Fernando QEPD

¿Adónde vas tan ansiosa?
Te noto tan angustiada
que me preocupas, amor mío.

¿Me dices qué?
Que buscas al niño
que nos han arrebatado.

No, mi cielo
no nos lo devolverán,
aquellos que le arrebataron
hasta el último suspiro
de su corta y efímera vida.

Deja de mirar la tele
mediatizada y amarillenta,
que no deja en paz
el alma de Fernando, ni de la nuestra.

Nuestro hijo, vive en nosotros
y solo nos está rogando,
que el efecto clamor de justicia
no se apague y lo acompañemos,
en su lucha desde el más hermoso
paraíso, donde su alma descansa
a la derecha de Dios y sus querubines.

No te desesperes, amor
muchos son ahora Fernando
y no cejaran en sus manifestaciones
reclamando una y otra vez, 
JUSTICIA NO TAN DIVINA.

Difusa y confusa sociedad…

Hace unos meses
venía conduciendo en mi auto
por Sarmiento rumbo a casa,
cuando la vi, bamboleándose
de lado a lado de la acera.

Cinco de la madrugada,
zona de esos boliches
con mucho ruido interior
que junto a las angustias,
el bienvenido alcohol
más la hierba y otras substancias
transportan a los jóvenes,
a salir del hastió y de los limites
que nadie sabe ponerles.

Detuve el auto, baje
me acerque, temblorosa
y totalmente alcoholizada,
la hice sentar junto a una puerta,
temía que alguien la atropellara.

Le hablaba, pero tenía ante mí
solo los despojos
de una bella adolescente,
tonto de mi le pase por su frente
el alcohol en gel que siempre llevo,
acercándolo hasta su nariz,
pero no reaccionaba, hablaba
incoherencias con un temblor
corpóreo que parecía convulsión.

Me quede con ella,
durante tres horas, acompañándola.

Luego se levantó,
Podía mantenerse en pie
Le ofrecí llevarla a su casa.
Me dijo que no y se marchó.

No sé si tendría padres,
pero si así era
como era posible que la dejaran
y no la cuidaran, creyendo
con todo egoísmo,
que dándole unos pesos
se la sacaban de encima
en esta época, en que a algunos
les molesta compartir
la vida que ellos mismos, le dieron.

El valor de la palabra…

Es lunes, llueve con fuerte eco
detrás de los cristales,
pienso en los de siempre
abandonados a su suerte
en las calles de la ciudad,
que muchas veces los ignora.

Ya saque antes a mi mascota,
a medianoche saldré a encontrarlos
a ellos, a los que miran muchos
con indiferencia y los peores, ignorándolos.

Me he acostumbrado desde hace tiempo,
ha acompañarlos en noches de lluvia y frió
compartiendo no solo lo que llevo
sino además la ilusión de un mejor futuro.

Me emociono, cuando me hablan a los ojos
felices, porque alguien escucha sus lamentos.

Y felicidad la comparto hacia mis adentros,
pensando que haré la próxima vez,
para hacerles más amable la vida
que muchos ignorantes les han ajado.

Holocausto global

Cuando la última catástrofe llegue,
será porque la naturaleza harta 
de ser maltratada,
provocara el deceso de todo ser viviente,
nada quedara en el páramo declinante
y no abra arca de Noé, que salve a nadie.

La vida y la muerte, dejaran de existir
y vaya a saber uno, si alguien volverá
a habitar un lugar en donde el respirar
será imposible y en el que no habrá lugar,
ni siquiera para la más pequeña flor.

Que nadie se sorprenda, cuando sepa que
la propia ONU difundió un vídeo en el que afirma
que en el 2050, el calentamiento global
terminará por acabarnos a todos,
o a quienes nos sucedan, nuestros hijos y los siguientes.

Aquella frase de que “el hombre se destruye a si mismo
y a todo lo que lo rodea”, se transformara en realidad
ante la mirada estúpida de un mundo ciego.

Sociedad ciega

Las pulsaciones a mil,

corriendo por la calle

deseando que no lo alcancen.

 

Siente las voces atrás

que le gritan que pare,

pero sabe que si lo hace

la pasara mal, son muchos

buscando revancha,

y cuando ella se produzca

se transformara

en un monstruo demente

que no se detendrá,

buscando destruir

a todo lo que se le ponga enfrente.

 

¿Revancha? ¿Su razón?

Solo haber tenido

un movimiento torpe,

que mancho con unas gotas

la camisa de uno del grupo,

con su propio vaso.

 

Aun pidiendo disculpa,

le ofreció al otro pagarle

el trago, solo recibió la respuesta

de un insulto gratuito,

referido a su color de piel

cobriza propia del origen

de sus padres de clase humilde,

pero mucho más digna

que cualquier otra.

 

Era el, contra diez muchachos.

Seguridad los saco a todos

del local, echándolos

por el creciente disturbio.

 

El estaba con su novia

desde hace un año,

lo alcanzaron y los forcejeos

dieron lugar a los empujones,

una trompada artera voló

y cayó al piso,

solo atino a protegerse

con sus brazos, indefenso.

 

No se conformó la manada,

ávida y embebida en alcohol,

siguió golpeándolo sin piedad

dándole patadas en su cabeza.

 

Cuando lo vieron inmóvil,

se dispersaron, pocos se acercaron

a socorrerlo y cuando lo hicieron

ya estaba en el estertor de la muerte.

 

Hoy lo amarillento de los medios

lo vienen mediatizando hace días,

ahora parece que el morbo

esta puesto en los detenidos

y en dolor no solo de los padres

de Fernando, a quien se le robo su vida

sino también del dolor de los padres

de quienes están entre rejas.

 

Algunos ya pusieron su vivienda

en venta, para solventar un abogado.

Otros se irán de la ciudad

donde viven, por vergüenza

o por no soportar la mirada ajena.

 

Aquí o en cualquier lugar

del mundo, sucede lo mismo.

 

La violencia, la destrucción del otro

como algo cotidiano en una noticia más,

pero es invisible y no produce conciencia

para instrumentar políticas publicas,

que pongan en eje nuevamente

a las sociedades en el marco de la tolerancia.

 

Algunos de los propios líderes mundiales

alimentan con sus discursos de trinchera,

la xenofobia, la violencia contra el diferente.

¿Hacia dónde vamos?

¿Estará próximo el holocausto final?

Los ideales que dejamos

Todos nosotros, desde la edad de la inocencia
hasta la avanzada adultez alentamos
la construcción de un mundo de sueños,
en los cuales ponemos toda la energía
pero sin embargo, no nos resulta suficiente
ya que algunos serán inalcanzables.

Como pensar que la euforia encontrada
de aquel amor primigenio,
en donde por su pura inocencia
robarle a nuestra amada solo un beso
a escondidas en el portal o donde fuera,
no se convertiría en algo etéreo
casi siempre con fecha de vencimiento
y con ello, traería la primera frustración.

La vida nos regala innumerables oportunidades,
para alcanzar aquello que nos enriquece
solo que a veces la vorágine de las cosas,
se transforma en un muralla insensible
que empalidece nuestra esperanza de ser felices.

Lo vemos en la falta de un gesto, de una palabra
que nos declama el cariño de ese alguien, que dice tenernos.
La falta de un abrazo, que nos libere
de sentirnos abandonados en el medio de la nada.

Es todo tan impersonal, tan individualista
en donde prevalece el yo, casi siempre sobre el otro.
Estamos hablando de afectos, de sentimientos puros
que atraviesen nuestras almas y las conmuevan.

Hacia dónde vamos, cabría preguntarnos
solo parados en una avenida o esquina cualquiera,
viendo la gente a nuestro alrededor pasar
observando sus duros rostros, de dientes apretados.

Solo en los niños inocentes o los adolescentes
si los guiamos en la mejor etapa de sus vidas,
son los únicos rostros sonrientes que transmiten
esa calidez autentica y no masificada.

La solución solo está en nosotros,
en tener la valentía de rebelarnos
ante la ausencia de amor hacia el otro,
volviendo a tener aquellos ideales
que nosotros mismos inconscientes,
alejamos de nuestras vidas.

Adónde vas, niña?

Adónde vas, niña
tan apurada con esa mochila
al hombro y a esta hora.

No te escapes sin rumbo
enojada con tus padres,
porque te han dicho no
a uno de tus tantos caprichos.

No cometas lo que no solo
es una tontería, sino un riesgo.
No tienes donde ir ni nadie
que te albergue, ya se hace noche.

Y en Barracas, como cualquier
otro barrio de Buenos Aires,
hay monstruos agazapados
de hombres, disfrazados.

Te lo dijo no solo por ti,
también por el temor
que dejaras atrás con los miedos
abrazando a tus padres,
sumiéndolos en infinita tristeza.

No corras! ¿Que será de ti, niña?
Ah…me has escuchado.
Has dado la vuelta, veo que caminas
con lágrimas en tus ojos.
Piensa niña, que al final no serán
aquellas de dolores no deseados.

Serán de alegría por el reencuentro.
Ve, anda a abrazar a tus padres,
esta cercana la Noche Buena
y serás, más que bienvenida.