Curiosidades de la soledad.

La soledad es una moneda de dos caras. La queremos, pero también podemos llegar a evitarla intensamente. Puede ser un motivador cuando la buscamos, pero también cuando la queremos evitar.

Por favor; si te interesa esta entrada cliquea donde se encuentre escrito en “azul”. Muchas gracias.

La soledad es una condición que tiene un significado diferente para cada persona. Algunos la aman y otros la detestan. En medio están quienes piensan que hay momentos para estar solos y otros en los que se disfruta de la compañía. También hay que repetir, como tantas otras veces, que una cosa es estar solo y otra, sentirse solo.

De hecho, una de las curiosidades de la soledad es precisamente el hecho de que esta no depende del número de amigos, sino de la calidad de los vínculos. Eso lo saben muy bien las personas famosas o con poder, que siempre están rodeadas de gente con las que mantienen relaciones de interés.

El ser humano es sociable por naturaleza, pero ese grado de sociabilidad varía mucho, dependiendo de cada persona y de las circunstancias. Incluso hay personas que viven como ermitaños sin que esto signifique que hayan perdido su “naturaleza”. Veamos algunas curiosidades acerca de la soledad.

“El hombre solitario es una bestia o un dios”.

-Aristóteles-

La soledad elegida y disfrutada es una señal de madurez emocional.

¿Quién se siente más solo?

Una de las curiosidades de la soledad es que hay muchos estereotipos en torno a ella. Casi todo el mundo piensa que quienes se sienten más solos son los adultos mayores. Sin embargo, se llevó a cabo una investigación que lleva por título “Experimento sobre la soledad”. Los resultados fueron muy interesantes.

Aunque no se trató de un estudio científico como tal, lo cierto es que surgió un dato que resultó sorprendente para todos: los jóvenes se sienten más solos que los ancianos. En el estudio encontraron que solo el 25 % de las personas mayores de 75 años dijeron sentirse solas. En cambio, se sentía solo el 40 % de los jóvenes entre los 16 y los 24 años.

Incluso cuando se les preguntó a los participantes de todas las edades cuándo se habían sentido más solos en su vida, la mayoría respondieron que durante la juventud. Quizás esto se deba a que ese paso de la adolescencia a la juventud adulta coincide con un proceso de individuación en el que, por lo general, se renuncia a los vínculos familiares. Esto puede experimentarse como una gran soledad.

La cara negativa de la soledad

La soledad daña y genera sufrimiento cuando no es elegida; cuando la persona llega a esa situación en contra del propio deseo. Un estudio llevado a cabo en 2011 encontró que la soledad no elegida hace que el organismo se comporte como si estuviera siendo amenazado. Aumenta la presión arterial y hace que se activen las respuestas al estrés físico y psicológico.

El mismo estudio indica que la soledad incrementa el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares. Así mismo, disminuiría la eficiencia del sistema inmunitario, lo que aumenta el riesgo de infección. De hecho, las vacunas han mostrado una eficacia menor contra la gripe en personas que experimentaban una soledad no deseada.

Otra investigación señala que la soledad crónica incrementa hasta en un 14 % el riesgo de muerte prematura. Incluso se ha comparado el efecto de esta situación con el del consumo prolongado de tabaco. Y otro detalle curioso: las personas que se sienten solas perciben con más intensidad el frío.

La soledad no elegida tiene efectos tanto físicos como psicológicos.

Otras curiosidades de la soledad

Un aspecto positivo de la soledad es que se ha detectado que las personas en esta condición suelen ser más empáticas que los demás. Tienen una gran capacidad para comprender el sufrimiento de otras personas y experimentan una solidaridad natural con quienes sufren. Así que suelen ser mucho mejores amigos que quienes son más sociables.

Y aunque la soledad tiene mala prensa, lo cierto es que el 41 % de las personas piensan que esta condición tiene varios aspectos positivos, como lo indica el primer estudio que citamos. Uno de esos elementos positivos es que facilita la introspección y permite una mayor conexión con uno mismo. De igual manera, las personas solitarias están más preparadas para establecer vínculos significativos con los demás, si tienen la oportunidad.

Los datos disponibles indican que las personas que eligen estar solas son más coherentes en la toma de decisiones, más tranquilas y saben marcar mejor los límites con los demás. Así mismo, juzgan menos a los otros y son más leales. La soledad elegida es para muchos un sinónimo de libertad y de autonomía.

Imagen de portada: iStock

FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa.

Sociedad y Cultura/Soledad/Psicología/Salud

 

 

Así afecta la soledad al cerebro.

Cómo afecta la soledad al cerebro es una cuestión muy estudiada y que cuenta con un elenco de respuestas muy interesante. Conócelas aquí.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

La ausencia de relaciones sociales es un castigo mental para cualquier animal gregario. Los científicos han estudiado cómo afecta la soledad al cerebro con el objetivo de explorar la relación entre el aislamiento social y determinados trastornos, como el estrés postraumático y la demencia.

En este artículo podrás conocer los principales efectos de la soledad sobre el cerebro. Los cambios que esta provoca, aunque reversibles, afectan a varias estructuras encargadas del comportamiento y las emociones. No te lo pierdas.

Cómo afecta el hecho de estar solos al cerebro

Hace tiempo que la ciencia ha demostrado que el aislamiento social no solo tiene consecuencias para nuestra salud mental, sino que también se ha asociado a cambios fisiológicos en el organismo, como problemas cardiovasculares. Concretamente, la soledad supone un riesgo similar al tabaquismo y la obesidad para desarrollar enfermedades del corazón.

En animales sociales no humanos se ha observado un proceso similar al nuestro: se produce una reducción en el volumen de varias regiones del hipocampo, principalmente en el giro dentado. También se observa una disminución de materia gris en el córtex prefrontal, clave en la toma de decisiones.

A continuación, exponemos los resultados más relevantes. Los estudios en humanos han aumentado su número en los últimos tiempos gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y, desgraciadamente, también a todos los casos de aislamiento asociados a la pandemia.

Mujer triste sentada en la cama

Alteraciones en la red neuronal por defecto

Los estudios parecen apuntar a que las principales alteraciones se producen en la denominada red neuronal por defecto (RND): un conjunto de regiones cerebrales activas cuando el cerebro se centra en recuerdos, divagaciones y ensoñaciones.

La sustancia gris de estas áreas presentaba mayor volumen en las personas solitarias. La pregunta es si este correlato fisiológico es una causa o un efecto; es decir, este volumen es lo que hace que sean más solitarias o el hecho de que sean más solitarias es lo que hace que el volumen aumente. Las conexiones entre las neuronas que conectan los distintos núcleos de la RND también resultaron ser más fuertes.

En cuanto a la sustancia blanca, la soledad correlacionó con cambios en el fórnix -las fibras nerviosas que comunican el hipocampo con la RND-. Concretamente, esta estructura estaba mejor preservada en pacientes privados de compañía que en los acompañados.

Sobre estos resultados, los autores postularon que, en situación de soledad, los individuos usan en mayor medida su imaginación, las memorias pasadas y las fantasías sobre otras personas. Esto está mediado por la red neuronal por defecto y, además, la solidez de estas estructuras se retroalimenta con su propia actividad.

Cambios en la arquitectura cerebral.

La estructura cerebral también se ve afectada. En un estudio realizado en ratones, se les provocaba un aislamiento social y sensorial tras haber sido criados en grandes grupos. Los resultados mostraron que la soledad provocó grandes cambios en la arquitectura cerebral de estos animales: se observó una disminución en las neuronas y los problemas asociados a los factores de crecimiento de estas.

Estos cambios fueron especialmente evidentes en la corteza sensorial, encargada de procesar los estímulos externos. La otra región fuertemente afectada fue la corteza motora, lo que explicaba la parálisis de los ratones aislados ante estímulos amenazantes. Los roedores que pudieron quedarse en compañía de congéneres tendían más a la huida y se recuperaban antes del susto.

Aunque es difícil de generalizar a humanos, estos resultados concuerdan con resultados de investigaciones previas que sugieren que la soledad puede ocasionar psicosis, demencia o ansiedad.

Cambios emocionales

La última gran afectación del aislamiento social es la acumulación de una sustancia química concreta en el cerebro, llamada taquicinina 2.

Este estudio, llevado a cabo con roedores, mostraba que la soledad provocaba mayor liberación de este neuropéptido y con él aumentaban la agresividad y la hipersensibilidad a estímulos amenazantes. Estos resultados se reforzaron al ver que se eliminaba el miedo con la supresión del gen que produce la taquicinina en la amígdala. Por otro lado, si se suprimía el gen en el hipotálamo, se eliminaba la agresión.

Como has comprobado, la soledad no solo comporta cambios emocionales como el miedo, la hipersensibilidad y la tristeza. Las modificaciones que sufren las estructuras cerebrales afectan a muchas áreas de la mente, por lo que estos expertos recomiendan cuidar las relaciones sociales. Un círculo social sano puede ser un factor de protección para dolencias muy arraigadas en la sociedad.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa

FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa.

Sociedad y Cultura/Neurociencias/Soledad/Biología de la conducta

Por qué se critica a los best sellers filosóficos antes de leerlos con atención.

Hay varias firmas de moda en el mundo del pensamiento ,de Slavoj Žižek a Paul B. Preciado, pero Byung-Chul Han puede tomarse como paradigma de autor mirado con recelo: tal vez ocurra que se está planteando, por obvias que parezcan, las preguntas correctas.

Escrito por el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han (Seúl, 1959), No-cosas. Quiebres del mundo de hoy, su último libro, best seller mundial, demuestra que hay al menos dos razones por las que los filósofos de notoriedad provocan malestares más allá de las características particulares de sus posiciones políticas. 

La primera es que habitamos un mundo con poca tolerancia a la materia prima de la filosofía, que es el preguntar. De hecho, casi no hay pregunta que Google no responda al instante y con eficiencia, lo cual relega casi toda pregunta al área de lo inmediatamente práctico y resoluble; es decir, el área de la ciencia. 

Fue en este sentido que el astrofísico Stephen Hawking dijo en 2011 que “la filosofía ha muerto”, señalando que solo correspondía a los científicos “llevar la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento”.

De todos modos, se trate de una charla pública amena como la que tuvo lugar en 2018 entre el historiador israelí Yuval Noah Harari y Christine Lagarde, por entonces directora del FMI, o de un debate como el que se organizó en 2019 entre el filósofo esloveno Slavoj Žižek y el psicólogo canadiense Jordan Peterson, lo cierto es que tras estos nombres, que también son los de algunos de los best sellers mundiales de la filosofía, aun así aparecen preguntas cuyas respuestas no son tan fáciles ni tan rápidas. 

Y eso, algo tan habitual, molesta.

Slavoj Zizek,

Slavoj Zizek,Getty – Shutterstock

La segunda razón también gira alrededor del preguntar, pero ya no tiene que ver con el cómo ni el por qué sino con el cuándo y el dónde. 

Para entenderlo, tal vez ayude el aluvión de interpretaciones y pronósticos hechos al inicio de la pandemia global de Covid-19 por distintos filósofos. 

Por aquel entonces, el español Paul B. Preciado, el francés Jean-Luc Nancy o el italiano Franco Berardi, entre otros, inundaron con sus artículos, entrevistas e incluso libros de generación poco menos que espontánea lo que parecía una demanda voraz de entendimiento acerca de un acontecimiento recién en marcha. 

Esto llevó a que algunos se preguntaran si el famoso “búho de Minerva que solo levanta el vuelo en el crepúsculo”, como Hegel definía al pensamiento que espera hasta que las cosas hayan concluido para elaborar ideas, no estaba alzando su vuelo mucho antes del fin de la oscuridad bajo el efecto de otro signo de la época: las ansias de figuración.

El pensador transgénero Paul B. Preciado

El pensador transgénero Paul B. Preciado

Entre quienes recibieron estas sospechas estuvo Byung-Chul Han, que al inicio de la pandemia escribió acerca del “individualismo acentuado” de los europeos, tan desarraigados de los fundamentos clásicos de la política, la ciudadanía y la responsabilidad colectiva que aún ante la evidencia científica del Covid-19 sospechaban, en nombre de una confusa libertad de pensamiento individual, del Estado, las vacunas y los dictámenes sanitarios para su supervivencia. 

Para solucionar eso, especulaba Han, los Estados occidentales se aliarían aún más con Silicon Valley para intensificar nuestra de por sí profunda existencia digital, de modo que el control se volviera mayor.

Han fue acusado por esto de ser un desalmado pesimista, a pesar de que dos años más tarde la expansión del Covid-19 entre la sorprendente cantidad de personas antivacunas en países como Alemania o Austria confirma que la resistencia ilógica a la pandemia es real, mientras se discuten medidas de control como “el pase sanitario”.

Por supuesto, Byung-Chul Han no acertó por adivinación ni por suerte. 

Sus tesis sobre lo que la tecnología digital desarraiga en hombres y mujeres (pasando por la agonía del Eros hasta la desaparición de los rituales) se remonta a ideas desarrolladas desde hace casi una década y escritas de un modo que incluso quienes se postulan como pastores de desahuciados desde distintos rincones de la autoayuda o la psicología lo acusan, con envidia, de describir el agua mientras nos ahogamos. 

En este sentido, la sencillez del estilo y los temas de Han lo vuelven más inmediato y comprensible que otros best sellers filosóficos de hoy como Slavoj Žižek, entrenado en observar el mundo desde una combinación entretenida y militante de marxismo hegeliano y psicoanálisis lacaniano, o Paul B. Preciado, que desde su condición de transgénero se especializa en cuestiones sexuales.

Sin la frontalidad de Noam Chomsky, Toni Negri o Naomi Klein, que hasta el inicio del siglo XXI marcaron la crítica cultural contra el imperialismo y la lógica del capitalismo globalizado, y esquivando temas de coyuntura como el feminismo o la identidad, en los que se destacan autoras como Judith Butler, por su lado Han escribe y vende cada vez más, al punto tal que atacar sus libros se volvió una especie de correcta moda intelectual.

¿Pero una moda intelectual alrededor de qué, exactamente? 

En este punto apareció No-cosas. Quiebres del mundo de hoy, oportuno para indagar en el malestar alrededor de los best sellers filosóficos en general y los de Byung-Chul Han en particular. “Han construye su éxito diciéndonos lo que ya sabemos todos”, dictaminaron sus críticos españoles.

Naomi Klein

Naomi Klein – Claudio Reyes – EFE

Es probable que lo más incómodo sea la herida narcisista que provocan sus preguntas. 

Por ejemplo, cuando contrasta la “utopía digital” de Silicon Valley con una “prisión digital” en la que nuestros teléfonos inteligentes son “un instrumento de dominación”. 

Desde ya, no es fácil aceptar que las plataformas en las que invertimos tanto tiempo, energía libidinal y datos, y que a cambio nos devuelven ilusiones de reputación, sociabilidad e incluso algún negocio, solo están al servicio de “tornar al mundo cada vez más intangible, nublado y espectral”. 

Pero hay más. ¿Y si nuestra “infomanía”, como Han llama al “fetichismo de la información y los datos”, fuera el suplemento perfecto de una economía que ya no invierte en cosas sino en pura especulación financiera? 

En consecuencia, lo único “inteligente” de nuestros teléfonos es que al seducir a nuestro narcisismo con fantasías de libertad y realización, nos consagra a un “capitalismo del ‘Me gusta’ que gracias a su permisividad no tiene que temer ninguna resistencia, ninguna revolución”. 

Tal como lo presenta Han, entonces, la banalidad de los teléfonos inteligentes nos vincula a conciencia con fuerzas más severas y profundas.

Sin duda, es fácil objetar, aunque sea como una comprensible autodefensa inicial, que esto ya es sabido o que, en el proceso de elaboración de este saber, hay nombres más relevantes en danza, aún si es el propio Han quien los cita hasta el hartazgo (Martin Heidegger, Hannah Arendt, Gilles Deleuze, Michel Foucault, Jacques Lacan, entre otros). 

¿Pero en qué momento lo ya sabido se volvió también aceptado sin derecho a réplica? ¿Y por qué razón señalar este triste cuadro de pasividad genera algunas risas cínicas y nerviosas? ¿Qué más hay detrás del malestar?

Noam Chomsky

Noam Chomsky – SASCHA SCHUERMANN AFP – DDP

Suele decirse que un best seller es un autor al que leen quienes no leen, fórmula válida y en muchas ocasiones comprobable. 

En el caso de Byung-Chul Han, lo que se ofrece a través de su avalancha de libros tal vez pueda pensarse de manera distinta, e incluso por encima de ellos. 

En No-cosas eso está señalado de esta manera: “Hoy nos comunicamos de forma tan compulsiva y excesiva porque estamos solos y notamos un vacío. Pero esta hipercomunicación no es satisfactoria. Solo hace más honda la soledad, porque falta la presencia del otro”.

Por intermedio de la dialéctica tal como fue planteada por Hegel, cuando Han habla del “otro” se refiere a aquel o aquello que es capaz de confrontar nuestras certezas. 

Y eso, en un mundo digitalizado al ritmo de la positividad del ‘Me gusta’, quiere decir que solo es un “otro” aquel o aquello que nos confronta con su negatividad, de manera que aunque sea por un instante pueda interrumpirse la resignación en la que nos sumerge la permanente reafirmación de nuestra mirada única y cerrada sobre el mundo. 

Esta ausencia programada de negatividad se vuelve evidente cuando “corremos detrás de la información sin alcanzar un saber”, pero también cuando “nos comunicamos continuamente sin participar en una comunidad”. 

Tal como dice Han, nada de esto impide que notemos el “vacío”. ¿Pero qué tan dispuestos estamos a las preguntas sobre lo que ese “vacío” significa?

La obra de Han gira alrededor de este preguntar, al que otro filósofo en la misma liga del éxito editorial, el francés Gilles Lipovetsky, denomina “indiferencia por hipersolicitación”. Y si hay razones para que esta interrogación genere malestar, es probable que se deba al modo en que evitamos interrogar al “vacío”; al menos, mientras nos otorgue la fantasía de que tenemos nuestros pies bien firmes sobre las certezas, las reglas y las posibilidades de la época. No es, en otras palabras, más que una cuestión de cálculo.

El problema, insiste Han en No-cosas, es que la felicidad es un acontecer que escapa a todo cálculo. 

La vida calculable y optimizada, la vida realizada a través de la espesura económica de las pantallas digitales, está “ayuna de magia” y, por lo tanto, de felicidad. 

Este es un mensaje tan obvio y verdadero, y tan esencialmente filosófico, que en ciertos casos nos repele y nos obliga a descartarlo por su oposición al principio de instantaneidad, pragmatismo y callada complicidad en el que nos movemos todos los días. Y sin embargo, el “vacío” prevalece y lo percibimos.

Byung-Chul Han, Zizek y Klein

Byung-Chul Han, Zizek y Klein

“El capitalismo de la información –escribe Han– está conquistando todos los rincones de nuestra vida; es más, nuestra alma. 

Los afectos humanos son sustituidos por valoraciones o likes. Los amigos se cuentan por número. La cultura está completamente al servicio de la mercancía. 

Los productos se aderezan con microrrelatos”. Desde ya, nadie podría decir que estas son novedades. Pero ¿acaso el ataque contra estas preguntas sobre el sentido de la realidad se volvió una correcta moda intelectual porque preferimos avanzar a conciencia hacia el “vacío” antes que dudar de nuestras certezas?

Siguiendo a Heidegger, al que Byung-Chul Han le dedicó su penúltimo libro editado en español, El corazón de Heidegger, tal vez reste preguntar, al menos, corresponda a “lo que es digno de ser cuestionado” en lugar de lo “simplemente cuestionable”. Se lo considere o no best seller.

Imagen de portada: Gentileza de Byung-Chul Han

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Por Nicolás Mavrakis. Noviembre 2021.

Filosofía/Sociedad y Cultura/Byung-Chul Han/Soledad/Virtualidad

Lapidario; Marian Rojas Estapé: «Por primera vez en la historia, los jóvenes son menos inteligentes que la generación anterior».

Marian Rojas Estapé. Madrid, 1983. Psiquiatra. Su anterior libro, Cómo hacer que te pasen cosas buenas, fue el más vendido de no ficción en 2019. Ahora acaba de publicar Encuentra tu persona vitamina, que lleva el mismo camino.

No lo tomes a mal, pero lo de ‘tu persona vitamina’ suena a frase para taza.

No fastidies, qué horror. ¿A taza?

Un poco, ¿de verdad hay personas que curan?

Totalmente. En una conferencia en México hace ocho o nueve años estaba hablando de cómo gestionar las emociones y cómo estar con determinadas personas altera tu organismo, tu nivel bioquímico, para mal. Lo que se suele llamar personas tóxicas, aunque no me gusta el concepto. Una persona no es tóxica, es tóxico el efecto que ejerce en ti, así que dejemos de etiquetarlas como tal porque hacen mucho daño. En cualquier caso, todo el mundo te habla de personas así, que si tu pareja, tu jefe, tu suegra… Decidí que había que invertir el enfoque y hablar de personas vitaminas como contraposición a las tóxicas. No por eso de «pon felicidad en tu vida», que es un mantra que me pone muy nerviosa, sino por avanzar en la idea de que también hay gente que tiene el poder de serenarte, tranquilizarte, sacar lo mejor de ti y bajarte los niveles de cortisol [la hormona del estrés]. A partir de ahí, empecé a investigar en el concepto de persona vitamina.

¿Cómo detectar a una?

Son las personas que no te juzgan, que te tratan bien, que te sacan una sonrisa… Persona vitamina es aquella que le pasa algo bueno y lo disfruta incluso más que tú. En todo caso, puedes ser vitamina para mí y tóxico para tu cuñado. Lo que busco en el libro es que cada uno entienda por qué sucede esto. Mi primer libro trataba de cómo gestionarte a ti mismo y éste analiza de qué depende que te relaciones de una forma u otra con las personas de tu entorno. Por qué hay personas que, da igual donde las pongas, generan tensión en el ambiente y todo funciona mal, y otras que te alegran cualquier situación. Esas que en las bodas tienes como comodín para sentar en cualquier mesa. Esas son las personas vitaminas.

¿Tiene base científica este efecto sanador?

Ahí es donde entró la oxitocina en mi vida. Si yo no veo una base científica buena, me da urticaria. Si algo no lo puedo explicar desde la ciencia, no lo cuento. Este libro me costó tres años escribirlo porque tuve que investigar e investigar hasta que mis intuiciones sobre ciertas cosas tuvieron una base científica. En la carrera de Medicina, la oxitocina se limitaba al parto y la lactancia. Ahí se quedaba. Pero estando en plena lactancia de mi tercer hijo, me atracaron, salí huyendo y cuando llamé a mi marido era incapaz de articular palabra, sólo balbuceaba muy nerviosa. Tenía un ataque de pánico y no podía respirar. Llegué a casa, me puse a dar el pecho al bebé y a los cinco minutos estaba tan tranquila. Algo había pasado y empecé a pensar que igual la oxitocina bajaba el cortisol. Investigué y en efecto. Desde entonces he pasado dos años estudiando la oxitocina.

¿Cuál es la mejor manera de generar oxitocina, bebés aparte?

Simplificando, es la hormona de los abrazos. Se produce cuando alguien te presta atención en los momentos de agobio. La escucha activa provoca un subidón de oxitocina instantáneo en el prójimo. Cuando empatizas, activas la oxitocina.

Antes decías que no crees en las personas tóxicas, ¿tampoco en las relaciones?

Es un problema de palabra y no de concepto. El lenguaje tiene un impacto directo en nuestra salud y si uno habla todo el rato de relaciones tóxicas, se lo acaba creyendo. Tus palabras crean tu realidad, tu cerebro se cree que todas esas personas son tóxicas y dispara tu cortisol en cuanto estás cerca de ellas aunque no haya motivo. ¿Hay relaciones tóxicas? Hay relaciones que nos afectan mucho y hacen mucho daño a nuestro organismo. Nos inflaman, nos alteran, nos agotan. Y eso empieza antes de estar físicamente con la otra persona. Tienes una comida con alguien que te produce esa reacción y desde por la mañana estás enfadado, hablas mal a tus hijos, pitas a los otros coches… Eso significa que tu mente, tus relaciones humanas y tu cuerpo han hecho un clic, están profundamente unidos, y mi objetivo es entender por qué sucede y cómo desarticular. ¿Te he convencido un poco, pese a tu escepticismo?

Tu primer libro vendió 350.000 ejemplares y este ya es número 1, así que lo que yo piense da igual. Lo importante es lo que esas ventas de un libro de psiquiatría indican, ¿cuánta gente necesita ayuda?

Es un drama. La primera sorprendida con las ventas del libro anterior fui yo. Me quedé impresionada y, sobre todo, preocupada. Además, cada libro llega ante un problema distinto. Cuando salió el primero, en 2018, era un momento de la historia en el que había un estado de alerta mantenido: pantallas, compra compulsiva, gratificación instantánea, sin tiempo para frenar… La vida iba a una velocidad que nos abrumaba y todo eran síntomas: te tiembla el párpado, se te duerme la mano, se te hincha la tripa, se te inflaman las articulaciones… Y llegó el punto de inflexión, la pandemia.

Y lo cambia todo.

Exacto. Hiperactivo la amígdala, que es la parte del cerebro que se encarga del miedo. La incertidumbre nos hizo perder absolutamente el control, lo que choca de pleno con la que había sido una de las grandes enfermedades del siglo XXI hasta entonces: la necesidad de controlarlo todo. La pandemia nos ha enseñado que no se puede controlar nada, ni si puedes casarte este año, ir de viaje en un mes o a una cena en cinco días. En un momento de la historia donde el primer mundo vivía del control y la planificación absoluta, de golpe no sabemos nada de lo que va a pasar mañana y estamos obligados a vivir el presente. Cada día es una incógnita.

¿Y estamos preparados para ello?

Aprender a vivir en la incertidumbre es complicadísimo. Durante tres meses estuvimos en un estado de alerta generalizado sin vías de escape. En un día normal, tu cortisol tiene picos y valles, pero en un estado de alerta mantenido como aquel se genera cortisol a todas horas. Si me contagio, si mis padres, si los muertos, si el miedo… ¿Cómo se baja el cortisol? Deporte, amigos, reírte, abrazar, naturaleza… Nada que pudiéramos hacer en ese momento. No había una vía de escape durante la pandemia. Y cuando estás intoxicado de cortisol se apaga automáticamente la corteza prefrontal, que es la zona encargada de pensar y tomar decisiones. Cuando tienes miedo, te dejas llevar por la masa sin razonar y toda la sociedad desactivó a la vez la corteza prefrontal. Ahora, aunque ya hayamos vuelto a las calles y la gente, seguimos encontrando siempre un motivo para el miedo: que si las dosis de la vacuna, que si el trombo, que si la variante Delta, que si la enésima ola… Siempre pasa algo. Por eso esto sigue afectando gravemente a nivel físico y psicológico.

¿Volveremos a ser los de antes?

No creo. El mundo sanitario ha salido muy tocado, estoy tratando a muchos profesionales con estrés postraumático, eso por un lado. Luego, por primera vez en la historia moderna, cuando ves a alguien lo primero que mides es el riesgo que supone para ti, antes que el amor que le tienes o las ganas de abrazarla. Ese freno en las relaciones humanas es muy dañino y no creo que recuperemos la normalidad y volvamos a ser como éramos. Algo se nos ha quedado en la cabeza. Llegas un poco tarde a casa y sientes que estás cometiendo una ilegalidad. Soy una mujer casada con cuatro hijos y me siento como cuando salías de adolescente y mentías a tus padres. Ha llegado un punto en el que hasta lo normal te da miedo. No creo que lo perdamos nunca del todo.

¿Qué más secuelas han quedado?

Nos ha dejado muy tocados. Nos ha quitado la ilusión de lo cotidiano, de organizar un viaje, una cena… Eso que se llama felicidad, que es una palabra que evito porque se ha convertido en eslogan, viene por tener ilusiones sencillas todos los días. Cualquier cosa. Y ahora muchas son imposibles.

¿Ha ayudado, al menos, a normalizar hablar sobre salud mental?

Creo que ha aligerado el tabú, que si ahora hablas mismo hablas de que estás mal se te juzga con menos dureza porque se entiende que algo te ha podido pasar para que estés sufriendo: lo has pasado mal, has perdido a alguien, no tienes estabilidad laboral, tienes miedo… Y otra cosa que ha hecho mucho bien es el caso de Simone Biles en los Juegos, porque demasiada gente tiene la sensación de que si eres una persona extremadamente exitosa, todo te va bien: le das a un botón y a ser número 1. Andrés Iniesta, con quien tengo muy buena relación, se deprimió en el mejor momento de su carrera. La vulnerabilidad del ser humano es inmensa y no necesitas un problema tangible para estar mal. Me gustaría que hubiera más campaña y más implementación, por supuesto, pero ahora hay mucha más gente pidiendo ayuda porque se ha sentido profundamente vulnerable.

Con el caso de Biles, hubo una corriente de opinión que consideraba que no era ejemplo de nada.

A lo largo de la historia, y sobre todo en los últimos años que cada vez hay más presión, ha habido muchísimos deportistas de élite que se han roto… pero no lo han dicho. He conocido y tratado a muchísimos que tuvieron que tomar medicación y no estaban bien, pero no lo dijeron públicamente porque era una señal de debilidad mal vista por la sociedad. Lo ocultaban con una lesión física y cosas así. La gente quiere que esos ídolos no les fallen, que sean máquinas perfectas, y eso es un problema porque es falso. Biles tuvo el valor de decirlo y a partir de ahora muchos darán ese mismo paso. La presión a la que están sometidos es tremenda y, sí, es su trabajo, pero eso no inmuniza. Todos los trabajos de mucha exigencia multiplican el riesgo de romperte, sea un futbolista o un cirujano. Eso no te hace peor en él ni quiere decir que no aguanten la presión, porque la mayoría ni nos acercamos a sospechar lo que soportan. Lo que hay que pensar es a qué punto tiene que llegar alguien como Biles, con todas las situaciones extremas a las que se ha enfrentado y superado, para que decida parar.

Dices en el libro que somos una sociedad adicta a las emociones, ¿eso es positivo o negativo?

Es un hecho, sin más. Nos hemos convertido en una sociedad con drogodependencia emocional: una emoción y otra y otra. Eso provoca chispazos de dopamina y placer, pero a la larga genera un gran bajón y un gran vacío en tu vida. Vives a base de emociones instantáneas, quiero esto, lo compro, lo miro, lo encargo, lo tengo y ahora necesito más. Y, luego, cuando luego tienes que profundizar en un tema, no puedes, porque has descuidado el desarrollo de la corteza prefrontal que es la que se encarga de la atención, la concentración, tomar buenas decisiones y tener la fuerza de voluntad para posponer las recompensas. Es la primera vez en la historia en que los jóvenes son menos inteligentes que la generación anterior, y lo son porque su corteza prefrontal es adicta a experiencias vibrantes. Por eso les pides que lean un texto entero o que tengan una conversación profunda y no pueden. Esa profundización requiere salir de la gratificación instantánea y, como no aporta emoción, no lo hacen. Lees un titular y no lees la noticia, mandas un whatsapp y te ahorras una conversación, miras Instagram y te das por enterado sobre la otra persona…Otra consecuencia: es la primera vez en la historia en que la gente tiene más facilidad para hablar de sexo que para hablar de amor.

Bueno, eso no es malo.

No, pero demuestra que ahora el tabú es sentimental. El otro día una paciente se escandalizaba porque llevaba un año con su novio y él pretendía que conociese a sus padres. ¡Un año y le parecía pronto! La quería ver hace 15 años (risas).

¿Las aplicaciones tipo Tinder son la solución o problema?

Cuando tu acudes a Tinder puedes hacerlo buscando pareja, buscando sexo, porque estás solo, porque estás triste y quieres que alguien te toque y te haga caso… La sensación de abandono y fragilidad que crea la soledad en mucha gente es enorme. El problema, y es algo que me perturba profundamente, es que en estas aplicaciones te eligen por la imagen. Por mucho que te maquees para la foto, eres como eres. Nos hemos hartado a decir lo importante que es acabar con esa obsesión por lo físico, pero las aplicaciones que ahora mismo definen la vida sentimental de millones de personas lo hacen sólo en función de una imagen. Una foto lo decide todo. Eso está generando un vértigo tremendo en mucha gente, porque muy pocos pasamos ese filtro. El ghosting, por ejemplo, esa gente que queda una vez contigo y desaparece sin dar explicaciones, es muy habitual y un golpe tremendo para la autoestima. Dejas de tratar a las personas como tales, son objetos, meros inputs o emociones momentáneas. Se crean traumas nuevos y el número de gente que sufre debido a Tinder es muy superior al de gente a la que le sale bien.

Como padre agonías que soy, me estás inquietando.

Pues tengo más. Otro asunto muy preocupante es la hipersexualización de las niñas en la sociedad actual. Visten de una forma muy provocativa hasta con nueve, diez o 12 años y no es que yo sea una puritana, pero quemar etapas antes de tiempo es muy peligroso para el desarrollo del ser humano. En todo, eh. Lo mismo con la niña de nueve años que se mueve como una de 17 que con la de dos años que pretendemos que conozca diez idiomas. Todos los psiquiatras, psicólogos y médicos sabemos que para llegar lo más sanos posibles a la edad adulta es muy importante haber vivido las etapas cada una en su momento. Cualquier padre que lea estas líneas sabe a qué me refiero y el vértigo que sentimos a veces. La sociedad se ha acelerado y pocas cosas funcionan mejor para el cerebro que ir despacio.

Hablabas antes del vértigo ante la soledad. ¿El confinamiento nos ha enseñado a llevarla mejor?

No, al contrario, nos ha hecho más conscientes de ella. Ahora mismo, el gran drama del primer mundo es la soledad. La gente se siente profundamente sola. Ya no es, como era antes, la soledad de los ancianos en las residencias. Es el chaval de 15 años que palía su soledad en las redes, el joven de 25 que no tiene pareja ni trabajo estable y se encuentra perdido, el de 30 que ha tenido hijos y le sobrepasa completamente la conciliación… Hay una sensación de soledad enorme, mucha gente ha vivido como un drama estarlo durante la pandemia y ahora se obsesiona con que no le vuelva a pasar. Hay una soledad elegida que ayuda al crecimiento personal y se vive de forma sana, pero cuando has estado solo encerrado en tu casa, la mayoría de la gente ha sufrido muchísimo.

Antes eras muy crítica con las pantallas, ¿te ha cambiado la pandemia la perspectiva?

Es evidente que las pantallas han ayudado muchísimo a superar esta época. Sin ellas, sin videoconferencias, series, películas, etc., hubiese sido aún más terrible. Pero ahora se multiplica el problema. Nos hemos enganchado todavía más, sobre todo los jóvenes que han vivido año y pico online: los amigos, las clases, el ocio… Todo en la pantalla. Y como son muy adictivas, salir de eso y volver a conectar con las relaciones humanas reales va a ser super complicado. Hemos sido fantasmas por las calles durante meses, ni una cara ni una sonrisa, y ahora tenemos que perder el miedo a reconectar. No va a ser fácil.

Imagen de portada: Gentileza de Bernardo Díaz

FUENTE RESPONSABLE: El Mundo – La entrevista final por Iñako Díaz-Guerra @InakoDiazGuerra – Madrid- España.

Pandemia/Soledad/Redes/Emociones/Psiquiatría/Sociedad

Diabetes: la hierba repleta de vitaminas que ‘reduce significativamente los niveles de azúcar en sangre’.

La incidencia de la diabetes experimentó un fuerte aumento durante la pandemia, especialmente entre los niños. La afección, que con demasiada frecuencia se descarta como benigna, conlleva una serie de complicaciones que incluyen amputación, ceguera y muerte.

Los diagnósticos de diabetes se han incrementado significativamente en los últimos 15 años, y se cree que uno de cada 10 adultos mayores de 40 años tiene la enfermedad en el mundo occidental. Además, las tasas de obesidad están creciendo a tasas exponenciales, lo que los investigadores predicen que impulsará un aumento significativo en el número de casos de diabetes.

Si bien los factores de riesgo de la diabetes son numerosos, no hay duda de que las elecciones dietéticas desempeñan un papel importante en la afección.

Algunos estudios han encontrado que las hierbas, en particular la albahaca, podrían tener fuertes efectos protectores contra la enfermedad.

Si bien las posibilidades de revertir la diabetes son escasas, algunos expertos en salud sugieren que existe la posibilidad.

Las hojas de albahaca, que se originan en la India y se encuentran comúnmente en el sudeste asiático, pueden ayudar significativamente a reducir la glucosa en sangre.

Un estudio, publicado en el Macedonian Journal of Medical Scientists, investigó el efecto de la albahaca en ratas diabéticas utilizando un extracto de la hierba.

Se midió la glucosa en sangre del roedor antes y después de la inducción del extracto, en la semana uno y la semana cuatro.

Los resultados revelaron que la albahaca tenía un efecto reductor significativo sobre los niveles de glucosa en sangre.

Los investigadores señalaron: «El extracto de etanol de hojas de albahaca mostró buenos resultados en la reducción de la glucosa en sangre y los productos finales de glicación avanzada en ratas diabéticas».

Estos hallazgos se hicieron eco en otro estudio sobre roedores, a quienes también se les administró extractos de albahaca sagrada.

Al final de los 30 días del estudio, los investigadores vieron una disminución del 26,4 por ciento en los niveles de azúcar en sangre.

Se ha demostrado que la albahaca también se enfoca en el estrés metabólico, lo que podría ayudar con la pérdida de peso y los niveles de colesterol.

Otros estudios han señalado que la hierba podría mejorar la función de las células beta pancreáticas y la secreción de insulina, y aumentar aún más la absorción de glucosa por las células musculares.

Uno, en particular, mostró que la hierba mejoró significativamente los picos en los niveles de glucosa en sangre después de comer.

Los investigadores notaron que las hojas parecían tener propiedades hipoglucémicas, que se ha demostrado que reducen los niveles de azúcar en sangre y ayudan a prevenir las complicaciones de la diabetes.

Esto podría ser clave para tratar los efectos a largo plazo del nivel alto de azúcar en sangre.

Un estudio publicado en el Journal of Evidence-based Complementary and Alternative Medicine encontró que la albahaca sagrada mostró beneficios para reducir el azúcar en la sangre.

El estudio incluyó a un grupo de 90 hombres, todos diagnosticados con diabetes tipo 2 al comienzo del análisis.

Los resultados obtenidos de estudios tanto en animales como en humanos podrían tener una relevancia particular para las personas con prediabetes, que se refiere a niveles anormalmente altos de azúcar en sangre que aún no son lo suficientemente altos como para calificar como diabetes tipo 2.

La diabetes tipo 2 describe lo que sucede cuando se obstruye la secreción de insulina en el cuerpo.

Muchos de los efectos agudos de la afección provienen del daño a los nervios, que puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Imagen de portada: Gentileza de Redacción Terra

FUENTE RESPONSABLE: Terra/Redacción

Diabetes/albahaca/prevención/salud/vida/sociedad

Alejandra Fenochio, la pintora que ve lo que nadie quiere.

Un recorrido de su impresionante obra puede verse durante septiembre en Munar

Si en el rostro humano pueden advertirse las marcas de la experiencia, en la mirada y la pintura de Alejandra Fenochio es la cartografía del trabajo, las crisis y la supervivencia de los trabajadores lo que aparece como si también fueran retratos. Escenas que la sociedad descarta, obras hechas con escombros que el río-y la mano de la artista- ha convertido en joyas, las caras de quienes habitan y hacen el barrio de La Boca forman un recorrido que puede visitarse como si se atravesara un sueño de luz intermitente en el espacio Munar, en el marco de la Bienalsur durante todo septiembre. Una inmersión en una historia común, aún para quienes podrían creerse ajenos.

“Yo, La Boca y la pintura es todo una mezcla”  dice  Alejandra Fenochio. Y vaya que sí. 

Cada vez que la flamante ganadora del último Premio Salón Nacional de Artes Visuales dice “La Boca” se despliega el barrio con el que está fundida como los lingotes de hierro en el puente que cruza el río Matanza-Riachuelo. 

Cuando dice “la pintura” se refiere al material con el que convive desde hace más de 30 años. 

Si deseas conocer más de Alejandra; por favor cliquea en lo escrito en «negrita». Muchas gracias.

Alejandra deambula por su “Calle” (exhibida en el centro cultural Munar durante todo septiembre) de abrazo en abrazo. Son pocos los lapsos de tiempo en los que los cuerpos no la contienen. Artistas, vecinos, amigos de diferentes épocas, parte de la hinchada de San Telmo. 

En ese vaivén cae en una ronda que forman las mujeres cooperativistas del barrio, vecinas que trabajaron para recuperar el puente de hierro Nicolás Avellaneda después de seis décadas de abandono. Ellas posan acercando la mejilla a los pequeños cuadros que contienen sus rostros, se ríen, revisan en la pantalla de sus celulares cómo salió la foto y vuelven a posar. “Ni te imaginás cuando vieron estos cuadros en el Proa”. Dice Alejandra mientras observa la escena.

La calle en pinturas

El centro cultural Munar, que en otro tiempo fue cantina, está alineado con el puente recuperado. 

De este lado de La Boca, más orillero que Caminito, ahora deshojado de turistas, aparece esta ronda que reúne 20 años de trabajo de Alejandra Fenochio en el marco del La Bienal de Arte Contemporáneo de América del Sur (Bienalsur 2021), en el segmento “Modos de Habitar”, exposiciones lideradas por artistas mujeres hasta diciembre de este año en más de 120 sedes y en 50 ciudades de 23 países.

Alejandra pinta trabajadores y se reconoce como una trabajadora del arte: “Cada vez veo más” ¿se refiere a la vista? ¿a esa capacidad que en el mundo de los mortales se va desgastando con el paso del tiempo? 

Su coartada es permanecer en el barrio y pintar su historia en rostros: “Mi obra básicamente trata de retratos, siento hasta los paisajes como retratos. Creo que eso es lo que impacta. Lo humano que hay en los cuadros”. Aunque sean paisajes, para ella todo es una cara y no es sólo jurisdicción de la tela.

El 1 de mayo pasado -día en el que cumplió 59- pintó un mural de Doña Kuka frente a su casa, registrado en un video documental. Doña Kuka era una vecina del barrio que murió en septiembre de 2020 a causa de la Covid, una chaqueña que llegó siendo muy joven a los conventillos de La Boca. 

En el pincel de Alejandra sostiene un bastón con una mano y con la otra revolea al aire una bandera azul celeste, la del club San Telmo. Tiene puesta una remera roja del Gauchito Gil y por detrás la atraviesan los rayos de sol.

La vía, los adoquines y el barrio. En esa misma cuadra, a la vuelta del Proa, vivía la doña que mantenía las puertas abiertas los días de partido para calentar los motores de la previa. Ese mural, el grupo de hinchas que se quedó sin “La Kuka” y Alejandra son la clave de la mezcla, pero hay más.

En 2012 Fenochio presentó en Tecnópolis “silvestres vidrios brotaron”, un ecosistema construido en base a una tarea de recolección. Como una espigadora, desde finales de los 90, daba vueltas por la reserva ecológica de la Costanera Sur recogiendo escombros, enamorada de los colores que se iban formando cuando el sol le daba de lleno a los vidrios corroídos por el río. 

Su taller, que está en el fondo de su casa detrás de sauces y bananeros gigantes, está repleto de esas piezas como parte del mobiliario: hierro de puente, vidrio de basura y piedra de antaño. Pero no fue solo un pasatiempo de la adultez, de niña fantaseaba con trabajar con el desecho: “Cuando era chica soñaba que la gente se iba de la playa y yo me quedaba sola en ese paisaje, juntando las cosas que dejaban, pero siempre en la orilla, junto a lo que traía la corriente”.

Permanecer -atentos a la coartada- observando sigilosamente todo aquello que se transformó con el resto. En esta muestra aparece una parte de “silvestres vidrios brotaron” en el centro del primer salón como gemas que iluminan una calle.

¿Cómo es el puente que une la orilla de “Silvestres vidrios brotaron” con la orilla de “Calle”?

Es un puente del despojo. Lo desechado de la sociedad, las dos orillas se unen por la transformación: el material de la Reserva Ecológica es el resto de construcciones convertidas en flores y las criaturas de los retratos de “Calle” son seres excluidos y convertidos en cuadros.

La muestra tiene dos espacios, en el primero las cooperativistas siguen posando frente a sus retratos. Por ahí también vagabundea “las trans del Muñiz”, un grupo al que le dió talleres de collage y que tampoco se quieren quedar afuera. 

Le sacan fotos y posan con ella. Nadie se quiere perder lo que en el barrio además de una muestra de arte es una celebración comunitaria.

Al segundo espacio se accede atravesando una tela oscura, allí las criaturas -humanos y no humanos- transformadas en cuadros gigantes aguardan las visitas con un juego de luces que emulan el día y la noche. 

En ese umbral, que es como los últimos pestañeos de un bebé antes de caer en un sueño profundo, aparecen las escenas: “Trabajó con una perspectiva más orgánica y a la vez onírica. Con una sensación de que vos sorprendiste al otro en una situación íntima. Algo que no tenias que estar mirando en este momento. Pero estás ahí y sos parte de esa escena. Por eso las miradas están tan cargadas”. 

Cada cuadro le llevó aproximadamente un año, las escenas son también el desecho y el descarte que provocó la crisis del 2001 y más atrás en el tiempo, la dictadura, cuando ella tenía 18 años.

¿Cómo llegaste a imaginar esas luces para estos cuadros?

Lo pensé porque duermo en el taller. A veces ves mejor y otras peor. A veces, se ve el trabajo más originario, la cara toma otro peso con la luz. Este tipo de iluminación involucra mucho más al que ve, la luz te invita a meterte en esa situación.

Hace un rato, un grupo de mujeres cooperativistas se estaban sacando fotos junto a las pinturas de sus retratos.

Eso pasa acá y pasó la primera vez que mostré la serie “Puente” en la Fundación Proa. Me acuerdo que en aquel momento una madre y su hija daban vueltas por la muestra y la hija le preguntaba todo el tiempo: «¿Vos estás segura de que hay un cuadro tuyo acá adentro?»

En 1988 Fenochio fue por primera vez al puente, trabajaba en el Plan Cultural de Barrios en una escuela de La Boca con sus alumnxs. Pero luego no fue más a verlo por el gran deterioro en el que estaba. En 2010 volvió cuando ya estaba restaurado. Se empezó a acercar a quienes estaban involucrados en ese trabajo, de ahí vienen los 50 retratos como un homenaje a esa gran tarea de recuperación.

 Un premio comunitario

Apenas unos días después de la inauguración de la muestra, Alejandra fue galardonada con el Premio Salón Nacional de Artes Visuales por su obra El pandenauta, en la que retrata al chofer de un vehículo en tiempos de pandemia. Durante el 2020 vendió verduras orgánicas en el barrio y de eso también hizo retratos. 

Son cuadritos pequeños que pueden ser mostrados entre las manos, como si fueran figuritas. Cuesta encontrar cuál es la fruta o la verdura que falta.

¿Cómo fue que te pusiste a pintar frutas y verduras?

Fueron cuadros muy internos, como la pandemia. Gané el premio con el retrato de Fernando (el chofer) y pintaba verduras que era lo que vendía. Todo es muy autobiográfico. Totalmente carnal.

Sobre el premio lo que se escucha por los pasillos de la muestra es algo así como: “menos mal que se lo dieron”.

¿Vos sabés que todos hablan de justicia? A mi me pasan muchas cosas con lo comunitario, mi vida pasa por lo comunitario y entonces yo siento el premio como comunitario. Los cuadros también siento que son de las personas a quienes retrató y de quienes los ven.

¿Qué pensás de la justicia en el mundo del arte?

¿Qué es el mundo del arte? ¿Lo que se vende? Yo no entiendo mucho, para mí toda la gente que está acá es del mundo del arte. Después está la otra parte, por ejemplo a mí me da vergüenza decir los precios de mis obras, lo que pasa es que el arte se convirtió en una cosa muy intangible, que se compra con moneda intangible como las bitcoins. 

Trato de escaparme de esta intangibilidad y naturalmente no me meto. Entonces cuando muestro es algo así, en donde trato de abrir el lugar en donde estoy.

En ese sentido ¿es un tipo de economía alternativa?

Totalmente. Sin ir más lejos, yo vivo de amasar pan o de vender verduras. Los vínculos comunitarios acá en el barrio generan otra economía, sin duda.

La calle del involucramiento

Al trabajo que expone -algo que no hace muy a menudo- lo considera de impacto porque sostiene una misma línea de búsqueda: un involucramiento que en esta muestra puede apreciarse -también- a través de una propuesta de talleres: Carló Pelela une puentes diminutos en su taller de Metal Creativo; Silvina Babich hace enjuncado en sillas; Lucho Galo da un taller de Gráfica Comunitario de la Boca Grabado y Amina Chachi Azura, realiza un Happening- colash tendida en una mesa redonda vestida con un mameluco, un barbijo N95 y una máscara. 

La consigna es llenar ese mameluco de recortes de revistas y diarios de todo los tiempos. Amina se incorpora y deja la mesa por un rato. Descansa, fuma un cigarrillo pero se queda quieta para que nada se salga, todavía el pegamento está mojado. 

Al lado suyo, un grupito de gente practica soldadura eléctrica: ¡“máscara”gritan antes de provocar el cortocircuito que da origen a la soldadura. Quienes no tienen le dan la espalda a ese pedacito de rayo que une los diminutos hierros que forman la réplica en miniatura del Puente Nicolás Avellaneda.

Ese sábado es el cumpleaños de Amina, que vuelve a recostarse en la mesa luego de su descanso. Otra mezcla, otro motivo de celebración barrial. 

Todos los sábados de septiembre durante cuatro horas, en esta ex cantina el recorrido invita a permanecer en la mixtura entre pintura, vidrios corroídos y la hospitalidad del barrio que en una complicidad fraternal con Alejandra hacen del evento una celebración en muchos sentidos.

¿Por qué elegiste hacer convivir la muestra con talleres?

Para involucrarnos. Acá yo retomo lo de la justicia y lo del trabajo con el otro. Me reconozco como una trabajadora del arte, me gusta pintar a quienes trabajan y me gusta reconocerme ahí. 

Que no haya diferencia. Por eso cuando venís a esta muestra parece que pasa de todo. Los talleres los dan toda la gente del barrio, porque también me interesaba poner en juego el oficio.

¿Cobra un sentido más transversal el encuentro o el involucramiento después de la pandemia?

Sí y es una belleza. Las dos palabras que pueden sintetizar este momento son “emoción e impacto”. Yo veo mucha gente muy emocionada atravesando la muestra y llorando. Eso tiene que ver con el encuentro y el pensar en lo comunitario como un modo de vivir, tanto en la obra como en lo personal.

¿Hay algo performativo ahí?

El trabajo de los retratos de los trabajadores del puente tiene mucho que ver con un trabajo que hice en Rosario sobre los pescadores en la serie “Río”. Yo iba, me sentaba en la pescadería, nadie entendía porqué estaba ahí. Después empiezan a ver que vas y que volvés, que te quedas. 

La pintura tiene eso, que no es un instante. Tiene un tiempo que permite el involucramiento con gente porque empezás a formar parte de su vida. Y si. Que gente por organizaciones sociales y barrios populares de pronto estén en el Proa o que los pescadores estén en el Museo de Arte Moderno de Rosario, es performativo. Eso a mí se me da naturalmente.

Ficciones de lo real

La muestra está curada por Adriana Lestido y Carlos Herrera, Alejandra sigue merodeando de abrazo en abrazo. En las columnas entre estas escenas inmensas se lee: “¿De qué se trata hoy hacer un retrato? Mejor. ¿De qué se trata ahora hacer un retrato para Alejandra Fenochio? Calle y sus habitantes silenciosos dan cuenta de un procedimiento que la artista- que elige la nobleza y la laboriosidad de la pintura para diseñar su obra- viene ahondando desde años”. 

Desde la época en que la misma Alejandra contaba que pintaba en un baño porque era el único lugar donde podía, ahí entraba la tela y ella. El texto sigue: “en esta muestra de obras selectas de gran tamaño estalla ante nuestra mirada como un escupitajo que nos alerta y mancha con una realidad que es evidente, silenciosa y tachada”.

Ante su afirmación “cada vez veo más” este mismo texto, añade: “Fenochio no teme mirar a sus retratados, los ojos de los cielos oscuros, de los animales y de las personas que ya no reinan la ciudad, ni esta ni ninguna. 

La paleta barroca, necesariamente oscura y que construye formas abigarradas, viene a hablarnos de estos tiempos en los que la oscuridad se apropia también de los momentos en los cuales debería reinar la luz y se hace invisible durante la noche”.

Al salir de esa sala onírica, de frente, hay otra tanda de cuadros pequeños, hechos con maderitas siguiendo el oficio paterno. 

Otros escenarios: un tanque de agua, el cielo y el río. “Tengo muchos temas” dice, y se detiene frente al muelle que forman varios cuadritos. La preocupación por la bajada del río Paraná también está en sus pinturas, esa corriente que de tanto desecho hizo flores ahora se transforma en un ecosistema en riesgo.

La lluvia del fin de la jornada repliega a lxs talleristas, el reparo también es comunitario. Alejandra sigue con su coreografía de abrazos, en las manos contiene una cajita que le acaban de regalar. Tiene el mismo brillo que los vidrios. 

Dice que le pidieron que la abra cuando esté sola. Para eso todavía falta. Hacemos la última pasada por la muestra, la sensación de no querer irse también es compartida.

Tenés cuadros enormes y cuadros muy pequeños ¿No hay un término medio?

No, no pinto medianito. Muchas veces vienen los galeristas y me dicen ¿no tenés algo más medianito? Cuando empecé a pintar los cuadros chiquitos, que tengo como 2000, los armaba con pedacitos de madera del taller de carpintería de mi papá. 

Entonces eran todos hiper irregulares, y la verdad es que sigo amándolos con maderitas que sobran. Los grandes me llevan un año de trabajo, así que en esta muestra imaginate el tiempo de vida que hay.

¿Cuánto?

Toda una vida.

Alejandra tiene mucho trabajo por delante. Los enormes cuadros de “Calle” se transformaran en afiches para las paredes del barrio, más cerca aún. “Para que pases y los veas, todo un recorrido”. Así como la “Kuka” en el mural frente a su casa, también estarán las escenas de las criaturas.

¿Qué te conmueve ahora ?

El encuentro, el abrazo y poder celebrar la vida cuando hay tanto muerto alrededor.

Imagen: Gentileza Página 12

FUENTE: Página 12 – Cultura – Arte pictórico – Sociedad –  Por Euge Murillo

 

Vivir en soledad

Sería un
despropósito
hablar solo
del hombre,
excluyendo
a la mujer,
tal cual par.

La soledad
se vive
muchas veces
con la falsa
creencia,
que teniendo
actividad
desde al
amanecer
hasta el
atardecer,
uno la evita,
no la padece,
se miente
diciéndose
que la domina,
sujetándola
a su voluntad
y capricho,
eso se denomina
insensatez o estupidez
frente a la vida.

Porque
casualmente,
en cualquier caso,
es cuando
al atardecer,
al dejar
de lado
las rutinas,
simples parches
que cubren
las carencias,
tratando de
convencerse
inútilmente,
que todo
siempre resulta
soportable.

Son la familia,
los amigos,
los desconocidos
con quienes
en forma casual
nos comunicamos,
y porque no
la esperanza
del último amor
lo que nos hace
sentirnos felices.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

No voy a traicionar a Borges, de José Luis Rodríguez Zapatero.

Palabras hilanderas es el nombre de la colección, formada por diez libros, de las editoriales Huso y Cumbres. 

Un conjunto de obras diseñado «con todo el rigor de la imaginación, comparten una obra artística, un sueño creador, a una autora, a un autor, una intuición, un pensamiento». Jorge Luis Borges es el protagonista de la nueva entrega de esta serie, en la que ya han sido publicados los volúmenes de autores como Luciana Prodan y José Manuel Lucía Megías.

Zenda publica un capítulo de «No voy a traicionar a Borges, de José Luis Rodríguez Zapatero.

2

APUNTES INICIALES

Con la lectura de El Aleph comenzó mi aventura borgiana. Debió de ser en 1976 ó 1977, las fechas no importan decía el maestro argentino. A partir de ahí, en íntima complicidad inicié mi sueño borgiano. Lecturas y relecturas. Las lecturas que más han influido en mí para tratar de pensar con serenidad el mundo y lo que acaso somos y dejaremos de ser.

Si ahora he aceptado la invitación a escribir y publicar estas líneas sobre Borges es movido por un doble sentimiento, de admiración y de humildad.

De la admiración por el autor, tendrán sobradas muestras los lectores en las páginas de este trabajo.

«Deseo subrayar la condición de argentino de Borges. Nada puede entenderse de Argentina, ese fascinante país, sin Borges»

De la humildad a la hora de asumir esta tarea, solo reitero que mi única pretensión con estas líneas es la de compartir mis impresiones e interpretaciones de los textos, de algunos de ellos, del autor argentino. Seguramente, cada lector de Borges contribuye a componer un espejo, virtualmente infinito —cómo no—, que devuelve en su reflejo tantas percepciones como las lecturas de Borges se producen en cualquier momento y desde cualquier lugar del planeta.

Deseo subrayar la condición de argentino de Borges. Nada puede entenderse de Argentina, ese fascinante país, sin Borges. Siempre que leo algo de Argentina, o recuerdo las calles de Buenos Aires, sus casas bajas, sus esquinas y arrabales; siempre que conozco o reencuentro a alguna persona de ese país, Borges reaparece en mi pensamiento. Es un fenómeno casi patológico.

El Gaucho y La Pampa, los cuchilleros, las milongas y los tangos, los arrabales de Buenos Aires, Palermo, La Recoleta, La Chacarita, Adrogué, Martin Fierro, Sarmiento, José Hernández, Lugones, Macedonio Fernández, Almafuerte, Evaristo Carriego, Yrigoyen, incluso Rosas, llegaron a mí con Borges.

Sería pretencioso y acaso incorrecto intentar profundizar sobre la argentinidad de Borges y de su obra. Para tan ímproba tarea hay que ser argentino.

Permítaseme tan solo una consideración muy personal y, por tanto, comprometida.

«Justo es reconocer que la renovación más profunda y creativa del idioma castellano se produjo en América Latina en el siglo XX».

Es difícil, en efecto, imaginar la obra de Borges sin su condición de argentino. Su patria, su Buenos Aires, sus calles, los argentinos están en casi todas las páginas de su universal obra. Es recurrente afirmar que en su primera etapa (la que corresponde a los libros Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno San Martín y Evaristo Carriego) el acento de la obra de Borges sería predominantemente local.

Sin embargo, en esas primeras obras, poemas esencialmente, están ya los grandes temas del autor argentino: el tiempo (poema Final de año); el idealismo, Berkeley, Schopenhauer (poema Amanecer); la finitud (poema Remordimiento por cualquier muerte); la poesía (en el poema El Sur). Y a su vez en la etapa en que las ficciones y ensayos, con vocación universal, centran la obra de Borges, Argentina sigue estando ahí. Quizá fuese azaroso pero para mí es definitivo que el Aleph, allí donde está todo el universo y Beatriz Viterbo, es vivido por Borges en Argentina.

Justo es reconocer que la renovación más profunda y creativa del idioma castellano se produjo en América Latina en el siglo XX. El principal renovador de nuestra literatura fue Borges. Su influencia ha sido decisiva. Sus imbricados laberintos nos abren caminos ignotos. Los espejos nos reconcilian con la identidad. Sus ficciones y sus alteraciones de la realidad nos mueven a transitar por la historia y las enciclopedias. Su infatigable pasión por leer nos enseña el rumbo de la serenidad y de la razonable finitud.

«Borges es dominio de la metáfora, precisión creativa, originalidad y belleza en el uso de los adjetivos, vasta erudición, uso de trucos admirables»

La lealtad a una obra y a su autor supone un compromiso tan intenso como misterioso. En mi caso, esa lealtad es con Jorge Luis Borges, con su obra, con su huella, con sus geniales recursos literarios. La intensidad puede llegar a acariciar lo obsesivo. Leer y releerle, escuchar una y otra vez sus entrevistas y conferencias, deconstruir sus formas retóricas y entender o intentar entender las raíces intelectuales de ese camino entre la filosofía y la literatura plena, que culmina en el hecho estético que constituye la obra borgeana, han sido una constante en mi vida. Como ha dicho Luis García Montero, “ser lector de Borges es, primero, una forma de ser lector y, luego, una forma de ser”.

Borges es dominio de la metáfora, precisión creativa, originalidad y belleza en el uso de los adjetivos, vasta erudición, uso de trucos admirables, afán por la sintaxis y, ante todo, un escultor genial de la palabra, de sus raíces y significados. La obra borgeana encierra tantos misterios como la historia, el tiempo y la literatura.

El misterio borgeano está impreso en la mirada, esa mirada espejo de la “modesta ceguera” de Borges como él la calificó. Una mirada que busca el infinito y que a la vez nos interpela sobre la existencia y nos empuja al asombro.

Borges escribió en “El templo de Poseidón”, de Atlas:

No hay una sola cosa en el mundo que no sea misteriosa, pero ese misterio es más evidente en determinadas cosas que en otras. En el mar, en el color amarillo, en los ojos de los ancianos y en la música.

«Esa literatura sublime fue horneada en una biblioteca, la biblioteca de su padre».

En los ojos de Borges quizá esté El Aleph, que muy probablemente sea su cuento más universal. Los ojos de Borges se demoraron por todas las literaturas, indagaron en diversas religiones y culturas, descifraron filosofías que parecen inescrutables, advirtieron las debilidades de autores y novelas y crearon versos, cuentos y sentencias entretejidas de forma sublime. Una literatura sublime porque, quizá como ninguna otra, nos revela las infinitas posibilidades de la existencia y acaso del universo.

Esa literatura sublime fue horneada en una biblioteca, la biblioteca de su padre. Ese fue el destino de Jorge Luis Borges, como nos recuerda en el epílogo de Historia de la noche:

Como ciertas ciudades, como ciertas personas, una parte muy grata de mi destino fueron los libros. ¿Me será permitido repetir que la biblioteca de mi padre ha sido el hecho capital de mi vida? La verdad es que nunca he salido de ella, como no salió nunca de la suya Alonso Quijano.

Nosotros tampoco saldremos de la biblioteca borgeana. De hecho, no he salido nunca de ella. Advierto, no obstante, con indisimulable temor, que el diálogo siempre imprevisible entre autor y lector o lectora pueda resultar una tarea tan ambiciosa como provisional.

«Trato, pues, de compartir el deleite borgeano. Mis páginas son páginas con Borges, para suscitar y acaso provocar sensaciones similares a las mías».

Quien lo lea anticipará con facilidad que el presente ensayo, si es que así se puede calificar a este acto de intrusismo, reposa en una visión subjetiva, aunque quizá todas lo sean. Mi lealtad a Borges me llevará en las páginas que siguen a una incontenible admiración fruto del espacio que en mi memoria ocupa el deleite de la aventura intelectual más intensa que podemos emprender en la vida: leer a quien tú consideras el escritor más importante.

Trato, pues, de compartir el deleite borgeano. Mis páginas son páginas con Borges, para suscitar y acaso provocar sensaciones similares a las mías, solo interrumpidas por mis acotaciones que, de manera más arbitraria que sistemática, deseo dejar como testimonio.

… todas las cosas del mundo me llevan a una cita o a un libro.

El lector comprobará mi fidelidad a esta cita, tomada de “Las islas del tigre”, en Atlas. Porque todas las cosas pensadas y aun las que podamos pensar nos pueden llevar a una cita o a un libro de Borges.

Quizá por esta secreta razón, que se descubre al leer al autor argentino, los espejos, los laberintos, los sueños y los sueños de los sueños borgeanos propenden a desvelar los confines del conocimiento estético.

*******

José Luis Rodríguez Zapatero comenzó a leer a Borges en la década de los setenta, en su casa natal, en León. Pasan los años y adquiere, como tantos otros, la sensación, nada fatigosa, de que se ha convertido en un relector del escritor argentino. En 2001, se le brinda la oportunidad de prologar una edición de Ficciones y conoce personalmente a María Kodama. A partir de la primavera de 2004, se abre un tiempo en el que apenas puede frecuentar, aunque en su despacho siempre le acompaña una foto de Borges junto a Bioy ante una biblioteca. Desde la Nochebuena de 2011, lo recupera para ya no abandonarlo. Y ahora, con estas páginas, comparece ante los lectores de su escritor predilecto, como uno de ellos. Lo hace para mostrar su lealtad borgiana, para no traicionar a Borges.

—————————————

Autor: José Luis Rodríguez Zapatero. Título: No voy a traicionar a Borges. Editorial: Huso. Palabras hilanderas. Venta: Todostuslibros y Amazon 

La salud en los libros

Cuánto tiempo se debe leer para beneficiar al cerebro

La neurocientífica y autora de «Bio Hack Your Brain» (Hackea tu cerebro) Kristen Willeumier explica que entretenerse pasando páginas puede mejorar el cerebro.  

Optimizar la salud de su cerebro requiere de ciertos hábitos. Se necesitan intervenciones diarias y un enfoque equilibrado y holístico para mantenerse en forma a lo largo de los años.

La neurocientífica y autora de «Bio Hack Your Brain» (Hackea tu cerebro) Kristen Wuilleumier, aseguró que «desde la comida hasta el ejercicio y la hidratación, puede mejorar la juego mental».  

FOTO: Entrelíneas

Optimizar la salud de su cerebro requiere de ciertos hábitos. Se necesitan intervenciones diarias y un enfoque equilibrado y holístico para mantenerse en forma a lo largo de los años.

«Los cambios de estilo de vida muy simples, si se practican de manera constante, respaldan la salud de su cerebro durante toda la vida», dijo para el podcast mindbodygreen. 

Uno de esos sencillos cambios es leer durante al menos 15 minutos al día y, según explica Willeumier, entretenerse pasando páginas puede mejorar el cerebro.

Cuánto se debe leer para tener una salud cerebral estelar

«La cosa número uno que creo que la gente necesita hacer más, es la lectura de formato largo, de 15 a 30 minutos, para leer cualquier tipo de libro», dice Willeumier. 

Según la neurocientífica, la lectura es un arte perdido hace mucho tiempo. Si bien hoy en día se lee una buena cantidad de textos, entre redes sociales, noticias y artículos, normalmente estas son experiencias de corta duración. 

Para Willeumier, lo ideal es abrir un libro y sumergirse en las páginas: «Cuando el cerebro aprende, forma estos mapas cognitivos», explicó. «Por lo tanto, cuanto más leas a medida que envejeces, tu cerebro se mantendrá en forma».

Un estudio encontró que la lectura de novelas se asocia con la conectividad cerebral, tanto a corto como a largo plazo.

Otro, mostró que aquellos que se dedicaban a actividades estimulantes mentalmente como la lectura, tenían un deterioro cognitivo más lento durante su vejez. 

La investigación también encontró que aprender cosas nuevas (como sucede, por ejemplo, durante una lectura atrapante) puede mejorar la memoria. 

Willeumier dice que incluso se puede mejorar la velocidad cerebral «leyendo velozmente» o aprendiendo a escanear páginas más rápido.

Sin embargo, en todo momento habrá que ceñirse al mínimo de 15 minutos diarios: según Willeumier, es una lectura significativa y larga cada día lo que mejora la salud del cerebro. 

Cuatro formas en las que la lectura beneficia al cerebro

Leer es, más que un hobby, una medida que contribuye al bienestar mental. Desde Penguin Random House explican cómo este hábito beneficia desde lo mental, físico y emocional. 

Leer es sano para la salud desde lo físico, mental y emocional, según un informe realizado por Penguin Random House en colaboración con Mind Body Green. 

Ayuda a reducir el estrés

El hábito de lectura puede reducir hasta un 68% el estrés crónico, según un estudio de la Universidad de Sussex de 2009. Acurrucarse a leer un libro puede ser más efectivo incluso que otras actividades, como escuchar música o tomar té.

La explicación del estudio es que, cuando una persona lee, se desconcentra de su propio estrés para pasar a enfocarse en el mundo ficticio al que entra a partir de la lectura.

FOTO: Cuatro formas en las que la lectura beneficia al cerebro

Leer es sano para la salud desde lo físico, mental y emocional, según un informe realizado por Penguin Random House en colaboración con Mind Body Green. 

Ayuda a reducir el estrés

El hábito de lectura puede reducir hasta un 68% el estrés crónico, según un estudio de la Universidad de Sussex de 2009. Acurrucarse a leer un libro puede ser más efectivo incluso que otras actividades, como escuchar música o tomar té.

La explicación del estudio es que, cuando una persona lee, se desconcentra de su propio estrés para pasar a enfocarse en el mundo ficticio al que entra a partir de la lectura.

Mejora las habilidades sociales y la empatía

Gran parte de la salud mental radica en la interacción con el entorno y las habilidades de manejo de las emociones. 

Si bien la lectura no es considerada una actividad muy social, tiene un impacto en el desarrollo de la empatía del lector. 

Otros estudios demuestran que acceder a otros «estados mentales» y perspectivas, como los de los personales de un libro, tiene un impacto directo en la capacidad de manejo de las relaciones sociales. 

Beneficia la memoria y a la salud integral del cerebro

Una de las claves para la salud del cerebro es mantener una estimulación mental constante. 

Cuando una persona lee, se activan en su cerebro cadenas de neuronas que permiten mantener las habilidades de pensamiento y la memoria durante más tiempo, especialmente a medida que se envejece.  

Mantener la mente activa y desafiarla a concentrarse son medidas centrales para garantizar mayor bienestar en la vejez. 

Mejora el procesamiento visual y la conectividad cerebral

El procesamiento visual es el término para asimilar y comprender lo que se observa alrededor, y está alojado en el lóbulo occipital del cerebro. Diversos estudios demostraron que los lóbulos occipitales de los lectores están más desarrollados, lo que mejora las habilidades de procesamiento visual.

Los estudios muestran también que la lectura aumenta la conectividad en la corteza temporal izquierda, incluso después de leer. 

Las neuronas de la corteza temporal izquierda son conocidas por lo que se llama «cognición fundamentada», que puede permanecer intensificada incluso hasta la mañana después de una sesión de lectura sólida. 

Si te interesa podés leer los siguientes libros,  además si lo deseas cliquea en aquellos párrafos que están subrayados para profundizar sobre las obras ofrecidas.

«El último invitado», un policial que se convirtió en best seller. 

«Mínimos Peces», la historia de la hija no reconocida de Steve Jobs.

«El Cementerio de Praga», el libro de Umberto Eco que resume el último siglo de Europa con una historia fascinante.

Por último; esta recomendación:

«Guía para sobrevivir al presente», un libro de Santiago Bilinkis para aprender a cultivar hábitos que ayuden al bienestar en la era digital.

Imagen de la portada: Gentileza ENTRELINEAS

FUENTE: ENTRELÍNEAS – Literatura/Libros/Salud/Sociedad/Vida

Confirman mecanismos cuánticos en el cerebro vinculados a la cognición y los movimientos conscientes.

Estructuras cerebrales implicadas en la cognición y las acciones voluntarias utilizan mecanismos cuánticos que, a través del transporte de electrones que no siguen las leyes físicas, permiten iniciar movimientos conscientes y otras facultades superiores.

Una investigación del Instituto de Tecnología e Ingeniería de Materiales de Ningbo, en China, ha descubierto mecanismos cuánticos en estructuras de ferritina de laboratorio que son similares a las que se encuentran en neuronas críticas del cerebro.

Estas neuronas críticas forman parte de estructuras cerebrales implicadas en los movimientos voluntarios conscientes y en los procesos cognitivos, lo que sugiere que al menos determinadas facultades mentales humanas tienen un sustrato cuántico.

El resultado de esta investigación evidencia la existencia de una función cuántica en las capas de proteína de ferritina que se encuentran en las células, incluidas las neuronas, por lo que esa función cuántica estaría ampliamente extendida por el organismo.

Procesos cuánticos

La nueva investigación descubre nuevos aspectos de los procesos biológicos cuánticos que hasta ahora se ha sugerido ocurren en la fotosíntesis, en la mutación del ADN, en el olfato o la visión, en la actividad enzimática, y en la magnetorrecepción que usan los animales para orientarse siguiendo el campo magnético terrestre.

Según investigaciones previas, procesos cuánticos como el efecto túnel o el entrelazamiento pueden estar produciéndose en estos procesos biológicos, señalando la profunda implicación del universo cuántico en los mecanismos de la vida.

Hay otra derivada de la biología cuántica, que se perfila también como posible fuente de los procesos cognitivos e incluso de la consciencia, tal como ha sugerido, por ejemplo, Roger Penrose.

La nueva investigación afianza esta línea de investigación porque plantea con toda claridad que los procesos cuánticos pueden estar implicados en procesos cognitivos y en la toma de decisiones conscientes que ocurren a nivel humano.

Cerebro cuántico

Esta investigación fue diseñada para estudiar el transporte de electrones en estructuras de ferritina desarrolladas en laboratorio, pero que son similares a las que se encuentran en la sustancia negra pars compacta (SNc) y en el locus coeruleus (LC), grupos de neuronas de regiones críticas del cerebro.

La pars compacta contiene neuronas dopaminérgicas implicadas en la fisiopatología de las conductas adictivas. El locus cerúleo es una región anatómica cerebral involucrada en la respuesta al pánico y al estrés.

La investigación sobre la enfermedad de Parkinson ha demostrado también que la destrucción de las neuronas del SNc da como resultado la pérdida de la capacidad de iniciar un movimiento voluntario consciente. Asimismo, que la destrucción de neuronas en el LC da como resultado un procesamiento cognitivo deficiente.

Los resultados de la nueva investigación sugieren que las capas de ferritina presentes en esas estructuras cerebrales podrían proporcionar una función de conmutación que coordine esos grupos de neuronas para realizar la selección de movimientos conscientes y el procesamiento cognitivo, respectivamente, según explica uno de los investigadores, Christopher Rourk, en la revista ScienceX Dialog.

Cuestión de ferritina

La ferritina sería la clave de estos procesos: es la principal proteína almacenadora, transportadora y liberadora de forma controlada de hierro. Se produce por casi todos los organismos vivos.

Anteriormente se había descubierto que la ferritina provoca el así llamado efecto túnel, mediante el cual un electrón supera una barrera infranqueable en la física clásica: se comporta como una onda, en vez de como una partícula. Es un efecto cuántico.

También recientemente se han observado acumulaciones de capas de ferritina en muchos tejidos, incluidos los del cerebro, los melanosomas (orgánulos de pigmentación) y el tejido placentario, espacios orgánicos donde también ocurrirían procesos cuánticos.

La nueva investigación, dirigida por el profesor Cai Shen, ha demostrado que las capas de ferritina no solo conducen electrones a distancias de hasta 80 micrones mediante el efecto túnel, sino que también pueden formar un Aislante de Mott para cambiar de un estado conductor a un estado no conductor.

Un aislante de Mott es un material que “debería” ser metálico (conductor), pero presenta un comportamiento aislante. Según la nueva investigación, este aislante tiene reflejo en la biología porque un estado que debía ser conductor, deja de serlo.

Misteriosa ferritina

Los investigadores plantean la necesidad de realizar investigaciones y pruebas adicionales de los tejidos donde se encuentran acumulaciones de ferritina, para confirmar si organismos vivos utilizan las funciones de transporte y conmutación de electrones para funciones biológicas tan importantes, tal como sugieren los experimentos de laboratorio.

Los autores de esta investigación plantean que la ferritina debe dejar de ser considerada «sólo» como una proteína de almacenamiento de hierro, ya que está dotada de un mecanismo de transporte de electrones mecánico cuántico que estaría implicado en procesos biológicos y cognitivos de gran alcance.

Si ese mecanismo existe y se utiliza para realizar la selección de acciones y el procesamiento cognitivo, podría tener importantes implicaciones para nuestra comprensión de cómo funciona el cerebro, destaca Rourk.

Biología cuántica

Muchos científicos están investigando actualmente la biología cuántica, que es la aplicación de la mecánica cuántica para investigar las funciones biológicas.

Recientemente se ha utilizado para conocer los mecanismos que están detrás de la fotosíntesis o de la forma en que las aves pueden percibir los campos magnéticos, entre otros campos.

Estos efectos biológicos cuánticos generalmente involucran electrones saltando o haciendo túneles a distancias de varios nanómetros, comportamiento que es incompatible con las partículas, pero que tiene sentido si se comportan como ondas siguiendo la dinámica cuántica, concluye Rourk.

Y parece que estos efectos biológicos cuánticos están por todas partes.

Imagen superior: sistema de partículas en 3D, que se construye mediante un flujo de cuerdas, generado en ondas. Richard Horvath, Unplash.

FUENTE: TENDENCIAS – Cerebro – Consciencia – Biología Cuántica – Investigación – Por Eduardo Martinez de la Fe (Periodista Científico)