Será posible?

https://drive.google.com/file/d/1jvyMn_YJtw4naJHCM1GEWZgzg7-rvRJz/view?usp=sharing

Hola estimad@s colegas; hace un tiempo comente que me había llegado un vídeo, con atroces acusaciones sobre la manera de que el COVID19 había mutado de 5 a 6 y propagado, a lo que no le dí demasiado crédito por la infinidad de noticias falsas, que circulan tanto por los medios de comunicación como por la red. Pero luego de que hace unas horas, China acusara a los E.E.U.U. de propagar el virus en su población, debo decirles que retome aquel vídeo que ahora les comparto, no porque crea a rajatabla las acusaciones del país asiático. Sí, por la indefensible situación frente a la que todos los humanos estaríamos, ante semejantes posibilidades. Prevenir SI, entrar en Pánico, NO. Un saludo a todos y recuerden hacerlo codo con codo, pie con pie.

Éramos tan pobres y seguimos siéndolo…por falta de coraje en cambiar.

Hacía tiempo que no caminaba los pasillos de los Juzgados de Trabajo de la Nación, situados en la Ciudad de Buenos Aires y en esta semana interminable desde el lunes a hoy, religiosamente tuve que ir a uno de ellos cada día, a las 8 de la mañana. El tema es lo que menos importa, porque lo que más me ha enriquecido es ver que poco ha cambiado en los últimos veinte años, a pesar de las declamaciones de la informatización de los expedientes y de subir a la web en tiempo real, lo sucedido en las audiencias como para que las partes involucradas, tengan los testimonios de los participantes en “la ruleta de la justicia” e indagar sobre las declaraciones de los unos y los otros, para hacerse de la estrategia en cuanto a impugnar algún testimonio, que nos le puede resultar favorable con vista a la sentencia, que aclaro en la Ciudad de Buenos Aires no tiene fecha cierta de finalización –algunos hablan promedio de cinco años desde la presentación de la demanda, pero sé que algunos casos duermen en los brazos de Morfeo, desde hace más de un lustro.
Me preguntaran entonces, a que viene tanta perorata en que me siento sorprendido. Es que las oficinas y pasillos de los Tribunales –hay varios- cerca de nuestro Teatro Colon en la calle Lavalle; se muestra tan deteriorados o peor que hace 20 años, descascaradas y mugrientos.
Ni hablar de la contradicción entre la digitalización de los expedientes; con la aberrante vista en la oficina de cuatro por cuatro, en la que se toma cada audiencia y las decenas de expedientes, ubicados en las cuatro paredes y sobre el escritorio, en este caso de la audiencista –abogada y empleada judicial que toma las audiencias y que depende del secretario, quien a su vez está a cargo del Juez correspondiente.
Un bombón de chocolate –me imagino-, para roedores, cucarachas y otros invertebrados como la Lepisma Saccharina Linnaeus, que se hace un festín pantagruélico con los papeles. Por mas control de plagas que tengan, a la larga o a la corta toda esa documentación sufre un evidente deterioro, siendo un evidente foco de enfermedad para quien o quienes la manipulan.
Ahora bien ¿para que la digitalización? Si en paralelo, continúan con el papeleo. Una de las tantas contradicciones que tenemos los argentinos. Ahora, también me pregunto, si bien los Tribunales de Trabajo son los que menos interés le dan el poder político y económico, con el judicial no deja de suceder lo mismo. La Corte Suprema de Justicia en su rendición “transparente” del mes de febrero del corriente año, denuncia acreditaciones por casi 13.000 millones de pesos y una ejecución de gastos cercana a los 700 millones.
No hace falta preguntarse entonces, porque la sorpresa no tiene fecha de vencimiento. De las razones de la lentitud –eternidad de las causas- de todo proceso judicial cualquiera sea su fuero; las condiciones edilicias e infraestructuras miserables que se observa en los Juzgados laborales, de poner en riesgo la seguridad e higiene del ámbito laboral, en donde deben desempeñar sus tareas miles de personas, profesionales egresados de la carrera de Derecho de la U.B.A. u otras universidades, o bien estudiantes avanzados de las mismas, que comienzan trabajando en mesa de entradas. Todos los cuales están en situación de riesgo de contraer todo tipo de enfermedad.
Eso sí, desde ayer jueves pude observar en cada puerta desvencijada o pared, carteles de prevención por el Corona virus que ha llegado a estas tierras y que lamentablemente a pesar de las buenas intenciones del Poder Político, crecerá exponencial mente como ha sucedido en todo el mundo.
Lo más irrisorio de esos carteles –una nueva sorpresa- la enunciación entre otras cosas, de mantener la distancia entre personas a dos metros. Bueno como dije anteriormente; la audiencista, los abogados de las partes, el actor y un testigo suman cuatro personas que en una oficina de 4 x 4; difícilmente puedan mantener tal distancia, salvo que alguno de ellos emule a los héroes de Avengers.
Y lamentablemente al Corona virus foráneo, se ha sumado al flagelo de la epidemia del dengue desde la Triple Frontera (Paraguay, Brasil y Argentina), enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, de persona a persona. Ya suman extraoficialmente, más de 5.000 casos en el país.
Pero quisiera volver al tema que me ocupa.
El cierre de la audiencia de hoy viernes; con ausencia del letrado y testigos de la demandada, trajo una nota de sensibilidad social cuando la audiencista, mujer mayor próxima a jubilarse y que no lo hace, porque su haber sería menor a su propia subsistencia, y además vive sola en su departamento tuvo hoy “el estigma de la soledad consigo” y tuvo una necesidad de hablar abiertamente de su vida, como si nos conociéramos de toda la vida, – de su dolorosa vida, de las perdidas familiares, del temor a quedarse discapacitada sin nadie que la cuidara, de una tristeza infinita que en lo personal pienso, que la terminara matando. No por compromiso, porque no soy hipócrita le sugerí hacer determinadas cosas, para sentirse mejor. Pero en minutos, volvió a su postura inicial de ver el “vaso vacío”. La salude cortésmente, deseándole un muy buen fin de semana…ahh…con la salvedad que ni las manos nos dimos.

¿No hay dos…? ¿ Tampoco tres..?

Mientras pueda tener el privilegio que mi Dios me ha dado de viajar; me enfrento nuevamente a la incertidumbre de volver a postergar mi visita a Portugal, que ya el año pasado debí suspender por las condiciones climáticas de la península ibérica por sus lluvias e inundaciones, ya que volvía a una de mis ciudades favoritas –Madrid- para hacer base y visitar al país vecino. Ahora en la Argentina vivimos el brote epidémico del dengue desde la Triple Frontera (Brasil, Paraguay y Argentina) a través del mosquito Aedes aegypti que incremento la cantidad de infectados en una semana un 66%, elevando el número de casos confirmados a 680. según información brindada por el Gobierno. Además de 156 afectados por el sarampión, enfermedad que se había erradicado hace más de dos décadas, pero la displicencia de la población y de las autoridades sanitarias hizo posible su regreso. Y ello, por no respetar algo tan simple como prevención que es la aplicación de la vacuna.
Hay un rango amplio en cuanto a las consecuencias del dengue, que hasta puede llegar a la fiebre hemorrágica, que puede producir el fallecimiento de infectado. Del sarampión creo que la mayoría de esta plataforma, sabe de sus consecuencias.
Ahora bien, tengo el pasaje de ida y vuelta a Lisboa para mediados de abril, y además de lo que he comentado que sucede en mi país, también han arribado casos no autóctonos del Corona virus en que se han confirmado 12 casos, y entre ellos una persona de 65 años proveniente de Francia el 25 de febrero, que padecía de otras enfermedades que complicaron su situación, fallecido ayer en el Hospital Argerich de la Ciudad de Buenos Aires.
De los doce casos, once provienen de Europa y uno de los E.E.U.U. Aun no se han registrado casos autóctonos.
Por ello cualquiera con un poco de sentido común y sin entrar en pánico, se informa ante esta “aparente” endemia controlada en su origen –China- y no tanto en otros países como Italia-tierra de mis ancestros-.
Así me interesó saber lo que sucede en el país lusitano; de lo que no tenía demasiada información.
Me sorprendí al leer que el Gobierno portugués; suspendió las visitas a hospitales, residencias y cárceles de la zona norte, denunciando además 21 casos de Corona virus, estando pendientes de confirmación otros casos “sospechosos”, en un número de 47 personas.
De los 21 casos, 16 se contagiaron dentro de territorio lusitano. Se han llegado a suspender tres partidos de fútbol regional en el Norte portugués. Y esto es lo más problemático que puede suceder; ora por exceso de confianza, u ora por lo que sea, como ha sido el caso de Italia que es luego de China, el país con mayor morbilidad.
Todo esto, nos debe hacer reflexionar hacia adentro y no solo pensar en nosotros, sino también en los otros –a quienes podemos transmitir o ser infectados- si no actuamos preventivamente.
En alguna otra entrada, he manifestado mis dudas en cuanto al origen del virus 6 del Corona virus. Pero seguiré observando con especial atención, lo que sucede en nuestro país y especialmente en Portugal.
Por eso puede darse que por segunda vez postergue mi viaje…y si así lo fuera,no puedo asegurar que tendré una tercera vez.

Porque tanto odio

A veces me pregunto –las razones de tanto odio contra las mujeres- en una sociedad, que en lo personal pienso que se encuentra en terapia intensiva desde hace décadas y que cada día que pasa, se está convirtiendo en una enfermedad terminal. Esto no es para un escritor autodidacta y solo humilde observador de lo que sucede. Es pasta para los expertos en las Ciencias Sociales…pero no me terminan de convencer, como tampoco me convence la “doble moral” de la política y el “terrible menosprecio de la justicia”.
Puedo suponer que desde la antigüedad la sociedad patriarcal instituyo como mandato social, relegar a la mujer a “tareas que se consideraban propias de la misma”. Pero sucedió la revolución cultural de los ´60 y el embrión de los movimientos feministas comenzó a gestarse y la participación reaccionaria de las mujeres famosas en su tiempo –ejemplo Jane Fonda- entre ellas, en manifestaciones que pugnaban por los derechos civiles, se hizo cada día más evidente.
Como fue evidente un crecimiento en lo personal y profesional de las mujeres hasta la actualidad, en donde se destacan en todas las disciplinas superando aun al sexo opuesto. Pero no ha sido suficiente, porque sigue la discriminación en cuanto a la igualdad de derechos tanto en lo público como en lo privado, y las estadísticas no mienten. Aquel machismo de origen, sigue perjudicándoles sutil o brutalmente.
Y el odio de los hombres contra las mujeres; no responde a una clase social determinada sino que es un carcinoma que se halla en toda la sociedad. No es que el pobre que vive hacinado es solo el violento, también los hijos del poder lo son, creyéndose protegidos por sus miserables antecesores.
Más de una vez he expresado; que un mundo gobernado por mujeres sería más justo y menos desigual, por la intrínseca sensibilidad social y moral que poseen contraria al brutal pragmatismo de los hombres, que si no logran desde el poder por las buenas lo que desean, no dudan en tomar las armas fundados en la falsa declamación de la “defensa de la Patria y la democracia”, cuando la cruda realidad es que van por los recursos de los emergentes o los del tercer mundo. Y esto no es empírico.
Volviendo al tema central; es que no solo las mujeres deben manifestarse pacíficamente por sus derechos civiles y públicos, sino que por cada mujer debe encontrarse un hombre solidario y realista, que desee una sociedad más justa y equilibrada. Todo el arco político debe establecer reglas precisas de igualdad de género y oportunidades, así como las más severas penalizaciones para quienes se hagan “los distraídos”.

A esos miserables…

A esos miserables, que se dicen hombres
mercaderes del acoso, de la trata y la violencia, 
como el Nano dice, en una de sus canciones
“con esos tipos tengo un problema personal”.

Proxenetas, psicópatas y violadores seriales
que reniegan hasta del vientre donde provienen,
representando una de las peores escorias de este tiempo.
a los cuales la justicia de los hombres no los alcanza
por ser ciega, contemplativa y malsana transformando
en víctimas a los victimarios, impunidad de manifiesto.

Mientras la sangre fluye en cada cuerpo, hasta la muerte
cada veintiuna horas en este, mi país 
vergüenza toda de una sociedad que no sabe 
o no quiere denunciar en el llamado tiempo real,
protegiendo su culo, igual de inmoral que el victimario.

A esos tipos, llegara el momento en que la sociedad
tomará para si su juzga-miento y sentencia final,
de la cual, no podrán escapar porque colgaran
como parásitos eunucos en un infierno, solo para ellos.

Conflicto en las interrelaciones humanas

El conflicto es esencialmente humano y tiene generalmente sus razones en la falta de escucha del receptor ante las demandas –en cualquiera de sus formas- del emisor. Como ejemplo puedo citar a la reunión del consorcio de propietarios de un edificio auto administrado, ya que cuenta solamente con quince propietarios. 
En el último año; las acciones judiciales llevadas a cabo por un copropietario discapacitado, contra el consorcio para que este llevara a cabo la modificación de la entrada, construyendo una rampa para personas con capacidades limitadas como el caso citado, finalizo con un fallo favorable para el demandante. 
Ora bien, según la opinión de los copropietarios – personas mayores de 70 años, en general- el sujeto que reclama es un psicópata desatado que ha realizado acciones contra la moral y el respeto, hacia todos aquellos asistentes en la reunión que en nuestro país, es convocada por el Administrador y llamada “Asamblea Extraordinaria”, con la orden del día de los temas a tratar. La toma de conocimiento de los costos que deberán asumirse, produjo una catarata de gritos e insultos irre producibles, contra la persona que demando por su discapacidad, ausente obviamente como tantas veces en esta Asamblea.
Pero he te aquí, que mi departamento sito en la planta baja del edificio -lugar de transito “ya que habito en él hace poco más de un año, antes era mi madre quien lo ocupaba”- sufrió antes de vivir en el mismo, un anegamiento por rotura de un caño en el piso superior con todas las consecuencias que ello provoco oportunamente; desde todos los cielorasos con manchas de humedad, hasta el óxido atacando los marcos de las puertas anteriores, pudriendo los mismos.
Obviamente en aquel entonces reclame a los ocupantes del departamento del 1° piso, que con buena voluntad pero cero conocimientos, hicieron lo que pudieron sin resolver los daños. Ante ello, les envié una intimación previa judicial que nunca respondieron.
Opte entonces desde el mes de marzo del 2019, dirigirme al administrador y a la vez propietario de dos unidades del mismo edificio, del que solo recibí promesas y fabulaciones, solo con el fin de dilatar el problema. Asimismo, le remití intimación de la que solo obtuve silencio; aquí viene genial el dicho “aquel que calla, otorga”.
Agotado y malhumorado ya por el tiempo transcurrido; se me ocurrió hacer una notificación escrita dirigida a los propietarios, inquilinos y propietarios que no han certificado aun su titularidad de las unidades que ocupan. 
Obviamente su tenor no abusaba del dulce sabor de las mieles de la satisfacción; sino todo lo contrario. Dejaba expuestas mis disconformidades con el administrador, poniendo sobre sus hombros la costumbre de fabular y no cumplir las normas que el gobierno municipal de la Ciudad de Buenos Aires, dispone para edificios de propiedad horizontal.
Al día siguiente de pegar la notificación en un lugar visible para su observación, fue arrancada por vaya a saber quién. Me considero que siempre hay que respetar el derecho del otro; si se quiere ser respetado, por lo que nuevamente pegue la misma esta vez con pegamento, para que no fuera tan fácil sacarla.
Nuevamente, manos anónimas escribieron debajo de la misma “ TODOS CON …..-el apellido del administrador”. No pude con mi genio y debajo de ello escribí “quien se esconde en el anonimato, es igual de corrupto que el denunciado”.
Ya se estaba poniendo pesada la cosa. Volvieron a sacar la segunda hoja, donde estaban escritas a mano las consignas.
Volví a pegar la segunda hoja, como demostración de mi insistencia en el reclamo (y de paso, encender un poco más el fuego). Obviamente a los dos días; la volvieron a sacar esta vez, con más trabajo y limpieza.
Hace casi una hora, que finalizo la Asamblea y ahora entenderán porque el título de este relato.
Sabía que sería caliente, con gente que vive en algunos casos hace más de treinta años en el edificio y están acostumbrados a la “falsa vecindad” y se creen los caballeros feudales del edificio. Le dije al Administrador, que considerara escribir a mano lo que se hablara, ya que el año pasado -31 de julio de 2019, para ser más preciso- se realizó otra Asamblea Extraordinaria en la cual se trataron infinidad de temas muy importantes –incluido los daños y perjuicios del lugar que habito-, cuya acta jamás se firmó ni se conoció. Le dije además, que los que participaban certificaran ser los verdaderos propietarios de las unidades que ocupaban.
Fue la mecha que necesitaba, para encontrarme con una confrontación primero con el administrador, que se sintió ofendido por ser nominado al premio mayor por “ fabular y no ocuparse de lo importante-. Palabra va; palabra viene –sabía que los otros se acoplarían a la “victima”, la discusión fue subiendo de tono con la intervención de los otros propietarios, hasta que un señor “gordito” puso su rostro frente al mío, tratando de intimidarme –obviamente no me conoce- a quien le dije lo que le tenía que decir y ahí el mismo administrador intermedio, para evitar males mayores. Mi silencio y el arte de escuchar a partir de allí; increíblemente bajo el nivel de agresividad que existía minutos previos y la asamblea continuo en una “tensa calma”, finalizando con algún que otro chiste banal. Lo único que faltaba después del “buenas noches” que todos dijimos; fue “si me necesitan siempre cuenten conmigo”.
Ah…los seres humanos; que armoniosamente y en paz viviríamos si respetáramos los derechos del otro, y viceversa. 

Homenaje a Tiburcia Escudero

San luis y su gente

Tiburcia Escudero, la cautiva

Nació y murió cerca de El Morro. Fue prisionera de los Ranqueles durante varios años. Le cercenaron las plantas de los pies para que no huyera. Tras dos intentos de fuga, logró la ansiada libertad.

San José de El Morro es un pueblo serrano de San Luis, fundado en la primera mitad del siglo XVII y construido en los alrededores de su iglesia, portador de una arquitectura muy modesta como todas las de aquella época.

Dueño de una singular belleza, se ubica en el extremo este de la faja volcánica de la provincia y también está entrelazado con ricas historias, como la de doña Tiburcia Escudero, por años, cautiva de los Ranqueles.

Mucho se ha dicho de esta singular mujer que nació y murió en cercanías de su poblado. Incluso es sinónimo de entrega, fortaleza, constancia, perseverancia y valentía.                                                                                              En 1986, el docente Humberto Silvera destacó en unos de sus escritos a la mujer cuyos restos descansan en el cementerio de la localidad.

Tiburcia vivía al pie del cerro El Morro, en un campo denominado La Higuerita. Era hija de Isaac Escudero, que tenía cinco hijos: Guillermina, Beltrán, Fidel, Isaac y ella.

Su historia comenzó a escribirse sin saberlo en noviembre de 1850. En ese mes los integrantes de la familia se levantaron bien temprano, el sol aparecía por detrás de los cerros en una mañana que prometía calor, la falta de lluvia se ponía en evidencia al ver los pastos amarillos doblegados por el viento y los ríos mostraban sus miserias acuíferas.

Una de las primeras tareas de la mañana era ordeñar y ponerse a hacer los quesillos, labor que cumplía cuando su padre y dos de sus hermanos, Fidel e Isaac, se fueron a la cocina a tomar unos mates mientras el resto de la familia comenzaba a preparar, en dos grandes ollas de hierro, la leche y hacer los quesillos.

Un día después de tomar unos mates, los varones de la familia montaron a caballo y se fueron a rastrear unas vacas que faltaban en el corral y que según vecinos las habían visto en las cercanías de un lugar llamado cerro “Pelao”.

En esa época, Tiburcia tenía unos veinte años y era dueña de una belleza natural, de piel blanca y trenzas rubias, con rasgos bien marcados, de suave andar, de pocas palabras y un tanto desconfiada.

“Estábamos en la tarea de preparar la leche cuando los gritos decían que venían los indios. No lo podíamos creer, escuchábamos como un trueno y era el tropel de la caballada indígena que llegaba a marcha forzada. Unos doscientos originarios rodearon el lugar, yo disparé para una barrancada que había cerca de la casa, mi madre buscó refugio vaya a saber dónde, hasta que sentí que una fuerza brutal me levantaba de los pelos, era un indio que me cruzó en su montura diciéndome algo así como, ‘huinca linda…llevando…toldo…no matando'”, es el testimonio de la mujer que reproduce Silvera.

“Sentí como que me iba ‑continúa el relato‑, se me nublaron los ojos y miraba asustada como los indios alborotados rompían y destruían todo, matando a los que ponían una leve resistencia. A los niños los tiraban al aire y con lanzas los mataban”.

En el escrito se publican los detalles de lo que fue ese trágico día y los subsiguientes, donde el malón arrasó con todo a su paso llevándose hacienda y todo lo que podían.

A Tiburcia la ataron de pies y manos con boleadoras. El viaje duró varios días comiendo carne cruda y bebiendo sólo un poco de agua. Cuando llegaron a las tolderías, las mujeres, los niños y los adultos se encargaron del festejo mientras los indios descansaban y bebían en abundancia.

Uno de los caciques mandó a cuatro mujeres a que la desataran, luego la llevaron a un toldo grande y atada a un palo la hicieron hambrear varios días. La mujer que la cuidaba decía: “Cuando saliendo luna… vos ser de cacique…”.

“Los tormentos fueron incontables y dolorosos, varios indios entraron al toldo para comer y beber mientras me llevaron a un rincón donde había un camastro de cuero y palos, me defendí como pude, grité, mordí y lloré con todas mis fuerzas, me quería someter como fuera, el cacique borracho, gritaba como loco hasta que me sacaron afuera y atada a un palo las ‘chinas’ (mujeres indias) me pegaron una soberana paliza”.

Estuvo más de dos días desfalleciente pero vencida por las penurias y el sufrimiento, le hicieron lo que quisieron. Después la ataron de una mano y como si fuera un animal la llevaron a buscar leña y de tanto en tanto, le pegaban con unas ramas con espinas, lo mismo hacían con otras cautivas. Las “chinas” eran las encargadas de ese cruel tormento.

Nunca tuvo idea de cuánto duró su calvario. A los meses ideó una forma de escape, los toldos estaban en medio de la nada pero siempre había alguien cerca de las cautivas hasta que una noche logró el objetivo: pudo evadir el mugriento lugar, aprovechó un descuido de los guardias y sus perros, y consiguió hacer un par de leguas. Al amanecer estaba bastante lejos, pero no lo suficiente. Una polvareda indicaba que la buscaban incansablemente, se escondió en un pajonal, pero no fue suficiente. La volvieron a capturar y regresarla a los toldos.

Una golpiza fue el castigo por haber intentado huir, meses estuvo en esa situación. Hasta que volvió a tratar de escapar, escondió unos chifles con agua, alforjas con comida y antes que saliera la luna, aprovechando otro descuido, ganó la pampa de nuevo. Caminó toda la noche y todo un día, siempre hacia el norte. Hasta que fue divisada por los originarios que otra vez la trajeron a las tolderías.

Esta vez el castigo fue más cruel e inhumano. A cuchillo le arrancaron las plantas de los pies para que no pudiera caminar, estuvo más de tres meses para pararse y otros más para volver a caminar, se arrastraba entre la mugre para alcanzar algún alimento. Al tiempo que la fiebre y las infecciones hacían el resto. Un año después, fatigada, enferma y con pocas fuerzas, la indomable mujer comenzó a preparar una nueva fuga. Su indómito carácter, los castigos corporales, los sometimientos, las vejaciones y las violaciones no minaron sus fuerzas y su espíritu combativo.

Pasó mucho tiempo y esperó que sus heridas sanaran para organizar lo que sería su tercera fuga, siempre sola, sin ayuda de nadie y en el mayor de los secretos. Aprovechó su cautiverio para estudiar el momento adecuado. Los originarios salieron en malón rumbo al sur, ella entendió que había llegado el día de apurar su fuga. Estuvieron unos siete días lejos de las tolderías, a su regreso, como siempre los adultos, las “chinas” y los niños organizaron el festín mientras ellos descansaban y dormían tras sus borracheras.

Tiburcia le había “echado el ojo” a tres caballos que el cacique siempre tenía listos para cualquier eventualidad. Aprovechó que la mayoría dormía, preparó alforjas con comida, agua en varios chifles y muy despacito sacó los animales del corral. Se alejó unos doscientos metros hasta que pudo montar con destreza, en otro cargó el agua y los alimentos. El restante era de recambio. En medio de la oscuridad partió en busca de la soñada libertad.

La fuga se habría producido en agosto. Ella anduvo toda la noche, la nieve había comenzado a caer, lo que le favorecía porque borraba sus rastros. De tanto en tanto cambiaba de monta para no cansar el animal. Así anduvo más de un día, el viento era intenso y la nevada era cada vez más grande, hasta que, agotada, paró para descansar, aseguró a los caballos, les dio de beber y comió charqui. Un ruido la puso en alerta, por las dudas sacó un largo cuchillo que llevaba cruzado en su cintura, hizo silencio al tiempo que los caballos alborotados paraban sus orejas y miraban inquietos al oeste. Tenía miedo que fuera un tigre o yaguareté (fueron extinguidos durante la segunda mitad del siglo XIX). No pasó nada.

El frío calaba su maltrecha y sufrida humanidad, nevaba copiosamente, de vez en cuando miraba hacia atrás no creyendo que iba rumbo a la civilización en busca de su ansiada libertad. Habían pasado cuatro años de aquella nefasta mañana de noviembre. Los recuerdos se le amontonaban en la mente, gruesas lágrimas surcaban su curtido rostro, nunca dijo si fueron de alegría o de recordar tanto sufrimiento.

Tiburcia siempre pensó que las tolderías estaban en un lugar llamado Pampas Grandes, por eso en su imaginación buscaba el norte, por momentos galopaba sin darle un resuello a sus montas. El agua comenzaba a escasear en sus chifles de cuero al igual que el charqui; los caballos ya no eran los mismos, el cansancio marcaba su incierto destino. Lo más difícil estaba por venir.

Así pasaron los días. Agotada al igual que las nobles bestias, buscó dónde refugiarse de noche. Una barranca fue el lugar elegido, desarmó sus pertenencias y se acostó a dormir, el frío era intenso y se cobijó entre las mantas robadas al cacique Ranquel. Al otro día bien temprano, volvió a escuchar ese bramido tan temerario que la puso en alerta, los caballos se encabritaron y casi la dejan a pie, su experiencia pudo más pero el rugido, cada vez más cercano, hizo que rápidamente se pusiera en marcha. Mezclado entre los altos pajonales de la zona, un hambriento tigre seguía sus rastros.

Tiburcia montó como pudo y al galope se alejó del lugar, a eso del mediodía hizo un alto para cambiar de caballo, después de beber y comer a las apuradas como si el reloj imaginario del tiempo le quitara horas a su vida. Sus fuerzas se agotaban rápidamente y todo a su alrededor era pampa, pajonales, sequedad, algún caldén que se levantaba incólume como rey de las pampas. Esas eran sus referencias.

“Anduve hasta eso de la medianoche y al otro día seguí mi marcha, dos días estuve en esas condiciones. El agua se había agotado hace tiempo, comencé a tomar el orín de los caballos, era desesperante. Al otro día encontré un charco de agua, donde bebimos copiosamente. Hasta quedar exhaustos”, dijo la mujer, según el escrito del maestro del Morro.

Todo un día estuvo oculta en unas barranca porque había divisado un grupo de sospechosos que podían ser indios, que andaban de cacería. Pero nada pasó. Siguió su marcha de noche, poniendo en juego toda su integridad y seguridad. El hambre y la falta de agua estaban dejando huella en su huida.

Tres días después, muy débil atinó a cazar un tatú y un par de mulitas que mitigaron su hambre. Nunca había llegado tan lejos. Su ansiedad hacía el resto.

Según Silvera, la cautiva agradecía a Dios que nunca se topó con quienes la mantuvieron prisionera. Cada día que pasaba, le costaba más sobrevivir, a tal punto que debió sacrificar un caballo para poder alimentarse, bebió mucha de su sangre y cortó tiras de carne que guardó en uno de sus odres para el camino.

Casi sin darse cuenta, Tiburcia Escudero se encontró con un grupo de arrieros que tan sorprendidos como ella, emprendieron una veloz carrera sin rumbo hasta que fue alcanzada por las montas mejor dispuestas, al tiempo que se daba cuenta que eran cristianos. Se había encontrado un pedazo de la ansiada civilización.

En su desesperación y después de beber abundante agua y comer unos trozos de carne y pan, les contó su calvario al tiempo que le decían que iba en rumbo equivocado: que venía del lado de las salinas cerca del límite de Mendoza y San Luis.

Los paisanos la llevaron hasta un caserío cercano para darle de comer, ropa e higienizarla para trasladarla a San Luis donde fue recibida por el gobernador, a quien Tiburcia le regaló los caballos que habían facilitado su fuga. Un grupo de soldados la llevó a El Morro y la entregaron al comandante del Fortín. Ahí se enteró de la muerte de su madre. No reconocía a sus hermanos ni ellos la reconocían. Su padre estaba muy viejito y casi ciego.

En base al escrito, habían pasado cuatro años de penurias, violaciones, palizas y duros castigos corporales.

Tiburcia se convirtió en el paladín de las mujeres cautivas por los indios. Fue unas de las pocas mujeres que logró vencer a uno de los indómitos originarios de las pampas argentinas, su valentía y su temple de acero convirtieron a la mujer en una heroína. Con el tiempo se casó y nunca tuvo hijos. Murió en 1931.

Fuente: El Diario de la República. San Luis. República Argentina.