Los humedales de España ya no son húmedos.

Sólo el 12% de los ecosistemas húmedos está bien conservado​ y entre 1970 y 2015 han reducido su tamaño en un 35%.

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España es un territorio rico en biodiversidad. La joya ambiental del país es, sin duda, su red de humedales, resquicios de agua en mitad de la tierra. Son ecosistemas ricos, donde las especies acuden para beber y refrescarse, bien lo evidencian los flamencos que mojan sus plumas en Doñana. Durante el siglo XX, pese a su valor ecológico, fueron reconvertidos y reaprovechados para usos agrícolas lo que provocó una crisis de la que el país sigue sin salir.

Según las estimaciones del Ministerio para la Transición Ecológica, entre 1970 y 2015, los humedales se han reducido aproximadamente un 35%, tres veces más de la tasa de pérdida de masas boscosas. Además, en la primera mitad del siglo XX se habría consumado la desaparición de hasta el 60% de los ecosistemas húmedos originales del país. La situación actual no es halagüeña, pues apenas espacios de este tipo que no estén amenazados, con sólo un 12% catalogado como «bien conservado», según los datos divulgativos del propio Gobierno español. El 24% se encuentra en un «estado pobre» y el 30% en «estado muy pobre». 

En la lista de espacios naturales que se sitúan al borde de entrar en la UCI aparecen nombres conocidos, como las Tablas de Daimiel, el Mar Menor o el parque natural de El Fondo, en Elche. También aparecen otros entornos que son emblemas del país, pero cuya mala conservación ha llevado a Europa a abrir procesos judiciales contra España: Doñana y el Delta del Ebro. 

Las principales amenazas de estos ecosistemas están vinculadas a actividades humanas. La mala gestión del agua, según el último informe Ramsar de la Sociedad Española de Ornitología (SEOBirdLife), afecta al 60% de estos espacios naturales y la agricultura en zonas colindantes –con extracción de agua para regadío– supone un problema para la salud del 38% de los ecosistemas húmedos. 

El caso más paradigmático es el del Mar Menor, que se enfrenta a la contaminación difusa provocada por la agricultura del Campo de Cartagena y por los vertidos de aguas residuales y domésticas. No muy lejos de allí, en la Albufera de València, aparecen otros problemas como la sobreexplotación de los acuíferos para regadío, lo cual se extiende en otras zonas del país como Tablas de Daimiel o Doñana, donde el riego ilegal y los pozos clandestinos se han convertido en un quebradero de cabeza para el Gobierno central.

Falta de compromiso

En este declive de los ecosistemas más ricos del país, las comunidades autónomas tienen mucho que decir. Hace más de diez años las diferentes administraciones se comprometieron a actualizar el Inventario Nacional de Zonas Húmedas, pero sólo ocho comunidades autónomas han aportado sus datos.

«En la actualidad, el inventario recopila 764 sitios que ocupan una superficie de algo más de 235.000 hectáreas, pero hay que completarlo para poder identificar humedales desecados o degradados, y avanzar así en su recuperación y restauración, tal y como promueve el Convenio Ramsar», sostienen desde SEO BirdLife.

Desde Ecologistas en Acción, por su parte, señalan al menos hay un 30% de zonas incluidas en el Convenio Ramsar (el tratado internacional sobre humedales), que no se han incluido todavía en el inventario de zonas húmedas. Desde la organización denuncian la falta de compromiso y dejadez de las instituciones par proteger estos entornos y ponen el foco sobre cómo las políticas de gestión hídrica siguen siendo potenciando el consumo y las extracciones de agua. 

Imagen de portada: Vista general del humedal del Parque Nacional de Las Tablas del Daimiel, en Ciudad Real, Castilla-La Mancha. España. Por Patricia Galiana/EUROPA PRESS.

FUENTE RESPONSABLE: Público. Por Alejandro Tena. 1 de febrero 2023.

Sociedad/España/Biodiversidad/Ecosistemas/Humedales/Declive.

Algunas especies estan evolucionando más rápido de lo que creíamos. Y puede llegar a ser un problema.

La escala a la que ocurren los cambios en la evolución es tan dilatada en el tiempo que entenderla completamente queda fuera de nuestro alcance. Pero algunos cambios ocurren a escalas no geológicas sino más cercanas a las humanas. No dentro de la vida de una persona pero sí a una velocidad tal que hemos podido registrarla en los anales de la historia.

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No todos los animales evolucionan al mismo ritmo. Prueba de ello son los fósiles vivientes que caminan entre nosotros. Desde los cangrejos cacerola hasta los celacantos, por no hablar de plantas como los helechos, numerosas especies san sobrevivido con cambios mínimos al paso de cientos de millones de años. Otras en cambio, estas son algunas de ellas.

Las tuátaras (Sphenodon punctatus) son un tipo de lagarto endémico del archipiélago de Nueva Zelanda. Su genética ha evolucionado incluso ante pequeñísimas variaciones en el clima de la región y algunos lo consideran el animal más rápido en evolucionar de los que conocemos. Curiosamente, las tuátaras pertenecen a un orden de reptiles, Sphehodontia, muy antiguos, cuyos orígenes pueden trazarse a la época en la que los dinosaurios aún rondaban la Tierra.

Quizá el ejemplo más sonado de especie que ha evolucionado a gran velocidad es la de la polilla del abedul (Biston betularia).

La evolución de esta polilla británica ha ido de la mano de la revolución industrial. Durante los últimos 200 años los ejemplares de esta especie han ido oscureciendo. Con ello se han adaptado a un ambiente también más oscuro por efecto de la polución ambiental. No es la única especie que ha experimentado esta “metamorfosis”, hasta el punto de que el fenómeno cuenta con nombre propio: melanismo industrial.

Incluso nosotros mismos

El del melanismo industrial no es el único ejemplo de mutaciones causadas por el ser humano. Un ejemplo de esto es la aparición en el sudeste africano de elefantes sin colmillos. El marfil de estos es lo que hace a estos animales blanco de los cazadores. Tanto es así que, pese a las medidas de protección vigentes, los elefantes sin colmillos lo tienen más fácil para sobrevivir.

Otro ejemplo de evolución marcada por las actividades humanas es la aparición de peces del Atlántico norte conocidos como “bacalaos de invierno” (Microgadus tomcod). Estos pescados han evolucionado generando resistencia a los bifenilos policlorados (PCB). Se trata de un compuesto ya prohibido pero aún presente en el fondo de lugares como el río Hudson, donde habitan estos peces.

Las aves están representadas por algunas de las especies más rápidas en evolucionar son descendientes directas de los dinosaurios: las aves. Un ejemplo de esto es el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae), que en los últimos milenios se estima ha evolucionado siete veces más rápido de lo que cabría esperar.

En las islas Salomón, el anteojitos de Vanikoro (Zosterops gibbsi) ha evolucionado de tal manera que solo en el archipiélago pueden identificarse 13 especies interconectadas e este pájaro, cada una con características que las hacen únicas. Más cerca, en Europa, un ejemplo de evolución rápida es el del carabao común (Strix aluco).

Finalmente, los humanos no estamos exentos de observar cambios. A lo largo de nuestra historia, los Homo sapiens hemos convivido con casi otra decena de especies humanas u homínidas y también hemos visto cambios en nuestra propia imagen. Cambios como la pérdida de melanina que vivieron las poblaciones que abandonaron África. Con esta adaptación, por ejemplo, era posible desenvolverse mejor en lugares con menor exposición al sol que las existentes en nuestro continente de origen.

La evolución es un proceso natural, pero los indicios de que esta ocurre cada vez más rápido pueden suponer una mala noticia. Un estudio reciente observó, analizando 19 especies distintas, que los cambios genéticos ocurrían, en término medio, un 18,5% más rápido de lo que se esperaba. Quizá más preocupante, otro estudio, este de 2021, comprobó que las especies más rápidas en evolucionar eran las que más riesgo tenían de extinguirse. Sin duda un resultado muy intuitivo. Quizá no sea tan cierto eso de “adaptarse o morir”.

Imagen de portada: John Hardin.

FUENTE RESPONSABLE: Xataka. Por Pablo Martínez Jurado. 25 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Ecología/Naturaleza/Biodiversidad/Evolución.

La extinción de la megafauna en Madagascar fue culpa del sedentarismo y el cambio climático.

Un estudio ha investigado la extinción de la megafauna de Madagascar y ha descubierto que, hace 1.000 años, empezó la transición a un estilo de vida sedentario que desencadenó el declive de los animales gigantes.

Hace apenas unos cuantos siglos, en Madagascar habitaban lémures que llegaban al metro y medio de altura (Megaladapis) y “aves elefante” (Aepyornis) que alcanzaban hasta tres. Sin embargo, alrededor del año 1.000, estas criaturas empezaron un rápido declive que terminó con su extinción. Ahora, un estudio ha relacionado el inicio de esta decadencia con diversos factores entre los que destaca una explosión demográfica, la transición a un modo de vida más sedentario y, en menor medida, un cambio climático.

El declive de la megafauna de Madagascar empezó durante el primer milenio d.C., pero fue alrededor del año 1.000 cuando se acentuó. Según el estudio, en aquella época se produjeron dos cambios importantes que precipitaron la disminución de las poblaciones hasta un punto de no retorno.

Aepyornis restaurado junto a un avestruz

Aepyornis restaurado junto a un avestruz. Foto: Museon, La Haya

El primero fue una migración desde África oriental, que se integró con la población existente, procedente del Índico: el malgache, el idioma predominante de la isla, pertenece a una familia lingüística habladas a lo largo y ancho del Índico y del Pacífico Sur, llamadas austronesias. A través de un estudio genético, los investigadores han detectado que alrededor del año 1.000 se produjo una migración de poblaciones bantúes desde el continente africano. Esta migración coincide con una transición de las poblaciones de la isla hacia un modo de vida más sedentario, junto con una explosión demográfica.

El crecimiento demográfico y el sedentarismo incrementaron la presión humana sobre el entorno.

Todo esto incrementó la presión humana sobre el entorno, modificando el paisaje para dar cabida a mayores extensiones de tierra destinadas a la agricultura. Coincidió, además, con un segundo cambio importante en los ecosistemas: hacia el año 1.000, el clima de la isla se volvió más caluroso y seco. Como consecuencia de todos estos factores disminuyó la extensión de los bosques, hábitat y fuente de alimento de aquellos animales gigantes, abocándolos a la extinción.

Los científicos advierten que entender el rol de los humanos en esta extinción, tanto por el crecimiento de la población como por el cambio en los estilos de vida, es clave para prevenir la desaparición de los últimos gigantes que aún sobreviven en el planeta.

Imagen de portada: Aepyornis era un género de aves endémico de Madagascar. Foto: VELIZAR SIMEONOVSKI / THE UNIVERSITY OF CHICAGO

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic España. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y los viajes. 8 de noviembre de 2022.

Sociedad y Cultura/Prehistoria/Biodiversidad/Actualidad.

Visión en túnel

Cada año, de agosto a principios de octubre, los meros goliat del Atlántico -Epinephelus itajara- se reúnen frente a la costa este de Florida para desovar. 

En las noches oscuras, cuando la luna es nueva, los machos producen sonidos de baja frecuencia al contraer sus vejigas natatorias, llamando a otros meros a congregarse alrededor de naufragios o arrecifes rocosos. Hace cincuenta años, más de 100 peces podrían responder a la llamada. Pero en 1990 la especie había sido pescadas casi hasta la extinción, y las congregaciones de apareamiento a menudo se reducían a solo un puñado de peces. 

Ese año, los meros goliat fueron protegidos bajo prohibiciones de pesca federales y estatales, y la población comenzó a recuperarse lentamente. Si bien las congregaciones de apareamiento de Florida aún no han alcanzado los números que los pescadores locales recuerdan de la década de 1970, ahora es común ver de 20 a 40 meros juntos durante la temporada de reproducción.

El fotógrafo y ecologista de arrecifes de coral Tom Shlesinger ha sido testigo de este espectáculo muchas veces en los últimos años, pero nunca ha renunciado a nadar con estos gentiles gigantes de 350 kilogramos. 

Durante una inmersión en septiembre pasado, observó, cautivado, cómo un gran macho nadaba tranquilamente a través de un enorme cardumen de pequeños peces de la especie Decapterus punctatus. «Parecía que estaba nadando a través de un túnel de peces», recuerda Shlesinger, «e inmediatamente supe que este era el momento perfecto para capturar una perspectiva única». 

Shlesinger apreció la experiencia, en parte porque sabe que la especie está una vez más en peligro. En marzo, a pesar de la fuerte oposición de los científicos que estudian la especie, la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida votó para reabrir la pesca recreativa para los meros goliat a partir de 2023. 

Bajo el nuevo plan, se venderán hasta 200 permisos cada año por un valor de entre 150 y 500 dólares, cada uno de los cuales permitirá la pesca de un mero adulto. Los expertos en meros Goliat, Felicia Coleman y Chris Koenig de la Universidad Estatal de Florida han redactado una larga lista de razones sobre porqué la decisión es desacertada, entre las cuales destaca que la población no es actualmente tan estable como cabría esperar.

Si bien el número de meros juveniles ha aumentado en los últimos años, el número de adultos reproductores en realidad ha disminuido, probablemente debido a la caza furtiva y la degradación del hábitat. 

Además, desde una perspectiva económica, los meros goliat valen mucho más vivos que muertos. A medida que las congregaciones de apareamiento han crecido, un próspero negocio de ecoturismo ha surgido a su alrededor, generando ingresos que superan con creces el precio de los permisos de pesca. Además, los meros goliat se alimentan de especies que de otro modo comerían langostas juveniles; las poblaciones sanas de peces se han relacionado con cosechas de langosta más robustas. «Abrir la pesquería para esta especie icónica en las circunstancias actuales parece bastante miope», lamenta Shlesinger. 

Sin embargo, hay esperanza en lo que los científicos han aprendido desde 1990: que si se adoptan medidas para proteger a la especie, esta es capaz de recuperarse.

Imagen de portada: Epinephelus itajara- Por Tom Shlesinger / Big Picture Natural World Photography Competition 2022

Esta imagen fue publicada originalmente en bioGraphic, una revista independiente sobre naturaleza y conservación impulsada por la Academia de las Ciencias de California y socio del concurso de fotografía BigPicture: Natural World.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Héctor Rodriguez. 2 de septiembre 2022.

Océanos/Biodiversidad/Peces.

Así es la zona crepuscular del océano: la región más oscura de los mares que rebosa en especies multicolor.

La zona crepuscular oceánica se encuentra a 1,000 metros de profundidad en el mar. Ahí, donde ni siquiera la luz del Sol alcanza a llegar.

A la zona crepuscular oceánica no llega la luz del Sol. Está tan por debajo de la superficie en los mares, que la vida transcurre completamente a oscuras.

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Por ello, un ecosistema que parece traído de otro mundo se desarrolla mayormente en silencio. Animales con luces integradas. Peces ciegos con fauces que parecen desproporcionadas a su tamaño. Especies minúsculas que integran un ecosistema microscópico. Todos ellos integran este reino de sombras.

Aunque parezca completamente ajena a la vida sobre la superficie, la zona crepuscular oceánica es fundamental para regular la temperatura del planeta, explica Woods Hole Oceanographic Institution. A pesar de encontrarse a tantos metros por debajo de las olas, actualmente está en riesgo a causa de la crisis climática global. Éstas podrían ser las consecuencias.

¿Dónde está la zona crepuscular oceánica?

Value Beyond View: The Ocean Twilight Zone

La zona crepuscular oceánica se encuentra de 200 a 1,000 metros por debajo de la superficie. Por esta razón, la luz no llega a penetrar esta región del mar. Conocida también como zona mesopelágica, ha desarrollado su propia bioquímica y ecosistemas, como si se tratara de una biosfera completamente diferente a la que se encuentra bajo la influencia del Sol.

En las profundidades del mar, se almacenan entre 2 y 6 mil millones de toneladas de carbon al año. Comparativamente, asegura Woods Hole Oceanographic Institution, esta cantidad es «6 veces la magnitud de emisiones que producen los coches en todo el mundo». Por ello, según los registros de la institución, la zona crepuscular oceánica se entiende como una cápsula de gases de efecto invernadero.

Un calamar de cristal juvenil. Crédito: Institución Oceanográfica Woods Hole / Paul Caiger

Además, esta región en los océanos contiene 10 veces más animales marinos que los que proliferan en la superficie. Por ello, también se puede entender como un banco de alimentos para otras especies que habitan los mares. A pesar de que contiene esta riqueza, y es uno de los ejes primordiales en la regulación de la temperatura global, se conoce muy poco sobre la zona crepuscular oceánica.

¿Qué organismos viven ahí?

La boca de cerda alargada (Sigmops elongatus) es abundante en la zona crepuscular de los océanos. Crédito: Institución Oceanográfica Woods Hole / Paul Caiger.

La zona crepuscular oceánica es mayormente un misterio para la ciencia contemporánea. Dada la profundidad a la que se encuentra, es difícil de estudiar porque alcanzarla puede ser muy costoso —y peligroso— para los investigadores. Y lo que es más: muchas de las especies son demasiado frágiles para aguantar otras condiciones ambientales.

Aún así, la vida florece entre las sombras del planeta, de acuerdo con el estudio publicado en Nature:

«[…] la zona es poco conocida, física, biogeoquímica y ecológicamente. Incluso la cantidad de organismos que viven allí sigue siendo un misterio, por no hablar de su diversidad y función», escriben los autores.

Además, «la zona crepuscular también está al tanto de la migración más grande de la Tierra«. Los científicos aseguran que una amplia variedad de «peces y zooplancton se mueven cientos de metros hacia la superficie cada noche para alimentarse«. Antes de que el Sol aparezca de nuevo, todos ellos se retiran a las sombras nuevamente. , antes de retirarse al amanecer.

Antes de que sea demasiado tarde

El alza en las temperaturas globales representa una amenaza para la zona crepuscular oceánica. Con la creciente celeridad con la que los océanos se calientan, las especies que habitan este espacio desprovisto de luz también podrían verse gravemente afectadas. Y con ellas, uno de los receptores principales de carbono en el planeta podría venirse abajo también.

«Lamentablemente», reconocen los autores del estudio, «es demasiado tarde para evitar un daño ambiental generalizado en estas regiones costeras. En cambio, los esfuerzos de investigación y las políticas locales deben apuntar a mitigar los peores efectos».

A pesar de que los efectos de la crisis climática global ya aquejan a quienes vivimos en la superficie,»la zona crepuscular es casi prístina«. Y lo que es más: es completamente irregular, por lo que no existe una legislación que la proteja. Por ello, enfatizan los científicos, «esto hace que sea de interés y responsabilidad común, y hace necesario un acuerdo global para gestionarlo».

Iniciativa Hope for Reefs de la Academia de Ciencias de California

Sobre la posibilidad de que los gobiernos del mundo empiecen a explotar los recursos disponibles ahí, los científicos no tienen preocupaciones. La zona crepuscular oceánica es todavía inaccesible con la tecnología que existe en la actualidad. Aunque parezca increíble, es más fácil mandar a multimillonarios como Jeff Bezos al espacio que investigar esta región de los mares.

Antes que sea demasiado tarde, los científicos están interesados en aprender más sobre la zona crepuscular oceánica. Tal vez, entre las sombras más profundas del planeta, encontremos las respuestas que necesitamos para mantener las temperaturas del planeta a raya —si la crisis climática global lo permite.

Imagen de portada: WOODS HOLE OCEANOGRAPHIC INSTITUTION

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. 26 de agosto 2022.

Océanos/Biodiversidad/Conservación/Zona crepuscular oceánica/ Ecología 

 

 

 

El nenúfar más grande del mundo, descubierto en un jardín de Londres.

Las hojas de la planta alcanzan los tres metros de longitud

Un grupo de expertos de Kew Gardens, un conocido jardín botánico del oeste de Londres, ha descubierto una nueva especie de nenúfar gigante , la primera registrada desde mediados del siglo XIX y que ha resultado ser la más grande del mundo. 

Sus increíbles hojas pueden medir hasta tres metros de largo. Para el horticultor asturiano Carlos Magdalena, uno de sus descubridores, la planta es «una de las maravillas botánicas» del planeta.

Los ejemplares llevaban 177 años en Kew Gardens y 34 en el Herbario Nacional de Bolivia antes de que los expertos se dieran cuenta de que se trataba de una nueva especie.

Al principio, los científicos pensaron que se trataba de una Victoria amazónica , una de las dos variedades de nenúfares gigantes cuyo nombre rinde homenaje a la reina Victoria.

Pero tras una investigación con un equipo que viajó desde Bolivia, los expertos del jardín británico determinaron que en realidad se trata de una tercera variedad.

Además de ser la especie de nenúfar gigante más reciente, Victoria boliviana , cuyas hojas pueden medir hasta tres metros de largo, también es la más grande del mundo.

Los años de investigaciones que llevaron a este descubrimiento están plasmados en un artículo de la revista ‘Frontiers in Plant Sciences’, publicado este lunes.

Las semillas de esta tercera especie de nenúfar gigante habían sido donadas por los jardines botánicos de Santa Cruz de La Sierra y de La Rinconada en Bolivia.

Maravilloso secreto

La ilustradora especializada en dibujos de botánica Lucy Smith, quien participó en las investigaciones, relató que habían crecido, pero sin ser referenciadas, en un estanque en Kew en los últimos cuatro años. «En realidad teníamos escondido este maravilloso secreto a la vista de todos durante todo este tiempo», señaló.

Magdalena, especializado en la preservación de especies vegetales en vía de extinción, explicó que cada año son descubiertas unas 2.000 especies de plantas, pero que «lo que es muy inhabitual es que una planta de este tamaño con este tipo de notoriedad sea descubierta en 2022».

«Esto nos muestra a qué punto sabemos muy poco sobre el mundo natural», destacó.

Victoria boliviana fue nombrada en honor a los expertos bolivianos del equipo y al ecosistema al cual pertenece. Los nenúfares gigantes tienen una flor que pasa del color blanco al rosa durante la noche.

El jardín de Kew es el único del mundo donde los visitantes pueden admirar las especies del tipo Victoria, la ‘amazónica’, la ‘cruziana’ y ahora la ‘boliviana’.

Imagen de portada:El horticultor español Carlos Magdalena, trabajador de Kew Gardens, sostiene un nenúfar gigante EFE

FUENTE RESPONSABLE: ABC Ciencia. 5 de julio 2022

Jardinería/Plantas/Biología/Ciencia/Biodiversidad

El cambio climático podría provocar una extinción masiva de los océanos.

Debido al cambio climático, la vida en los océanos se enfrenta a una pérdida masiva de biodiversidad que podría dar lugar a una gran extinción oceánica a nivel global que rivalizaría con las grandes extinciones pasadas del planeta Tierra.

La pérdida del hábitat aeróbico amenaza con la extinción de las especies oceánicas.

A medida que el océano se calienta desaparecerán diversas especies como estos dorados, los cuales requieren más oxígeno para satisfacer su demanda metabólica.

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La vida en la Tierra surgió en los océanos, o al menos esa es una de las hipótesis más aceptadas en la actualidad. 

Desde entonces, la biodiversidad en los océanos ha experimentado periodos de bonanza de la vida marina como el de la Floración Biogénica, y periodos de decadencia, como la Extinción Masiva del Devónico, un evento al que los científicos siguen tratando de ofrecer una explicación a día de hoy.

Sin embargo, mientras unos expertos intentan desentrañar el pasado de nuestros océanos, otros dirigen su mirada al futuro para tratar de averiguar que le espera a uno de los ecosistemas más importantes de nuestro planeta. La mala noticia es que, según puso de manifiesto recientemente un artículo publicado de la revista Science bajo el título «A stark future for ocean life«, la historia podría tender a repetirse de la peor manera posible. Y es que según este, la vida en los océanos de la Tierra podría enfrentar una extinción masiva, es decir, una pérdida de biodiversidad que podría rivalizar con las grandes extinciones pasadas del planeta, de no producirse un cambio en los patrones observados en el aumento de global de las temperaturas.

¿Cómo afectará el cambio climático a la biodiversidad de los océanos?

La liberación de grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera está cambiando el sistema climático de la Tierra de manera fundamental, amenazando a muchas de las especies que se encuentran en mayor riesgo de extinción. Y aunque los científicos llevan años estudiando este proceso, ponderar como el cambio climático está afectando a la biodiversidad de los océanos, por su dificultad, supone un desafío especial.

Además de los impactos humanos directos, incluida la destrucción del hábitat, la sobrepesca y la contaminación costera, las especies marinas están cada vez más amenazadas por el calentamiento de los océanos y el agotamiento del oxígeno. Y si bien los eventos de extinción masiva anteriores debido a los cambios ambientales globales han quedado bien ilustrados por el registro fósil, el futuro de la vida oceánica tal como la conocemos sigue siendo incierto.

Cronología de las 5 "Grandes Extinciones" en la historia del planeta Tierra

Cronología de las 5 «Grandes Extinciones» en la historia del planeta Tierra

Si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan creciendo y acelerando, las extinciones de los océanos por el calentamiento global rivalizarían con las 5 grandes extinciones masivas del pasado de la Tierra.

Foto: J. Penn.

Para tratar de arrojar luz sobre el futuro de los océanos respecto al clima. los investigadores de la Universidad de Washington en Seattle y el departamento de geociencias de la Universidad de Princeton, Justin Penn y Curtis Deutsch, evaluaron el riesgo de extinción de las especies marinas en diferentes escenarios de calentamiento climático. Lo hicieron gracias a un modelo que sopesó los limites fisiológicos de una especie con respecto a las condiciones de temperatura y oxigeno.

Los autores encontraron que según los modelos actuales del aumento de la temperatura global es probable que los ecosistemas marinos de todo el planeta experimenten extinciones masivas que podrían rivalizar en tamaño y gravedad con la extinción del final del Pérmico. Esta extinción masiva tuvo lugar aproximadamente hace 250 millones de años, fue conocida como la “Gran Mortandad”, y condujo a la desaparición de más de dos tercios de los animales marinos.

Migraciones por culpa del cambio climático

Según Penn y Deutsch se espera que los océanos tropicales pierdan la mayoría de sus especies debido al cambio climático. También que es probable que muchas de estas migren hacia latitudes más altas y condiciones más favorables para sobrevivir, algo parecido a lo que ya esta sucediendo con algunas poblaciones de pingüinos juanito, las cuales en sus migraciones hacia el sur, están desplazando a otras especies de sus hábitats.

Lo autores advierten del mismo modo que es probable que las especies polares se extingan a nivel mundial, ya que sus hábitats desaparecerán por completo del planeta. Sin embargo, también existe lugar para el optimismo, ya que el estudio sugiere que reducir o emisiones de gases de efecto invernadero podría mitigar los riesgos de extinción hasta en un 70%.

Imagen de portada: Evan Davis

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic España. Por Héctor Rodriguez. Periodista especializado en ciencia y naturaleza. 28 de junio 2022.

Cambio climático/Biodiversidad/Océanos/Calentamiento Global/ Actualidad

 

 

Las selvas de África demuestran que pueden desacelerar la emergencia climática: resisten el calor extremo y la sequía.

Las selvas de África que se han mantenido intactas purifican 1.1 mil millones de toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera, según un estudio.

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Desde el inicio de la actividad industrial, la temperatura del planeta ha aumentado. Los registros que se tienen al respecto de la crisis climática global hasta ahora alarman gravemente a científicos de diversas disciplinas. Sin embargo, parece que algunas selvas de África se han resistido a los obstáculos cada vez más difíciles de sortear decantados de esta problemática.

¿A qué se debe la resiliencia de las selvas de África?

Foto: Jorge Fernández/LightRocket via Getty Images

La resistencia de los bosques húmedos en el continente africano ha asombrado a los científicos que estudian el alza en la temperatura global a raíz de la crisis climática. Un estudio internacional reciente, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, descubrió que las selvas que se han mantenido intactas siguen eliminando carbono de la atmósfera.

La purificación del aire no es la única funemo y la sequía, ción benéfica de los espacios vírgenes. Por el contrario, a pesar del calor extr100 selvas tropicales en 6 países diferentes eliminan un aproximado de 1.1 mil millones de toneladas de CO2 en la atmósfera a lo largo del año. Comparativamente, la cifra es tres veces superior al total de dióxido de carbono que emite el Reino Unido.

De acuerdo con la Dra. Amy Bennett, de la Escuela de Geografía de Leeds, a pesar de la muerte de los árboles por los cambios en el medio ambiente en otras partes del mundo, las selvas de África mostraron un comportamiento diferente:

«NO VIMOS UNA FUERTE DESACELERACIÓN DEL CRECIMIENTO DE LOS ÁRBOLES, NI UN GRAN AUMENTO EN LAS MUERTES DE ÁRBOLES COMO RESULTADO DE LAS CONDICIONES CLIMÁTICAS EXTREMAS. EN GENERAL, LA ABSORCIÓN DE DIÓXIDO DE CARBONO POR ESTAS SELVAS TROPICALES INTACTAS SE REDUJERON EN UN 36%, PERO CONTINUARON FUNCIONANDO COMO SUMIDEROS DE CARBONO, LO QUE RALENTIZÓ EL RITMO DEL CAMBIO CLIMÁTICO».

El estudio consideró a la República Democrática del Congo, Gabón, Camerún, Ghana, Liberia y la República del Congo, con respecto a cómo reaccionan los bosques tropicales a condiciones más cálidas y secas. Esta desaceleración, sin embargo, no es fortuita. Por el contrario, funcionó gracias a que los espacios se mantuvieron sin intervención de la actividad industrial humana, la agricultura o la caza ilícita.

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Un monitoreo cuidadoso de los bosques tropicales

Foto: Giles Clarke/UNOCHA via Getty Images

A pesar de las dificultades a las que Bennett y su equipo se enfrentaron, los resultados valieron la pena. De acuerdo con el autor principal del estudio, el profesor Simon Lewis, de la Escuela de Geografía de Leeds, «Las selvas tropicales africanas parecen más resistentes a un calentamiento y sequía adicionales en comparación con las selvas tropicales de la Amazonia y Borneo».

Los geólogos aseguran que las selvas de África han existido en condiciones más secas que las de otras partes del mundo, como la Amazonía y el Sudeste asiático. En el contexto de la crisis climática que enfrenta el planeta, esto les ha ganado un terreno considerable con respecto a otros bosques tropicales.

De acuerdo con Lewis, «Estos hallazgos muestran el valor de un monitoreo cuidadoso a largo plazo de los bosques tropicales. Los datos de referencia que se remontan a la década de 1980 nos permitieron evaluar qué tan bien estos bosques tropicales enfrentaron el calor y la sequía récord». Por esta razón, los autores incitan a los gobiernos locales a poner en primer lugar a las selvas de África en su agenda social, política y económica.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Andrea Fisher. Mayo 2021.

África/Biodiversidad/Cambio Climático/Conservación/Crisis climática

Selva/ Ecología/Emergencia climática/ Planeta/ Restauración.

 

 

 

 

Aves de Norteamérica.

Fotografía ornitológica

Los ganadores de la duodécima edición de los Audubon Photography Awards nos muestran un año más la belleza de la fauna aviar de América del Norte.

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La National Audubon Society acaba de dar a conocer las fotografías y vídeos ganadores de su prestigioso concurso, los Premios de Fotografía Audubon 2021, centrado en la fotografía ornitológica. Divididos en 5 categorías diferentes, los trabajos galardonados en la que se establece como la duodécima edición del certamen han sido seleccionados entre las más de 2500 entradas presentadas al concurso por fotógrafos procedentes de todos los Estados Unidos y algunas partes de Canadá. 

Este año y por primera vez, el certamen ha contado además con una categoría especial bautizada como Female Bird Prize, que nace con el objetivo de llamar la atención sobre las aves hembra, las cuales a menudo son subestimadas y pasan desapercibidas tanto en la fotografía de aves como en la conservación de las mismas. También con una nueva categoría de vídeo, la cual tiene el fin de iluminar las formas únicas y fascinantes en que las aves se comportan e interactúan entre ellas y sus entornos. Las fotografías y vídeos ganadores aparecerán en la edición de verano de 2021 de la revista de la institución. Mientras tanto, en esta galería fotográfica os mostramos los mejores trabajos presentados al concurso. 

Correcaminos grande - Geococcyx californianus

1 / 11 –Correcaminos grande – Geococcyx californianus  Fotografía ganadora absoluta de la competición

Los Novios Ranch, Cotulla, Texas

En medio de un baño de polvo vespertino, un correcaminos grande se alza orgulloso, iluminado a contraluz por el sol. La luz brillante y dorada expone las plumas de su cola de puntas blancas que contrastan con las suaves plumas que se abren en abanico desde los lados. El polvo de un reciente vuelco en la tierra permanece en el aire.

Foto: Carolina Fraser/Audubon Photography Awards/2021 Grand Prize

Grulla canadiense - Antigone canadensis

2 / 11Grulla canadiense – Antigone canadensis

Fotografía ganadora absoluta en la categoría: Amateur

Johns Lake, Winter Garden, Florida

Este pollo recién nacido de grulla canadiense descansa sobre su madre con el cuerpo enroscado alrededor de su cabeza coronada de rojo. El cuerpo esponjoso naranja y blanco del pequeño contrasta con las plumas gris azuladas de la madre.

Foto: Robin Ulery/Audubon Photography Awards/2021 Amateur Award Winner

Halcón peregrino - Falco peregrinus

3 / 11Halcón peregrino – Falco peregrinus

Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Amateur

La Jolla Cove, California, Estados Unidos

En lo alto de un acantilado rocoso, un halcón peregrino se posa con un pájaro carpintero de cresta roja entre sus garras ensangrentadas. El halcón, color canela y gris oscuro, sostiene una pluma en su pico mientras otras dos de color blanco y negro lucen surcando el aire ensangrentadas.

Foto: Tom Ingram/Audubon Photography Awards/2021 Amateur Honorable Mention

Tordo sargento - Agelaius phoeniceus

4 / 11-Tordo sargento – Agelaius phoeniceus

Fotografía ganadora en la categoría: Plants for Birds

Blue Sea, Quebec, Canadá

Con el pico inserto en una flor amarilla parcialmente abierta que emerge del agua, una hembra de tordo sargento se mantiene en equilibrio sobre un nenúfar con las alas parcialmente extendidas, revelando el toque de rojo de sus hombros.

Foto: Shirley Donald/Audubon Photography Awards/2021 Plants For Birds Award Winner

Aguilucho de Hudson - Circus hudsonius

5/11 – Aguilucho de Hudson – Circus hudsonius

Fotografía ganadora en la categoría: Female Bird Prize

Coyote Hills Regional Park, Fremont, California, Estados Unidos

Una hembra de aguilucho de Hudson vuela sobre un humedal, con sus amplias alas levantadas sobre la cabeza. Su larga cola rayada de blanco y marrón se extiende como un abanico, con la cara redonda hacia abajo.

Foto: Elizabeth Yicheng Shen/Audubon Photography Awards/2021 Female Bird Prize

Colibrí de Ana - Calypte anna

6 / 11- Colibrí de Ana – Calypte anna

Fotografía ganadora en la categoría: Fisher Prize

Claremont Canyon Regional Preserve, Berkeley, California, USA

Más de una docena de flores púrpuras en una planta de Orgullo de Madeira oscurecen todo menos un ala borrosa y un ojo de un Colibrí de Anna. El colibrí se enfrenta al espectador con su ojo claramente visible entre dos flores, pareciendo estar haciendo contacto visual con el fotógrafo.

Foto: Patrick Coughlin/Audubon Photography Awards/2021 Fisher Prize

Cardenal norteño - Cardinalis cardinalis

7 / 11Cardenal norteño – Cardinalis cardinalis

Fotografía ganadora en la categoría: Profesional

Rural Muskegon County, Michigan, Estados Unidos.

El cardenal norteño macho parece flotar sobre el suelo nevado. Las plumas de la cresta de su cabeza son arrastradas hacia atrás por el viento mientras vuela de perfil frente a los tallos grises de las plantas. Las tres plumas de las alas del pájaro tocan la alfombra blanca de nieve y su sombra se conecta por debajo.

Foto: Steve Jessmore/Audubon Photography Awards/2021 Professional Award Winner

Colibrí de Ana - Calypte anna

8 / 11-Colibrí de Ana – Calypte anna

Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Plants for birds

Quilcene, Washington, Estados Unidos

La parte superior cilíndrica y marrón de una espadaña se erige en posición vertical mientras un colibrí de Anna verde de la mitad de su tamaño arranca las fibras de las semillas y su pelusa se extiende desde el pico hasta la parte superior de la planta.

Foto: Karen Boyer Guyton/Audubon Photography Awards/2021 Plants For Birds Honorable Mention

Ratonero de cola roja - Buteo jamaicensis

9 / 11- Ratonero de cola roja – Buteo jamaicensis

Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Profesional

Kensington Metropark, Milford Township, Michigan, Estados Unidos.

Un ratonero de cola roja sostiene una ardilla con la boca abierta en sus garras amarillas. La cabeza de la rapaz se inclina hacia abajo mientras mira a su presa. 

Foto: Steve Jessmore/Audubon Photography Awards/2021 Professional Honorable Mention

Correlimos oscuro - Calidris maritima

10 / 11- Correlimos oscuro – Calidris maritima

Fotografía ganadora en la categoría: Youth

Rockport, Massachusetts. Estados Unidos.

En una orilla rocosa y húmeda, un correlimos oscuro se sienta con su pico escondido debajo de su ala marrón y gris, mientras las olas azules del océano pintan un borroso fondo.

Foto: Arav Karighattam/Audubon Photography Awards/2021 Youth Award Winner

Barnacla canadiense - Branta canadensis

11 / 11- Barnacla canadiense – Branta canadensis

Fotografía galardonada con una mención de honor en la categoría: Youth

Burnaby Lake, Burnaby. Canadá.

En un humedal tranquilo con pastos verdes y cañas marrones al fondo, dos barnaclas canadienses despegan desde el agua con las alas extendidas.

Foto: Josiah Launstein/Audubon Photography Awards/2021 Youth Honorable Mention

IMAGEN DE PORTADA: Gentileza de National Geographic

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español.

ORNITOLOGIA/AVES/PAJAROS/BIODIVERSIDAD

FOTOS ESPECTACULARES/EE.UU./CONCURSO

El Gigante Tembloroso es el ser vivo más grande y está por desaparecer.

El “Gigante Tembloroso”, o también llamado «Pando», se trata de aproximadamente 47 mil árboles idénticos que en realidad forman parte de uno sólo y lamentablemente está muriendo. Te contamos su ubicación, características y por qué está en peligro.

El “Gigante Tembloroso” se trata de unos 47 mil árboles idénticos que en realidad forman parte de uno sólo, por eso es el ser vivo más grande del mundo.

Es verdad que actualmente el animal más grande es la ballena azul, con hasta 30 metros de largo, pero si incluimos el reino vegetal entonces el ser vivo más grande conocido en nuestro planeta es el “Gigante Tembloroso”, o también llamado el “Pando” que en latín significa “yo me esparzo”.

Justamente su nombre describe a la perfección la historia y morfología de este gigante, un enorme bosque que se ha estado extendiendo durante más de un millón de años, pero que lamentablemente ahora se ve seriamente amenazado.

¿Cómo es el Pando?

Se trata de una milenaria y gigante arboleda compuesta por aproximadamente unos 47 mil álamos temblorosos con idéntica genética, cuyas raíces están unidas en una gran red enmarañada bajo la tierra, y terminan comportándose como un solo organismo vivo.

Este tipo de álamo (Populus tremula), conocido como temblón o tembloroso, es un árbol caducifolio que alcanza una altura de 10 a 15 metros. Su corteza es de color gris-verdoso y fisurada en los ejemplares más añejos, las hojas son redondeadas de color verde por ambas caras.

álamo Pando Utah árbol ser vivo más grande

Decenas de miles de álamos temblorosos con idéntica genética permanecen con sus raíces unidas en una gran red enmarañada bajo la tierra, por eso terminan comportándose como un solo organismo vivo.

Este descomunal bosque está ubicado en Fish Lake en Utah, EE.UU., y ocupa actualmente unas 43 hectáreas con un peso aproximado de 6615 toneladas.

La raíz madre se expande desde hace al menos un millón de años por el terreno, y emerge a la superficie de manera múltiple desde donde brotan nuevos árboles como “tallos de un clon expansivo”, según explican los científicos.

Los bosques de álamo se reproducen de dos maneras: mediante las semillas que caen de los árboles maduros que luego germinan, y la más común que es al liberar brotes de sus raíces a partir de las cuales nacen nuevos árboles a los que se les llama clones.

El gigante está muriendo lentamente

Los cambios abruptos en el ambiente que rodea al Gigante Tembloroso lamentablemente lo han puesto en peligro. 

Los expertos cuidadores y ecologistas de la Universidad Estatal de Utah explicaron en reiteradas oportunidades, que el crecimiento del Pando en las últimas cuatro décadas muestra problemas, e incluso denota evidencias de decrecimiento por la falta de tallos jóvenes, según un reciente estudio.

Pando Utah

La sobrepoblación de venados en el área de Pando alimentándose de los brotes de álamo más jóvenes, es una amenaza para el bosque.

Es lógico que al tratarse de un ser vivo tan longevo (los álamos suelen vivir entre 100 y 130 años) los tallos más antiguos vayan muriendo de manera natural, como parte de su ciclo de vida. 

Pero el problema es que están muriendo sin que haya una nueva generación que los reemplace.

La sequía y el ataque de plagas dificultan la supervivencia de los clones, pero el principal problema es el excesivo pastoreo por parte de la industria ganadera, que impide que crezcan los tallos nuevos reemplazando a los que van muriendo.

Soluciones para preservarlo

Los cuidadores locales indican que debido a la gran cantidad de ciervos y vacas que se alimentan actualmente de los brotes tiernos y jóvenes, el Pando está en peligro.

Si no se toman cartas en el asunto es posible que en una década el Pando se haya reducido de manera muy significativa, y si perdemos este bosque también alteraremos todo el ecosistema que depende de él.

Los especialistas indican que se está a tiempo de frenar y revertir esta lamentable situación, por ejemplo ampliando el vallado en determinadas zonas del bosque para aislarlo y protegerlo de los animales. Además, urge llegar a un acuerdo con la industria ganadera para que retiren ejemplares bovinos del área.

Imagen de portada: Gentileza de Meteored

FUENTE RESPONSABLE;  Meteored. Por Marina Fernández. Diciembre 2021.

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