Neandertales, más cerca de nosotros.

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ASÍ ERAN NUESTROS ANTEPASADOS

Al igual que muchas tribus nativas americanas, a los neandertales les gustaba adornarse con plumas de ave, según sugieren recientes descubrimientos.

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Plumas de quebrantahuesos, paloma torcaz y chova piquigualda

Así como una piel de zorro y una garra de águila, han sido incorporadas a esta reconstrucción científica de un neandertal realizada por el paleoartista italiano Fabio Fogliazza.

Foto: Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

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Reconstrucción científica de un neandertal

Una reconstrucción científica de un neandertal muestra el uso ornamental que estos hacían de plumas de ave y pieles de mamífero.

Foto: Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

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El aspecto de un neandertal

El paleoartista Fabio Fogliazza los ha imaginado con el rostro pintado y con adornos de plumas, garras y pieles.

Foto: Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

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Fabio Fogliazza

Para llevar a cabo la reconstrucción del neandertal su autor, el paleoartista italiano Fabio Fogliazza, del Laboratorio de Paleontología del Museo de Historia Natural de Milán, empleó cerca de seis meses. 

Empezó por modelar con arcilla los músculos faciales y adherirlos a un molde de uno de los cráneos de neandertal mejor conservados que se conocen, el descubierto en la cueva de La Ferrassie, en Dordoña, Francia. 

Posteriormente añadió la piel, también de arcilla, dando expresión al rostro. Luego procedió a crear un negativo del molde con una silicona elástica y a continuación, un positivo con resina sintética, al que aplicó el color de la piel y la pintura facial a base de pigmentos ocre rojizo (almagre) y negro, este último fabricado con dióxido de manganeso. 

Las plumas agregadas y la garra pertenecen a las especies documentadas en Fumane.

las reconstrucciones que hacen los paleoartistas son tan buenas y realistas que nos vemos obligados a preguntarnos si de verdad ganaríamos algo viajando al pasado. Veríamos las especies en movimiento, sí, pero hasta eso se consigue ya con las modernas técnicas de animación digital. Ahora bien, los ruidos producidos por los animales desaparecidos para siempre, sus gruñidos, rugidos y bramidos, no son fáciles de reconstruir, y un viaje al pasado nos serviría para ponerle sonido al documental de la prehistoria.

En el caso de las especies humanas extinguidas, podríamos de este modo saber qué tipo de sonidos emitían al comunicarse, si eran parecidos a los nuestros o, por el contrario, similares a los de los chimpancés, aunque incluso esto puede llegar a determinarse a través de los fósiles. 

Pero ni siquiera así sabríamos si «hablaban», si tenían un lenguaje como el nuestro, porque no seríamos capaces de decir si las vocalizaciones que producían «significaban» algo. 

Nuestra comunicación se realiza a base de símbolos, y detrás tiene que haber una mente capaz de crearlos y manejarlos. 

Curiosamente, nunca ha existido un lenguaje humano universal, ni siquiera «antes de Babel», porque cada comunidad acuña su lengua, y de haber tenido los neandertales lenguaje humano, habría que ver si se entendían los de Asia Central con los ibéricos. La fragmentación de un idioma es cuestión de tiempo y distancia.

La reconstrucción que se hacía antiguamente de los neandertales era la de unos seres muy desgarbados, con las rodillas flexionadas, pero ya hace mucho tiempo que se sabe que la postura bípeda completa, del mismo tipo que la nuestra, se alcanzó hace más de cuatro millones de años, con los primeros australopitecos. 

Los neandertales eran más anchos de caderas y de tronco que nosotros, y muy musculosos, de piernas y antebrazos cortos. La frente era huida, bajo las cejas había un engrosamiento óseo que hacía que sobresaliesen, y carecían de mentón.

En esas reconstrucciones antiguas les ponían en todo el cuerpo el pelo de los chimpancés, y eso los hacía parecer muy primitivos. Hoy se los representa con cabello y barba, y el resto del cuerpo poco velludo, y así parecen mucho más humanos. 

Sin embargo, no hay ningún dato científico que avale que tenían cabello (es decir, pelo de crecimiento continuo) y barba (también de crecimiento permanente), ya que nuestra especie es la única que muestra este tipo de pelo en la biosfera actual. 

Quizás algún día nos lo diga la paleogenética (el estudio del ADN de los fósiles). Si pudiéramos mirar a través del tiempo, resolveríamos de un vistazo esa duda.

Cualquier fotografía o grabado de un grupo humano actual o de los últimos siglos, sea cual sea, nos mostrará a sus miembros más o menos desnudos, pero siempre adornados. 

La nuestra es una especie que, además de los rasgos naturales que distinguen a los sexos, modifica su cuerpo para controlar su imagen, es decir, la forma en la que los demás nos ven. 

Eso incluye el modo de arreglarse el pelo y la barba, las deformaciones a las que en algunas culturas se someten los labios o los lóbulos de las orejas, o las que se practicaban sobre los cráneos de los niños pequeños para moldearlos, por no hablar de los aros para estirar el cuello de las mujeres, los cortes en la piel para producir cicatrices (escarificación), los tatuajes, las mutilaciones, las extracciones de dientes o el aguzamiento de los mismos y un largo etcétera. 

Si pudiéramos asomarnos al mundo de los neandertales, veríamos si eran tan humanos como nosotros en estas formas de cambiar el cuerpo.

Estas prácticas culturales son inseparables del lenguaje simbólico. Si los neandertales se arreglaban el pelo, por ejemplo, seguro que hablaban

¿Podemos imaginar a un neandertal con un enorme plato en el labio inferior? 

Parece poco compatible con el tipo de vida que llevaban y su forma de alimentarse. 

Sabemos a ciencia cierta que no se arrancaban dientes ni se los afilaban, ni deformaban el cráneo de sus pequeños, ni se automutilaba, pero hay otras modificaciones del cuerpo, como la perforación de la nariz, que no dejan huella en el esqueleto, y nos quedaremos sin saber si eran prácticas comunes.

 Y no se trata de una simple curiosidad, porque estas prácticas culturales son inseparables del lenguaje simbólico. Si los neandertales se arreglaban el pelo, por ejemplo, seguro que hablaban.

Pero, además, los humanos de todas las culturas nos coloreamos el cuerpo y lo decoramos con collares, pulseras, anillos, pendientes y otros muchos objetos simbólicos. 

Que los neandertales se protegían del frío cubriéndose de pieles es seguro, pero ¿se pintaban el cuerpo? ¿Se colgaban objetos del cuello o alrededor de la muñeca? ¿Se ponían cintas o plumas en la cabeza? Bastaría con tener la certeza de que usaban cualquiera de estos elementos para que supiéramos que su mente era tan simbólica como la nuestra.

Los neandertales transportaban almagre (óxido rojo de hierro, también llamado ocre rojo) a sus cuevas y quizá lo utilizasen como pigmento para pintarse el cuerpo, aunque también podrían darle otros usos. Tal vez se adornaban con hojas o flores, claro, pero estos elementos vegetales no perduran y no forman parte del registro arqueológico. 

Un tocado de plumas en la cabeza de un neandertal produciría un gran efecto a quienes lo vieran, sobre todo si las plumas eran de grandes aves planeadoras, como las carroñeras y rapaces. Pero las plumas no se conservan, así que, ¿cómo sabremos si las usaban?

Una explicación muy razonable es que usaran las alas para arrancarles las plumas y utilizarlas como adorno

La primera respuesta a esta pregunta llegó en 2011 de un yacimiento italiano del Véneto, en los Prealpes, llamado Fumane. Se trata de una cueva que fue utilizada por los neandertales. 

Entre los huesos de animales que transportaron hasta el lugar se encuentran los de diversas especies de aves. Muchos de ellos son de las alas y tienen rastros de haber sido rotos intencionada­mente, o pelados, y algunos muestran pulidos que indican que fueron usados. 

Pero hay seis especialmente interesantes porque presentan cortes producidos por instrumentos de piedra con objeto de desarticularlos. Pertenecen a un ala de quebrantahuesos, otra de cernícalo patirrojo, otra de paloma, dos de chova piquigualda (todos ellos datados en torno a 44.000 años) y otra de buitre negro (procedente de un nivel más antiguo).

Estas partes del cuerpo no proporcionaban alimento alguno a los neandertales, por lo que no fueron llevadas a la cueva para comérselas. Una explicación muy razonable es que usaran las alas para arrancarles las plumas y utilizarlas como adorno. 

Eso por lo menos es lo que piensan los autores de la investigación, dirigida por el antropólogo italiano Marco Peresani, de la Universidad de Ferrara, y financiada en parte por National Geographic Society.

En esta gruta se ha encontrado también una falange ungueal de águila real con marcas de corte que indican que le extrajeron la garra (uña). Cabe pensar que también utilizasen las garras para su arreglo personal.

A partir de esta idea, Fabio Fogliazza, del Laboratorio de Paleontología del Museo de Historia Natural de Milán, ha imaginado el aspecto de un neandertal masculino con el pelo cuidadosamente cortado y además adornado con plumas de quebrantahuesos, de paloma y de chova piquigualda, sujetas con tiras de piel de corzo. 

Las orejas han sido decoradas con cañones de plumas de paloma y se abriga el cuello con una piel de zorro, de la que cuelgan garras de águila. La cara está pintada con almagre (color rojo) y óxido de manganeso (color negro).

Para reconstruir la cabeza el paleoartista ha recurrido a una réplica de un cráneo neandertal masculino muy completo del yacimiento de La Ferrassie, en la Dordoña francesa. Por supuesto, no se sabe quiénes utilizaban las plumas, si eran los hombres, las mujeres o ambos sexos. 

Tampoco se tiene idea de qué significaban para los neandertales, pero si tenían algún significado (edad, estatus social, género, pertenencia a un grupo…), ya eran objetos simbólicos, una forma de lenguaje codificado para enviar un mensaje a los demás, la expresión de una mente racional.

Por otra parte, este no es el único yacimiento que ha proporcionado indicios del uso de plumas por parte de los neandertales. En tres cuevas de Gibraltar (Gorham, Vanguard e Ibex) se han encontrado también huesos de alas de rapaces y de córvidos con señales de haber actuado sobre ellos. 

El interés de los neandertales por las alas de las grandes aves de presa (águilas, halcones) y las carroñeras (quebrantahuesos, buitres), así como por los córvidos, es muy notable, y se ex­­tiende a otros muchos yacimientos de Europa, como han mostrado en un estudio de 2012 Clive Finlayson y otros autores. Finalmente, en dos cuevas de Francia (Combe-Grenal y Les Fieux) se han hallado falanges de águila real y de pigargo (otra gran rapaz) con las mismas características (marcas de corte) que las de Fumane.

Estas teorías cambian la imagen de los neandertales, nunca mejor dicho.

El consumo de aves por neandertales arcaicos ha sido atestiguado en el yacimiento valenciano de Bolomor, en un estudio encabezado por la arqueóloga Ruth Blasco, que constituyó una gran sorpresa el año pasado porque hasta entonces se pensaba que los animales pequeños solo habían sido objeto de caza sistemática por hu­­manos más modernos, mucho después de la extinción de los neandertales. 

Sin embargo, el interés de estos por las rapaces, especies siempre poco abundantes por hallarse en la cúspide de la pirámide ecológica y de escaso o nulo valor alimenticio, tiene que obedecer a razones que no son la obtención de calorías. Y el valor de las plumas con fines de adorno es una hipótesis muy digna de ser tenida en cuenta.

Estas teorías cambian la imagen de los neandertales, nunca mejor dicho. No hay más que ver la reconstrucción del neandertal con tocado de plumas para imaginarse a un ser humano como nosotros. 

Además, sabemos que hacían fuego, eran expertos tallando la piedra y su economía no era diferente de la de sus contemporáneos de nuestra especie. También enterraban a los muertos y hasta parece que llevamos unos pocos genes suyos (menos los africanos que viven al sur del Sahara). 

Hay ya muchos indicios que parecen probar que la mente consciente, simbólica y capaz de expresarse a través del lenguaje no es exclusiva de Homo sapiens y que no es cuestión de todo (nosotros) o nada (las demás especies). 

Pero también es posible, y abre una fascinante perspectiva, que los neandertales tuvieran otro tipo de mente consciente, una mentalidad diferente.

Imagen de portada:  Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

FUENTE RESPONSABLE: Redacción NATIONAL GEOGRAPHICAbril 2019

Antropología/Neandertales/Yacimientos/Arqueología/Paleontología/

Paleolítico/Prehistoria.

 

Los detalles de los primeros pobladores del valle central de Chile.

FUNDACIÓN PALARQ

Un equipo internacional de arqueólogos está llevando a cabo un nuevo proyecto de investigación para estudiar cómo vivieron las primeras comunidades humanas del Cono Sur.

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El antiguo lago Tagua Tagua, ubicado en el valle central de Chile, posee un registro fósil de vertebrados único en el planeta que ha permitido a los investigadores reconstruir con absoluto detalle los antiguos ecosistemas que allí se desarrollaron durante el fin de la glaciación, durante el Pleistoceno final. 

Este lago también ha sido testigo privilegiado de los cambios ambientales acaecidos durante los últimos 50.000 años, que han podido ser develados gracias al estudio de los sedimentos que albergaba en su fondo. 

Pero, además, el Tagua Tagua posee evidencias de varios asentamientos de los primeros grupos humanos que habitaron el área, gentes que convivieron con animales hoy extintos, hace unos 13.000 años.

UN ANTIGUO LAGO DESECADO

El lago, ubicado en un arco de la llamada cordillera de la Costa, fue desecado artificialmente en 1833. 

Cuando aún existía, ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en la época de lluvias. Las excavaciones que se llevaron a cabo durante las labores de vaciamiento de su cuenca dejaron al descubierto un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional. 

De hecho salieron a la luz diversos sitios arqueológicos, como Taguatagua 1 (TT1), de 12.600 años de antigüedad, y Taguatagua 2 (TT2), de 11.700 años, que fueron excavados por los arqueólogos chilenos Julio Montané y Lautaro Núñez, respectivamente. En ellos se han recuperado restos de megafauna hoy extinta y de industria lítica asociada. En ambos sitios se han hallado pruebas de la caza de gonfoterios, unos parientes lejanos de los elefantes modernos.

Vista panorámica del antiguo lago de Tagua Tagua, hoy ocupado por terrenos dedicados a actividades agrícolas.Foto: IPHES

El lago Tagua Tagua ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en época de lluvias. Las excavaciones que se realizaron durante las labores de vaciamiento de su cuenca exhumaron un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional.

Debido a su relevancia arqueológica, treinta años después de las últimas investigaciones que se realizaron en el antiguo lago, un nuevo proyecto financiado por la fundación Palarq, en el que participan Erwin González de la Universidad de O’Higgins, Carlos Tornero del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Matías Frugone-Álvarez y Rafael Labarca, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, busca estudiar la relación que tuvieron los primeros habitantes del Pleistoceno del centro de Chile con la flora y los animales extintos que poblaron la región, así como conocer el impacto de los abruptos cambios climáticos que allí se sucedieron durante el período de transición del Pleistoceno al Holoceno.

RIQUEZA EN ASENTAMIENTOS HUMANOS

Entre 2019 y 2020, los arqueólogos exploraron un nuevo sector cercano a los sitios arqueológicos TT1 y TT2, llegando a documentar un tercer sitio, al que pusieron por nombre Taguatagua 3 (TT3), de similar cronología a TT1. 

Este hallazgo confirma la enorme relevancia arqueológica y científica del lago Tagua Tagua, que ha permitido a los investigadores sostener que el lugar fue ocupado de forma recurrente por grupos de cazadores-recolectores, que explotaron de manera integral los recursos que el lago ofrecía. 

El estudio de los fósiles recuperados demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad, como roedores, marsupiales, anfibios, aves, reptiles… de los que se han contabilizado hasta ahora 28 especies diferentes.

Recreación de la fauna que pobló las riveras del lago Tagua Tagua durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

El estudio de los fósiles recuperados en los yacimientos del Tagua Tagua demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad.

Particularmente TT2 es uno de los pocos casos en América del Sur donde precisamente se ha podido documentar la caza de gonfoterios, debido al hallazgo de dos puntas de proyectil tipo «cola de pescado» elaboradas con cristal de roca. 

Estos proyectiles se asocian con un fragmento de ante astil de dardo compuesto manufacturado en una defensa de mastodonte joven. Todos estos elementos se encontraron asociados espacialmente a los restos óseos de gonfoterios desarticulados y apilados. 

También se recuperó instrumental lítico compatible con actividades de procesamiento de grandes carcasas (láminas retocadas, cuchillos, raederas, raspadores…). 

Por su parte, las excavaciones iniciales desarrolladas en TT3 han permitido asimismo documentar dos piezas líticas (un raspador y un cuchillo) situadas en una posición estratigráfica muy similar a las documentadas en las ocupaciones de TT1 y TT2. Cerca de estos elementos se registró un fogón, asociado a gonfoterios y a fauna menor. 

Todos estos resultados aportan nuevos datos a la hipótesis de que el antiguo lago Tagua Tagua funcionó como un polo de atracción para grupos humanos y animales durante la transición del Pleistoceno al Holoceno.

Evidencia arqueológica de un fogón asociado estratigráficamente a una vértebra de un mastodonte.Foto: IPHES

VISIÓN DE FUTURO

El equipo del proyecto tiene previsto continuar con los trabajos ya iniciados en TT3 y seguir con la búsqueda de nuevos sitios arqueológicos en la cuenca del antiguo lago y sus inmediaciones. 

En su condición de refugio, se espera descubrir allí una gran densidad de asentamientos arqueológicos tempranos. Además, el principal objetivo de este proyecto arqueológico será facilitar la comprensión de cómo las diferentes especies, tanto las extintas como las que aún viven, respondieron a estos cambios en su entorno físico y biológico (un aspecto aplicable a la biología de la conservación y a la ecología de la restauración). 

Paralelamente, se llevarán a cabo muestreos de restos orgánicos e inorgánicos para desarrollar nuevas reconstrucciones paleoambientales. Los investigadores están convencidos de que el análisis de estos datos aportará información detallada sobre las respuestas de los ecosistemas que surgieron en torno al antiguo lago a los cambios ambientales, una información muy útil para construir un modelo de estudio respecto al futuro de los ecosistemas actuales frente a la amenaza del cambio climático global.

Imagen de portada: Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Carlos Tornero, Rafael Labarca y Erwin González, investigadores del IPHES. Noviembre 2021

Arqueología/Paleontología/Primeros pobladores/Chile/América Latina/Sociedad y Cultura

 

El mamut lanudo se extinguió por culpa de los humanos.

SEGÚN UNA NUEVA INVESTIGACIÓN

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Investigadores de la Universidad de Adelaida y la de Copenhague ha demostrado que los humanos tuvieron un papel determinante en la extinción del mamut lanudo

Una nueva investigación demuestra que los humanos tuvieron un papel decisivo en la extinción de los mamuts lanudos en Eurasia, hecho que ocurrió miles de años más tarde de lo que se pensaba, según un equipo internacional de científicos dirigido por investigadores de la Universidad de Adelaida y la Universidad de Copenhague. De hecho, han revelado un camino de 20.000 años hacia la extinción del mamut lanudo. «Nuestra investigación muestra que los humanos fueron los impulsores cruciales de la disminución de la población de mamuts lanudos, teniendo un papel esencial en el momento y el lugar de su extinción», según afirmó el autor principal de la investigación, el profesor asociado Damien Fordham del Instituto de Medio Ambiente de la Universidad de Adelaida.

«Utilizando modelos informáticos, fósiles y ADN antiguo, hemos identificado los mismos mecanismos y amenazas que fueron parte integral del declive inicial y posterior extinción del mamut lanudo», aseguró Fordham.

Carne, pieles, huesos y marfil

Las firmas de cambios pasados ​​en la distribución y demografía de los mamuts lanudos identificados a partir de fósiles y ADN antiguo muestran que la gente aceleró la extinción de los mamuts lanudos hasta 4.000 años en algunas regiones.

«Sabemos que los humanos explotaron a los mamuts lanudos para obtener carne, pieles, huesos y marfil. Sin embargo, hasta ahora ha sido difícil desenredar los roles exactos que el calentamiento climático y la caza humana tuvieron en su extinción«, dijo Fordham. Los expertos han revelado un camino de 20.000 años hacia la extinción del mamut lanudo El estudio también muestra que es probable que los mamuts lanudos hayan sobrevivido en el Ártico durante miles de años más de lo que se pensaba anteriormente, existiendo en pequeñas áreas de hábitat con condiciones climáticas adecuadas y bajas densidades de humanos.

RESTOS DE MÁS DE 60 ANIMALES Y 15 HUMANOS

Encuentran en México uno de los mayores cementerios de mamut de todos los tiempos

Durante la construcción de un nuevo aeropuerto, aparecieron bajo el suelo una serie de huesos de mamut: lo que no podían saber es que se trataba de un descubrimiento único

Imagen de parte de los huesos encontrados en la excavación. (FOTO: INAH)

Casi por casualidad, un equipo de investigadores ha encontrado uno de los mayores cementerios de mamut conocido hasta la fecha. Todo comenzó en octubre de 2019, cuando dio inicio la construcción del Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles, a unos 73 kilómetros al norte de Ciudad de México. Los obreros estaban realizando los primeros trabajos para despejar el terreno y cuál fue su sorpresa cuando comenzaron a desenterrar una serie de largos huesos de los que no se tenía conocimiento hasta el momento. Cuando los expertos llegaron hasta la zona, comenzaron las excavaciones para descubrir de qué se trataba y pronto tuvieron una respuesta: eran huesos de mamut. Por ello, comenzaron a trabajar en la zona para desenterrar cualquier tipo de evidencia sobre este gigantesco animal que pisó la tierra hace miles de años, momento en el que se dieron cuenta de que estaban frente a algo insólito: no había ni uno, ni dos huesos; ni tan siquiera uno o dos animales; sino que hasta en tres puntos diferentes junto al aeropuerto fueron capaces de encontrar 60 mamuts enterrados en esa zona.

Según explica Francisco Sánchez Navarro, coordinador de Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los huesos de mamut datarían de unos 30.000 años. Pero, ¿qué hacían allí? En aquel tiempo, correspondiente al último periodo glacial, este área se correspondía con la orilla del lago Xaltocan, por lo que estos impresionantes animales acudían a esta zona de manera habitual para refrescarse. 

Lo que no sabían es que también era una trampa natural, aprovechada por los seres humanos para cazarlos, con lo que poder alimentarse de su carne y utilizar sus pieles y su marfil. Los expertos consideran que no se trataría de un cementerio al uso, sino de una zona utilizada por la especie humana para cazar mamuts. Porque, al tratarse de una zona rica en agua, es muy posible que existiesen terrenos embarrados en los que estos pesados animales se quedasen atrapados, facilitando así las labores de caza. Por esa razón, podrían haber aparecido tantos animales juntos, hallados en tres partes bien diferenciadas junto a la zona donde se construirá el nuevo aeropuerto.

Según las primeras pruebas, estos sesenta animales se tratarían de mamuts colombinos, una especie que vivió en toda América del Norte durante la época del Pleistoceno, es decir, desde hace 2,6 millones de años hasta hace unos 11.700 años. A pesar de la búsqueda, en esta zona no se encontraron restos del famoso mamut lanudo, aunque no se descarta que en algún enterramiento cercano pudieran aparecer en próximas fechas, si bien es cierto que este tipo de animal es más común en latitudes más al norte dentro del continente. Pero según confirmó el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México a través de un comunicado, junto a este cementerio de mamut también encontró el enterramiento de 15 humanos de tiempos prehispánicos. En este caso, se considera que vivieron entre el año 950 y 700 a. C., y los expertos creen que se trataban de granjeros por el tipo de utensilios que aparecieron junto a ellos, tales como ollas, cuencos o figuras de arcilla. La fertilidad de estas tierras explicaría la presencia de granjas en esta precisa zona.

(FOTO: INAH)

(FOTO: INAH)

Más mamuts

Curiosamente, a poco menos de 10 kilómetros de este punto se encontraron en noviembre de 2019 otras dos grandes zonas llenas de huesos de mamut, que databan aproximadamente de hace 15.000 años. 

En este caso, existía la duda de si estos animales acudían a estos pozos de manera voluntaria para refrescarse o era el ser humano quien los llevaba hasta allí a modo de emboscada, donde sería más fácil atraparlo. Las pruebas halladas en el caso del aeropuerto, podrían indicar que ambas localizaciones representaban zonas de caza humana. 

Ahora, un equipo de 30 arqueólogos y tres conservacionistas se encargarán de estudiar los restos de estos mamuts encontrados, con los que pueden encontrar una serie de valiosas pistas sobre la vida en el Pleistoceno. Gracias a estos restos, podrían conocerse detalles como qué comieron, si tenían algún tipo de problema de salud o, incluso, saber cuánto tiempo eran capaces de vivir. 

Será en los próximos meses cuando estén disponibles los resultados, un análisis de unos de los animales más espectaculares que nunca antes han pisado la Tierra.

Imagen de portada: Gentileza de EFE/Remko De Waal)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Rubén Rodriguez. Noviembre 2021.

Mamut Lanudo/Extinción/Historia/Sociedad/Arqueología

 

Escondites, puertos y hogares: como los vikingos pueden haber debido su éxito a sus campamentos.

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Durante muchos años, los arqueólogos e historiadores han proporcionado una visión cada vez más informada del mundo dinámico de los vikingos, eliminando los clichés de un pueblo enloquecido y caprichoso preocupado por las barbas y el derramamiento de sangre. Un enfoque particular para comprender la actividad vikinga ha sido estudiar los campamentos que establecieron a lo largo de las costas y ríos de Europa occidental, lo que les permitió sustituir sus barcos por una posición fija en tierra cuando el frío, la fatiga, el hambre u otras condiciones los obligaran a hacerlo. .

A menudo llamados «campamentos de invierno» o longhurst , más de 100 de estos sitios fueron presenciados en todo el archipiélago atlántico y el continente europeo solo durante el siglo IX, y sus restos tangibles se han descubierto en lugares como Repton y Torksey en Inglaterra, y Woodstown en Irlanda. . Más recientemente, también se han señalado posibles campamentos vikingos cerca de Zutphen en los Países Bajos, así como el Valle de Coquet en Northumbria.

Pero en los casos en que estos campamentos se han considerado a menudo por sus funciones estratégicas más amplias, se ha dedicado mucho menos tiempo a su planificación y funcionamiento prácticos y cotidianos. Una nueva investigación , que une estos diferentes hilos de evidencia, ahora revela una imagen mucho más intrincada de la logística del campamento, desafiando las nociones de los vikingos simplemente esperando el invierno detrás de sus muros en compañía de sus compañeros y el saqueo.

Ubicaciones de campamentos vikingos del siglo IX, como se encuentran en fuentes escritas de la época. Christian Cooijmans; mapa base de AWMC, UNC-Chapel Hill.

Refugios seguros

No habría dos campamentos vikingos iguales, y podrían haber durado desde unas pocas horas hasta muchos meses o incluso años.

Establecidos en entornos hostiles, muchos utilizaron islas, humedales y otras posiciones defendidas naturalmente en su beneficio. 

Otros se hicieron cargo de estructuras anteriores hechas por el hombre: en el continente, por ejemplo, el palacio carolingio en Nimega fue tomado por vikingos en 880, solo para que sus nuevos ocupantes lo incendiaran el año siguiente. 

Donde fuera necesario, los vikingos también habrían construido sus propias murallas, como se ve en Repton, donde la iglesia abacial de St. Wystan parece haberse incorporado a un nuevo muro perimetral como una caseta de entrada improvisada.

Pero la protección contra los ataques solo habría sido la mitad de la batalla, ya que la seguridad continua de cualquier almacén de alimentos local, ganado y no combatientes habría sido tan importante para la sostenibilidad de dicho campamento.

Trabajos de excavación en el campamento de Woodstown (Co. Waterford, Irlanda). Las investigaciones locales se llevaron a cabo entre 2003 y 2007. Studio Lab / NRA / ACSU.

Comer local

Como cualquier fuerza armada, los grupos vikingos necesitaban fuentes constantes y confiables de alimentos y agua para mantener viables sus campamentos. 

Bajo el fantasma que se avecinaba del hambre y la desnutrición, diversificaron sus métodos para obtener provisiones tanto como les fue posible. Además de cazar, pescar y buscar comida en los campamentos, existe evidencia de que ellos mismos cultivaban y cuidaban ganado.

De manera menos inesperada, los vikingos también obtuvieron su comida a través de la violencia, o la amenaza de la misma. Los acampados en las afueras de París en 885-886, por ejemplo, fueron vistos llevándose cosechas y rebaños, mientras que otros recibieron grandes cantidades de harina, ganado, vino y sidra como parte de los pagos de tributos regionales.

De regreso al campamento, esta comida habría tenido que prepararse para su consumo y almacenamiento. 

En consecuencia, se han recuperado piedras de molino, que se utilizan para moler el grano y convertirlo en harina, de las bases vikingas tanto en Inglaterra como en Irlanda, y un campamento propuesto en Peran en Bretaña ha producido varios calderos de hierro y otros recipientes para cocinar. Los registros escritos también describen a los vikingos que se deleitaban con carne y vino dentro de los confines de sus campamentos.

Ajetreo y bullicio

Más allá de lo básico de protegerse y alimentarse, los vikingos participaron en una amplia gama de actividades en los campamentos, con la construcción de refugios, establos y talleres; barcos en reparación; y armas, adornos y otros artículos que se están elaborando. Para apoyar estos esfuerzos en curso, un flujo constante de recursos, incluida la madera, la piedra y los metales (preciosos), habría tenido que ingresar a los campamentos.

Es posible que lugares como estos no hayan estado completamente fuera del alcance de los forasteros, e incluso pueden haber brindado valiosas oportunidades para comerciar. 

Los Anales de San Bertin del siglo IX, por ejemplo, describen cómo los vikingos buscaban «mantener un mercado» en una isla del río Loira (ahora Francia). Poco después, los Anales de Fulda también señalan que los soldados francos pusieron un pie dentro de un campamento vikingo en el río Mosa (ahora los Países Bajos), no para luchar, sino para comerciar. Se han encontrado rastros físicos de dicho comercio , incluidas monedas, lingotes de plata y pesos comerciales, en sitios como Torksey y Woodstown.

Además de ofrecer a los vikingos otra forma de obtener sus suministros, ocasiones como estas pueden haber permitido que los artículos que anteriormente fueron robados o extorsionados vuelvan a circular.

Un tesoro de plata encontrado en la antigua isla de Wieringen (Holanda Septentrional, Países Bajos), que se cree que indica una presencia vikinga local establecida. Museo Nacional de Antigüedades, Leiden.

Un lugar para todo

En general, los campamentos vikingos no estaban en modo alguno inactivos o desorganizados, y funcionaban como puestos de mando, armerías, tesorerías, graneros, prisiones, talleres, mercados, puertos y hogares. 

Al albergar comunidades diversas y dinámicas de docenas, cientos o, en ocasiones, incluso miles de personas, algunos brindaron apoyo a grupos vikingos regionales mucho más allá del lapso de un solo invierno.

Mantener campamentos como estos en funcionamiento no habría sido poca cosa, dependiendo de niveles de planificación y disciplina que no se asocian comúnmente con la actividad vikinga. 

Como resultado, el éxito de los campamentos proporciona una visión clave de un fenómeno vikingo más amplio que no fue ni arbitrario ni sin rumbo cuando tocó tierra en Europa occidental.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation

Arqueología/Vikingos/Edad vikinga/Sociedad/Historia

 

Por qué los egipcios dejaron de construir pirámides.

Construyeron esas magníficas estructuras con la idea de vivir eternamente, hasta que, misteriosamente, dejaron de hacerlo. Pero, ¿por qué cambiaron de idea

Gobernaron durante miles de años junto al Nilo, creando un imperio inigualable plagado de misterios y magia, y después desaparecieron fundiéndose con los granos de arena del desierto. 

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La civilización egipcia sigue fascinándonos, y aún conocemos muchos de sus poderosos nombres, que culminarían con la muerte de la ptolemaica Cleopatra debido a la mordedura de un áspid (o eso cuentan las leyendas). 

Pero antes ya trataron de abrazar la inmortalidad construyendo, paradójicamente, monumentos funerarios a la altura de sus vidas. 

Gracias a la increíble conservación de algunas pirámides, todavía podemos verlas con nuestros propios ojos. Lugares que en su misterio mudo han sido testigos del paso del tiempo y albergaron para la eternidad los cuerpos de muchos faraones, los cuales tenían el propósito de llegar al Más Allá con un corazón justo, que pesase menos que una pluma. 

Los faraones se preservaban con la idea de llegar al Más Allá con un corazón justo, que pesase menos que una pluma Son muchos los secretos que guardan tras sus puertas. La pregunta que suele surgir a todo aquel que se adentra a descubrirlas es lógica: ¿por qué tantas civilizaciones que no coincidieron en espacio o tiempo decidieron aventurarse a crear monumentos tan similares? 

En otra ocasión, Rosa Pujol, presidenta de la Asociación Española de Egiptología, nos contestó a esa duda: «Todas esas culturas tendían a buscar la inmortalidad, y ello comportaba que, de alguna manera, quisieran elevarse hacia sus dioses».

Sin embargo, hay un misterio igualmente fascinante: por qué dejaron de construirse. 

Se estima que a inicios del Imperio Nuevo los egipcios dejaron de levantar sus estructuras más características y decidieron enterrarse en tumbas excavadas en las montañas. 

Grandes nombres de la historia del Imperio se han encontrado en el famoso Valle de los Reyes, necrópolis declarada Patrimonio de la Humanidad: Thutmose I, el joven y famoso Tutankamón o Amenhotep II, entre otros.

Eran poco eficaces para evitar los saqueos

Es una opción. Teniendo en cuenta que los ladrones de tumbas en el Antiguo Egipto eran relativamente frecuentes, no parece una mala idea. 

De hecho, aunque el saqueo de tumbas estaba castigado con la pena de muerte y era un ‘oficio sacrificado’ (por decirlo de alguna manera), los ladrones en Egipto no se cortaban haciendo uso de sus malas artes. 

Hasta nuestros días ha llegado la importancia del respeto al descanso eterno que profesaban los egipcios, pero eso le daba igual a los saqueadores de tumbas, bastante descreídos de todo el asunto ese de vivir después de la muerte. 

No dudaban en rasgar las envolturas de las momias, arrancarles las extremidades si era necesario, o hacerles bromas macabras. Thutmose I, artífice del Valle de los Reyes, ordenó a su arquitecto y mano derecha Ineni construir su tumba con total discreción 

Los arquitectos reales tuvieron que devanarse los sesos para crear trampas y pasadizos, y aun así la mayoría de las tumbas están saqueadas, por tanto, parece natural que un subterráneo en la tierra llamaría menos la atención que una pirámide enorme. 

Por poner un ejemplo, Thutmose I, artífice del Valle de los Reyes, ordenó a su arquitecto y mano derecha Ineni construir su tumba con total discreción. «Nadie me vio, nadie me oyó», diría Ineni después.

Quizá se construyeron con peores materiales

También se baraja que, con el paso del tiempo, las técnicas de construcción empeoraran. La IV Dinastía dejó el listón muy alto, y probablemente las siguientes generaciones no llegaran a su nivel, produciéndose un retroceso. 

Quizá hubo un cambio de materiales y el diseño y su posterior realización empeoraran, llevando las pirámides a la decadencia. Quizá no se dejaron de construir, pero, simplemente, no han llegado a nuestros días.

O su mejora fue su perdición

Una teoría que se publicó en 2013 en ‘Structure’ es diferente. 

Cuando los egipcios comenzaron a pulir sus técnicas de construcción y a hacerlas más precisas, eliminaron los huecos entre las piedras, provocando que las estructuras fueran menos capaces de absorber los flujos de la piedra caliza. 

El movimiento térmico, es decir, las contracciones y dilataciones provocadas por los cambios de temperatura en la zona, habría agrietado los bloques de las pirámides, haciendo que se cayeran a pedazos. 

En resumen, los métodos de construcción cada vez más sofisticados aceleraron el daño. La discreción los salvó paradójicamente del olvido, con tumbas mucho más difíciles de encontrar y escondidas en el desierto 

De cualquier manera, que dejaran de construir pirámides fue, en parte, su salvación. 

La discreción los salvó paradójicamente del olvido, con tumbas mucho más difíciles de encontrar y escondidas en el desierto (con el colapso de la civilización, la capital se trasladó de Tebas a Tanis, y el Valle de los Reyes fue progresivamente olvidado). Algo similar a lo que le sucedió a Akenatón: el ser condenado a la ‘damnatio memoriae’ o condena de la memoria, sirvió para que la tumba de su hijo Tutankamón, olvidada entre los de su tiempo, se preservara perfectamente para las generaciones venideras. 

Es irónico, sin duda. Los faraones con grandes ambiciones de lograr la eternidad mediante la construcción de pirámides perecederas, han quedado olvidados debido a la desaparición de sus torres de Babel particulares. 

Muchos de los que se enterraron con menos alhajas, en tumbas bajo tierra, han quedado preservados en perfecto estado, alcanzando ese deseo tan humano de vivir para siempre.

Imagen de portada: Gentileza de iSTOCK

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Ana Nuño. Noviembre 2021

Antiguo Egipto/Arqueología/Piramides/Sociedad/Cultura

 

Descubren una aldea prehistórica sumergida en un lago en Suiza.

Hace miles de años, el fondo del lago de Lucerna era una antigua aldea prehistórica que pasó desapercibida para los arqueólogos, hasta ahora.

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Hace aproximadamente 3 mil años, un grupo humano llegó a establecerse a un claro costero. Podría ser que ahí desarrollaran su vida y, eventualmente, las necesidades climáticas los hubieran desplazado hacia otro lugar. Milenios más tarde, ese espacio está recubierto de agua, y pertenece al lago de Lucerna, en la actual Suiza. Los fragmentos de viviendas costeras fueron la clave para descubrir esta aldea prehistórica.

Una aldea prehistórica bajo las aguas

Foto: Luzerner Seebecken

Un equipo de arqueólogos dedicados a investigar la historia humana que circunda al lago de Lucerna encontró recientemente restos de un asentamiento que datan de la Edad de Bronce. Se trató, según informan, de una aldea prehistórica que quedó sumergida por el actual cuerpo de agua del puerto.

De acuerdo con los científicos, los hallazgos arrojan nueva luz sobre la colonización del lugar: podría ser que se hubiera poblado 2 mil años antes de lo que originalmente se pensaba. Nunca antes se había investigado desde este punto de vista, ya que una gruesa capa de lodo había tapado los rastros de la aldea, hasta ahora.

El equipo estableció que la ciudad podría ser milenios más antigua de lo que se pensaba. De acuerdo con un comunicado, estas condiciones “formaron un área de asentamiento ideal y de fácil acceso” en torno a la cuenca del lago, donde aún quedan palos de madera que pudieron haber funcionado como cimientos de las casas.

Cimientos de hogares prehistóricos

La característica común que unifica a la Edad de Bronce es la construcción y empleo de herramientas con este metal. Los cimientos de algunas de las civilizaciones más poderosas de la Antigüedad se han rastreado hasta esta época. Por su parte, los restos encontrados en Lucerna podrían datar de entonces, como soportes de viviendas sobre pilotes.

Estas casas antaño eran comunes en los Alpes entre los años 5000 y 500 a.C., de acuerdo con Smithsonian Magazine. La UNESCO destacó la posibilidad de que estos hallazgos proporcionen a los investigadores nueva información útil e inédita sobre el periodo neolítico en Europa:

“La madera es muy blanda por fuera y dura por dentro”, destacó el arqueólogo Andreas Mäder en un comunicado. «Algo así es típico de las pilas prehistóricas«. Esto ha dado pie a que los investigadores piensen que más rastros de otros asentamientos también estén sumergidos en algún lugar cerca, aunque todavía no se encuentran. Sin embargo, la evidencia disponible abre un terreno fértil para el estudio de las primeras sociedades agrarias de la región.

Imagen de portada: Gentileza de Luzerner Seebecken

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Por Andrea Fisher. Mayo 2021.

Aldea/Arqueología/Enigma Arqueológico/Enigma/Prehistoria/Ruinas/ Submarinos/Tesoros Arqueológicos.

Arqueólogos descubren la tumba del tesorero del faraón Ramsés II en Egipto.

La tumba se mantuvo cerrada durante los últimos 3,000 años y posee paredes talladas que se han conservado casi intactas.

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Hace poco más de tres mil años, Ramsés II se convirtió en el tercer faraón de la XIX Dinastía que gobernó Egipto. 

Su larga administración se extendió durante 66 años, en los que el Imperio Nuevo alcanzó el punto más alto de su poderío y es recordado por la creación de obras colosales en los márgenes del Nilo y el traslado de la capital a Avaris.

Sin embargo, Ramsés II no gestionó al Imperio en solitario: una nueva excavación encabezada por la Universidad de El Cairo junto con el Ministerio de Turismo y Antigüedades encontró la tumba de uno de sus hombres de mayor confianza.

Se trata de un templo-tumba donde descansan los restos de Ptah-M-Wia, el tesorero y escriba real de Ramsés II durante su reinado, quien fue enterrado en la necrópolis de Saqqara, ubicada 30 kilómetros al sur de El Cairo.

tumba tesorero Ramsés II Egipto3

Foto: Ministry of Tourism and Antiquities

Aunque la entrada del templo fue descubierta a mediados del siglo XIX, es la primera vez que se revelan los distintos patios de su interior, decorados con pilares de Osiris y paredes recubiertas de yeso que representan una serie de escenas bien conservadas de la vida de Ptah-M-Wia.

Además de fungir como Jefe del Tesoro, Ptah-M-Wia era supervisor del ganado y responsable de las ofrendas divinas de Tebas durante el mandato de Ramsés II. Alrededor del sitio donde fue hallada la tumba, se han encontrado otros mausoleos de la élite egipcia de aquél entonces. 

tumba tesorero Ramsés II Egipto3

Foto: Ministry of Tourism and Antiquities

A diferencia de otras tumbas, las paredes talladas con jeroglíficos revelan que se trataba de una persona con un rol primordial en la administración del Imperio Nuevo. Al interior, algunos bloques de piedra resquebrajados sugieren que el techo pudo haberse derrumbado en algún momento de los últimos 3,000 años; sin embargo, serán necesarias nuevas excavaciones para revelar el contenido de la tumba.

El hallazgo se une al ambicioso programa del gobierno egipcio para continuar con las excavaciones arqueológicas e impulsar el Gran Museo Egipcio, con el objetivo de recuperar el turismo cultural tras la pandemia.

Imagen de portada: Gentileza de Ministry of Tourism and Antiquities

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en español. Por Alejandro López.

Antiguo Egipto/Egipto/Arqueología/Sociedad/Cultura

Las maravillas arquitectónicas del milenario Manhattan del desierto.

Pasar por la Bab-al-Yaman, la enorme puerta que permite acceder a la antigua ciudad amurallada de Saná en Yemen, es como atravesar un portal hacia otro mundo.

Ves gran cantidad de edificios altos y delgados amontonados en estrechos callejones que conectan exuberantes jardines de frutas y verduras con el antiguo zoco (mercado) donde todavía se venden burros.

Vi cerrajeros remendando enormes llaves de metal que abren imponentes puertas de madera; un vendedor que ofrece tunas con una carreta, y el panadero local que saca pan fresco de un ardiente agujero en el suelo.

En una pieza diminuta, un camello caminaba en círculos impulsando una piedra de molino que machacaba semillas de sésamo.

Pero pese a todo aquel estímulo visual, era sin duda la arquitectura lo que dominaba la escena.

Saná está llena de edificios que son diferentes a los que puedes encontrar en cualquier otro lugar del mundo.

En la calle, donde la monotonía de las paredes de adobe solo es interrumpida por grandes puertas de madera, a menudo no había mucho que ver.

Pero al mirar hacia arriba, me di cuenta de que estos esbeltos edificios, algunos con solo una o dos habitaciones por piso, se elevan hacia el cielo.

Mientras que los pisos inferiores, a nivel de calle, no tenían ventanas debido a su uso como refugio de animales o espacios de trabajo, las ventanas ornamentadas más arriba estaban cubiertas por vidrieras o por delicadas pantallas de mashrabiya que protegen la privacidad de las mujeres en el interior.

Edificios que datan de hace más de 300 años

Los marcos de las ventanas y los frisos entre los pisos estaban marcados con una intrincada cal blanca para contrastar el fondo de color barro, creando un efecto de casa de pan de jengibre.

Calle en Yemen.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

A nivel de la calle, los edificios a menudo no tienen ventanas debido a que se usan como refugios para animales o espacios de trabajo.

Muchos tenían terrazas en la azotea, que se utilizan como espacios de entretenimiento, así como dormitorios al aire libre para las noches cálidas.

La magnificencia de los edificios, junto con su simple practicidad, da lugar a un inspirador panorama arquitectónico.

Desde los callejones era prácticamente imposible apreciar la verdadera altura de estos edificios, pero cuando llegué al zoco, pude ver que algunos tenían hasta siete pisos de altura.

Subí a una azotea en el séptimo piso que había sido convertida en un café; el casco antiguo estaba abajo, pero los edificios alrededor eran en su mayoría tan altos como en el que yo estaba, y evocaban la extraña sensación de estar rodeado de rascacielos.

Casi podría haberme sentido en Dubái o Nueva York, solo que estas construcciones tenían entre 300 y 500 años y estaban hechas de barro.

Algunos de los rascacielos de Yemen pueden alcanzar hasta los 30 metros de altura. Los primeros rascacielos modernos que se construyeron en Chicago eran solo un par de metros más altos que estos.

«El Manhattan del desierto»

Yemen está lleno de construcciones altísimas parecidas a estas. Se encuentran tanto en las poblaciones más pequeñas como en las más grandes, como en la famosa ciudad de Shibam, que fue apodada en la década de 1930 «el Manhattan del desierto» por la exploradora anglo-italiana Dame Freya Stark.

Otro ejemplo es el exquisitamente decorado palacio de Dar-al-Hajar, el «Palacio de Roca».

El estilo arquitectónico de los rascacielos yemeníes es tan único que las ciudades de Zabid, Shibam y la ciudad vieja de Saná han sido reconocidas como Patrimonio Mundial de la Unesco.

El monumental palacio de Dar-al-Hajar.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El monumental palacio de Dar-al-Hajar.

La tradición se remonta al menos a los siglos VIII y IX, según Trevor Marchand, profesor de antropología social en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres (SOAS) y autor de Architectural Heritage of Yemen – Buildings That Fill My Eye.

La datación exacta de las estructuras es casi imposible de conocer, ya que estos edificios de adobe necesitan ser reparados o restaurados constantemente para evitar que sucumban.

Pero Marchand explica que algunas fuentes medievales nos dicen que el Palacio Ghumdam en Saná fue construido en el siglo III a.C., fue sede de los antiguos gobernantes sabaeanos de Yemen, contaba con 20 pisos de altura y estaba elaboradamente decorado.

Todavía en uso

Lo que hace que los rascacielos yemeníes sean tan únicos es que todavía están en uso, tal como lo estaban hace cientos de años.

En el casco antiguo de Saná, por ejemplo, aunque algunos se han convertido en hoteles y cafés, la mayoría todavía se utiliza como residencias privadas.

«De niños, jugábamos fútbol en los estrechos callejones y de adolescentes bebíamos café detrás de las brillantes vidrieras», asegura Arwa Mokdad, defensora de la paz de la Fundación Yemen Relief and Reconstruction.

Mientras viajaba por el país, maravillándome con sus ciudades llenas de rascacielos, no pude evitar preguntarme por qué los yemeníes construyeron así, considerando que el país cuenta con vastas extensiones desérticas.

Salma Samar Damluji, arquitecta y autora de un libro sobre la arquitectura de Yemen y su reconstrucción, me explicó que la construcción de edificios tradicionalmente estaba restringida a pequeños sitios, lo que obligaba a construir verticalmente.

«Los pueblos y ciudades tenían un muro exterior, llamado Sur, y otro límite en el desierto».

La arquitecta también me contó que el muro y el desierto circundante no solo representaban una barrera para cualquier desarrollo urbano, sino que también se consideraba que cualquier espacio agrícolamente viable era muy valioso para llenarlo de edificios.

Shibam.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Conocida como «el Manhattan del desierto», la ciudad amurallada de Shibam fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Por eso construir hacia arriba, en estrechos clústeres, era la opción preferida.

Para protegerse de fuerzas invasoras

También estaba la necesidad de protegerse, que hizo que los asentamientos de Yemen se concentraran en ciertos sitios en lugar de extenderse por todo el territorio.

Los planificadores urbanos consideraron que, viviendo en un desierto inhóspito, era bueno contar con la capacidad de mirar a lo largo de las tierras para identificar enemigos cuando se acercaran y de poder cerrar las puertas de las ciudades en la noche.

«Un factor importante que contribuyó al desarrollo en Yemen de ‘casas-torre’ fue la necesidad de estar seguros frente a fuerzas invasoras, así como en tiempos de disputas tribales locales o de guerra civil», detalla Marchand.

Construidos con materiales naturales, los rascacielos yemeníes son sostenibles y se adaptan perfectamente al clima cálido y seco del desierto árabe.

Las terrazas en las azoteas funcionan como dormitorios al aire libre, mientras que las pantallas en las ventanas invitan incluso a la más breve brisa a entrar en la casa, y al mismo tiempo permiten que entre la luz pero no demasiado calor.

«El adobe es una masa térmica excepcional», añade Ronald Rael, profesor de arquitectura de la Universidad de California en Berkeley y especialista en edificios hechos de barro.

Rael, quien vive en una casa de adobe de su bisabuelo en el sur de Colorado, Estados Unidos, explica que este material «absorbe y libera calor lentamente».

«Durante el día, cuando el sol golpea la pared, el calor del sol es absorbido lentamente por la pared. A medida que cae la noche, ese calor se libera lentamente (ayudando) a que los edificios de tierra mantengan una temperatura agradable», prosigue.

Este simple efecto natural ha hecho que la construcción de adobe siga siendo popular hoy en día y justifica que las estructuras de barro en Yemen aún resistan.

Una forma de construir casi extinta

Increíblemente, los constructores de manera general no usaban andamios.

Los maestros constructores comenzaban con una base de piedra, a menudo de unos 2 metros de profundidad, sobre la cual colocaban ladrillos de barro en un enlace continuo.

Luego construían lentamente hacia arriba, colocando vigas de madera para aportar mayor resistencia y agregando pisos de madera y materiales de palma a medida que subían.

Los andamios solo comenzaban a usarse posteriormente, una vez que la casa estaba terminada y necesitaba una restauración.

Sin embargo, según Damluji, estas formas de construcción están al borde de la extinción.

«Queremos estructuras que puedan resistir hasta 300 años y más. Edificios de seis y siete pisos construidos con ladrillos de barro secados al sol es una manera de construcción que ningún arquitecto contemporáneo puede utilizar hoy en día».

Para evitar que se pierda este conocimiento, Damluji trabaja en estrecha colaboración con la fundación Dawan, que se esfuerza por preservar estos métodos de construcción, fomentando el uso de materiales y métodos tradicionales por encima de los modernos.

La existencia de estos históricos edificios también está amenazada por la constante erosión eólica, la guerra y las luchas económicas que impiden que las familias cuiden adecuadamente sus frágiles hogares.

En 2020, la Unesco examinó alrededor de 8.000 de estas maravillas arquitectónicas y restauró 78 que estaban al borde del colapso.

La Unesco está haciendo lo que puede por salvar el mayor número de edificios posible, pero es difícil en las circunstancias actuales.

«Es una experiencia desgarradora presenciar cómo la historia se convierte en escombros», lamenta Mokdad.

«Esta destrucción es una pérdida para toda la humanidad».

«En cualquier otro lugar, estos edificios serían piezas de museo, pero en Yemen siguen siendo hogares. No puedo describir el orgullo de vivir en un hogar preservado por generaciones de antepasados. Son nuestra conexión con el pasado», concluye.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES. Casco Antigua de Saná.

FUENTE RESPONSABLE: BBC Travel. Por Ulrike Lemmin Woolfrey. Octubre 2021

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Anforas, una necrópolis y la casa de un espía, los ultimos hallazgos en    las excavaciones de la isla del fraile. 1/2

Desde 2020, un proyecto pionero de investigación arqueológica se afana por desvelar los secretos de la isla del Fraile, la emblemática isla de la costa de Águilas, en Murcia. Los primeros resultados han aportado nueva luz sobre algunas de las etapas históricas más desconocidas de la región: romanos, árabes e incluso un agente de la Primera Guerra Mundial habitaron este estratégico rincón del Mediterráneo.

La localidad murciana de Águilas atesora algunas de las calas más hermosas del Sudeste de la península Ibérica. En torno a las cristalinas aguas de la bahía del Hornillo, situada al este de la población, se concentra además un rico patrimonio presidido por un farallón monumental: la isla del Fraile. La existencia de restos arqueológicos en este lugar era conocida desde el siglo XVIII, pero solo había suscitado algunos intentos de excavación en la década de 1970. Intentos que, sin embargo, no tuvieron continuidad.

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Gracias al respaldo institucional del Ayuntamiento de Águilas, hace dos años se inició un nuevo proyecto de investigación interdisciplinar liderado por el profesor Alejandro Quevedo, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Juan de Dios Hernández García, director del Museo Arqueológico de Águilas, que ha contado asimismo con el apoyo del auxiliar en Arqueología Ricardo Muñoz Yeseros. Ahora, tras meses de trabajo, el proyecto da a conocer sus primeros avances sobre el pasado de la zona.

Estructura de época romana excelentemente conservada. Foto: Javier Rodríguez Pandozi / IBEAM

SALSA DE PESCADO CENTENARIA

Cuando los trabajos comenzaron, nada hacía presagiar las sorpresas que ocultaban varias toneladas de tierra de la parte baja de la isla. Una de las más impactantes hasta la fecha ha sido el descubrimiento de un almacén romano de hace más de 1.500 años. La habitación, con muros de hasta casi cuatro metros de altura, albergaba un magnífico conjunto de ánforas. De forma excepcional, algunas conservaban en su interior parte del contenido original: garum, la famosa salsa de pescado romana. Desde la arcilla con la que estaban fabricadas hasta las espinas de pescado que contenían, todo ha sido objeto de un riguroso análisis científico. Los pequeños huesos y las escamas están siendo estudiados en colaboración con especialistas franceses en ictiofauna para comprender cómo se elaboraba este popular producto. Un trabajo recientemente publicado en el marco del proyecto ha demostrado que en la Águilas de los siglos IV y V d.C. ya se comercializaban salsas hechas con sardinas, pero también con especies como la chucla, un pescado con escaso valor comercial hoy en día.

Las ánforas descubiertas en el almacén romano conservaban en su interior parte del contenido original: garum, la famosa salsa de pescado romana.

Almacén de ánforas del siglo V d.C. con restos de pescado en su interior.,Foto: Alejandro Quevedo

Por su parte, el estudio de la cerámica ha revelado que una parte de las ánforas procedía de Túnez, la antigua provincia romana del África proconsular, mientras que otras eran de producción local. De hecho, se ha identificado un nuevo tipo, que ha sido bautizado como Fraile 1 en honor al yacimiento donde se halló. Este descubrimiento, junto al de una enorme pileta de salazones de cuatro metros de longitud, confirma que la isla era un importante centro económico vinculado a la explotación de los recursos del mar.

UNA NECRÓPOLIS Y UN ESPÍA

Al ampliar la intervención en un sector adyacente, se documentaron de forma inesperada diversos enterramientos. La posición lateral de los cuerpos, la ausencia de ajuar funerario y su orientación hacia el este, en dirección a La Meca, hicieron pronto sospechar que se trataba de una necrópolis islámica. Por el momento es posible fecharla entre los siglos XII y XIII d.C., un período que apenas cuenta con paralelos en el litoral. El estudio pormenorizado de los restos de estos individuos, actualmente en curso, intentará determinar las enfermedades que padecieron, sus posibles relaciones de parentesco e incluso aspectos sobre su dieta.

El estudio pormenorizado de los restos de los individuos hallados en la necrópolis islámica, actualmente en curso, intentará determinar las enfermedades que padecieron, sus posibles relaciones de parentesco e incluso aspectos sobre su dieta.

Consolidación de un esqueleto de época islámica antes de su extracción Foto: Alejandro Quevedo

Vista de los sucesivos estratos arqueológicos del yacimiento.Foto: Alejandro Quevedo

Junto a las evidencias romanas y medievales se alzan algunas construcciones de principios del siglo XX y una cantera de tierra de una tonalidad violeta que recibe el nombre de láguena. 

Se trata de una arcilla pizarrosa utilizada tradicionalmente para impermeabilizar los tejados de las casas, que en la zona toman el nombre de «terraos». Estas fases contemporáneas forman parte del importante pasado industrial de la isla, y su estudio y puesta en valor suscita el mismo interés que el de las etapas más antiguas, que se remontan hasta los s. II-I a.C. En una de estas casas vivió Hugh Pakenham Borthwick, conocido popularmente como «Don Hugo», un aristócrata escocés que trabajó como agente secreto del gobierno británico durante la Primera Guerra Mundial. 

Algunas noticias que han llegado hasta nuestros días relatan cómo Pakenham quemaba su correspondencia después de leerla y dormía con un arma bajo la almohada. Desde su posición en la isla espiaba los cargamentos de mineral que se llevaban a cabo en el cercano embarcadero del Hornillo, uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial británica en España y actualmente objeto de una completa restauración.

Imagen de portada: Gentileza de National Geographic España – La isla del Fraile, en Águilas, a vista de dron. Foto: Javier Rodríguez Pandozi / IBEAM

FUENTE RESPONSABLE. NATIONAL GEOGRAPHIC- España. Por Alejandro Quevedo y Juan de Dios Hernández García

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Misterio revelado: descubren quiénes construyeron las pirámides de Egipto. Parte 2/2

La pirámide acodada de Seneferu

La pirámide acodada de Seneferu.Néfermaât

En el pasado, los egiptólogos habían teorizado sobre la procedencia de los constructores de las pirámides y habían concluido que eran peones agrícolas estacionales que habían llegado a un punto del año en el que no tenían labores agrarias para hacer. 

Pero esta presunción quedó invalidada por el hallazgo determinante de unos papiros que ayudaron a convencer a los científicos sobre la existencia de estos obreros especializados.

Conocidos como el “Diario de Merer”, los papiros fueron descubiertos, en 2013, por los arqueólogos Pierre Tallet y Gregory Marouard en el puerto de Wadi al-Jarf, a orillas del Mar Rojo. 

Estos documentos ayudaron a resolver uno de los misterios más antiguos sobre la edificación de los monumentales mausoleos egipcios porque revelaron que grandes grupos de trabajadores trasladaban toneladas de material hasta Giza para la construcción de las famosas pirámides.

Entre las páginas de los papiros, se encontró un manuscrito que correspondía a un capataz llamado Merer. En este documento, el encargado de los trabajadores narró el accionar de un grupo de hombres que llevó adelante la construcción de la gran pirámide.

El manuscrito de Merer, que corresponde a la última etapa de esa edificación, detalla además cómo era el pago a los obreros y su alimentación, y de dónde provenían los materiales y cómo los transportaban hasta Giza.

Las pirámides de Meroe

Las pirámides de Meroe.Chagny

Según los papiros hallados a orillas del Mar Rojo, un grupo de 200 hombres dirigidos por Merer, transportaba la piedra caliza en barco por el río Nilo. “A partir de la información provista en la documentación, se confirmó que las rocas eran transportadas desde la cantera de Tura hasta Giza. El traslado demoraba entre un día y medio o dos. Transportaban 30 bloques, de entre dos y tres toneladas cada uno, a razón de unos 200 bloques por mes, que llegaban al embarcadero ubicado en Giza”, indicó Zingarelli.

Además, la cuadrilla dirigida por Merer viajó por gran parte de Egipto y hasta el desierto de Sinaí para llevar a cabo diversos proyectos de construcción y tareas que el faraón les había asignado.

El papiro también especifica que los trabajadores recibieron una dieta saludable que incluía dátiles, verduras, aves y carne. Además de los pormenores de la alimentación, el documento describe cómo los miembros del equipo de trabajo recibían regularmente una determinada cantidad de tejidos que se consideraban como una especie de dinero en aquella época.

La prueba que faltaba

El equipo de arqueólogos dirigido por Lehner descubrió, en Giza, una ciudad en la que vivían algunos de los trabajadores que estaban construyendo la pirámide de Keops. 

En la excavación, hallaron señales de que los antiguos habitantes de esta población horneaban grandes cantidades de pan, sacrificaban miles de animales y elaboraban abundantes litros de cerveza.

Teniendo en cuenta los huesos de los animales encontrados en el yacimiento arqueológico, y las cantidades para saciar las necesidades nutricionales de los obreros, el equipo de investigadores estimó que se sacrificaron varios animales por día para obtener alrededor de 1800 kilos de carne para alimentar a este grupo de trabajadores. Según los restos óseos encontrados, el menú incluía vacas, ovejas y cabras.

La pirámide de Meidum

La pirámide de Meidum.Jon Bodsworth

Pero la prueba definitiva que terminó por convencer a los egiptólogos de que se trataba de un grupo de trabajadores asalariados fue un detalle descubierto en los cuerpos de los obreros enterrados en las tumbas cercanas a las pirámides: los arqueólogos encontraron que tenían los huesos curados. Este elemento sugirió a los expertos que estos individuos tenían acceso a la mejor atención médica disponible de la época.

La doctora Zingarelli se refirió a los cuidados terapéuticos con los que contaron estos obreros especializados. “Los restos humanos de los trabajadores, encontrados en el cementerio al norte de la ciudad, dan cuenta de enfermedades asociadas a grandes esfuerzos físicos como artritis degenerativa en las rodillas y en la zona lumbar. Además, se han encontrado costillas y huesos rotos con signos de haber sido reparados”, dijo.

En consecuencia, la atención médica recibida por los constructores de las pirámides combinada con la dieta equilibrada y la recepción de tejidos como forma de pago, llevó a los egiptólogos a concluir que los trabajadores no eran personas esclavizadas sino obreros especializados.

Imagen de portada: Gentileza de REUTERS

FUENTE RESPONSABLE. La Nación por Nicolás Tosi

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