La batalla entre dos mentes brillantes por descifrar la piedra de Rosetta (sin la que no conoceríamos la historia del Antiguo Egipto).

Indudablemente era una de las civilizaciones más grandiosas del planeta y sus impresionantes monumentos eran prueba de su magnificencia.

Pero sus secretos estaban ocultos.

La historia del Antiguo Egipto se la había llevado el viento del olvido.

Quizás las voces labradas en sus vestigios podrían contarla, pero por siglos los expertos habían intentado descifrar el código en vano.

Al final, una piedra y una batalla entre dos mentes brillantes ayudaron a resolver el misterio.

Fue un duelo en el que estaba tanto el orgullo personal como el nacional en juego, entre un genio de las lenguas francés, Jean-Francois Champollion, y un célebre polímata británico, Thomas Young.

La piedra

En su campaña para conquistar el Mediterráneo oriental y amenazar el dominio británico en India, Napoleón Bonaparte invadió Egipto en 1798.

El país había estado prácticamente cerrado a los europeos durante siglos, y su civilización perdida asombró a los franceses.

Bonaparte en la batalla de las Pirámides el 21 de julio de 1798. Artista: Antoine-Jean Gros

FUENTE DE LA IMAGEN – HERITAGE IMAGES. 4.500 años después de su construcción, la gran pirámide de Giza seguía siendo la edificación más alta del mundo. (Batalla de las Pirámides, de Antoine-Jean Gros).

En julio de 1799, mientras excavaban cerca de la ciudad de Rosetta (hoy Rashid) en el delta del Nilo, se toparon con un hallazgo único.

Una piedra con tres tipos de inscripciones: los misteriosos jeroglíficos antiguos en la parte superior, un texto desconocido en el centro (que después se llamaría egipcio demótico) y, en la parte inferior, griego antiguo.

Además de soldados, Napoleón había llevado un ejército de 167 eruditos, incluidos anticuarios, artistas y lingüistas, que reconocieron su valor.

Ese octubre, el propio Napoleón, recién regresado de Egipto, le dijo al Instituto Nacional de París que la piedra era «un medio para adquirir cierta información de este, hasta ahora, lenguaje ininteligible».

El idioma griego era conocido, así que sabiendo qué decía la milenaria escritura, hallarían claves para entenderla.

La piedra de Rosetta, con jeroglíficos, egipcio demótico y griego antiguo.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Esa roca prometía desentrañar la antigua cultura de Egipto.. Pero hubo problemas.

La guerra

El primero fue el vicealmirante de la Marina Real británica, Horatio Nelson.

En la Batalla del Nilo en agosto de 1798, Nelson había atacado a la flota francesa en Alejandría y la había hecho trizas, atrapando a los franceses en Egipto.

Después de tres años de asedio, los británicos finalmente los expulsaron, y todo lo que le «pertenecía» a Francia pasó a manos de Gran Bretaña y sus aliados.

Incluida la piedra de Rosetta.

Los franceses, sin embargo, habían hecho copias.

Los mejores lingüistas en París ya estaban tratando de descifrarla, sin éxito.

Pero, entre tanto, en las provincias, un niño prodigio crecía alentado por su hermano mayor para que cultivara su don con los idiomas.

Retrato de Champollion Le Jeune par Madame de Rumilly

Fue su obsesión por saber cuál era el origen del mundo lo que lo llevó desde niño a estudiar idiomas antiguos. (Champollion el Jóven, por Madame de Rumilly)

Aunque eran demasiado pobres para una educación privilegiada, a los 13 años, Champollion ya había aprendido seis lenguas antiguas.

El griego

La inscripción griega en la piedra de Rosetta indicaba que era propaganda del 285º faraón de Egipto, Ptolomeo V.

Cuando la encargó en 196 a.C., la civilización egipcia había existido durante 3.000 años, pero sus días de gloria estaban en el pasado.

Tras una serie de invasiones, había sido conquistada en 332 a.C. por Alejandro Magno, quien se hizo faraón, trajo su propio gobierno y convirtió al griego en el idioma de los gobernantes.

Su presencia era resentida.

Desesperado, Ptolomeo V erigió tabletas de piedra en los templos, proclamando sus virtudes y subrayando que él era el faraón legítimo.

Pasarían 19 siglos antes de que una de ellas consiguiera por fin parte de su propósito: revivir la gloria de su civilización.

El británico

Young era una brillante personalidad de la Ilustración, con contribuciones notables a los campos de la visión, la luz, la mecánica de sólidos, la energía, la fisiología y la armonía musical.

Detalle de placa de Thomas Young mostrando colores en burbuja de jabón

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Thomas Young (1773-1829) usó su teoría ondulatoria de la luz para explicar los colores de películas delgadas.

Cuando en 1814 asumió el reto de descifrar al Antiguo Egipto, aparte de su intelecto, prestigio y riqueza, tenía la ventaja de que la piedra de Rosetta estaba en el Museo Británico.

Traducirla antes que los franceses era cuestión de honor.

Pero el problema de Young y Champollion era que nadie sabía realmente qué eran los jeroglíficos.

¿Símbolos o letras que representaban los sonidos de un idioma hablado?

Los jeroglíficos

Los símbolos comunican ideas, pero no son un lenguaje: no se pueden leer de la misma manera que el texto de un libro.

Por siglos el pensamiento europeo reflejaba el de los antiguos griegos y romanos, quienes le atribuían a Egipto la invención de la escritura, como un regalo de los dioses, pero creían que los jeroglíficos eran símbolos impenetrables de la antigua sabiduría egipcia.

Afirmaban que eran signos conceptuales, en los que, por ejemplo, un pictograma de un halcón representaba la rapidez.

Algunos estudiosos habían aventurado conjeturas útiles, como el clérigo inglés Abbé Barthélemy, quien supuso -correctamente- en 1762 de que unos «paquetes de símbolos» atados por una cuerda -que los soldados franceses más tarde llamaron ‘cartuchos’- podían contener los nombres de reyes o dioses.

Dos cartuchos en el centro de un tablero con jeroglíficos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. En los cartuchos, una cuerda anudada rodea el nombre del faraón, protegiéndolo para la eternidad (y evitando una lectura equívoca).

Pero el consenso, en ese momento, era que los jeroglíficos eran símbolos silenciosos.

Matemáticas

La última frase escrita en griego en la piedra de Rosetta alentó a los posibles descifradores:

«Este decreto se inscribirá en una estela de piedra dura en caracteres sagrados y nativos y griegos…».

En otras palabras, las tres inscripciones eran equivalentes en significado.

Young abordó los ilegibles textos como un código que debía descifrarse con el poder de la lógica y el análisis numérico.

El método era sencillo: si contaba las veces que aparecía una palabra en griego -por ejemplo Ptolomeo- y encontraba grupos de símbolos que aparecieran un número similar de veces, podría ir dilucidando un alfabeto, unas palabras y unas frases.

Champollion adoptó un enfoque completamente diferente.

Copto

Había logrado el sueño de ir a París a estudiar lenguas orientales con el principal lingüista del país, Silvestre de Sacy, quien ya había tratado de desvelar el enigma de la piedra de Rosetta.

Ptolomeo escrito en la piedra de Rosetta, en jeroglífico, demótico y griego.

Ptolomeo escrito en la piedra de Rosetta, en jeroglífico, demótico y griego.

Y aunque el maestro lo desalentó, alegando que los jeroglíficos eran encarnaciones de ideas y entenderlas era tan monumentalmente difícil que, de poderse lograr, tomaría una vida entera, Champollion no desistió.

Estaba convencido de que los jeroglíficos conformaban palabras, y las palabras debían pronunciarse.

Como lingüista, pensaba que revelaría su significado a través del estudio de las lenguas antiguas de Egipto.

Así que se propuso aprender el último idioma conocido hablado en la época de los jeroglíficos: el copto.

El copto hablado descendía del idioma del antiguo Egipto, pero el escrito no era jeroglífico; era alfabético, como el griego y el latín.

Si los jeroglíficos estaban conectados al copto, eran la escritura de un idioma, no símbolos místicos vagos.

Cartuchos

En vez de colaboradores, Young y Champollion se volvieron rivales en una competencia a los ojos del mundo, con partidarios y opositores.

En esos jeroglíficos, algo llamaba la atención: aquellos cartuchos con los nombres de faraones a veces contenían los mismos elementos en el mismo orden pero podían ser verticales u horizontales y, lo que era aún más confuso, podían estar escritos de derecha a izquierda o viceversa.

Young notó que, en esos casos, eran un reflejo: como si escribieras ‘HOLA’ y ‘ALOH’… entonces, ¿cómo saber en qué dirección se leía un texto?

Dos cartuchos con los mismos elementos en el mismo orden pero en diferentes direcciones.

Iguales pero al revés. La clave estaba en la cabeza del felino.

Descubrió que dependía de la dirección de las caras de los animales.

Además, trató de hacer coincidir las letras ‘p, t, o, l, m, e, s’ en Ptolmes, la ortografía griega de Ptolomeo, con los jeroglíficos en el cartucho con el nombre del gobernante y tras aplicar la misma técnica al nombre de una reina ptolemaica, Berenice, obtuvo un «alfabeto» jeroglífico tentativo.

Eran avances significativos que el polímata británico comenzó a publicar.

Sedición

Champollion también iba progresando en su tarea, pero con más dificultad, pues debía preocuparse por ganarse la vida.

En 1815 presentó su diccionario de copto para su publicación, pero su antiguo maestro, Sacy, lo bloqueó: era un poderoso enemigo que además de sentir animosidad personal y envidiarlo, también resentía sus afinidades republicanas.

Ese mismo año, la derrota en la batalla de Waterloo llevó al fin de Napoleón y la efímera República Francesa.

En el torbellino político, Champollion fue declarado culpable de sedición contra la Corona, removido de su trabajo en la Universidad de Grenoble y exiliado a la casa de su padre.

Libreta de jeroglíficos de Champollion.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Libreta de jeroglíficos de Champollion.

Entre tanto, Young acumulaba conocimientos, descubriendo los jeroglíficos para palabras como dios, rey, Isis, sacerdote… pero eso no significaba que pudiera leerlas.

Cleopatra

En diciembre de 1821, llegó a Inglaterra otro antiguo artefacto egipcio encontrado en el templo de File que quizás ofrecería más pistas: un obelisco con inscripciones en jeroglíficos y en griego antiguo.

Había sido hallado y comprado por el egiptólogo británico William John Bankes, quien había identificado en él el cartucho de Cleopatra.

Debía haberle dado más ventaja a Young, quien crucialmente ya había demostrado que los signos demóticos eran una derivación de los jeroglíficos, y concluído, correctamente, que la escritura demótica consistía en «imitaciones de los jeroglíficos… mezclados con letras del alfabeto».

Sin embargo, no dio el siguiente paso lógico: entender que la escritura jeroglífica en su conjunto, no solo los cartuchos, podía ser una escritura mixta como la escritura demótica.

Ese fue su gran error y el avance revolucionario que le dio el triunfo a Champollion.

El obelisco de File en el que fue el palacio de William John Bankes: Kingston Lacy, en Reino Unido.

El obelisco de File en el que fue el palacio de William John Bankes: Kingston Lacy, en Reino Unido.

Para cuando llegó el obelisco, Champollion ya había compuesto un «alfabeto» jeroglífico, con el que podía escribir, por ejemplo, el nombre de Cleopatra.

Al comparar lo que él había escrito con el cartucho del obelisco, comprobó que iba por muy buen camino.

Pero la prueba reina sería poder leer nombres de gobernantes sin saber de antemano cuáles eran y en cartuchos anteriores a la llegada de Alejandro Magno, para que los jeroglíficos no tuvieran la huella del griego antiguo.

Y lo logró: en dibujos de los templos de Abu Simbel en Nubia, de los que no se sabía nada, pudo leer el nombre del faraón Ramsés II por primera vez en miles de años.

Tras analizar la abrumadora combinación de signos fonéticos y no fonéticos, en septiembre de 1822 -23 años después de encontrada la piedra de Rosetta- Champollion anunció que había logrado descifrar los antiguos jeroglíficos egipcios.

Y él era la única persona en el mundo que podía leerlos.

Pero le esperaban más batallas por lidiar.

Noé

No sólo la élite educada de Europa se mostró escéptica -y a menudo contraria- sino que su logro lo llevó a un territorio peligroso.

La Iglesia católica había seguido el duelo de Young y Champollion con profunda preocupación.

Papiro contemporáneo del antiguo zodíaco de Dendera, un bajorrelieve egipcio del techo de una capilla dedicada a Osiris en el templo de Hathor.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Papiro contemporáneo del antiguo zodíaco de Dendera, del techo de una capilla dedicada a Osiris en el templo de Hathor.

La razón era el diluvio de Noé, que los eruditos bíblicos habían fechado en el año 2.349 a.C. y que, según la verdad de la Biblia, había aniquilado a todas las civilizaciones anteriores.

Si los jeroglíficos demostraban que la civilización egipcia existía antes y después del diluvio, las palabras de los faraones socavarían los pilares del cristianismo.

Pero Champollion tuvo la oportunidad de acallar los temores de la Iglesia cuando declaró que el zodiaco de Dendera, un relieve tallado en el techo de un templo que llegó a París, no era, como habían dicho varios académicos, anterior a Noé.

Aliviados, los religiosos hicieron pública su evaluación: la opinión de un perito librepensador era más valiosa que cualquier otra.

Celos y secretos

Sin embargo, la amarga batalla con sus numerosos críticos, a los que se había unido Young -quien inicialmente aplaudió a Champollion pero después se ofendió pues éste no reconocía su contribución en sus escritos- continuaba.

Los académicos dentro y fuera de Francia lo atacaban constantemente.

Por ellos y por él, tenía que poner a prueba su habilidad en los templos y tumbas del Antiguo Egipto.

Y necesitaba apoyo.

La Iglesia se lo ofreció, con la condición de que nunca revelara ningún hallazgo que contradijera sus enseñanzas.

Aceptó y, con el respaldo de Leopoldo II de Toscana y Carlos X de Francia, reunió un equipo con el que viajó por Egipto, deteniéndose en tantas tumbas y templos como pudo.

En Saqqara, visitó la pirámide más antigua del mundo, pero lo que lo sacudió fue un descubrimiento que le dijo algo increíble sobre la edad del mundo.

Dibujos tomados de la tumba de Menofre.

Dibujos tomados de la tumba de Menofre y de Eïmei.

Era una tumba y los jeroglíficos revelaron que era de Menofre, un sacerdote real de una dinastía anterior al Diluvio, lo que, según la Biblia, era imposible.

Consternado, varias décadas antes de Charles Darwin, dudó de la fecha de la Creación. Sin embargo no pudo hacer más que consignar su hallazgo en su diario privado y llevarse el secreto a su tumba.

Pero fue al llegar al Valle de los Reyes que finalmente pudo hacer más que leer jeroglíficos: logró empezar a comprenderlos.

La victoria final

A lo largo de su viaje, había leído historias ilegibles e incognoscibles por cientos de años, reviviendo mundos olvidados, gloriosas batallas, elaborados rituales y conocimientos perdidos.

Sin embargo, algo le intrigaba intensamente: por qué la muerte era tan importante para los antiguos egipcios; por qué creaban obras tan fantásticas para ocultarlas.

Y ahí, en el que fue el cementerio real durante casi 500 años, por fin entendió que ese no era un valle de muerte.

Era un valle de renacimiento.

Descubrió la razón de la magnificencia de las tumbas del Antiguo Egipto: los faraones eran los protectores de todos los egipcios en la vida y en la muerte, así que su viaje al más allá era trascendental.

Si los faraones sobrevivían su paso por el inframundo, también lo haría su pueblo.

Por toda la eternidad.

Champollion abrió las puertas de esa gran civilización perdida, y su llave fue la piedra de Rosetta.

*Este artículo se basa en parte en el docudrama «Egipto» de la BBC.

Imagen de portada: BBC Daniel Arce López.

FUENTE RESPONSABLE: Redacción* BBC News Mundo. 24 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Rosetta/Traducciones.

 

 

 

 

 

 

 

La Piedra de Rosetta, ¿qué misterios develó acerca de Egipto?

El ejército de Napoleón descubrió este fragmento de una antigua estela en Egipto. Era un decreto en nombre del faraón Ptolomeo V que cambiaría la historia.

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Una roca de poco más de 110 centímetros de altura, con un peso superior a los 760 kilogramos, fue hallada por el ejército de Napoleón durante su campaña en Egipto. El capitán Pierre-Francois Bouchard dio aviso a sus superiores sobre el curioso hallazgo. Era la Piedra de Rosetta y, desde el 15 de julio de 1799, el mundo cambiaría radicalmente para los amantes de la antigüedad.

El objeto tenía varios escritos en forma de jeroglíficos, indescifrables para las tropas del invasor. Con el ejército francés llegó también una comisión de científicos dispuesta a llevar todos los detalles no militares de la campaña, pero tampoco le hallaron el significado a la roca.

La llamaron de Rosetta porque era el nombre francés que le dieron a la localidad de Rashid, en el delta del Nilo.

¿Qué contenía la Piedra de Rosetta?

Posteriormente, los científicos detallaron que era el fragmento de una estela antigua, con un solo texto en tres idiomas distintos. La parte superior estaba conformada por jeroglíficos egipcios; en el medio, un texto en escritura demótica, que era la versión simplificada de los jeroglíficos al final del imperio egipcio; y en la zona inferior, un texto en griego antiguo.

Piedra de Rosetta Litografía sobre el descubrimiento de la roca por parte del ejército de Napoleón.

Pero la guerra continuó y para 1801, los ingleses vencieron a los franceses. En el tratado de rendición firmado en Alejandría se determinó, entre otros detalles, el traspaso de todas las antigüedades egipcias expoliadas por los franceses. Así, la Piedra de Rosetta fue llevada al Museo Británico un año más tarde.

Sin embargo, los franceses habían calcado la piedra, y esos documentos le sirvieron a un científico para realizar el descubrimiento clave para la egiptología.

El hallazgo de Champollion, clave para el estudio del Egipto antiguo.

Jean Francois Champollion Traductor de la Piedra de Rosetta.

Para 1822, el francés Jean Francois Champollion (1790-1832) pudo traducir lo que decía la piedra. Este historiador y lingüista dominaba el latín y el griego, además de conocer el copto, la lengua que se hablaba en Egipto, como lo recuerda La Vanguardia.

Con un trabajo metódico, Champollion fue traduciendo, símbolo por símbolo, lo que decía el mensaje de la antigua estela, basándose en el griego y en el copto. Descubrió que varios de esos símbolos representaban fonemas, que podían ser letras o sílabas: aquel año publicó su primer estudio sobre los jeroglíficos, y en 1824 presentó una versión ampliada.

Piedra de Rosetta Su traducción resultó clave para el estudio del antiguo Egipto

Champollion explicaba que la roca contenía un decreto de culto a Ptolomeo V, el faraón de la época. El mensaje se escribió en el 196 antes de Cristo, estableciéndose que con ese decreto, el líder egipcio gozó en vida las honras reservadas a los dioses.

Los sacerdotes de Menfis, donde hoy está ubicada El Cairo, labraron la estela y la llevaron a la ciudad de Rakhit, conocida como Rashid bajo la ocupación árabe y como Rosetta durante la francesa.

Piedra de Rosetta En el Museo Británico desde 1802

Desde entonces, y siempre con base en el descubrimiento de Champollion, los egiptólogos han traducido miles, millones de mensajes del antiguo Egipto. El hallazgo francés se convirtió en un faro para el estudio de la antigüedad.

La roca permanece en el Museo Británico, pese a las solicitudes de las autoridades egipcias para su retorno. Es parte del colonialismo que, pese al paso de los tiempos, se mantiene en la actualidad.

Imagen de portada:Jean Francois Champollion y la Piedra de Rosetta Composición

FUENTE RESPONSABLE: Fayer Wayer. Por Kiko Perozo. 17 de septiembre 2022.

Antiguo Egipto/Arqueología/Historia/Ciencia.

 

Zahi Hawass, arqueólogo egipcio: «Los museos siguen practicando el imperialismo y compran obras robadas».

Corría julio de 1799 cuando, en una tórrida jornada en las inmediaciones de la ciudad de Rashid, las tropas napoleónicas destinadas a la campaña en Egipto protagonizaron un descubrimiento que marcaría la historia del mundo para siempre. El destacamento del teniente Pierre-François Bouchard encontró la piedra Rosetta, clave para entender los jeroglíficos y primer texto plurilingüe antiguo encontrado en tiempos modernos. No obstante, la alegría no duró muchos. Cuando los soldados franceses sucumbieron ante los británicos, se vieron obligados a entregarles buena parte de sus bienes, entre ellos, la emblemática roca.

Desde entonces, ha permanecido en posesión del Reino Unido y se exhibe en Londres para disfrute de los turistas, orgullo de los británicos y amargura de los egipcios. Ante esta situación, el renombrado arqueólogo Zahi Hawass mantiene una auténtica cruzada para hacer retornar la piedra Rosetta y otras piezas únicas procedentes del estado norteafricano y, en estos momentos, en posesión de otros países a su lugar de origen. En paralelo, continúa trabajando en otra de sus obsesiones: la búsqueda de la tumba y la momia de Nefertiti.

Hawass, egipcio de 75 años y exministro de Antigüedades del país africano, se encuentra en España para ofrecer la conferencia ‘La mujer en el antiguo Egipto’ en el ciclo de charlas paralelo a la exposición ‘Hijas del Nilo’, organizada por el Grupo EULEN en el Palacio de las Alhajas de Madrid. Se trata de la primera muestra en España en torno a la figura femenina en este periodo y la de mayor envergadura, con más de 300 piezas procedentes de 12 naciones y de 27 museos, coleccionistas e instituciones, nacionales e internacionales.

Actualmente, una de sus batallas es recuperar para Egipto algunas de las piezas míticas expoliadas por otros países, donde todavía permanecen. 

 

¿Cómo avanza esa lucha?

A finales de octubre lanzaremos una petición para solicitar la vuelta de la piedra Rosetta, que fue tomada por los franceses y consignada posteriormente a los ingleses sin ningún derecho. Hace 200 años que permanece en Londres, cuando debería estar en el Grand Museo. Después, haremos lo mismo con el busto de Nefertiti en Berlín y el zodiaco de Dendera del Louvre.

¿Su objetivo es solo recuperar las obras egipcias más significativas o todas las que se encuentran en otros países?

Solo estamos detrás de aquellas piezas que han sido robadas a Egipto recientemente, porque los museos todavía practican el imperialismo, todavía compran obras robadas. Necesitamos pararlo. Si los museos adquieren artículos robados, están animando a los ladrones a destrozar las tumbas y llevarse las antigüedades. 

¿Esto todavía ocurre? ¿No ha quedado atrás?

No. Sucedía en el pasado y continúa ocurriendo ahora. El Louvre acaba de comprar cinco piezas robadas bajo las órdenes del antiguo director de su departamento egipcio, y el caso se halla en los tribunales en estos momentos.

 

Además, la Justicia de Nueva York ha obligado al Metropolitan a devolver a Egipto algunos objetos, que llegaron la semana pasada. No entiendo cómo pueden ​adquirirlos y mostrarlos al público, porque están arruinando otro país. Los museos deberían ser honestos y saber que tienen una responsabilidad cultural.

¿Y por qué estos museos continúan con estas prácticas?

Eso habría que preguntárselo a ellos. En cuanto a su labor sobre el terreno, en abril del año pasado, encontró la Ciudad dorada perdida de Luxor, un descubrimiento que algunos medios calificaron como el «mayor del mundo». 

¿Cómo lograron este hallazgo?

Estaba buscando el templo funerario de Tutankamón al norte de Medinet Habu, el templo de Ramses III. Volvimos a excavar en la zona y, por accidente, encontré una casa. Continué y hallamos una ciudad enorme bajo la arena. Había un área administrativa, otra destinada a la vivienda y el resto eran talleres, de joyería, ropa, sandalias, amuletos, estatuas, ladrillos… También descubrimos el nombre de la localidad, la denominaban Atón o Ciudad dorada perdida y data del reino de Amenhotep III.

¿Cómo progresan las labores en este yacimiento? ¿Trabajan también en otras ubicaciones?

Seguimos excavando en la Ciudad dorada perdida. Recientemente encontramos el nombre de Semenejkara y creemos que puede referirse a Nefertiti. También estamos trabajando en el Valle de los Reyes en busca de la tumba y en Saqqara, cerca de la pirámide de Teti, así como en otra zona donde hallamos ADN de los ancestros de la reina y su hija. Además, estamos esforzándonos por obtener más datos sobre Tutankamón.

Nefertiti es una de las figuras femeninas más importantes del antiguo Egipto es Nefertiti, pero ¿qué se sabe de ella? ¿Qué es real y qué forma parte del mito?

Sabemos muy poco sobre ella. Espero que, cuando descubramos su tumba, podamos tener más detalles. Lo que sí conocemos a ciencia cierta es que fue la esposa del faraón Akenatón durante 17 años, en los que tuvieron seis hijas. Se piensa también que sobrevivió a su esposo, y yo personalmente creo que reinó en Egipto durante tres años bajo el nombre de Semenejkara. No obstante, sigue siendo un misterio, hasta que hallemos su sepulcro y su momia, que nos revelará sus secretos.

¿Cree que la encontrarán?

Eso espero.

Nefertiti es una de las figuras femeninas más relevantes del antiguo Egipto y usted ha venido, precisamente, a impartir una conferencia sobre el papel de la mujer en esta civilización. ¿Cómo vivían? ¿Cuál era su rol?

Las mujeres en el antiguo Egipto tenían más derechos que en Europa en el siglo XVI. Solo hubo cinco reinas porque, en aquella época, la religión marcaba que solo el hombre podía convertirse en faraón, pero no podía serlo sin una presencia femenina a su lado. De hecho, la sociedad definió un papel para las mujeres. En primer lugar, tenían que ocuparse de la casa y de sus hijos y, si después de eso tenían tiempo, podían ser abogadas, juezas, sacerdotisas, trabajar en la construcción de las pirámides… Por eso, su civilización era muy sana y consiguió desarrollarse tanto. 

¿Cuál es el papel actual de las mujeres en la sociedad egipcia?

Las mujeres en Egipto tienen derechos como cualquier mujer del mundo. Su situación es exactamente la misma que las de las mujeres aquí, en España. No hay ninguna diferencia en absoluto. 

Otra de las grandes figuras femeninas del antiguo Egipto es Cleopatra, ¿en qué punto se encuentran los trabajos para localizar.

Durante 12 años, estuvimos buscando la tumba junto a la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez hasta que renuncié. En el templo encontramos monedas y estatuas de Cleopatra y, recientemente, Kathleen halló túneles de tres kilómetros de largo desde el templo hasta el agua a 10 metros por debajo del suelo. Yo sigo creyendo que su tumba está ahí y que su momia permanece enterrada cerca de su palacio.

En varias ocasiones, se ha hablado de la maldición de Cleopatra, ¿qué es exactamente?

Cuando estaba excavando en búsqueda de Cleopatra, una gran piedra me golpeó en la cabeza y tuvieron que operarme el ojo. En una segunda ocasión, estaba descendiendo en una grúa y la máquina se detuvo durante una hora en el túnel en la oscuridad. A partir de entonces, la gente comenzó a hablar de la maldición. 

Imagen de portada: El arqueólogo Zahi Hawass.JORGE PARÍS

FUENTE RESPONSABLE: 20 Minutos Internacional. Por África Albalá. 14 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Robos/Entrevista

 

 

 

Las joyas de los egipcios: más que un adorno.

Hombres y mujeres llevaban toda clase de amuletos que los protegían en la vida terrena y la de ultratumba.

La joyería desempeñó un papel fundamental en la vida diaria y en las costumbres funerarias de los habitantes del país del Nilo. Los faraones y sus familiares, el clero, los nobles y todos aquellos que podían permitírselo adornaban su cuerpo con joyas, que sólo estaban al alcance de una minoría y constituían, por tanto, un símbolo de su elevada condición social. En un texto de finales del Imperio Antiguo, Las lamentaciones del sabio Ipuwer, se recuerda una gran crisis de la historia de Egipto en la que «los collares de cuentas adornan el cuello de las esclavas, mientras las damas nobles vagabundean por ahí lamentándose de no tener nada que llevarse a la boca»; señal de que, en circunstancias normales, sólo las clases más favorecidas podían lucir estos caros ornamentos. Pero las joyas en el antiguo Egipto también tenían un poder mágico y religioso como amuletos protectores, efectivos tanto en vida como en el más allá.

Los egipcios crearon todo tipo de joyas, con las que se acicalaban de la cabeza a los pies: pulseras, brazaletes, anillos, collares, pectorales, cinturones, amuletos, tobilleras, coronas, diademas y pendientes. 

La arqueología ha demostrado que las joyas fueron utilizadas sin distinción por hombres y mujeres. Unos y otras apreciaban en igual medida los metales nobles, de manera especial el oro y las piedras preciosas y semipreciosas, por lo que los egipcios se vestían y embellecían con infinidad de joyas tanto en la vida cotidiana como en las grandes ocasiones.

LA CARNE DE LOS DIOSES

Muchas piezas se realizaron en plata, electro (una aleación de oro y plata), cobre y bronce, casi siempre complementadas con piedras preciosas o semipreciosas como cuarzo, turquesa, lapislázuli, cornalina, gemas, alabastro y amatista, y con vidrio coloreado. 

Pero en su gran mayoría se fabricaron de oro puro. Éste era el metal más apreciado por los egipcios, que le atribuían connotaciones divinas; una inscripción decía: «El oro es la carne de los dioses […]. Recuerda cuáles fueron las palabras de Re cuando comenzó a hablar: ‘Mi piel es oro puro'».

Brazaletes de oro procedentes de la tumba de Tutankamón decorados con escarabajos de lapislázuli. Museo Egipcio, El Cairo. Foto: Cordon Press

El oro se extraía fundamentalmente de los desiertos de Nubia –nb o «país del oro»–, mientras que la plata se importaba del Próximo Oriente y, a partir del siglo VII a.C., de la península ibérica a través de los fenicios. El cobre se extraía de las minas del Sinaí, y el estaño, que se mezclaba con el cobre para producir bronce, se conseguía del Próximo Oriente, de las islas Casitérides (islas Británicas) o de la península ibérica. 

En los muros de las mastabas se han hallado representaciones que nos muestran la entrega de metales a los faraones como fruto de la explotación de minas, el comercio, los tributos y el botín de las campañas militares.

El cobre se extraía de las minas del Sinaí, y el estaño, que se mezclaba con el cobre para producir bronce, se conseguía del Próximo Oriente.

La importación de metales preciosos permitió el desarrollo de importantes talleres de joyería en las ciudades egipcias, particularmente en Menfis, Coptos, Tebas y Alejandría. Estos talleres estaban impulsados por el Estado, que introdujo una larga lista de cargos y especialistas relacionados con el trabajo del metal: jefes de talleres, jefes de artesanos, jefes de orfebres, cinceladores, grabadores y sopladores, entre otros. 

Aunque nunca firmaron sus obras, los orfebres disfrutaron de un gran prestigio. Gracias a los relieves de algunas tumbas podemos ver cómo se desarrollaba su trabajo y el tipo de herramientas que utilizaban: desde buriles, cinceles y martillos hasta pipas de soplar, fuelles, hornos y moldes. Los joyeros desarrollaron técnicas de orfebrería cada vez más sofisticadas, desde el calado y el cincelado hasta el repujado y, sobre todo, el grabado.

MAESTROS DE LA ORFEBRERÍA

A partir del Imperio Medio se comienza a utilizar la técnica del granulado, que consiste en la realización de minúsculas esferas o granos de metal, en especial de oro y plata, que por medio de la soldadura se adhieren a las piezas de joyería.

Miles de piezas fueron fabricadas con la técnica del cloisonné, entre ellas el extraordinario pectoral de Tutankamón.

Diversos collares de oro y piedras semipreciosas datados de la dinastía XVIII. Museo Británico, Londres. Foto: Cordon Press

La técnica del tabicado o cloisonné es uno de los grandes logros del arte egipcio. Consistía en dividir la pieza en pequeñas celdillas por medio de una serie de finas láminas metálicas que se fijaban al objeto mediante fundición y, posteriormente, se rellenaban incrustando diminutas piezas de pasta vítrea o piedras semipreciosas como jaspe, lapislázuli, gemas, malaquita… Miles de piezas fueron fabricadas con esta técnica, entre ellas el extraordinario pectoral de Tutankamón, que –entre muchos otros elementos– incluye la imagen de una divinidad con las alas extendidas, todo ello realizado en oro con incrustaciones de lapislázuli, cornalina y turquesa.

LOS REGALOS MÁS PRECIADOS

Muchas de estas joyas, particularmente los grandes y pesados collares formados por aros de oro, fueron regalos de los reyes a los nobles como recompensa por las victorias militares que habían conseguido. En un relieve de la tumba de Ay se puede ver cómo este primer ministro de Akhenatón recibe un collar usej de manos del faraón, mientras que en el cuello lleva seis collares de eslabones de oro como premio a su valentía.

En un relieve de la tumba de Ay se puede ver cómo este primer ministro de Akhenatón recibe un collar usej de manos del faraón.

Entre los regalos más importantes que un alto dignatario podía recibir estaba el denominado «collar de las moscas», o «moscas del valor». Se trataba de la más alta condecoración militar que podía otorgarse a un servidor del faraón; su figura se explica porque para los antiguos egipcios las moscas simbolizaban la persistencia; se quería, por tanto, premiar la tenacidad para vencer al enemigo. 

Aunque normalmente se concedía a hombres, también la recibió la reina Ahhotep –madre de Amosis, el fundador de la dinastía XVIII y del Imperio Nuevo– por su trascendental papel en la guerra contra los invasores hicsos.

Brazaletes de oro y lapislázuli decorados con el ojo udyat. Proceden de Tanis. Dinastía XXII. Museo Egipcio, El Cairo.

Las joyas no constituían únicamente un adorno, sino que también tenían una función religiosa y protectora. Podían adoptar la forma de múltiples divinidades, como Ptah, la diosa leona Sekhmet, el ureo (la cobra protectora de la realeza) y otros dioses como Anubis e Isis. 

También podían tener la forma de símbolos como el ojo udyat de Horus, el nudo tiet de Isis o el pilar djed de Osiris. Igualmente, las había zoomorfas, con figuras de toros, gacelas, patos, perros, moscas, peces, etc., y con motivos del mundo vegetal como papiros, flores –sobre todo el loto– o frutas, ya que los egipcios sentían una gran predilección por la flora de su entorno, en la que veían el símbolo de la belleza, el nacimiento de una nueva vida y el paraíso.

AMULETOS PROTECTORES

Se creía que las piedras preciosas o semipreciosas, como el lapislázuli y la turquesa, que se hallaban bajo la protección de Hathor, proporcionaban alegría y felicidad a quien las llevaba. Así se ilustra en un cuento recogido en el Papiro Westcar, en el que se narra cómo un día que el faraón Esnofru paseaba en su barca por el lago de su jardín, a una de las jóvenes que lo acompañaban se le cayó al agua un amuleto en forma de pez tallado en una turquesa del Sinaí, el reino de la diosa Hathor. 

«Esnofru –dice el texto– le prometió reemplazar la joya perdida, pero la joven deseaba recuperar la que se le había caído a toda costa. Y así lo hizo con la ayuda de un mago: las aguas se abrieron y la joya pudo ser rescatada de las entrañas del lago».

Se creía que las piedras preciosas o semipreciosas, como el lapislázuli y la turquesa, que se hallaban bajo la protección de la diosa Hathor.

La función protectora de estas joyas trascendía la vida terrenal, pues se creía que mantenían a los difuntos alejados de cualquier peligro a la vez que les concedían fuerza y vigor para su existencia ultraterrena; el oro y la plata en particular, como metales nobles, conservaban el cuerpo para la eternidad. 

Así, en muchas tumbas se ha encontrado gran cantidad de joyas a modo de ajuar funerario. Una de las más frecuentes es el escarabajo Khepri, encarnación del Sol que renace, y por ello sinónimo de eterno regreso y resurrección. Muchos de estos amuletos se colocaban entre las vendas de las momias, en el cuello, el torso y el corazón, para facilitar su viaje al más allá. En la momia de Tutankhamón se descubrieron nada menos que 143 objetos, que incluían joyas como collares, pectorales y ojos udyat.

Imagen de portada: Pectoral procedente de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. En él se aprecia al faraón entre el dios Ptah y la diosa leona Sekhmet. Museo Egipcio, El Cairo. Foto: Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Esther Pons Mellado. Actualizado: 12 de septiembre 2022.

Antiguo Egipto/Joyas/Faraones

 

 

Los enigmáticos guardianes de la tumba de Tutankamón.

Cuando Howard Carter penetró en la antecámara de la tumba del faraón en el Valle de los Reyes quedó anonadado por la enorme cantidad de objetos que observó en la antecámara. Aunque lo que llamó poderosamente su atención fueron las dos figuras que representaban al faraón y que a modo de centinelas flanqueaban la entrada sellada de la cámara funeraria del rey.

Entre la ingente cantidad de objetos de todo tipo que abarrotaban la antecámara de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, un asombrado Carter, el afortunado egiptólogo británico que descubrió la tumba en 1922, no pudo evitar fijarse en dos estatuas de tamaño algo mayor del natural que flanqueaban uno de los muros de la estancia, que parecía una puerta sellada. 

«Dos estatuas reclamaron y obtuvieron nuestra atención: dos figuras negras de tamaño natural de un rey, una frente a la otra como centinelas, con faldellín y sandalias de oro, armados con un mazo y un báculo y llevando sobre la frente la cobra sagrada como protección […]. Eran figuras extrañas e impresionantes, incluso como las vimos nosotros, medio escondidas por los objetos que las rodeaban», las describió Carter.

Estas figuras, que tanto intrigaron a los arqueólogos cuando las vieron por vez primera, representaban al propietario de la tumba, el faraón Tutankamón, y su función parecía, sin lugar a dudas, la de centinelas de la cámara funeraria del monarca, que se ocultaba tras aquel muro sellado. Las estatuas estaban hechas de madera cubierta con escayola pintada en negro y con elementos dorados. Ambas son muy parecidas ya que se representan de pie, con la pierna izquierda avanzada en la típica postura masculina de caminar y sujetando un báculo de papiro con la mano izquierda y una maza con la derecha. Pero, aunque a primera vista son muy parecidas, en realidad presentan diferencias sustanciales entre ellas.

Las estatuas guardianas tal como se hallaron dispuestas en la entrada de la cámara funeraria de Tutankamón.Foto: Cordon Press

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS

Antes de analizar las diferencias entre ambas estatuas tal vez deberíamos hacer hincapié en algunas de sus semejanzas. 

De hecho, las dos muestran al faraón luciendo un collar ancho sobre el pecho rematado con una cadena ancha decorada con un escarabajo alado. Portan asimismo muñequeras y brazaletes, van vestidas con un elaborado faldellín hasta las rodillas con el frontal almidonado en forma trapezoidal y van calzadas con unas sencillas sandalias. Los ojos están hechos de obsidiana y piedra caliza cristalina, y ciñen en su frente el ureo o cobra protectora de la realeza. El negro de la piel posiblemente representa, según los estudiosos, el limo que deja el Nilo tras la inundación, una referencia a la fertilidad y el renacimiento.

Las dos estatuas de Tutankamón van vestidas con un elaborado faldellín hasta las rodillas con el frontal almidonado en forma trapezoidal y van calzadas con unas sencillas sandalias.

Y ¿en qué se diferencian entonces? Pues la diferencia principal entre las dos estatuas del faraón radica en sus respectivos tocados. Una de ellas lleva el típico pañuelo nemes, un tejido de franjas que caía sobre los hombros y se ataba con una trenza en la espalda. A lo largo de la historia egipcia muchas estatuas de faraones se han representado con este tocado ceremonial, asociado al dios solar Re en su acepción de Khepri, el escarabajo que representa el Sol del amanecer. También se cree que identifica al rey con el dios halcón Horus, hijo de Osiris, el señor del inframundo.

Estatua tocada con el nemes a punto de ser embalada rumbo a Londres para ser exhibida.Foto: Cordon Press

La otra estatua, por su parte, va tocada con el afnet o khat, una peluca en forma de «bolsa», una corona que tiene un significado típicamente funerario (solo se ha documentado en este tipo de contextos) y que al parecer está relacionada con la noche y el viaje del difunto al más allá. 

Los expertos consideran que la presencia de estos tocados en ambas estatuas podría representar el viaje nocturno del dios del Sol Re (simbolizado por el tocado khat), que renace de nuevo cada amanecer (lo que está simbolizado por el tocado nemes).

Estatua khat de Tutankamón en su vitrina del Museo Egipcio de El Cairo. Foto: Marie Thérèse Hébert & Jean Robert Thibault / CC-BY-SA-2.0

EL FARAÓN Y LOS DIOSES

Asimismo, las dos estatuas presentan unos textos inscritos en ellas. La estatua tocada con el khat lleva una inscripción en el faldellín que la identifica como «el ka de Horakhty, el Osiris, rey, señor de las Dos Tierras, Nebhkheperure, de voz verdadera». 

Al rey difunto se le identificaba siempre con el dios Osiris, y el epíteto «de voz verdadera» o «justificado» hacía referencia a los muertos. Así, esta estatua sería una representación del ka (uno de los cinco componentes del espíritu humano, posiblemente el más importante) del faraón fallecido.

Howard Carter y su equipo embalan una de las estatuas de Tutankamón para su traslado. Foto: Cordon Press

Por su parte, la inscripción de la estatua tocada con el nemes real la identifica como «el buen dios Nebkheperure, hijo de Re, Tutankamón, gobernador del Iunu meridional, dotado de vida eterna, como Re, durante todos los días». Todas estas referencias, incluida la de «Iunu meridional», nombre con el que se conocía la ciudad de Heliópolis, sede del gran templo dedicado al dios Re, tienen una connotación solar.

«POR TODAS PARTES EL BRILLO DEL ORO»

En cuanto al baño dorado (el color del Sol y de la carne de los dioses) que presentan ambas estatuas en los faldellines, las sandalias, los tocados, los pectorales, los brazaletes, las mazas, los báculos y el perfil de ojos y cejas, los expertos creen que acentúa la conexión de Tutankamón con el dios solar Re mientras vigila con celo la entrada de la cámara funeraria, el lugar más importante y sagrado de la tumba.

Aunque no son estas las únicas estatuas de este tipo localizadas en tumbas reales son, con mucho, las mejor conservadas y las más completas.

Arthur Mace y Alfred Lucas, colaboradores de Howard Carter, examinan una de las estatuas de la tumba de Tutankamón. Foto: Cordon Press

Aunque no son estas las únicas estatuas con dichas características localizadas en tumbas reales sí que son, con mucho, las mejor conservadas y las más completas. También son las únicas de su tipo que presentan un baño de oro tan intenso. 

De hecho, esto sucede con mucha frecuencia en otras estatuas rituales de Tutankamón y en gran cantidad de objetos hallados en la tumba. Este uso extensivo del oro resultó deslumbrador para los descubridores de la tumba del faraón, como describe el propio Carter en su libro sobre el sensacional hallazgo: «Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro…».

Imagen de portada: Estatua de Tutankamón tocada con el pañuelo nemes ceremonial. La pieza formó parte de una exposición sobre el tesoro del faraón llevada a cabo en Londres en 2019.Foto: Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE; National Geographic en Español. Por Carme Mayans, Redactora. 4 de septiembre 2022.

Antiguo Egipto/Tumbas/Tutankamón/Curiosidades

 

 

 

 

 

 

Precisión asombrosa, pero sin tecnología moderna: descubren cómo construyeron las pirámides de Egipto.

Los egipcios necesitaron mucho más que rampas primitivas para transportar gigantescos bloques de piedra hasta su posición, asegura la revista científica Science Alert.

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Para erigir las colosales pirámides de Egipto, hace unos 4500 años, los egipcios necesitaron mucho más que rampas primitivas para transportar los gigantescos bloques que las componen hasta su lugar, según un novedoso informe de la revista científica Science Alert.

Con el Nilo como aliado

Un nuevo estudio arqueológico sugiere que la construcción de las pirámides de Guiza fue posible gracias a condiciones ambientales favorables, cuando un antiguo brazo del río Nilo sirvió a los constructores egipcios como un conducto navegable para trasportar mercancías y también materiales.

Un antiguo brazo del Nilo sirvió a los constructores egipcios.

«Para construir las pirámides, tumbas y templos de la meseta, ahora parece que los antiguos ingenieros egipcios aprovecharon el Nilo y sus inundaciones anuales, utilizando un ingenioso sistema de canales y cuencas que formaron un complejo portuario al pie de la meseta de Guiza», detalló Hader Sheisha de la Universidad de Aix-Marseille, en Francia.

El río como fuente de construcción

Según el estudio arqueológico, los constructores egipcios habrían dragado las vías fluviales del río Nilo para conformar canales y pequeños puertos que, con las inundaciones anuales, pudieron funcionar como elevadores hidráulicos para el transporte de los gigantescos materiales de construcción.

Este método podría haber servido a la construcción de varias pirámides.

En línea con esta hipótesis, el complejo portuario que desarrollaron podría haber servido a la construcción de las pirámides de Khufu, Khafre y Menkaure, que hoy se emplazan a más de siete kilómetros hacia el oeste del actual curso del río Nilo, algo que es respaldado por el hallazgo de evidencia estratigráfica de capas de roca.

La clave de los granos de polen

Para su estudio, los arqueólogos se sirvieron de granos de polen fosilizados extraídos de cinco núcleos perforados en la llanura aluvial de Guiza, a través de los cuales lograron identificar una enorme cantidad de plantas florales similares a las que rodean las orillas del río Nilo, así como plantas de pantano que emergen en los bordes del lago.

Los arqueólogos se sirvieron de granos de polen fosilizados.

Según la revista científica Science Alert, estos datos permitieron a los arqueólogos hallar evidencias de un cuerpo de agua permanente que alguna vez atravesó la llanura aluvial de Guiza hace miles de años, punto a partir del cual fue posible establecer el ascenso y descenso de los niveles de agua en el brazo de Khufu durante 8 mil años.

Tras la era de Tutankamón

Tras el reinado del faraón Tutankamón, en torno al año 1338 a. C., la rama de Khufu comenzó a disminuir paulatinamente hasta alcanzar los niveles más bajos documentados, un dato que pudo contrastarse con datos ambientales históricos, lo que sugiere que los antiguos egipcios podrían haber tallado canales de ríos para construir las pirámides de Dahshur.

Tras el reinado de Tutankamón, la rama de Khufu comenzó a disminuir.

Finalmente, los científicos a cargo del estudio sugieren que este mismo enfoque podría ser empleado para comprender cómo diversos paisajes acuáticos del Antiguo Egipto se superpusieron a otros complejos de pirámides, como la necrópolis de Dahshur.

Imagen de portada: iStock

FUENTE RESPONSABLE: History Latinoamérica. 31 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Egiptología/Arqueología

 

 

Lo que significaba ser bueno o malo en el Antiguo Egipto.

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En el antiguo Egipto no había una sola palabra para definir el bien o el mal.

Esta riqueza léxica es uno de los aspectos más importantes del estudio del comportamiento de esta civilización.

Las diversas conductas del individuo, en los ámbitos de la sociedad y la religión, podían ser definidas con un amplio elenco de vocablos. Aunque las distinciones de comportamiento que refleja esta riqueza léxica pueden ser universales, y comunes al hombre moderno, las implicaciones y manifestaciones de estas pautas en el antiguo Egipto sólo se entienden a través de los principios, costumbres y reglas de su particular sistema ideológico, intelectual y religioso.

No es lo mismo bueno que correcto

En la literatura egipcia abundan las descripciones del individuo de buen comportamiento (remech-nefer), correcto (maaty), sabio (remech-rej), discreto (ger), paciente (uaj-ib), generoso (jeye-jer), devoto (remech-necher) o heroico (nejet).

Estos calificativos proliferan en textos autobiográficos que elogian el comportamiento del difunto en vida, justifican sus acciones ante los dioses y propician la existencia eterna. También aparecen en los relatos de aventuras donde, a través de las acciones y palabras de sus personajes o por medio de encomios integrados en el relato, ensalzan sus virtudes y méritos, reforzando el topos del héroe.

Los calificativos arriba descritos abundan también en los textos sapienciales, cuyo objetivo era promover los parámetros de orden social de la época, y establecer las reglas éticas y morales para alcanzar la condición ejemplar de sabiduría y honorabilidad.

Alborotador, insolente o malo

A pesar de que la percepción mágico-somática de la escritura en el antiguo Egipto –la relación que entendían los egipcios entre la representación textual de una realidad y su efecto en la misma mediante la magia– no alentaba la descripciones de conductas o actos inmorales, el empleo de referencias indirectas al mal comportamiento también era común en los textos. Sobre todo, en aquellos que pretendían instruir al individuo sobre la corrección social y religiosa.

Encontramos las siguientes referencias al individuo de mala conducta: (remech-bin, benat), que actúa como un criminal (isefety, iry bu-yu), codicioso (afy), insolente (yer-jer), maligno (yu-qed), idiota (sug, jene), alborotador (sejem-ib, kenes), vago (dema), glotón (jety) o impío (saba).

El análisis lexicológico del repertorio empleado para expresar las virtudes y vilezas del individuo permite su relación con dos conceptos fundamentales y antagónicos de la cultura egipcia: maat “orden, justicia, verdad, bondad” e isfet “caos, falsedad, injusticia, maldad”.

El bien: vara y pluma

Etimológicamente, el primero de estos conceptos, maat, procede de la palabra maa “recto, genuino”, escrito con jeroglíficos que representan un bastón o vara y una pluma, símbolo de la diosa. El concepto de maat es fundamental en la cultura egipcia, ya que no sólo manifestaba el orden cósmico y la justicia divina sino también el equilibrio social y político preservado por el rey egipcio y la conducta íntegra de cada individuo hacia la familia, la comunidad y los dioses.

De ese modo, maat integraba elementos legales, religiosos, morales, éticos y de la sabiduría o conocimiento personal. Además, constituye uno de los ejemplos más tempranos de la deificación de un concepto abstracto. Desde el Reino Antiguo, la palabra puede aparecer escrita con el jeroglífico del rollo de papiro atado, en referencia al conocimiento necesario para tener una actitud correcta, o con el de la diosa, para aludir a la divinidad del orden y la justicia.

Balanza de Maat con el corazón del individuo y la pluma de la diosa (Libro de la Salida al Día de Nany, cantante del dios Amón, Dinastía XXI, ca. 1050 a. C.; Metropolitan Museum of Art, pieza cat. MMA 30.3.31)

Su papel justifica la presencia destacada de la deidad en el capítulo 125 del Libro de la Salida al Día (más comúnmente conocido como Libro de los Muertos), donde se juzga al difunto mediante el pesado de su corazón contra la pluma que alude al orden de maat (imagen de arriba) o en los relieves de los templos donde el monarca ofrece el equilibrio social y cósmico a los dioses (imagen de abajo).

Ramsés IV realiza una ofrenda de Maat al dios Amón-Re (relieve del templo de Khonsu en el complejo de Karnak, Reino Nuevo, Luxor; imagen del autor)

A nivel individual, cada sujeto debía mantener una conducta adecuada que obedeciese las reglas de la maat, el orden divino y el código moral. Este compromiso se expresaba en los textos con acciones como “hacer maat” (iri maat) o “decir maat” (yet maat), es decir, hacer o decir “aquello que es correcto”. El buen comportamiento contribuía, además, a la definición del carácter e identidad del egipcio tanto en vida como en el más allá.

El mal: gorrión y ente sobrenatural

La ausencia de las pautas sociales, religiosas y morales que debían prevalecer en el país y hacer florecer su sociedad resultaba en la manifestación del caos. Este desequilibrio cósmico afectaba a los dioses y traía la injusticia y el crimen a Egipto.

Este concepto también se conocía como isfet y fue motivo de atención en textos religiosos, literarios y sapienciales. Etimológicamente, isfet utilizaba normalmente el jeroglífico de “gorrión”, un tipo de signo vinculado semánticamente a nociones negativas, dañinas o catastróficas. Algunas veces aparecía con el de “deidad” o “ente sobrenatural”, lo que reflejaba la conceptualización del mal como un monstruo supernatural, independiente, nocivo y latente que debía ser aislado del mundo y derrotado.

En los textos funerarios, ciertos seres del inframundo encarnan dicha fuerza maligna y destructora, como es el caso de Rerek en los Textos de los Ataúdes o Apep/Apofis en el Libro de la Salida al Día y otros libros del inframundo.

Del mal individual al caos cósmico

Isfet representaba no sólo el caos cósmico y la desaparición del orden social y político, sino también la emergencia de injusticia e inmoralidad, de actos criminales y abusivos, así como de un comportamiento impío hacia los dioses y sus templos.

Por esa razón, la literatura egipcia condenaba reiteradamente la manifestación de vicios, abusos y crímenes desde el propio individuo, ya que estas flaquezas del espíritu eran consideradas el origen de un desequilibrio aún mayor de carácter social y cósmico que los dioses y el monarca aborrecían. En el Diálogo de un Hombre con su Espíritu, el hombre en disputa con su consciencia narra su desconsuelo por la ausencia de maat:

¿A quien puedo dirigirme hoy? Cada uno estafa y todo hombre roba a su vecino. ¿A quien puedo dirigirme hoy? El criminal está seguro y el amigo se ha convertido en enemigo. ¿A quien puedo dirigirme hoy? Las mentes de los hombres son envidiosas y ya no existe el corazón de un hombre en el que se pueda confiar. ¿A quien puedo dirigirme hoy? No hay personas que hagan lo correcto y solamente quedan aquellas que hacen mal (Dial. 112-29).

En la literatura egipcia la conducta de un individuo se podía definir comúnmente como adecuada, con el adjetivo nefer “bueno, bello”, o como inapropiada, mediante los adjetivos bin y yu “malo, lamentable”. Para el antiguo egipcio, el antagonismo entre la fuerza vital, dinámica y benéfica de maat y el poder latente y destructor de isfet era constante y susceptible de determinar el destino de la creación, los dioses y las personas.

Imagen de portada: Dioses del tribunal en el juicio final del difunto tocados e inspirados con la pluma de Maat (pap. funerario de época ptolemaica, 200 a. C.; Metropolitan Museum of Art, pieza cat. MMA 66.99.142) Metropolitan Museum of Art. FUENTE RESPONSABLE: The Conversation.Por Antonio J. Morales Rondán. 

*Profesor en Egiptología. Antonio J. Morales Rondán recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Comunidad de Madrid, Junta de Castilla-La Mancha, Fundación Palarq y Asociación Española de Egiptología.

Antiguo Egipto/Historia/Egiptología/Moral

 

Encuentran en Abusir los restos de uno de los cuatro templos del Sol perdidos de Egipto.

La misión arqueológica conjunta ítalo-polaca que trabaja en el templo del faraón Nyuserra (2449-2418 a.C.) al norte de Abusir, al sur del Cairo y cerca de Saqqara, descubrió los restos de un edificio de adobe, cuyos estudios preliminares indican que puede ser uno de los cuatro templos perdidos del sol de la V dinastía conocidos a través de fuentes históricas.

El Dr. Mustafa Waziri, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades, indicó que se completarán excavaciones en el sitio para revelar más sobre este edificio.

Según Waziri se accede a los restos del edificio descubierto a través de una entrada construida con piedra caliza, que conduce al área entre los almacenes en el norte y el amplio patio al oeste, donde hay un piso pavimentado de adobes que contiene enormes bloques de cuarzo, algunos de los cuales tienen una cara lastrada y están empotrados en el piso debajo del templo de Nyuserra.

foto Ministry of Tourism and Antiquities of Egypt

Ayman Ashmawy, jefe del Sector de Antigüedades Egipcias del Consejo Supremo de Antigüedades, dijo que los restos del edificio indican que fue construido con ladrillos de barro, y que Nyuserra lo destruyó parcialmente para construir su templo encima.

En el sitio se descubrieron muchas vasijas de cerámica, que pueden haber sido utilizadas en rituales de fundación del templo de Nyuserra, y se encontraron en la esquina nororiental, donde estuvo el Templo del Sol, y debajo de las losas de piedra de los cimientos.

foto Ministry of Tourism and Antiquities of Egypt

Por su parte, el Dr. Mohamed Youssef, Director del Distrito de Antigüedades de Saqqara, dijo que los depósitos de los cimientos se encontraron al nivel de la pared de adobe del antiguo templo, y consistían en jarras para cerveza y otras piezas de cerámica, algunas con un borde rojo.

La Dra. Rosanna Birley, jefa de la misión de la Universidad de Nápoles, dijo que también se encontraron muchas partes de sellos de arcilla con nombres reales, incluido el nombre de Horus del faraón Shepseskara de la V Dinastía (2463-2456 a.C.), sobre el cual no tenemos mucha información.

Los nuevos descubrimientos pueden indicar la existencia de actividades de este faraón en el lugar, lo que puede cambiar nuestro conocimiento de la historia de este faraón en particular y de la V Dinastía en general.

foto Ministry of Tourism and Antiquities of Egypt

Massimiliano Nozolo, jefe de la misión de la Academia Polaca de Ciencias de Varsovia, confirmó que la misión completará su trabajo pronto, en un intento por sacar a la luz el antiguo templo y revelar más secretos sobre este edificio.

Se cree que existieron hasta seis templos del Sol, de los cuales solo dos han sido encontrados hasta ahora. Se trata de templos dedicados al dios Ra, generalmente representado como un halcón con el disco solar.

Imagen de portada: Templo del Sol. Abusir. Egipto.

FUENTE RESPONSABLE: La Brújula Verde. Magazine Cultural Independiente. Por Guillermo Carvajal. 1° de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología

 

Encontrado un colosal sarcófago en el interior de un pozo funerario del antiguo Egipto junto a 402 Ushebtis.

Los arqueólogos, que hicieron el descubrimiento hace unos meses, han excavado, en el interior de un pozo funerario, la tumba de un hombre llamado Wahibre-mery-Neith, que vivió en el siglo V a.C., y que contenía un colosal sarcófago doble de piedra caliza.

Una misión arqueológica del Instituto Checo de Egiptología de la Facultad de Artes de la Universidad Carolina de Praga, dirigido por Miroslav Bárta, hace años que excava en Abusir, un yacimiento situado a varios kilómetros al norte de Saqqara, en una zona que contiene un grupo de grandes tumbas de pozo datadas a finales de la dinastía XXVI (664-525 a.C.) y principios de la XXVII (525-404 a.C.). Durante las excavaciones llevadas a cabo en el yacimiento en el año 2021, el equipo hizo un sensacional descubrimiento: el depósito de materiales de embalsamamiento más grande jamás encontrado en Egipto, prácticamente intacto.

Este increíble depósito perteneció a un hombre llamado Wahibre-mery-Neith, que vivió a principios del siglo V a.C., y se encontró almacenado en un pozo de unos 15 metros de profundidad. En su interior se guardaron más de 370 recipientes cerámicos que contenían los materiales que fueron utilizados en la momificación de este individuo. Durante la primavera de 2022, y continuando con las excavaciones, los arqueólogos localizaron en medio del pozo principal otro pozo más pequeño excavado en el lecho de roca, orientado de este a oeste, que medía 6,5 x 3,3 metros. Con toda probabilidad habían dado con el lugar de enterramiento de Wahibre-mery-Neith.

Los arqueólogos de la expedición checa excavan en la tumba de Wahibre-mery-Neith en Abusir.Foto: Petr Košárek, Archives of the Czech Institute of Egyptology

UN COLOSAL SARCÓFAGO DOBLE

Los trabajos en este pozo funerario sacaron a la luz un sarcófago doble, que mide tres metros de altura, 2,30 metros de largo y dos de ancho, y se compone de dos grandes bloques de piedra caliza blanca. En su superficie, una inscripción indica uno de los títulos que ostentó este personaje, y da cuenta de su importancia: Comandante de mercenarios extranjeros. 

Los arqueólogos comprobaron también que el sarcófago había sufrido daños en el pasado, lo que parece sugerir que, a diferencia del depósito de embalsamamiento, la tumba de Wahibre-mery-Neith fue saqueada ya en la antigüedad. Y creen saber cuándo sucedió, puesto que en el lugar se han localizado algunas vasijas coptas abandonadas que se han datado entre los siglos IV y V d.C.

Los trabajos sacaron a la luz un sarcófago doble, que había sufrido daños en el pasado. Esto sugiere que la tumba de Wahibre-mery-Neith fue saqueada en la antigüedad.

Imagen del sarcófago de Wahibre-mery-Neith en el fondo del pozo funerario.Foto: Petr Košárek, Archives of the Czech Institute of Egyptology

Vista del sarcófago interior, cuya tapa está decorada con textos del capítulo 72 del Libro de los muertos.Foto: Petr Košárek, Archives of the Czech Institute of Egyptology

UN SARCÓFAGO CON FORMA HUMANA

En el interior del sarcófago se colocó un segundo sarcófago antropoide de basalto, con la tapa decorada en el exterior con pasajes del capítulo 72 del Libro de los muertos, que asegura al difunto un fácil acceso al más allá y una vida dichosa por toda la eternidad. Pero ambos sarcófagos, tanto el interior como el exterior, presentaban importantes roturas causadas por los antiguos saqueadores de tumbas, que destrozaron partes de ambos para acceder a los tesoros que pudiera haber en su interior. De hecho, los arqueólogos solo hallaron un amuleto en forma de reposacabezas y un escarabeo del corazón sin inscripciones. Ni rastro de la momia de Wahibre-mery-Neith.

Escarabeo del corazón localizado en el interior del sarcófago de Wahibre-mery-Neith. Foto: Petr Košárek, Archives of the Czech Institute of Egyptology

El enorme sarcófago estaba dispuesto directamente sobre el relleno de arena en el fondo del pozo de enterramiento, y tanto al este como al oeste del mismo se abrieron unos pequeños espacios con el objeto de colocar un modesto ajuar funerario. En el lado este aún quedaban algunos elementos como dos cajas de madera que contenían 402 ushebtis de loza (figurillas funerarias cuya misión era trabajar en lugar del difunto en los campos del más allá), además de dos vasos canopos (recipientes para contener las entrañas momificadas del difunto) y copas de alabastro, una maqueta en loza de una mesa de ofrendas y un ostracon (fragmento de piedra o cerámica) que tenía inscritos algunos fragmentos de textos religiosos en escritura hierática.

Imagen de portada: Conjunto de ushebtis de loza descubiertos en la tumba de Wahibre-mery-Neith en Abusir.Foto: archivo del Instituto Checo de Egiptología FF UK.

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Carme Mayans, Redactora. 26 de julio 2022.

Antiguo Egipto/Tumbas egipcias/Arqueología/Descubrimientos

Arqueólogos abrieron la tumba de un general del Antiguo Egipto y lo que hallaron los dejó sin palabras.

Se trata de Wahibre-mery-Neith, quien reclutaba soldados de Asia Menor y las islas del Egeo; el hallazgo corresponde al siglo V a.C

Científicos del Instituto Checo de Egiptología de la Universidad Charles de Praga descubrieron recientemente la tumba secreta de un antiguo general egipcio que llegó a dirigir un importante ejército de mercenarios extranjeros.

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Se trata del oficial militar egipcio Wahibre-mery-Neith, que estaba estaba a cargo de reclutar soldados de fortuna de Asia Menor y las islas del Egeo. Según manifestaron los arqueólogos, el pozo funerario se remonta a principios del siglo V antes de Cristo.

La misión arqueológica identificó en febrero la tumba en Abusir, cerca de Saqqara. En su interior, hallaron el almacén de embalsamamiento más grande de Egipto, incluidos 370 frascos de cerámica que contenían materiales utilizados para la momificación del militar.

La tumba de pozo del antiguo general egipcio medía alrededor de 6,5 metros por 3,3 de ancho. A su vez, tenía casi 16 metros de profundidad. En el fondo, se encontró un sarcófago doble, que dañado por saqueadores de aquella época.

En el ataúd del general egipcio fueron hallados cientos de objetos de cerámica y figuras de barro.. EGYPTIAN MINISTRY OF TOURISM AND ANTIQUITIES/ZENGER

Según Newsweek, la capa exterior del sarcófago estaba hecha de dos bloques gigantes de piedra caliza con un ataúd interior decorativo con forma humana. El ataúd interior medía 2,30 metros de largo y 1,98 de ancho. Tenía una cara hecha de piedra de grano fino que había sido triturada.

Los científicos checos revelaron que el sarcófago incluía, además, inscripciones del Libro de los Muertos y señalaron que describía la resurrección del general y su viaje al más allá.

Si bien el trabajo de excavación aún no pudo dar con Wahibre-mery-Neith, el equipo de especialistas encontraron dos cajas de madera con 402 figuras de barro creadas para servirle en el más allá.

Los hallazgos también incluyeron jarras de alabastro, 10 tazas y una pieza de cerámica de piedra caliza llamada ostracon que estaba inscrita con textos religiosos.

La campaña arqueológica finalizó en junio de 2022 en Abusir, un sitio que se encuentra entre Giza y el norte de Egipto y que fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco.

El hallazgo se produjo en Abusir, un sitio declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.. EGYPTIAN MINISTRY OF TOURISM AND ANTIQUITIES/ZENGER

Según precisaron los arqueólogos, el material hallado data del comienzo de la dominación persa en Egipto, que comenzó alrededor del 525 a. C. y se prolongó durante 100 años.

Los egipcios prosperaron bajo el rey persa Darío I, pero sufrieron a manos de líderes como Jerjes I, que aplastó revueltas y no respetó las costumbres locales.

Según la investigación, la tumba permite a acercar a los arqueólogos una imagen más cercana de la vida del oficial egipcio. De hecho, según los arqueólogos, “probablemente murió de manera muy inesperada” ya que su “tumba y equipo funerario aún estaban sin terminar”

 

Imagen de portada: La tumba del general egipcio fue descubierta por un equipo de científicos de checos. EGYPTIAN MINISTRY OF TOURISM AND ANTIQUITIES/ZENGER.

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Argentina. 22 de julio 2022

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