Un visionario…

William S. Burroughs, el profeta más radical que definió nuestro mundo actual

“EL LENGUAJE ES UN VIRUS”

¿Qué tiene en común este célebre escritor de la generación beat con la Organización Mundial de la Salud? 

 Ambos advirtieron del peligro latente para la salud física y mental del lenguaje.

“Esto ya es como Black Mirror”. 

Esta bien podría ser una de las frases más comunes expresadas por el inconsciente colectivo en el último año. El género de las distopías, tanto en la literatura como en la televisión y en las series, no ha dejado de ‘hacer su agosto’. 

Las reediciones de los clásicos de Orwell, Bradbury o Huxley emergen de tanto en cuando en las listas de libros más vendidos, junto a la recuperación de otros tomos menos conocidos por el público general hasta ahora, como “El cuento de la criada” de Margaret Atwood, popularizados a raíz del amplio consumo de las series en ‘streaming’. 

Hay una distopía personalizable a cada caso, y quien no ve un Gran Hermano por todas partes, espiándola hasta para cuando va a ir al baño y colocando ‘microchips’ hipodérmicos (cuando ya lo lleva en el bolsillo todos los días en su teléfono inteligente), acaba enganchado a su soma ideal o creyendo en un ‘Estado profundo’ conformado por estrellas del espectáculo y políticos progres. Quizá una de las campañas publicitarias más geniales de los últimos meses es la que precisamente idearon cuatro estudiantes de publicidad de la escuela Brother Ad Madrid, cuando en una marquesina de autobús de la capital colocaron un espejo con la frase: “Black Mirror 6th Season. Live Now, everywhere” , con el logo de Netflix.

Rubén de Blas en la recreación de un anuncio de 'Black Mirror'. (Brother Ad School)

Rubén de Blas en la recreación de un anuncio de ‘Black Mirror’. (Brother Ad School)En su momento, se viralizó muchísimo esta propuesta, algo normal dadas las circunstancias: era junio de 2020, la época en la que el término ‘nueva normalidad’ estaba en boca de todos y comenzábamos la desescalada hacia un mundo que creíamos que iba a ser totalmente diferente al que habíamos conocido. 

A pesar de que la pandemia no termina de acabarse (curiosa paradoja semántica) y haya dejado tantas muertes y secuelas, la sociedad está esforzándose en volver a la realidad previa a la crisis sanitaria, aunque como es evidente ahora llevemos mascarillas por precaución más que por obligación, mantengamos las distancias de seguridad en los espacios públicos cerrados o revisamos a diario las noticias para saber si es seguro o no viajar a tal sitio, si nos exigen estar vacunados o debemos pasar por una PCR.  

Para Burroughs, el lenguaje invade el cuerpo humano como un virus o un parásito, alineándose hasta sus últimas consecuencias Sin duda alguna, lo que dejaba de manifiesto aquel anuncio es lo que el célebre autor de documentales Adam Curtis llamó “hiper normalización” la tendencia a aceptar y normalizar de que todo está fatal y lo que es peor aún, lo va a estar, ya que nos resulta prácticamente imposible crear, ya no solo imaginar, mundos futuros mejores. No; la realidad, afortunadamente, todavía no es como Black Mirror, aunque el ingenio de los publicistas de colocar un espejo en pleno centro de Madrid nos enseñe nuestra figura apresurando el paso por la calle, haciéndonos protagonistas de un hipotético nuevo episodio que solo existe en nuestra mente.

Sin embargo, hay distopías que fueron creadas con mucha anterioridad a la serie de Netflix y que reflejan con más precisión la política y la sociedad del mundo de hoy en día. 

Uno de los autores que merece la pena releer y que no está incluido entre esa caterva inamovible de autores clásicos de ciencia ficción distópica es William S. Burroughs. 

Presente en los manuales de literatura entre nombres de la generación beat como Jack Kerouac, Allen Ginsberg o Gregory Corso, a menudo se pasa por alto algunas de sus descerebradas profecías y rabiosas proyecciones de futuro, quizás debido a la altanería de su personaje, su grotesca visión del mundo, su heterodoxia narrativa y la profunda escatología que inunda sus textos, plagados de yonkis, sexo promiscuo sin fin y atentados contra la moral dominante.

El lenguaje, los virus, la droga

El autor de “El almuerzo desnudo) (1959), un ‘cocktail molotov-novela’ que llevó magistralmente David Cronenberg a la gran pantalla, lanzó una serie de profecías entre ‘cut-up’ y ‘cut-up’, a modo de sobresalto, exabrupto literario o vómito de palabras difícil de interpretar. 

Sin embargo, desde cierta perspectiva sus predicciones fueron mínimamente más acertadas que las que construyeron de forma rigurosa y científica otros escritores más respetados por el público de masas, como Orwell o Huxley. No hace falta lanzar una proyección de futuro en el que un partido dictatorial llamado Ingsoc totalice todos los aspectos de la vida del ser humano (eso ya lo vimos en el siglo XX en cierto modo) o que toda la población se robotice y aprenda a no desear ni sentir nada, anulando cualquier sentido de libertad.

Tan solo hacía falta atender a lo más esencial, aquello que nos une y da sentido a nuestra realidad: el lenguaje. “Según Burroughs, una infección viral atacó a los homínidos del pre-paleolítico catalizando mutaciones deformantes de las neuronas, del aparato sonoro y de la estructura maxilofacial” El lenguaje es un virus”. 

Esta es la cita con la que bien podría resumirse toda su obra, su ‘lied’ argumental, pues el objetivo de ‘El Hombre Invisible’ (uno de sus seudónimos) con sus novelas y escritos no fue otro que sabotear las formas sintácticas y semánticas, ya que para él la verdadera revolución no tenía una dimensión política o social, sino mental. 

En este sentido, como la droga, el otro gran tema de sus libros, el lenguaje invade el cuerpo humano como un virus o un parásito, alineándose hasta sus últimas consecuencias, poseyendo al sujeto y haciéndole carente de interioridad, pues todo su mundo gira en torno a ese “álgebra de la necesidad” que le hace consumir más y más. 

“La droga es aquí una inoculación de muerte que mantiene al cuerpo en una paradójica condición de emergencia y ralentización, donde el adicto es inmune al aburrimiento”, escribe Adolfo Vásquez Rocca, investigador de la Universidad Complutense de Madrid, en un análisis sobre la obra Burroughs y sus crípticos significados. “Puede estar horas mirándose los zapatos o simplemente permanecer en la cama. Es el contagio definitivo, el de la interioridad intoxicada”.

Burroughs en Tánger en 1956. (Fotógrafo desconocido) Foto: La Felguera.

Burroughs en Tánger en 1956. (Fotógrafo desconocido) Foto: La Felguera.

Al igual que la heroína, el tipo de sustancia a la que más estuvo enganchado el autor junto con el alucinógeno yagé, el lenguaje manipula y transforma a los seres humanos por proceso de contagio. “Según Burroughs, una infección viral atacó a los homínidos del pre-paleolítico catalizando mutaciones deformantes de las neuronas, del aparato sonoro y de la estructura maxilofacial”, sintetiza Vásquez Rocca. 

Sus teorías son muy disparatadas desde un punto de vista científico, cierto. No por ello carecen de valor vital y filosófico, pues tuvo la intención de llevarlas hasta el final. 

La estrategia de este hombre gris de mirada encorvada era precisamente romper con la alienación impuesta por el lenguaje mediante la técnica del cut-up en sus escritos o por acciones concretas enmarcadas en el territorio de la experimentación audiovisual, la investigación acerca del control social y sus posibilidades de romperlo, o el vandalismo callejero que detalló en obras como “Manual Revisado del Boy Scout” (La Felguera, 2016) o en su ensayo de ficción “La revolución electrónica” (Caja Negra, 2009).

Infodemia y pandemia

“Lo primero, necesitas un dispositivo de codificación, una televisión, una radio, dos cámaras de vídeo, una estación de radioaficionado y un simple estudio fotográfico con unos pocos accesorios y actores”, escribe Burroughs.

“Para empezar, mezcla todas las noticias y emítelas en todas direcciones, a las cadenas de radio y grabadoras callejeras. Construye transmisiones de vídeo con noticias falsas y mezclalas con las reales. 

Para las imágenes, puedes usar fotografías antiguas. La ciudad de México podría ser el escenario perfecto de una revuelta en Saigón y viceversa. Una insurrección de Santiago de Chile puede hacerse con imágenes de Londonderry (Irlanda del Norte). 

Nadie notaría la diferencia… mezclas las imágenes de ‘fake news’ con noticias reales. Así, tendrás más ventaja sobre tu oponente, que deberá ocultar sus manipulaciones. Tú no tendrás esa necesidad. En realidad, puedes promocionar que estás escribiendo noticias por adelantado sobre hechos que puedes crear por técnicas que nadie pueda usar. 

Y eso te convierte en noticia… los ‘cut-ups’ podrían inundar los medios de comunicación de masas de engaños”. El lenguaje no es un mero instrumento de inocente utilidad con el que nos comunicamos, sino que permea en el organismo vivo afectando a la salud, como Burroughs avisaba Efectivamente, el Exterminador (otro de sus seudónimos) se está refiriendo a lo que hoy en día todo el mundo conoce como ‘fake news’, un fenómeno que en la época del escritor pudo ser utilizado como recurso de contrainsurgencia, en operaciones militares y por los servicios de inteligencia, pero que hoy en día y debido a la multiplicidad de canales, emisores y receptores que hay en la red, fruto de la autocomunicación de masas, ha adquirido una categoría mucho más notoria en nuestra sociedad. 

A tal punto de explosión ha llegado que los medios de comunicación han comenzado a referirse a esta profusión de noticias falsas como “infodemia”, un término compuesto por las palabras ‘información’ y ‘pandemia’, que sin duda entronca muchísimo con las advertencias e hipótesis sobre el lenguaje que tenía Burroughs, ya no solo con sus técnicas para crear el caos social y político.

“Una infodemia es una sobreabundancia de información, en línea o en otros formatos, e incluye los intentos deliberados por difundir información errónea para socavar la respuesta de salud pública y promover otros intereses de determinados grupos o personas”, define la OMS en una entrada del 23 de septiembre de 2020, con la clara intención de alertar sobre el alto volumen de ‘fake news’ y de teorías de la conspiración que contradecían las versiones oficiales sobre la pandemia que ellos mismos extendieron bajo un aluvión de críticas por su mala gestión. 

“La información errónea y falsa puede perjudicar la salud física y mental de las personas, incrementar la estigmatización, amenazar los valiosos logros conseguidos en materia de salud y espolear el incumplimiento de las medidas de salud pública, lo que reduce su eficacia y pone en peligro la capacidad de los países para frenar la pandemia”. 

Si todavía no se entiende la asociación de ideas que Burroughs hacía entre algo tan físico como es una enfermedad o un virus y algo tan intangible como es el lenguaje que nos une y compartimos, en pleno 2020, más de dos décadas después de su muerte, llega la OMS para ratificar su teoría crítica sobre poder y control social.

Portada de la edición anglosajona del 'Manual revisado del Boy Scout' seguido de 'La revolución electrónica' en la edición de The Ohio State University Press, 2017.

Portada de la edición anglosajona del ‘Manual revisado del Boy Scout’ seguido de ‘La revolución electrónica’ en la edición de The Ohio State University Press, 2017.

El asunto va más allá: el organismo reconoce sus repercusiones en la salud individual y colectiva, pues el lenguaje no es un mero instrumento de inocente utilidad que sirve para que nos comuniquemos, sino que permea en el organismo como la droga a la que estaban enganchados la mayoría de los personajes de Burroughs, les corroe y les destruye, en los casos más visibles inundándose de odio (bajo intereses políticos), pero también diciéndoles cómo tienen que comer, qué tienen que consumir y qué es lo que deben desear. 

No en vano el término que se usa para nombrar a una información o contenido que se comparte mucho en redes sociales es “viral”, el cual hace referencia directa a las enfermedades causadas por un virus. Y no, este concepto no emergió después de la pandemia como infodemia, sino que ya venía de antes.

El ‘cut-up’ informativo más inmediatamente actual

Hace apenas unos días, el periodista Miquel Ramos decidió subir a Twitter un vídeo en el que denunciaba la represión que estaban sufriendo los manifestantes de Cuba por parte de los agentes policiales. Lo curioso es que, en vez de subir imágenes reales de las protestas que están aconteciendo en la isla caribeña, lo hizo con las cargas policiales del 1 de octubre en Cataluña.

La respuesta de los usuarios no se hizo esperar. Muchos de ellos se dieron cuenta de que, efectivamente, los policías llevaban la bandera de España en el uniforme y los manifestantes hablaban catalán. Pero también hubo otros tantos que cayeron en la argucia de Ramos, quien con este curioso experimento demostró lo fácil que es colar una ‘fake news’. La maniobra del periodista, además, encaja casi punto por punto con la técnica de cut-up de Burroughs explicada al inicio del artículo. Ver para creer.

El arma definitiva de Burroughs

Regresando a la vida y obra del escritor norteamericano, cabe preguntarse cuáles fueron las fórmulas que patentó para salir de la tiranía del lenguaje y las formas de control social que el poder establecido desplegaba a partir de este. 

Los esfuerzos del Hombre Invisible pasaron, primero, por la experimentación tanto vital como literaria, trazando líneas de fuga a partir de viajes físicos (sobre todo a Tánger) y mentales (a Interzonas, ese ‘no-lugar’ al que accedía a través de las drogas entre otros muchos métodos), y escabulléndose siempre del formalismo narrativo que heredó de sus influencias literarias anteriores. 

De algún modo, soñaba con redes clandestinas de adolescentes que atentaban contra el poder establecido y los férreos códigos morales que imperaban en aquellos días. 

Su vida conyugal no es tan encomiable: disparó a su mujer en la cabeza jugando a Guillermo Tell después de consumir drogas. Tanto en ‘Los chicos salvajes’ como en ‘El almuerzo desnudo’ podemos comprobar cómo sus personajes entran y salen de la acción de la novela sin permiso, pues la obra entera puede leerse de principio a fin o de forma aleatoria. 

Esto le emparenta con las tácticas que luego desarrollaron los situacionistas franceses más adelante, como “la deriva psicogeográfica” o “détournemen” la cual consistía en hacer una especie de ‘cut-up’ cartográfico, superponiendo un mapa de una ciudad sobre otra distinta o explorando las zonas de la periferia urbana no solo física sino también mentalmente, donde los conceptos de campo y ciudad se funden y la guerra social entre clases se hace más patente. 

La influencia del autor en los movimientos de vanguardia artística y política posteriores es, por tanto, amplísima. Otro hecho biográfico reseñable al final de sus días es su encuentro con Kurt Cobain, del cual dijo que era un muchacho “con una expresión moribunda en sus mejillas”. 

Un acontecimiento sobre el que Servando Rocha escribe en “Nada es verdad. Todo está permitido” (Alpha Decay, 2014). “Él no tenía intención de suicidarse. Por lo que yo sé, ya estaba muerto”, dijo el escritor cuando en 1994 el líder de Nirvana decidió poner fin a su vida.

Sin embargo, y a pesar de todas sus desgracias personales, su lucha incansable contra el lenguaje y su afán de querer dinamitar el orden establecido, vale la pena rescatar las palabras que escribió en la última entrada de su diario, al poco de morir, recogidas en “Agente Provocador”: “No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. 

Solo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. AMOR”.

FUENTE: Alma, corazón y vida – Por Enrique Zamorano

JUEGOS OLÍMPICOS DE TOKIO – El caso de Simone Biles

ANÁLISIS | Simone Biles y los ‘twisties’: cómo el miedo afecta la salud mental y la seguridad física de las gimnastas

(CNN) — Puedes aprender mucho sobre una subcultura por la jerga que desarrolla. La gimnasia tiene mucha jerga en torno al miedo: los “twistys”, el “head casing”, el bloqueo mental, el “bailing”, el “balking”.

La gimnasia es obviamente exigente físicamente con una alta tasa de lesiones. Pero psicológicamente también es extremadamente difícil. Muchas de las técnicas podrían matarte. Cuando Kevin Durant puso mal su pie por unos 2,5 cm en el Juego 7 de las semifinales de la Conferencia Este de la NBA, su tiro valió dos puntos en lugar de tres, y los Brooklyn Nets perdieron en tiempo extra. Cuando el pie de Riley McCusker se alejó por 2,5 cm en su desmontaje de la viga en la Copa Estadounidense de 2017, cayó hacia atrás contra su cuello…

Por cada salto perfecto y flotante realizado en la competencia, se realizan miles en la práctica, muchos de los cuales terminan con raspaduras, choques y cuasi-accidentes inquietantes.

Cuando Simone Biles se retiró como la mayor parte de la final del equipo olímpico, dijo que no fue por una lesión física, sino por su salud mental. Esto no significa que se sintiera triste o que no tuviera con ánimo para competir. Significa que su estado psicológico la puso en un riesgo físico significativo. Si su cerebro no acepta lo que su cuerpo sabe hacer, podría resultar gravemente herida.

El salto de caballo fue el primer evento de Estados Unidos y Rusia en las finales por equipos. Se suponía que Biles competiría en un Amanar, un salto de caballo que se voltea hacia atrás con 2,5 giros. El Amanar ha herido muchas rodillas, pero Biles ha estado compitiendo espectacularmente en el salto de caballo desde que era una joven de 16 años con frenillo en 2013. Pero en los calentamientos se retiró, haciendo solo un 1,5 giros en un salto que se elevó bastante en el aire. En la competición fue peor: 1,5 giros de nuevo, pero con menos altura, lo que obligó a dar un paso profundo fuera.

Un Yurchenko con 1,5 giros vale mucho menos que un Amanar, por lo que Biles anotó solo 13,766. Estados Unidos estaba un punto detrás de Rusia tras el salto de caballo, que suele ser donde las estadounidenses aseguran una gran ventaja. Esto hizo que la posibilidad de ganar el oro fuera muy baja, sin importar qué tan bien se recuperan las compañeras de equipo de Biles.

Biles se retiro del resto de la competencia por equipos. “No confío en mí misma tanto como antes”, dijo Biles a los periodistas en Tokio. “Estoy un poco más nerviosa cuando hago gimnasia. Siento que tampoco me estoy divirtiendo tanto”.

Biles más tarde también se retiró de la competencia individual, nuevamente diciendo que quería concentrarse en su salud mental.

USA Gymnastics dijo que apoyaba su decisión “de todo corazón”, y agregó en su declaración que Biles sería evaluada todos los días.

  • ANALISIS/ El retiro de Simone Biles nos recuerda que es humana y que sigue siendo la mejor de todos los tiempos.

Un caso de los ‘twistys’ (“giros”)

Dijo en la práctica matutina que tenía un poco de “twisties”. Los “twistys” son un fenómeno misterioso: de repente, una gimnasta ya no puede hacer una técnica de giro que había hecho miles de veces antes. Tu cuerpo simplemente no cooperará, tu cerebro pierde la pista de dónde estás en el aire. Descubres dónde está el suelo cuando te golpeas contra él.

Fui gimnasta competitiva durante 10 años, aunque mediocre. Renuncié cuando adquirí 17,8 centímetros de altura y un problema de actitud, además de un miedo paralizante y una falta total de flexibilidad. Desde entonces, he seguido la gimnasia de forma obsesiva y la he cubierto de vez en cuando. Y en marzo, yo misma caí en los twistys cuando arrastré a un equipo de CNN a una clase de gimnasia abierta en Dallas y lancé tristes y pequeños giros completos sobre una espuma.

La gimnasta suiza Giulia Steingruber tuvo “twisties” en 2014. “Cuando quería girar, especialmente en el salto de caballo… no tenía sensación de dónde estaba. Estaba realmente asustada”, dijo Steingruber en un documental de 2016. “Fue bastante difícil para mí, porque no entendía por qué venía y no podía detenerlo. Fue extraño para mí y fue horrible. La sensación fue realmente horrible”.

Tuvo que volver a aprenderlo, comenzando con un simple medio giro en el piso. “Comencé a aprender el giro de nuevo como una niña pequeña”. En 2016, ganó una medalla de bronce olímpica en salto de caballo.

Dar vueltas y girar al mismo tiempo puede ser extremadamente desorientador; no puedes simplemente mirar dónde estás con los ojos. Tienes que sentirlo. Esto es propiocepción, una sensación de dónde está tu cuerpo en el espacio y qué está haciendo.

En gimnasia, esto se llama “sentido del aire”. Y Biles es famosa por lo bueno que es el suyo. “Ella siempre ha tenido un sentido del aire increíble, que es lo que necesitas en este deporte”, dijo su ex entrenadora Aimee Boorman a la revista “Houstonia” en 2015. “No se choca con mucha frecuencia. A otras niñas, simplemente las verás estrellarse, o perderse en el aire. Eso no pasa con ella”.

Su talento natural es la razón por la que su salto de caballo errado fue tan impresionante. Pero su decisión de dar un paso atrás tiene mucho sentido. Cuando comienzan los “twisties”, es difícil saber cuándo desaparecerán. Pero la decisión de Biles de protegerse marca un cambio con respecto a la antigua forma en que funcionaba la gimnasia en Estados Unidos.

  • Simone Biles: “No quería arriesgar una medalla por mis errores…Trato con los demonios que hay en mi cabeza”.

“También tenemos que concentrarnos en nosotras mismas, porque al final del día también somos humanas”, dijo. “Entonces, tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo, en lugar de simplemente salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos”.

En la Copa Estadounidense de 2016, le pregunté a la entonces coordinadora del equipo nacional Marta Karolyi cómo trataba con las atletas que sentían miedo. Ella me dejó boquiabierta, diciendo que a nivel de élite el miedo ya no es un problema.

Esto, obviamente, no era cierto. Cuando The New Yorker le preguntó en 2016 por qué no probaría un salto de caballo de doble frente con resorte de mano, llamada Produnova, Biles dijo: “No estoy tratando de morir”. Pero muchas gimnastas de élite han descrito la presión de nunca mostrar debilidad bajo Karolyi.

“Bailing”, “balking” y “headcases”

Un poco más de jerga: “bailing” (que traduciría rescate) es cuando dejas de hacer una técnica en el medio de esta antes de haberla hecho toda, como hacer un solo giro en lugar de un doble.

“Balking” (que traduciría rechazo) es cuando vacilas o dejas de hacer la técnica antes de que realmente comience, especialmente peligroso en los giros hacia atrás, porque a menudo el impulso no se detiene sino que se ralentiza y puede hacer que te estrelles contra tu cuello o cabeza. (El béisbol también tiene este término, pero tiende a conllevar menos riesgo para la columna.)

Un bloqueo mental es cuando una técnica se convierte en una fijación y no puedes obligarte a hacerla, incluso si es relativamente fácil.

Un “headcase”, que es casi un insulto en la gimnasia, es cuando una gimnasta talentosa colapsa en la competencia.

En los campeonatos nacionales de 2011, Gabby Douglas rechazó dos veces el desmontaje de la viga: dos muelles traseros en una doble pirueta. Después del primer “balk”, que provocó gritos entre la multitud, se puede ver a un entrenador señalar la viga para decirle que vuelva a subir.

En las Olimpiadas de 1996 en Atlanta, Kerri Strug aterrizó un salto de caballo en una pierna cuando Estados Unidos ganó su primera medalla de oro por equipos en gimnasia. Esto es recordado por la gente común como un momento glorioso de heroísmo deportivo, pero en el mundo de la gimnasia, es más matizado. En realidad, Estados Unidos no necesitaba la puntuación de Strug para ganar el oro.

En Athlete A, un documental sobre cómo el exmédico del equipo Larry Nassar pudo salirse con la suya con sus delitos de abuso sexual durante tanto tiempo dentro de la gimnasia de élite, la campeona nacional de 1986 Jennifer Sey argumenta que las gimnastas fueron entrenadas bajo el sistema de Karolyi para ser perfectamente obedientes. Sobre el salto de caballo de Strug, Sey dijo: “Todo el mundo la anima como esta heroína, y todo lo que podía pensar era, ‘¿Por qué estamos celebrando esto? No finjas como si ella hubiera tenido otra opción… No iba a hacer nada más que ir a hacer ese salto de caballo”.

  • Simone Biles se retira de la final all-around de Tokio 2020 para centrarse en su salud mental.

La cobertura de gimnasia más influyente no proviene de las transmisiones de NBC, sino del podcast Gymnastic, que desde 2012 ha sido implacable en impulsar ideas radicales como que el abuso psicológico de las atletas es malo, que cuidar su salud mental es importante y que las gimnastas de élite no son gordas solo porque tienen pecho.

“Son los Juegos Olímpicos”, dijo Biles a la prensa, “pero, al final del día, queremos salir de aquí caminando, no arrastradas en una camilla”.

FUENTE: CNN – Por Elle Reeve – Psicóloga sobre Biles: “El mundo encima de una chiquita”

“¿Para qué seguir engañando, si tenemos memoria?”

Porqué será que el tema “No llores por mi Argentina?, sigue tan vigente.

Con más de un 70% de pobreza infantil en el Conurbano, comercios y pymes que cierran y millones de trabajadores que no llegan a fin de mes y ahora pagarán retroactivos. Con esa realidad, la política aumentó un 40% sus sueldos. ¿Perdieron el sentido común o el corazón?”. Esa fue la interpretación de Florencio Randazzo de la decisión de aumentar ese porcentaje a los empleados del Congreso –y por ende a los legisladores– de Cristina Kirchner y Sergio Massa (probablemente obligado porque en 2020 había propuesto reducirse los sueldos en pandemia).

Randazzo, con un discurso más parecido a Macri y Bullrich que al peronismo tradicional de Schiaretti y Perotti, hizo una lectura de comentarista popular: “Ellos se aumentan el 40 y a nosotros nos dan el 29”, sin entender que lo último que le preocupa a Cristina Kirchner es cobrar 11% más de aumento en su sueldo de senadora.

Quien sí entendió de qué se trataba fue Artemio López en su columna de ayer en PERFIL y los lectores de Perfil.com, quienes la mantuvieron todo el día como la primera entre las más leídas (leer “La señal de Cristina Kirchner…” ):

  • “La decisión electoral corresponde al 40% de la población integrante de los segmentos medios y medios bajos que vota de acuerdo a la mejora o no de sus condiciones de existencia material”.
  • Y “se observa hoy un 40% de electores aún indecisos allí donde las fronteras ideológicas se tornan líquidas que definirá su voto estrictamente sujeto a la lógica de mejoras socioeconómicas”.
  • “La señal (de Cristina) es tan poderosa, dado que en modo alguno el Gobierno debe promover paritarias por debajo del 40% si es que quiere cumplir con su contrato electoral del año 2019 y que efectivamente los salarios crezcan por sobre la inflación”.

El problema de fondo es que esa promesa es incumplible cuando por la pandemia el producto bruto cayó 10%, como sucedió en 2020 (9,9%), y ya venía cayendo en 2019 y 2018 más de 2% cada año. Muy simplificadamente, si el producto bruto cayó el 10%, es lo mismo que decir que la suma del flujo (lo nuevo) de los dos sectores: el asalariado o el capital, perdió ese 10%.

Queda solo apelar a lo viejo (el stock de lo acumulado: ahorros, capital) y el futuro (deuda). El Estado puede promover una redistribución del ingreso que le dé más a un sector que al otro en los momentos de crecimiento (el 50% para el capital y 50% para el trabajo que demandaba Perón), pero difícilmente se logre cuando las empresas no solo perdieron su rentabilidad, sino su stock –capital–, que en los últimos dos años se les redujo a mitad y en muchos casos se consumió hasta extinguirse.

Aunque incompleta, una medida es el índice Merval que promedia el valor de todas las empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, y era de 700 dólares en 2019 y descendió a menos de la mitad. Esto vale para las empresas más grandes del país, pero la pérdida del capital es aún mayor para las pymes que emplean a la mayoría de los trabajadores argentinos.

Las paritarias regulan los sueldos de los empleados en blanco cuando la cantidad de trabajadores que están en negro o, peor aún, realizan trabajos no mensualizados, son la mayoría. En un país como la Argentina, las paritarias son ya un tema de la clase media. Por lo que es bien probable que Cristina Kirchner piense que la clase baja la votará de cualquier manera y lo que esté disputando ahora sea el voto de la clase media.

En síntesis, no habría mago económico que pudiera hacer que los sueldos le ganen a la inflación después de una pandemia: paritarias con un porcentaje mayor recibirán como respuesta una inflación mayor y su resultado, neutralizarse.

El Estado podrá aumentar las tarifas por debajo del porcentaje de las paritarias y reducir el impuesto a los sueldos, como viene haciendo generando un efecto en el  poder de compra del salario. Pero si las paritarias, en lugar del 29%, van a 40%; la inflación, en lugar del 40%, irá al 50%, y no se alcanzará que los sueldos le ganen a la inflación en momentos de crisis.

Por tamaño, sistema de gobierno, geografía atlántica y tipo de exportaciones, Brasil es el país más parecido a la Argentina. En 2020 su producto bruto cayó 4% y en 2021 crecerá 4% recuperando este año todo lo que perdió con la pandemia el año anterior. La Argentina recuperará este año solo el 60% de lo que cayó el año pasado: caímos diez por ciento y recuperaremos seis. Esos cuatro puntos del producto bruto que quedarán perdidos en el acumulado de estos dos años corresponden la mitad a Macri y la otra mitad a Cristina Kirchner.

Dos por ciento es la caída anual que Macri dejó por arrastre en sus últimos dos años y otro dos por ciento podría asignarse a la falta de confianza que genera el kirchnerismo tratando de encontrar la cuadratura del círculo. Pero a Alberto Fernández le caben ambas responsabilidades: la de no haber podido modificar la inercia de la herencia de Macri y no haber podido anular la influencia negativa de Cristina Kirchner.

Brasil tuvo casi medio millón de muertos por covid contra 80 mil de la Argentina: casi seis veces más muertos con casi 5 veces más población (el equivalente serían 20 mil muertos más en la Argentina). 

A pesar de tener una economía mejor, Bolsonaro perdió las elecciones por priorizar la producción al combate del covid (ahora hasta la Copa América). Falta ver cómo valorará el votante argentino la gestión de Alberto Fernández en el control de daños de la pandemia y cuán efectivas son las críticas de la oposición en ese sentido. La citación de los laboratorios al Congreso y el lanzamiento de la fabricación de Sputnik en la Argentina esperan anularlas. Habrá que ver si lo logra.

FUENTE: Jorge Fontevecchia – Co-fundador de Editorial Perfil – CEO de Perfil Network