Incertidumbre

Se que algo
sucede dentro
de mi cuerpo,
no cesa el dolor
tampoco el hastío,
por el contrario
me visitan cada vez,
en forma más frecuente.

He bajado
la guardia
hace un tiempo,
es como si ya
hubiera dado
y recibido
todo lo deseado.

De las imaginarias
columnas de Hércules
en que todo lo podía,
poco puedo hacer ya
queda solo el recuerdo
de haber bien amado
y ser correspondido.

No se si
mis huellas
alguien
se atreverá
a seguirlas
en la bruma
del ocaso
de la vida.

Ya me falta
la fuerza
de otrora,
el paso rápido
la palabra certera
sin enojo,
la experiencia
de los años
desandada
por la vida,
ayudándome
a ayudar
anónimo
sin publicar,
tomando
la decisión
por el bien del otro.

Es como
si fuera
en camino
a un nuevo
encuentro
con algo
desconocido,

Ante el Café…

Qué precisión la de Antoni Martí Monterde, en las páginas de La erosión (Minúscula, 2021), para describir los cafés de Buenos Aires (y algo después, los de Rosario).

Para describirlos y para pensarlos. Hay una característica en la que se detiene de manera especial: las ventanas. La forma en que de por sí definen la relación con el afuera, con la calle, con la propia ciudad.

Monterde distingue en este sentido los cafés de Buenos Aires de los que preponderan en ciudades como Barcelona, que es donde vive, que suelen estar más metidos hacia adentro, o bien recurren a cortinas para efectuar su separación.

Pero los distingue también a partir de las ventanas, de los bares de paredes vidriadas, ya que a ese contacto visual con el exterior, que es pleno, le falta algo: le falta el marco. Las ventanas cumplen, en los cafés, la misma función que los marcos en los cuadros: separa un adentro y un afuera, los separan para la mirada, para el propio contemplador.

La pandemia lo alteró todo. Y en ese todo también, muy marcadamente, la figuración de los espacios interiores y exteriores; por lo pronto, la de las casas y las calles (lo difícil que sigue siendo desactivar esa premisa ideológica fundante: que en la casa está el refugio, que en la calle está el peligro).

Los cafés asumen, en este sentido, especialmente para los habitués, una función de enorme importancia, porque establecen en el afuera una nueva interioridad. Una interioridad que, sin dejar de serlo, algo tiene de lo abierto, y modifica por eso mismo la relación con lo exterior.

Ahora en Buenos Aires los cafés están abiertos, pero solamente en las veredas y no en su parte interior. Así que ahí nos ubicamos: para mirar por la ventana, pero ahora desde afuera hacia adentro.

Un poco como en el “Cafetín de Buenos Aires” de Discépolo, la ñata contra el vidrio. Y un poco como en “Ante la ley” de Kafka: suspendidos en el umbral, ante lo abierto e inaccesible.

FUENTE: Editorial Perfil – Martín Kohan

Una palabra por 30 días.

Hoy: Cuerpo       Palabras: 134

Dejamos el salón comedor; no sin antes saborear el postre, que en mi caso fue “quesillo con dulce de cayote y miel de caña”. Esa; diríamos fue la gota que rebasó el vaso. Camino a las habitaciones; Laura sincera y socarronamente me dijo -si en tan poquísimos días, sigues comiendo de esta manera, no quiero imaginarme cuánto tendremos que abonar por sobrepeso en el aeropuerto al volver”….-

Reí con ganas; y solo atiné a contestarle como quien guarda su culpa -”No te preocupes Laurita, tu bien sabes que tengo un cuerpo privilegiado y un metabolismo de adolescente”- 

Tal como estaba previsto; a la mañana temprano partimos hacia Cachi, una pequeña ciudad del Valle Calchaquí, en el noroeste de Argentina, conocida por sus casas de adobe y sus blancos edificios coloniales, que se debe visitar.

Ciudad de Cachi – Provincia de Salta – República Argentina.

MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO

Soldados del antiguo egipto, un ejército preparado para conquistar.

Durante su dilatada historia, Egipto dispuso de un ejército que fue perfeccionando y profesionalizan-do a lo largo del tiempo para adecuarlo a la transformación del país en una potencia conquistadora. La profesión de soldado prometía aventuras y botín, además de prestigio social. Pero no siempre era así.

“Resido en Kenkentaui y estoy sin personal […]. Pasó el día escudriñando lo que hay en el cielo, como si estuviera cazando pájaros. Mi mirada atisba furtivamente el camino para ascender a Palestina. Pasó la noche bajo árboles que no tienen fruto alguno que comer. ¿Dónde están sus dátiles? Ninguno hay; no producen. El mosquito está aquí, en el crepúsculo […] y chupa de cada vena […]. Aquí hay doscientos perros grandes y trescientos lobos, en total quinientos, que cada día están atentos a la puerta de la casa cada vez que salgo, porque ellos huelen la bebida-seber (un tipo de bebida sin especificar) cuando se ha abierto la jarra […]. Un escriba está aquí conmigo. Cada vena de su rostro es… la enfermedad… ha crecido en su ojo y el gusano roe su dentadura. No puedo dejarle desamparado cuando sale de mi compañía. Así pues, deja que su ración se le dé aquí, para que pueda tener reposo en la región de Kenkentaui”.

Pasó la noche bajo árboles que no tienen fruto alguno que comer. ¿Dónde están sus dátiles? Ninguno hay; no producen.

En este pequeño y esclarecedor texto del Reino Nuevo (1539-1077 a.C.), un oficial del ejército egipcio destinado en un puesto fronterizo, lejos de la actividad y el bullicio de la batalla, narra el aburrimiento de sus días en un destino muy parecido a un destierro.

El hombre languidece en un lugar lleno de incomodidades, de animales salvajes y totalmente dejado de la mano de dios. De hecho, durante los reinos Medio (1980-1760 a.C.) y Nuevo, los egipcios construyeron en los territorios fronterizos con el País del Nilo fortalezas para proteger las rutas caravaneras, como las de Buhen y Semmna en Nubia, o las que jalonan el llamado Muro del Príncipe a lo largo de la costa occidental del Mediterráneo, hasta el corredor de Palestina.

Representación de un soldado egipcio, con escudo y daga. Dibujo de 1889.

Representación de un soldado egipcio, con escudo y daga. Dibujo de 1889.Foto: Cordon Press

GUARDIÁN DEL ORDEN

Como garante del orden cósmico y universal, el faraón de Egipto tenía la obligación de doblegar a los enemigos del país que amenazaban con invadirlo, por lo que disponer de un ejército disciplinado y bien entrenado era uno de sus objetivos primordiales.

Pero no siempre Egipto fue una gran potencia militar que conquistó y dominó a los pueblos vecinos.

Durante el Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), las misiones que llevaba a cabo el ejército egipcio eran sobre todo de apoyo logístico a las expediciones comerciales al Sinaí o a Nubia, así como de mante-nimiento del orden más que de conquista. Al no ser necesarias competencias extraordinarias para ingresar en el ejército, el servicio militar formaba parte de las muchas tareas que cualquier ciudadano debía cumplir con el Estado (como la construcción de pirámides o la excavación de sistemas de regadío, por ejemplo).

El faraón Ramsés II en combate. Grabado en color de 1865.

El faraón Ramsés II, en combate. Grabado en color de 1865. Foto: Cordon Press.

Durante el Reino Antiguo, las misiones del ejército egipcio eran sobre todo de apoyo logístico a las expediciones comerciales al Sinaí o a Nubia, así como de mantenimiento del orden más que de conquista.

Durante épocas convulsas, en las que la debilidad del poder central se hizo muy evidente, como durante el Primer Período Intermedio (2100-1940 a.C.), los monarcas o gobernadores provinciales, que aglutinaron en sus manos un poder a menudo mucho mayor que el del propio faraón, reclutaron ejércitos privados para controlar y dominar sus territorios. Tras la reunificación del país, ya en el Reino Medio, los faraones de las dinastías XI y XII organizaron batallones de mercenarios libios y nubios (compuestos por hábiles arqueros, que actuaban como temible guardia fronterizas).

En numerosas tumbas de este período se han descubierto algunas maquetas funerarias de madera pintada que recrean a estos batallones militares, como por ejemplo las halladas en la tumba del monarca Mesehti, en Asiut, de la dinastía XI. En la tumba de este noble se descubrieron dos maquetas, una compuesta por arqueros nubios y otra por lanceros egipcios.

Cuarenta estatuillas componen cada una de ellas. Se disponen en cuatro filas de diez y están fijadas a una base plana.

Los arqueros llevan una peluca corta sujeta con una diadema y visten faldellines de vivos colores. Van descalzos y portan tobilleras. En cuanto a los lanceros, llevan también peluca corta y faldellín. Sujetan una larga lanza y se protegen con un gran escudo de piel de animal.

Lanceros egipcios. Maqueta funeraria hallada en la tumba de Mesehti, nomarca de Asiut. Museo Egipcio, El Cairo.

Lanceros egipcios. Maqueta funeraria hallada en la tumba de Mesehti, nomarca de Asiut. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: CC

UNA POSICIÓN ENVIDIABLE

A partir del Reino Nuevo, Egipto se convierte en una gran potencia militar. Faraones como Tutmosis III extienden las fronteras del país hacia los territorios vecinos, hacia Nubia y el Próximo Oriente, mucho más lejos de lo que ningún otro soberano había llegado jamás.

Se hace entonces necesaria la formación de un ejército permanente y regular. La profesión de soldado ya no es una tarea más.

Se hace hereditaria y es un trabajo bastante bien remunerado que comporta un gran prestigio; aporta numerosos beneficios tanto sociales como económicos.

Nace de este modo una jerarquía militar muy rígida, pero perfectamente gestionada por una burocracia compleja y eficiente.

El ejército es en este período una máquina bien engrasada dirigida por comandantes y generales, y compuesta por soldados bien entrenados en el uso de las armas, en la lucha cuerpo a cuerpo y en la conducción de carros, una novedad que los egipcios tomaron de los hicsos y mejoraron para hacerlos más ligeros y veloces.

Prisioneros atados en un relieve del templo de Ramsés II en Abu Simbel.

Prisioneros atados en un relieve del templo de Ramsés II en Abu Simbel. Foto: iStock.

Un buen ejemplo de una sólida y brillante carrera militar a principios del Reino Nuevo nos lo ofrece la biografía del capitán de marinos Ahmosis, hijo de Ibana, que vivió a finales de la dinastía XVII y principios de la XVIII, inscrita en su tumba de el-Kab.

En el texto, narrado como si un diario de campaña se tratase, el oficial hace alarde de su participación en diez expediciones militares y detalla las recompensas en oro, esclavos y tierras que recibió por sus servicios a los sucesivos faraones: “Yo crecí en la villa de Nekheb (el-Khab).

Mi padre fue soldado del rey del Alto y Bajo Egipto Seqenenre, justo de voz […]. Cuando se puso sitio a la ciudad de Avaris (la capital de los hicsos) mostré bravura a pie delante de su majestad.

Por ello fui adscrito al barco llamado El que se alza glorioso en Menfis […]. Se me concedió el oro del valor (la más alta condecoración militar)”. Ahmosis sigue detallando sus victorias como jefe de marinos: “Yo llevé en barco al rey del Alto y bajo Egito Djeserkaré (Amenhotep I), justo de voz, cuando él fue hacia el sur hasta Kush para extender las fronteras de Egipto […].

Yo llevé en barco al rey del Alto y Bajo Egipto Aakheperkaré (Tutmosis I) cuando marchó hacia el sur hasta Khenet-Hen-Nefer para aplastar una rebelión”. Y tras una vida plena al servicio de su país, Ahmosis concluye: “Envejecí, alcancé una avanzada edad. Favorecido como antes y querido por mi soberano descanso (ahora) en la tumba que yo mismo he construido”.

Soldados en un carro de combate. Relieve de Amarna. Dinastía XVIII. Foto: Cordon Press.

En una biografía inscrita en su tumba, un oficial llamado Ahmosis narra su participación en diez expediciones militares y detalla las recompensas en oro, esclavos y tierras que recibió por los servicios prestados a los sucesivos faraones.

Asimismo, los ascensos en el ejército eran motivo de orgullo para quien los recibía, y para su familia (recordemos que la carrera militar era un oficio hereditario) puesto que implicaban prestigio y beneficios económicos.

Como ejemplo de ello podemos ver la carta de felicitación de un oficial a otro que ha sido nombrado capitán jefe de los “Auxiliares de la Fuente”, durante el reinado de Seti II (1202-1198 a.C.): “Cuando tu carta me llegó me alegré sobremanera. Que Re-Horakhti te proporcione larga vida en el lugar de tu padre. Que el faraón ponga los ojos en ti de nuevo. Que te fortalezcas y escríbeme acerca de cómo te va”.

Un escriba hace un recuento de las manos cortadas de los enemigos caídos. Templo de Ramsés III en Medinet Habu.

Un escriba hace un recuento de las manos cortadas de los enemigos caídos. Templo de Ramsés III en Medinet Habu. Foto: iStock.

Pero no siempre había actividad. A veces los destinos eran aburridos y solitarios, como el del oficial que abre este artículo.

En su soledad, el oficial toma una jarra de cerveza para soportar el calor asfixiante. Se acerca el crepúsculo y los mosquitos volverán a acribillarlo inmisericordes… Mira al cielo y suspira. Re castiga con fuerza aun a esta tardía hora.

Qué ganas de que se ponga en el horizonte y emprenda su viaje nocturno de una vez, piensa. El soldado echa un vistazo al perro que está tumbado junto a su silla, resoplando, con la lengua fuera.

Es el pequeño perro del escriba Teherhu (el pobre hombre cada vez está más enfermo), que les hace compañía en su exilio involuntario y que les libra por las noches del ataque de los canes salvajes que atacan a los pocos animales de granja de que los hombres disponen para poder alimentarse.

El soldado vuelve a suspirar. Echa de menos la actividad, las marchas, el asedio a las ciudades enemigas, cortar las manos de los enemigos muertos y esperar una generosa recompensa.

Su pensamiento viaja también hacia la ciudad de Menfis, de donde es oriundo. Allí le espera su esposa, en su modesta pero acogedora casa, donde la pareja tantas noches ha disfrutado del frescor de su pequeño y perfumado jardín.

El soldado se da un manotazo en el brazo. Malditos mosquitos… ¿Cuándo llegará por fin el relevo y podrá volver a su hogar a descansar antes de volver a marchar al servicio del faraón?

Qué bellos recuerdos… Ah, las hermosas y cálidas noches de Menfis…

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC – HISTORIA

Carme Mayans

Una palabra por 30 días.

HOY: Piscina            PALABRAS: 123

Por la mañana; iríamos a recorrer cerca de la plaza del pueblo el Museo Regional y Arqueológico Rodolfo Bravo, con objetos de excavaciones locales, y la catedral de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XIX. Consideramos junto a Laura, que la visita a una bodega o al Museo del Vino, podríamos correr el riesgo de que de la misma manera que les atrajera, les aburriera enormemente. 

Nos sorprendimos con la pregunta de Manuel; al salir del hotel; -¿”ese museo pa, tiene piscina”?-

-No; le respondí, veremos cómo vivían los habitantes de los Valles Calchaquíes, como así también utensilios que utilizaban en aquellos tiempos- 

Este museo privado posee unas colecciones de cerámicas norteñas sobresalientes. Las urnas Santamarianas y San José tienen una calidad excepcional.

Desde Cafayate en recorrido hacia Salta “la linda”. República Argentina.

Una palabra por 30 días.

HOY: Madera            PALABRAS: 150

Muy amablemente; nos llevaron a las habitaciones que tenemos asignadas comunicadas por una puerta entre ambas, para ante cualquier necesidad de los niños, poder comunicarnos sin inconveniente alguno. Luego de asearnos y con los estómagos haciendo ese “ruidito” tan peculiar; bajamos al salon comedor en donde la cena consistió en algo muy típico del lugar, “asado de cabrito” sobre una tabla de madera, acompañado con una exquisita guarnición de morrones tanto para Laura como para mi, ya que los chicos a las verduras les escapan y ellos entonces eligieron  la habitual compañía de generosas porciones de  papas fritas. Nosotros; un buen vino torrontés de la zona. Sofía, Juan y Manuel; jugos naturales de uva recién extraídos, que les parecieron sabrosisimos. 

No debo olvidarme que como entrada; comenzamos con unas exquisitas empanadas, tradicional platillo elaborado con masa de harina de trigo que se rellena con carne picada, queso u otros guisos. 

Cafayate – Provincia de Salta – República Argentina.

Dile de una vez…

Que contradictorio
es el ser humano
al no saber
escucharse a sí mismo,
sin darse cuenta
que lo que declama,
es una espuma
de ilusión perdida
para la vista
de quien dice amar.

Exclama que desea
respetar tu libertad,
sin embargo
inconscientemente hostiga,
cuando tu lo que buscas
es armonía en una mente
agotada de exigencias
a las que no
les encuentras salida.


Como tantos otros
buscas una escucha
que no te resuelva nada,
pero en quien puedas
confiar todas tus penas
aún no resueltas,
que sepa acompañar
aun en el silencio,
el que a veces
nos permite escuchar
los verdaderos deseos
de ese verdadero
ser interior tan profundo.

Eres tu quien esta
en otro tiempo,
lo dices por enésima vez
al vacío sordo eco
que tienes enfrente,
tan desconocido
oyente que ahora resulta,
quien sólo podrá
no ser más
que un buen amigo.

Como tal debe respetar
tu elección de soledad,
tus sentimientos
y emociones como cualquiera,
tal vez acompañarte
sin pretender invadir siquiera,
aun en la más difícil
circunstancia que atravieses,
si así tu no se lo pides.

Ponle de una vez
los puntos sobre la mesa,
de lo contrario
que sepa tomar otra senda,
que se aleje
ya que no te ayuda,
sólo te arrebata,
al no entender que tu corazón,
no podrá jamás
amarlo, ya que para él
callado siempre estará.

TESOROS DE LA ARQUEOLOGÍA

Las 10 joyas arqueológicas imprescindibles del museo arqueológico nacional.

El Museo Arqueológico Nacional (MAN) alberga tantas piezas excepcionales que no cabrían en una lista completa. Por esto hemos preparado esta selección con 10 joyas que no pueden faltar en una visita a este museo madrileño.

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El tesoro de la Aliseda

Un impresionante conjunto de joyas y otros enseres del siglo VII o VI a.C. pertenecientes a la cultura tartésica, una de las primeras civilizaciones de la península Ibérica. Se cree que fue el ajuar funerario de una mujer de la élite, ya que hay varios adornos personales femeninos y están fabricados con materiales preciosos como el oro. Resulta interesante en ellos la influencia orientalizante, fruto del contacto con la cultura fenicia.

La Dama de Baza

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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La Dama de Baza

Esta urna funeraria del siglo IV a.C. representa a una dama de la aristocracia ibera. Además de la información que da sobre la vestimenta de la élite, resulta especialmente valiosa por la representación de los símbolos de esta cultura, como el pichon, que representa el nexo entre la mujer y la divinidad. La urna va acompañada de un ajuar compuesto por panoplias de un guerrero, una representación de las luchas que se celebraban en las honras fúnebres, algo que también da pistas sobre los rituales funerarios y la influencia de la cultura fenicia.

La Dama de Elche

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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La Dama de Elche

Seguramente una de las piezas arqueológicas más famosas de la cultura íbera, la Dama de Elche está datada en los siglos V o IV a.C. y representa el busto de una mujer de la aristocracia. Una oquedad en la espalda sugiere un uso como urna funeraria, mientras que el gran detalle de las facciones y del tocado que luce podría interpretarse como una especie de divinización de la difunta. La delicada factura de los adornos apuntan a un alto estatus y al comercio de bienes de lujo con otros pueblos del Mediterráneo.

El monumento de Pozo Moro

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Ángel Martínez Levas

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El monumento de Pozo Moro

Este impresionante monumento funerario de la cultura íbera consta de sillares de piedra arenisca dispuestos en forma de torre, acompañados de estatuas de leones y relieves de los que se conservan fragmentos. El monumento, del siglo VI a.C., es un magnífico ejemplo de mestizaje cultural: los relieves representan escenas que se han asociado con la historia del héroe Heracles, mientras que los leones son un símbolo muy presente en las culturas del Oriente Próximo antiguo.

Los toros de Costitx

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Lorenzo Plana.

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Los toros de Costitx

Estas tres cabezas de toro fabricadas con bronce, entre los siglos V y III a.C., son un ejemplo exquisito de la artesanía de la cultura talayótica, nativa de las islas Baleares. Se encontraron en el santuario de son Corró (Mallorca), por lo que han sido interpretadas como la representación de una divinidad. El toro era un animal venerado por varias culturas prehistóricas del Mediterráneo como un símbolo de fuerza, vitalidad y fertilidad.

Las estatuas de Livia y Tiberio

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Gabriel López Pérez

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Las estatuas de Livia y Tiberio

Colocadas en el patio romano del museo, esta pareja de estatuas de mármol representan a Livia Drusila, esposa del emperador Augusto, y su sucesor Tiberio, hijo de la primera. Durante la época del Imperio Romano, este tipo de efigies tenían una gran importancia política como representación del poder, especialmente en territorios de frontera donde la institución imperial era percibida como algo lejano. El hecho de que una mujer como Livia tuviera una estatua que la ponía a la par con el emperador demuestra el gran poder que ostentó en vida.

La sala de los mosaicos romanos

Museo Arqueológico Nacional. 

Foto: Gabriel López Pérez (www.fotoespacios.com)

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La sala de los mosaicos romanos

Los magníficos mosaicos que adornan las salas de la colección romana son una de las grandes joyas de esta sección del museo. Proceden de diversas villas de la antigua Hispania y dan una buena idea de los ambientes en los que vivía la élite. Los mosaicos destacan por su excepcional estado de conservación y su gran detalle, que refleja el punto álgido de este arte romano. La colección se completa con una gran variedad de objetos de época imperial, tanto monumentales como del ámbito cotidiano.

El tesoro de Guarrazar

Archivo Museo Arqueológico Nacional

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El tesoro de Guarrazar

Uno de los hallazgos más famosos de la historia de la arqueología española, descubierto por casualidad y recuperado parcialmente tras muchos periplos. Este conjunto de coronas votivas y cruces, fabricadas con oro y piedras preciosas, es un bellísimo ejemplo de la artesanía visigoda y de las influencias bizantinas en la misma. La pieza más famosa es la corona votiva del rey Recesvinto (siglo VII d.C.), aunque todas las demás son de factura igual de exquisita.

El bote califal de Zamora

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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El bote califal de Zamora

Este bote de marfil de elefante data del año 964 d.C., durante el reinado del califa Alhakén II, uno de los periodos más prósperos del Califato de Córdoba. El bote aprovecha la forma cilíndrica del colmillo y está decorado con motivos vegetales y animales que recrean el ambiente de un jardín palatino. Fue fabricado para Zoa, la concubina favorita del califa; además del gran detalle en su elaboración, destaca por tratarse de un material muy costoso y difícil de obtener en al-Ándalus, lo que implica una gran importancia de las relaciones comerciales del Califato de Córdoba con otros imperios del norte de África.

Los jarrones de la Alhambra

Archivo Museo Arqueológico Nacional

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Los jarrones de la Alhambra

Estos jarrones, fabricados durante el siglo XIV en el reino nazarí de Granada -aunque el centro de producción era Málaga- representan uno de los últimos grandes ejemplos del arte andalusí. Su proceso de elaboración era muy laborioso, ya que requería cocer las piezas tres veces, y tuvieron tanto renombre que se exportaron por todo el Mediterráneo. Su elevado coste, su fragilidad y su precaria estabilidad indican que no estaban destinados a un uso práctico sino a decorar los espacios palatinos como símbolos de lujo y riqueza.

 FUENTE: Abel de Medici 

 Museo Arqueológico Nacional Museos Arqueología

NATIONAL GEOGRAPHIC

¡Feliz Cumpleaños, Charlie!

Cumple 80 años Charlie Watts, el jazzero que accidentalmente es una leyenda del rock.

El baterista cumple este miércoles 2 de junio 80 años, de los cuales 58 los vivió en el conjunto que lo convirtió en una estrella mundial.

Charlie Watts, el apacible baterista de Los Rolling Stones, único miembro original junto a Mick Jagger y Keith Richards en la actual formación, cumple este miércoles 2 de junio 80 años, de los cuales 58 los vivió en el conjunto que lo convirtió en una estrella mundial, a pesar de que su pasión musical y su filosofía artística se asocian al jazz.

Es que tanto en sus primeros años de formación musical, como a partir de los ’80 cuando formó su propia agrupación, el músico tuvo a este género por sobre el rock como su principal fuente de inspiración, algo que subyace en las interpretaciones encaradas para el combo encabezado por Jagger y Richards.

La vida personal de Watts, marcada por la fidelidad a la esposa con la que se unió en los primeros años de los `60 y por el gusto por la quietud hogareña, se ubica en las antípodas de la de un hedonista rockstar, como la que llevaron sus compañeros de grupo, y también de la de una típica figura del jazz.

Esto no impidió, sin embargo, que cayera en una fuerte adicción a la heroína y el alcohol a finales de los `70 y gran parte de los `80, pero en su caso fue más producto de demonios internos personales que un condimento a un alocado andar.

El baterista es una figura clave en el engranaje de esa gran maquinaria rockera que es Los Rolling Stones, a partir de un sutil y único toque de tambor y una fuerte pero serena personalidad

Más allá de eso, y a pesar de su casi inadvertida presencia, el baterista es una figura clave en el engranaje de esa gran maquinaria rockera que es Los Rolling Stones, a partir de un sutil y único toque de tambor y una fuerte pero serena personalidad que en muchas ocasiones encauzó desmedidos egos dentro de la banda.

La importancia de este músico en el grupo también se extiende a la parte gráfica, como diseñador de algunas portadas de discos editados en los `60, y de afiches de diversas giras.

Nacido en Londres, Watts desarrolló desde muy chico un gusto por el jazz y el rhythm & blues, por lo que sintió que el mundo le sonreía cuando fue convocado en 1961 por Alexis Korner para ser parte de la Blues Incorporated, uno de los más importantes grupos en el Reino Unido de ese género.

Al ver su desempeño en ese combo, los jóvenes Jagger, Richards, Brian Jones, Bill Wyman e Ian Stewart entendieron que ese swing en la batería era el que necesitaba la banda de blues que estaban formando y fueron por él.

Los famosos riffs de Richards y los meneos de caderas de Jagger encontraron su atinado y definitivo ritmo en los particulares tambores de Watts, los mismos que renovarían la sonoridad del grupo en 1981 desde la introducción de “Start Me Up”.

Nacido en Londres, Watts desarrolló desde muy chico un gusto por el jazz y el rhythm & blues, por lo que sintió que el mundo le sonreía cuando fue convocado en 1961 por Alexis Korner para ser parte de la Blues Incorporated

Con un pasado como estudiante de arte y una familia estable, mientras sus compañeros vivían de manera desenfrenada, más aun en épocas de giras, el baterista optaba por mantenerse encerrado dibujando en cuartos de hotel. Mientras todos se codeaban con la crema rockera de la época, él prefería perderse en clubes de jazz.

Tal como se señaló antes, las adicciones llegaron por tensiones personales y no por las ansias de montarse al estilo de vida que proponían sus colegas.

Sin embargo, incluso en su peor momento, Watts siguió siendo el único capaz de ponerle freno a los egos de Jagger y Richards, tal como lo confirma una famosa anécdota con el vocalista en una gira de los `80.

Fue cuando el cantante llamó a su habitación en la madrugada para reclamar que “su baterista” debía estar a disposición porque quería ensayar. Sin inmutarse, Watts se levantó, se afeitó, se vistió de traje, fue a la habitación del vocalista y le pegó una trompada, para luego aclararle: “No soy tu baterista. Vos sos mi cantante”. Dicen que Jagger nunca más lo llamó así.

Fue por aquellos años en los que el grupo entró en un incierto impasse que Watts finalmente formó sus propias bandas de jazz con las que hasta el día de hoy despunta el vicio. Mientras tanto, con 80 años, una adicción a la heroína y un cáncer de garganta superado, espera que la pandemia pase para volver de gira cuando Jagger y Richards lo dispongan. Muy a su pesar.

FUENTE: TELAM

Por Hernani Natale

La Peregrina

La fascinante historia de La Peregrina, la perla más famosa del mundo.

Era la primavera de 1969 y en el apartamento del último piso del Caesar’s Palace, en Las Vegas, Elizabeth Taylor estaba presa del pánico.

Había desaparecido su joya más querida, una perla natural en forma de gota de 2,55 centímetros de largo, por la que su esposo, Richard Burton, había pagado una fortuna recientemente.

La perla en cuestión, conocida como La Peregrina, fue una de las más famosas de la historia. Apreciada por su tamaño, forma perfecta e impresionante procedencia.

Antes de que Taylor la poseyera, La Peregrina había pertenecido a algunas de las dinastías más poderosas de la historia europea y había aparecido en retratos de artistas como Peter Paul Rubens y Diego Velázquez.

Taylor estaba sobre sus manos y rodillas, recorriendo cada centímetro de la alfombra peluda de la suite, pero todo era en vano.

Entonces, notó que uno de sus perros pequineses masticaba algo. “Abrí casualmente la boca del cachorro”, escribió en su libro Elizabeth Taylor: My Love Affair with Jewellery (“Mi amorío con las joyas”) “y dentro de su boca estaba la perla mas perfecta del mundo”.

La historia de La Peregrina abre una puerta al importante papel que han jugado las perlas en la cultura humana como significantes de belleza, poder y riqueza.

Las fotografías de Elizabeth Taylor a menudo capturan su pasión por las perlas naturales.

Se convirtieron en sinónimo de glamour y fama en las décadas de 1950 y 1960, usados por mujeres como Coco Chanel, Jackie Kennedy y Marilyn Monroe: la aristocracia de celebridades del siglo XX.

Elizabeth Taylor fue una de las tantas famosas del siglo XX que adoraron las perlas y su marido, el actor Richard Burton, le regaló La Peregrina en 1969.

Pero el significado cultural de las perlas se remonta en la historia: se cree que la evidencia más temprana de la caza de perlas proviene del año 5000 a. C. en varios sitios de las costas del océano Índico.

Una obsesión por ellas llevó a la formación de algunas de las redes comerciales más antiguas del mundo, que unían los centros de perlas en las costas de India, Sri Lanka, el golfo Pérsico y el mar Rojo con las ciudades del mundo antiguo.

Llegaron a simbolizar a Afrodita, la diosa griega del amor, que se creía que había nacido del mar.

En el arte romano a menudo se la representa emergiendo de una concha o con aretes de perlas, como en los frescos de Pompeya que datan del siglo I d. C.

Muy a comienzos de la historia del arte se forjó una unión entre las perlas y la belleza ideal.

Los romanos eran particularmente fanáticos de las perlas. En el siglo I a. C., Plinio el Viejo describió cómo “las perlas tienen el rango más alto de todas las cosas de precio”.

Los extraordinarios retratos funerarios de la cuenca de Faiyum en el Egipto romano ejemplifican la obsesión por los collares y aretes de perlas, incluso si los propietarios originales en realidad poseían falsos fabricados con plata y vidrio.

Los reales eran tan valiosos que, según el historiador y biógrafo romano Suetonio, un general del siglo I d. C. podía financiar una expedición militar vendiendo solo una de las perlas de su madre.

Suetonio también afirmó que la invasión de Gran Bretaña por parte de los romanos se inspiró en la promesa de sitios para la obtención de perlas en los ríos del país bárbaro.

Murales en Pompeya, incluido este del 62 d.C., muestran a Afrodita emergiendo de las aguas en una concha.

FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES

Murales en Pompeya, incluido este del 62 d.C., muestran a Afrodita emergiendo de las aguas en una concha.

Símbolo sagrado

Incluso las religiones fueron moldeadas por perlas: la Parábola de la Perla en el Evangelio de San Mateo se refiere a una profesión que debe haber sido común en el mundo romano: un comerciante de perlas.

En el Evangelio, Jesús compara una perla con el paraíso y se refiere al compromiso que el creyente debe hacer cuando lo descubre: “El reino de los cielos es como un comerciante que busca perlas finas. Cuando encontró una de gran valor, se fue y vendió todo lo que tenía y lo compró”.

La escasez, la forma y el color puro de una perla también la convirtieron en un símbolo adecuado para Jesús.

Los primeros escritores cristianos como Efraín el sirio, Orígenes y Clemente de Alejandría criticaron abiertamente a las personas que los veían simplemente como artículos de joyería y perdían su verdadero significado cristiano.

Sin embargo, a finales de la Edad Media y el Renacimiento, las perlas se incorporaron a crucifijos decorativos donde sirvieron como símbolos de la pureza de Cristo y la Virgen María.

Riqueza, belleza y pureza espiritual: estas fueron todas las cualidades asociadas a las perlas cuando La Peregrina, el ejemplo más grande visto hasta entonces, fue descubierta en el golfo de Panamá a fines del siglo XVI.

El hecho de que fuera enviada instantáneamente al rey Felipe II de España dice mucho sobre la geopolítica global en el período del Renacimiento y apunta hacia otra asociación que poseen las perlas en el arte.

La conquista y colonización de España de partes del Nuevo Mundo comenzó con los viajes de Cristóbal Colón a finales del siglo XV, y el primer descubrimiento significativo que hizo en estas nuevas tierras fue un botín de perlas impresionantes.

Haciéndose eco de la motivación de los romanos para la expansión en Gran Bretaña, se alentó a los españoles a comprometerse con la colonización porque América era aparentemente un tesoro de perlas.

Entonces, cuando ves un retrato de un romano con perlas, al igual que cuando ves a La Peregrina en varios retratos de la familia real española que la poseía, no sólo significan belleza o pureza.

Retrato de Isabel de Borbón (1628-9) pintado por Peter Paul Rubens

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Varios miembros de la familia real española fueron retratados luciendo La Peregrina, como Isabel de Borbón (1628-9) en este cuadro de Peter Paul Rubens.

También simbolizan las colonias exóticas y lucrativas y el poder inconmensurable obtenido a través del imperialismo.

Un ejemplo de ello es un retrato que hizo Juan Pantoja de la Cruz de la reina de España, Margarita de Austria (esposa de Felipe III), donde La Peregrina ocupa un lugar privilegiado pegada a su pecho.

Es similar a un retrato ecuestre posterior de Velázquez de la reina Isabel de Francia (la esposa de Felipe IV), donde la perla se asienta en medio de un mar de monogramas y símbolos dinásticos en la tela que adorna a la modelo.

La Peregrina se convirtió en un símbolo de la Corona española y es mencionada como una posesión preciada en varias memorias del siglo XVII, incluyendo las del duque francés de Saint-Simon y Mademoiselle de Montpensier, quienes registraron al rey Felipe IV de España usándolo alegremente en su sombrero en la boda de su hija María Teresa y el rey Sol, Luis XIV de Francia.

Algunas otras perlas de tamaño importante fueron enviadas al viejo mundo en esa época, incluida una con el confuso nombre de La Pelegrina, que tiene una forma similar a La Peregrina, y que también fue originalmente propiedad de la monarquía española.

Otra perla con una forma de gota, similar a La Peregrina, fue propiedad de María I de Inglaterra a mediados del siglo XVI. Un retrato de 1554 de ella por Hans Eworth, que muestra la perla de manera prominente, fue comprado por Elizabeth Taylor y Richard Burton cuando se creía que representaba a La Peregrina.

La perla más famosa de la historia del arte es, sin duda, la que se luce en “La niña con un pendiente de perla”, de Vermeer (hacia 1665), que tiene aproximadamente las mismas dimensiones que La Peregrina.

Sin embargo, era imposible que el empobrecido Vermeer pudiera haber tenido acceso a una perla ni remotamente tan grande como esa. El suyo, por lo tanto, debe haber sido completamente imaginario o una perla falsa hecha de vidrio barnizado.

Vermeer incluyó perlas en una gran cantidad de sus pinturas, generalmente como muestra de riqueza y estatus, pero ocasionalmente había un subtexto religioso, como su “Alegoría de la fe católica” (c 1670) donde las perlas son una referencia a la pureza santa (un tema cercano al corazón del artista, que era católico en un país predominantemente protestante).

"La niña con un pendiente de perla", de Vermeer (hacia 1665)

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Esta obra de Vermeer muestra la perla más famosa de la historia del arte, pero lo más probable es que se tratara de una joya falsa o imaginaria.

La Peregrina permaneció en posesión de la familia real española hasta principios del siglo XIX.

En 1808, Napoleón invadió el país y puso a su hermano, José Bonaparte, en el trono. Cuando los franceses fueron expulsados de España, en 1813, José se llevó la perla a Francia y se la dio a su cuñada Hortense de Beauharnais.

Luego fue heredada por su hijo, Charles Louis Napoleon Bonaparte, el futuro Napoleón III, presidente y emperador de Francia a mediados del siglo XIX.

Cuando Napoleón III necesitó impulsar sus finanzas, se la vendió al inglés James Hamilton, duque de Abercorn.

La esposa de Hamilton, Louisa, supuestamente sufrió el mismo pánico que Elizabeth Taylor, perdiendo a La Peregrina varias veces durante eventos sociales, incluso una vez entre los cojines de un sofá en el Palacio de Buckingham.

Permaneció en posesión de los duques de Abercorn hasta que Richard Burton la compró por US$37.000 en una subasta, en 1969.

Después de recuperarla de la boca de su pequinés, se convirtió en una de las posesiones más preciadas de Elizabeth Taylor.

El collar con La Peregrina, cuando fue subastado en 2011

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El famoso collar de Elizabeth Taylor se vendió por casi US$12 millones en 2011.

La Peregrina fue inmortalizada en la cultura una vez más al aparecer alrededor del cuello de Taylor en varias fotografías y películas icónicas, incluida “Ana de los mil días”, de 1969, en la que la actriz realizó un cameo, luciendo su famoso collar.

En diciembre de 2011, tras la muerte de Taylor, se vendió en una subasta por US$11,8 millones a un comprador anónimo.

En promedio, solo una ostra de cada 10.000 producirá una perla de valor moderado. Las posibilidades de producir una en la escala e impecabilidad de La Peregrina son incalculables.

Su nombre significa “La viajera” y la odisea de esta maravilla de la naturaleza, desde los criaderos de ostras del golfo de Panamá hasta las manos de algunos de los personajes más prestigiosos de la historia mundial, es un recordatorio de lo que las perlas han significado para diferentes personas a lo largo del tiempo.

Las perlas no son solo un adorno; también nos hablan sobre el imperialismo, el poder, la riqueza, la pureza espiritual y nuestra comprensión de la belleza suprema.

FUENTE: BBC News – Matthew Wilson

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