EL MISTERIO DE LA MOMIA DE RAMSÉS I, EL ÚNICO FARAÓN QUE SURCÓ EL MAR HASTA AMÉRICA.

Después de milenios de ser faraón, la momia Ramsés I terminó en un pequeño museo de Ontario, en Canadá. Así fue como regresó a Egipto.

Tuvieron que pasar 130 años antes de que las autoridades egipcias se dieran cuenta de que una momia exhibida en un museo pequeño de Ontario, al centro de Canadá, pertenecía realmente al faraón Ramsés I. Como parte del acervo permanente de la institución, permaneció mal clasificada por más de un siglo —hasta 2001.

Si es de tu interés profundizar en esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

La confusión nació de un simple error de clasificación, que se convirtió en motivo de conmoción internacional con la llegada del nuevo milenio.

Sin estar destinado a ser faraón

Fotografía: Eurasia Press / Photononstop / Photononstop via AFP

Sin saberlo, un explorador italiano del siglo XIX empezó un conflicto internacional. Después de una larga trayectoria como investigador en Egipto, se adentró en las profundidades del Valle de los Reyes. En las cercanías del actual poblado de Deir el-Medina, fue el espacio destinado para sepultar a la élite política del Imperio por dinastías completas.

Giovanni Battista Belzoni tenía la convicción de que encontraría más evidencia sobre las formas de vida e idiosincrasia del Antiguo Egipto.

A sabiendas de que muchas de las tumbas habían sido saqueadas casi por completo, el investigador quiso recuperar en 1817 cualquier vestigio que le proporcionara información sobre la cultura antigua.

Por esta razón, documenta la historiadora Carme Mayans para National Geographic Historia, la encontró prácticamente vacía:

«[…] el enorme sarcófago de granito rojo que presidía la cámara funeraria no contenía los restos del soberano para quien fue excavada la tumba, que resultó ser Ramsés I, el fundador de la dinastía XIX».

A pesar de haber nacido en el seno de un linaje de militares de élite, originalmente Ramsés I no estaba destinado a ser faraón. Aún así, forjó una carrera política que le permitió convertirse en visir de Egipto, una especie de consejero de la realeza en el imperio.

Por sus relaciones con los faraones y cercanía con la nobleza, Ramsés I heredó el puesto del monarca en curso, ya que no había logrado tener hijos varones. Sin embargo, su reinado no fue my largo. Por el contrario, ostentó el puesto durante sólo 16 meses.

Una peregrinación forzada

momia Ramsés I

Fotografía: Richard Maschmeyer / Robert Harding Premium / robertharding via AFP

Como el reinado de Ramsés I no fue muy largo, apenas hubo tiempo para diseñarle un sarcófago digno de un faraón. A comparación de otros dirigentes políticos en Egipto, su tumba podría pasar desapercibida por pequeña y poco adornada. Aunque se asume que, en su momento, recibió una ceremonia digna de su rango político, queda poca evidencia al respecto.

Entre que el espacio fue saqueado, y que quedó una sepultura discreta, los arqueólogos contemporáneos deducen que los restos encontrados ahí le pertenecen por el contexto que les rodea. En primer lugar, la sepultura de su hijo, Seti, se encontró muy cerca de los suya. Y lo que es más: el recinto funerario de su predecesor tiene los mismos trazos decorativos que el sarcófago de Ramsés I, lo que sugiere que incluso fue fabricada por los mismos artesanos, explica Mayans.

Belzoni encontró éstas y otras tumbas similares, pertenecientes a otros dirigentes políticos del Antiguo Egipto. Sin embargo, no encontró ninguna momia al interior de ellas. Ni siquiera la de Ramsés I, a pesar de tener un sarcófago discreto. Esto es así porque, para evitar los saqueos de estos espacios mortuorios, las autoridades en Egipto decidieron mover los restos de sus antiguos gobernantes a lugares ‘más seguros’.

En una especie de peregrinación forzada, los restos de los faraones fueron transportados de sitio en sitio. Décadas más tarde, el Servicio de Antigüedades de Egipto intentó recuperar estos y otros tesoros perdidos de aquella época dorada. Aunque algunas momias fueron recuperadas, no fue el caso de Ramsés I.

Víctima del tráfico de cadáveres

momia de Ramsés I

Fotografía de la momia de Ramsés I tomada en el Museo de Luxor en el Museo de Luxor, Egipto. / Wikimedia Commons

Nadie, ni siquiera el Servicio de Antigüedades de Egipto, conocía con exactitud el paradero de la momia de Ramsés I. Un halo de misterio rodeó al caso del faraón perdido durante décadas. Resultó ser que, milenios después de su muerte, había sido víctima del tráfico ilegal de cadáveres.

Los restos del faraón de la Dinastía XIX fueron usurpados por los Abd el Rasul, una familia de saqueadores de tumbas egipcias que hizo un negocio multimillonario con ellas. Toda la ‘mercancía’ se vendía en el mercado negro de Luxor, en Egipto, para el mejor postor:

«En 1871, los Abd el Rasul, a través del tratante turco Mustafá Ana Ayat, vendieron una momia muy bien conservada al doctor James Douglas, que a su vez la vendió al Museo Niagara Falls, en Ontario», documenta Mayans.

A partir de entonces, la momia de Ramsés I estuvo exhibida en Canadá, a cientos de kilómetros de su recinto de descanso perpetuo original en Egipto.

En la actualidad, el museo canadiense reconoce este acontecimiento como parte de su acervo histórico.«Ramses I había sido traído por un intrépido grupo de canadienses que visitaron el Nilo en la década de 1860», confirman medios locales.

En quiebra

momia de Ramsés I

Wikimedia Commons

En 1991, el museo de Ontario quebró. Sólo entonces, se hizo un recuento de los elementos que tenían en su acervo. A partir de una tomografía que se le hizo a la momia de Ramsés I, se confirmó que, efectivamente, el cadáver le pertenecía al faraón egipcio. Más que nada, porque el cuerpo había sido tratado con ‘elaboradas técnicas de momificación’, según determinó el Departamento de Radiología del Hospital Emory, en Canadá.

Fue entonces que Egipto pidió la repatriación inmediata de los restos del faraón de la Dinastía XIX. Algunos egiptólogos mostraron sus reservas ante los restos, porque les parecía increíble que el cadáver de una figura histórica de esa envergadura sencillamente hubiera sido dejado a su suerte durante más de 100 años.

Sin embargo, a partir de los restos mortales de Ramsés I, lo más probable es que los resultados venidos de Canadá sean fidedignos. En 2003, el faraón perdido del otro lado del mar volvió a su tierra natal con toda la pompa y lujo que le hubiera correspondido en su momento de mayor esplendor. Hoy, descansa en una sala especial dedicada para él, el Museo de Luxor.

Imagen de portada:VISTA LATERAL DE LA MOMIA DE RAMSÉS I / FOTOGRAFÍA: MANUEL COHEN / MANUEL COHEN / MANUEL COHEN VIA AFP.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Publicado por amp_author_box(); Mayo 2022

Antiguo Egipto/Faraones/Historia Antigua/Momias/Ramsés I

 

 

Miles de óstracos encontrados en Atribis que documentan la vida en el antiguo Egipto incluyen líneas y dibujos de niños de una escuela.

Los egiptólogos han recuperado en la antigua Atribis más de 18.000 fragmentos con inscripciones, restos de vasijas y cerámicas que servían de material de escritura hace unos 2.000 años. Los fragmentos, conocidos como óstracos, documentan listas de nombres, compras de alimentos y objetos de uso cotidiano, e incluso la escritura de una escuela, que incluye líneas escritas por los alumnos como castigo.

Es muy raro encontrar un volumen tan grande de óstracos. Se recuperaron durante las excavaciones dirigidas por el profesor Christian Leitz, del Instituto de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (IANES) de la Universidad de Tubinga, en colaboración con Mohamed Abdelbadia y su equipo del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

Los alumnos traviesos tenían que escribir líneas: se encontraron cientos de estas tablillas, con el mismo símbolo normalmente escrito en el anverso y en el reverso | foto Athribis-Project Tübingen.

En la antigüedad, los óstracos se utilizaban en grandes cantidades como material de escritura, inscrito con tinta y una caña o palo hueco (cálamo). Una cantidad tan grande de hallazgos sólo se había producido una vez en Egipto, en el asentamiento de trabajadores de Deir el-Medineh, cerca del Valle de los Reyes en Luxor.

Los óstracos ahora recuperados proporcionan una variedad de conocimientos sobre la vida cotidiana del antiguo asentamiento de Atribis, a casi 200 kilómetros al norte de Luxor.

Alrededor del 80% de los fragmentos están inscritos en demótico, la escritura administrativa común en los periodos ptolemaico y romano, que se desarrolló a partir del hierático después del 600 a.C.

Entre los segundos hallazgos más comunes se encuentran los óstracos con escritura griega, pero el equipo también se encontró con inscripciones en escritura hierática, jeroglífica y -más raramente- copta y árabe.

Dibujos de niños | foto Athribis-Project Tübingen.

También descubrieron óstracos pictóricos, una categoría especial, dice Christian Leitz. Estos fragmentos muestran diversas representaciones figurativas, incluyendo animales como escorpiones y golondrinas, seres humanos, dioses del templo cercano, incluso figuras geométricas.

El contenido de los óstracos varía desde listas de diversos nombres hasta relatos de diferentes alimentos y artículos de uso cotidiano. Según el equipo de investigación, un número sorprendentemente grande de fragmentos podría asignarse a una escuela antigua. Hay listas de meses, números, problemas de aritmética, ejercicios de gramática y un ‘alfabeto de pájaros’: a cada letra se le asignaba un pájaro cuyo nombre empezaba por esa letra.

Un número de tres óstracos también contiene ejercicios de escritura que el equipo clasifica como castigo: los fragmentos están inscritos con uno o dos caracteres iguales cada vez, tanto en el anverso como en el reverso.

Ostraco pictórico con un babuino y un ibis, los dos animales sagrados de Toth, el dios de la sabiduría | foto Athribis-Project Tübingen.

Los egiptólogos de Tubinga llevan trabajando en Atribis desde 2003, y desde 2005 como parte de un proyecto de investigación de 15 años financiado por la Fundación Alemana de Investigación. El objetivo era descubrir y publicar un gran templo construido por Ptolomeo XII, el padre de la famosa Cleopatra VII. Este proyecto ya ha concluido y el templo está abierto a los visitantes.

El santuario se construyó hace unos 2.000 años para la diosa león Repit y su consorte Min, y se convirtió en un monasterio después de que se prohibieran los cultos paganos en el año 380. Desde la primavera de 2018, se están realizando excavaciones al oeste del templo en otro santuario, y el equipo se ha encontrado con los numerosos óstracos en los escombros. Las excavaciones están en curso.

Contabilización de las ofrendas – dinero, vino, aceite de ricino, trigo y cebada – a la diosa del templo Repit. (Período ptolemaico tardío) foto Athribis-Project Tübingen.

El director de la excavación, Marcus Müller, se enfrenta a tareas cada vez más desafiantes en el sitio a medida que aumenta la profundidad. En el oeste de la zona de excavación, están saliendo a la luz edificios de varios pisos con escaleras y bóvedas; el resto de la zona se ha llenado de escombros a lo largo de los siglos.

El análisis de los óstracos por parte de un equipo internacional, procedente en su mayoría de Francia y Alemania, está coordinado por Sandra Lippert, jefa de investigación del Centre national de la recherche scientifique (CNRS) de París. Los óstracos pictográficos están siendo investigados por Carolina Teotino en la Universidad de Tubinga.

Imagen de portada: Gentileza de IANES

Fuentes: University of Tübingen – Institute for Ancient Near Eastern Studies (IANES). Por Guillermo Carvajal. Febrero 2022

Antiguo Egipto/Arqueología/Nuevos descubrimientos

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Ten en cuenta que en algunos link se encuentra en idioma inglés. Muchas gracias.

Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Ten en cuenta que en algunos link se encuentra en idioma inglés. Muchas gracias.

Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Ten en cuenta que en algunos link se encuentra en idioma inglés. Muchas gracias.

Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Miles de óstracos encontrados en Atribis que documentan la vida en el antiguo Egipto incluyen líneas y dibujos de niños de una escuela.

Los egiptólogos han recuperado en la antigua Atribis más de 18.000 fragmentos con inscripciones, restos de vasijas y cerámicas que servían de material de escritura hace unos 2.000 años. Los fragmentos, conocidos como óstracos, documentan listas de nombres, compras de alimentos y objetos de uso cotidiano, e incluso la escritura de una escuela, que incluye líneas escritas por los alumnos como castigo.

Es muy raro encontrar un volumen tan grande de óstracos. Se recuperaron durante las excavaciones dirigidas por el profesor Christian Leitz, del Instituto de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (IANES) de la Universidad de Tubinga, en colaboración con Mohamed Abdelbadia y su equipo del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

Los alumnos traviesos tenían que escribir líneas: se encontraron cientos de estas tablillas, con el mismo símbolo normalmente escrito en el anverso y en el reverso | foto Athribis-Project Tübingen.

En la antigüedad, los óstracos se utilizaban en grandes cantidades como material de escritura, inscrito con tinta y una caña o palo hueco (cálamo). Una cantidad tan grande de hallazgos sólo se había producido una vez en Egipto, en el asentamiento de trabajadores de Deir el-Medineh, cerca del Valle de los Reyes en Luxor.

Los óstracos ahora recuperados proporcionan una variedad de conocimientos sobre la vida cotidiana del antiguo asentamiento de Atribis, a casi 200 kilómetros al norte de Luxor.

Alrededor del 80% de los fragmentos están inscritos en demótico, la escritura administrativa común en los periodos ptolemaico y romano, que se desarrolló a partir del hierático después del 600 a.C.

Entre los segundos hallazgos más comunes se encuentran los óstracos con escritura griega, pero el equipo también se encontró con inscripciones en escritura hierática, jeroglífica y -más raramente- copta y árabe.

Dibujos de niños | foto Athribis-Project Tübingen.

También descubrieron óstracos pictóricos, una categoría especial, dice Christian Leitz. Estos fragmentos muestran diversas representaciones figurativas, incluyendo animales como escorpiones y golondrinas, seres humanos, dioses del templo cercano, incluso figuras geométricas.

El contenido de los óstracos varía desde listas de diversos nombres hasta relatos de diferentes alimentos y artículos de uso cotidiano. Según el equipo de investigación, un número sorprendentemente grande de fragmentos podría asignarse a una escuela antigua. Hay listas de meses, números, problemas de aritmética, ejercicios de gramática y un ‘alfabeto de pájaros’: a cada letra se le asignaba un pájaro cuyo nombre empezaba por esa letra.

Un número de tres óstracos también contiene ejercicios de escritura que el equipo clasifica como castigo: los fragmentos están inscritos con uno o dos caracteres iguales cada vez, tanto en el anverso como en el reverso.

Ostraco pictórico con un babuino y un ibis, los dos animales sagrados de Toth, el dios de la sabiduría | foto Athribis-Project Tübingen.

Los egiptólogos de Tubinga llevan trabajando en Atribis desde 2003, y desde 2005 como parte de un proyecto de investigación de 15 años financiado por la Fundación Alemana de Investigación. El objetivo era descubrir y publicar un gran templo construido por Ptolomeo XII, el padre de la famosa Cleopatra VII. Este proyecto ya ha concluido y el templo está abierto a los visitantes.

El santuario se construyó hace unos 2.000 años para la diosa león Repit y su consorte Min, y se convirtió en un monasterio después de que se prohibieran los cultos paganos en el año 380. Desde la primavera de 2018, se están realizando excavaciones al oeste del templo en otro santuario, y el equipo se ha encontrado con los numerosos óstracos en los escombros. Las excavaciones están en curso.

Contabilización de las ofrendas – dinero, vino, aceite de ricino, trigo y cebada – a la diosa del templo Repit. (Período ptolemaico tardío) foto Athribis-Project Tübingen.

El director de la excavación, Marcus Müller, se enfrenta a tareas cada vez más desafiantes en el sitio a medida que aumenta la profundidad. En el oeste de la zona de excavación, están saliendo a la luz edificios de varios pisos con escaleras y bóvedas; el resto de la zona se ha llenado de escombros a lo largo de los siglos.

El análisis de los óstracos por parte de un equipo internacional, procedente en su mayoría de Francia y Alemania, está coordinado por Sandra Lippert, jefa de investigación del Centre national de la recherche scientifique (CNRS) de París. Los óstracos pictográficos están siendo investigados por Carolina Teotino en la Universidad de Tubinga.

Imagen de portada: Gentileza de IANES

Fuentes: University of Tübingen – Institute for Ancient Near Eastern Studies (IANES). Por Guillermo Carvajal. Febrero 2022

Antiguo Egipto/Arqueología/Nuevos descubrimientos

Los secretos de la magnífica estatua sedente del faraón kefrén

Esta espléndida obra de arte de 4.500 años, que representa al faraón Kefrén, hijo de Keops, en la cúspide de su poder, está considerada una obra maestra de la estatuaria egipcia. Aunque fue hecha para no ser vista, hoy en día su belleza sigue fascinando a los viajeros que la visitan en El Cairo.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Durante décadas, y antes de su sustitución por el monumental edificio del Nuevo Museo Egipcio que se alza junto a las pirámides de Giza, el viejo museo egipcio de la plaza Tahrir, en El Cairo, ha sido el museo de antigüedades faraónicas más importante del mundo, un lugar mágico donde podían contemplarse algunas de las obras de arte más increíbles del antiguo Egipto. Estatuas de piedra, sarcófagos, ajuares funerarios, tesoros como el de Tanis o el de Tutankhamón… 

Una visita a este lugar era un maravilloso viaje en el tiempo, pasear por sus salas era establecer un poderoso vínculo con una civilización desaparecida hace mucho, mucho tiempo, pero que a pesar de ello nos ha dejado innumerables vestigios de su existencia. En una de sus salas, en la planta baja, dedicada al Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), se ubicaba, tal vez, una de las obras de arte más bellas y fascinantes que ha dado el arte egipcio. Estamos hablando de la estatua sedente del faraón Kefrén, tallada en un único bloque de diorita.

Vista completa de la estatua sedente de Kefrén. Se aprecia el detalle del trono, decorado con la unión del loto y el papiro. Foto: Cordon Press

UN DESCUBRIMIENTO SORPRENDENTE

La estatua, que con su media sonrisa parece contemplar desde el abismo de los milenios al asombrado visitante que la ve por primera vez, fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en Giza.

El egiptólogo se hallaba excavando el complejo funerario de Kefrén, concretamente el templo del valle del monarca (que él mismo había descubierto en 1852), un recinto donde tuvieron lugar las ceremonias de purificación de la momia del soberano antes de que esta fuera llevada hasta el templo alto, situado junto a la pirámide, a través de una larga calzada ceremonial.

Templo del valle de Kefrén en Giza, donde en 1860 Mariette halló la estatua enterrada en una fosa.Foto: iStock

La estatua de Kefrén fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en el templo del valle del monarca, en Giza.

El templo del valle de Kefrén está a 500 metros de su pirámide y se sitúa cerca de la Gran Esfinge. El edificio es de planta cuadrada y sus muros (que no muestran ningún tipo de decoración) están recubiertos de losas de granito rojo y el pavimento es de caliza blanca. En él, los antiguos egipcios dispusieron un ambicioso programa iconográfico compuesto por un conjunto de 23 estatuas que representaban a Kefrén. 

Todas ellas tenían un significado religioso. Debían servir como receptáculo del ka o fuerza vital del faraón difunto. Mucho después, algunas de estas estatuas fueron enterradas en un pozo que se cubrió con losas de piedra, y fue allí donde, siglos después, las descubrió Mariette. El egiptólogo escribió en su diario: «Se trata de siete estatuas que representan al rey Kefrén. Cinco de ellas se encuentran mutiladas, pero las otras dos están completas. Una de ellas presenta un estado de conservación tal que podría pensarse que salió ayer mismo de manos del escultor».

EL PODER DEL FARAÓN EN PIEDRA

Esta obra de arte, realizada para ser vista frontalmente, mide 1,68 metros de alto, 57 centímetros de ancho y 96 centímetros de largo. Representa a Kefrén, faraón de la dinastía IV y artífice de la segunda pirámide más grande de Giza (la mayor es la construida por su padre Keops), un monumento que aún conserva en su cúspide parte del revestimiento original de piedra caliza. La estatua muestra a Kefrén como un hombre joven con un físico perfecto, atlético, vestido solamente con un faldellín, tocado con el pañuelo nemes ceremonial y con la barba postiza característica de su cargo (que está rota). Su rostro esboza una tenue sonrisa y su mirada se pierde en el infinito.

Vista frontal de la estatua de Kefrén, descubierta por Mariette en el templo del valle del faraón.Foto: Cordon Press

La estatua muestra a Kefrén como un hombre joven con un físico perfecto, atlético, vestido solamente con un faldellín, tocado con el pañuelo nemes ceremonial y con la barba postiza característica de su cargo.

Tras el faraón, un halcón, representación del dios Horus, divinidad con la cual se identificaba el monarca en vida, extiende sus alas alrededor de la cabeza de Kefrén, brindándole su protección. Los brazos del rey están pegados al cuerpo y posa su mano izquierda extendida sobre su rodilla. La mano derecha, también sobre la rodilla, está cerrada en un puño y parece sujetar un rollo de papiro, símbolo de su poder. Por su parte, el trono sobre el que está sentado Kefrén está rematado por patas en forma de garras de león y sus laterales están decorados con el símbolo del sema tauy, las plantas del loto y el papiro entrelazadas, que representan la unión del Alto y del Bajo Egipto.

Pirámide de Kefrén en Giza. Conserva parte del revestimiento de piedra caliza en su parte superior.Foto: iStock

UN NUEVO HOGAR

Pero no muchos saben que esa maravillosa obra de arte estuvo a punto de no quedarse en Egipto. Debido a la falta de fondos, la campaña de excavaciones emprendida por Mariette entre los años 1853 y 1854 sufrió un importante parón y Francia no pudo hacerse con la pieza. «Unos cientos de francos más y la estatua estaría hoy en el Louvre», escribió Mariette en su diario.

Detalle del dios halcón Horus abrazando la cabeza del faraón. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: Cordon Press

En septiembre de 2017, la estatua de Kefrén fue cuidadosamente embalada para ser trasladada a su nueva ubicación, el Gran Museo Egipcio que se alza junto a las pirámides de Giza.

La estatua de Kefrén recaló primero en el Museo de Bulaq, antecedente del Museo Egipcio de El Cairo, para después ser trasladada al museo que se habilitó en la plaza Tahrir, donde se ha exhibido hasta ahora. En septiembre de 2017, la estatua de Kefrén, que hasta entonces había sido la estrella de una de las salas de la planta baja del museo, fue cuidadosamente embalada, junto a otras piezas de gran tamaño, como ella, e introducida en una caja con sensores. 

Con sumo cuidado fue colocada en una furgoneta especialmente preparada con dispositivos especiales para evitar las vibraciones propias del transporte, y fue trasladada a su nuevo hogar, el GEM, cerca de su pirámide, donde fue descargada, junto a sus compañeras, y conducida al interior de su nuevo emplazamiento mediante vehículos montacargas, en una operación delicada y no exenta de peligros. 

Allí, una de las piezas más bellas y tal vez más emblemáticas de la cultura faraónica disfrutará de un lugar de honor y muy pronto, cuando el Gran Museo Egipcio abra sus puertas, volverá a ser admirada por millones de visitantes.

Imagen de portada: Vista lateral de la estatua sedente del faraón Kefrén. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Carme Mayans Redactora.

Antiguo Egipto/Faraones/Curiosidades

La maldición de los faraones: por qué cada vez que sucede algo en Egipto los culpan.

NO PERTURBES SU DESCANSO…

Las extrañas muertes tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y el sensacionalismo de la época provocaron una leyenda que todavía hoy pervive.

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Entre marzo y abril del 2021 en Egipto sucedieron muchas cosas: por un lado, se produjo un desfile histórico de 22 momias de faraones (entre ellas, la del famosísimo y pelirrojo Ramsés II) que fueron llevadas hasta la que es desde entonces su nueva morada: el Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC). Por otro lado, el país experimentó el bloqueo del canal de Suez, se derrumbó un edificio en El Cairo provocando la muerte de al menos 25 personas y también se produjo un accidente de tren en Suhag. 

A primera vista, no tendría por qué haber ninguna relación entre los terribles accidentes acaecidos en el país y los desfiles de las momias, pero muchas personas quisieron ver una extraña y funesta simbiosis. De hecho, incluso en redes sociales se especuló sobre la llamada ‘Maldición de los faraones’ o ‘maldición del faraón’, alegando que no dejar descansar a estos reyes antiguos es lo que habría desatado su furia y provocado la desgracia. Se trata de una creencia antigua y común, pero, ¿de dónde proviene? 

En marzo se derrumbó un edificio en El Cairo con 25 personas y también se produjo un accidente de tren en Suhag.

«La muerte golpeará con su miedo a aquel que ose turbar el reposo del faraón». Cuando en la década de los años 20 del pasado siglo el egiptólogo Howard Carter, junto con Lord Carnavon y su hija, abrieron la tumba del joven faraón Tutankamón, de la dinastía XVIII, probablemente ya sospechaban que el descubrimiento que estaban llevando a cabo era de gran magnitud. «Veo cosas maravillosas», se cuenta que dijo Carter al hacer el agujero y observar el oro y las riquezas, así como la estancia perfectamente conservada.

Irónicamente, lo más importante de la vida del faraón Tutankamón fue su muerte. El joven, que murió con 19 años y según el análisis tuvo en vida una salud muy frágil, a consecuencia probablemente de la endogamia, había sufrido malaria y tenía que caminar con un bastón porque tenía un pie cavo. 

Según los estudios, era hijo de Akenatón, el faraón hereje que llevó a cabo una reforma religiosa convirtiendo Egipto en un país monoteísta que rendía culto único a Atón, dios del sol. 

Lo más importante de la vida del faraón Tutankamón fue su muerte. Su padre Akenatón, culpable de que su tumba esté bien.

No solo eso, sino que también decidió trasladar la capital de Tebas, provocando una crisis económica fruto de todos los cambios. 

Los que vinieron después de él le condenaron al peor castigo que podía sufrir un faraón: la ‘damnatio memoriae’ o condena de la memoria. El esfuerzo por conseguir que se olvidará todo rastro sobre él o sus familiares fue, paradójicamente, lo que llevó a que la tumba de Tutankamón se encontrase en perfecto estado. 

Y aquí comienza la maldición. Tras la apertura de la tumba comenzaron a morir personas que habían participado en el descubrimiento. En marzo de 1923 (cuatro meses después de abrir la tumba), un mosquito picó a Lord Carnavon (que ya de por sí tenía una salud frágil) y después se cortó la picadura mientras se afeitaba, lo que le causó una septicemia. Murió, por neumonía, el 5 de abril. La leyenda cuenta que cuando falleció se produjo un apagón en el Cairo que dejó a oscuras la ciudad momentáneamente. 

Tras la apertura de la tumba comenzaron a morir personas que habían participado en el descubrimiento. 

Después de esta se sucedieron otras muertes: Aubrey Herbert, medio hermano de Lord Carnavon que también estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente al volver a Londres (también había tenido desde su juventud una salud frágil, y en los últimos años de su vida estaba prácticamente ciego). Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, murió en El Cairo al poco tiempo y sin explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La imaginación de los periodistas de la época hizo el resto, al igual que la película rodada en los años 80 llamada ‘La maldición de Tutankamón’.

Abu Simbel. (iStock)

Abu Simbel. (iStock)

Lo cierto es que toda la historia de la supuesta maldición volvió a resurgir con fuerza en las décadas de los 60 y 70, cuando varias piezas del Museo Egipcio de El Cairo se trasladaron a otras exposiciones temporales en museos europeos. Al parecer, los directores de algunos de los museos murieron poco tiempo después, o eso es lo que los periódicos ingleses extendieron, hablando también de algunos accidentes que sufrieron los tripulantes del avión que llevó las piezas a Londres. 

Una de las teorías más plausibles es que las muertes pudieran estar relacionadas con una infección causada por hongos.

En realidad algunas figuras como Conan Doyle fueron las que se encargaron de forjar la leyenda. Recordemos, al fin y al cabo, que tanto el escritor como su mujer eran fervientes espiritistas desde que su hijo había muerto en la Primera Guerra Mundial, y tenían cierta tendencia a creer en asuntos paranormales. 

Como señalábamos antes, los medios sensacionalistas o la novelista británica Marie Corelli tampoco ayudaron mucho. Con el paso del tiempo, una de las teorías que más fuerza tienen es que las muertes pudieran estar relacionadas con una infección causada por hongos, que habían sobrevivido durante años en la tumba del joven faraón, lo que según la hipótesis habría aumentado su virulencia. 

De cualquier manera, hay que tener en cuenta que aunque se registraron unas 25 muertes a lo largo del tiempo, un estudio mostró que de las 58 personas que estuvieron presentes cuando se abrió la tumba, solo ocho murieron en los siguientes 12 años. 

De hecho, Howard Carter, probablemente la figura más importante de la excavación, fue la excepción a la regla y murió en 1939 con 64 años. Él mismo se encargaba siempre de negar la supuesta maldición cuando se hablaba de ella: «Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas», indicando que esas creencias no eran más que viejos cuentos de fantasmas reconvertidos, y que los faraones jamás maldecían a aquellos que los visitaban o se ocupaban de ellos, sino que los bendecían. 

«Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas» decía Carter.

Sea como fuere, la creencia en la maldición de los faraones sigue presente incluso en tiempos tan incrédulos como los actuales, pues los faraones egipcios siguen causando fascinación y cierto temor en los seres humanos, quizá por todos los misterios con los que se amortajaron. La copa con la que Tutankamón fue enterrado tiene una inscripción que coincide con el epitafio de Howard Carter: «Pueda tu espíritu vivir /durante millones de años/ tú que amas Tebas/ sentado con la cara al viento del norte/ los ojos llenos de felicidad». Buscaba (y encontró) lo que todos ansiamos, al fin y al cabo: la eternidad.

Imagen de portada: Gentileza de iStock

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Ada Nuño. Agosto 2021.

Antiguo Egipto/Sociedad y Cultura/Faraones/Leyendas/Curiosidades

Por qué los egipcios se pintaban de perfil: «Sabían dibujar de frente y eligieron no hacerlo».

Todas las representaciones son iguales: el torso mira de frente, pero la cara se encuentra de perfil, dando importancia a la nariz y al ojo. ¿A qué se debe esta perspectiva tan peculiar?

Todavía a día de hoy, cuando una familia visita un museo de historia o arqueología, lo primero que suelen preguntar los niños es aquello de dónde están las momias. La civilización que vivió durante tantos años junto al Nilo, y que colapsó con la muerte de una faraona y la picadura de un áspid (o al menos eso dice la leyenda) fascina por su exotismo y todo en su complejidad histórica llama la atención: sus enterramientos, sus dioses, sus faraones. 

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En la idiosincrasia del Antiguo Egipto está sin duda la manera en que representaban, no solo a deidades y reyes, sino al pueblo llano viviendo su cotidianidad. Como la representación artística es una de las herramientas que nos separa del resto de animales de la Tierra, dotándonos de trascendencia y espiritualidad, suele llamar nuestra atención a la hora de conocer diferentes pueblos. Egipto no solamente nos ha dejado increíbles monumentos como las pirámides o Abu Simbel, sino también pequeñas representaciones marcadas para siempre en paredes o tumbas. 

Así, por ejemplo, nos sorprende que los egipcios utilizaran el azul en una época en la que otros pueblos aún no conocían la mezcla. De igual manera, muchas representaciones de sus dioses han llegado hasta nuestros días, y las figuras de Isis con su hijo Horus son tan increíblemente parecidas a las de la Virgen y Jesucristo que no pueden ser mera casualidad. Pero, probablemente, lo que más llame la atención es esa extraña costumbre o manía de pintarse de perfil. 

Aunque el rostro esté de perfil, el cuerpo, al contener los órganos vitales, debía estar de frente para que aparecieran todos y así a poder caminar con seguridad al Más Allá.

Simbolizaban la vida. En muchas ocasiones, esa vida que se había dejado atrás para marcharse al Más Allá, pues decoraban sepulcros y templos. Lo conoces de sobra: el torso colocado de frente y la cabeza y las caderas, sin embargo, de perfil, en una postura imposible. 

Los ojos parecen observar al espectador de frente, y, sin embargo, también se muestra la nariz de perfil. «No daban puntada sin hilo», apunta Rosa Pujol, presidenta de la Asociación Española de Egiptología. «Sabían pintar y sabían esculpir, y por supuesto sabían pintar de frente, sin embargo, elegían no hacerlo». ¿Por qué?

La teoría de que no sabían usar las sombras: descartada.

En un principio, algunos expertos apuntaban que esa era la forma de pintar los cuerpos porque los egipcios desconocían el uso de las sombras. Sin embargo, al observar cómo maquillaban a las esfinges y perfilaban las narices o los ojos, la teoría se desvaneció: sabían perfectamente utilizar las sombras y la luz, solo que decidían no plasmarlas en sus pinturas.

¿Una cuestión de eternidad?

Algunos expertos apuntan que, de perfil, se marcan mejor algunos rasgos. Esto no es algo meramente superficial o estético, sino que (apuntan) tenía que ver con la propia eternidad. ¿La nariz de perfil? Era necesaria, porque así se mostraba mejor y representaba la respiración. ¿El cuerpo de frente? Contiene los órganos vitales, por lo que debían dibujarse así para mostrarlos todos. 

Era fundamental para que, de esta manera, pudieran caminar con seguridad hacia el Más Allá. Rosa, sin embargo, no está de acuerdo del todo con esta teoría. «Realmente ya preservaban todos sus órganos cuando se momificaban, por lo que a la hora de representarlos pictóricamente no era verdaderamente necesario. Se trata más bien de una cuestión de perspectiva».

Carecían de perspectiva.

El ojo no engaña. Desde el Renacimiento usamos el punto de fuga, lo que significa que si hay que colocar dos objetos (uno más cerca y delante de otro), al segundo lo colocaremos detrás. Esta manera de representación no la tenían los egipcios: «Imaginemos la representación de un cofre que tiene dentro vestidos», cuenta Rosa. «Como dicho cofre no es transparente, los egipcios pintarían todos los objetos que hay dentro arriba del cuadro». Al carecer de perspectiva, el tamaño de las cosas o las figuras no tenía que ver con su cercanía sino con su importancia.

La fruta se coloca una encima de otra en lugar de en perspectiva. (iStock)

La fruta se coloca una encima de otra en lugar de en perspectiva. (iStock)

De esta manera, la persona se dibuja por separado dentro de un todo y dándole determinada importancia a cada parte. «El pecho se muestra de perfil porque así se sabe si el representado es un hombre o una mujer», cuenta Rosa. «La cara, aunque se muestre de perfil, presenta al ojo de frente porque es lo que más define a una cara: un ojo visto en perspectiva no queda muy claro. Pasaba algo parecido con las manos, lo primero que pintaban era el pulgar porque es lo que da la idea de la mano. Así pues, aunque las posturas resultaran imposibles, se veían claras todas las características de la figura». 

Al carecer de una perspectiva real, la persona se dibuja por separado dentro de un todo y dándole determinada importancia a cada parte.

Así, el torso está de frente porque el corazón tiene vital importancia, pero también son fundamentales los ojos y la nariz, y por ello la representación aunque carece de profundidad, inmortaliza de manera un poco homogénea ese mundo del que formaban parte.

Sí, también hay dibujos pornográficos.

Algún egipcio tuvo que haber al que no le gustaba ser gobernado por una mujer. Por lo menos, eso es lo que nos ha quedado para la posteridad. También de perfil, como no podía ser de otra manera, pero en una postura muy particular, se descubrió en el pasado un ‘retrato’ de la bella Hatshepsut y el que fue su hombre de confianza y al que dejó la educación de su hija: el misterioso Senenmut, arquitecto real. 

Algún grafitero de la época no estaba especialmente feliz con la unión y quería burlarse de la reina, así que ni corto ni perezoso los dibujó en una imagen que no deja lugar a la imaginación y que ha llegado hasta nuestros días.

Hatshepsut y Senenmut sin privacidad alguna.

Hatshepsut y Senenmut sin privacidad alguna.

La diferencia marcada por Akenatón.

Además de pintarse siempre de perfil y realizando actividades cotidianas que pueden ir desde recoger trigo (el pueblo llano) a guerreando (los faraones), la representación egipcia como decíamos es bastante homogénea y todas las pinturas son bellas y jóvenes. No solo por una cuestión estética, sino también vital: pocas personas llegaban a una edad muy avanzada.

Una representación de Akenaton y Nefertiti haciendo algo increíble: dando cariño a sus hijas. (Wikimedia commons)

Una representación de Akenatón y Nefertiti haciendo algo increíble: dando cariño a sus hijas. (Wikimedia commons).

Sin embargo, el faraón hereje marcó un punto de inflexión no solo con su vida (es, al fin y al cabo, el primer y único faraón monoteísta) sino también con las representaciones que existen sobre él. El faraón no se contentó solo con abandonar Tebas como capital o dirigir un culto exclusivo a Atón, también revolucionó la pintura que, hasta entonces, había sido bastante normativa. 

El faraón también revolucionó la pintura que, hasta entonces, había sido bastante normativa. Desaparece la idealización y sale bastante desproporcionado.

Akenatón no se hacía representar bello, sino con barriga y un rostro extraño y afeminado, y alejándose de los convencionalismos iconográficos es el primer faraón en representar escenas familiares. Desaparece la idealización. «Rompió con todo, y también cambió el arte», apunta Rosa. «Se seguía pintando de perfil pero con posturas mucho menos rígidas. Por ejemplo, se le representa comiendo, algo antes impensable. Es un arte muchísimo más cercano», también se le puede ver acompañado de su mujer, Nefertiti, y cogiendo a sus hijas en brazos, las cuales se muestran completamente desproporcionadas (hasta el punto de que parecen sufrir algún tipo de malformación). «También el respaldo del sillón que se encontró en la tumba de Tutankamón es diferente. Los pies están bien representados en lugar de pintarse empezando por el pulgar, y parece haber mayor perspectiva. Por supuesto, cuando terminó su reinado se retrocedió de nuevo y se volvió al clasicismo, las figuras volvieron a ser bellas y homogéneas, quizá incluso más elegantes», señala la egiptóloga. Ese punto de inflexión es la demostración de que, en una civilización que vivió durante 3.000 años, hubo lugar para muchos estilos artísticos en los que se buscaba lo mismo que se busca ahora: no ser olvidado.

Imagen de portada: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Alma. Corazón, Vida. Por Ada Nuño. Enero 2022

Antiguo Egipto/Sociedad y Cultura/Pintura/

Particularidades/ Investigación.

 

 

El-Qurn, la montaña sagrada egipcia con forma de pirámide al pie de la cual está el Valle de los Reyes.

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¿Por qué los faraones de las XVIII, XIX y XX dinastías decidieron ser enterrados en hipogeos en el Valle de los Reyes, en lugar de en pirámides como sus predecesores? ¿Por qué eligieron el lugar hoy conocido como Valle de los Reyes?

Algunos egiptólogos tienen una hipótesis al respecto: la presencia de una montaña sagrada con forma de pirámide natural, El-Qurn (el cuerno), a la que los egipcios llamaban Ta Dehent (el pico). Tiene 420 metros de altitud y se alza en la cordillera frente a la antigua Tebas (hoy Luxor), en la orilla oeste del Nilo.

La forma piramidal sólo se aprecia cuando se lo contempla desde la entrada del Valle de los Reyes, y cerca del punto más alto hay una formación rocosa en forma de placa que sobresale unos metros de la ladera de la colina. Vista desde el ángulo correcto se asemeja a la cabeza de una cobra, y quizá por ello la zona estaba asociada con el culto a la diosa Hathor y con la diosa cobra Meretseger.

El Valle de los Reyes y el-Qurn hacia 1857, foto de Francis Frith | foto Metropolitan Museum of Art en Wikimedia Commons

El-Qurn está en una situación privilegiada, entre el Valle de los Reyes al norte, el Valle de las Reinas al sur, el Valle de los Nobles al oeste y el complejo de templos de Deir el-Bahari. Es posible que su apariencia piramidal fuera lo que decidió a Tutmosis I, el tercer faraón de la XVIII dinastía (que reinó entre 1504 y 1492 a.C. aproximadamente), a elegir su entorno para la fundación de la necrópolis real tebana, donde fue enterrado junto con muchos de sus sucesores.

En la propia tumba de Tutmosis I, decorada con escenas del Libro del Amduat egipcio, se representa la caverna oval del dios Socar bajo una pirámide, imitando la posición física de la tumba (con su cámara oval) bajo el pico de el-Qurn.

Curiosamente, aunque esta tumba de Tutmosis I ha sido identificada como KV38 y en ella se encontró un sarcófago de cuarcita amarilla con su nombre, parece que el cuerpo fue trasladado por Tutmosis III a la tumba KV20 de Hatshepsut (hija de Tutmosis I), que también contiene un sarcófago con el nombre de Tutmosis I.

Vista desde la cima de el-Qurn | foto Vyacheslav Argenberg en Wikimedia Commons

Kent R. Weeks cree que la forma piramidal de el-Qurn puede haber recordado a los egipcios el emblema del dios del sol Ra y les impulsó a establecer el cementerio de los gobernantes en este valle. Así, el pico habría sido interpretado como una especie de pirámide natural colectiva, marcando el simbolismo solar que durante muchos siglos había jugado un papel fundamental en el rol religioso de las necrópolis reales.

A favor de esta interpretación está el hecho de que los lugares de enterramiento de los reyes se encuentran en el lado norte, y los de las reinas en el lado sur, exactamente igual que en las pirámides. Además otros faraones posteriores también utilizarían hitos simbólicos similares. Por ejemplo, Akenatón hizo construir su nueva capital con su propia necrópolis, sobre una formación rocosa que se asemejaba al antiguo signo jeroglífico para horizonte.

el-Qurn visto desde el Valle de los Reyes en 2009 | foto Rémih en Wikimedia Commons

Por el contrario algunos investigadores como John Coleman Darnell y Colleen Manassa Darnell opinan que la visión de el-Qurn como una pirámide natural es una comparación moderna, para la que no se puede aducir ninguna evidencia antigua.

El-Qurn se puede ascender a pie desde dos direcciones, comenzando la escalada en el Valle de los Reyes o cerca de Deir el-Medina. El trayecto hasta la cima dura aproximadamente una hora y media. Normalmente se suele elegir la ruta desde Deir el-Medina, pues tres cuartos del recorrido discurren sobre escaleras de hormigón, aunque la ascensión final es más complicada. Es el camino que seguían los obreros que construyeron las tumbas del Valle de los Reyes. No obstante, parece que hoy el acceso está restringido.

Imagen de portada: Valle de los Reyes, Egipto.

Fuentes: Richard H. Wilkinson, Kent R. Weeks, The Oxford Handbook of the Valley of the Kings | Nigel Strudwick, Helen Strudwick, Thebes in Egypt: A Guide to the Tombs and Temples of Ancient Luxor | Kent R. Weeks, Nigel Hetherington, Dina Bakhoum, The Valley of the Kings: A Site Management Handbook | John Coleman Darnell, Colleen Manassa Darnell, The Ancient Egyptian Netherworld Books | Willeke Wendrich , Egyptian Archaeology | Wikipedia

Antiguedad/Antiguo Egipto/Egiptología/Pirámides/Picos.