Tu danza, es mi danza.

Me encanta verte plena con esa esencia
tan particular que usas y renueva.
Cambias el chip, siempre con inteligencia emocional.
Esa cadencia de tus caderas, las que danzan
solo para mí, cada noche en el escaso espacio del salón.

Eres la inagotable inspiración de mi existencia.
Continúa, mi musa preferida, no te detengas.
Me preguntas porque te amo y te lo diré con simpleza.
Supiste alejarme de los demonios que hace tiempo acechaban.
Como Ángel de luz llegaste a mi vida, a enseñarme
dejar el yo por el nosotros, al regalarme lo que me faltaba.
Aprender que la vida se bebe de a sorbos, lentamente,
disfrutándola minuto a minuto, sin que por ello deje de ser intensa.

Ver alrededor y comprender la necesidad del otro.
Como no amarte, si me has dado tanto.

Mi hechicera

No pareces caminar, es solo deslizarte
con tus piernas perfectas y tu falda corta.
Miras hacia delante jugando con los ojos
que te siguen y vaya que lo disfrutas.
Te sabes bonita, y conoces hacer tu juego seductor,
buscando a quien desalentar, con solo tu palabra.

Quiero abrazarte y comerte a besos,
luego de desnudarte y recorrer con mi boca
esa piel que tienes, brillante como alguien celestial
que no solo me enloquece, me conmueve como nadie
lo ha hecho, en esta larga vida mía.

No he tenido jamás tanta pasión loca, por mujer alguna.
Dime, que me has hecho para que desee poseerte una y otra vez.
Sonríes, tan sutilmente que imagino una pócima me has dado.
Porque debes ser una hechicera venida de un mundo desconocido,
para cualquier mortal que al verte, en piedra se transforme,
como si fueras Medusa, guardiana protectora y monstruo arcaico.

Magia

Surgió de repente, su vuelo fue fugaz tal como el viento,
que de repente arremolina y lastima la copa de los árboles.
Aún recuerdo esa sensación al haberte conocido.
Nos miramos y al hacerlo “la magia”, realidad se hizo.
En ese abrazo partido, único y después solos, como en un escenario.


Nos había presentado una amiga en común, nos miramos y saludamos pensando quizás, que era de esas innumerables circunstancias en tu vida, en que ves un rostro desconocido por casualidad o debo decir -causalidad- y nunca más.


Caminando por la zona de Tribunales, coincidimos en cruzarnos a los dos días. por la calle Lavalle. Ibas radiante con tus carpetas tomadas de un brazo, seguramente hacia alguno de los Tribunales. Nos saludamos y como en mi caso, debía hacer lo mismo, te invite a almorzar, si coincidían los horarios en que salíamos de donde “se administra” justicia. Quedamos entre las 13 y 13:30 hs.


Salí antes y me fui a un restaurante, reducto de abogados y busca pleitos, y mire el reloj varias veces, consumiendo un par de botellas de agua esperándote. A quince minutos de las 2 de la tarde, ingresaste al lugar y pareció que había ingresado una estrella mediática, la mayoría te observo con detenimiento y curiosidad.


Estabas aún más hermosa que a la mañana. Te invite a sentarte, deslizando la silla. Y nos demandó solo unos minutos de hablar de Derecho…porque luego fue un match point de preguntas y respuestas, desde ambos lados solo orientadas a lo personal, quienes éramos en realidad, que nos gustaba, que hacíamos en nuestros tiempos libres. Fueron tantas las coincidencias, que nos reíamos a carcajadas desentonando con el aire serio y mustio del lugar.


Debíamos volver a nuestras oficinas, pero con “tanta piel” nos dimos los teléfonos y quede en llamarte, para encontrarnos el fin de semana.


Te pase a buscar un sábado, y ya habíamos acordado dejar la jungla de cemento, e irnos hacia las afueras, a unos 115 Km. de Buenos Aires para disfrutar de esas magníficas tonalidades de verde en la vegetación y agradable temperatura del inicio de la primavera en la ciudad de Lobos. Caminamos tomados de la mano sin demasiadas formalidades e ingresamos a uno de los tantos restaurantes en donde almorzamos y continuamos como dos adolescentes, contándonos todo aquello, que considerábamos importante de nuestras vidas.


Al atardecer, cuando regresábamos a la ciudad y estábamos a pocos minutos de llegar adonde vivías, me preguntaste si quería pasar a tomar un café para conocer el departamento que habitabas desde hacía muy poco, y decorado exclusivamente por ti según tu gusto y “manías” -así lo expresaste-.


No vacile en decirte que sí. Era pequeño, pero muy luminoso y con una vista espectacular desde tu balcón del octavo piso. Llegábamos a ver hasta las luces de Puerto Madero. No fue necesario mucho más, un abrazo y un suave beso, fueron el preámbulo de dos a quererse.

Han pasado dos años, y estamos aquí en la misma plaza de Lobos. Y yo acariciando tu vientre, que guarda nuestro más tierno tesoro. Y te vuelvo a abrazar una y otra vez.

Plenitud

Fantástica sensación tengo en mi alma
que en el hoy, se encuentra calma y plena.

¿Será la suma de la adoración y tu compañía,
que me produce lo que todo ser, desea?

Que maravilloso resulta cuando te convences
que es mucho más fácil, de lo que imaginas.

Con estos sentimientos es tan simple todo,
las manos se buscan, terminan entrelazadas
con las caricias que se prodigan, se besan.

Tomo tus mejillas suaves como toda tu piel,
recorro suavemente mis manos en ella
y naturalmente los labios se encuentran,
como si nos sintiéramos dentro de cada uno.

La pasión emerge sin ataduras ni retrocesos,
ni siquiera deseamos ir a la habitación.

Dejamos nuestras copas de vino en el suelo
y ahí mismo, como si fuera la vez primera,
uno desnuda al otro, besándose con frenesí
que no se detiene, hasta encontrar su destino.

Sentimos ambos ahogarnos en el éxtasis
profundo del ir y venir, una y otra vez
sin pausa, pero disfrutándolo de tal manera,
que ambos sentimos al mismo tiempo
ese temblor que nos sacude y nos lleva,
a mirarnos una vez más, con los labios
que se buscan para besarnos sin tiempo
por todo lo que dure, sellando nuestro pacto
de sumarle a nuestra vida, algo distinto
día a día para que nuestro placer, perdure
en esta y en las que siguen, eternamente.

Te has dado cuenta que fácil resulta todo,
cuando cada célula de nuestro cuerpo
nos transforma a ambos, en tan solo uno.

Te amo cada día más, y así será siempre.
Gracias por estar conmigo.

¡Sí, quiero!

Nuevamente
enamorarme,
porque siempre
he pretendido
escribir desde
aquel adolescente,
sobre ficciones
y fantasías,
sobre ese sublime
sentimiento.

No sonrías, no.
Sí, soy mayor
¿y con eso?

Sus gustos, mis gustos.
Sus silencios, mis silencios.
Dejar de viajar
solo por el mundo,
sorprendernos,
ante lo nuevo, lo distinto.

Esa es mi ilusión
y porque
no compartirla.
El amor, no tiene edad
solo futuro
engalanado,
de murmullos
amorosos .

¿Un bello rostro?
Quizás prefiero
una mente abierta
y sensible,
hacia mi,
hacia los otros,
sin prejuicios
y con infinita
bondad
en su mirada.

Sera luz…

Deja de buscar
enamorarte.

Te sucederá
tan rápido
como un suspiro,
o se macerara
como una dulce fruta.

Solo será
de una
u otra manera,
sin imposiciones
ni mandato divino.

No fuerces
al destino,
en tu desatino
de ser amada
a cualquier costo.

Todo llegará
transformando
tu vida y
de quien arribe,
que dará de beber
a tu alma sedienta
de pasión
incontrolable.

Tu mente
te hará jugar
con la fantasía ,
de cientos
e invisibles
luces multicolores,
mientras
tus palpitaciones
aceleraran
su marcha.

En ese instante,
ambos se entregaran
a descubrirse,
a saborearse
piel a piel,
sin rubor
en el juego
del amor,
con el desenfreno
más deseado,