El piso de arriba – Parte V

Comencé a preguntarme 
cómo llegar a ella, 
haciendo parecer casual
un encuentro fortuito,
pero fui desechando 
una y otra vez cada idea,
que ya a mi fatigada neurona
recibía siendo más infantil
que creíble al igual que la ultima.

Además, en cuarentena
más que imposible, era una locura.
Solo podia planificar un encuentro
en forma posdata da.

Me di un golpe en la sien,
como no había pensado
en el equipo de grabación 
que usaba cada tanto,
cuando tomaba mi saxo
para sacarle algunos acordes,
tocar alguna melodía
y dejarla grabada, 
para escucharla luego
junto a mis amigos de la vida,
en esos atardeceres
que se hacian noche,
llegando casi siempre 
juntos al amanecer.

Le grabare algunos temas
de los intérpretes que escucha
cada día, pero será como descubrir
que se de sus gustos por la música.


No importa, se lo dejare 
a la entrada de su piso 
con una breve nota 
que dirá un sábado 
sin fecha, hora y lugar 
del encuentro,
mi nombre y teléfono 
con el agregado
de  “el joven de abajo”

Quedará sorprendida, 
y seguramente si acepta,
me llamara o su silencio
será la única respuesta,
para darme el resultado
de un intento fallido.

El piso de arriba – Parte IV

Desperté,
y el dolor de cabeza
no dejo de acompañarme
hasta media mañana.

Recordaba lo sucedido
como también la conclusión
a la que había arribado,
antes de caer dormido.

Estaba convencido
de que mi locura
era mayor a lo que pensaba,
me había dejado seducir
por los sonidos que fluían
del andar de una mujer,
a la que desconocía
y vivía en el piso de arriba.

Y que cuando, a veces
no la escuchaba, extrañaba
su presencia que me daba letra
a la historia que escribía
y era esa misma historia
la que me movía por dentro.

Parecía que como suelen decir
en este caso, todos los planetas
se hubieran desalineado de su eje,
en el momento menos oportuno.
La pandemia, el aislamiento.

Ella debe tener un permiso
de trabajo, de lo contrario
debería encontrarse como
la mayoría, en aislamiento.

Peor aún, cuando la imagino
es como si trazara a lápiz
su figura quizás embelleciéndola,
aun mas de aquella silueta
difusamente recordada en el momento,
que en el palier nos habíamos cruzado.

El piso de arriba – Parte III

Escuche al rato, el agua
escurriendo por la tubería,
la imagine saliendo de la bañera
con toalla en mano y su salidera,
secando suavemente su cuerpo
como pretendiendo que el cansancio
se fugara de su mente y de su alma,
poniéndose unas medias largas
para caminar descalza por su piso, 
en que solo la música se escuchaba.

Me detuve, pensé en ese instante
cuanto tiempo hacia que sin saberlo,
estaba curioseando su intimidad
aunque ella no lo supiera, con una mirada
en la que se advertía una sexualidad imaginaria.

Pero no había en mí, reacciones eróticas
solo primaba la íntima satisfacción
de describir por sonidos su vida misma,
aunque me faltaran páginas de su biografía.

Reflexione 
me pregunte si mis amigos
aceptarían el contenido de mi historia,
cuando siempre me importo un carajo 
la opinión de los demás, 
entonces volví a preguntarme 
que buscaba realmente ,
sería algo más que pretender ser 
el coautor anónimo de una obra 
o pretendía sin darme cuenta,
apropiarme del mundo 
de los sueños y deseos,
de esa mujer del piso de arriba. 

De golpe, fue como si mis oídos
dejaran de escuchar lo que sucedía,
tan preocupado estaba que no pare 
de pensar en todo ello,
cuando caí vencido en la cama
hasta que el sueño me venció.

El piso de arriba – Parte II

Obviamente, 
no era mera casualidad
que yo me despertara
por propia voluntad,
las campanas del amanecer
provenían del piso de arriba.

En realidad, mal no venia
su salida de la mañana,
me llevaba a sentarme 
en mi cama, pensando
como construiría mi día,
fuera de las actividades
que registradas en mi teléfono
suelo tener, como buen obsesivo.

Todo ello, sabiendo que 
que al atardecer, volvería a ser
el coautor de su retorno.

El telón se levantaba
no más allá de las seis,
los tacones por la escalera,
las llaves en la cerradura
anunciando su llegada.

Zapatos que caían al suelo
al llegar a su dormitorio,
como odiados accesorios
en su caso, solo para sufrir.

Ello sugería solo una cosa,
demasiado tiempo parada.
¿Cuál sería su empleo?
Podría ser uno entre decenas, 
no lo sabría elucubrando tonteras.

Pero lo audible sufría un cambio
de acuerdo a sus movimientos,
pisadas que no se escuchaban,
música de Il Divo o Bocelli
como para iniciar la relajación.

La puerta del baño, nuevamente
cerrándose tras de ella.
Rato más largo que la mañana,
imagino un baño de inmersión.

Solo me cruce con ella
una sola vez en el palier,
susurro un buen día
bajando su mirada.

Morena, alta, elegante.
Imagine su largo cuerpo
cubierto de pompas de jabón,
en un pequeño mar de sales
aromáticas, que cubrirían su cuerpo.

El piso de arriba – Parte I

Tenía razón aquel afamado relator.
Que como el fútbol, la vida también 
es lo dinámico de lo impensado.

Sin saberlo, sin intención alguna
me transforme en espectador
invisible de cada día de tu vida.

Eran sus pasos diminutos
que golpeaban arriba en su piso,
bien se sabe que no hay intimidad
en un edificio en donde lo auditivo,
va dejando señales subjetivas
de aquel que habita y uno no conoce.

A las seis de la mañana,
esos pasos me hacían conocer 
la rutina de su vida, caminaba
y luego se escuchaba la música
de Queen o Pink Floyd,
una puerta se cerraba detrás de ella, 
y su intimidad quedaba asegurada.

Al rato, la misma puerta
abriéndose traía sus pasos
nuevamente al dormitorio,
deslizaba según su animo
una corrediza supongo de un placar,
y en mi imaginaria coautoría 
era el momento en que elegía
que se pondría ese día.

La música seguía sonando,
acercándome a su edad probable,
era gracioso que a través
de ruidos altisonantes o diminutos
se me permitiera ser participe 
de una obra, de la que ni siquiera
era protagonista, solo espectador.

Sabía que estaría desayunando,
el olor a pan tostado 
de por si recurrente,
bajaba por la escalera, penetrante.

Se acercaba la hora de partida,
mis oídos hablaban de su loza 
golpeando y a los pocos minutos, 
con sus tacos más su acompasado
ruido de llaves anunciaba
cerrando la puerta tras de ella,
que el primer acto había finalizado.

Momentos…

He salido como cada mañana,
en este por ahora, benévolo otoño
caminando con mi mascota
por las calles desiertas de la ciudad,
pienso ahora alejado para mi bien 
y el suyo, del bullicioso y traumático
centro de Buenos Aires, si bien hoy
no es siquiera lo que suele ser,
razón de ese álgido y feroz demonio,
que azota con su inesperado contagio
al desprevenido que no ha guardado reparo.

Momentos de reflexión
que me permiten decirme
que la rueda sigue girando
y si bien no ser inconsciente
es la premisa que debe tenerse,
debe vivirse en forma intensa
en lo que cada uno realiza,
que es una sutil manera de alejar
la locura masificada por los medios,
sobre estadísticas y curvas aplanadas.

Haciendo lo que nos llena el alma
es lo más saludable en esta etapa,
curar heridas, recordar lo bueno
de nuestro camino ya andado,
pensando en un mejor futuro,
construyéndolo desde adentro
para que cuando todo sea pasado,
nos amiguemos con nosotros mismos
que será una manera de amigarse,
con esa profunda e infinita espiritualidad 
que la mayoría ha abandonado en algún momento, 
por todo lo vano e híbrido del creer ser, 
disfrazándonos de lo que realmente no somos.

Es tiempo ya…

Es una tarde diáfana de otoño ,
la que se pasea ante nuestros ojos,
como si nos dijera que regala
un pos datado final de verano 
el que se resiste a partir,
invitándonos a reflexionar
tal cual pájaros enjaulados,
proponiendo con auténtica valentía
reflexionar sobre el “como somos”.

Solemos vendernos a un precio mayor,
a pesar de que no somos mercancía transable.
Somos proclives a justificar con el error ajeno
lo que nos sucede, sin reconocerlo.

Creemos que lo sabemos todo
cuando cada día, nos sorprendemos
al sentirnos tan ignorantes sobre algo nuevo,
mientras se derrumban paradigmas
dando lugar a otros que modifican
el ayer, en algo que es pasado ya inútil,
transformando de manera dinámica
un mundo que va mutando día a día.

Introspección necesaria y metiéndonos el ego
en lo más profundo de un sótano imaginario.
Eso nos obliga a una autorreflexión profunda,
sin banalidades de nuestro propio ser interior.

Solo así veremos cuantas debilidades,
escondemos detrás de esas fortalezas aparentes.

Es en estos momentos, en que el egoísmo
se presentara ante nuestros ojos,
diciéndonos los miserables que hemos sido
utilizando para sobrevivir nuestro superyó,
con nuestra vanidad y la sutil conveniencia.

Será allí, en lo más profundo de nuestras miserias
donde encontraremos las visualizaciones creativas, 
que nos permitan renacer como otros a los que somos,
al convertirnos en aquellos que al nacer, inocentes fuimos
inmunes ya, de una sociedad que nos ha contaminado.

Una burka para los ojos

Cruzo mirando los medios rostros
cubiertos por curiosos barbijos,
que como una burka solo dejan
ver los ojos y la cabellera del otro.

Sonrió en secreto 
claro que bajo mi barbijo,
pensando en la burka prohibida,
algunos me dirán que solo los ojos
están descubiertos, y les diré
que me río por lo diferente.

Quien no recuerda
aquellas polémicas y replicas,
que muy lejos de estos lares,
se instaló la islamofobia feroz
afectando a los derechos humanos.

Hoy, aquí en mi país
en la ciudad de Buenos Aires,
el mayor de 70 años
no podrá salir de su hogar,
sin un permiso diario
que justifique su salida. 

Debo suponer, entonces
que los menores de ese rango etario,
que padecen de enfermedades
preexistentes y confirmadas
por la ciencia como graves
ante este virus casi invisible,
no deberían ni siquiera
asomarse a la puerta de su casa.

Como seguimos malgastando
tiempo y recursos, dando vueltas
sobre algo que ya posee
fecha de vencimiento.

Utopía

Voy viviendo sentimientos
cada día más encontrados,
la dicotomía entre vida y economía
que impregnan sutil y amarillenta
los medios que repiquetean,
en forma constante en la sociedad.

Cada amanecer, es una nueva vida
para unos, mientras que para otros
es el llanto irremediable de una perdida
a quien ni pueden despedir, siquiera.

En cada uno de nosotros, de acuerdo
al balcón en que estemos parados,
puede ser solo la observación 
de un pasaje histórico jamás conocido,
sin fecha de vencimiento, pero sabiendo
que ya no seremos quienes fuimos.

Si no nos mata el virus, que no dudo
fue sembrado por alguien como
la plaga monárquica del siglo XXI,
seremos solo un grupo de privilegiados,
pero a muchos los matara el hambre,
aquellos que ante el aislamiento
no pueden ejercer sus profesiones,
sea cual fuera, desde el universitario
hasta el cartonero que recorre buscando
en cada basural, vendiendo aquello 
para vivir él y los suyos, el día a día.

De aquí al estallido social, solo un paso.

En situaciones de aislamiento social, 
la violencia doméstica, lacra siempre presente
inevitablemente crece, se disparan los índices
los femicidios aumentan a diario, victimas
que no son escuchadas e indefensas.


Muchos ya, como bien decía Piazzolla
ya ven “la luna rodando por Callao”,
angustiados, deprimidos, sin saber
no solo que hacer, sino como sortear
el presente que los pone de rodillas
ante un inexistente y ausente futuro.

Nos podremos dar optimismo.
Darnos aliento para lo que viene.
Creer y orar a la deidad 
en que nuestra fe, depositemos.

Pero no seremos ya, los mismos.
Solo deseo si lo fantasmagórico pasara,
ver emerger a una sociedad sin estratos,
con igualdad de derechos para todos.

Utopía? Y si…Sigo creyendo en utopías.

¿No nos cansamos de ser como somos?

Todo es grito de desesperanza para que cada cual, alcance su propia locura. La realidad en números es mayor, tanto en infectados como de victimas de lo que se dice. Mientras tanto la depresión hace estragos en sus múltiples manifestaciones patológicas y la terrible recesión económica, atraviesa todos los estratos de las sociedades, golpeando como siempre aún más, a los que menos tienen. 
La certeza de una confabulación nunca se sabrá, y como tantas otras será una más, de las tantas acciones que hace décadas se han activado y se cobraron miles de vidas sin importar su número ni lugar del mundo, solo para fortalecer la hegemonía geopolítica mundial. 
No hay interés genuino ni lo hubo jamás, de investigar cada suceso acaecido en los últimos setenta años. La memoria colectiva, parece haberse acostumbrado a no dudar y cuando lo han hecho fue duramente castigada, porque los medios han sabido siempre maquillar la barbarie.
He insistido que el COVID-19 no es una nueva mutación. Fue creado e introducido en una sociedad superpoblada que facilitaba su exponencial propagación. Era castigar la soberbia del Imperio del Centro de disputar la hegemonía mundial, como de la misma manera la traición de Europa, fundamentalmente Italia en acercarse a Moscú como a China, orientada con Rusia a crear la “nueva ruta de la seda”. 
Pero antes de exponer lo que ha dicho Chomsky, con defensores y detractores por igual, me interesaría exponer juntos como nos encontramos hoy en este planeta.
Si pudiésemos imaginarnos la Tierra en miniatura y reducir su población a una pequeña aldea de cien habitantes, manteniendo las proporciones actuales existentes sería algo así: 57 asiáticos, 21 europeos, 8 africanos y 4 americanos. 
Así en otro subgrupo; 52 mujeres, 48 hombres, 70 no serían blancos, 30 serían blancos, 70 no cristianos, 30 cristianos, 89 heterosexuales y 11 homosexuales.
¿Es interesante la pequeña aldea, verdad?
Seis personas poseerían el 59% de la riqueza y dos (si, solamente 2) serían norteamericanos. De las 100 personas, 80 vivirían en condiciones infrahumanas.
Setenta no sabrían leer, 50 sufrirían desnutrición. Solo una (sí, solo una) tendría educación universitaria. En esta aldea, habría apenas una persona que posee computadora.
Ahora pensemos que si nos hemos levantado hoy con más salud, que enfermedades, entonces tenemos más suerte que millones de personas que no alcanzaran a sobrevivir esta semana.
Si nunca experimentamos los peligros de la guerra, la soledad de estar presos, la agonía de ser torturados o la aflicción del hambre, entonces nosotros estamos mejor que 500 millones de personas.
Si nosotros podemos ir a nuestra iglesia sin miedo a ser humillados, presos, torturado o muertos, entonces somos más afortunados que 3.000 millones de personas en el mundo.
Si nosotros tenemos comida en el refrigerador, ropa en el armario, un techo sobre nuestras cabezas y un lugar donde dormir, nosotros somos más ricos que el 75% de la población mundial.
Si alguno de nosotros guarda dinero en el banco, en la billetera y tiene algo de efectivo en la caja fuerte…entonces esta persona se encuentra entre el 8% más rico de este mundo. Si alguno de nosotros tenemos aún a nuestros padres juntos y unidos, ese alguien es una persona muy rara.
Nosotros que estamos leyendo esta declamación de la “aldea pequeña”, tenemos mucho mejor suerte que 2 mil millones de personas en este mundo, que ni siquiera saben leer.
Somos conscientes hasta aquí, de lo que hemos leído. Seguramente luego de hacerlo, alguien se sentirá mejor. 
¿Pero será consciente de la realidad de un mundo en que no hay aceptación del otro, educación y sobre todo, tolerancia? ¿Y nos hemos dado cuenta que solo somos marionetas de un guión ya escrito para nosotros y las generaciones futuras? 
Como lo dije antes, muchos de nosotros seguramente hemos leído algo Noam Chomsky; y seguramente polemizaríamos sobre algunas de sus aseveraciones. El rumor es que Chomsky asegura de una estrategia de los EEUU, Israel, la CIA y demás poderes mundiales, frente a la pretendida supremacía de la locomotora China en el escenario mundial, a través de una guerra bacteriológica de baja intensidad, y porque de baja intensidad porque no afecta tanto la morbilidad de los niños y jóvenes (mano de obra futura) y si de los ancianos (mano de obra inactiva), que nos recuerda la frase de ChristineLagarde (Ex Directora del F.M.I.) en que vivían demasiado y eran un riesgo para la economía mundial.
del coronavirus, Sars, Mers y Ebola, así tuvieron la coartada perfecta de acusar al gobierno chino e introducir el COVID-19, aprovechando justamente la conmemoración del nuevo Año Chino, para su propagación exponencial. Su segundo enemigo es Irán, sobre todo por el riesgo militar que puede representar para Israel. En tercer lugar, Europa la que se opone abiertamente a las medidas y recetas proteccionistas de Trump, por lo que se introduce el virus en Lombardía, en represalia al gobierno de Salvini, líder de la Liga Norte y considerado ser un traidor al apoyar a Rusia internacionalmente y verse implicado en sobornos rusos. También por entablar excelentes relaciones con China, para establecer una nueva ruta de la seda. La inteligencia norteamericana sabe que el efecto en Italia, detendrá la economía regional de la Unión Europea. La segunda fase será el control total de la guerra bacteriológica, al poseer desde el primer momento la vacuna contra la nueva cepa del Coronavirus, en laboratorios de los EE.UU. Así venderá patentes a su antojo a países amigos y no tanto a otros, para debilitarlos aún más para llegar al nuevo orden capitalista. La tercera fase, permitirá a los EE.UU. establecer el nuevo orden mundial capitalista con la desaparición de amenazas como la Unión Europea, Irán, Corea del Norte, Venezuela y otros, y el debilitamiento de China Continental y Rusia. El resto del mundo entonces, volverá entonces a ser su patio trasero.