Alejandra Fenochio, la pintora que ve lo que nadie quiere.

Un recorrido de su impresionante obra puede verse durante septiembre en Munar

Si en el rostro humano pueden advertirse las marcas de la experiencia, en la mirada y la pintura de Alejandra Fenochio es la cartografía del trabajo, las crisis y la supervivencia de los trabajadores lo que aparece como si también fueran retratos. Escenas que la sociedad descarta, obras hechas con escombros que el río-y la mano de la artista- ha convertido en joyas, las caras de quienes habitan y hacen el barrio de La Boca forman un recorrido que puede visitarse como si se atravesara un sueño de luz intermitente en el espacio Munar, en el marco de la Bienalsur durante todo septiembre. Una inmersión en una historia común, aún para quienes podrían creerse ajenos.

“Yo, La Boca y la pintura es todo una mezcla”  dice  Alejandra Fenochio. Y vaya que sí. 

Cada vez que la flamante ganadora del último Premio Salón Nacional de Artes Visuales dice “La Boca” se despliega el barrio con el que está fundida como los lingotes de hierro en el puente que cruza el río Matanza-Riachuelo. 

Cuando dice “la pintura” se refiere al material con el que convive desde hace más de 30 años. 

Si deseas conocer más de Alejandra; por favor cliquea en lo escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Alejandra deambula por su “Calle” (exhibida en el centro cultural Munar durante todo septiembre) de abrazo en abrazo. Son pocos los lapsos de tiempo en los que los cuerpos no la contienen. Artistas, vecinos, amigos de diferentes épocas, parte de la hinchada de San Telmo. 

En ese vaivén cae en una ronda que forman las mujeres cooperativistas del barrio, vecinas que trabajaron para recuperar el puente de hierro Nicolás Avellaneda después de seis décadas de abandono. Ellas posan acercando la mejilla a los pequeños cuadros que contienen sus rostros, se ríen, revisan en la pantalla de sus celulares cómo salió la foto y vuelven a posar. “Ni te imaginás cuando vieron estos cuadros en el Proa”. Dice Alejandra mientras observa la escena.

La calle en pinturas

El centro cultural Munar, que en otro tiempo fue cantina, está alineado con el puente recuperado. 

De este lado de La Boca, más orillero que Caminito, ahora deshojado de turistas, aparece esta ronda que reúne 20 años de trabajo de Alejandra Fenochio en el marco del La Bienal de Arte Contemporáneo de América del Sur (Bienalsur 2021), en el segmento “Modos de Habitar”, exposiciones lideradas por artistas mujeres hasta diciembre de este año en más de 120 sedes y en 50 ciudades de 23 países.

Alejandra pinta trabajadores y se reconoce como una trabajadora del arte: “Cada vez veo más” ¿se refiere a la vista? ¿a esa capacidad que en el mundo de los mortales se va desgastando con el paso del tiempo? 

Su coartada es permanecer en el barrio y pintar su historia en rostros: “Mi obra básicamente trata de retratos, siento hasta los paisajes como retratos. Creo que eso es lo que impacta. Lo humano que hay en los cuadros”. Aunque sean paisajes, para ella todo es una cara y no es sólo jurisdicción de la tela.

El 1 de mayo pasado -día en el que cumplió 59- pintó un mural de Doña Kuka frente a su casa, registrado en un video documental. Doña Kuka era una vecina del barrio que murió en septiembre de 2020 a causa de la Covid, una chaqueña que llegó siendo muy joven a los conventillos de La Boca. 

En el pincel de Alejandra sostiene un bastón con una mano y con la otra revolea al aire una bandera azul celeste, la del club San Telmo. Tiene puesta una remera roja del Gauchito Gil y por detrás la atraviesan los rayos de sol.

La vía, los adoquines y el barrio. En esa misma cuadra, a la vuelta del Proa, vivía la doña que mantenía las puertas abiertas los días de partido para calentar los motores de la previa. Ese mural, el grupo de hinchas que se quedó sin “La Kuka” y Alejandra son la clave de la mezcla, pero hay más.

En 2012 Fenochio presentó en Tecnópolis “silvestres vidrios brotaron”, un ecosistema construido en base a una tarea de recolección. Como una espigadora, desde finales de los 90, daba vueltas por la reserva ecológica de la Costanera Sur recogiendo escombros, enamorada de los colores que se iban formando cuando el sol le daba de lleno a los vidrios corroídos por el río. 

Su taller, que está en el fondo de su casa detrás de sauces y bananeros gigantes, está repleto de esas piezas como parte del mobiliario: hierro de puente, vidrio de basura y piedra de antaño. Pero no fue solo un pasatiempo de la adultez, de niña fantaseaba con trabajar con el desecho: “Cuando era chica soñaba que la gente se iba de la playa y yo me quedaba sola en ese paisaje, juntando las cosas que dejaban, pero siempre en la orilla, junto a lo que traía la corriente”.

Permanecer -atentos a la coartada- observando sigilosamente todo aquello que se transformó con el resto. En esta muestra aparece una parte de “silvestres vidrios brotaron” en el centro del primer salón como gemas que iluminan una calle.

¿Cómo es el puente que une la orilla de “Silvestres vidrios brotaron” con la orilla de “Calle”?

Es un puente del despojo. Lo desechado de la sociedad, las dos orillas se unen por la transformación: el material de la Reserva Ecológica es el resto de construcciones convertidas en flores y las criaturas de los retratos de “Calle” son seres excluidos y convertidos en cuadros.

La muestra tiene dos espacios, en el primero las cooperativistas siguen posando frente a sus retratos. Por ahí también vagabundea “las trans del Muñiz”, un grupo al que le dió talleres de collage y que tampoco se quieren quedar afuera. 

Le sacan fotos y posan con ella. Nadie se quiere perder lo que en el barrio además de una muestra de arte es una celebración comunitaria.

Al segundo espacio se accede atravesando una tela oscura, allí las criaturas -humanos y no humanos- transformadas en cuadros gigantes aguardan las visitas con un juego de luces que emulan el día y la noche. 

En ese umbral, que es como los últimos pestañeos de un bebé antes de caer en un sueño profundo, aparecen las escenas: “Trabajó con una perspectiva más orgánica y a la vez onírica. Con una sensación de que vos sorprendiste al otro en una situación íntima. Algo que no tenias que estar mirando en este momento. Pero estás ahí y sos parte de esa escena. Por eso las miradas están tan cargadas”. 

Cada cuadro le llevó aproximadamente un año, las escenas son también el desecho y el descarte que provocó la crisis del 2001 y más atrás en el tiempo, la dictadura, cuando ella tenía 18 años.

¿Cómo llegaste a imaginar esas luces para estos cuadros?

Lo pensé porque duermo en el taller. A veces ves mejor y otras peor. A veces, se ve el trabajo más originario, la cara toma otro peso con la luz. Este tipo de iluminación involucra mucho más al que ve, la luz te invita a meterte en esa situación.

Hace un rato, un grupo de mujeres cooperativistas se estaban sacando fotos junto a las pinturas de sus retratos.

Eso pasa acá y pasó la primera vez que mostré la serie “Puente” en la Fundación Proa. Me acuerdo que en aquel momento una madre y su hija daban vueltas por la muestra y la hija le preguntaba todo el tiempo: “¿Vos estás segura de que hay un cuadro tuyo acá adentro?”

En 1988 Fenochio fue por primera vez al puente, trabajaba en el Plan Cultural de Barrios en una escuela de La Boca con sus alumnxs. Pero luego no fue más a verlo por el gran deterioro en el que estaba. En 2010 volvió cuando ya estaba restaurado. Se empezó a acercar a quienes estaban involucrados en ese trabajo, de ahí vienen los 50 retratos como un homenaje a esa gran tarea de recuperación.

 Un premio comunitario

Apenas unos días después de la inauguración de la muestra, Alejandra fue galardonada con el Premio Salón Nacional de Artes Visuales por su obra El pandenauta, en la que retrata al chofer de un vehículo en tiempos de pandemia. Durante el 2020 vendió verduras orgánicas en el barrio y de eso también hizo retratos. 

Son cuadritos pequeños que pueden ser mostrados entre las manos, como si fueran figuritas. Cuesta encontrar cuál es la fruta o la verdura que falta.

¿Cómo fue que te pusiste a pintar frutas y verduras?

Fueron cuadros muy internos, como la pandemia. Gané el premio con el retrato de Fernando (el chofer) y pintaba verduras que era lo que vendía. Todo es muy autobiográfico. Totalmente carnal.

Sobre el premio lo que se escucha por los pasillos de la muestra es algo así como: “menos mal que se lo dieron”.

¿Vos sabés que todos hablan de justicia? A mi me pasan muchas cosas con lo comunitario, mi vida pasa por lo comunitario y entonces yo siento el premio como comunitario. Los cuadros también siento que son de las personas a quienes retrató y de quienes los ven.

¿Qué pensás de la justicia en el mundo del arte?

¿Qué es el mundo del arte? ¿Lo que se vende? Yo no entiendo mucho, para mí toda la gente que está acá es del mundo del arte. Después está la otra parte, por ejemplo a mí me da vergüenza decir los precios de mis obras, lo que pasa es que el arte se convirtió en una cosa muy intangible, que se compra con moneda intangible como las bitcoins. 

Trato de escaparme de esta intangibilidad y naturalmente no me meto. Entonces cuando muestro es algo así, en donde trato de abrir el lugar en donde estoy.

En ese sentido ¿es un tipo de economía alternativa?

Totalmente. Sin ir más lejos, yo vivo de amasar pan o de vender verduras. Los vínculos comunitarios acá en el barrio generan otra economía, sin duda.

La calle del involucramiento

Al trabajo que expone -algo que no hace muy a menudo- lo considera de impacto porque sostiene una misma línea de búsqueda: un involucramiento que en esta muestra puede apreciarse -también- a través de una propuesta de talleres: Carló Pelela une puentes diminutos en su taller de Metal Creativo; Silvina Babich hace enjuncado en sillas; Lucho Galo da un taller de Gráfica Comunitario de la Boca Grabado y Amina Chachi Azura, realiza un Happening- colash tendida en una mesa redonda vestida con un mameluco, un barbijo N95 y una máscara. 

La consigna es llenar ese mameluco de recortes de revistas y diarios de todo los tiempos. Amina se incorpora y deja la mesa por un rato. Descansa, fuma un cigarrillo pero se queda quieta para que nada se salga, todavía el pegamento está mojado. 

Al lado suyo, un grupito de gente practica soldadura eléctrica: ¡“máscara”gritan antes de provocar el cortocircuito que da origen a la soldadura. Quienes no tienen le dan la espalda a ese pedacito de rayo que une los diminutos hierros que forman la réplica en miniatura del Puente Nicolás Avellaneda.

Ese sábado es el cumpleaños de Amina, que vuelve a recostarse en la mesa luego de su descanso. Otra mezcla, otro motivo de celebración barrial. 

Todos los sábados de septiembre durante cuatro horas, en esta ex cantina el recorrido invita a permanecer en la mixtura entre pintura, vidrios corroídos y la hospitalidad del barrio que en una complicidad fraternal con Alejandra hacen del evento una celebración en muchos sentidos.

¿Por qué elegiste hacer convivir la muestra con talleres?

Para involucrarnos. Acá yo retomo lo de la justicia y lo del trabajo con el otro. Me reconozco como una trabajadora del arte, me gusta pintar a quienes trabajan y me gusta reconocerme ahí. 

Que no haya diferencia. Por eso cuando venís a esta muestra parece que pasa de todo. Los talleres los dan toda la gente del barrio, porque también me interesaba poner en juego el oficio.

¿Cobra un sentido más transversal el encuentro o el involucramiento después de la pandemia?

Sí y es una belleza. Las dos palabras que pueden sintetizar este momento son “emoción e impacto”. Yo veo mucha gente muy emocionada atravesando la muestra y llorando. Eso tiene que ver con el encuentro y el pensar en lo comunitario como un modo de vivir, tanto en la obra como en lo personal.

¿Hay algo performativo ahí?

El trabajo de los retratos de los trabajadores del puente tiene mucho que ver con un trabajo que hice en Rosario sobre los pescadores en la serie “Río”. Yo iba, me sentaba en la pescadería, nadie entendía porqué estaba ahí. Después empiezan a ver que vas y que volvés, que te quedas. 

La pintura tiene eso, que no es un instante. Tiene un tiempo que permite el involucramiento con gente porque empezás a formar parte de su vida. Y si. Que gente por organizaciones sociales y barrios populares de pronto estén en el Proa o que los pescadores estén en el Museo de Arte Moderno de Rosario, es performativo. Eso a mí se me da naturalmente.

Ficciones de lo real

La muestra está curada por Adriana Lestido y Carlos Herrera, Alejandra sigue merodeando de abrazo en abrazo. En las columnas entre estas escenas inmensas se lee: “¿De qué se trata hoy hacer un retrato? Mejor. ¿De qué se trata ahora hacer un retrato para Alejandra Fenochio? Calle y sus habitantes silenciosos dan cuenta de un procedimiento que la artista- que elige la nobleza y la laboriosidad de la pintura para diseñar su obra- viene ahondando desde años”. 

Desde la época en que la misma Alejandra contaba que pintaba en un baño porque era el único lugar donde podía, ahí entraba la tela y ella. El texto sigue: “en esta muestra de obras selectas de gran tamaño estalla ante nuestra mirada como un escupitajo que nos alerta y mancha con una realidad que es evidente, silenciosa y tachada”.

Ante su afirmación “cada vez veo más” este mismo texto, añade: “Fenochio no teme mirar a sus retratados, los ojos de los cielos oscuros, de los animales y de las personas que ya no reinan la ciudad, ni esta ni ninguna. 

La paleta barroca, necesariamente oscura y que construye formas abigarradas, viene a hablarnos de estos tiempos en los que la oscuridad se apropia también de los momentos en los cuales debería reinar la luz y se hace invisible durante la noche”.

Al salir de esa sala onírica, de frente, hay otra tanda de cuadros pequeños, hechos con maderitas siguiendo el oficio paterno. 

Otros escenarios: un tanque de agua, el cielo y el río. “Tengo muchos temas” dice, y se detiene frente al muelle que forman varios cuadritos. La preocupación por la bajada del río Paraná también está en sus pinturas, esa corriente que de tanto desecho hizo flores ahora se transforma en un ecosistema en riesgo.

La lluvia del fin de la jornada repliega a lxs talleristas, el reparo también es comunitario. Alejandra sigue con su coreografía de abrazos, en las manos contiene una cajita que le acaban de regalar. Tiene el mismo brillo que los vidrios. 

Dice que le pidieron que la abra cuando esté sola. Para eso todavía falta. Hacemos la última pasada por la muestra, la sensación de no querer irse también es compartida.

Tenés cuadros enormes y cuadros muy pequeños ¿No hay un término medio?

No, no pinto medianito. Muchas veces vienen los galeristas y me dicen ¿no tenés algo más medianito? Cuando empecé a pintar los cuadros chiquitos, que tengo como 2000, los armaba con pedacitos de madera del taller de carpintería de mi papá. 

Entonces eran todos hiper irregulares, y la verdad es que sigo amándolos con maderitas que sobran. Los grandes me llevan un año de trabajo, así que en esta muestra imaginate el tiempo de vida que hay.

¿Cuánto?

Toda una vida.

Alejandra tiene mucho trabajo por delante. Los enormes cuadros de “Calle” se transformaran en afiches para las paredes del barrio, más cerca aún. “Para que pases y los veas, todo un recorrido”. Así como la “Kuka” en el mural frente a su casa, también estarán las escenas de las criaturas.

¿Qué te conmueve ahora ?

El encuentro, el abrazo y poder celebrar la vida cuando hay tanto muerto alrededor.

Imagen: Gentileza Página 12

FUENTE: Página 12 – Cultura – Arte pictórico – Sociedad –  Por Euge Murillo

 

Vivir en soledad

Sería un
despropósito
hablar solo
del hombre,
excluyendo
a la mujer,
tal cual par.

La soledad
se vive
muchas veces
con la falsa
creencia,
que teniendo
actividad
desde al
amanecer
hasta el
atardecer,
uno la evita,
no la padece,
se miente
diciéndose
que la domina,
sujetándola
a su voluntad
y capricho,
eso se denomina
insensatez o estupidez
frente a la vida.

Porque
casualmente,
en cualquier caso,
es cuando
al atardecer,
al dejar
de lado
las rutinas,
simples parches
que cubren
las carencias,
tratando de
convencerse
inútilmente,
que todo
siempre resulta
soportable.

Son la familia,
los amigos,
los desconocidos
con quienes
en forma casual
nos comunicamos,
y porque no
la esperanza
del último amor
lo que nos hace
sentirnos felices.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

No voy a traicionar a Borges, de José Luis Rodríguez Zapatero.

Palabras hilanderas es el nombre de la colección, formada por diez libros, de las editoriales Huso y Cumbres. 

Un conjunto de obras diseñado «con todo el rigor de la imaginación, comparten una obra artística, un sueño creador, a una autora, a un autor, una intuición, un pensamiento». Jorge Luis Borges es el protagonista de la nueva entrega de esta serie, en la que ya han sido publicados los volúmenes de autores como Luciana Prodan y José Manuel Lucía Megías.

Zenda publica un capítulo de “No voy a traicionar a Borges, de José Luis Rodríguez Zapatero.

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APUNTES INICIALES

Con la lectura de El Aleph comenzó mi aventura borgiana. Debió de ser en 1976 ó 1977, las fechas no importan decía el maestro argentino. A partir de ahí, en íntima complicidad inicié mi sueño borgiano. Lecturas y relecturas. Las lecturas que más han influido en mí para tratar de pensar con serenidad el mundo y lo que acaso somos y dejaremos de ser.

Si ahora he aceptado la invitación a escribir y publicar estas líneas sobre Borges es movido por un doble sentimiento, de admiración y de humildad.

De la admiración por el autor, tendrán sobradas muestras los lectores en las páginas de este trabajo.

“Deseo subrayar la condición de argentino de Borges. Nada puede entenderse de Argentina, ese fascinante país, sin Borges”

De la humildad a la hora de asumir esta tarea, solo reitero que mi única pretensión con estas líneas es la de compartir mis impresiones e interpretaciones de los textos, de algunos de ellos, del autor argentino. Seguramente, cada lector de Borges contribuye a componer un espejo, virtualmente infinito —cómo no—, que devuelve en su reflejo tantas percepciones como las lecturas de Borges se producen en cualquier momento y desde cualquier lugar del planeta.

Deseo subrayar la condición de argentino de Borges. Nada puede entenderse de Argentina, ese fascinante país, sin Borges. Siempre que leo algo de Argentina, o recuerdo las calles de Buenos Aires, sus casas bajas, sus esquinas y arrabales; siempre que conozco o reencuentro a alguna persona de ese país, Borges reaparece en mi pensamiento. Es un fenómeno casi patológico.

El Gaucho y La Pampa, los cuchilleros, las milongas y los tangos, los arrabales de Buenos Aires, Palermo, La Recoleta, La Chacarita, Adrogué, Martin Fierro, Sarmiento, José Hernández, Lugones, Macedonio Fernández, Almafuerte, Evaristo Carriego, Yrigoyen, incluso Rosas, llegaron a mí con Borges.

Sería pretencioso y acaso incorrecto intentar profundizar sobre la argentinidad de Borges y de su obra. Para tan ímproba tarea hay que ser argentino.

Permítaseme tan solo una consideración muy personal y, por tanto, comprometida.

“Justo es reconocer que la renovación más profunda y creativa del idioma castellano se produjo en América Latina en el siglo XX”.

Es difícil, en efecto, imaginar la obra de Borges sin su condición de argentino. Su patria, su Buenos Aires, sus calles, los argentinos están en casi todas las páginas de su universal obra. Es recurrente afirmar que en su primera etapa (la que corresponde a los libros Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno San Martín y Evaristo Carriego) el acento de la obra de Borges sería predominantemente local.

Sin embargo, en esas primeras obras, poemas esencialmente, están ya los grandes temas del autor argentino: el tiempo (poema Final de año); el idealismo, Berkeley, Schopenhauer (poema Amanecer); la finitud (poema Remordimiento por cualquier muerte); la poesía (en el poema El Sur). Y a su vez en la etapa en que las ficciones y ensayos, con vocación universal, centran la obra de Borges, Argentina sigue estando ahí. Quizá fuese azaroso pero para mí es definitivo que el Aleph, allí donde está todo el universo y Beatriz Viterbo, es vivido por Borges en Argentina.

Justo es reconocer que la renovación más profunda y creativa del idioma castellano se produjo en América Latina en el siglo XX. El principal renovador de nuestra literatura fue Borges. Su influencia ha sido decisiva. Sus imbricados laberintos nos abren caminos ignotos. Los espejos nos reconcilian con la identidad. Sus ficciones y sus alteraciones de la realidad nos mueven a transitar por la historia y las enciclopedias. Su infatigable pasión por leer nos enseña el rumbo de la serenidad y de la razonable finitud.

“Borges es dominio de la metáfora, precisión creativa, originalidad y belleza en el uso de los adjetivos, vasta erudición, uso de trucos admirables”

La lealtad a una obra y a su autor supone un compromiso tan intenso como misterioso. En mi caso, esa lealtad es con Jorge Luis Borges, con su obra, con su huella, con sus geniales recursos literarios. La intensidad puede llegar a acariciar lo obsesivo. Leer y releerle, escuchar una y otra vez sus entrevistas y conferencias, deconstruir sus formas retóricas y entender o intentar entender las raíces intelectuales de ese camino entre la filosofía y la literatura plena, que culmina en el hecho estético que constituye la obra borgeana, han sido una constante en mi vida. Como ha dicho Luis García Montero, “ser lector de Borges es, primero, una forma de ser lector y, luego, una forma de ser”.

Borges es dominio de la metáfora, precisión creativa, originalidad y belleza en el uso de los adjetivos, vasta erudición, uso de trucos admirables, afán por la sintaxis y, ante todo, un escultor genial de la palabra, de sus raíces y significados. La obra borgeana encierra tantos misterios como la historia, el tiempo y la literatura.

El misterio borgeano está impreso en la mirada, esa mirada espejo de la “modesta ceguera” de Borges como él la calificó. Una mirada que busca el infinito y que a la vez nos interpela sobre la existencia y nos empuja al asombro.

Borges escribió en “El templo de Poseidón”, de Atlas:

No hay una sola cosa en el mundo que no sea misteriosa, pero ese misterio es más evidente en determinadas cosas que en otras. En el mar, en el color amarillo, en los ojos de los ancianos y en la música.

“Esa literatura sublime fue horneada en una biblioteca, la biblioteca de su padre”.

En los ojos de Borges quizá esté El Aleph, que muy probablemente sea su cuento más universal. Los ojos de Borges se demoraron por todas las literaturas, indagaron en diversas religiones y culturas, descifraron filosofías que parecen inescrutables, advirtieron las debilidades de autores y novelas y crearon versos, cuentos y sentencias entretejidas de forma sublime. Una literatura sublime porque, quizá como ninguna otra, nos revela las infinitas posibilidades de la existencia y acaso del universo.

Esa literatura sublime fue horneada en una biblioteca, la biblioteca de su padre. Ese fue el destino de Jorge Luis Borges, como nos recuerda en el epílogo de Historia de la noche:

Como ciertas ciudades, como ciertas personas, una parte muy grata de mi destino fueron los libros. ¿Me será permitido repetir que la biblioteca de mi padre ha sido el hecho capital de mi vida? La verdad es que nunca he salido de ella, como no salió nunca de la suya Alonso Quijano.

Nosotros tampoco saldremos de la biblioteca borgeana. De hecho, no he salido nunca de ella. Advierto, no obstante, con indisimulable temor, que el diálogo siempre imprevisible entre autor y lector o lectora pueda resultar una tarea tan ambiciosa como provisional.

“Trato, pues, de compartir el deleite borgeano. Mis páginas son páginas con Borges, para suscitar y acaso provocar sensaciones similares a las mías”.

Quien lo lea anticipará con facilidad que el presente ensayo, si es que así se puede calificar a este acto de intrusismo, reposa en una visión subjetiva, aunque quizá todas lo sean. Mi lealtad a Borges me llevará en las páginas que siguen a una incontenible admiración fruto del espacio que en mi memoria ocupa el deleite de la aventura intelectual más intensa que podemos emprender en la vida: leer a quien tú consideras el escritor más importante.

Trato, pues, de compartir el deleite borgeano. Mis páginas son páginas con Borges, para suscitar y acaso provocar sensaciones similares a las mías, solo interrumpidas por mis acotaciones que, de manera más arbitraria que sistemática, deseo dejar como testimonio.

… todas las cosas del mundo me llevan a una cita o a un libro.

El lector comprobará mi fidelidad a esta cita, tomada de “Las islas del tigre”, en Atlas. Porque todas las cosas pensadas y aun las que podamos pensar nos pueden llevar a una cita o a un libro de Borges.

Quizá por esta secreta razón, que se descubre al leer al autor argentino, los espejos, los laberintos, los sueños y los sueños de los sueños borgeanos propenden a desvelar los confines del conocimiento estético.

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José Luis Rodríguez Zapatero comenzó a leer a Borges en la década de los setenta, en su casa natal, en León. Pasan los años y adquiere, como tantos otros, la sensación, nada fatigosa, de que se ha convertido en un relector del escritor argentino. En 2001, se le brinda la oportunidad de prologar una edición de Ficciones y conoce personalmente a María Kodama. A partir de la primavera de 2004, se abre un tiempo en el que apenas puede frecuentar, aunque en su despacho siempre le acompaña una foto de Borges junto a Bioy ante una biblioteca. Desde la Nochebuena de 2011, lo recupera para ya no abandonarlo. Y ahora, con estas páginas, comparece ante los lectores de su escritor predilecto, como uno de ellos. Lo hace para mostrar su lealtad borgiana, para no traicionar a Borges.

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Autor: José Luis Rodríguez Zapatero. Título: No voy a traicionar a Borges. Editorial: Huso. Palabras hilanderas. Venta: Todostuslibros y Amazon 

La salud en los libros

Cuánto tiempo se debe leer para beneficiar al cerebro

La neurocientífica y autora de “Bio Hack Your Brain” (Hackea tu cerebro) Kristen Willeumier explica que entretenerse pasando páginas puede mejorar el cerebro.  

Optimizar la salud de su cerebro requiere de ciertos hábitos. Se necesitan intervenciones diarias y un enfoque equilibrado y holístico para mantenerse en forma a lo largo de los años.

La neurocientífica y autora de “Bio Hack Your Brain” (Hackea tu cerebro) Kristen Wuilleumier, aseguró que “desde la comida hasta el ejercicio y la hidratación, puede mejorar la juego mental”.  

FOTO: Entrelíneas

Optimizar la salud de su cerebro requiere de ciertos hábitos. Se necesitan intervenciones diarias y un enfoque equilibrado y holístico para mantenerse en forma a lo largo de los años.

“Los cambios de estilo de vida muy simples, si se practican de manera constante, respaldan la salud de su cerebro durante toda la vida”, dijo para el podcast mindbodygreen. 

Uno de esos sencillos cambios es leer durante al menos 15 minutos al día y, según explica Willeumier, entretenerse pasando páginas puede mejorar el cerebro.

Cuánto se debe leer para tener una salud cerebral estelar

“La cosa número uno que creo que la gente necesita hacer más, es la lectura de formato largo, de 15 a 30 minutos, para leer cualquier tipo de libro”, dice Willeumier. 

Según la neurocientífica, la lectura es un arte perdido hace mucho tiempo. Si bien hoy en día se lee una buena cantidad de textos, entre redes sociales, noticias y artículos, normalmente estas son experiencias de corta duración. 

Para Willeumier, lo ideal es abrir un libro y sumergirse en las páginas: “Cuando el cerebro aprende, forma estos mapas cognitivos”, explicó. “Por lo tanto, cuanto más leas a medida que envejeces, tu cerebro se mantendrá en forma”.

Un estudio encontró que la lectura de novelas se asocia con la conectividad cerebral, tanto a corto como a largo plazo.

Otro, mostró que aquellos que se dedicaban a actividades estimulantes mentalmente como la lectura, tenían un deterioro cognitivo más lento durante su vejez. 

La investigación también encontró que aprender cosas nuevas (como sucede, por ejemplo, durante una lectura atrapante) puede mejorar la memoria. 

Willeumier dice que incluso se puede mejorar la velocidad cerebral “leyendo velozmente” o aprendiendo a escanear páginas más rápido.

Sin embargo, en todo momento habrá que ceñirse al mínimo de 15 minutos diarios: según Willeumier, es una lectura significativa y larga cada día lo que mejora la salud del cerebro. 

Cuatro formas en las que la lectura beneficia al cerebro

Leer es, más que un hobby, una medida que contribuye al bienestar mental. Desde Penguin Random House explican cómo este hábito beneficia desde lo mental, físico y emocional. 

Leer es sano para la salud desde lo físico, mental y emocional, según un informe realizado por Penguin Random House en colaboración con Mind Body Green. 

Ayuda a reducir el estrés

El hábito de lectura puede reducir hasta un 68% el estrés crónico, según un estudio de la Universidad de Sussex de 2009. Acurrucarse a leer un libro puede ser más efectivo incluso que otras actividades, como escuchar música o tomar té.

La explicación del estudio es que, cuando una persona lee, se desconcentra de su propio estrés para pasar a enfocarse en el mundo ficticio al que entra a partir de la lectura.

FOTO: Cuatro formas en las que la lectura beneficia al cerebro

Leer es sano para la salud desde lo físico, mental y emocional, según un informe realizado por Penguin Random House en colaboración con Mind Body Green. 

Ayuda a reducir el estrés

El hábito de lectura puede reducir hasta un 68% el estrés crónico, según un estudio de la Universidad de Sussex de 2009. Acurrucarse a leer un libro puede ser más efectivo incluso que otras actividades, como escuchar música o tomar té.

La explicación del estudio es que, cuando una persona lee, se desconcentra de su propio estrés para pasar a enfocarse en el mundo ficticio al que entra a partir de la lectura.

Mejora las habilidades sociales y la empatía

Gran parte de la salud mental radica en la interacción con el entorno y las habilidades de manejo de las emociones. 

Si bien la lectura no es considerada una actividad muy social, tiene un impacto en el desarrollo de la empatía del lector. 

Otros estudios demuestran que acceder a otros “estados mentales” y perspectivas, como los de los personales de un libro, tiene un impacto directo en la capacidad de manejo de las relaciones sociales. 

Beneficia la memoria y a la salud integral del cerebro

Una de las claves para la salud del cerebro es mantener una estimulación mental constante. 

Cuando una persona lee, se activan en su cerebro cadenas de neuronas que permiten mantener las habilidades de pensamiento y la memoria durante más tiempo, especialmente a medida que se envejece.  

Mantener la mente activa y desafiarla a concentrarse son medidas centrales para garantizar mayor bienestar en la vejez. 

Mejora el procesamiento visual y la conectividad cerebral

El procesamiento visual es el término para asimilar y comprender lo que se observa alrededor, y está alojado en el lóbulo occipital del cerebro. Diversos estudios demostraron que los lóbulos occipitales de los lectores están más desarrollados, lo que mejora las habilidades de procesamiento visual.

Los estudios muestran también que la lectura aumenta la conectividad en la corteza temporal izquierda, incluso después de leer. 

Las neuronas de la corteza temporal izquierda son conocidas por lo que se llama “cognición fundamentada”, que puede permanecer intensificada incluso hasta la mañana después de una sesión de lectura sólida. 

Si te interesa podés leer los siguientes libros,  además si lo deseas cliquea en aquellos párrafos que están subrayados para profundizar sobre las obras ofrecidas.

“El último invitado”, un policial que se convirtió en best seller. 

“Mínimos Peces”, la historia de la hija no reconocida de Steve Jobs.

“El Cementerio de Praga”, el libro de Umberto Eco que resume el último siglo de Europa con una historia fascinante.

Por último; esta recomendación:

“Guía para sobrevivir al presente”, un libro de Santiago Bilinkis para aprender a cultivar hábitos que ayuden al bienestar en la era digital.

Imagen de la portada: Gentileza ENTRELINEAS

FUENTE: ENTRELÍNEAS – Literatura/Libros/Salud/Sociedad/Vida

Confirman mecanismos cuánticos en el cerebro vinculados a la cognición y los movimientos conscientes.

Estructuras cerebrales implicadas en la cognición y las acciones voluntarias utilizan mecanismos cuánticos que, a través del transporte de electrones que no siguen las leyes físicas, permiten iniciar movimientos conscientes y otras facultades superiores.

Una investigación del Instituto de Tecnología e Ingeniería de Materiales de Ningbo, en China, ha descubierto mecanismos cuánticos en estructuras de ferritina de laboratorio que son similares a las que se encuentran en neuronas críticas del cerebro.

Estas neuronas críticas forman parte de estructuras cerebrales implicadas en los movimientos voluntarios conscientes y en los procesos cognitivos, lo que sugiere que al menos determinadas facultades mentales humanas tienen un sustrato cuántico.

El resultado de esta investigación evidencia la existencia de una función cuántica en las capas de proteína de ferritina que se encuentran en las células, incluidas las neuronas, por lo que esa función cuántica estaría ampliamente extendida por el organismo.

Procesos cuánticos

La nueva investigación descubre nuevos aspectos de los procesos biológicos cuánticos que hasta ahora se ha sugerido ocurren en la fotosíntesis, en la mutación del ADN, en el olfato o la visión, en la actividad enzimática, y en la magnetorrecepción que usan los animales para orientarse siguiendo el campo magnético terrestre.

Según investigaciones previas, procesos cuánticos como el efecto túnel o el entrelazamiento pueden estar produciéndose en estos procesos biológicos, señalando la profunda implicación del universo cuántico en los mecanismos de la vida.

Hay otra derivada de la biología cuántica, que se perfila también como posible fuente de los procesos cognitivos e incluso de la consciencia, tal como ha sugerido, por ejemplo, Roger Penrose.

La nueva investigación afianza esta línea de investigación porque plantea con toda claridad que los procesos cuánticos pueden estar implicados en procesos cognitivos y en la toma de decisiones conscientes que ocurren a nivel humano.

Cerebro cuántico

Esta investigación fue diseñada para estudiar el transporte de electrones en estructuras de ferritina desarrolladas en laboratorio, pero que son similares a las que se encuentran en la sustancia negra pars compacta (SNc) y en el locus coeruleus (LC), grupos de neuronas de regiones críticas del cerebro.

La pars compacta contiene neuronas dopaminérgicas implicadas en la fisiopatología de las conductas adictivas. El locus cerúleo es una región anatómica cerebral involucrada en la respuesta al pánico y al estrés.

La investigación sobre la enfermedad de Parkinson ha demostrado también que la destrucción de las neuronas del SNc da como resultado la pérdida de la capacidad de iniciar un movimiento voluntario consciente. Asimismo, que la destrucción de neuronas en el LC da como resultado un procesamiento cognitivo deficiente.

Los resultados de la nueva investigación sugieren que las capas de ferritina presentes en esas estructuras cerebrales podrían proporcionar una función de conmutación que coordine esos grupos de neuronas para realizar la selección de movimientos conscientes y el procesamiento cognitivo, respectivamente, según explica uno de los investigadores, Christopher Rourk, en la revista ScienceX Dialog.

Cuestión de ferritina

La ferritina sería la clave de estos procesos: es la principal proteína almacenadora, transportadora y liberadora de forma controlada de hierro. Se produce por casi todos los organismos vivos.

Anteriormente se había descubierto que la ferritina provoca el así llamado efecto túnel, mediante el cual un electrón supera una barrera infranqueable en la física clásica: se comporta como una onda, en vez de como una partícula. Es un efecto cuántico.

También recientemente se han observado acumulaciones de capas de ferritina en muchos tejidos, incluidos los del cerebro, los melanosomas (orgánulos de pigmentación) y el tejido placentario, espacios orgánicos donde también ocurrirían procesos cuánticos.

La nueva investigación, dirigida por el profesor Cai Shen, ha demostrado que las capas de ferritina no solo conducen electrones a distancias de hasta 80 micrones mediante el efecto túnel, sino que también pueden formar un Aislante de Mott para cambiar de un estado conductor a un estado no conductor.

Un aislante de Mott es un material que “debería” ser metálico (conductor), pero presenta un comportamiento aislante. Según la nueva investigación, este aislante tiene reflejo en la biología porque un estado que debía ser conductor, deja de serlo.

Misteriosa ferritina

Los investigadores plantean la necesidad de realizar investigaciones y pruebas adicionales de los tejidos donde se encuentran acumulaciones de ferritina, para confirmar si organismos vivos utilizan las funciones de transporte y conmutación de electrones para funciones biológicas tan importantes, tal como sugieren los experimentos de laboratorio.

Los autores de esta investigación plantean que la ferritina debe dejar de ser considerada «sólo» como una proteína de almacenamiento de hierro, ya que está dotada de un mecanismo de transporte de electrones mecánico cuántico que estaría implicado en procesos biológicos y cognitivos de gran alcance.

Si ese mecanismo existe y se utiliza para realizar la selección de acciones y el procesamiento cognitivo, podría tener importantes implicaciones para nuestra comprensión de cómo funciona el cerebro, destaca Rourk.

Biología cuántica

Muchos científicos están investigando actualmente la biología cuántica, que es la aplicación de la mecánica cuántica para investigar las funciones biológicas.

Recientemente se ha utilizado para conocer los mecanismos que están detrás de la fotosíntesis o de la forma en que las aves pueden percibir los campos magnéticos, entre otros campos.

Estos efectos biológicos cuánticos generalmente involucran electrones saltando o haciendo túneles a distancias de varios nanómetros, comportamiento que es incompatible con las partículas, pero que tiene sentido si se comportan como ondas siguiendo la dinámica cuántica, concluye Rourk.

Y parece que estos efectos biológicos cuánticos están por todas partes.

Imagen superior: sistema de partículas en 3D, que se construye mediante un flujo de cuerdas, generado en ondas. Richard Horvath, Unplash.

FUENTE: TENDENCIAS – Cerebro – Consciencia – Biología Cuántica – Investigación – Por Eduardo Martinez de la Fe (Periodista Científico)

 

La soledad y él…

Se preguntaba cada día
porque mentía sobre el,
negando ese monstruoso vacío
que lo rodeaba…se sentía
casi obligado solo a expresar,
lo que el otro quería o deseaba escuchar.


Divagaba en cuanto a que
estaba pleno con sus rutinas,
creyendo que le alcanzaban
no solo para darle un sentido
a su vida tan errática y sin rumbo,
cosa de llenar cada jornada,
pero nada de eso era cierto…
se engañaba para burlar el atroz
y oscuro silencio que lo rodeaba.


Dolor confuso de vieja data
deseoso de decir sin temor
a equivocarse que piensa que lo tiene
desde su propio alumbramiento,
pero no se atreve es como si fuera
un secreto que lo desvela y angustia.

Específica como lo es
su soledad autoinfligida,
en donde la voluntad
de un cambio no podrá lograrlo,
ya que bien sabe que la voluntad
no se diagnostica ni médica.

Hará falta un milagro?

Qué hay de cierto
en aquella
frase hecha
que dice,
“que no es
bueno que
el hombre
este solo”.


Porque
casualmente,
en mi caso
es cuando
al atardecer,
ya deje
de lado
mis rutinas,
intrincados parches
que cubren
mis silencios,
diciéndome
para convencerme
inútilmente,
que todo
siempre resulta
soportable.

Ahí me veo
como el hombre
que soy ahondando
en su interior,
preguntándome
hasta cuando
el engaño,
o bien cuando,
en qué momento
el maldito ego
se suicidará,
reconociendo
que son puras
excusas,
que quitan
de a poco
el aliento de una
realidad que es brutal.

Que debo
reconocer no
estar completo,
que me falta
ella, esa mujer
que no se
quien será,
mi complemento
en paz y armonía,
para poder vernos
compartir, disentir,
reír, enriquecernos
mutuamente,
respirando ambos
la libertad
traducida
en la confianza,
que nos ha
dado los años
vividos y sufridos.

Deberé diferencia
r
verdades relativas
que ya no son tales,
y convencerme
que dos almas
entrelazadas
en la adoración
y comprensión,
pueden y deben
hacer mucho
más que uno,
para aliviar
tanto
dolor negado y perceptible.

Gente grande,
creo escuchar
por allí,
las zonceras
me zumban
los oídos,
por lo que
hace días
que vengo
diciéndome,
“no busques
más excusas”,
es terriblemente
malo que
te encuentres solo.

Imagen: Gentileza de Pinterest – Fred Blackmith.tumblr.com

Vida

Vago sin rumbo
muy confundido,
preguntándome
una y otra vez,
que he hecho
con esta vida mía.

He tenido
sin avaricia
ni excesos,
todo aquello
que un hombre
desearía lograr,
pero ahora
en la balanza
de mis vaivenes,
noto que ella
está vacía,
llena de nada.

Años de lucha,
amores de fuego
y de los otros,
en que uno
se pregunta,
si no hubieran
sido mejores
a los que tuve.

Mi memoria
rescata pocos
momentos felices,
los demás
solo esfuerzos
más frustraciones,
mientras observo
que el camino
se torna
corto e incierto,
el final
no está tan lejos,
pero con
la dificultad
como dicen
para intentar
volver
a ser feliz.