Una especie de homínido prehistórico podría rondar las selvas de Indonesia todavía, revela un polémico estudio.

Conocido como Homo floresiensis, esta especie de homínido apareció en la Tierra hace 60.000 años. Podría ser que nunca se haya extinto.

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Los primeros hallazgos que se realizaron de restos de Homo floresiensis se reportaron en 2003. Científicos europeos estaban investigando las cuevas y grutas la isla Flores, del arco insular de Sonda en Indonesia. A partir de los huesos, los arqueólogos involucrados en la investigación determinaron que esta especie de homínido era notablemente más pequeña que otros contemporáneos suyos, y que tenían los pies muy grandes.

Con cráneos pequeños y columnas vertebrales reducidas, el Homo floresiensis apareció en la Tierra entre hace unos 700 mil y 60 mil años, según la datación que se realizó en ese momento. Sin embargo, no se han encontrado evidencias de que se haya extinto realmente, según explica Gregory Forth, antropólogo jubilado de la Universidad de Alberta, en su más reciente publicación.

Por ello, cabe la posibilidad de que estos homínidos prehistóricos cohabiten el planeta con nosotros. Ésta es la razón.

Una propuesta arriesgada

Así se ve la cueva donde se descubrieron los restos de Homo floresiensis en 2003, en Lian Bua, Flores, Indonesia / Rosino. / Wikimedia Commons

Según documenta El País, los ejemplares de esta especie «eran inteligentes y tenían capacidad de sacar conclusiones, tomar iniciativas y procesar emociones«. Hasta ahora, no se ha encontrado evidencia de que hayan superado los filtros biológicos de los diversos cambios climáticos en la historia natural del planeta.

Forth ha recibido críticas ácidas por la publicación de su más reciente libro. Más que nada, porque otros científicos que han estudiado los restos de Homo floresiensis son enérgicamente escépticos a su propuesta teórica.

Aún así, el arqueólogo de la Universidad de Alberta en Canadá confía en que la posibilidad de que estos homínidos coexistan con los Homo sapiens sapiens es real:

«[…] NO SABEMOS CUÁNDO SE EXTINGUIÓ ESTA ESPECIE O, DE HECHO, ME ATREVO A DECIR, NI SIQUIERA SABEMOS SI SE EXTINGUIÓ», ASEGURA FORTH A LIVE SCIENCE. «ASÍ QUE HAY ALGUNA POSIBILIDAD DE QUE TODAVÍA ESTÉ VIVO».

El antropólogo retirado asegura que, en la década de los 80, se registraron seres con características similares a estos homínidos en la región de Lio. Según sus investigaciones, no sólo estaban vivos, sino que estaban perfectamente integrados al entorno. Para su libro, Between Ape and Human: An Anthropologist on the Trail of a Hidden Hominoid, el autor compiló los testimonios de 30 personas que aseguran haberlos visto en la región.

A pesar de ello, otros científicos guardan graves reservas sobre su trabajo.

¿Realmente podría haber ejemplares vivos de Homo floresiensis todavía?

Fairfax Media via Getty Images / Fairfax Media via Getty Images via Getty Images

Considerando que Flores es la décima isla más poblada de esta región en Indonesia, otros antropólogos argumentan que es casi imposible que otra especie de homínidos habite ese espacio sin haberse documentado nunca.

Así lo John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin, en una entrevista para Live Science:

«SIENDO REALISTAS, LA IDEA DE QUE HAY UN GRAN PRIMATE QUE NO SE OBSERVA EN ESTA ISLA Y QUE SOBREVIVE EN UNA POBLACIÓN QUE PUEDE SOSTENERSE A SÍ MISMA ES BASTANTE CERCANA A CERO«, ACLARA EL ESPECIALISTA.

Así como hay testigos que aseguran haber visto a otras criaturas mitológicas, como el monstruo del Lago Ness, quienes participaron en el estudio de Forth podrían haber clasificado mal sus experiencias —o no tener la información adecuada. «Los humanos somos expertos en contar y creer historias», concluye Mark Collard, antropólogo evolutivo de la Universidad Simon Fraser en Canadá.

Imagen de portada:Universal History Archive / Contributor via Getty Images.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Andre Fischer. Abril 2022

Antropología/Arqueología/Asia/Homínidos/Indonesia/Controversias.

 

 

¿ES POSIBLE QUE OTRAS ESPECIES DE HUMANOS COHABITEN EL PLANETA CON NOSOTROS?

La historia de la evolución entre los homínidos data, al menos, de hace 2 millones de años

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Desde aquel pasado remoto, varias especies de humanos proliferaron sobre nuestro planeta. En algún momento de la historia natural, en proceso que algunos científicos conciben como ‘azaroso’, las condiciones climáticas y la herencia genética dieron con el Homo sapiens sapiens.

Antes de nosotros, sin embargo, otras varias especies de humanos desfilaron por la Tierra. Así como sucede con los demás animales, cuyas ramas evolutivas persisten en la actualidad, ¿sería posible que otros homínidos parecidos a nosotros habiten la Tierra en la actualidad? 

Como paleontólogo y biólogo evolutivo, Nicholas R. Longrich podría tener una respuesta al respecto.

Paso a paso, durante millones de años

Fotografía: Bill O’Leary / The Washington Post via Getty Images.

La evolución no sólo depende de la genética. Por el contrario, como explica Longrich para The Conversation, es un proceso complicado que involucra varios factores en el ambiente.  Según sus años de experiencia en el campo, la humanidad evolucionó ‘paso a paso’, a lo largo de millones de años:

«Aparecieron mutaciones en nuestro ADN, se extendieron por la población, y nuestros ancestros poco a poco se fueron convirtiendo en algo más parecido a nosotros y, finalmente, aparecimos nosotros», escribe el especialista.

Sin embargo, el autor reconoce que los seres humanos tenemos algo ‘distinto’ a los demás miembros del reino animal. Hace más de un siglo, Charles Darwin explicó esta distinción con base en la creatividad humana en El origen del hombre (1871). Otras especies de homínidos, como los chimpancés, también la desarrollaron para su propio beneficio.

La creación de herramientas, el lenguaje corporal y la articulación de expresiones son comportamientos compartidos entre nuestra especie y otros simios. Parece ser que esta batería de habilidades fue herencia de las otras 20 especies de homínidos que, antiguamente, habitaron el planeta —incluso de manera simultánea, explica Longrich. Tal vez fueron más.

Un salto evolutivo difuso

En la actualidad, la teoría más aceptada hasta ahora es que otras especies anteriores de seres humanos se extinguieron. A falta de capacidades para adaptarse, sucumbieron ante las atrocidades del clima o las inclemencias del tiempo. Así lo explica Longrich:

«[…] la extinción de otros homínidos ha ayudado a crear la impresión de un abismo enorme e infranqueable que separa a nuestra especie del resto de la vida en la Tierra. Pero la división sería mucho menos clara si esas especies aún existieran. Lo que parece una línea divisoria brillante y nítida es en realidad un artefacto de extinción».

El autor reconoce que, al menos durante los primeros millones de años, la evolución de nuestra especie fue lenta. Y lo que es más: los primeros homínidos poco tienen que ver con cómo somos en la actualidad, a nivel físico y cognitivo. Este patrón se repitió hasta la aparición del Homo erectus que, además de caminar erguido, tenía dientes más finos y pequeños, y la capacidad de cazar.

A partir de entonces, las otras especies de seres humanos ya podían cazar colaborativamente y diseñar armas. Neandertales, denisovanos, Homo rhodesiensis e incluso los Homo sapiens arcaicos empezaron a desarrollar sus propias tecnologías, usando piedra y fuego. Eventualmente, integraron el arte a su vida en forma de joyas, pinturas rupestres e instrumentos musicales.

Sus restos son ‘sorprendentemente’ parecidos a los nuestros, a nivel genético y fisiológico, apunta Longrich.

Sin marcas claras en ‘fósiles o herramientas de piedra’

GETTY IMAGES

Existe evidencia de que los Neandertales y los Homo sapiens primigenios tuvieron relaciones sexuales entre sí, hace 300 mil años. No sería aventurado pensar que éstas y otras especies de humanos procrearon descendencia. Invariablemente, estas cruzas inciden en el camino evolutivo de nuestra especie.

La extinción de estos homínidos primitivos tomó miles de años. A pesar de siglos de investigación paleontológica, antropológica y genética, el salto entre especies sigue siendo difuso para la ciencia «[…] lo que sugiere que la diferencia fue algo que no deja marcas claras en fósiles o herramientas de piedra«, explica el biólogo evolutivo.

De cualquier manera, explica Longrich, habilidades que tradicionalmente se consideraban como ‘intrínsecamente humanas‘ se han rastreado en otras especies, que nada tienen que ver con nuestro camino evolutivo. El lenguaje y la cultura están presentes en diversos tipos de ballenas, por ejemplo:

«La palabra «humanidad» implica cuidarse y tener compasión por los demás, pero podría decirse que esa es una cualidad de los mamíferos, no de los humanos», escribe el especialista.

Aunque, efectivamente, parece que llevamos la delantera en términos evolutivos entre los homínidos, Longrich es enfático en decir que no somos los primeros —y que ciertamente no seremos los últimos. «Pero es posible imaginar otro curso evolutivo, una secuencia diferente de mutaciones y eventos históricos que llevaron a los arqueólogos neandertales a estudiar nuestros extraños cráneos con forma de burbuja, preguntándose cuán humanos éramos«, concluye el especialista.

Imagen de portada:  RYOJI IWATA / UNSPLASH

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic

Sociedad y Cultura/El Planeta/Evolución/Homínidos/Seres humanos

 

 

 

 

UN MISTERIOSO GRUPO DE HOMÍNIDOS PODRÍA CAMBIAR TODO LO QUE SABEMOS DE LA EVOLUCIÓN DE NUESTRA ESPECIE.

Un estudio polémico sugiere que los primeros homínidos no sólo estuvieron en África: podrían tener ascendencia venida desde Eurasia.

Por décadas, se creyó que los seres humanos sencillamente salimos de África en algún momento de la historia. Éste se piensa como el momento decisivo en el que empezó la migración hacia otras partes del mundo. Sin embargo, parece ser que el árbol genealógico de nuestra especie no es tan lineal como se pensaba. Por el contrario, si bien es cierto que los orígenes de la humanidad se pueden rastrear al continente africano, podría ser que los primeros homínidos también tuvieran ascendencia venida de Eurasia.

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Esta teoría viene de una serie de huesos humanos encontrados en una cueva de Bacho Kiro, en Bulgaria. A partir de los estudios genéticos realizados en los restos, los científicos de las universidades de Padua y Bolonia (Italia) sugieren una respuesta a este vuelco en la historia natural de la humanidad.

Un nuevo eje en la evolución humana.

NIKOLAY DOYCHINOV / AFP

En la actualidad, Bulgaria es un Estado independiente al sureste de Europa. Parece ser que esconde secretos de los primeros pasos del ser humano sobre la Tierra. Específicamente, en el yacimiento arqueológico de la cueva de Bacho Kiro, encontrado en el siglo XIX por exploradores europeos.

Por décadas, se pensó que los orígenes de nuestra especie podían rastrearse únicamente al continente africano. Eventualmente, siguiendo esta lógica, por los movimientos migratorios de los homínidos, se mezclaron con otras especies primitivas en Eurasia. Aunque es cierto que los registros más antiguos de la humanidad están ahí, podría ser que África no albergó los únicos seres humanos primigenios.

NIKOLAY DOYCHINOV / AFP

Según la datación que realizaron los arqueólogos búlgaros, publicada en Genome Biology and Evolution, los huesos encontrados en Bacho Kiro tienen 45 mil años de antigüedad. Esto los convierte en los restos humanos más antiguos en Europa, según reporta Science Alert, correspondientes al Paleolítico superior:

«Al tomar en cuenta los registros arqueológicos, podemos decir que descendieron de una comunidad más grande en una pausa de 15,000 años en sus viajes hacia el este», explica el corresponsal de ciencia Mike McRae para el medio.

De encontrar más información sobre ellos, aseguran los arqueólogos italianos, podría ser que estos restos pertenecen a una «especie de trampolín entre un futuro en Asia y un pasado en Europa«. Y lo que es más, podrían haber sido un eje entre las poblaciones africanas que se expandieron hacia otras partes del mundo.

Buscando más evidencia genética

NIKOLAY DOYCHINOV / AFP

Esta conclusión se obtuvo de la evidencia genética recopilada de los huesos humanos en Bulgaria. Si bien es cierto que otros primos lejanos de los primeros homínidos se aventuraron a Eurasia mucho antes que los seres humanos, ninguno de ellos superó las pruebas evolutivas a las que se enfrentaron.

Podría ser que este grupo de homínidos con ascendencia en Eurasia sean producto de estas mezclas entre especies. Así lo explica el arqueólogo alemán Max Planck, del Instituto de Antropología Evolutiva:

«[Los individuos estaban] más estrechamente relacionados con las poblaciones antiguas y actuales en el este de Asia y las Américas que con las poblaciones posteriores de Eurasia occidental», escribe el autor en Nature.

Por ello, este grupo de homínidos produjo individuos con ascendencia venida de Eurasia. Este hallazgo cuestiona la manera en la que entendemos la migración humana desde África hasta otros puntos del planeta, o si realmente fue así. «Aquellos que se ramificaron en Asia prosperaron», explican los autores en el estudio. Sus rastros genéticos quedaron impresos, incluso, en los homínidos más antiguos que se han encontrado en África.

El cráneo del ‘Hombre Dragón’ podría cambiar todo lo que sabemos sobre el árbol evolutivo de nuestra especie.

hombre dragón

Ilustración: Chuang Zhao

De confirmarse, el hallazgo del ‘Hombre Dragón’ en China modificará la historia sobre el camino evolutivo de la humanidad y nuestros parientes más cercanos.

Hasta ahora, el homínido más cercano a los seres humanos inequívocamente era el Neandertal. Sin embargo, el descubrimiento de un cráneo enorme en las cercanías del río Songhua, en China, podría desmantelar para siempre esta concepción mundialmente aceptada. Datado de hace 146 mil años, podría ser el linaje hermano del Homo Sapiens. Así de importante es el descubrimiento de los restos del ‘Hombre Dragón’.

¿Una nueve especie de homínidos?

Foto: Detalle del material donado por The Natural History Museum

Se conoce como ‘esquema filogenético‘ a una representación en forma de raíces que ilustra las relaciones evolutivas entre diferentes especies. Visto de otra manera, es una especie de árbol genealógico, que organiza a las generaciones de especies que tienen una ascendencia común. En el caso de los seres humanos, el pariente más cercano históricamente era el Neandertal. Podría ser que esta concepción estuviera errada de inicio.

La investigación está siendo liderada por el profesor Qiang Ji, de la Universidad GEO de Hebei. Los hallazgos son tan significativos para la historia evolutiva de la humanidad, que fueron publicados en la revista científica The Innovation. A partir de este cráneo, los cimientos del entendimiento de la evolución humana podrían cambiar para siempre.

Según Ji, los descubrimientos del cráneo del ‘Hombre Dragón’ podrían modificar las concepciones que tenemos con respecto al origen de nuestra especie. Después de ser catalogado como ‘Homo’, los investigadores a su cargo determinaron que ésta podría ser «una pieza nueva y notable en el rompecabezas de la evolución humana, un fósil que continuará agregando información importante durante muchos años».

Un posible cambio de paradigma

Imagen: Natural History Museum

Ya se sabía que hace aproximadamente 100 mil años, diversas especies de homínidos coexistían entre Asia, Europa y África. Entre ellos, figuraron el Homo sapiens, los neandertales (Homo neanderthalensis) y otros ‘primos cercanos’. Sin embargo, nunca se había registrado la presencia del ‘Hombre Dragón’, por lo que no había aparecido en el árbol evolutivo humano.

Con la transición de las poblaciones y los cambios en el medio ambiente, muchas de estas especies se perdieron para siempre. La ciencia no ha podido estudiarlas porque no ha habido evidencia suficiente. Sin embargo, este cráneo arroja nueva luz sobre las formas de vida humanas primitivas en el planeta.

El cráneo revela una capacidad cerebral notable, que cabe en el rango de los seres humanos contemporáneos y los neandertales. Esto da pie a que los científicos consideren que podría ser un pariente aún más cercano a nosotros que otras especies de homínidos. De confirmarse, podría romper con toda la información disponible con respecto a nuestra propia historia natural.

Imagen de portada: AL INTERIOR DE LA CUENCA BACHO KIRO, AL CENTRO DE BULGARIA / CRÉDITO: NIKOLAY DOYCHINOV / AFP

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Andrea Fischer. Junio 2021 ACTUALIZADO Abril 2022.

Ciencia/Antropología/Investigación/Evolución humana

 

Cómo la genética está reconstruyendo la fascinante travesía de los primeros humanos a América.

América. El último continente poblado por el ser humano. Una parte del planeta Tierra desconocida por el Homo sapiens durante miles de años.

Hasta que un cambio climático —entre otras muchas cosas— permitió que el inquieto primate plantara sus pies en ella.

Pero, ¿cómo se pobló América?

“Es una pregunta vital que todavía no hemos resuelto y nos la seguimos haciendo porque late en nuestra curiosidad humana”, le dice a BBC Mundo Lawrence C. Brody, director de la División de Genómica y Sociedad del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (NHGRI), en Estados Unidos.

“Los humanos anatómicamente modernos salieron de África hace al menos unos 100.000 años y empezaron a expandirse. Y en algún momento después de 40.000 años, el humano desarrolló la tecnología necesaria para empezar a explorar más hacia el norte”, le cuenta a BBC Mundo Víctor Moreno, investigador postdoctoral del Centro de Geogenética de la Universidad de Copenhague.

Hay varias teorías, pero la corriente actual mayoritaria sostiene que hubo una sola migración primero hacia Asia, luego Australasia y más tarde Europa.

América todavía quedaba muy lejos y sobre todo muy aislada.

Infográfico del mapa mundo y las fechas en que el homo sapiens salió de África para esparcirse por el mundo

Los estudios de ADN han sido clave para situar en el mapa estas migraciones ancestrales.

“Nuestro ADN contiene un archivo enorme de la historia de nuestros ancestros. Un genoma puede representar la historia de mucha gente diferente de toda una población”, le dice a BBC Mundo la antropóloga y genetista estadounidense Jennifer Raff, especializada en el poblamiento inicial del continente americano.

Para aprender sobre el árbol genealógico de nuestros ancestros, los científicos secuencian el ADN humano y de animales que todavía puede hallarse en restos de fósiles y esqueletos de cientos de miles de años, por eso se le llama “ADN antiguo”.

ADN antiguo

Las tecnologías modernas de secuenciación han permitido acceder a fragmentos de ADN sin tener que secuenciar todo un genoma.

“Los antropólogos obtienen conclusiones generales a partir de muestras muy, muy pequeñas de ADN antiguo, como dientes o fragmentos de huesos y, más recientemente, arcilla y arena. Los algoritmos nos ayudan a interpretar los datos y a saber si ese ADN está contaminado”, le dice a BBC Mundo el genetista humano Lawrence C. Brody.

Infográfico sobre dónde se puede encontrar ADN antiguo

Eso les ha dado algunas respuestas sobre el poblamiento de América.

“Por ejemplo, descubrimos que varias poblaciones ancestrales contribuyeron a la ascendencia de los pueblos indígenas americanos, y no solo una como se creía anteriormente”, cuenta Raff.

“Gracias a eso ahora sabemos que el escenario del poblamiento de América fue mucho más complejo de lo que se creía, pero también mucho más interesante”.

Para adentrarnos en este fascinante viaje hay que empezar situando la brújula del tiempo aproximadamente unos 25.000 años atrás.

La última edad de hielo

Nos encontramos en el período del Último Máximo Glacial (LGM, por sus siglas en inglés), la última edad del hielo conocida en la historia de la Tierra.

“El mapa del mundo era muy distinto al actual. La mayor parte de Norteamérica estaba cubierta por una gruesa capa de hielo que hacía la región inhabitable”, dice Acuña-Alonzo, antropólogo genetista del ENAH, la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México.

“Eran unas condiciones bastante difíciles. Muchos lugares estaban inaccesibles y cubiertos de hielo. Hacía muchísimo frío, los humanos tenían que cazar y recolectar… ¡y no sabían cuándo podría aparecer el próximo mamut!”, añade el investigador Víctor Moreno.

GIF animado de cómo se creó un corredor de hielo entre el 19.000 y el 12.500 a.C.

Mientras avanzaba el período glacial, el nivel de los mares del mundo fue disminuyendo, a medida que el agua se iba almacenando en las capas de hielo que cubrían los continentes.

“Toda el agua estaba secuestrada en los glaciares”, explica Moreno.

Por eso había dos grandes glaciares que cubrían casi todo Canadá y que hacían prácticamente imposible ir hacia el sur.

Pero al final de ese período glacial, hace unos 12.000 años, las capas de hielo comenzaron a derretirse y aparecieron algunos refugios glaciares.

“En esos lugares, las condiciones no eran tan terribles y seguían siendo productivos en términos de recursos para que los humanos pudieran alimentarse”, dice Moreno.

Uno de esos refugios fue Beringia: un puente de tierra que emergió del mar helado por el que las primeras poblaciones de humanos entraron en América, según creen la mayoría de investigadores.

Se extendía desde lo que hoy conocemos como Alaska hasta Eurasia y era un territorio seco, poblado de vegetación y fauna.

Mapa de cómo era el puente de Beringia

Actualmente está sumergido bajo el agua —por eso no es posible hallar restos arqueológicos— pero hay consenso en que los ancestros de los indígenas americanos partieron desde Siberia en dirección a Alaska por aquel tramo de tierra y quedaron aislados en Beringia durante algún tiempo.

“Al bajar las condiciones terribles del Último Máximo Glacial, se abrieron ciertas rutas – a través de la costa y por el interior – que habrían permitido la entrada en América desde la zona de Beringia”, dice Víctor Moreno.

Pero aún hay dudas sobre la ruta que siguieron para ingresar en América, sobre cuántos grupos (o qué grupos) lo hicieron y cuándo tuvo lugar.

¿Cuándo llegaron a América?

Hay dos teorías sobre cuándo llegaron a América los primeros seres humanos.

Las dos principales corrientes son la teoría del poblamiento temprano (los que dicen que ocurrió hace unos 30.000 o 25.000 años) y la teoría del poblamiento tardío (quienes consideran que fue hace unos 12.000 o 14.000 años).

Durante mucho tiempo, se pensó que el poblamiento fue tardío. A esa hipótesis también se le conoce como “teoría clásica sobre el poblamiento de América” o “modelo clovis”.

Los clovis, considerados a mediados del siglo XX la cultura indígena más antigua de América, utilizaban una técnica muy cuidadosa de tallado de piedras para cazar la fauna gigante que existía en la Edad de Hielo con unas herramientas que hoy conocemos como “puntas clovis”.

Fotografía de una 'punta clovis'

Fuente: Getty

Durante décadas, se encontraron estas “puntas clovis” en yacimientos arqueológicos de hace unos 13.000 años esparcidos por diversas partes de Norteamérica, por eso se pensó que los clovis fueron los primeros pobladores de América.

Pero en años recientes varios estudios genéticos han rebatido esa idea.

Aunque no existe consenso, hoy son más los científicos y arqueólogos que sostienen que la ocupación de América ocurrió mucho antes de lo que se pensaba.

“La mayoría de los científicos y arqueólogos hoy día respalda la teoría del poblamiento temprano, y no la del tardío, pero los investigadores no se ponen de acuerdo sobre una fecha concreta o sobre qué sitios arqueológicos son los ‘auténticos’”, le dice a BBC Mundo Jennifer Raff.

El análisis genético de poblaciones contemporáneas y antiguas fue clave para que la teoría del poblamiento temprano ganara peso.

No obstante, muchos investigadores —principalmente arqueólogos— siguen defendiendo la teoría del poblamiento tardío.

“Algunos arqueólogos son escépticos respecto a los sitios tempranos, principalmente porque no aceptan los métodos de fechamiento, las asociaciones con actividad humana y la estratigrafía (el análisis de estratos arqueológicos) que se ha reportado”, explica Acuña-Alonzo.

“Es cierto que demostrar la antigüedad de la presencia humana es bastante complicado o difícil, así que sólo sitios muy bien excavados y documentados servirán para ir cambiando esas posturas”, añade el investigador.

También sigue debatiendo cómo entraron al continente los primeros seres humanos una vez abandonaron Beringia, pero los científicos barajan principalmente dos posibilidades: una ruta marítima o una ruta terrestre.

Teoría de la vía marítima

Mapa de Norteamérica con flecha que desciende por la costa del Pacífico

La opción de una ruta marítima está ligada a la teoría del poblamiento temprano y ha sido respaldada por estudios arqueológicos, lingüísticos y genéticos relativamente recientes.

Según esta teoría predominante, los primeros humanos habrían ingresado a América bordeando la costa del Pacífico, ya que en esa época tan fría “el nivel del mar era más bajo y las costas mucho más amplias. No habrían podido atravesar grandes distancias ni corrientes marítimas que no les favorecieran”, explica Acuña-Alonzo.

No sabemos la fecha concreta, puede ser hace unos 17.000 años o ¡incluso 20.000 o 30.000 años!

Teoría del paso terrestre

Mapa de Norteamérica con flecha que señala el corredor libre de hielo

De nuevo, no hay consenso, aunque son menos los científicos que dicen que la ruta fue por tierra hace unos 13.000 años, coincidiendo con la teoría del poblamiento tardío.

“Los investigadores que defienden ese modelo creen que los primeros humanos que llegaron a América lo hicieron mucho después del Último Máximo Glacial, viajando por un corredor libre de hielo que se abrió paso en las Montañas Rocosas de Canadá a medida que se retiraron los glaciares”, explica Raff.

Según esta teoría los humanos habrían atravesado ese “pasillo” entre los glaciares por el interior de Norteamérica, para después esparcirse por Sudamérica.

Pero el estudio de genomas antiguos y contemporáneos, el descubrimiento de sitios anteriores a los clovis y algunos estudios ambientales cuestionan esa teoría; por eso son más los científicos que defienden que el paso fuera por mar.

Las huellas pertenecen a niños y adolescentes que vivieron hace al menos 21.000 años.

Estas huellas pertenecen a niños y adolescentes que vivieron hace al menos 21.000 años. Fuente: Universidad de Bournemouth

Uno de los descubrimientos más recientes fue el hallazgo en septiembre de 2021 de huellas humanas en un lago de Nuevo México que datan de hace más de 20.000 años.

Esas huellas sugieren que los primeros humanos llegaron a América en el apogeo de la Última Edad de Hielo y que pudo haber grandes migraciones sobre las que todavía no sabemos mucho.

El mestizaje

Apenas sabemos qué aspecto tenían los primeros seres humanos que llegaron a América.

Para tratar de averiguar quiénes eran, recurrimos de nuevo a la genética.

Gracias a ella sabemos que los ancestros de los primeros americanos se separaron de sus “primos asiáticos” cuando entraron en Beringia, y que se movilizaron y mezclaron entre sí mucho más de lo que se daba por sentado, sobre todo durante los últimos 10.000 años.

Los genetistas creen que hubo un mestizaje entre dos poblaciones humanas ancestrales: los antiguos norsiberianos y los antiguos asiáticos del este, según cuenta Acuña-Alonzo.

Infografía que muestra el mestizaje producido en Beringia

Raff dice que uno de esos grupos habitó lo que hoy es el Sudeste Asiático. Se cree que ese grupo contribuyó mayoritariamente a la ancestría de los primeros seres humanos que poblaron el continente americano —concretamente, en un 60%, apunta Víctor Moreno.

La otra rama ancestral emergió hace unos 39.000 años en lo que hoy es el nordeste de Siberia.

Esos dos grupos convergieron hace unos 25.000 y 20.000 años.

No sabemos exactamente cómo pasó, pero ocurrió durante una migración desde Siberia”

“Tenemos muy poca idea. Muy probablemente ocurrió en algún lugar de Siberia, pero ¿qué tan cerca de Beringia ocurrió? ¿Qué tan al norte o qué tan al sur? Eso es algo que está debatido porque el soporte genético, arqueológico y antropológico es escaso”, dice Víctor Moreno.

Lo que sí explica la genética es lo que pasó después: hubo una serie de eventos demográficos complejos y la población, de nuevo, se dividió en dos.

Una rama, los antiguos beringianos (por su posible conexión con Beringia) no tuvo descendientes conocidos. La otra, los americanos nativos ancestrales, sí.

Los científicos han llegado a estas conclusiones tras hallar una afinidad genética muy grande entre grupos ancestrales de Siberia y poblaciones del este de Eurasia.

Investigador analizando huellas de hace más de 20.000 años halladas a orillas de un lago en Nuevo México.

Investigador analiza huellas de hace más de 20.000 años halladas a orillas de un lago en Nuevo México. Fuente: Universidad de Bournemouth

“Sabemos, por ejemplo, que los indígenas americanos están relacionados genéticamente con poblaciones del noreste de Asia por una serie de genes que permitieron a sus ancestros guardar energía en condiciones climáticas muy difíciles”, añade el genetista.

A pesar de estos descubrimientos, todavía están tratando de precisar cuántos pueblos antiguos y actuales en América tienen conexión con el linaje genético de aquellos americanos nativos ancestrales.

“Tenemos que aceptar que hay muchas aristas de esa pregunta para las que aún no tenemos respuesta”, dice Raff.

De hecho, el último descubrimiento en Nuevo México deja otra gran incógnita en el aire: la posibilidad de que las primeras poblaciones se hubieran extinguido sin dejar descendientes, siendo “reemplazadas” por otros colonos cuando se formó el corredor de hielo.

Pero todavía no se sabe si fue así ni cómo habría sucedido.

“No nos queda otro remedio que abrazar la incertidumbre. Pero a la vez es emocionante saber que cada vez estamos más cerca de recomponer ese primer viaje a América”.

Mientras tanto, los científicos esperan que la herencia genética nos dé más respuestas sobre ​​la última gran expansión del Homo sapiens en el planeta.

 

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Ciencia. Por Lucía Blasco. Enero 2022

Créditos

Investigación y reportaje: Lucía Blasco

Edición: Carol Olona

Diseño e infografías: Cecilia Tombesi

Mapa base utilizado: Ron Blakey, NAU – NSF

Programación: Zoë Thomas, Adam Allen y Marcos Gurgel

Con la colaboración de Sally Morales

Proyecto liderado por Carol Olona

 

EL MAPA SECRETO DE LOS BABUINOS SAGRADOS.

EGIPTO Y LOS REINOS MÍTICOS.

Los faraones adoraban a estos animales como a un dios. Ahora, los arqueólogos analizan sus momias en busca de respuestas. Creen que su interior puede desvelar la secreta ubicación de uno de los lugares más misteriosos del antiguo Egipto: el legendario reino de Punt.

Encarnación del dios de la sabiduría y consejeros del dios Sol. Así consideraban los antiguos egipcios a los babuinos. Y, en consecuencia, los adoraban. 

Estos primates no fueron solo momificados, sino que eran considerados auténticos dioses. De hecho, aparecen en pinturas, relieves, estatuas, joyas…; y son un motivo recurrente a lo largo de tres mil años de historia egipcia.

El babuino no fue el único animal reverenciado por los egipcios. También adoraron al chacal o el halcón, pero la elección de los babuinos sorprende. Primero, porque la mayoría de las personas que viven cerca de estos animales los considera unas alimañas peligrosas –de hecho, en el arte y la artesanía del África subsahariana, que es donde habitan, no aparecen representados–. Y, en segundo lugar, es el único animal del panteón de los faraones que no es nativo de Egipto.

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Los amigos de los faraones. Los babuinos eran unas apreciadas mascotas de compañía y símbolo de elevada posición social. Tutankamón lucía un collar adornado con babuinos y las paredes de su sepulcro (en la foto) están decoradas con doce de estos primates.GETTY IMAGES

Los arqueólogos llevan tiempo intentando descubrir el porqué de la adoración al babuino y, en concreto, a la especie Papio hamadryas. La Universidad de Boulder (Colorado, EE.UU.) ha hecho varios descubrimientos interesantes. Lo ha contado el biólogo evolucionista del equipo, Nathaniel J. Dominy. «Nuestro trabajo apunta a que la deificación de esta especie tiene una explicación biológica. Pero, además, nuestras averiguaciones sobre la procedencia de los babuinos sagrados arrojan luz sobre otro enigma: la probable ubicación del legendario reino de Punt».

Los microbios tienen la culpa.

Para estos investigadores, la respuesta a por qué los babuinos fascinaban a los egipcios tiene que ver, aunque ellos no lo supiesen, con los microbios. Pero vayamos por partes.

Los babuinos se dividen en seis especies. Los investigadores saben que los antiguos egipcios importaron dos tipos de babuino: el oliváceo y el hamadryas. Sin embargo, tan solo reverenciaban a este segundo. ¿Por qué? 

Pues bien, la razón es que pasan más tiempo al sol.

Una de las claves de los babuinos hamadryas está en su microbioma. Para hacer la digestión, necesitan pasar tiempo al sol y lo celebran con aullidos. Los egipcios vieron en ello un saludo al dios Ra.

Los antiguos textos funerarios de las pirámides describen al babuino como «hijo primogénito y más querido por Ra», el dios Sol. 

En 1979, la egiptóloga Elizabeth Thomas aventuró que los egipcios vieron a los primates inmóviles frente al sol naciente para entrar en calor por la mañana e interpretaron su comportamiento como una bienvenida al sol. La teoría se vio reforzada después por el egiptólogo Herman te Velde, quien la amplió haciendo hincapié en los gritos que emitían los babuinos, una algarabía que pudo ser interpretada como una señal religiosa.

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Los babuinos sagrados. Las primeras momias de babuinos fueron halladas en 1906 por Theodore M. Davis, abogado y financiero estadounidense, en el Valle de los Reyes (Egipto). La aparición de estos animales en tumbas reales y lo esmerado de su momificación –con grandes cantidades de lino de la mejor calidad– dejan claro su valor sagrado.GETTY IMAGES

Lo cierto es que muchos animales ‘lagartean’ bajo el sol. Es su forma de entrar en calor tras el sueño de la noche sin malgastar energías. 

Pero ahora se ha descubierto que los babuinos también se dan baños de sol con otro objetivo: mejorar la digestión. ¿El motivo? 

El ascenso de la temperatura corporal espolea la actividad microbiana, lo que mejora la absorción de nutrientes por parte del intestino. Eso explicaría por qué algunas especies de primates ‘lagartean’ más que otras; sus baños solares dependen de su dieta. 

Los babuinos hamadryas viven en zonas áridas del Cuerno de África y Arabia y comen más tallos y hojas que los oliváceos, lo que redunda en una dieta más rica en fibras y un diferente proceso digestivo.

De hecho, según los estudios de la Universidad de Boulder, poseen un microbioma diferente. El babuino hamadryas tiene más microbios del tipo celulósico y para procesar tanta fibra tiene que pasar más tiempo al sol. 

Y lo celebra de forma más efusiva. «Es decir, los hamadryas tenían unos comportamientos matinales que cuadraban con las convicciones religiosas de los egipcios. De ahí su predilección por esta especie», explica Dominy.

La ruta de los babuinos

Los hábitos alimentarios de los babuinos también están contribuyendo a dilucidar otro gran misterio del Egipto antiguo: la ubicación del reino de Punt, un país exótico de riquezas sin igual. Un reino lejano donde, según se cuenta en los escritos de la época, los egipcios adquirían sus objetos de lujo: oro, incienso, marfil… y babuinos. Las expediciones marítimas desde el puerto de Mersa Gawasis hacia Punt, descrito como «la tierra de Dios», están documentadas, pero Punt sigue sin haber sido ubicado en un mapa con certeza; no se han encontrado restos arqueológicos.

Los dientes de las momias pueden revelar la procedencia de estos animales: el remoto y riquísimo mercado de lujo del reino de Punt.

Resolver este misterio es relevante porque la ruta marítima a ese mercado de lujo que era Punt está considerada como el embrión de la Ruta de las Especias, la red comercial que facilitó el desarrollo de técnicas de navegación e influyó de forma decisiva en la geopolítica mundial a lo largo de milenios.

A falta de restos arqueológicos, los babuinos hamadryas procedentes de Punt, pensaron los investigadores, podrían facilitar pistas decisivas para la ubicación del legendario reino. Para ello analizaron en detalle dos momias que se encuentran en el Museo Británico.

Los movimientos en vida de los babuinos momificados se pueden reconstruir examinando los compuestos químicos de sus tejidos. Los científicos se centraron en uno en particular, el estroncio, que se encuentra en el lecho rocoso y que es específico de una ubicación geográfica concreta. A medida que este material se va erosionando, el suelo y el agua lo absorben y entra en la cadena alimentaria. El estroncio presente en los dientes de un individuo puede revelar su lugar de nacimiento, mientras que el hallado en huesos y cabello –cambiantes a lo largo de la vida– indica dónde estuvo viviendo.

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Un largo viaje. Para conseguir los babuinos, los egipcios tenían que recorrer más de mil kilómetros en sus embarcaciones sin timón, lo que demuestra que tenían un extraordinario talento para la navegación. Llegaban a lo que hoy es Etiopía y Somalia, donde se llevaban a cabo intercambios comerciales de gran importancia, que contribuyeron a trazar el mapa geopolítico del mundo.GETTY IMAGES

Comparando el estroncio presente en las dos momias con el de los babuinos que viven en diferentes regiones africanas (examinaron los tejidos de 155 babuinos de 77 ubicaciones distintas) concluyeron que los momificados nacieron en la región situada al sur del mar Rojo, las actuales Etiopía, Eritrea, Yibuti y Somalia. 

Y confirma la asombrosa capacidad de navegación de los egipcios dos mil años antes de Cristo. Que los babuinos fueran importados desde el otro extremo del mar Rojo implica que eran capaces de recorrer más de 1300 kilómetros de ida y vuelta en barcos descubiertos sin quilla ni timón.

«La travesía era peligrosísima y seguramente no es casual que una de las narraciones más famosas de la literatura egipcia sea la Historia del marinero náufrago, que relata lo sucedido a un marino a quien las olas empujan a una mágica isla en el mar Rojo», cuenta Dominy, quien especula con el asombro que causaría en esos pueblos remotos que los egipcios pagasen por sus babuinos, unos animales que para ellos eran y siguen siendo una plaga.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: ABC XXI Semanal. Por Judy Clarke. Diciembre 2021

Arqueología/Antropología/Reinos míticos/Antiguo Egipto/Sociedad y  Cultura 

La historia de Ötzi: el ‘hombre de hielo’ de los 61 tatuajes asesinado hace 5,300 años.

Ötzi murió asesinado hace 5 mil años, cuando una flecha le perforó el pulmón izquierdo en circunstancias misteriosas.

Ötzi murió en el 3255 a.C., cuando tenía aproximadamente 46 años y atravesaba los Alpes, entre lo que hoy es Austria e Italia. Era un hombre de cabello castaño y largo, que medía 1.59 metros de altura y pesaba alrededor de 50 kilogramos.

Su cuerpo permaneció congelado durante casi 5,300 años, periodo en el que se momificó naturalmente debido a las bajas temperaturas extremas de los Alpes de Ötzal. Así se mantuvo hasta septiembre de 1991, cuando un par de alpinistas alemanes encontró sus restos durante una excursión.

Su alto grado de conservación les llevó a pensar que se trataba del cadáver de un alpinista que había muerto recientemente; sin embargo, científicos de la Universidad de Innsbruck, en Austria, se percataron que estaban frente a un hallazgo histórico al descubrir en la datación que fue asesinado hace más de 5 mil años.

Ötzi

Foto: Getty Images

Los restos de una flecha que le perforó el pulmón izquierdo, además de un traumatismo craneal y algunas costillas rotas revelan que los últimos minutos en la vida de Ötzi debieron ser agónicos: el ‘hombre de hielo’ sufrió un ataque a unos 3,200 metros de altura sobre el nivel del mar, del que no salió bien librado.

Hallado con los pies cruzados y el brazo izquierdo extendido en una posición inusual, la hipótesis más aceptada es que Ötzi se encontraba descansando después de una comida copiosa cuando fue atacado por sorpresa. 

La punta de flecha se alojó en su omóplato izquierdo, provocando un daño irreversible a sus arterias y pulmones. 

La siguiente pista es la acumulación de sangre en el cráneo, que delata un traumatismo. Aunque no es posible conocer con certeza la naturaleza del impacto, es probable que el flechazo provocara su caída o bien, que una vez disminuido, su enemigo se acercara para asestarle un golpe final.

Hoy sabemos que su estado de salud era delicado, pero acorde a su edad y la época: Ötzi era intolerante a la lactosa, sufría de caries dentales y presentaba una artritis avanzada que debió haberle provocado dolores intensos.

Ötzi

Foto: Getty Images

Además, el tracto intestinal de Ötzi revela que llevaba una dieta similar a la contemporánea de nuestra especie: con una combinación entre plantas, proteínas de origen animal, carbohidratos y lípidos, es posible asegurar que su alimentación era omnívora y se adecuaba a la vida de alta montaña que llevaba.

Entre su indumentaria llevaba un gorro elaborado con piel de oso, mientras que su pantalón era de piel de cabra. En sus pies, zapatos de cuero y paja, que le permitían caminar sobre la nieve sin alcanzar el grado de congelación. 

Estaba armado con un cuchillo y un hacha de cobre, pero no fue suficiente para defenderse.

El rasgo más notorio de Ötzi son los 61 tatuajes que lleva en todo su cuerpo: un conjunto de líneas paralelas a lo largo de rodillas, tobillos, la espalda baja y otras zonas relacionadas con dolores musculares en la edad avanzada.

La hipótesis más aceptada al respecto es que cada tatuaje representó una especie de tratamiento para el dolor similar a la acupuntura china, que pudo estar acompañado de rituales de sanación que se apegaban a las creencias religiosas de él y su grupo.

Como ningún otro hallazgo, el de Ötzi ha permitido conocer más a fondo sobre los humanos que se extendían por el continente hace 5 milenios. A 30 años de su descubrimiento, la momia más antigua de Europa seguirá aportando información clave para entender cabalmente cómo era la vida de nuestra especie en la Edad de Cobre.

Imagen de portada: Gentileza de National Geographic

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Alejandro López. Octubre 2021.

Evolución/Homo sapiens/Ciencia/Antropología

La verdadera razón por la que los humanos somos la especie dominante. Parte 2/2

En épocas medievales, sólo los reyes y nobles gozaban del estilo de vida abundante del que cada vez más de nosotros tiene hoy día.

Los que trabajaban largas horas en los campos naturalmente querían almacenar sus granos. Y luego estaban los que tenían las armas de metal que se llevan su tajada de esos graneros a manera de impuestos.

De hecho, durante miles de años, el estándar de vida de la gran mayoría de la gente en la Tierra no mejoró significativamente, a pesar de la abundancia producida por la agricultura.

«Las sociedades cazadoras recolectoras fueron las sociedades afluentes originales», dice Claire Walton, arqueóloga residente de la Antigua Granja Buster, un museo arqueológico al aire libre en Hampshire, Inglaterra. 

«Gastaban unas 20 horas a la semana en lo que se podría llamar puro trabajo».

En comparación, un granjero romano o sajón de la Edad de Hierro, Neolítica, tendría que gastar el doble de eso, opina.

Sólo los reyes y los nobles vivían ese estilo de comodidad del que cada vez más de nosotros gozamos hoy en día.

Se necesitaría un cambio contundente en el uso de energía para lograr eso, un cambio impulsado por combustibles fósiles.

Llegado el siglo XVIII, nuestras sociedades cada vez más pobladas empezaron a estrellarse contra los límites de la energía que los rayos de sol podían producir a diario.

El cohete, la locomotora diseñada y construida por George and Robert Stephenson

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El cohete, como se llamó la locomotora diseñada y construida por George and Robert Stephenson.

La catástrofe malthusiana se cernía sobre nosotros. ¿Cómo podríamos cultivar comida lo suficientemente rápido para alimentar todas esas bocas o, en efecto, tener suficiente madera para construir nuestras casas y barcos, y producir el carboncillo para fundir todas nuestras herramientas de metal?

Así que empezamos a recurrir en cambio a una piedra negra que podríamos excavar y quemar en cantidades casi ilimitadas.

El carbón contiene la energía solar atrapada durante millones de años de los bosques fosilizados.

En el siglo XX, esa materia negra sería reemplazada por unos yacimientos geológicos aún más ricos en energía fotosintética: petróleo y gas natural.

Y con estos, todo tipo de actividades nuevas fueron posibles.

Los combustibles fósiles no sólo eran abundantes. También proporcionaban mayores fuentes de energía, liberándonos de nuestra dependencia de los animales.

Primero llegaron los motores de vapor, que convertían el calor del carbón en movimiento. Luego el motor de combustión interna. Después, la turbina de propulsión.

El cohete Saturno V: una máquina industrial extrema con millones de caballos de fuerza.

«Un caballo sólo te puede dar un caballo de fuerza», explica Paul Warde, un historiador ambiental de la Universidad de Cambridge.

«Ahora contamos con máquinas industriales que pueden darnos decenas de miles de caballos de fuerza y en su mayor expresión el cohete Saturno V: 160 millones de caballos de fuerza que puede lanzarte afuera de la superficie de la Tierra».

Los combustibles fósiles impulsan mucho más que nuestros vehículos.

Aproximadamente El 5% del suministro de gas natural mundial se usa para crear fertilizantes basados en amoníaco, por ejemplo, sin los cuales la mitad de la población mundial sufriría hambruna.

Convertir el hierro en acero consume 13% de la producción global de carbón.

Más o menos 8% de las emisiones de CO2 del mundo se generan del concreto.

Pero la quema de combustibles fósiles ha tenido un efecto increíble en nuestro estándar de vida.

Desde la Revolución Industrial nos hemos vuelto más altos, más saludables, nuestra expectativa de vida ha aumentado enormemente y, en el mundo desarrollado, estamos en promedio entre 30 y 40 veces mejor que antes.

Paneles de energía solar en Turquía

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La humanidad podría regresar a depender del Sol para suplir nuestras necesidades energéticas.

Y todo eso es gracias a la revolución energética impulsada por combustibles fósiles, argumenta Vaclav Smil, de la Universidad de Manitoba, Canadá, un destacado experto en el papel de la energía en nuestras sociedades.

«Sin los combustibles fósiles, no hay transporte masivo rápido, no hay vuelos, no hay excedente de producción de alimentos para el consumidor, no hay teléfonos celulares hechos en China, transportados a Southampton en un buque gigante con 20.000 contenedores. Todo eso se debe a los combustibles fósiles», afirma.

Vivimos en una sociedad de combustibles fósiles, asegura Smil.

Pero, mientras nos han distanciado cada vez más del yugo agrario, y creado nuestra economía global y altos estándares de vida, el catastrófico cambio climático que están creando ahora amenaza con descarrilar esa sociedad.

Así como hace dos siglos alcanzamos los límites de lo que podía lograr la agricultura, ahora el calentamiento global nos está imponiendo un límite a lo que el carbón, el petróleo y el gas pueden hacer con seguridad.

Ha creado el mayor reto jamás enfrentado por la sociedad humana -el tener que regresar a depender de la entrada diaria de energía del Sol para suplir nuestras enormes demandas de energía de una población de 8.000 millones de personas que sigue creciendo.

Justin Rowlatt es productor de «A Pyrotechnic History of Humanity» (Una historia pirotécnica de la humanidad) que se transmitió por Radio 4 de la BBC.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Por Justin Rowlatt & Laurence Knight – Marzo 2021

Economía/Sociedad y cultura/Seguridad Alimenticia/Historia/Evolución/Antropología/Cambio Climático/Arqueología/Industria petrolera/Biología/Agricultura/Ciencia/Energía.

La verdadera razón por la que los humanos somos la especie dominante. Parte 1/2

La excepcional relación de la humanidad con la energía empezó hace cientos de miles de años, con el descubrimiento del fuego.

Desde los primeros humanos que frotaron dos palos para hacer fuego, hasta los combustibles fósiles que impulsaron la revolución industrial, la energía ha jugado un papel central en nuestro desarrollo como especie. Pero la manera en que la consumen nuestras sociedades también ha creado el mayor reto para la humanidad. Uno que requerirá todo nuestro ingenio para resolver.

La energía es la clave del dominio mundial de la humanidad.

No solo se trata del combustible que impulsa los aviones y nos permite atravesar continentes enteros en pocas horas, o las bombas que construimos que pueden aplastar ciudades enteras, sino las enormes cantidades de energía que consumimos todos los días.

Considera esto: un ser humano en reposo requiere la misma cantidad de energía que una bombilla incandescente tradicional para sostener su metabolismo -unos 90 vatios (julios por segundo)-.

Pero lo que un humano promedio en un país desarrollado usa se acerca a 100 veces esa cantidad, si se suma la energía necesaria para movernos, construir y calentar nuestras casas, cultivar nuestro alimento y todas las otras cosas a las que se dedica nuestra especie.

El estadounidense promedio, por ejemplo, consume unos 10.000 vatios.

Esa diferencia explica mucho sobre nosotros, nuestra biología, nuestra civilización y el increíblemente próspero estilo de vida que llevamos, comparado, naturalmente, con los otros animales.

Cráneos de antiguos homínidos

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Los cerebros de los humanos modernos (el de arriba y el de abajo a la derecha) son más grandes que los de nuestros antiguos antepasados. 

¿Influyó el control del fuego en el crecimiento del cerebro?

Porque, virtualmente contrario a todas los demás seres de la Tierra, nosotros los humanos hacemos mucho más con la energía que impulsa nuestro metabolismo.

Somos criaturas de fuego.

La excepcional relación de la humanidad con la energía empezó hace cientos de miles de años, con el descubrimiento del fuego.

El fuego hizo mucho más que mantenernos calientes, protegernos de nuestros depredadores y darnos una nueva herramienta para la caza.

Una serie de antropólogos cree que el fuego realmente modificó nuestra biología.

«Cualquier cosa que permite a un organismo adquirir energía de forma más eficiente va a tener efectos enormes en la trayectoria evolutiva de ese organismo», explica la profesora Rachel Carmody de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts.

Ella cree que el desarrollo clave fue la cocina. La cocina transforma la energía disponible de la comida, arguye.

Los carbohidratos, proteínas y lípidos que aportan nutrientes a nuestros cuerpos se desenvuelven y son liberados cuando se calientan.

Eso facilita que nuestras enzimas digestivas trabajen más eficientemente, extrayendo más calorías más rápidamente que si consumiéramos la comida cruda.

Interprétalo como una manera de «predigestión» de la comida.

Un bombillo incandescente

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Un ser humano en reposo requiere la misma cantidad de energía que una bombilla incandescente para sostener su metabolismo.

La profesora Carmody y sus colegas creen que esa energía adicional garantiza la evolución de nuestros pequeños intestinos gruesos y relativamente grandes cerebros -hambrientos de energía- que nos distinguen de nuestros más cercanos parientes primates.

Y, a medida que nuestros cerebros fueron creciendo, se creó un círculo de retroalimentación positiva.

Cuando se añaden neuronas al cerebro mamífero, la inteligencia aumenta exponencialmente, indica Suzana Herculano-Houzel, neurocientífica basada en la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, Tennessee.

Con cerebros más inteligentes, nos volvimos mejores para la caza y el forrajeo.

También encontramos mejores maneras de tener acceso a las calorías en la comida -al machacarla con una roca, molerla en harina, o simplemente dejar que se pudra- y, por supuesto, asarla sobre el fuego.

Al hacerlo, aumentamos aún más el suministro de energía para nuestros cuerpos.

Esto nos permitió evolucionar cerebros más inteligentes y el resultado de este círculo virtuoso impulsó nuestros cerebros al primer puesto de la clase.

Una pintura rupestre en España que se interpreta como una persona escalando un peñasco con cuerdas para recolectar miel de una colmena de abejas. Es posible que esté usando el humo de una tea para ahuyentar las abejas.

A lo largo de cientos de miles de años, el clima cambió constantemente, con capas de hielo que se extendían y luego se retiraban por todo el hemisferio norte.

La última Edad de Hielo terminó hace unos 12.000 años. Las temperaturas globales subieron rápidamente y luego se estabilizaron, y la humanidad se embarcó en su siguiente transformación energética.

Fue una revolución que vería al mundo alcanzar niveles sin precedentes de cambio tecnológico.

«En 2.000 años, por todo el mundo, en China, en Oriente Próximo, en Sudamérica, en Mesoamérica, hubo pueblos domesticando cultivos», dice el doctor Robert Bettinger, de la Universidad de California, Davis.

La plantación de cultivos fue prácticamente imposible durante la Edad de Hielo, opina, pero el nuevo clima cálido, junto con un gran aumento de dióxido de carbono (CO2), fue muy propicio para la vida vegetal.

El mono que cocinaba se convirtió también en un mono que cultivaba.

Mural de un cultivador en la tumba de Sennedjem, un artesano que vivió en antiguo Egipto

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Mural de un cultivador en la tumba de Sennedjem, un artesano que vivió en el antiguo Egipto.

Se requirió una gran inversión de energía humana en la forma de trabajo arduo y duro. A cambio, nuestros antepasados cosecharon un suministro de comida más abundante y fiable.

Piensa un instante sobre lo que hay que hacer para cultivar.

Los campos actúan como una especie de panel solar, pero en lugar de producir electricidad, convierten los rayos del sol en paquetes de energía química digerible.

Principalmente estaban los cultivos de cereales -granos domesticados como el trigo, el maíz y el arroz- que actuaban como una especie de moneda [o bien] de energía almacenada.

Ese bien se puede guardar en un silo para consumirlo cuando venga bien en los meses de invierno. O se puede llevar hasta el mercado para intercambiar por otros. O reinvertirlo plantando la siguiente cosecha.

O para engordar animales, que pueden convertir esa energía en carne, lácteos o fuerza de tiro.

Mohenjo Daro en Pakistán

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Después de la llegada de la agricultura, los humanos empezaron a experimentar con la convivencia en grandes y complejos asentamientos, como Mohenjo Daro en Pakistán.

Con el paso de los siglos, los animales y plantas domesticados en diferentes sitios del mundo se fusionarán en una especie de paquete agrícola, señala Melinda Zeder, una arqueóloga que estudia el desarrollo de la labranza pastoral en el Instituto Smithsonian.

Los cultivos alimentaron a los animales. Los animales trabajaron la tierra. Su estiércol alimentó a los cultivos. Y, dice la doctora Zeder, como paquete, aportaron una fuente de comida mucho más fiable y abundante.

Más comida significó más población, que podía expandirse a nuevos territorios y desarrollar nuevas tecnologías que producían aún más comida.

Fue otro ciclo virtuoso, pero esta vez impulsado por la energía solar captada a través de la agricultura.

El excedente de energía creado significó que podíamos sostener poblaciones más grandes y, lo que es más, no todos tenían que dedicarse al cultivo.

Las personas podían especializarse en la fabricación de herramientas, de casas, fundiendo metales o, si vamos al caso, diciéndole a otros qué era lo que debían hacer.

La civilización iba en desarrollo y con ella también hubo cambios fundamentales en las relaciones entre personas.

Las comunidades cazadoras recolectoras tienden a compartir sus recursos equitativamente. En comunidades agrícolas, en contraste, se pueden desarrollar profundas desigualdades.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Por Justin Rowlatt & Laurence Knight – Marzo 2021

Economía/Sociedad y cultura/Seguridad Alimenticia/Historia/Evolución/Antropología/Cambio Climático/Arqueología/Industria petrolera/Biología/Agricultura/Ciencia/Energía.

Descubren cuál fue el primer animal con colmillos y las pistas de cómo evolucionaron hasta hoy.

Mucho antes de la aparición de los dinosaurios, una extraña criatura  prehistórica desarrolló colmillos por primera vez.

Un equipo de paleontólogos de la Universidad de Harvard, el Field Museum, la Universidad de Washington y la Universidad Estatal de Idaho rastreó la historia evolutiva de los primeros colmillos y para su sorpresa, descubrió que estos dientes especiales que jamás dejan de crecer fueron desarrollados incluso antes de la aparición de los dinosaurios:

Para delimitar el tema de estudio, el equipo primero redefinió qué es un colmillo, un término que calificaron de «increíblemente ambiguo» debido a su amplio uso. Desde su perspectiva, un colmillo debe cumplir con tres requisitos: debe seguir creciendo durante toda la vida, tiene que sobresalir del resto de la dentición y hacerlo más allá de la boca y sobre todo, el material de la superficie debe estar compuesto de dentina.

colmillos evolución

Foto: Getty Images

De ahí que los colmillos sean un rasgo único de los mamíferos, nunca reportado en reptiles, aves, peces o alguna otra especie.

Rastreando el origen de los colmillos

Decenas de millones de años antes de los elefantes, las morsas o los jabalíes, un ancestro de los mamíferos llamado dicinodonte desarrolló los colmillos más antiguos jamás conocidos. 

Con un cuerpo similar al de un cerdo con patas y pico propias de un reptil, estos animales habitaron la tierra entre 270 a 201 millones de años previo a los dinosaurios y durante un tiempo fueron los herbívoros más comunes en el planeta.

La principal característica de los dicinodontes es el par de colmillos que asoman sobre su mandíbula superior

Con un pico similar al de las tortugas y un tamaño que varía desde una rata hasta un elefante, fueron descubiertos hace 176 años; sin embargo, un nuevo estudio encontró que además de tratarse de los primeros colmillos, esta característica apareció a partir de una evolución convergente, es decir, distintas especies desarrollaron colmillos con estructuras similares de forma independiente, un rasgo que se repite al analizar la historia evolutiva de los dicinodontes.

El hecho de que los colmillos hayan evolucionado en distintas ocasiones abre un sinfín de nuevas interrogantes para los científicos sobre las condiciones anatómicas necesarias para su aparición. 

colmillo evolución

Foto: Ken Angielczyk

En el caso de los dicinodontes, una adaptación que dio origen a un ligamento flexible y una baja variación en el reemplazo de piezas dentales pudo haber propiciado el surgimiento de los primeros colmillos:

“LOS COLMILLOS DE LOS DICINODONTES PUEDEN DECIRNOS MUCHO SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LOS COLMILLOS DE LOS MAMÍFEROS EN GENERAL. ESTE ESTUDIO MUESTRA QUE SE NECESITAN TASAS REDUCIDAS DE SUSTITUCIÓN DE DIENTES Y UN LIGAMENTO FLEXIBLE QUE FIJE EL DIENTE A LA MANDÍBULA PARA QUE LOS VERDADEROS COLMILLOS EVOLUCIONEN. ESTO NOS PERMITE COMPRENDER MEJOR LOS COLMILLOS QUE ENCONTRAMOS HOY EN LOS MAMÍFEROS”, EXPLICA KENNETH ANGIELCZYK, COAUTOR DEL ESTUDIO.

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FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Por Alejandro López

Animales prehistóricos/Evolución/Antropología

 

 

¿Seguiríamos viéndonos a nosotros mismos como ‘humanos’ si otras especies de homínidos como los neandertales no se hubieran extinguido? Final.

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Hay tantas cosas sobre los neandertales que no sabemos y nunca lo sabremos. Pero si eran tan parecidos a nosotros en sus esqueletos y su comportamiento, es razonable suponer que pueden haber sido como nosotros en otras formas que no dejan un registro: que cantaron y bailaron, que temieron a los espíritus y adoraron a los dioses, que se maravillaban de las estrellas, contaban historias, se reían con amigos y amaban a sus hijos. En la medida en que los neandertales eran como nosotros, debían haber sido capaces de actos de gran bondad y empatía, pero también de crueldad, violencia y engaño.

neandertal

Se sabe mucho menos sobre otras especies, como los denisovanos, el Homo rhodesiensis y los sapiens extintos, pero es razonable suponer por sus grandes cerebros y cráneos de aspecto humano que también se parecían mucho a nosotros.

Amor y guerra

Admito que esto suena especulativo, pero por un detalle. El ADN de los neandertales, denisovanos y otros homínidos se encuentra en nosotros. Los conocimos y tuvimos hijos juntos. Eso dice mucho sobre lo humanos que eran.

No es imposible que el Homo sapiens se llevará cautivas a las mujeres neandertales, o viceversa. Pero para que los genes neandertales ingresaran a nuestras poblaciones, no solo teníamos que aparearnos, sino también criar hijos con éxito, que crecieron para criar a sus propios hijos. Eso es más probable que suceda si estos emparejamientos son el resultado de matrimonios mixtos voluntarios. La mezcla de genes también requirió que sus descendientes híbridos fueran aceptados en sus grupos, para ser tratados como completamente humanos.

Estos argumentos son válidos no solo para los neandertales, diría yo, sino para otras especies con las que nos cruzamos, incluidos los denisovanos y los homínidos desconocidos en África. Lo que no quiere decir que los encuentros entre nuestra especie fueran sin prejuicios o totalmente pacíficos. Probablemente fuimos responsables de la extinción de estas especies. Pero debe haber habido ocasiones en las que miramos más allá de nuestras diferencias para encontrar una humanidad compartida.

Finalmente, es revelador que si bien reemplazamos a estos otros homínidos, esto llevó tiempo. La extinción de neandertales, denisovanos y otras especies llevó cientos de miles de años. Si los neandertales y los denisovanos fueran realmente estúpidos, brutos gruñones, carentes de lenguaje o pensamientos complejos, es imposible que hubieran podido mantener a raya a los humanos modernos tanto tiempo como lo hicieron.

El borde humano

¿Por qué, si eran tan parecidos a nosotros, los reemplazamos? No está claro, lo que sugiere que la diferencia fue algo que no deja marcas claras en fósiles o herramientas de piedra. Quizás una chispa de creatividad, una forma de hablar, un don para las herramientas, habilidades sociales, nos dio una ventaja. Cualquiera que sea la diferencia, fue sutil, o no nos habría tomado tanto tiempo ganar.

Si bien no sabemos exactamente cuáles fueron estas diferencias, nuestra forma distintiva de cráneo puede ofrecer una pista. Los neandertales tenían cráneos alargados, con enormes crestas en las cejas.

Un cráneo humano (izquierda) junto a uno de neandertal.

Los seres humanos tienen un cráneo bulboso, con forma de balón de fútbol, y carecen de arcos en las cejas. Curiosamente, la peculiar cabeza lisa y redonda del Homo sapiens adulto se ve en los neandertales jóvenes , e incluso en los monos bebés . Del mismo modo, los cráneos juvenilizados de animales salvajes se encuentran en los domesticados, como los perros domésticos: el cráneo de un perro adulto se asemeja al cráneo de un cachorro de lobo. Estas similitudes no son sólo superficiales. Los perros se comportan como lobos jóvenes: [menos agresivos] y más juguetones.

Mi sospecha, sobre todo una corazonada, es que la ventaja del Homo sapiens podría no ser necesariamente una inteligencia bruta, sino diferencias de actitud. Como los perros, podemos retener comportamientos juveniles, cosas como alegría, apertura para conocer gente nueva, menor agresividad, más creatividad y curiosidad. Esto, a su vez, podría habernos ayudado a hacer nuestras sociedades más grandes, más complejas, colaborativas, abiertas e innovadoras, que luego superaron a las de ellos.

¿Pero, qué es esto?

Hasta ahora, he esquivado una pregunta importante, posiblemente la más importante. Está muy bien discutir cómo evolucionó nuestra humanidad, pero ¿qué es la humanidad? ¿Cómo estudiarlo y reconocerlo sin definirlo?

La gente tiende a asumir que hay algo que nos diferencia fundamentalmente de otros animales. La mayoría de la gente, por ejemplo, tiende a pensar que está bien vender, cocinar o comer una vaca, pero no hacer lo mismo con el carnicero. Esto sería, bueno, inhumano. Como sociedad, toleramos exhibir chimpancés y gorilas en jaulas, pero nos sentiríamos incómodos haciéndonos esto entre nosotros. Del mismo modo, podemos ir a una tienda y comprar un cachorro o un gatito, pero no un bebé.

Las reglas son diferentes para nosotros y para ellos. Incluso los activistas acérrimos por los derechos de los animales defienden los derechos de los animales para los animales, no los derechos humanos. Nadie propone dar a los simios el derecho a votar o presentarse a cargos públicos. Inherentemente nos vemos a nosotros mismos ocupando un plano moral y espiritual diferente. Podríamos enterrar a nuestra mascota muerta, pero no esperaríamos que el fantasma del perro nos persiga o que encuentre al gato esperando en el cielo.

Y, sin embargo, es difícil encontrar pruebas de este tipo de diferencia fundamental.

Foto: AFP

La palabra humanidad implica cuidar y tener compasión por los demás, pero podría decirse que esa es una cualidad de mamíferos, no humana. Una madre gata cuida a sus gatitos y un perro ama a su amo, quizás más que cualquier humano. Las orcas y los elefantes forman lazos familiares de por vida. Las orcas lloran por sus crías muertas y se ha visto a los elefantes visitando los restos de sus compañeros muertos. Las vidas y las relaciones emocionales no son exclusivas de nosotros.

Quizás sea la conciencia lo que nos distingue. Pero los perros y gatos ciertamente parecen conscientes de nosotros: nos reconocen como individuos, como nosotros los reconocemos a ellos. Nos entienden lo suficientemente bien como para saber cómo hacer que les demos comida, o dejarlos salir, o incluso cuando hemos tenido un mal día y necesitamos compañía. Si eso no es conciencia, ¿qué es?

Podríamos señalar que nuestros grandes cerebros nos distinguen, pero ¿eso nos hace humanos? Los delfines mulares tienen cerebros algo más grandes que nosotros. Los cerebros de los elefantes son tres veces más grandes que los nuestros; orcas, cuatro veces; y cachalotes, cinco veces. El tamaño del cerebro también varía en los humanos. Albert Einstein tenía un cerebro relativamente pequeño, más pequeño que el neandertal, el denisovano o el Homo rhodesiensis promedio, ¿era menos humano? Algo que no sea el tamaño del cerebro debe hacernos humanos, o tal vez haya más cosas en la mente de otros animales, incluidos los homínidos extintos, de lo que pensamos.

einstein

Podríamos definir a la humanidad en términos de capacidades cognitivas superiores: arte, matemáticas, música, lenguaje. Esto crea un problema curioso porque los humanos varían en qué tan bien hacemos todas estas cosas. Soy menos inclinado a las matemáticas que Stephen Hawking, menos literario que Jane Austen, menos inventivo que Steve Jobs, menos musical que Taylor Swift, menos articulado que Martin Luther King. En estos aspectos, ¿soy menos humano que ellos?

Si ni siquiera podemos definirlo, ¿cómo podemos realmente decir dónde comienza y dónde termina, o que somos únicos? ¿Por qué insistimos en tratar a otras especies como inherentemente inferiores, si no estamos exactamente seguros de qué nos hace ser nosotros?

Tampoco somos necesariamente el punto final lógico de la evolución humana. Éramos una de las muchas especies de homínidos, y sí, ganamos. Pero es posible imaginar otro curso evolutivo, una secuencia diferente de mutaciones y eventos históricos que lleven a los arqueólogos neandertales a estudiar nuestros extraños cráneos con forma de burbujas, preguntándose qué tan humanos éramos.

La naturaleza de la evolución significa que los seres vivos no encajan en categorías ordenadas. Las especies cambian gradualmente de una a otra, y cada individuo de una especie es ligeramente diferente, lo que hace posible el cambio evolutivo. Pero eso dificulta definir la humanidad.

Foto: Reuters

Los dos somos diferentes a otros animales debido a la selección natural, pero nos gustamos por nuestra ascendencia compartida; lo mismo, pero diferente. Y los humanos somos a la vez similares y diferentes, unidos por un ancestro común con otros Homo sapiens, diferentes debido a la evolución y la combinación única de genes que heredamos de nuestras familias o incluso de otras especies, como los neandertales y los denisovanos.

Es difícil clasificar los seres vivos en categorías estrictas, porque la evolución cambia constantemente las cosas, creando diversas especies y diversidad dentro de las especies.

Y qué diversidad es.

Es cierto que, de alguna manera, nuestra especie no es tan diversa. El Homo sapiens muestra menos diversidad genética que la cepa bacteriana promedio; nuestros cuerpos muestran menos variación en la forma que las esponjas, las rosas o los robles. Pero en nuestro comportamiento, la humanidad es tremendamente diversa. Somos cazadores, agricultores, matemáticos, soldados, exploradores, carpinteros, criminales, artistas. Hay tantas formas diferentes de ser humano, tantos aspectos diferentes de la condición humana, y cada uno de nosotros tiene que definir y descubrir qué significa ser humano. Irónicamente, esta incapacidad para definir a la humanidad es una de nuestras características más humanas.

* Nicholas R. Longrich, profesor titular de Paleontología y Biología Evolutiva, Universidad de Bath

Imagen de portada: Gentileza de The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation por Nicholas R. Longrich

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