Enrique Breccia: «Yo me tengo que divertir, ya que pagan poco, que al menos me divierta»

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Enrique Breccia (Buenos Aires, 1945) es pintor, ilustrador y, sobre todo, uno de los grandes maestros del cómic internacional. Hijo de Alberto Breccia, empezó colaborando con él en cómics como Mort Cinder y El Eternauta. 

Su primer trabajo firmado fue La vida del Che que realizó junto con su padre y el guionista Héctor Oesterheld. Un cómic que fue secuestrado por los militares argentinos y del que solo queda un dibujo original que posee uno de los oficiales encargados de hacer desaparecer aquella primera edición. Desde entonces ha trabajado en el mercado europeo con obras maestras como Alvar Mayor, con guion de Carlos Trillo, o El Sueñero. Para el mercado americano ha realizado episodios de La cosa del pantano, Batman o la novela gráfica Lovecraft, entre otros.

Nos reunimos con Enrique Breccia en el Innside by Meliá de Zaragoza en el marco de las actividades Marzo de Cómic que organiza la Fundación Caja Rural de Aragón para conversar sobre su obra y su intensa trayectoria personal de la que rescatamos algunos divertidos pasajes. Enrique es lúcido, directo y tiene una fuerza vital arrolladora. Con el corazón en la Pampa argentina, Enrique vive y trabaja en Italia, un país en el que acaba de publicar Viaje a Venecia.

En tus primeros años aprendiste mucho de una persona: tu abuelo materno, Nicolás, un inmigrante asturiano muy especial. Cuéntanos cómo te enseñó a pelear.

Toda una vida de azar, de peripecia. A los diecisiete años se fue de polizón en un barco a Cuba para escapar de la guerra de Marruecos y, bueno, ahí hizo de todo. Me acuerdo de que nos contaba historias y, si nos poníamos en la puerta de mi casa (era una casa muy humilde, en suburbios, en una calle de tierra, llena de baldío, de caballos y de todo) y pasaban muchachos, él decía: «¡Eh, escucha, chaval! Este —señalándome a mí— dice que tu madre es una puta». 

Entonces los muchachos cruzaban y preguntaban: «¿Lo has dicho?». Y yo decía que no. Y qué iba a hacer. La primera vez dije que no y la lie de todas formas. Y, bueno, como yo era bajito, era fuerte pero muy bajito, y lo sigo siendo, la liaba y me rompían la cara, pero me hizo bien, me hizo mucho bien. Me acostumbró a la violencia. Vivimos en un mundo grave, en un mundo complicado, así que fue una excelente experiencia.

Al contrario que a la saga de los Breccia, te gustan más las lechuzas que los gatos. ¿Cómo se llevaba tu lechuza con sus gatos?

Se llevaba pésimo. Mi lechuza se llamaba Mina-Mina. Un amigo mío la había cazado en el campo y le había cortado las alas. La pobrecita no podía volar. Era una lechuza vizcachera. Son unas lechuzas muy chiquititas que viven en el suelo, en una cuevita, generalmente en la cueva abandonada de una vizcacha, que es un roedor de campo de la Pampa. 

Y, bueno, me la llevé a casa. Teníamos una cantidad enorme de gatos, teníamos diecinueve gatos, era una brutalidad. Les tirábamos de comer bofe, pulmón de vaca, cortado en pedacitos, a boleo, como quien siembra, y la lechucita esta (a la que, poco a poco, le iban creciendo las alas, pero todavía no podía volar) trepaba caminando a un árbol (que hay un pino, pues arriba) y esperaba a que los gatos se acomodaran a comer. Entonces bajaba, los picoteaba y les robaba la comida. Así que se llevaba muy mal con ellos.

Enrique Breccia para Jot Down

Aunque tu verdadera pasión animal son los caballos…

Sí. Definitivamente, sí. Creo que el animal más hermoso que Dios ha hecho es el caballo, sin ninguna duda, en todos los sentidos. 

De hecho, los caballos son protagonistas en tus cómics…

Son protagonistas de mis cómics, y también fueron protagonistas de mi vida durante muchísimos años. Yo he vivido en el campo gran parte de mi vida y, sí, ahí criaba caballos con un amigo. Los comprábamos potros, los amansábamos y los vendíamos. Llegué a tener veintitrés. Uno de ellos, el último, murió hace muy poquito: un tobiano colorado, un caballazo maravilloso.

Aunque los caballos italianos no te gustan tanto.

[Risas] No existen los caballos italianos. Es otra cosa. Primero, no tienen variedad de pelo, son feos. Bueno, es mi opinión. Acá, ojo, el único que sabe de caballos soy yo [risas]. 

No, no me gustan los caballos italianos. Tengo una anécdota muy linda. Cuando vivía en el campo, mi vecino más cercano estaba a tres kilómetros y medio de mi casa. Vivía en medio de la soledad más total. 

En un lado estaba el océano Atlántico Sur, y en el otro, el campo helado. Este vecino era un criollo del lugar, con su familia, se llamaba Edgardo Márquez. Un criollazo. Y, bueno, éramos muy amigos. En invierno iba casi todos los días a su casa, me quedaba a comer ahí y, si el tiempo estaba feo, me quedaba a dormir. 

Las visitas en el campo suelen ser muy largas, uno va por dos horas y se queda dos o tres semanas. Recuerdo que, en 1975, fui invitado por primera vez a viajar a Italia para acudir al Festival Lucca de Cómics. Entonces, le conté que viajaba. Él no tenía ni la menor idea de nada, ni de lo que era un avión siquiera, nada. Mejor dicho, no tenía ni idea de cosas que tampoco valen la pena, tenía muchísima idea de las cosas que realmente cuentan. 

Estuve unos meses en Italia, y, cuando volví, fui a comer con ellos (con Márquez y su señora, doña Pancha, y los chicos, sus hijos), y me dice Márquez: «¿Cómo es Italia?». Y yo: «No sé, es un país diferente a este». Y la siguiente pregunta: «¿Y tienen caballos?, ¿cuántos caballos hay?, ¿dónde tienen los caballos?». Y yo: «Bueno, no hay caballos». «¿Cómo?, ¿no hay caballos?». «No —le digo—, yo por lo menos no vi ninguno, la gente no anda a caballo». Entonces se quedó pensando y dice: «Pobres. Pobre gente».

¿Cuándo empezaste a dibujar? ¿Guardas dibujos de cuando eras niño?

Sí. Dibujo desde siempre. Yo era un chico muy gamberro, muy travieso y, cuando estaba enfermo (cuando tenía alguna enfermedad que requería cama), mi madre, para tenerme tranquilo, me había comprado unos cuadernitos escolares (de esos que vienen con las páginas en blanco) y me daba un lápiz y yo dibujaba. 

Ella los conservó y yo los tengo ahora. No todos, porque eran una infinidad de cosas, pero al menos cinco tengo seguro. De los tres a los cinco años, más o menos. Y ahí se ve la imaginería particular que yo tenía, porque dibujaba chinos con una nariz grande y con una coleta que había visto en alguna imagen, que sé yo. 

Y los tiburones. Los tiburones son animales que aparecen siempre en mis dibujos de esa edad. Una vez, cuando estaba en segundo grado de primaria, había que escribir un relato sobre la primavera e ilustrarlo. Yo dibujé un tiburón. Y, claro, la maestra me dijo: «¿Qué tiene que ver un tiburón con la primavera?». Qué sé yo, para mí era un tiburón primaveral.

Aunque tu familia no tenía dinero, fuiste a un colegio privado, ¿encajaste allí?

Mi padre tenía delirios de grandeza. Fue una decisión de él y le costaba un triunfo. Era un colegio norteamericano, un colegio Ward. Era un colegio enorme donde iban, por supuesto, hijos de familias pudientes. Tenía un régimen de medio pupilo y otro de pupilo. Yo era medio pupilo, entraba a las ocho de la mañana y salía a las ocho de la noche. Comíamos ahí y estábamos todo el día. 

Y, claro, ahí me sentía como un sapo de otro pozo. Realmente, era un sapo de otro pozo. Los chicos contaban historias de su familia, de sus cosas. Yo vivía en una casita hecha de adobe, en una casa hecha de barro. 

Y, cuando llovía mucho, entraba la lluvia dentro de la pieza y crecía yuyo dentro (malas hierbas), había que hacer de jardinero dentro del cuarto. Así que era una cosa completamente… no sé cuál es la palabra. Fue una cosa trasplantada, pero a la fuerza. Fue un injerto, pero un injerto que era imposible que prosperara de ninguna manera. Era un colegio bilingüe. Debe de ser por eso que me cuesta tanto el inglés, por una cuestión de resistencia natural. 

Ahí me sirvieron muchísimo las enseñanzas de mi abuelo Nicolás.

En aquella época estabas obsesionado por dibujar crucifixiones, ¿por qué?, ¿lo has psicoanalizado?

No. Nunca hice psicoanálisis en mi vida. Mi madre era una mujer muy devota. Mi madre y mi abuela materna, que era asturiana también (de Cangas de Tineo), mi abuela María. Y, bueno, me llevaban a misa y la devota era la virgen de Luján. 

Empecé a dibujar de muy pequeño una cantidad enorme de cosas, más de quinientas o seiscientas. Una cantidad enorme de crucifixiones. Conseguí algunas no hace mucho en un libro malhadado que se me ocurrió aceptar hacer. Y un amigo me mandó unos originales (que tenía no sé cómo ni por qué) y ahora los tengo yo. Son cuatro o cinco.

Tu adolescencia fue complicada y acabaste dejando los estudios en secundaria para ponerte a trabajar. ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?

El primero de todos fue estibar cajones de mercadería, de bebida, en un mercado enorme, que luego se hizo supermercado (fue el primer supermercado de Argentina y se llamaba Casa Tía), y quedaba relativamente cerca de mi casa. Como yo era muy fuerte (siempre fui físicamente muy fuerte, gracias a mi abuelo), ahí trabajé unos cuantos años. 

El otro trabajo fue en un caño en Argentina (son barcitos que hay en los andenes de las estaciones de trenes). Hacía el turno de noche y manejaba la panchera, una cosa para hacer panchos (perritos calientes). Entraba a las ocho de la noche y hasta la mañana siguiente.

Y ahí seguías dibujando por placer, ¿no?

No, no dibujaba ahí.

En aquella época, de forma desinteresada, colaboras haciendo fondos y viñetas completas en cómics famosos, como Mort Cinder o El Eternauta. ¿Te afectaba no ver tu nombre en los créditos?

No, me afectó mucho después. En ese momento lo tomaba como una cosa, no digo natural, pero ni pensaba en eso. Yo no esperaba que mi nombre apareciera en Mort Cinder, que era una obra de mi padre (yo simplemente estaba ahí, colaboraba, ayudaba), pero sí en El Eternauta, porque fue una obra hecha entre los dos (tú me traes un ejemplar y te lo puedo mostrar página por página, son muchas…). 

Pero tampoco me afectó mucho eso. Pero una vez… Mi padre también trabajaba, igual que yo, para la editorial Atlántida, para la revista Billiken (que es una revista infantil), y un día encargaron una ilustración. 

La dibujé y pinté yo, y, cuando la estaba terminando de pintar, me dijo: «Ojo, no se te ocurra firmarla». Contesté: «No iba a hacer nada, tranquilo». «No, no, porque la tengo que firmar yo». Esa fue la única vez que algo me sonó mal, pero, bueno, lo dejé pasar. Pero después me jodió. 

Sí, porque, además, tú dominabas los colores… De hecho, hasta fabricabas tus propios colores con plantas.

Estuve experimentando durante toda mi infancia, sí. Con dos cosas: fabricándome colores y haciendo armas primitivas.

Enrique Breccia para Jot Down

No sé si quieres hablar de aquella vez que ayudaste a los vecinos con los perros… 

[Risas] Estás muy informado.

Volvamos a los colores.

A los colores, sí. Hacía colores con flores, con plantas, machacaba las plantas. Me gustaba eso. Y con alquitrán de la calle, del asfalto de la calle. 

Lo derretía, lo mezclaba con carbón y hacía unas tonalidades claras… Mucho de eso hay en El Eternauta

A mi padre se le ocurrió que El Eternauta tenía que ser experimental. Yo no estuve de acuerdo y se lo dije. Héctor Oesterheld también se lo dijo. Le dijo: «Ojo, que esto va para una revista y además masiva. Dejemos el experimento para otra cosa». 

Bueno, se empeñó en que tenía que ser experimental, pero me dijo: «Encárgate vos de…». ¡La puta que te parió! No solamente no podía firmar, sino que además tenía que experimentar [risas].

Qué mejor manera de experimentar: ¡que firme otro!

Experimenté y ahí salió. 

Hasta que firmas tu primer trabajo: Vida del Che. ¿Qué recuerdas de ese cómic?

Ese fue un trabajo que a mí me cambió, no digo la vida, porque tampoco es para tanto, pero fue muy importante. Muy importante. 

Primero, porque fue el primer trabajo pagado. O sea, la primera vez que me pagaban por dibujar, lo cual para mí fue una maravilla. Era mejor que estar haciendo sándwiches de noche, entre putas y ladrones en la estación, o bajando cajas de cosas. 

Esos días hacía por mi cuenta, porque tengo estudio, grabado en madera. Y, bueno, la estética del Che responde a eso. Era lo que yo estaba haciendo básicamente en blanco y negro puro. Conseguí una cartulina inglesa que se usaba en publicidad y ya no se fabrica. 

Se podía raspar (tenía como cuatro milímetros más de altura de una capa de yeso muy lisa), entonces uno ponía la tinta ahí y se raspaba. Mi parte del Che está hecha con un cuchillo, así que estéticamente es un trabajo que me sigue gustando todavía hoy. Creo que es un trabajo, si me permitís, sin ningún tipo de arrogancia. Estoy lleno de defectos, pero la vanidad no es uno de ellos. 

Creo que es un trabajo realmente valioso, que sigue teniendo vigencia estética todavía ahora, con cincuenta y algo años.

Decía Hugo Pratt que uno de los cometidos del cómic podría ser el de crear los grandes mitos contemporáneos. ¿Contribuyó este cómic a engrandecer la figura del Che?

Tuvo una gran difusión porque se vendió muchísimo. 

El primer y el segundo día de su salida se vendió como pan fresco. Después, inmediatamente, los militares (que no eran gilis) se dieron cuenta de que eso no iba bien y entraron a la editorial. 

Secuestraron toda la edición, quemaron todos los originales menos uno: la página que son dos viñetas, una de la muerte del Che (con la carita de él) y otra que dice: «Dispará». Uno de los dueños de la editorial Atlántida era un hombre muy rico y amigo íntimo del ministro del Interior (en aquella época, civil del Gobierno militar del general Onganía). 

Esta persona, que se merece toda la confianza, sobre aquel original me contó: «Mira, tu página la tiene Borda enmarcada en el comedor de su casa. Le puso una flor de marco, una luz arriba». El tipo está encantado con eso. Por lo menos… 

En una Argentina convulsa como la que viviste. ¿Ser el autor de esta obra te señaló de algún modo? 

No, porque sobre Che se han dicho muchísimas tonterías. 

Yo creo que el origen de eso (de todas las cosas que se cuentan acerca de Che) fue una nota que hizo mi padre, un comentario. Yo no estuve presente, así que no sé si lo dijo en serio o en broma. 

Pero dijo que él había enterrado en el jardín de su casa ejemplares de Che. ¿Para qué? Si hacía un mes que los militares habían secuestrado toda la edición. ¿Para qué enterrar un ejemplar? Es más, el Che seguía circulando, así que eso es mentira. Tampoco es cierto que hayamos recibido, ni mi padre ni yo, amenazas por el Che

¿Cómo viviste la muerte de Oesterheld y sus hijas? 

En ese momento yo estaba en una provincia del norte de Argentina (pasé bastante tiempo ahí). Me avisó un compañero, me dijo: «Mira, nos enteramos de que chuparon a Héctor». Lo de las hijas había sido previo y, bueno, me afectó. 

Sí, me afectó. Se dice frecuentemente (lo he leído) que lo mataron por ser un guionista de historietas, por haber hecho Vida del Che, La Guerra de los Antartes o El Eternauta. No es cierto. 

Lo mataron porque era un militante en Montoneros. Yo no tengo nada que ver con los Montoneros, pero, si le sacamos la razón de su muerte, habrá sido realmente un sacrificio en vano. Los militares no mataban guionistas de historietas, realmente. No eran boludos. Eran jodidos pero boludos no.

¿Es posible ser apolítico en Argentina?

Ser apolítico en Argentina es ser político en Argentina. 

Ya es tener una opinión política seria en Argentina. Creo que de todas maneras últimamente hay un exceso, pero no de política: una cosa es militar en política, y otra, ideologizar todo, incluyendo la realidad. Esto es lo que está haciendo, lamentablemente, el Gobierno actual. 

Esta es una de las características del progresismo y, por eso, para mí es ahistórico, está fuera de la historia. Lo ideologizan todo y no es posible: la realidad no es así. 

Cuéntanos cómo conseguiste tu trabajo en Fleetway gracias a tu cuñado (Norberto Buscaglia).

Cuando mi padre ya trabajaba para Fleetway, tenía un agente italiano, Piero Dami. 

Un día fue a Argentina a ver a mi padre por tema de trabajo y se me ocurrió. Dije: voy a probar con este tano a ver cómo me va. Hice cuatro páginas, creo que eran de Robinson Crusoe. Era una adaptación mía, casi sin texto, pero para que viera el dibujo, más que nada. Y, bueno, se lo llevé, todo ilusionado. 

El italiano lo miró y me dijo: «No, te aconsejo que te dediques a otra cosa. Para esto no naciste, estudia violín, qué sé yo, farmacia o bioquímica». 

Y añade: «Enrique, vos sos el hijo de Alberto Breccia, vos no le llegás ni a la altura de los zapatos». 

«Soy un pendejo muy joven», le contesté. Pero me quedó eso, qué tan hijo de puta. 

Entonces volví a casa, dejé pasar unos cuantos días, hice otras páginas, con un estilo absolutamente diferente, y se las llevé. Le dije: «Aprovechando que estás aquí, te traigo esto. Es el trabajo de un amigo al que le gusta el dibujo». 

Afirma: «Ves, Enrique, ves de qué manera se dibuja». «Sí —contesto—, ya me doy cuenta». Me contrató directamente: «Necesito a este dibujante en mi equipo». Y yo pensé: a ver qué carajo hago ahora. Tenía que elegir a alguien que ya existiera. Hablé con mi cuñado Norberto Buscaglia (un gran tipo, casado con mi hermana Cristina), y nos divertimos muchísimo con la ocurrencia. 

Le conté a Dami que el dibujante se llamaba Norberto Buscaglia. El primer guion que me mandó fue Spy 13, de un personaje que estaba haciendo en ese momento Claude Moliterni, el argentino. 

Entonces fuimos a casa de Moliterni, que vivía bastante lejos de Buenos Aires. 

Fuimos en tren con Norberto. Moliterni estaba muy cansado desde hacía muchos años y lo quería dejar. 

Fuimos porque Dami insistió: «Vayan a verlo, que Norberto Buscaglia vaya a ver a Moliterni, para que lo interiorice, que le indique cómo es». Le enyesé el brazo derecho a Norberto porque sabía que Moliterni lo haría dibujar. 

Una cosa maravillosa, le hice un yeso profesional. No se lo podía sacar. Toda la mano con una faja acá, el pañuelo… [risas]. Y llegamos a casa de Moliterni (un gran tipo el Moliterni, una persona extraordinaria). Estuvimos tomando el mate toda la tarde hasta que dice: «En fin, yo tendría que darte indicaciones». 

Y contesto: «Bueno, dibujo yo por él porque mira cómo tiene el brazo. Se lo rompió jugando al fútbol». Y, bueno, ahí empezó una colaboración de siete u ocho años.

Y tu cuñado hizo algún guion para ti, ¿no?

Claro, él hizo la adaptación de La guerra de Argelia. Una gran adaptación. Escribía muy bien, era profesor de Latín, de Literatura. 

Después para mi hermana Cristina hizo adaptaciones de cuentos clásicos, de Shakespeare. Otra adaptación hermosa que me hizo Norberto fue La leyenda de Thyl Ulenspiegel, donde dibujé siete páginas (creo que fueron a color) y se publicaron en Linus. La guerra de Argelia también se publicó ahí. 

Enrique Breccia para Jot Down

Y entonces llega Alvar Mayor. ¿Cómo surge este trabajo?

Alvar me lo propone Trillo a fines del 76.

¿Ya habías trabajado con él antes?

No, con Carlos no. Nos conocíamos, pero no habíamos trabajado nunca juntos. Y me lo propone. Era una idea lindísima, un personaje extraordinario. 

Me dice: «Bueno, hagamos una muestra de unas páginas y se la llevo a Alfredo Scutti». En ese momento, Scutti dirigía la revista Skorpio, la argentina, que trabajaba con la editorial Aurea en Italia. Se lo llevó, se lo mostró y a Scutti le gustó (se lo mostró a su socio italiano, Alvaro Zerboni). 

Una semana después vuelve y me dice: «Pero ¿qué me hiciste? Quedé como el culo». Y yo: «Pero ¿qué pasa?». Me dice: «Eso es un plagio, plagiaste…». Contesto: «Pero ¿a quién plagié?». Y responde: «A Norberto Buscaglia» [risas]. 

Es extraordinario, es maravilloso. Se había preparado. Se ve que Zerboni le llevó una serie de ejemplares de Spy 13 (después hice para Fleetway un montón de historietas de guerra y un montón de revistas). Me dice: «Mira, aquí». Y le digo: «Pero que eso lo hice yo, que Norberto Buscaglia soy yo». Me contesta: «No, no me querrás enredar. Son plagios. Eres un mentiroso». Tuve que dibujar delante de él. Le dije: «Desocúpame el escritorio que te dibujo acá». La puta madre que te parió. 

En España, a Carlos Trillo se le considera uno de los más grandes guionistas de cómic. ¿Cómo era trabajar con él? Le pediste la reaparición de Tihuo.

Con Carlos era… Nos juntábamos en un café o en mi casa o en la de él y charlabamos sobre los guiones. Tuve muy pocos guiones escritos de Alvar Mayor. Él me lo contaba, yo lo dibujaba y después él metía los textos. 

Me contaba la historia y yo la iba haciendo. Era una cosa realmente muy simbiótica. La única vez en mi vida que pude trabajar de esa manera, por supuesto. Luego fuimos muy amigos. 

Y se trasluce esa complicidad. 

Exactamente. Ahora, la editorial francesa iLatina hizo una edición realmente hermosa y el otro día recibí el tercer tomo. Ya no lo recordaba, nunca lo tuve completo y, además, impreso. Volví a disfrutar ese momento, volví a vivir todo eso. Es realmente una linda historieta. 

Y reaparece Tihuo…

Claro, en un momento dado, no sé por qué, pero lo saca. Lo volvió a meter y ahí decidí hacerle la cara de Carlos Monzón, el campeón de box (a quien yo admiraba muchísimo). Pero salió poco, en pocos episodios, y luego desapareció de vuelta.

Haces Alvar Mayor íntegramente en blanco y negro, pero la revista lo publica en color con la participación de tu hermana Cristina, que falleció el año pasado. ¿Qué te pareció que se coloreara Alvar Mayor? 

Sí, Cristina hacía lo que se llamaba en ese momento la guía de color (que era papel transparente sobre la película e indicaba el color). Después salió y era un desastre. El color era realmente desastroso. No por culpa de Cristina, que era una gran colorista, sino porque la técnica de guía de color no funcionaba.

Porque las reimpresiones que se están haciendo ahora son todas en blanco y negro. Se quitó el color. ¿Estabas conforme con eso?

Por supuesto. Claro.

Carlos y tú siempre pensasteis que la leyenda negra española era un invento. De alguna manera, ¿no crees que los conquistadores españoles ayudaron a muchos pueblos indígenas a liberarse de la tiranía de los mayas o de los aztecas?

Estoy absolutamente convencido de eso. Pero no solamente yo: la historia lo dice. 

Bueno, ahora están tirando estatuas de Colón y…

Sí, pero eso es otra cosa. Los historiadores serios (antropólogos y arqueólogos) últimamente están sacando lo que realmente fue toda esa epopeya, que, a mi juicio, es la más extraordinaria de la historia de la humanidad. Sin ninguna duda. Esa y el viaje de Magallanes y Elcano. 

Cómo completaron el planeta descubriendo América y cómo los otros demostraron que era redondo con cinco naves que eran cinco cascaritas y quinientos hombres. Una maravilla. No me canso de admirar la historia española.

Ahora no se hubiera podido publicar Torpedo. ¿Qué piensas del policorrectismo que nos invade por todos lados?

Creo que es terrible. Se ha instaurado una suerte de macartismo de izquierdas, con este discurso único y este autoritarismo (porque son autoritarios, muy autoritarios). Como digo, este autoritarismo de la corrección política ha llegado a un estado de macartismo de izquierdas. 

Realmente, son fachitas de izquierdas. O se está de acuerdo con ellos o no se está, te cancelan y punto, desapareces. Y ahora, con las redes sociales y todo eso, eres un muerto en vida. Te matan, te liquidan. 

Además creo que es una enorme mentira. Y, además (no sé si es curioso, pero me parece que hay que destacarlo), los militantes de la corrección política (todo ese progresismo histórico y todo eso que se dicen a sí mismos) se definen antisistema y antiimperialistas. Sin embargo, esta cancelación y esta corrección política está instaurada desde el sistema y esta gente no son más que idiotas útiles del sistema. 

En realidad, es una manera de distraer, sobre todo a los jóvenes, de la verdadera lucha, de la lucha que debería darse y no se da. Y no se da porque están distraídos con la ideología de género, con el veganismo, con tantas bobadas, pero al sistema le funciona, le viene muy bien, porque descansan tranquilos.

Sí, lo que pasa es que una persona como tú, que dice lo que piensa, es un problema.

Es un problema. Es un problema real. 

En Italia, donde vives, se publicó a la vez Alvar Mayor que en Argentina. ¿Cuál es tu relación con este país? ¿Qué te ha dado? ¿Te sientes en deuda?

Estoy en Italia porque me casé con una italiana, más allá de eso… Soy muy conocido porque Alvar Mayor es muy conocido en Italia. No tanto como en los países del Este de Europa, Croacia, Montenegro, Bosnia, Serbia. No sé por qué, no tengo la menor idea, pero ahí es de una popularidad enorme. 

Se hacen ediciones. Me han invitado a Zagreb, a Montenegro. Una cosa rarísima, rara para mí. No sé, les gusta muchísimo. Pero en Italia se conoce mucho Alvar, así que soy muy conocido en Italia, sí. 

¿Tienes cómics en italiano que no se hayan traducido al castellano?

Sí.

¿Y eso por qué? ¿Porque te manejan mal los derechos? Porque tú en España y en el mercado hispano vendes. ¿Por qué no se editan tus obras aquí?

No tengo ni la menor idea.

Me parece extraño.

A mí también.

¿Tú tienes agente o no tienes agente? 

Tuve agente y mi experiencia ha sido realmente desastrosa.

Enrique Breccia para Jot Down

En España se asentaron grandes historietistas argentinos como Horacio Altuna. ¿Alguna vez tuviste el pensamiento de establecerte aquí?

Lo pensé cuando me contactó Toutain para trabajar para él. Le propuse El Sueñero, pero después no me pagó los primeros episodios y…

Es que Toutain tiene una historia…

En ese momento además mis hijos eran chicos. No había forma de vivir fuera de Argentina. Además, te digo, yo soy muy argentino, no puedo vivir fuera de Argentina. 

Esta es la realidad. Hace diez años que estoy viviendo en Italia, pero estoy escindido. Es así. No solamente es la familia, sino los amigos, el aire, todo. La llanura, el campo donde vivía, me hace falta y mucho.

Precisamente Altuna publicó en Twitter, el 23 de enero de este año 2022, algunas páginas tuyas. ¿Qué ha pasado con tu cuenta de Twitter? ¿Te has cansado de las redes sociales como espacio de diálogo?

Me cansé de contestar idioteces. Me cansé de aguantar putadas. Me puteaban de arriba abajo. Y perdía demasiado tiempo. Yo, según la experiencia con mi abuelo, no soy una persona que tenga miedo a pelearme, al contrario. 

Pero una cosa es pelearse a trompadas y otra cosa es pelearse por Twitter. Si venís, hacemos un pacto, vamos a un terreno baldío y nos pegamos una trompada, tranquilamente, a cuchillo, lo que quieras, pero, por Twitter, no. Me parece innoble. Me parece francamente innoble. 

La cuenta de Facebook es solo corporativa. ¿La llevas tú o tu mujer, Bárbara?

Bárbara lleva el Facebook y el Instagram. No me encargo de nada, ni sé manejar nada. 

Volviendo a los cómics. Después de Alvar Mayor, tu siguiente éxito fue El Sueñero, en 1984. He leído que te lo pasaste muy bien con este cómic. Háblanos de las historias de Ñato y de las diferentes etapas en la creación de este cómic.

Hice los tres primeros capítulos para Toutain. Después, cuando volví, hice un cuarto, en el que Ñato va a Londres para tratar de capturar a Hyde y se lleva a Jekyll. Me lo empezaron a publicar en la revista Fierro y decidí nacionalizarlo. 

Después de nacionalizarlo decidí peronizarlo directamente. Dije: voy a sacar realmente todos los gustos. Fue una historieta casi militante porque armó un revuelo terrible. El público de la revista Fierro era la progresía joven de aquel entonces, lo que se llamaba La Coordinadora del partido Radical del Gobierno de Alfonsín. Así que monté un revuelo impresionante.

Y llegaban cartas al director…

Una cantidad impresionante. Hasta tal punto que Juan Sasturain, el director de la revista, inauguró una sección que se llamaba «Piedra Libre». ¡Tírale piedra a Breccia! Por supuesto, no contestaba a ninguna. Pero era muy gracioso: me decían de todo [risas].

Y, además, hay mucha mitología de Buenos Aires.

Hay mitología rural. Era la mitología del lugar donde yo vivía.

¿Te criaste con esos mitos?

Sí, aunque también es una manera de simbolizar, porque la parte política de todo el tema empieza cuando el Sueñero llega al mar del Sur para contrarrestar la próxima invasión del gusano Grin-Ghó. En realidad, esta es la batalla cultural que se está dando ahora. 

Las oligarquías financieras internacionales a través del neoliberalismo, por un lado, y el progresismo, por el otro (en una maniobra de pinzas), meten sus categorías culturales tratando de borrar la identidad nacional.

Y los gringos lo consiguen, porque tu siguiente trabajo tiene lugar en Estados Unidos y, a partir de ese momento, dejas de trabajar para Argentina. En Marvel te encargan una historieta de Lobezno a color, «The Last Wolverine History», pero no se publica. ¿Sabes cuál fue la razón?

Sí, primero me llaman de Marvel para proponerme una idea formidable de un editor joven. No sé cómo será ahora, pero en ese momento en Marvel los editores podían hacer pasantías, y este joven muchacho estaba lleno de nuevas ideas. Me proponen esta historia sobre un Wolverine viejo que muere. Hice un preview de doce páginas a color. Un trabajo muy lindo.

Las ilustraciones son preciosas y además ahora se han puesto de moda en internet. Se publican sin texto para que no haya problemas de derechos de autor me imagino. 

Claro, supongo que será por eso. No sabía que estaban saliendo ahora. Bueno, no prospero, pero era lógico. 

Ya se lo dije cuando viajé a Nueva York para cobrar esas doce páginas. Me reuní con este muchacho (con este editor) y con otra gente y les dije: «Esto no puede ser, es un superhéroe, no puede morir». 

Y él repuso: «No, pero la idea está bien hecha. ¿Cuál es el problema de que muera un superhéroe? Si pueden volar, pueden resucitar. La idea no es que muera sino que muera y resucite». 

Estando ahí (estuve un mes más o menos), un amigo del editor me dice: «¿Por qué no venís a DC Comics y te presento?». Y fui. (Total, no tenía otra cosa que hacer). 

Me presentó a Karen Berger (que en ese momento dirigía Vertigo) y, para mi asombro absoluto, esa mujer conocía toda mi obra. Conocía todo, una cosa impresionante, incluyendo cosas como Los enigmas de P.A.M.I. o Los viajes de Marco Momo (ambas las hice con Carlos Trillo). Sería de la CIA seguramente. De inmediato me dio trabajo. De inmediato. Esa misma tarde. 

¿La cosa del pantano?

No. Me dio Batman y otra de veintidós páginas que no recuerdo ahora, sobre unos superhéroes que eran tres o cuatro. Bueno, no sé, no recuerdo. Yo me tenía que volver ya a Argentina y ella me dijo: «Bueno, vuélvete. 

Vamos a ir preparándote La vida de Lovecraft y La cosa del pantano». Y así fue. Apenas llegué a Argentina terminé con esta historieta, hice las ocho páginas de Batman y enseguida me llegó el guion de…

Legión.

Sí, Legión.

Y de La cosa del pantano haces incluso la portada.

Sí, hacía todo.

De eso sí que tienes los originales porque los americanos son… 

Absolutamente respetuosos. Es más, en ese momento había una cláusula en el contrato donde decía que, si algún original (porque deben mandar los originales, esto del escaneo no existía) se arruinaba en el viaje, a mí me pagaban no me acuerdo si tres mil o cuatro mil dólares. Rezaba para que el del correo lo rompiera todo. 

Sobre La biografía imaginaria de H. P. Lovecraft, ¿qué funciona mejor en el terror, el blanco y negro o el color?

Yo hubiera querido hacerlo en blanco y negro, pero ellos quisieron que lo hiciera en color y Karen conmigo se portó muy bien. Me dio libertad total tanto en Batman como en Swamp Thing (La cosa del pantano). 

Experimenté directamente, hice hasta óleo, acuarela, de todo. Ahora se reedita en iLatina. La misma editorial francesa que hizo una edición bellísima de Alvar Mayor y también de De mar a mar (que no se había vuelto a editar). Ahora sale para septiembre Lovecraft con una tapa nueva para ese ejemplar. 

En 2006 empiezas en el mercado francés con Los Centinelas, una historia ambientada en la Primera Guerra Mundial cuyo protagonista es un mutilado al que han mejorado mecánicamente. Hay críticos que piensan que es un cómic un poco gore. ¿Era mandato del guion o fueron aportaciones propias?

No, era la Primera Guerra Mundial. Si tiraban una bomba o una granada, supongo que no van a salir con un dedo fracturado. Me gustó hacerla. 

Era mi primera experiencia con el mercado francés así de largo aliento, digamos, porque fueron cuatro libros. Tenía muchas dificultades con el guionista. Ojo, Xavier Dorison es un guionista muy talentoso, muy muy talentoso. Pero ahí comprobé (y lo sigo sufriendo ahora porque sigo trabajando con ellos) que, para los franceses, lo más importante es el guion. 

El dibujo es casi subalterno porque al público francés le gusta mucho leer. Por tanto, hay texto en todas las viñetas, mucho texto. Si en una viñeta hay diecisiete personajes, hablan los diecisiete. 

Una cosa impresionante. Entonces, yo le decía: «Xavier, me estás obligando a dibujar la Primera Guerra Mundial en estampilla porque tengo que hacer figuritas chiquitas así». Pero, bueno, más allá de todas estas cosas y algún desencuentro con Xavier, lo hice con gusto.

En el libro de Gonzalo Santos, Mi padre y yo. Conversaciones con Enrique Breccia, comentas que uno de tus últimos trabajos, Tex, no te emociona mucho. ¿Se te hacen pesadas las series con protagonistas eternos a lo Corto Maltés?

En general, no me gusta hacer personajes de otros. 

Alvar Mayor.

Pero es un personaje creado por mí. 

No te gusta estar veinte años con el mismo personaje. Como Corto Maltés.

Yo eso no lo podría hacer. Me aburro. Yo me tengo que divertir, ya que pagan poco, que al menos me divierta. 

En 2017 se publica Oltre, un libro de tu artwork para coleccionistas. ¿Por qué no se publica en castellano para Argentina y España?

Hay un montón de cosas, pinturas. Y qué sé yo. No sé por qué. 

Y además está agotado.

Sí, se vendió en Francia. Y tuvo mucho éxito. Hay una versión francesa. No sé por qué no está aquí. Y lo lamento.

Y tu faceta de pintor. Es muy difícil ver tus cuadros, pero ahí sí que aparecen. Publican tus ilustraciones.

Sí, bueno, porque ilustro para el Zorro Rojo, una editorial de Barcelona, y ellos me dan la oportunidad de ilustrar, pero, si no, tampoco aparecería nada mío en España. No sé qué pasa. 

Hay varios libros, el de Cortázar…

Hice varios… Knock Out, de Jack London. Ahora para 2023 tengo que hacer la biografía de Magallanes de Stefan Zweig. Se me está haciendo la boca agua. Y, de Orwell, Rebelión en la granja. 

Estás teniendo mucho trabajo ahora.

Que no puedo hacer porque me tiene realmente absorbido el segundo tomo de Golgotha (la novela gráfica para Francia, tres tomos). 

Eso me absorbe absolutamente todo el tiempo porque es de una dificultad enorme, tanto en documentación como… Antes de venir para acá tuve que hacer un cuadro (una viñeta) de la construcción del Coliseo romano. Una cosa impresionante. Diez millones de tipos laburando, máquinas. A los franceses les gusta todo eso: la arquitectura, planos generales. 

Esperemos que sí se traduzca tu último cómic. Háblanos de Viaje a Venecia.

Ahí sí disfruté realmente, pero tuve que parar todo (o sea, dejar de ganar, para hablar en criollo) en diciembre y lo terminé el otro día. 

Lo he visto en Facebook y sale solo en Italia.

Creo que no va a salir en España. No sé qué pasa en España.

Enrique Breccia para Jot Down

Imagen de portada: Por Ángel L. Fernández

FUENTE RESPONSABLE: Por Jot Down. Por Ángel L. Fernández Recuero. 

Sociedad y Cultura/Argentina/Arte y Letras/Comic´s/El arte del engaño/Ilustración/Tebeos/Entrevista.

Un libro argentino ganó el premio más importante de la ilustración en el mundo.

Se trata de “Todo lo que pasó antes de que llegaras”, de Yael Frankel, publicado por el sello Limonero.

El premio más importante de la ilustración en el mundo fue para el libro de una artista y una editorial infantil y juvenil argentinas: el precioso “Todo que pasó antes de que llegaras”, de Yael Frankel, publicado por Editorial Limonero, obtuvo el preciado Premio Bologna Ragazzi 2023 en la categoría Ficción. 

Así lo anunció la Feria del Libro Infantil de Bolonia, uno de los eventos más importantes del mundo editorial dedicado a las infancias, cuyo galardón anual significa algo así como “el Oscar de la Ilustración”. El reconocimiento será entregado en marzo próximo, cuando del 5 al 8 de ese mes se desarrolle la más importante feria profesional de libros infantiles del mundo, que en su 60° edición tendrá una programación especial para el aniversario redondo. 

Todo lo que pasó… asume con belleza la voz de un niño que le cuenta a su hermano por venir todo lo que le espera cuando llegue y todo lo que pasó antes. Como suele ocurrir cuando hablan los niños y las niñas, las frases y los dibujos de trazos más simples redondean profundas reflexiones sobre las relaciones familiares, lo que cambia y lo que permanece, el paso del tiempo, la vida misma. 

Su autora, la argentina Yael Frankel, ha obtenido reconocimientos por otros libros como A simple vista, editado en Chile, seleccionado para el catálogo White Raven; Contame más, ganador del premio al mejor libro álbum otorgado por ALIJA IBBY Argentina; o El ascensor (también editado por Limonero), ganador del primer premio del Festival de Literatura para niños de Sharjah, Emiratos Árabes, y el de la Feria Internacional del Libro Infantil de Moscú, en la categoría libro de autor.

“Pasan las horas y todavía no puedo creer esto del premio”, comparte su asombro y alegría Frankel en diálogo con Página/12. “Me enteré por la mañana, cuando iba caminando hacia mi estudio y me llamó el editor, Manuel (Rud). 

Me reí y lloré ahí en la calle, en partes iguales. Estoy feliz, emocionada, sorprendida, todo junto y mucho. Espero que estos sentimientos se vayan aplacando un poco, así me puedo poner a trabajar”, dice con una sonrisa. Y agradece “a los editores de Limonero, que apuestan por mí y trabajan conmigo en cada libro, son dos capos idóneos, super entusiastas y creativos. Es un placer enorme formar parte de su catálogo”, asegura. 

Todo lo que pasó… fue elegido en Bolonia entre 2349 títulos presentados por 644 editoriales de 59 países y regiones de todo el mundo. 

“Con dibujos infantiles minimalistas a lápiz y carbón, escrito y dibujado desde la perspectiva de un niño pequeño que espera un nuevo hermano o hermana, este es un libro elaborado artesanalmente”, destacó sobre el libro el jurado (la alemana Doris Breitmoser, el italiano Riccardo Falcinelli, Orna Granot, de Israel y Dee Lalljee, de Reino Unido).

“El narrador se dirige al bebé por nacer con historias, pensamientos y recuerdos significativos, capturando momentos de la vida familiar cotidiana con humor, cuidado y autenticidad. Cada página es una forma de expresar lo universal dentro de lo personal, describiendo cómo las familias se enfrentan al cambio, antes de que llegue un nuevo bebé”, agregó.

El premio 

El Premio Bologna Ragazzi distingue los mejores libros para niños y jóvenes publicados en todo el mundo, reconociendo “la calidad de su diseño gráfico editorial, la innovación y el equilibrio, junto con su capacidad para crear un diálogo con los lectores jóvenes”. 

Junto a la categoría Ficción, se premia también No Ficción, Ópera Prima, Cómics y,este año, también Fotografía. Se suma el BRAW New Horizons, un premio especial que el jurado otorga a una obra que destaca por la innovación de su producto editorial.

“Este premio es uno de los mayores reconocimientos que el sector de la LIJ puede dar. La feria de Bolonia es la meca del contenido para infancias y esta distinción, además de visibilizar la extraordinaria obra de Yael, es una ventana abierta para divulgar el proyecto y catálogo del Limonero entre editores, especialistas y lectores del mundo entero”, celebraron los responsables del sello, Luciana Kirschenbaum y Manuel Rud.

En el año 2019, Limonero había sido distinguido en esta misma feria como mejor editorial de América del Sur y América Central.

Imagen de portada: Ilustración de “Todo lo que pasó, antes de que llegarás”.

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Argentina. 

Sociedad y Cultura/Ilustración/Premio/Argentina/Yael Frankel.

Buenos Aires tiene un árbol de cristal: dónde se ubica este Monumento Natural poco conocido.

Este ejemplar único en su especie está localizado en un pueblo bonaerense. Entrá y enterate de qué se trata y cuál su historia.

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Ubicado en el límite entre las localidades de La Plata, Florencio Varela, Ensenada y Berazategui, en la Provincia de Buenos Aires, está el Parque Pereyra Iraola. El terreno tiene una amplia extensión de 10.246 hectáreas, con una antigua estancia llamada San Juan.

Dentro del parque se encuentra una de las atracciones más conocidas del lugar: el árbol de cristal. Traído a mediados del siglo XIX desde Indochina por el propio Leonardo Higinio Pereyra, resulta ser el único en su especie que logró sobrevivir en Sudamérica.

Árbol de cristal.Provincia de Buenos Aires

Árbol de cristal: ¿cuál es el origen de su nombre?

Esta especie, llamada científicamente Agathis alba, recibe su apodo por el efecto óptico que se genera cuando la luz se refleja en la resina de su tronco. De la familia de las araucarias, presenta manchas rojizas en determinadas épocas del año.

Cabe destacar que la planta fue declarada Monumento Natural por la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires y habita el área donde se hallan el 36% de las especies superiores vegetales bonaerenses, además de unas 200 especies de aves.

Además, es una de las especies que Pereyra Iraola había traído al país para representar a los jardines ingleses. Para eso, contrató al paisajista belga Carlos Vereecke, quien se encargó de diseñar el parque, compuesto en un 90% por especies exóticas.

Este ejemplar atrae a cientos de personas que organizan caminatas y paseos en bici para conocerlo, ya que se encuentra en un sendero inaccesible para autos.

Imagen de portada: Gentileza Gobierno de la Provincia de Buenos Aires; Argentina.

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito. 28 de enero 2023.

Sociedad y cultura/Naturaleza/Árbol de Cristal/Argentina/Sudamérica.

Café Martínez, la cadena que nació de un amor prohibido y hoy tiene más de 200 tiendas en Argentina y la región.

Los Salas Martínez rompieron el mito de que la tercera generación es la que funde las empresas familiares:. A 90 años de su creación, las claves del éxito.

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Los hermanos Salas Martínez, sin proponérselo, rompieron el mito de que la tercera generación es la que funde las empresas familiares. El caso de Café Martínez fue lo contrario: Marcelo, Mauro y Claudia convirtieron el negocio fundado por su abuelo hace casi 90 años en una cadena de 201 tiendas (entre propias y franquicias) que operan en Argentina, pero también en Uruguay, Paraguay y Bolivia. 

¿Cuál fue la clave? «La profesionalización, el armado de equipo, pero fundamentalmente el interés genuino de ayudar a otros a que también alcancen el éxito», asegura Marcelo Salas Martínez, socio director de la cadena.

La historia de Café Martínez es la historia de amor prohibido entre Atiliano Martínez y su prima hermana Justa. 

Empezó en secreto en Pola de Lena, el pueblo asturiano de dónde eran y terminó en Argentina donde decidieron radicarse para formar su familia y huir de la Guerra Civil Española que ya se vislumbraba  y de la que Atiliano estaba decidido a no participar; unos años antes él ya había puesto el cuerpo y casi su vida peleando en África contra los Moros.   

En suelo argentino Atiliano encontró trabajo en Casa Torres, una de los principales tostadores de café de la ciudad y allí conoció a su segundo gran amor: el café. Habiendo aprendido el oficio y entendido las claves del negocio decidió independizarse. Arrancó en 1933 con el nombre El Convidado.

Empezó en un pequeño local alquilado de la calle México hasta que en los años 60 puedo comprar el inmueble de Talcahuano al 948 a metros de la calle Marcelo T. de Alvear, local que aun hoy funciona y donde pronto, con apoyo de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, funcionará también un museo que recorrerá la historia de Buenos Aires a través de la historia de la empresa y el café.

Desde 1995, los hermanos Salas Martínez fueron abriendo sucursales de Café Martínez y luego franquiciaron.

El negocio del matrimonio Martínez era importar café, tostarlo y distribuirlo; Justa entre las personas que pasaban por la puerta del local y su marido a través del  canal mayorista. 

«La marca era El Convidado, pero la realidad es que los clientes lo identificaban más por su apellido por lo que terminó adoptando el nombre de Casa Martínez; después nosotros cuando ingresamos a la empresa directamente le pusimos Café Martínez», relata Salas Martínez a iProfesional.

Atiliano falleció en 1975 y la empresa quedó en manos de su viuda (que falleció en 2005), de Olga, la hija del matrimonio y de Paulino Rodríguez, un socio que tuvieron hasta los ‘80 cuando se le compró su parte y la familia fundadora quedó como única propietaria

Durante 60 años el negocio fue próspero, pero mantuvo su estructura tal como la había armado Atiliano hasta que, a partir de 1995, fueron entrando a trabajar a la empresa Marcelo, Mauro y Claudia, tres de los seis hijos de Olga Martínez de Salas. Ellos revolucionaron la empresa familiar y el rubro.

«Mauro ingresó en los ‘80 y una de las cosas más importante que hizo fue la gestión de la compra de la parte del socio y puso en orden las cuestiones administrativas del negocio. Después ingresé yo en el ‘85 y un tiempito después Claudia. Entre los tres empezamos a pensar cómo hacer crecer el negocio», relata Salas Martínez.

El primer resultado de ese encuentro entre los hermanos fue el desarrollo de concepto de café gourmet, hoy llamados café de especialidad. Como en 1933, los hermanos Salas Martínez importan el café, lo tuestan y lo distribuyen, pero a diferencia de sus abuelos, ahora lo hacen desde sus propias cafeterías con su propia marca. 

«Lo que hicimos fue que el café deje de ser el punto final de los acontecimientos para convertirse en el punto de partida, logramos que el café sea el protagonista», explica el empresario.

Desde 1995 y paulatinamente los hermanos Salas Martínez fueron abriendo sucursales, pero cuando llegaron a la quinta en el 2000 se dieron cuenta que ya solos no podían; si querían seguir expandiéndose tenían que franquiciar y así lo hicieron.

«La realidad es que sabíamos que la marca daba para más, pero no teníamos ni el capital para seguir invirtiendo ni tiempo para más sucursales. Franquiciar es una manera de seguir creciendo, pero apalancado en capital y tiempo de terceros con todo nuestro know how y acompañamiento», sostiene el empresario, quien llegó a ser presidente de la Asociación Argentina de Marcas y Franquicias (AAMF) entre el 2014 y el 2017.

Hoy, Café Martínez es una cadena de 201 tiendas que operan en Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia

Multiplicados a su máxima potencia

Café Martínez, cuenta Salas Martínez, fue más que un negocio para su abuelo y su hermano Ángel, que llegó a la Argentina unos años después. Café Martínez fue el lugar de encuentro de la comunidad asturiana. Allí, en Casa Martínez, Atiliano recibía a sus compatriotas (incluso con techo y comida) y los ayudaba a armar su propio negocio.

«Por eso decimos siempre que la ayuda y el acompañamiento es parte del ADN de la compañía. A nuestros franquiciados, e incluso también a nuestros colegas, los ayudamos a instalar un negocio comercial y les transmitimos todo nuestro conocimiento acerca de la calidad del café y la tostación para que consigan el éxito con su propia pyme», sostiene el empresario.

Actualmente Café Martínez tiene 189 tiendas distribuidas a lo largo de todo el país, de las cuales solo 15 son propias. Además tienen 12 tiendas más en el exterior: 3 en Uruguay, 9 en Paraguay y 2 en Bolivia.

«Si bien hemos llegado a tener franquicias individuales en Estados Unidos, España, Pakistán y Arabia Saudita; pero funcionaron mal porque ambas partes cometimos errores y decidimos desarmarlas para enfocarnos en la región. 

Ahora lo que hacemos es primero desembarcar nosotros con oficina y tiendas propias, después franquiciamos porque la realidad es que es demasiado para un franquiciado individual instalar una marca en un país, por eso decidimos hacer nosotros el esfuerzo», cuenta.  

La profesionalización y el armado de equipo fueron para Salas Martínez dos aspectos fundamentales para el crecimiento de la empresa, pero puntualmente destaca que la clave fue ayudar a otros a que también alcancen el éxito y no solamente lo dice por la red de franquiciados sino también por los 400 empleados que hoy emplea de manera directa.

Café Martínez ya abrió locales Smart Service en los que los clientes hacen su pedido en las terminales o de sus celulares 

Prueba de ello es el vuelo que alcanzó Leandro Canabe que ingresó a Café Martínez en 2008 como gerente de desarrollo para en 2011 llegar a gerente general y desde hace tres años convertirse en el único socio no familiar de la empresa.  Para este año, adelanta el empresario, tienen previsto incorporar (y desarrollar) a la empresa entre 25 y 30 personas más.

El futuro para Café Martínez ya llegó

Seguidores de cerca de las tendencias, los hermanos Salas Martínez intentan siempre estar un paso adelante en materia de innovación. Innovaron con el café, con la experiencia de consumo y desde 2019 también con la experiencia de compra incorporando los locales Smart Service en los que, sin colas ni tiempos de espera, los clientes hacen su pedido en las terminales de autogestión o a través de sus celulares y luego, por un sistema de geolocalización, reciben el pedido en la mesa que hayan elegido.

Además estos locales, que por ahora hay uno en el Hospital Italiano y otro en el Aeroparque Jorge Newbery, tienen carteleras digitales y heladeras con pantallas transparentes donde se ve el producto y la información de cada uno y, una impresora «selfie latte» para imprimir fotos en el café.

«Ahora estamos llevando la tecnología smart a todas las tiendas para que los clientes compren como quieran; ya sea Take-Away, atención en la mesa o por su celular; estamos muy enfocados en el desarrollo de la omnicanalidad», adelanta el empresario.

Café Martínez, señala el empresario, pasó las dos grandes olas del café y ahora mientras atraviesan la tercera se preparan para la cuarta: la primera, explica, tuvo que ver con la industrialización del café y fue a la que se sumó su abuelo; la segunda tuvo que ver con la premiumización del café y la preocupación de los cafeteros por la procedencia y tipo de grano, así como el tipo y calidad de tueste y la experiencia de consumo en tienda.

El negocio del matrimonio Martínez era importar café, tostarlo y distribuirlo

«En Argentina fuimos nosotros los gestores de este cambio; en Estados Unidos, Starbucks«, dice orgulloso Salas Martínez. La tercera ola, continúa, es la actual y tiene que ver con una nueva premiumización, pero con foco en la sustentabilidad del negocio.

Sin embargo, Café Martínez se está preparando para lo que va a ser la cuarta ola que tiene que ver con la profundización de la sustentabilidad y, citando al ex CEO de Unilever, Paul Polman, Salas Martínez explica que ya no son suficiente acciones para evitar el daño del planeta sino que ahora de lo que se trata es de ver cómo regenerarlo.

«Y sin duda la cuarta ola, que seguramente veremos en una década, va a venir de lo que hagan en Asia; fundamentalmente en China o India, dos países que traccionan lo que viene, lo que es tendencia. En este sentido Café Martínez está mirando esas regiones están haciendo y estamos viendo cómo subirnos a esta cuarta ola. Tenemos una persona dedicada especialmente a trabajar con el propósito de la compañía y sustentabilidad», adelanta.

Imagen de portada: Gentileza de Café Martinez

FUENTE RESPONSABLE: IProfesional. Por Laura Andahazi Kasnya. 28 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Negocios/Café Martinez/Orígenes/Evolución.

Estudian instalar una «media sombra» en la atmósfera para enfriar la Tierra.

Se trata de una de las tecnologías más controversiales para enfrentar el cambio climático que se está evaluando en el mundo y en nuestro país investiga la climatóloga Inés Camilloni, quién repasó los posibles riesgos y beneficios de modificar la radiación solar.

Bajar la temperatura del planeta inyectando en la estratósfera millones de toneladas de partículas en aerosol para formar una especie de «media sombra» es una de las tecnologías más controversiales para enfrentar el cambio climático que se está evaluando en el mundo y en nuestro país investiga la climatóloga Inés Camilloni, quien conversó con Télam en el marco de las charlas TEDxRíodelaPlata que se realizaron esta tarde.

«Ojalá no haga falta usarse», agregó sobre esa especie de filtro espacial, y afirmó que en Argentina se debe «despertar el tema» para tener una mayor participación en las discusiones internacionales.

«Es como si uno envolviera al planeta en una media sombra que atenuaría la energía que recibimos del Sol entre un 1 y un 2%. No vamos a hacer una sombra muy notoria, pero llegaría menos energía a la superficie y así bajaría la temperatura», explicó Camilloni, doctora en Ciencias de la Atmósfera y profesora en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

En diálogo con Télam, la investigadora del Conicet repasó los posibles riesgos y beneficios de modificar la radiación solar, los dilemas éticos de esta tecnología y señaló que, si bien todavía se encuentra en fase de investigación, «en los próximos diez o quince años ya estaría todo listo para implementarse».

La manipulación del clima terrestre a gran escala se denomina geoingeniería y aparece como una herramienta que, en caso de necesidad, permitiría «bajar rápidamente la temperatura de la Tierra», aseguró Camilloni, quien disertó sobre esta técnica en las charlas TEDxRíodelaPlata que tuvieron una multitudinaria edición en el estadio Movistar Arena.

En un contexto catastrófico donde el mundo se encamina hacia un aumento del calentamiento global de 2,8 grados para el final del siglo, la geoingeniería empieza a ser estudiada como una tecnología para aliviar las olas de calor que causan cada vez más muertes y mitigar las sequías e inundaciones extremas, entre otros desastres climáticos.

La estrategia busca replicar artificialmente el efecto de los volcanes: «Cuando hay una erupción, se liberan cenizas que llegan hasta la estratósfera, alrededor de 20 kilómetros de altura. Desde ahí, reflejan más energía del Sol hacia el espacio y hacen bajar la temperatura», graficó Camilloni.

La idea es imitar las cenizas incorporando en la estratósfera pequeñas partículas en aerosol para reflejar más radiación solar de regreso al espacio y contrarrestar el aumento de temperatura causado por los gases de efecto invernadero.

Para que las partículas químicas lleguen hasta esa capa de la atmósfera se necesitará enviar varias veces al día aviones especialmente diseñados para alcanzar los 20 kilómetros de altura.

Aunque parezca ciencia ficción, «es tecnológicamente factible y eficaz para bajar la temperatura», indicó la climatóloga y agregó que para la economía mundial no sería costoso mantener esta «media sombra» porque demandaría entre 10.000 y 20.000 millones de dólares por año.

La doctora en Ciencias de la Atmsfera y profesora en la UBA Ins Camilloni disert en las charlas TEDxRodelaPlataFoto gentileza prensa Ted

La doctora en Ciencias de la Atmósfera y profesora en la UBA, Inés Camilloni disertó en las charlas TEDxRíodelaPlata.//Foto gentileza prensa Ted

A pocos días de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 27) que comenzará el domingo, Camilloni sostuvo que, aunque en las reuniones internacionales se habla cada vez más de estas tecnologías disruptivas, «no son la solución frente al cambio climático».

«Sería un enorme fracaso de la humanidad tener que recurrir a esto porque sabiendo cuáles son las causas de un problema no hemos actuado, no hemos hecho una transición hacia las energías renovables, ni logramos descarbonizar las economías», afirmó la investigadora que participará de la COP 27 en un panel sobre ingeniería climática.

Cómo impactaría la geoingeniería en sudamérica

Desde el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), dependiente del Conicet y de la UBA, Camilloni investiga junto con su equipo cuáles serían los impactos en Sudamérica y en la Cuenca del Plata si la geoingeniería solar se implementara.

A través de modelos computacionales simularon incorporar 50 teragramos (50 millones de toneladas) de partículas de azufre en la estratósfera para compensar las emisiones récord de dióxido de carbono del presente.

Eligieron el azufre porque es el elemento que se libera en las erupciones volcánicas y ya saben cómo responde la atmósfera gracias a la histórica erupción del volcán Pinatubo en Filipinas.

Fue en 1991 cuando este volcán inyectó 20 millones de toneladas de dióxido de azufre a la estratósfera y enfrió la temperatura del planeta medio grado en los meses posteriores.

Todavía en ninguna parte del mundo se pasó de la simulación al experimento y, en caso de hacerlo, se debería utilizar otra sustancia como el carbonato de calcio, ya que el azufre en la estratósfera dañaría la capa de ozono.

Entre los resultados del estudio publicado este año en la prestigiosa revista científica Frontiers, Camilloni destacó que «efectivamente bajaría la temperatura entre uno y dos grados centígrados entre el 2021 y el 2050, bajarían los extremos de precipitación, pero en promedio la lluvia aumentaría en la parte alta de la Cuenca del Plata y disminuiría hacia abajo».

Como la geoingeniería provocaría cambios en el ciclo del agua, el río Paraná en Posadas y Corrientes tendría más caudal, al igual que el río Uruguay en Salto Grande, por lo que sería necesario evaluar cómo afectaría a las represas hidroeléctricas de la región.

«Uno podría pensar que más agua disponible podría ser beneficioso, pero los caudales máximos tenderían a ser más máximos y ahí la cuestión es si las represas están dimensionadas para caudales más altos», advirtió la investigadora.

Consultada sobre si es ético modificar deliberadamente el clima, la científica aseguró: «No es ético, pero ya lo estamos haciendo. El cambio climático es consecuencia de una manipulación del clima».

«La ética de la geoingeniería tiene que ver con contrastar cuáles son los riesgos que nos está imponiendo el cambio climático versus los riesgos de pensar en esta estrategia como una solución temporal mientras actuamos sobre las causas de fondo», precisó Camilloni, quien fue incorporada recientemente a la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y la Tecnología de la Unesco.

Y agregó: «Creo que la discusión ética pasa ahora por ver de qué forma evitamos más el sufrimiento humano que implica vivir con cambio climático».

Para Camilloni no se trata de estar a favor o en contra de la geoingeniería, sino de «seguir investigando para entender cuáles son los riesgos y si podemos disminuirlos».

También, apuntó que en países en desarrollo como el nuestro hay que «despertar el tema» porque esta técnica produciría efectos desiguales en las diferentes regiones y generaría un «clima nuevo» con países ganadores y perdedores.

En este sentido, la investigadora remarcó que antes de implementar estas nuevas tecnologías es necesario un acuerdo global y subrayó que «si Argentina en alguna instancia tiene que decidir, que sea una decisión informada por la ciencia local».

Y concluyó: «Ojalá que esto no haga falta usarse y se puedan afrontar las causas reales del cambio climático».

Imagen de portada: La geoingeniería aparece como una herramienta que permitiría «bajar rápidamente la temperatura de la Tierra».

FUENTE RESPONSABLE: Télam. 1° de noviembre 2022.

Sociedad/Cambio climático/Calentamiento global/Geoingeniería/CONICET (Argentina)/

 

“Con el litio, América Latina está en riesgo de repetir la película del extractivismo de sus minerales a cambio de unas pocas monedas”.

Tres países de América Latina están desde hace unos años en el punto de mira de empresas y gobiernos de todo el mundo. Tienen algo escaso y muy valioso para el futuro de la energía.

Igual que el oro y la plata, el litio agita sueños de riqueza y prosperidad en todo el continente.

Oro blanco en los desiertos y salares de Argentina, Chile y Bolivia.

Con el más liviano de los metales -tanto que puede flotar en el agua- se fabrican las baterías de litio de los coches eléctricos y de casi cualquier dispositivo electrónico.

«Estos 3 países concentran entre el 60% y el 80% de las reservas mundiales de este mineral. Aunque en cada uno de ellos la historia es muy diferente», dice en esta entrevista con BBC Mundo Ernesto Picco, docente e investigador de tiempo completo en la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), en Argentina.

Ernesto Picco es autor de «Crónicas del litio: Sudamérica en disputa por el futuro de la energía global».

Para conocer qué transformación está teniendo lugar, Picco se embarcó en un viaje a las entrañas del desierto y lo cuenta en su libro «Crónicas del litio: Sudamérica en disputa por el futuro de la energía global».

«El precio del litio a nivel mundial se multiplicó por 18 en los últimos 10 años», afirma respaldando el interés mundial por su extracción.

Precisamente por su precio y lo barato que es extraerlo en América Latina gracias al bajo coste de la mano de obra, la baja fiscalidad para las empresa y la relajación de las leyes medioambientales, muchas compañías de Estados Unidos, Australia, Canadá o Corea del Sur ya operan en los salares latinoamericanos.

Pero existe un riesgo, dice Picco, y no es otro que el de «asistir a una película que ya hemos visto en el pasado» y a repetir los mismos errores, dice refiriéndose al extractivismo de recursos naturales en América Latina que alimentaron el crecimiento de las economías del hemisferio norte dejando escasos beneficios en el sur.

Portada del libro escrito por Ernesto Picco

FUENTE DE LA IMAGEN – ERNESTO PICCO

Estos modelos de desarrollo en los países latinoamericanos basados en la explotación y exportación de materias primas, sin valor agregado, tiene repercusiones en la política y la sociedad, pero también en los ecosistemas y las comunidades que viven alrededor.

«El verdadero potencial de este mineral que hasta hace poco se extraía del desierto sin mucha pompa se destapó en el siglo XXI. Pero ya hay científicos y organizaciones sociales que advierten que esta transformación económica es una fantasía. O, en el peor de los casos, que puede ser verdad a costa de un desastre ambiental y social», explica.

El periodista e investigador argentino conversó con BBC Mundo en el marco del Hay Festival Arequipa.

Habitantes del desierto de Atacama

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

¿Qué es el «triángulo del litio»?

Es una forma de nombrar la región que comprende el norte de Argentina, el norte de Chile y el sur de Bolivia.

Más allá de los límites políticos, es una zona muy parecida en términos geográficos, demográficos y culturales.

No hay mucha diferencia entre los atacameños del norte de Argentina y del norte de Chile, por ejemplo.

Son todas poblaciones que están, dicen ellos, desde hace 4.000 años viviendo allí.

Son zonas con una geografía fundamentalmente desértica, donde las familias viven muy aisladas unas de otras y subsisten a través del pastoreo.

Algunas viven de la sal o de la cría de animales.

Hablamos de lugares donde están empezando a llegar grandes empresas y plantas de extracción del litio.

Batería eléctrica de auto

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. El litio es uno de los elementos clave para fabricar baterías eléctricas.

¿Qué procesos químicos se usan para extraer el litio?

Lo que hacen las empresas es perforar la costra de los salares, bombear la salmuera -que es el agua subterránea- y volcarla en unas piletas que tienen kilómetros cuadrados de superficie.

Eso se deja evaporar al sol y, una vez que se evapora, queda en el sedimento una serie de minerales y metales que son procesados en las plantas químicas.

De ahí se extrae el carbonato de litio u otra de sus variantes.

¿Qué te encontraste al llegar allí?

Una de las cosas que más me sorprendió es que las plantas están llegando a lugares muy aislados, donde no se ven.

Son lugares remotos, poco accesibles, donde es fácil es que pase desapercibido lo que está ocurriendo.

Una excavadora recogiendo montañas de litio blanco.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

¿Y qué está ocurriendo?

Las comunidades están denunciando un problema de vegas (terrenos fértiles) que se están secando, de ríos contaminados…

Por ejemplo, no se sabe cuál es el impacto en el aire o en el suelo de los residuos que quedan acumulados al costado de las plantas de extracción.

Hay en Chile estudios sobre cómo esto ha impactado en la fauna.

Todo indica que el impacto ambiental es fuerte y en la medida en que empiecen a multiplicarse la cantidad de empresas que llegan, que es lo que aparentemente va a pasar en los próximos cinco o seis años, el impacto seguramente va a ser mucho mayor frente a un beneficio económico que habrá que ver si se justifica.

Un salar en Argentina

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

¿Qué es lo que lo que más te llamó la atención en tu viaje?

La manera diferente en que los tres países -Argentina, Bolivia y Chile- han gestionado la situación de encontrarse con un recurso natural estratégico a nivel global.

Bolivia ha intentado avanzar con un una estrategia de nacionalización.

El modelo de Argentina está mucho más ligado al marco legal de los 90, donde las provincias y los estados federales se disputan entre sí la llegada de empresas ofreciendo mejores beneficios y facilidades.

Y Chile con una cosa más pendular.

Empezó con una etapa más privatista con un sentido del negocio puro y duro y ahora -con el nuevo gobierno de Gabriel Boric- está tratando de crear una empresa estatal.

O sea el marco es muy diferente en estos en los tres países, donde la geografía es muy similar, las culturas son muy similares, pero la política tiene muchos matices.

Zonas de extracción del litio.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

¿Crees que hay una opción mejor que la otra?

Eso en realidad lo vamos a saber con el tiempo y depende de la perspectiva desde la que lo veamos.

Si uno piensa en la posibilidad de industrializar y de ascender en la cadena de valor, la apuesta de Bolivia es una apuesta a largo plazo que evidentemente no ha dado resultado en lo inmediato.

Porque el nivel de producción ha sido menor y ha tenido más dificultades para avanzar, pero quizás en un futuro se encuentre con un control soberano de sus recursos y con beneficios que sean para el país de manera más general.

En el caso Argentina, venimos desde la década del 90, por lo menos con un esquema extractivista puro y duro, que deja beneficios muy magros al país.

Ahora empieza a cambiar la situación.

Una señora alza una pancarta que dice "defendamos el litio"

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¿Cómo?

Ente el final del año pasado y principios de este se empezó a conformar en lo que se llamó la Mesa Nacional de Litio, donde las tres provincias articuladas con el gobierno de la nación, están empezando a unirse -en vez de estar compitiendo entre sí- para para generar mayores beneficios y progresos estratégicos.

Creo que en América Latina se está empezando un proceso diferente para subir en la cadena de valor.

Por ejemplo fabricando las baterías.

Eso implica ya por lo menos un posicionamiento y deja ver que queremos ser algo más que meros exportadores de recursos naturales porque a medida que uno va avanzando la ganancia se multiplica y el país obtiene mayores beneficios.

Un trabajador de la empresa chilena que exporta litio

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En tu libro afirmas que lo que se extrae por ejemplo en el Salar del Hombre Muerto en Argentina se procesa en plantas de Estados Unidos o China. 

¿América Latina ha vuelto a caer en la trampa de vender sus riquezas minerales sin participar mucho en la cadena de valor, que es lo que más dinero deja?

Ese es el gran riesgo.

El aumento de la demanda va a atraer empresas de Estados Unidos, de China, de Canadá, de Australia o de Corea del Sur.

Por un lado vas a tener un impacto ambiental tremendo y por el otro vas a tener un aumento de la situación de extractivismo.

Si Argentina no hubiera decidido dejar de ser solamente un proveedor de recursos naturales y empezar a industrializarlos, claramente estaríamos asistiendo en primera fila a una vieja película repetida.

La de ser los eternos entregadores de recursos naturales que siguen empobrecidos y que se siguen sacrificando los ecosistemas a costa del hemisferio norte a cambio de unas pocas monedas.

Pero en esta película hay una singularidad y es que esta vez se hace en nombre del medioambiente.

El litio se extrae en nombre de un futuro más verde para dejar atrás el uso de combustibles fósiles.

Pero parece que haya un derecho al medio ambiente en el norte, que en el hemisferio sur es sacrificable.

Desierto

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Las comunidades denuncian que hay menos agua y la que hay está contaminada.

¿Quiénes controlan este negocio en América Latina?

Fundamentalmente los capitales extranjeros y sus empresas.

Hay comunidades que rechazan su llegada y otras que lo aceptan a cambio de una serie de beneficios como la construcción de caminos, de escuelas o la creación de puestos de trabajo.

¿Parece que las empresas han reemplazado las funciones del Estado?

Exactamente. Es una de las formas que tienen las empresas para entrar.

Todo lo que está pasando muestra los problemas que tiene el Estado para responder a las necesidades de las comunidades.

Las provincias del norte, por lo menos en el caso argentino, son las provincias históricamente más empobrecida del país.

Y entonces esas empresas vienen a responder a eso y a llenar el vacío que deja el Estado.

Un camión traslada una montaña de litio

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¿Está transformando el litio a las sociedades de América Latina?

Se están transformando. Lo que no sabemos si para bien o para mal.

Pero claramente estamos hablando de comunidades y territorios históricamente aislados y abandonados, que de pronto están en el ojo público por la existencia y por el aumento de la demanda del litio.

El precio del litio a nivel mundial se multiplicó por 18 en los últimos 10 años.

Esto implica que el aumento de la demanda hace que todas estas empresas se interesen por extraerlo.

Eso ya es una transformación.

Este artículo forma parte de la versión digital del Hay Festival Arequipa, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad peruana entre el 3 y el 6 de noviembre.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Cristina Jiménez Orgaz. HayFestivalArequipa@BBCMundo. 3 de noviembre 2022.

Economía/Chile/Argentina/Bolivia/América Latina/Negocios.

 

 

La historia de Calfucurá.

Junto al ensayista y especialista en temáticas indígenas, Guillermo David, Felipe Pigna repasó la vida de Calfucurá, cacique mapuche del siglo XIX cuya actividad militar y política se desarrolló principalmente en Argentina, en las áreas controladas por los pueblos indígenas de la región pampeana y de la Patagonia oriental.

“Uno de los mayores problemas de la historia argentina es que no se los consideró sujetos activos. Pero a grandes rasgos él fue un personaje extraordinario, quien dominó la historia del territorio nacional durante casi 40 años”, resaltó David.

Por décadas, Juan Calfucurá fue el terror de las pampas, por sus malones y por su habilidad para combatir a las tropas regulares. La única fotografía que se conserva de él, sobre un cuadro de Francisco Madero Marenco.

“El desierto es inconquistable”, se lamentó Bartolomé Mitre, un coronel al que le quedó un mal recuerdo de su enfrentamiento con el cacique mapuche. 

No fue sencillo combatir a Juan Calfucurá, o Callvucurá, el de la dinastía de los piedra. En las Salinas Grandes y en los extensos territorios que dominaba, ya se sabía que era invencible, y que un espíritu lo había beneficiado con extraños poderes que emanaban de una piedra que le habían dado de niño. 

Decían que cabalgaba junto a Witran Lleve, el jinete fantasma, quien lo aconsejaba en las batallas contra el hombre blanco y contra tribus enemigas. Era el dios de las pampas.

Había nacido en Llaima, la araucanía chilena, se supone que por 1790. Tuvo la inteligencia de aliarse con Juan Manuel de Rosas, quien lo ayudó a desembarazarse en los médanos de Masallé de los boroganos, unos competidores molestos a los que terminó masacrando. 

Se erigió como cabeza de gobierno del mundo indígena, él decía que por voluntad de Dios. Rosas le otorgó el grado de coronel de la Confederación y le aseguró una provisión anual de alimentos, bebidas, tabaco y ganado. Caído Rosas renovó su alianza con Justo José de Urquiza.

Armó acuerdos con centenares de jefes indígenas y por décadas fue el dominador de extensísimas áreas de territorio, cuyo centro lo había fijado en las Salinas Grandes, ubicadas en La Pampa, cerca del límite con Buenos Aires. Calfucurá, que inició el linaje de los Piedra (curá), manejaba una población cercana a las 12 mil personas. Era diplomático cuando había que serlo, belicoso cuando lo consideraba necesario y poseía la habilidad de reconocer los puntos débiles de sus enemigos.

Tuvo victorias contundentes contra las tropas enviadas desde Buenos Aires. Una de ellas la logró en el combate de Sierra Chica, librado el 31 de mayo de 1855. Luego de una eficaz arremetida de los soldados, hubo algunos que se adentraron demasiado en territorio indígena, donde saquearon tolderías, sintiéndose confiados. Fueron rodeados por una multitud de indígenas y cuando se ordenó su rescate, era demasiado tarde. 

El ejército no solo debió abandonar el campo de batalla. En inferioridad de condiciones su jefe, al coronel Bartolomé Mitre le pareció lo más prudente abandonar por la noche el campamento a pie, dejando los fuegos encendidos y hasta los caballos, para que los indígenas no sospechasen.

El sello del cacique, amo y señor de las Salinas Grandes.

El 29 de octubre de ese mismo año, las tropas del general Hornos cayeron en una emboscada. Los indígenas simularon huir y fueron perseguidos por los soldados que de pronto se encontraron en un terreno pantanoso, sufriendo importantes bajas. 

El mes anterior había sido masacrado por indígenas del cacique Yanquetruz el comandante Nicanor Otamendi y sus 125 hombres. Una leyenda cuenta que los indígenas comieron el corazón de este valiente oficial para nutrirse de su valentía.

Pero el que fue llamado el Napoleón del desierto, el líder de la confederación mapuche-tehuelche, el del devastador malón a Azul de 1855, tuvo su Waterloo.

Tronó cuando supo que el gobierno le había puesto el ojo en Choele Choel. Y más aún cuando tropas nacionales hicieron un reconocimiento del Río Negro.

“Estoy en San Carlos, encerrado en el fuerte con un puñado de hombres y el enemigo marcha a sitiarme con fuerzas notablemente superiores”, leyó el comandante Ignacio Rivas un mensaje desesperado del coronel Juan Carlos Boer. Este, en una hábil maniobra, logró colocarse entre las fuerzas de Calfucurá y las de Boer. Y juntos se dirigieron al campo de San Carlos. 

Era el 8 de marzo de 1872.

Rivas casi no tenía soldados. Debió echar mano de los indios amigos: Cipriano Catriel -hijo del legendario cacique que había muerto un año atrás- aportó 800 lanzas y Coliqueo unas 200. 

A decir de Estanislao Zeballos, Catriel “era un fanático de las cosas cristianas”. Vivía en una casa en el pueblo de Azul y permanentemente machacaba a su tribu a que se convirtiese a las costumbres del hombre blanco. Siempre quiso un grado militar, pero el presidente Domingo Sarmiento lo contentó nombrándolo “cacique general”. Por eso llevaba con orgullo el uniforme de general de división.

Debió sofocar una sublevación de sus propios hombres, que se negaban a pelear junto al blanco.

Placa que se exhibe en el monolito levantado  en el lugar donde se desarrolló la batalla de San Carlos, en 1855. (Fuente: Facebook)

Placa que se exhibe en el monolito levantado en el lugar donde se desarrolló la batalla de San Carlos, en 1855. (Fuente: Facebook)

Mientras tanto Calfucurá dio señales de estar preparando un ataque, mientras que había ordenado que 2500 de los suyos se ocupasen de arrear cien mil vacas, treinta mil yeguas y veinte mil ovejas. Tenía 3500 lanzas para atacar.

Por su parte Rivas, junto a Boer lograron reunir a 365 hombres y unos 300 recién movilizados, escasamente instruidos. Los 1000 restantes eran indígenas.

No fue un ataque desordenado. Los de Calfucurá marchaban en cinco columnas. Descontaba que cuando se iniciase el combate, los indios de Catriel se pasarían.

Cuando el ataque empezó, Rivas ordenó echar rodilla y tierra y disparar con fusil y carabina fulminante. Rápidamente, la pelea se transformó en un combate de lanza, cuchillo y boleadora.

El flanco izquierdo del ejército fue muy castigado y para colmo, los indígenas de Coliqueo se negaron a pelear. Los soldados a las órdenes del teniente coronel Nicolás Levalle peleaban uno contra cinco; las fuerzas del centro también estaban siendo diezmadas.

La derecha, al mando de Catriel se enfrentó con los indígenas de Calfucurá.

Catriel debió fusilar a algunos en la retaguardia que no querían pelear; y luego en una lucha a lanza y boleadora, logró rechazar a los lanceros de su cacique adversario.

Mientras tanto, cuando Calfucurá cargaba contra el centro, irrumpieron las fuerzas de Rivas, acompañado por lanceros de Catriel. Un cuarto de hora después, las fuerzas de Calfucurá debieron retroceder. Quedaban 200 indios muertos, otros tantos heridos. El cacique huyó a Salinas Grandes.

Calfucurá ya estaba obeso, viejo y cansado. Algunos decían que tenía casi cien años. Cuando se sintió morir y sabiendo que los cautivos, de acuerdo a la costumbre, serían sacrificados a su muerte para que continuasen sirviendo en el otro mundo, le pidió al lenguaraz Rufino Solano que huyera con ellos para que no los matasen. A las que también mataban era a algunas de sus esposas, y lo hacían con boleadoras.

Manuel Namuncurá, hijo de Calfucurá. Fue elegido sucesor. Uno de sus hijos es el beato Ceferino.

Manuel Namuncurá, hijo de Calfucurá. Fue elegido sucesor. Uno de sus hijos es el beato Ceferino.

Falleció el 3 de junio de 1873. Fue enterrado en Chilhue, en las Salinas Grandes, junto a su caballo de batalla, comida, bebidas y armas.

La sucesión no fue sencilla. 224 caciques se reunieron y todo amenazó con terminar de la peor manera cuando fue elegido su hijo mayor, Namuncurá (“talón de piedra”), quien ya había pasado los 60 años. Uno de sus hijos sería Ceferino Namuncurá, que en el 2007 fue proclamado beato.

En 1879 Levalle, en plena campaña del desierto comandada por Julio A. Roca, ubicó su tumba gracias a los servicios de sus baqueanos. Encontró los restos que vestían el uniforme de general, había algunas armas; la cabeza de su caballo de guerra tenía una cabezada de plata. Además, había una veintena de botellas con caña, aguardiente, licor y agua, además de alimentos. Ordenó a sus soldados desparramar sus huesos y se llevaron lo de valor. 

El cráneo, Levalle se lo dio a Estanislao Zeballos quien a su vez se lo regaló a Francisco Pascasio Moreno, director del Museo de La Plata. Ahí fue catalogado, estudiado y exhibido por muchos años. Por años, los pueblos originarios han solicitado la restitución de sus restos y de otros indígenas.

Un olvidado monolito, levantado en el paraje de los Cuatro Vientos, en la localidad bonaerense de Bolívar, recuerda a los caídos en la gigantesca batalla de San Carlos entre las tropas del general Ignacio Rivas contra las del cacique Calfucurá, bautizado por el blanco como el Napoleón de las pampas, aunque él prefiriera que lo recordasen como el elegido de Dios.

Imagen de portada: Por décadas, Juan Calfucurá fue el terror de las pampas, por sus malones y por su habilidad para combatir a las tropas regulares. La única fotografía que se conserva de él, sobre un cuadro de Francisco Madero Marenco.

FUENTE RESPONSABLE: INFOBAE. Por Adrián Pignatelli. 3 de junio 2021.

Sociedad/Argentina/Siglo XIX/Juan Calfucurá/Conquista del Desierto/Pueblos originarios/Genocidio.

Advierten en Argentina por las consecuencias de la crisis en la salud mental de los jubilados.

Los especialistas Eugenio Semino y Mónica Ramacciotti (MP. 13.415) dialogaron con Cadena 3 sobre cómo la pandemia y la caída de salarios perjudicaron el estado de bienestar de los adultos mayores.

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea adonde se encuentre escrito con letra “azul”.

La Defensoría de la Tercera Edad de la ciudad de Buenos Aires dio a conocer el informe de la canasta básica de jubilados, que llegó a $151 mil en septiembre, duplicando su valor respecto al mismo mes del año pasado en esa jurisdicción

El informe indica que la jubilación mínima cubre menos de un tercio del total de la canasta básica.

Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, habló con Cadena 3 y contó las consecuencias que la crisis económica y la pandemia traen a la salud mental de los adultos mayores.

La Defensoría de la Tercera Edad de la ciudad de Buenos Aires dio a conocer el informe de la canasta básica de jubilados, que llegó a $151 mil en septiembre, duplicando su valor respecto al mismo mes del año pasado en esa jurisdicción

El informe indica que la jubilación mínima cubre menos de un tercio del total de la canasta básica.

“Sin dudas la enfermedad más grave es la depresión, que termina en muchos casos en un desenlace fatal. Esto no tiene que ver solo con la situación económica sino también con la pos pandemia. La salud mental para el adulto mayor no existe y sus consecuencias son terribles. 

Esto genera patologías desde el punto de vista físico y queda expuesta su salud, que no da respuestas”, cuestionó el defensor.

Y agregó: “Hoy un beneficiario del Pami o de obras sociales debe seguir un camino de siete u ocho meses para llegar a tener un diagnóstico y tratamiento. Las enfermedades no esperan. Las guardias están colapsadas y el paciente corre un riesgo muy serio”.

Por su parte, la expresidenta de la Sociedad de Gerontología y Geriatría de Córdoba, Mónica Ramacciotti (MP. 13.415) contó a Cadena 3 su punto de vista médico respecto a la situación que padecen los jubilados.

“El coronavirus trajo consecuencias en el adulto mayor, al estar encerrados e imposibilitados de ver a sus familiares o no poder salir a la calle. Todo eso generó angustia, soledad, depresión, pánico e insomnio. Los jubilados se sintieron perseguidos por temor a enfermarse. También jugó mucho la situación económica, al no poder cubrir sus necesidades básicas”, explicó.

Además confirmó que hay una mayor demanda en cuanto a salud mental. “Los adultos mayores no lo dicen explícitamente, pero el medico se da cuenta en su consultorio de su padecimiento”.

El valor de la canasta de los jubilados se duplicó en un año y llegó a los $ 151.478

«Seis millones de jubilados reciben $50 mil, que cubre un 30% de la canasta. Es uno de los porcentajes más bajos de la historia», dijo a Cadena 3 Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad.

Según la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, el valor de la canasta básica de los jubilados y pensionados se duplicó y aumentó 100,6% en un año: ahora vale $ 151.478, cuando en octubre de 2021 costaba $ 75.505. 

Además, de acuerdo con el relevamiento, se encareció un 55,78% en relación a la anterior medición $ 97.238 a fines de marzo de 2022. 

“En abril de 2022, la canasta estaba en el orden de los $97 mil. Tuvo un incremento que ahora la llevó a 151.478 pesos», indicó a Cadena 3 Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad.

«Las jubilaciones mínimas –que son la gran mayoría– de $43 mil con un bono no remunerativo de $7 mil. Hoy reciben de bolsillo casi 6 millones de jubilados $50 mil que cubre un 30% de la canasta. Es uno de los porcentajes de la cobertura más bajos de la historia», sentenció. 

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Cadena 3. Rosario. Argentina. 5 de octubre 2022.

Sociedad y Cultura/Argentina/Economía/Adultos mayores/Salud Mental.

 

 

 

Descubren trazas fósiles de un cardumen de 430 millones de años de antigüedad.

Un equipo de investigación del CONICET halló rastros de peces que habitaron los mares someros de la zona de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina hace más de 430 millones de años.

Un equipo de especialistas en paleontología y geología del CONICET halló más de 120 trazas fósiles en una cantera de roca cuarcita, más conocida como piedra Mar del Plata. Las marcas se encontraron en una superficie de cinco mil metros cuadrados y pertenecerían a peces, denominados Raederichnus dondasi, que habitaron los mares someros de la zona hace más de 430 millones de años. El grupo halló las marcas fósiles en cuarcitas de origen marino que pertenecen a la Formación Balcarce, un afloramiento de roca presente en el Sudeste de la provincia de Buenos Aires, en serranías del Sistema de Tandilia. Estas rocas pueden encontrarse, además, en las defensas costeras de los balnearios bonaerenses luego de ser extraídas a través de actividad minera.

Las investigadoras del CONICET Karen Halpern, del Centro de Geología de Costas del Cuaternario (CGCyC, CIC-UNMDP) y Soledad Gouiric-Cavalli del Museo de La Plata, junto a Matías Taglioretti y Fernando Scaglia, del Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, Marcelo Farenga y Julio Del Río del CGCyC y Lydia Calvo Marcilese, del Área de Geociencias de YPF Tecnología S.A, publicaron recientemente el descubrimiento en la revista científica Palaios.

Karen Halpern explica que las trazas son el molde que dejaron los vientres de los peces, que se recostaron en el fondo del mar hace millones de años. Al irse se cubrieron con sedimentos que, a través de procesos de fosilización y litificación, se transformaron en la traza fósil encontrada en la actualidad. “Lo importante de este hallazgo es que no había registro de peces en la formación Balcarce en Mar del Plata”,  afirma Halpern. Taglioretti agrega: “Además son trazas asociadas, es decir,  son grupales y nos muestran el comportamiento de los peces, que era gregario desde hace 450 millones de años. El comportamiento suele ser difícil de interpretar a partir de fósiles, pero en este caso era bastante claro y eso lo convierte en un hallazgo único en Argentina y en el mundo”.

¿Cómo llegaron a saber que se trataba de peces? Halpern y Taglioretti cuentan que el proceso fue complejo y desafiante, porque en las rocas no encontraron material que indicara directamente que se trataba de peces, como podría haber sido una escama. Sin embargo, el grupo de investigación continuó su búsqueda de información hasta inferir que las trazas eran de peces que descansaban en el fondo del mar, como si fueran lenguados actuales, por varios detalles que detallan a continuación.

Inicialmente el tamaño de las huellas indicaba que no se trataba de los invertebrados conocidos para aquella época, ya que las marcas encontradas eran de treinta y cinco centímetros, cuando los invertebrados no superan los diez. Algo semejante sucedió con la posibilidad de que hubieran sido cangrejos herradura ancestrales, conocidos como xifosuros, pero los de aquella época eran mucho más pequeños y sus trazas son bastante diferentes, sobre todo en la cola. En los cangrejos herradura la parte posterior es como un filamento y en el caso de las trazas fósiles marplatenses los especialistas observaban un volumen que no coincidía. De hecho, analizando en detalle los fósiles, encontraron marcas de arrastre que señalan una especie de cola con volumen semejante a la que tienen los peces.

Por otra parte, no encontraron marcas de patas, lo que descartó a los cangrejos prehistóricos. Además, el hecho de contar con más de 120 muestras permitió desestimar esta posibilidad porque resulta poco probable que en todas las trazas se hayan borrado las marcas de extremidades. Por el contrario, lo que sí encontraron fueron marcas de apoyo pareadas en los costados que podrían haber sido generadas por las aletas. La conclusión a la que llegaron a partir de las huellas es que estos peces habrían tenido una forma batoidea, como las rayas, pero con una cola más gruesa, como la que se encuentra en los peces guitarra.

Los paleontólogos añaden que no existía una traza para esa época con estas características, por lo que tuvieron que nombrar a la especie que la habría originado. El nombre elegido fue Raederichnus dondasi. Halpern indica que el nombre Raederichnus surge de la palabra raedera que eran unos artefactos hechos en piedra Mar del Plata con forma de gota que realizaban los nativos pampeanos para raspar y cortar, cuya forma se asemeja mucho a las marcas dejadas por el pez fósil. El nombre se postuló como homenaje a estos antiguos pobladores de estas tierras. Por otra parte, dondasi tiene origen en el apellido de Alejandro Donda, quien fue el encargado del laboratorio de paleontología del Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia y aportó a las investigaciones y al cuidado del patrimonio en la ciudad. “Por eso decidimos homenajearlo con el epíteto de la especie”, comenta el paleontólogo Taglioretti.

Halpern comenta que la especie Raederichnus habitaba mares tranquilos de poca energía y el paisaje de esta zona se caracterizaba por presentar grandes planicies mareales someras con amplitudes de marea bien marcadas, como las que se encuentran hoy en el balneario Las Grutas o San Antonio Oeste. Taglioretti añade: “Hay que tener en cuenta que la luna tenía un efecto más marcado sobre las mareas que el que conocemos hoy, porque estaba mucho más cerca. El planeta era completamente diferente y, si bien hay discusión al respecto, se puede decir que en aquel momento la vida sucedía principalmente en los mares”.

El descubrimiento de las trazas de Raederichnus dondasi es de suma importancia porque no existía registro de peces para el paleozoico inferior en la Formación Balcarce y porque resulta una evidencia fuerte del comportamiento en cardumen de estos peces. Pero, además, la presencia de peces en aquellos ambientes indica que se trataba de comunidades más complejas, lo que abre la puerta a una nueva línea de investigación sobre estas rocas para la época en la que Raederichnus habitó los mares.

Referencia bibliográfica

Halpern, K., Gouiric-Cavalli, S., Taglioretti, M. L., Farenga, M., Scaglia, F., Marcilese, L. C., & Del Río, J. L. (2022). Raederichnus Dondasi a New Trace Fossil from the Early Paleozoic of Argentina Reveals Shoaling Behavior in Early Fish. Palaios, 37(8), 418-432.https://doi.org/10.2110/palo.2021.023

 

Imagen de portada: Un equipo de especialistas en paleontología y geología del CONICET halló más de 120 trazas fósiles en una cantera de roca cuarcita en la Formación Balcarce. Fotos: gentileza equipo de investigación.

FUENTE RESPONSABLE: CONICET Argentina.Por Daniela Garanzini – Área de comunicación del CONICET Mar del Plata. 30 de septiembre 2022.

Paleontología/Geología/CONICET/Investigación/Argentina.

 

Alejandro, el artesano del cuero que resguarda un patrimonio cultural único.

Alejandro Paiva es puestero y artesano del cuero. Vive en Villavicencio, un lugar único en la montaña de Mendoza. Las claves de un oficio que es patrimonio cultural.

El hombre tiene 51 años y hace 50 que vive en el puesto Santa Clara, ubicado en la precordillera de Los Andes, cerca de la Reserva Provincial Villavicencio. Se llama Alejandro Paiva, aunque nos cuenta que le dicen “El Guatón” mientras sonríe mirando a su abdomen sin esperar que alguien haga alguna alusión, un rasgo de inteligencia que solo demuestran las personas que saben reírse de sí mismas. Vive con su mujer, Mabel Alejandra Nievas, con la que tiene tres hijos: dos mujeres y un varón, que ya no viven en el puesto pero ”vienen cada tanto a darles una mano”, dice. Ahora los acompañan un yerno, Alexis, y su sobrino Nahuel, quienes ayudan en las tareas del campo: la crianza de chivas, vacas y caballos.

Esta actividad conforma el sustento de la familia aunque con la sequía, que cada año es peor, y los depredadores como el puma, la tarea se hace muy difícil. “Cuando anda la leona con los cachorros te matan una tropillita de quince, veinte cabras porque les enseña a cazar”, se lamenta Alejandro. También los guanacos representan un problema ya que comen el pasto y su raíz lo que hace que la planta no vuelva a crecer. Para combatir las dificultades económicas también reciben a turistas y a amantes de la montaña que van a practicar senderismo. Allí se puede dormir y disfrutar de exquisitos asados y empanadas que ellos mismos preparan. También recorrer el campo a caballo por huellas que se adentran entre los cerros majestuosos.

Pero entre las tareas del campo nos queremos detener en una muy especial que aún no hemos mencionado: el trabajo del cuero, “los trenzados” como le dicen por allí. Una práctica transmitida de generación en generación que sobrevive en los campos del país y que aquí, Alejandro, nos cuenta que lo aprendió de su padre y mirando. “Más mirando porque, vos mirás y aprendés muchas cosas”, reafirma. Al decir esto, entrecierra levemente los ojos y asiente con la cabeza como afirmando una certeza aprendida de la vida.

Con los “trenzados” nos referimos a la confección de diferentes elementos indispensables para el trabajo en el campo como lazos, boleadoras, bozales, riendas, cabestros, entre otros elementos que se hacen con cuero de animales, principalmente de vaca. La producción de estas piezas que constituyen verdaderas herramientas para el trabajo y la supervivencia, requiere de una aguda concentración, habilidad y paciencia.

NAHUEL AGUILERA Y ALEXIS MERCADO, PELAN EL CUERO DE VACA.

Ha que hay que tratar el cuero durante varios días. Se comienza por “estaquearlo” hasta que se seque. Esto es extenderlo en el suelo agarrado de los extremos de manera que no haga contacto con la tierra para que circule el aire durante tres o cuatro días, depende de las condiciones climáticas. Una vez seco hay que pelarlo para después poder cortar “los tientos” que son las lonjas o tiras más o menos finas de cuero para finalmente trenzarlas. De la diferente cantidad de tientos a unir dependerá el tipo trenzado. Podrá ser de 4, 5, 6, 8, 12, y de la forma en que se haga será redondo, cuadrado; la llamada “patria” o la “lomo de yacaré” por dar algunos ejemplos, según nos explican Alejandro y su sobrino Nahuel con una seguridad digna de docentes experimentados pero sin alarde, porque hablan con naturalidad y transparencia, atributos que es común ver en la gente de campo.

Al lugar se accede tomando la ruta provincial 52 desde la Ciudad de Mendoza , luego de unos 30 km. hay que tomar a la derecha por un camino de tierra y andar otros 25 km más. Al final se llega al puesto que está enclavado entre los cerros y posee dos viviendas, corrales y un bosque de sauces y álamos blancos en donde la tarde, de esta primavera incipiente, se tiñe de un verde tenue que transmite calma y reposo.

LAS MANOS DE ALEJANDRO, EL ARTESANO DEL CUERO. 

Pero no siempre los días son como esta tarde preciosa que un visitante puede disfrutar plenamente. Vivir allí es otra cosa. El rigor de los inviernos se hace sentir con crudeza según nos cuenta Alejandro. “El verano es lindo porque no hay tanto trabajo, el invierno tenés mucho trabajo porque es cuando las cabras paren. Tenés que andar con nieve, lloviendo, atrás de las cabras. Juntando los chivatitos que no se te mueran”.

DETALLE DE UN BOZAL MIENTRAS ALEJANDRO TRABAJA EN OTRO TRENZADO 

La tarde ya se termina y Alejandro nos deja para ir a tomar unos mates con sus vecinos del puesto El Carrizal, que recién han llegado de visita y con quienes, asegura, “hay que llevarse bien porque con los vecinos nos damos una mano mirando los bichos, siempre tenemos que andar bien los unos a los otros”. Deja caer este concepto claro de solidaridad con la misma sabiduría con que nos ha explicado las labores del campo y los misterios del trenzado. Quizás Alejandro y su familia no sepan que son portadores de un conocimiento que constituye un verdadero patrimonio cultural y que perdura en el tiempo gracias a personas como ellas.

Imagen de portada: Gentileza de mdz

FUENTE RESPONSABLE: mdz Por Maximiliano Ríos. 2 de octubre 2022.

Sociedad y Cultura/Artesanía/Villavicencio/Historias de vida/ Argentina.