El ADN de la mentira: lo que esconde el relato oficial del hallazgo del código genético.

En ‘El secreto de la vida’ (La Esfera), el historiador de la medicina Howard Markel afronta los mitos y leyendas de uno de los mayores descubrimientos científicos de todos los tiempos.

Vista área de la universidad de Cambridge el 28 de febrero de 1953, momentos después de que las campanas de la capilla dieran las doce del mediodía. Dos jóvenes tan felices como alborotados salen a la carrera por el doble arco gótico del laboratorio Cavendish y emprenden camino del Eagle, el abrevadero favorito de los estudiantes y profesores del campus.

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El físico británico de treinta y siete años Francis Crick es el primero en irrumpir en el pub, seguido del biólogo estadounidense de veinticinco años James Watson. El primero grita «¡hemos descubierto el secreto de la vida!«, ante el pasmo de los parroquianos que se están zampando sus platos humeantes de salchichas, ‘fish and chips’ o pastel de riñones. Al menos así relatan las crónicas de la historia de la ciencia el momento cumbre del descubrimiento del ADN, piedra filosofal de la biología moderna, solo que la escena es falsa. 

El propio Watson confesó en 2004 que se inventó aquella frase para dar «un cierto efecto dramático» a su historia. También se lo contó en conversación privada al historiador de la medicina Howard Markel (Detroit, 1960) que, tras años investigando el que no deja de ser uno de los mayores descubrimientos de la historia de la ciencia, se dio cuenta de que aquella no era la única mentira. Tras la leyenda del hallazgo del código genético, tras la imagen dorada de la tarea del héroe científico, se esconde una realidad emponzoñada de mentiras, prejuicios, injurias, misoginia, antisemitismo e injusticias históricas.

‘El secreto de la vida’. (La Esfera)

«El anuncio científico más famoso del siglo XX no ocurrió tal y como nos contaron en la escuela a la mayoría de nosotros. Ese cuento apócrifo, como muchos otros que constituyen la épica investigación de la estructura del ADN, se ha exagerado, alterado, manipulado y embellecido. Enterrado bajo capas y capas de interpretaciones, explicaciones y ofuscaciones, el descubrimiento de la estructura molecular del ADN es uno de los grandes laberintos de la historia de la ciencia. Ya es hora de contar cómo ocurrió todo realmente».

Jim, Francis y Rosalind

Esta es la historia de dos científicos varones que se llevaron la fama y que uno de ellos -Watson- legó para la posteridad en un ‘bestseller’ científico, tan bien escrito como falaz, publicado en 1968 con el título de ‘La doble hélice’. Y es la historia también de una mujer, investigadora genial, aunque borrada por la historia, de cuyos descubrimientos cruciales se apropiaron los dos hombres que después la ningunearon y vituperaron durante décadas. Porque hoy los investigadores tienen pocas dudas de que Rosalind Franklin debió ganar el Nobel de Medicina en 1962 junto a James ‘Jim’ Watson y Francis Crick.

Rosalind Franklin. (Cedida)

Cuando le preguntamos a Howard Markel por correo electrónico por qué lo hicieron, responde: «¿Masculinidad tóxica? Aquello fue muy desafortunado y dañó profundamente a la familia Franklin; no solo perdieron una hija, una hermana, etc. a una edad muy temprana, sino que se hizo conocida internacionalmente como una arpía. La madre de Rosalind dijo que deseaba que su hija nunca hubiera sido recordada de la forma en que fue retratada en ‘La doble hélice'». Markel ha fatigado todo tipo de fuentes, como memorias, biografías, los minuciosos cuadernos de notas de Franklin o los archivos celosamente guardados del comité del Nobel a la búsqueda del relato que más cerca quedara de lo que realmente ocurrió. También ha entrevistado a numerosas fuentes originales que aún viven. Como el mismísimo Watson, que hoy tiene 94 años. Así recuerda Markel en su libro la conversación tan fascinante como inquietante que mantuvo con él en 2018. «No se abstuvo de articular sus puntos de vista repugnantes sobre los africanos, los afroamericanos, los asiáticos y… los judíos de Europa del Este. Se puso rojo de ira ante la sugerencia de que Franklin podría haber compartido el premio Nobel con ellos. Pero admitió que, con respecto a Franklin: ‘No se puede decir que yo fuera exactamente honorable'».

Watson y Crick junto a uno de sus modelos de la molécula del ADN en el Laboratorio Cavendish de Cambridge en 1953. (Cedida)

Después de todos estos años, esta admisión es notable, pero se refiere a un solo incidente específico: el momento del 30 de enero de 1953, cuando el colega de Franklin, Maurice Wilkins, entregó la famosa ‘Fotografía 51’ de Franklin a Watson sin su consentimiento o conocimiento. 

Este fue un momento eureka para el científico, uno que luego describiría así en sus memorias: «En el instante en que vi la imagen, mi boca se abrió y mi pulso comenzó a acelerarse». La imagen reveló precisamente el patrón de doble hélice del ADN, y le abrió a Watson la perspectiva correcta para su modelado en tres dimensiones. 

‘El secreto de la vida’ es una de las mejores crónicas científicas de los últimos años, una apasionante intriga en los laboratorios del King College cuajada de egoísmo y misoginia protagonizada por tres genios que apartaron a uno de ellos, asegura el autor, por mujer y judía. 

Explica Markel que el éxito de la leyenda que quedó plasmado canónicamente en ‘La doble hélice’ es sin duda injusto, pero obedece también a la magia de aquel libro: «Muchos científicos en el pasado se mostraron reticentes a discutir los aspectos humanos de su trabajo, razón por la cual ‘La doble hélice’ fue tan refrescante cuando apareció por primera vez a mediados de la década de 1960. 

Pero hay muchos lugares en el libro donde Watson estira la verdad o exagera las cosas para lograr un efecto dramático. Donde el libro es inexacto, y cruel, es precisamente en las páginas que hablan de Franklin. Pero ni a Crick ni a Wilkins les gustó tampoco entonces y Crick llegó a hacer campaña para que Harvard University Press lo retirara».

Imagen de portada: Rosalind Franklin, James Watson y Francis Crick. (Cedida).

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Daniel Arjona. 23 de octubre 2022.

Sociedad y Cultura/Historia/ADN/Genética. 

 

El ADN del Guerrero del Grifo aporta nuevas claves sobre el origen de los micénicos.

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En la primavera del año 2015, dos arqueólogos de la Universidad de Cincinnati, Sharon Stocker y Jack Davis, descubrieron una tumba intacta de hace 3.500 años con un magnífico ajuar funerario compuesto por joyas y una colección de armas nunca antes vistas. Los investigadores hallaron la tumba bajo unas tierras de cultivo situadas en la ciudad baja que rodeaba la acrópolis de Pilos, el llamado campo de Tsakonas, muy cerca del conocido como Palacio de Néstor. Tras un examen forense se determinó que los restos eran los de un joven de entre 30 y 35 años, de 1,70 metros de altura, perteneciente a la élite y que falleció a finales del siglo XVI a.C. o a inicios del XV a.C. por motivos que aún no se han podido determinar.

El hombre fue enterrado boca arriba, en un sarcófago de madera y envuelto en un sudario; ambos elementos en muy mal estado. Este personaje de la élite micénica fue enterrado con numerosas armas de bronce, una maza en forma de cabeza de toro (aunque también podría tratarse de un cetro), una armadura muy deteriorada, un casco hecho de colmillos de jabalí y una gran espada de más de un metro de largo. Los arqueólogos lo bautizaron como Guerrero del Grifo por unos objetos hallados asimismo en la sepultura: dos placas de marfil talladas en las que se había representado un grifo, un animal mitológico mitad águila y mitad león. Una de ellas se dispuso entre sus piernas.

ORIGINARIO DE GRECIA

La tumba del Guerrero del Grifo fue calificada por las autoridades griegas como la más importante localizada en la Grecia continental desde el descubrimiento de Micenas en el año 1939. Al encontrarse intacta, la tumba es como una ventana al pasado que puede ayudar a los arqueólogos a comprender mejor los momentos previos al colapso del mundo micénico. Desde entonces, Stocker y Davis han seguido con sus investigaciones y acaban de publicar, en la revista Science, en colaboración con un amplio elenco de expertos de todo el mundo dirigidos por la Universidad de Harvard, tres nuevos estudios de ADN sobre este individuos y otras 726 personas que vivieron antes y durante la Edad del Bronce con el objetivo de esclarecer sus orígenes y los movimientos de personas que tuvieron lugar a través de las tierras bañadas por las aguas del Mediterráneo.

La tumba del Guerrero del Grifo fue calificada por las autoridades griegas como la más importante localizada en la Grecia continental desde el descubrimiento de Micenas en el año 1939.

Sharon Stocker supervisa la excavación de la tumba del Guerrero del Grifo en Pilos, Grecia.Foto: Jack Davis / UC Classics

Los arqueólogos Sharon Stocker y Jack Davis durante las excavaciones en la tumba del Guerrero del Grifo. Foto: Palace of Nestor excavations / Department of Classics, University of Cincinnati

Estas nuevas investigaciones sobre el ADN antiguo han demostrado que hace entre 5.000 y 7.000 años, un grupo de población con ascendencia del Cáucaso, una región situada entre el mar Negro y el mar Caspio, se trasladó hasta Anatolia (en la actual Turquía) y hacia el norte de Europa del Este. Más tarde, aproximadamente hace unos 5.000 años, la población de Europa del Este se dispersó por el continente europeo y hacia el oeste de Asia, y de nuevo hacia el Cáucaso. Allí se mezclaron con la población local «creando un tapiz de ascendencia diversa del que surgieron hablantes de las lenguas griega, paleo-balcánica y albanesa», afirman los investigadores. «Cuando observamos el surgimiento de la civilización micénica, el ADN antiguo apoya la noción de que fue un fenómeno local, no algo importado del exterior. El desarrollo del estado por parte de los micénicos era autóctono de Grecia», asegura Davis.

DIETA Y RIQUEZA DEL GUERRERO DEL GRIFO

Las muestras de ADN usadas para el estudio también fueron sometidas a un análisis isotópico para conocer mejor el tipo dieta consumido por los antiguos habitantes de Pilos, y los resultados han puesto de manifiesto que los hombres ingerían muchas más proteínas que las mujeres. Muchos de los individuos cuyo ADN ha sido estudiado fueron enterradas en tholos (una construcción funeraria de forma circular), y ha podido comprobarse que también consumieron más proteínas que las personas enterradas en tumbas de cámara (sepulturas construidas en piedra o en madera). Los investigadores consideran que las dietas altas en proteínas son un barómetro que determina una buena nutrición y que a menudo se relaciona con el estatus, la posición social o la riqueza.

Las muestras de ADN usadas para el estudio también fueron sometidas a un análisis isotópico para conocer mejor el tipo dieta que consumían los antiguos habitantes de Pilos.

Espada descubierta durante las excavaciones en la tumba del Guerrero del Grifo en Pilos. Foto: Palace of Nestor excavations / Department of Classics, University of Cincinnati

Todos estos hallazgos confirman lo que ya se sabía sobre los antiguos rituales griegos: «Por ejemplo, está documentada la participación de los hombres en los banquetes en los que se consumía carne, pero la participación de las mujeres puede haber sido mucho menos frecuente», ha afirmado la profesora de Antropología de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, Lynne Schepartz, la cual en 2016 llevó a cabo una reconstrucción del rostro del Guerrero del Grifo. El ADN antiguo también ha confirmado algo que los expertos ya sospechaban: el Guerrero del Grifo era originario de la región, lo que refutaría la teoría de que podría haberse tratado de un invasor o de un extranjero.

Imagen de portada: Reconstrucción facial realizada en 2016 del aspecto que podría haber tenido el Guerrero del Grifo. Foto: Lynne Schepartz y Tobias Houston /HVRU/Universidad de Witwatersrand

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 14 de septiembre de 2022.

Antigua Grecia/Arqueología/Antropología/ADN/Edad de Bronce

 

Cerco a los tumores imposibles de detectar: ya es posible diagnosticar cáncer en la sangre.

REUNIÓN DE ONCÓLOGOS

Algunos tumores, como el de páncreas, suelen diagnosticarse en fases muy avanzadas, pero ahora se abre paso una nueva esperanza: la identificación de ADN tumoral en la sangre.

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En el diagnóstico del cáncer, lo peor es llegar tarde. Los especialistas siempre destacan que los programas de cribado para los tumores de mama o de colon están siendo fundamentales para aumentar la supervivencia: cuanto antes se encuentra el problema, antes se actúa y más eficaces son las cirugías y los tratamientos. 

Sin embargo, detectar otros tipos de cáncer es mucho más complicado. En el caso del páncreas, por ejemplo, la enfermedad casi siempre está demasiado avanzada. Por eso, muchos de los esfuerzos en el campo de la investigación oncológica van dirigidos a la búsqueda de nuevos métodos de detección temprana que resulten eficaces y, a ser posible, poco invasivos.

¿Podría funcionar un simple análisis de sangre? Parece una buena idea, ya que con un método tan sencillo sería fácil multiplicar los test en la población y anticipar los diagnósticos. Sin embargo, resulta difícil de poner en práctica. Necesitamos identificar biomarcadores que se puedan utilizar en las pruebas y hagan saltar las alarmas. Aun así, ¿tendríamos que ir uno por uno descartando todos los tipos de cáncer? 

El Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO Congress) que se celebra en París en estos días puede suponer un hito en la lucha contra la enfermedad. Allí acaban de presentarse resultados sin precedentes que avalan la precisión de los análisis de sangre de detección temprana de múltiples cánceres (MCED, por sus siglas en inglés).

Aunque aún están en desarrollo, estas nuevas pruebas pueden detectar señales de cáncer relacionadas con más de 50 tipos de tumores diferentes e identificar de qué parte del cuerpo proceden. 

La clave está en la identificación de pequeñas secuencias de ADN tumoral circulante (ct DNA) en el fluido sanguíneo que tienen algunos patrones de metilación diferentes del ADN no tumoral. En concreto, el estudio Pathfinder, que se ha dado a conocer en esta importante cita de la oncología internacional, fue capaz de detectar una señal de cáncer en el 1,4% de un grupo de 6.621 personas de 50 o más años a los que no se le había diagnosticado la enfermedad previamente. 

Además, para otro grupo de 6.290 personas que no tenían cáncer, dio un 99,1% de resultados negativos. Asimismo, confirmó el cáncer en el 38% de las personas que tenían un diagnóstico positivo anterior. 

Entre aquellos con un resultado positivo en la prueba, el tiempo para lograr la resolución del diagnóstico (es decir, encontrar el cáncer o decidir que no había evidencia de malignidad que requiriera más investigación) fue una mediana de 79 días. ¿Cómo logra detectarse en la sangre algún tipo de señal cuando se trata de un cáncer sólido? 

Desde el principio, el tumor va dejando algunas de sus células en el torrente sanguíneo. En los últimos años, el avance de la tecnología de secuenciación vive un crecimiento exponencial y está permitiendo encontrar biomarcadores que hasta hace poco eran indetectables. En este caso, se localizan regiones concretas del ADN tumoral en la sangre del paciente. Algunas empresas, como la española Universal DX, se dedican específicamente al desarrollo de test dirigidos a un tipo concreto de cáncer.

Los autores del trabajo presentado en París destacan que estamos ante la primera investigación prospectiva que muestra que una prueba MCED puede detectar cáncer en pacientes con cáncer no diagnosticado, ya que estudios anteriores demostraron su validez solo con pacientes que ya habían sido diagnosticados anteriormente. 

No obstante, hacen falta muchos más estudios adicionales antes de generalizar esta herramienta. El más importante de los que ya están en marcha es el ensayo clínico aleatorizado que incluye a 140.000 personas asintomáticas en Inglaterra para investigar la eficacia clínica de este tipo de test.

Deb Schrag, autora del estudio. (ESMO)»

Los resultados son un primer paso importante para las pruebas de detección temprana del cáncer porque mostraron una buena tasa de detección para las personas que tenían cáncer y una excelente tasa de especificidad para las que no lo tenían», explicó la autora principal del estudio, Deb Schrag, investigadora del Centro de Cáncer Memorial Sloan Kettering (Nueva York, EEUU). En las personas con una prueba positiva, la confirmación del diagnóstico llevó alrededor de dos meses. En los que finalmente se descartó, la demora fue mayor, principalmente porque los médicos optaron por realizar estudios de imágenes y repetirlos meses más tarde.

«Pocos participantes con una prueba de detección de falso positivo requirieron múltiples procedimientos invasivos, como endoscopias y biopsias. Este hallazgo debería ayudar a disipar las preocupaciones de que estas pruebas podrían causar daño al generar procedimientos innecesarios en personas que se encuentran bien», afirmó Schrag. 

La autora del estudio también hizo hincapié en la importancia de la detección estándar continua para tumores, como el cáncer de mama y colorrectal, ya que las pruebas MCED aún se están refinando y validando, especialmente, para cánceres como el de páncreas, intestino delgado y estómago, donde actualmente apenas hay otras opciones de detección.

Laboratorio de investigación contra el cáncer. (EFE)

En ese sentido, esta investigación supone una «esperanza» para encontrar tumores que son indetectables en sus primeras fases. «Las pruebas deben refinarse para que distingan mejor el ADN tumoral del resto del ADN que circula en la sangre», comentó la experta. «También es fundamental tener en cuenta que el propósito de la detección del cáncer no es disminuir la incidencia del cáncer, sino disminuir la mortalidad por cáncer», matizó.

Cómo afectará al sistema sanitario

A pesar de todas las cautelas, los expertos creen que podemos estar a las puertas de una revolución en el diagnóstico de los tumores. «En los próximos cinco años necesitaremos más médicos, cirujanos y enfermeras, junto con más infraestructura de diagnóstico y tratamiento, para atender al creciente número de personas que serán identificados mediante pruebas de detección temprana de múltiples cánceres», afirmó Fabrice André, director de Investigación del Centro Oncológico Gustave Roussy (Villejuif, Francia) y futuro presidente de ESMO para los años 2025-2026.

«Necesitamos ensayos comparativos en todos los tipos de cáncer para averiguar si tener una prueba de detección temprana afecta a la morbilidad y la mortalidad. 

También necesitamos saber cómo las pruebas benefician a los pacientes y cómo discutir los resultados con ellos», señaló André. “Además, tenemos que saber más sobre la pequeña proporción de pruebas falsas positivas”, comentó en referencia a los resultados que indican la presencia de cáncer, pero finalmente no se confirma. 

Los oncólogos reunidos en París creen que si estas pruebas se consolidan, los sistemas sanitarios deben adaptarse a una nueva realidad. Los análisis de sangre para la detección del cáncer pueden convertirse en un test corriente que desemboque en otras pruebas diagnósticas, de manera que el trabajo de los médicos se puede multiplicar. «Tenemos que acordar quién se hará las pruebas y cuándo y dónde se realizarán, y anticipar los cambios, por ejemplo, en el diagnóstico y tratamiento de personas con cáncer de páncreas y otros tipos de cáncer que generalmente son diagnosticados en una etapa mucho más tardía», destacó André.

Imagen de portada:Investigación del cáncer en un laboratorio. (EFE/Federico Anfitti)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por J. Pichel. 11 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Salud/Ciencia/Cáncer/ADN/Inglaterra.

 

Resuelto el misterio de la peor pandemia de la historia: este es el origen de la peste negra.

LA CLAVE, EN ADN ANTIGUO

Una investigación publicada en ‘Nature’ ubica en Kirguistán y en 1338 el inicio de la peste negra que arrasó al 60% de la población europea del siglo XIV.

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La historia de la humanidad está repleta de nombres de grandes personajes, batallas, descubrimientos y revoluciones. Sin embargo, los hechos que realmente han marcado el devenir de nuestra especie aparecen más difuminados en el relato, ocultos entre una maraña de fechas y muchas veces olvidados. 

Estos últimos años, marcados por el covid, nos han recordado que el ser humano ha sobrevivido a otras pandemias y que algunas han sido mucho más devastadoras. Sin duda, la que se lleva la palma es la peste negra: según las estimaciones más pesimistas, pudo acabar con el 60% de la población de Europa y causar un total 200 millones de muertes en todo el planeta, sumando las de Asia y África. 

El desastre dio lugar a un nuevo mundo, pero hasta hoy apenas sabíamos cuál fue origen geográfico y cronológico. Para los europeos, llegó a bordo de barcos comerciales que alcanzaban el Mediterráneo procedentes del mar Negro y transportaban mercancías desde los territorios de la Horda de Oro, desgajada del Imperio mongol. También conocida como peste bubónica, entre 1346 y 1353 se diseminó por todo el continente, además del norte de África y Oriente Medio. 

Después de esas fechas se dio por desaparecida en la mayor parte de los lugares, pero en realidad se volvió endémica y siguió causando estragos en lo que se conoce como “segunda peste pandémica”, que duró hasta principios del siglo XIX, sumando 500 años de una pesadilla de procedencia desconocida. 

Aunque existían diversas hipótesis, un artículo publicado ahora en ‘Nature’ parece aportar evidencias definitivas: el ADN de antiguos restos humanos sitúa el comienzo de la enfermedad en Asia Central, cerca del lago Issyk Kul, en el actual noreste de Kirguistán, y en la década de 1330.

La investigación es una minuciosa recopilación de datos paleo genéticos, históricos y arqueológicos liderada por científicos alemanes de la Universidad de Tubinga y el Instituto Max Planck, y por la Universidad de Sterling (Escocia, Reino Unido). 

Para encontrar la primera pista hay que remontarse a una excavación arqueológica de hace casi 140 años, cuando en los cementerios de Kara-Djigach y Burana, ubicados en el valle del río Chu, junto a las montañas de Tian Shan, se identificó un número desproporcionadamente alto de entierros de entre 1338 y 1339, con lápidas que indicaban que la causa de la muerte era la «pestilencia». 

Desde aquel descubrimiento, estos restos arqueológicos escritos en idioma siríaco desataron una gran controversia entre los expertos sobre su relación con la peste negra. Este nuevo estudio parece confirmar que sí la tienen. Los científicos han logrado extraer material genético de los dientes de siete esqueletos en cuyas tumbas estaba inscrito el año 1338 y han identificado ADN de la bacteria ‘Yersinia pestis’, causante de la enfermedad, en tres de las muestras. 

La evidencia parece contundente: el debate queda resuelto a favor de que los sostenían que la peste causó esta alta mortalidad en la región y, como mínimo, nos habríamos remontado casi una década en la localización de la enfermedad con respecto a su aparición en Europa, con una ubicación geográfica distinta y concreta que informaría sobre la dirección de la que procedía la pandemia. “Finalmente, pudimos demostrar que la epidemia mencionada en las lápidas fue causada por la peste”, afirma Phil Slavin, uno de los autores principales del estudio e historiador de la Universidad de Stirling.

La evolución de la bacteria

Sin embargo, el análisis del ADN permite sacar conclusiones aún más interesantes. Los científicos creen que este rincón de Kirguistán es el verdadero origen de la peste negra por la evolución genética de la propia bacteria. Estos restos de ‘Yersinia pestis’ pertenecen a una sola cepa y son el ancestro común más inmediato a un evento de diversificación genética que dio lugar a distintos linajes, una cuestión que ya se conocía gracias a la secuenciación completa del genoma de este microorganismo, publicada también en ‘Nature’ en 2011

Ese “big bang’ de diversidad de la peste”, como lo llaman los expertos, tuvo que ocurrir en algún momento previo a la expansión de la enfermedad en el siglo XIV. Ahora, “hemos descubierto que las cepas antiguas de Kirguistán están ubicadas exactamente en el nodo de este evento de diversificación masiva. En otras palabras, encontramos la cepa original de la peste negra e incluso sabemos su fecha exacta”, comenta Maria Spyrou, autora principal e investigadora de la Universidad de Tubinga, en referencia al año 1338.

Víctimas de peste negra en una ilustración de la Biblia de Toggenburgo.

No obstante, quedaría por saber de dónde vino exactamente esa cepa.

¿Evolucionó justo donde se ha encontrado o se propagó desde otros lugares? En realidad, la peste no es una enfermedad propiamente humana, sino que la bacteria sobrevive en roedores salvajes de todo el mundo, es decir, lo que se conoce como un reservorio animal. De hecho, las pulgas de las ratas son el vector de la enfermedad, un intermediario clave para el contagio, aunque también se produce por un contacto estrecho entre personas, de tejidos o gotículas respiratorias. 

Los investigadores creen que esta cepa, causante de la epidemia de 1338 y 1339 en torno al lago Issyk Kul, tiene que haber saltado de estos animales al hombre en este escenario. Pero, además, “encontramos que las cepas modernas más estrechamente relacionadas con la antigua se encuentran hoy en reservorios alrededor de las montañas Tian Shan, muy cerca de donde se encontró la cepa antigua”, explica Johannes Krause, otro de los autores del estudio y director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. 

Es decir, que la prolongada segunda peste pandémica tendría esta misma procedencia, una cuestión igual de relevante para la epidemiología. “Las pruebas aportadas abonan la tesis del origen asiático de la segunda ola de la peste negra”, destaca en declaraciones a Teknautas Adrián Hugo Aginagalde Llorente, experto en Historia de las Pandemias y director del Observatorio de Salud Pública de Cantabria. 

“Ya en la época su origen se ubicó en China, como ha ocurrido con otras tantas epidemias”, pero estos datos confirman “la historicidad de los primeros brotes descritos del siglo XIV, que no fueron tifus sino peste”. Gracias a los cristianos nestorianos ya se conocía que entre 1338 y 1339 hubo un brote epidémico cerca del lago Issyk-Kul, pero este estudio no solo confirma la causa, sino que “proporciona una mayor precisión sobre el origen, tanto cronológicamente como geográficamente”.

Factores asociados al origen de una pandemia

Hay otro dato interesante que “concuerda con las explicaciones causales de la aparición de esta epidemia”, según el experto español. En el siglo XIV comenzó lo que se conoce como Pequeña Glaciación o Pequeña Edad de Hielo, una bajada de las temperaturas que duraría hasta el siglo XIX, “cambio climático que pudo haber empujado a los roedores hacia zonas más pobladas”. 

A partir de ahí también hay que tener en cuenta que la zona de Kirguistán que centra esta investigación tenía un importante tránsito de personas en la época, lo que pudo ser clave para la expansión de la peste “a través de la Ruta de la Seda desde Asia Central o empujada por los movimientos de poblaciones provocadas por las hordas de los mongoles”.

No obstante, este trabajo no permite confirmar esas hipótesis, puesto que “no aporta información sobre las vías de extensión ni los factores que favorecieron el que adquiriera magnitud epidémica ni tan elevada letalidad”. Se trata de restos que “confirman las fases iniciales de las epidemias, es decir, los brotes localizados en zonas que ecológica e históricamente son compatibles con la aparición de esta zoonosis”, afirma Aginagalde. ¿Son comparables el covid y la peste? ¿Tienen algún patrón en común? 

Existen algunas coincidencias, como ese cambio climático incipiente o una gran intensidad en el tránsito de personas y en los movimientos comerciales, pero también hay notables diferencias. “Son situaciones bastante distintas, hablamos de zoonosis que precisan de un vector y que no tiene tan buena transmisión de persona a persona, al menos, a nivel teórico”, puntualiza el experto. En cualquier caso, Johannes Krause, uno de los firmantes del artículo, destaca que en su momento la peste también fue una enfermedad emergente y que “es muy importante entender en qué circunstancias surgió”.

La fascinante unión de arqueología y genética

“Nuestro estudio pone fin a una de las preguntas más grandes y fascinantes de la historia y determina cuándo y dónde tuvo su origen el mayor asesino de humanos”, destaca el historiador Philip Slavin en relación con la peste negra. 

El proceso para lograrlo ha sido posible gracias a una compleja alianza de arqueólogos y genetistas. Las excavaciones de la década de 1880 desenterraron una treintena de esqueletos, pero seguirles la pista y extraer su ADN no ha sido nada fácil. Slavin y otros colaboradores tuvieron que estudiar los diarios de los arqueólogos de esa época para hacer coincidir los esqueletos que se habían conservado con las tumbas. Además, tuvieron que traducir las inscripciones del siríaco.

Excavación de Kara-Djigach. (A. S. Leybin, August 1886)

Esta investigación entrañaba ciertos riesgos, como la contaminación ambiental, y no existían garantías de que el material genético correspondiente a la bacteria hubiera podido conservarse, así que la secuenciación del ADN de los restos humanos y el hallazgo del material microbiano en tres de los individuos ha sido un éxito formidable que ayuda a escribir la historia y que al mismo tiempo aporta mucho a la epidemiología. 

En los últimos tiempos, la unión de expertos de distintas disciplinas está revelando información sobre las enfermedades del pasado que parecía imposible de recuperar. En particular, el conocimiento de la peste negra es cada vez más preciso. 

Hace poco, una investigación del CSIC publicada en la revista ‘Nature Ecology and Evolution’ mostró que su impacto fue muy irregular en Europa. Mientras que en algunas zonas, como Escandinavia o Francia, causó una enorme mortalidad, todo indica que en otras, como Irlanda o la península ibérica, las consecuencias fueron mucho menores. ¿Cómo se ha podido saber? 

El estudio del polen y de las esporas fosilizados, que aparecen ahora en las excavaciones, es lo que permite realizar esta deducción. En las zonas que sufrieron una drástica disminución de la población se redujo la actividad agropecuaria, dando paso al avance de los bosques y, por lo tanto, a un cambio de vegetación que aún se puede rastrear en los trabajos arqueológicos.

Imagen de portada:Lápida con la inscripción. (A. S. Leybin, August 1886)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por José Pichel. 16 de junio 2022.

ADN/Irlanda/Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

 

 

La caída de las antiguas civilizaciones puede tener nuevos culpables, según los expertos.

MÁS INGREDIENTES HISTÓRICOS

Hace miles de años, en todo el Mediterráneo oriental, varias civilizaciones de la Edad de Bronce empeoraron al mismo tiempo. La ciencia acaba de encontrar un nuevo responsable.

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Hace miles de años, en todo el Mediterráneo oriental, varias civilizaciones de la Edad de Bronce empeoraron al mismo tiempo. El Antiguo Reino de Egipto y el Imperio Acadio se derrumbaron, y se produjo una crisis social generalizada en todo el Antiguo Oriente Próximo y el Egeo, que se manifestó en forma de disminución de la población, destrucción, reducción del comercio e importantes cambios culturales. Como siempre, se ha señalado al cambio climático y a los cambios de lealtad. Pero los científicos acaban de encontrar un nuevo culpable en unos huesos antiguos.

En los restos excavados en un antiguo cementerio de Creta, en una cueva llamada Hagios Charalambos, un equipo dirigido por el arqueo genetista Gunnar Neumann, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania, ha encontrado pruebas genéticas de las bacterias responsables de dos de las enfermedades más importantes de la historia: la fiebre tifoidea y la peste. Por tanto, según los investigadores, no se puede descartar que las enfermedades generalizadas causadas por estos patógenos fueran un factor que contribuyera a los cambios sociales tan extendidos entre el 2200 y el 2000 a.C.

«La aparición de estos dos patógenos virulentos al final del período minoico temprano en Creta», escribieron en su artículo, «enfatiza la necesidad de reintroducir las enfermedades infecciosas como un factor adicional que posiblemente contribuyó a la transformación de las primeras sociedades complejas en el Egeo y más allá». 

«Ahora se sospecha, que la bacteria ‘Yersinia pestis’ ha estado infectando a la gente al menos desde el Neolítico» 

La ‘Yersinia pestis’ es una bacteria responsable de decenas de millones de muertes, la mayoría de las cuales se produjeron en el transcurso de tres devastadoras pandemias mundiales. Por muy catastrófica que fuera esta enfermedad en siglos pasados, su impacto antes de la peste de Justiniano, que comenzó en el año 541 de la era cristiana, ha sido difícil de calibrar. 

Los recientes avances tecnológicos y científicos, en particular la recuperación y secuenciación de ADN antiguo a partir de huesos viejos, están revelando parte de esa historia perdida. Ahora se sospecha, por ejemplo, que la bacteria ha estado infectando a la gente al menos desde el Neolítico.

Fosa común de víctimas de peste - Ilustración de stock

Fosa común de víctimas de peste – Ilustración de stock

El año pasado, los científicos revelaron que un cazador-recolector de la Edad de Piedra probablemente murió de peste miles de años antes de que tuviéramos pruebas de que la enfermedad alcanzara proporciones epidémicas. Sin embargo, las pruebas genómicas recuperadas procedían hasta ahora de regiones más frías. Se sabe poco sobre su impacto en las sociedades antiguas de climas más cálidos, como las del Mediterráneo oriental, debido a la degradación del ADN en las temperaturas más altas. Así que Neumann y su equipo se pusieron a investigar los huesos recuperados en un yacimiento de Creta, conocido por sus condiciones notablemente frías y estables.

La ‘Salmonella enterica’

Recuperaron ADN en los dientes de 32 individuos que murieron entre 2290 y 1909 a.C. Los datos genéticos revelaron la presencia de bastantes bacterias orales comunes, lo cual era de esperar. Menos esperada era la presencia de ‘Y. pestis’ en dos individuos y de dos linajes de ‘Salmonella enterica’, una bacteria típicamente responsable de la fiebre tifoidea, en otros dos. Este descubrimiento sugiere que ambos patógenos estaban presentes y posiblemente eran transmisibles en la Creta de la Edad del Bronce. Pero hay una advertencia. Cada uno de los linajes descubiertos se ha extinguido, lo que hace más difícil determinar cómo sus infecciones podrían haber afectado a las comunidades.

El linaje de ‘Y. pestis’ que descubrieron probablemente no podría transmitirse a través de las pulgas, uno de los rasgos que hizo que otros linajes de la bacteria fueran tan contagiosos en las poblaciones humanas. El vector de la pulga transporta la versión bubónica de la peste; los humanos se infectan cuando la bacteria entra en el sistema linfático a través de la picadura de una pulga. Por lo tanto, la ruta de transmisión de esta antigua forma de la bacteria podría ser diferente y causar una forma distinta de peste; la peste neumónica, que se transmite a través de aerosoles, por ejemplo. Los investigadores afirman que los linajes de ‘S. entérica’ también carecían de rasgos clave que contribuyen a la enfermedad grave en los seres humanos, por lo que la virulencia y las vías de transmisión de ambos patógenos siguen siendo desconocidas. 

«Los humanos se infectan cuando la bacteria entra en el sistema linfático a través de la picadura de una pulga» 

No obstante, el descubrimiento sugiere que ambos patógenos circulaban en regiones de Creta con alta densidad de población, y podrían haber corrido de forma un tanto desenfrenada. «Aunque es poco probable que ‘Y. pestis’ o ‘S. enterica’ fueran los únicos responsables de los cambios sociales observados en el Mediterráneo a finales del tercer milenio a.C.», escriben los investigadores en su artículo, «proponemos que, dadas las pruebas de ADN (antiguo) presentadas aquí, las enfermedades infecciosas deberían considerarse como un factor adicional que contribuye, posiblemente en una interacción con el clima y la migración, como se ha sugerido anteriormente».

Dado que enfermedades como la peste y la fiebre tifoidea no dejan rastros en los huesos, no suelen aparecer en el registro arqueológico. El equipo sugiere que un análisis genético más detallado de más restos del Mediterráneo oriental podría ayudar a descubrir el alcance del impacto que estas enfermedades tuvieron en las civilizaciones que vivieron allí.

Imagen de portada: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Jorge Ruiz Barranco. 19 de agosto 2022.

Sociedad/ADN/Egipto/Historia/Cambio climático

Científicos en Alemania encuentran material genético de 400 especies de insectos en una sola bolsa de té.

CIENCIA Y ECOLOGÍA

Un nuevo método abre la posibilidad de analizar poblaciones de plantas antiguas, por ejemplo, de museos, y comparar su colonización con la actual.

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Investigadores de la Universidad de Tréveris (Trier), en Alemania, han desarrollado un método para extraer y analizar restos de ADN de insectos de plantas secas. 

«Hemos examinado tés y hierbas disponibles en el mercado y hemos encontrado ADN de hasta 400 especies de insectos diferentes en una sola bolsa de té», explica el profesor junior Henrik Krehenwinkel. 

Cuando una abeja vuela hacia una flor para polinizar, deja algo de saliva. Un insecto muerde una hoja, una araña deja hilos de seda. Todo esto ya es suficiente para detectar el ADN de los insectos, dice Krehenwinkel. 

Los huevos o los excrementos también son rastros adecuados para el bio geógrafo. Todavía hay que investigar si existe un límite para lo que se puede detectar. «En principio, sin embargo, probablemente basten células individuales, por ejemplo, de un escarabajo», explicó Krehenwinkel. 

Los minúsculos restos conservados entre las hojas secas podrían ayudar a los científicos a rastrear las plagas y controlar el descenso de las poblaciones.

Los minúsculos restos conservados entre las hojas secas podrían ayudar a los científicos a rastrear las plagas y controlar el descenso de las poblaciones.

«El secado parece preservar el ADN especialmente bien»

Según la Universidad de Tréveris, la innovación del método desarrollado por Henrik Krehenwinkel, Sven Weber y Susan Kennedy es que el ADN ambiental (ADNe) no se extrae de la superficie de las plantas, como es habitual, sino del material vegetal triturado y seco. «El secado parece preservar el ADN especialmente bien», explicó Krehenwinkel.

En la cubierta vegetal, el ADNe no está disponible durante mucho tiempo porque se degrada por la luz ultravioleta o es arrastrado por la lluvia. Otra limitación, dijo, es que se tienen en cuenta principalmente los insectos de la superficie de la planta. «Ahora también podemos detectar qué insectos viven dentro de la planta», explicó Krehenwinkel.

Según el investigador, el método presentado en la revista científica Biological Letters abre la posibilidad de analizar poblaciones de plantas antiguas, por ejemplo, de museos, y comparar su colonización con la actual. 

«De este modo, sería posible averiguar cómo era la comunidad de insectos hace años cuando se recogió la planta y cómo es hoy en ese lugar». Esto es especialmente importante teniendo en cuenta la mortalidad de los insectos. 

FEW (dpa, The Smithsonian Magazine).

Imagen de portada:Si las hojas de una bolsa de té pudieran contar sus historias, pintarían un cuadro de mil interacciones fugaces.

FUENTE RESPONSABLE: Made for Minds. 21 de julio 2022.

Sociedad/Ciencia/Investigación/Alemania/Bolsa de té/

Material genético/Especies/ADN

 

 

 

Jacques Monod, historia de un hombre feliz.

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El filósofo Albert Camus y el biólogo Jacques Monod coincidieron en muchas cosas: ganaron Nobel, formaron parte de la resistencia ante el nazismo, denunciaron los crímenes del totalitarismo soviético, y cultivaron una amistad y admiración mutua. Camus recibió el Nobel de Literatura en 1957; ocho años después, Monod, junto a otros dos colegas, se llevaría el de Medicina. Camus, que conocía a Arthur Koestler, George Orwell, André Malraux y Pablo Picasso y que tuvo como amigo (y luego como enemigo) a Jean-Paul Sartre, había dicho: «He conocido un único genio: Jacques Monod». En 1970, el científico publicó un libro apasionante que se convirtió rápidamente en best seller. Se trataba de una obra filosófica y científica llamada El azar y la necesidad, en donde señalaba la soledad radical del ser humano y su aparición absolutamente contingente en el universo. 

Comenzaba con una cita del ensayo El mito de Sísifo, de su amigo Albert Camus, quien había muerto años antes en un accidente automovilístico. Pocas veces la filosofía y la ciencia tuvieron dos representantes tan destacados y unidos entre sí.

Monod y Camus compartieron ideas respecto del valor de la libertad, pero además tuvieron a lo largo de sus intensas vidas la misma actitud de exponerse personalmente en su defensa. Se conocieron luego de la Segunda Guerra Mundial, en donde ambos jugaron un rol valiente y decisivo en la resistencia francesa al invasor nazi. Camus dirigió bajo anonimato el periódico clandestino Combat, mientras que Monod fue miembro activo de la Resistencia, al punto de llegar a ser jefe de las Fuerzas Francesas del Interior.

Monod, como muchos de los resistentes al nazismo, militó durante un tiempo en el Partido Comunista, cuya organización y valentía durante la ocupación hizo que creciera el prestigio de sus militantes. Sin embargo, a poco de iniciada la Guerra Fría, el científico comprendió que el sistema soviético —que los comunistas franceses defendían incondicionalmente— tenía, en su autoritarismo brutal, muchos puntos en común con el nazismo. 

Fue una discusión sobre procesos biológicos y no exclusivamente políticos, en definitiva, lo que hizo que el valiente Monod tomara partido abiertamente en la polémica y rompiera definitivamente con los comunistas. En la base hay dos concepciones sobre la herencia. Una es la atribuida a Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) llamada «herencia de caracteres adquiridos», que propone que caracteres alcanzados en la vida, como el estiramiento del cuello de las jirafas tratando de alcanzar la copa de los árboles para alimentarse, se transmiten a la descendencia. Por su parte, la esbozada por Charles Darwin y confirmada por los estudios del abate Gregor Mendel (1822-1824) propone que la herencia es invariante y proviene de ambos padres: las novedades (como el alargamiento del cuello de la jirafa) se producen por mutaciones aleatorias y permanecen en la descendencia por su valor adaptativo.

Durante la posguerra la ciencia occidental recobró el ímpetu interrumpido por la contienda y comenzó a discutir abiertamente las bases químicas de la vida, un proceso que desembocaría en 1953 en el descubrimiento de la estructura del ADN por parte de James Watson y Francis Crick. Mientras tanto, la ciencia soviética bajo Stalin se enredaba en sus límites ideológicos.

La colectivización de la agricultura llevada adelante por la Unión Soviética durante las décadas de los 20 y 30 había tenido resultados desastrosos. Luego de la guerra, cualquier charlatán con un plan promisorio iba a tener buena recepción en el régimen: ese rol lo jugó Trofim Lysenko, un ingeniero agrónomo que apostaba a la vieja idea lamarckiana de la herencia de los caracteres adquiridos.

Esta teoría era atractiva para el régimen comunista por varias razones. De ser cierta, podría significar la recuperación rápida de los cultivos, imperiosamente necesitados. Por otra parte, cerraba ideológicamente con la idea de promover activamente el cambio, más que esperar que estos vengan azarosamente por las mutaciones, tal como postulaba la genética mendeliana. Stalin apoyó abiertamente a Lysenko y puso en marcha las persecuciones de rigor a quienes se le oponían. A partir de ese momento, la genética mendeliana, basada en una reproducción discreta e invariable a menos que aparezcan mutaciones, fue considerada «burguesa y reaccionaria» y sus defensores dentro de la Unión Soviética despojados de sus trabajos y en muchos casos encarcelados.

Hoy, el juicio de la historia tiene sentencia. Las ideas de Lysenko fueron desastrosas cuando se aplicaron a los cultivos y la genética soviética sufrió un tremendo retraso comparativo con la ciencia occidental. 

Sin embargo, durante la posguerra, en Occidente, muchos de los compañeros de ruta del Partido Comunista defendían la ciencia soviética y acusaban de idealistas y burgueses a los genetistas que buscaban en la estructura química de los genes la llave para la comprensión de los procesos biológicos. La intervención de Monod con un artículo de más de veinte páginas publicado en agosto de 1948 en Combat (que ya no dirigía) fue decisiva para exponer el carácter ideologizado y no científico de la versión comunista del lamarckismo. La nota aparece en tapa con el título «La victoria de Lysenko no es de carácter científico». En el ensayo, Monod no solo demuele las invocaciones a la ciencia de la genética lysenkiana, sino que cuestiona todo el sistema soviético.

La repercusión de la nota y el enfoque abiertamente político de la misma cimentó la amistad entre Monod y Camus. El filósofo había comprendido la naturaleza esencialmente despótica del régimen comunista gracias, entre otras evidencias, a la amistad con el escritor húngaro Arthur Koestler, quien había roto con el partido mucho antes, durante las famosas purgas estalinistas de 1936 a 1938. A los dos, su firme posición les trajo problemas y enfrentamientos con sus pares, que ambos afrontaron con la resignación y tozudez de Sísifo.

Justamente Hungría fue protagonista central en los comienzos de la Guerra Fría. La ocupación soviética con tanques en 1956, ahogando los esbozos de una rebelión democrática, determinó la conducta de muchos intelectuales occidentales: o reconocían la naturaleza despótica y expansiva del régimen soviético o formaban parte del círculo de influencia de los partidos comunistas, justificando las acciones de la URSS y alentando el antiamericanismo.

Camus y Monod, cada uno a su manera, tomaron abiertamente parte en la resistencia al totalitarismo soviético. 

Albert Camus publicó en 1951 El hombre rebelde, un ensayo que luego de El mito de Sísifo y El extranjero, desafía a la condición absurda de la existencia eligiendo la libertad. Comenzaba diciendo: «¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento». Recorriendo las diversas rebeldías que el ser humano protagoniza desde su nacimiento, el último tercio enfoca en lo que él consideraba los enemigos contemporáneos de la libertad: el marxismo y su realización práctica en la Unión Soviética. El libro fue recibido fríamente por sus anteriores camaradas de letras y recibió una crítica muy dura en Les Temps modernes, dirigida por su amigo Jean-Paul Sartre. El episodio terminó de romper una amistad que venía enfriándose por sus enfrentamientos políticos.

La polémica entre Camus y Sartre tendría un nuevo capítulo con la invasión rusa a Hungría. Mientras Camus, al repudiarla, señalaba al régimen soviético como el origen de los embates contra la libertad, Sartre la rechazaba como una anomalía, tratando de no terminar de romper relaciones con el régimen.

Monod, por su parte, tomó partido de una manera más arriesgada aún. En 1958, una científica húngara de origen rumano, Agnes Ullmann, pasó unas semanas haciendo una residencia en el Instituto Pasteur. Conociendo el pasado maqui de Monod, una vez entrada en confianza, y habiendo hecho conocer de primera mano las tribulaciones de vivir en una Hungría sometida por el dominio soviético, comenzaron a pensar juntos la posibilidad de idear un escape de su país. Monod, utilizando al mismo tiempo su experiencia de combatiente clandestino y el rigor del método científico, fue pergeñando distintos planes que por una razón u otra tuvieron que desecharse. Ellos incluyeron un viaje en bote, un compartimento secreto en un Fairlane, un escondite en un camión de mudanzas y, finalmente el exitoso: un escondite en una casa rodante que cruzaría la frontera con Austria. No solo Monod pensó cada detalle de los intentos de fuga, sino que se encargó de su financiamiento, aportando dinero y recaudando entre sus contactos.

Las comunicaciones entre Monod y Ullmann eran codificadas con la misma rigurosidad con que las proteínas estaban cifradas en el ADN (mecanismo que el propio Monod descubrió): así, en una comunicación de uno a otro, «extracción» se refería a la fuga, «H2O» a la fuga en bote, y los nombres de los interlocutores respondían a denominaciones de bacterias, Salmonela y Colibacilo. Ullmann y su marido llegaron sanos y salvos a París en 1960. Allí, la científica logró trabajar junto a Monod en el Instituto Pasteur. Murió a los noventa y un años en 2019. Buena parte de su actividad, más allá de sus reconocidos trabajos en microbiología, fue dedicada a realzar la memoria de su mentor y salvador, Jacques Monod.

Luego del descubrimiento del ADN como pilar de la herencia realizado en 1953 por Watson y Crick (Premio Nobel de Medicina en 1962), el misterio que quedaba para resolver era cómo a partir de esas unidades de nucleótidos que se replicaban se podía generar un organismo, de qué manera estas unidades de información desplegaban la serie de instrucciones que derivaban en la producción de proteínas. Gran parte de ese conocimiento fue realizada por Jacques Monod y su compañero François Jacob, (con igual pasado heroico en la resistencia contra los nazis). Juntos develaron el mecanismo de síntesis de proteínas y postularon la existencia del ARN mensajero: el que copia la información del ADN y la lleva hasta el sitio en que se producen las proteínas. El ARN mensajero es el que se utiliza actualmente en las vacunas contra el covid desarrolladas por Pfizer y Moderna. 

Monod alcanzó la consagración científica en 1965, cuando junto a Jacob y Lwoff fue galardonado con el premio Nobel de Medicina. Vivió sus días de gloria y reconocimiento sin la compañía de su amigo Albert Camus, quien había fallecido en la plenitud creadora en 1960, en un accidente automovilístico.

En 1970, Monod alcanzó su punto más alto como figura pública con el éxito de El azar y la necesidad. La cita de su amigo Camus que abría el libro, en el que desafiaba al absurdo de la existencia eligiendo ser libre, se aplicaba perfectamente tanto a uno como a otro, militantes incansables contra la esclavitud. Decía Camus en el final de El mito de Sísifo, citado en el comienzo de El azar y la necesidad:

En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.

Monod murió seis años después de la aparición de su libro, en 1976, aquejado de una leucemia que le fue restando energías poco a poco. Fue combatiente, científico, luchador y pensador. La enorme dimensión de sus enemigos ideológicos nunca le hizo renunciar a sus convicciones. Luchó, con las armas de su inteligencia y su nobleza, contra los Estados más monstruosos y sangrientos del siglo XX. Mientras se enfrentaba a semejantes adversarios, cumplió con su tarea central, que era iluminar los mecanismos materiales gracias a los cuales se desarrolla la vida. Se trata de una vida tan plena de desafíos y realizaciones que no queda más que imaginarse a Jacques Monod feliz.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Jot Down Contemporary Culture Magazine. Por Gustavo Noriega. Junio 2022

ADN/ARN/Biología/Ciencias/Filosofía/Genética/Medicina/U.Soviética 

 

 

 

Encuentran ADN completo en unos meteoritos llegados del espacio.

Esto podría significar que la vida en la Tierra vino del espacio.

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Por qué hay vida en la Tierra es, por supuesto, una de las preguntas fundamentales que nuestra especie se ha planteado siempre. Sólo pensar en ello provoca un mareo. Actualmente estamos solos en esta roca, pero no sabemos cómo ha sido posible.

Para los científicos, una de las hipótesis más interesantes es la extraterrestre, es decir, que la vida llegó aquí desde el universo, por ejemplo a bordo de un meteorito. Recientemente se ha hecho un descubrimiento extraordinario en este sentido, a saber, que todos los bloques moleculares que componen el ADN y el ARN se encontraron en uno de estos mismos objetos.

SKY2014GETTY IMAGES

Hay cinco nucleobases: adenina (A), timina (T), guanina (G), citosina (C) y uracilo (U), pero hasta ahora sólo se habían registrado A, G y U en un meteorito. Ahora por fin los hemos encontrado todos. También se han encontrado en estas muestras de meteoritos otras muchas moléculas, como aminoácidos y azúcares, algo que nos puede ayudar a comprender el origen de la vida a través de experimentos en laboratorio.

«En particular, la detección de la citosina es sorprendente», porque la citosina es relativamente inestable y puede reaccionar con el agua, dijo Yasuhiro Oba, profesor asociado del Instituto de Ciencias de Baja Temperatura de la Universidad de Hokkaido en Japón y primer autor del estudio .

En el futuro, Oba y sus colegas planean buscar nucleobases directamente en asteroides, en lugar de en meteoritos que hayan aterrizado en la Tierra, para evitar el menor riesgo posible de contaminación. La misión japonesa Hayabusa2 trajo muestras de Ryugu y en 2023 traerá muestras de Bennu, otro asteroide que orbita en nuestra vecindad.

De todas maneras, haríamos bien en no lanzar las campanas al vuelo, ya que también hay científicos que creen que todo esto puede haber sucedido como parte de una contaminación de los meteoritos una vez en la superficie de nuestro planeta. De hecho, según comentan en Science News, son necesarios más datos para aceptar lo que se ha encontrado tiene origen extraterrestre al cien por cien.

Imagen de portada: Gentileza de Marilyn Becerra

FUENTE RESPONSABLE: Esquire; Redacción. Vía: Esquire IT.Mayo 2022

Astronomía/Sociedad/Ciencia/Universo/Meteoritos/ADN humano

¿La vida llegó a la Tierra desde el espacio? Detectados los componentes del ADN y el ARN en meteoritos.

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Temas /Astrobiología

Según sugiere un artículo publicado en Nature, las bases de pirimidina halladas en 3 meteoritos ricos en carbono, componentes esenciales de la estructura del ADN y el ARN, refuerzan la teoría de que la vida podría haber llegado a la Tierra desde el espacio.

En la actualidad, para explicar los orígenes de la primeras moléculas orgánicas en nuestro planeta existen esencialmente dos hipótesis enfrentadas. La primera de ellas postula que la vida en la Tierra podría haber surgido en nuestro propio planeta. La otra gran alternativa, por el contrario, aboga por que las moléculas orgánicas pudieron haber llegado desde el espacio exterior: es lo que se conoce como la hipótesis de la panspermia. Pero, de haber sucedido de esta manera ¿Cómo podrían haber llegado a este pequeño planeta azul las moléculas responsables de la vida?

Para formar el ADN y el ARN se requieren dos tipos de bloques de construcción básico: las llamadas bases nitrogenadas, las cuales se pueden clasificar en purinas (guanina y adenina) y pirimidinas (citosina, uracilo y timina). Hasta el momento, los científicos habían identificado en meteoritos hallados en la Tierra las llamadas purinas, y una de las pirimidinas, el uracilo. Sin embargo, pese a que la simulación en modelos de laboratorio siempre ha llevado a especular que era igualmente posible encontrar citosina y timina en el medio interestelar, la detección de pirimidinas como la citosina y la timina en meteoritos se ha hecho de rogar durante mucho tiempo.

Las moléculas de la vida en un meteorito

Ahora, no obstante, gracias al empleo de técnicas analíticas de última generación especialmente adaptadas para la cuantificación a pequeña escala de estas bases nitrogenadas, el equipo de Yasuhiro Oba, profesor de la Universidad Hokkaido, acaba de informar del hallazgo de las piezas del puzle restantes para construir en su totalidad las moléculas de la vida. El hallazgo se ha producido en 3 meteoritos diferentes y ricos en carbono llamados Murchison, Murray y Tagish Lake.

Los resultados de la investigación se recogen en un artículo titulado Identifying the wide diversity of extraterrestrial purine and pyrimidine nucleobases in carbonaceous meteorites que se publica esta semana en la revista Nature Communications. Además de los compuestos detectados previamente en meteoritos, como la guanina, la adenina y el uracilo, los autores identificaron por primera vez varias bases de pirimidina (citosina y timina)

Lo hicieron, además, en niveles de concentración de hasta partes por billón, es decir, concentraciones similares a las predichas por los experimentos que replican las condiciones que existían antes de la formación del sistema solar.

Los autores concluyen que sus hallazgos sugieren que tales compuestos pueden haber sido generados en parte por reacciones fotoquímicas en el medio interestelar

Esto más tarde conduciría a su incorporación de los asteroides cuando se formó el sistema solar, cuya posterior llegada a la Tierra en forma de meteoritos podría haber desempeñado un importante papel en la aparición de la vida temprana en nuestro planeta.

Imagen de portada:  iStock

FUENTE RESPONSABLE; National Geographic España. Por Héctor Rodriguez. Periodista especializado en Ciencia y Naturaleza.Abril 2022

Astrobiología/ADN/Astronomía/Meteoritos/Actualidad

 

El misterio del castillo de Chambord y su relación con Leonardo Da Vinci.

ARQUITECTURA RENACENTISTA

Son muchas las pistas que apuntan a que la construcción ubicada en el Centro-Valle del Loira fue diseñada por el maestro florentino, aunque no sea él a quien se le atribuya.

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Año 1516, Francia. El gran Leonardo da Vinci se une a la corte del rey francés Francisco I, dejando atrás su famoso estudio de Roma. No le quedaban muchos años de vida, sin embargo se iba a involucrar en una tarea que acrecentaría todavía más su prestigio, adquiriendo el título del «primer pintor, ingeniero y arquitecto del rey». En aquellos momentos, su devoción a la corona francesa se vería materializada en la que estaría llamada a ser una de sus grandes obras: un castillo del tamaño de una ciudad elaborado a partir de técnicas arquitectónicas jamás conocidas. 

El rey Francisco I admiraba el Renacimiento italiano con todo su ser y, ansioso por emularlo y embellecer su nación, trajo a da Vinci hasta el castillo de Clos-Lucé, cerca de la ciudad medieval de Amboise. 

En dicha construcción, el polímata florentino pasaría los últimos tres años de su vida hasta su fallecimiento en 1519. De esta forma, encargó los planos arquitectónicos de la edificación soñada del rey francés en la población de Romorantin, muy cerca de donde se encuentra el actual castillo de Chambord, en el Centro-Valle del Loira. 

A pesar de la extraordinaria fama del castillo, la identidad del arquitecto de Chambord ha permanecido siendo un enigma Por todo ello, existe la creencia entre historiadores que, una vez fallecido el genio, usaron los planos para edificar dicho castillo, cuyas obras terminaron después de su muerte. Una exposición reciente que conmemora el 500 aniversario del castillo, llamada «De la utopía a la acción», explora la posibilidad de que Chambord fuera la última creación arquitectónica del maestro italiano, retomando el viejo debate de siglos.

«A pesar de la extraordinaria fama del castillo y el interés que ha despertado entre los historiadores a lo largo de los siglos, la identidad del arquitecto de Chambord ha seguido siendo un enigma», sostiene Virginie Berdal, investigadora de la fundación Patrimonio Nacional de Chambord, en unas declaraciones recogidas por la BBC.

«A partir de la década de 1490, Leonardo se estaba instruyendo a sí mismo para ser arquitecto e ingeniero», asegura Pascal Brioist, historiador científico de la Universidad de Tours y autor ‘The Audacity of Leonardo da Vinci’, el cual explora la conexión entre el genio florentino y el castillo del Valle del Loira

«Seis de sus dibujos muestran un proyecto para un palacio francés, que fue realizado antes de la edificación de Chambord», recalca en el medio británico.

Estas ilustraciones están recogidas en su Códice Atlántico, los cuales contienen imágenes de escaleras retorcidas, torres helicoidales y jardines elaborados. Diseños que se pueden encontrar en Chambord. 

¿Cuáles son los rasgos que más pistas ofrecen para pensar que fue autoría de da Vinci? La más clara sin duda es su inusual escalera de doble hélice, la cual permite que dos personas asciendan sin llegar a cruzarse, compuesta por dos rampas helicoidales que se retuercen como una hebra de ADN alrededor de un núcleo hueco. Este diseño de escalera nunca se había visto en Francia.

Del mismo modo, fuera el constructor original o no, la influencia de Leonardo en Chambord es innegable: sus fachadas ornamentales, sus interiores modulares o su estilo de cuadrícula ofrecen pistas certeras de que si no fue él su verdadero demiurgo, fue su mayor influencia a la hora de abordar su diseño.

Vista frontal de Chambord. (Wikipedia)

Más de un siglo después de que se finalizara su construcción, André Félibien, un historiador de la corte del rey Luis XIV se topó en 1681 con una maqueta de madera de un castillo, uno de los primeros usados para edificar Chambord, en un ático de la ciudad de Blois, tal y como narra la ‘BBC’. 

Dicho modelo guardaba una enorme similitud con los bocetos del Códice Atlántico, con planos de un molinete, una torre central en forma de cruz y estructuras helicoidales. 

Sin embargo, finalmente se descubrió que pertenecía a Domenico da Cortona, un arquitecto italiano conocido por el mote de «Boccador« y convocado a la corte francesa durante el reinado de Carlos VIII (1483-1498), a quien definitivamente se le atribuyó la creación de Chambord. También fue el cerebro detrás de la obra del castillo de Blois. 

Si alguna vez el lector tiene la oportunidad de hacer un viaje al interior de Francia, y más concretamente al Centro-Valle del Loira, no puede perderse esta megalomaníaca construcción de espíritu renacentista; sin duda, un deleite para la vista.

Imagen de portada: Castillo de Chambord visto desde arriba Gentileza de Wikipedia

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por E. Zamorano. Marzo 2020.

Sociedad y Cultura/Vinci/ADN