Descubren nuevos mosaicos en el palacio califal de Khirbat al-Minya, a orillas del Mar de Galilea.

Con la ayuda de estudios geomagnéticos de superficie y la posterior excavación práctica, un equipo de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (JGU) ha revelado nuevos datos sobre la zona en la que se construyó el palacio califal de Khirbat al-Minya a orillas del Mar de Galilea. Según estos descubrimientos, ya existía un asentamiento ocupado por habitantes cristianos o judíos en las inmediaciones mucho antes de que se construyera el palacio.

Esta vez nos ha tocado el premio gordo con nuestras excavaciones, declaró el director del yacimiento y arqueólogo, el profesor Hans-Peter Kuhnen, en relación con el resultado de las últimas actuaciones en la zona del palacio del primer califa islámico Khirbat al-Minya, en Israel. El equipo de arqueólogos de Maguncia realizó este importante descubrimiento utilizando métodos geomagnéticos y excavando pozos de prueba a partir de los hallazgos.

Descubrieron que, a principios del siglo VIII, el califa había encargado la construcción de su palacio, con su mezquita incorporada y una torre de entrada de 15 metros de altura, y no -como se sospechaba hasta ahora- en un terreno virgen en la orilla desocupada del mar de Galilea, sino adyacente a un asentamiento anterior y en respetuosa coexistencia con él.

Khirbat al-Minya: El lugar de excavación (marrón) con sus toldos de protección solar situado en la orilla noroeste del Mar de Galilea – aquí visto desde la elevación de Tel Kinneret | foto Hans-Peter Kuhnen

El proyecto de investigación se concibió inicialmente como un medio para formar a los estudiantes en el trabajo de campo arqueológico. Se llevó a cabo con el apoyo de la Autoridad de Antigüedades de Israel y fue financiado por la Fundación Fritz Thyssen, la Fundación Axel Springer, la Fundación Santander y el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). El equipo se alojó en la casa de huéspedes Tabgha Pilgerhaus, gestionada por la Asociación Alemana de Tierra Santa (DVHL), que es propietaria del lugar de las excavaciones en la orilla noroeste del Mar de Galilea desde 1895.

Durante su excavación, el equipo arqueológico de Maguncia encontró estructuras de piedra hechas de basalto que datan de varias épocas, con paredes enlucidas, suelos de mosaicos de colores y una cisterna de agua. Las plantas representadas en uno de los mosaicos son especialmente notables, ya que tienen los tallos largos y curvados típicos de los que también se representan en los llamados mosaicos de la escena del Nilo creados en los siglos V a VI.

Las imágenes de la flora y la fauna autóctonas del valle del Nilo simbolizaban el poder vivificante del poderoso río, que con sus crecidas anuales garantizaba la fertilidad agrícola de Egipto. Eso explica que tanto las iglesias de la antigüedad tardía, como la de la cercana Iglesia de la Multiplicación de Tabgha, como las lujosas viviendas de las ciudades de la antigüedad tardía estuvieran decoradas con mosaicos de la escena del Nilo.

Primer plano del mosaico mostrando una planta en flor: En primer plano se ven las marcas de un pico cuando el mosaico fue destruido deliberadamente | foto Hans-Peter Kuhnen

El asentamiento junto al lago existía mucho antes de que se planeara el palacio del califa

El mosaico recientemente descubierto, junto con los hallazgos de cerámica relacionados que datan de los siglos V a VII, demuestran que el asentamiento a orillas del lago ya era próspero siglos antes de que se iniciaran las obras del palacio del califa. Sus habitantes originales eran cristianos o judíos, a los que posteriormente se unió una pequeña comunidad islámica, para la que el califa mandó construir una entrada lateral a principios del siglo VIII para que pudieran acceder a la mezquita de su palacio.

Las cerámicas desenterradas han revelado que el lugar permaneció ocupado bajo el control de los califatos omeya y luego abasí desde el siglo VII hasta el XI. En este periodo se iniciaron nuevos proyectos de construcción, durante los cuales algunas partes de los mosaicos fueron víctimas de las piquetas blandidas por iconoclastas de inspiración religiosa, se demolieron secciones de los antiguos muros y las piedras se transportaron para ser reutilizadas en otros lugares. Los restos se convirtieron finalmente en la ubicación de un cementerio en el que los muertos eran enterrados, según la costumbre musulmana, tumbados de lado con la cara dirigida hacia La Meca.

Cerca de allí, el equipo de Maguncia también sacó a la luz un horno construido en piedra que se utilizaba para procesar la caña de azúcar. Aunque la caña de azúcar representaba uno de los principales productos agrícolas de exportación de Tierra Santa de la época de la Alta Edad Media y aportaba una riqueza considerable a los terratenientes, se necesitaban grandes volúmenes de agua para cultivarla y grandes cantidades de madera para hacer funcionar los hornos de cocción.

Khirbat al-Minya: Esta sección de la excavación muestra, a la izquierda, el suelo de mosaico con las plantas del Nilo y, a la derecha, por encima de una cisterna rellena, los restos de otro suelo de mosaico que probablemente fue eliminado casi totalmente a principios de la Edad Media | foto Hans-Peter Kuhnen

El resultado fue una gran erosión del suelo y un desastre medioambiental del que la zona del lago no se había recuperado del todo ni siquiera en el siglo XX. La inmensa escala del cultivo de la caña de azúcar en la Edad Media quedó demostrada tanto por los hallazgos de las excavaciones en el Palacio Califal -las de 1936 a 1939 y las de 2016- como por las prospecciones geomagnéticas de 2019, que revelaron todas ellas evidencias de docenas de hornos de este tipo en funcionamiento entre los siglos XII y XIII/14.

Nuestras excavaciones más recientes muestran que el califa Walid hizo construir su palacio a orillas del mar de Galilea en un paisaje ya cuidadosamente estructurado que había sido habitado durante mucho tiempo. Fue aquí donde posteriormente se hizo un gran negocio con el cultivo de la caña de azúcar, causando lamentablemente un daño duradero al ecosistema, dijo Kuhnen. Nuestra investigación ha sacado de nuevo a la luz este asentamiento adyacente al palacio del califa, situándolo en el contexto que le corresponde dentro de la historia de los asentamientos humanos de Tierra Santa. A lo largo de los siglos, experimentó periodos alternos de innovación y decadencia, pero no hubo ninguna interrupción real de su existencia durante su vida.

Los estudios geomagnéticos de superficie mostraron dónde excavar

El equipo de Maguncia pudo localizar con tanta precisión este punto histórico con sus catas de prueba gracias a los resultados de los estudios geomagnéticos de superficie realizados in situ en un proyecto piloto en 2019. La tecnología emplea sensores magnéticos para detectar y cartografiar diminutas variaciones en el campo magnético de la Tierra causadas por las alteraciones del suelo, por ejemplo, las provocadas por las obras de construcción.

Uno de los hornos medievales de cocción de caña de azúcar | foto Hans-Peter Kuhnen

Esto permite a los arqueólogos predecir con bastante seguridad el trazado de muros y pavimentos e identificar el emplazamiento de hogares y hornos ocultos bajo el suelo, sin necesidad de recurrir a una pala. Sin embargo, para verificar realmente si los resultados de la magnetometría indican la presencia de algo interesante y para datar las posibles estructuras, los arqueólogos tienen que excavar pozos de prueba específicos, como hizo el equipo del Departamento de Estudios Antiguos de la JGU en Khirbat al-Minya.

Debido a la pandemia de coronavirus, Kuhnen y su equipo tuvieron que esperar tres largos años antes de poder volver al yacimiento para ver lo que les esperaba. Sin embargo, trabajando bajo el sol abrasador de agosto, se vieron recompensados por sus esfuerzos.

Fueron nuestros escaneos geomagnéticos previos los que nos proporcionaron indicaciones inusualmente precisas de lo que podíamos encontrar bajo la superficie. El resultado de nuestras excavaciones ha sido exactamente el que esperábamos. La combinación de estos dos métodos de investigación requiere menos esfuerzo, ayuda a preservar el patrimonio arqueológico y es, por tanto, el futuro de nuestra disciplina, concluyó el profesor Hans-Peter Kuhnen a la luz de las actuales excavaciones en la orilla del Mar de Galilea, que continuarán el próximo año.


Fuentes: Johannes Gutenberg-Universität Mainz

Imagen de portada: Primer plano del mosaico mostrando una planta en flor: En primer plano se ven las marcas de un pico cuando el mosaico fue destruido deliberadamente | foto Hans-Peter Kuhnen.

FUENTE RESPONSABLE: La Brújula Verde. Magazine Cultural Independiente. Por Guillermo Carvajal. 26 de septiembre 2022.

Arqueología/Descubrimientos

 

 

 

 

El fabuloso tesoro de la reina Nubia de Meroe que luchó contra los romanos.

Tesoros arqueológicos

En 1834 Giuseppe Ferlini descubrió en una pirámide de Meroe el espléndido ajuar funerario de la reina Amanishakheto.

En Nubia, al norte del actual Sudán, se formó en el siglo VIII a.C. un reino independiente que desaparecería en el siglo IV d.C., conquistado por el reino etíope de Aksum. En el siglo I a.C., los romanos, tras conquistar Egipto, entraron en contacto con este reino, y más concretamente con una aguerrida soberana que plantó cara al poderoso ejército de Augusto, a la que llamaban «la kandace [reina] de un solo ojo». En los Hechos de los Apóstoles también se nombraba a una reina de Sudán y un ministro suyo, «un hombre de Abisinia y poderoso que ella puso al frente de los almacenes donde guardaba sus tesoros», el cual se convirtió al cristianismo.

Estas noticias sobre los tesoros del enigmático reino sudanés despertaron el interés de exploradores y aventureros cuando Egipto conquistó Sudán en la década de 1820. Tal como ocurrió con la expedición de Napoleón pocos años antes, el ejército contaba entre sus filas con diversos especialistas. El más importante fue Frédéric Caillaud, un mineralogista francés al que el virrey Mohamed Alí había encargado buscar minas de esmeralda. En este viaje, Caillaud dibujó todas las pirámides y monumentos que encontraba y, con la publicación de su obra, Sudán empezó a atraer la atención de los estudiosos. Una de las zonas que visitó Caillaud fue la necrópolis real de Meroe, la antigua capital del reino de Kush. La formaban tres cementerios; en el situado más al norte estaban enterrados los reyes, los príncipes y las kandaces o reinas gobernantes de Meroe, en tumbas con forma de pirámides muy apuntadas, con templos funerarios de estilo egipcio frente a ellas, formados por pilonos y decorados con numerosos relieves.

UN TESORO ESCONDIDO

La visión de estas pirámides llamó la atención de Giuseppe Ferlini, un médico italiano alistado en el ejército egipcio y destacado en Sudán. Según manifestaría posteriormente, cuando abandonó el ejército, en1834, «estaba decidido a volver a casa sin un céntimo o cargado de tesoros hasta los dientes». Junto con un comerciante de origen albanés llamado Antonio Stefani, se encaminó hacia la necrópolis de Meroe y escogió la pirámide mejor conservada para explorarla. Para desgracia de los estudiosos posteriores, el método de trabajo de Ferlini consistía en desmontar la pirámide, por lo que en la actualidad poco queda de la estructura. En palabras del egiptólogo Richard Lepsius, el descubrimiento de Ferlini «ha causado la ruina de muchas pirámides desde entonces».

Anillo de oro con la imagen del dios Amón con cabeza de carnero y seis lágrimas colgantes. Forma parte del ajuar funerario de la reina Amanishakheto.Foto: Museos Estatales de Berlín, Museo Egipcio y Colección de Papiros / Sandra Steiß CC BY-NC-SA 4.0

Al retirar los bloques de piedra de la cima de la pirámide, Ferlini encontró una estancia con un lecho funerario «cubierto con una tela de algodón o lino de color blanco, que se deshacía con el más mínimo roce». Pero la sorpresa fue mayúscula cuando miró debajo de la cama. «Allí encontré un recipiente [de bronce], y dentro una serie de objetos envueltos en tela». Más tarde se sabría que esos objetos formaban parte del ajuar funerario de la reina Amanishakheto, la misma que había hecho frente al ejército de Augusto.

Brazalete de oro con intrincada decoración. Tesoro de la reina Amanishakheto. Foto: Museos Estatales de Berlín, Museo Egipcio y Colección de Papiros / Sandra Steiß CC BY-NC-SA 4.0

El tesoro estaba formado por más de 300 joyas de inspiración egipcia: anillos, brazaletes, pectorales, pendientes… El suelo de la estancia también estaba cubierto de cuentas, «fragmentos de pasta de vidrio y piedras que formaban cadenas, también amuletos, pequeños idolillos, una caja metálica, cajitas, una sierra, un mazo, así como otros muchos objetos». Ferlini guardó todo lo que pudo en una bolsa para evitar que los obreros lo vieran y estuvieran tentados de coger alguna joya.

Una vez en la tienda, «al ver la cantidad de oro que tenía ante mis ojos me di cuenta de que debía de superar con mucho lo que ya había repartido por los museos de Europa». Pero Ferlini tuvo miedo de los obreros, que estaban excitados por el descubrimiento, y decidió marcharse del país. Se dirigió a Roma para vender las joyas, pero los estudiosos dudaron de la procedencia del tesoro y lo consideraron una falsificación. Pese al revés, Ferlini publicó el hallazgo y Luis I de Baviera, gran coleccionista, vio el catálogo. El rey compró en 1840 la mitad de la colección, hoy en el Museo Estatal de Arte Egipcio de Múnich.

LA MISIÓN PRUSIANA

En 1844, el egiptólogo Richard Lepsius, tras examinar el tesoro y confirmar su autenticidad, emprendió una expedición siguiendo los pasos de Ferlini. Lepsius se encaminó hacia Begerawiyeh, cerca de donde estaban las pirámides. «Después de cabalgar con furia, llegamos finalmente al pie de un grupo de pirámides edificadas muy cerca las unas de las otras, que trazaba una especie de media luna ante nuestros ojos». Lepsius se hizo acompañar por uno de los guías locales que ya había colaborado con Ferlini cuando éste exploraba la necrópolis real en 1834.

Anillo de oro tipo sello con efigie de gobernante entronizado. Ajuar funerario de la reina Amanishakheto.Foto: Museos Estatales de Berlín, Museo Egipcio y Colección de Papiros / Sandra Steiß CC BY-NC-SA 4.0

Con la excitación del momento, Lepsius no esperó ni a encender una vela para explorar el templo funerario de la reina. «Medio buscando con los ojos y medio a tientas, descubrí esculturas en los muros exteriores de los pequeños templos funerarios, y hasta pude palpar algunas figuras en las paredes interiores». La decoración mostraba a la reina Amanishakheto como una mujer corpulenta, de rasgos negroides y con numerosas joyas, las mismas que Ferlini descubrió en el interior de la pirámide. En la imagen arquetípica del faraón venciendo a sus enemigos, Amanishakheto sujetaba por el cabello a los vencidos y los presentaba a las divinidades.

Colgante de oro decorado con una flor de loto. Forma parte del tesoro de la reina Amanishakheto.Foto: Museos Estatales de Berlín, Museo Egipcio y Colección de Papiros / Sandra Steiß CC BY-NC-SA 4.0

«Inmediatamente aparecieron ante mis ojos los dioses egipcios, identificados por sus nombres mediante inscripciones jeroglíficas muy conocidas». Con la exploración de la pirámide y del resto de la necrópolis, Lepsius pudo identificar a la propietaria del tesoro que había hallado Ferlini y telegrafió rápidamente al rey de Prusia Federico Guillermo IV recomendándole que comprara la otra mitad de las piezas. La adquisición de este conjunto pasaría a formar parte de la colección del futuro Museo de Berlín, donde hoy se muestra este magnífico tesoro.

Imagen de portada: Panorámica de la necrópolis real de Meroe, en el actual Sudán, donde se alza la pirámide de la reina Amanishakheto. Foto: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Nuria Castellano. 24 de septiembre 2022.

Arqueología/Descubrimientos.

 

El ADN revela nuevos datos sobre la migración anglosajona.

Arqueología en las Islas Británicas.

Nuevos resultados genéticos demuestran que alrededor del 75 por ciento de la población del este y del sur de Inglaterra estaba formada por personas cuyos orígenes se tienen que buscar en las regiones continentales del mar del Norte, incluidos los Países Bajos, Alemania y Dinamarca.

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En el siglo VIII d. C., un monje inglés llamado Beda el Venerable escribió la historia de las islas británicas. Es su obra afirmaba que el declive de Roma, que tuvo lugar hacia el año 400 d.C., abrió las puertas para que poblaciones originarias del este como los anglos, los sajones o los jutos, procedentes de lo que hoy es el noroeste de Alemania y el sur de Dinamarca, «llegasen a la isla y su número comenzase a aumentar hasta el punto de volverse amenazador para los nativos».

Aunque muchos historiadores sospechan que Beda pudo haber exagerado en sus afirmaciones, lo que sí creen los investigadores es que un reducido numero de miembros de la élite guerrera de estos pueblos pudo llegar a las islas e introducir poco a poco su cultura e idioma. En este sentido, un amplio estudio genómico que acaba de ser publicado en la revista Nature sugiere que Beda podría no estar tan equivocado en sus afirmaciones. 

Este nuevo estudio se ha basado en el análisis del ADN antiguo procedente de los restos de 460 personas que vivieron en Europa entre los años 400 y 900 d.C., entre los que se incluyen 278 individuos de Inglaterra. Los resultados parecen confirmar un aumento sustancial de gentes cuya ascendencia procede del norte de Europa continental. Esta conexión está estrechamente ligada con los habitantes de Alemania y Dinamarca en la Edad Media temprana, lo que implicaría que durante la Alta Edad Media hubo una migración a gran escala a través del mar del Norte hacia Gran Bretaña.

Ajuar funerario de la tumba de inhumación 3532 en el cementerio de Issendorf (Alemania). Foto: Landesmuseum Hannover

LA HUELLA GENÉTICA DE LOS SAJONES

«Con 278 genomas antiguos de Inglaterra y cientos más de Europa obtuvimos información realmente fascinante sobre la escala de la población y las historias individuales durante la época posromana», ha explicado Joscha Gretzinger, genetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y autor principal del estudio. 

«Ahora no solo tenemos una idea de la escala de la migración, sino también cómo se desarrolló en las comunidades y las familias». De este modo, utilizando los datos genéticos publicados de más de 4.000 europeos antiguos y de 10.000 actuales, Gretzinger y sus colegas fueron capaces de identificar sutiles diferencias genéticas entre los grupos que vivieron en aquella antigua región del mar del Norte.

Los arqueólogos excavan la tumba 112 de un hombre con el 99,99 por ciento de ascendencia continental del norte de Europa en Oakington Cambridgeshire (Inglaterra). Foto: Duncan Sayer, Universidad de Central Lancashire

Lo que está claro es que el cambio poblacional trajo consigo, asimismo, enormes cambios culturales, algunos de los cuales se han mantenido hasta hoy. «Hubo un período relativamente dramático de cambio de idioma», dice la arqueóloga de la Universidad de Oxford, Helena Hamerow. 

En ese período, las lenguas celtas y el latín dieron paso al inglés antiguo, una lengua germánica que comparte vocabulario con el alemán y el holandés. 

«Esto sugiere un número significativo de hablantes de germánico en las tierras bajas de Gran Bretaña», continúa Hamerow. Sin embargo, los vikingos que cruzaron el mar del Norte unos siglos más tarde dejaron menos rastros de su presencia al representar alrededor del seis por ciento de los genes de los ingleses modernos, en comparación del 30 o el 40 por ciento de los anglosajones.

PUDO NO SER UNA INVASIÓN

Por otra parte, las tumbas no cuentan una historia muy clara acerca de la conquista armada de las islas. Durante las excavaciones cerca de Cambridge llevadas a cabo por el equipo investigador se han encontrado restos de personas con poco ADN continental que fueron enterradas al estilo anglosajón, lo que hace pensar a los arqueólogos que estas gentes adoptaron voluntariamente la nueva cultura. El equipo también descubrió que muchas personas tenían una mezcla de ADN de Europa continental y del este de Gran Bretaña, lo que sugiere que los matrimonios mixtos y la integración fueron habituales y duraron siglos.

Enterramiento de una mujer con sus joyas junto al esqueleto de una vaca. El ADN de la mujer era predominantemente local, lo que sugiere que la migración y el estatus no estaban vinculados en el período anglosajón.Foto: Duncan Sayer, Universidad de Central Lancashire

Los arqueólogos excavan el entierro triple, en Oakington Cambridgeshire, de tres mujeres que no estaban emparentadas entre sí procedentes del oeste de Gran Bretaña e Irlanda y del norte de Europa continental. Foto: Duncan Sayer, Universidad de Central Lancashire

Durante los trabajos, se halló bajo un montículo la tumba de una mujer de alto rango de unos 20 años de edad, con ascendencia mixta, que fue enterrada con joyas plateadas, cuentas de ámbar y junto a una vaca completa. Esto sugiere que la relación iba más allá de la de una simple conquista, según otro de los autores del estudio, Duncan Sayer, arqueólogo de la Universidad de Central Lancashire. «Estamos muy lejos de la hipótesis de una invasión. No se trata de un grupo de tipos subiendo a botes con armas y conquistando territorio», finaliza el investigador.

DE REGRESO A SUS HOGARES

Por otra parte, las relaciones familiares, según el estudio de los enterramientos, también apuntan a una migración masiva. En un cementerio se encontró enterradas juntas a tres generaciones de personas la totalidad de cuyo ADN procedía del norte de Europa. «Sospecho que hay familias, o incluso pequeños pueblos, que se levantan y se mudan», sugiere Sayer en relación a las evidencias encontradas en el norte de Alemania de asentamientos que fueron abandonados abruptamente en los siglos V o VI d. C.

En el continente europeo también se han hallado enterramientos con rastros de ascendencia británica occidental e irlandesa, lo que hace pensar en una migración inversa: descendientes de poblaciones que regresaron al continente después de vivir durante generaciones en Gran Bretaña. Los resultados descartaron la idea de Gran Bretaña como una gran isla solitaria, alterada ocasionalmente por invasiones. «En realidad, el mar del Norte era una carretera, donde la gente iba y venía», explica Hills. «Tal vez la movilidad sea un estado humano más normal de lo que pensamos», concluye el investigador.

Imagen de portada: Replica de un casco sajón de finales del siglo VI procedente del entierro de Sutton Hoo.Foto: Gernot Keller / Museo Británico CC BY SA 2.5

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por José M. Sadurni. 26 de septiembre 2022.

Arqueología/Actualidad

 

Descubren inscripciones pintadas de 3.500 años de antiguedad en la antigua Hattusa, la capital hitita.

A unos 200 kilómetros al este de la capital turca, Ankara, a las afueras de la pequeña localidad de Boğazkale, se encuentran las ruinas de la ciudad de la Edad de Bronce de Hattusa. Hattusa fue en su día la capital del Imperio Hitita, que dominaba amplias zonas de Asia Occidental en el segundo milenio a.C.

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A principios de agosto, el Dr. Bülent Genç, miembro del equipo de excavación y profesor de arqueología en la Universidad Artuklu de Mardin, hizo un descubrimiento especial en Yerkapı. En un túnel sin luz, del monumento en la ciudad alta que se conoce desde tiempos inmemoriales, notó signos. Estos habían sido pintados en las piedras toscamente trabajadas de las paredes con pintura de raíz de color marrón rojizo.

Desde entonces se han descubierto rastros de al menos 249 signos en jeroglíficos anatolios (signos pictóricos) en las investigaciones aún en curso. Aunque algunos están demasiado erosionados para ser legibles, la mayoría están bien conservados y son claramente descifrables.

Uno de los jeroglíficos Anatolios pintados descubiertos | foto Bülent Genç/DAI

Según las primeras evaluaciones de los filólogos del equipo de excavación (M. Alparslan y M. Marazzi), existen al menos ocho grupos diferentes de signos de repetición en el llamado Poterne de Yerkapı. Uno de estos grupos de signos ha sido identificado 38 veces hasta ahora. Al parecer, no se trata de inscripciones coherentes, sino de breves anotaciones (grafitti). Las primeras observaciones suponen nombres de personas o dioses, así como una posible designación de este camino subterráneo en el periodo hitita.

Los jeroglíficos de Anatolia y el significado de las inscripciones recién descubiertas.

En el periodo del Gran Reino Hitita, los jeroglíficos anatolios se encuentran regularmente en monumentos rocosos o sellos, ya sea grabados o en relieve. Los signos descubiertos en Yerkapı, sin embargo, estaban escritos en los bloques de piedra con pintura.

Hasta ahora, sólo se conocían inscripciones pintadas de Kayalıpınar (Sivas) y Suratkaya (Muğla). Y su número era extremadamente pequeño. Gracias a los hallazgos de Yerkapı, cada vez está más claro que la escritura jeroglífica anatolia estaba mucho más extendida en la sociedad del II milenio a.C. de lo que se suponía. Estos hallazgos abren una ventana completamente nueva e inesperada a la Edad de Bronce tardía.

Para documentar este descubrimiento único, los jeroglíficos junto con todo el edificio están siendo grabados digitalmente y modelados en tres dimensiones en cooperación con colegas de la Universidad Federico II – DiSTAR.

Otro grupo de jeroglíficos pintados | foto Bülent Genç/DAI

La investigación arqueológica en Hattusa

Desde hace 116 años, Hattusa (Patrimonio de la Humanidad y Memoria del Mundo de la UNESCO) se investiga con el permiso del Ministerio de Cultura y Turismo de la República de Turquía.

El objetivo del equipo internacional, dirigido desde 2006 por el Prof. Dr. Andreas Schachner, del Instituto Arqueológico Alemán de Estambul, es la investigación sistémica de Hattusa. El programa de trabajo se centra en las excavaciones, el tratamiento de los hallazgos y las restauraciones.

Los trabajos actuales se desarrollan en Boğazköy/Hattusa en el marco del proyecto global financiado por el Instituto Arqueológico Alemán (DAI), la Fundación Alemana de Investigación (DFG), la Fundación Thyssen, la Fundación GRH y el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano. Colegas de la AID, de la Universidad de Estambul y de las Universidades Federico II y Suor Orsola Benicasa (ambas de Nápoles) colaboran en la documentación y la evaluación.

Fuentes: Deutsches Archäologisches Institut

Imagen de portada: El yacimiento de Yerkapı en Hattusa, el lugar del hallazgo | foto Andreas Schachner/DAI.

FUENTE RESPONSABLE: La Brújula Verde. Por Guillermo Carvajal. 19 de septiembre 2022.

Arqueología/Historia/Descubrimientos/Actualidad

 

 

El eslabón pérdido de la historia india: la Ciudad de Mohenjo-Daro.

Varios arqueólogos británicos sacaron a la luz, hacia 1925, dos grandes ciudades de 2500 a.C., Mohenjo-Daro y Harappa.

El Nilo, el Tigris y el Éufrates, y el Huang He y el Yangtse fueron los principales y directos responsables del surgimiento de las primeras civilizaciones de la historia: Egipto, Mesopotamia y China. Pero a orillas de otro imponente río, el Indo, se descubrió a inicios del siglo XX una civilización desconocida: la cultura del valle del Indo.

Hasta entonces, los restos arqueológicos más antiguos de la región india (India y Pakistán) eran las estupas budistas del norte, datadas hacia el siglo I d.C., aparte de algunas evidencias prehistóricas en el sur. El hallazgo de las ciudades de Harappa y Mohenjo-Daro («la colina de los muertos») permitió, como dijo el arqueólogo británico John Marshall, uno de sus descubridores, «ampliar nuestro conocimiento de la civilización india en al menos 3.000 años, demostrando que en el III milenio a.C., o incluso antes, las gentes del Punjab y el Sind vivían en centros urbanos bien organizados y poseían una avanzada tecnología».

Pero el hallazgo de esta nueva civilización estuvo a punto de perderse para siempre justo antes de nacer. En 1856, poco después de que el Imperio británico se anexionara el actual territorio de Pakistán, se decidió construir una línea de ferrocarril que uniera Karachi y Lahore, y se encargó la obra a los hermanos e ingenieros John y William Brunton.

DE GRAN CIUDAD A CANTERA

John, que trabajaba en el sur, se encontró con el problema de conseguir balasto (gravilla) para las vías del ferrocarril y se le ocurrió que podría encontrarlo en una «vieja ciudad de ladrillos en ruinas» conocida con el nombre de Brahminabad. Tras comunicarle a su hermano su idea, éste hizo lo propio en otra ciudad abandonada en la región del Punjab, cerca del pueblo de Harappa, que estaba totalmente edificada con ladrillos cocidos.

Harappa fue desmantelada por completo, tal como recordaría años después el arqueólogo Alexander Cunningham.

Sello de terracota en el que se representa una figura masculina. Mohenjo-Daro. Foto: Cordon Press.

Sin conceder importancia alguna a sus vestigios, Harappa fue desmantelada por completo, tal como recordaría años después el arqueólogo Alexander Cunningham: «Las ruinas de Harappa son las más grandes del curso del río Ravi. En conjunto miden casi 4 kilómetros de perímetro. Las paredes eran muy macizas, pero apenas queda nada, pues el material se usó para construir la vía del tren. Para hacernos una idea de la extensión originaria de Harappa basta pensar que los ladrillos sirvieron de firme para la línea ferroviaria entre Lahore y Multan, de 160 kilómetros de longitud».

EL RESURGIR DE UNA CULTURA

Cunningham era general del ejército británico e ingeniero jefe de las provincias del norte; también era un gran amante de las antigüedades, y dedicó todos sus esfuerzos a fomentar el estudio, la publicación y la salvaguarda del patrimonio indio. En 1860 se fundó el Archaeological Survey of India (Servicio Arqueológico de la India), del que Cunningham formó parte como arqueólogo y luego, entre 1870-1885, como director general. Fue él quien, al adquirir unos sellos cuadrados de esteatita que los obreros guardaron tras la destrucción de Harappa, se dio cuenta de la antigüedad e importancia de aquel yacimiento.

Sello de esteatita y su impresión, descubierto en Harappa, Pakistán. Foto: Cordon Press

Pero no fue hasta la década de 1920 cuando se produjo ese «gran salto» del que hablaba Marshall. El interés por los contactos entre el mundo clásico y el oriental condujo a este experimentado arqueólogo a presidir el Archaeological Survey entre 1902 y 1928. Al igual que Cunningham, Marshall llevó a cabo un amplio programa de actividades y de modernización de los métodos de trabajo, y por primera vez incluyó a arqueólogos indios en el equipo. 

Fueron precisamente ellos quienes llevaron a cabo las primeras excavaciones tanto en Harappa, por parte de Daya Ram Sahni en 1920, como en Mohenjo-Daro, en la región del Sind, unos 600 kilómetros más al sur y cuyo descubrimiento en 1922 debemos a R. D. Banerji. Al principio éste creyó que aquellos restos pertenecían a la época de las estupas budistas, pero las investigaciones posteriores, en las que participó Marshall, revelaron que se trataba de una civilización que se remontaba al año 2500 a.C., tan desarrollada y brillante como las de Egipto y Sumer.

Marshall llevó a cabo un amplio programa de actividades y de modernización de los métodos de trabajo, y por primera vez incluyó a arqueólogos indios en el equipo.

Las campañas de excavación dejaron al descubierto unas ciudades impresionantes, con más de 100 hectáreas de extensión y una población de entre 40.000 y 70.000 habitantes, con murallas de nueve metros de altura y un perfecto sistema reticular basado en cruces de anchas calles en disposición cardinal. El hallazgo de miles de sellos ponía de manifiesto una rica economía y la presencia de un sistema de escritura (aún no descifrado) vital para aquellas comunidades urbanas.

EXCAVACIONES MODERNAS

Tras Cunningham y Marshall, el siguiente personaje importante en la historia de Harappa y Mohenjo-Daro fue un nombre ilustre de la historia de la arqueología, Mortimer Wheeler, quien dirigió el Archaeological Survey en 1940-1944. Si sus predecesores fundaron y mejoraron los trabajos arqueológicos en esta zona, Wheeler condujo la arqueología a la era moderna al dotarla de un sistema basado en la estratigrafía, sobre la cual se apoya la ciencia arqueológica actual. 

En sus intervenciones en ambas ciudades, Wheeler llevó a cabo los primeros y seguros registros estratigráficos, con tres niveles para Harappa y hasta nueve para Mohenjo-Daro. También modernizó el concepto de arqueología para convertirla en una ciencia: «En casi todos los sitios que he visitado –constató– hay evidencias de que el trabajo ha sido realizado por aficionados, por hombres ansiosos, sin suficiente experiencia para hacer una buena labor».

Wheeler llevó a cabo los primeros y seguros registros estratigráficos, con tres niveles para Harappa y hasta nueve para Mohenjo-Daro.

Gran piscina en el yacimiento de Mohenjo-Daro, en Pakistán. Foto: iStock

Otra de sus aportaciones fue hacer que las excavaciones sirviesen como práctica a los estudiantes. En una época y una zona con una amplia diversidad cultural y religiosa, ello traía consigo fricciones, pero Wheeler supo ponerles freno: «Aquí todos somos iguales; yo no distingo entre sijs, persas, hindúes o musulmanes; todos somos arqueólogos y si a alguien no le gusta, que se vaya».

Así pues, el descubrimiento de Harappa y Mohenjo-Daro no se debe a una sola persona, sino a un grupo de esforzados arqueólogos que, aportando cada uno lo mejor de sí mismo, recuperaron una de las primeras culturas del mundo: la civilización del Valle del Indo.

Imagen de portada: Al fondo de la imagen, estupa de budista en Mohenjo-Daro, en Pakistán. Foto: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Felip Masó. 19 de septiembre 2022.

Arqueología/Civilizaciones/Descubrimientos.

 

Una colosal estatua de Hércules descubierta en la antigua ciudad griega de Filipos.

Durante las excavaciones que se desarrollan en el yacimiento griego de Filipos, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Tesalónica ha sacado a la luz una colosal estatua que representa a un joven Hércules, datada en el siglo II d.C., y que al parecer decoró una fuente monumental.

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Durante las excavaciones que un grupo de arqueólogos ha llevado a cabo en la antigua Filipos, ciudad fundada por el rey macedonio Filipo II, padre de Alejandro Magno, y escenario de la famosa batalla del mismo nombre en el año 42 a.C., se ha encontrado una estatua monumental que representa a un Hércules joven. Los trabajos de excavación, dirigidos por la profesora de Arqueología bizantina Natalia Poulou, han contado con la participación de los profesores Anastasios Tantsis y Aristóteles Menzo y con la colaboración de varios estudiantes de la Aristotle University of Thessaloniki (AUTH), institución que en la actualidad se encarga de los trabajos de excavación y mantenimiento del yacimiento.

La zona que escogieron los arqueólogos en esta última campaña para realizar excavaciones ha abarcado el lado oriental de una de las calles principales de Filipos. En ese punto se ha localizado una plaza en la que en su día se alzó un imponente edificio, muy posiblemente una fuente ricamente decorada (ninfeo), de la que se han hallado algunos fragmentos, y que, según creen los investigadores, habría tenido una rica decoración arquitectónica.

Lugar del hallazgo de la estatua colosal del joven Hércules. Foto: Ministerio de Cultura de Grecia.

Fragmentos de la estatua de Hércules tal como fueron descubiertos en el yacimiento de Filipos. Foto: Ministerio de Cultura de Grecia.

UNA ESTATUA COLOSAL

De hecho, la decoración de esta fuente, que ha sido datada entre los siglos VIII y IX, el período de dominio bizantino en la ciudad, estaba coronada por una impresionante estatua de época romana (siglo II d.C.), de un tamaño superior al natural, que representa a un Hércules juvenil. La maza, de la que se han encontrado diversos fragmentos, y la piel de león que cuelga de la mano izquierda extendida confirmarían la identidad del héroe. En la cabeza, Hércules lleva una corona de hojas de vid atada a la espalda por una cinta cuyos extremos finalizan en los hombros.

La decoración de la fuente estaba coronada por una impresionante estatua de época romana (siglo II d.C.) que representaba a una Hércules juvenil.

El hecho de utilizar estatuas antiguas para decorar edificios está confirmado por las fuentes históricas y también por los hallazgos arqueológicos. Por ejemplo, se sabe que en Constantinopla las estatuas de época clásica y romana decoraron los edificios y los espacios públicos hasta el período bizantino tardío. Lo que viene a demostrar este hallazgo es el modo en que se ornamentaban los espacios públicos en las ciudades más importantes del Imperio bizantino. Debido a su importancia estratégica en ese período, Filipos mantuvo una considerable guarnición bizantina en el siglo VIII d.C. Los soldados de Bizancio no pudieron, sin embargo, evitar que la ciudad fuera tomada por los búlgaros en 838 d.C., aunque fue recuperada por los propios bizantinos en el año 850 d.C.

EL OCASO DE UNA ESPLÉNDIDA CIUDAD

Aunque se desconoce la fecha exacta del abandono definitivo de la ciudad de Filipos, los investigadores creen que este hecho pudo haberse producido alrededor del siglo XV. Los viajeros que la visitaron entonces confirmaron que de la otrora cosmopolita ciudad tan solo quedaban ruinas y que las piedras que una vez sirvieron para levantar magníficos edificios estaban siendo aprovechadas por los otomanos como cantera.

Los investigadores creen que el abandono definitivo de la ciudad de Filipos pudo haber tenido lugar en el siglo XV.

Uno de los arqueólogos durante los trabajos de excavación. Foto: Ministerio de Cultura de Grecia

Las primeras excavaciones arqueológicas sistemáticas de la ciudad fueron realizadas por la Escuela Francesa de Atenas en 1914, y solo se interrumpieron a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial. Tras la finalización del conflicto y desde que volvieron a retomarse los trabajos en el yacimiento en el año 1920 hasta 1937 salieron a la luz el teatro, el foro, dos basílicas, unas termas y una muralla. En la actualidad, las excavaciones continúan con grandes resultados, como demuestra este magnífico hallazgo.

Imagen de portada: Imagen de la estatua de Hércules encontrada en las excavaciones tras ser desenterrada y reconstruida.

Foto: Ministerio de Cultura de Grecia

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 23 de septiembre 2022.

Arqueología/Antigua Grecia/Descubrimientos 

 

El milenario tesoro arqueológico escondido bajo tierra en Godoy Cruz, que investigan en la UNCuyo.

Hace dos semanas especialistas hallaron restos humanos que datan de hace más de 1.500 años, en el marco de una investigación realizada en una obra en construcción en Godoy Cruz. El primer paso, una vez que concluya el informe, será brindar información a representantes de comunidades originarias.

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La forma de vida, creencias, hábitos y rituales que configuraban la matriz de las culturas prehispánicas que habitaban estas tierras de desierto y aguas que dan vida al bajar desde la cordillera, es motivo de arduas investigaciones que a lo largo de años han movilizado a científicos de Mendoza.

Recientemente, un nuevo hallazgo arqueológico ha motivado nuevas expectativas por parte de un grupo de especialistas de la Universidad Nacional de Cuyo, quienes aseguran que en un plazo mínimo de un mes podría haber avances del trabajo que se está llevando adelante en el laboratorio de Arqueología Histórica de la Facultad de Filosofía y Letras.

Hasta el momento, los especialistas de la institución han puesto el foco en tres esqueletos humanos que fueron hallados de manera reciente en el marco de una intervención solicitada por el área de Patrimonio de la Provincia, luego de que se despertaran sospechas de la existencia de piezas de origen arqueológico en una obra en construcción ubicada en calle Pedro J. Godoy, a la altura del 1198. Allí, los trabajos para avanzar con la construcción de un mega edificio continúan, en tanto que dentro del predio los investigadores acordaron realizar las correspondientes excavaciones en un perímetro de cuatro metros cuadrados donde -de acuerdo a instancias previas de investigación- se sospechaba la posible presencia de restos óseos humanos. 

Lo cierto es que el martes 6 de septiembre, el equipo de especialistas mendocinos halló tres esqueletos humanos que de acuerdo a los protocolos establecidos, fueron trasladados para su investigación al laboratorio de la facultad. 

Entre los datos preliminares, se descubrió que los cuerpos tienen una antigüedad de 1.500 años y que habrían pertenecido a un enterratorio de comunidades originarias. No hay materiales o utensilios en sus cercanías ni tampoco vestimentas o indicios que hasta ahora permitan a los investigadores dilucidar otros detalles en relación al contexto en el que los cuerpos fueron dispuestos allí, en las cercanías del zanjón Frías.

El protocolo

Horacio Chiavazza, director de Patrimonio de Mendoza, destacó en este sentido, que por ahora no es posible adelantar información más detallada respecto de este hallazgo debido a que en esta instancia inicial existe un acuerdo de confidencialidad por parte de los científicos, quienes una vez que cuenten con todas las conclusiones, en primera instancia deberán informar los resultados a los representantes de comunidades originarias.

LAS INVESTIGACIONES SE INICIARON EN EL MARCO DE UNA CAUSA QUE TIENE AL MENOS TRES AÑOS/ IMAGEN ILUSTRATIVA.

«Hasta ahora todo indica que se puede haber tratado de un enterratorio de las comunidades originarias; los esqueletos hallados tienen una antigüedad mínima de 1500 años, por lo que el primer paso del equipo de científicos ha sido cumplir con el protocolo de limpieza de los huesos para focalizarse a su estudio. 

El resultado del informe completo podría tardar meses», indicó a MDZ Chiavazza y aclaró que este enterratorio prehispánico podría ser una fosa común, ya que los esqueletos «fueron encontrados en posición secundaria, sin ajuar ni objetos que den cuenta de su pertenencia a una clase social». Datos como las características antropométricas de los cuerpos y las posibles edades que habrían tenido los cuerpos al fallecer, forman parte de los interrogantes que por estos días intenta responder el equipo arqueológico que lleva adelante la investigación.

Sebastión Gianotti, es uno de los investigadores que lleva adelante este proceso de rescate con alto valor patrimonial para los mendocinos. Indicó que por el momento, no es posible difundir más detalles sobre los avances de las investigaciones, ya que solo se podrá acceder a tal información una vez que se concluyan todas las etapas dispuestas por protocolo en estos casos. 

«Existe una política de comunicarnos y dar información en primer lugar, a los representantes de las comunidades. Es posible que este mes o el que viene tengamos una reunión con ellos y allí recién podremos dar más detalles de este hallazgo arqueológico», explicó el investigador al confirmar el hallazgo arqueológico dentro del perímetro del edificio en construcción, ubicado sobre un terreno cercano al colegio San Jorge.

Antecedentes

La investigación que lleva adelante la UNCuyo está en sintonía con las excavaciones que desde 2018 se vienen realizando en este sector de Godoy Cruz. En 2019, en el marco de una investigación solicitada por la fiscal Claudia Ríos, se hallaron restos óseos que de acuerdo a las mediciones científicas con carbono 14 dieron por resultado una antigüedad de más de 1300 años.

A principio de agosto de pasado, MDZ difundió la denuncia realizada por un anónimo que alertaba sobre la existencia de huesos hallados debajo de la tierra en el marco de la obra en construcción y que habrían estado siendo arrojados a contenedores por solicitud de la empresa a cargo de las obras de construcción del edificio. Luego de llevar adelante la investigación necesaria, la fiscal de instrucción de Homicidios, Andrea Lazo indicó que no fue posible determinar tal procedimiento.

Sin embargo, de acuerdo a Chiavazza, el pedido de intervención para que los equipos de investigadores retornaran al lugar para continuar con las excavaciones, dio por resultado el reciente hallazgo.

Imagen de portada: El hallazgo descubierto bajo un edificio en construcción. Foto ilustrativa.

FUENTE RESPONSABLE: Mdz Mendoza. Por Zulema Usach. 20 de septiembre 2022.

Argentina/Godoy Cruz; Mendoza/Arqueología/Hallazgos.

 

 

 

Encuentran las ruinas de Sak Tz´i, la dinastía maya perdida que echó raíces en Chiapas.

Los Sak Tz’i’ conformaron una dinastía de poderosos gobernantes mayas. Sus restos se encontraron en un rancho de Chiapas, en México.

El descubrimiento se consiguió, originalmente, en 2018. En las profundidades de un rancho en el Valle de Santo Domingo, Chiapas, un equipo de investigadores de la Universidad de Brandeis y la Universidad de Brown encontraron los restos de una antigua dinastía de gobernantes. Se trató de los Sak Tz’i’, una población perdida de la civilización maya.

De acuerdo con los arqueólogos, que colaboraron con científicos mexicanos y canadienses, ‘Sak Tz’i» se traduce del maya como perro blanco. Establecieron sus cimientos en en actual Lacanja Tzeltal, y habitaron el espacio durante al menos 1,000 años. Luego desaparecieron misteriosamente, sin dejar explicación al respecto.

Una crisis sanitaria más tarde, los trabajos de excavación se reanudaron. Hasta ahora, esto es lo que han encontrado.

Relatos de rituales y guerra inscritos en las paredes

Una ciudad maya palaciega

Wikimedia Commons / CC BY 3.0

La misión por desenterrar Sak tz’i’ comenzó en 1994. Casi dos décadas más tarde, los investigadores han logrado recuperar estructuras completas y artículos de la vida cotidiana. Entre ellos, documentan los investigadores, figuran docenas de estelas mayas, utensilios de cocina y el cadáver de una mujer de mediana edad.

Al respecto, el curador del Museo Penn de la Universidad de Pensilvania, Simón Martín asegura que los hallazgos comprueban no sólo que este asentamiento existió, sino que éste fue su territorio durante al menos un milenio:

“Los mayas eran verdaderamente los griegos de las antiguas Américas”, d, explica el especialista, que no participó en el estudio, a The New York Times. “Construyeron una civilización avanzada a pesar de, o tal vez incluso debido a, profundas divisiones políticas, con más de cien reinos en competencia”.

Los investigadores estiman que los jeroglíficos mayas encontrados datan del año 750 a.C. Aunque existe evidencia de que antiguamente Sak tz’i’ fue una ciudad palaciega, hoy está cubierta por la vegetación chiapaneca casi por completo.

Imagen de portada: VISTA LATERAL DE LA ESTRUCTURA 13. ESTRUCTURA 1 ES VISIBLE EN EL FONDO. | CRÉDITO WIKIMEDIA COMMONS / CC BY 3.0

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español.

Sociedad y Cultura/Arqueología/Civilización Maya/México/Historia de México

 

Arqueólogos hallan en Israel la primera prueba del uso de opio en el mundo.

Se trata de las primeras pruebas conocidas del uso drogas psicoactivas en el mundo.

Un grupo de arqueólogos halló en Israel residuos de opio en vasijas de cerámica que datan del siglo XIV a.C., y aseguran que se trata de las primeras pruebas conocidas del uso drogas psicoactivas en el mundo, informó hoy la Universidad de Tel Aviv.

«Este emocionante descubrimiento confirma los escritos históricos y las hipótesis arqueológicas según las cuales el opio y su comercio desempeñaron un papel fundamental en las culturas de Oriente Próximo», indica un comunicado de la universidad, que realizó la investigación junto a la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI)y el Instituto Weizmann de Ciencias.

Los hallazgos revelan «las primeras pruebas conocidas del uso de la droga alucinógena opio, y de las drogas psicoactivas en general, en el mundo», subraya el comunicado.

Los residuos de opio se encontraron en vasijas de cerámica, aparentemente utilizadas en rituales funerarios, que fueron halladas en tumbas cananeas en Tel Yehud, en el centro de Israel.

«Esta es la única droga psicoactiva que se ha encontrado en el Levante en la Edad de Bronce tardía. En 2020, los investigadores descubrieron residuos de cannabis en un altar de Tel Arad, pero éste databa de la Edad de Hierro, cientos de años después del opio de Tel Yehud», explicó Vanessa Linares, cuya tesis doctoral impulsó el hallazgo.

La experta asegura que aún no se puede determinar si los cananeos de Yehud creían que los muertos necesitarían opio en la otra vida, o si eran los sacerdotes los que consumían la droga para oficiar la ceremonia, pero aseguró que el descubrimiento arroja luz sobre el comercio del opio en general.

El opio se produce a partir de la amapola, que crecía en Asia Menor, en la actual Turquía, mientras que las cerámicas en las que se identificó el opio fueron fabricadas en Chipre.

«En otras palabras, el opio fue llevado a Yehud desde Turquía, a través de Chipre; esto indica la importancia que se le atribuía a la droga», describe Linares.

En 2012, la AAI llevó a cabo una excavación de salvamento en el sitio de Tel Yehud, antes de que se construyeran residencias. Ahí se encontraron varias tumbas cananeas de la Edad del Bronce Tardía y, junto a ellas, ofrendas funerarias, muchas de ellas vasijas de cerámica.

Las fabricadas en Chipre y denominadas «jarras de anillo base», tienen una forma similar a la de la flor de amapola cuando está cerrada y boca abajo, por lo que en el siglo XIX surgió la hipótesis de que se utilizaban como recipientes rituales para la droga.

Ahora, gracias a un análisis de residuos orgánicos, «se han revelado restos de opio en ocho vasijas, algunas locales y otras fabricadas en Chipre. Es la primera vez que se encuentra opio en la cerámica en general, y en las vasijas de anillo base en particular», aseguró la Universidad de Tel Aviv.

Con información de EFE

Imagen de portada: Vasijas con opio. Shai Heksher/Israel Antiquities Authority

FUENTE RESPONSABLE: Aurora. Israel. 21 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Israel/Arqueología/Historia/Tumbas cananeas/Adicciones

 

 

 

Investigan en Praga una fosa circular de 7000 años de antigüedad.

Arqueólogos investigan en el barrio praguense de Vinoř los restos de una fosa circular de casi 7000 años de antigüedad en un excepcional estado de conservación. Se trata de uno los pocos yacimientos de este tipo en ser desenterrado casi en su totalidad.

Arqueólogos investigan en el barrio praguense de Vinoř los restos de una fosa circular de casi 7000 años de antigüedad|Foto: Archaeological Institute of the Academy of Sciences

La misteriosa obra circular procede de la época de una de las revoluciones humanas más importantes, la neolítica, cuando la gente empezó a dedicarse a la agricultura. La fosa circular en el barrio de Vinoř, situado al noreste de Praga, fue descubierta por expertos en la década de 1980 durante unas obras. La construcción tiene un diámetro de 55 metros y una planta inusual, ya que es una de las pocas fosas circulares con tres entradas. La función de su particular estructura sigue siendo una incógnita; mientras que unos especialistas se inclinan por la opinión de que servía como muros de defensa o para reunir ganado, otros sostienen que se usaba como lugar de comercio o incluso tenía fines rituales o astronómicos.

De acuerdo con Jaroslav Řídký, del Instituto de Arqueología de la Academia de Ciencias de la República Checa, esta fosa circular es una de las más antiguas de todo el territorio europeo.

Jaroslav Řídký|Foto: Neuron / YouTube

“Las obras megalíticas y los llamados henges, que aparecen en las islas británicas, tienen una antigüedad mucho menor. Incluso Stonehenge tiene 1500 años menos que nuestras fosas circulares”.

La fosa circular descubierta en Vinoř tiene una gran importancia porque los científicos la están examinando sistemáticamente en casi toda su área. El arqueólogo Řídký estima que se logrará desenterrar hasta el 90% de la construcción, lo cual es un éxito en el área de la arqueología, ya que en Europa solamente unas diez fosas circulares han sido desenterradas en casi toda su extensión. Esta investigación permitirá obtener muestras de diversas partes de la estructura original para análisis de datación y otras cuestiones.

Foto: Archaeological Institute of the Academy of Sciences

Una conservación inusual

Una gran sorpresa para los arqueólogos fueron los restos de las ranuras de la empalizada completamente conservados, a pesar de que el terreno original ha experimentado muchos cambios en el transcurso de los 7000 años. Durante los estudios anteriores, los arqueólogos descubrieron que al noreste del círculo se encuentra un asentamiento neolítico que estuvo habitado aproximadamente entre 300 y 400 años y hay muestras de otros asentamientos de fecha similar situados en un radio de cinco kilómetros.

Las investigaciones mostraron que las fosas empezaron a desaparecer de los asentamientos alrededor del 4600 a.C. Hasta ahora se han descubierto alrededor de doscientas fosas circulares en toda Europa, apunta Řídký.

Foto: Archaeological Institute of the Academy of Sciences

Foto: Archaeological Institute of the Academy of Sciences

“Los restos aparecen en un territorio bastante extenso, desde Alemania Occidental, atravesando la República Checa, Polonia hasta el suroeste de Eslovaquia, oeste de Hungría y Austria, esto es, más o menos toda Europa Central. Es interesante que aparecieran en territorios de varias culturas arqueológicas”.

De acuerdo con Řídký, el fin del uso de estas estructuras pudo haber sucedido tras un colapso cultural, intentos de tomar el poder o, simplemente, un cambio social.

Imagen de portada: Labrys

FUENTE RESPONSABLE: Radio Prague Internacional. 14 de septiembre 2022.

Arqueología/República Checa/Praga/Hallazgos.