Un perro descubre un tesoro de la edad media en la ciudad polaca de Walbrzych.

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El hallazgo canino constituye la mayor colección de monedas descubierta en Polonia desde principios del siglo XX, y se compone de más de cien piezas de plata de origen medieval estampadas con cruces, torres y los retratos de los nobles que las acuñaron.

Monedas antiguas Arqueología Edad Media

Paseando una tarde con su amo, Kajtuś husmeó algo extraño al lado del camino, y tras escarbar un poco descubrió, para sorpresa de ambos, un centenar de monedas de plata dentro de una vasija hecha pedazos.

Inmediatamente se pusieron en contacto con los especialistas de la Oficina para la Protección del Patrimonio de la Baja Silesia. Tras organizar un equipo de investigadores, este fue enviado al lugar para desenterrar el recipiente cerámico y su precioso contenido.

OCULTO DURANTE SIGLOS

El tesoro fue enterrado en algún momento de la primera mitad del siglo XIII para ocultarlo mientras su propietario huía, quizás durante la invasión mongola de Polonia del año 1240 o en uno de los numerosos conflictos entre señores feudales que caracterizaron la historia polaca a principios de siglo.

Un hombre sujeta una cruz y una flor de lis en el anverso de una de las monedas.Foto: Lower Silesia Heritage Protection Office

Las monedas se encontraron dentro de esta olla hecha añicos. Foto: Lower Silesia Heritage Protection Office

Las monedas halladas son bracteatus, finas láminas de plata estampadas a golpe de martillo con una sola imagen en relieve cóncavo por una cara y convexo por la otra. Su programa iconográfico se compone de un conjunto de cruces, grifos, ángeles, sirenas y castillos.

MONEDAS EN TIEMPOS DE CRISIS

Este tipo de divisa abundaba durante la época, pues la falta de plata en el centro de Europa obligó a disminuir su peso para poder disponer de dinero suficiente con el que pagar los impuestos y comerciar. Por su delgadez estas monedas tendían a doblarse o romperse, por lo que no permanecían mucho tiempo en circulación y eran fundidas de nuevo cada cierto tiempo.

Dos cruces y la representación de una hoguera enmarcan un rostro masculino, quizás el del noble responsable de producir estas piezas.Foto: Lower Silesia Heritage Protection Office

El valor de cada moneda se determinaba por su peso, lo que explica los diferentes tamaños encontrados en la vasija. Foto: Lower Silesia Heritage Protection Office

Las imágenes religiosas abundan entre las piezas del tesoro. Foto: Lower Silesia Heritage Protection Office

Afortunadamente, este tesoro ha permanecido intacto dentro de la tierra y constituye un hallazgo excepcional de un tipo de moneda muy poco habitual en la arqueología medieval. De hecho, es la colección de bracteatus más numerosa descubierta en el país en casi cien años.

Imagen de portada: El tesoro se compone de más de cien bracteatus, unas delgadas monedas hechas con lámina de plata estampadas con la misma imagen por ambos lados. Foto: Lower Silesia Heritage Protection Office

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Historia. Por Francesc Cervera.Abril 2022

Monedas antiguas/Arqueología/Edad Media/Actualidad

 

 

El agricultor que encontró una fascinante estatua de 4.500 años de antigüedad.

Una estatua tallada en piedra de una antigua diosa de la belleza, amor y guerra fue encontrada en la Franja de Gaza.

Los arqueólogos palestinos dicen que se trata de la representación de la diosa cananea Anat y que data de hace 4.500 años, la Edad de Bronce Final.

El descubrimiento fue hecho por un agricultor que escavaba en su tierra en Kahn Younis. en el sur de la franja.

Los comentarios en las redes sociales aluden a la apta asociación de la diosa con la guerra.

En años recientes, se han dado una serie de devastadores enfrentamientos a raíz del conflicto entre Israel y grupos milicianos en Gaza, territorio palestino que está gobernado por Hamas.

No obstante, el descubrimiento de la estatua de piedra caliza resalta como ese territorio -parte de una importante ruta de comercio para una serie de civilizaciones antiguas- fue originalmente un asentamiento cananeo.

La escultura tallada de 22 centímetros de alto muestra claramente la cara de la diosa con una corona de serpiente.

«La encontramos por casualidad. Estaba embarrada y la limpiamos con agua», contó el granjero Nidal Abu Eid, que fue quien se topó la cabeza mientras cultivaba su campo.

«Nos dimos cuenta de que era una cosa preciosa, pero no sabíamos que tenía tanto valor arqueológico», le dijo a la BBC.

«Le damos gracias a Dios y estamos orgullosos de que permaneció en nuestra tierra, en Palestina, desde épocas cananeas».

La estatua de Anat -una de las más reconocidas deidades cananeas- se encuentra ahora exhibida en Qasr al Basha, un edificio histórico que alberga uno de los pocos museos de Gaza.

Cabeza en piedra de la escultura de 4.500 años de la diosa cananea Anat expuesta en un museo de Gaza

Gaza, que fue una importante ruta comercial de civilizaciones antiguas, alberga numerosos tesoros arqueológicos.

En una rueda de prensa con motivo de la develación de la pieza el martes, Jamal Abu Rida, del Ministerio de Turismo y Antigüedades -administrado por Hamas-, dijo que la estatua había «resistido el paso del tiempo» y que había sido cuidadosamente examinada por los expertos.

Señaló que enviaba un mensaje político.

«Estos descubrimientos prueban que Palestina tienen una civilización y una historia, y nadie puede negar ni falsificar esta historia», declaró. «Esta representa el pueblo palestino y su antigua civilización cananea».

No todos los descubrimientos arqueológicos en Gaza han recibido tanta apreciación ni les ha ido tan bien.

Hamas -una organización islamista militante- ha sido acusada anteriormente de destruir los vestigios de una gran aldea fortificada cananea, Tell al Sakan, para construir residencias y bases militares en el sur de la muy poblada Ciudad de Gaza.

Una estatua en bronce y tamaño natural del dios griego Apolo fue descubierta por un pescador en 2013, pero luego desapareció misteriosamente.

GETTY IMAGES. El pescador palestino Jawdat Ghrab dice haber sacado del mar una estatua del dios Apolo de 2.500 años de antigëdad.

Sin embargo, este año Hamas reabrió el sitio arqueológico de una iglesia bizantina del siglo V, después de que donantes ayudaron a pagar un proyecto de restauración que duró años.

También se interrumpieron los trabajos de construcción en el norte de Gaza cuando se descubrieron 31 tumbas de la época romana en el lugar.

Aunque esos sitios antiguos podrían potencialmente ser puntos de atracción para turistas extranjeros, Gaza virtualmente no tiene una industria turística.

Israel y Egipto controlan rígidamente el movimiento de personas saliendo o entrando del empobrecido enclave costero, que es el hogar de 2,3 millones de palestinos, citando motivos de seguridad.

Imagen de portada: BBC/RUSHDI ABUALOUF. La estatua de la diosa Anat se encuentra expuesta en uno de los pocos museos de la Franja de Gaza.

FUENTE RESPONSABLE: BBC, Jerusalén. Por Yolande Knell. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Arqueología/Medio Oriente

 

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

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Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Miles de óstracos encontrados en Atribis que documentan la vida en el antiguo Egipto incluyen líneas y dibujos de niños de una escuela.

Los egiptólogos han recuperado en la antigua Atribis más de 18.000 fragmentos con inscripciones, restos de vasijas y cerámicas que servían de material de escritura hace unos 2.000 años. Los fragmentos, conocidos como óstracos, documentan listas de nombres, compras de alimentos y objetos de uso cotidiano, e incluso la escritura de una escuela, que incluye líneas escritas por los alumnos como castigo.

Es muy raro encontrar un volumen tan grande de óstracos. Se recuperaron durante las excavaciones dirigidas por el profesor Christian Leitz, del Instituto de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (IANES) de la Universidad de Tubinga, en colaboración con Mohamed Abdelbadia y su equipo del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

Los alumnos traviesos tenían que escribir líneas: se encontraron cientos de estas tablillas, con el mismo símbolo normalmente escrito en el anverso y en el reverso | foto Athribis-Project Tübingen.

En la antigüedad, los óstracos se utilizaban en grandes cantidades como material de escritura, inscrito con tinta y una caña o palo hueco (cálamo). Una cantidad tan grande de hallazgos sólo se había producido una vez en Egipto, en el asentamiento de trabajadores de Deir el-Medineh, cerca del Valle de los Reyes en Luxor.

Los óstracos ahora recuperados proporcionan una variedad de conocimientos sobre la vida cotidiana del antiguo asentamiento de Atribis, a casi 200 kilómetros al norte de Luxor.

Alrededor del 80% de los fragmentos están inscritos en demótico, la escritura administrativa común en los periodos ptolemaico y romano, que se desarrolló a partir del hierático después del 600 a.C.

Entre los segundos hallazgos más comunes se encuentran los óstracos con escritura griega, pero el equipo también se encontró con inscripciones en escritura hierática, jeroglífica y -más raramente- copta y árabe.

Dibujos de niños | foto Athribis-Project Tübingen.

También descubrieron óstracos pictóricos, una categoría especial, dice Christian Leitz. Estos fragmentos muestran diversas representaciones figurativas, incluyendo animales como escorpiones y golondrinas, seres humanos, dioses del templo cercano, incluso figuras geométricas.

El contenido de los óstracos varía desde listas de diversos nombres hasta relatos de diferentes alimentos y artículos de uso cotidiano. Según el equipo de investigación, un número sorprendentemente grande de fragmentos podría asignarse a una escuela antigua. Hay listas de meses, números, problemas de aritmética, ejercicios de gramática y un ‘alfabeto de pájaros’: a cada letra se le asignaba un pájaro cuyo nombre empezaba por esa letra.

Un número de tres óstracos también contiene ejercicios de escritura que el equipo clasifica como castigo: los fragmentos están inscritos con uno o dos caracteres iguales cada vez, tanto en el anverso como en el reverso.

Ostraco pictórico con un babuino y un ibis, los dos animales sagrados de Toth, el dios de la sabiduría | foto Athribis-Project Tübingen.

Los egiptólogos de Tubinga llevan trabajando en Atribis desde 2003, y desde 2005 como parte de un proyecto de investigación de 15 años financiado por la Fundación Alemana de Investigación. El objetivo era descubrir y publicar un gran templo construido por Ptolomeo XII, el padre de la famosa Cleopatra VII. Este proyecto ya ha concluido y el templo está abierto a los visitantes.

El santuario se construyó hace unos 2.000 años para la diosa león Repit y su consorte Min, y se convirtió en un monasterio después de que se prohibieran los cultos paganos en el año 380. Desde la primavera de 2018, se están realizando excavaciones al oeste del templo en otro santuario, y el equipo se ha encontrado con los numerosos óstracos en los escombros. Las excavaciones están en curso.

Contabilización de las ofrendas – dinero, vino, aceite de ricino, trigo y cebada – a la diosa del templo Repit. (Período ptolemaico tardío) foto Athribis-Project Tübingen.

El director de la excavación, Marcus Müller, se enfrenta a tareas cada vez más desafiantes en el sitio a medida que aumenta la profundidad. En el oeste de la zona de excavación, están saliendo a la luz edificios de varios pisos con escaleras y bóvedas; el resto de la zona se ha llenado de escombros a lo largo de los siglos.

El análisis de los óstracos por parte de un equipo internacional, procedente en su mayoría de Francia y Alemania, está coordinado por Sandra Lippert, jefa de investigación del Centre national de la recherche scientifique (CNRS) de París. Los óstracos pictográficos están siendo investigados por Carolina Teotino en la Universidad de Tubinga.

Imagen de portada: Gentileza de IANES

Fuentes: University of Tübingen – Institute for Ancient Near Eastern Studies (IANES). Por Guillermo Carvajal. Febrero 2022

Antiguo Egipto/Arqueología/Nuevos descubrimientos

El hallazgo de esta red de canales cerca de la ciudad inca de Machu Picchu fue hecho por parte de un equipo de investigadores polacos.

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Machu Picchu es una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo Moderno y una de las razones principales por las que miles de turistas acuden cada año a Perú a ser testigos de su grandeza. Cuando parecía que la historia lo sabía todo acerca de este complejo arqueológico, nuevos secretos salen a la luz. El último de ellos fue el descubrimiento de una red de canales fluviales oculta bajo el manto de la espesa selva que rodea a Machu Picchu.

El hallazgo fue hecho por parte de un equipo de investigadores polacos y publicado en la revista Journal of Archaeological Science. Se trata de alrededor de una docena de pequeñas estructuras que se encuentran a menos de cinco millas de los restos de la ciudad inca del siglo XV, justo en las afueras del sitio ceremonial de Chachabamba.

Los investigadores recurrieron al uso de nuevas tecnologías como el escáner LiDAR, utilizado por primera vez en la región, debido a lo complicado que resulta explorar una zona densamente poblada por vegetación.

“Solo personas muy privilegiadas podían llegar a Machu Picchu”

Chachabamba se encuentra en el valle de Vilcanota, al sureste de Perú. Los restos arqueológicos ubicados en ese sitio son un altar principal de piedra rodeado por catorce baños que probablemente eran usados para abluciones rituales.

El agua fluía hasta el sitio a través de canales alimentados por el río Urubamba, según la subdirectora de organización y desarrollo del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, Dominika Sieczkowska, quien dirigió la investigación.

«Solo personas muy privilegiadas podían llegar a Machu Picchu, porque era un lugar muy especial», dijo Sieczkowska. «Cuando ibas allí, tenías que parar en Chachabamba para tomar un baño espiritual para estar limpio y puro para llegar a Machu Picchu», agregó.

Antes de llegar a Machu Picchu, los visitantes tenían que parar en Chachabamba para tomar un baño espiritual y estar limpios y puros, según las conclusiones del grupo de expertos. Por lo tanto, esta red de canales servía precisamente como objetos rituales para llevar a cabo esa limpieza.

Uno de los canales hallados en el sitio arqueológico de Chachabamba. Foto: Fundacja PAP

El culto al agua entre los incas.

La relación entre Machu Picchu y el agua no es nueva. Una de las maravillas arquitectónicas de la ciudad son las fuentes litúrgicas que abastecían de agua a toda la ciudad, además de una red subterránea de canales de irrigación construida para alimentar las terrazas agrícolas.

En diversos puntos de la ciudadela se han encontrado con el correr de los años una serie de recintos rectangulares y circulares, andenes, muros de contención, canales de agua, y “contextos funerarios” que evidencian que en Machu Picchu el agua no era solo una necesidad de la vida diaria sino que se rendía culto al agua.

Río Urubamba. Foto: Getty Images

El Río Urubamba, al que los incas conocieron como Willkamayu, fue sagrado para ellos: el agua simbolizaba lo masculino, la Pachamama (madre tierra) simboliza lo femenino; al juntarse, ambos forman la fertilidad.

A lo largo de su historia, los incas rindieron tributo a reconocidas deidades como el Inti (Sol), Pacha Mama (Tierra) e Illapa (Rayo).

Al lado de ellas, otra divinidad adorada fue Mama Qocha, Madre de todas las aguas. Mama Qocha no solo ayudaba a calmar la bravura de algunos ríos, sino también para que dichas afluencias fueran fuente de alimento.

Una ciudad enigmática que sigue fascinando.

La ciudad inca más famosa la historia fue construida a mediados del siglo XV. Su nombre significa montaña vieja, y se ubica a unos 2453 msnm, en un premonitorio rocoso entre Machu Picchu y Huayna Picchu.

Se cree que fue una de las residencias del noveno inca del Tahuantinsuyo, Pachacútec. También se encuentran  los restos de un santuario. Es frecuente que durante la subida los viajeros sientan el mal de altura.

La ruta que los viajeros hacen desde Aguas Calientes para llegar al Santuario histórico de Machu Picchu fue popularizada por Hiram Bingham, profesor de Yale, a principios del siglo XX. Este sitio fue declarado patrimonio de la humanidad en 1983.

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Machu Picchu 101 | National Geographic

Imagen de portada: Gentileza de National Geographic

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC

Arqueología/Machu Pichu/Incas/Peru/Hallazgo

LA INFORMACIÓN DE LOS ESQUELETOS.

Arqueología de los huesos, todo lo que nos cuentan sobre el pasado.

Una fuente valiosísima de información para conocer mejor la historia son, sin duda, los esqueletos. A través de ellos podemos conocer datos de una época como la esperanza de vida, el clima, la dieta, las condiciones de trabajo o los movimientos migratorios de las poblaciones que habitaron la Tierra en tiempos remotos.

Cómo es posible saber tantas cosas acerca de épocas de las que no tenemos documentos, o incluso no se había inventado la escritura? Entre otras aproximaciones, los esqueletos son una gran fuente de información acerca de la gente que vivió hace muchos siglos: los huesos nos pueden ayudar a conocer detalles como la dieta o la esperanza de vida de las distintas clases sociales, el clima o las enfermedades y las condiciones de trabajo de la población, entre otras cosas.

Pero obtener estos datos dista de ser fácil: para que sean fiables hay que disponer de muestras abundantes y relevantes, compararlas entre los distintos lugares y épocas, y realizar estudios interdisciplinarios que, a partir de toda la información disponible, permitan construir un relato coherente. Aun así, examinando una muestra significativa de esqueletos se pueden saber ya muchas cosas.

LO QUE NOS DICEN LOS ESQUELETOS.

Los datos más inmediatos que se pueden extraer de un esqueleto de forma directa son el sexo del individuo y la altura. El sexo solo puede ser definido a partir de la pubertad, cuando los huesos evolucionan de manera diferente en hombres y mujeres; y hay dos partes del cuerpo de las cuales se puede deducir: la zona pélvica, más ancha en las mujeres; y el cráneo, que en los hombres generalmente presenta formas más marcadas en ciertos puntos como el mentón y la órbita de los ojos. En cuanto a la altura, se puede determinar incluso si faltan partes del esqueleto midiendo los huesos de las extremidades y aplicando unas fórmulas que permiten calcular las medidas totales de forma muy precisa.

Examinando un esqueleto se puede saber el sexo, la altura, la edad e incluso la etnia a la que pertenecía un individuo.

La edad en el momento de la muerte, en cambio, es el factor con más margen de error. Se puede determinar de forma muy precisa si el individuo murió durante la infancia o la adolescencia, puesto que los huesos se desarrollan a un ritmo establecido; en el caso de los niños, además, se suele tener como elemento adicional la dentadura, que puede revelar la edad a partir de la presencia de dientes de leche u observando cuáles son las piezas que se han desarrollado totalmente. Por el contrario, determinar la edad de los adultos es más complicado ya que el esqueleto ha dejado de crecer.

Generalmente se establece a partir del estado de aquellos huesos que sufren un desgaste similar en la mayoría de las personas independientemente de las actividades que realicen, como las articulaciones: mientras que en los adultos jóvenes el hueso presenta unas protuberancias onduladas, a medida que la edad es más avanzada la superficie se vuelve más lisa.

Los esqueletos permiten, además, tener una idea general de los grupos de población que habitaban un lugar en un determinado periodo. El elemento más relevante para esto es el cráneo, que a partir de ciertas características como el hueso nasal permite hacer una aproximación de la etnia del individuo. El cambio generalizado en dichas características en esqueletos de distintos periodos es una señal de movimientos migratorios masivos, generalmente atribuibles a una expansión armada, como puede ser el caso del Imperio Mongol.

DETECTIVES DEL PASADO

El estudio detallado de los esqueletos puede revelar además un montón de información sobre los hábitos de las poblaciones y sobre el mundo en el que vivían. Los datos directos que se pueden extraer tienen que ver con la dieta y las enfermedades.

Muchas enfermedades dejan rastros sobre el esqueleto que son fácilmente identificables, especialmente en el caso de aquellas que históricamente han estado muy extendidas. Uno de los ejemplos más habituales es la artritis reumatoide, que provoca deformidades muy características en las articulaciones. Otra de las enfermedades más habituales, la tuberculosis, provoca a largo plazo deformidades en la columna vertebral, cuando las bacterias causantes infectan el esqueleto a través del torrente sanguíneo.

El Papiro Ebers

EL PAPIRO EBERS. Datado en el octavo año de reinado de Amenhotep I (alrededor del 1517 a.C.), es considerado la fuente primaria más completa sobre la medicina del antiguo Egipto y uno de los documentos médicos más antiguos que existen. Foto: Einsamer Schütze

Algunas de estas dolencias nos pueden dar también información sobre los hábitos de vida de los individuos. Por ejemplo: la gota, fácilmente identificable por la inflamación del dedo gordo del pie, suele ser consecuencia de una dieta rica en determinados tipos de alimentos, como las carnes rojas y el marisco. Puesto que dichos caprichos, históricamente, solo estaban al alcance de los más ricos, encontrarlos en un esqueleto indica posiblemente que se trataba de un individuo de alto estatus social y muy probablemente un hombre, ya que esta dolencia tiende a desarrollarse sobre todo en el sexo masculino.

Cuando una muestra significativa de individuos presenta una alta incidencia de determinadas enfermedades, se pueden obtener también indicios sobre el modo de vida de una sociedad e incluso sobre el clima de la época: dos ejemplos claros son nuevamente la tuberculosis, que se desarrolla prevalentemente en ambientes fríos y húmedos; y la gota, que si está muy difundida es indicativa de que se trataba probablemente de una sociedad cazadora.

Pero la mayor fuente de información en estos casos procede de las fracturas de los huesos: no solo son marcas de trabajos pesados o de heridas intencionales, sino que observando la frecuencia con que aparecen fracturas curadas en los esqueletos se puede deducir de forma aproximada la mortandad a causa de ellas o de las infecciones resultantes. Incluso, si se encuentran dichas señales en esqueletos infantiles de forma generalizada, es una pista de que los niños empezaban a trabajar muy jóvenes.

Todas estas informaciones, sin embargo, no son concluyentes por sí mismas, ya que en la medida de lo posible tienen que apoyarse con registros históricos, análisis de ADN o datos resultantes del examen arqueológico de otros elementos, como los restos de comida. Pero resulta especialmente valiosa en el caso de poblaciones de las que no se tienen registros históricos, generalmente porque no conocían la escritura. En ese caso, los esqueletos son lo más cercano a unos testigos que pueden tener los arqueólogos, sobre quienes recae la tarea de hacer de detectives del pasado.

Imagen de portada: El estudio de los esqueletos de época bajomedieval enterrados en varios cementerios de Cambridge ha puesto de manifiesto que sus habitantes corrían un alto riesgo de sufrir accidentes e incidentes violentos. Foto: Nick Saffell.

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y los viajes. Enero 2022.

Arqueología/Esqueletos/Paleontología

Descubren restos de una ceremonia mexica y esqueletos del siglo XIX en Ciudad de México.

Arqueólogos del INAH que excavan en la actual colonia Guerrero de la capital mexicana han descubierto diversos basureros prehispánicos con objetos usados por los antiguos mexicas en las ceremonias del Fuego Nuevo y de época virreinal. Asimismo han descubierto una serie de enterramientos de los siglos XVIII y XIX, posiblemente de víctimas de una de las recurrentes epidemias de la época.

Un equipo de arqueólogos del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia de México) ha realizado recientemente dos importantes descubrimientos en el centro histórico de Ciudad de México. 

Uno de ellos, un conjunto de objetos que utilizaron los antiguos mexicas en sus ceremonias del Fuego Nuevo, fue exhumado en el Panteón de San Fernando, cerca de la iglesia de San Hipólito, en el antiguo barrio de Cuepopan, en el emplazamiento de la actual colonia Guerrero de la capital mexicana. 

Se trata de diversos recipientes cerámicos, alacates (calabazas largas agujereadas), figuritas de barro y algunas navajas de obsidiana que aparecieron enterrados a un metro de profundidad. El segundo hallazgo de interés se ha llevado a cabo en la periferia del Panteón durante unas labores de cableado. Se trata de 17 enterramientos datados en el siglo XIX, algunos de ellos posiblemente víctimas de uno de los habituales brotes epidémicos que asolaron la ciudad en ese período.

UNOS RESTOS EXCEPCIONALES

La ceremonia del Fuego Nuevo mexica tenía lugar cada 52 años, en el momento en que un ciclo se acababa y todo volvía a comenzar. Durante ese ritual, los habitantes de Tenochtitlán se deshacían de sus enseres domésticos, rompían las figuras de divinidades que tenían en sus altares, ayunaban y apagaban los fuegos de sus casas y de los templos de la ciudad.

Los sacerdotes, vestidos con sus mejores galas, salían entonces del Templo Mayor y se dirigían al Cerro de la Estrella (el cráter de un volcán extinto), en cuya cumbre realizaban una ceremonia para encender un fuego nuevo.

Los habitantes de Tenochtitlán se deshacían de sus enseres domésticos, rompían las figuras de divinidades que tenían en sus altares, ayunaban y apagaban los fuegos de sus casas y de los templos de la ciudad.

Figurillas de arcilla halladas durante las excavaciones en la colonia Guerrero.Foto: Melitón Tapia (INAH)

Elementos cerámicos hallados cerca del Panteón de San Fernando.Foto: Melitón Tapia (INAH)

Fragmentos cerámicos de época virreinal descubiertos durante los trabajos.Foto: Melitón Tapia (INAH)

No es habitual descubrir vestigios de este singular ritual, ya que todo se quemaba o se lanzaba a las acequias (como es el caso del hallazgo de San Fernando). «Generalmente, se cavaba una fosa y en esta fosa de arrojaban lo platos, las ollas o las vasijas. La gente iba, los arrojaban y se rompían. En muchas ocasiones se usaban piedras de río para poder romper los artefactos. También se utilizaba fuego. En este caso, no hay una fosa como tal, simplemente están dispuestos en el estrato lacustre, lo que quiere decir que la gente llegó con sus vasijas y las lanzó al cuerpo de agua que en esa época existía. Toda esta zona era una zona lacustre; no existían las calles como las conocemos en la actualidad», explica la arqueóloga Nancy Domínguez, coordinadora de las nuevas excavaciones en la zona.

¿VÍCTIMAS DE UNA EPIDEMIA?

Por otra parte, el descubrimiento de los restos óseos de los siglos XVIII y XIX en las inmediaciones del Panteón de San Fernando sugiere que la zona continuó estando habitada en época virreinal, un período en el que se construyeron iglesias y conventos, y que la ocupación continuó hasta el siglo XIX, cuando en el lugar se levantaron grandes casas señoriales. 

Por ahora, se han estudiado diez inhumaciones, y se ha logrado identificar los restos de 15 individuos, todos ellos adultos, tanto hombres como mujeres.

El descubrimiento de los restos óseos de los siglos XVIII y XIX en las inmediaciones del Panteón de San Fernando sugiere que el lugar continuó siendo habitado en época virreinal y la ocupación continuó hasta el siglo XIX.

Un antropólogo analiza varias vértebras de algunos de los individuos enterrados cerca del Panteón de San Fernando. Foto: Melitón Tapia (INAH)

Esqueleto de uno de los individuos exhumados cerca del Panteón de San Fernando.Foto: Melitón Tapia (INAH)

Los investigadores creen que muchos de los aquí enterrados pudieron perecer debido a un brote de cólera, enfermedad recurrente y que hizo estragos en la ciudad en el siglo XIX. 

«Es llamativo que este descubrimiento se dé mientras atravesamos por una contingencia sanitaria nuevamente, revelándonos cómo la sociedad de cada tiempo ha hecho frente a las emergencias sanitarias modificando sus estructuras socioeconómicas, culturales y religiosas, lo que se refleja en los patrones de enterramiento. Desde nuestras disciplinas, la arqueología, la bioarqueología y la antropología física, recuperamos esta identidad desde el presente», ha declarado el antropólogo físico Eduardo García Flores, de la Dirección de Salvamento Arqueológico. Las autoridades culturales mexicanas tienen previsto que los trabajos en la zona continúen hasta finales de enero de 2022.

Imagen de portada: Ceremonia del Fuego Nuevo. Códice Borbónico.Foto: PD

FUENTE RESPONSABLE. NATIONAL GEOGRAPHIC Por Carme Mayans Redactora. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/ México/Historia/Aztecas/Arqueología/Actualidad

EL ESCÁNDALO DEL TESORO DE TROYA QUE REVOLUCIONÓ LA ARQUEOLOGÍA.

La codicia,  la suerte y el empecinamiento de un despiadado hombre de negocios alemán obsesionado con la “Ilíada” condujeron al hallazgo de los restos de Troya, la mítica ciudad cantada por Homero. El descubrimiento fue grandioso y escandaloso. Te lo contamos cuando se cumplen doscientos años del nacimiento de Heinrich  Schliemann, el hombre que dio un vuelco a la arqueología.

Abandonó sus negocios, dejó a su mujer y se fue a Turquía a buscar Troya, una ciudad quimérica, legendaria. En 1870, ningún erudito consideraba que la Ilíada fuera un relato real sobre la guerra de Troya. Pero, para Heinrich Schliemann –un alemán políglota y ambicioso que se había enriquecido desde la nada–, los protagonistas de los poemas homéricos, como Aquiles, Helena, Héctor o Eneas, eran personajes históricos que lucharon y amaron en aquella ciudad milenaria. Al igual que los grandes historiadores Heródoto y Tucídides, Schliemann creía que aquella epopeya había sido real.

Su obsesión comenzó en las Navidades de 1829, cuando tenía 7 años y le regalaron una historia universal para niños en cuyas ilustraciones aparecía Eneas con su padre, Anquises, y su hijo Ascanio huyendo del fuego que arrasaba Troya. «¡Cuando sea mayor, yo encontraré Troya y el tesoro del rey!», prometió. Esa búsqueda marcó su vida.

alternative textAmbición temprana.Heinrich Schliemann era hijo de un humilde pastor protestante que le transmitió el amor por Troya. Fue ambicioso desde jovencito, a los 14 años comenzó a trabajar como tendero y acabó siendo un rico comerciante de oro.GETTY IMAGES

Heinrich Schliemann nació el 6 de enero de 1822, hace ahora dos siglos, en la ciudad alemana de Neubukow. Era hijo de un humilde pastor protestante que le inculcó su amor por la ciudad cantada por Homero. Cuando cumplió los 14, los problemas económicos que padeció su familia lo obligaron a trabajar como tendero en la pequeña ciudad de Fürstenberg. Durante cinco años, desde las seis de la mañana hasta las once de la noche, dedicó su vida a la venta de aguardiente, salchichas y arenques.

Todo cambió en 1841, cuando consiguió trabajo como escribiente en Ámsterdam. En la ciudad holandesa alquiló una diminuta buhardilla en la que empezó a estudiar idiomas, una tarea que se le daba muy bien.

La carrera del oro

A los 22 años ya dominaba siete –entre ellos, el ruso–, lo que le brindó la oportunidad de trabajar como representante de la empresa alemana Schröder en San Petersburgo. En la Venecia del Norte abrió su propio negocio de reventa de polvo de oro y contrajo matrimonio con Ekaterina Petrovna, una aristócrata rusa con la que tuvo tres hijos.

Ocho años después ya era rico. A los 32 viajó a California, donde fundó un banco para el comercio aurífero. Se había convertido en un inversor de riesgo, agresivo y despiadado, que nunca desaprovechaba la ocasión de sacar tajada de cualquier negocio, bien fuera con la fiebre del oro en Estados Unidos o con la guerra de Crimea. «A finales de 1863 poseía una fortuna que ni mi ambición más exagerada hubiera podido soñar», reconoció Schliemann.

alternative text«De Helena a mi esposa». Entre los restos de Hissarlik aparecieron dos diademas, 8.750 anillos y seis pulseras, que Schielmann atribuyó de inmediato a Helena de Troya, sin prueba de ello. La más lujosa de las diademas acabó en la cabeza de su esposa Sofía, mientras el entusiasmado arqueólogo  exclamaba: «El adorno usado por Helena ahora engalana a mi propia esposa».GETTY IMAGES

Tres años después, este exitoso emprendedor que ya dominaba quince lenguas, además del griego clásico, asombró al mundo cuando anunció que abandonaba los negocios para dedicarse a cumplir su sueño de infancia: localizar las ruinas de Troya y desafiar al mundo científico que no creía en Homero.

En 1869 se divorció de Ekaterina y contrajo segundas nupcias con Sofía Engastromenos, una ateniense de apenas 18 años que acompañaría a su marido en las campañas arqueológicas que este iba a iniciar pocos meses más tarde.

Financiero reconvertido en arqueólogo, Schliemann estaba convencido de que con la ayuda de la Ilíada descubriría Troya, aunque no tenía muy claro dónde se escondían sus ruinas. Algunos pocos eruditos pensaban que, de haber existido, los restos de la ciudad deberían encontrarse sepultados en Bunarbashi. Pero esa localidad turca estaba a tres horas de la costa y los héroes de Homero eran capaces de correr a diario varias veces de sus barcos a las murallas de la ciudad sitiada. Era imposible que Troya estuviera en ese lugar.

Cuando descubrió la primera pieza de oro, despidió a los trabajadores. Y empezó a excavar solo. No quería testigos.

Tras desechar Bunarbashi, el alemán se dirigió a la colina de Hissarlik, también en Turquía, donde un amigo suyo, el inglés Frank Calvert, cónsul de Estados Unidos, había comprado unos terrenos donde pensaba que podían encontrarse las ruinas del palacio de Príamo. Tras estudiar la tipología de ese lugar, Schliemann llegó a la misma conclusión.

Las pistas de Jenofonte y Heródoto.

Además, había otros datos que lo convencieron. Entre ellos, los testimonios de los historiadores griegos Jenofonte y Heródoto, que contaron que Míndaro –el caudillo militar de Lacedemonia– y el emperador persa Jerjes habían sacrificado cientos de animales en Hissarlik en honor de la Minerva troyana. Eran demasiadas casualidades. Aparte de albergar un templo troyano, ¿no sería ese lugar el asentamiento de una gran ciudad amurallada?

Una vez que obtuvo los permisos del Gobierno turco, Schliemann empezó las excavaciones, en 1870, en la ladera de Hissarlik, tal y como le había sugerido Calvert. Curiosamente, el alemán nunca reconoció en sus libros que el mérito de la localización de Troya era del inglés.

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Una fascinación milenaria. Troya, dirigida por Wolfgang Petersen en 2004, es la última vez que la historia de la ciudad ha sido llevada al cine.AGE

Con un equipo de unos cien hombres y con la inestimable ayuda del arquitecto y arqueólogo alemán Wilhelm Dörpfeld, Schliemann encontró la base de un muro, armas y otros utensilios. Pero para aquel tiburón de las finanzas esas baratijas eran un trofeo nimio que apenas aportaban gloria a su empresa.

Su obsesión empezó cuando con 7 años le regalaron una historia universal con ilustraciones de Troya

Su verdadero objetivo, lo que buscaba ansiosamente, eran los restos de una ciudad sobre la que se asentaban los orígenes de la civilización europea. En su afán por encontrarla, cometió gravísimos errores que dañaron el yacimiento. Desde entonces ha tenido que ser limpiado en varias ocasiones por científicos alemanes y estadounidenses.

Durante las campañas de excavación que se sucedieron entre 1871 y 1873 aparecieron muros y construcciones superpuestas que correspondían a sucesivas fases de ocupación, lo cual llevó a Schliemann a dividir las ruinas en siete estratos (más tarde se localizaron dos más), cada uno de ellos correspondiente a una etapa histórica distinta.

Schliemann pensó que los restos de Troya se encontraban en el estrato más profundo. Pero se equivocaba. En realidad, en sus prisas por desenterrarla, excavó en exceso y se pasó de frenada. La ciudad homérica se encontraba en un estrato menos antiguo.

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La muralla que atravesó un caballo. Excavaciones en la colina de Hissarlik, Turquía, en 1890, bajo la dirección de Schliemann. La imagen muestra parte de la muralla de la Troya homérica.AGE

Schliemann tenía razón. Las evidencias arqueológicas que halló prueban que desde el año 2500 antes de Cristo hubo diversas ciudades en ese lugar. 

En aquel tiempo, a Troya también se la conocía como Ilión. Y con ese nombre aparece en documentos muy antiguos donde se cuenta que la ciudad estaba controlada por el Imperio hitita. Parece posible que la tensa relación que mantenían los aqueos con los hititas desencadenara la guerra que tuvo lugar en Troya.

El penúltimo día de excavaciones

También es probable que esa contienda motivara a los rapsodas griegos a cantarla en verso y a Homero a plasmarla en la Ilíada. Pero, si estalló esa guerra, la causa poco tuvo que ver con el supuesto rapto de Helena ni con los ejércitos que envió el rey aqueo Agamenón para rescatarla.

Si la guerra de Troya tuvo lugar en la Antigüedad, tampoco tuvo que ver con las luchas de Aquiles y Héctor y las súplicas de Príamo para rescatar el cadáver de su hijo. Todo eso pertenece al acervo mitológico de la Grecia clásica, una herencia de la Antigüedad que ha moldeado nuestros sueños y las ideas que tenemos sobre el amor, el coraje, la guerra y la cultura.

Enfebrecido desde la infancia por los cantos de Homero, Schliemann emprendió el 15 de junio de 1873 el que iba a ser el penúltimo día de excavaciones. Fue entonces cuando advirtió en el suelo del yacimiento el brillo de una pieza de oro. No quería que los trabajadores lo vieran y se deshizo de ellos. 

Una vez que se encontró solo, comenzó a excavar y a extraer valiosísimos objetos de oro y plata, que el arqueólogo bautizó como ‘el tesoro de Príamo’. 

Pero se equivocó, ya que esas joyas pertenecieron en realidad a una civilización desconocida, cerca de 1250 años más antigua que Troya.

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Escondida en Turquía. Las ruinas de la mítica ciudad de Troya, que se encontraron en la provincia turca de Çanakkale.GETTY IMAGES

Carente de formación científica y sobrado de entusiasmo, el alemán pensó que aquel conjunto de diademas, pendientes y colgantes podrían haber realzado la belleza de Helena, considerada la hija de Zeus en la mitología griega. 

El arqueólogo afirmó después que puso la diadema de oro en la cabeza a su mujer, Sofía: «El adorno usado por Helena de Troya ahora engalana a mi propia esposa», escribió Schliemann.

Schliemann exageró muchos otros pasajes de su vida. En cualquier caso, aunque esas joyas desenterradas en Hissarlik no correspondían a la mítica Troya, eran de un valor incalculable. Su hallazgo arqueológico se convirtió en el más importante del siglo XIX.

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Agemanón a pesar de todo. La pieza más representativa de todas las halladas por Schilemann es la máscara de Agamenón, que encontró en la acrópolis de Micenas, Grecia, en 1876. Fue catalogada erróneamente porque el arqueólogo creía haber descubierto el cuerpo del legendario rey griego Agamenón, pero estudios posteriores demostraron que la máscara funeraria es de unos 300 años antes de ese rey. Sin embargo, conserva su nombre.GETTY IMAGES

La noticia del descubrimiento corrió como un reguero de pólvora. Para eludir a los guardias y al Gobierno turco, Schliemann se llevó en secreto el tesoro a Grecia, donde lo escondió en una granja de unos familiares de su esposa. El alemán se convirtió en expoliador del patrimonio cultural de un país.

El tesoro fue donado a un museo de Berlín. Tras la Segunda Guerra Mundial las joyas desaparecieron. Volvieron a aparecer 50 años después en Moscú

El enfado del Ejecutivo turco fue de tal calibre que lanzaron duras críticas y amenazas al Gobierno griego, al que acusaron de haber colaborado con Schliemann en el robo de obras de arte milenarias. 

El tesoro de Príamo fue donado posteriormente a un museo de Berlín. Una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, las valiosas joyas desaparecieron hasta que, en 1993, reaparecieron en unos almacenes del Museo Pushkin de Moscú, adonde fueron trasladadas por el Ejército Rojo en 1945 como botín de guerra.

El arqueólogo emprendió otras excavaciones; entre ellas, las que realizó en Micenas, donde desenterró ricos ajuares funerarios y la famosa máscara de oro de Agamenón, que en realidad pertenecía a un soberano mucho más antiguo que el legendario rey micénico. 

Cuando falleció, el 26 de diciembre de 1890, su cuerpo fue enterrado en un suntuoso mausoleo que había construido para sí mismo en Atenas y en cuyo frontispicio hay una inscripción que dice: «Para el héroe Schliemann».

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: ABC Semanal- 200 ANIVERSARIO DE HEINRICH SCHLIEMANN. Por José Segovia. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Arqueología/Historia/Antiguedad/

Heinrich Schliemann

La cabeza de maza encontrada en un templo de Hieracómpolis que es la primera mención de la existencia del Rey Escorpión.

En 1897 los arqueólogos británicos James Quibell y Frederick W. Green estaban excavando las ruinas de la ciudad de Hieracómpolis (en egipcio antiguo llamada Nekhen, actual Kim el-Ahmar), la capital del Alto Egipto hasta finales del período protodinástico (entre 3500 y 3100 a.C. aproximadamente). 

Allí, bajo el templo de Horus, encontraron un gran depósito de objetos votivos que databa de finales del Imperio Antiguo (2686-2181 a.C.), pero que contenía objetos mucho más antiguos que habían sido trasladados allí posteriormente.

Entre esos objetos había una cabeza de maza de piedra caliza, de unos 32,5 centímetros de alto, en la que aparece representado un faraón de gran tamaño llevando la corona blanca del Alto Egipto. 

Junto a él está grabado su nombre representado por la imagen de un escorpión. Se trata de una maza ritual, de un tamaño unas cinco veces mayor que el de una maza funcional.

El rey aparece de pie con una cola de toro y junto a un curso de agua, posiblemente un canal, sosteniendo una azada, simbolizando la apertura ritual de los diques tras la inundación del Nilo o de una zanja para la fundación de un templo o ciudad. 

Se trata del testimonio más antiguo de este rito, que perdurará en la iconografía egipcia hasta la dominación griega. Está frente a un hombre con una cesta que parece arrojar semillas al suelo, otro que lleva un enorme haz de gavillas de grano y otros que llevan estandartes.

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La cabeza de maza del Rey Escorpión, a la izquierda, junto a otros objetos encontrados en Hieracómpolis, fotografiados por sus descubridores en el momento del hallazgo | foto dominio público en Wikimedia Commons

Algunos hombres parecen realizar tareas en el canal, mientras que en la parte posterior del séquito del rey hay plantas de papiro, un grupo de mujeres (quizá bailarinas) y otro pequeño grupo de personas de espaldas al faraón. En la parte superior derecha del rey aparece el perro Jentiamentiu, el dios que protegía la necrópolis de Abidos.

En el registro superior aparece una hilera de estandartes de los que cuelgan aves rejit, avefrías que se usaban originalmente para referirse a los habitantes del delta o Bajo Egipto por parte de los habitantes del Alto Egipto.

Todo ello se interpreta como la conquista del Bajo Egipto, y de algunos países extranjeros, por un rey llamado Horus Escorpión II que gobernó hacia 3075 a.C., más conocido como Rey Escorpión (para diferenciarlo de otro rey más antiguo con el mismo nombre que gobernó el Alto Egipto hacia 3250 a.C., y del que tampoco se sabe mucho).

La presencia de los Nueve Arcos, símbolo de los extranjeros y los enemigos del que ya hablamos en otro artículo, reforzaría la hipótesis de que fue este rey quien unificó Egipto, y no su sucesor Narmer, como dice la tradición.

En este sentido, otro pequeño fragmento perteneciente a una segunda maza y encontrado en el mismo depósito muestra al mismo rey con la corona roja del Bajo Egipto.

La cabeza de maza, que hoy se encuentra en el Museo Ashmolean de Oxford, Reino Unido, sería una de las representaciones más antiguas de un rey egipcio, y es la única prueba gráfica de la existencia del Rey Escorpión, del cual no se ha encontrado ninguna otra información histórica. Se la considera, además, la cabeza de maza más antigua encontrada hasta ahora, datada hacia el 3075-3050 a.C.

Detalle de la imagen del rey y su nombre representado por un escorpión y una flor | foto AncientDigitalMaps en Flickr

Se desconoce el lugar exacto de enterramiento del Rey Escorpión. Los investigadores creen que su tumba puede ser, o bien la denominada B50 en la necrópolis de Umm el-Qaab en Abidos, o la denominada HK6-1 de Hieracómpolis. La primera es una cámara casi cuadrada dividida en cuatro estancias por un sencillo muro de barro en forma de cruz. La segunda mide 3,5 por 6,5 metros, tiene una profundidad de 2,5 metros y está reforzada con barro. En ambas se han encontrado varias placas de marfil con figuras de escorpiones.

A finales de 2020 investigadores de la Universidad de Bonn junto con el Ministerio de Antigüedades de Egipto descifraron la señal de topónimo más antigua del mundo, una inscripción jeroglífica encontrada en el Wadi el Malik al este de Asuán en la que se lee: dominio del Rey Escorpión de Horus, y que se cree hace referencia a este mismo rey.

La cabeza de maza del Rey Narmer  foto akhenatenator en Wikimedia Commons – Flickr

Algunos egiptólogos, como Bernadette Menu, opinan que dado que los reyes egipcios de la primera dinastía parecen haber tenido varios nombres, Escorpión era la misma persona que el faraón Narmer, con un nombre diferente o título adicional. De hecho ambos parecen haber sido contemporáneos y el estilo artístico de la maza guarda intrigantes similitudes con otra similar de Narmer. Para otros, como T. H. Wilkinson, Renée Friedman y Bruce Trigger, el Rey Escorpión sería el gobernante de un reino menor conquistado posteriormente por Narmer para unificar Egipto.


Fuentes:

Ian Shaw, The Oxford History of Ancient Egypt | Toby A.H. Wilkinson, Early Dynastic Egypt | Anthony E. David, A Biographical Dictionary of Ancient Egypt | Arturo Sánchez, El Rey Escorpión: unificador del Egipto predinástico | Bernadette Menu, Enseignes et porte-étendarts. Bulletin de l’Institut Français d’Archéologie Orientale 96: 339–342 | Wikipedia.

Imagen de portada:  Gentileza de akhenatenator en Wikimedia Commons – Flickr

FUENTE RESPONSABLE: Muy interesante. Por Guillermo Carvajal. Diciembre 2021

Antiguo Egipto/Sociedad y Cultura/Egiptología/Arqueología/Antiguedad/Rey Escorpión

La plaga de justiniano llegó a Inglaterra antes que a Constantinopla.

Un nuevo estudio cuestiona los métodos utilizados hasta ahora para analizar el impacto de la llamada plaga de Justiniano, una devastadora epidemia de peste bubónica que tuvo lugar entre los siglos VI y VIII. Mediante el estudio de textos antiguos y recientes hallazgos genéticos, el estudio sugiere que la peste pudo haber llegado a Inglaterra antes del primer caso registrado en el Mediterráneo por una ruta desconocida hasta ahora.

Durante décadas, los historiadores han discutido sobre la letalidad de la llamada plaga de Justiniano, el primer brote conocido de peste bubónica en Eurasia occidental, sobre su impacto social y económico, y sobre las rutas por las que se extendió. Entre los años 2019 y 2020 se publicaron diversos estudios que aseguraban que los historiadores antiguos habían exagerado enormemente el impacto real de esta plaga, a la que numerosos investigadores llegaron a describir como una «pandemia intrascendente». Incluso algunos estudiosos afirmaron que la plaga de Justiniano en realidad fue algo «no muy diferente de nuestros brotes de gripe».

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DESACUERDOS ACADÉMICOS

Ahora, en un nuevo estudio, publicado en Past & Present, Peter Sarris, historiador de la Universidad de Cambridge, sostiene que estos estudios no han prestado la debida importancia a los más recientes hallazgos genéticos, y que además se basaron en análisis estadísticos engañosos y no supieron interpretar la evidencia proporcionada por los textos antiguos. Según Sarris, «algunos historiadores siguen siendo profundamente hostiles a considerar que factores externos como las enfermedades tienen un impacto importante en el desarrollo de las sociedades humanas, y el ‘escepticismo de la plaga’ ha recibido mucha atención en los últimos años».

San Sebastián ruega por la vida de un sepulturero enfermo durante la plaga de Justiniano. Josse Lieferinxe. 1497-1499. Foto: PD

Según Sarris, algunos historiadores siguen siendo profundamente hostiles a considerar que factores externos como las enfermedades tienen un impacto importante en el desarrollo de la sociedad humana.

Sarris, miembro del Trinity College de Londres, critica asimismo en su estudio la forma en la que algunos investigadores han utilizado los motores de búsqueda para afirmar que solo un pequeño porcentaje de la literatura antigua menciona esta plaga, lo que probaría, según ellos, que la enfermedad fue considerada insignificante en su momento. «Ser testigo de la plaga de primera mano obligó al historiador contemporáneo Procopio a romper con su acostumbrada narrativa militar para escribir un relato desgarrador sobre la llegada de la plaga a Constantinopla que dejaría una profunda impresión en las generaciones posteriores de lectores bizantinos. Eso es mucho más revelador que la cantidad de palabras relacionadas con la plaga que escribió. Diferentes autores, en diferentes tipos de texto, concentrados en diferentes temas, y sus obras deben leerse en consecuencia», afirma Sarris.

PROBLEMAS ECONÓMICOS

Sarris también refuta la sugerencia de que las leyes, las monedas y los papiros proporcionan poca evidencia de que la plaga de Justiniano tuvo un impacto significativo en la sociedad bizantina. El historiador dice que, en efecto, hubo una importante reducción en la promulgación de leyes imperiales entre el año 546 y el final del reinado de Justiniano, en 565. Pero también sostiene que la oleada de legislación significativa datada entre 542 y 545 revela una serie de medidas que fueron impulsadas desde el poder para paliar algunos efectos negativos de la enfermedad, como la despoblación. Por ejemplo, en marzo de 542, en una ley que el mismo Justiniano describió como promulgada en medio de la «presencia circundante de la muerte», que se había «extendido a todas las regiones», el emperador intentó apuntalar la economía. En otra ley de 544, Justiniano implantó controles de precios y salarios para poner coto a la demanda de sueldos más elevados que los supervivientes solicitaban por sus trabajos. Aludiendo expresamente a la plaga, el emperador declaró que el «castigo que ha sido enviado por la bondad de Dios» debería haber convertido a los trabajadores en «mejores personas», pero en cambio «se han vuelto a la avaricia».

La basílica de Santa Sofía, en la actual Estambul, erigida durante el reinado de Justiniano.Foto: iStock

Sarris sostiene que la oleada de legislación significativa datada entre 542 y 545 revela una serie de medidas impulsadas para paliar la despoblación causada por la plaga y para limitar el daño infligido por la enfermedad.

Que esa peste incrementó las dificultades fiscales y administrativas que ya existían en el Imperio romano de Oriente también se refleja en los cambios en la acuñación de moneda, argumenta Sarris. Durante ese período se emitieron una serie de monedas de oro ligeras, la primera reducción de este tipo en la moneda de oro desde su introducción en el siglo IV, y el peso de las monedas de cobre también se redujo considerablemente. 

«La importancia de una pandemia histórica nunca debe juzgarse principalmente sobre la base de si conduce al ‘colapso’ de las sociedades en cuestión. Del mismo modo, la resistencia del estado romano de Oriente frente a la plaga no significa que el desafío planteado por la plaga no fuera real. Lo más sorprendente de la respuesta gubernamental a la plaga de Justiniano en el mundo bizantino o romano es lo racional y cuidadosamente dirigida que fue, a pesar de las circunstancias. Tenemos mucho que aprender de cómo nuestros antepasados ​​respondieron a las enfermedades epidémicas y cómo las pandemias impactaron en las estructuras sociales, la distribución de la riqueza y las formas de pensamiento», explica el investigador.

¿LLEGÓ ANTES A INGLATERRA?

Hasta principios de la década de 2000, la identificación de la plaga de Justiniano como «peste bubónica» se basaba solo en las descripciones de los síntomas que proporcionaban los textos antiguos. En ellos se describía la aparición de bubones o hinchazones en las ingles o axilas de las víctimas. Pero ahora, los rápidos avances en genómica han permitido a los arqueólogos y genetistas hallar rastros de ADN antiguo de Yersinia pestis, la bacteria causante de esta terrible enfermedad, en restos óseos de la Alta Edad Media. Tales hallazgos se han llevado a cabo en Alemania, España, Francia e Inglaterra.

Los rápidos avances en genómica han permitido a los arqueólogos y genetistas descubrir rastros de ADN antiguo de Yersinia pestis, la bacteria causante de esta terrible enfermedad, en restos óseos de la Alta Edad Media.

En 2018, un estudio del ADN conservado en algunos restos encontrados en el antiguo cementerio anglosajón de Edix Hill, en el condado de Cambridge, reveló que muchos de los allí enterrados habían muerto siendo portadores de la enfermedad. 

Un análisis más detallado reveló asimismo que la cepa de Yersinia Pestis allí encontrada pertenecía al linaje más temprano identificado de la bacteria involucrada en la pandemia del siglo VI. 

Según Sarris, «hemos tendido a comenzar a estudiar el tema a través de las fuentes literarias, que describen la llegada de la plaga a Pelusium, en Egipto, antes de extenderse desde allí, y luego encajamos la evidencia arqueológica y genética en un marco y una narrativa basados ​​en esas fuentes. Ese enfoque va a quedar desfasado. 

La llegada de la peste bubónica al Mediterráneo alrededor de 541 y su presencia inicial en Inglaterra, posiblemente algo antes, puede haber sido el resultado de dos rutas separadas, pero relacionadas, que tuvieron lugar con algún tiempo de diferencia».

Enfermos de peste bubónica en una miniatura de la Biblia de Toggenburg, Suiza. 1411. Foto: Cordon Press

DESDE ASIA CENTRAL

El estudio de Sarris sugiere que la plaga pudo haber llegado al Mediterráneo a través del mar Rojo, y quizás a Inglaterra a través del Báltico y Escandinavia, y desde allí a otras partes del continente. Asimismo, el investigador enfatiza que, a pesar de ser llamada plaga de Justiniano, esta enfermedad «nunca fue un fenómeno puramente o incluso principalmente romano» y, como han demostrado los recientes descubrimientos genéticos, alcanzó tanto lugares remotos y rurales, como Edix Hill, como ciudades densamente pobladas.

El estudio de Sarris sugiere que la plaga pudo haber llegado al Mediterráneo a través del mar Rojo, y quizás a Inglaterra a través del Báltico y Escandinavia, y desde allí a otras partes del continente.

Está ampliamente aceptado que la letal y virulenta cepa de la peste bubónica de la que descendería la plaga de Justiniano, y más tarde la peste Negra, surgió en Asia Central durante la Edad del Bronce antes de evolucionar allí en la antigüedad. Sarris cree que puede ser significativo que el advenimiento tanto de la plaga de Justiniano como de la peste Negra se viera precedido por la expansión de los dos grandes imperios nómadas que dominaron Eurasia: los hunos, entre los siglos IV y V, y los mongoles, en el siglo XIII. «El aumento de la evidencia genética conducirá en direcciones que apenas podemos anticipar, y los historiadores deben ser capaces de responder ante estos desafíos de manera positiva e imaginativa», concluye Sarris.

Imagen de portada: El emperador Justiniano rodeado de su corte. Mosaico de la iglesia de San Vital en Ravena. Foto: Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Historia. Por Carme Mayans Redacción. Diciembre 2021

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