¿Verdadero o falso?

Cinco maneras de ser más felices en el trabajo, según los filósofos.

Especialistas como el filósofo Arthur Schopenhauer elaboraron teorías que brindan claves para disfrutar más la vida; también en el entorno laboral

La búsqueda de la felicidad es una cuestión que se plantean los filósofos de forma recurrente. Las tres escuelas de esta materia en la Grecia clásica daban respuestas alternativas.

El Estoicismo propugnaba despegarse de las cosas materiales y buscar el equilibrio en nuestro interior, el imperio de la razón sobre las necesidades físicas. Por su parte, el Epicureísmo proponía explorar todo tipo de placeres, alcanzar el éxtasis mediante la experiencia sensorial e intelectual.

Finalmente, el Cinismo cuestionaba el sentido de la pregunta sobre la búsqueda de la felicidad, porque es imposible encontrar respuestas certeras a este tipo de interrogantes: es preferible vivir como se quiera y justificarlo como nos parezca. Pienso que ninguna de esas tres alternativas satisface completamente las aspiraciones de la mayoría de la gente, que no son escépticos, ni quieren vivir como eremitas o en el exceso permanente.

Arthur Schopenhauer, el filósofo alemán al que se suele etiquetar como “pesimista”, hizo sin embargo un intento de lo que él denominó como “eudemonología”, o teoría sobre la felicidad, que le llevó a formular una serie de recomendaciones, especialmente útiles en el trabajo, pero también en la vida corriente.

Si pasamos al menos la mitad de nuestro tiempo dedicados a tareas profesionales, parece importante identificar qué pautas o recomendaciones nos pueden servir para aprender a disfrutar en ese contexto.

El filósofo alemán, Arthur Schopenhauer

El filósofo alemán, Arthur Schopenhauer

1. Entender la felicidad como un camino

La primera recomendación es entender la felicidad como camino, no como un destino, como el resultado del ejercicio permanente y no como un objetivo alcanzado. Esta afirmación evoca el significado de la vida como viaje, presente en la literatura desde la Odisea. Las personas que pensamos que son felices no lo son por haber llegado a una situación y conformarse.

De hecho, para mantenerse en una situación determinada, conservar una relación personal o persistir en un estado de ánimo equilibrado hace falta seguir esforzándose. Sucede como en la estrategia empresarial: la opción marginal de “seguir igual” implica invertir en mantener cuota de mercado, continuar mejorando la relación con los clientes, mejorar la imagen de marca, y no simplemente no hacer nada.

Esto es aplicable a la vida personal, como aprendimos sobre la importancia de la resiliencia durante la pandemia: una parada es un retroceso. El principio también es aplicable al trabajo. Para ser feliz en nuestra profesión es necesario continuar mejorando de forma permanente, formándonos para estar actualizados, proponernos nuevas metas.

Hay personas que piensan que se puede vivir de la buena reputación y los logros del pasado, lo cual es un error. Hay que seguir demostrando la competencia y la valía con el desempeño personal, fundamentalmente porque mejorará nuestra autoestima y nuestra felicidad.

2. Ser no es tener

No hay que confundir mejorar y progresar con acumular más cosas. Ser no es tener, como explicaron muchos filósofos. Schopenhauer explica el sentimiento de vacío que sobreviene al logro de un bien material en el que se ponen todas las expectativas.

“La riqueza es como el agua del mar: cuanto más se beba, más sed se tendrá. Lo mismo vale para la fama”, explica. Y yo añadiría que también es aplicable al poder y a los cargos en la empresa, si no se entienden con vocación de servicio.

Para ser feliz en nuestra profesión es necesario continuar mejorando de forma permanente

Para ser feliz en nuestra profesión es necesario continuar mejorando de forma permanente

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3. Evitar los sentimientos extremos

Evitar los sentimientos extremos, especialmente la envidia, el odio y la ira. Aunque a veces encontramos caricaturas de CEOs en biografías, películas e incluso materiales educativos, que retratan jefes insoportables, coléricos, que se arrebatan en episodios irrelevantes, los verdaderos líderes son los que enseñan y se convierten en referencia de comportamiento.

Los jefes irascibles solo consiguen que las personas de su entorno terminen yéndose de su empresa. La envidia es un vicio especialmente dañino, porque genera amargura. Se trata de la tristeza por el bien ajeno, algo mezquino y que la gente suele rechazar.

Como afirmaba Séneca, filósofo de la Roma clásica, “nunca serás feliz si te atormenta que algún otro sea más feliz que tú”. Desgraciadamente, parece que su alumno el emperador Nerón no aprendió la lección. Por el contrario, mi experiencia es que la generosidad es la estrategia ganadora a largo plazo, y las personas que la cultivan reciben un reconocimiento recíproco.

Una parte esencial de la dirección consiste precisamente en enseñar, que una buena manera de caracterizar al CEO es como profesor o coach. Esta dimensión proyecta una dimensión más trascendente al management, y también potencia la felicidad personal.

4. La felicidad está intrínsecamente relacionada con la salud

Como explica Schopenhauer, “nueve décimos de nuestra felicidad se basan únicamente en la salud”. Curiosamente, el filósofo alemán se anticipa a los avances de la neurociencia y a toda la corriente de bienestar (wellbeing) que se trasladó al entorno de las empresas.

Evitar los sentimientos extremos, especialmente la envidia, el odio y la ira, es otra de las maneras para ser más felices en el trabajo

Evitar los sentimientos extremos, especialmente la envidia, el odio y la ira, es otra de las maneras para ser más felices en el trabajo – Pexels

Dado que la salud física tiene un carácter relativamente efímero, es fundamental la resiliencia y la búsqueda del equilibrio, entendido como un estado de conciencia que permite hacer frente al dolor.

Pero en todo caso, como decía el adagio latino, mens sana in corpore sano, si se cuida la salud corporal se estará construyendo una mejor salud mental.

5. Ejercitarse en la alegría

El último consejo que selecciono es la importancia de ejercitarse en la alegría de forma sistemática. La alegría es un estado de ánimo que se puede cultivar, y cuanto más se practica más se consigue. Como explicaba Sigmund Freud, el humor desnuda la represión, genera proximidad y contribuye a un mejor ambiente.

Por eso es recomendable el uso del humor en reuniones de trabajo, quizás no al principio, para no banalizar el intercambio de ideas, pero si en algunos momentos, para romper el hielo o destensar una discusión. De nuevo, si pasamos tanto tiempo en el trabajo, parece deseable poder divertirse de vez en cuando.

Una de las actuaciones más memorables de Rita Hayworth en el cine es la canción Zip (Cremallera) en la película Pal Joey, donde encarna a una honorable filántropa apremiada a interpretar, en una subasta benéfica, uno de sus célebres números de cuando era vedette.

Una de las frases de la divertida canción dice:

“Zip; Anoche estuve leyendo a Schopenhauer

Zip; Y creo que Schopenhauer tenía razón”.

¿Se puede aprender a ser feliz?

La sensación de felicidad se conceptualizó como el bienestar experimentado por las personas, tanto en pensamientos como en sentimientos.

¿Cómo se podría fomentar el bienestar subjetivo?

¿Cómo se podría fomentar el bienestar subjetivo? – Pixabay

En el hemisferio norte, los días del final de la primavera y comienzo del verano son considerados los más felices del año. Se habla, incluso, del “Yellow Day” para referirse al 20 de junio.

Al contrario, el “Blue Monday”, tercer lunes de enero, pleno invierno, se le llama el “más triste del año”. Pero lo cierto es que estos días de “felicidad” y “tristeza” dejan de lado los componentes más importantes para cuantificar estos estados: los mecanismos internos y subjetivos de las personas.

¿Se puede ayudar a las personas a aumentar su felicidad? ¿Cómo se podría fomentar el bienestar subjetivo? ¿Por qué los hallazgos sugieren que los programas de entrenamiento mental ayudan a mejorar el bienestar psicológico?

En definitiva, ¿es la felicidad modulable y entrenable? ¿Qué sabe la ciencia sobre la felicidad?

Un artículo publicado en la revista Frontiers in Psychology evaluó el bienestar subjetivo analizando la efectividad del entrenamiento mental para ayudar a desarrollar nuevas formas de nutrir nuestra propia felicidad. La sensación de felicidad se conceptualizó como el bienestar experimentado por las personas, tanto en pensamientos como en sentimientos.

Desde los primeros estudios, el bienestar subjetivo se ha definido como la forma en que los individuos experimentan la calidad de su vida en tres aspectos mentales diferentes. Eso sí, interrelacionados.

Estos son: el afecto negativo poco frecuente, el afecto positivo frecuente y las evaluaciones cognitivas de satisfacción con la vida en varios dominios (salud física, relaciones y trabajo).

Concepción hedonista

Se ha llevado a cabo un creciente cuerpo de investigación con el objetivo de identificar los factores que afectan a la felicidad, operacionalizados como el bienestar subjetivo. Aunque la definición de felicidad tiene una larga historia y se remonta a argumentos filosóficos y a la búsqueda de la sabiduría práctica, en los tiempos modernos se equipara al hedonismo.

La definición de felicidad se equiparó con el hedonismo

La definición de felicidad se equipara con el hedonismo – Pixabay

El hedonismo se basa en el logro del placer inmediato, en la ausencia de afecto negativo y en un alto grado de satisfacción con la propia vida. No obstante, los expertos actualmente argumentan que el auténtico bienestar subjetivo va más allá de esta visión limitada y apoyan una interpretación de la felicidad como un esfuerzo eudemónico.

Hoy en día, varios académicos sostienen que los altos niveles de bienestar subjetivo dependen de una perspectiva multidimensional que abarca componentes tanto hedónicos como eudemónicos. Desde este punto de vista los individuos parecen centrarse más en el funcionamiento psicológico óptimo, en vivir una vida profundamente satisfactoria y actualizar su propio potencial, crecimiento personal y sentido de autonomía.

Felicidad modulable y entrenable

En psicología, esta postura se apoya en la teoría de la motivación humana de Maslow. El programa mencionado para entrenar el bienestar subjetivo fue, esencialmente, un entrenamiento informado y suave de la mente, y en particular de las emociones.

Estuvo basado en el principio de que el bienestar individual está indisolublemente ligado al desarrollo de las virtudes y fortalezas humanas internas. Como el equilibrio emocional, el yo interno, conciencia, una actitud abierta y solidaria hacia uno mismo y los demás.

Todo ello dota a la persona de una claridad mental que puede fomentar una comprensión más profunda de la propia realidad y la de los demás. Hasta la fecha, la evidencia sugiere que la felicidad es, en cierta medida, modulable y entrenable. Por lo tanto, las estrategias cognitivas y conductuales simples que los individuos eligen en sus vidas podrían mejorar la felicidad, más que las condiciones externas y ambientales que proponen el Yellow day.

No todo serán estímulos positivos

Pero, ¿por qué no nos preguntamos lo inverso? ¿Por qué nos entrenamos día a día, sin saberlo, para no ser felices? La concepción exclusivamente hedonista y externa de la felicidad ha calado en nuestros cerebros sobre estimulados de noticias.

Consejos, novedades y una infinidad de material disponible para ser consumido. Sin elegirlo, sin pedirlo o sin saber por qué y para qué. Con nuestros cerebros raptados por los input de información externa, buscamos el cero afecto negativo.

Para conseguir el bienestar, no debemos poner el foco solo en los externo

Para conseguir el bienestar, no debemos poner el foco solo en los externo – Pixabay

Es un objetivo sumamente difícil de alcanzar. Al final, para sobrevivir y adaptarse a la naturaleza humana, existe un gran volumen de emociones displacenteras necesarias que deben ser experimentados. El afecto negativo forma parte de nuestro día a día. Otra condición que buscamos con demasiada intensidad, duración y frecuencia es el hedonismo.

Observamos como la habituación disminuirá y cambiará lo hedónico y cómo, para resistirnos a ello, aumentaremos lo deleitable hasta cotas tan altas que serán incompatibles con las demás demandas.

Estado interno

En definitiva, para conseguir un mejor bienestar subjetivo (o felicidad) no debemos poner el foco solo en lo externo. Saber qué hay que entrenar para conseguir un mejor estado interno está cada vez más cerca.

Los resultados de las investigaciones en psicología muestran que nuestro cerebro podrá adaptarse. Pero, ¿le conviene a la industria que esto suceda? Y lo más importante, ¿queremos que pase? Los beneficios de los programas de entrenamiento mental contemplativo para mejorar nuestro estado subjetivo de felicidad hablan por sí solos.

Eso sí, el desconocimiento general de la población sobre estos programas y medidas hace que sean mirados con desconfianza e incredulidad. La divulgación de artículos científicos específicos sobre el bienestar subjetivo debe ser un eje central para romper los parapetos que la sociedad tiene sobre la felicidad.

No olvidemos que la humanidad se compone de personas que no cesan, ni cesarán, de buscarla.

FUENTE: LA NACIÓN – Lifestyle

Por Santiago Iñiguez de Onzoño

BBCNews Mundo

Que no te crezca la nariz…

El método que usan los científicos para pillar a un mentiroso.

Más allá de atender a sus expresiones faciales o lenguaje no verbal, también cabe reparar en el contenido de lo que dice. Hoy vemos la técnica SUE, utilizada en la investigación criminal.

Que si se toca demasiado el pelo cuando habla, esquiva la mirada directa a los ojos o hace movimientos extraños y nada naturales. Hay muchos detalles que pueden delatar que alguien te está mintiendo, pero a la hora de la verdad nunca puedes llegar a estar seguro al cien por cien si alguien te está siendo totalmente sincero o intenta engañarte de alguna forma. 

Más allá de los trucos populares, que pueden inducir al error, lo cierto es que la detección de mentiras es una competencia muy requerida en ciertos ámbitos profesionales, sobre todo los relacionados con la inteligencia, el espionaje o la seguridad. De ahí que la investigación científica en torno a cómo se miente bien o cómo detectar que alguien te está engañando aunque no lo parezca haya avanzado mucho con el paso de los años. 

A fin de cuentas, todos hemos mentido alguna vez, con más o menos acierto, y podríamos decir que el mundo se divide entre aquellas personas que son excelentes actores en su vida personal y aquellas que a la mínima se nota que no saben ni pueden mentir. La técnica SUE “es similar a una estrategia psicológica en el que la persona que sabe más sobre las estrategias de la otra tiende a ganar” 

En términos más generales, en muchas ocasiones somos engañados porque realmente no queremos saber la verdad o tenemos un sesgo de credibilidad. Imagínate que sospechas que tu pareja te está mintiendo con algo que puede ser una tontería o un hecho que sí que reporta gravedad, como por ejemplo a la hora de esconder una infidelidad

Lógicamente, deseas conocer la verdad, pero en ocasiones deseas tanto estar con ella y que os vaya bien que prefieres no saberlo. En ese caso, a pesar de la sospecha, tenderás a descartar automáticamente cualquier atisbo de mentira en sus palabras y actos.

Las técnicas Reid y SUE

Una de las peculiaridades a las que solemos atender para detectar la mentira es en las formas, y no tanto en el contenido. Así, en los últimos años han cogido mucho peso las fórmulas para detectar el engaño que dan más importancia a lo que se dice y no cómo se dice. Conocida como la técnica Reid o Entrevista de Análisis de Conducta (BAI), esta consiste en una sesión de preguntas y respuestas que no acusan de nada, tan solo provocan que el sujeto arroja síntomas de verdad o de engaño. 

En ella, los investigadores formulan primero cuestiones relativas a los antecedentes de la persona entrevistada para conseguir información personal y evaluar el comportamiento verbal y no verbal. Después, pasa a las preguntas que “provocan un comportamiento determinado” con el fin de obtener respuestas verbales y no verbales diferentes”. 

Si su velocidad a la hora de hablar es más lenta quiere decir que o bien no se acuerda del todo o se lo está inventando del tirón. Esta técnica solo se aplica cuando hay sospechas fundadas de que el entrevistado está mintiendo, o en el terreno de la criminología, cuando hay muchos indicios de que el sospechoso es culpable.

Recientemente, Julia Hirschberg, experta en lenguaje informático de la Universidad de Columbia, implementa una estrategia similar a la Reid llamada SUE (“empleo estratégico de la evidencia”, por sus siglas en inglés) en la que se atiende a lo que el sospechoso dice y no tanto cómo lo dice. 

A diferencia del anterior, tiene un enfoque que no recurre a la intimidación, sino en obtener contradicciones de un relato falso o, al contrario, confirmar la veracidad del mismo. En sus propias palabras: “es similar a un juego o estrategia psicológica en el que la persona que sabe más sobre las estrategias de la otra persona tiende a ganar”, tal y como lo explica en un artículo de la revista”Discover Magazine”. 

En este sentido, sería como jugar una partida de ajedrez contra alguien a quien ya has visto jugar previamente. El entrevistador puede comenzar con preguntas generales hasta ver si el relato coincide con lo que ya se sabe que es cierto sin llegar a revelar lo que se sabe. Básicamente, que el sospechoso lo confirme por sí mismo. Para ello, se insta a que recuerde todo lo que sabe del hecho por el que se le pregunta o, en el área criminológica, qué estaba haciendo y dónde estaba cuando el delito se cometía. 

Más tarde, pasará a realizar preguntas específicas relacionadas con la parte de verdad que el entrevistador ya sabe. Por consiguiente, se le preguntará si ha habido algún error en su declaración o si confirma la versión oficial, tanto suya como la del investigador. Por último, el sospechoso deberá contrastar las dos versiones, entre su visión de los hechos y las pruebas irrefutables que están en manos del entrevistador.

La técnica SUE de detección de mentiras es mucho más lenta y requiere más trabajo y atención por parte de los entrevistadores. En cuanto a los rasgos no verbales de la declaración, no se centra tanto en sus movimientos faciales, posturales o gestos, sino más bien en el sonido, el ritmo o la entonación del habla. Si va muy lento o muy rápido en su declaración denotará que está mintiendo o diciendo la verdad. 

Posiblemente, si su velocidad es más pausada quiere decir que o bien no se acuerda del todo o se lo está inventando del tirón. También hay que desconfiar de la rapidez de sus enunciados, pues posiblemente haya tenido tiempo para inventarse la versión y quiere decir de carrerilla, tanto para que no se le olvide lo que quiere decir como para imprimir una sensación de veracidad al relato. ¿Cómo se podría aplicar esta fórmula de detección de mentiras a la vida cotidiana?

Tan solo intenta comprobar por tus propios medios si aquello que estás afirmando o negando es cierto o falso, lo cual sin duda llevará su tiempo. Y acto seguido, en el cara a cara, saca el tema después de una larga conversación en la que se sienta confiado. 

No le preguntes directamente por el hecho o la afirmación sobre la que crees que te está mintiendo, sino más bien pregúntale por detalles que sabes que son ciertos y que puedan aludir a esa hipotética mentira. No es nada sencillo conseguir el éxito en este modelo de detección de mentiras, pues has de tener la suficiente paciencia y entereza como para no caer en la acusación directa ni tampoco en la ingenuidad.

Así debes hacer preguntas para detectar a un mentiroso

Como no les crece la nariz como a Pinocho, a la gente en general le cuesta saber si su interlocutor está engañando. Por suerte, hay algunos trucos

Detectar a un mentiroso es un desafío

La investigación psicológica ha revelado en muchas ocasiones que los humanos, en general, no somos buenos para detectar el engaño, porque desgraciadamente, la nariz de Pinocho no existe en la vida real. Es verdad que algunos mentirosos exhiben una gama de comportamientos físicos o verbales que quizá pueden marcar alguna señal (tartamudear, no mirar, mover las manos…), pero por supuesto, esta clase de gestos no son en ningún motivo una prueba segura de que nuestro interlocutor está ocultando información o inventándome. 

¿Por qué miente la gente? Son muchos los posibles motivos: para evitar un castigo, para ganarse el reconocimiento de los demás, para mantener la privacidad sobre un asunto concreto o para escapar de una situación complicada pueden ser algunas de las razones, siempre y cuando no sea un mentiroso compulsivo. 

Para aquel que intenta desentrañar el misterio, a lo Sherlock Holmes, le puede ser casi imposible conocer la verdad. Se sabe que las señales verbales son más efectivas que el lenguaje no verbal, porque mentir produce una carga mental adicional y como hay que pensar mucho más, esto puede ofrecer pistas para detectar el engaño .

A pesar de todo, las investigaciones también aseguran que la gente detecta mejor cuando un miembro de la familia o alguien con el que están muy familiarizados es quien está mintiendo.

Quizá se comportan de manera diferente o hay algo que no está del todo bien, especialmente cuando son los padres los que tienen que descubrir si sus hijos están contando la verdad o no.

Si bien la investigación psicológica pone al descubierto numerosos, duraderos y significativos desafíos para detectar mentiras con precisión, la literatura también ofrece orientación sobre cómo mejorar las posibilidades de detectar a un mentiroso, incluso cuando no estamos familiarizados con esa persona, asegura “Psychology Today”.

Se sabe que las señales verbales son más efectivas que el lenguaje no verbal, porque mentir produce una carga mental adicional y como hay que pensar mucho más, esto puede ofrecer pistas para detectar el engaño. Aquí te dejamos una lista de puntos que puedes seguir si quieres desbaratar una mentira.

Haz las preguntas adecuadas

Por ejemplo, no es lo mismo preguntar “¿Viviste en Nueva York?”, que provoca una respuesta mucho más cerrada, pues puede contestarse con un ‘sí’ o ‘no’, que llevar a cabo una pregunta más abierta siempre que se pueda. Por ejemplo: “cuéntame todo sobre ese tiempo en el que viviste en Nueva York”.

Haz que cada pregunta cuente

No hagas preguntas sin sentido solo por decir algo. Más bien, asegúrate de que cada pregunta te lleve hacia el objetivo, que es comprender la verdad de lo que la persona te está diciendo.

Sé estratégico/a

Quizá conoces los hechos, pero considera antes hacer una pregunta sobre ellos antes de revelar que conoces la respuesta. Esto te permitirá comprender si esa persona está siendo sincera en general o no. Más tarde, cuando hagas preguntas de las que desconoces la respuesta, ya tendrás algún conocimiento sobre cómo se comporta la persona cuando es sincera (o no lo es).

Escucha en lugar de hablar

Si interrogas, procura decir lo menos posible, para darte tiempo para escuchar, pensar y comprender completamente las respuestas a tus preguntas. Haz que cada pregunta cuente y haz la menor cantidad posible.

Sé conversador e inquisitivo

En lugar de agresivo y acusador. Cuestionar a una persona constituye una interacción social compleja, que a menudo será más placentera y mucho más productiva si los interrogadores son capaces de mantener una charla tranquila con las personas de manera que recopilen más información.

Incluye algún elemento temporal en tus preguntas

Cambiar entre intenciones pasadas, presentes y futuras a menudo puede ser tan difícil para los mentirosos (recuerda que es mayor su exigencia mental) que, sin darse cuenta, revelan su engaño al cometer errores, contradecirse a sí mismos o a hechos objetivos conocidos por el interrogador.

Haz preguntas aclaratorias

Este tipo de preguntas buscan más detalles sobre una respuesta anterior o un relato inicial. Los mentirosos pueden tener problemas con los detalles y también pueden ser inconsistentes cuando recapitulan o repiten los detalles. Incluso con el uso de estas técnicas psicológicas, detectar a los mentirosos sigue siendo un desafío. Pero la investigación del mundo real ha revelado que el rendimiento puede mejorar significativamente cuando estos enfoques se combinan y se aplican sistemáticamente al hacer preguntas.

LA CIA TE ENSEÑA SUS TRUCOS PARA PILLAR A LOS MENTIROSOS/AS.

Foto: La CIA te enseña sus trucos para pillar a los mentirosos

Por Héctor G. Barnés

Si quieres descubrir si tu pareja te ha sido infiel, si tu hijo te está engañando con sus notas o si tus empleados te están ocultando algo, ¿por qué no recurrir a los métodos empleados por algunos de los mejores interrogadores del mundo, es decir, la CIA? 

Ese es el principal reclamo del libro que tres ex agentes de la Agencia de Inteligencia Central, Philip Houston, Michael Floyd y Susan Carnicero, acaban de publicar. Titulado Spy the Lie. Former CIA Officers Teach You How to Detect Deception (St. Martin ‘s Press), el ensayo de los actuales consultores de la empresa de análisis conductista QVerity se propone difundir de manera didáctica todas las estrategias utilizadas por los agentes profesionales. 

De manera ligera y desenfadada, los veteranos detallan tanto aquellos signos que deberían hacernos sospechar cómo cuáles son las preguntas más útiles en un interrogatorio para obtener la respuesta que necesitamos. Como es de esperar, lo más importante en el modelo propuesto por los agentes es “mostrarse atentos a todas las señales visuales y auditivas”, especialmente en los cinco segundos en los que el interrogado debe reaccionar a una pregunta que puede resultar comprometedora. Es lo que han llamado el “modelo L-squared”, según el cual se ha de poner el mismo empeño en la vista y en el oído, y no dejar que uno de los dos sentidos prevalezca por encima del otro. 

Cuanto más recordemos a nuestro interlocutor lo sinceros que somos, más sospechosos resultamos. Entre las respuestas más sospechosas que describen el trío de agentes en su libro –escrito junto a Don Tennant, compañero en la consultora QVerity–, se encuentran dar una respuesta evasiva o responder con otra pregunta (“¿Has visto que se ha roto la ventana?”; “¿Qué ventana?”) o poner de manifiesto lo mal que le ha sentado que se piense que ha podido realizar tal acción (“¿Cómo puedes pensar que he sido capaz de eso?”). 

En ambos casos se evita ofrecer una respuesta afirmativa o negativa a la pregunta, por lo que moralmente el mentiroso siente que no ha engañado a nadie. En una línea semejante se encuentra lo que los agentes denominan “la respuesta abiertamente específica”. Aunque el concepto en sí sea paradójico, los agentes lo utilizan para referirse a aquellas contestaciones que no faltan a la verdad pero ocultan parte de la misma. Se trata de aferrarse a los detalles para soslayar el tema central, como cuando Bill Clinton aseguró que era falso que hubiese estado doce años junto a Gennifer Flowers, cuando en realidad habían sido once y medio. 

El corazón delator 

Un  comportamiento habitual de aquellos que sienten que han sido pillados con las manos en la masa es atacar el comportamiento de su interlocutor, evitando de esa manera verse en la obligación a responder sus cuestiones y convirtiéndose al mismo en responsable de la situación. También llama la atención el papel que los adverbios de tiempo juegan en el lenguaje de los mentirosos. 

Al contrario de lo que podría pensarse, cuanto más recordemos a nuestro interlocutor lo honestos que estamos siendo (“sinceramente”, “con total franqueza”), más debería este sospechar con nosotros, pues cuando no hay nada que ocultar, estos marcadores lingüísticos desaparecen. Hacer que el interrogado sienta que se persigue a otro es una manera de que se relaje.

Otros factores que deberían llamar la atención del interrogante son: la utilización de un nivel inapropiado de cortesía, especialmente si esta es extrema, pues podría tratarse de una manera de granjearse la simpatía del interrogador; cambiar súbitamente de tema a través de una frase sólo lejanamente relacionada con la relación que está teniendo lugar; o recurrir a la mala memoria para justificar las lagunas de su discurso. No se trata tan sólo de encontrar los signos delatores, sino también de saber plantear las preguntas adecuadas. 

Entre la multitud de estrategias propuestas en el libro se encuentra, por ejemplo, preguntar al presunto culpable de qué forma castigaría a alguien que ha sido pillado haciendo eso mismo de lo que se sospecha. Cuanto más leve sea la pena, más probabilidades hay de que el acusado esté intentando relativizar la importancia real de su propia acción. 

También se sugiere que dejar entrever que la culpa puede encontrarse diluida o hacer sentir al interrogado que se persigue a otra persona son dos maneras de hacer que este se relaje y se muestre más dispuesto a proporcionar información que le pueda inculpar. Todos somos espías Durante la lectura del libro de los tres agentes, es frecuente recordar los célebres estudios realizados por el célebre psicólogo Paul Ekman, que describió en profundidad la manera que las expresiones faciales humanas reflejaban los sentimientos de la persona que las adopta. 

La universalidad de sus descubrimientos propició que pudiese definirse un conjunto cerrado de gestos habituales al mentir. Algunos de ellos han sido recogidos en el libro de Houston, Floyd y Carnicero: por ejemplo, desviar la mirada, bajar la vista o cerrar los ojos. También, frotarse la mejilla o atusarse el pelo. 

Otros indicadores extraverbales típicos son las pausas repetidas y prolongadas, un tono más agudo en la voz y un mayor movimiento del cuerpo. Además, cuando una persona miente tiene más actividad cerebral que sí está diciendo la verdad. El videojuego L.A. Noir presentaba como principal reclamo la posibilidad de detectar si los personajes del juego mentían o no. 

Sin embargo, un reciente estudio parece haber puesto en tela de juicio la noción popularmente compartida de que nuestros ojos delatan nuestras mentiras. Según explicaba Caroline Watt en un artículo publicado en la revista científica PLoS One, “aunque la mayor parte de la gente cree que el movimiento de los ojos tiene que ver con lo que la persona está pensando, no hemos descubierto ninguna relación entre ambos hechos”. 

Esto hace desmentir la idea bastante extendida de que mirar hacia la derecha implica que estamos imaginando una situación que aún no ha ocurrido, y que cuando lo hacemos hacia la izquierda, estamos recordando un hecho del pasado. 

Recientemente, el videojuego L.A. Noir presentaba como principal reclamo la posibilidad de detectar si los personajes del juego mentían o decían la verdad, a partir del examen de sus expresiones faciales y gestuales. El avanzado sistema de captura del que presume el estudio creador del juego, Team Bondi, permite captar hasta el más mínimo detalle de las expresiones de sus personajes. 

De esa manera, el jugador se introduce en la piel de un detective del FBI cuya principal misión es, a partir de las pistas e indicios de que dispone, descubrir la inocencia o culpabilidad de sus acusados. Para la segunda parte del juego, el estudio promete extender el sistema conocido como MotionScan a todo el cuerpo humano. El círculo parece haberse cerrado: si en un comienzo la interpretación gestual nació como una herramienta eminentemente práctica para pasar, con el transcurso de los años, a convertirse en una disciplina teórica, ahora vuelve a aplicarse una vez más de forma práctica. Sólo que, esta vez, en el mundo virtual de los videojuegos.

Por Héctor G. Barnés – Fuente: Por E. Z. – Alma, corazón y vida.

“Descontrolada”

Eramos tan jóvenes
tu mucho mas que yo,
y en aquel tiempo
te encontrabas
tan enojada con
el mundo
que te rodeaba
no solo
por haber
perdido a tu madre,
sino porque
a tu padre,
le duró la nada
elaborar el duelo,
que toda tu eras
un verdadero caos.

Lazos sanguíneos
lejanos
ni mi negativa,
te impidieron
llevarme a
tu lecho,
e iniciamos así
una relación
sin destino.

Nos abrazamos
a la transgresión
en esa época,
sexo en todas
sus formas
conocidas,
amigos hoy
decimos riéndonos,
que ahora se le dice
“amigos con derechos”…

Imagen: Gentileza Pinterest

“Todo vale”

Amantes frenéticos
de día,
fieles cónyuges
de otros
en la noche
adormecida,
la que vomita
tristeza
en donde
todo da igual,
ni siquiera
mirarse
a los ojos
avergüenza.

En el poliamor 
o relación abierta,
el todo vale
se hace rutina,
el experimentar
seduce al engaño,
mientras
la luz mortecina
de un motel
de cuarta,
susurra
a sus oídos,
loca ella, loco yo.

Imagen: Katherine SantanaPinterest

¿Demasiados interrogantes? – Parte V

5 ejemplos que muestran que los neandertales no eran simples “hombres mono”

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Los neandertales vivieron en Europa y el suroeste y centro de Asia.

Fueron descritos como criaturas brutas y tontas, como cavernícolas primitivos y hombres mono, más cercanos a los gorilas que a los humanos modernos.

Sin embargo, la reputación de los neandertales no les hace justicia.

“Eran en realidad humanos muy inteligentes y con muchos logros. No eran ‘hombres monos’. Así que es injusto para ellos que la palabra neandertal se use hoy como un insulto”, informa el Museo de Historia Natural de Reino Unido, que tiene un área dedicada al Homo neanderthalensis.

Extinguidos hace 40 mil años y reconocidos como una forma distintiva de humano hace poco más de 160 años, los neandertales fueron subestimados por la ciencia durante décadas.

Sin embargo, en los últimos años distintas investigaciones han mostrado una imagen mucho más compleja de nuestros primos lejanos.

1. Nuestros antecesores se mezclaron con ellos

Los humanos del siglo XIX y XX pudieron pensar que el neandertal era una especie muy distinta e inferior al Homo sapiens, pero entre los primeros humanos modernos hubo quienes no pensaron así.

Los neandertales y humanos no solo convivieron en Eurasia, sino que también tuvieron sexo y descendencia juntos.

Según análisis genéticos de fósiles de neandertales, los homo sapiens se aparearon repetidamente con neandertales a lo largo de decenas de miles de años.

Como consecuencia, actualmente hay personas con hasta un 2% de ADN neandertal.

Neandertal

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Es posible que hasta el 2% de tu ADN sea neandertal.

Si bien no está claro por qué, después de sobrevivir durante 350.000 años, los neandertales desaparecieron, lo seguro es que no fue debido a una mayor habilidad cognitiva de los sapiens, como se dijo durante décadas.

Algunas de las teorías actuales afirman que no pudieron reproducirse lo suficientemente rápido, que los humanos modernos les quitaron recursos y que los infectaron con nuevas enfermedades.

También hay quienes señalan al cambio climático como un factor influyente en su desaparición.

En un experimento publicado el año pasado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Science, un grupo de investigadores reconstruyó el clima de la Europa central prehistórica mediante el análisis de estalagmitas de dos cuevas en Rumania.

Lo que descubrieron es que la región sufrió dos períodos de temperaturas extremadamente frías en la época en que las poblaciones de neandertales disminuyeron y luego desaparecieron.

En esta era del hielo, los sapiens pudieron haber sobrevivido mejor gracias a una dieta más variada, que incluía una mayor proporción de plantas y peces que la de los neandertales, que dependían más de los grandes mamíferos que murieron como consecuencia del clima.

Hombres prehistóricos cazando mamut

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La dieta neandertal, más dependiente de los grandes mamíferos, dificultó su supervivencia.

Según Rick Potts, experto en orígenes humanos en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian de EE.UU., es probable que nuestra especie no fuera más astuta que los neandertales: simplemente sobrevivimos.

2. Podían cazar y matar a distancia

Según un estudio realizado por la University College of London y publicado esta semana, los neandertales crearon armas lo suficientemente avanzadas como para poder matar a distancia.

Para llegar a esta conclusión los investigadores llevaron a cabo un experimento utilizando una lanzas de madera que fueron excavadas en Schöningen, Alemania, en la década de 1990 y que se estima que tienen alrededor de 300.000 años de antigüedad.

El equipo probó el rendimiento de estas armas mediante la creación de réplicas, con las que un grupo de atletas de jabalina intentaron golpear un objetivo desde un rango de distancias.

Las lanzas podían alcanzar con precisión un objetivo de hasta 20 metros de distancia.

Lanzas neandertales.

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La precisión que tenían los neandertales para cazar a la distancia es otra de las pruebas de la inteligencia de los neandertales.

La investigadora principal del experimento, Annemieke Milks, dijo a la BBC que este descubrimiento prueba una vez más cuán inteligentes eran los neandertales.

3. Los neandertales enterraban a sus muertos

Uno de los yacimientos neandertales más famosos es el del viejo de La Chapelle-aux-Saints, descubierto en 1908, que contiene los restos de un hombre con deformidades espinales.

Los compañeros de este neandertal le cavaron una tumba y protegieron su cuerpo de los carroñeros, según un análisis del yacimiento publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciencesen 2014.

Pero este no es el único ejemplo de un entierro neandertal.

En la cueva de Teshik-Tash (Uzbekistán) se encontró un niño neandertal enterrado y rodeado de cuernos de cabra, mientras que en Regourdou (Francia) colocaron huesos de oso alrededor de un cuerpo.

Existe un consenso científico de que nuestros parientes evolutivos más cercanos enterraron a sus muertos de forma intencional al menos durante parte de su existencia.

Cráneos neandertales

AFP

Los neandertales tenían cerebros de entre 1.200 y 1.750 centímetros cúbicos, media de 1,50 a 1,75 metros y pesaban de 64 a 82 kilos.

4. Podrían haber cuidado a sus mayores y a los inválidos

Los expertos también afirman que los neandertales tenían más empatía de la que se pensaba en un principio.

En 1957 los arqueólogos encontraron los restos de un neandertal en la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, que presentaba múltiples lesiones.

Según un estudio realizado en 2017 por los antropólogos Erik Trinkaus de la Universidad de Washington en St. Louis y Sébastien Villotte del Centro Nacional Francés para la Investigación Científica, ese ser era sordo.

Y, pese a esta discapacidad, llegó a vivir hasta los 40 años, una edad bastante avanzada según estándares paleolíticos.

Según los antropólogos la única forma en la que pudiesen haber vivido hasta una edad tan avanzada es con ayuda de de otras personas.

El viejo de La Chapelle-aux-Saints también parece haber sido cuidado por sus compañeros.

Según el equipo de investigadores que analizó el yacimiento, sus lesiones y la falta de dientes, combinadas con la vejez, demuestran que fue atendido por la comunidad y que lo mantuvieron con vida contra todo pronóstico.

5. También eran artistas

Hace 42.000 años los neandertales ya eran capaces de formar pequeñas piezas de joyería con dientes de animales, conchas y marfil.

Cueva con arte neandertal.

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Los neandertales fueron los primeros artistas de la historia, creando por ejemplo, figuras geométricas.

Un estudio publicado por la revista Science en 2018 afirma que incluso realizaron dibujos en cuevas en España unos 20.000 años antes de la llegada a Europa de los humanos modernos.

Realizadas con pigmento rojo, las pinturas rupestres incluyen plantillas de mano y formas geométricas.

Históricamente, las obras de arte y el pensamiento simbólico se han presentado como prueba de la superioridad cognitiva de los humanos modernos, por ser algo considerado único de nuestra especie.

“En mi opinión, este descubrimiento cierra el debate sobre los neandertales”, dijo en 2018 João Zilhão, investigador del equipo de la Universidad de Barcelona que descubrió las pinturas.

“No fueron cognitivamente distintos o menos dotados en términos de inteligencia. Son solo una variante de la humanidad que ya no existe más”.

Neandertales buceadores: el hallazgo que arroja nueva luz sobre las actividades de nuestros lejanos parientes.

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Los nuevos hallazgos sobre los neandertales arrojan una luz diferente sobre la vida de nuestros primos lejanos.

¿Buceaban los neandertales en búsqueda de crustáceos?

Eso sugieren nuevos datos sobre nuestros “primos lejanos”, lo que se suma junto a otros hallazgos que muestran que la vieja imagen de estos seres como brutos y poco creativos es errónea.

Hasta ahora, había pocas pruebas de que los neandertales fueran nadadores.

Pero un equipo de investigadores que analizó caparazones de crustáceos hallados en una cueva en Italia dijo que algunos de ellos debieron ser recolectados del fondo marino por los neandertales.

El estudio se publicó en la revista Plos One.

Los neandertales que vivieron en Grotta dei Moscerini en la región italiana de Lacio hace unos 90.000 años convertían las conchas de los moluscos en afiladas herramientas.

Paola Villa, de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos), y sus colegas analizaron 171 de estas herramientas, todas ellas procedentes de una especie local de molusco, Callista chione, conocido en español como almejón brillante o de sangre.

Herramientas hechas a partir de almejas

PLOS ONE

Las conchas de moluscos bivalvos se pueden usar para hacer herramientas finas y afiladas.

Las herramientas fueron excavadas por arqueólogos a finales de los años 1940.

Distintos tipos de restos

Las conchas que aparecen en la playa se pueden diferenciar de aquellas que estaban vivas cuando fueron recogidas.

Los especímenes de la playa suelen tener una apariencia opaca y están erosionados por los golpes contra las piedrecitas de la orilla, perforados por otros organismos marinos o incrustados con percebes.

La mayor parte de los especímenes hallados en Grotta dei Moscerini cumplían los criterios de restos recogidos en una playa.

Pero un cuarto de ellos tenían un exterior brillante y suave, y no mostraban señales de tal deterioro. Esto sugirió que fueron recolectados en el lecho marino mientras estaban vivos.

Conchas de Callista chione

PLOS ONE

Los neandertales usaban conchas de Callista chione para construir herramientas.

Varias profundidades

Actualmente, la Callista chione se pesca la mayoría de las veces mediante la técnica de dragado desde pequeñas embarcaciones, aunque también la recogen buceadores en aguas de la costa adriática a más de 10 metros de profundidad.

En la parte norte del Adriático, hay algunos bancos de arena donde se pueden encontrar almejas Callista a un metro de profundidad.

“Es bastante posible que los neandertales hubieran recolectado conchas a una profundidad de dos a cuatro metros”, indicó Paola Villa. “Por supuesto no tenían equipamiento de buceo”.

Exposición sobre los neandertales en un museo de Toulouse, Francia

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Matt Pope, de la University College de Londres, que no participó en el estudio, le dijo a la BBC: “Todos podemos pensar en situaciones excepcionales en las que durante una tormenta los crustáceos son arrastrados a la playa”.

“Pero lo que sugiere que este caso va más allá de un extraño y único evento es el hecho de que se dé en más de una unidad arqueológica y que ocurra como parte de un sistema de material que es arrastrado al interior de la cueva”, añadió.

Nueva imagen de los neandertales

El hallazgo contrasta fuertemente con nuestra vieja imagen de los neandertales como seres que pasaban gran parte de su tiempo persiguiendo a grandes animales.

Se sabe que los neandertales recogían mejillones de los estuarios y pescaban en aguas poco profundas, pero hay pocas pruebas de que nadaran o bucearan.

“Ahora hay más pruebas para colocar a los neandertales en estos entornos costeros y, por momentos, haciendo uso de sus recursos, no solo como alimento sino también como material para herramientas”, señaló Pope.

El investigador explicó que, hace décadas, el método que usaban nuestros ancestros para buscar recursos servía para distinguir ejemplos tempranos de nuestra propia especie, Homo sapiens, de los neandertales.

“Ya no podemos encontrar esa diferencia”, apuntó.

Exposición sobre los neandertales en el museo del Hombre en París, Francia

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Se solía pensar que los neandertales pasaban la mayor parte del tiempo cazando grandes animales.

“Lo bueno de esta investigación es que cubre un lugar que, en momentos determinados, con la marea alta, está justo en la costa. Puedes ver que no vivían allí en grandes cantidades por largos periodos de tiempo. Parece que hacían viajes cortos y venían equipados con materiales que podían necesitar, como algunas herramientas.

“Quizá se trate de un lugar donde acampaban según la estación del año. Quizá una de las cosas que los atraía allí eran esos moluscos, que son maravillosos para comer en el invierno cuando no hay mucha comida más a la mano”.

El año pasado, un equipo liderado por el profesor Erik Trinkaus, de la Universidad de Washington en San Luis, EE.UU., publicó un documento que constataba que muchos neandertales padecían un trastorno médico conocido como “oído del surfista”.

Este trastorno se caracteriza por protuberancias óseas anormales que aparecen en el canal del oído. A menudo se da en personas que participan en deportes acuáticos en climas fríos, pero también puede aparecer simplemente por una exposición constante a un clima frío y húmedo.

Cuando se publicó aquel documento, se sugirió que los neandertales lo adquirieron por dormir en el suelo de cuevas frías y mojadas.

“El hallazgo arqueológico de Moscerini respalda la idea de una explotación frecuente de recursos acuáticos según los datos anatómicos”, concluyeron Paola Villa y sus colegas en la última investigación publicada en Plos One.

FUENTE: BBC News

Redacción

  • Paul Rincon
  • Editor de Ciencia de BBC News

Continuará: ¿Parte Final…?

La verdad; no lo puedo asegurar… La multiplidad de elementos que surgen son tan atrapantes

¿Demasiados interrogantes? – Parte IV

El extraordinario antepasado que hace que los tibetanos sean diferentes de los andinos pese a vivir a grandes alturas

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La clave de la adaptación única a las alturas de los tibetanos hay que buscarla en un pasado muy lejano.

Hace miles de años, una familia se asentó en la cima del mundo. Vivían en la meseta tibetana, a 4.200m sobre el nivel del mar, en un sitio ahora conocido como Chusang.

Esa familia dejó una marca duradera: 19 huellas de manos y pies quedaron grabadas en el barro arcilloso que se filtraba de un manantial. A juzgar por el tamaño, el grupo familiar contenía seis individuos, dos de los cuales eran niños. Pero, ¿quiénes eran? ¿Y qué los llevó a tales altitudes?

Todo lo que se sabe es que las huellas en Chusang datan de hace 12.700 y 7.400 años, por lo que es uno de los sitios arqueológicos más antiguos en la meseta tibetana.

Pero lo que hace especial a la familia de Chusang es su aislamiento, señala Mark Aldenderfer, antropólogo de la Universidad de California en Merced. Su supervivencia es extraordinaria.

Aunque el calor del fuego podía protegerlos del frío, la familia de Chusang no podía resguardarse de un obstáculo obvio pero inevitable: el aire se hace más fino con cada paso hacia el cielo.

Pulmones con forma de barril

A más de 4.000m sobre el nivel del mar, cada respiración contiene alrededor de un tercio menos de oxígeno que otra a menos altura.

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El altiplano tibetano ha estado habitado durante miles de años. Pero los secretos de supervivencia de quienes viven ahí apenas comienzan a ser descubiertos.

Cualquier escalador de montaña puede describir la falta de aliento que normalmente viene con la altitud.

La presión del aire disminuye cuanto más se camina o vuela por encima de la superficie del mar, permitiendo que las moléculas de gas se diseminan en todas direcciones, y el pulmón sólo puede estirarse de modo limitado hasta compensarlo.

A lo largo de muchos cientos de generaciones, las personas que viven en el altiplano andino que se extiende desde Perú a Bolivia han desarrollado pechos en forma de barril que aumentan el volumen de cada una de sus respiraciones.

Y desde finales del siglo XIX los científicos saben que su sangre está llena de glóbulos rojos y hemoglobina, las moléculas que llevan oxígeno.

Cuando el oxígeno escasea, la sangre se espesa para aumentar la cantidad que puede llevar a las células alrededor del cuerpo. Esta respuesta hematopoyética también se produce en cualquiera que decida escalar una montaña.

Y como casi toda la investigación de las condiciones de vida en las alturas se condujo por mucho tiempo en los Andes, la hematopoyesis fue vista como una respuesta universal a bajos niveles de oxígeno durante casi dos siglos.

Fue sólo a finales de los años 70 y principios de los 80, después de ir de excursión a siete aldeas en Nepal, que Cynthia Beall, antropóloga de Case Western Reserve University en Ohio, empezó a encontrar que los tibetanos no se ajustaban a esta teoría.

Como a nivel del mar

En primer lugar, carecían de los pechos en forma de barril, pero parecían respirar a un ritmo más rápido que los andinos.

Y en segundo lugar, Beall y sus colegas encontraron que los tibetanos tienen niveles de hemoglobina sorprendentemente bajos, a menudo dentro del rango de lo que es normal para las personas que viven al nivel del mar.

Una persona a caballo

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A los investigadores les sorprendió al principio encontrar que los tibetanos no contaban, al parecer, con las adaptaciones fisiológicas que se requieren para la vida en las alturas.

Aunque viven en el llamado “techo del mundo”, su estado fisiológico parecía sorprendentemente similar al de aquellos que nunca habían despegado del suelo.

Lo que al principio parece ser muy paradójico -por no mencionar potencialmente peligroso-, realmente tiene mucho sentido.

Un beneficio, por ejemplo, es el menor desgaste en sus vasos sanguíneos.

“Si usted tiene altos niveles de hemoglobina, su sangre tiende a ser más viscosa, y eso puede tener muchos efectos perjudiciales”, dice Tatum Simonson de la Universidad de California en San Diego.

Sin CMS

Un resultado posible de esta tensión adicional en el sistema circulatorio es la Enfermedad Crónica de Montaña o CMS.

Descrita por primera vez en 1925 por el médico peruano Carlos Monge Medrano, la CMS (también conocida como Enfermedad de Monge) puede afectar a personas que han vivido sin problemas en la altitud durante años.

“La gente se queda sin aliento”, explica Bell. “Se vuelven cianóticas (sus labios y extremidades se tornan azules), no pueden trabajar, no pueden dormir bien. Están muy enfermos”.

Al igual que con el mal de altura a corto plazo, el remedio para CMS es un lento descenso hacia un aire más grueso y oxigenado. Pero no es una cura.

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Tibet atrae a millones de turistas todos los años, muchos de los cuales pueden verse afectados por el llamado “mal de alturas”.

El líquido puede haberse acumulado ya en los pulmones (edema pulmonar de altitud o EPA) o en el cerebro (edema cerebral de altitud, o ECA), o la sangre gruesa puede estar congestionada en otros órganos vitales. El peor escenario es la muerte.

En los Andes peruanos, hasta el 18% de la población desarrolla CMS en algún momento de sus vidas. Pero en la meseta tibetana ese número rara vez supera el 1%.

Explicación en el pasado

Ciertamente, la sangre delgada ayuda a reducir el riesgo de CMS, pero no es la única razón por la cual el pueblo tibetano puede vivir felizmente en tales extremos.

En 2005, Beall y sus colegas encontraron que los tibetanos exhalan más óxido nítrico en comparación con las personas que viven en los Andes y al nivel del mar.

Este gas conduce a un ensanchamiento de los vasos sanguíneos en el pulmón y alrededor del cuerpo, conocido como vasodilatación. Con más espacio, el flujo sanguíneo y el transporte de oxígeno pueden aumentar.

Y, como sugiere Simonson, ¿es posible que los tibetanos simplemente no requieran tanto oxígeno como los demás?

En 2010, al comparar los genomas de 30 tibetanos con los de una población de chinos Han residentes en Pekín, Simonson pudo identificar aquellos genes que estaban asociados con la vida en altura.

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Cambios genéticos muy rápidos han permitido a generación tras generación vivir en este ambiente.

En dos semanas de 2010, otros tres grupos de investigadores publicaron cada uno un estudio que encontró un puñado de genes muy diferentes entre las dos poblaciones.

Se destacaron dos genes llamados EPAS1 y EGLN1, conocidos por modular los niveles de la hemoglobina en sangre.

Después de observar más de cerca el gen EPAS1 de los genomas tibetanos, Rasmus Nielsen, de la Universidad de California, no sólo encontró que era un cambio abrupto, sino también único.

Era como si los tibetanos hubieran heredado el gen de otra especie. Y, de hecho, fue exactamente lo que sucedió.

Nielsen había trabajado en el proyecto del genoma del neandertal con el experto en ADN antiguo Svante Paabo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania.

Sabía que nuestra especie se había mezclado con estos primos evolutivos cercanos, y examinó su ADN en busca de la fuente del gen específico tibetano-EPAS1. No halló coincidencia.

Eso no fue tan sorprendente. Se sabe que los neandertales se aparearon sólo con los antepasados de los modernos europeos.

Para las personas de ascendencia asiática, Nielsen miró hacia los denisovanos, otra rama del árbol de la familia humana.

“Hubo una coincidencia completa”, dice.

Descubiertos en las montañas de Altai en Siberia, sólo se conocen a partir de dos dientes y un hueso de dedo pequeño, del que Paabo y sus colegas publicaron un genoma en bruto en 2012.

Los resultados demostraron que las poblaciones de Papúa Nueva Guinea, Australia y algunas regiones del sureste asiático habían heredado entre el 1-6% de su genoma de denisovanos.

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Las variantes genéticas que han llevado a su adaptación provienen de especies ahora extintas.

Hace entre 50.000 y 30.000 años, algunos denisovanos y los antiguos antepasados de tibetanos y chinos Han tuvieron relaciones sexuales, combinaron sus genomas, mezclaron los genes y produjeron niños que crecerían para tener descendencia propia.

Durante las siguientes decenas de miles de años, este gen EPAS1 parece haber conferido poco beneficio a los chinos Han y sólo se encuentra en aproximadamente el 1% de la población actual.

Pero para todos aquellos grupos intrépidos que se trasladaron a la meseta tibetana, incluida la familia de Chusang, les ayudó a hacer cada respiración más fácil.

Allí el 78% de la población actual tiene esta versión de EPAS1, un gen que los separa de los que viven más abajo, pero los conecta con el pasado.

FUENTE: BBC News

  • Alex Riley
  • BBC Future

Continuará…

“¿Para qué seguir engañando, si tenemos memoria?”

Porqué será que el tema “No llores por mi Argentina?, sigue tan vigente.

Con más de un 70% de pobreza infantil en el Conurbano, comercios y pymes que cierran y millones de trabajadores que no llegan a fin de mes y ahora pagarán retroactivos. Con esa realidad, la política aumentó un 40% sus sueldos. ¿Perdieron el sentido común o el corazón?”. Esa fue la interpretación de Florencio Randazzo de la decisión de aumentar ese porcentaje a los empleados del Congreso –y por ende a los legisladores– de Cristina Kirchner y Sergio Massa (probablemente obligado porque en 2020 había propuesto reducirse los sueldos en pandemia).

Randazzo, con un discurso más parecido a Macri y Bullrich que al peronismo tradicional de Schiaretti y Perotti, hizo una lectura de comentarista popular: “Ellos se aumentan el 40 y a nosotros nos dan el 29”, sin entender que lo último que le preocupa a Cristina Kirchner es cobrar 11% más de aumento en su sueldo de senadora.

Quien sí entendió de qué se trataba fue Artemio López en su columna de ayer en PERFIL y los lectores de Perfil.com, quienes la mantuvieron todo el día como la primera entre las más leídas (leer “La señal de Cristina Kirchner…” ):

  • “La decisión electoral corresponde al 40% de la población integrante de los segmentos medios y medios bajos que vota de acuerdo a la mejora o no de sus condiciones de existencia material”.
  • Y “se observa hoy un 40% de electores aún indecisos allí donde las fronteras ideológicas se tornan líquidas que definirá su voto estrictamente sujeto a la lógica de mejoras socioeconómicas”.
  • “La señal (de Cristina) es tan poderosa, dado que en modo alguno el Gobierno debe promover paritarias por debajo del 40% si es que quiere cumplir con su contrato electoral del año 2019 y que efectivamente los salarios crezcan por sobre la inflación”.

El problema de fondo es que esa promesa es incumplible cuando por la pandemia el producto bruto cayó 10%, como sucedió en 2020 (9,9%), y ya venía cayendo en 2019 y 2018 más de 2% cada año. Muy simplificadamente, si el producto bruto cayó el 10%, es lo mismo que decir que la suma del flujo (lo nuevo) de los dos sectores: el asalariado o el capital, perdió ese 10%.

Queda solo apelar a lo viejo (el stock de lo acumulado: ahorros, capital) y el futuro (deuda). El Estado puede promover una redistribución del ingreso que le dé más a un sector que al otro en los momentos de crecimiento (el 50% para el capital y 50% para el trabajo que demandaba Perón), pero difícilmente se logre cuando las empresas no solo perdieron su rentabilidad, sino su stock –capital–, que en los últimos dos años se les redujo a mitad y en muchos casos se consumió hasta extinguirse.

Aunque incompleta, una medida es el índice Merval que promedia el valor de todas las empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, y era de 700 dólares en 2019 y descendió a menos de la mitad. Esto vale para las empresas más grandes del país, pero la pérdida del capital es aún mayor para las pymes que emplean a la mayoría de los trabajadores argentinos.

Las paritarias regulan los sueldos de los empleados en blanco cuando la cantidad de trabajadores que están en negro o, peor aún, realizan trabajos no mensualizados, son la mayoría. En un país como la Argentina, las paritarias son ya un tema de la clase media. Por lo que es bien probable que Cristina Kirchner piense que la clase baja la votará de cualquier manera y lo que esté disputando ahora sea el voto de la clase media.

En síntesis, no habría mago económico que pudiera hacer que los sueldos le ganen a la inflación después de una pandemia: paritarias con un porcentaje mayor recibirán como respuesta una inflación mayor y su resultado, neutralizarse.

El Estado podrá aumentar las tarifas por debajo del porcentaje de las paritarias y reducir el impuesto a los sueldos, como viene haciendo generando un efecto en el  poder de compra del salario. Pero si las paritarias, en lugar del 29%, van a 40%; la inflación, en lugar del 40%, irá al 50%, y no se alcanzará que los sueldos le ganen a la inflación en momentos de crisis.

Por tamaño, sistema de gobierno, geografía atlántica y tipo de exportaciones, Brasil es el país más parecido a la Argentina. En 2020 su producto bruto cayó 4% y en 2021 crecerá 4% recuperando este año todo lo que perdió con la pandemia el año anterior. La Argentina recuperará este año solo el 60% de lo que cayó el año pasado: caímos diez por ciento y recuperaremos seis. Esos cuatro puntos del producto bruto que quedarán perdidos en el acumulado de estos dos años corresponden la mitad a Macri y la otra mitad a Cristina Kirchner.

Dos por ciento es la caída anual que Macri dejó por arrastre en sus últimos dos años y otro dos por ciento podría asignarse a la falta de confianza que genera el kirchnerismo tratando de encontrar la cuadratura del círculo. Pero a Alberto Fernández le caben ambas responsabilidades: la de no haber podido modificar la inercia de la herencia de Macri y no haber podido anular la influencia negativa de Cristina Kirchner.

Brasil tuvo casi medio millón de muertos por covid contra 80 mil de la Argentina: casi seis veces más muertos con casi 5 veces más población (el equivalente serían 20 mil muertos más en la Argentina). 

A pesar de tener una economía mejor, Bolsonaro perdió las elecciones por priorizar la producción al combate del covid (ahora hasta la Copa América). Falta ver cómo valorará el votante argentino la gestión de Alberto Fernández en el control de daños de la pandemia y cuán efectivas son las críticas de la oposición en ese sentido. La citación de los laboratorios al Congreso y el lanzamiento de la fabricación de Sputnik en la Argentina esperan anularlas. Habrá que ver si lo logra.

FUENTE: Jorge Fontevecchia – Co-fundador de Editorial Perfil – CEO de Perfil Network

 

Mi adorable y xenofobo país-Final

Los responsables de la decadencia

Todo lo que puede venir por debajo de la pirámide de responsabilidades tiende a localizarse, a medida que se desciende en ella, en grupos sociales cada vez más amplios hasta implicar a la sociedad en su conjunto. ¿Quién no estuvo inclinado en algún momento a culpar a la sociedad alemana de esa generación en su conjunto, sobre las barbaridades y aberraciones del régimen nazi?

¿Quién por otro lado dudaría del elevado nivel de civilización y refinamiento que se observa en ciertos alemanes que adhirieron a ese régimen; personas que han alcanzado los más altos niveles en las artes, las ciencias y otras virtudes morales? Vemos en este punto la dicotomía entre individuo y sociedad. Los hombres no son individuos aislados ni la sociedad un ente ajeno a ellos, sino que se ligan a través de cadenas invisibles que forman la verdadera urdimbre social.

Dice al respecto el sociólogo alemán Norbert Elias: “…La libertad individual queda sustituida por una autonomía relativa. Su noción de libertad es residual. Es la capacidad de acción que le resta al hombre en su paso por los múltiples pliegues de la coacción. Los hombres no planean los procesos sociales que guían sus vidas, pero deben tratar de desbrozar la opacidad que ellos mismos crean, a su pesar. El intelectual moderno se debate entre la desazón que le produce la cultura de su tiempo y la voluntad sociológica de entender los grandes procesos que gobiernan el destino de los hombres…”

El constitucionalismo alberdiano (1853-1943) y el nacionalismo popular (1943-2021), en sus diferentes versiones, se constituyeron en los axiomas de los dos grandes paradigmas que sucesivamente, se instalaron en dos ciclos largos en los que se dividió nuestra corta historia. La sociedad tiene su propia conciencia, ideología o relato, más allá de la que puedan tener los individuos que la integran. La sociedad no va a producir ningún cambio si primero no cambia “su paradigma”.

Ha resultado difícil entender el comportamiento de las sociedades en la medida que se pone el esfuerzo en interpretarlo como una extensión simple y llana de los comportamientos individuales.

Los arquetipos que se crean en la simbología política producen decisiones sobre el voto diferentes de las decisiones que ese mismo individuo que está votando tomaría en circunstancias en donde no interviene su preferencia política. Es conocido el caso de la encuesta en donde el encuestado tiene respuestas contradictorias en relación a YPF o SHELL, según la pregunta trate de su ideología personal o de su preferencia laboral para su hijo. Defiende a la primera envuelto en la bandera nacional, pero optaría por la segunda como proyección laboral para su hijo. Es evidente que el concepto de “independencia económica”, tomado esto como ejemplo, está empaquetado en una simbología que excede el “interés individual genuino” que es contradictorio con el “interés general simbólico”. El fracaso de las performances sociales sobreviene cuando el interés individual no se alinea con el llamado interés general del “relato” prevaleciente. De donde se deducirá una forma de poner en claro qué es el interés general explicitado en el voto y qué es el bien común. La diferencia entre estos dos conceptos está evidenciando una deficiencia del “gobernante” que, entre otras cosas, tiene la responsabilidad pedagógica de educar o extraer de sus representados su propio interés genuino que es aquel en donde el bien común supera a la suma de los bienes individuales que se deducen de los intereses particulares.

Cuando la sociedad asocia la transformación o el cambio del sistema político con un mejoramiento marcado de la situación económico-social de las mayorías en un período concentrado de tiempo, ese sistema político puede convertirse en nuevo paradigma para esa sociedad, mediando una sucesión de hechos anteriores que muestran la necesidad del cambio y hechos posteriores que vayan haciendo prolongar esa asociación entre cambio y mejora a lo largo del tiempo. Esto es lo que sucedió con el Peronismo a partir de 1946.

El relato histórico siempre eximió al Peronismo y al nacional populismo de la responsabilidad de estos tremendos fracasos y lo vuelve a colocar como la alternativa electoral que asegura la gobernabilidad. Sin embargo, de las dos grandes carencias del actual paradigma –institucionalidad republicana y fallas en el mecanismo de aprendizaje– son responsables todas las parcialidades políticas pero, en mucho mayor medida, los dos grandes partidos políticos: el Peronismo y el Radicalismo.

La herencia regalista española y el nacionalismo económico que se va introduciendo desde fines del siglo XIX, derivó en un equivocado estatismo, contrario al espíritu de nuestra Constitución. Aquellos se constituyeron en el sostén ideológico del Radicalismo que, a su vez fue su aporte sustancial al paradigma nacional y popular. El mayor pragmatismo del Peronismo, más dúctil para entender la sociología del voto, le permitió ajustarse mejor a la dinámica de las conveniencias históricas del capitalismo mundial exitoso, cosa que por su rigidez no consiguió hacer el Radicalismo más encerrado en su dogmatismo tradicional. Menem, en el Peronismo, fue el ejemplo de lo anterior. El kirchnerismo, en cambio, regresionó al Peronismo del 46 lo que lo hizo, en lo que respecta a su ideología económica y a su dogmatismo, más afín con el Radicalismo.

El hecho de que no sea un solo partido el responsable de nuestra decadencia, agrava la confusión en el aprendizaje, por cuanto se establece una suerte de alternancia viciosa entre dos parcialidades que precisamente son las que aportan cada uno lo suyo en el error del paradigma de la decadencia, convirtiéndolo en un error sistemático. El uno, el Peronismo, aportó su inclinación por el corporativismo y el desprecio por las formas republicanas. No obstante, no me atrevería a ratificar que sucede lo mismo en el ADN del gobierno de Alberto Fernandez, en la actualidad. 

Aún más; la coalición gobernante (Cambiemos) que fue derrotada en diciembre del 2019 (radicalismo, macrismo, parte del socialismo y otras fuerzas políticas) también hizo como su bandera el corporativismo y el desprecio por la oposición, en sociedad con los medios hegemónicos dominantes que alentaron en la sociedad; una suerte de “falsa credibilidad” en las políticas de Estado, tan erróneas como perversas que toma Mauricio Macri en su gestión de gobierno.

Ahora bien; asumiendo Alberto Fernandez en diciembre de 2019 se encontró con una grave y caótica situación, tanto en lo económico como en lo social, con aproximadamente un 42% de pobreza y sin ninguna posibilidad de ser asistido por Organismos Internacionales de crédito; ya que el gobierno macrista con la anuencia del voto de los EE.UU., logró que el Fondo Monetario Internacional le otorgara un préstamo, que históricamente es el mayor realizado a un país por más de U$S 50.000 millones de dólares. 

En la jerga popular se puede expresar, que la falta de credibilidad del partido gobernante en la sociedad y el egocentrismo ciego de Macri, el manotazo de ahogado recurrió a un endeudamiento que ya no existía con el FMI, habiendo también realizado con anterioridad por citar un ejemplo, la colocación de bonos argentinos en acreedores nacionales y del exterior, uno de ellos a cien años. La ralentización de la economía, la pérdida de empleos, el aumento de la pobreza y la indigencia, no hacían mella en la coalición gobernante, ya que la deuda contraída con el FMI no se destina ni a sanear la situación económica ni a financiar crecimiento alguno. Solo pretendieron con ello, poder mantener el status quo, en la búsqueda de alcanzar la reelección. 

Intentar analizar la dinámica de este proceso de decadencia que ya lleva casi 80 años. Una verdadera patología sin un diagnóstico compartido y como tal, de pronóstico incierto. En un sistema democrático electivo se hace indispensable que la sociedad perciba sus problemas reales para que el cuerpo social pueda realizar el aprendizaje que implica todo proceso de evolución. 

Pueden identificarse las causas de la decadencia, que desde ya son múltiples. Pero una vez instalada, es decir cuando adquiere condición de estado, las causas difícilmente pueden ser identificadas desde dentro mismo de la sociedad decadente. Sociedad que no ya no posee ni siquiera capacidad de movilización ni de manifestarse políticamente en masa para exigir justicia, ya que está, representada en el máximo nivel por la Corte Suprema de Justicia, se ha visto asociada entre la bruma de la impunidad, alentando la corrupción sistemática que como un carcinoma, genera metástasis en toda los cuadros políticos desde hace ochenta años.

Ya es por todos conocido; que el virus conocido vulgarmente como COVID19, desembarcó en estas tierras en los inicios del 2020; es decir tres meses después que asumiera el gobierno peronista -que en verdad, venció en las elecciones por la masa cautiva de votantes del kirchnerismo-

Hasta inicios de este año, las políticas asociadas a la salud de los argentinos tuvo como partícipes al Gobierno como asimismo a la totalidad de los gobernadores, cualquiera fuera su color político. Pero bastó; que el  actual Gobierno redujera la coparticipación (las partidas que la Nación, remite a cada provincia) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bastión siempre antiperonista y hoy en manos de Horacio Rodriguez Larreta (PRO-macrismo), para lo que políticamente debía ser el tema de la presencialidad en las escuelas, fuera utilizado por la oposición para mediatizar permanentemente la anti virtualidad de la educación tanto en medios periodísticos como en otros contrarios al Gobierno, dejando que miles de argentinos y argentinas continuarán contagiándose en miles de personas cada día, con una suba de la letalidad como consecuencia de la falta de unidades de terapia intensiva, de insumos, oxígeno, entre otros. El personal sanitario sufre pérdidas humanas y se encuentran ya en el límite de la resistencia al estrés.

Pero en la política, nada interesa cuando se intenta, a pesar de la grave situación cotidiana que se vive en la Argentina, obstaculizar al Gobierno al punto tal que el gobernador de la Ciudad de Buenos Aires, judicializar el Decreto de Necesidad y Urgencia emitido por la Presidencia de la Nación, para obtener la continuidad de la presencialidad en las escuelas.

La expresión “daños conjeturales” acuñada por el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, se parece mucho a (y funciona como) otra más célebre: daños colaterales. Ambas apuntan a minimizar, ningunear o banalizar perjuicios graves causados para garantizar un bien superior. En un caso decidir un pleito importante a favor del aliado político. Herir o matar al enemigo, en otro.

La sentencia de la Corte Suprema entró en el pasado en cuestión de semanas. Se recontra concretaron los hechos que los Supremos consideraron no corroborados aunque los tenían delante de las narices. Nada novedoso sucedió durante ese tránsito veloz, solo se verificaron las tendencias, los indicadores conocidos por “todo el mundo”. La cantidad de fallecimientos (en general y de personal docente en particular), de contagios diarios, los niveles de ocupación de camas en terapia intensiva, la saturación del sistema de salud.

Los códigos procesales, sabiamente, indican que los magistrados deben tomar en cuenta “los hechos notorios”, conocidos por toda la comunidad. 

En un asunto de gravedad institucional y humana nada impedía a los jueces a apersonarse, moverse y observar los hechos.

De modo lateral, se desnudó el modo capcioso en que los jueces llenaron las lagunas que deja la Carta Magna. Las disquisiciones sobre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), rara avis parida y mal regulada en la Constitución de 1994. No es provincia como las demás, porque no antecedió al Estado nacional ni tiene facultades preexistentes consagradas por pactos ídem.

La interpretación judicial reescribe el texto legal, todos los días en todos los casos. Transformarlo en tótem, atribuirle claridad y sentido unívoco de los que carece, hurtar el cuerpo a la peculiaridad de la pandemia, condujo a un resultado funesto. Una resolución insensible que coadyuvó a agravar los problemas y postergar medidas ineludibles.

¿Se harán cargo los magistrados de su cuota de responsabilidad, tan imprecisa numéricamente cuan innegable? Desde luego que no. Los jueces se auto exoneran de las consecuencias sociales de sus sentencias. Saludan al Derecho Romano, escriben en latín o en una versión indescifrable del castellano y se lavan las manos ante las secuelas.

¿Responderán ante la opinión pública? ¿Darán explicaciones ante los medios, que son parte esencial del sistema democrático? Jamás. Los Supremos, de ordinario, no participan del Agora ni se someten a entrevistas para defender sus posiciones, justificar sus pronunciamientos, esclarecer a la gente común. La Constitución no les concede esa dispensa, antidemocrática. Hamilton vivió antes de que se inventara la tevé. Alberdi desconocía la radio… La falta de presencia pública es una prerrogativa arcaica, impropia de sociedades del Siglo XXI.

El silencio, la oscuridad, el secretismo, la elusión impositiva describen a aristócratas (oligarcas diría Aristóteles) que hicieron daño y se esconden.

El presidente, los gobernadores, los intendentes sometidos al escrutinio popular, seguidos en vivo por cámaras y micrófonos llevan otra responsabilidad.

Durante estos días atroces, en un rapto de lucidez común, resolvieron acentuar restricciones por nueve días. En el peor momento de la pandemia, como todes reconocen menos Rosenkrantz, Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti, que tal vez se desayunaron el jueves pasado.

La tregua de nueve días: La sentencia cortesana configuraba un estado confederal para responder a los desafíos de la peste. Propiciaba –verbalizando o sottovoce—una anarquía en su conducción. La perspectiva de 24 políticas sanitarias, debilitando al Estado Nacional, reducido al rol de proveedor de vacunas, insumos médicos y ayuda económica a los más carenciados.

El Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta jugó con fuego para quedar como abanderado de la educación y gerente de una ciudad libertaria. Los controles los amago y te los debo. Como vecino, por una vez, este cronista da fe de la existencia de bares y restaurantes atendiendo adentro cuando estaba prohibido. Llegó a ver uno frente a una comisaría, semi colmado y con una policía en la puerta. Policías, guardaparques (o como se llamen) sin barbijo o con la pieza colgando por debajo de la nariz. Nimio número de inspectores frente a los agrupamientos nocturnos. Cervecerías con cincuenta o cien personas ocupando media cuadra.

Toquemos apenas la presencialidad en escuelas, que no es centro en esta nota. Burbujas que estallan, la mitad del piberío (como mucho) con asistencia a clases intermitente.

Escapa al saber de este cronista cómo piensan íntimamente Larreta y su elenco. A título de hipótesis: se ne fregan de ciertos “costos” a cambio de posicionarse como adalid de las clases presenciales. En una sociedad polarizada y segmentada por preferencias políticas, descuenta que conservará la condición de mayoría en la Ciudad. La verborragia del Gobierno, su excesiva focalización en la CABA lo catapultaron como figura nacional.

En estas semanas, Larreta y su gente rondaron el pánico. Lo cuentan, con subterfugios, los medios que le hacen de claqué, los periodistas (pautados o militantes o las dos cosas) que lo endiosan.

Otros gobernadores se mueven de modo similar. Se esmeran en esquivar la toma de decisiones, en esperar que las asuma “Alberto” y que él pague los costos.

Los nueve días de restricciones severas, duras para la población e imprescindibles, son un logro del presidente. Conversó, roscó (con perdón de la palabra), reinstaló un feriado puente anulado semanas atrás.

La oposición es intratable, judicializa todo, juega a indignar y meter ruido. El contra Poder Judicial se alinea con ella. En ese marasmo debe gobernar Fernández. Lo que no dispensa sus errores al comunicar o al gestionar porque tiene que hacerlo en el contexto que le tocó.

Los nueve días son a la vez un alivio y un intervalo breve, que coloca a los mandatarios con Fernández a la cabeza ante el día después, el primero de junio.

Con peste, nada es sencillo: Gobernar siempre es difícil. La complicación se potencia en pandemia. Un vistazo somero sobre las elecciones realizadas en el mundo (salpicón surtido, desde ya) sugiere que los oficialismos tienden a pasarla mal.

La comunicación es una de las facetas de la acción política. Astutos o hasta taimados, varios gobernadores rehúyen el centro de la escena y “dejan” que el presidente transmita las malas nuevas.

El discurso de Fernández en cadena tuvo un rating descomunal, el pueblo quiere saber.“Lamentablemente,tenía razón” arguye el presidente, apuntando al rival político. A los espectadores en general les importan más los anuncios que ese cuadro de situación. Una mirada superficial y expandida sobre el debate público, estimamos, confunde proporciones. 

Aunque las redes sociales creen un espejismo en contrario, las personas politizadas, encolumnadas a favor o en contra del Gobierno, constituyen una minoría. El resto se enfoca en la familia, el barrio, el trabajo. Transita la cotidianeidad. Se concentra en el laburo, la escuela de los pibes, la inflación, la seguridad urbana, algo de esparcimiento.

Los cambios de escenario complican la existencia. Atribula la falta de horizontes, no ya futuros, sino para dentro de contadas semanas. Dos sociólogos clásicos del siglo pasado, Peter L. Berger y Thomas Luckmann, enseñaban que para la gente común, la realidad cotidiana está dada. No se problematiza, reversionamos. Uno se despierta, abre la canilla y espera agua. Sabe qué lo espera cuando sale a la calle, que el super chino está a media cuadra casi siempre abierto, que la tarjeta SUBE sirve para pagar el bondi, cuyo trayecto conoce.

Los cambios de reglas para salir a la calle, los fluctuantes horarios autorizados para circular, los permisos que caducan de improviso y deben renovarse, la inextricable distinción entre servicios esenciales y no esenciales… las alteraciones constantes desorientan, acentuando las preocupaciones. La sensación ciudadana ante la hiper regulación constante puede asemejarse a la de épocas de anomia. Se pierden las referencias, se debe recalcular todo por encima de los duros desafíos de ganarse el pan y de ordenar la vida en familia.

La narrativa oficial centra la mira en la CABA y en Rodríguez Larreta en detrimento de otras 23 provincias y mandatarios. Táctica discutible en un país federal cuya población recela del centralismo porteño.

En materia educativa, con varios días sin escuela por delante y la perspectiva factible de prórroga se hace imprescindible que el discurso oficial trascienda la cuestión sanitaria. Larreta macanea cuando fija clases para fines de diciembre pero se emboca en un sentido: proponer que está pensando en el futuro, que las restricciones son transitorias, apenas una parte de la realidad.

Demasiada confianza: Meses atrás Fernández describía a Larreta como “un amigo”. No resultó así.

En un carril parecido el presidente confió a veces demasiado en consensos genéricos, mesas esporádicas tan amplias como ineficaces, en supuestos aliados que defeccionaron.

La reaparición de Marcelo Tinelli ofrece un ejemplo pequeño e ilustrativo. Replicó con denuncismo berreta, rayano en la extorsión, a una crítica sensata del ministro de Salud bonaerense Daniel Gollán. Anti política al rojo vivo, un alarde de idiosincrasia. Comunicador cutre y exitoso, Tinelli tiene derecho a expresarse y todavía congrega público. Metió la pata el Gobierno cuando le dio una silla en la Mesa Argentina contra el Hambre. Protagonista frívolo, nada serio podía esperarse de él. Se lo embellecía a cambio de una pátina de supuesta popularidad, desmereciendo (sin desearlo pero…) a personalidades valiosas que enaltecen la iniciativa.

Tinelli, podrá decir usted, es una figura menor. Vale. Pero la relación con él no se diferencia conceptualmente de la que mantuvo con la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), hoy punta de lanza de la oposición. Labor a la que se dedica tanto como a la insolidaria remarcación de precios.

La gente y las vacunas: La historia nunca se repite ni siquiera cuando reinan semejanzas y la sensación de déjà vû. La gobernabilidad en el contexto de tragedia cuenta cómo virtud del gobierno y de buena parte de la sociedad civil. La contención ciudadana, la templanza, la falta de violencia política contribuyeron en buena medida. Las minorías intensas y gritonas son minoría. Perdieron la batalla anti vacuna, que emprendieron con armas viles que incluyeron la criminalización.

En mayo-junio van llegando y llegarán millones de vacunas. De México, de Europa, de Estados Unidos, de Rusia. Es factible que haya producción nacional. La oposición retacea reconocimientos o miente sobre el panorama; las personas de a pie se anotan y festejan cuando llega su turno.

Esa infatigable tarea ranquea como la mejor política pública del Gobierno. El incremento de la recaudación impositiva añade un factor positivo. Acrecentar la inversión social, ayudar a empresas y laburantes en apuros sigue siendo la agenda prioritaria de un gobierno nacional y popular.

Alberto Fernández recobró, de momento y en buena hora, la conducción de la política sanitaria federal pese a la baja cooperación de demasiados gobernadores.

La innegable prioridad de la vida y la salud no alcanza en una sociedad compleja. También es imperioso recuperar el control de la economía, la creación de puestos de trabajo y la redistribución del ingreso. Metas irrenunciables para un gobierno nacional-popular.

Un ejemplo para recordar: Hace rato que el exceso de confianza del Gobierno lo hace cometer traspiés, errores evitables. Encara demasiados conflictos a la vez. Desde Vicentín, genera escenarios en los que sale derrotado. La Reforma Judicial centrada en los tribunales federales es un ejemplo clavado: ajena a los intereses de la gente y hasta a su atención.

Se aproxima el 25 de mayo, aniversario de la jura del presidente Néstor Kirchner con quien se formó Fernández. Puede ser útil recordar su praxis. Kirchner era un luchador que trataba de administrar los conflictos. Daba pelea, a menudo, pero también retrocedía cuando la correlación de fuerzas le parecía adversa: contra Juan Carlos Blumberg, por caso.

Personalizar a adversarios-enemigos, otra lección que daba Kirchner cuando mencionaba con nombre y apellido a Alfredo Coto, a Héctor Magnetto. Cuando prorrumpió “¿qué te pasa, Clarín?” o conducía un boicot contra Shell.

Escogía oportunidades y contrincantes: la Corte Suprema desprestigiada, los represores del terrorismo de Estado, el “pejotismo”. Metía la pata, claro, como en el enfrentamiento con las patronales agropecuarias. Pero siempre pensaba en estar fuerte, en acrecentar su poder democrático. El poder no es una materia inerte, como un canuto de plata en una caja fuerte. Es representación e imagen, se construye, se pulsea.

Construir poder en democracia es trabajoso, supeditado a las reglas institucionales. Necesario también en todos los tiempos. Inclusive en las terribles circunstancias que padecemos hoy.

FUENTE: Quien escribe; con los valiosos aportes de 

“LA DECADENCIA ARGENTINA” de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

PÁGINA 12 – Editorial

Mi adorable y prejuicioso País. II

No obstante; la decadencia política y social argentina según historiadores y expertos en la materia, comienza desde la aparición de la segunda Revolución Industrial, con la colaboración de una oligarquía terrateniente y dueña de la tierras -obviamente masacrando o esclavizando a los pueblos originarios- a través de la abominable “Conquista del Desierto” al mando del general Julio A. Roca (1) -quien merecería un capítulo fuera del presente, por su personalidad altamente afectada, por patologías neurológicas e intereses foráneos y de la elite porteña(2)- , cuyas raíces tienen su origen generalmente en las antiguas familias patricias , las que solo en algunos casos realizaron su reconversión hacia la industria, en los albores de la década del 30 del Siglo XX.


En la historia de los últimos ciento sesenta años; la Argentina pasó desde su nacimiento como nación, a su apogeo, confundiéndose con los países más avanzados de la tierra, para entrar luego en declinación hacia su perigeo.


Siguiendo con la metáfora, ¿estará la Argentina cerca del perigeo para encarar un nuevo ciclo de apogeo? ¿O no habrá perigeo y sólo resta el descarrilamiento de la órbita y su desaparición del mundo de las naciones significativas? 


Enigma inextricable, no sólo para entrever su futuro, sino para descifrar su pasado. La decadencia no es una contingencia; la crisis sí lo es.


Contingencia y estado coexisten en dos planos distintos de la conciencia. El primer plano es lo sensorial inmediato; el segundo lo intelectivo o categórico. El estado normal de las sociedades modernas, a partir de la revolución industrial, ha sido el crecimiento, que en su plenitud se conoce como desarrollo.


Este fenómeno ha sido objeto de todo tipo de teorías económicas, sociológicas y políticas.


Pero la decadencia es un estado anormal, excepcional, razón por la que no ha recibido la misma atención académica o tratamiento teórico que el estado normal.


La decadencia suele no percibirse por los connacionales sino como crisis, por lo que resulta muy difícil encarar su solución cuando se lo hace con los métodos de éste. Se intenta analizar la dinámica de este proceso de decadencia que ya lleva casi 80 años. Una verdadera patología sin un diagnóstico compartido y como tal, de pronóstico incierto.


En un sistema democrático electivo, se hace indispensable que la sociedad perciba sus problemas reales para que el cuerpo social pueda realizar el aprendizaje que implica todo proceso de evolución.


Pueden identificarse las causas de la decadencia, que desde ya son múltiples. Pero una vez instalada, es decir cuando adquiere condición de estado, las causas difícilmente pueden ser identificadas desde dentro mismo de la sociedad decadente.

Es lo que Durkheim  llama “egocentrismo” que, en las ciencias sociales, se considera como una de las mayores dificultades para la investigación.


Once constataciones


En la Argentina se constata, sin necesidad de referirnos a estudios concretos, no porque no los haya, sino porque surge de la simple observación:


1. Decrecimiento económico relativo en el período de los últimos 80 años en el entorno regional o de conjuntos más amplios de países comparables.


2. Desmejoramiento, en el largo plazo, de indicadores sociales tales como educación, salud, vivienda, considerados como indicadores de tendencia pesada, es decir de lenta reversión, además del deterioro de los equipamientos que prestan esos servicios.


3. Crecimiento de villas de emergencia y tendencia de incremento de la pobreza en el largo plazo, contrariando la tendencia que se registra en el conjunto de América Latina.


4. Inexistencia de planes de largo plazo en infraestructura física y de políticas de Estado que les den continuidad.


5. Desmejoramiento progresivo de la oferta de servicios públicos en sectores base de la economía por deterioro de todas las infraestructuras económicas básicas: ferrocarriles, carreteras, equipamiento eléctrico en centrales, redes de distribución y transmisión, agotamiento de reservas hidrocarburíferas y pérdida del autoabastecimiento de petróleo y gas.


6. Permanente recambio en los cuadros administrativos y técnicos de la administración pública, disolviendo y degradando la capacidad de una necesaria burocracia estatal estable e idónea, que acumula conocimiento a través del aprendizaje.


7. Avasallamiento institucional cada vez que un nuevo turno de gobierno asume la administración, como si se tratara de un nuevo fundador de la Nación Argentina, denostando todo lo realizado por el turno anterior y destruyendo toda continuidad. La institucionalidad también es un capital que se va construyendo y mejorando con experiencia acumulada en un proceso de aprendizaje de las instituciones.


8. Fuga de capitales a lo largo del período de 70 años en forma permanente, impulsada por crisis terminales aproximadamente cada diez años con mega-devaluaciones que significaron pérdidas patrimoniales gigantescas del trabajo acumulado de los argentinos.


9. Fuga de cerebros de los centros de investigación públicos y privados y de las empresas.


10. Stock de ahorro en el exterior de ciudadanos o empresas nacionales superior a la deuda externa y algunos años en el orden de magnitud de nuestro PBI. Ha sido la actitud de una sociedad que debió defenderse de su enemigo más peligroso: el Estado Nacional, como lo había advertido Alberdi(1) hace 160 años.


11. Dilución y progresiva desaparición de grandes empresas nacionales privadas representativas de una cultura empresarial nacional.


Los tres primeros aspectos son representativos de un deterioro relativo del estándar de vida de la población, los siguientes de una claudicación de las obligaciones del Estado y las últimas,de la pérdida del factor más dinámico del crecimiento: el interés de los ahorristas, inversores privados y empresarios en su propio país.


Este último es el síntoma más claro de la decadencia de esta nación. No escapa a ningún observador sagaz que de la sola enumeración de estos factores surge la idea de un marcado retroceso, el riesgo de no retorno y que un cambio consistente en una simple corrección de variables económicas, sin un dramático cambio del contexto institucional, normativo y axiológico para restituir el andamiaje de la confianza en la nación, no es suficiente para revertir esta tendencia.


En pos de la brevedad, dejaré para otra entrega el análisis de los periodos en donde la Argentina, con injerencia externa y sus socios apátridas internos, fue llevada a ingresar en un tobogán declinante en el que nadie, se esforzó lo suficiente por hacer pie
, incluyendo a nuestra sociedad a la que solo le interesa sus propios intereses individuales, invisibilizando el colectivo del que forman parte.


Me propongo redondear en la próxima entrega; que será además la última, los puntos de coincidencia en el marco pandémico-económico actual, con aquello que he relatado anteriormente y que se produce desde hace un larguísimo tiempo.

Voy a cerrar el presente, con algo sumamente significativo que refuerza el sentido de Nación.


En la mayoría de los argentinos, persiste la creencia o visibilidad ciega, de creerse superiores a cualquier hermano latinoamericano, anteponiendo como justificación que nuestra Nación es el resultado de un crisol de razas, en que la mayoria de los inmigrantes llegaron a nuestro país desde Europa y por ello, es que el sentido de Patria en la mayoría de nuestra sociedad, es como si su significado fuera algo etéreo y no verderamente su pertenencia.

Algo totalmente contrario; a la mayoría de las sociedades iberoamericanas, en donde el sentimiento nacionalista esta profundamente arraigado; aun en aquellos en donde la población no puede ejercer libremente sus derechos humanos.

Continuará…

1)Roca Alejo Julio Argentino – (político, militar y estadista argentino que sirvió como presidente de la Nación Argentina desde 1880 hasta el 1886 y desde el 1898 hasta el año 1904).


2) porteña: originario/a o radicado en la Ciudad de Buenos Aires.


3) Alberdi, Juan Bautista – (abogado, jurista, economista, político, diplomático, pacifista, escritor y músico argentino, autor intelectual de la Constitución argentina de 1853).​​​ 


FUENTE: Quien escribe; con los valiosos aportes de la obra  “LA DECADENCIA ARGENTINA” de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

Mi adorable y prejuicioso país. I

Los que se detienen y gastan su precioso tiempo; en leer “lo bueno, lo malo y lo feo” que suelo escribir, conocen que soy un escritor autodidacta de clase “variopinto”, que cada día lee a quienes lo siguen, realizando los comentarios en donde le parece pertinentes hacerlos y da “me gusta”, no para recibir otro a cambio, sino porque realmente me ha agradado la prosa, el cuento o relato, microrelato, toma fotográfica y todo aquello, que día a día cada uno de ustedes sube a la plataforma y me agrada, porque además de maravillarme con letras que solo puede escribir un profesional que concurrio a talleres literarios o bien se graduo en la Universidad, también me sucede lo mismo con aquellos que como yo, intentamos hacerlo de la mejor manera posible. No obstante, existe para mi algo mucho más importante, me permite de manera indirecta conocer el alma de quien lo hace, aunque no tenga la maravillosa oportunidad de algún día conocerlo/a.

Cuando me defino como un escritor autodidacta “ variopinto”, se que lo soy porque de la misma manera que escribo un poema o una cita, cuento corto o microrrelato, también publicó editoriales sobre lo que sucede en el mundo y en mi país. en diferentes disciplinas.

Hoy me he levantado demasiado tarde; para mi gusto y nunca he tenido tantas ganas de escribir desde que “este  hartazgo” que tengo, sobre los poderes emanados de nuestra Carta Magna que como personajes de vodevil, omiten aquellos que si están donde están es por los Derechos establecidos en nuestra Ley Fundamental.

Se que en la sociedad argentina, más aún en el porteño (1) -un individuo que padece de una xenofobia excrable-, con todo aquel que no sea descendiente de aquellos primeros inmigrantes europeos, que en masa que llegaron a nuestras tierras, en el Siglo XVIII desde 1881 hasta la primera guerra mundial como las contemporáneas desde el fin de la segunda guerra mundial hasta nuestros días.

El avieso germen racista, discrimina a los inmigrantes de ciertos países limítrofes, como a paraguayos, bolivianos y peruanos, fundamentalmente. A quienes peyorativamente; se les ha dado el pseudónimo de “paragua”, “bolita” o “peruca”.

Extrañamente no sucede lo mismo con los uruguayos, porque salvo con el fútbol nos consideramos primos hermanos. Si alguien lee profundamente la historia, rápidamente se dará cuenta que argentinos y uruguayos, deberíamos estar dentro de un mismo Estado, pero la historia marca que hace casi dos siglos, a las potencias no les resultaba agradable que ambas margenes del Río de la Plata, tuvieran el mismo dueño.


Habitan el suelo argentino; aproximadamente tres millones de paraguayos, dos a tres millones de bolivianos y unos quinientos mil peruanos. Hay argentinos; que en nuestros días protestan airadamente sobre estos inmigrantes limítrofes, porque además de ocupar empleos en una economía sin crecimiento desde hace décadas, fundamentalmente desde los años setenta, utilizan en forma gratuita los sistemas de salud y educación, además de recibir planes sociales de ayuda alimentaria o de otra índole. Se los acusa de delincuentes, narcotraficantes o contrabandistas.


En lo personal; debo expresar que en cuanto a los tópicos de delincuencia, se encuentran en cualquier país del mundo -salvo algunas excepciones que no suman al gran número-, incluyendo las grandes potencias.

En repetidas ocasiones, he intercambiado opiniones con aquellos que sienten un “racismo  extremo”  y conciliadora mente les digo, que la única manera de cambiar la política inmigratoria en la República Argentina, sería realizando una nueva reforma de la Constitución Nacional, y fundamentalmente su Preámbulo que dice:



Ahora bien, hagamos de cuenta que se modifica el preámbulo de nuestra C.N. y los artículos concomitantes a la constitución política y derechos de los ciudadanos.

Bien, supongamos que modificamos el Preámbulo y a todos los hombres y mujeres libres del mundo, no nacidos en la República Argentina, se dictan Leyes que permitirían deportarlos o expulsarlos hacia sus países de origen.


Ahora bien; propongo que nos demos un “baño de realidad”.

La economía informal en la Argentina es de aproximadamente un 42%, de la PEA. Entonces nos encontrariamos que las personas de nacionalidad paraguaya, han regresado a su país de origen -tomemos en cuenta que esto posee un contenido de ficción, que no puede medirse, dado el hecho de los nacimientos ocurridos en suelo  argentino-.

Con datos de la Cámara Argentina de la Construcción; de cada diez inmigrantes paraguayos, seis trabajan en la construcción.

Conclusión: ¿una industria que es motorizadora de otras, donde obtendrá sus recursos humanos?.

Por otra parte; de cada diez mujeres de igual nacionalidad, trabajan como empleadas domésticas. ¿ Quiénes las reemplazan?. ¿Mujeres argentinas? 


No se podría de manera alguna; en ninguno de los casos reemplazar por hombres y mujeres nacidos en la Argentina, porque simplemente no demandan esos trabajos.

Y así el viejo contrato entre los movimientos sociales y los políticos promoviendo la “viveza “criolla” habiendo tantos viviendo con subsidios del Estado, que pagamos todos nosotros -los contribuyentes-.


Vayamos ahora a la comunidad boliviana. Hace treinta años; llegaron desde Corea inmigrantes de dicho país con capitales, que destinaron en su gran mayoría, a desarrollar una industria textil vigorosa y a bajo costo, -compitiendo así con la comunidad judía-, eso sí con un alto grado de explotación laboral en talleres clandestinos, en los que ocupaban y ocupan residentes ilegales -en su mayoría, bolivianos/as- que vivían en cobertizos dentro de los propios talleres, sin derechos ni protección laboral alguna.


Pasado unos años, los inmigrantes bolivianos al conocer todo el circuito de fabricación y comercialización, comenzaron a independizarse y con un pequeño capital, copiaron el modelo coreano y se lanzaron al mercado marginal de indumentaria. Otros en cambio, alquilaron locales para comercializar frutas y verduras, cultivadas por sus propios compatriotas en la zona sur de la provincia de Buenos Aires.


Hoy; en la ciudad de Buenos Aires de diez verdulerías, ocho son atendidas por la comunidad boliviana. Conclusión: -Por ejemplo tomemos en mi caso; no tendría la verdulería de cercanía en donde comprar mis deliciosas y necesarias manzanas-.


En este caso de comercio puramente informal, el argentino hace rato dejó de hacer pie. Y sucede lo mismo que con la construcción. ¿Quién comercializará estos productos? 

Me podrán decir, que en este caso uno podría concurrir a una sucursal de una cadena de supermercados o retail, pero los precios son marcadamente mayores que en las verdulerías barriales, y en un país como el nuestro, en el que la inflación no se detiene y algunos funcionarios sin cerebro la pretenden justificar, diciendo que es “un tema de expectativas”, logrando solo estresar aun más a una población, en donde los pobres son más pobres y la clase media hace malabares, para mantenerse en ese devaluado “estrato social”.

(1) Argentina/o residente en la Ciudad de Buenos Aires.


Continuará