Misterio en Giverny – III Parte

Era habitual que Monet; recibiera en su reformada y bella casa de Giverny, a artistas excepcionales de la talla de Auguste Rodin o  Paul Cézanne. Este último si bien seguía los pasos del fundador del impresionismo; era evidente que en Monet sus obras se concentraban en paisajes y escenas de la naturaleza, razón por la que prefería pintar en exteriores y con trazos rápidos.
Paul Cézanne en cambio es considerado post impresionista y fundador de la pintura moderna. En su caso, la pincelada es más opaca y la aplicación de la materia es de mayor densidad. No obstante; al conocer a Guillaumin y a Pisarro a quienes conoció en la Academia Suiza de Paris, Cézanne daría un giro radical en su estilo, desligándose de toda norma académica y de la paleta sombría fuertemente empastada que le caracterizaba.
Como sus coetáneos, se convenció de la importancia de pintar al aire libre, y tras volver nuevamente a París en 1872, realizó una colección de paisajes en Louveciennes junto a Pissarro y otros artistas, que inauguraron su denominado «período impresionista».
Así tanto Monet y Cezanne, influenciados por Paul Manet quien fue el primero en plasmar en sus obras y fundar el impresionismo, fueron modificando sus estilos a través de su maduración artística. 
Existía en aquel entonces una sensible amistad de Claude Monet tanto con Cézanne como con Auguste Rodin, escultor francés considerado el padre de la escultura moderna, dada su importancia a su ruptura con el canon académico que imperaba en el siglo XIX en Francia.
Fue así que el 13 de abril de 1906; ambos genios visitaron a Monet en su bella casa y era usual que Cézanne ocupara una de las habitaciones de la vivienda, mientras que Auguste Rodin por su personalidad, en la que prevalecía el cuidado de su intimidad, se alojaba en un cuarto en una casa cercana a Monet. 
Ya habían coincidido Monet, Cézanne y Rodin; en 1874, en un grupo de artistas rebeldes expusieron en el estudio parisino de Gaspard-FelixTournachon, conocido como Nadar, en el número 32 del Bulevar de los Capuchinos. Entre ellos se encontraban Monet, Pissarro, Renoir, Degas y Cézanne. Estos formarían la Sociedad Anónima de Pintores, Escultores y Grabadores. Mientras tanto, Rodin seguía en Bruselas y en junio de 1875 comenzó a trabajar con un soldado belga, Auguste Nyet, quien sería el modelo de la obra La Edad de Bronce. La madurez artística de Rodin incluyo el periodo entre 1880 y 1900, de ese periodo derivaron sus más emblemáticas esculturas como El Pensador, El beso y Ugolino y sus hijos.
Casualidad o no; el joven Jean Claude Rochet arrendó el mismo cuarto que el 13 de abril de hacía ya setenta años, había ocupado el genial Rodin. Rochet solía movilizarse por el pequeño pueblo con su bicicleta, para realizar sus compras, ir a la oficina postal o bien para maravillarse en la casa museo de Monet.
Fue en una de estas excursiones; en que observo el maravilloso trabajo de los numerosos jardineros realizando los des brotes y acondicionamiento de los macizos de flores multicolores, como así también la poda de los frutales y glicinas.
Richard Busay; se encontraba entre las personas que se estaban realizando esos trabajos de renovación y mantenimiento de los dos jardines de la Casa Museo. Desde su lugar; frente a la vivienda en que se encontraba, vio la repetida curiosidad de Jean Claude, quien por lo menos una vez por semana la visitaba, ya que como artista era su interés, nutrirse de la atmósfera tan especial del lugar, en búsqueda de las técnicas desarrolladas por uno de los padres del impresionismo. Al pasar a su lado, Richard que se encontraba arrodillado, se incorporó y saludo amablemente a Jean Claude, quien le devolvió su gentileza y siguió su camino hacia el atelier de Monet.
Al regresar; volvió a toparse con Richard y sin darse cuenta, quizás por ser contemporáneos, se encontró en una fluida conversación con aquel jardinero de la casa, quien además de su trabajo poseía un encantador magnetismo, razón de su mundana vida y de ser un noctambulo empedernido.
Tan buena impresión tuvo Jean Claude de Richard, que lo invito a que en algún fin de semana o cuando no trabajara en los jardines, encontrarse en una de las pocas cantinas del lugar, a beber algún trago y conversar ambos sobre el París, que habían dejado atrás hacia tan poco tiempo y extrañaban.
Lo bucólico del lugar; a meritaba que ambos jóvenes se encontraran para no solo conocerse, sino sacudirse de la rutina de cada uno de esos días en sus vidas. Así es que quedó encontrarse en De la Capucine, en el 80 de la Rue Claude Monet, un bistro cantina pequeña, que en esa época del año usualmente se encontraba desierto y sin turistas, salvo algunas mesas ocupadas por las pocas personas que vivían en el pueblo.
Solo un momento de tensión tuvo Richard; cuando le pregunto a Jean Claude adonde se alojaba. 
Cuando este le indico; que en el primer piso de la Sra. Isabei, la sorpresa de Richard fue tan mayúscula, que sus ojos casi que se le salieron de sus órbitas y sus músculos se tensaron, pero rápidamente se relajó tratando de no mostrarse extraño a la mirada de Jean Claude.

Continuará

Misterio en Giverny – Parte II

Aun hoy; llegando a Giverny a pie desde Vernon, toda persona que ingrese a la comuna respira e inflama sus pulmones y vacía su mente –alejando todo lo obscuro que pueda existir en ella- al observar el rustico y silencioso paisaje rural, solo interrumpido por el bello trinar de una variedad de pájaros, que se avistan con facilidad.
Aun hoy, como en aquella década del ´70, andar en bicicleta es habitual ya que la superficie del pueblo es mínima, y pasaría desapercibido si no fuera por popularidad de la casa de Monet con sus dos jardines bellamente planificados por el propio artista. Un jardín de flores delante de la casa, que se llama Le ClosNormand, y un jardín de agua de inspiración japonesa del otro lado de la carretera. Las dos partes del jardín de Monet se oponen y se complementan.
El Clos Normad cubre una hectárea y Monet lo transformo en un jardín rico en perspectivas, en simetrías y en colores. El terreno se distribuye en parterres donde los macizos de flores de diferentes alturas crean los volúmenes. Los árboles frutales o de decoración dominan los rosales trepadores, los tallos esbeltos de las malvarrosas y las masas coloreadas de las plantas anuales.
A Claude Monet no le gustaban los jardines organizados o encorsetados. Alía las flores en función del color, como si se tratara de pinceladas y las deja crecer a sus anchas.
A lo largo del tiempo se apasiono por la botánica, cambio planteles con sus amigos Clemenceau o Caillebotte. Siempre a la búsqueda de variedades raras, hizo traer a fuerza de copiosos gastos, bulbos o jóvenes planteles. “Todo mi dinero se va detrás de mi jardín”, confesaba. Pero también a continuación, risueñamente decia: “Estoy maravillado”.
En 1893, diez años después de su llegada a Giverny, Monet compro el terreno vecino a su propiedad del otro lado del ferrocarril. Un pequeño arroyo lo atravesaba, el Ru, una desviación del Epte. A pesar de la oposición de los campesinos colindantes que temían que envenenara el agua al plantar vegetales raros, sin embargo con el apoyo de la Prefectura, Monet hizo excavar un pequeño estanque. En una carta al prefecto del Eure, declaro :Sé trata únicamente de algo para el recreo y el placer de los ojos, y también para tener modelos para pintar; no cultivo más que plantas como nenúfares, juncos, lirios de diferentes variedades que crecen espontáneamente a lo largo de nuestros ríos, y nunca podrán envenenar las aguas”. Quien visita la propiedad –hoy museo- encuentra en este jardín de agua el famoso puente japonés, cubierto por las glicinas, otros puentes más pequeños, sauces llorones, un bosquecillo de bambúes y sobre todo los famosos nenúfares que florecen durante todo el verano. El estanque y la vegetación que lo rodea forman un mundo cerrado, independiente de los campos aledaños.
Ese maravilloso puente japonés, fue pintado por el artista 45 veces! Aunque no se crea. De allí, se observan dos botes amarrados, que fueron parte de las creaciones de uno de los creadores del impresionismo.
Volviendo por aquel entonces a los jóvenes Jean Claude Rochet y Richard Busay; el primero arrendó un atelier, en el primer piso de una casa que aún se encuentra 81 rue Claude Monet, no muy lejos del Restaurante Baudy, que antaño era un hotel, donde los artistas principalmente norteamericanos, pasaban una temporada.
Richard, en cambio y obviamente con referencias falsas se presentó ante la Administración de la Casa Museo de Monet, ofreciéndose como jardinero a sabiendas de la rotación de personas para dicho trabajo, que requiere de 400 horas semanales para los 20.000 metros cuadrados de la superficie que ocupan ambos jardines. Luego de obtener dicho empleo, preguntó dónde podía hospedarse y le recomendaron a la vecina Sra. Amélie Isabei, quien disponía de una habitación sobre la Rue Blanche-Hoschedé-Monet, cercano a la Casa Museo. Se presentó ante Madame Isabei y con su encantadora seducción, cerró rápidamente el alquiler de la habitación con la dama, que quedó encantada de tener de huésped a ese “gentil caballero”. 
No solo Madame Isabei sino muchos más, hubieran pensado todo lo contrario de Richard, de conocer sus verdaderos propósitos. Él ya tenía su objetivo; al que debía encontrar y después de tantas canalladas con algún arresto incluido, se transformaría en un rico caballero codiciado por las burguesas jóvenes parisinas.

Continuara…

Misterio en Giverny

Sucedió en el pueblo de Giverny, en la región de Normandía a unos 80 km. de París, Francia. Sí; el mismo pueblo en que vivió por 30 años el afamado pintor Claude Monet. El mismo que pinto casi más de treinta de sus obras, en la casa que habitaba, hoy convertida en museo para la algarabía de turistas y curiosos, que no solo pujan por ver su atelier, sino para recorrer cada rincón de la casa incluso el baño, en donde prevalece la bañera, un extraño bidet y el tocador. 
Ni que hablar de sus jardines, que rodean el lago que el propio pícaro Monet, construyo desviando un brazo del Río Sena, en donde aun pueden observarse, ademas de un exquisito puente, amarrados los dos botes o sus réplicas, pintados en algunos de sus cuadros por el artista.
Pero no estoy aquí para describir la vivienda de Monet; que por supuesto recomiendo a quien pueda visitarla, como seguramente se que lo hará, si se encuentra en París, dada su cercanía.
Giverny es afamado por haber vivido el excepcional artista; y la popularidad de aquel, llevo a muchos de sus ignotos colegas, aun en la actualidad, a radicarse en el pueblo por la paz que transmite y en donde a los artistas, me atrevo a suponer les hablan al oído, sus musas inspiradoras.
Pero fue también el lugar en donde el 30 de julio de 1976, se cruzarían las vidas de dos desconocidos que tendrían una experiencia inolvidable e histórica, por los hechos que se desencadenaron a partir de dicho encuentro. Tal es así, que lo sucedido aun hoy, continua sigue siendo un secreto guardado bajo cuatro llaves, por los descendientes de ambos hombres.
Los habitantes de Giverny se han dedicado al cultivo de la vid desde la época de los merovingios. La iglesia local fue construida durante la Edad Media, tiene un estilo parcialmente románico y está dedicada a Santa Radegunda. Es un pueblo con características rurales y que en la actualidad cuenta con una población de aproximadamente 500 habitantes.
El paisaje que le gustó a Monet no ha cambiado. En la lejanía se ve el río Sena, campos y prados. El pueblo está situado sobre una colina y consiste principalmente en una calle larga, la rue Claude Monet. El museo Monet está casi al final de la calle opuesta a Vernon.
Pues bien aquel día de 1976; dos jóvenes Jean Claude Rochet y Richard Busay se encontrarían y vivirían un hecho, que cambiaría sus vidas. El pueblo ya tenia una media docena de galerías de arte donde se podía admirar y comprar obras recientes de varios estilos. Aun hoy; es práctica corriente hacerlo, para los visitantes que ingresan al pueblo, encontrando además almacenes de regalos en los museos y en su cercanía.
La particularidad es que varias de las casas del pueblo, de la misma manera que tienen su entrada por el frente, también tienen en el contra frente una puerta similar, de aquellos lejanos tiempos en que los moradores se dedicaban al cultivo de sus huertas.
Ambos; Jean Claude Rochet y Richard Busay habían coincidido en el lugar, pero por distintas motivos. Jean Claude provenía de una familia burguesa acomodada y su intención era radicarse en el pueblo, luego de finalizar una fatigosa carrera en la Escuela Superior de Bellas Artes, también conocida como “Beaux Arts de París”, de prestigio internacional. 
En cambio; Richard era un joven ladronzuelo que arribaba al pueblo desde el profundo París, en donde ya los guetos de inmigrantes, se habían hecho visibles en su periferia. 
Su llegada al pueblo; solo era motivada por una valiosa información que le habían proporcionado; acerca de la existencia de una obra de arte excepcional, valuada en millones de euros en el mercado internacional.

Continuara…

Imagen; frametoframe.ca

Sensatez

Tan nerviosa estabas
que no sabías eludir,
preguntas que los demás
te hacían de tu pareja,
en realidad de la nuestra
más que tortuosa pareja
de casi dos décadas.

En un ángulo del salón,
te observaba con mi copa
jugueteando entre mis dedos.

Vi tu rostro tenso
ante la sutil indiscreción,
como si no soportaras
la estupidez de otros,
supe convencido al conocerte
que te produjo esa sensación
de ahogo y pánico, y a la vez
angustia como nunca antes.

No entendieron siquiera,
que nos separamos
para mantener nuestro amor,
ya que la convivencia
se había transformado
en la lenta agonía.

Nos dejamos abrazar
por esa falta de voluntad 
de reconocer errores 
y corregirlos con la inmediatez
que debimos esgrimir
con sensata adultez.

O bien construir sorpresas
que ahuyentarán las rutinas.

Sin embargo hoy ciertamente
volvemos a ser felices,
ya que el amor fue más fuerte
que la propia mimetización
en aquella, otrora convivencia. 

¿Quien eras?

Ha pasado el mediodía,
inicio la tarde
frente al teclado,
y vuelvo a pensarte
en el recuerdo
de ese sueño de anoche,
donde la encantadora luz
de tu presencia,
me lleno de paz
aunque fuera
solo por un momento,
mirando tu rostro
como lo hice hace tanto,
pero ahora juvenil y difusa,
contraria a mis años
con los que hoy, convivo.

Extraña mezcla
de imágenes encontradas,
en donde me llevabas
por caminos para mí
desconocidos, solo
para alcanzarme a lo
que un día
fue mi hogar,
brindándome esa sorpresa
de encontrarme frente
a aquel que abandone
hace un tiempo,
y nosotros, ambos extasiados
riéndonos como adolescentes
junto a mis hijos, compartiendo
ese nuestro y tan desigual amor.

Reencuentro tardío

Sucede cada minuto, cada hora
en el transcurso de un nuevo día,
aguardando ansioso tu llamado
el que me motiva a desearte
junto a mí, como aquel viejo anhelo.

Es solo escucharte respirar
entre la sinfonía de tu voz,
toda vez que dices amarme
como en aquel tiempo ya lejano,
cuando adolescentes éramos
jurándonos caminar juntos,
intenciones que solo fueron
ciegas a nuestros deseos.

Hoy, que los años han pasado
volvemos a encontrarnos,
como en aquellos tiempos
y como entonces juntamos
aún más fuerte nuestras manos,
para emprender este camino
regalándonos lo deseado,
un amor sin dobleces, que sera eterno.

Estoy al límite…

No puedo ya con ellos,
no dejan cada noche 
de visitarme e ingresar
como sueños no deseados,
abominables a mí descanso 
con impredecibles argumentos,
no les importa el daño
que me hacen, mis párpados
dolientes que luchan
por abrirse y ver la luz,
para hacerme saber
que estoy a salvo.

Es allí, al abrir los ojos
como si quisiera
solo ver el blanco
del techo del cuarto
que esta sobre mí,
vuelvo a respirar profundo
una y otra vez,
para huir del ahogo.

Como desearía
que en lugar de esto,
me entretuviera
la mosca de Cortázar.
volando con sus alas
hacia abajo, lo que seria
el menor de los males
de esta locura mía.

Demonios

Que penoso es no dormir,
cuando pesadillas atraviesan
trayendo historias desconocidas,
con rostros del pasado
los que se convierten
en tormentos inenarrables,
por representar hechos
embebidos en argumentos
demoníacos que se agitan
en tu mente con la sinrazón.

Malos sueños que obligan
a salir de cada uno,
con tu corazón palpitando
veloz y sudor en tu cuerpo.

Con que poco uno se conforma,
huyendo de aquello que aterra
cada noche, al ver la luz del día
Pensando que al volver a dormirte
deberás enfrentar nuevamente,
a esos demonios que bien sabes,
continúan aguardando por ti, siempre.

Prisionero

La fina arena de la playa
en el momento que el sol
del mediodía, le cae sin respiro.
confunde su color en oro,

Tú no te preocupas, tal como
como si fueras demonio encantado
salido de un infierno desconocido,
que uno niega una y otra vez
al ver tus dorados cabellos que caen
hasta tu cintura, dándote esa belleza
que solo estremece y mete miedo.

Miedo a acercarte a ti, ninfa
de engañosa figura humana,
que pretende arrancar mi corazón
para llevárselo lejos y hacer de el
en tu torre encantada, prisionero.

Como huir de ti, si ya al mirarte
me has seducido con tu desenfado.

Insensatez

Brumosa mañana, calles desiertas
frío intenso que hace que la soledad
llegue más intensamente hasta el alma,
preciso instante en que pienso en ella
moviendo mis recuerdos para decirme
una y otra vez, lo que me llevo a perderla.

No saber escuchar, cuando a veces
acompaña más el silencio a lo que te dicen,
que dar una respuesta sin entender
las palabras que te brindan en un mensaje
no de aprobación, solo diciéndote
algo tan simple que se alejara de ti
hoy, mañana o cuando llegue el día
en que se harte de obcecada ceguera.

Y no reaccione, porque solo pensaba en mí
me había enquistado en la costumbre,
de que el mundo giraba a mi alrededor
sin importarme que el mismo era de a dos,
por ello, así pago hoy este dolor infinito.