Científicos en Alemania encuentran material genético de 400 especies de insectos en una sola bolsa de té.

CIENCIA Y ECOLOGÍA

Un nuevo método abre la posibilidad de analizar poblaciones de plantas antiguas, por ejemplo, de museos, y comparar su colonización con la actual.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea donde se encuentre escrito en “azul”. Muchas gracias.

Investigadores de la Universidad de Tréveris (Trier), en Alemania, han desarrollado un método para extraer y analizar restos de ADN de insectos de plantas secas. 

«Hemos examinado tés y hierbas disponibles en el mercado y hemos encontrado ADN de hasta 400 especies de insectos diferentes en una sola bolsa de té», explica el profesor junior Henrik Krehenwinkel. 

Cuando una abeja vuela hacia una flor para polinizar, deja algo de saliva. Un insecto muerde una hoja, una araña deja hilos de seda. Todo esto ya es suficiente para detectar el ADN de los insectos, dice Krehenwinkel. 

Los huevos o los excrementos también son rastros adecuados para el bio geógrafo. Todavía hay que investigar si existe un límite para lo que se puede detectar. «En principio, sin embargo, probablemente basten células individuales, por ejemplo, de un escarabajo», explicó Krehenwinkel. 

Los minúsculos restos conservados entre las hojas secas podrían ayudar a los científicos a rastrear las plagas y controlar el descenso de las poblaciones.

Los minúsculos restos conservados entre las hojas secas podrían ayudar a los científicos a rastrear las plagas y controlar el descenso de las poblaciones.

«El secado parece preservar el ADN especialmente bien»

Según la Universidad de Tréveris, la innovación del método desarrollado por Henrik Krehenwinkel, Sven Weber y Susan Kennedy es que el ADN ambiental (ADNe) no se extrae de la superficie de las plantas, como es habitual, sino del material vegetal triturado y seco. «El secado parece preservar el ADN especialmente bien», explicó Krehenwinkel.

En la cubierta vegetal, el ADNe no está disponible durante mucho tiempo porque se degrada por la luz ultravioleta o es arrastrado por la lluvia. Otra limitación, dijo, es que se tienen en cuenta principalmente los insectos de la superficie de la planta. «Ahora también podemos detectar qué insectos viven dentro de la planta», explicó Krehenwinkel.

Según el investigador, el método presentado en la revista científica Biological Letters abre la posibilidad de analizar poblaciones de plantas antiguas, por ejemplo, de museos, y comparar su colonización con la actual. 

«De este modo, sería posible averiguar cómo era la comunidad de insectos hace años cuando se recogió la planta y cómo es hoy en ese lugar». Esto es especialmente importante teniendo en cuenta la mortalidad de los insectos. 

FEW (dpa, The Smithsonian Magazine).

Imagen de portada:Si las hojas de una bolsa de té pudieran contar sus historias, pintarían un cuadro de mil interacciones fugaces.

FUENTE RESPONSABLE: Made for Minds. 21 de julio 2022.

Sociedad/Ciencia/Investigación/Alemania/Bolsa de té/

Material genético/Especies/ADN

 

 

 

Jacques Monod, historia de un hombre feliz.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en azul. Muchas gracias.

El filósofo Albert Camus y el biólogo Jacques Monod coincidieron en muchas cosas: ganaron Nobel, formaron parte de la resistencia ante el nazismo, denunciaron los crímenes del totalitarismo soviético, y cultivaron una amistad y admiración mutua. Camus recibió el Nobel de Literatura en 1957; ocho años después, Monod, junto a otros dos colegas, se llevaría el de Medicina. Camus, que conocía a Arthur Koestler, George Orwell, André Malraux y Pablo Picasso y que tuvo como amigo (y luego como enemigo) a Jean-Paul Sartre, había dicho: «He conocido un único genio: Jacques Monod». En 1970, el científico publicó un libro apasionante que se convirtió rápidamente en best seller. Se trataba de una obra filosófica y científica llamada El azar y la necesidad, en donde señalaba la soledad radical del ser humano y su aparición absolutamente contingente en el universo. 

Comenzaba con una cita del ensayo El mito de Sísifo, de su amigo Albert Camus, quien había muerto años antes en un accidente automovilístico. Pocas veces la filosofía y la ciencia tuvieron dos representantes tan destacados y unidos entre sí.

Monod y Camus compartieron ideas respecto del valor de la libertad, pero además tuvieron a lo largo de sus intensas vidas la misma actitud de exponerse personalmente en su defensa. Se conocieron luego de la Segunda Guerra Mundial, en donde ambos jugaron un rol valiente y decisivo en la resistencia francesa al invasor nazi. Camus dirigió bajo anonimato el periódico clandestino Combat, mientras que Monod fue miembro activo de la Resistencia, al punto de llegar a ser jefe de las Fuerzas Francesas del Interior.

Monod, como muchos de los resistentes al nazismo, militó durante un tiempo en el Partido Comunista, cuya organización y valentía durante la ocupación hizo que creciera el prestigio de sus militantes. Sin embargo, a poco de iniciada la Guerra Fría, el científico comprendió que el sistema soviético —que los comunistas franceses defendían incondicionalmente— tenía, en su autoritarismo brutal, muchos puntos en común con el nazismo. 

Fue una discusión sobre procesos biológicos y no exclusivamente políticos, en definitiva, lo que hizo que el valiente Monod tomara partido abiertamente en la polémica y rompiera definitivamente con los comunistas. En la base hay dos concepciones sobre la herencia. Una es la atribuida a Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) llamada «herencia de caracteres adquiridos», que propone que caracteres alcanzados en la vida, como el estiramiento del cuello de las jirafas tratando de alcanzar la copa de los árboles para alimentarse, se transmiten a la descendencia. Por su parte, la esbozada por Charles Darwin y confirmada por los estudios del abate Gregor Mendel (1822-1824) propone que la herencia es invariante y proviene de ambos padres: las novedades (como el alargamiento del cuello de la jirafa) se producen por mutaciones aleatorias y permanecen en la descendencia por su valor adaptativo.

Durante la posguerra la ciencia occidental recobró el ímpetu interrumpido por la contienda y comenzó a discutir abiertamente las bases químicas de la vida, un proceso que desembocaría en 1953 en el descubrimiento de la estructura del ADN por parte de James Watson y Francis Crick. Mientras tanto, la ciencia soviética bajo Stalin se enredaba en sus límites ideológicos.

La colectivización de la agricultura llevada adelante por la Unión Soviética durante las décadas de los 20 y 30 había tenido resultados desastrosos. Luego de la guerra, cualquier charlatán con un plan promisorio iba a tener buena recepción en el régimen: ese rol lo jugó Trofim Lysenko, un ingeniero agrónomo que apostaba a la vieja idea lamarckiana de la herencia de los caracteres adquiridos.

Esta teoría era atractiva para el régimen comunista por varias razones. De ser cierta, podría significar la recuperación rápida de los cultivos, imperiosamente necesitados. Por otra parte, cerraba ideológicamente con la idea de promover activamente el cambio, más que esperar que estos vengan azarosamente por las mutaciones, tal como postulaba la genética mendeliana. Stalin apoyó abiertamente a Lysenko y puso en marcha las persecuciones de rigor a quienes se le oponían. A partir de ese momento, la genética mendeliana, basada en una reproducción discreta e invariable a menos que aparezcan mutaciones, fue considerada «burguesa y reaccionaria» y sus defensores dentro de la Unión Soviética despojados de sus trabajos y en muchos casos encarcelados.

Hoy, el juicio de la historia tiene sentencia. Las ideas de Lysenko fueron desastrosas cuando se aplicaron a los cultivos y la genética soviética sufrió un tremendo retraso comparativo con la ciencia occidental. 

Sin embargo, durante la posguerra, en Occidente, muchos de los compañeros de ruta del Partido Comunista defendían la ciencia soviética y acusaban de idealistas y burgueses a los genetistas que buscaban en la estructura química de los genes la llave para la comprensión de los procesos biológicos. La intervención de Monod con un artículo de más de veinte páginas publicado en agosto de 1948 en Combat (que ya no dirigía) fue decisiva para exponer el carácter ideologizado y no científico de la versión comunista del lamarckismo. La nota aparece en tapa con el título «La victoria de Lysenko no es de carácter científico». En el ensayo, Monod no solo demuele las invocaciones a la ciencia de la genética lysenkiana, sino que cuestiona todo el sistema soviético.

La repercusión de la nota y el enfoque abiertamente político de la misma cimentó la amistad entre Monod y Camus. El filósofo había comprendido la naturaleza esencialmente despótica del régimen comunista gracias, entre otras evidencias, a la amistad con el escritor húngaro Arthur Koestler, quien había roto con el partido mucho antes, durante las famosas purgas estalinistas de 1936 a 1938. A los dos, su firme posición les trajo problemas y enfrentamientos con sus pares, que ambos afrontaron con la resignación y tozudez de Sísifo.

Justamente Hungría fue protagonista central en los comienzos de la Guerra Fría. La ocupación soviética con tanques en 1956, ahogando los esbozos de una rebelión democrática, determinó la conducta de muchos intelectuales occidentales: o reconocían la naturaleza despótica y expansiva del régimen soviético o formaban parte del círculo de influencia de los partidos comunistas, justificando las acciones de la URSS y alentando el antiamericanismo.

Camus y Monod, cada uno a su manera, tomaron abiertamente parte en la resistencia al totalitarismo soviético. 

Albert Camus publicó en 1951 El hombre rebelde, un ensayo que luego de El mito de Sísifo y El extranjero, desafía a la condición absurda de la existencia eligiendo la libertad. Comenzaba diciendo: «¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento». Recorriendo las diversas rebeldías que el ser humano protagoniza desde su nacimiento, el último tercio enfoca en lo que él consideraba los enemigos contemporáneos de la libertad: el marxismo y su realización práctica en la Unión Soviética. El libro fue recibido fríamente por sus anteriores camaradas de letras y recibió una crítica muy dura en Les Temps modernes, dirigida por su amigo Jean-Paul Sartre. El episodio terminó de romper una amistad que venía enfriándose por sus enfrentamientos políticos.

La polémica entre Camus y Sartre tendría un nuevo capítulo con la invasión rusa a Hungría. Mientras Camus, al repudiarla, señalaba al régimen soviético como el origen de los embates contra la libertad, Sartre la rechazaba como una anomalía, tratando de no terminar de romper relaciones con el régimen.

Monod, por su parte, tomó partido de una manera más arriesgada aún. En 1958, una científica húngara de origen rumano, Agnes Ullmann, pasó unas semanas haciendo una residencia en el Instituto Pasteur. Conociendo el pasado maqui de Monod, una vez entrada en confianza, y habiendo hecho conocer de primera mano las tribulaciones de vivir en una Hungría sometida por el dominio soviético, comenzaron a pensar juntos la posibilidad de idear un escape de su país. Monod, utilizando al mismo tiempo su experiencia de combatiente clandestino y el rigor del método científico, fue pergeñando distintos planes que por una razón u otra tuvieron que desecharse. Ellos incluyeron un viaje en bote, un compartimento secreto en un Fairlane, un escondite en un camión de mudanzas y, finalmente el exitoso: un escondite en una casa rodante que cruzaría la frontera con Austria. No solo Monod pensó cada detalle de los intentos de fuga, sino que se encargó de su financiamiento, aportando dinero y recaudando entre sus contactos.

Las comunicaciones entre Monod y Ullmann eran codificadas con la misma rigurosidad con que las proteínas estaban cifradas en el ADN (mecanismo que el propio Monod descubrió): así, en una comunicación de uno a otro, «extracción» se refería a la fuga, «H2O» a la fuga en bote, y los nombres de los interlocutores respondían a denominaciones de bacterias, Salmonela y Colibacilo. Ullmann y su marido llegaron sanos y salvos a París en 1960. Allí, la científica logró trabajar junto a Monod en el Instituto Pasteur. Murió a los noventa y un años en 2019. Buena parte de su actividad, más allá de sus reconocidos trabajos en microbiología, fue dedicada a realzar la memoria de su mentor y salvador, Jacques Monod.

Luego del descubrimiento del ADN como pilar de la herencia realizado en 1953 por Watson y Crick (Premio Nobel de Medicina en 1962), el misterio que quedaba para resolver era cómo a partir de esas unidades de nucleótidos que se replicaban se podía generar un organismo, de qué manera estas unidades de información desplegaban la serie de instrucciones que derivaban en la producción de proteínas. Gran parte de ese conocimiento fue realizada por Jacques Monod y su compañero François Jacob, (con igual pasado heroico en la resistencia contra los nazis). Juntos develaron el mecanismo de síntesis de proteínas y postularon la existencia del ARN mensajero: el que copia la información del ADN y la lleva hasta el sitio en que se producen las proteínas. El ARN mensajero es el que se utiliza actualmente en las vacunas contra el covid desarrolladas por Pfizer y Moderna. 

Monod alcanzó la consagración científica en 1965, cuando junto a Jacob y Lwoff fue galardonado con el premio Nobel de Medicina. Vivió sus días de gloria y reconocimiento sin la compañía de su amigo Albert Camus, quien había fallecido en la plenitud creadora en 1960, en un accidente automovilístico.

En 1970, Monod alcanzó su punto más alto como figura pública con el éxito de El azar y la necesidad. La cita de su amigo Camus que abría el libro, en el que desafiaba al absurdo de la existencia eligiendo ser libre, se aplicaba perfectamente tanto a uno como a otro, militantes incansables contra la esclavitud. Decía Camus en el final de El mito de Sísifo, citado en el comienzo de El azar y la necesidad:

En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.

Monod murió seis años después de la aparición de su libro, en 1976, aquejado de una leucemia que le fue restando energías poco a poco. Fue combatiente, científico, luchador y pensador. La enorme dimensión de sus enemigos ideológicos nunca le hizo renunciar a sus convicciones. Luchó, con las armas de su inteligencia y su nobleza, contra los Estados más monstruosos y sangrientos del siglo XX. Mientras se enfrentaba a semejantes adversarios, cumplió con su tarea central, que era iluminar los mecanismos materiales gracias a los cuales se desarrolla la vida. Se trata de una vida tan plena de desafíos y realizaciones que no queda más que imaginarse a Jacques Monod feliz.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Jot Down Contemporary Culture Magazine. Por Gustavo Noriega. Junio 2022

ADN/ARN/Biología/Ciencias/Filosofía/Genética/Medicina/U.Soviética 

 

 

 

Encuentran ADN completo en unos meteoritos llegados del espacio.

Esto podría significar que la vida en la Tierra vino del espacio.

Si es de tu interés profundizar en esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Por qué hay vida en la Tierra es, por supuesto, una de las preguntas fundamentales que nuestra especie se ha planteado siempre. Sólo pensar en ello provoca un mareo. Actualmente estamos solos en esta roca, pero no sabemos cómo ha sido posible.

Para los científicos, una de las hipótesis más interesantes es la extraterrestre, es decir, que la vida llegó aquí desde el universo, por ejemplo a bordo de un meteorito. Recientemente se ha hecho un descubrimiento extraordinario en este sentido, a saber, que todos los bloques moleculares que componen el ADN y el ARN se encontraron en uno de estos mismos objetos.

SKY2014GETTY IMAGES

Hay cinco nucleobases: adenina (A), timina (T), guanina (G), citosina (C) y uracilo (U), pero hasta ahora sólo se habían registrado A, G y U en un meteorito. Ahora por fin los hemos encontrado todos. También se han encontrado en estas muestras de meteoritos otras muchas moléculas, como aminoácidos y azúcares, algo que nos puede ayudar a comprender el origen de la vida a través de experimentos en laboratorio.

«En particular, la detección de la citosina es sorprendente», porque la citosina es relativamente inestable y puede reaccionar con el agua, dijo Yasuhiro Oba, profesor asociado del Instituto de Ciencias de Baja Temperatura de la Universidad de Hokkaido en Japón y primer autor del estudio .

En el futuro, Oba y sus colegas planean buscar nucleobases directamente en asteroides, en lugar de en meteoritos que hayan aterrizado en la Tierra, para evitar el menor riesgo posible de contaminación. La misión japonesa Hayabusa2 trajo muestras de Ryugu y en 2023 traerá muestras de Bennu, otro asteroide que orbita en nuestra vecindad.

De todas maneras, haríamos bien en no lanzar las campanas al vuelo, ya que también hay científicos que creen que todo esto puede haber sucedido como parte de una contaminación de los meteoritos una vez en la superficie de nuestro planeta. De hecho, según comentan en Science News, son necesarios más datos para aceptar lo que se ha encontrado tiene origen extraterrestre al cien por cien.

Imagen de portada: Gentileza de Marilyn Becerra

FUENTE RESPONSABLE: Esquire; Redacción. Vía: Esquire IT.Mayo 2022

Astronomía/Sociedad/Ciencia/Universo/Meteoritos/ADN humano

¿La vida llegó a la Tierra desde el espacio? Detectados los componentes del ADN y el ARN en meteoritos.

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Gracias.

Temas /Astrobiología

Según sugiere un artículo publicado en Nature, las bases de pirimidina halladas en 3 meteoritos ricos en carbono, componentes esenciales de la estructura del ADN y el ARN, refuerzan la teoría de que la vida podría haber llegado a la Tierra desde el espacio.

En la actualidad, para explicar los orígenes de la primeras moléculas orgánicas en nuestro planeta existen esencialmente dos hipótesis enfrentadas. La primera de ellas postula que la vida en la Tierra podría haber surgido en nuestro propio planeta. La otra gran alternativa, por el contrario, aboga por que las moléculas orgánicas pudieron haber llegado desde el espacio exterior: es lo que se conoce como la hipótesis de la panspermia. Pero, de haber sucedido de esta manera ¿Cómo podrían haber llegado a este pequeño planeta azul las moléculas responsables de la vida?

Para formar el ADN y el ARN se requieren dos tipos de bloques de construcción básico: las llamadas bases nitrogenadas, las cuales se pueden clasificar en purinas (guanina y adenina) y pirimidinas (citosina, uracilo y timina). Hasta el momento, los científicos habían identificado en meteoritos hallados en la Tierra las llamadas purinas, y una de las pirimidinas, el uracilo. Sin embargo, pese a que la simulación en modelos de laboratorio siempre ha llevado a especular que era igualmente posible encontrar citosina y timina en el medio interestelar, la detección de pirimidinas como la citosina y la timina en meteoritos se ha hecho de rogar durante mucho tiempo.

Las moléculas de la vida en un meteorito

Ahora, no obstante, gracias al empleo de técnicas analíticas de última generación especialmente adaptadas para la cuantificación a pequeña escala de estas bases nitrogenadas, el equipo de Yasuhiro Oba, profesor de la Universidad Hokkaido, acaba de informar del hallazgo de las piezas del puzle restantes para construir en su totalidad las moléculas de la vida. El hallazgo se ha producido en 3 meteoritos diferentes y ricos en carbono llamados Murchison, Murray y Tagish Lake.

Los resultados de la investigación se recogen en un artículo titulado Identifying the wide diversity of extraterrestrial purine and pyrimidine nucleobases in carbonaceous meteorites que se publica esta semana en la revista Nature Communications. Además de los compuestos detectados previamente en meteoritos, como la guanina, la adenina y el uracilo, los autores identificaron por primera vez varias bases de pirimidina (citosina y timina)

Lo hicieron, además, en niveles de concentración de hasta partes por billón, es decir, concentraciones similares a las predichas por los experimentos que replican las condiciones que existían antes de la formación del sistema solar.

Los autores concluyen que sus hallazgos sugieren que tales compuestos pueden haber sido generados en parte por reacciones fotoquímicas en el medio interestelar

Esto más tarde conduciría a su incorporación de los asteroides cuando se formó el sistema solar, cuya posterior llegada a la Tierra en forma de meteoritos podría haber desempeñado un importante papel en la aparición de la vida temprana en nuestro planeta.

Imagen de portada:  iStock

FUENTE RESPONSABLE; National Geographic España. Por Héctor Rodriguez. Periodista especializado en Ciencia y Naturaleza.Abril 2022

Astrobiología/ADN/Astronomía/Meteoritos/Actualidad

 

El misterio del castillo de Chambord y su relación con Leonardo Da Vinci.

ARQUITECTURA RENACENTISTA

Son muchas las pistas que apuntan a que la construcción ubicada en el Centro-Valle del Loira fue diseñada por el maestro florentino, aunque no sea él a quien se le atribuya.

Si deseas profundizar sobre este tema; por favor cliquea donde esta escrito “en negrita”. Muchas gracias.

Año 1516, Francia. El gran Leonardo da Vinci se une a la corte del rey francés Francisco I, dejando atrás su famoso estudio de Roma. No le quedaban muchos años de vida, sin embargo se iba a involucrar en una tarea que acrecentaría todavía más su prestigio, adquiriendo el título del «primer pintor, ingeniero y arquitecto del rey». En aquellos momentos, su devoción a la corona francesa se vería materializada en la que estaría llamada a ser una de sus grandes obras: un castillo del tamaño de una ciudad elaborado a partir de técnicas arquitectónicas jamás conocidas. 

El rey Francisco I admiraba el Renacimiento italiano con todo su ser y, ansioso por emularlo y embellecer su nación, trajo a da Vinci hasta el castillo de Clos-Lucé, cerca de la ciudad medieval de Amboise. 

En dicha construcción, el polímata florentino pasaría los últimos tres años de su vida hasta su fallecimiento en 1519. De esta forma, encargó los planos arquitectónicos de la edificación soñada del rey francés en la población de Romorantin, muy cerca de donde se encuentra el actual castillo de Chambord, en el Centro-Valle del Loira. 

A pesar de la extraordinaria fama del castillo, la identidad del arquitecto de Chambord ha permanecido siendo un enigma Por todo ello, existe la creencia entre historiadores que, una vez fallecido el genio, usaron los planos para edificar dicho castillo, cuyas obras terminaron después de su muerte. Una exposición reciente que conmemora el 500 aniversario del castillo, llamada «De la utopía a la acción», explora la posibilidad de que Chambord fuera la última creación arquitectónica del maestro italiano, retomando el viejo debate de siglos.

«A pesar de la extraordinaria fama del castillo y el interés que ha despertado entre los historiadores a lo largo de los siglos, la identidad del arquitecto de Chambord ha seguido siendo un enigma», sostiene Virginie Berdal, investigadora de la fundación Patrimonio Nacional de Chambord, en unas declaraciones recogidas por la BBC.

«A partir de la década de 1490, Leonardo se estaba instruyendo a sí mismo para ser arquitecto e ingeniero», asegura Pascal Brioist, historiador científico de la Universidad de Tours y autor ‘The Audacity of Leonardo da Vinci’, el cual explora la conexión entre el genio florentino y el castillo del Valle del Loira

«Seis de sus dibujos muestran un proyecto para un palacio francés, que fue realizado antes de la edificación de Chambord», recalca en el medio británico.

Estas ilustraciones están recogidas en su Códice Atlántico, los cuales contienen imágenes de escaleras retorcidas, torres helicoidales y jardines elaborados. Diseños que se pueden encontrar en Chambord. 

¿Cuáles son los rasgos que más pistas ofrecen para pensar que fue autoría de da Vinci? La más clara sin duda es su inusual escalera de doble hélice, la cual permite que dos personas asciendan sin llegar a cruzarse, compuesta por dos rampas helicoidales que se retuercen como una hebra de ADN alrededor de un núcleo hueco. Este diseño de escalera nunca se había visto en Francia.

Del mismo modo, fuera el constructor original o no, la influencia de Leonardo en Chambord es innegable: sus fachadas ornamentales, sus interiores modulares o su estilo de cuadrícula ofrecen pistas certeras de que si no fue él su verdadero demiurgo, fue su mayor influencia a la hora de abordar su diseño.

Vista frontal de Chambord. (Wikipedia)

Más de un siglo después de que se finalizara su construcción, André Félibien, un historiador de la corte del rey Luis XIV se topó en 1681 con una maqueta de madera de un castillo, uno de los primeros usados para edificar Chambord, en un ático de la ciudad de Blois, tal y como narra la ‘BBC’. 

Dicho modelo guardaba una enorme similitud con los bocetos del Códice Atlántico, con planos de un molinete, una torre central en forma de cruz y estructuras helicoidales. 

Sin embargo, finalmente se descubrió que pertenecía a Domenico da Cortona, un arquitecto italiano conocido por el mote de «Boccador« y convocado a la corte francesa durante el reinado de Carlos VIII (1483-1498), a quien definitivamente se le atribuyó la creación de Chambord. También fue el cerebro detrás de la obra del castillo de Blois. 

Si alguna vez el lector tiene la oportunidad de hacer un viaje al interior de Francia, y más concretamente al Centro-Valle del Loira, no puede perderse esta megalomaníaca construcción de espíritu renacentista; sin duda, un deleite para la vista.

Imagen de portada: Castillo de Chambord visto desde arriba Gentileza de Wikipedia

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por E. Zamorano. Marzo 2020.

Sociedad y Cultura/Vinci/ADN

¿Cuánto necesitamos dormir para un sueño reparador?

Nos encanta esa sensación matutina que nos hace decir: “Hoy me he levantado como nuevo”. Pero no es lo habitual. Entre otras cosas porque en nuestro día a día hay tantas cosas que nos preocupan que, a veces, al llegar el momento de ir a dormir, por muy cansados que estemos no somos capaces de pegar ojo.

Contamos ovejitas, hacemos ejercicios de respiración y tratamos de poner a prueba cualquier consejo que nos lleve a conciliar el sueño. Y, de este modo, despertar con ganas de comernos el mundo o, al menos, de estar lo más descansados posible para nuestros quehaceres diarios. Vamos en busca del anhelado sueño reparador. Y describirlo así, como “sueño reparador”, no es sólo una metáfora.

Si hacemos cuentas, fácilmente vemos que un tercio de nuestras vidas lo pasamos durmiendo. Por algo será cuando el cuerpo lo pide. Con sensaciones y avisos, antes o después, llega el momento en el que se activan señales para que descansemos.

Si deseas conocer más sobre este importante tema; por favor cliquea donde está escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Dormimos para reparar el ADN de las neuronas.

El origen más íntimo de las señales que inducen al sueño está en nuestras células. Estas señales se activan de un modo preciso para reparar los daños que se producen en su interior, de un modo natural, durante la actividad cotidiana.

Los mecanismos moleculares que nos llevan al sueño han sido desenmascarados en un estudio muy reciente en modelos animales, pues el sueño es esencial en todos los organismos con un sistema nervioso. Y se ha demostrado que el fin último de dormir es reparar los daños que se acumulan en el ADN mientras que estamos despiertos. Sí, así como suena.

Cuando estamos despiertos, la presión homeostática que nos induce al sueño, es decir, el cansancio, se acumula en el cuerpo. Somos acumuladores de cansancio cuando estamos activos y nos vamos vaciando cuando dormimos. Y llegamos a un mínimo de cansancio después de una noche completa de buen sueño.

La principal causa de aumento de la presión homeostática es la acumulación de daños en el ADN de las neuronas. Durante el funcionamiento normal de todas nuestras células se producen reacciones cuyos productos pueden dañar al ADN y, por lo tanto, a los genes que nos hacer ser como somos.

Todas las células poseen mecanismos moleculares para combatir los daños, día y noche. Pero las neuronas son más susceptibles a la acumulación de daños cuando estamos despiertos, llegando hasta niveles peligrosos que no nos podemos permitir. La ciencia ha revelado que el sueño recluta a los sistemas de reparación de ADN, que lo arreglan tan eficientemente que nos levantamos como nuevos, y nunca mejor dicho. Utilizar, pues, la metáfora “un sueño reparador” adquiere todo su sentido.

PARP1 nos manda a dormir.

Una de las primeras moléculas en responder y activar los mecanismos que nos inducen al sueño es la proteína PARP1. Su misión es de vital importancia: se encarga de marcar los sitios del ADN que se han dañado y de reclutar a los sistemas adecuados para que los reparen.

Un resultado interesante fue ver que, si se impide que PARP1 actúe, la sensación de sueño desaparece. Pero esta inhibición también conlleva que no se activen los sistemas de reparación de las mutaciones en el ADN, algo que ya intuirán que no es nada bueno.

¿Cuantas horas de sueño son necesarias?

Con el fin de tratar de averiguar si hay un mínimo de horas de sueño que lleven al deseado sueño reparador, en el estudio se utilizó al pez cebra, un modelo animal de uso común en los estudios sobre el cerebro y con un sueño similar al de los humanos.

Pues bien, tras analizar la relación entre las horas de sueño y la reparación del ADN se llegó a la conclusión de que seis horas de sueño por noche suelen ser suficientes para la reducción adecuada de los daños en nuestro ADN.

¿Y si nos vamos de fiesta?

Entre los muchos y muy diferentes mecanismos neuronales que regulan los ciclos de vigilia y sueño también se encuentra la motivación.

La motivación, sin duda, modula que seamos más propensos a permanecer despiertos o a quitarnos de en medio e irnos a dormir si la situación lo requiere. Cuando estamos motivados podemos mantener un buen rendimiento físico y mental, por ejemplo escribiendo un artículo interesante, leyendo un buen libro o bailando en una divertida fiesta. Y todo ello mucho más allá de nuestros horarios habituales e ignorando la presión homeostática.

En la naturaleza, el establecer relaciones con otros congéneres, las oportunidades de apareamiento y la presencia de depredadores está claro que generan respuestas motivacionales y modulan los estados de excitación. 

Hay animales que pueden permanecer despiertos o dormidos mucho más de lo normal, e incluso mantener despierta solo la mitad de su cerebro, y un único ojo abierto.

Algo parecido ocurre en humanos cuando dormimos en una cama que no es la nuestra durante un viaje. Es lo que se conoce como el efecto de la primera noche. Así pues, resulta más que interesante conocer lo mejor posible los procesos que modulan la excitación y su relación con permanecer despiertos o ir a dormir, ya que pueden derivar en situaciones complicadas, incluso de conflicto.

Por su significado y relación, finalicemos con el comienzo del poema “El sueño” de Jorge Luis Borges:

Si el sueño fuera (como dicen) una

tregua, un puro reposo de la mente,

¿por qué, si te despiertan bruscamente,

sientes que te han robado una fortuna?

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Francisco José Esteban Ruíz. Profesor Titular de Biología Celular en la Universidad de Jaén.

Sociedad y Cultura/Cerebro/Neuronas/Sueño/Dormir/ADN