¿La moral? ¿Dónde está?

Toda creencia o mito aparece hoy, como solución al karma diabólico de por si negativo, que es la pandemia.
Así recibí hoy; un chat en que decía “Nuestro gobierno cerro el país el pasado veinte seis de marzo, mientras en un versículo bíblico dice; “Ve  pueblo mío, entra en tu casa y cierra las puertas detrás de ti. Escóndete un poco, hasta que pase la ira del Señor”, dice el versículo correspondiente a Isaías 26:20 en lo que para muchos significa una profecía de lo que sucede en gran parte del mundo en la actualidad. Y más allá de esto, algunos dicen “El Señor ordeno un encierro durante la Pascua en Egipto… cuando El Ángel de la muerte paso, donde los israelitas estaban protegidos por la sangre del cordero”. El pasado 16 de abril es cuando finaliza la Pascua y en esa fecha se terminó la primera cuarentena. 21 días es el 16. Esto es increíble!! (SIC)

Luego un mensaje; existen creyentes que dicen que a partir de hoy y durante 90 días, el sol se estará expandiéndose sobre la conciencia de todos, actuando sobre el ADN, emanando mucho amor. Los controladores que no nos quieren despiertos y activados LO SABEN, por eso quieren a la gente encerrada. Y no es casualidad que en esta época el Sol esta tan activado generando radiaciones de amor tan poderosas para que se lleve a cabo la ASCENCIÓN HUMANA de acuerdo al PLAN DIVINO para el que fuimos destinados, se hayan puesto de acuerdo y para atacarnos con esta Pandemia y aislarnos encerrados en casa, para alejarnos de recibir estos maravillosos códigos sagrados. Párense frente al sol, salgan donde la luz solar mata las cepas o larvas de todo el cuerpo. Miles de Códigos de Luz están golpeando el planeta para que lleven a cabo todas las actualizaciones de ADN. Hay que mirar al sol tanto cuando sale como cuando se pone, como lo hicieron los egipcios hace miles de años. La glándula pineal se activa mucho más y se nutre cuando miras directamente al sol. Quédate en el amor. Quédate en el amor y la compasión. Si no hay sol afuera, cierra los ojos e imagínalo con tu tercer ojo.” (SIC)

Siempre he sabido que la radiación ultravioleta puede dañar nuestro ADN- pero vaya uno a saber-.

Y luego de esto, se imaginaran que pocas ganas tengo de polemizar sobre las profecías de Nostradamus (TERCER SIC). Cada cual, es dueño de creer en quien crea, por algo todos sin excepción somos dueños de nuestro albedrío. 

Ahora bien, ya anteriormente en forma anticipada y luego reiterada, escribí suponiendo ciertas teorías conspirativas, fundamentado en el “ver para creer”.

Si bien trato de no estar conectado tanto con lo periodístico, la información en forma de metralla nos dice que tanto la nicotina, el plasma, la inmunidad del contagiado asintomático y tantas otras e innumerables falacias, darán al mundo el poder lograr la cura o la milagrosa vacuna. Esa misma información que amplía con todo el morbo posible, construye un ranking de los números de contagios de cada país, como así el número de muertos, como si a alguien en su sano juicio le interesara saber quien va en el primer o en último lugar, cuando miles de personas no pudieron siquiera, despedirse de sus muertos.

Me tienen harto con el aplanamiento de la curva, de los recuperados, que pueden servir como donantes para inmunizar a los que por miles, seguirán contagiándose. O colocar como prioridad mantener “protegidos” a aquellos considerados adultos mayores –cuando en la cultura occidental se los excluye permanentemente-. Ahora como si fuera novedad, la hipocresía de la sociedad se aterra de lo sucedido con aquellos internados en geriátricos, que se han contagiado porque sus hijos o nietos (salvo excepciones por alguna discapacidad severa), les resultaba una molestia tenerlos en su casa y los dejaron a su suerte. Ahora los funcionarios ineptos, abundan en declaraciones en cuanto a extremar el control de esas instituciones, que se cuentan por miles, siendo imposible de realizar. Como tantas otras cosas, la memoria colectiva sufrirá una amnesia y se olvidara de ello. Hasta que vuelva a suceder algo similar y servirá para volver a una rueda circular, a la que nadie le pone freno.

Aun mas, ahora toda persona mayor de setenta años deben solicitar permiso de salida de su domicilio aun por un día, justificando las razones. Así, los confinan como en guetos domiciliarios quitándoles el derecho a movilizarse, violando normas constitucionales o supranacionales.

La mayoría creo al igual que yo; cree pensar que esta pandemia está alejada de la extrema gravedad de aquellas pestes, que la historia nos describe cruelmente desde el inicio de los tiempos, con millones de víctimas. Ahora bien, no son pocos los que dicen que luego de eliminar al COVID-19 (Que así sea), resurgiremos mejores como sociedad.

Pido disculpas, pero tengo mis dudas. Creo que a vamos a mirar al otro, de distinta manera. Que nuestras conductas cambiaran, luego de estar tan aleccionados con prohibiciones de acá y allá. Que seremos más individualistas y distantes que antes. Que geopolíticamente no habrá cambios en el poder central. Y que seguiremos sin enterarnos o bien no dándole importancia a que hay países en donde tres de cada cuatro niños menores de 5 años, mueren de hambre cada día, otros que no superan los 30 años como expectativa de vida, justificando que nada podemos hacer y son solo números de una realidad perversa siendo lo más grave que seguiremos acostumbrados a ello, lo que nos lleva irremediablemente al inframundo merecido, si es que existe.

Mientras tanto, mal que nos pese, seguiremos haciéndonos los distraídos – me incluyo -viviendo una realidad que nos imponen y sin ofender, a todos sin distinción dentro de la misma bolsa. Si alguien se sintió molesto, le pido disculpas, es solo lo que pienso. 

¿Lógica razón?

Tenía ganas hasta
hace un rato de hacer algo,
pero no recuerdo ahora
de que se trataba.
Lo mismo me sucede
cuando llevo un limón
a la alacena y la sal
al refrigerador. ¿Raro, no?

A veces mi lógica va como
esfumándose y yéndose
por ahí, pero no sé dónde,
al igual que la capacidad
cognitiva que creo haber
poseído aun en situaciones
difíciles de enfrentar y resolver. 

Y eso que aplico cada día
técnicas neurolingüísticas,
para alimentar este cerebro
que iluso, creo me acompaña
desde siempre y debo alimentar.

Tampoco me voy a acomplejar,
cuantas personas van por ahí,
sin saber siquiera que valor
tiene de lo que hacen cada día.

Muchos me criticaran, 
lo doy más que seguro.

Pero en verdad, si me paro
en una esquina cualquiera
de cualquier ciudad del mundo,
y abro mi plegable mesita tijera,
sentándome en un banquillo
comenzaría una encuesta de opinión.

Mi primera pregunta sería
¿Sabe Usted que papel
cumple en este mundo? 
Fundamente.
¿Qué significa para Usted
la vida? 
Fundamente.
¡Entre el ser y el alma,
con cual se queda? 
Fundamente.

Me encontraría al finalizar
con una parva de respuestas, 
que deberé sin duda clasificar
según un rango subjetivo,
de lo que para mí, solo para mi
será acertado o por el contrario
una verdadera y total estupidez.

Quien puede atreverse a adivinar
cuál será el número de aciertos
como así de los desaciertos obtenidos,
al ser estos últimos el resultado
de lo que por lo general las personas, 
califican que están fuera del sano juicio.

Puedo asegurar que el resultado
por ser tan falibles, sorprendería a todos.

El piso de arriba – El final

Más que sorprendido
vuelvo a sentarme,
para seguir escribiendo,
sin abrir aun el sobre
que pegado a la puerta,
me estaba esperando.

Pero hay una extraña
tranquilidad que me envuelve,
será quizás la fragancia
que desprende ese sobre,
junto a un inesperado y extraño
temblor en mis manos.

Comienzo a abrirlo
encuentro una nota,
escrita con letra delicada
y extrañamente cursiva,
no habitual hoy en día.


Comienza con un simple
“querido joven del piso de abajo”,
-me he sentido halagada
de recibir tan hermoso
y tan bien ejecutado regalo,
no solo por su contenido
siendo por casualidad, la música
que me acompaña cada día-.

Suspiro, sonrió y pienso
levantando la mirada, 
veo que le agradaron las melodías
que grabe con mi viejo saxo,
ese reluciente instrumento
que tengo desde adolescente.

Sigo leyendo, y al hacerlo
mis ojos se niegan a creer
todo lo que sigue a tal gratitud,
va desgranando sus comentarios
en una suave prosa que dice
-“tu bien sabes donde vivimos
y de la antigüedad del edificio,
seguramente tu escuchas
como lo hago yo, cada día
la intimidad de los otros”-.

-En mi caso, la pareja de ancianos 
que vive en el piso de arriba
se regañan mucho y a menudo
elevando sus voces muy seguido
así que bien sabrás imaginarte,
que los conozco como nadie
jamás podría siquiera suponerse-

-¿Recuerdas aquella vez,
que nos cruzamos en el palier?-

-No te voy a engañar, “joven de abajo”
que al verte, creyendo conocerte
como alguien del pasado reciente,
baje la vista cuando me saludaste.-

-Sabes bien que como ejercicio
entre otras de su rutina diaria,
el encargado conoce vida y obra
de cada uno de nosotros,
y al ser tan poco reservado
creyendo que el saber del otro,
inflama aun mas su ego de poder 
poco tuve que esforzarme,
en preguntarle y saber quién eras
que hacías, en que piso vivías.-

-A partir de allí y conociendo 
la acústica de nuestros muros,
inicie un acercamiento sonoro
hacia ti que llegara a tus oídos,
porque bien sabes de aquello
“que la curiosidad mata al hombre”.-

-Fue la seducción en juego
con un final casi anunciado,
pero igualmente incierto
ya que no podía saber
si actuarias según mis cálculos.-

-Pero bueno, aquí estamos
seguramente tu leyendo
estas líneas, sintiéndote molesto.-

-Pero no te sientas así, mi seductor
“amigo de abajo” no debes hacerlo,
porque también tú me agradas.-

-Mira si no es así, que no solo acepto 
encontrarme contigo el día después 
de este demonio que nos ha invadido,
sino ademas te invito a que juguemos
vía skype a comenzar a conocernos,
e iniciar esa aventura a la que casi todos
en tiempos de total aislamiento,
la llaman sutilmente “sexo virtual”.-

-Qué opinas?  Beso y abrazo.-
“Vivi” 1563565145 vvsaenz@yahoo.com

Mis brazos en jarra caen
a ambos lado de mi cuerpo,
aun sosteniendo la misiva.

Que puedo decir, luego de leerla.
Me siento no tanto, como aquella 
antiquísima novela de Villar, 
best seller  como “el varón domado”
pero si como un prisionero,
convertido en un instrumento
en su propia telaraña enredado,
por alguien que tuvo el control
desde el primer momento
en un inesperado e imaginario juego.

Bueno, prefiero dejar de imaginar…
Mejor encontrarme con la realidad que me aguarda.
..

El piso de arriba – Parte VI

Hoy domingo y se lo deje
el jueves pasado, 
sin noticias, día tres
lo que podía ser posible.

Quizás se dio cuenta
aunque no supiera
como lo hacía,
que la debía espiar ya que
de la nada yo no podía saber,
la música que frecuentemente
solía escuchar a la mañana
y al atardecer, cuando llegaba.

Me veo en el espejo
como un pervertido,
y me sorprende verme
a mí mismo tratando de deshacer
lo que ya no tiene remedio.

Que pensara, que supondrá
Quizás que la miraba a través
de un visor colocado
en un agujero que yo había hecho
en la loza del techo el que 
a la vez era el piso de arriba. 
¿O que le había 
puesto una cámara?

No había demasiado
en lo que le deje
para que me denuncie,
solo una corta misiva
y una bella grabación
con contenido musical.

Me estoy poniendo
creo más que un poco paranoico.
Uff…el timbre ¿Quién será?
Debo dejar de escribir
y seguir con esto, luego.
Mis sienes palpitan,
como si entrara en pánico.

El piso de arriba – Parte V

Comencé a preguntarme 
cómo llegar a ella, 
haciendo parecer casual
un encuentro fortuito,
pero fui desechando 
una y otra vez cada idea,
que ya a mi fatigada neurona
recibía siendo más infantil
que creíble al igual que la ultima.

Además, en cuarentena
más que imposible, era una locura.
Solo podia planificar un encuentro
en forma posdata da.

Me di un golpe en la sien,
como no había pensado
en el equipo de grabación 
que usaba cada tanto,
cuando tomaba mi saxo
para sacarle algunos acordes,
tocar alguna melodía
y dejarla grabada, 
para escucharla luego
junto a mis amigos de la vida,
en esos atardeceres
que se hacian noche,
llegando casi siempre 
juntos al amanecer.

Le grabare algunos temas
de los intérpretes que escucha
cada día, pero será como descubrir
que se de sus gustos por la música.


No importa, se lo dejare 
a la entrada de su piso 
con una breve nota 
que dirá un sábado 
sin fecha, hora y lugar 
del encuentro,
mi nombre y teléfono 
con el agregado
de  “el joven de abajo”

Quedará sorprendida, 
y seguramente si acepta,
me llamara o su silencio
será la única respuesta,
para darme el resultado
de un intento fallido.

El piso de arriba – Parte IV

Desperté,
y el dolor de cabeza
no dejo de acompañarme
hasta media mañana.

Recordaba lo sucedido
como también la conclusión
a la que había arribado,
antes de caer dormido.

Estaba convencido
de que mi locura
era mayor a lo que pensaba,
me había dejado seducir
por los sonidos que fluían
del andar de una mujer,
a la que desconocía
y vivía en el piso de arriba.

Y que cuando, a veces
no la escuchaba, extrañaba
su presencia que me daba letra
a la historia que escribía
y era esa misma historia
la que me movía por dentro.

Parecía que como suelen decir
en este caso, todos los planetas
se hubieran desalineado de su eje,
en el momento menos oportuno.
La pandemia, el aislamiento.

Ella debe tener un permiso
de trabajo, de lo contrario
debería encontrarse como
la mayoría, en aislamiento.

Peor aún, cuando la imagino
es como si trazara a lápiz
su figura quizás embelleciéndola,
aun mas de aquella silueta
difusamente recordada en el momento,
que en el palier nos habíamos cruzado.

El piso de arriba – Parte III

Escuche al rato, el agua
escurriendo por la tubería,
la imagine saliendo de la bañera
con toalla en mano y su salidera,
secando suavemente su cuerpo
como pretendiendo que el cansancio
se fugara de su mente y de su alma,
poniéndose unas medias largas
para caminar descalza por su piso, 
en que solo la música se escuchaba.

Me detuve, pensé en ese instante
cuanto tiempo hacia que sin saberlo,
estaba curioseando su intimidad
aunque ella no lo supiera, con una mirada
en la que se advertía una sexualidad imaginaria.

Pero no había en mí, reacciones eróticas
solo primaba la íntima satisfacción
de describir por sonidos su vida misma,
aunque me faltaran páginas de su biografía.

Reflexione 
me pregunte si mis amigos
aceptarían el contenido de mi historia,
cuando siempre me importo un carajo 
la opinión de los demás, 
entonces volví a preguntarme 
que buscaba realmente ,
sería algo más que pretender ser 
el coautor anónimo de una obra 
o pretendía sin darme cuenta,
apropiarme del mundo 
de los sueños y deseos,
de esa mujer del piso de arriba. 

De golpe, fue como si mis oídos
dejaran de escuchar lo que sucedía,
tan preocupado estaba que no pare 
de pensar en todo ello,
cuando caí vencido en la cama
hasta que el sueño me venció.

El piso de arriba – Parte II

Obviamente, 
no era mera casualidad
que yo me despertara
por propia voluntad,
las campanas del amanecer
provenían del piso de arriba.

En realidad, mal no venia
su salida de la mañana,
me llevaba a sentarme 
en mi cama, pensando
como construiría mi día,
fuera de las actividades
que registradas en mi teléfono
suelo tener, como buen obsesivo.

Todo ello, sabiendo que 
que al atardecer, volvería a ser
el coautor de su retorno.

El telón se levantaba
no más allá de las seis,
los tacones por la escalera,
las llaves en la cerradura
anunciando su llegada.

Zapatos que caían al suelo
al llegar a su dormitorio,
como odiados accesorios
en su caso, solo para sufrir.

Ello sugería solo una cosa,
demasiado tiempo parada.
¿Cuál sería su empleo?
Podría ser uno entre decenas, 
no lo sabría elucubrando tonteras.

Pero lo audible sufría un cambio
de acuerdo a sus movimientos,
pisadas que no se escuchaban,
música de Il Divo o Bocelli
como para iniciar la relajación.

La puerta del baño, nuevamente
cerrándose tras de ella.
Rato más largo que la mañana,
imagino un baño de inmersión.

Solo me cruce con ella
una sola vez en el palier,
susurro un buen día
bajando su mirada.

Morena, alta, elegante.
Imagine su largo cuerpo
cubierto de pompas de jabón,
en un pequeño mar de sales
aromáticas, que cubrirían su cuerpo.

El piso de arriba – Parte I

Tenía razón aquel afamado relator.
Que como el fútbol, la vida también 
es lo dinámico de lo impensado.

Sin saberlo, sin intención alguna
me transforme en espectador
invisible de cada día de tu vida.

Eran sus pasos diminutos
que golpeaban arriba en su piso,
bien se sabe que no hay intimidad
en un edificio en donde lo auditivo,
va dejando señales subjetivas
de aquel que habita y uno no conoce.

A las seis de la mañana,
esos pasos me hacían conocer 
la rutina de su vida, caminaba
y luego se escuchaba la música
de Queen o Pink Floyd,
una puerta se cerraba detrás de ella, 
y su intimidad quedaba asegurada.

Al rato, la misma puerta
abriéndose traía sus pasos
nuevamente al dormitorio,
deslizaba según su animo
una corrediza supongo de un placar,
y en mi imaginaria coautoría 
era el momento en que elegía
que se pondría ese día.

La música seguía sonando,
acercándome a su edad probable,
era gracioso que a través
de ruidos altisonantes o diminutos
se me permitiera ser participe 
de una obra, de la que ni siquiera
era protagonista, solo espectador.

Sabía que estaría desayunando,
el olor a pan tostado 
de por si recurrente,
bajaba por la escalera, penetrante.

Se acercaba la hora de partida,
mis oídos hablaban de su loza 
golpeando y a los pocos minutos, 
con sus tacos más su acompasado
ruido de llaves anunciaba
cerrando la puerta tras de ella,
que el primer acto había finalizado.

Momentos…

He salido como cada mañana,
en este por ahora, benévolo otoño
caminando con mi mascota
por las calles desiertas de la ciudad,
pienso ahora alejado para mi bien 
y el suyo, del bullicioso y traumático
centro de Buenos Aires, si bien hoy
no es siquiera lo que suele ser,
razón de ese álgido y feroz demonio,
que azota con su inesperado contagio
al desprevenido que no ha guardado reparo.

Momentos de reflexión
que me permiten decirme
que la rueda sigue girando
y si bien no ser inconsciente
es la premisa que debe tenerse,
debe vivirse en forma intensa
en lo que cada uno realiza,
que es una sutil manera de alejar
la locura masificada por los medios,
sobre estadísticas y curvas aplanadas.

Haciendo lo que nos llena el alma
es lo más saludable en esta etapa,
curar heridas, recordar lo bueno
de nuestro camino ya andado,
pensando en un mejor futuro,
construyéndolo desde adentro
para que cuando todo sea pasado,
nos amiguemos con nosotros mismos
que será una manera de amigarse,
con esa profunda e infinita espiritualidad 
que la mayoría ha abandonado en algún momento, 
por todo lo vano e híbrido del creer ser, 
disfrazándonos de lo que realmente no somos.