Los científicos que creen que el universo no tiene un principio (y desafían la noción del espacio-tiempo).

Si te preguntan cuál fue el principio del universo, el Big Bang es la primera respuesta que seguro te viene a la mente.

Hay científicos, sin embargo, que cuestionan que ese haya sido el comienzo.

Ahora un joven investigador va más allá y afirma que quizás ni siquiera hubo un comienzo.

Se trata de Bruno Bento, investigador del Departamento de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Liverpool, en Reino Unido.

Bento es coautor de un artículo académico titulado «Si el tiempo no tuviera un comienzo», que aún está bajo revisión por parte de otros expertos.

El Big Bang es la visión tradicional que tenemos sobre el origen del universo.

Su teoría difiere del concepto tradicional que tenemos sobre el paso del tiempo, plantea un pasado infinito y ve al Big Bang como un evento más en un cosmos que siempre ha existido.

¿En qué consiste la propuesta de Bento y cómo desafía lo que sabemos sobre la evolución del universo?

Más allá de la singularidad

La física moderna tiene dos teorías que nos ayudan a explicar el universo.

La singularidad es el límite donde la relatividad ya no alcanza para explicar lo que ahí ocurre.

Por un lado está la mecánica cuántica, que describe las interacciones y partículas subatómicas.

Y por el otro lado está la relatividad general, que funciona muy bien para explicar la gravedad que rige lo que ocurre en el mundo macroscópico.

La teoría de la relatividad general nos lleva hasta 13.800 millones de años atrás, a los instantes inmediatamente posteriores al Big Bang, cuando todo existía a escalas diminutas.

Esa teoría de Einstein, sin embargo, se queda corta al momento de explicar qué pasó en el momento mismo del Big Bang, o qué pasó antes.

A eso es lo que los expertos llaman la «singularidad», es decir, el punto en el que la teoría de la relatividad ya no sirve para explicar lo que está ocurriendo.

En esa singularidad, la materia está tan comprimida que la gravedad se vuelve tremendamente fuerte a escalas subatómicas.

Entonces, lo que se necesitaría para explicar lo que ocurrió durante y antes de esa singularidad es una teoría que unifique la mecánica cuántica y la relatividad general.

A esto es lo que los expertos llaman una teoría cuántica de la gravedad, en la que la gravedad se pueda explicar a nivel cuántico y ayude a describir lo que ocurre a esas escalas.

Y aquí es donde entra en juego la propuesta de Bento.

espacio-tiempo.

GETTY IMAGES

Bento desafía la idea tradicional del espacio-tiempo.

Átomos de espacio-tiempo

En su artículo, Bento recurre a la teoría de los conjuntos causales, un enfoque de la gravedad cuántica que sostiene que el espacio-tiempo está formado por unos bloques de construcción, «átomos de espacio-tiempo», que van formando elementos.

De esa manera, la teoría de conjuntos causales resuelve el problema de la singularidad, porque según su visión no puede haber nada más pequeño que un átomo de espacio-tiempo.

universo

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La teoría de conjuntos causales se base en el concepto de «átomos de espacio-tiempo».

«Según la teoría de conjuntos causales, lo que sentimos como el paso del tiempo corresponde al nacimiento de nuevos elementos del conjunto causal», le dice Bento a BBC Mundo.

«Lo que llamamos ‘ahora’ es el nacimiento de un nuevo elemento».

No tenemos un comienzo

El trabajo de Bento parte de esa idea para proponer que los conjuntos causales se han ido formando infinitamente, por lo cual el Big Bang no sería el comienzo del universo.

Big Bang

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Para Bento siempre hay algo antes, es decir, los conjuntos causales serían infinitos en el pasado y el Big Bang sería solo un momento particular en la evolución del universo.

«Nuestro trabajo dice que si los conjuntos causales son la respuesta, nosotros no tenemos necesariamente un comienzo», dice Bento.

El reto que Bento propone es desprenderse de la idea de «secuencia» en la que un elemento da lugar otro.

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FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«No tenemos necesariamente un comienzo», dice Bento.

En vez de eso, sugiere pensar en un «devenir asincrónico» en que los elementos nacen de forma parcial y no total.

En su artículo, el investigador reconoce que esta idea del «devenir asincrónico» suena como un «acertijo fantasioso» y que es «necesario un nuevo tipo de matemáticas para entender el «devenir asincrónico» y sus consecuencias en la naturaleza del tiempo».

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FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El trabajo de Bento «ofrece los primeros pasos para establecer una comprensión matemática del Big Bang y su posible prehistoria», según le dice a BBC Mundo el astrofísico Niayesh Afshordi, investigador en el Instituto Perímetro de Física Teórica en Canadá, quien no estuvo involucrado en este trabajo.

Bento espera que en futuros experimentos se puedan probar las consecuencias de modelos como los que él propone.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Carlos Serrano. Diciembre 2021.

Espacio/Fisica/Astronomia/Ciencia/Sociedad y Cultura

Descubren dos exoplanetas orbitando un «duplicado» de nuestro Sol.

Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto dos nuevos exoplanetas orbitando una estrella evolucionada similar al Sol, conocida como HD 137496. Los mundos extrasolares fueron identificados utilizando la nave espacial Kepler de la NASA, y se clasificaron como un Súper-Mercurio caliente y un Júpiter frío, dadas sus similitudes con estos planetas del Sistema Solar.

Una estrella con características similares al Sol alberga un sistema planetario compuesto por un Súper-Mercurio caliente y un Júpiter frío: ambos exoplanetas fueron recientemente identificados gracias a datos aportados por la nave espacial Kepler de la NASA. El descubrimiento fue concretado por un grupo internacional de científicos, dirigido por el astrónomo Tomas Silva de la Universidad de Oporto, en Portugal.

El telescopio espacial Kepler es sin dudas el más prolífico hasta el momento en cuanto a la identificación de nuevos mundos extrasolares: ha detectado más de 2.600 exoplanetas hasta la fecha. Los planetas que orbitan estrellas diferentes al Sol son vitales por varios aspectos: por un lado, porque hacen posible ampliar las posibilidades de hallar vida extraterrestre por fuera del Sistema Solar y, además, porque permiten a los astrónomos ampliar sus conocimientos sobre la formación y evolución planetaria.

Una copia del Sol

En este caso, el hallazgo se concretó al observar una estrella evolucionada semejante al Sol, denominada HD 137496. La estrella, que también se conoce como K2-364, posee una edad de aproximadamente 8,3 mil millones de años, junto a una masa de 1,03 masas solares. En tanto, su radio es de alrededor de 1,59 radios solares y su temperatura es de algo más de 5.525 grados Celsius.

Las observaciones sobre esta especie de “duplicado” del Sol revelaron señales de tránsito en su curva de luz, cuya naturaleza planetaria fue confirmada mediante análisis de velocidad radial. El tránsito planetario en torno a una estrella sigue siendo una de las metodologías más certeras para descubrir nuevos mundos: se aprecian mediante los cambios que produce su paso en la luz reflejada por la estrella.

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Los dos exoplanetas

Según un artículo publicado en Phys.org, el exoplaneta más cercano a la estrella fue bautizado como HD 137496 b. Es aproximadamente un 30 por ciento más grande que la Tierra y su masa corresponde a unas 4 veces la de nuestro planeta. Se trata de un cuerpo con una composición dominada por el hierro, mientras que su núcleo representa más del 70 por ciento de su masa. Orbita por completo a su estrella en solamente 1,62 días.

Con una temperatura de aproximadamente 1.856 grados Celsius, todas las características mencionadas previamente y su densidad permiten clasificarlo como uno de los pocos exoplanetas descubiertos hasta el momento bajo la categoría de Súper-Mercurio caliente, dadas sus semejanzas con el planeta más diminuto del Sistema Solar.

Por otro lado, el segundo mundo extrasolar descubierto como parte de este nuevo sistema planetario fue denominado HD 137496 c: presenta alrededor 7,66 masas de Júpiter y una temperatura de aproximadamente 96 grados Celsius. Desarrolla una órbita altamente excéntrica en torno a su estrella en unos 480 días. Estas condiciones permitieron clasificarlo como un Júpiter frío, al compararlo con uno de los gigantes gaseosos que orbitan a nuestro Sol.

Un sistema planetario peculiar

Por último, los astrónomos destacaron en el nuevo estudio, publicado en arXiv, la peculiaridad del sistema planetario detectado y que HD 137496 b se ha transformado en uno de los pocos planetas densos caracterizados y definidos con cierto nivel de detalle. Esto lo colocaría como una alternativa interesante para poner a prueba diferentes teorías sobre la formación de planetas.

Al mismo tiempo, la composición del nuevo sistema planetario con un astro interior y otro exterior también refuerza el vínculo entre la presencia de pequeños planetas interiores en tránsito y gigantes gaseosos de largo período, como sucede en el Sistema Solar. En cuanto a HD 137496 c, resaltaron que podría utilizarse en futuros estudios de evolución planetaria a partir de la excentricidad de su órbita.

Referencia

The HD 137496 system: A dense, hot super-Mercury and a cold Jupiter. T. A. Silva et al. arXiv (2021).

Imagen de portada: Gentileza de Fabuloussavers en Pixabay.

FUENTE RESPONSABLE: Tendencias. Por Pablo Javier Piacente. Diciembre 2021

Exoplanetas/Júpiter frío/Super-Mercurio caliente/Ciencia/Astronomía /Investigación

 

Este fue el primer libro de divulgación científica. 

En la historia y se publicó en 1606.

Johannes Kepler fue un astrónomo y matemático alemán nacido en el seno de una familia protestante luterana que vivía en la ciudad de Weil der Stadt, en Baden-Wurtemberg, en 1571. Su padre, siempre ausente porque era mercenario del ejército, favoreció que Kepler se criara casi en exclusiva con su madre, curandera y herborista.

A pesar de su mala salud y sus problemas de vista, fue un niño muy despierto que le gustaba impresionar con sus conocimientos matemáticos a los viajeros en la hospedería de su madre. Y después de estudiar teología en la Universidad de Tubinga, incluyendo astronomía con Michael Maestlin, seguidor de Copérnico, enseñaría en el seminario protestante de Graz. También publicaría el que se considera el primer libro de divulgación científica de la historia.

Stella nova

Kepler no solo estaba comprometido en la labor de buscar hechos objetivos, sino también de transmitirlos de la forma más eficaz posible. Por ello, en la portada de su libro Stella nova (Nueva estrella, 1606) aparece la imagen de una gallina picoteando el suelo de una granja, con el lema («buscando en el estiércol, encuentra un grano»). De esta forma, no solo explicaba en una imagen lo había detrás de la cubierta de su libro, sino que llamaba la atención del lector para que lo comprobara.

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Su texto también insinuaba algunas técnicas retóricas que actualmente se usan en el ámbito de la divulgación científica, como incorporar detalles aparentemente superfluos que servían para contextualizar y tornar más próximo para el lector lo expuesto, implicándolo en la historia. Por ello, como podemos leer en el siguiente fragmento, introduce a su esposa para que le replique en alguna ocasión:

Ayer, cuando me hube cansado de escribir y mi mente estaba llena de motas de polvo de penar acerca de los átomos, me llamó a cenar y me sirvió una ensalada. Con lo cual le dije: ‘Si lanzáramos al aire los platos de peltre, las hojas de lechuga, los granos de sal, las gotas de aceite, vinagre y agua y los gloriosos huevos, y todas estas cosas permanecieran allí por toda la eternidad, entonces ¿acaso esta ensalada caería toda junta por azar?’ Mi beldad contestó: ‘Pero no en esta presentación, ni en este orden’.

De este modo, Kepler no solo exponía sus hallazgos, sino cómo los había alcanzado, informando de sus fracasos, de los callejones sin salida que había tomado, en aras de imprimir al relato un trasfondo más humano pero también más épico. Su libro probablemente fue el primero que presentaba todos estos elementos para convencer al lector de que sus mediciones eran precisas a la vez que hacía un esfuerzo por hacer más digeribles los datos.

La divulgación científica, así, daba sus primeros pasos, permitiendo que algunas personas, acaso legas en el tema, usaran una suerte de lente particularmente pulida para ver el mundo de otra forma: como algo cognoscible y medible, aunque también más complejo de lo que parecía, no tan sujeto al arbitrio divino. Una lente que te permite ser más listo pero también asumir que eres más tonto. Más listonto:

Imagen de portada: Gentileza de XATAKA

FUENTE RESPONSABLE: XATAKA Diciembre 2021 Por Sergio Parra

Sociedad y Cultura/Astronomía/Divulgación científica/Historia/Ciencia

¿Meteorito es igual a extinción? Puede que no dependa del tamaño, sino de un mineral.

Ciencia

Un estudio sobre los efectos de estos cataclismos apunta al feldespato potásico como protagonista en los procesos de extinción ocasionados por meteoritos.

Desde que en 1981 se publicó la teoría que explica cómo desaparecieron los dinosaurios, la humanidad tiene tan claro el peligro que representan los meteoritos que la NASA ensaya estos días si puede desviarlos, pero no siempre un asteroide provoca una extinción, ni siquiera depende de lo grande que sea. Puede que la clave esté en el suelo contra el que choca.

La Sociedad Geológica de Londres, la más antigua del mundo en su disciplina, publica este mes en su revista un trabajo de dos investigadores del Instituto Volcanológico de Canarias (Matthew James Pankhurst y Beverley Claire Coldwell) y uno de la Universidad de Liverpool (Christopher Stevenson) sobre el papel que juega un mineral en concreto, el feldespato potásico (Kfr), en los procesos de extinción ocasionados por meteoritos en el pasado de la Tierra.

Los autores recuerdan que, por el momento, solo hay dos impactos de meteoritos contra la Tierra a los que con carácter general la ciencia reconoce el hecho de haber desencadenado extinciones masivas en los últimos 600 millones de años: el de Chicxulub, en México, al que se atribuye la gran extinción del Cretácico, ocurrida hace 66 millones de años, y el de Acraman, Australia, hace 580 millones de años.

El más reciente de esos dos cataclismos dejó un cráter en la península de Yucatán de 85 kilómetros de diámetro, mientras que el anterior, en las montañas australianas, formó otro de 51 kilómetros.

«Eso ha creado la impresión de que si un tipo específico de impacto de meteorito puede provocar cambios a escala global, se requiere que tenga un tamaño extremo», señalan los investigadores, porque el mecanismo de extinción que activa esos fenómenos es el del «invierno del impacto», el periodo en el que la enorme cantidad de polvo proyectada por el choque bloquea la luz del sol, detiene la fotosíntesis de las plantas y cambia el clima del planeta.

Sin embargo, apuntan, si eso fuera así, tendría que haber una correlación casi inmediata en términos geológicos entre el choque del meteorito y la extinción masiva de seres vivos, porque los inviernos postimpacto son fenómenos pasajeros que duran generalmente menos de un año, aunque la capa de escombros dispersados por todo el planeta pueda perdurar muchos siglos.

No es el tamaño del asteroide

Este estudio analiza 33 impactos de meteoritos contra la Tierra ocurridos en tiempos en los que esta ya albergaba vida, incluidos los once a los que, con mayor o menor aceptación, se les atribuye el haber puesto en marcha procesos de extinción masiva en el planeta.

Y su conclusión muestra que no es el tamaño del asteroide lo que determinó que su choque contra el planeta diera lugar a una extinción. De hecho, han encontrado que algunos impactos de meteoritos enormes coincidieron en momentos relativamente estables para la vida, entre ellos el cuarto en tamaño en todo el registro geológico: el que formó hace 215 millones de años el lago Manicouagan, en Canadá, con 48 kilómetros de diámetro.

En cambio, impactos más pequeños aparecen en el registro geológico en momentos en los que se aprecia un vuelco ecológico en el planeta.

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Imagen de la Luna

Kamo’oalewa podría ser un fragmento perdido de la Luna

Abundancia de feldespato

Estos tres investigadores destacan que hay un elemento que se repite en todos los impactos asociados a procesos de extinción masiva en los últimos 600 millones de años: en las capas de polvo que depositaron abunda el feldespato potásico, un mineral inofensivo por lo general, pero que suspendido en la atmósfera, donde es raro encontrarlo en condiciones normales, cambia las propiedades de las nubes: reduce la proporción de radiación solar que reflejan, lo que a su vez calienta el clima y potencia el efecto invernadero.

Y esa constatación les lleva a proponer como modelo que son los meteoritos que impactan contra suelos ricos en feldespato potásico los que tienen capacidad de desestabilizar el clima a escala global, cambiar las condiciones para la vida en la Tierra y activar procesos de extinción masivos.

Imagen de portada: Gentileza de EP Nebulosa Planetaria

FUENTE RESPONSABLE: Europa Press. Noviembre 2021

Astronomía/Ciencia/Meteoritos/Extinciones/Planeta Tierra

Las supernovas más espectaculares del universo.

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Cada explosión de una estrella es increíblemente brillante. Aunque suponga la muerte estelar, es un fenómeno inigualable como observadores.

¿Qué es una supernova? A diferencia de cuando un incendio agota su combustible, las estrellas sí que resuelven su final de una forma tremendamente espectacular. 

Una vez que una estrella acaba con todo su combustible y no es capaz de soportar su propia gravedad, todo lo que sucede a partir de aquí representa la explosión más colosal y espectacular de las etapas de una estrella. La gravedad de la estrella intenta comprimirla en una esfera compacta y el combustible crear una enorme presión hacia el exterior. Pero, ¿y cuándo el equilibrio se rompe? 

En esta fase moribunda el astro se apaga con una detonación que solo podemos calificar de fantástica.

¿Y si se acaba la mesura?

Porque cuando el equilibrio entre quemar ingentes cantidades de combustible nuclear en el núcleo y producir toneladas de energía cuya presión evita que la estrella colapse, desaparece, la gravedad gana y sucede exactamente esto: la fuerte presión hacia el exterior hace que la estrella estalle repentinamente, dejando tras de sí un núcleo muy denso, junto con una nube en expansión de gas caliente llamada nebulosa. Es el fin de las dos fuerzas opuestas.

Tenemos la supernova, que no es otra cosa que parte de la vida de un astro. 

Lo que queda, ya no emite luz gracias a la fusión, como la mayoría de las estrellas. En cambio, sí que emite radiación térmica que puede ser visible para los científicos.

Hoy contemplaremos algunas de las supernovas más hermosas que han captado los astrónomos gracias a sus potentes telescopios repartidos por todo el mundo. Eso sí, en nuestra galaxia, la Vía Láctea, nos cuesta un poco más contemplarlas, porque el polvo cósmico bloquea nuestra vista.

Una de las supernovas más famosas observadas por los humanos es la Nebulosa del Cangrejo. Hizo su primera aparición en el cielo en 1054, cuando astrónomos chinos observaron una explosión en el cielo. Inicialmente fue denominada SN 1054 y fue visible durante más de dos años antes de desvanecerse en lo que ahora conocemos como la Nebulosa del Cangrejo. Tiene un radio de 5,5 años luz y se encuentra a 6.523 años luz de distancia de nuestro planeta.

Supernova SN 1006

Esta espectacular imagen que vemos fue creada a partir de fotografías obtenidas por diferentes telescopios en el espacio y en la tierra para obtener una instantánea del remanente de la supernova SN 1006, vista en ondas de radio (rojo), rayos X (azul) y luz visible (amarillo). 

Fue el 30 de Abril del año 1006 cuando una luz iluminó la noche del firmamento como si se tratara de una segunda Luna. Las descripciones históricas de astrónomos chinos y árabes no dejan duda de lo fantástico que tuvo que ser contemplar este fenómeno que se cree que era originariamente una estrella binaria, que, cuando el gas proveniente de una de ella hizo que la enana blanca superara el límite de Chandrasekhar, explotó. Probablemente podemos describirla como la supernova más brillante de la historia. El remanente está a unos 7.200 años luz de distancia de la Tierra.

Crédito: Radio: NRAO/AUI/NSF/GBT/VLA/Dyer, Maddalena & Cornwell, X-ray: Chandra X-ray Observatory; NASA/CXC/Rutgers/G. Cassam-Chenaï, J. Hughes et al., Visible light: 0.9-metre Curtis Schmidt optical telescope; NOAO/AURA/NSF/CTIO/Middlebury College/F. Winkler and Digitized Sky Survey.

Supernova en NGC 1288

Supernova en NGC 1288

En esta imagen realizada por el astrónomo Henri Boffin del Observatorio Europeo del Sur (ESO) nos muestra una imagen compuesta en color de la supernova SN 2006 dr de Tipo Ia en la galaxia espiral NGC 1288, observada con el Very Large Telescope (VLT) de ESO. La supernova es el objeto brillante visible a la izquierda del centro de esta galaxia.

Supernova SN 1054

De nuevo otra supernova histórica. Según astrónomos chinos y árabes, esta supernova pudo contemplarse en los cielos del año 1054 durante 653 noches desde el 5 de julio de ese año. Posiblemente se trató de una supernova tipo II y actualmente el remanente lo conocemos como nebulosa del Cangrejo. Está a 6.500 años luz de distancia y, aunque es probablemente la nebulosa más famosa, no es la más brillante.

Supernova DEM L249

Esta imagen del Hubble muestra DEM L249, un remanente de la supernova ubicado a unos 160.000 años luz de distancia en la constelación de Mensa. El objeto reside en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite de la Vía Láctea y se cree que es el remanente de una supernova de Tipo Ia.

Crédito de la imagen: NASA / ESA / Hubble / Y. Chou, Instituto de Astronomía y Astrofísica, Academia Sinica / Gladys Kober, NASA y Universidad Católica de América.

Supernova SN 1181

De tipo desconocido, esta supernova fue visible en el cielo nocturno durante 185 días, estrenándose en los cielos de la Tierra entre el 4 de agosto y el 6 de agosto de 1181. 

Aparece en diversos textos tanto de astrónomos chinos como japoneses quien registraron la explosión estelar como una de las ocho supernovas pertenecientes a la Vía Láctea, pues sus restos se encuentran a más de 8 kiloparsec. Un reciente estudio publicado en 2021 ha determinado que una nube (o nebulosa) débil y de rápida expansión, llamada Pa30, que rodea a una de las estrellas más calientes de la Vía Láctea, conocida como Estrella de Parker, podría ajustarse a la supernova SN 1181. «Los informes históricos colocan a la estrella invitada entre dos constelaciones chinas, Chuanshe y Huagai. 

La estrella de Parker encaja bien en la posición. Eso significa que tanto la edad como la ubicación encajan con los eventos de 1181″, dijeron los expertos. «La combinación de toda esta información, como la edad, la ubicación, el brillo del evento y la duración histórica de 185 días, indica que la estrella de Parker y Pa30 son las contrapartes de SN 1181. 

Esta es la única supernova de tipo Iax donde se han realizado estudios detallados de la estrella remanente y la nebulosa son posibles. Es bueno poder resolver un misterio histórico y astronómico «, explica el profesor de Astrofísica en la Universidad de Manchester, Albert Zijlstra.

Supernova SN 1572

Observada por primera vez por el astrónomo danés Tycho Brahe el 11 de noviembre de 1572, esta supernova en la constelación de Casiopea, es de las pocas que se han podido ver a simple vista. De ahí que se conozca como supernova de Tycho. Su remanente está situado a unos 2.500 pársecs y fue descubierto como radiofuente en 1952.

Supernova SN 1604

También conocida como supernova de Kepler o estrella de Kepler, fue visible por primera vez el 9 de octubre de 1604, siendo la última supernova observada en la Vía Láctea hasta la fecha. Esos días, a simple vista, fue más brillante que cualquier otra estrella del firmamento nocturno (alcanzó una magnitud aparente de -2,5). Incluso de día, fue visible durante unas tres semanas. Cuando la supernova disminuyó, produjo una nueva estrella a principios del siglo XVII. Se trataba de una supernova de tipo Ia: la explosión termonuclear de una enana blanca. Su distancia respecto al Sol: 20.000 años luz.

Imagen de portada: Gentileza de Muy Interesante

FUENTE RESPONSABLE: Muy Interesante. Por Sarah Romero. Noviembre 2021

Astronomía/Ciencia/Supernovas/Clasificación/Formación/Espacio/Constelaciones.

Nuevas mediciones sugieren que la colosal Corriente de Magallanes. 

Podría estar 5 veces más cerca de la Tierra de lo que se creía.

«La distancia revisada cambia nuestra comprensión de la corriente», señaló Andrew Fox, coautor del estudio y astrónomo del Space Telescope Science Institute.

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Un grupo de científicos publicó recientemente en la revista The Astrophysical Journal Letters un estudio en el que concluyen que la inmensa Corriente de Magallanes podría hallarse mucho más cerca de la Vía Láctea de lo que inicialmente se pensaba.

«El origen de la Corriente magallánica ha sido un gran misterio durante los últimos 50 años», dijo Scott Lucchini, coautor del estudio y físico de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.).

Descubierta por los astrónomos en 1972, la Corriente magallánica consiste en un flujo de hidrógeno neutro que, según la teoría más aceptada, está formado por la interacción gravitacional de la Vía Láctea y las nubes de Magallanes, dos galaxias enanas cercanas a la nuestra.

Un astrónomo aficionado descubre una nueva galaxia enana a más de 3 millones de años luz de la Tierra

Un astrónomo aficionado descubre una nueva galaxia enana a más de 3 millones de años luz de la Tierra

En una investigación publicada el año pasado por el mismo equipo de científicos, se estimaba que este flujo circulaba alrededor de gran parte de la Vía Láctea y que se hallaba a una distancia de la Tierra de entre 325.000 y 650.000 años luz.

No obstante, en su reciente estudio los investigadores realizaron nuevas mediciones para modelar la formación y evolución del fenómeno durante los últimos 3.500 millones de años agregando un factor clave a sus variables: la existencia de una corona de gas caliente que, según el equipo, debería rodear a la corriente.

De esta forma, determinaron que las nubes de Magallanes han estado orbitando entre sí durante apenas 3.000 millones de años y que, además, lo hacían en dirección opuesta a lo que pensaban los astrónomos.

Por lo tanto, cuando la Corriente de Magallanes comenzó a separarse de las dos galaxias enanas, se movió hacia la Vía Láctea en vez de alejarse de esta.  

Esto significa que podría hallarse a solo 65.000 años luz de distancia de la Tierra, unas 5 veces más cerca de lo que se había estimado en un principio.

«La distancia revisada cambia nuestra comprensión de la corriente», señaló Andrew Fox, coautor del estudio y astrónomo del Space Telescope Science Institute. «Significa que nuestras estimaciones de muchas de las propiedades de la corriente, como la masa y la densidad, deberán revisarse», añadió.

Por ejemplo, los científicos ahora indican que es probable que el gas de la Corriente de Magallanes comience a impactar contra la Vía Láctea antes de lo que se creía. Esto generará choques que harán que el gas se aglomere para formar nuevas estrellas, un fenómeno que, según los cálculos del equipo, comenzará a ocurrir en solo 50 millones de años, un período muy breve en términos cósmicos.

Nueva búsqueda de estrellas

Asimismo, los recientes hallazgos indican que la comunidad científica ha estado buscando en el lugar equivocado las estrellas de la Corriente de Magallanes, unos astros que habrían sido arrancados de sus galaxias progenitoras por el flujo.

«Está cambiando el paradigma de la corriente», concluyó Lucchini. «Algunos han pensado que las estrellas son demasiado débiles para verlas porque están demasiado lejos. Pero ahora vemos que la corriente está básicamente en la parte exterior del disco de la Vía Láctea».

Futuras observaciones de esa región cósmica podrían detectar las estrellas, lo que, a su vez, confirmaría los hallazgos del equipo.

Imagen de portada: Gentileza de NASA

FUENTE RESPONSABLE: RT en vivo – Noviembre 2021

Astronomía/Descubrimientos/Espacio

 

 

Un astrónomo encontró evidencia compatible con el Planeta Nueve en el Sistema Solar.

Michael Rowan-Robinson basó su análisis en los datos recopilados por el satélite IRAS, en 1983; tendría entre tres y cinco veces la masa de la Tierra.

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Un análisis de datos recopilados por el satélite IRAS (Infrared Astronomical Satellite) en 1983 arrojó un trío de fuentes puntuales que podrían ser el hipotético Planeta Nueve. Este planeta fue teorizado en 2016 en función del comportamiento de un grupo de objetos transneptunianos, fue buscado sin éxito en varias campañas de observación astronómica.

Ahora, el astrónomo Michael Rowan-Robinson del Imperial College London, sostuvo que los datos de IRAS deben animar a los astrónomos a seguir buscando este planeta, informa Science Alert. Es bastante poco probable que sea una detección real, pero la posibilidad significa que podría usarse para modelar dónde podría estar el planeta ahora para realizar una búsqueda más específica, en la búsqueda futura para confirmar o descartar su existencia, argumentó.

“Dada la mala calidad de las detecciones de IRAS, en el límite mismo de la encuesta, y en una parte muy difícil del cielo para las detecciones de infrarrojo lejano, la probabilidad de que el candidato sea real no es abrumadora”, escribió. ”Sin embargo, dado el gran interés de la hipótesis del Planeta 9, valdría la pena comprobar si un objeto con los parámetros propuestos y en la región del cielo propuesta, es incompatible con las efemérides planetarias”.

IRAS operó durante 10 meses a partir de enero de 1983, y realizó un estudio de infrarrojo lejano del 96% del cielo. En esta longitud de onda, objetos pequeños y fríos como el Planeta Nueve podrían ser detectables, por lo que Rowan-Robinson decidió volver a analizar los datos utilizando parámetros consistentes con el Planeta Nueve.

En un estudio, dos astrónomos postularon la existencia de un enorme planeta helado en los confines del Sistema Solar, conocido como Planeta 9 – NASA

De las alrededor de 250.000 fuentes puntuales detectadas por el satélite, solo tres son de interés como candidatas para el Planeta Nueve. 

En junio, julio y septiembre de 1983, el satélite detectó lo que parece ser un objeto que se mueve por el cielo. No es una certeza muerta, ni mucho menos. La región del cielo en la que aparece la fuente se encuentra en una latitud galáctica baja (es decir, cerca del plano de la galaxia) y está fuertemente afectada por cirros galácticos, nubes filamentosas que brillan en el infrarrojo lejano. Entonces, es posible que las fuentes sean el ruido de estas nubes.

Rowan-Robinson también señala que otro levantamiento altamente sensible, el Telescopio de Levantamiento Panorámico y el Sistema de Respuesta Rápida (Pan-STARRS), en funcionamiento desde 2008, no logró recuperar al candidato. 

Sin embargo, si interpretamos al candidato como real, podemos extrapolar alguna información sobre el Planeta Nueve. Según los datos del IRAS, tendría entre tres y cinco veces la masa de la Tierra, a una distancia orbital de alrededor de 225 unidades astronómicas.

El movimiento de la fuente a través del cielo también nos da una idea de la órbita potencial del planeta, indicándonos en qué lugar del cielo podríamos estar mirando ahora y dónde podemos buscar en otros datos, como el de Pan-STARRS. ”Se necesitan estudios dinámicos para verificar si tal objeto es consistente con las efemérides de otros objetos del Sistema Solar y si este objeto puede explicar el agrupamiento de las órbitas de los planetas enanos del cinturón de Kuiper”, escribió Rowan-Robinson.

“Las detecciones del IRAS no son de la más alta calidad, pero valdría la pena buscar en longitudes de onda ópticas e infrarrojas cercanas en un anillo de radio de 2,5 a 4 grados centrado en la posición de 1983. 

Este candidato podría descartarse si las observaciones de radio u otras realidad (y estacionariedad) de las fuentes del IRAS en las posiciones de 1983”.

El documento está disponible en el servidor de preimpresión arXiv y fue aceptado para su publicación en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Imagen de portada: Ilustración del Planeta 9 – NASA

FUENTE RESPONSABLE: La Nación (Europa Press)- Noviembre 2021

Astronomía/Investigación/Planeta 9/Ciencia

 

Así fue el eclipse más extenso en 600 años: Las mejores postales del evento astronómico.

Virgen del Carmen, Cerro 18, Lo Barnechea, durante el eclipse lunar parcial. Crédito: Roberto Antezana, astrofotógrafo U. de Chile.

Durante la madrugada de este viernes se registró un eclipse lunar parcial, también conocido como Luna de sangre, un evento que no volverá a verse hasta el año 2669. Estas son algunas de las mejores imágenes que dejó el fenómeno astronómico.

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El eclipse lunar parcial registrado a partir de las 3 de la mañana con dos minutos de este viernes cautivó a la ciencia, la astronomía y al público general. Con una duración de 3 horas, 28 minutos y 24 segundos, el evento astronómico también conocido como Luna de sangre, tornó el cielo de gran parte de Chile, incluida Isla de Pascua, de un tono rojizo. No se repetirá algo de estas características en 648 años.

El eclipse alcanzó una cobertura total entre 97% y 98% y su mayor visibilidad o fase máxima la logró a las 4.18 am, llegando a su fin, considerando la umbra y penumbra, a las 9.03 de la mañana. Fue visible en dirección poniente.

Diferentes centros astronómicos siguieron el eclipse minuto a minuto. El grupo cazador de eclipses del Instituto de Astrofísica de la Universidad Católica se instaló en el centro de esquí El Colorado, a 36 kilómetros de Santiago, para captar cada detalle del suceso astronómico. Por su parte, la Facultad de Astronomía de la Universidad de Chile y el Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines CATA lo hicieron desde el Observatorio Pocuro en Calle Larga, Aconcagua.

Roberto Antezana, astrofotógrafo de la Universidad de Chile, también lo siguió en vivo y en directo. Se instaló con su cámara en el Cerro 18, Lo Barnechea, donde capturó a la Virgen del Carmen (fotografía principal).

Despues de ver la impresionante salida de la Luna llena sobre el Monte Aconcagua, solo dormi 3 horas y el resto pensando… Posted by Roberto Antezana on Friday, November 19, 2021

Además de Chile y América, el eclipse fue visto en el oeste de Europa, en el Océano Pacífico, Oceanía y Asia. Sus primeras etapas se produjeron antes de la salida de la Luna en el este de Asia, Australia y Nueva Zelanda, mientras que los espectadores de Sudamérica y Europa Occidental vieron la Luna ponerse antes de que el eclipse alcance su punto máximo.

Si bien un eclipse de estas características no se repetirá hasta el año 2669, el próximo 4 de diciembre Chile, y puntualmente la Antártica, será testigo de un eclipse solar total, al igual que en 2019 en el norte y en 2020 en el sur del país.

Las mejores imágenes y postales que dejó el eclipse lunar parcial:

El eclipse lunar parcial, Luna de sangre, sobre el Monumento a George Washington en Washington, EE. UU. REUTERS / Al Drago TPX IMÁGENES DEL DÍA.

Imagen del eclipse en Asunción, Paraguay. Photo by NORBERTO DUARTE /

AFPImagen del Catillo Gifu en Japón durante el eclipse. Kyodo/via REUTERS

El evento astronómico en Santiago, Chile. REUTERS/Pablo Sanhueza

El edificio Costanera Center con la Luna rojiza en sus espaldas. REUTERS/Pablo Sanhueza

Otra fotografía de la «Luna de sangre» en Santiago, la madrugada de este viernes. REUTERS/Pablo Sanhueza

Manila, Filipinas. AP Photo/Aaron Favila

El eclipse superó las tres horas de duración. Imagen en Filipinas. AP Photo/Aaron Favila

La gente se reunió para observar el eclipse lunar. Foto de Philip FONG / AFP.

La sombra de la tierra cubre la Luna llena durante el eclipse lunar parcial visible cerca de una estatua de George Washington en lo alto del Monumento a Washington de Baltimore. AP Photo/Julio Cortez

Luna de sangre. Photo by Philip FONG /

AFPEdificio Empire State en Nueva York, Estados Unidos. REUTERS/Eduardo Munoz

Eclipse lunar parcial visto a través de un árbol. AP Photo/Julio Cortez

El Capitolio en Washington, DC. (Photo by ANDREW CABALLERO-REYNOLDS / AFP)

Shanghai, China. REUTERS/Aly Song

Imagen de portada: Gentileza de Roberto Antezana, astrofotógrafo U. de Chile.

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera. Por Carlos Montes – Noviembre 2021

Eclipse lunar/Astronomía/Sociedad/Cultura/Ciencia

Astrónomos confirman que la Gran Nube de Magallanes devoró totalmente otra galaxia.

Los investigadores indican que este descubrimiento es «una prueba observacional de que el proceso de ensamblaje jerárquico ha funcionado también en la formación de nuestros satélites más cercanos».

Un equipo de astrónomos de la Universidad de Bolonia ha encontrado pruebas de que una galaxia satélite de la Vía Láctea, conocida como ‘la Gran Nube de Magallanes’ (LMC, por sus siglas en inglés), se fusionó con otra galaxia en algún momento de su misterioso pasado.

En el artículo publicado este lunes, los investigadores indican que este descubrimiento es «una prueba observacional de que el proceso de ensamblaje jerárquico ha funcionado también en la formación de nuestros satélites más cercanos».

Los cúmulos globulares

Para probar su hipótesis, los científicos observaron grupos de miles de millones de estrellas, conocidos como ‘cúmulos globulares’. La idea es que el núcleo de un cúmulo globular de este tipo puede resistir incluso después de miles de millones de años de empujar y tirar de una galaxia. Los investigadores analizaron la composición química de 11 cúmulos globulares recogidos por el Very Large Telescope y los telescopios Magallanes de Chile.

De los 11 cúmulos globulares estudiados en la Gran Nube de Magallanes, uno resultó tener una composición química claramente diferente, el NGC 2005. Este contiene unas 200.000 estrellas y está situado a 750 años luz del centro de la LMC.

​​Basándose en la composición química del NGC 2005, los investigadores llegaron a la conclusión de que debe ser un remanente de una pequeña galaxia en la que las estrellas se formaron con bastante lentitud, hace miles de millones de años.

Esta pequeña galaxia se habría fusionado con la entonces, relativamente pequeña, Gran Nube de Magallanes, con el tiempo, la mayor parte de la pequeña galaxia se separó y la mayoría de las estrellas se dispersaron, pero el centro, el cúmulo globular NGC 2005, quedó atrás.

«NGC 2005 es el testigo superviviente del antiguo acontecimiento de fusión que condujo a la disolución de su galaxia madre en la Gran Nube de Magallanes, el único caso conocido hasta ahora que ha sido identificado por sus huellas químicas en el ámbito de las galaxias enanas», escriben los investigadores. 

Imagen de portada: COVER Images / www.globallookpress.com

FUENTE RESPONSABLE: RT En vivo

El artículo fue publicado en la revista Nature Astronomy.

Científicos descubren que la Tierra brilla menos que hace 20 años.

El análisis de los datos de aproximadamente 800 noches entre 1998 y 2017 mostró una disminución pequeña, pero significativa, en el brillo de la Tierra.

El estudio fue publicado en Geophysical Research Letters.

Los investigadores del Instituto de Tecnología de Nueva Jersey comprobaron que se produjo una reducción de las nubes bajas brillantes y reflectantes sobre el océano Pacífico oriental en los últimos años y fueron señaladas como las responsables de opacar el brillo de la tierra.

Utilizaron décadas de mediciones de la luz terrestre, la luz reflejada por la Tierra que ilumina la superficie de la Luna y también mediciones por satélite para descubrir que fue lo que provocó el descenso de la reflectancia.

El estudio fue publicado en Geophysical Research Letters. Por su parte, el análisis de los datos de aproximadamente 800 noches entre 1998 y 2017 mostró una disminución pequeña, pero significativa, en el brillo de la Tierra.

«La caída del albedo (la energía que llega a ella y hace que esté luminosa) nos sorprendió mucho cuando analizamos los últimos 3 años de datos después de 17 años de reflectancia casi plana», dijo el investigador Philip Goode.

«Es bastante preocupante», afirmó la semana pasada Edward Schwieterman, científico de la Universidad de California en Riverside, quien no ha participado en el estudio. Durante algún tiempo, muchos científicos habían esperado que una Tierra más cálida podría dar lugar a más nubes y a un mayor albedo, lo que ayudaría a moderar el calentamiento y a equilibrar el sistema climático, «pero esto demuestra lo contrario«, agregó.

Imagen de portada: Gentileza de Ámbito

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito.

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