Siete curiosidades sobre Virginia Woolf que pocos conocen.

  • Escritora y referente del feminismo, saltó a la fama por textos revolucionarios, como «Un cuarto propio» o «La señora Dalloway», pero también tuvo una intensa vida controversial para la época.

Es una de las figuras literarias más importantes del siglo XX. Nació en Londres en 1882 con el nombre de Adeline Virginia Stephen y se convirtió también es una de las voces más influyentes del feminismo moderno gracias a sus textos. 

La británica fue pionera en la reflexión sobre la condición de la mujer y sobre las relaciones de estas con el arte y la literatura, temas reflejados en «Un cuarto propio» y «Orlando». 

Consideraba que la sociedad tenía a las mujeres encorsetadas, puesto que no podían ir a la universidad y eran educadas por un tutor en el hogar.

1. Una educación poco convencional

No asistió a la escuela sino que se pudo recibir una buena educación gracias a que sus padres, dos personas muy interesadas por la cultura, se relacionaban con numerosos intelectuales. 

2. Su matrimonio

La autora del feminismo por excelencia se resistía en un principio a la idea del matrimonio, pero su carisma e inteligencia atraía a hombres e intelectuales de la época.

Finalmente. accedió a casarse con Leonard Woolf, de quien tomó su apellido. El casamiento fue en 1912, cuando Virginia tenía 30 años, una boda más que tardía para la época. 

Previo a ello, había tenido otros siete pretendientes, pero los rechazó a todos. Entre ellos, se encontraba el hijo de Charles Darwin. 

3. El Círculo de Bloomsbury

Al igual que sus padres, toda su vida estuvo rodeada por intelectuales, al punto que llegó a pertenecer al Circulo de Bloomsbury, un grupo de jóvenes interesados por la libertad de pensamiento. 

4. Pionera en el mundo editorial

En 1917 creó junto con su marido la editorial Hogarth Press, donde se publicaron las obras de los miembros del Círculo de Bloomsbury, entre ellos reconocidos autores como T.S. Elliot y la mismísima Virginia Woolf.

5. Luchadora contra el nazismo 

Además, ella y su marido llegaron a estar en la lista negra de Hitler por su libro «Tres guineas» (1938), donde expresaba una clara censura al fascismo y exponía las dificultades a las que se enfrentan las escritoras e intelectuales, por el poder legal y económico que tienen los hombres en comparación con las mujeres, perjudicadas en su educación y desarrollo en la sociedad.

6. Una vida amorosa controversial

Desde un principio la escritora se relacionó con personajes poco comunes para la época: la ética del grupo de Bloomsbury estaba en contra de la exclusividad sexual.

En 1922 Virginia conoció a la escritora y jardinera Vita Sackville-West, esposa de Harold Nicolson, quien fue su amante durante los años 1920.

7. Personajes basados en la vida real

Algunos de los personajes de sus libros se inspiran en personajes reales, como es el caso de el/la protagonista de «Orlando», que se inspiró en Vita Sackville-West, su amante y también escritora. 

La obra consiste de una biografía fantástica en la que la vida del héroe epónimo abarca tres siglos y ambos sexos.

La novela, traducida al español por Jorge Luis Borges, trata temas considerados tabúes en su época tales como la homosexualidad, la sexualidad femenina y el papel de la mujer dentro de una sociedad y como creadora literaria.

En otra novela, «La señora Dalloway», la protagonista tiene un enorme parecido con Virginia, aunque representa justamente todo lo que Virginia siempre se negó a ser. 

Imagen de portada: Gentileza de Entre Líneas. Autores y Libros. 

FUENTE RESPONSABLE: Entre Líneas. Autores y libros. Noviembre 2021.

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Virginia Woolf y Jorge Luis Borges, dos poemas para surcar el cielo.

Me gustaría dedicarme a coleccionar nubes, catalogarlas en figuras imposibles y archivarlas en una mente poco entrenada para el placer de contemplar la belleza efímera, esa que se transforma con el viento.

Sería una buena tarea la de escudriñar las formas de estos seres etéreos que vagan entre el cielo y la tierra. Me encantaría que me enseñaran a distinguir cada pequeño mechón de algodón que forman paisajes callados encima de nuestras cabezas. Saber algo más de ellas, por qué descargan su ira, por qué se empeñan en esconder soles de invierno, de qué están hechas, a qué suenan y si sienten algo cuando las atravesamos con aviones inoportunos en latitudes, destinos y horarios.

   

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Pintura de Jorge Fin

Quizá me haga miembro del original club conocido como ‘Cloud Watchers’ (observadores de nubes), nombre que incluso ha dado título a una colección pictórica de quien posiblemente sea el miembro más activo de los cloud watchers: Jorge Fin, el ‘pintor de nubes ‘. Un club está dado al mero hecho de mirar, de observar, de ponerles formas a un estado de ánimo, a un momento. 

Volamos, una vez más, a la palabra en voz de dos relatores de la vida.  Las nubes alimentan la imaginación colectiva, las observamos para tratar de revelar sus misterios. Hoy queremos observarlas a través de sus palabras. 

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Pintura de Jorge Fin

Jorge Luis Borges, “Nubes”

No habrá una sola cosa que no sea

una nube. Lo son las catedrales

de vasta piedra y bíblicos cristales

que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,

que cambia como el mar. Algo hay distinto

cada vez que la abrimos. El reflejo

de tu cara ya es otro en el espejo

y el día es un dudoso laberinto.

Somos los que se van. La numerosa

nube que se deshace en el poniente

es nuestra imagen. Incesantemente

la rosa se convierte en otra rosa.

Eres nube, eres mar, eres olvido.

Eres también aquello que has perdido. 

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Pintura de Jorge Fin

Virginia Woolf, fragmentos de Las olas

Allí estaban las nubes grises y flotantes y el árbol clavado, el árbol implacable con su corteza de plata cincelada.

El borbollón de mi vida era infructuoso. Yo no podía pasar al otro lado.

Él disipa las nubes de polvo que se agitan en mi espíritu trémulo, ignominiosamente agitado, y el recuerdo de las danzas alrededor del Árbol de Pascua de los regalos envueltos en papel.

Se diría que el mundo entero estuviese hecho de flotantes líneas curvas: los árboles en la tierra y en el cielo las nubes.

A través de las ramas de los árboles contemplo el cielo.

Parece que la partida se estuviera jugando allá arriba.

Débilmente, entre las suaves nubes blancas, escuchó el grito de: «¡Correr!» o «¡Arbitraje!».

Las nubes parecen perder guedejas de blancura a medida que la brisa las va despeinando.

Si aquel azul pudiera durar eternamente, si aquel hueco entre las nubes pudiera durar eternamente, si este instante pudiera durar eternamente…

Tomo a los árboles y a las nubes como testigos de mi completa integración. 

Imagen de portada: Gentileza Cultura Inquieta – Por Jorge Fin

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta por Silvia Garcia

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