Un actor vampirizado por un personaje.

Si por loco, alucinado, tenemos a aquel que se cree Napoleón en Waterloo, sin ser más que un pobre infeliz que languidece en una casa de salud, la locura está tan estrechamente ligada a la interpretación como la silicosis a la minería.

Puede que la única diferencia entre el actor y el alienado consista en que aquél vuelve a ser él mismo cuando el realizador grita “corten” para detener la filmación y la representación finaliza, en tanto que el lunático permanece en su personaje indefinidamente, perdiendo su duelo contra toda Europa si cree ser Napoleón en Waterloo. 

Vaya un ejemplo, Antonin Artaud, todo un mito entre los cinéfilos por sus interpretaciones para Abel Gance y Carl Theodor Dreyer en las postrimerías de la pantalla silente. Fue, además, uno de los grandes visionarios del teatro del siglo XX. Descubrió la poesía dramática —y por ende la interpretación— recluso por sus delirios. Sólo tenía dieciséis años cuando fue ingresado por primera vez en un manicomio.

A la vista de su imagen pública, nadie hubiera imaginado en Philip Seymour Hoffman desorden alguno. Distinguido con el Oscar al Mejor Actor por su creación de Truman Capote en el biopic que en 2005 dedicó Bennett Miller al autor de A sangre fría (1966), Hoffman fue uno de los más destacados intérpretes de reparto de su generación. Sin embargo, cuando empezó a darse vueltas a las causas de su prematuro óbito, se recordó que en la primavera de 2003 ingresó en un centro de rehabilitación para superar su toxicomanía y otras dependencias.

El productor y guionista David Katz, quien encontró el cuerpo sin vida del actor el dos de febrero de 2014, afirmó entonces que el ya finado no había sido el mismo desde que interpretó a Willy Loman, el protagonista de Muerte de un viajante (1949). 

Lo hizo en un montaje de esta celebrada pieza de Arthur Miller estrenado por el también cineasta Mike Nichols, realizador, entre otras cintas de El graduado (1967), Conocimiento carnal (1971) o Armas de mujer (1988). 

Estrenado en el teatro Ethel Barrymore de Nueva York el dos de marzo de 2012, el telón se bajó por última vez sobre aquel drama el dos de junio de ese mismo año. Pero Hoffman ya no era el mismo ni habría de volver a serlo. “Aquella pieza lo torturaba, la tristeza le consumía un poco más en cada una de las funciones”, comentó Katz recordando al difunto. “Hiciera lo que hiciera, sabía que, llegada la hora de levantar el telón, tenía que volver a torturarse a sí mismo y aquello le estaba matando. La interpretación te altera la mente y él interpretaba a diario”.

Sí señor, la personalidad de su personaje —al que podemos definir como un perdedor paradigmático de la antítesis del sueño americano— le había vampirizado de tal manera que, para escapar de ella, había vuelto a sus vicios de estudiante: el alcoholismo y la drogadicción. 

También Antonin Artaud intentó superar sus desequilibrios recurriendo a los hongos alucinógenos, yendo a vivir con los indios tarahumaras, consumidores habituales de peyote, a la Sierra Madre mejicana. 

Regresó a Europa con la razón minada en el 38 y conoció la indigencia en Dublín. Los personajes que le perseguían volvieron a manifestarse y acabó recluido, en un manicomio de Francia, durante los últimos diez años de su vida.

El último viaje de Philip Seymour Hoffman fue con un speedball y no tuvo regreso. 

Speedball llaman los politoxicómanos a ciertas rayas en las que mezclan heroína y cocaína. “Para subir y bajar”, dicen ellos. Hoffman ni subió ni bajó, se quedó en el sitio donde se lo encontró, ya cadáver, David Katz. Su prematuro fallecimiento truncó una de las carreras que se auguraban más brillantes entre las de todos los actores que se dieron a conocer en los años 90. 

Colaborador de los hermanos Coen, Spike Lee, Anthony Minghella y algunos otros de los realizadores más destacados del Hollywood de nuestros días, Hoffman también se prodigó en la escena como actor y director muy aclamado. Es más, fue nominado a los Premios Tony en un par de ocasiones. 

El Willy Loman que acabó costándole la vida, según sostiene la crítica especializada, fue el mejor que se ha visto hasta la fecha. Ni el cine ni las disipaciones, que acostumbran a atribuírseles a los hacedores de la gran pantalla. Puede decirse que en Broadway y en Arthur Miller estuvo el origen de la perdición de Hoffman.

Hijo de Marilyn L. O’Connor, una jueza comprometida en la lucha por los derechos civiles, y un alto ejecutivo, Philip Seymour Hoffman nació en Nueva York en 1967. 

Aún cursaba sus estudios secundarios cuando en 1982 intervino fugazmente en un episodio de la serie M.A.S.H., una comedia de situación sobre un destacamento médico en la guerra de Corea que constituyó uno de los mayores éxitos de la televisión pretérita. Se basaba en la cinta homónima estrenada en 1970 por Robert Altman, todo un hito en el nuevo Hollywood de los años 70: el conflicto coreano en el que estaba ambientada simbolizaba el de Vietnam.

Doce años después, cuando Hoffman descubrió, en uno de los capítulos de la versión televisiva de M.A.S.H. su vocación, la gracia original del argumento había dado paso a las procacidades de la televisión cínica, por así llamar a cierto humor que proliferaba en la antena de entonces. 

Al futuro alucinado le pareció bastante para seguir varios cursos de teatro antes de entrar en contacto con Alan Langdon, un prestigioso profesor de arte dramático en quien siempre reconoció a su mentor.

Licenciado en interpretación por la Universidad de Nueva York, fundó en sus aulas —junto a Bennett Miller y el actor Steven Schub— la Bullstoi Ensemble, primera compañía a la que estuvo ligado. Por aquellos días ya se le conocieron sus adicciones. Sin embargo, deseoso de entrar limpio en la vida adulta, supo superarlas. 

Habrían de pasar más de veinte años, hasta que Willy Loman se cruzó en su vida, antes de que volviera a caer.

Fue otro hito de la pequeña pantalla, Ley y orden —uno de los grandes dramas criminales de la antena de los 90— el que le proporcionó el verdadero debut ante las cámaras. Hablamos de un capítulo emitido en 1991, The Violence of Summer. Bajo la dirección de Don Scardino, Hoffman dio vida allí al abogado Steven Hanauer.

Actor de gran presencia y técnica impecable, no habría de pasar mucho tiempo antes de que la gran pantalla comenzara a reclamarle. 

El charlatán, una comedia al servicio de Steve Martin dirigida por Richard Pearce en el 92, supuso su debut en el cine. A partir de entonces, no volvería a trabajar como tendero, empleo al que tuvo que recurrir en más de una ocasión cuando en los comienzos de su carrera le faltaba trabajo.

Marcado por la inexorable tendencia del Hollywood de nuestros días al remake de los grandes títulos europeos, el de Perfume de mujer (Dino Rissi, 1974) realizado por Martin Brest en 1992 con el título de Esencia de mujer, donde Hoffman recreaba a George Willis Jr., supuso el espaldarazo definitivo. 

A partir de entonces, su carrera avanzó a un ritmo vertiginoso en una filmografía que, empero su prematuro final, se extendió a lo largo de dos décadas. Más de 60 películas la integran. Entre sus muchos trabajos se impone dar noticia del Gary de Cuando un hombre ama a una mujer (Luis Mandoki, 1994), el Scotty de Boggie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997) o el Brandt de El gran Lebowski (Joel y Ethan Coen, 1998).

Mención aparte merece su excelente Freddie Miles de El talento de Mr. Ripley, el remake de A pleno sol (René Clement, 1960) estrenado por Minghella en 1999. En sus secuencias, Hoffman demostró que era uno de esos actores de carácter —su corpulencia y la frecuencia con la que interpretó papeles secundarios le abocaban a ello— capaces de eclipsar a los protagonistas.

Con el nuevo siglo llegaron filmes como Casi famosos (Cameron Crowe, 2000), La última noche (Spike Lee, 2002) y una nueva colaboración con Minghella en Cold Mountain (2003). El reverendo Veasey al que incorporó en aquella ocasión habría de ser otro de sus personajes más recordados.

Ya en la cima, entre sus papeles protagónicos hay que destacar al Andy de Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), donde fue dirigido por Sidney Lumet. 

En su recreación del padre Brendan Flynn de La duda (John Patrick Shanley, 2008) tuvo como oponente a Meryl Streep. Prueba del respeto que Hoffman inspiraba a sus compañeros fue ese Paul Zara, que George Clooney le confió en Los idus de marzo (2011).

Y entonces, Willy Loman se cruzó en su camino. Como nunca quiso dar ninguna noticia de su vida privada, no se supo hasta después de su trágico final que Mimi O’Donnell, la diseñadora de vestuario con la que compartía su vida desde 1999, le echó de casa en 2012 para que los hijos comunes no estuvieran en contacto con la heroína, los camellos y todo lo concerniente al vicio en el que había vuelto a caer su padre. Cuando le preguntaban los amigos, decía que consumía con moderación. Pero no era el caso.

Lo cierto fue que Willy Loman, el viajante de Arthur Miller, un personaje ficticio, lleno de deudas, con sesenta y tres años y unos hijos a quienes se les auguraba un futuro tan desgraciado como el de su padre, le había vampirizado.

Es una verdadera locura que un perdedor imaginario acabe con un triunfador real y verdadero, como fue a dar fe el Oscar que otorgaron al actor por su creación de Truman Capote. Mas en la razón desordenada, en el delirio, no hay explicaciones.

Primero fueron los fármacos recetados; después, la heroína esnifada y fumada, sin parar durante una semana entera. Total, que, en mayo de 2013, Philip Seymour Hoffman ingresó voluntariamente en una clínica de la costa Oeste para desintoxicarse. Diez días después, salió diciendo que lo había dejado y se incorporó a un nuevo rodaje.

No duró ni siquiera un año. El invierno siguiente emprendió su último viaje. 

Su desaparición le impidió terminar la segunda parte de Los juegos del hambre, dirigida por Francis Lawrence, cuya filmación le ocupaba cuando se lo llevó el caballo de la muerte. Mientras Hoffman iba al encuentro de Willy Loman, reescribieron su personaje. En 2015, la película se estrenó sin problema alguno.

Imagen de portada: Philip Seymour Hoffman

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Javier Memba. Editor; Arturo Pérez-Reverte. 18 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Teatro/Cinematografía/Philip Seymour Hoffman

‘Hititas’, la historia de los guerreros de Anatolia.

La guerra, sin duda, ha servido para consolidar el poder entre los hombres a lo largo de la historia. Y, como tal hecho principal, ha contribuido a forjar la historia y su narración a lo largo del tiempo

En lo que hace relación a la cultura Hitita, su significación ha sido alta como pueblo y civilización, situando su influencia hacia el segundo milenio a.C. en adelante, y su área de influencia el medio  Oriente en sentido genérico. A tenor de lo que leemos en el libro (muy preciso en sus fuentes y narrado con rigor y amenidad) su territorio de influencia podríamos resumirlo así: “Un terreno enmarcado dentro de la cuenca del Marassantiya al que hemos llamado patria hitita; ahí se encuentra la capital, Hattusa, y muchos de los centros religiosos y administrativos más importantes (…) Cierta cantidad de estados vasallos repartidos por muchas partes de Anatolia y el norte de Siria (…) A partir de la 2ª mitad del siglo XIV a.C. conocemos dos virreinatos, uno en Carquemis y otro en Alepo (ciudad donde las referencias a este pueblo continúan siempre visibles en el nomenclátor) A mediados del s. XIII a.C. se estableció un tercer virreinato en el sudeste de Anatolia”

Considerando no solamente su gran área de influencia geográfica sobre el terreno, sino la durabilidad de su poder, parece procedente lo que nos resalta el autor, este prestigioso profesor australiano, que ha estado vinculado a la Universidad de Queensland: “Uno de los rasgos más notables del Reino hitita fue que, a lo largo de sus 500 años de existencia, una sola dinastía real fundada a principios del siglo XVII a.C. ejerció el poder supremo de un modo casi ininterrumpido (…) La circunstancia que hace de la longevidad dinástica un hecho notable es que procede de un grupo étnico minoritario en el reino, hablantes de una lengua indoeuropea llamada nesita”

En sentido estricto hemos conocido que la persona del rey era sagrada. Ejercía el poder por derecho divino, pues era el representante de los dioses en la tierra (veamos que esta idea no se aleja mucho de la percepción religiosa de la figura del rey en la España Moderna e Imperial) e intermediario entre ellos y sus adoradores humanos. “El rey ideal debía ser un gran guerrero y demostrar con regularidad sus habilidades en el campo de batalla (lugar donde la crueldad podría adquirir tintes alarmantes como actitud)” La otra gran responsabilidad del soberano consistía en inspeccionar la administración de justicia en su territorio.

Habiendo dos clases bien distinguidas, la clase alta y la plebe, los intereses de ésta estaban cuidadosamente regulados, “pues las leyes se preocupan sobre todo por las actividades y disputas entre la plebe del mundo hitita” De hecho, la colección de leyes hititas es uno de los documentos sociales más valiosos referentes a este período, sobre todo por la luz que derraman sobre la vida y la sociedad en su nivel más modesto, sobre las actividades cotidianas de las gentes que poblaban  el imperio. Cabe  hacer notar que “el incesto se tenía como una práctica especialmente aberrante” En otros casos, la relación sexual era más laxa: “si un hombre tiene una esposa, y él muere, su hermano será el primero para tomarla como esposa; entonces, si el hermano muere, su padre la tomará…” Estaban prohibidos la poligamia y el concubinato, si bien “el rey podía tener varias, o muchas, concubinas aparte de una esposa principal”

Podemos conocer también, gracias a la minuciosa información que el profesor Bryce aporta en su dilatado estudio, que Hattsusili llegaría a ser el gran rey de Hatti, y no a través del proceso habitual de sucesión, sino tomando por la fuerza el trono (Pequeñas flaquezas humanas, diría el irónico) Un rasgo distintivo curioso, y a señalar por lo distintivo en este pueblo, es la posición ocupada por la primera dama. La función principal de la tawananna era oficiar como suma sacerdotisa del reino de Hatti. Eso ya de por sí le otorgaba un poder y una autoridad considerable, pues hablamos de un Estado donde la autoridad secular y la eclesiástica estaban íntimamente entrelazadas.

Mantenida su área de influencia de una manera desigual según las circunstancias, y a sabiendas de que todo protagonismo humano es pasajero, avanzado ya el segundo milenio que fijó su mayor poderío, aparecen en la historia los llamados ‘pueblos del mar’, que habían de debilitar y sustituir el poder dominante: “a principios del siglo XII (donde se data el próximo final del poder hitita) grandes grupos humanos llegaron del mar y barrieron buena parte de Próximo Oriente, desde Anatolia a Chipre y grandes extensiones de Siria y Palestina, dejando a su paso un rastro de destrucción”

Nuevas gentes, pues, nuevas culturas –una vez más- sustituirán a las precedentes para conformarse como nuevos protagonistas de la historia. “Tempus fugit”

Decir, en fin, que, a día de hoy, quien vaya de viaje por la Capadocia, podrá conocer la figura triste, ‘yacente’ en el tiempo pero erguida, del conocido como ‘el castillo de ORTAHISAR’, una auténtica montaña horadada de antiguas viviendas que ha resistido con dificultad el paso (el peso) del tiempo. Allí, en un paisaje lento, hermoso, subyugante, pacen todavía, libres, algunos ejemplares de los afamados caballos hititas, tan cantados en las viejas batallas.

La herencia dejada por este civilización fue notoria y prolongada en el tiempo tanto en el terreno del arte como en el de la escritura. ¿Su lengua tuvo relación con algunas inscripciones de carácter jeroglífico? Sí, desde luego, con la escritura cuneiforme que conocemos en la tablillas. Hoy, al referirnos a dicha cultura, hemos de aludir a vestigios gloriosos, a sabiendas de que las capas de la cultura de un pueblo –sobre todo guerrero- son el precedente de aquellas que las hayan de sustituir y tapar.

El libro, ya queda dicho, es rico en documentación minuciosa y está narrado con verosimilitud y eficacia.

Imagen: Cubierta de portada de “Hititas” Historia de los guerreros de la Anatolia.

FUENTE RESPONSABLE: Culturamas. Por Ricardo Martínez. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Novela/Reseña.

La Técnica de Dalí y Einstein para usar el sueño y aumentar la creatividad ha sido comprobada.

LA CREATIVIDAD HIPNAGÓGICA, CÉLEBREMENTE EMPLEADA POR GRANDES GENIOS CREATIVOS, ESTÁ SIENDO ESTUDIADA CIENTÍFICAMENTE.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea adonde está escrito en “azul”. Muchas gracias.

En la cultura moderna pocas cosas son más valuadas que la creatividad. Una idea brillante, según los esquemas actuales, puede ser el diferenciador de un proyecto o de una vida. Históricamente la creatividad ha sido entendida de diversas maneras, entre ellas, como proviniendo de una dimensión divina o sutil, de una inspiración o de técnicas radicales. 

En este mismo sentido, muchas personas reportan encontrar inspiración creativa en los sueños, pues estos suelen crear flujos de conciencia no ordinaria, que no siguen la lógica cotidiana. 

Pero más allá de la creatividad de los sueños e incluso de los sueños lúcidos, esta la creatividad que nace del estado entre estar despiertos y caer en el sueño profundo, o estado hipnagógico, que más comúnmente puede identificarse con el momento justo antes de quedarse dormido

Este estado liminal, de hecho, ha sido utilizado por algunos de los más grandes genios creativos de la cultura occidental moderna, entre ellos, Einstein, Dalí y Thomas Alva Edison.

Quizá por este notable linaje, la técnica de la creatividad hipnagógica ha sido estudiada recientemente por el Instituto del Cerebro en París. En el estudio en cuestión más de cien personas que tenían una notable facilidad para entrar en el sueño fueron reclutados. Los participantes tenían que descubrir una regla oculta para resolver un problema matemático. 

Los investigadores descubrieron que aquellos que fueron ayudados al presentarles una técnica para entrar en la fase hipnagógica, triplicaron sus posibilidades de descubrir la regla oculta. 

El experimento consistió en pasar 20 minutos descansando en una silla cómodamente con los ojos cerrados mientras sostenían un vaso de plástico en la mano. Cuando el vaso de plástico era soltado, debían inmediatamente decir lo primero que viniera a su mente. Al mismo tiempo los investigadores midieron las ondas cerebrales de las personas para observar si entraban en estado hipnagógico. Los investigadores franceses notaron un patrón de ondas alpha y delta que podría estar asociado a la creatividad.

Esta técnica está inspirada en lo realizado por algunos famosos inventores, artistas y científicos. Edison supuestamente sostenía una bola de metal en su mano mientras se relajaba para una siesta; cuando la bola caía hacía ruido y despertaba. Esto evitaba que entrara en la fase profunda del sueño y le daba alimento creativo.

Dalí famosamente había diseñado un sencillo sistema en el que sostenía una cuchara en su mano o la dejaba pegada a su pecho para que se cayera fácilmente sobre un plato cuando se quedaba dormido. 

El objetivo de esto era producir un sonido que lo despertara –uno imagina que de una forma un tanto armónica que le permitía retomar su ejercicio. Una vez que sucedía esto Dalí reanudaba su divagación y se dejaba ir por el flujo de su mente como un pescador en una balsa. Este sistema le permitía oscilar entre el sueño y la vigilia en un lánguido crepúsculo de imágenes que provenían de su mente subconsciente como peces submarinos que saltaban a la superficie

Albert Einstein, quien famosamente era aficionado a las siestas cortas, según varios reportes, usaba un lápiz con la misma lógica (otros señalan que Einstein usaba en realidad una cuchara). Es difícil decir qué tanta importancia tuvo esta técnica para Einstein, pero es indudable que hay un importante potencial de creatividad en estados que combinan la relajación y la activación de la imaginación. 

Imagen de portada:Salvador Dalí, «La persistencia de la memoria» (1930)

FUENTE RESPONSABLE: pijamasurf. Por Luis Alberto Hara. 26 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Ciencia/Sueños/Creatividad Hipnagógica

 

The Beatles: La canción que tiene una frase ideada por la madre de George Harrison.

Conocé qué tema de The White Album contó con el aporte de Louise French.

Aunque en un principio John Lennon y Paul McCartney eran casi exclusivamente los escritores de las canciones de los Beatles, con el correr del tiempo tanto Ringo Starr como George Harrison fueron ganando terreno en este asunto. Entre todos los temas que Harrison escribió para los Fab Four, hay uno de ellos que destaca por un motivo muy especial y personal para el violero: una de sus frases fue ideada por la madre del guitarrista, Louise French.

El track del que estamos hablando no es otro que “Piggies”, canción que el músico británico escribió en 1966, pero que no vio la luz hasta el 22 de noviembre de 1968, fecha en la que el legendario cuarteto de Liverpool editó el denominado The White Album. Según comenta Far Out Magazine, en “Piggies” el guitarrista “deja ver parte del ingenio notoriamente ácido de Lennon, ya que tentó a Harrison para que incitara directamente al establecimiento político”.

George Harrison.

“Como líder de facto de la banda, Lennon convenció a Harrison para que agregara los nombres de Harold Wilson y Edward Heath, los líderes del Partido Laborista y del Partido Conservador, respectivamente, y el dúo se convirtió en las primeras personas reales en ser nombradas en una canción de los Fab Four”, afirma el citado medio.

“‘Piggies’ es un comentario social”, recordó Harrison. “Estaba atascado en una línea en el medio hasta que a mi madre se le ocurrió la letra: ‘What they need is a damn good whacking’ (‘Lo que necesitan es una muy buena paliza’). ¡Tenía que rimar con ‘backing’, ‘lacking’, y que no tuviera absolutamente nada que ver con policías estadounidenses o promiscuos californianos!”.

Pincha el siguiente link si deseas escuchar la canción.

Piggies (Remastered 2009)

Imagen de portada: George Harrison

FUENTE RESPONSABLE: INDIEHOY. Por Maximiliano Rivarola.

Sociedad y Cultura/Música/The Beatles/George Harrison.

Zenda recomienda: Caminantes, de Edgardo Scott

Martes en Zenda. Martes de literatura de no ficción. Martes, en este caso, de Caminantes. Flâneurs, paseantes, walkmans, vagabundos, peregrinos, un ensayo publicado en España por la editorial Gatopardo en el que el escritor argentino Edgardo Scott (Lanús, 1978) se aproxima a las posibilidades estéticas y políticas del acto de caminar en un contexto cultural en el que la aceleración de los movimientos ha diseminado la potencia de la percepción. 

Recogiendo la estela de autores de comienzo del siglo XX como Franz Hessel o Walter Benjamin, atravesando toda una tradición poética, literaria y musical hasta aterrizar en nuestra contemporaneidad, Scott lleva a cabo una reivindicación del ojo activo durante el paseo.

La propia editorial apunta, acerca de la obra: «Lo cierto es que no se camina nada o se camina poco y mal. Se camina sin ver, sin contemplar, sin abandonarse al paseo», constata Edgardo Scott al inicio de este sugerente ensayo. 

En la era del automóvil, del footing y de las pantallas, el arte de caminar parece en peligro de extinción. Pues caminar es —puede ser— algo más que desplazarse a pie, dar un paso tras otro, ejercitar las piernas por prescripción médica. Como atestigua una larga tradición de escritores, pensadores y artistas a los que Scott convoca, homenajea y sigue en estas páginas llenas de asociaciones canónicas e imprevistas —de san Ignacio de Loyola a Damon Albarn, pasando por Baudelaire, R. L. Stevenson, Borges, Machado y Rosa Chacel—, caminar es una forma de meditación estética y filosófica, de imaginación literaria y política; una forma de escritura y de lectura en movimiento que nos ayuda a descifrar el mundo que nos rodea y también a nosotros mismos».

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Autor: Edgardo Scott. Título: Caminantes. Flâneurs, caminantes, walkmans, vagabundos, peregrinos. Editorial: Gatopardo. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “Caminantes”

FUENTE RESPONSABLE: ZENDALIBROS.COM 27 de septiembre 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Edgardo Scott/Libro recomendado.

 

 

Cinco poemas de Diego Serebrennik

Familia

Hijo corazón,

otro hijo león,

esposa canción.

 

Paseo

Salgo acompañado por el pueblo

y los rojos liquidámbares,

la sinfonía del mar,

el perfume de los pinos

y los almuerzos que se preparan en las casas

están hoy más vivos que nunca.

 

Depresión

Llegó la hora de la depresión, en que el espíritu colapsa y sólo ve los fantasmas de los que uno ahora está hecho: cada persona es un enemigo, cada hecho anuncia un desastre, a cada joven se lo presiente ya decrépito, cada entusiasmo es una tragedia anunciada, cada instante un trozo de infierno que llenar, nada tiene sentido. No me extraña que se desee la muerte.

 

Flores

Vuelan, asesinas de sí mismas,

al cumplir su ciclo,

con su muerte suave.

 

Gestación

Suave en mí se va gestando

un poema que me mece,

pasa una musa volando

y el verso crece.

Su cadencia minuciosa

se va abriendo como un beso,

como se abre una rosa,

casi sin peso.

Y se despliega en el alma

y luego la calma.

 

Imagen de portada: Diego Serebrennik

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Zenda recomienda: Bestia, de Irene Solà

Jueves en Zenda. Jueves de poesía. Jueves, en este caso, de Bestia, el poemario con el que la autora catalana Irene Solà (Malla, 1990) debutó en el panorama literario en el año 2012, un lustro antes de su irrupción definitiva de la mano de dos novelas inapelables: Los diques y Canto yo y la montaña baila. Originalmente editado en catalán —del mismo modo que todos los trabajos de Solà— por la editorial Galerada tras hacerse con el Premi de Poesia Amadeu Oller, Bestia aparece ahora por primera vez en edición bilingüe, con traducción al español de Unai Velasco, en el catálogo del sello La Bella Varsovia.

La propia editorial apunta, acerca del libro: «De una libertad radical nacen estos poemas. Nos llegan de una tierra salvaje e imprevista, en la que se reorganiza la materia y se subleva el cuerpo; en la que el cuerpo reflexiona, y vive y cuenta. Irene Solà se enfrenta al entorno con una mirada cruda y al mismo tiempo vivaz, inquieta y vigorosa, que destruye mientras busca un nuevo orden en las cosas, y que nunca da nada por sentado. Estos poemas irradian una fuerza misteriosa que nos absorbe enseguida: nos requiere.

Irene Solà debutó en la literatura con el libro de poemas Bèstia, que obtuvo en 2012 el Premi Amadeu Oller. Ahora presentamos Bestia en edición bilingüe, incluyendo el original en catalán, y con traducción al castellano del poeta Unai Velasco. Entramos así, con asombro y cautela, en este mundo familiar y extraño que anticipa —en cierto modo— el imaginario de la narrativa de Irene Solà, pero que sobre todo muestra ya una voz personalísima, radical. Habla la bestia: se renueva la potencia de los sentidos. Y la bestia eres tú, que lees y escuchas, tocas, olfateas y reconoces por su sabor estos poemas.

El primer libro de la autora de Canto yo y la montaña baila: una mirada a su mundo poderoso y poético».

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Autora: Irene Solà. Traductor: Unai Velasco. Título: Bestia. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “Bestia”

FUENTE RESPONSABLE: ZENDALIBROS.COM 29 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Irene Solá, libro recomendado.

 

 

9 poemas de Wisława Szymborska

Wisława Szymborska fue una poeta, ensayista y traductora nacida en Kórnik, Polonia, en 1923. Considerada como una de las autoras más singulares de su país, recibió el Nobel de Literatura en 1996. Estudió filología y sociología después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque también a la crítica y al ensayo en diversas publicaciones periódicas, en particular en Vida Literaria. Su primer poema publicado, «Busco la palabra», apareció en 1945 en el Diario Polaco, y fue a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo reconocimiento público. Será con Llamada al Yeti (1957) cuando romperá definitivamente con los preceptos del régimen, en un ajuste de cuentas con su actitud anterior y también con la de la sociedad oficial. A partir de aquel año, en Polonia como en otros países, se inició un fuerte movimiento de rechazo de la imposición soviética y del doctrinarismo comunista, en forma de rebeldía nacionalista. Szymborska optó por la reflexión filosófica y ética, tomando distancia de los debates concretos, y siempre tiñendo de su peculiar humor sus indagaciones poéticas sobre el espíritu humano individual. Sucesivamente fueron apareciendo sus obras de madurez: La sal (1962), Cien alegrías (1967), Todo caso (1972), Gran número (1976) y Gente en el puente (1986), hasta llegar a Fin y principio (1993). Otro de los rasgos de su obra es su facultad para desvelar lo insólito a través de los hechos y los fenómenos aparentemente más insignificantes y cotidianos. Además del Premio Nobel, recibió otros galardones como el Premio Goethe (1991) o el Premio Herder (1995).

***

ENCUENTRO INESPERADO

Somos muy amables el uno con el otro,

decimos que es bonito encontrarse después de tantos años.

Nuestros tigres beben leche.

Nuestros azores van a pie.

Nuestros tiburones se ahogan en el agua.

Nuestros lobos bostezan ante una jaula vacía.

Nuestras víboras se han sacudido los relámpagos,

los monos la inspiración, los pavos reales las plumas.

¡Cuánto hace que dejaron nuestro pelo los murciélagos!

Callamos sin terminar la frase,

sonriendo sin remedio.

Nuestras personas

no saben cómo hablarse.

***

POEMA EN HONOR

Había una vez. Inventó el cero.

En un país incierto. Bajo una estrella

hoy probablemente oscura. Entre fechas

por las que quién juraría. Sin nombre

ni siquiera cuestionable. Sin dejar

bajo su cero ningún pensamiento profundo

sobre la vida, que es como. Ni una leyenda

de que cierto día a una rosa cortada

le agregó un cero y la ató en un ramillete.

Que cuando tenía que morir se fue al desierto

en un camello de cien jorobas. Que se quedó dormido

a la sombra de la palma que se había llevado. Que se despertará

cuando ya todo esté contado

hasta un grano de arena. Qué clase de hombre.

Por la grieta entre el hecho y lo inventado

se escapó nuestra atención. Resistente

a cada sino. Se sacude

cada aspecto que le doy.

Se le adhirió el silencio sin que la voz dejara cicatriz.

La ausencia tomó forma de horizonte.

El cero se escribe solo.

***

VIETNAM

Mujer, ¿cómo te llamas? – No sé.

¿Cuándo naciste, de dónde eres? – No sé.

¿Por qué cavaste esta madriguera? – No sé.

¿Desde cuándo te escondes? – No sé.

¿Por qué mordiste el dedo cordial? – No sé.

¿Sabes que no te vamos a hacer nada? – No sé.

¿A favor de quién estás? – No sé.

Estamos en guerra, tienes que elegir. – No sé.

¿Existe todavía tu aldea? – No sé.

¿Éstos son tus hijos? – Sí.

***

A MI CORAZÓN EL DOMINGO

Gracias te doy, corazón mío,

por no quejarte, por ir y venir

sin premios, sin halagos,

por diligencia innata.

Tienes setenta merecimientos por minuto.

Cada una de tus sístoles

es como empujar una barca

hacia alta mar

en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy, corazón mío,

porque una y otra vez

me extraes del todo,

y sigo separada hasta en el sueño.

Cuidas de que no me sueñe al vuelo,

y hasta el extremo de un vuelo

para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,

por haberme despertado de nuevo,

y aunque es domingo,

día de descanso,

bajo mis costillas

continúa el movimiento de un día laboral.

***

PROSPECTO

Soy un tranquilizante.

Funciono en casa,

soy eficaz en la oficina,

me siento en los exámenes,

comparezco antes los tribunales,

pego cuidadosamente las tazas rotas:

sólo tienes que tomarme,

disolverme bajo la lengua,

tragarme,

sólo tienes que beber un poco de agua.

Sé qué hacer con la desgracia,

cómo sobrellevar una mala noticia,

disminuir la injusticia,

iluminar la ausencia de Dios,

escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.

A qué esperas,

confía en la piedad química.

Eres todavía un hombre (una mujer) joven,

deberías sentar la cabeza de algún modo.

¿Quién ha dicho

que la vida hay que vivirla arriesgadamente?

Entrégame tu abismo,

lo cubriré de sueño,

me estarás agradecido (agradecida)

por haber caído de pies.

Véndeme tu alama.

No habrá más comprador.

Ya no hay otro demonio.

***

EL VIEJO CANTANTE

Él canta hoy así: trala tra la.

Y yo cantaba así: trala tra la.

¿Oye usted la diferencia?

Y en lugar de ponerse aquí se pone aquí

y mira hacia allá y no hacia allá

aunque desde allí y no desde allí

venía corriendo –no como ahora pampa rampa pam,

sino sencillamente pampa rampa pam–

lo inolvidable Tschubeck-Bombonieri,

sólo que

quién la recuerda”.

***

FIN Y PRINCIPIO

Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

***

UN GATO EN UN PISO VACÍO

Morir, eso no se le hace a un gato.

Porque qué puede hacer un gato

en un piso vacío.

Trepar por las paredes.

Restregarse entre los muebles.

Parece que nada ha cambiado

y, sin embargo, ha cambiado.

Que nada se ha movido,

pero está descolocado.

Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,

pero no son ésos.

La mano que pone el pescado en el plato

tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza

a la hora de siempre.

Hay algo que no ocurre

como debería.

Aquí había alguien que estaba y estaba,

que de repente se fue

e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.

Se ha recorrido la estantería.

Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.

Incluso se ha roto la prohibición

y se han desparramado los papeles.

Qué más se puede hacer.

Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,

ya verá cuando aparezca.

Se va a enterar

de que eso no se le puede hacer a un gato.

Irá hacia él

como si no quisiera,

despacito,

con las patas muy ofendidas.

Y nada de saltos ni maullidos al principio.

***

LAS TRES PALABRAS MÁS EXTRAÑAS

Cuando pronuncio la palabra Futuro,

la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,

lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,

creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Imagen de portada: Wislawa Szymborska

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles.

 

8 poemas de e.e. cummings

Edward Estlin Cummings, más conocido como e.e. cummings, fue un poeta nacido en Cambridge (Massachusetts) en 1894. Escribió algunas obras de narrativa y teatro y un libro de crítica, I: six nonlectures, que recopilaba las lecciones que impartió en la cátedra de poesía Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard. Publicó una docena de libros de poesía entre 1923 y su muerte en el año 1962. La recopilación póstuma de sus Complete Poems abarca más de mil páginas. Su poesía se caracteriza por un componente rupturista y experimental, rebelde, personal e inclasificable, tanto que no fue bien entendida ni acogida por la crítica pero sí, en cambio, por los lectores y otros autores, que llegaron a considerarlo un referente fundamental y único a la hora de concebir la poesía norteamericana del mitad del siglo XX. Presentamos una selección de poemas de Buffalo Bill ha muerto (Antología poética 1910-1962) (Hiperión, 1996), con traducción de José Casas.

***

N

SIETE POEMAS

VII

¿quién sabe si la luna no es

un globo que ha partido de una profunda ciudad

en el cielo –repleto de personas hermosas?

(y si tú y yo

nos subiésemos a él, si

nos aceptaran a ti y a mí en su globo,

entonces

nos elevaríamos con todas esas hermosas personas más alto

que las casas, los campanarios y las nubes:

navegaríamos

y navegaríamos hasta una profunda

ciudad que nadie ha visitado jamás, donde

siempre

es

Primavera) y todo el mundo está

enamorado y las flores se cogen solas.

***

LVII

en algún lugar al que nunca he ido, gozosamente más allá

de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:

en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,

o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo

aunque me haya cerrado como unos dedos,

tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera

(tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa

o si tu deseo fuera encerrarme, yo y mi vida

nos cerraremos muy delicadamente, de repente,

como cuando el corazón de esta flor imagina

la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;

nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala

el poder de tu intensa fragilidad: su textura

me domina con el color de sus países,

produciendo muerte y eternidad a cada latido

(no sé qué hay en ti que se cierra

y se abre; pero algo en mí comprende

que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)

nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas

***

10

maggie y milly y molly y may

bajaron a la playa (a jugar un día)

y maggie descubrió una caracola de sones

tan melodiosos que se le olvidaron sus preocupaciones, y

milly ayudó a una estrella varada

cuyos rayos eran cinco lánguidos dedos;

y a molly la persiguió una horrible cosa

que corría de lado haciendo burbujas: y

may volvió a casa con una piedra lisa y redonda

tan pequeña como un mundo y tan grande como solitaria.

Pues sea lo que sea lo que perdamos (como un tú o un yo)

siempre nos encontramos a nosotros en el mar

***

44

los chicos de los que hablo no son refinados

salen con chicas que embisten y muerden

la suerte les importa un pito

se las tiran trece veces cada noche

uno cuelga un sombrero de la teta de una de ellas

otro graba una cruz en su trasero

la inteligencia les importa un bledo

los chicos de los que hablo no son refinados

van con chicas que muerden y embisten

que no saben leer ni escribir

que se ríen hasta reventar

y que se masturban con dinamita

los chicos de los que hablo no son refinados

no saben hablar de esto y aquello

el arte les importa un comino

matan como el que mea

dicen todo lo que se les pasa por la cabeza

hacen todo lo que les sale de los cojones

los chicos de los que hablo no son refinados

cuando bailan hacen temblar las montañas

***

X

cuando hayas recibido tu último aplauso, y

el telón final haga desaparecer el mundo,

sumiendo en el desaliento y en un sombrío silencio

ese escenario que no volverá a conocer tu sonrisa,

y quedes un momento mientras yo te miro

reflexiona en el triste papel que te permitirán representar;

ya veo los grandes labios encendidos, el rostro gris

y los melancólicos y silenciosos ojos de Magdalena.

Las luces han reído por última vez; afuera, la oscura

calle aguarda a aquélla cuyos pies han pisoteado

las necias almas de los hombres hasta convertirlas en polvo dorado:

se detiene en el umbral de la derrota,

su corazón se quiebra en una sonrisa- es el Deseo…

el mío también, pequeño poema pintado por dios

***

VIII

supongamos

que la Vida es un viejo que lleva flores en la cabeza.

 

la joven muerte está sentada en un café

sonriendo, con una mochila entre

el pulgar y el índice.

 

(le digo «comprará flores»

y «la Muerte es joven

la vida lleva pantalones de terciopelo

la vida se tambalea,la vida tiene barba» te

 

digo a ti que estás en silencio. -«¿Ves

la Vida?» está aquí y allí,

es eso,o esto

o nada o un viejo 3 tercios

dormido,con flores

en la cabeza,gritando siempre

a nadie algo sobre les

roses les bluets

sí,

¿comprará?

Les belles bottes -oh escuche

,pas chères»)

 

y mi amor respondió lentamente creo que sí.   Pero

creo que veo a alguien más

 

es una señora llamada Después

está sentada junto a la joven muerte, es delgada;

le gustan las flores.

***

IMPRESIONES 

IV

las colinas

como los poetas se visten

con pensamientos púrpura contra

el

magnífico clamor del

día

torturado

de oro,que en breve

deformado

se desploma

exhalando un alma roja en la oscuridad

así pues

maestro de pardos ojos

cruza

las dulces puertas

de mi corazón y

coge

la

rosa,

que perfecta

es

Con manos asesinas

***

XLVIII

ven un poco más lejos —por qué tener miedo—

ya despunta la primera estrella (¿tienes algún deseo?)

tócame

antes de que perezcamos

(créeme que nada de cuanto se ha

inventado podría arruinar esto o este instante)

bésame un poco:

el aire

se oscurece y está vivo—

vive conmigo en la parquedad de

estos colores;

que solos a duras penas

están siempre fuera del alcance de la muerte.

Imagen de portada: E.E.Cumming

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles.

 

 

 

 

A quién se dirigen los poetas y filósofos, por el filósofo italiano Giorgio Agamben.

La necesidad de plasmar las tribulaciones del alma dio origen a la poesía y la escasez de respuestas ante la grandiosidad de lo que nos rodea originó la filosofía. Ambas disciplinas han acompañado a la humanidad desde prácticamente sus primeros pasos.

En la incesante búsqueda de respuestas, el filósofo italiano Giorgio Agamben se plantea la siguiente cuestión: ¿a quién dirigen los poetas y filósofos sus textos y reflexiones? 

Hace unos años una revista de lengua inglesa pidió que la respondiera en sus páginas, pero nunca fue publicada. A continuación os mostramos el escrito inédito, finalmente publicado el 23 de agosto de 2022, junto con una breve introducción, en su columna Una voce en la web de la editorial italiana Quodlibet:

En todas las épocas, poetas, filósofos y profetas han lamentado y denunciado sin reservas los vicios y carencias de su tiempo. Quienes así se lamentaban y acusaban se dirigían, sin embargo, a sus semejantes y hablaban en nombre de algo común o al menos compartible.

Se ha dicho, en este sentido, que poetas y filósofos siempre han hablado en nombre de un pueblo ausente. Ausente en el sentido de faltante, de algo que se sentía que faltaba y que, por lo tanto, de alguna manera seguía presente. Incluso en esta modalidad negativa y puramente ideal, sus palabras seguían presuponiendo un destinatario.

Hoy, quizás por primera vez, poetas y filósofos hablan —si es que lo hacen— sin ningún destinatario posible en mente. 

La tradicional extrañeza del filósofo hacia el mundo en el que vive ha cambiado su significado, ya no es sólo aislamiento o persecución por fuerzas hostiles o enemigas. La palabra debe ahora hacer frente a una ausencia de destinatario que no es episódica, sino, por así decirlo, constitutiva. 

Es sin destinatario, es decir, sin destino. Esto también puede expresarse diciendo, como se hace en muchos sectores, que la humanidad —o al menos la parte de ella que es más rica y poderosa— ha llegado al final de su historia y que, por tanto, la idea misma de transmitir y legar algo ya no tiene sentido.

Sin embargo, cuando Averroes, en la Andalucía del siglo XII, afirmaba que la finalidad del pensamiento no es comunicarse con los demás, sino unirse con el intelecto único, daba por sentado que la especie humana es eterna. Somos la primera generación en la modernidad para la que esta certeza se ha puesto en tela de juicio, para la que de hecho parece probable que el género humano —al menos lo que entendemos por este nombre— podría dejar de existir.

 

Ilustración de Loui Jover.

 

Sin embargo, si —como estoy haciendo en este mismo momento— seguimos escribiendo, no podemos dejar de preguntarnos qué puede ser una palabra que en ningún caso será compartida y escuchada, no podemos escapar a esta prueba extrema de nuestra condición de escribientes en una condición de absoluta impertinencia. 

Ciertamente, el poeta siempre ha estado solo con su lengua, pero esta lengua era por definición compartida, algo que ya no nos parece tan evidente. En cualquier caso, es el propio sentido de lo que hacemos el que se está transformando, quizás ya se ha transmutado integralmente. Pero esto significa que tenemos que repensar de nuevo nuestro mandato en la palabra, en una palabra que ya no tiene destinatario, que ya no sabe a quién se dirige. 

La palabra se asemeja aquí a una carta que ha sido rechazada por el remitente porque el destinatario es desconocido. Y no podemos rechazarla, debemos tenerla en nuestras manos, porque quizás nosotros mismos seamos ese destinatario desconocido.

¿A quién se dirige la poesía?

Sólo es posible responder a esta pregunta si se entiende que el destinatario de un poema no es una persona real, sino una exigencia.

La exigencia no coincide con ninguna de las categorías modales con las que estamos familiarizados: lo que es objeto de una exigencia no es ni necesario ni contingente, ni posible ni imposible.

Más bien se dirá que una cosa exige otra, cuando, si la primera es, la otra también será, sin que la primera la implique lógicamente ni la obligue a existir en el plano de los hechos. Es, simplemente, más allá de toda necesidad y de toda posibilidad. Como una promesa que sólo puede ser cumplida por quien la recibe.

 

 Ilustración de Loui Jover.

 

Benjamin escribió que la vida del príncipe Myškin exige permanecer inolvidable, aunque todo el mundo la haya olvidado. Del mismo modo, un poema exige ser leído, aunque nadie lo lea.

 

Esto también puede expresarse diciendo que, en la medida en que exige ser leída, la poesía debe permanecer ilegible, que no hay realmente un lector de la poesía.

 

Esto es quizás lo que tenía en mente César Vallejo cuando, para definir la intención última y casi la dedicatoria de toda su poesía, no encontró otras palabras que por el analfabeto a quien escribo. Consideremos la formulación aparentemente redundante: «por el analfabeto a quien escribo». Por no quiere decir aquí tanto «a» como «en lugar de», como Primo Levi decía de dar testimonio por —es decir, «en lugar de»— aquellos que en la jerga de Auschwitz se llamaban los «musulmanes», es decir, aquellos que bajo ninguna circunstancia habrían podido dar testimonio. 

El verdadero destinatario de la poesía es aquel que no puede leerla. Pero esto también significa que el libro, que está destinado a quien no puede leerlo —el analfabeto— fue escrito con una mano que, en cierto modo, no sabe escribir, con una mano analfabeta. La poesía devuelve toda escritura a lo ilegible de donde proviene y hacia dónde sigue su camino.

Imagen de portada: El filósofo italiano Giorgio Agamben.

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta. Por Carlota Solarat. 

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