Max Born, el físico cuántico que alertó al mundo sobre “la causa de todos los males”.

«Una de las grandes tristezas de mi vida es que no conocí a mi abuelo», le dijo Olivia Newton-John a i24News.

«Cuando era una adolescente, mi mamá me decía: ‘Tienes que ir a conocer a tu abuelo porque se está volviendo anciano’ y yo contestaba: ‘Estoy ocupada’, y me arrepiento de eso», añadió la estrella británico-australiana que protagonizó «Grease».

Ese abuelo que no conoció era el físico y matemático Max Born, uno de los científicos más importantes del siglo XX.

Si no logras precisar qué hizo, es quizás porque, a pesar de sus muchos logros, gran parte del trabajo de Born fue muy complejo.

Pero si su nombre en todo caso te suena familiar, tal vez sea porque está muy presente en la física, y además porque fue un gran amigo de Albert Einstein.

De esa amistad nos quedó como legado una fascinante colección de cartas que abarcan cuatro décadas y dos guerras mundiales.

«Mi madre (Irene) las tradujo (del alemán al inglés)», resaltó la cantante y actriz.

Olivia Newton-John con John Travolta en "Grease".

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La cantante y actriz Olivia Newton-John es una de las nietas de Born, así como la música y académica Georgina Born y el actor Max Born (Fellini «Satiricón»).

En su extensa correspondencia, discutieron desde la teoría cuántica y el papel de los científicos en un mundo tumultuoso hasta sus familias y la música que interpretarían juntos cuando se encontraran.

De hecho, fue en una de esas cartas -fechada 4 de diciembre de 1926- en las que Einstein escribió una de las frases más famosas de la historia de la ciencia:

«La mecánica cuántica es ciertamente imponente. Pero una voz interior me dice que aún no es real. La teoría dice mucho, pero en realidad no nos acerca al secreto del ‘viejo’. Yo, en todo caso, estoy convencido de que dios no está jugando a los dados».

Einstein se rehusaba a aceptar la visión probabilística que favorecía esa teoría que describe cómo se comporta la materia que forma el pequeño universo de las partículas atómicas y subatómicas.

La incertidumbre que postulaba esa rama de la física -pensaba- en realidad revelaba la incapacidad de encontrar las variables con las que construir una teoría completa.

Su amigo Born, no obstante, era uno de los impulsores clave de la probabilística.

Para él, dios sí jugaba a los dados.

Los 29 asistentes a la famosa conferencia sobre electrones y fotones de los Institutos Internacionales Solvay de Física y Química de Bruselas en 1927. 17 eran actuales o futuros ganadores del Premio Nobel, entre ellos, Marie Curie, Albert Einstein y Max Born,.

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE PHOTO LIBRARY. Los 29 asistentes a la famosa conferencia sobre electrones y fotones de los Institutos Internacionales Solvay de Física y Química de Bruselas en 1927. 17 eran actuales o futuros ganadores del Premio Nobel, entre ellos, Marie Curie, Albert Einstein y Max Born,.

Convencido, siguió explorando el mundo infinitamente pequeño que esa revolucionaria y recién nacida ciencia buscaba comprender.

Así, sentó muchas de las bases de la física nuclear moderna.

A pesar de ello, e injustamente, subrayan los expertos, quedó opacado por luminarias como Werner Heisenberg, Paul Dirac, Erwin Schrodinger, Wolfgang Pauli y Niels Bohr.

Tanto así que la Fundación Nobel tardó en otorgarle el premio hasta 1954, 28 años después de que completó el trabajo por el que se lo concedieron.

Hay incluso quienes reclaman que aunque la razón por la finalmente lo reconocieron fue justa -una nueva forma de describir los fenómenos atómicos-, eso no era suficiente, pues consideran que Born debía compartir el título de padre de la mecánica cuántica con Niels Bohr.

Un puente

La vida de Born lo tornó en un puente entre tres siglos.

Nació en el seno de una familia judía en Breslau, reino de Prusia en ese entonces y hoy Breslavia en Polonia, en 1882, así que se formó en las tradiciones clásicas de la ciencia del siglo XIX.

A pesar de que, como tantos otros científicos judíos, tuvo que huir de los nazis, lo que lo privó de su doctorado y hasta su ciudadanía, en su hogar de adopción, Reino Unido, contribuyó al desarrollo de la ciencia del siglo XX.

Pero lo que preocupaba su mente eran las consecuencias de la ciencia moderna para el siglo XXI.

conversando con el rey Gustav Adolf VI., de Suecia en la ceremonia del Premio Nobel 1954.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Born conversando con el rey Gustav Adolf VI., de Suecia en la ceremonia del Premio Nobel 1954.

Pensaba que ningún científico podía permanecer moralmente neutral frente a las consecuencias de su trabajo, sin importar cuán marfilada fuera su torre, por lo que le horrorizaban la gran cantidad de aplicaciones militares de la ciencia que había ayudado a desarrollar.

«La ciencia en nuestra época», escribió, «tiene funciones sociales, económicas y políticas, y por muy alejado que esté el propio trabajo de la aplicación técnica, es un eslabón en la cadena de acciones y decisiones que determinan el destino de la raza humana».

Ese destino, dijo, se encamina hacia una pesadilla porque «el intelecto distingue entre lo posible y lo imposible; la razón distingue entre lo sensato y lo insensato. Hasta lo posible puede carecer de sentido».

Que el científico que postuló que sólo se podía determinar la probabilidad de la posición de un electrón en el átomo en momento dado -arrojando las leyes de Newton por la borda y abriendo la puerta a la física atómica- se preocupara por esas cuestiones, no era extraño.

Born había seguido durante toda su vida un consejo que le dio su padre cuando joven: nunca te especialices.

Así que jamás dejó de estudiar música, arte, filosofía y literatura.

Todo eso alimentaba su pensamiento ético.

Born con su esposa Hedwig

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Born con su esposa Hedwig, quien también se escribía con Einstein.

En uno de sus ensayos finales, escribió sobre lo que consideraba la única esperanza para la supervivencia de la humanidad.»Nuestra esperanza», dijo, «se basa en la unión de dos poderes espirituales: la conciencia moral de la inaceptabilidad de una guerra degenerada en el asesinato en masa de los indefensos y el conocimiento racional de la incompatibilidad de la guerra tecnológica con la supervivencia de los raza humana.»Si el hombre quería sobrevivir, debía renunciar a la agresión.

La incertitud necesaria

En 1944 Einstein le escribió en otra carta a Born:

«Nos hemos convertido en antípodas en relación a nuestras expectativas científicas. Tú crees en un Dios que juega a los dados, y yo, en la ley y el orden absolutos en un mundo que existe objetivamente, y el cual, de forma insensatamente especulativa, estoy tratando de comprender […].

«Ni siquiera el gran éxito inicial de la teoría cuántica me hace creer en un juego de dados fundamental, aunque soy consciente de que nuestros jóvenes colegas interpretan esto como un síntoma de vejez.

«Sin duda llegará el día en que veremos de quién fue la actitud instintiva correcta».

Pocos meses antes de que Einstein muriera, Born escribió: «Nos entendemos en asuntos personales. Nuestra diferencia de opinión sobre la mecánica cuántica es muy insignificante en comparación».

Max Born

Además de dejar su huella en varios campos de la física, desde la relatividad hasta la física química, la óptica y la elasticidad, Born fue maestro de 9 físicos ganadores del Nobel, durante la «edad de oro de la física».

Al final, parece que Einstein fue el equivocado.

Ese juego de dados que conlleva una incertidumbre constante sigue pareciendo necesaria para comprender el mundo infinitamente pequeño.

Y, para Born, la incertidumbre era también clave para la vida en el mundo infinitamente más grande que el que exploró.

«Creo que ideas como certeza absoluta, exactitud absoluta, verdad final, etc. son productos de la imaginación que no deberían ser admisibles en ningún campo de la ciencia», declaró.

«Por otro lado, cualquier afirmación de probabilidad es correcta o incorrecta desde el punto de vista de la teoría en la que se basa.

«Este relajamiento del pensamiento me parece la mayor bendición que nos ha dado la ciencia moderna.

«Porque la creencia de que sólo hay una verdad, y que uno mismo está en posesión de la misma, es la raíz de todos los males del mundo».

Imagen de portada: GETTY IMAGES. Max Born 1882-1970

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. 7 de agosto 2022

Alemania nazi/Albert Einstein/Física/Ciencia/Max Born

 

Marcel Grossmann, el talentoso matemático a quien Einstein le pedía los apuntes y le ayudó a conseguir empleo (y con su teoría).

Albert Einstein no economizaba elogios para uno de sus amigos más cercanos.

«Sus apuntes podrían haberse impreso y publicado», le dijo a la esposa de Marcel Grossmann sobre la época en que eran compañeros de clase en Suiza.

«Cuando llegaba el momento de prepararme para mis exámenes, él siempre me prestaba aquellos cuadernos de apuntes, que eran mi salvación. Ni siquiera imagino lo que habría hecho sin aquellos libros».

Esas palabras del genio de la física las reproduce Walter Isaacson en su extraordinaria biografía «Einstein, su vida y universo».

El matemático también vería con admiración a su amigo: «Este Einstein un día será un gran hombre», les dijo a sus padres.

A veces, después de clases, iban a una cafetería a conversar.

Se trató de una amistad que fue más allá de la vida estudiantil.

Isaacson describe a Grossmann como «el ángel guardián» de Einstein.

«Como estudiantes, nosotros, Albert Einstein y yo, a menudo analizábamos psicológicamente a conocidos comunes así como a nosotros mismos.

Durante una de esas conversaciones, una vez hizo la observación precisa: tu principal debilidad es que no puedes decir ‘no'», escribió Grossmann.

En el Politécnico

Grossmann nació en Budapest en 1878. Su familia era de Suiza, a donde se fue, junto a sus padres, cuando tenía 15 años.

Marcel Grossmann

FUENTE DE LA IMAGEN – ETH-BIBLIOTHEK ZÜRICH, BILDARCHIV. Asistió al Politécnico de Zúrich, hoy conocido como ETH, donde conoció a Einstein, que estudiaba para convertirse en maestro de física y matemáticas.

«Hay gente que dice que Einstein faltaba a clases. No estoy seguro de eso, tengo mis dudas, creo que Einstein era buen estudiante, asistía a las clases, pero sí sabemos que para prepararse para los exámenes, usó los apuntes de Grossmann», le dice a BBC Mundo Tilman Sauer, profesor de Historia de las matemáticas y las ciencias naturales en la Universidad de Mainz, en Alemania.

Y es que las anotaciones de su compañero eran de lujo. Cuando volvía a casa, Grossmann pasaba sus anotaciones en limpio y las trabajaba meticulosamente.

«En sus exámenes parciales de octubre de 1898 (Einstein) había terminado el primero de su clase, con una media de 5,7 sobre un máximo de 6. El segundo, con un 5,6 era su amigo y encargado de tomar apuntes de matemáticas Marcel Grossmann», cuenta Isaacson.

«Me conmovió»

Aunque ahora parezca increíble, Einstein tuvo dificultades para encontrar un empleo académico.

Mileva Maric y Einstein

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES-. Mileva Maric, la primera esposa de Einstein, también fue compañera de Grossmann en el ETH.

«De hecho, habrían de pasar nada menos que nueve años desde su graduación en el Politécnico de Zúrich, en 1900 -y cuatro años tras el milagroso año en el que no solo puso la física patas arriba, sino que logró finalmente que se le aceptara una tesis doctoral-, antes de que le ofrecieran un puesto como profesor universitario», señala el autor.

En el otoño de 1900, tuvo unos ocho empleos esporádicos como maestro particular y envió varias cartas a profesores de universidades europeas para que fuese considerado para un puesto.

«Quería ser asistente de algún profesor», señala Sauer, quien fue editor colaborador de los Collected Papers of Albert Einstein.

Cuando Einstein ya empezaba a desesperarse, «Grossmann le escribió diciéndole que era probable que hubiera una plaza de funcionario en la Oficina Suiza de Patentes, situada en Berna. El padre de Grossmann conocía al director y estaba dispuesto a recomendar a Einstein», indica Isaacson.

«¡Querido Marcel! Cuando encontré tu carta ayer, me conmovió profundamente tu devoción y compasión que no te permitieron olvidar a tu viejo desafortunado amigo (…)», le respondió en una misiva.

Einstein consiguió ese empleo en 1902 y fue allí, en la ahora famosa Oficina de Patentes, que en 1905, el genio desconocido de 26 años publicó su teoría de la relatividad especial.

Precisamente, en ese puesto escribió cinco estudios científicos que revolucionaron la física de inicios del siglo XX.

Ayudarlo a obtener ese empleo, sería descrito por Einstein como «lo más grande que Marcel Grossmann hizo por mí como amigo».

De hecho, ese año, el físico le dedicó su tesis doctoral.

En 1909, conquistaría una plaza como profesor asociado en la Universidad de Zúrich y, en 1911, se iría como profesor a la Universidad de Praga.

Grossmann, el profesor

Desde el principio, Grossmann pisó fuerte en el mundo académico. Poco después de graduarse como docente especializado en matemáticas, consiguió una posición como asistente de un profesor en el mismo ETH.

Albert Einstein

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Se convertiría en un experto en geometría no euclidiana y en geometría proyectiva y publicaría varios estudios sobre ese campo.

Su devoción como maestro y pedagogo lo caracterizaría a lo largo de su carrera, como lo cuenta el libro Marcel Grossmann: For the Love of Mathematics, que escribió su nieta Claudia Graf-Grossmann.

«Nunca se permite dar clases durante horas y horas sin asegurarse de que sus alumnos entiendan lo que intenta enseñarles, como hicieron sus profesores cuando estaba en la escuela secundaria en Budapest.

Por sus propias experiencias escolares, sabe que el placer de aprender y el éxito resultante son incomparablemente mayores cuando el material se enseña de una manera apasionante y fácilmente comprensible».

En 1905, se mudó a Basilea, donde enseñó y publicó dos libros de textos sobre geometría, de los que aprenderían varias generaciones de estudiantes.  

En 1907, fue nombrado profesor de geometría descriptiva en el ETH.

«Con Grossmann ahora en una posición importante en la facultad de ETH, no es de sorprender que hubiese estado envuelto en traer de regreso a Einstein a Zúrich», escribió Sauer en el ensayo: Marcel Grossmann and his contribution to the general theory of relativity.

En 1912, Einstein fue nombrado profesor de Física teórica en esa institución.

Se reunió con Grossmann y le habló de sus ideas para generalizar su teoría de la relatividad especial.

Einstein le dijo: «Me tienes que ayudar o me volveré loco».

La guía

En un artículo sobre el matemático, John Joseph O’Connor y Edmund Frederick Robertson, profesores de la Universidad de St. Andrews, cuentan que en 1912, Einstein luchaba por «extender su teoría de la relatividad especial para incluir la gravitación».

Bernard Riemann

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE PHOTO LIBRARY. Bernard Riemann fue un prodigio alemán del siglo XIX.

Y encontró en su amigo una gran guía.

«La necesidad de ir más allá de la descripción euclidiana del espacio-tiempo fue primero articulada por Grossman, quien persuadió a Einstein de que ese era el lenguaje correcto para lo que se convertiría en la relatividad general», le señaló a BBC Mundo, en 2020, David McMullan, profesor de Física Teórica de la Universidad Plymouth.

Grossmann le sugirió el trabajo del alemán Bernhard Riemann y el cálculo tensorial que desarrollaban los italianos Gregorio Ricci-Curbastro y Tullio Levi-Civita.

Él mismo era un experto en cálculo tensorial y sus explicaciones terminaron convenciendo a Einstein.

Y es que -recuerda Isaacson- en los dos cursos de geometría que tomaron en el ETH, Einstein sacó 4,25 de 6, mientras que Grossman obtuvo 6.

«Estoy trabajando exclusivamente en el problema de la gravitación y creo que puedo superar todas las dificultades con la ayuda de un amigo matemático aquí», le escribió Einstein, en 1912, al físico teórico Arnold Sommerfeld.

«Pero una cosa es cierta: nunca antes en mi vida había trabajado tanto y he adquirido un respeto enorme por las matemáticas, cuyos aspectos más sutiles consideré hasta ahora, en mi ingenuidad, como un mero lujo.

«Comparado con este problema, la teoría original de la relatividad es un juego de niños».

Las geometrías no euclidianas

«En la segunda mitad del siglo XIX, se empezaron a desarrollar las geometrías no euclidianas y el concepto de geometría de Riemann, y eso era lo que Einstein necesitaba para establecer la teoría generalizada», le dice a BBC Mundo Manuel de León, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y académico de la Real Academia de Ciencias de España.

Pero había un detalle: «no estaba familiarizado con ellas».

Carl Frederick Gauss

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Uno de los matemáticos más grandes de la historia: Carl Frederick Gauss.

«La labor de Grossmann fue fundamental para despejarle el camino a Einstein y explicarle todo eso que estaba naciendo en el ámbito de las matemáticas».

A Einstein le urgía que sus ideas sobre física pudieran ser «materializadas con un modelo matemático y ese modelo lo daban las geometrías no euclidianas».

Con ese término se denominan las geometrías, como la hiperbólica y la esférica, que difieren de la geometría de Euclides en el axioma, sobre la existencia de una paralela externa a una recta.

Es así como, cuando comenzó a elaborar su teoría de la relatividad general, Einstein se dio cuenta de que tenía que utilizar la geometría diferencial, que habían desarrollado a partir del siglo XIX grandes matemáticos como Gauss, Bolyai, Lobachevskai, Riemann, Ricci, Lévi-Civita, Christoffel, y muchos otros.

«La idea esencial de Einstein es: la masa crea curvatura a su alrededor, pero ¿cómo la crea? ¿Cuál es el modelo matemático que es capaz de expresar esa curvatura si tengo la masa? Para eso necesitaba la geometría diferencial», indica el profesor.

«Lo maravilloso de Einstein es que fue capaz de poner todas esas cosas juntas y con su intuición física, encontrar la ecuación de campo», señala.

Pero antes de llegar a eso, el genio trabajó arduamente.

Juntos

En 1913, los dos amigos publicaron un artículo en el que «unieron las matemáticas sofisticadas que Grossmann sabía y la física de Einstein», indica Sauer.

Un detalle de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein, quien donó el manuscrito original a la Universidad Hebrea de Jerusalén.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Un detalle de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein, quien donó el manuscrito original a la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Ese artículo es considerado un paso importante en el camino hacia la teoría general de la relatividad.

«Juntos trataron de darle sentido a las matemáticas en el contexto de lo que Einstein necesitaba para su teoría».

Sin embargo, no lograron encontrar las ecuaciones correctas del campo gravitatorio.

En 1914, publicaron otro artículo conjunto. Pero ese mismo año, su colaboración terminó. Einstein había aceptado una plaza como profesor en Berlín.

Allí, siguió trabajando en el problema de la gravitación.

A finales de 1915, llegó a la formulación definitiva de su teoría, la publicó y revolucionó la historia de la ciencia y la forma en que entendemos el universo.

«Einstein enfatizó que su teoría general de la relatividad se construyó sobre el trabajo de Gauss y Riemann, gigantes del mundo matemático.

Pero también se construyó sobre el trabajo de figuras destacadas de la física, como Maxwell y Lorentz, y sobre el trabajo de investigadores menos conocidos, en particular Grossmann, Besso, Freundlich, Kottler, Nordström y Fokker», escribieron Michel Janssen y Jürgen Renn en el artículo History: Einstein was no lone genius, de la revista Nature.

En su artículo Sauer, cuenta que meses después de publicar la teoría, Einstein escribió:

«Quiero reconocer con agradecimiento a mi amigo, el matemático Grossmann, cuya ayuda no sólo me ahorró el esfuerzo de estudiar la literatura matemática pertinente, sino que también me ayudó en mi búsqueda de las ecuaciones de gravitación de campo».

«Toda la vida»

En los años 20, la salud de Grossmann se empezó a deteriorar debido a la esclerosis múltiple.

Murió en 1936, en Suiza.

Albert Einstein

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. En 1955, Einstein recordó a Grossmann con gratitud en un texto autobiográfico.

En una carta para expresar sus condolencias, Einstein le escribió a la esposa de su amigo sus recuerdos:

«Él, un estudiante modelo, yo, desordenado y soñador».

Elogió que su amigo siempre estuviera en buenos términos con los profesores y que lo entendiera todo fácilmente, mientras él era distante, no muy popular.

«Pero éramos buenos amigos y nuestras conversaciones delante de un café helado en el Metropole cada pocas semanas están entre mis recuerdos más felices».

Cuando se graduaron, «me quedé solo de repente, enfrentando la vida sin poder hacer nada. Pero estuvo a mi lado y a través de él (y su padre) llegué a (Friedrich) Haller en la Oficina de Patentes unos años más tarde».

Estar allí fue como una especie de «salvavidas, sin el cual no podría haber muerto, pero ciertamente me habría marchitado intelectualmente».

Evocó «el trabajo científico conjunto y febril sobre el formalismo de la teoría general de la relatividad».

«No se completó, ya que me mudé a Berlín, donde continué trabajando por mi cuenta».

Y lamentó el impacto de la enfermedad en su amigo.

«Pero una cosa es hermosa. Fuimos amigos y seguimos siendo amigos toda la vida».

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Margarita Rodriguez, BBC News Mundo. 24 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Física/Albert Einstein/Ciencia/Suiza

 

 

 

 

 

Las controversiales posturas de Max Planck, uno de los grandes científicos del siglo XX.

El físico alemán, premio Nobel en 1918, fue una de las principales figuras de la ciencia el siglo pasado. Pero su vida estuvo marcada por posturas muy polémicas frente al régimen nazi.

 

Adolf Hitler conocía la voz de Max Planck. Sin duda, le resonó clara cuando leyó la carta que en octubre de 1944 le dirigió el premio Nobel: “Como agradecimiento del pueblo alemán por mi obra de toda una vida, que se ha convertido en una riqueza intelectual imperecedera de Alemania, imploro por la vida de mi hijo…”. 

¿Quién era este hombre que postrado por el dolor suplica con palabras precisas por la vida de su hijo? ¿Cómo entender a un hombre que estuvo en el centro de una revolución científica que habría de cambiar al mundo y que en medio de la vorágine de una guerra atroz, ni huyó de la locura ni se enfrentó con el delirante poder que la propiciaba? (

Max Planck fue fundamentalmente un caballero prusiano de mediados del siglo XIX. Nacionalista, conservador, culto, de familia con tradición académica. Tenía 42 años en 1900, cuando estremeció a la física al proponer que la energía de la radiación no era continua y catapultó así la física cuántica.

 

Coqueteó con ser pianista, pero estudió física desoyendo el consejo de un profesor quien le advirtió que la física como empresa intelectual estaba finalizada. Obtuvo su doctorado a los 21 años con una tesis acerca de la noción de entropía. En 1900, estaba casado con Marie Merke, y tenían cuatro hijos, dos varones y dos gemelas.

 

Planck era editor de la revista más importante de la ciencia alemana, Annals of Physics. En 1905 y leyó los trabajos que Albert Einstein publicó ese año milagroso y entendió que la relatividad cambiaría nuestra visión del mundo.

 

Tuvieron una amistad basada en la fascinación por las leyes universales. Planck afirmaba que “la búsqueda de estas leyes es lo más sublime que podemos perseguir en la vida”. Esta frase hubiera podido ser de Einstein. La música también los unía, fueron frecuentes las veladas musicales en la casa de los Planck.

 

Pero un inmenso abismo ideológico los separaba: Einstein era un hombre del siglo XX, de ideas liberales, antimilitarista, irreverente, sin apego a nacionalidades, universal, anti establishment, pacifista y muy importante para los años que vendrían: judío.

 

En 1909 murió Marie y dos años después Planck se casó con Marga, sobrina de Marie. Ese mismo año nació su último hijo.

 

En nacionalismo flotaba en el ambiente, banderas, himnos, y marchas militares eran la antesala de la I Guerra Mundial. Un grupo de intelectuales que incluía a Planck, firmaron “El manifiesto de los 93″, una publicación abominable justificando la guerra.

 

Alemania despidió a sus hombres que van al frente de batalla y un patriótico Max Planck orgulloso, vio partir a su hijo mayor, Karl. Fue la última vez que lo vio con vida. Fallecería en los campos de Francia en 1916.

 

La tragedia continuaría ensañandose con Planck. En los dos años siguientes murieron ambas gemelas, mientras daban a luz sus hijas, que sobrevivieron.

En 1918 Planck recibió el Nobel en física. El período entre guerras era singularmente convulso en una Alemania que miraba con asombro el vertiginoso ascenso del nazismo de manos de un delirante Hitler. En ciencia, la fobia judía apuntaba a la figura emblemática de Einstein, una celebridad a partir de 1919, el mismo año en que Alemania era humillada en el Pacto de Versalles tras la derrota.

 

Dos premios Nobel, Johannes Stark y Phillipe Lenard, se erigían en guardianes de la ciencia aria para evitar su contaminación con la “cochina ciencia judía”.

 

En 1933 Hitler fue elegido canciller y se entrevistó cara a cara con Planck, sin duda la gran figura de la ciencia alemana. Planck intentó conseguir un trato especial para los científicos judíos y sólo encontró a un enloquecido Hitler que vociferó la insensata frase: “Si el despido de los científicos judíos significa la aniquilación de la ciencia alemana contemporánea, entonces prescindiremos de la ciencia”. Planck entendió que nada se podía hacer.

 

Se le pidió que firmara un manifiesto contra Einstein tras su expulsión de la Academia Prusiana de Ciencias, y Planck lo firmó. La amistad de los dos grandes científicos quedó fracturada definitivamente.

 

Max Planck pensaba que era su deber quedarse en Alemania. Einstein había comentado: “Planck está enraizado en su tierra con cada fibra de su ser”.

 

Los judíos fueron despedidos de todos los cargos públicos y universidades, y la orden de comenzar todo acto con el saludo nazi de “Heil Hitler” no tardó en aparecer. Planck la acató en sus charlas sobre ciencia, a menudo con la bandera nacionalsocialista y la esvástica en el fondo. 

 

Recomendaba a sus colegas no mencionar a científicos judíos y en particular a Einstein, sin embargo, en una conferencia en el club de la Oficina Exterior nazi, con asistencia de jerarcas del gobierno, exclamó: “Einstein es un líder y un guía en el campo del pensamiento que mira más allá de las razas y las fronteras”

 

Su apoyo a los judíos le ganó la calificación de “judío blanco” por los adalides de la ciencia aria.

 

“Hemos hecho cosas terribles, nos aguardan tiempos terribles”, le había confesado a su protegida judía, la física nuclear Lise Meitner. No imaginaba cuánto.

 

En el año 1944 la aviación inglesa bombardeó con furia a Berlín; las bombas pulverizaron su casa, destruyendo su biblioteca, sus archivos y la correspondencia invaluable de varias décadas. Y, a finales de ese mismo año, Erwin Planck, su hijo, fue sentenciado a muerte tras ser involucrado en un atentado fallido contra Hitler.

 

Un anciano de 87 imploró el perdón para su hijo. La figura emblema de la ciencia alemana ruega al poder un acto de conmiseración. Pero el poder y la ciencia no se la llevaban bien. Hitler ignoró la carta. Himmler, el jefe de las SS, promete que será indultado pero cinco días después y faltando pocas semanas para la caída del tercer Reich, Erwin Planck muere en la horca nazi.

 

El dolor de Planck no conocio límites. La guerra lo alcanzó huyendo sin rumbo con su esposa, durmiendo en bosques y establos cuando fue rescatado por un grupo del ejército norteamericano, antes de que el ejército soviético lo capturase.

 

¿De qué tamaño fue el dilema moral que un hombre decente como Planck tiene que haberse planteado? ¿Jugó al delicado filo de un equilibrio acomodaticio o pensó que ser presidente de la Academia Prusiana de Ciencias y del Instituto Káiser Guillermo le permitía contener el delirio nazi? ¿Por qué no se opuso frontalmente a un régimen que era moralmente inaceptable?

Cierto que dar conferencias sobre relatividad o sobre la libertad como condición de la ciencia era una forma sutil de protesta, pero ¿dónde se pone la frontera?

Fueron tiempos convulsos y es difícil juzgar a la distancia. Tan sólo una comprensiva indulgencia nos permitirá entender al hombre digno que fue.

Max Planck sobrevivió dos años más, falleció el 4 de octubre de 1947 a los 87 años.

Imagen de portada: Escultura de Max Planck.Foto: Pixabay

FUENTE RESPONSABLE: El Espectador. Por Héctor Rago* Abril 2022

*Astrofísico – Profesor de la Universidad Industrial de Santander / Realizador de Astronomía Al Aire

Ciencia/Fisica/Alemania nazi/Albert Einstein

Las andanzas de Albert Einstein por una Buenos Aires que aún no tenía Obelisco.

El autor de la Teoría de la Relatividad pasó dos meses en la Argentina en 1925, cuatro años después de haber ganado el Premio Nobel de Física.

En el templado otoño de 1925, el físico más popular de todos los tiempos, Albert Einstein, sintió durante una prolongada visita a la Argentina el verdadero peso de la fama, que le pareció excesivo, pero se fue de aquí con la certeza de que había colaborado, y no se equivocaba, con el futuro de la investigación científica argentina.

   En los dos meses que duró aquella estadía con base en la Capital Federal, el responsable de la Teoría de la Relatividad brindó doce conferencias en instituciones educativas públicas, a las que terminó agradeciéndoles por haberle permitido el encuentro con un público en general profano, pero lleno de ganas de comprender ideas científicas complejas.

   Aquella ciudad de Buenos Aires que se auto percibía como el ombligo del granero del mundo aún no había construido el Obelisco su señal de identificación en el cruce de “la avenida más ancha del mundo” con “la calle que nunca duerme”, pero estaba orgullosa de haber inaugurado en 1913 el primer subterráneo de Latinoamérica, la actual Línea A.

Cliquea por favor; en el link siguiente. Gracias.

Albert Einstein en Buenos Aires – Por la ciudad

El físico arribó a la Argentina cuatro años después de haber obtenido el Premio Nobel, pero como consecuencia de una relación de amistad forjada en 1922 en el Instituto Politécnico de Zürich con el francés Jorge Duclot, que lo invitó a conocer el Sur de América cuando ya ejercía como profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

Para la historia de la ciencia en la Argentina aquella visita resultó fundamental, porque inspiró a muchos futuros colegas, entre ellos a Bernardo A. Houssay, que años más tarde sería Premio Nobel de Medicina, e instaló a las universidades públicas del país en el centro de la difusión en Latinoamérica de una teoría que aun suscitaba controversias en el mundo.

   Los cinco argentinos que ganaron el Nobel fueron estudiantes de la UBA y entre ellos hay tres vinculados a la investigación científica, aquello en que Einstein fue el gran ejemplo: Houssay fue galardonado con el de Medicina en 1947, siendo el primer latinoamericano laureado en Ciencias, Luis Federico Leloir obtuvo en 1970 el de Química y César Milstein cosechó el suyo en Medicina en 1984.

La Teoría de la Relatividad, que discutía con la famosa pero añeja Teoría de la Gravedad, postulada dos siglos antes por Isaac Newton, sostenía desde 1905, entre otras cosas, que el movimiento es relativo al observador, mientras la velocidad de la luz siempre es constante.

El segundo de sus grandes aportes, la Teoría de la Relatividad General, publicada en 1915, afirmaba que el espacio se curvaba por la fuerza gravitatoria de la Tierra, pero que por el brillo solar eso resultaba invisible a los ojos humanos, salvo en ocasiones especialisimas.

Cuatro años más tarde esa ocasión llegó: durante un eclipse, el astrofísico inglés Arthur Stanley Eddington pudo fotografiar la luz de las estrellas en torno al sol, comprobando la curvatura de la luz, desde un laboratorio montado en la Isla Príncipe, frente a Guinea Ecuatorial, en África, en la prueba empírica de que Einstein tenía razón.

 A partir de 1919, entonces aquel hombre de mirada pícara e inteligencia suprema, nacido en Alemania en el seno de una familia judía, pero luego nacionalizado suizo, austríaco y estadounidense, se convirtió en una estrella de rock, antes de que el rock existiera, y tuvo que acostumbrarse a convivir con el interés periodístico por su día a día.

   Eso aumentó cuando en 1921 le concedieron el Premio Nobel de Física, aunque no por su Teoría de la Relatividad, que todavía era discutida en los círculos académicos pero le había dado una insólita popularidad en un mundo mucho menos conectado que el actual, que él mismo abonaba con su estilo desacartonado –su foto más famosa lo muestra sacándole la lengua a la cámara- y hasta la desprolijidad de su cabellera.

   Su triunfo como científico era también una victoria política frente a los influyentes sectores conservadores de las sociedades europeas, que habían tildado su teoría de poco seria, en rigor porque estaban molestos con las ideas socialistas a la que Einstein adhería después de haber estudiado muchos años los textos de Baruch Spinoza, David Hume, Immanuel Kant y Karl Marx, entre otros.

   El choque entre las ideas científicas y sus detractores, que tenía una larga historia a partir del modo en que la Iglesia Católica se comportó siglos antes con Galileo Galilei por haber demostrado que la Tierra giraba en derredor del Sol, no era menor en aquel momento europeo, ya que iba construyéndose un panorama general que redundaría en el acceso posterior al poder de líderes de ultra derecha, como Hitler, Mussolini y Franco, entre otros.

   El supuesto básico de la teoría de la relatividad, que siempre molestó a los fundamentalistas y a los dogmas religiosos, es que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, es relativa al estado de movimiento del observador, lo que cambiaba muchos dogmas e incluso aportaba un punto de discusión interesante para la filosofía.

   La visita a la Argentina, a la que llegó en el barco Cap Polonio, se dio en el marco de una de sus extenuantes pero habituales giras previas a la Segunda Guerra Mundial, que en este caso incluía también muchas semanas en Uruguay y Brasil, cuyos detalles fue reportando al estilo de la época en cartas a su familia, además de las anotaciones que hacía en su diario personal.

   “En el momento en que les llegue esta pequeña nota, yo ya estaré en Montevideo o en Rio, desde donde saldré, el 12 de mayo, de regreso hacia Hamburgo», escribió por ejemplo a su esposa Elsa y a su hijastra Margot desde Buenos Aires, en una misiva fechada el 25 de marzo de 1925.

   Einstein, que era afable en público y llegó a plegarse a una fiesta de estudiantes para tocar el violín, instrumento cuya técnica dominaba como un profesional, reportaba en esas cartas que tenía la agenda demasiado llena de compromisos, por lo que se sentía un comediante obligado a representar un papel acorde con las expectativas que su genialidad despertaba,

   En los dos meses argentinos, tuvo actividades en Córdoba, Rosario y La Plata, pasó unos días de descanso en Llavallol, se reunió con el presidente Marcelo T. de Alvear y con el famoso escritor Leopoldo Lugones, con el que además cenó, tuvo encuentro con organizaciones judías e incluso sobrevoló Buenos Aires a bordo de un hidroavión Junker de una empresa alemana, cuando la aviación estaba en sus albores.

   Además de sus conferencias en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Hotel Savoy, recorrió escuelas públicas, visitó, hospitales y orfanatos, paseó por los Bosques de Palermo y el Mercado del Abasto, visitó Tigre, caminó por la peatonal Florida, publicó artículos en el diario La Prensa y se encantó con el ambiente del café Tortoni, el más antiguo de la ciudad.

   En aquellos días agotadores, las anotaciones en su diario personal, la mayoría de ellas con ideas que no prosperaron, incluyeron una “aproximación a una teoría sobre la relación entra la gravitación y la electricidad”, mientras en su país natal estaba instalándose el escenario persecutorio de las ideas que el cineasta Ingmar Bergman describió en la película El huevo de la serpiente.

   Unos años después de su visita a la Argentina, Einstein se iría de Alemania mientras el nazismo iba construyendo su llegada al poder, para dedicarse a la docencia en Princeton, Nueva Jersey, y avanzar en el intento de integrar en una misma teoría la fuerza gravitatoria y la electromagnética, antes de nacionalizarse como estadounidense en 1940.

   El científico vanguardista que ayudó a difundir la idea de que todo en el universo, y en la vida, es relativo, murió en Princeton a los 76 años, en 1955, de una hemorragia interna causada por la ruptura de un aneurisma en la aorta abdominal, luego de rechazar una cirugía de urgencia que le propuso el médico Rudolph Nissen, que ya lo había operado en 1948.

 “Quiero irme cuando quiero”, precisó aquel hombre que pidió que su cuerpo fuera incinerado sin velatorio, ante apenas 12 personas, y que sus cenizas fueran arrojadas al cercano río Delaware, intentando evitar las pompas del funeral de un famoso. “Considero de mal gusto prolongar artificialmente la vida”, había explicado antes. “He hecho mi trabajo, es hora de irme. Lo haré con elegancia”. (NA)

Imagen de portada: Gentileza de La Nueva. Bahía Blanca. Argentina

FUENTE RESPONSABLE: La Nueva. Bahía Blanca. Argentina. Abril 2022

Sociedad/Ciencia/Albert Einstein/Buenos Aires/

Teoría de la relatividad.

 

El acertijo de Albert Einstein que solo el 2% de la gente es capaz de resolver.

Tendrás que utilizar todo tu ingenio para encontrar la respuesta correcta de este acertijo.

PON A PRUEBA TUS CAPACIDADES

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No hay nada como una prueba de agudeza visual o un problema matemático difícil de resolver para conseguir atrapar la atención de todo el mundo. Seguro que durante tu infancia (también en la edad adulta, reconócelo) te han hecho la pregunta «¿Dónde está Wally?» al intentar buscar al personaje de vestimenta rayada en uno de los clásicos libros. Uno de los retos que desafía a tu mente es el conocido como «el acertijo de Albert Einstein». Este desafío ha sido citado por la prestigiosa Universidad de Stanford y se supone que solo el 2% de la población es capaz de resolverlo. Este es el enunciado del acertijo: En una calle hay cinco casas, cada una de un color distinto. En cada casa vive una persona de distinta nacionalidad. Cada dueño bebe un único tipo de bebida, fuma una sola marca de cigarrillos y tiene una mascota diferente a sus vecinos. A partir de las 15 pistas presentadas a continuación, la consigna que hay que responder es: «¿Quién es el dueño del pez?».

  1. El británico vive en la casa roja.
  2. El sueco tiene un perro como mascota.
  3. El danés toma té.
  4. El noruego vive en la primera casa.
  5. El alemán fuma Prince.
  6. La casa verde está inmediatamente a la izquierda de la blanca.
  7. El dueño de la casa verde bebe café.
  8. El propietario que fuma Pall Mall cría pájaros.
  9. El dueño de la casa amarilla fuma Dunhill.
  10. El hombre que vive en la casa del centro bebe leche.
  11. El vecino que fuma Blends vive al lado del que tiene un gato.
  12. El hombre que tiene un caballo vive al lado del que fuma Dunhill.
  13. El propietario que fuma Bluemaster toma cerveza.
  14. El vecino que fuma Blends viveal lado del que toma agua.
  15. El noruego vive al lado de la casa azul.

La solución al acertijo

El matemático español Francisco Lorenzo publicó en su canal de YouTube la siguiente manera de resolver uno de los acertijos de lógica deductiva más famosos del mundo.

Acertijo de Einstein RESPUESTA – ¿Quién es el dueño del pez?

Si has seguido uno a uno los pasos (seguro que has completado la tabla con los colores de las casas, las bebidas, las marcas de cigarrillos y las mascotas) la respuesta es que el dueño del pez es el vecino alemán.

Foto: Youtube

Foto: Youtube

Imagen de portada: Gentileza de Wikimedia

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Virales/Acertijos/Albert Einstein

Hace 100 años, Einstein ganó el Nobel de Física pero no fue por la Teoría de la Relatividad.

El 10 de diciembre de 1921, Albert Einstein ganaba el Premio Nobel de Física. Sin embargo, no fue por su revolucionaria Teoría de la Relatividad, sino por otra demostración sobre la luz.

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La Teoría de la Relatividad de Albert Einstein cambió la forma de concebir el Universo. Fue revolucionaria. Sin embargo, no fue por esto que el físico alemán ganó el Premio Nobel de Física el 10 de diciembre de 1921, sino por otra demostración: el efecto fotoeléctrico.

¿De qué se trata? Todo comenzó en 1887, cuando el físico alemán Heinrich Rudolf Hertz descubrió que, cuando la luz (visible o ultravioleta) incide sobre la superficie de algunos metales, el metal emite electrones. «Ahora sabemos que lo que ocurre es que los fotones de luz chocan contra los átomos en la superficie del metal y en ese choque se liberan electrones», aclaró el doctor en Física del Instituto Balseiro, Marcelo Kuperman, a AIRE. Esto es lo que se conoce como el «efecto fotoeléctrico».

Sin embargo, pensar en fotones supone pensar en que la luz no es una onda sino que está compuesta por partículas que hoy llamamos fotones. «Durante mucho tiempo coexistieron las teorías sobre la naturaleza ondulatoria y corpuscular de la luz pero, hacia fines del siglo XIX, la idea de pensar en la luz como una partícula había sido descartada», contó. 

Pero las observaciones del efecto fotoeléctrico no podían ser explicadas pensando en la luz como una onda. Tampoco alcanzaba con simplemente pensar en la luz como una partícula. Hacia falta algo más. «Hacia fines del siglo XIX, la idea de pensar en la luz como una partícula había sido descartada», contó Kuperman. «Ese algo más nace de las ideas de Max Planck que, en 1900 propuso que la energía no puede tomar valores continuos sino que está organizada en pequeños paquetitos a los que llamó cuantos. Planck ganó el premio Nobel de Física en 1918 por estos trabajos, que dieron lugar unos años más tarde a la mecánica cuántica», explicó Kuperman.

El aporte de Einstein

Albert Einstein unió la concepción de la luz como partículas, los fotones, y las ideas de Planck sobre la discretización de la energía y pudo explicar lo que se observaba con el efecto fotoeléctrico. «En ese momento las ideas de Planck no eran aceptadas por la comunidad científica, como tampoco lo fueron las ideas de Einstein sobre la Relatividad en los primeros años tras su formulación», dijo el físico.

Albert Einstein unió la concepción de la luz como partículas, los fotones, y las ideas de Planck sobre la discretización de la Energía y pudo explicar lo que se observaba con el efecto fotoeléctrico.

Albert Einstein unió la concepción de la luz como partículas, los fotones, y las ideas de Planck sobre la discretización de la Energía y pudo explicar lo que se observaba con el efecto fotoeléctrico.

Einstein unió la concepción de la luz como partículas, los fotones, y las ideas de Planck sobre la discretización de la energía y pudo explicar lo que se observaba con el efecto fotoeléctrico. «Pero Einstein estaba más allá de las convenciones y paradigmas de su época y no dudó en ensayar las ideas de Planck para explicar un fenómeno sin explicación», contó.

Llega el premio

Otro físico, llamado Robert Millikan, pasó casi diez años tratando de demostrar que la teoría de Einstein sobre el efecto fotoeléctrico no era correcta, «pero logró lo contrario, confirmarla», señaló el físico del Balseiro. Esta confirmación experimental fue lo que le permitió a Einstein recibir el Nobel en 1921 y a Millikan en 1923.

La confirmación experimental de Millikan fue lo que le permitió a Einstein recibir el Nobel en Física.

La confirmación experimental de Millikan fue lo que le permitió a Einstein recibir el Nobel en 1921 y a Millikan en 1923.

Mientras tanto, la Teoría de la Relatividad general de Einstein recibía su primera confirmación experimental con el eclipse de 1919. 

Leer más ► ¿Cómo un eclipse pudo comprobar la Teoría de la Relatividad de Einstein? 

«Tras la confirmación experimental, la Teoría de la Relatividad podría haber sido premiada con el Nobel. Entender por qué se eligió el efecto fotoeléctrico y no a la Relatividad es objeto de debate. El motivo responde más a cuestiones políticas que a cuestiones académicas», analizó Kuperman.

  • Robert Millikan y Albert Einstein. Millikan pasó casi diez años tratando de demostrar que la teoría de Einstein sobre el efecto fotoeléctrico no era correcta, pero logró lo contrario, confirmarla. 

Imagen de portada: Gentileza de Aire Digital

FUENTE RESPONSABLE: Aire Digital Por Astrid Galetti. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Genios Virtuosos/Ciencia/Investigación/Albert Einstein/Premio Nobel.

El modelo matemático que dice que es posible volver al pasado (y soluciona un problema que enfrentan estas teorías).

Imagina que tienes una máquina del tiempo con la que puedes viajar al pasado.

En este momento, tendrías la posibilidad de viajar a finales de 2019 y evitar que se desatara la pandemia de coronavirus.

Tu misión sería encontrarte con el paciente cero, justo antes de que se contagiara y comenzara a esparcir el virus.

Suena bien, ¿no? El problema es que un pequeño detalle te impediría completar esa misión.

Es cierto que algunas interpretaciones de la física teórica afirman que viajar en el tiempo es posible.

Einstein, por ejemplo, era consciente de que sus ecuaciones permitían, en principio, viajar en el tiempo.

Esa posibilidad teórica, sin embargo, se choca con lo que los científicos llaman una «paradoja», que haría lógicamente imposible que el viaje se pudiera realizar.

Esas paradojas son un aguafiestas para los entusiastas de los viajes en el tiempo, pero ahora, una nueva investigación afirma que es posible esquivarlas.

¿Qué son estas paradojas y por qué este nuevo estudio afirma que es posible evitarlas para poder viajar al pasado?

Reloj

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY

La idea de viajar al pasado crea paradojas que desafían la lógica.

Un nieto que asesina a su abuelo.

Para entender qué es una paradoja, volvamos a la historia de la pandemia.

Si viajas al pasado y evitas que el paciente cero se contagie, inmediatamente se crea una paradoja.

Es decir, si logras detener el inicio de la pandemia, hoy no tendríamos pandemia, por lo tanto, no tendrías motivo para viajar al pasado, entonces no viajarías al pasado y no podrías impedir que se desatara la pandemia.

Esa es la paradoja, un bucle infinito que crea una inconsistencia lógica y que destruye la ilusión de los viajes en el tiempo.

Hay muchas paradojas, pero esta es una de las más famosas.

Se le llama la «paradoja del abuelo», porque su versión original plantea un escenario en el que un nieto viaja al pasado para matar a su abuelo antes de que tuviera a su padre.

Espacio tiempo.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Desde la física teórica se han planteado varios ejercicios para explicar la posibilidad de viajar en el tiempo.

El problema es que si mata a su abuelo, el viajero nunca podría haber nacido.

Si no puede nacer, no puede viajar, así que el viaje en el tiempo tampoco sería posible.

Esquivar la paradoja.

Para resolver esta paradoja se han propuesto varios ejercicios mentales, pero ahora, dos investigadores en Australia, proponen una solución matemática para evitarla.

Los investigadores querían analizar cómo se comporta la dinámica de un cuerpo, es decir, su movimiento en el espacio-tiempo, al entrar en una curva de viaje al pasado.

Para eso crearon un modelo matemático con el que calcularon que un «agente» que entra en un bucle de viaje al pasado, puede tomar distintos caminos sin que se altere el resultado de sus acciones.

Su ejercicio abstracto muestra que varios agentes pueden comunicarse en el pasado y el presente, sin que haya una relación causa efecto.

Personas

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

¿Crees que algún día logremos viajar en el tiempo?

Eso significa que «los eventos se ajustan a sí mismos, de manera que siempre habrá una única solución consistente», le dice a BBC Mundo Germain Tobar, estudiante de física en la Universidad Queensland y autor del estudio, que estuvo supervisado por el profesor Fabio Costa, filósofo y físico teórico.

¿Y qué significa esto?

Volviendo al ejemplo de la pandemia, lo que dice el estudio es que si viajas al pasado podrías hacer lo que quisieras, pero sería imposible que cambiaras el resultado de los hechos.

Es decir, tendrías libre albedrío, pero no podrías evitar que se desatara la pandemia.

Podría ocurrir, por ejemplo, que mientras tratas de detener al paciente cero, sea otra persona la que se contagie, o incluso tú mismo.

Según el modelo de Tobar, los hechos más relevantes se calibrarían constantemente para evitar cualquier inconsistencia (paradoja) y así llegar siempre a un mismo resultado, en este caso, el inicio de la pandemia.

Relojes

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Por ahora, los viajes son solo un ejercicio mental que nos ayudan a entender las leyes del universo.

Comprender el universo

El estudio de Tobar es aplicable solo de manera abstracta en el campo de las matemáticas.

«Es un trabajo interesante», le dice a BBC Mundo Chris Fewster, profesor de matemáticas en la Universidad de York, quien estudia modelos de viajes en el tiempo.

Fewster, sin embargo, advierte que ahora «falta ver si las condiciones abstractas que han impuesto (los autores) se cumplen dentro de las teorías de la física actualmente conocidas».

Tobar dice que ese es precisamente el reto que tienen ahora: poner a prueba su modelo en un escenario de la física.

Por ahora, aunque su trabajo está lejos de lograr que los viajes en el tiempo sean una realidad, Tobar dice que es un avance para entender mejor las leyes que rigen el universo.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Carlos Serrano. Noviembre 2020.

Albert Einstein/Sociedad/Matemática/Física/Ciencia/Investigación

Astrónomos detectan una “ventana al pasado” que permite ver 9.400 millones de años atrás.

Albert Einstein había propuesto en 1911 las ideas principales de este fenómeno que ahora los científicos investigan con más profundidad.

Este fenómeno cósmico es llamado Anillo fundido por su apariencia y su constelación anfitriona, El Horno. Foto: NASA/ESA

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Desde hace más de 40 años, los científicos han identificado cientos de Anillos de Einstein, llamados así debido a que fueron postulados por el célebre físico alemán. Estos fenómenos permiten observar de cerca lugares del cosmos tan remotos que los vemos como eran hace miles de millones de años.

Luego de la publicación de un estudio alojado en The Astrophysical Journal, ahora la atención está puesta en el denominado Anillo Fundido GAL-CLUS-022058s, el más grande y complejo jamás descubierto, dentro de la constelación del hemisferio sur de Fornax (El Horno).

Un equipo de astrónomos liderado por el profesor Anastasio Díaz, de la Universidad Politécnica de Cartagena (España), descubrió que aquella “ventana al pasado”, la cual funciona como un lente que aumenta la visibilidad de luces lejanas, nos permite examinar una galaxia ubicada a una distancia de 9.400 millones de años luz. Esto quiere decir que la luz ha demorado todo ese tiempo en llegar a los telescopios de la Tierra, por lo que vemos a dicha galaxia como era hace 9.400 millones de años, en la ‘infancia’ del universo, cuya edad aproximada es de 13.800 millones de años.

Este efecto también se llama lente gravitacional. Se produce si un objeto masivo se encuentra entre nosotros y otro más distante; a continuación, debido a la curvatura del espacio-tiempo, en los telescopios aparece una imagen distorsionada pero magnificada del objeto distante. Sin estos ‘atajos’ hallados por los astrónomos, sería mucho más difícil revelar los secretos del cosmos temprano.

Ilustración de lentes gravitacionales: la masa del cúmulo de galaxias (galaxy cluster) curva el espacio-tiempo, lo que afecta al trayecto de la luz proveniente de la galaxia lejana y hace que su imagen llegue distorsionada a la Tierra. Foto: NASA / ESA / L. Calçada

Ilustración de lentes gravitacionales: la masa del cúmulo de galaxias (galaxy cluster) curva el espacio-tiempo, lo que afecta al trayecto de la luz proveniente de la galaxia lejana y hace que su imagen llegue distorsionada a la Tierra. Foto: NASA / ESA / L. Calçada

Incluso dicho efecto es tan poderoso que, en el caso del Anillo Fundido de Einstein, podemos ver la galaxia detrás del cúmulo galáctico dividida en cuatro imágenes poco nítidas. Aquella reunión de estrellas pertenece a una época en donde su propia formación ocurría a ritmo acelerado, mil veces más rápido que en la Vía Láctea de tiempos actuales.

Anastasio Díaz destacó que tal modelo de datos solo se obtuvo por la efectividad del telescopio Hubble de la NASA, porque ayudó a su equipo a captar la repartición de imágenes distorsionadas. De esta manera, se ratifica el aporte incalculable de uno de los aparatos tecnológicos más renombrados de la astronomía moderna.

Las cuatro imágenes de la galaxia detrás del Anillo Fundido. Foto: Díaz-Sánchez et al., ApJ, 2021

Las cuatro imágenes de la galaxia detrás del Anillo Fundido. Foto: Díaz-Sánchez et al., ApJ, 2021

Observando ese sector del universo mediante esta “ventana al pasado”, los científicos determinaron que la galaxia ubicada tras la lente gravitacional corresponde a una época donde las estrellas nacían a una tasa de 70 a 170 masas solares por año.

Albert Einstein había propuesto en el año 1911 las ideas embrionarias referidas a los anillos. Las retomó en 1915 para probar su teoría de la relatividad general.

Estas alineaciones de objetos astronómicos estarían esparcidas por doquier, esperando a que la humanidad asome sus ojos y satisfaga su curiosidad acerca de cómo fue la fundación del cosmos.

Imagen de portada: Gentileza de Noticias La República

FUENTE. Noticias La República/Ciencia/Galaxias/Albert Einstein

 

Notas de Albert Einstein en el colegio desmienten el mito de que no era un estudiante aplicado.

Albert Einstein era un excelente alumno en Matemáticas, Física, Química, Historia y sus notas promedio eran en Lengua y Dibujo. Sin embargo no tenía notas bajas como 1, 2 o 3.

Contrariamente a un mito muy extendido, el recordado Premio Nobel de Física, Albert Einstein, era bueno en matemáticas en la escuela secundaria, según reveló un certificado de sus calificaciones en la escuela publicado por la página oficial The Nobel Prize.

El certificado de madurez fue emitido a Albert Einstein a la edad de 17 años, después de asistir a la Escuela Superior Cantonal en Aarau, Suiza. En este esquema de puntuación, 6 es la calificación más alta y 1 la calificación más baja, detalló el sitio oficial de los Premios Nobel.

La foto fue tomada el mismo día en que recibió sus calificaciones, el 3 de octubre de 1896, las cuales corresponden a su desempeño durante todo el año.

Certificado de Notas. Fuente: The Nobel Prize

Albert Einstein recibió las siguientes calificaciones:

-Lengua y literatura alemanas: 5

-Lengua y literatura francesas: 3

-Lengua Inglesa y Literatura: -4

-Lengua y literatura italianas: 5

-Historia: 6

-Geografía: 4

-Álgebra: 6

-Geometría (planimetría, trigonometría, estereometría y geometría analítica): 6

-Geometría descriptiva: 6

-Física: 6

-Química: 5

-Historia natural: 5

-En dibujo: 4

* En dibujo técnico: 4

Un alumno ejemplar

Como se puede ver, el físico alemán Albert Einstein era un excelente alumno en Matemáticas, Física, Química, Historia y sus notas promedio eran en Lengua y Dibujo. Sin embargo no tenía notas bajas como 1, 2 o 3.

¿Cuándo Albert Einstein recibió el Premio Nobel de Física?

Albert Einstein recibió el Premio Nobel de Física en 1922 por sus servicios a la Física Teórica, y especialmente por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico.

Imagen: Gentileza de Redacción Diario Correo

FUENTE RESPONSABLE: Redacción Diario Correo

Albert Einstein