Amor incierto

Caminaba presurosa por la estación,
o estación de París del Norte o Gare du Nor,
ya que faltaban escasos minutos
para que su tren saliera con destino a Bruselas.

Se había vestido con ropa informal,
en esa cálida primavera parisina.
Sus estudios en la Sorbona le daban un respiro
y el encontrarse con Phillippe , luego de un mes
ello la mantenía ansiosa y agitada, pensando en él.

Sabía que de Bruselas, debería hacer el trasbordo
con destino a Brujas, “ la Venecia de los belgas”
creada realmente para los millones de turistas
de todo el mundo que la visitaban, asombrados
por los paneles solares que se hacen ver
durante todo el recorrido por el colorido paisaje
de las casas edificadas en forma casi idénticas.

Recorrer Brujas puede hacerse en un día
y sobra tiempo, pensaba Lucia.
Pero su estadía se extendería todo el fin de semana,
ya que su viaje sería una sorpresa para Philippe,
y solo pensaba en que disfrutarían ambos con adoración
ese reencuentro.

Luego de hacer el trasbordo en Bruselas,
tuvo una extraña sensación de ahogo.
Pensó que era la emoción de reencontrarse,
con quien era el primer amor real de su vida.

Bajo del tren y casi trotando se dirigió
a la habitación que alquilaba Phillippe
en esa antigua casa de más de 60 años.
Subió por las escaleras al primer piso,
puso su llave y abrió…
se quedo paralizada y muda al ver,
a su primer amor junto a una
joven adolescente durmiendo
desnudos en la inmensa cama.

Ni supieron de su presencia,
Cerró detrás de si, silenciosamente
la puerta y bajando la escalera
dos lágrimas rodaron por sus mejillas.
La cabeza le martillaba, y totalmente confundida
desando el camino de regreso a la estación.

Dejo que la brisa, le diera el aire
que le faltaba y saco sus pañuelos de tela
para secarse el llanto, se sentó en un banco
y comenzó a tiritar por la traición consumada.

Recordaba lo que le dijera su amiga Laurie,
que el amor a distancia, era un riesgo en si mismo
si la pareja no estaba realmente consolidada.
Aquella vez no quiso escucharla, creyó que lo decía
solo por su mala experiencia. Phillipe era distinto.

Se mordió los labios, no quiso que nadie la viera llorar.
Se levantó y caminando rápido llego a la estación,
ya tenía el boleto de regreso y más de tres horas a París,
que le permitirían pensar en perspectiva
y dejar los sentimientos de lado, para pensar solo en ella.

Ave Feníx

Llegue al punto de encuentro,
a mi espalda el aeropuerto
de frente el marrón
del Río de La Plata.

Falta apenas treinta minutos
para que el avión arribe, y pensaba
como estaría luego de diez años
de no verla, mantendría esa esbeltez
admirada por todos quienes
nos encontrábamos en el club
los fines de semana, compromiso
ineludible para navegar en los veleros.

Levantando anclas, soltando las velas
nos animábamos en cruzar el charco
y llegar a Carmelo, del Uruguay hermano.

Ahí fue como conocí a Claudia,
hermana de “Fer” amigo de la Facultad.
Me deslumbró a primera vista,
pero me sorprendí cuando ello, fue reciproco.

Pegamos la mejor de las ondas,
desde la primera noche, en que salimos
luego no nos separamos y convivimos
por dos años en un loft de San Telmo.

Pero su carrera finalizaba, y seguiría
un doctorado en Francia.
No podía acompañarla, me había recibido
hacía apenas seis meses
y me contrataron en una Consultoría.

Nos habíamos jurado amor eterno,
que quedó truncado, por esas vidas propias.
Sé que ella se graduó con honores,
se radicó en París, tuvo un par de parejas
pero las raíces afloraron y ahora, pegaba la vuelta.
A minutos de llegar, ansioso por el esperado encuentro.

Por mi parte, tuve una novia
con la que conviví tres años,
pero no duró. Fue mi culpa.
Siempre la comparaba con Claudia.

Vibro mi celular, era ella avisándome
de que el avión había hecho pista,
llegaba de Montevideo, donde ahora
vivía “Fer” con su esposa y dos niñas.

Acerque mi auto a la zona de arribos,
no habían pasaron ni tres minutos
cuando me llamo y me dijo
estoy saliendo…

Como explico que a pesar
de haber corrido los años,
nos entrelazamos ante todo el que pasaba,
en un abrazo interminable de amantes
como aquellos, que nos dábamos
oliendo cada uno, la piel del otro.

Aquello de cuando cenizas quedan,
fue lo más adecuado para el fuego,
de ese único e irrepetible momento.

Le abrí la puerta y la ayudé a ingresar al auto
una vez adentro nos volvimos a besar,
sin pensar que estábamos nuevamente
revalidando aquel pacto de amor eterno.

Laura…la heroína.

Saben, los martes y jueves voy a mis clases de yoga al centro que se encuentra en un bonito barrio de Buenos Aires, llamado Caballito –será en otra oportunidad que les diré el porqué de su denominación, esa es otra historia-
Conformamos un grupo de aproximadamente cuarenta personas, en un horario de 10 a 11 AM, donde predominan sensiblemente las mujeres –unas 38 y solo dos hombres, entre quienes me incluyo-
El profesor, Mario cercano a jubilarse es un ser inmensamente espiritual y excelente persona. Vengo a ser el Señor optimista del grupo, por mi forma de ser y porque siempre regalo sonrisas más besos por doquier. Las “chicas” que tienen en algún caso ochenta y ocho años; pero arrancan desde casi los 60, agradecidas se ríen a rabiar, con mis comentarios tales como al llegar ¡Hola chicas, hoy a ponerse las pilas, que hay que divertirse además del yoga!
Por ello digo siempre, que manteniendo un perfil bajo, siendo humilde y ser empático naturalmente, hace que un grupo se fortaleza en su comunicación y amabilidad en las relaciones interpersonales.
Pero deseo, si no les molesta ir al meollo del porque estoy escribiendo esto. Y debo citar a una compañera del grupo, Laura.
Sí Laura, que recién hace un mes (y eso que las clases, las comenzamos en marzo de este año) establecimos un contacto que cada vez es mas frecuente. Recuerdo que cuando me dijo que tenía 84 años quede perplejo. No porque pareciera de 50, todo lo contrario. Pero es menuda, delgada, un color entre rubio y canoso. Pegamos onda, porque recuerdo que al decirme la edad, expreso así que ya sabes – puedo ser una hermana mayor, así que ojo con lo que se te ocurra decir-, obviamente los dos reímos a carcajadas.
Cada clase, conversábamos sobre la vida y lo pasado. Pero me dejo mas perplejo aún, cuando antes de iniciar una de las clases me dijo que había quedado viuda con cuatro hijos de edades de 9 años, el mayor a 1 año, el menor…! Quede más que asombrado, pensando en lo doloroso que habría sido para ella. Cuando le pregunte; solo me contesto:
-Sabes Daniel; no tuve demasiado tiempo para el dolor, me puse a mis hijos al hombro y el humor más las ganas de vivir, me hicieron ir para adelante siempre. Obvio alguna mano se extendió para contenerme o ayudarme, pero debo decir que mi alegría por la vida, fue lo que me hizo salir adelante-
Reflexione luego sobre nuestra conversación y pensé en la cantidad de heroínas como Laura y madres incondicionales, como solas absolutamente solas, llevan adelante sus hogares luego de ser viudas, y contra viento o huracanes o lo que se les enfrente, no declinan en ser ejemplos para muchos de nosotros, que recurrimos a la queja por nimiedades.
Oda a las mujeres, que como Laura bien pueden llamarse “Madres coraje.

Ay…Bonita.

Ay Bonita, que bella eres
con ese andar danzante,
regalando con tu sonrisa
alegría a cada paso,
para quienes te cruzan
en su camino, sorprendidos.

No saben tus razones,
y sin embargo te devuelven
tu gentileza de alegrarles el día.

Eres como un Ángel
que transforma esas caras rígidas
y sufridas por las cosas de sus vidas,
en nuevos rostros resplandecientes
confiados y plenos de esperanza.

Ay Bonita, que bella y adorable eres…

Historias de vida

Había finalizado nuestra última clase anual de conversación; en la lengua de inglés británico, el miércoles pasado. La profesora; ex dueña de un Instituto Privado de enseñanza del mismo idioma y con sus joviales ochentosos años, se sorprendió cuando la invitamos a despedir el año, con un almuerzo en el día de hoy.
Aclaro que sus alumnos no somos ningunos niños –seis mujeres y un hombre, que es quien escribe estas líneas, somos adultos mayores pero del siglo XXI, vitales y más que lucidos, que andamos rondando desde los sesenta y tantos hasta pasados los setenta.
Vaya sorpresa, durante todo el año -desde marzo- solo fuera de los contenidos de cada clase, hablábamos circunstancial mente de aspectos personales de uno u otra. No obstante, hoy fue toda una sorpresa.
Habíamos quedado en encontrarnos en un restaurante que había reservado Mercedes, a las 13 AM. Mi día hoy venia complicado; debía ir a la Facultad de Ciencias Económicas, luego a uno de mis médicos para hacer una consulta y recién una vez desocupado, dirigirme al lugar.
Al entrar y casi al unísono las ubique, porque ellas levantaban la mano como indicándome donde se encontraban. Llegue; les di un beso a cada una ( Alicia “la profe”; Mónica; GracielaAdriana; Mercedes; Cristina y Lucy), la broma de rigor que suelo hacer, para sacarle una sonrisa a todas y pedirles permiso para ir al baño, a lavarme las manos.
No fue enriquecedor lo que almorzamos. Fue enriquecedor; creó que para tod@s- conocer nuestras historias de vida, que desvestimos en la mesa con una naturalidad tal, como si nos conociéramos y fuéramos amig@s de toda la vida.
Debo decir, que del grupo incluida “la profe Alicia”AdrianaGraciela, Mercedes y Lucy son viudas; Mónica enviudo hace cinco años, pero volvió a casarse el año pasado y finalmente Cristina y yo, separados.
Es de imaginar que cada una de aquellas que perdieron a sus parejas, manejaron el duelo de distinta manera. Pero lo más doloroso; fue enterarme que dos de ellas, habían perdidos sendos hijos de 14 y 2 años, respectivamente. Que vivieron situaciones tan dolorosas que les provocaron problemas mentales tan graves, traducidos en ataques de pánico u otras jugarretas de la mente, y que debieron atenderse por profesionales de la psiquiatría y psicología.
Hablamos de como habíamos construido nuestros hogares; el nacimiento de nuestros hijos, donde se encontraban, que hacían, que habíamos estudiado, como habíamos vivido nuestra niñez y adolescencia, y a que nos dedicábamos en este tramo de la vida, que nada tiene de otoño, porque los años nos han dado la sabiduría necesaria, para saber que cada día en que amanece, comienza una nueva vida.
Hablaron de las suegras y consuegras, de las nueras y de los yernos. Para bien o para mal, lo que me resulto delirante escuchar, en algunos casos. Es como si todos nos hubiéramos quedado desnudos; poniendo nuestras emociones y sentimientos sobre la mesa, de una manera tan espontánea que hasta parecía guionado.
Es que en lo profundo de nuestras almas; creó que a veces las cosas se dan y no por casualidad tod@s decidimos abrir el grifo y mostrarnos tal como somos, sin ataduras ni disfraces. Que maravilloso es mirarse a los ojos cuando hablamos de nuestras vidas a libro abierto, nuestros sacrificios y dolores, nuestros proyectos aun hoy, para alcanzar. Brindamos felices golpeando una y otra vez, las copas deseándonos unas felices fiestas y bienaventurado 2020. Parecíamos jóvenes de otro tiempo, pero es que así lo somos. Eso sí, todas se rieron cuando les dije que yo pensaba ser centenario. Muchas se adhirieron a eso y que bueno resulto, fue una bocanada de aire fresco que recorrió todo el salón del restaurante, donde la gente no entendía –o no quería- la felicidad que nuestros rostros regalaban, sin cargo alguno. El hasta luego, resonó fuerte. Nos fuimos pensando en vernos en marzo del 2020. Chochos de nuestras vidas. Salud!

“Tati” mi viejo amigo

Acodado sobre el mostrador del bar

somnoliento por el alcohol que ha bebido,

me hizo recordar a un personaje

de una película de taitas como aquellas

que escribía nuestro ilustre Borges.

 

Me acerque al conocerlo, resulto ser

uno de mis amigos de la infancia, el “Tati” Parril.

Levanto su cabeza, primero no me reconoció.

Hacía ya dos décadas de la última vez

que por casualidad nos cruzamos

en una esquina de mi Buenos Aires,

que te fagocita en su jungla de acero

enviándonos al olvido de nuestra historia.

 

Le dije –“Tati” soy yo “Eddie”-

Un ahh…con tremendo olor a alcohol

salió de esa garganta, que fue

un murmullo de dolor,

más que de sorpresa.

 

Me senté a su lado, le apoye mi mano

en su hombro y no hubo necesidad

ni siquiera de preguntarle,

-sabes, mi querido amigo-

me abandono después de 30 años.

 

Traicionándome hace 5, pero sabes

me hacia el que no veía, muriendo de dolor

y para no perderla, permití la humillación.

 

Solo lo escuche, lo que no tiene remedio

no se puede curar, nada más que contener

prestarle el oído a quien sufre,

y bien sabe, que quedara solo entre los dos.

Falso guión de amor

Continuas golpeando a mi alma herida
cual granizo que destruye mis tejidos,
no te basto ser la autora de un guión
pleno de fantasía y de locura.

Escribiste un “te amo” con tinta indeleble,
atroz mentira que sostuviste por añares,
hasta que tu traición artera lo hiciera trizas.

Aun hoy, que me has dejado
te atreves a enviarme mensajes
de falso arrepentimiento, cuando sabes
que vives con él y solo lo haces,
para llevarme al abismo que me has creado.

Hasta pareces la reina pelirroja y deforme
de Alicia en el País de las maravillas”,
y en tu guión me convertiste, en el ridículo bufón
del cual, todos se ríen.

Porqué tanto odio, luego de haberte
dado tanto?
Ese mismo odio te destruirá a ti,
sin duda alguna, algún día.
Solo deseo que quien esta contigo
se dé cuenta a tiempo
del monstruo que has sido siempre.

Haz hecho del amor un juego,
solo un instrumento de tus intereses.