Rescatan en Venezuela a una cría de ajolote mexicano (en peligro crítico de extinción) que fue abandonada en una iglesia.

Una veterinaria venezolana ha decidido proteger al animal y darle los debidos cuidados dentro de una Fundación que rescata animales silvestres.

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Un bebé de ajolote mexicano fue encontrado por una familia cuando visitaban una iglesia en Venezuela. La cría del anfibio —amenazado en peligro crítico de extinción— estaba dentro de una pequeña bolsa que abandonaron debajo de una imagen de la Virgen del Carmen, reconocida dentro de la creencia católica como la patrona del mar y de los marineros.

Tras el hallazgo de esta especie, única en sus características físicas y genéticas, la familia llamó a la médico veterinario, artista plástico y directora de la Fundación Plumas y Colas en Libertad, Grecia Marquís, quien sostuvo una conversación con RT para explicar cómo fue el rescate del animal.

Rostro del ajolote resguardado en Caracas Grecia Marquis / Fundación Plumas y Colas en Libertad

Marquís, que tiene 20 años de experiencia de trabajo con animales y fauna silvestre, añade que el ajolote «es uno de los animales más impresionantes, maravillosos y extraños del planeta», porque es un anfibio que no hace metamorfosis, como ocurre con la Salamandra; y es capaz de regenerar partes y tejidos de su cuerpo.

«Es impresionante cómo puede regenerar su cuerpo, lo que lo convierte en el único vertebrado capaz de regenerar sus extremidades y tejidos de sus pulmones, corazón, ojos, ovarios, médula espinal y cerebro. Esto lo hace gracias a su carga genética, a su genoma, que es diez veces mayor a la del humano, de allí sus increíbles capacidades».

Otras características

Marquís resalta que el ajolote, cuyo nombre científico es Ambystoma mexicanum, es uno de los animales más estudiados por los científicos, pues sus características regenerativas podrían ser claves para encontrar la cura contra el cáncer.

El ajolote es un animal longevo, que puede vivir en su hábitat natural unos 10 años y en cautiverio hasta 20. Además puede llegar a medir 25 centímetros y se alimenta principalmente de moluscos, gusanos, larvas de insectos, crustáceos y algunos peces pequeños.

Son ovíparos y capaces de reproducirse una vez al año con dos métodos: uno sexual y otro asexual. Las hembras pueden poner entre 100 a 300 huevos, pero no todos eclosionan. Para nacer tardan entre 10 y 14 días.

El ajolote ya tiene su museo en México

El ajolote ya tiene su museo en México

La Comisión Nacional Forestal de México indica que esta especie heredó su nombre del náhuatl Axolotl, que significa monstruo de agua, y vive entre los bosques de Oyamel y en los humedales de Xochimilco, donde puede encontrarse en arroyos y ríos. Su presencia indica además que hay agua limpia y un ecosistema sano.

La conservación del ajolote va más allá del ámbito científico y biológico. También existe un vínculo cultural ancestral con esta especie al ser considerada, según explica la Fundación UNAM, como la hermana gemela de Quetzalcóatl, el Dios bueno, de la vida hermosa y feliz, que representaba la unión del plano terrenal con el espiritual para los pueblos prehispánicos de Mesoamérica.

En el pasado, los ajolotes tenían un hábitat que se extendía a los lagos de Texcoco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan, en el Valle de México, pero la presencia del ser humano, la destrucción de sus hogares y su extracción para tenerlos como mascotas, han generado la amenaza de extinción que presentan en la actualidad.

¿Cuál es la principal amenaza del ajolote?

Para la doctora Marquís, la presencia de este animal en Venezuela deja ver que existe al menos una persona que se dedica a reproducirlo en cautiverio. «Su historia es muy curiosa, alguien lo dejó allí por alguna razón, y al ver que es un animalito que está en peligro de extinción decidí quedarme con él».

«La reproducción en cautiverio ha logrado frenar los números rojos sobre su extinción», agrega la veterinaria y señala que una de las principales amenazas para este anfibio es la destrucción de su hábitat por la presencia del humano.

Marquís explica que la destrucción de los ambientes naturales se han convertido en un problema mundial que afecta a todas las especies. Por ejemplo, dice, en Venezuela hay en la actualidad una tala indiscriminada de árboles que está destruyendo el hábitat natural de muchas especies que pone en riesgo la biodiversidad y el ecosistema.

«En Caracas y en todo el país hay una tala masiva que afecta directamente la vida de todos. Al cortarse un árbol, las aves rapaces pierden sus lugares de anidación y la oportunidad de alimentarse. Además, con la tala de cada árbol se elimina un pequeño mundo de biodiversidad muy valioso, que acaba con la vida de colonias de insectos, invertebrados, nidos de aves y de mamíferos como ardillas, rabipelados, perezosos, puercoespines, entro otros».

¿Qué hace la Fundación Plumas y Colas en Libertad?

Marquis, que cuenta con una maestría en Gestión Ambiental, explica que desde la Fundación con la que trabaja desde hace 15 años, además de velar por las distintas especies que llegan heridas tras ser rescatadas por activistas, realizan una campaña para sensibilizar sobre el tráfico de animales silvestres, la importancia de que vivan en libertad y la conservación de sus hábitats.

La campaña, llamada ‘Mascota o prisionero’, busca generar empatía con animales como aves, tortugas, iguanas, monos, culebras, entre otros, que suelen se vendidos por traficantes en las carreteras del país. «Lo que queremos es que las personas sientan lo que puede vivir un animal enjaulado o encadenado, cuando debe vivir en libertad. Una mascota te recibe alegre, moviéndote la cola, corriendo por la casa, pero no un animalito encerrado o con una cadena en el cuello como pasa con los monos».

Aunque en Venezuela hay leyes que condenan el tráfico y tenencia de animales silvestres, Marquis considera que pese al trabajo de las autoridades en los últimos años, todavía queda mucho por hacer. «Los entes que regulan y que vigilan, como Guardería Ambiental (de la Guardia Nacional Bolivariana), que tiene una gran participación, deben tener más presencia en las carreteras para enfrentar a los traficantes de animales. No es solamente hacer campañas educativas para que la gente no compre animales silvestres, el tráfico de fauna tiene que ser penado. Debe haber castigo y vigilancia».

Marquís señala que cuando las autoridades decomisan animales a traficantes, deberían también procurar devolverlos a sus hábitats naturales y no encerrarlos en un zoológico, donde se les priva de libertad de por vida. «Desde mi experiencia, cuando recibo a estos animales que una vez fueron libres, evalúo cómo puedo ayudarlos para que vuelvan a la libertad y no queden en cautiverio. Por eso las experiencias más bonitas que tengo son las liberaciones».

La doctora resalta que las personas pueden llegar a tener como mascotas especies sumamente extrañas. «Una vez me llevaron a consulta privada un inmenso cangrejo azul y un escorpión gigante de EE.UU». También ha atendido halcones, búhos, gavilanes, guacamayas, roedores, entre otros.

«Nos han llegado búhos pequeños que se caen de sus nidos y nos toca enseñarlos como si fuéramos sus padres porque quedan huérfanos. Los entrenamos para que puedan vivir en libertad y puedan sobrevivir, porque los depredadores como ellos, las rapaces, están en lo más alto de la pirámide alimenticia y cumplen una función muy importante en el ecosistema».

¿Cómo financia su trabajo?

La Fundación que dirige Marquis trabaja a través de la autogestión, pues no cuenta con apoyo financiero privado o gubernamental.

Los pocos recursos que maneja para atender a los animales que rescatan se obtienen a través de donaciones y de la venta de pinturas y otras piezas de arte que ella misma realiza.

«La situación económica actual ha puesto un poco difícil la venta de arte, pero igual lo sigo haciendo. También hago llamados para que las personas aporten lo que puedan, porque todas las donaciones son valiosas».

La fundación a cargo de la doctora Marquís se encuentra ubicada en La Trinidad, en el estado Miranda, cerca del llamado Bosque del Volcán, entre los municipios Baruta y El Hatillo, un lugar que —advierte— está siendo dañado por la recurrente actividad humana que ha venido en aumento para realizar actividades turísticas y deportivas.

Imagen de portada: Gentileza de Arno Burgi 

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FUENTE RESPONSABLE: RT En vivo. Por Orlando Rangel Y.

Animales/Deforestación/Medio Ambiente/México/Venezuela/

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Los nadadores. Parte 2/2

Desde hace media hora una guepardo llamada Etta permanece a la sombra del árbol con sus cuatro cachorros de corta edad, observando una manada de gacelas de Thomson que ha aparecido en un promontorio cercano. 

Etta se levanta y empieza a deslizarse hacia el rebaño con una estudiada indiferencia que no engaña a nadie, y menos aún a las gacelas, que miran con nerviosismo en su dirección.

Los leopardos del Okavango

LOS LEOPARDOS DEL OKAVANGO

De repente uno de los guías grita: las gacelas han empezado a dispersarse y a correr, mientras Etta se lanza en una de sus carreras explosivas. El esbelto felino, demasiado veloz para seguirlo con la vista, es una figura borrosa entre las hierbas altas. El espectáculo acaba en unos segundos, con una nube de polvo y una tenaza mortal en el cuello de una infortunada gacela joven. 

Mientras Etta arrastra la presa hacia sus cachorros, los pequeños salen de entre los matorrales, ansiosos por sumarse al festín. Apenas unos segundos más tarde llegan las furgonetas, cuyos conductores compiten por conseguir el mejor ángulo para que sus clientes hagan fotos.

Bellos y exóticos, veloces como coches deportivos y famosos por su docilidad

Los guepardos ocupan un lugar destacado en la imaginación humana. 

Bellos y exóticos, veloces como coches deportivos y famosos por su docilidad, estos habitantes de la sabana salvaje son estrellas mediáticas, apreciadas por cineastas y publicistas de todo el mundo. 

Toda esa presencia en la cultura popular po­­dría crear la falsa impresión de que el guepardo está tan seguro en la naturaleza como en el imaginario colectivo. 

Pero no es así. De hecho, es el más vulnerable de los grandes felinos. Hay pocos ejemplares en el mundo, y cada vez quedan me­­nos.

Hace unos siglos el área de distribución de los guepardos se extendía desde el subcontinente indio hasta el mar Rojo y ocupaba casi toda África

Sin embargo, pese a lo veloces que son corriendo, no pudieron eludir el avance de la actividad humana. Actualmente el guepardo asiático, la elegante subespecie que adornó en etapas anteriores las cortes reales de la India, Persia y Arabia, está casi extinguido. 

En África su número se desplomó en más de un 90 % a lo largo del siglo XX, a medida que los agricultores, ganaderos y pastores los expulsaban de su hábitat, los cazadores deportivos los mataban por diversión y los furtivos roban sus crías para venderlas en el lucrativo comercio de las mascotas exóticas. En total, hoy sobreviven menos de 10.000 guepardos en el medio natural.

Nacidos para correr

NACIDOS PARA CORRER 

Las grandes reservas de caza africanas, su situación es difícil. Esquivos y de constitución delicada, estos grandes felinos, los únicos que no pueden rugir, son desplazados por los leones, mucho más fuertes y numerosos. Consideremos por ejemplo el Parque Nacional del Serengeti, en Tanzania, y la adyacente Reserva Nacional Masai Mara, en Kenya. 

Los dos par­­ques acogen en total más de 3.000 leones, una población estimada de 1.000 leopardos y solo 300 guepardos. Y pese a su categoría de estrellas, los leones también los superan en el terreno tu­­rístico. «Por lo general la gente solo busca guepardos en su segundo safari –dice el guía Eliyahu Eliyahu–. En el primero todos quieren ver leones. 

El problema es que donde la población de leones es grande, no suele haber muchos guepardos.»

Los guepardos no solo constituyen una especie dentro del selecto grupo de los grandes felinos, sino que además pertenecen a un género distinto del que son los únicos miembros, Acinonyx, nom­­bre que hace referencia a la curiosa garra semi retráctil de estos animales, un rasgo que no comparten con ningún otro félido. 

A diferencia de los leones y los leopardos, cuyas garras retráctiles son instrumentos para desgarrar la carne y trepar a los árboles, los guepardos tienen unas garras semejantes a los clavos de las zapatillas de correr y desempeñan una función similar: mejorar el agarre y facilitar la aceleración.

Los guepardos siguen estando muy de moda en Arabia Saudí y los países del Golfo, donde un cachorro puede costar más de 8.000 euros. 

Los jóvenes pudientes se compran un guepardo para que combine con su coche deportivo –dice Mordecai Ogada, biólogo keniata que estudia la relación entre guepardos y humanos y el tráfico de especies protegidas–. En estos tiempos es un típico comportamiento de nuevo rico.» 

En lugares como la Unión de Emiratos Árabes, el guepardo se encuentra en una especie de limbo legal. «La importación es clandestina –dice Ogada–, pero una vez dentro, el comercio es abierto. Los guepardos introducidos de contrabando se pueden “blanquear” para que parezcan criados legalmente en cautividad. 

Es difícil averiguar el origen de los cachorros a menos que se les hagan análisis genéticos y se los identifique como miembros de una subespecie endémica de un área concreta.»

No es fácil determinar las consecuencias del tráfico para una población en declive, pero los datos indican que el comercio de crías nacidas en libertad es un negocio a gran escala. Internet está lleno de «criadores» que ofrecen cachorros en lugares como Dubai. 

El año pasado varios contrabandistas de guepardos fueron detenidos en Tanzania y Kenya, y hubo rumores de crías puestas a la venta en lugares tan distantes como Camerún. «Sospecho que el problema es mayor de lo que imaginamos –dice Sheneneh Teka, jefe de la Dirección de Desarrollo y Protección de la Fauna de Etiopía–. 

Hay mucho dinero de por medio, y al igual que los contrabandistas de drogas o de armas, los traficantes de fauna disponen de redes bien establecidas.»

El año pasado Etiopía implementó duras medidas contra el tráfico de fauna y puso en marcha un programa de formación para guardias fronterizos y funcionarios de aduanas. Como resultado de la nueva política, los agentes interceptaron un cargamento de crías de guepardo cuando los traficantes intentaban pasar la frontera de Somalia. «Mientras los guardias fronterizos examinaban la documentación del camión, oyeron unos ruidos como si alguien rascara en el interior de un bidón que supuestamente contenía gasolina –cuenta Teka–. Cuando lo abrieron, encontraron cinco cachorros de guepardo en muy mal estado.» Una de las crías murió. Los otros cuatro, después de varias semanas de atención veterinaria, fueron trasladados a un refugio de fauna.

«Nunca podrán volver a vivir en la naturaleza –lamenta Ogada–. Aunque pudiéramos enseñarles a cazar, los humanos no sabríamos enseñarles a reconocer y eludir a enemigos como los leones y las hienas.» Si bien algunos guepardos han sido reintroducidos con éxito en grandes reservas valladas de Sudáfrica, las extensas sabanas son mucho más peligrosas. Los cachorros huérfanos «no tendrían ninguna posibilidad en un lugar como el Serengeti», asegura Ogada.

Tampoco para una guepardo es fácil criar a los cachorros en el medio natural, donde la mortalidad de las crías puede llegar al 95 %. La ma­­yoría de los pequeños ni siquiera salen de la madriguera en la que nacieron. Caen víctimas de las incursiones de los leones o de las hienas, mueren por las inclemencias meteorológicas o son abandonados por una madre incapaz de cazar lo suficiente para mantenerlos. De hecho, muchas hembras no consiguen que ninguno de sus cachorros llegue a la madurez.

Unas pocas, sin embargo, logran vencer la adversidad y tienen un éxito sorprendente con las crías. Algunas incluso adoptan los cachorros de otras hembras. Esas supermadres, magníficas cazadoras y profundas conocedoras del entorno, logran cobrar una presa casi cada día y mantener a salvo a su prole en la vastedad de la sabana africana, en las mismas narices de hienas y leones. Una de ellas, una hembra de siete años llamada Eleanor, ha criado al menos al 10 % de los guepardos adultos del sur del Serengeti.

«No sé de ningún otro carnívoro que dependa tanto del éxito de tan pocas hembras», dice Sarah Durant, de la Sociedad Zoológica de Londres. Durant dirige el Proyecto de Investigación de Guepardos del Serengeti, uno de los estudios más prolongados que se han hecho en el mundo sobre un carnívoro. Desde hace 38 años, el proyecto lleva un registro de la vida y el linaje ma­­terno de varias generaciones de guepardos del Serengeti. Se trabaja duramente, soportando el calor y el polvo dando tumbos por la sabana a bordo de viejos Land Rover en busca del felino más esquivo de África. Gracias a la laboriosa investigación de Durant conocemos la vital importancia de las supermadres.

Los linajes maternos de los guepardos del Serengeti están ahora bien documentados, pero la paternidad es otra historia. La bióloga Helen O’Neill espera pacientemente en su Land Rover a escasa distancia del lugar donde tres guepardos hermanos (Moca, Latte y Espresso, conocidos colectivamente como los Coffee Boys) descansan a la sombra de un mirobálano de Egipto. 

O’Neill ha salido a hacer lo que denomina jocosamente la «patrulla de la caca», que consiste en recoger muestras de las heces de ejemplares concretos e identificables. 

Mediante el estudio del ADN de las muestras, los científicos de la Sociedad Zoológica de Londres esperan añadir los linajes paternos a los árboles filogenéticos del Serengeti. Los datos obtenidos hasta la fecha indican que las hembras son más promiscuas de lo que se sospechaba: en la mitad de las camadas hay cachorros de diferentes padres. 

«Pensamos que este tipo de apareamiento múltiple podría ofrecer ventajas genéticas en un entorno inestable –dice Durant–. Es como si las madres diversificaran las apuestas para asegurarse de que al menos una parte de su prole sobreviva.»

A un mundo de distancia de la soleada sabana del Serengeti, al final de una fría y despejada tarde de invierno, un solitario guepardo macho avanza cautelosamente por una cresta rocosa cubierta de nieve. Se detiene un momento para marcar olfativamente un tamarisco y enseguida sale del campo visual de la cámara de vídeo operada a distancia que lo ha estado grabando.

La cámara oculta es una de las 80 cámaras-trampa instaladas por el desierto de Kavir, una remota región de la montañosa meseta central de Irán, para captar imágenes de uno de los grandes felinos más raros y esquivos del mundo: el guepardo asiático. 

«Cuando conseguimos algo así, es como un sueño hecho realidad», dice el biólogo iraní Houman Jowkar refiriéndose a la secuencia de 27 segundos. Jowkar trabaja en el Proyecto de Conservación del Guepardo Asiático, creado en 2001 por el Departamento de Medio Ambiente de Irán para tratar de salvar la última población de esta subespecie amenazada. «Hay poquísimos ejemplares –insiste Jowkar–. Tenemos algunos guardabosques que han vivido y trabajado durante años en estas montañas y nunca han visto un guepardo vivo.»

Gracias al programa de cámaras-trampa, los científicos iraníes han podido determinar a grandes rasgos cuántos guepardos asiáticos quedan y dónde viven, dos datos fundamentales para desarrollar una estrategia de conservación. «Tenemos suerte de que estos preciosos animales tengan manchas –dice Jowkar–. Observando los dibujos de sus pelajes, únicos en cada ejemplar, podemos identificarlos y deducir su número y su distribución.»

Aún así, salvar al guepardo asiático no será tarea sencilla. Su retroceso comenzó en la época de gloria del Imperio mongol, cuando se puso de mo­­da cazar con guepardos. Se dice que uno de aquellos emperadores reunió más de 9.000 ejemplares durante sus 49 años de reinado. 

Esas cifras contrastan con las actuales. En diez años, con decenas de cámaras instaladas, los investigadores iraníes apenas han conseguido 192 imágenes fugaces. En ellas se pueden ver 76 ejemplares huesudos y enjutos, quizá los últimos miembros de la noble subespecie que vivió antaño en la mayor parte de Asia. 

Estos supervivientes llevan una existencia precaria. Acechan antílopes y ovejas salvajes en las abruptas laderas rocosas y deben competir con los lobos e incluso con los seres humanos, que también recurren a estas especies como fuente de alimento.

«Viven al borde del abismo, en el límite mismo de lo que es ecológicamente posible»

«Viven al borde del abismo, en el límite mismo de lo que es ecológicamente posible –dice Luke Hunter, presidente de Panthera, una organización conservacionista internacional dedicada a la protección de los grandes felinos, que colabora con el proyecto del guepardo iraní–. Pero lo curioso es que estos guepardos no se han visto desplazados a las montañas en época re­­ciente. 

Llevan aquí miles de años. La gente no se da cuenta de lo resistentes y adaptables que son.»

Pese a su vulnerabilidad, los guepardos se cuentan entre los supervivientes más aguerridos y astutos, capaces de soportar los despiadados inviernos de las estepas iraníes y el calor abrasador de los uadis del Sahara.

«No son solo veloces –dice el argelino Farid Belbachir, biólogo experto en fauna que ha instalado cámaras-trampa en el macizo de Ahaggar de Argelia para tratar de captar imágenes del guepardo del Sahara, subes­­pecie en peligro crítico–. 

Entienden el entorno. Han averiguado la forma de aprovechar las partes más estrechas de los uadis para atacar y dar a su presa menos oportunidades de escapar.»

De vuelta en el Parque Nacional del Serengeti, cae la tarde con el sabor caliente del polvo en el aire y las nubes de tormenta agrupándose en el horizonte. Durante una hora más o menos Etta se ha aproximado reptando a un macho grande de gacela, hasta situarse a unos 40 metros, sin que él note su presencia.

Pese a su vulnerabilidad, los guepardos se cuentan entre los supervivientes más aguerridos y astutos

«Es muy pronto para saber si Etta llegará a ser una supermadre –dice Durant–. Esta es solo su primera camada. Pero el hecho de que haya sido capaz de sacar a cuatro cachorros del cubil y de que aún los esté criando es muy alentador.»

Etta da un par de pasos más hacia su presa, rápidos y furtivos, y luego se agazapa y espera, como un corredor en los tacos de salida, atento al pistoletazo inicial. Transcurre un minuto de tensión, y luego otro. 

De pronto, y sin razón aparente, Etta se levanta y se marcha. Algo le habrá parecido mal. Quizás el olor a hiena en la brisa, o tal vez la proximidad de los leones. Sea lo que fuere, una madre de cuatro cachorros, sola en el Serengeti, no puede correr riesgos por una gacela, por muy grande que sea. Reúne a sus crías y se aleja con ellas, entre la neblina violácea.

Imagen de portada: Gentileza de Buddhilini de Soyza / Wildlife Photographer of the Year / Natural History Museum

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Septiembre 2021

Animales/Depredación/Caza furtiva/Guepardos/Extinción/Sociedad

Investigadores descubren la principal diferencia entre las neuronas humanas y animales

Un nuevo estudio publicado en la revista “Nature”, desarrollado por la MIT, ha puesto de manifiesto que el cerebro humano, pese a tener una construcción compartida con el resto de los mamíferos, cuenta con un tipo de neuronas especiales.

Las neuronas se comunican entre sí a través de impulsos eléctricos, que son producidos por canales iónicos que controlan el flujo de iones como el potasio y el sodio

En un nuevo hallazgo sorprendente, los neurocientíficos del MIT han demostrado que las neuronas humanas tienen un número mucho menor de estos canales de lo esperado, en comparación con las neuronas de otros mamíferos

Los investigadores plantean la hipótesis de que esta reducción en la densidad de canales puede haber ayudado al cerebro humano a evolucionar para operar de manera más eficiente, lo que le permite desviar recursos a otros procesos intensivos en energía que se requieren para realizar tareas cognitivas complejas. 

“Si el cerebro puede ahorrar energía al reducir la densidad de los canales iónicos, puede gastar esa energía en otros procesos neuronales o de circuitos”, dice Mark Harnett, profesor asociado de ciencias cerebrales y cognitivas, miembro del Instituto McGovern de Investigación del Cerebro del MIT y uno de los principales autores del estudio.

En el estudio publicado el pasado miércoles por la revista “Nature”, el más extenso de su campo, Harnett y sus compañeros analizaron las neuronas de 10 mamíferos diferentes e identificaron un “plan de construcción” válido para todas las especies que observaron, excepto para los seres humanos. Descubrieron que, a medida que aumenta el tamaño de las neuronas, también aumenta la densidad de los canales que se encuentran en ellas. 

Sin embargo, las neuronas humanas demostraron ser la excepción a esta regla. “Estudios comparativos previos establecieron que el cerebro humano está construido como otros cerebros de mamíferos, por lo que nos sorprendió encontrar pruebas sólidas de que las neuronas humanas son especiales”, explica el estudiante recién graduado del MIT Lou Beaulieu-Laroche, autor principal del estudio.

Una neurona en pleno funcionamiento.

Una neurona en pleno funcionamiento.

Las neuronas en el cerebro de los mamíferos pueden recibir señales eléctricas de miles de otras células, y esa entrada determina si disparará o no un impulso eléctrico llamado “potencial de acción”. 

En 2018, Harnett y Beaulieu-Laroche descubrieron que las neuronas humanas difieren de las de las ratas en algunas de sus propiedades eléctricas. Principalmente en unas partes de la neurona llamadas dendritas, unas antenas en forma de árbol que reciben y procesan la información de otras células. 

Uno de los hallazgos del estudio fue que las neuronas humanas tenían una menor densidad de canales iónicos que las neuronas en el cerebro de las ratas. Los investigadores se sorprendieron con este descubrimiento, ya que se suponía que la densidad del canal iónico era constante en todas las especies. En el estudio publicado esta semana, Harnett y Beaulieu-Laroche decidieron comparar neuronas de varias especies de mamíferos para ver si podían encontrar algún patrón que gobierna la expresión de los canales iónicos. 

Estudiaron dos tipos de canales de potasio y el canal de HCN, que conduce tanto el potasio como el sodio en neuronas piramidales de capa V, un tipo de neuronas excitadoras que se encuentran en la corteza cerebral.

Pudieron obtener tejido cerebral de 10 especies de mamíferos: musarañitas o musgaños enanos (uno de los mamíferos más pequeños conocidos), jerbos, ratones, ratas, cobayas, hurones, conejos, titíes y macacos, así como tejido humano extraído de pacientes con epilepsia durante una cirugía cerebral

Esta variedad permitió a los investigadores cubrir un amplio abanico de grosores corticales y tamaños de neuronas. Los investigadores encontraron que en la gran mayoría de las especies de mamíferos que observaron, la densidad de los canales iónicos aumentaba a medida que aumentaba el tamaño de las neuronas. 

La única excepción encontrada fue en las neuronas humanas, que tenían una densidad de canales iónicos mucho menor de lo esperado. El aumento en la densidad de canales en todas las especies fue sorprendente, dice Harnett, porque cuantos más canales hay, más energía se requiere para bombear iones dentro y fuera de la célula. Sin embargo, comenzó a tener sentido una vez que los investigadores comenzaron a pensar en la cantidad de canales en base al volumen general de la corteza cerebral.

Un modelo 3D de neurona reconstruido a partir de datos de laboratorio. Las protuberancias son terminales presinápticas

Un modelo 3D de neurona reconstruido a partir de datos de laboratorio. Las protuberancias son terminales presinápticas

En el diminuto cerebro de la musarañita, que está repleto de pequeñas neuronas, hay más neuronas que en el tejido del cerebro del conejo, que tiene neuronas mucho más grandes. 

Pero debido a que las neuronas del conejo tienen una mayor densidad de canales iónicos, la densidad de estos canales en el volumen de tejido es la misma en ambas especies, o en cualquiera de las especies, a excepción de los humanos, que analizaron los investigadores. 

“Este plan de construcción es consistente en nueve especies de mamíferos diferentes”, explica Harnett, a lo que añade: “Lo que parece que la corteza está tratando de hacer es mantener el mismo número de canales iónicos por unidad de volumen en todas las especies. Esto significa que para un volumen determinado de corteza, el costo energético es el mismo, al menos para los canales iónicos”.

Más eficientes

Sin embargo, en el cerebro humano, en lugar de una mayor densidad de canales iónicos, los investigadores encontraron una disminución dramática en la densidad de canales iónicos para el volumen de nuestra corteza

Los investigadores creen que esta densidad más baja puede haber evolucionado como una forma más eficiente de gastar energía en el bombeo de iones, lo que permite que nuestro cerebro use esa energía para otra cosa, cómo crear conexiones sinápticas más complicadas entre neuronas o disparar potenciales de acción a un ritmo mayor. 

“Creemos que los humanos han evolucionado a partir de este plan de construcción que anteriormente restringía el tamaño de la corteza, y descubrieron una manera de volverse más eficientes energéticamente, por lo que gastas menos ATP por volumen en comparación con otras especies”, dice Harnett. 

A raíz de la investigación, los científicos esperan poder encontrar dónde podría ir esa energía adicional y si existen mutaciones genéticas específicas que ayuden a las neuronas de la corteza humana a lograr tal eficiencia. Además de explorar si las especies de primates que están más estrechamente relacionadas con los humanos muestran disminuciones similares en la densidad de los canales iónicos.

Imagen de portada: Gentileza de La Razón

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. Por Jorge Herrero

Sociedad/Investigsación médica/Ciencia/Cerebro/Animales/ Neuronas

Medio ambiente: cuáles son los 9 límites que mantienen a la Tierra en equilibrio (y qué riesgos corremos por haber pasado 4).

¿Qué tan cerca estamos de romper el equilibrio natural y la capacidad de resiliencia de la Tierra?

Hace unos 11.000 años sucedió algo inédito en los últimos 100.000 años de historia de la Tierra: el clima del planeta se volvió estable.

Esta era geológica con temperaturas predecibles fue bautizada como Holoceno y le permitió a la humanidad desarrollar la agricultura, domesticar animales y básicamente crear el mundo moderno actual.

Sin embargo, en ese proceso también extinguimos especies y dañamos ecosistemas, contaminamos el aire, el agua y el suelo, y desatamos la crisis del cambio climático.

En otras palabras, forzamos el ingreso al Antropoceno, la actual era geológica donde los humanos somos los principales responsables de los cambios en el planeta.

Es en este contexto que un grupo internacional de científicos liderados por el sueco Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo comenzó a investigar qué riesgo corremos de quebrar el equilibrio natural y la capacidad de resiliencia de la Tierra.

Su influyente estudio, publicado en 2009, definió nueve límites o parámetros interconectados que son determinantes para mantener la estabilidad del planeta.

«Cada uno de esos aspectos es muy importante individualmente, pero también es muy importante verlos con el conjunto», le dice Arne Tobian, investigador del centro, a BBC Mundo.

Gráfico de los 9 límites planetarios

Además de identificar esos nueve procesos, los expertos definieron medidas cuantitativas muy específicas para cada uno de ellos, que delimitan una zona segura de acción y una de riesgo, que a su vez va creciendo en peligrosidad.

Si no cruzamos esas fronteras trazadas, dicen, la humanidad va a poder seguir prosperando por generaciones.

Pero en caso de pasar tan solo una de ellas, nos exponemos a generar cambios ambientales irreversibles en todo el sistema y desencadenar el colapso de nuestra sociedad.

Los resultados de este colosal estudio fueron llevados a la pantalla en un reciente documental de Netflix titulado «Romper los límites: La ciencia de nuestro planeta» y se ha vuelto especialmente relevante en el marco de la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26), cuyo objetivo es lograr que el mundo actúe rápido ante una crisis que se conoce desde hace décadas y cuyo margen de acción es cada vez menor.

Línea

LOS 9 LÍMITES PLANETARIOS

De los nueve límites planetarios, ya cruzamos cuatro, hay tres dentro de la zona segura (por ahora) y dos que todavía son una gran incógnita.

1. Cambio climático

Uno de los cuatro límites que ya hemos sobrepasado es quizás el más conocido de todos: el cambio climático.

Desde la Revolución Industrial, la temperatura global ha subido 1,1°C. Este aumento es el responsable de los fenómenos climáticos extremos que cada vez se producen con mayor frecuencia a lo largo del mundo, como las sequías e inundaciones.

Según Naciones Unidas (ONU), hoy en día tenemos cinco veces más desastres meteorológicos que en 1970 y son siete veces más costosos. Las consecuencias son más devastación y más muertes.

La comunidad científica afirma que, para evitar que las consecuencias del cambio climático sean aún peores, es necesario que el aumento de la temperatura se mantenga en el entorno de los 1,5ºC.

Río Paraná

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Sequías como la actual del río Paraná que afecta a varios países de Sudamérica son cada vez más frecuentes debido al cambio climático.

No obstante, si seguimos tal como en la actualidad, para fines de este siglo el incremento puede llegar a los 4,4°C, lo cual sería catastrófico.

«El drama es que el desafío del cambio climático puede ser el más fácil (de resolver) si uno considera el desafío del desarrollo sostenible en conjunto», dijo Rockström al presentar su estudio en una charla TED en 2010.

Por si fuera poco, el cambio climático es uno de los dos límites planetarios considerados centrales por su influencia sobre todo el sistema.

2. Integridad de la biósfera

La integridad de la biósfera, es decir, la pérdida de biodiversidad y extinción de especies, es el otro de los límites centrales. Y también lo hemos pasado.

Sin embargo, a diferencia del cambio climático, este proceso ya pasó la zona de riesgo creciente y se encuentra directamente en la zona de riesgo alto, lo que aumenta las probabilidades de generar cambios ambientales irreversibles a gran escala.

Es tanto lo que hemos sobrepasado este umbral que algunos investigadores creen que estamos en medio de la sexta extinción masiva en la historia del planeta.

Para tener una idea, las extinciones masivas fueron periodos donde se aniquiló del 60 al 95% de las especies.

Abejas

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Un millón de especies animales y vegetales están ahora en peligro de extinción.

En el documental de Netflix, Rockström asegura que deberíamos perder cero biodiversidad y especies a partir del año que viene.

El desafío es monumental si se tiene en cuenta que actualmente de las 8 millones de especies animales y vegetales que habitan el planeta, 1 millón está en peligro de extinción.

No obstante, es un esfuerzo necesario: tener ecosistemas saludables nos provee de aire limpio, suelos fértiles, agua dulce, cultivos polinizados, materias primas para nuevos fármacos y un largo etcétera.

3. Cambio del uso del suelo

El uso del suelo es otro de los límites que hemos cruzado y consiste en la transformación de bosques, pastizales, humedales, la tundra y otros tipos de vegetación principalmente en tierras para la agricultura y ganadería.

La deforestación, por ejemplo, tiene un enorme impacto en la capacidad del clima para regularse, algo que los especialistas repiten cada vez que hay incendios en el Amazonas.

Pero el cambio del uso del suelo es también uno de los impulsores de las graves reducciones de la biodiversidad, sobre todo por la creciente demanda de tierra para producir comida.

De hecho, uno de los desafíos actuales de la sostenibilidad es cómo alimentar a las casi 8 mil millones de personas que viven en el planeta (y los 2 mil millones más que habrán en 2050) sin quitarle más terreno a la naturaleza.

4. Flujos biogeoquímicos

La cuarta y última frontera ya sobrepasada es la de los flujos biogeoquímicos, que abarca sobre todo a los ciclos de fósforo y nitrógeno.

Cultivos en California

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La agricultura representa el 70% del uso de agua dulce en el planeta.

Si bien ambos elementos son esenciales para el crecimiento de las plantas, su uso excesivo en fertilizantes los coloca en zona de riesgo.

Uno de los problemas que esto genera es que parte del fósforo y nitrógeno aplicados a los cultivos es arrastrado al mar, donde empujan a los sistemas acuáticos a traspasar sus propios umbrales ecológicos.

5. Reducción del ozono estratosférico

De los nueve procesos, hay uno solo sobre el que la humanidad actuó con éxito al ver las señales de alerta: la reducción del ozono en la estratósfera.

Hace más de 30 años el mundo entero se puso de acuerdo en prohibir los clorofluorocarbonos (CFC), sustancias químicas que estaban provocando un «agujero» en la capa de ozono.

Las consecuencias de perder esta capa de protección iban desde la multiplicación de los casos de cáncer de piel hasta daños medioambientales irreversibles.

Tierra vista desde el espacio.

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El Protocolo de Montreal vigente desde 1989 prohibió el uso de ciertas sustancias para proteger a la capa de ozono, vital para frenar las radiaciones ultravioletas del Sol.

Tras el famoso Protocolo de Montreal, el ozono estratosférico se ha ido recuperando, lo que hoy nos permite estar tranquilos dentro de la zona segura para este proceso.

6. Uso del agua dulce

Si bien el uso de agua dulce está actualmente dentro del área de acción segura, nos estamos moviendo de forma vertiginosa hacia la zona de riesgo, asegura Rockström en el documental.

Es que la Tierra puede verse como un punto azul desde el espacio, pero solo el 2,5% es agua dulce. Este porcentaje es cada vez menor principalmente por la ya citada creciente presión de la agricultura para producir más y más comida.

Cabe destacar que aunque la desalinización es posible, consume mucha energía que, en general, proviene de los mismos combustibles fósiles que contribuyen al cambio climático. Por si esto fuera poco, este proceso es una fuente de contaminación de los ecosistemas costeros.

7. Acidificación del océano

Con la acidificación del océano sucede algo similar que con el agua dulce: el límite no ha sido cruzado aún, pero estamos peligrosamente cerca.

Blanqueo de corales.

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El blanqueo de los corales los expone a enfermedades y ya ha desatado eventos de muertes masivas de estos organismos a lo largo del mundo.

El problema es que sus efectos quedan justamente ocultos bajo el agua, por ejemplo, con la muerte de los corales.

Este proceso en particular presenta una capa extra de riesgo, pues varias de las extinciones masivas de la historia tuvieron a la acidificación de los océanos como detonante.

En los últimos 200 años, el agua del océano se ha vuelto un 30% más ácida, una tasa de transformación química 100 veces más rápida que la registrada allí en los últimos 55 millones de años.

Este límite está tan íntimamente ligado con el cambio climático que se le suele llamar su «gemelo malvado».

Lo bueno es que si se cumplen las metas del cambio climático ratificadas en la COP 26, el pH del océano se mantendrá a raya.

8. Carga de aerosoles atmosféricos

Todavía quedan dos límites por mencionar que no están de uno ni del otro lado de la frontera. Y es que los científicos no saben cómo medirlos.

«No existe una línea base de los últimos 11.000 años para esos procesos, porque son nuevos», explica Tobian.

Humo

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Respirar aire altamente contaminado es responsable de unas 800.000 muertes prematuras cada año.

Uno de ellos es la contaminación de la atmósfera con aerosoles de origen humano, es decir, partículas microscópicas generadas sobre todo por la quema de combustibles fósiles, pero también por otras actividades como los incendios forestales.

Estos aerosoles afectan tanto al clima (por ejemplo, provocan cambios en los sistemas de monzones en las regiones tropicales) como a los organismos vivos (unas 800.000 personas mueren cada año de forma prematura por respirar aire altamente contaminado).

9. Incorporación de nuevas entidades

El noveno y último proceso es la incorporación de las llamadas «nuevas entidades».

Se trata de elementos u organismos modificados por los humanos, así como sustancias enteramente nuevas. Esto incluye una lista de cientos de miles de entidades que van desde materiales radiactivos hasta microplásticos.

Pero quizás el mejor ejemplo sean los CFC, es decir, esas sustancias químicas que fueron prohibidas para salvar a la capa de ozono estratosférico.

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La esperanza como acción

El trabajo del Centro de Resiliencia de Estocolmo no solo advierte sobre los problemas centrales que afectan al planeta. También da esperanza.

«Sabemos cuál es el problema y sabemos que tenemos un problema y también al mismo tiempo sabemos cuáles serían las soluciones posibles. Lo tenemos a la mano», le dice Tobian a BBC Mundo.

El desafío es grande y apremiante: en esta década que termina en 2030 la humanidad debe llevar adelante una transformación masiva para mantenerse en línea.

Sin embargo, los científicos aseguran que es posible.

Mural en Glasgow previo a la COP26.

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«Nuestro clima está cambiando», dice este mural pintado en Glasgow, sede de la COP26.

Se precisan acciones rápidas y audaces de parte de todos y cada uno de los gobiernos del mundo, empezando por el uso de energías renovables.

«Nuestra adicción a los combustibles fósiles está llevando a la humanidad al borde del abismo», dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, esta semana en la COP26.

«Basta de quemar, perforar y excavar a mayor profundidad. Estamos cavando nuestra propia tumba», agregó.

También aseguró que «los países del G20 tienen una responsabilidad especial, ya que representan alrededor del 80% de las emisiones», recordando a los países desarrollados su compromiso (hasta ahora incumplido) de aportar «US $100.000 millones anuales de financiación climática en apoyo de los países en desarrollo».

No obstante, para lograr un mundo sostenible también se necesitan cambios en el estilo de vida de los individuos.

Comer más verduras, ahorrar energía, plantar árboles y elegir caminar, ir en bicicleta o en transporte público son medidas concretas que, según los especialistas, hacen la diferencia.

En otras palabras, lograr un desarrollo sostenible es posible y necesario, pero no fácil. Como dijo la activista sueca Greta Thunberg en un discurso previo a la COP 26 que se volvió viral: «La esperanza no es bla, bla, bla. La esperanza es decir la verdad. La esperanza es actuar».

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Ana País (@anapais)

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Los animales super inteligentes que aprendieron a usar el fuego antes que los humanos.

Entender mejor el comportamiento de estas aves servirá para mejorar el manejo de los incendios forestales.

Australia es hogar de numerosas especies peligrosas: desde cocodrilos hasta serpientes, desde arañas hasta medusas venenosas.

Pero ahora, según un nuevo estudio basado en numerosas observaciones, tres animales aparentemente inofensivos se suman a la lista.

Se trata de tres especies de aves rapaces que los investigadores describieron como pirómanas.

Según Bob Gosford, ornitólogo del Central Land Council en el Territorio del Norte (Australia) y coautor de la investigación, las aves son el milano negro​ (Milvus migrans), el milano silbador (Haliastur sphenurus) y el halcón berigora​ (Falco berigora) esparcen deliberadamente los incendios forestales para obligar a los animales que habitan el bosque a huir de las llamas y así cazarlos con más facilidad.

Lo hacen tomando una ramita encendida con el pico o las garras, que luego dejan caer en un sitio que no ha sido alcanzado por las llamas.

Además, dicen, es posible que hayan aprendido a controlar y utilizar el fuego en su favor, antes que los humanos.

El estudio fue publicado en la revista Journal of Ethnobiology.

Evidencia contundente

La creencia de que estas aves tienen la capacidad de expandir las llamas tiene larga data.

Foto: Wikicommons, Jron.

Con su pico o sus garras, el halcón berigora​ toma una rama encendida y la deja caer en otra zona del bosque que no ha sido alcanzada por las llamas.

Tal es así, que el hecho es conmemorado por antiguas danzas ceremoniales en las culturas aborígenes del país.

Sin embargo, cuando Gosford publicó el resultado de sus observaciones iniciales en 2016, muchos expertos en comportamiento de aves reaccionaron con escepticismo.

Ahora, Gosford recogió el testimonio de 20 nuevos testigos que le han valido la aceptación de los científicos que anteriormente pusieron en duda la evidencia.

Uno de estos testimonios proviene de Dick Eussen, fotoperiodista, ex bombero y coautor del estudio, quien observó este comportamiento cuando intentaba extinguir un incendio en el Territorio del Norte, en los años 80.

Uno de los episodios más recientes tuvo lugar en marzo de 2017, también en el mismo estado, pero los milanos no lograron su cometido.

Aves antes que humanos

No está claro aún cuán común es este comportamiento, pero de acuerdo a la evidencia, estas aves solo recurren a esta metodología de caza si el incendio llegó a su límite de expansión y amenaza con apagarse.

Fogata

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Dominar el fuego significó un punto de inflexión para la humanidad.

Para entender la frecuencia y si esta técnica es exclusiva de estas especies o también es practicada por otras, tanto en Australia como en el resto del mundo, los investigadores planean llevar a cabo experimentos bajo condiciones controladas.

Otro ángulo interesante que se desprende de las observaciones, es que es muy posible que las aves rapaces nos hayan ganado de mano en cuanto al manejo del fuego.

La evidencia más antigua confirmada del uso de fuego se remonta a 400.000 años.

Sin embargo, las aves rapaces han estado en el planeta millones de años antes, con lo cual es posible que lo hayan descubierto antes de que aparecieran los humanos, le dijo a la revista la revista New Scientist, Alex Kacelnik, experto en inteligencia de aves de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

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FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC Mundo Ciencia – enero 2018

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