Cambio climático: expertos advierten que Argentina podría perder el 40% de sus playas.

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El informe fue publicado por Nature Climate Change. Se estima que unos 4.000 kilómetros de costa podrían desaparecer en los próximos 80 años.

Un informe internacional advirtió que para el año 2100, Argentina podría perder hasta el 40% de sus playas, como consecuencia del cambio climático. El impacto negativo de la contaminación afectaría de forma severa a varios lugares que son claves para el turismo, especialmente en vacaciones de verano.

El informe, publicado en la revista científica “Nature Climate Change”, reveló cuáles son los efectos del cambio climático. Llegó a varias conclusiones: una de ellas, estima que para el año 2100, varios países podrían perder hasta el 40% de sus playas.

En ese grupo de naciones que corren peligro de padecer una merma en sus costas se encuentra Argentina, ubicada dentro del top 10 de los países más afectados. También advirtió que en los próximos 30 años, las playas de nuestro país perderían 100 metros de arena.

“Se van a perder 4.000 kilómetros de costa en 78 años”, estimó el biólogo Fabricio Ballarini, quien profundizó sobre los detalles del informe hecho por la publicación científica Nature Climate Change.

En la Costa Atlántica bonaerense, una de las zonas más afectadas del país, se pierden hasta dos metros de playa por año. No obstante, los expertos en materia climática también advierten en el informe que el impacto puede golpear de lleno a distintos puntos de la provincia de Entre Ríos, por donde transcurren los ríos Ibicuy y el Paraná.

“La playa funciona como una especie de barrera de contención de tormentas y de la embestida del mar, mientras más extenso el terreno con arena menor será el impacto”, Ballarini consideró sobre los efectos de este fenómeno impulsado por el cambio climático.

El trabajo publicado por Nature Climate Change, reunió décadas de datos obtenidos por expertos de Estados Unidos y China. Las conclusiones han permitido a los científicos comprobar, por primera vez, que la Corriente Circumpolar Antártica (CCA) está sufriendo esa aceleración.

Para el estudio se usaron mediciones por satélite de la altura de la superficie del mar y datos recogidos por la red mundial de boyas oceánicas Argo (en pleno funcionamiento desde 2007), para detectar una tendencia en la velocidad de la capa superior del océano Antártico que había permanecido oculta para los científicos hasta ahora.

Imagen de portada: Playas del Atlántico. República Argentina.

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito. Diciembre 2021

Cambio climático/Argentina/Turismo/Costa Atlántica.

La capilla de Glew del Maestro Raúl Soldi.

El columnista y consultor de arte Carlos María Pinasco se sumerge en los detalles de la obra maestra de Raúl Soldi: la capilla de Glew que terminó de pintar hace 45 años.

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Hace cuarenta y cinco años Raúl Soldi (1905-1994) dio la pincelada final a lo que fue su capo lavoro y seguramente la obra más significativa de nuestra plástica. Con el “Nacimiento de Jesús” cierra un ciclo en el que a lo largo de 23 veranos la magia del artista convirtió una modesta capilla del conurbano bonaerense en el pueblo de Glew (hoy en el partido de Almirante Brown) en una catedral de belleza que merece ser admirada y disfrutada por todos.

Consagrada el mismo año del nacimiento de Raúl, 1905, a Santa Ana -madre de la Virgen María- la capilla modesta y luminosa mantenía sus paredes blancas cuando la vio el maestro por primera vez. Era el verano de 1953 y los Soldi -Raúl, su mujer Estela y sus hijos Diego (7) y Daniel (5)- habían alquilado una casita en las afueras del pueblo que por entonces era rural para descansar después de un año laborioso.

Soldi que en ese tiempo vivía básicamente de trabajos de escenografía traía una rigurosa formación pictórica adquirida en la Academia de Brera de Milán que incluyó el dominio de las más diversas técnicas, entre ellas la de la pintura “al fresco”. Traía además la vivencia europea en que los lugares sacros son verdaderos museos en los que distintas generaciones de artistas, muchas veces desde antes del Renacimiento fueron agregando obras hasta cubrir cada centímetro cuadrado disponible.

SOLDI VIVÍA BÁSICAMENTE DE TRABAJOS DE ESCENOGRAFÍA Y TRAÍA UNA RIGUROSA FORMACIÓN PICTÓRICA ADQUIRIDA EN MILÁN.

En las palabras del Maestro: “Las paredes eran todas blancas… fue verlas y decirme ¡caramba!, que lindo sería llenarlas de figuras”.

El párroco, un franciscano de origen checoslovaco se entusiasmó con la idea y gestionó en el Obispado de La Plata el permiso pertinente. Mientras Raúl Soldi hizo un ambicioso plan general, que implicaba cubrir de arte más de doscientos cincuenta metros cuadrados de paredes: los paneles laterales de 6.5 x 3.35 metros, el altar mayor 12.5 por 6 metros, el coro por sobre la puerta de entrada y algunos espacios más.

En la concepción del maestro el conjunto debía narrar la vida de Santa Ana ambientada no en Tierra Santa, sino en el mismísimo pueblo de Glew.

Encaró entonces “Los trabajos domésticos de Santa Ana” un fresco que le tomó tres meses donde un molino de viento, como los de nuestra pampa referencia la alteración geográfica. Su amigo Manuel Mujica Láinez escribió un elogioso artículo que difundió la iniciativa, generando amplio interés.

El verano siguiente Soldi vuelve a Glew y pinta “La reconciliación de San Joaquín y Santa Ana” episodio en el que la santa le comunica a su marido que se encuentra embarazada de la Virgen.

«NACIMIENTO DE JESÚS» (DETALLE), POR RAÚL SOLDI

Durante los meses estivales de 1955 encara “El nacimiento de María” donde Ana presenta su hija a sus amigas en una escenografía que refiere al entorno de la capilla.

Mientras sus inviernos lo encuentran cada vez más empeñado con obras importantes en Buenos Aires (la galería Santa Fe entre otras) verano tras verano Soldi retorna a Glew para la realización de los nuevos frescos.

“La infancia de María” es de la época en que el artista ya es Académico de Bellas Artes y en Witcomb presenta una retrospectiva de más de 100 obras.

Compromisos en el exterior, exposiciones en todo el país, escenografías para el Teatro Colón y distintas películas, ilustraciones para libros, etc. recortan sus añorados veraneos dedicados a su capo-lavoro. Habían pasado nueve años desde el inicio de conjunto (que originalmente concibió terminaría en solo tres veranos) y Soldi encara la obra del coro. Dedicada a Santa Cecilia, patrona de la música, este fresco le toma dos veranos. La santa toca el órgano rodeada de 16 coreutas en medio de un paisaje donde el entorno exterior de la capilla es fácilmente reconocible.

En 1964 pinta “La presentación en el templo” y luego “La glorificación de Santa Ana” en el altar mayor.

LA GLORIFICACIÓN DE SANTA ANA, POR RAÚL SOLDI

La notoriedad del maestro para ese tiempo ya es indiscutida. La Ciudad de Buenos Aires le encarga la realización de pintura de la cúpula del Teatro Colón y Glew queda cada vez más relegado. Es sin embargo una asignatura pendiente: un compromiso consigo mismo por el que nunca pidió nada. El anecdotario recuerda que, como toda paga, el párroco Jerónimo (el checo) le regalaba a la finalización de cada uno de los murales una gallina y una docena de huevos…

 Pasan los años pero Soldi vuelve…

En 1976, cuarenta y cinco años atrás y después de 23 veranos Soldi finaliza “El nacimiento de Jesús”, que al igual que en “Los esponsales de María y José” (pintada poco antes) cambia la técnica. Ambas obras son al óleo sobre lienzo y se encuentran adheridas a sendas paredes.

Queda así concluida la maravillosa obra, que nadie debiera dejar de admirar.

Imagen de portada: Gentileza de mdz on line

FUENTE RESPONSABLE: MDZ Online.Cultura.Maravillas para descubrir. Por Carlos María Pinasco, consultor de arte.

Sociedad y Cultura/Argentina/Arte/Pintura/El Nacimiento de Jesus/ Raul Soldi/ Homenaje 

Ricardo Romero y el fin del mundo a la vuelta de la esquina.

El escritor argentino publicó este año la décima y más ambiciosa de sus novelas: Big Rip, en la que propone un apocalipsis silencioso, difuso, que podría quizá ya haber comenzado.

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Una curiosa historia de la literatura podría escribirse a través de un recorrido por sus obras más grandes, no en el sentido de grandeza sino de tamaño: los libros más voluminosos, las aventuras literarias más desmesuradas. Ahí se reunirían En busca del tiempo perdido, Guerra y paz, la Novela de Genji, Las aventuras del rey mono y unas cuantas otras novelas enormes. En nuestros tiempos de vértigo, de fragmentariedad, de pantallas por todas partes, leer esos libros resulta casi revolucionario. Y escribirlos, ni hablar. Por fortuna, sigue habiendo autores que se animan a semejantes gestas.

El argentino Ricardo Romero es uno de los ejemplos más recientes. Su novela Big Rip –800 páginas de letra apretada publicadas hace unos meses por Alfaguara en Buenos Aires– propone a los lectores una versión del fin del mundo. Un apocalipsis que tiene poco que ver con los que suele imaginar el cine de Hollywood: una realidad que se disgrega, se desintegra, se desgarra, como sugiere el título de la novela. Un fin del mundo a la vuelta de la esquina, que podría empezar en cualquier momento, que tal vez ya comenzó.

Situada en una ciudad innominada pero que se parece mucho a Córdoba (Argentina) y tiene también cosas de Buenos Aires, con personajes que aparecen y desaparecen y se transforman en otros sin dejar de ser los mismos, Big Rip se despliega como un experimento fascinante, una escritura que parece ponerse a prueba y exprimirse a sí misma, como si el propio texto se esparciese por las páginas en busca de su propia disolución.

En la penúltima de esas páginas, cuando el lector ya ve el hogar al que regresa tras haber recorrido la novela como quien explora los restos de una civilización perdida en medio de la selva (la figura es de Piglia, en el prólogo a Los sorias, de Alberto Laiseca), se lee esta frase: “Puedo escuchar cómo los edificios crujen como árboles sacudidos por el viento, crujen sobre todo como edificios, haya viento o no. Y hay un lenguaje en ese crujir”. Y uno tiene la vaga sensación de que toda la novela ha sido escrita con ese lenguaje, en un idioma similar al nuestro pero ligeramente desenfocado.

¿Cómo surge, antes que la novela, el proyecto, la idea de escribir una novela de estas dimensiones? Romero me cuenta que la vislumbró hace unos quince años. Fue a partir de una imagen, una intuición, una frase: “Un vaso con lava sobre la mesa de luz”. Pero en ese momento “no estaba preparado, no sabía cómo hacerlo”, me explica el autor. “Lo intenté varias veces, escribía treinta o cuarenta páginas, pero no me convencía y lo dejaba”. He ahí, me parece, un mérito: reconocer cuándo las ambiciones están por encima de las propias posibilidades. Y estar dispuesto a hacer el esfuerzo y el camino para alcanzar esas alturas.

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Ricardo Romero nació en Paraná, provincia de Entre Ríos, en 1976. Estudió Letras en Córdoba y en 2002 se radicó en Buenos Aires. Al año siguiente comenzó a dirigir la revista literaria Oliverio y publicó su primera novela, titulada Ninguna parte. Luego llegaron un libro de cuentos y otras nueve novelas, y con ellas las traducciones: al inglés, al italiano, al portugués, al turco. De hecho, su penúltima novela, Yo soy el invierno (ganadora del primer premio del Fondo Nacional de las Artes en Argentina en 2017), se publicó en francés el año pasado y aún permanece inédita en español.

Además, trabajó como editor durante más de tres lustros en sellos como Gárgola y Aquilina, y fue uno de los responsables de Negro Absoluto, colección de novela negra que incluyó tres títulos de su autoría: El síndrome de Rasputín (2008), Los bailarines del fin del mundo (2009) y El spleen de los muertos (2013). Desde hace varios años, por otra parte, da clases en dos materias de la Licenciatura en Artes de la Escritura, en la Universidad Nacional de las Artes, con sede en Buenos Aires.

Y es coautor –junto con Luciano Saracino– del guion de la película Necronomicón, el libro del infierno (dirigida por Marcelo Schapces y estrenada en 2018). El punto de partida del filme es, por supuesto, el universo literario de H. P. Lovecraft, según cuyos relatos uno de los únicos cinco ejemplares que se conservan del libro maldito se halla oculto en algún anaquel perdido de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

Todo eso sirvió para que Romero se sintiera, esta vez sí, preparado para lanzarse a la escritura de su gran proyecto. En marzo de 2016 viajó a Francia para participar en la residencia para escritores de la Villa Marguerite Yourcenar. “Lo único que tenía que hacer ahí era leer y escribir, y me dije: es ahora o nunca –cuenta–. Me llevé un par de libros grandes: El tiempo y el río, de Thomas Wolff, y el Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, las cinco temporadas que había en ese momento de Game of Thrones y el material que tenía como para empezar. Y la verdad es que fue muy productivo. Escribí muchísimo en ese mes. Lo suficiente como para sentar las bases y decir: ya está, ya arranqué, ahora me puede llevar tres, cuatro, diez años más, pero ya arranqué”. El Big Rip había comenzado.

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En Big Rip se percibe una tensión permanente entre el afán de abarcarlo todo, como suele suceder con las novelas de esta magnitud, y el aprovechamiento de los huecos, los silencios, las elipsis, las sugerencias. Como si la idea de novela total chocara con la de novela fractal –se han utilizado los dos conceptos para referirse a ella, incluso en el texto de la contratapa– y de esa colisión surgiera, en todas direcciones, los sentidos de la obra.

Romero entiende que se use la expresión “novela total”, porque tiene que ver con cierta idea de desmesura y ambición, pero (además de reconocer que lo “abruma un poco”) subraya que “la totalidad no existe”. “Es una ficción que a mí me interesaba desarmar –explica–. No quería que la novela tuviera un cierre ni argumental, ni poética, ni estructuralmente. Lo cual no quiere decir que esté inconclusa, sino que la suya es una forma temblorosa, que para mí es una expresión de lo real”.

Amante de Twin Peaks (una de las colecciones que dirigió en la editorial Gárgola se llamó “Laura Palmer no ha muerto”), Romero riega sus páginas de una suerte de rocío lynchiano que lo impregna todo. Así, lo realista y en apariencia simple se presenta como misterioso, mientras que lo fantástico o sobrenatural se abre paso como si viniera a reclamar lo que le pertenece, lo que le corresponde por derecho propio.

Cuando le pregunto si cree acertada la calificación –incluida en algunas reseñas– de novela experimental para Big Rip, Romero dice que no: que en todo caso es una novela experiencial. “Lo experimental tiene que ver con una claridad conceptual respecto a lo que estás haciendo, porque un experimento es algo controlado”, apunta. Lo experiencial sería lo contrario: “Cuando aparecía cierta posibilidad de control, yo trataba de evitarla, de sabotearla un poco”.

Pero ¿qué quiere decir? ¿Acaso el autor no “controla” el texto que escribe? Sí: en parte. “Uno puede manejar un sentido, el que tiene en la cabeza, pero no la cantidad de sentidos nuevos que empiezan a aparecer y a relacionarse entre sí”, dice Romero. Y agrega que muchos textos de la tercera parte de la novela nacieron a partir de frases de textos anteriores, a los que “les preguntaba y explotaban, y de repente aparecían otro espacio, otros personajes”, y entonces el autor se decía: “Vamos por ahí”.

Esa idea se relaciona con otra de las características de la obra de Romero: su oposición a la hipercorrección, su interés focalizado mucho más en la experiencia que en el resultado de la escritura. “Una de mis batallas personales, que es una batalla poética pero también política, es desarmar esa relación con el resultadismo”, asegura el autor. “Yo no quiero que el resultado defina mi experiencia. Pasé cuatro años escribiendo esto. Ese trabajo se disfruta en sí mismo, por la energía que le puse, por lo que experimenté mientras lo hacía, por los cambios que viví mientras escribía. Mi relación con la escritura cambió en ese lapso. Y yo terminé en paz por eso. ¿El resultado? La verdad que no sé cuál es el resultado”.

Parece una mirada lúcida. ¿Hay algún autor que realmente sepa cuál es el resultado de su trabajo? Para esa tarea, en todo caso, estamos los lectores.

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En estos días, mientras atraviesa otra experiencia nueva –la de convertirse en padre–, Ricardo Romero trabaja en el guion de un cómic (que se editará antes en inglés que en español) y en la producción de una serie de podcasts que pondrán en escena, en modo radioteatro, varios cuentos de la literatura argentina. Y le gustaría volver a escribir para cine, y también incursionar en el mundo de las series. Pero aclara: “A mí lo que me apasiona es la novela. Es adonde yo siempre quiero volver. Es mi casa”.

¿Cómo será entonces la próxima? “Tengo una novela empezada, con apuntes y notas… Pero por ahora no me quiero meter. No tengo apuro. Y por supuesto tengo la fantasía de que Big Rip no será mi novela más larga. Es una fantasía, una especie de actitud. Puede pasar que esta sea mi novela larga de los cuarenta. ¿Cuál será la de los cincuenta? Tengo algunas ideas dando vueltas, pero hay que dejarlas que hagan su recorrido. Que encuentren su espacio, su lugar”.

Y que encuentren su propio lenguaje, también, como ese de los edificios que crujen haya viento o no.

Imagen de portada: Gentileza de Letras Libres

FUENTE RESPONSABLE: Letras Libres. Por Cristián Vazquez. Diciembre 2021

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Una autora argentina ganó el Premio de Novela Vargas Llosa.

La escritora argentina Paola Vicenzi resultó ganadora del XXVI Premio de Novela Vargas Llosa por su obra “Equis Equilibrio”, una historia centrada en una mujer que debe cuidar a su hija adolescente cuando sufre un brote psicótico, y con la que se impuso a 942 trabajos procedentes de 36 países, según dieron a conocer los organizadores del certamen.

“Quise poner sobre la mesa un tema por lo general silenciado, injustamente signado por el prejuicio y la vergüenza” como es el de la salud mental, aseguró la autora tras conocer el veredicto del jurado, integrado por Francisco Florit Durán, Soledad Puértolas, Raúl Tola y José María Pozuelo Yvancos.

El premio, convocado por la Universidad de Murcia (UMU), la Fundación Mediterráneo y la Cátedra Vargas Llosa, alcanzó en esta edición un récord de originales presentados, con 942 textos procedentes de 36 países, entre los que se cuenta, además de 19 naciones iberoamericanas, obras procedentes de Alemania, Canadá, China, Dinamarca, Egipto, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Israel e Italia.

La novela ganadora se construye a partir de la bitácora de una mujer viuda que tiene una hija de 18 años y que lleva una vida ordinaria hasta que la joven sufre un brote psicótico que la lleva al aislamiento en su casa, donde ambas deberán redefinir su vínculo.

«‘Equis Equilibrio’ es una obra que significa mucho para mí, porque estoy convencida de que es necesario poner sobre la mesa ciertos temas que como sociedad escondemos bajo la alfombra, dejando muy sola a mucha gente. Considero que la literatura es un buen lugar para plantarles cara, para empezar a perderles el miedo», señaló Vicenzi.

La autora, nacida en la provincia de Buenos Aires, es escritora, correctora y coordinadora de talleres literarios. Debutó en la literatura con «En su propio vuelo», una obra autobiográfica en la que narra su experiencia como madre de trillizos. Hace cuatro años obtuvo el premio MGE de la Editorial Random House a la Mejor Novela Contemporánea por «La otra vida de papá».

«Desde pequeña tuve una imaginación bastante inquieta, que me posibilitó construir refugios para protegerme de una realidad por momentos dura. Ese ejercitar la inventiva, con el tiempo, me llevó a volcar sobre el papel muchas historias, algunas de las cuales he decidido compartir con ustedes», apunta Vicenzi en la presentación de su página web.

«Como escritora, siento que nada de lo humano me es ajeno. Me interesan en especial las situaciones que nos ponen a prueba, que nos interpelan, que sacuden nuestras estructuras. Y también me sensibiliza todo lo vinculado con la maternidad (soy madre de trillizos). Unir estas dos cuestiones me resultó un desafío interesante y, sobre todo, la posibilidad de poner sobre la mesa un tema por lo general silenciado, injustamente signado por el prejuicio y la vergüenza, que es el de la salud mental», define.

Los miembros del jurado ponderaron en el fallo el hecho de que la autora haya tenido la capacidad de ahondar en la mente de una persona que está pasando por el proceso de cuidar a un enfermo, «reflejándolo de un modo tan vívido que da la sensación de constituir un diario real».

Además, destacaron la humanidad del relato y el intenso reflejo de la desesperación y el cansancio de una madre que ha de afrontar prácticamente sola la enfermedad de su hija. El presidente del jurado la calificó como «una novela que informa, hace pensar y emociona».

El año próximo, en el mes de diciembre, verá la luz su libro ganador en la presente edición del premio literario Vargas Llosa, que también conocerá por esas mismas fechas al ganador de la XXVII edición. 

Imagen de portada: Gentileza de Entre Líneas

FUENTE RESPONSABLE: Entre Líneas

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A 28 años de la muerte de Silvina Ocampo: «No soy sociable, soy íntima»

Se cumplen 28 años de la muerte de Silvina Ocampo, la cuentista más enigmática de la literatura fantástica argentina.

Silvina Ocampo nació el 28 de julio de 1903 en Buenos Aires.

“No soy sociable, soy íntima”, decía Silvina Ocampo, la menor de seis hermanas de la familia Ocampo, una de las más ricas de la Argentina, o como ella misma se percibía, “el etcétera de la familia”. A Silvina no le gustaba que le sacaran fotos ni dar entrevistas y evitaba los eventos sociales. Cada vez que un periodista quería entrevistarla, se dice que pedía que no le preguntaran nada sobre su escritura y ni siquiera le interesó que sus cuentos fuesen traducidos al inglés.

Hermana de Victoria Ocampo, una de las agitadoras culturales más destacadas de la época, y esposa de Adolfo Bioy Casares y amiga de Jorge Luis Borges, de los escritores más reconocidos del país, Silvina eligió mantenerse en la periferia de las cosas y, muchos años después de su muerte, se convirtió en una de las escritoras más prestigiosas, enigmáticas y complejas de leer entre líneas de toda la literatura argentina.

Es muy difícil hablar sobre Silvina Ocampo. Mariana Enríquez fue la única que se animó a hacerlo en La hermana menor: un retrato de Silvina Ocampo.

 Ella destaca que no es una biografía, sino un retrato, porque hay tantos textos académicos sobre ella que fue imposible incluirlos a todos y porque, además, lo interesante de escribirla fue la contradicción y la ambigüedad que fue encontrando en los testimonios de todos los que la conocieron. “Es un personaje que se escapa todo el tiempo, y cuando vi que se me escapaba, dije: ‘Bueno, que se me escape’”, contó Enríquez durante una entrevista en el programa Los 7 locos. 

La hermana menor: un retrato de Silvina Ocampo, de Mariana Enríquez, se publicó en 2014.

Silvina falleció el 14 de diciembre de 1993 a sus 90 años, después de haber pasado sus últimos años con Alzheimer, postrada en una cama de su casa de San Isidro y bajo el cuidado de Bioy, a quien a lo último ni siquiera reconocía. A pesar de su decisión de mantenerse al margen, su forma tan particular de construir universos en sus cuentos a partir de personajes, espacios y situaciones surrealistas, retorcidas y en constante choque con lo posible y lo real, la llevó a ser, según el mismo Bioy, una escritora que no se parece a nadie más. Inspirada por construir mundos desde las imágenes, ya que la pintura era una de sus pasiones de la infancia, Silvina escribió Viaje olvidado (1937), Autobiografía de Irene (1948), La furia (1959), Las invitadas (1961), entre muchos otros más, consagrándose en el mundo de la literatura fantástica recién varios años después de su muerte. Pero para ella, el éxito era otra cosa: «Saber que uno ha conmovido a alguien».

Las edades son todas crueles

La niñez es un elemento clave en los cuentos de Silvina, así como la metamorfosis, la muerte, los objetos inanimados con cualidades humanas y las personas con identidades y géneros imprecisos. Cuando tenía 11 años, muere su hermana menor, Clara, que tenía apenas 6. 

Esto la marcó profundamente y se ve reflejado en sus cuentos, en los que retrata la infancia como un período de la vida para nada exento de la crueldad del mundo adulto. “Siempre pensé que las edades son todas crueles y que se compensan o tendrían que compensarse las unas con las otras”, escribe en su poema Envejecer.

Silvina pasa sus días de infancia en su casa de verano Villa Ocampo, fascinada por las empleadas domésticas y los mendigos y los nenes de la calle, a quienes dejaba pasar y les daba de comer. En una entrevista para La Nación, habla sobre la pobreza con morbo y hasta dice que le parecía “divina”. Esa compasión que decía tener por la clase baja nunca se transformó en “una acción social concreta”, explica Mariana, ni nunca demostró un interés por involucrarse en la política: todo lo llevó a sus cuentos.

Silvina Ocampo y Bioy tuvieron una hija, llamada Marta, que en realidad fue fruto de Bioy con una de sus amantes, pero ella la crió como si fuese su hija.

“Gran parte de la literatura de Silvina Ocampo parece contenida ahí: en la infancia, en las dependencias de servicio. De ahí parecen venir sus cuentos protagonizados por niños crueles, niños asesinos, niños asesinados, niños suicidas, niños abusados, niños pirómanos, niños perversos, niños que no quieren crecer, niños que nacen viejos, niñas brujas, niñas videntes”, escribe Enríquez. “Sus cuentos, protagonizados por peluqueras, por costureras, por institutrices, por adivinas, por jorobados, por perros embalsamados, por planchadoras… No hay período que la fascine más; no hay época que le interese tanto”.

Una persona disfrazada de sí misma

La relación entre Silvina y Victoria era intensa y conflictuada. Victoria fue una pionera de la cultura del siglo XX y una de las primeras militantes feministas del país. Le dedicaba su vida a la política, a la literatura y a las relaciones con personajes del ambiente. Fue la fundadora de la revista Sur, en la que participaron Virgnia Woolf, Albert Camus, Jean Paul Sartre y gracias a la que Borges se hizo reconocido. En su libro, Mariana habla sobre esta tensión entre las dos hermanas, tan unidas, y a la vez, tan diferentes la una de la otra.

Entre todas sus disputas, cuenta una en particular, cuando Silvina le prestó su único manuscrito de su primer libro de cuentos, Viaje Olvidado, y Victoria lo perdió. Cuando lo encontró, hizo una reseña que no dejó para nada contenta a Silvina: describió a sus cuentos como algo de mucha extrañeza, con recuerdos deformados de su niñez y transformados en algo perverso. “Me encontré por primera vez en presencia de un fenómeno singular y significativo: la aparición de una persona disfrazada de sí misma”, escribe Victoria. 

Seguida de esta anécdota, Enríquez recopila lo que Silvina le contó sobre esta situación a la ensayista Noemí Ulla. Sin nombrar a Victoria, le cuenta: “La persona a quien lo entregué perdió el manuscrito. Pasaban los días y no me decía nada. No le volví a dar otros cuentos. No advirtió la angustia que había significado para mí”. 

Silvina Ocampo con su hermana, Victoria Ocampo, que falleció en 1979 por un cáncer de laringe.

Otro punto de choque entre las dos era la política. Victoria era abiertamente antiperonista y su militancia estaba abocada al feminismo. Silvina, en cambio, se mostraba completamente desinteresada y ajena a la vida política, incluso a la lucha feminista. Cuando Noemí le preguntó su opinión sobre el voto femenino, impulsado por Eva Perón, se limitó a decir: “Confieso que no me acuerdo. Me pareció tan natural, tan evidente, tan justo, que no juzgué que requería una actitud especial”. 

Algo de monstruoso y de mágico

“¿No te parece maravilloso que una cosa cambie y se transforme en otra? Yo acepto esos cambios. Hay gente que los rechaza. Yo no. Me gusta ver cómo una cosa se hace otra; tiene algo de monstruoso y de mágico”, cuenta Silvina en una entrevista para La Nación, en 1987, cuando le preguntaron de dónde venía su fascinación por la metamorfosis, palabra que la llevó a hablar de su manera de sentir el amor.

“Cuando me he enamorado, me he entregado por completo. He sido sincera y he esperado que los otros también lo fueran conmigo. Pero los otros nunca son sinceros, nunca terminás de conquistarlos; siempre se reservan algo que uno no imaginaba”, expresa Silvina. “Desde chica yo era muy imaginativa y me ilusionaba con las cosas y las personas, hacía planes. Y después nada era como yo había creído. Las desilusiones me gustaban, y me gustan, porque cuando algo resulta distinto, aun cuando se trate de una decepción, siento que me sumerjo en un mundo desconocido. La desilusión tiene eso de excitante: lo imprevisto”.

Silvina Ocampo y Bioy se casaron en 1937.

Y escribe en La continuación, un cuento en el que la protagonista le escribe una carta de furia y despecho a su pareja: “Mi amor adquirió los síntomas de una locura. ¿Me afligí con razón porque realmente me engañaste? Esas cosas se saben demasiado tarde, cuando uno deja de ser uno mismo. Te amaba como si me pertenecieras, sin recordar que nadie pertenece a nadie, que poseer algo, cualquier cosa, es un vano padecimiento”. Al principio, parece ser una mujer dirigiéndose a su marido, pero en algunas partes, juega con ser un hombre, y al mismo tiempo, con ser una mujer llamada Elena, como quien en la vida real era la amante de Bioy, Elena Garro, explica Enríquez. Esta ambigüedad de la identidad y el género de los personajes se repite en varios de sus cuentos, así como los celos, la posesión, el desamor, la traición, el miedo.

Te tengo confianza mística

Silvina estaba casada con Bioy pero sabía y aceptaba que él tenía otras amantes y viceversa, pero ella parecía ser la que lo sufría más. Hasta se dice que lo esperaba horas sentada al lado de la puerta hasta que él llegara. Ella, en cambio, fue mucho más discreta, tanto que, hasta el día de hoy, hay muchos rumores sobre su sexualidad que no terminan de aclararse, como su supuesto romance con Alejandra Pizarnik, que se suicidó el 25 de septiembre de 1972, justo después de haberla llamado por teléfono y que ella no la atienda. En ese momento, atendió la empleada doméstica, y Silvina, que estaba muy ocupada armando un bolso para irse de viaje, le dijo: ‘Decile que no estoy’. Alejandra sabía que ella estaba ahí pero que no quería atenderla, y horas más tarde, la encontraron muerta en su casa.

Mariana investigó esto y, mientras las personas cercanas a Silvina lo niegan, el poeta Fernando Noy, amigo íntimo de Pizarnik, dice que se tapó todo para proteger la imagen de Silvina: “Es una vergüenza lo que han hecho. Alejandra no se suicidó porque estaba aburrida, se mató por amor. Lo dejó escrito. Pero no sé por qué insisten en cuidar a Silvina, cuando ella nunca pidió cuidado”, le dijo. Lo que sí se sabe es que Silvina tenía amantes hombres y mujeres. También se sabe que con Pizarnik eran amigas y formaban parte de un mismo grupo de amigos junto con Bioy, que por algunas cartas de ella a Silvina que fueron publicadas, parecería que él sabía del romance entre las dos, como una en la que pide que besara a Silvina por ella.

Silvina Ocampo estudió pintura y dibujo en París antes de dedicarse a la literatura.

“Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo SIN FONDO. A él lo amo pero es distinto, vos sabés ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos, mon cher amour. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette, pronto te escribiré. Sylv, yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí, tan lozana, me oprime. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré”, le escribe Alejandra.

No daba entrevistas, pero se permitía coquetear por teléfono si escuchaba una voz joven

En lo que todos los que conocieron a Silvina coinciden es que era una persona muy magnética, con un encanto muy particular, que atraía por su extrañeza y su misterio. “La seducción viene con la práctica. La gente me dice que soy seductora. Y no confío. Uno no puede confiar demasiado en nada ni en nadie”, dice Silvina en esa entrevista para La Nación.

“A mí siempre me interesó el sexo y el amor. Cuando tenía veinte años me decía: ‘Ay, cuándo tendré cuarenta o cincuenta para no enamorarme más, para no desear más a nadie, para vivir tranquila, sin preocupaciones, sin celos, sin angustias, sin ansiedad’. Llegué a los cuarenta, a los cincuenta, y seguí enamorándome y deseando a la gente hermosa. Es terrible. Ahora el sexo me resulta tan interesante como cuando era chica y acababa de descubrirlo. A mí me importó siempre. Ahora también. ¿Cómo puede dejar de importar? Es una condena y un placer”.

Silvina Ocampo ganó algunos premios, como el Premio Kónex, en 1992, y el Premio Municipal de Literatura, en 1954.

La periodista María Moreno, de Página 12, logró entrevistar a Silvina en la década del 70 y se enamoró de ella. “En los años ‘70, Silvina Ocampo no daba entrevistas. Pero se permitía coquetear por teléfono si escuchaba una voz joven. No se negaba de entrada. Imponía condiciones, con la seguridad de que no serían cumplidas. A mí me propuso que le enviara un cuestionario donde ninguna pregunta tuviera que ver con la literatura. Yo, alentada por una voluntad irresponsable, lo logré”, escribe María.

“La entrevisté: Silvina Ocampo se sentaba en forma de esvástica, usaba piloto dentro de la casa y salía a la calle sin cartera. Me enamoré de ella. Y como juzgué que ese era un sentimiento reservado, dejé la cama matrimonial y me mudé a la habitación de mi hijo, que me miraba asombrado a través de los barrotes de la cuna. En esa época, la exageración y las relaciones prohibidas eran bien vistas. La entrevista duró cinco meses. 

Ella no cesaba de corregirla; yo, de ir a su casa con cualquier pretexto. Me le declaré. Me preguntó qué quería decir exactamente o, mejor dicho, exactamente qué quería hacer. Yo no tenía idea. Ella sonrió y dijo: ‘Sufro del corazón’. ‘Yo soy más linda que Alejandra Pizarnik’, le contesté y me fui dando un portazo”. 

¿Qué es el éxito? Saber que uno ha conmovido a alguien

Rara, seductora, una escritora distinta a todas, Silvina no llegó, sin embargo, a destacarse en el mundo de la literatura fantástica mientras estaba viva. Mariana explica en su libro que ella misma eligió mantenerse misteriosa y oculta de la vida pública, pero que, si bien no le importaba la crítica literaria, le hubiese gustado que sus cuentos le llegaran a más personas.

“¿Qué es el éxito? Saber que uno ha conmovido a alguien”, le escribe en una carta a su amigo escritor, Manuel Mujica Lániez. Y en esa entrevista con María Moreno, Silvina dice: “Escribo porque no me gusta hablar, para dejar un testimonio más de la vida o para luchar contra ese exceso de materia que acostumbra a rodearnos. Pero si lo medito un poco, diré algo más banal”.

Imagen de portada: Foto de Archivo

FUENTE RESPONSABLE: El Destape. Cultura. Diciembre 2021

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La potencia del comienzo.

Poesía en tres tiempos

El primer libro de poemas de Luciana Reif inaugura la colección de literatura contemporánea de un nuevo sello: UOIEA!

Con la reedición ampliada del primer libro de Luciana Reif (Lanús, 1990) se presenta en sociedad un nuevo sello editorial dedicado a la literatura contemporánea. 

A cargo de Matías Guillán, UOIEA! comenzó en 2018 como fanzine digital con entrevistas a autores locales y extranjeros, ensayos, cuentos, poemas y videopoemas y debuta ahora en la escena editorial con Entrada en calor. 

El libro toma su nombre del poema final, en el que una chica fantasea sobre la bicicleta fija en un gimnasio de barrio, mientras observa la rutina de ejercicios del joven que le gusta. 

Si bien el libro puede leerse como un ejercicio autobiográfico en verso sobre un linaje femenino, se incluye una sección de poemas sobre los efectos adversos de una ruptura amorosa, otra con postales de viaje y, también, la búsqueda cautelosa de una manera de decir después del “invierno de las lenguas”.

Abundan en Entrada en calor las referencias al pasado y la infancia (“Cuando era chica”, “Durante mi infancia”, “De chica le tenía miedo a los ladrones”) así como también al futuro, como pasa en el hermoso poema “Cuando mi hija con su cepillo de pelo nuevo” y en “No me verás morir, mamá”. Aquellos que están en presente son los que abordan la separación: “Ahora que no tengo / quien me abrace / mientras duermo / hundo mis manos / en la noche infinita, / revuelvo como si buscara / alguna prenda hecha a mi medida / en un canasto de liquidación, no consigo”. De modo coloquial y reflexivo, en los poemas se enfrentan temores, deseos y despedidas inminentes o por venir.

“Fue mi primer libro publicado, en 2016, y se encontraba descatalogado –dice la autora-. Me interesaba que siguiera circulando, porque inaugura mi trayectoria como escritora, como poeta, y me gusta reivindicar los comienzos. 

Por eso también me gustó la posibilidad que me dio Matías Guillán de relanzarlo y que los poemas renazcan, dialogando con el contexto actual. Ensamblo mi comienzo propio con el de UOIEA!, y es lindo ese espejo que se arma”. 

Algunos poemas de la primera edición quedaron en el camino y otros inéditos se sumaron.

Además de escritora, Reif es socióloga y becaria del Conicet. En 2017, con Un hogar fuera de mí, obtuvo el prestigioso Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe a la creación joven. 

“Empecé a escribir de muy chica, a los diez años compuse mi primer poema mientras viajaba en colectivo sola a la escuela primaria –cuenta-. Pero incluso cuando elegí mi carrera y empecé a estudiar sociología, todavía veía mi relación con la escritura como algo distante. Empezar el taller con Osvaldo Bossi me permitió hacerme cargo de la importancia que tiene escribir poesía.

Años más tarde, sobre todo con la salida de Un hogar fuera de mí siento que pude fusionar mi ser poético con mi ser sociológico y escribir poemas que tienen una mirada social sin ser panfletarios”. Ese aspecto se advierte en el poema “La zafra”: “Peón golondrina conoce más que cualquiera el sabor / agridulce de la tierra, después de despojarla”.

Circunstancias de la vida de mujeres de tres generaciones –la abuela y la madre de la autora, además de ella- protagonizan los poemas. “No siempre las mujeres de mi familia tuvieron la posibilidad de elegir y seguir su deseo con tanta libertad como la que creo que yo tengo hoy en día –dice-. Me parece importante revisitar su historia y pensar en la potencia que mana desde el pasado. Creo que muchas veces voy de forma atropellada hacia el futuro y ellas me recuerdan la potencia de los comienzos”. 

Los vínculos familiares, una separación amorosa, las amistades y el erotismo forman parte de esta educación sentimental en verso. “Más que el feminismo como movimiento social, lo que influye en mi escritura es el hecho de ser mujer atravesada por todas las opresiones y condicionamientos a los que estamos sometidas desde la infancia. Esa mirada crítica del feminismo me permite revisitar tanto mi pasado como mi presente, e iluminar con una mirada poética determinadas vivencias”.

Actualmente, Reif prepara su tercer libro de poemas y su primera novela, que trabajó en el taller de Gabriela Cabezón Cámara. También tiene poemas inéditos que testimonian “los complejos años”, según cuenta, que atravesó como becaria del Conicet. “Escribimos para y con otres –destaca-. Y aunque la escritura sea una actividad solitaria, no deja de tener un sentido social y el trabajo con el lenguaje expande las posibilidades de un mundo mejor en comunidad”.

Imagen de portada: Gentileza de Adolfo Rosenfeld

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura. Por Daniel Gigena. Diciembre 2021

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Hospital Posadas: realizaron una operación inédita para tratar a un paciente psiquiátrico grave.

Se trató de una neurocirugía funcional, una técnica que tiene por objetivo reparar o mejor la función del sistema nervioso. Fue la primera vez que se realizó en un establecimiento público del país. 

El Hospital  Posadas se convirtió este mes en el primer centro público del país en realizar neurocirugías funcionales para tratar pacientes con padecimientos psiquiátricos graves que no respondían a otros tratamientos y cuya calidad de vida había sido sensiblemente deteriorada por esta agresividad.

Este tipo de procedimientos quirúrgicos, que tienen por objetivo la reparación o mejoría de la función del sistema nervioso afectada en un cuadro psiquiátrico grave, se realiza habitualmente en países de todo el mundo, pero en Argentina se encontraba limitado a la realización en el sector privado.

«La primera cirugía de afecciones psiquiátricas o psicocirugía (en el Posadas) se hizo hace un mes atrás y el lunes pasado ya realizamos la segunda», dijo a Télam el jefe de Sección de Neurocirugía Funcional del Posadas, Sergio Pampin.

En ambos casos se trató de «pacientes con trastornos de control de impulsos, en este caso una agresividad refractaria al tratamiento farmacológico», que se manifiesta en personas con «un trastorno de esquizofrenia o retraso madurativo».

No obstante, «la psicocirugía no sólo se aplica a ellos» y por eso en el Hospital Posadas se está trabajando también «en otros proyectos como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la depresión mayor» que son las otras dos indicaciones para los que este tratamiento quirúrgico ha demostrado ser eficaz en el caso de afecciones psiquiátricas graves.

«Es un procedimiento de muy bajo riesgo -a pesar de ser una cirugía cerebral- y la tecnología que se aplica es exactamente igual a la que aplicamos en la operación de la enfermedad de Parkinson», dijo.

Antes de este nuevo hito, el Posadas ya realizaba «100 procedimientos por año» de otro tipo de neurocirugías, las que se aplican justamente a los trastornos del movimiento. Otras ramas de la neurocirugía son «la de epilepsia, de la espasticidad y la cirugía del dolor» que aún no se realizan en este centro asistencial.

Como ejemplos de cuadros psíquicos que podrían tratarse con cirugía de afecciones psiquiátricas o psicocirugía, Pampin mencionó el de «una persona que está recluida en una institución con un trastorno de agresividad que la mantiene atada a una cama con guantes de box porque de lo contrario se autoagrede o agrede» o de otra «con un TOC de un ritualismo tal que no pueda salir de su casa», porque necesita «bañarse 50 veces por día» o «tocar toda la madera que ve».

Por otro lado, «está en fase experimental» la aplicación de este tratamiento quirúrgico para «adicciones refractarias», como puede ser «una obesidad mórbida que no mejoró con una cirugía bariátrica».

El Hospital Posadas está ubicado en El Palomar, partido de Morón.

«Hay que aclarar que las psico cirugías no curan la enfermedad, lo que hace es tratar los síntomas y permitir al paciente reinsertarse en programas de terapia cognitivo conductuales para continuar así su tratamiento», dijo.

El desarrollo de esta opción terapéutica fue posible a nivel mundial gracias al avance de la tecnología de diagnóstico por imágenes, de la neurofisiología, y de las técnicas neuro quirúrgicas, así como de la mayor comprensión del funcionamiento de los circuitos implicados en los trastornos psiquiátricos.

El enfoque terapéutico convencional de la mayoría de las enfermedades psiquiátricas se basa en una combinación de psicoterapia, farmacoterapia y, en algunos casos, terapia electro convulsiva.

Imagen de portada: Gentileza de Crónica

FUENTE RESPONSABLE: Crónica

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La Orquesta Sinfónica emuló un famoso concierto de Piazzolla.

El 7 de diciembre de 1980 Astor tocó en el Auditorium acompañado por la Orquesta Sinfónica Municipal, entonces dirigida por el maestro Mario Perusso. Ahora, el nuevo director de este organismo preparó un concierto similar, en el año del centenario del nacimiento del compositor.

Un espíritu a sentido homenaje sobrevoló en la noche de este martes el Centro Cultural Estación Terminal Sur del Paseo Aldrey. De la mano de la Orquesta Sinfónica Municipal, el público pudo ser parte de un espectáculo musical que recreó la bella obra de Astor Piazzolla, en formato orquestal.

Versiones originales y nuevos arreglos de las obras de Piazzolla pudieron escucharse: desde las más emblemáticas a las menos transitadas y menos populares, “pero no por ello menos interesantes”, dijo Javier Más, director del máximo organismo sinfónico de la ciudad.

El concierto celebró uno similar realizado el 7 de diciembre de 1980, hace exactamente cuarenta y un años. Ese día, Piazzolla “se presentó por única vez en Mar del Plata junto a la Orquesta Sinfónica Municipal, dirigido por el maestro Mario Perusso, en el Teatro Auditorium. El espíritu de este concierto era rememorar esa fecha, que inicialmente iba a ser en el Teatro Auditorium”, contó Más.

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Cabe señalar que el concierto se realizó en el año en que se cumple el centenario del nacimiento de Astor, producido en Mar del Plata, en marzo de 1921. Esta efeméride fue, de alguna manera, disparador de diversas conmemoraciones. Desde shows musicales, muestras fotográficas, ciclos de cine a obras de narración oral repasaron algún aspecto de la vida y obra de quien sea, quizá, el marplatense con mayor proyección en el mundo del arte.

“Quisimos emular esa fecha de 1980 con la misma orquesta y con el mismo escenario, aquella presentación donde el maestro ejecutó su concierto para bandoneón y orquesta y se ofrecieron además obras de Gershwin”, rememoró Más.

Imagen de portada: Gentileza de La Capital

FUENTE RESPONSABLE: La Capital. Mar del Plata. Argentina. Diciembre 2021

Orquesta Filarmónica Municipal de Mar del Plata/Sociedad y Cultura/ Argentina/Homenaje/Astor Piazzolla/Centenario de su nacimiento.

Visionaria y con mala reputación: la mendocina que pasó a la historia con tan solo 15 años como “La Pasto Verde”.

Con un apodo, que con el tiempo sería canción, así llamaban a Carmen Funes la primera pobladora de Plaza Huincul.

Con tan solo 15 años, y algo menos también, Carmen Funes llegó a Plaza Huincul en 1878 como integrante del Regimiento Tres de Infantería, el famoso “Tres de Fierro”, uno de los puntales de las fuerzas que comandaba el general Julio Argentino Roca durante la Conquista del Desierto. De notable belleza y coraje, su presencia no tardaría en llamar la atención.

¿Pero qué tan controversial podría ser una persona que participó en las campañas del desierto del general Roca contra los indios de la Patagonia en 1876? 

¿Cuánto más si, además, era mujer, viuda y no le escapaba a ningún peligro? 

Aventurera y solidaria la historia la reconocería años después como “La pasto verde”, aunque sin precisiones sobre el origen de su apodo: para algunos referido a la hermosura que la caracterizó en sus años juveniles; otros aluden a la semejanza entre el pasto verde tan escaso en la zona de Plaza Huincul y Cutral Co con la presencia de doña Carmen Funes.

Las cabañas cuentan su historia en el Museo Carmen Funes

Las cabañas cuentan su historia en el Museo Carmen Funes – Gentileza Enim

Una aliada en la campaña del desierto.

Mendocina de origen y cargando una mala reputación (como todas las mujeres fortineras), en plena campaña del desierto, “Doña Carmen” se arremangaba sus vestimentas y ayudaba a curar las heridas sangrantes de las batallas, animaba a la tropa, daba la nota de alegría y también amor –o algo bastante parecido- al final de cada jornada, compañera consciente del sufrimiento que significaba la lucha contra el indio y el desierto. 

Fue partícipe leal y sanadora oficial de las heridas del regimiento. Su temple la convirtió en la ejecutora de las limpiezas de sangre, sin tapujos ni peros, ¿dejaría solo y desamparado a algún soldado? Nunca. Jamás abandonaría a un soldado caído.

El paseo dedicado a La Pasto Verde muestra los escenarios donde vivió Carmen Funes

El paseo dedicado a La Pasto Verde muestra los escenarios donde vivió Carmen Funes.Gentileza Enim.

Sin el peso del contexto, ni de la época, fue, sin dudas, una mujer de aventuras. 

Con un alma solidaria que la batalla mutaba en una fiera brava, no esquivaba ni el cariño que le brindaban como su soldada, ni le hacía caso omiso a los enfrentamientos si alguna vez debía defender a los suyos y matar al indio que los acechaba. 

Definitivamente no era una mujer común, mucho menos la típica figura femenina de su época.

Los corrales de Plaza Huincul en Neuquén

Los corrales de Plaza Huincul en Neuquén.Gentileza Enim.

En un entorno donde con cien apodos se llamaba de manera despectiva a la mujer fortinera, a Carmen, le cupieron muchos apelativos más, pero muchos de ellos fueron en vano: los que le adjudicaron la transformaron en una especie de heroína, de mamá, de salvadora.

El intento por establecerse y una mirada visionaria.

Pero eso no había sido todo, con apenas 18 años instala un almacén de ramos generales, y una vez más los avatares de la vida le cambian su rumbo, la llegaba del tren le prende las alertas y decide emprender una nueva aventura: sin más que su caballo recorre durante casi catorce años diferentes pueblos de La Pampa, Río Negro y Neuquén, hasta que ve una nueva oportunidad y decide instalarse en la aguada, donde estratégicamente arma su posada cerca de una fuente de agua en medio del desierto. 

Aquella posada era el lugar de descanso obligado para todo el que andaba por allí.

El museo dedicado a Carmen Funes

El museo dedicado a Carmen Funes.Gentileza Enim.

Tan exitosa fue la posada que obtiene la primera licencia comercial en el departamento Confluencia (Neuquén), y el registro propio de marcas y señales para su ganado.

El museo dedicado a "La pasto verde" en Plaza Huincul, Neuquén, donde fue la primera pobladora

El museo dedicado a «La pasto verde» en Plaza Huincul, Neuquén, donde fue la primera pobladora.

Así que no solo se dedicó a ello, también abrió un almacén con mercaderías que le llegaban desde Chile y otras provincias del país, se convirtió en residencia de las autoridades, generales, soldados, comerciantes, arrieros, científicos, campesinos. 

Prospera y en pleno apogeo conoció a su marido con quien contrajo matrimonio en 1908, con el cual no tuvo descendencia.

Un censo de la provincia de Neuquén de julio de 1895, permitió confirmar más sobre su persona: entre los datos destacados figuraba como habitante de población rural a los 33 años, lo que permitía deducir que habría nacido en el año 1862.

Su último acierto

Pero acá no terminan sus travesías. Carmen observó que el gusto del agua que consumía en su la región tenía un dejo a metal y olor a queroseno, situación por la que no demoró en presentar una denuncia. 

Cuando comenzaron los estudios del suelo, Carmen no estaba de acuerdo con los resultados, como relatan las personas que la conocieron, como cita Mirtha Solari en Murmullos de Pasión, Carmen Funes , La Pasto Verde (una marca indeleble en suelo Neuquino):

“… Eso del “pitróleo” a ella no le hacía ninguna gracia. Por el contrario, abrigaba el firme convencimiento de que significaba la precipitación de su partida de la aguada: “Lo veo fiero lo del pitróleo; no me parece bien que la gente curiosee lo que guarda Dios dentro de la tierra”.

El sepulcro y las ruinas de los ranchos de doña Carmen Funes, “La Pasto Verde”, en Plaza Huincul, ya son lugar histórico nacional

El sepulcro y las ruinas de los ranchos de doña Carmen Funes, “La Pasto Verde”, en Plaza Huincul, ya son lugar histórico nacional

Tristemente un 15 de diciembre de 1916, fallece Carmen Funes, sin asistencia médica a consecuencia de una fuerte fiebre, con 54 años. Luego de aquella investigación se descubrió el primer pozo petrolero en octubre de 1918, se avecinaba el cambio mundial del uso de combustibles.

Quizás, el mejor homenaje haya sido la emotiva zamba “La Pasto Verde”, de Marcelo Berbel, que se reproduce en la voz de José Larralde.

La pasto verde

Aguada, de los recuerdos lejanos

Tapera de un dulce ayer

Tiempo de la pasto verde

Zamba del coraje hecho mujer

Tiempo de la pasto verde

Zamba del coraje hecho mujer

Brava gaucha en los fortines sureños

Bella flor del jarillal

Mil soldados te quisieron

Pero la tierra te quiso más

Mil soldados te quisieron

Pero la tierra te quiso más

Sobre la reja, entre las piedras donde duerme tu voz

Mi guitarra lloró

Sola esta zambita por las noches

Quiere darte luz

Porque le duele que digas

Que el criollo neuquino te olvidó

Quién te llamó pasto verde, fresquita

Tal vez tu aroma sintió

Poema de los desiertos

Versos de un coplero que pasó

Poema de los desiertos

Versos de un coplero que pasó

Tal vez hablen de tus años de moza

La aguada, el grillo, el zampa

Años de danza y romance

Sangre que secó el viento al pasar

Años de danza y romance

Sangre que secó el viento al pasar

Sobre la reja, entre las piedras donde duerme tu voz

Mi guitarra lloró

Sola esta zambita por las noches

Quiere darte luz

Porque le duele que digas

Que el criollo neuquino te olvidó

Imagen de portada: Gentileza de La Nación

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Historia. Por Silvio Puertas. Diciembre 2021.

Argentina/Conquista del Desierto/Carmen Funes/”La pasto verde”/Mujeres/Sociedad y Cultura

Como la historia en vista del observador a veces se encuentra embebida por las creencias o ideologias del observador, me permito anexar la opinión del respetado historiador Felipe Pigna, en una de sus tantas obras “Mujeres insolentes de la historia”;

MAMA CARMEN Y LA PASTO VERDE MUJERES AL BORDE …

Según cuentan, los fortines eran apenas cuadrados de tierra, rodeados por pequeñas chozas de juncos. En el centro estaba el pozo con agua y a su alrededor: animales corriendo, sogas con trapos y los fogones donde se calentaban las pavas y se asaban los alimentos.

Ubicados en extensas y desérticas llanuras, los fortines habían sido creados para alojar a las tropas en las campañas que se realizaban para ocupar territorio y expandir las fronteras. La vida de los soldados en los fortines era miserable y peligrosa: había que combatir a la “indiada”, la comida y el agua escaseaban, y los castigos eran frecuentes y muy duros. 

Por eso, muchos de ellos, en su mayoría gauchos que habían sido reclutados a la fuerza, escapaban. Las autoridades consideraron que una buena forma de reducir las fugas era fomentar la presencia de mujeres, y eso hicieron: promovieron que en los fortines se instalasen madres, esposas, novias e incluso prostitutas. 

De modo que las “fortineras”, como las llamaban y que llegaron a ser como cuatro mil (la mitad de las tropas de campaña), se establecieron junto a los soldados para compartir sus difíciles condiciones de vida. La mayoría de ellas tenían apodos curiosos: “Mama Carmen”, “La Pasto Verde”, “Mamboretá”, “La Pocas Pilchas”, “La Siete Ojos”, y dicen que podían cambiar de hombre pero no de regimiento. 

Allí trabajaban muy duramente en las rudimentarias huertas para tener alimentos, cuidaban los caballos, parían hijos, cocinaban para los hombres, les lavaban y planchaban la ropa, los curaban cuando estaban heridos y en muchos casos, peleaban y morían junto a ellos.

Algunas cobraban por sus servicios de cocina y planchado, o por sus labores como “curanderas”, y otras llegaron a ser parte del ejército y hasta alcanzaron grado militar. Mama Carmen era una afrodescendiente. 

Fue una de estas fortineras militarizadas, sargento primero en el Regimiento 2 de Caballería. Cuando en 1874, el gobierno se vio obligado a retirar las tropas de los fortines para frenar una sublevación, Mama Carmen se quedó al frente del fortín donde servía y en el que habían quedado solo mujeres. 

Dispuesta a defenderlo de los malones, la sargento les pidió a sus compañeras que se pusieran uniformes, les pintó con corcho barbas y bigotes, les hizo recogerse pelos y trenzas, y las mandó a montar guardia. A la distancia, los indígenas veían que en el campamento había soldados y no se atrevieron a invadir. Hasta que otros decidieron atacar igual y, oh, sorpresa, fueron implacablemente repelidos por un ejército de bravas mujeres al mando de Mama Carmen. 

Pero no fue esta la única hazaña de esta fortinera: Mama Carmen también se enfrentó cuerpo a cuerpo con el hombre que había matado al cabo Ledesma, el más pequeño de sus quince hijos y el único que quedaba vivo. Después de apuñalarlo, no solo le cortó la cabeza, sino que la ató a la cola del caballo en el que llevaba el cuerpo de Ledesma. 

Otra de las pocas fortineras que pasó a la historia es la mendocina Carmen Funes de Campos, conocida como “La Pasto Verde”. 

Ella también tuvo grado de sargento y acompañó a su marido tanto en la guerra contra el Paraguay como cuando lo destinaron a un fortín en los márgenes de la cordillera de los Andes, durante la campaña de Roca. 

Por su epopeya, La Pasto Verde logró al menos que su nombre apareciera vinculado a las fundaciones de pueblos como Carhué, Puan y Trenque Lauquen, y también que le otorgaran una parcela en el medio del desierto sureño, donde siguió haciendo patria al construir un ranchito que fue posta en el desolado camino entre Neuquén y Zapala. 

Pese a que sin ellas la campaña por consolidar el territorio nacional no hubiese sido posible, casi todas fueron olvidadas a la hora de escribir la historia. 

FUENTE RESPONSABLE: “Mujeres insolentes de la Historia”. Felipe Pigna.

El tiempo y la vitalidad de la pintura de Noé

El pintor inauguró el viernes pasado una exposición en la que lo primero que impacta al ojo del visitante es el despliegue vital de su pintura. Entrevista.

Luis Felipe Noé inauguró el viernes pasado una exposición en la que lo más notorio es el despliegue de vitalidad de su pintura. El título de la muestra, “Tiempo sin edad” (tomado del libro de Marc Augé, El tiempo sin edad), de algún modo anticipa esa cualidad vital con la que se encontrará el visitante. Página12 entrevistó al pintor poco antes de la inauguración.

-En el libro, que Marc Augé publicó justo antes de cumplir ochenta años, se traza un suerte de etnología de la vejez a partir de la observación de sí mismo. Por otra parte, podría complementarse esta idea con la anécdota que Freud cuenta: en un vagón de tren cree ver a otro cuando pasa frente a un espejo, y en realidad se había visto a sí mismo.

-Creo que conservo la actitud vital de siempre, y aunque ya no soy aquel joven, por supuesto, trato de conservar la frescura. Y en este último sentido me siento más joven. Cuanto más aprendo, más joven me siento. En relación a la anécdota de Freud, cuando veo mis obras me pasa como cuando veo fotografías de uno: inmediatamente digo “sí, ese soy yo”; pero, al mismo tiempo, “ese” ya no soy yo. Y como creo en el caos, ese todo que nos supera y del que uno toma lo que pueda asir de ese gran marasmo, lo que veo son etapas de esa relación: porque siempre estoy en lo mismo, y sin embargo es siempre diferente. Es la vida misma, con todas sus contradicciones, e incluso con las categorías de “orden” y “desorden”, que son anécdotas en el proceso del caos.

-Tal vez sus nuevas pinturas están en sincronía con este tiempo.

-El tiempo va cambiando, es muy distinto: cada vez me asombro más. Creo que soy de este tiempo y me parece que estoy dentro y simultáneamente afuera de una permanente revolución cultural en torno mío y de la que soy testigo. No me refiero a una revolución cultural como la que se dio en China, que era desde el poder, sino de la que viene desde la base, desde parcialidades que se van juntando y van revelando un mundo absolutamente nuevo, con la obtención de reivindicaciones que lo hacen totalmente distinto al de, por ejemplo, el mundo de hace veinticinco años. Y por otra parte, en esa revolución, lo que aún está trabado es la conciencia ecológica, pero está trabada por intereses.

-En esta exposición hay cuadros de grandes dimensiones; también los hay de formato mediano y hay un grupo de cuadros muy pequeños, con citas literarias. El despliegue de los cuadros grandes y medianos es algo casi “natural” en usted, pero ¿cómo pasó de aquella expansión a estos cuadros chicos?

-Los cuadros pequeños los planteo más bien como fragmentos, porque a mí me cuesta más hacer un cuadro chico que uno grande. Es un problema de la relación con el espacio. Y yo en cada cuadro trato de involucrar todo el despelote… y no sé cómo hacerlo en uno pequeño. Por eso el concepto de “fragmento” me ayudó a poder hacerlo. Y si bien siempre jugué con las palabras del título, quise jugar con citas de autores. Y así vino el fragmento Pessoa, el fragmento Rimbaud, el fragmento Macedonio, el fragmento Ungaretti… Ya últimamente escribía dentro de los cuadros mis propias ocurrencias para los títulos, cosa que a su vez me viene de la mecánica del dibujo.

-Una de las obras más deslumbrantes de la exposición es “Se mueve todo, nada se mueve”, tinta y acrílico sobre tela, de dos metros por tres. ¿Qué puede decir de este cuadro?

-El título de esta pintura está emparentado con aquella gran obra que hice para la Bienal de Venecia. Aquella se llamaba “La estática velocidad”, que era una paradoja en relación con el movimiento. Y en esta otra quise dar la sensación de que todo está en estado de movimiento, aunque la pintura por supuesto es estática. Este cuadro es también un modo de respuesta a los artistas que buscaron darle movimiento a todas esas experiencias geométricas: mi idea es que ese concepto puede representarse.

-Desde hace unos veinte años usted sistematizó, tal vez por autoexigencia, la costumbre de presentar una exposición por año para esta fecha.

-Soy un poco hijo del rigor y estas muestras anuales me obligan a estar activo. Toda la obra de esta exposición la hice durante 2021 y en este sentido la pandemia me ayudó a concentrarme, no solo en la pintura sino en la escritura. Tengo ochenta y ocho años y aunque no le tengo miedo a la muerte, sí le tengo terror a la muerte en vida, a no ser completamente dueño de mi mismo, por eso estoy muy contento y quiero terminar el libro que estoy escribiendo, Asunción del caos, que me interesa mucho y del que ya hablamos en otra entrevista anterior.

* En la galería Rubbers, Avenida Alvear 1640, hasta mediados de diciembre. 

Imagen de portada: «Se mueve todo, nada se mueve», de Luis Felipe Noé; tinta y acrílico sobre tela, 200 x 300 cm, 2021.

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura. Por Fabián Lebenglik. Noviembre 2021

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