, donde la deficiencia de vitamina D es relativamente común, los hallazgos “tienen implicaciones importantes para los riesgos de demencia”. De hecho, en esta población del Reino Unido se observó que hasta el 17 % de los casos de demencia “podrían haberse evitado aumentando los niveles de vitamina D para que estuvieran dentro de un rango normal”.

Avance de la demencia 

La demencia es un síndrome que implica el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demencia afecta a nivel mundial a unos cincuenta millones de personas y cada año se registran cerca de diez millones de nuevos casos.

“La demencia es una enfermedad progresiva y debilitante que puede devastar tanto a individuos como a familias. Si somos capaces de cambiar esta realidad asegurándonos de que ninguno de nosotros tenga una deficiencia grave de vitamina D, también tendría más beneficios y podríamos cambiar la salud y el bienestar de miles de personas», concluye Hyppönen.

Esta información no sustituye en ningún caso al diagnóstico o prescripción por parte de un médico. Es importante acudir a un especialista cuando se presenten síntomas en caso de enfermedad y nunca automedicarse.

Imagen de portada: Pexels

FUENTE RESPONSABLE: Mundo Deportivo. Barcelona,España. Por Raquel Sáez. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Vitamina D/Salud Mental

Cómo el litio cambió la historia de la psiquiatría en un rincón del mundo mientras era prohibido en el otro.

En julio de 1968, cuando el doctor Walter Brown comenzó su especialidad de psiquiatría en Yale, su primera misión fue evitar que Mr. G se reuniera con el presidente de Estados Unidos.

Mr. G era un paciente que había pasado los últimos 17 años internado en psiquiátricos, inmovilizado por una depresión suicida o con una euforia que lo hacía pensar en un encuentro con el mandatario del país.

«Varias veces a la semana, Mr. G se dirigía apresurado hacia la puerta. Tres enfermeras y yo teníamos que arrastrarlo a un cuarto de reclusión donde, mientras yo luchaba con él, una de ellas le daba un sedante», escribió Brown en su libro «Lithium: A Doctor, a Drug, and a Breakthrough» (Litio: un médico, una droga, un gran avance).

El paciente padecía de psicosis maníaco depresiva o trastorno bipolar.

Su pronóstico no era para nada auspicioso, pero dos años después Brown volvió a encontrarse con Mr. G, y halló a un hombre que vivía por su cuenta, fuera de hospitales, y trabajaba en un supermercado.

Aún recordaba, entre asombro y vergüenza, su deseo de entrevistarse con el presidente.

Un nuevo medicamento había estabilizado sus cambios de ánimo: el litio.

Allí nació el interés del psiquiatra por este metal alcalino y, sobre todo, por el hombre que lo transformó en la primera droga psiquiátrica: John Cade.

Del Big Bang a la fiebre del litio

En el siglo XXI se habla del litio como «el oro del futuro» debido a su utilización en baterías de productos electrónicos y de la industria automotriz.

La búsqueda de fuentes alternativas de energía para reemplazar a los combustibles fósiles ha disparado una carrera por el litio que se encuentra en abundancia en los salares de Bolivia, Chile y Argentina.

Pero el más ligero de todos los metales nos acompaña desde tiempos inmemoriales. Los científicos creen que junto al hidrógeno y al helio son los únicos tres elementos creados con el Big Bang (ambos ocupan los tres primeros lugares de la tabla periódica que todos estudiamos en nuestras clases de Química).

Como describe James Russell en su libro sobre esta tabla, existen registros del uso terapéutico del litio que se remontan al siglo II de nuestra era, cuando el sanador Soranus de Efeso recomendaba baños en cascadas de aguas alcalinas para los que sufrían «de manía y de melancolía».

A mediados del siglo XX el litio volvería a ser clave para tratar esos dos estados, el de estar «muy arriba» y el de estar «muy abajo».

Dados con emoticones

FUENTE DE LA IMAGEN- GETTY IMAGES. La bipolaridad puede llevar a cambios de ánimo que terminan desgastando la salud mental del paciente.

Para Brown, dos aspectos son fundamentales en esta historia: las características de la psiquiatría hasta la conversión del litio en fármaco y el contexto en el que se produjo el descubrimiento de John Cade en 1949.

«Hasta ese momento, no había drogas utilizadas para la salud mental, la gente usaba opioides, a veces les daban estimulantes o sedativos. El litio fue la primera vez que se trataron de forma efectiva los síntomas de una enfermedad psiquiátrica», le dice Brown a BBC Mundo.

Los tratamientos para la depresión maníaca y otras condiciones de la salud mental incluían encierros en hospitales psiquiátricos, donde se podía desde inducir el coma a partir de dosis de insulina hasta sedar al paciente para terapias de sueño profundo; también se aplicaban convulsiones eléctricas y -en los años 40 e inicios de los 50- fue muy utilizada la lobotomía.

Cade, por su parte, era un joven y desconocido psiquiatra, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que trabajaba en un hospital de Melbourne, Australia, sin entrenamiento formal, sin becas y sin colaboradores.

Su laboratorio estaba en la cocina del hospital. Hay quienes dicen que su descubrimiento se debió a la suerte, pero Brown no coincide del todo con esta apreciación.

«En parte del proceso, fue afortunado; él comenzó a suministrar sal de litio a cobayos y notó que esto los relajaba. Pero le tenemos que dar crédito porque él observó esto y pensó que podía funcionar en personas, en pacientes maníacos. Hacer este salto, para mí, es muy intuitivo y refleja sus habilidades como observador sin prejuicios», dice Brown.

Eduard Vieta, jefe de Servicios de Psiquiatría y Psicología en el Hospital Universitario de Barcelona, le dice a BBC Mundo que, aunque ahora nos parezca lógico, la idea revolucionaria de Cade fue que podía tratar la enfermedad mental con fármacos, algo no tan obvio 70 años atrás.

«Él tenía una hipótesis, que finalmente se demostró falsa, y era que el ácido úrico jugaba un papel clave. Como los ácidos no son estables como fármacos, los tienes que constituir en forma de sal para poderlos consumir. Ahí entra en juego el litio. Cuando dio urato de litio a los cobayos vio que estos se tranquilizaban. Pero básicamente lo que hizo fue intoxicar a las cobayos», explica Vieta.

Cuando Cade les dio urato de litio a los pacientes comprobó una mejora que atribuyó al ácido úrico, no al litio.

«Pero luego, cuando probó con otras sales, no obtuvo el mismo resultado, y fue inteligente y dedujo que había sido el litio el que había mejorado a sus pacientes», añade Vieta.

Litio en sangre

«Yo comencé pensando que iba a escribir una biografía de Cade, pero a medida que investigaba supe, por ejemplo, que el mismo Cade había puesto en pausa su trabajo debido a que sus pacientes se enfermaban. Y otra gente tomó la posta. Entonces decidí hacer la historia de un descubrimiento científico, de gente que aprendió de otra gente», le dice a BBC Mundo Walter Brown.

A pesar de que los 10 pacientes iniciales del psiquiatra australiano mostraron mejorías en su salud mental, muy pronto algunos de esos pacientes sufrieron severas intoxicaciones y el mismo Cade consideró que el litio era peligroso y no debía ser recetado.

Prueba de sangre

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Los pacientes bipolares tratados con litio deben hacerse exámenes de sangre regulares.

Pero entonces, otros médicos en Australia, como Edward Trautner, comprobaron que se podía medir la cantidad de litio en la sangre de los pacientes y así evitar la intoxicación.

Como le dijo a BBC Mundo Ricardo Corral, presidente de la Sociedad Argentina de Psiquiatría, existe una «ventana terapéutica», en donde -en el mínimo- el litio no es efectivo y -en el máximo- es tóxico: «Y además de hacer la evaluación de los efectos terapéuticos y los colaterales, el análisis de sangre nos permite saber si el paciente cumple o no cumple el tratamiento».

Para el psiquiatra Vieta, este progreso llevado a cabo por Trautner y su equipo es otro gran avance en la psiquiatría que le debemos al litio:

«El litio obliga a monitorizar los niveles plasmáticos del fármaco. Eso hace que hacer análisis de sangre a los pacientes psiquiátricos tenga sentido. Introduce, de alguna forma, más medicina en la psiquiatría».

Pero al mismo tiempo que en Australia descubrían cómo lidiar con la toxicidad del litio, en Estados Unidos esta toxicidad iba a llevar al gobierno a retirarlo de todas las farmacias, las tiendas y hasta de una conocida marca de gaseosa.

Temor a la intoxicación

Así como hoy queremos reemplazar los combustibles fósiles por baterías de litio para impulsar nuestros vehículos, hace 70 años alguien pensó que sería una buena idea usar el litio para reemplazar al sodio, otro metal alcalino que se encuentra presente en la sal marina y, por lo tanto, en el salero de todas las cocinas.

Un consumo excesivo de sodio, como nos han dicho siempre nuestros médicos, puede llevar a la hipertensión arterial, los problemas cardíacos e insuficiencias renales.

«En los últimos años de la década de los 40, la gente en EE.UU. comenzó a utilizar cloruro de litio como un substituto de la sal para aquellos que debían llevar una dieta baja en sodio. Y una gran cantidad de ellos se intoxicó, se envenenaron y algunos murieron», recuerda Brown.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) prohibió el litio y su uso en otras sustancias. Incluso fue retirado de la gaseosa 7 Up, de la que era ingrediente (el nombre original de la bebida era «Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda»).

«La FDA envió a sus agentes a retirarlo de los anaqueles de las farmacias, pero ese temor a la toxicidad del litio permaneció en la mente de los doctores y del público en general», dice Brown a BBC Mundo.

Persona desesperada

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Las personas que padecen el trastorno bipolar y no se tratan tienen mayores posibilidades de cometer suicidio que otras enfermedades mentales.

Esto contribuyó, según este psiquiatra, a que el litio no se prescriba para la bipolaridad en EE.UU. en la misma medida que en otros países. Pero no es el único factor:

«También, en este país, un buen número de empresas farmacéuticas vendió de forma contundente otras drogas para tratar este trastorno, con un marketing agresivo y una gran promoción. Y esto tuvo un gran efecto en el consumo de litio. Por eso se estima que en EE.UU. sólo el 10% de los pacientes que podrían beneficiarse del uso del litio realmente lo utilizan, mientras que en otros países, como por ejemplo en Europa, su uso es del 50%», dice Brown. Eduard Vieta coincide con esta explicación y agrega nuevas causas a esta desconfianza.

«El litio es un medicamento huérfano desde la perspectiva del marketing y del negocio. Y hay otro factor que es la litigación. Hablamos de un fármaco antiguo, con poco glamour, pero como todavía requiere un cierto cuidado, entonces -si un paciente se te intoxica accidentalmente- te puede demandar».

Niño toma una 7 Up en 1953

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. A inicios de la década del 50 el litio dejó de ser utilizado como ingrediente de la gaseosa 7 Up.

Sin embargo, como explica el psiquiatra Ricardo Corral, el litio sirve no solamente para estabilizar al paciente sino para evitar uno de los mayores peligros para aquellos que padecen el trastorno bipolar.

«Además de mejorar el estado de ánimo, tanto en la manía, como en la depresión, el litio reduce el riesgo de suicidio», explica el psiquiatra argentino.

Suicidio, megalomanía y creatividad

El trastorno de bipolaridad, explica la periodista Douwe Draaisma en la revista Nature, afecta a una de cada 100 personas a nivel global y, si no se trata, se vuelve un ciclo constante de euforias y depresiones, por eso, el riego de quitarse la vida es tan alto.

«Las tasas de suicidio para pacientes sin tratamiento son entre 10 y 20 veces superiores al resto de la población», escribe Draaisma.

«Es la enfermedad a la que se asocia mayor riesgo de suicidio. Es verdad que hay mayor cantidad de suicidios por la depresión común, porque esta depresión es más frecuente, pero tener el trastorno bipolar conlleva un riesgo más alto que cualquier otra enfermedad», ratifica Vieta.

Pero incluso sin llegar a quitarse la vida en plena depresión, los pacientes de este trastorno puede sufrir grandes riesgos en los momentos en que parecen entusiastas y animados.

Como explica a BBC Mundo la psiquiatra Iria Grande, secretaria de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, en los episodios maníacos más agudos, el estado de euforia puede llevar a la gente a gastarse muchísimo dinero o a tener delirios megalomaníacos.

«Es decir, piensas fuera de la realidad y crees que tienes unos poderes que no necesariamente son reales, como tener conexiones con Dios o ser el salvador del mundo».

Como el paciente Mr. G, que pensaba que podía entrevistarse con el presidente de EE.UU.

Lápices

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Aunque no se ha definido exactamente la razón, el vínculo entre la creatividad y la bipolaridad tiene varios ejemplos históricos.

Pero no todo es tan oscuro como el suicidio o el delirio. Esta enfermedad, como explica el psiquiatra Edward Vieta, ha sido vinculada a la creatividad de compositores, artistas, poetas y escritores:

«Si miramos figuras históricas, hay muchísimas, algunas muy bien documentadas y otras que son diagnósticos de sospecha. (Robert) Schumann, por ejemplo, murió en un psiquiátrico, y tuvo claramente episodios maníacos y depresivos, hasta el punto que vemos que sus composiciones se agrupan en unos años en los que él está hipomaníaco, con mucha energía, y en otras épocas no compone nada, porque está con depresión».

Grande recuerda otro caso histórico del vínculo entre creatividad y bipolaridad:

«Un caso muy claro es Virginia Wolf, quien hacía episodios depresivos muy graves y cuyas manías eran una pequeña euforia; no llegaba a tener pensamientos que no calzaban con la realidad, pero se relaciona mucho su productividad con estos episodios de hipomanía. Y en los episodios de depresión no era nada creativa».

Atardecer de litio

Brown ha descrito el descubrimiento del litio como el más relevante en la historia de la psiquiatría del siglo XX.

«Luego, en los años 50, surgieron otras drogas psiquiátricas como las usadas contra la esquizofrenia, y al final de esa década antidepresivos, pero el litio fue el primero», le dice a BBC Mundo.

Vieta prefiere hablar de tenis:

«Es como cuando coinciden un Federer, un Nadal y un Djokovic. En el caso de la psiquiatría es el litio, la clorpromazina -el primer antipsicótico- y el primer antidepresivo. El primero seguramente fue el litio, pero el que tiene un impacto brutal en la historia de la psiquiatría es la clorpromazina, que se introduce en los psiquiátricos y permite dar el alta a centenares de miles de pacientes».

Tom Wolfe

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. En 1996 el periodista Tom Wolfe consideró que el litio implicaría la superación del psicoanálisis.

Curiosamente, en 1996, el periodista estadounidense Tom Wolfe escribió su artículo «Lo siento pero su alma acaba de morir», donde exploraba la revolución de las neurociencias y los fármacos antidepresivos.

En el mismo hacía referencia a John Cade y consideraba su descubrimiento como el gran responsable del fin de psicoanálisis:

«El deceso de las teorías freudianas puede ser resumido en una sola palabra: litio», escribió el siempre controversial Wolfe.

Pero aunque el litio no terminó con el psicoanálisis, cambió la vida de miles de pacientes desde 1949, algunos desde una edad temprana, otros -como escribe el poeta estadounidense Robert Lowell- cuando mucho del daño de la enfermedad ya estaba hecho:

«Perturba pensar que he soportado y causado tantos sufrimientos porque faltaba un poco de sal en mi cerebro, y que si se hubiesen conocido antes los efectos de esa sal, si me la hubieran administrado antes, podría haber tenido una vida feliz o en todo caso una vida normal en vez de esta larga pesadilla».

Imagen de portada:GETTY IMAGES. El trastorno bipolar provoca episodios en los pacientes, en los que pueden estar muy deprimidos o muy eufóricos.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Matías Zibell. Junio 2022

Sociedad/Salud/Salud Mental

 

 

 

 

 

 

 

 

Qué dice la ciencia de las personas con psicopatía (y por qué tienen poco que ver con lo que muestran las series policíacas).

En cualquier día, millones de estadounidenses (como tantos otros millones en el mundo) se acomodan a ver sus programas policiacos preferidos. Ya sea «FBI» en CBS, «Dexter», «Mindhunter» en Netflix, «Killing Eve» en la BBC, repeticiones de «La ley y el orden», o cantidades de otros shows parecidos, atraen una gran audiencia con sus vívidos retratos de villanos cuyos comportamientos son desconcertantemente crueles. Me confieso: soy parte de esa audiencia. Hasta mis estudiantes se burlan de la cantidad de crimen que yo -una investigadora que analiza el comportamiento criminal- veo por televisión.

Justifico mis horas dedicadas a la TV como trabajo, que provee material para mis clases universitarias y para mis seminarios sobre la naturaleza de la mente criminal. Pero también estoy cautivada por los personajes de estos dramas, a pesar de -o debido a- lo poco realistas que tantos son.

Uno de los tipos de personalidad más comunes de los programas policíacos en TV es el de psicópata: la persona que comete asesinatos brutales, actúa irresponsablemente y se muestra gélidamente impávida ante los agentes de la ley: aunque los programas son obviamente ficción, sus tramas se han vuelto referencias culturales familiares.

Los televidentes ven al agente Hotchner en «Mentes Criminales» tildar a cualquier personaje que sea alarmantemente violento como «alguien con psicopatía». Escuchan al doctor Huang en «La ley y el orden: Unidad de Víctimas Especiales» referirse a un delincuente juvenil que atacó a una joven niña como «un adolescente con psicopatía» de quien sugiere que es incapaz de responder a tratamiento.

Estas interpretaciones dejan a la audiencia bajo la impresión de que los individuos con psicopatía son descontroladamente malvados, incapaces de sentir emociones e incorregibles. Sin embargo, extensas investigaciones, incluyendo años de trabajo en mi propio laboratorio, demuestran que las concepciones sensacionalistas de la psicopatía que está en el centro de esas narrativas son contraproducentes y sencillamente equivocadas.

¿Qué es en verdad la psicopatía?

La psicopatía está clasificada por los psicólogos como un desorden de la personalidad definido como una combinación de encanto, emociones superficiales, ausencia de arrepentimiento o remordimiento, impulsividad y criminalidad. Más o menos 1% de la población en general cumple con esos criterios de diagnóstico de la psicopatía, una prevalencia que es casi el doble de la esquizofrenia. La causas exactas de la psicopatía no se han identificado, pero la mayoría de expertos concluyen que tanto la genética como el entorno son factores contribuyentes.

La psicopatía impone un alto costo a individuos y la sociedad en su totalidad. Las personas con psicopatía cometen entre dos y tres veces más crímenes en total que otras que se inmiscuyen en comportamiento antisocial y representan aproximadamente 25% de la población reclusa. También cometen nuevos crímenes tras ser liberadas de la cárcel o supervisión a una tasa más alta que otros tipos de delincuentes.

Un recluso con traje naranja y número de reo en una celda

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El 25% de la población carcelaria es de personas con manifestación de psicopatía.

Mis colegas y yo encontramos que las personas con psicopatía tienden a consumir sustancias narcóticas a menor edad y prueban más tipos de narcóticos que otros. Además hay evidencia de que la gente con psicopatía tiende a no responder bien a las estrategias terapéuticas convencionales.

La realidad es significativamente más sutil y alentadora que las lúgubres historias en los medios de comunicación. Contrario a la mayoría de las interpretaciones, la psicopatía no es sinónimo de violencia. Es verdad que los individuos con psicopatía son más propensos a cometer crímenes violentos que los que no tienen ese desorden, pero el comportamiento violento no es un requerimiento para un diagnóstico de psicopatía.

Algunos investigadores sostienen que ciertas características clave de la psicopatía están presentes en individuos que no manifiestan comportamiento violento pero que tienden a demostrar comportamiento impulsivo y riesgoso, se aprovechan de otros y muestran poca preocupación por las consecuencias de sus acciones. Esas características pueden ser observadas en políticos, ejecutivos de empresa y financistas.

Lo que la ciencia dice de la psicopatía

Muchos programas policíacos, así como las noticias tradicionales, asocian la psicopatía con la falta de emoción, particularmente de temor o remordimiento.

Ya sea que un personaje esté calmadamente parado al lado de un cuerpo sin vida o esté dando la clásica «mirada psicópata», los televidentes están acostumbrados a ver personas con psicopatía como casi robots. 

La creencia que las personas con psicopatía no tienen emociones está generalizada, no solo entre la gente común sino entre los psicólogos también.

Robert Mitchum y Gregory Peck en "El cabo del miedo"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Aunque los psicópatas son más propensos a cometer crímenes violentos, la violencia no es sinónimo de la psicopatía.

Aquí hay un elemento de verdad: un número considerable de estudios encontraron que individuos con psicopatía exhiben una habilidad reducida de procesar emociones y reconocer las emociones de otros. Pero mis colegas y yo hemos encontrado evidencia de que individuos con psicopatía sí pueden identificar y experimentar emociones bajo circunstancias apropiadas.

En mi laboratorio, estamos realizando experimentos que revelan una compleja relación entre la psicopatía y las emociones. En un estudio, examinamos el supuesto temor de individuos con psicopatía con una simple prueba. En una pantalla, le mostramos a un grupo de participantes la letra «n» y cajas de colores. El ver una caja roja significaba que el participante podría recibir un shock eléctrico; las cajas verdes significaban que no. De manera que el color de la caja señalaba una amenaza.

Cabe anotar que los shocks no eran dañinos, solo un poco incómodos, y este estudio estuvo aprobado por las juntas de revisión para la protección de sujetos humanos. 

En algunas de las pruebas pedimos a los participantes que nos dijeran el color de la caja (forzándolos a concentrarse en la amenaza). En otras pruebas, les pedimos que nos dijeran si la letra era mayúscula o minúscula (forzándolos a concentrarse en lo que no era una amenaza), aunque les seguíamos mostrando la caja.

Pudimos ver que los individuos con psicopatía manifestaban respuestas de temor basadas en sus reacciones psicológicas y cerebrales cuando tenían que concentrarse en la amenaza de recibir un shock. 

Sin embargo, manifestaban un déficit de reacción de temor cuando debían especificar si la letra era mayúscula o minúscula y la caja era una tarea secundaria.

Evidentemente, los individuos con psicopatía son capaces de sentir emoción; simplemente tienen una respuesta emocional mitigada cuando su atención está dirigida hacia otra cosa. Esta es una versión extrema del tipo de procesamiento que hacemos todos. 

En las tomas de decisiones rutinarias, rara vez nos concentramos en emociones explícitas. Más bien, usamos la información emocional como detalle de trasfondo para informar nuestras decisiones. 

La implicación es que los individuos con psicopatía tienen una especie de miopía mental: la emociones están ahí, pero pueden quedar ignoradas si llegan interferir con el alcance de una meta.

Albert Finney interpretando un psicópata en la película "Al caer la noche"

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Según los experimentos realizados, las personas con psicopatía tienen una respuesta emocional mitigada cuando su atención está dirigida hacia otra cosa.

Muchos estudios han demostrado que individuos con psicopatía son excelentes usando la información y regulando su comportamiento si es directamente relevante a sus objetivos; por ejemplo, pueden actuar encantadoramente e ignorar las emociones para engañar a alguien. Pero cuando la información está más allá de su foco inmediato de atención, suelen desplegar comportamiento impulsivo (como abandonar un trabajo antes de tener uno nuevo) y tomar de decisiones indignantes (como buscar publicidad por un crimen mientras son buscados por la policía).

Tienen dificultad procesando las emociones, pero contrario a los personajes de televisión comunes, no son inherentemente de sangre fría. La imagen del asesino impávido se basa en un concepto científico caduco sobre la psicopatía. En cambio, parece que las personas con psicopatía pueden tener acceso a las emociones -solo que las información emocional queda sofocada por la concentración en el objetivo.

Todos pueden cambiar

Una de las falacias más dañinas sobre la psicopatía -en la ficción, en las noticias y algunos antiguos documentos científicos- es que es una condición permanente, invariable. Esta idea refuerza el persuasivo tropo del bien contra el mal, pero los más recientes estudios cuentan una historia diferente.

Los rasgos de psicopatía disminuyen de forma natural con el tiempo en muchas personas jóvenes, desde finales de la adolescencia hasta la adultez. Samuel Hawes, un psicólogo de la Universidad Internacional de Florida, y sus colaboradores siguieron a más de 1.000 individuos desde la niñez hasta la adultez, midiendo repetidamente sus rasgos de psicopatía. Aunque un grupo pequeño mostró altos niveles persistentes de psicopatía, más de la mitad de los niños que al principio tenían altos niveles de esos rasgos tendieron a bajarlos con el tiempo y luego no los manifestaban en la avanzada adolescencia.

Con la intervención adecuada, las perspectivas de mejora son mayores. Estamos encontrando que jóvenes con rasgos de psicopatía y adultos con psicopatía pueden cambiar y responder a tratamientos que están modificados para sus necesidades. Varios estudios han documentado la efectividad de tratamientos específicos diseñados para ayudar a los jóvenes a poder identificar y responder a las emociones. Intervenciones en la crianza de los niños que se concentran en aumentar el calor emocional del cuidador y la ayuda a jóvenes para que identifiquen sus emociones parecen reducir los síntomas y el comportamiento problemático.

Adolescentes en una sesión de terapia

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Con la intervención adecuada los rasgos de psicopatía de jóvenes pueden disminuir y desaparecer.

En una serie de experimentos, hemos investigado videojuegos diseñados para entrenar los cerebros de individuos con psicopatía ayudándoles a mejorar la manera en que integran la información. Por ejemplo, le mostramos a un grupo de participantes una cara y les instruimos a que respondan en base a las emociones que ven y la dirección en que miran los ojos, enseñándoles a que integren todos los rasgos de la cara.

O jugamos un juego en el que le mostramos a los participantes una serie de cartas para ver si detectan cuando variamos las reglas, cambiando qué cartas son las ganadoras o perdedoras. A los participantes no se les dice cuándo sucederá el cambio, así que deben aprender a prestar atención a los sutiles cambios contextuales a medida que juegan. Nuestros datos preliminares muestran que ejercicios de laboratorio como estos pueden cambiar los cerebros y el comportamiento en el mundo real de individuos con psicopatía.

Dichos estudios abren la posibilidad de reducir el daño social y personal causado por la psicopatía. Creo que la sociedad necesita rechazar los mitos que los individuos con psicopatía son fundamentalmente violentos, insensibles e incapaces de cambiar.

El comportamiento de individuos con psicopatía es fascinante; tanto es así que no necesita ser adornado para crear tramas dramáticos. Deberíamos esforzarnos más para ayudar a los individuos con psicopatía para que puedan percibir más información de su entorno y usar más de su experiencia emocional. La cultura popular puede ayudar en lugar de poner trabas a esas metas.

Imagen de portada: El psicópata de la TV es una persona que comete asesinatos brutales, actúa irresponsablemente y se muestra gélidamente impávida.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Arielle Baskin- Sommers.*Arielle Baskin-Sommers es profesora asistente de Psicología de la Universidad de Yale. 

Salud Mental/Medios de comunicación/Ciencia/Televisión/Salud/ Leyes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Qué es el síndrome del acumulador compulsivo, el trastorno mental que te lleva a vivir en medio de objetos inútiles.

Tazas de té, frascos vacíos, latas, muñecos de peluche, contenedores de plástico, CDs… En la casa de Edward Brown uno puede conseguir casi de todo.

Apilados unos sobre otros sin una lógica aparente, los objetos que Edward Brown ha acumulado a lo largo de su vida han hecho de su hogar un lugar difícil de habitar.

«No hay espacio para que la gente se mueva si viene aquí», le dice a la BBC este hombre de 60 años de Blackburn, una ciudad industrial en el norte de Inglaterra.

Reconoce que tiene un problema, pero le cuesta lidiar con él.

«(La tendencia) a coleccionar cosas a veces se me escapa de las manos», dice, «pero el estrés de vivir con ese desorden me pone en ‘modo déjame en paz'».

Brown sufre lo que se conoce como síndrome del acumulador compulsivo, un trastorno mental que genera en quien lo padece una gran dificultad para deshacerse de objetos que para otras personas no tienen valor alguno o son poco importantes.

«Esta dificultad para desechar cosas suele conducir a un considerable desorden, que hace que el espacio habitable sea imposible de navegar» y donde las «habitaciones no pueden utilizarse para el fin con el que fueron diseñadas: no puedes usar la cocina para cocinar o la habitación para dormir», le explica a BBC Mundo Gregory Chasson, psicólogo clínico y profesor asociado del departamento de psicología del Instituto de Tecnología de Illinois, en EE.UU.

Desde papeles de diario, revistas, contendores de comida, zapatos y cables, hasta paraguas o tapitas de botellas. Cosas en buen estado o destruidas por el uso y el tiempo, se transforman en objetos preciados para el acumulador.

Habitación de un acumulador compulsivo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Se trata de una condición que no distingue entre hombres y mujeres, cultura o situación económico-social.

Afecta al menos a un 2,6% de la población mundial, con porcentajes más elevados en personas mayores de 60 años y en aquellas con otros diagnósticos psiquiátricos como ansiedad o depresión, según indica la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Y, la severidad de sus síntomas, de acuerdo a un estudio publicado en el Journal of Psychiatric Research, «ha empeorado notablemente» durante la pandemia de covid-19.

«Como si fuera mi hermana»

Otra característica importante es el fuerte impulso que tienen las personas que padecen este trastorno de adquirir y guardar objetos.

«No es solo el caos que podemos ver sino también esa urgencia de comprar cosas o recoger cosas gratis, o de guardar objetos que llegaron de forma pasiva a su vida», le dice a BBC Mundo Christiana Bratiotis, profesora asociada de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá.

«Los quieren preservar por las creencias que tienen respecto a estos objetos y por la fuerte conexión emocional que tienen con estos».

Bratiotis cuenta que algunos de sus pacientes pueden decirle cosas como por ejemplo: «Esta colección de objetos significa tanto para mí como mi hermana. Y desprenderme de ella sería como cortar todos los lazos con ella».

Cocina de un acumulador compulsivo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Representa parte de su identidad», explica.

A esto se le suma la creencia de que, algún día, pueden llegar a necesitar estos objetos, ya sea para el uso para el que están destinados, para uno alternativo o como parte de un proyecto creativo.

Los peligros de acumular

Los peligros para la salud de no abordar este problema son múltiples y más serios de lo que aparentan, empezando por los físicos.

«La acumulación compulsiva puede dar lugar a todo tipo de ambientes peligrosos: riesgos de incendios, de caídas, de lesiones y un riesgo tremendo de infestación que aumenta la posibilidad de desarrollar enfermedades como el asma», nota Chasson.

En términos de salud mental, deja a quienes lo sufren aislados socialmente: guardan el secreto de una condición «estigmatizada por la sociedad, que lo interpreta como un problema de pereza, inmoralidad o carencia de estándares personales y no lo entiende como uno de salud mental», argumenta Bratiotis.

Continuum

Si bien muchos podemos identificarnos con la tendencia a conservar objetos ya sea porque son bellos, por si acaso, porque nos traen lindos recuerdos o porque pensamos que podemos encontrarle algún tipo de utilidad -desde el punto de vista evolutivo somos en esencia cazadores recolectores y tendemos a traer y conservar objetos en nuestra vida- eso no nos convierte necesariamente en acumuladores compulsivos.

Casa de un acumulador compulsivo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Es importante entender que es un comportamiento y, como tal, «ocurre en un continuum, que va desde leve hasta severo», explica Bratiotis.

¿Cuándo estamos ante un caso de acumulación compulsiva o simplemente frente una persona con «alma de coleccionista»?

«A veces es una línea difícil de trazar», señala Chasson, «pero se convierte en un problema y en algo diagnosticable cuando causa impedimentos o angustia en el individuo o en quienes están a su alrededor».

También cuando la actividad diaria dentro del hogar se ve imposibilitada por el desorden y la acumulación.

Probablemente tengas en tu cabeza la imagen de una vivienda repleta hasta el techo de cosas inútiles, donde no cabe un alfiler, con una montaña de objetos acumulados que apenas deja espacio para que su dueño -una persona de mediana edad o mayor- pase por la puerta.

No es desacertada, pero estos son los casos más extremos, y los que llegan -por razones obvias- a las noticias y programas de televisión.

Para hacerte una imagen más precisa puedes referirte a la foto de abajo, que es uno de los recursos que se utilizan para evaluar cuándo la tendencia a acumular se ha convertido en un problema de salud mental.

Imagenes para evaluar acumulación compulsiva

FUENTE DE LA IMAGEN – FROST RO, STEKETEE G, TOLIN DF, RENAUD S.

Es parte de una serie de imágenes que muestran 9 fotos de una sala, 9 de una cocina y 9 de una habitación, ordenadas de 1 a 9 según la cantidad de objetos acumulados (1 es sin desorden, 9 es el grado más severo).

Provienen de un estudio publicado en el Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment en 2008, e indican que, por encima de 3, estamos ante la presencia de un acumulador compulsivo.

Causas

La acumulación de objetos, sin embargo, es solo la manifestación del problema, la cara obvia.

«Por debajo del desorden, tanto metafórica como literalmente hay partes de este problema que son menos visibles, pero que son no obstante impulsores muy importantes para el desarrollo de este comportamiento», explica Bratiotis.

Hay ciertos rasgos de personalidad -la dificultad para tomar decisiones, el perfeccionismo y la procrastinación- que, cuando se combinan, pueden predisponer a un individuo a desarrollar el síndrome de acumulación compulsiva.

Padre e hijo con una colección de autos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

A diferencia de un coleccionista que conserva y organiza un tipo de objeto muy específico, un acumulador compulsivo guarda todo tipo de cosas que almacena de forma caótica.

«Sabemos que estas personas toman decisiones más lentamente y cuestionan su decisión casi inmediatamente después de tomarla», dice.

No hay una causa única que de lugar a este desorden. «No es solo la biología evolutiva, no es solo la genética, o la neurobiología, pero todas esas cosas juegan un rol», dice la investigadora.

«Sabemos que el cerebro de un acumulador compulsivo funciona de manera diferente», explica Bratiotis y acota que estas diferencias fueron observadas en tomografías computarizadas, realizadas en personas a las que se les pedía realizar tareas que involucraban acomodar y descartar posesiones.

«Entendemos que la combinación de estas causas con algunas experiencias de vida y en particular experiencias alrededor de la pérdida es lo que impulsa este problema», agrega, que pese a volverse obvio en la mediana edad, comienza a desarrollarse en la infancia o en la adolescencia.

«Las investigaciones sugieren que en más del 50% de los casos el problema surge entre los 11 y 20 años de edad», señala Bratiotis.

«Puede manifestarse con cosas como guardar objetos que otros consideran basura, pero sobre todo el proceso de pensamiento y las creencias que hay alrededor de ellos», le dice a BBC Mundo Chasson.

Lo que ocurre es que se vuelve obvio más tarde, añade el psicólogo, porque los niños tienen gente que ordena por ellos y uno no tiene realmente la posibilidad de coleccionar y almacenar cosas hasta más tarde en la vida.

Tratamiento

Hasta la fecha, no hay una cura. Pero el tratamiento más promisorio es la terapia cognitivo-conductual especializada en el trastorno de acumulación compulsiva.

El objetivo de la TCC en sentido amplio es cambiar la forma de pensar de las personas para modificar su comportamiento y mejorar cómo se sienten.

«Los resultados han sido moderados. No son irrelevantes, pero no completamente exitosos», comenta Bratiotis.

Mujer con bolsas de compras.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Algunos acumuladores sienten la urgencia de comprar cosas.

También se busca hacer «intervenciones para reducir la severidad y el impacto de sus consecuencias, y mejorar la calidad de vida (de la persona que sufre el trastorno) y mantener los logros», explica Chasson.

«Y hay otras modalidades como grupos de autoayuda con facilitadores o distintas aproximaciones de grupo», añade.

Asimismo, hay mucho que la familia o los seres queridos pueden hacer para ayudar.

Primero, debes acercarte al problema «con empatía y calidez, en vez de asumir una posición acusatoria, diciendo Yo en vez de Tú», comenta Bratiotiss, dando el siguiente ejemplo:

«Puedes decir ‘Yo estoy preocupada por ti viviendo en esta casa, porque sé que estas pasando por algo difícil y no puedes usar este pasillo porque está bloqueado y yo no quiero te caigas’. Es muy diferente a decir ‘Tú necesitas despejar este pasillo porque te vas a caer'».

Es importante también reconocer que por más buenas intenciones que tengan, los amigos y familiares no siempre son las personas más indicadas para brindar ayuda, añade.

Aún así, pueden ofrecerle al acumulador apoyo para buscar y conseguir una intervención externa.

Entretanto Edward Brown, el acumulador de Blackburn, está luchando por mejorar su situación y ha contribuido a crear un grupo de ayuda en su ciudad, para ayudar a otras personas en condiciones similares.

Él dice que le «emociona apoyar a los acaparadores compulsivos y ver cómo mejoran su vida».

Imagen de portada: Edward Brown tiene conciencia de su problema y está tratando de superarlo y ayudar a otras personas en su misma situación.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Laura Plitt. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Salud Mental

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo cambia el cerebro ante un trauma.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; por favor cliquea donde se encuentre escrito en “azul”. Muchas gracias.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando se produce el trauma?

Salvando las diferencias, podemos decir que el cerebro es una máquina increíble que ejecuta una gran cantidad de tareas, siendo su principal objetivo garantizar la supervivencia y la integridad del organismo. Para hacerlo, pone en marcha una serie de mecanismos, la activación del sistema nervioso simpático y la secreción de hormonas de estrés que desembocan en una respuesta de huida o de confrontación, todo con el fin de suprimir una amenaza.

Seguramente, bajo determinadas condiciones, habrás sentido cómo tu corazón late muy fuerte. Tu cerebro produce cambios en determinadas variables, como la tensión arterial o la frecuencia cardiaca, que preparan a tu cuerpo para luchar o huir, y así ponerte a salvo. Se trata de una estrategia efectiva que garantiza la supervivencia de los organismos y les lleva a superar grandes amenazas.

El problema surge cuando interpretamos que esa amenaza es demasiado grande para salvarla con las opciones con las que contamos. Este tipo de situaciones son cada vez más frecuentes, pues nuestro estilo de vida en ocasiones hace imposible alejarnos de la fuente de la amenaza, al tiempo que nos expone a experiencias de carga emocional negativa de alta intensidad.

Cuando la amenaza se mantiene, los mecanismos del cerebro también intentan encontrar una salida, consumiendo en el proceso una buena cantidad de energía. A continuación, veremos los cambios orgánicos más significativos que se producen en estas situaciones.

La amígdala cerebral, nuestro centro de operaciones emocional

La amígdala es una estructura cerebral formada por un grupo de neuronas que está ubicada en la parte más profunda de los lóbulos temporales y que cumple la función de procesar reacciones emocionales y contribuir a la creación de recuerdos asociados a dichas reacciones. Se activa al momento de experimentar una emoción y genera aprendizajes que la vinculan con el suceso que la ocasionó.

Gracias a esta estructura, podemos aprender qué situaciones nos producen alegría y cuáles nos causan enfado o alegría. También participa en el procesamiento del miedo y, por lo tanto, es clave en la activación del sistema de respuesta ante una amenaza y la puesta en marcha de la respuesta de huida o lucha.

Cuando una experiencia llega a ser traumática, la respuesta de la amígdala es intensa y sostenida, lo cual hace que la respuesta de miedo sea más fuerte y acaba inundando el aprendizaje emocional relacionado al evento.

El cerebro se volverá más propenso a interpretar el contexto como una amenaza, responderá con mayor intensidad y le restará peso a contenidos emocionales positivos. Aunque el evento traumático ya haya pasado, la amígdala actuará como si la amenaza persistiera. Esto transforma el funcionamiento del cerebro y su relación con el medio.

El hipocampo, un escriba de nuestra memoria

El hipocampo es una estructura cerebral que se encuentra al interior del lóbulo temporal. Como curiosidad, su nombre se lo debe a su forma parecida a un caballito de mar, pero es mucho más interesante que eso. Ha sido ampliamente estudiado para conocer sus funciones exactas y se ha descubierto que tiene un papel crucial en la formación de nuevos recuerdos.

Se ha observado que tras una exposición prolongada a estrés emocional, el volumen del hipocampo puede reducirse, se inhibe la creación de nuevas neuronas y la activación de las ya existentes. El estrés producido por una experiencia traumática puede afectar el correcto funcionamiento de esta importante estructura cerebral, generando problemas a los procesos de aprendizaje y de memoria.

A nivel funcional, un hipocampo comprometido dificulta el almacenamiento de nuevos recuerdos y con ello, aumenta el peso de los recuerdos negativos asociados a la experiencia traumática.

La corteza prefrontal, el piloto de la nave

Se trata de una de las partes más importantes de nuestro cerebro. Dentro de sus funciones se encuentran la planeación, la toma de decisiones, la adaptación a convenciones sociales, la interpretación de información, el control de impulsos, la resolución de problemas, entre otras. Su correcto funcionamiento es esencial para la vida cotidiana, la personalidad y el aprendizaje.

El estrés sostenido, producto de una experiencia traumática, puede reducir el volumen de la corteza prefrontal y el número de interconexiones con otras áreas del cerebro. Esto impacta negativamente en la capacidad para resolver problemas y adaptarse a las exigencias habituales del entorno.

Por si fuera poco, la afectación de la corteza prefrontal aumenta la vulnerabilidad ante otras patologías, como los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y enfermedades degenerativas del cerebro.

Un macabro círculo vicioso

Tal vez ya lo has notado a estas alturas. Los cambios en las tres áreas del cerebro descritas no son independientes entre sí. Es común que las distintas áreas del cerebro cooperen para su funcionamiento, por lo cual el daño en una puede impactar en las funciones de muchas otras.

Los efectos negativos en la corteza prefrontal impide resolver problemas y manejar emociones negativas en forma adaptativa. Esto a su vez aumenta la intensidad de la activación de la amígdala por dichas emociones, e interfiere con la función del hipocampo en el almacenamiento de nuevos recuerdos.

El daño producido a nivel cerebral por una experiencia traumática crea un ciclo que lo hace retroalimentarse continuamente.

En conjunto, los cambios producidos en el cerebro por causa del trauma pueden dar lugar a síntomas y trastornos graves:

  • Insomnio.
  • Irritabilidad.
  • Problemas de atención.
  • Dificultades de aprendizaje.
  • Problemas de memoria.
  • Ansiedad.
  • Falencias en las relaciones interpersonales.
  • Reexperimentación de la experiencia traumática.

También pueden ocasionar la aparición de psicopatologías, de las cuales la más evidente es el trastorno por estrés postraumático, pero no se limita solo a él. El compromiso de las estructuras cerebrales por un suceso traumático también puede desembocar en trastornos de ansiedad y del estado de ánimo.

El funcionamiento del cerebro cambia a partir de la experiencia traumática y los efectos negativos pueden continuar afectando las estructuras neuronales. Ante la continua percepción de una amenaza, el cerebro seguirá intentando protegerse, pero al hacerlo terminará causándose más daño. Esto lleva a una conclusión sencilla, pero muy importante a nivel de salud mental y bienestar: el trauma no se arreglará solo.

Una experiencia traumática puede alterar el funcionamiento del cerebro. Al hacerlo puede terminar deteriorando lo que somos y la forma en la que nos relacionamos con los demás.

Al reconocer este tipo de afectación y el peligro que conlleva para nuestro cerebro, es fundamental buscar ayuda. Un tratamiento oportuno puede llevarnos a sobrellevar la experiencia traumática y detener así sus efectos negativos en las estructuras cerebrales. Y gracias a la impresionante plasticidad de nuestro cerebro, podemos guardar grandes esperanzas de una recuperación completa.

Como diría Lisa Simpson, debemos cuidar a nuestro cerebro, pues es el mejor amigo que podemos tener.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa.

FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Salud/Salud Mental

La psiquiatra que trata a asesinos en serie, abusadores sexuales y otros culpables de actos de extrema crueldad y violencia.

La doctora Adshead es psiquiatra forense y durante décadas ha trabajado como terapeuta de personas que se han involucrado en atroces formas de violencia.

Gran parte de su experiencia la ha obtenido trabajando en el hospital psiquiátrico de alta seguridad Broadmoor, en Inglaterra.

Junto a la escritora y dramaturga Eileen Horne, la doctora Adshead es la coautora del libro The Devil You Know: Stories of Human Cruelty and Compassion (El demonio conocido: historias de crueldad y compasión humanas, traducido literalmente al español).

En el libro, Adshead cuenta las historias de once de sus pacientes.

Entre ellos está Tony, un asesino en serie que decapitó a su primera víctima; Zahra, quien disfrutaba prenderle fuego a otras personas; y Ian, quien abusó sexualmente de sus dos hijos.

En entrevista con BBC Mundo, Adshead habla acerca de la complejidad de estas personas y de cómo su trabajo se enfoca en entender qué los llevó a cometer tanta crueldad.

Su apuesta es que entender mejor el comportamiento de estas personas, más allá de simplemente juzgarlas, puede ayudar a prevenir más actos violentos, al tiempo que desafía muchas de las ideas que tenemos sobre la naturaleza humana.

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¿A qué se refiere el título de su libro?

Viene de un proverbio que dice que quizás es mejor conocer tus propios demonios que no conocerlos. Tiene que ver con que si no sabes qué demonios tienes, es posible que te sorprendan o te veas superados por ellos.

Cuando Elieen Horne, coautora del libro, sugirió ese título, me llamó la atención porque sentí que tiene mucho que ver con el trabajo que hago como terapeuta: de cierta manera, lo que la gente hace es explorar sus demonios internos.

Si asumimos que quizás todos tenemos la capacidad de producir gran maldad, aunque afortunadamente la mayoría de nosotros nunca lo hará, la mayoría de nosotros tenemos demonios que necesitan ser explorados.

Mucho del trabajo que hago como terapeuta es abrir un espacio en el que la gente pueda hablar acerca de esos aspectos de sí mismos que son aterradores y capaces que causar gran crueldad.

Al conocer estas historias creo que es casi inevitable preguntarse si uno mismo sería capaz de cometer semejantes actos…

Es cierto… y siempre me he preguntado si esa es una de las razones por las que siempre mostramos a estas personas en los medios. De hecho, la palabra monstruo está conectada etimológicamente con la palabra mostrar.

Hay algo en la forma en que ponemos a la gente en los medios públicos, las redes sociales, los periódicos, la televisión…

Exponemos a estos «monstruos» y pensamos «¡Oh, que bien que estén ahí», creo que eso quizás nos ayuda a sentir que no somos como ellos.

Pero la verdadera preocupación es: ¿será que bajo ciertas circunstancias cada uno de nosotros tendrá la capacidad de hacer algo monstruoso?

Si muchos factores de riesgo se juntan, ¿nos veríamos en capacidad de cometer una crueldad extrema? Esa es una pregunta muy importante.

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¿Y hay respuesta a esa pregunta? ¿Tenemos todos la capacidad de convertirnos en un «monstruo»?

Sí, creo que todos tenemos ese potencial. Si se alinean los factores de riesgo correctos, sí, somos capaces de una gran crueldad.

Usted utiliza el concepto de «entender la crueldad». ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos de la maldad humana a menudo se reduce al hecho de ser cruel con otras personas.

Creo que las cosas que tendemos a considerar más malévolas involucran infligir, de manera deliberada, crueldad sobre personas que son extremadamente vulnerables.

Entonces, en mi trabajo, suelo enfocarme particularmente en ayudar a las personas a explorar cómo pudieron llegar a ser tan crueles con otra persona.

Lo que intento es que ellos exploren, expliquen y articulen los sentimientos, las emociones que subyacen esos actos de gran crueldad.

Y también dice que trata de aplicar una «empatía radical» con sus pacientes. ¿Qué significa eso?

La idea general de empatía tiene que ver con ser capaces de ponerse en los zapatos de otra persona.

Cuando vemos a alguien que está angustiado o molesto tratamos de imaginarnos qué se siente ser esa persona, e incluso podemos llegar a sentir alguna respuesta emocional hacia esa persona.

Seguro te habrás dado cuenta de que si estamos sentados junto a alguien que está acongojado, a menudo nos sentimos tristes, eso es parte de la respuesta empática.

Pero cuando trabajas con personas que han sido crueles y con estados mentales desorganizados, hay una necesidad de crear una distancia, necesitas mantenerte cercano pero también mantener una distancia si quieres llegar a la raíz de las cosas.

Así me surgió la idea de la «empatía radical», porque es una empatía que trata de llegar a la raíz de las cosas, pero tiene también cierta distancia que te permita mantener una perspectiva, no solo de esta persona y lo que hizo, sino de las personas a quienes hicieron daño, de manera que no pierdas de vista a las víctimas.

Violencia

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¿Cree que esa «empatía radical» se podría aplicar más allá de su ámbito profesional, en la vida diaria de las personas?

La empatía radical se ha vuelto una necesidad en mi trabajo, como una manera de mantener una mente abierta y crear espacios para ayudar a estos hombres y mujeres a reconocer su crueldad, pero creo que si yo puedo hacerlo, cualquier persona puede hacerlo. No creo que sea una habilidad muy especial.

Y creo que es muy importante, especialmente en estos tiempos donde parece que tenemos estados mentales muy polarizados, no encasillar a otras personas que son distintas a mí.

Quizás tenemos más cosas en común con esas personas de lo que pensamos, incluso si tienen posiciones políticas distintas, u opiniones sobre las vacunas que uno no comparte.

¿Cuál sería el límite entre tener empatía radical y justificar la crueldad?

En el libro me interesó dejar claro que quienes trabajamos como terapeutas de agresores nunca, nunca, ofrecemos una excusa para lo que ocurrió.

No se trata de buscar excusas, sino de entender y explicar cómo alguien llegó a cometer estos actos.

La violencia que he visto en el ámbito en el que trabajo es altamente inusual, la mayoría de las personas no expresan sus emociones con crueldad, entonces entra más información podamos recopilar acerca de cómo alguien llegó a ese punto, mejor podremos entenderlos, con el fin de manejar el riesgo en el futuro.

Entonces, a todos nos conviene entender esta violencia, pero nadie está sugiriendo que esta explicación sea una excusa.

Por otro lado, las cortes existen para expresar nuestra condena social a personas que son crueles, y eso me parece totalmente razonable, que condenemos esas acciones, ciertamente queremos dejar claro que eso no está bien y que la persona debe responsabilizarse por lo que hizo.

Mi experiencia es mayormente con personas que han cometido asesinatos en momentos en los que no estaban bien mentalmente. Creo que a esas personas les parece útil entender cómo fueron capaces de hacer eso, y, de esa manera, puedan asumir mayor responsabilidad criminal y moral de la manera en que la sociedad queremos que lo haga.

Entonces es un gana-gana.

Violencia

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¿Cuáles son los principales mitos o asunciones que tenemos respecto a las personas que cometen estos actos?

Primero, hay que tener en cuenta que yo no trato a criminales de guerra. No tengo ninguna autoridad o experticia para hablar de lo que ocurre en la mente de personas que instigaron eventos como el Holocausto, por ejemplo.

Aunque me parece interesante que no se haya pensado que esas personas estaban mentalmente enfermas.

Yo solo trato a personas cuya violencia parece estar relacionada con algún tipo de trastorno mental, y en ese grupo particular he notado un par de cosas.

La primera es que muchos de ellos vienen de un ambiente muy trastornado, han sido expuestos a varios tipos de traumas durante su niñez.

En particular, han sido expuestos a violencia física y descuido de forma crónica durante su niñez. Son personas que vivieron con padres que eran violentos entre ellos, que abusaban de sustancias.

Esos factores aumentan significativamente el riesgo de ser violento en la adultez.

Lo otro que he notado es que son personas que han perdido, o nunca han tenido, la capacidad de relacionarse con otras personas.

Esa capacidad del placer en las relaciones sociales es algo que damos por sentado.

Personas como tú o como yo somos capaces de salir y disfrutar un café o dar una caminata con alguien. Esa capacidad es algo que a menudo está ausente en las personas con las que yo trabajo.

Violencia

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Usted también habla de que si bien las cifras muestran que las mujeres son menos violentas, la realidad es mucho más compleja…

Sí, a ver… es un hecho innegable que en números absolutos muchas menos mujeres que hombres actúan de manera violenta.

Los números son incontrovertibles, pero el porqué es una pregunta digna de Premio Nobel.

La respuesta es que hay muchos factores distintos, pero hay dos aspectos que me interesan en particular.

El primero es ¿hay algo en los tipos de masculinidades que se lo ofrecen a los niños y a los hombres jóvenes que hace que aumente el riesgo de violencia?

Y, de forma contraria, ¿hay algo en la feminidad que pueda resultar como un protector para las mujeres?

Lo que he notado trabajando con mujeres es que sus estados de crueldad son muy similares a los de los hombres.

Entonces, no hay diferencia en los niveles de crueldad, la diferencia está en cifras de quienes finalmente llegan a actuar de esa manera.

Entonces, lo interesante es entender cómo pasas de un estado mental a la acción.

Fuego

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¿Es correcto afirmar que hay personas genéticamente violentas?

No, no es correcto. Hay una gran cantidad de investigación en esa área y no hay ninguna evidencia de que haya genes para la violencia, en absoluto.

Lo que sí hay son genes para neurotransmisores que hasta cierto punto podrían contribuir a que una persona se altere.

Puede haber cierta disposición genética a los trastornos del estado de ánimo que pueden contribuir un poco al riesgo, pero eso representa solo un poco del riesgo de violencia.

Otra de la cosas que ha quedado clara es que nuestros genes son modificados por nuestra experiencia.

Una de las preguntas interesantes es, volviendo un poco a lo que mencionaba sobre los traumas infantiles, ¿hay algo en la exposición crónica al trauma durante la niñez que tenga un impacto en cómo los genes de ciertos neurotransmisores se desarrollan?

Eso es una pregunta empírica, pero incluso si pudieras demostrar eso, está tan lejos de cometer un acto violento que no es realmente significativo.

Si queremos reducir la cantidad de violencia en el mundo no lo lograremos mirando los genes de las personas, lo lograremos observando cómo se enfurece la gente, cómo entran en conflictos, cómo las personas comienzan a comprender las mentes de otros.

¿Cree que su trabajo de alguna manera le sirve de algo a los familiares de las víctimas?

He trabajado con muchas personas que han asesinado a sus familiares. A menudo ellos tienen familiares que van a visitarlos al hospital y que mantienen una relación.

Cuando un familiar mata a otro es una catástrofe para toda la familia.

Mi experiencia es que en esas circunstancias muchas víctimas sienten cierta satisfacción de que su familiar esté recibiendo ayuda.

He trabajado en clínicas de trauma y he conocidos víctimas de violencia muy grave que tienen la esperanza de que la persona que lo atacó reciba ayuda.

La gente puede llegar a ser increíblemente generosa en ese sentido, pero también he conocido víctimas que estaban comprensiblemente llenas de rabia y con afán de venganza.

Y eso lo entiendo, sería una locura de mi parte no entender esa reacción.

Túnel

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¿Qué siente usted al tratar a sus pacientes?

Tristeza, tristeza abrumadora.

Mi experiencia como terapeuta me ha dado un nuevo nivel al significado de la palabra tragedia.

Una tragedia es algo que data de los antiguos griegos en la que la persona comete una acción con consecuencias irreversibles.

De esa manera, nunca puedes volver al lugar al que estabas antes. En la vida hay muchas cosas que podemos cambiar y avanzar hacia algo mejor, pero cuando matas a alguien es como si destruyeras un mundo.

Como dice el Talmud «quien mata a una persona, es como si matara a un mundo entero».

Creo que es trágico cuando eso ocurre. Lo es para quien muere y para quienes lo rodean, pero para el perpetrador también lo es porque no puede volver a la vida que tenía antes.

Entonces, para mí la sensación más abrumadora es siempre la tristeza y un sentido de profunda tragedia.

Violencia

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¿Qué lecciones destaca de su experiencia trabajando con sus pacientes?

Hay un buena noticia y es que la violencia muy grave, particularmente por parte de personas con una enfermedad mental, es muy inusual.

Pero, el otro lado de eso es que el hecho de que sea inusual hace que debamos tomarla muy en serio.

Debemos invertir tiempo, esfuerzos y dinero en acercarnos a los problemas que hace que la gente actúe de manera violenta, porque entre mejor lo entendamos, más probable es que tratemos de organizarnos para prevenir que ocurra en el futuro.

A nivel personal, mis pacientes me han enseñado las inmensas posibilidades que las personas cambien para bien.

Que incluso quienes han cometido actos terribles pueden cambiar para bien, no sin pagar un precio, no sin angustia.

He aprendido que en realidad hay poca gente que no logra cambiar si se lo proponen.

Me he visto impresionada y conmovida por el coraje que han mostrado algunas personas que están dispuestas a mirar a sus estados más oscuros y trastornados, están dispuestas a tomar ese riesgo, y creo que eso nos trae esperanzas a todos.

Imagen de portada: GWNEN ADSHEAD. Los pacientes de la doctora Gwnen Adshead son lo que comúnmente la sociedad considera «monstruos».

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Carlos Serrano. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Salud Mental/Violencia doméstica.

 

 

 

 

La relación entre el síndrome del impostor y sentirse «quemado» en el trabajo.

«La gente parece pensar que lo estoy haciendo bien, pero realmente no creo que sea así», dice Fiona, una gerente sénior de unos 40 años que trabaja en la industria de la construcción en Reino Unido.

«Esto siempre me ha hecho pensar que podría estar haciéndolo mejor y que la gente duda de mí».

Fiona, quien se reserva su identidad para proteger su reputación profesional, ha pasado su carrera luchando contra el síndrome del impostor: el temor de no merecer realmente el éxito.

«A pesar de que he llegado a la posición en la que estoy, todavía no creo en mí misma. Otras personas parecen hacerlo, pero no siento que esté justificado», dice.

El estrés de cuestionarse constantemente a sí misma se ha visto agravado por las ansiedades traídas por la pandemia y la presión del trabajo remoto. Fiona ahora se siente «agotada todos los días».

Siente que está mostrando todos los síntomas del agotamiento profesional, incluido el lado emocional. Ha comenzado a «cuestionarse el sentido del trabajo» y el valor que ella aporta «cuando otras personas hacen el trabajo mucho mejor».

El síndrome del impostor es un problema conocido entre los profesionales. Pero los investigadores están cada vez más interesados en el vínculo que Fiona ha experimentado entre el síndrome del impostor y ese otro malestar profesional moderno: el síndrome de desgaste profesional o el sentirse «quemado» en el trabajo.

A medida que el trabajo atraviesa un período de cambios rápidos, comprender cómo estas dos condiciones se alimentan entre sí, y qué se puede hacer para evitar que desestabilicen las carreras será fundamental tanto para el bienestar como para la retención de los empleados.

Un vínculo insidioso

El síndrome del impostor (SI), que también llamado fenómeno del impostor, se manifiesta de manera diferente entre las personas, pero comúnmente hace que alguien tenga la creencia inquebrantable de que es un fraude intelectual, a pesar de toda la evidencia de lo contrario.

Las personas con SI a menudo sienten que necesitan trabajar en exceso y cumplir demasiado en los proyectos para evitar quedar expuestos.

Un hombre con una foto encima de la cara

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Aunque pueden tener grandes logros, es posible que eviten asumir desafíos para no fallar ante los demás. Atribuyen el éxito a la suerte o al trabajo duro, más que a la destreza, y temen que ello los lleve a recibir otras oportunidades en las que podrían tropezar.

Los estudios sugieren que hasta el 70% de las personas han experimentado el SI en el trabajo en algún momento.

Si bien algunas investigaciones sugieren que el síndrome a veces podría ayudar a motivar a las personas a conseguir más logros, también hay amplia evidencia de que el estrés que genera puede ser tan agotador que ejerce una presión intensa sobre la salud mental.

Un estudio de 2016, por ejemplo, mostró que los estudiantes de medicina de EE.UU. con sentimientos de impostor también tendían a demostrar «mayores niveles de cansancio, agotamiento emocional, cinismo y despersonalización», síntomas muy similares a la definición de agotamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y una encuesta internacional reciente entre 10.000 trabajadores realizada por la plataforma de administración del trabajo Asana, en EE.UU., mostró que el 42% creía que había experimentado SI y agotamiento prolongado al mismo tiempo.

Una mujer en una sala de reuniones

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«Cuando ves a una persona que sufre del síndrome del impostor, es más probable que sufra agotamiento profesional. Y las personas que están exhaustas tienen más probabilidades de sufrir el síndrome del impostor», dice el doctor Sahar Yousef, neurocientífico cognitivo que investiga la productividad en el trabajo para la Universidad de California Berkeley.

Yousef dice que es importante tener en cuenta que la encuesta se basó en que las personas hicieran su propia evaluación de agotamiento, un síndrome clínico grave del que la recuperación puede llevar meses.

Pero incluso si algunas personas pueden ser demasiado rápidas para etiquetarse a sí mismas como exhaustas, en lugar de solo muy cansadas y estresadas, es notable que muchas se identificaron con ambos síndromes al mismo tiempo.

No está del todo claro científicamente por qué los dos se superponen cada vez más, dice Yousef, pero un factor clave es que el SI se manifiesta como una tercera dimensión del agotamiento, como lo define la OMS: «sentimientos de ineficacia profesional».

Como en el caso de Fiona, cuando alguien experimenta agotamiento «sientes que, no importa lo que hagas, no es suficiente. Eres la persona ineficaz de tu equipo», dice Yousef. Esto es notablemente similar a la definición del síndrome del impostor, agrega.

Las tendencias perfeccionistas de alguien con SI pueden significar que cada interacción se vuelve intensamente estresante.

El agotamiento puede aparecer después de «cientos, tal vez miles, de ciclos de estrés incompletos», donde el individuo nunca tiene la oportunidad de recuperarse mentalmente de los momentos de presión.

Una mujer con las manos en el rostro

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Clare Josa, fundadora de una consultora de SI y autora de un libro sobre el tema (Ditching Imposter Syndrome) dice que ve un vínculo claro entre el síndrome y el agotamiento, algo que atribuye a que «el mecanismo de lucha, escape o congelación del cuerpo se atasca».

Su reciente estudio, de un año de duración, abarcó a 2.000 trabajadores en Reino Unido y EE.UU. y encontró que el 62% de las personas lidiaba con sentimientos de impostor a diario.

El 18% se describía a sí mismo como alguien que está «de rodillas» por el estrés.

Según sus respuestas a una serie de preguntas de evaluación, se consideró que el 34% de los encuestados corrían un alto riesgo de agotamiento inminente. Concluyó que el SI es «uno de los predictores más importantes de que alguien está o no en riesgo de sentirse agotado profesionalmente».

Josa cree que la correlación se deriva en gran medida de las tácticas que las personas desarrollan para compensar o enmascarar su impostura, como aceptar un trabajo para el que no tienen tiempo con el fin de obtener la aprobación o evitar la promoción porque temen ser expuestos.

Como dijo un colaborador de su investigación: «Siento que si estoy en el centro de atención, todos verán si cometo un error. Así que hago todo lo posible para no ir allí».

Michelle Obama

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Michelle Obama, ex primera dama de Estados Unidos, dijo que sufrió del síndrome del impostor en algún momento.

Alguien que está tan «preparado para buscar amenazas» pronto descubrirá que esto afecta su bienestar y lo empuja al agotamiento, dice Josa.

La prevención es clave

En este momento, dice Anne Raimondi, directora de operaciones y directora de negocios de Asana, su investigación muestra que son los trabajadores de la generación Z los que tienen más probabilidades de decir que están luchando contra el síndrome del impostor y el agotamiento.

Ella atribuye esto a los desafíos únicos para los jóvenes de iniciar carreras durante la pandemia.

Al ser incapaces de observar a los colegas en persona y adaptarse a la dinámica del lugar de trabajo, sin límites claros entre el trabajo y la vida personal, y sin los «momentos de retroalimentación y tranquilidad» que son cruciales para generar confianza profesional, es fácil ver cómo el personal subalterno podría comenzar a sentir que no pertenece a su rol y sentirse abrumado.

Josa dice que si bien los trabajadores más jóvenes pueden expresarse más abiertamente sobre sus conflictos personales, las generaciones mayores también están sufriendo.

Uno de los desencadenantes más importantes que ella ha identificado para el síndrome del impostor es la menopausia para las mujeres, o el ascenso a puestos de alto nivel en el caso de los hombres. Mientras tanto, las madres que trabajan son un grupo de alto riesgo tanto de SI como de agotamiento, agrega.

También hay un cuerpo de investigación que sugiere que los miembros de minorías pueden verse afectados de manera más aguda.

La doctora Kelly Cawcutt, del Centro Médico de la Universidad de Nebraska (EE.UU.), dice que el síndrome del impostor se ha indicado durante mucho tiempo como un factor en las altas tasas de agotamiento entre los trabajadores médicos.

Un chico tapándose la cara

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Pero su investigación sugiere que «los prejuicios arraigados y la falta de diversidad» en la profesión pueden significar que los grupos étnicos minoritarios y subrepresentados se ven particularmente afectados. Se sabe que los médicos negros, por ejemplo, enfrentan un mayor riesgo de agotamiento, en parte debido al estrés de la discriminación.

«Si nos dicen que no somos lo suficientemente buenos, que no somos lo suficientemente inteligentes, que no pertenecemos ahí, o nos hacen sentir así a través de microagresiones, esos sesgos extrínsecos pueden internalizarse», explica, lo que alimenta tanto el SI como, a largo plazo, el agotamiento.

«Aunque hay muchos esfuerzos para abordar esto ahora, estos sesgos aún existen», dice Cawcutt, lo que crea un «ciclo negativo sustancial» para el individuo.

Esto, dice, muestra la importancia de tratar el SI y el agotamiento, y de hecho los sesgos arraigados, no como problemas aislados, sino como fenómenos conectados que, si se van a resolver, deben abordarse juntos.

Una mujer tendida sobre su laptop

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Josa dice que, cuando se trata del individuo, el punto de partida es abordar el síndrome del impostor reconfigurando la respuesta del cerebro al estrés, «para que no tenga esa respuesta inconsciente de lucha, huida o congelación».

Pero para abordar el problema del agotamiento del SI, dice que las empresas deben hacer más para revisar culturas en las que «todo se ha convertido en una emergencia» y en las que las personas se sienten obligadas a rendir más y apretar los dientes ante la adversidad, en lugar de ser honestas sobre su bienestar.

Yousef y Raimondi están de acuerdo en que es fundamental alentar a los trabajadores a construir límites cognitivos en torno a su trabajo para que tengan tiempo de restablecerse mentalmente después de períodos estresantes, rompiendo esos ciclos de estrés.

Los trabajadores más jóvenes, dice Yousef, necesitan ayuda para involucrarse con mentores en el trabajo para que aprendan a encajar, deteniendo esos sentimientos de ser impostor desde el principio.

«La prevención debería ser la clave aquí», dice. «Me encantaría que educáramos a nuestros hijos incluso desde la escuela secundaria sobre lo que sucede cuando trabajas demasiado».

Hombre en la cama, mirando el celular durante la noche

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Pero para personas como Fiona, es más fácil decirlo que resolver el problema en los hechos. Su médico le aconsejó que se ausentara del trabajo, pero teme que hacerlo defraudará a su equipo o solo le demostrará a sí misma y a los demás que la «ascendieron por encima de mi grado».

En cambio, ella se encuentra luchando cada día para «sortear la melaza del trabajo», envidiando a las personas que parecen estar arreglándoselas bien.

«¿No sería una sensación agradable saber que no te debes preocupar por ir al trabajo todos los días?», se pregunta.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC Work Life, Por Anna Jones. Mayo 2022

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