Juan Gil-Albert, poeta de guerra

Su amistad con Miguel Hernández y la influencia de Pablo Neruda.

Cuando soy feliz, creo en Dios.

(Juan Gil-Albert)

Los poetas levantinos Juan Gil-Albert y Miguel Hernández son poetas de la Generación del 36. No por ser Gil-Albert menos conocido que su paisano Hernández, deja de ser menos importante como poeta de guerra.

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Sabíamos que Juan Gil-Albert y Miguel Hernández coincidieron en la «Ponencia colectiva» del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura inaugurado el 4 de julio de 1937 en Valencia; pero no cuándo ni dónde se conocieron.

Posteriormente, a toro pasado, 29 años después del primer encuentro, Juan Gil-Albert recordará a Miguel Hernández en Madrid en 1936, en su artículo: «Notas de un carnet. Miguel Hernández», Valencia, Ediciones La Rueda, 1965; y posteriormente en el Homenaje a Miguel Hernández, de la Revista de Occidente N.º 139, de 1974, donde escribe que conoció a Miguel un mes de abril de 1936 en la casa-imprenta de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez situada en calle Viriato número 73, Madrid, donde nuestros dos jóvenes poetas publicaron sus libros de sonetos en Ediciones Héroe. Hernández, publicó El rayo que no cesa (E. R. C) el 24 de enero de 1936, y Gil-Albert Misteriosa presencia (M. P.). 

A esta casa también acudían José Moreno Villa o Luis Cernuda, por ser vecino de los Altolaguirre. Escribió Gil-Albert que intercambiaron sus libros: (E. R. C) y (M. P.). Sin embargo, esta afirmación, propia de la memoria en el tiempo, no es del todo cierta, ya que el libro de (M. P.), se publicó un mes después del encuentro de abril del 36, el día 4 de mayo.

La fecha exacta del encuentro entre nuestros dos poetas no la sabíamos hasta que, en una carta del sacerdote y profesor valenciano, Alfonso Roig, dirigida a Josefina Manresa de fecha 04-04-1968, le da cuenta que un ejemplar de (E. R. C), dedicado, era propiedad de D. Juan Gil-Albert, firmado con fecha 6 de abril de 1936, día de la semana que era lunes. Por consiguiente, y como la publicación de (M. P.) fue en mayo, un mes después del encuentro del 6 de abril, no fue posible el intercambio de los poemarios aludidos por Gil-Albert, además el libro no llegó a ser distribuido, por cierre de la imprenta Héroe de Madrid.

Busqué el referido ejemplar de El rayo que no cesa, dedicado por Miguel Hernández a Juan Gil-Albert en el Archivo Alfonso Roig, digitalizado en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitui, y no está referenciado. Pero, por fortuna, en una exposición dedicada al sacerdote Alfonso Roig Izquierdo (1903-1987) en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM) en otoño de 2017, titulada «Alfons Roig i la Generació del 27», se mostró el famoso y perdido ejemplar de El rayo que no cesa, que Gil-Albert le había regalado al sacerdote por la amistad que tuvieron. ¿Quién le puede negar a un sacerdote la petición de un capricho bibliófilo de esta índole? Además, existen cartas del sacerdote a Josefina Manresa pidiéndole leer la correspondencia de Miguel, pero Josefina no se la envió para su lectura.

Alfons Roig y Josefina Manresa se conocieron epistolarmente por mediación del poeta oriolano Manuel Molina. El padre Roig había conocido en 1955 en Roma a María Zambrano, y esta le dedicó el artículo «Presencia de Miguel Hernández» de 9-07-1978 en El País. Roig y Zambrano, mantuvieron correspondencia desde 1955 a 1985, de la que existe un epistolario en editorial Debast, edición de Rosa Mascarell.

En cambio, el ejemplar de Misteriosa presencia, que dice Gil-Albert haber entregado a Miguel, no se halla en el Legado de Miguel Hernández digitalizado por la Diputación de Jaén, porque, como he comentado, se publicó el 4 mayo, confirmado por varios autores como Jaime Siles (Congreso 2004-29), Alfredo Martínez de la Universidad de Queensland, o Manuel Parra Pozuelo en la revista AUCA, N.º 28, de junio 2013, donde además escribe Parra que el propio Gil-Albert trastocó deliberadamente el orden de publicación de Cadente horror por los sonetos de Misteriosa presencia; este como su opera prima, tal vez para inscribirse en el gongorismo de la Generación del 27. En este orden equivocado aparece en todas las bibliografías consultadas.

En julio de 1937, con motivo del II Congreso, celebrado en el hemiciclo del Ayuntamiento de Valencia (donde participaban 26 escritores españoles, con otros extranjeros), se encuentran de nuevo, ambos forman parte de texto de la «Ponencia colectiva» firmada por: Antonio, Sánchez Barbudo, Ángel Gaos, Antonio Aparicio, Arturo Souto, Emilio Prados, Eduardo Vicente, Juan Gil-Albert, J. Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Miguel Prieto, Ramón Gaya y Arturo Serrano Plaja; y leída por este último. Entre los hispanoamericanos se hallaban: Nicolás Guillén, Octavio Paz, César Vallejo, Vicente Huidobro, Raúl González Tuñón, entre los más destacados.

Después del II Congreso no se volvieron a verse ni a escribirse. Miguel viajará a Rusia para el V Festival de Teatro Soviético; y Gil-Albert continuará en Valencia, después marchará a Barcelona y al exilio de Francia, México y Argentina.

En el poemario El hombre acecha de 1939 (del que conocemos la edición no distribuida de la Casona de Tudanca, Santander, de 1981) se cita a un Juan en la penúltima estrofa del poema «Llamo a los poetas», pero como no cita los apellidos, no se puede confirmar si se trata de Juan Gil-Albert, pero estoy seguro de que sí es Gil-Albert, sobre todo por la coincidencia del segundo apellido de Hernández, que era Gilabert que se diferencia prosódicamente por el guion de Gil-Albert. La teoría de que fueran Juan Rejano o Juan Larrea no se sustenta porque Miguel no los conoció personalmente.

No he encontrado cartas ni en los archivos ni legados de ambos «amigos». La ausencia de correspondencia o notas me la confirmó Jesucristo Riquelme el 13-03-2019, que ha publicado un libro ampliando el epistolario titulado Epistolario general de Miguel Hernández, EDAF, 2019. Gil-Albert sí mantuvo correspondencia con Josefina Manresa, al menos tenemos la nota de fecha 29 de abril de 1985, un años después del fallecimiento de Manuel Miguel (Manolillo) ocurrida el 23 de mayo de 1984 a los 45 años.

Biografía resumida de Juan Gil-Albert

El poeta y ensayista Juan Gil-Albert Simón se llamaba Juan de Mata Gil Simón, nacido en Alcoy (Alicante) el 1 de abril 1904, adaptó los apellidos de su padre Ricardo Gil Albert y se lo agregó como compuesto (Gil-Albert). Hijo de Vicenta Simón Belenguer, una familia perteneciente a la alta burguesía industrial alcoyana, sus primeros años de formación corrieron a cargo de un profesor particular y en un colegio de monjas de Alcoy. Cuando cuenta con nueve años, la familia se traslada a Valencia en pos de su padre, que abre allí un almacén de ferretería, e ingresa como interno en el Colegio de los Escolapios. Los veranos los pasaba en la finca alcoyana de El Salt. A mediados de 1934 se traslada a Madrid y se pone en contacto con los poetas de la Generación el 27, aunque a Juan se le catalogará de la Generación del 36.

En mayo de 1936, en Madrid, el impresor y poeta Manuel Altolaguirre le publica sus primeros libros en la editorial Héroe. Poeta bastante tardío, su primer poemario será Misteriosa presencia, en 1936, una colección de sonetos de tema amoroso, seguido del poemario surrealista Candente horror, y el poemario Son nombres ignorados, impreso en Barcelona sobre la consciencia de la guerra. La propuesta de María Paz Moreno señala la importancia del culturalismo en tanto que Juan Gil-Albert «necesita del culturalismo para llegar a sí mismo».

En enero de 1937 cofunda en Valencia la revista Hora de España, cuya redacción está formada por Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Sánchez Barbudo y el murciano Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción la filósofa, María Zambrano, y Arturo Serrano Playa. Cuando Valencia se convierte en capital de la República, la casa de Juan Gil-Albert se convierte en centro de reunión de los intelectuales republicanos. Participa en la organización del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, participa en la redacción de la famosa «Ponencia colectiva», y coincide con Miguel Hernández tanto en la ponencia como en el congreso, celebrado en julio en el salón de Actos del Ayuntamiento de Valencia, donde previamente se había trasladado el gobierno de la Segunda República.

Finalizada la guerra pasará a Francia y será ingresado en el campo de concentración Saint-Cyprien (Pirineos Orientales), posteriormente, una vez liberado, se traslada a México donde se convertirá en secretario de la revista Taller dirigida por Octavio Paz (al que había conocido en Valencia en 1937). También colabora con críticas de cine en la revista Romance. Colabora también en Letras de México y El hijo pródigo, con poemas y prosa. A fines de 1942 viaja a Buenos Aires y colabora en los diarios argentinos Sur y en la página literaria de La Nación. Allí conoce a Jorge Luis Borges. Publicará El convaleciente (1944).

Regresó del exilio a Valencia en el verano de 1947, viviendo ahora un exilio interior fuera de las corrientes dominantes hasta la muerte de Franco. Era propietario de una casa familiar en Alcoy. Años después, hará apariciones públicas y conocerá al poeta de Oliva, Francisco Brines, a Ricardo Bellveser, Carlos Rovira, a Luis Antonio de Villena, se integrará en la vida poética y a los homenajes. En 1983 el Instituto Alicantino de Cultura pasó a llamarse Juan Gil-Albert, dependiente de la Diputación de la misma ciudad. Fallecido en Valencia el 4 de julio 1994, a los 90 años.

Antecedentes de Candente horror, la influencia de Pablo Neruda

El poeta chileno Pablo Neruda (Premio Nobel de Literatura en 1971), es una figura clave en las obras primeras de Juan Gil-Albert, según Manuel Aznar Soler. Componer Residencia en la Tierra le supuso a Neruda casi diez años (1925-1935) de trabajo de inspiración. Pertenece Neruda a ese grupo de poetas que encabezan la renovación vanguardista de la poesía impura y con el que destacan los sudamericanos: César Vallejo, Vicente Huidobro y Raúl González Tuñón.

A finales de la década de los 20, el poeta vive en remotos países en calidad de cónsul de Chile, y se deja sentir en su obra la soledad que sufrió en esos lugares: el ocio se convierte en poesía. En 1935, Pablo Neruda se instala en Madrid y se relaciona con el Grupo de los del 27. Ese mismo año publica un manifiesto titulado «Por una poesía sin pureza» (atacando los preceptos juanramonianos —poeta puro—, con quien no se llevaba bien) en donde asegura que todo cabe en el proceso poético (incluyendo los temas más abruptos o las imágenes más desagradables o exóticas); principios poéticos recogidos en el manifiesto fundacional de la revista madrileña Caballo verde para la poesía, 1935. Piensa Neruda que todo es poetizable, en poesía no se ha de rechazar deliberadamente ningún tema. Tutor de la poesía impura. En modo alguno debe llevarnos esto a pensar que este tipo de poesía son composiciones venidas a menos.

Residencia en la Tierra influyó, sin duda alguna, en Juan Gil-Albert, que lo debió leer. Encuentra Gil-Albert en R. T. un mundo abierto a la palabra y a las imágenes para librarse de la tiranía de la métrica y poder abrirse al surrealismo. Así, encontramos violentas imágenes que evocan un mundo de destrucción. En definitiva, la obra refleja la visión confusa de un mundo caótico y laberíntico que se desmorona por sí mismo. Para intentar salvarse, el poeta busca apoyo en el amor, en la visión positiva. También conoció Neruda a Miguel Hernández a quien le influenció de poesía impura para algunos poemas que no gustaron a su amigo Ramón Sijé.

La ciudad para Neruda es un espacio nefasto que le produce esa sensación de confusión, caos e incoherencia y, para resaltarla, hace uso de conceptos paradójicos, ya que, persigue captar la arbitrariedad de las cosas y los sentimientos. Un buen ejemplo de ello es el poema «Walking around».

El poeta chileno no llega nunca a la oscuridad, pues deja siempre una especie de rendija de luz-lógica que permite la compresión intuitiva del poema. El surrealismo de Residencia en la Tierra, a pesar de su aparente hermetismo, es descifrable y el lector puede desentrañar los secretos de la obra con un poco de atención y perspicacia. De hecho, muy lejos queda esta poesía de la que profesa César Vallejo en Trilce (1922) o Vicente Huidobro en Altazor o viaje en paracaídas (1931), o Raúl Gonzales La rosa blindada (1936), en homenaje a la insurrección obrera de Asturias en la España republicana del 34. Aun así, percibo un lenguaje muy personal como en Candente horror con clara influencia de las corrientes anarquistas y libertarias de la época.

Residencia en la Tierra supone un recorrido por la vida del poeta y sus frustraciones, y nos dan cuenta de su evolución anímica de un hombre solitario e introspectivo. Posteriormente, escribiría una tercera residencia que incluye «España en el corazón» en donde se duele por la Guerra Civil española y por la muerte de su amigo Federico García Lorca. Miguel Hernández le dedicó a Neruda «Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda» y el prólogo de El hombre acecha (1939) con referencia a su hija Malva Marina, enferma de hidrocefalia. Miguel Ángel García Guerra escribe en Portal Solidario:

Los expertos en la obra de Pablo Neruda (Selena Millares, Enrico Mario Santi, Alain Sicard, Saúl Yurkievich) estuvieron de acuerdo en que la influencia del poeta chileno solo se detecta claramente en la Generación del 27 y queda diluida o prácticamente inexistente en los creadores españoles posteriores. Esta fue una de las conclusiones de la mesa redonda, en la que participaron estos especialistas, celebrada ayer por la mañana en la tercera jornada del Congreso internacional Pablo Neruda en el corazón de España, que se está celebrando en la Diputación desde el lunes (Córdoba, del 15 al 19 de noviembre de 2004).

Para Selena Miralles, hay que diferenciar entre presencia e influencia de Neruda en la literatura española. Desde esta óptica, el poeta chileno tiene mucha presencia, pero solo una gran influencia en la Generación del 27, siendo su obra «Residencia en la Tierra» (1933), la que tiene mayor protagonismo en la literatura española. Los poemarios «Canto general» u «Odas elementales» no se reflejan en los autores españoles.

La tesis del profesor José Carlos Rovira, de la Universidad de Alicante, es precisamente que en toda la obra poética de Neruda emerge la tradición española, como no puede ser menos. Como el propio Rovira afirma en la reedición de la antología Fuentes de la constancia (Cátedra 1984:20):

Y hay que zambullirse continuo y desordenado en mares lejanos que se llaman Platón, Píndaro, Anacreonte, Teócrito, Dante, Ronsard, Leopardi, Nietzsche, Proust, André Gide… y en mares próximos que se llaman Maragall, Azorín, Unamuno, Gabriel Miró, etc. Con quien tuvo Gil-Albert relación personal un año antes de su muerte [Madrid, 1929].

Mucho se ha escrito sobre un texto como Candente horror (febrero de 1936), que tan solo contiene 18 poemas de vanguardia surrealista del poeta alcoyano Juan Gil Albert (1904-1994), el cual, según Jaime Siles (2007:42), «es el primer libro de poemas escrito por Juan Gil-Albert y, como tal, hay que verlo». Se explica así en la prosa —o poema en prosa— que lo abre y que es un extracto de las «Confesiones a tres jóvenes comunistas» (aunque su primer libro fue La fascinación de lo irreal, publicado en 1927). Si tomáramos este primer libro como generacionista, Gil-Albert pertenecería por derecho propio a la Generación del 27. También escribe Siles que Candente horror es un libro de rebelión política y social (2007:47). Manuel Valero Gómez, nos dice que Candente horror «es un libro de una belleza trágica, que representa la colisión entre la realidad objetiva y el mundo interior del poeta», comentado en su tesis doctoral sobre la presencia de Gil-Albert en la poesía española del siglo XX (2014:85).

Son poemas en prosa, en clave surrealista, denuncias de la situación de penuria social en que vivían los obreros, particularmente en la zona industrial de Alcoy, con su importante industria textil, que bien conoció Gil-Albert por ser hijo de un empresario dedicado a la industria de la ferretería (leer Memorabilia), y por vecindad conocía los problemas sociales y económicos de la comarca, de la región levantina y española. El título del poemario Candente horror lo toma el poeta de «La noche» verso 13 «un candente horror para sus vidas».

Con múltiples lecturas he elaborado una hermenéutica profana de los poemas, incluido el prólogo del propio poeta, que muy bien pudo llamarse: «Dedicatoria a tres amigos comunistas», puesto que no aprecio prólogo, al menos, con el propósito en el que se escriben. Mis comentarios nunca podrán contener la totalidad del sentido de los poemas, porque para ello habría que entrar en el pensamiento del poeta y sus vivencias. Mis comentarios aportarán una especie, llamémosle andamio semántico, para que el lector se apoye en ellos y le facilite su propia interpretación. Aunque, también, me he servido de otros andamios semánticos analíticos como los trabajos de Manuel Aznar Soler, Pedro J. de la Peña, José Carlos Rovira, Pedro García Cueto, M.ª Paz Moreno y Joaquín Juan Penalva.

Para acercarnos el sentido del horror poetizado hemos de situarnos en el contexto histórico la convulsa Segunda República española y meses antes de la Guerra Civil, que valiéndose de un lenguaje surrealista como instrumento de expresión, destila, en algunos versos hermetismo y metáforas surrealistas, lo cual le permite al poeta ahondar en sus visiones, pensamientos y angustias, de lo que percibe la voz poética como la insurrección socialista de la llamada Revolución de Asturias del también llamado «Octubre Rojo» de 1934, durante el denominado «bienio rectificador» (republicanos de derechas que pretendían revisar la Constitución progresista de 1931), llamado también «bienio negro» por las izquierdas que perdieron las elecciones de noviembre de 1933, que constituye el periodo comprendido entre las elecciones generales de noviembre 1933 y las de febrero de 1936 durante el que gobernaron los partidos de la derecha conservadora republicana encabezados por el PRR de Alejandro Lerroux, aliado con la derecha católica de la CEDA y del Partido Agrario.

Como dijera Luis Antonio de Villena en varios artículos (amigo personal que fuera de Juan Gil-Albert), en la poesía gilalbertina se oculta un filósofo en el lenguaje lírico, juicioso de que el lenguaje poético es más complejo que el lenguaje en prosa. Fue olvidado tras su exilio a México, pero este metafísico del verbo hubo de ser rescatado de los abismos del olvido en los años setenta gracias a Francisco Brines, por su amistad con el editor catalán Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral, a partir de la publicación de Fuentes de la constancia (Ocnos, 1972) edición de José Carlos Rovira, el cual llama poderosamente la atención de los críticos (la segunda reedición es de Cátedra de 1984).

La profesora María Paz Moreno (Universidad de Cincinnati) en su libro fundamental para conocer al poeta alcoyano, Culturalismo en la poesía de Juan Gil-Albert, IACJGA, Alicante, 2000, afirma que son:

[…] pocos los estudios de extensión y profundidad considerables […] En 1977, la revista sevillana «Calle del Aire» le dedica su primer número, donde se recogen algunos artículos que siguen siendo aún hoy fundamentalmente dentro de la crítica gilalbertina […] Sin embargo, todavía hoy predomina un gran desconocimiento en torno a la figura de Gil-Albert y el valor de su obra […] César Simón, sobrino de Gil-Albert y autor de una tesis doctoral sobre él, ofrece un acercamiento esencial en «De su vida y obra» (1984), que constituye un estudio de tipo tradicional, valioso por ser el primero de este tipo sobre Gil-Albert y porque asienta las bases para estudios posteriores.

Notas

García Cueto, P. (2015). Los homenajes a Juan Gil-Albert. Sinepsada.

Gil-Albert, J. (1982). Concierto en mi menor, La trama inextricable, Memorabilia, Obras completas en prosa. Valencia: Instituto Alonso el Magnánimo.

Fernández Palmeral, R. (2019). Glosada de candente horror. Amazon.

Peña, P. J., de la (1982). Juan Gil-Albert. Madrid: Júcar.

Valero Gómez, M. (2014). La presencia de Juan Gil-Albert en la poesía española del siglo XX. Tesis doctoral. Universidad de Granada.

Imagen de portada: Enrique Climent; Retrato de Juan Gil-Albert, 1940 (detalle)

FUENTE RESPONSABLE: Cultura. Por Ramón Fernández Palmeral. 20 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Biografías

 

Alexandra David-Néel, la primera mujer occidental en el Tíbet.

 

La historia está llena de viajeras famosas. Pero tal vez una de las más intrépidas sea Alexandra David-Néel. Su gran logro fue convertirse en la primera mujer occidental que accedió a la ciudad de Lhasa, la capital del Tíbet, un lugar que a principios del siglo XX estaba prohibido a los extranjeros.

Viajera indomable, Alexandra David-Neel falleció el 8 de septiembre de 1969 a la edad de cien años. Fue la primera occidental que entró en la ciudad prohibida de Lhasa, la capital del Tíbet, cuando ésta era aún inaccesible a los extranjeros. Alexandra David-Néel fue nombrada lama y durante su apasionante existencia escribió más de treinta libros acerca de religiones orientales, filosofía y, por supuesto, sobre sus viajes.

FEMINISTA Y VIAJERA

Louise Eugénie Alexandrine Marie David nació en la población francesa de Saint-Mandé el 24 de octubre de 1868. Era la heredera de una gran fortuna y parecía que estaba destinada a seguir los pasos de la mayoría de jóvenes europeas de buena familia de las últimas décadas del siglo XIX: casarse, tener hijos y quizás escribir o pintar, nada por lo que pudiera ser recordada en el futuro. Pero Alexandra tenía otras intenciones. Su infancia se vio influida por las diferentes mentalidades de sus padres: él, un masón que dirigía una publicación republicana; ella, una católica conservadora belga. Alexandra, que era hija única, recibió de su madre una firme formación religiosa; en cambio, su padre le proporcionó una educación revolucionaria, tanto que incluso en 1871 la llevó a ver el fusilamiento de los últimos reos de La Comuna de París para que nunca olvidara lo que era la vida real.

Alexandra, que era hija única, recibió de su madre una firme formación religiosa; en cambio, su padre le proporcionó una educación revolucionaria, tanto que incluso en 1871 la llevó a ver el fusilamiento de los últimos reos de La Comuna.

A los 15 años, Alexandra intentó embarcarse sola rumbo a Gran Bretaña, pero su familia, horrorizada, se lo impidió; y es que a finales del siglo XIX las mujeres «decentes», y ya no digamos las jóvenes, debían viajar acompañadas. Pero Alexandra acabó saliéndose con la suya. La joven viajó por la India y Túnez antes de cumplir los 25 años, y visitó España montada en bicicleta. Por aquel entonces estuvo muy de moda la Sociedad Teosófica dirigida por la famosa Madame Blavatsky, dedicada al espiritismo, al ocultismo oriental y al estudio de las religiones comparadas, de la cual Alexandra se hizo miembro. Fue seguidora del geógrafo y anarquista francés Elisée Reclus, el cual amplió las ideas anarquistas que ya le había inculcando su padre, a las que añadió además un ideario feminista. Alexandra le dedicó su primer libro, un ensayo titulado Pour la vie (Elogio a la vida,) que escribió en 1898. Al año siguiente, Alexandra escribió un tratado sobre el anarquismo, y el propio Reclus fue el autor del prólogo. Ante el rechazo de los editores (y aunque la obra sería traducida a cinco idiomas), el libro fue publicado por un amigo.

Foto: Cordon Press

LAMA, YOGUI Y «LÁMPARA DE SABIDURÍA»

Convencida de que nunca sería respetada como escritora, conferenciante o incluso como cantante si continuaba soltera, el 4 de agosto de 1904 Alexandra se casó en Túnez con Philippe Néel, ingeniero jefe de los ferrocarriles tunecinos. Aunque su vida conyugal fue a veces tempestuosa, siempre estuvo impregnada de un respeto mutuo. A pesar de vivir en el norte de África, un lugar que le fascinaba, y de hacer continuos viajes en barco y ferrocarril, Alexandra se dio cuenta de que la vida de casada no era para ella. Nunca se consideró una mujer «felizmente casada». A pesar de que tenía libertad para viajar en solitario, para escribir libros y para impartir conferencias, Alexandra se sentía angustiada, padecía continuas jaquecas y crisis nerviosas.

Finalmente, el matrimonio se rompió el 9 de agosto de 1911, cuando Alexandra decidió emprender su segundo viaje a la India. Este hecho, unido a que ella no deseaba tener hijos, acabaría precipitando la ruptura. Durante su periplo, Alexandra visitó Egipto, Ceilán, India, Sikkim, Nepal y Tíbet. A pesar de que ella dijo que estaría de vuelta en 18 meses, la realidad es que Alexandra estuvo fuera ¡14 años! En todo aquel tiempo, y aunque su matrimonio se había terminado, la pareja mantuvo una fluida correspondencia hasta la muerte de él en 1941. Por desgracia, la mayoría de estas cartas se perdieron durante la Guerra Civil China. Durante la travesía hacia Egipto, Alexandra escribiría a Philippe: «He emprendido el camino adecuado, ya no tengo tiempo para la neurastenia».

Durante todos los años que Alexandra estuvo de viaje, la pareja mantuvo una fluida correspondencia hasta la muerte de él en 1941. Por desgracia, la mayoría de las cartas se perdieron durante la Guerra Civil China.

Cerca de Madrás, en el sur de la India, Alexandra se enteró de que el decimotercer Dalai Lama había tenido que huir del país, por aquel entonces sublevado contra China, y que residía en el Himalaya. A partir de aquel momento se marcó como objetivo encontrarse con él, algo que conseguiría en 1912. Alexandra continuó viaje hasta Nepal, donde llegó en 1912. Una vez allí, el marajá le regaló unos elefantes para que pudiera recorrer cómodamente el país. De esa forma llegó hasta Sikkim, un pequeño reino en los Himalayas, donde conoció a un joven tibetano llamado Aphur Yongden. Primero lo contrató como criado, luego fue su discípulo y, tras finalizar su aventura por el Tíbet, se convirtió en su hijo adoptivo. Ambos comenzaron a viajar por las cumbres con la intención de llegar hasta la ciudad soñada, Lhasa, por aquel entonces bajo el mandato de funcionarios británicos, un lugar cerrado e inaccesible a los extranjeros. Alexandra y Yongden se dirigieron a Japón, Corea, Pekín y regresaron al Tíbet. De nuevo en el país, Alexandra vivió dos años y medio en el monasterio budista de Kumbum, donde fue nombrada lama. «Viví en una caverna a 4.000 metros de altitud, medité, conocí la verdadera naturaleza de los elementos y me hice yogui. Cómo había cambiado mi vida, ahora mi casa era de piedra, no poseía nada y vivía de la caridad de los otros monjes». Allí recibiría el nombre de Lámpara de Sabiduría.

EL «PASEO» HASTA LHASA

Pero la prohibida Lhasa seguía siendo el objetivo final de Alexandra. La exploradora intentaba llegar una y otra vez, pero siempre acababa siendo arrestada y devuelta a la India. Al final, para poder acceder a la ciudad, Alexandra trazó un plan. Ella y Yongden se hicieron con una pequeña pistola, unas monedas de plata y algo de comida. Se disfrazaron de mendigos y empezaron a peregrinar. «Les dijimos a todos que íbamos en busca de hierbas medicinales. Yongden se hizo pasar por hijo mío. Me teñí la piel con ceniza de cacao, usé pelo de yak que teñí con tinta china negra, como si fuera la viuda de un lama brujo. Decidimos viajar de noche y descansar de día. Viajar como fantasmas, invisibles a los ojos de los demás. Alguna vez tuvimos que hervir agua y echar un trozo de cuero de nuestras botas para alimentarnos», relata la exploradora en Viaje a Lhasa. Cuando por fin llegaron a las puertas de la ciudad, una tormenta de arena les ayudó a pasar inadvertidos. A pesar de la dureza del viaje (estaban esqueléticos, demacrados y vestidos con harapos), al final lo habían conseguido. Tras cuatro meses y dos mil kilómetros a pie por el Himalaya, Alexandra logró su objetivo. Era el año 1924, y Alexandra David-Néel se había convertido en la primera mujer occidental en entrar en la capital del Tíbet.

David-Néel (centro) en Lhasa, en 1924.

Me teñí la piel con ceniza de cacao, usé pelo de yak que teñí con tinta china negra, como si fuera la viuda de un lama brujo. Decidimos viajar de noche y descansar de día, narra la exploradora en Viaje a Lhasa.

El «paseo» al que se había referido Alexandra en una carta dirigida a Philippe Néel, fue en realidad una auténtica odisea. Alexandra volvió a Europa convertida en una heroína. Fue portada del Times que la definió como «la mujer sobre el techo del mundo». También recibió numerosas condecoraciones y premios: la Medalla de honor de la Sociedad Geográfica de París y la Legión de Honor. Establecida de nuevo en Francia, Alexandra compró un terreno en Digne-les-Bains, una pequeña localidad al pie de los Alpes franceses, donde construyó su casa, a la que bautizó como Samten Dzong (fortaleza de meditación). Este lugar sería desde entonces su refugio. Allí escribió más de treinta libros sobre sus aventuras, dio charlas, recibió a personalidades y siguió leyendo textos budistas. Hoy, la casa puede visitarse y se ha construido un museo junto a ella. A los 67 años de edad, Alexandra se sacó el carné de conducir y viajó en el Transiberiano hasta China, país que recorrió durante diez años. Al cumplir los 100 renovó el pasaporte. «Por si acaso», aseguró. Esta viajera incansable murió a punto de cumplir los 101 años en Samten Dzong, y sus cenizas fueron esparcidas junto a las de su querido Yongden, fallecido 14 años antes, en el río Ganges.

Imagen de portada: Alexandra David-Neel

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. Colaborador.

Sociedad y Cultura/Biografías/Mujeres Pioneras

Una inventora en Hollywood.

Nacida en Viena como Hedwig Eva Maria Kiesler, fue conocida en Hollywood como Hedy Lamarr. Pasó a la historia del cine como una de las más bellas y reconocidas actrices que no llegó a conseguir un Óscar. 

Sin embargo, sí logró el “Óscar a la invención”, ya que, además de su faceta cinematográfica, fue una inventora que puso sus conocimientos al servicio de los ejércitos aliados durante la Segunda Guerra Mundial y fue precursora de la tecnología sobre la que se sustenta el actual sistema WiFi.

A los 16 años dejó aparcada su vocación por la ingeniería y comenzó sus estudios de artes escénicas en la escuela berlinesa del director de cine y teatro Max Reinhardt. Pronto inició su carrera cinematográfica con Dinero en la calle (Georg Jacoby, 1930) y se haría mundialmente famosa por su actuación en la película Éxtasis (Gustav Machaty, 1933), en la que aparece completamente desnuda, primero al borde de un lago y después corriendo por la campiña checa. Fue la primera actriz en escenificar un orgasmo mostrando su rostro, por lo que le llovieron censuras y condenas, incluidas las del Vaticano.

El magnate de la industria armamentística germana Friedrich Mandl se enamoró perdidamente de ella y arregló con sus padres un casamiento de conveniencia, en contra de su voluntad y cuando todavía no había cumplido los veinte años de edad. Hedy calificaría posteriormente la época de convivencia con su marido filonazi como la condena a un verdadero infierno.

No obstante, aprovechó las reuniones de trabajo y cenas a las que Mandl la forzó a asistir para aprender y recopilar información de los clientes y proveedores de su marido acerca de las características de la última tecnología del eje Berlín-Roma en cuestión de armamento. Años más tarde, despertada nuevamente su pasión por la ingeniería, utilizaría todos los conocimientos adquiridos para idear y patentar la técnica de conmutación de frecuencias, que cedió más tarde al Gobierno de Estados Unidos.

En 1937, Hedy pudo escapar al fin de las celosas garras de Mandl y del castillo de Salzburgo donde vivía como en una “jaula dorada” en un episodio rocambolesco que la llevó hasta París y del que existen diferentes versiones -incluida la confesión de la propia actriz-, cada una de las cuales hubiera servido para un trepidante guion cinematográfico. 

Ya en París y con los guardaespaldas de su marido pisándole los talones, consiguió viajar a Londres, a donde llegó con lo puesto y con unas pocas joyas que había conseguido reunir poco antes de su precipitada huida. Con la venta de las mismas pudo obtener el dinero del pasaje con el que pudo fugarse a Estados Unidos. 

Lo hizo en el mismo barco en el que regresaba Louis B. Mayer, el magnate de la Metro Goldwyn Mayer (MGM), a quien convenció de que la contratara como actriz. A cambio, el empresario le sugirió que cambiara su nombre por el de Hedy Lamarr. Al llegar a tierra, ella tenía un contrato de siete años y un nuevo nombre, y él la esperanza de convertirla en otra Greta Garbo o Marlene Dietrich.

Tras el estreno de su primer largometraje en Estados Unidos, Algiers (John Cromwell, 1938), compartiendo pantalla con Charles Boyer, empezó a destacar en películas como La dama de los trópicos (Jack Conway, 1939), coprotagonizada con Robert Taylor, y con Esta mujer es mía (W.S. Van Dyke, Frank Borzage y Josef von Sternberg, 1940), en la que tenía a su lado a Spencer Tracy.

En la década de 1940 trabajó con directores de la talla de King Vidor (Camarada X, 1940; Cenizas de amor, 1941), Jacques Tourneur (Noche en el alma, 1944), Robert Stevenson (Pasión que redime, 1947) y Cecil B. DeMille (Sansón y Dalila, 1949, con Victor Mature en el papel del gigantón filisteo).

En total, protagonizó una treintena de películas, pero no siempre tuvo el acierto de elegir bien (tampoco acertó demasiado en sus relaciones amorosas, encadenando otros cinco matrimonios después del de Mandl). 

Sin ir más lejos, parece ser que rechazó dos obras de arte como Luz de Gas (Torold Dickinson, 1940) y Casablanca (Michael Curtiz, 1942), y se quedó a las puertas de interpretar el papel de Escarlata O’ Hara en Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939). 

Trabajó en el cine hasta 1958. En 2017, Alexandra Dean realizó Bombel, un revelador documental a partir de materiales de archivo, que incluían algunos testimonios de la propia Hedy, con los que se adentraba en la más que interesante vida de la actriz, exponiendo sus luces y sus sombras.

Y es que su vida no se limitó a los entresijos cinematográficos. A raíz del trágico hundimiento de un barco lleno de refugiados por parte de un submarino alemán en septiembre de 1940, decidió volcarse en encontrar la forma de poner en práctica lo que había aprendido en sus estudios de ingeniería y en el “espionaje” que había llevado a cabo en las empresas de su primer marido. 

Ofreció sus ideas y su trabajo al recientemente creado National Inventors Council, pero su oferta fue amablemente rechazada por las autoridades militares, que le aconsejaron que centrase su colaboración promoviendo la venta de bonos de guerra, como hacían otras actrices de éxito.

Sin embargo, Hedy, lejos de desanimarse, ideó, junto a su representante artístico, una exitosa campaña en la que cualquier persona que adquiriese 25.000 o más dólares en bonos podía recibir un beso de la actriz: en una sola noche se recaudaron más de 7 millones de dólares. 

Pero la inconformista actriz vienesa no encontró demasiada satisfacción en esta actividad, que consideraba menor. En realidad, lo que ella deseaba era aportar sus conocimientos técnicos para mejorar las comunicaciones entre los ejércitos aliados, aspecto clave en una guerra con un gran movimiento de tropas por tierra, mar y aire. 

Así, mientras de día atendía sus compromisos cinematográficos y participaba en cierta medida del glamour de Hollywood, por la noche se afanaba en sus trabajos de ingeniería, tratando de crear un sistema de comunicación secreto que ayudara a luchar contra el nazismo.

El artilugio ideado por Lamarr partía de una idea tan sencilla como eficaz: se trataba de transmitir mensajes fraccionándolos en secuencias cortas, que cambiaban de frecuencia de forma aparentemente aleatoria, y podían espaciarse de forma irregular, de tal modo que era prácticamente imposible recomponer el mensaje si no se conocía el código base. 

El receptor estaba sintonizado a las frecuencias elegidas para la emisión y tenía el mismo código de cambio, saltando de frecuencia sincrónicamente con el transmisor. Para resolver el problema de la sincronización, Hedy Lamarr se alió con el pianista y compositor George Antheil, que había logrado sincronizar sin cables las 16 pianolas que formaban parte de la orquesta mecánica diseñada por él mismo poco tiempo atrás. 

Este procedimiento fue el inicio de lo que hoy día se conoce como “transmisión en espectro ensanchado por salto de frecuencia”, técnica que permite las comunicaciones inalámbricas a largas distancias de que disponemos en la actualidad, pero, en aquel momento, de lo que se trataba fundamentalmente era de interferir los torpedos de los submarinos alemanes, los llamados “asesinos silenciosos de Hitler”, y de construir por parte del ejército aliado otros proyectiles teledirigidos por radio e imposibles de detectar.

Hedy y George solicitaron el registro de su patente el 10 de junio de 1941 y la obtuvieron 14 meses después, cuando EE.UU. ya había entrado en la guerra.

Sin embargo, de acuerdo con lo afirmado por la propia Hedy, el invento no se utilizó de forma inmediata: «La marina rechazó mi invento. Sus altos jefes me dijeron ‘Eso déjelo para nosotros’ (…). ¡Qué estúpidos! (…). Pero más tarde, cuando venció la patente, la misma marina se apropió del invento. Después de vencida, yo tenía seis meses para reclamar y renovarla…, ¡pero no lo sabía!». 

En 1957, los ingenieros de la empresa Silvania Electronics Systems Division desarrollaron el sistema patentado por Hedy y George, solucionaron ciertos puntos vulnerables que se habían detectado en su mecanismo y aprovecharon los avances habidos en los transistores para transformarlo de mecánico en electrónico. Poco después sería adoptado para las transmisiones militares.

La primera aplicación conocida se produjo durante la crisis de los misiles de Cuba, en 1962, en que la fuerza naval enviada por Estados Unidos empleó la conmutación de frecuencias para el control remoto de boyas rastreadoras.

Después de Cuba se adoptó la misma técnica en algunos dispositivos utilizados en la guerra del Vietnam y, más adelante, en el sistema de defensa por satélite (Milstar). En la actualidad, muchos sistemas de comunicación y de transmisión de datos sin cable emplean sistemas de espectro ensanchado, entre ellos todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad, como el Wifi, el BlueTooth y los teléfonos móviles.

Cuando al fin le llegaron los reconocimientos como inventora, para Lamarr ya era demasiado tarde. En 1997, al comunicarle la concesión del Pioneer Award de la Electronic Frontier Foundation (EFF), conjuntamente con George Antheil (que lo obtuvo a título póstumo), la octogenaria Hedy no se inmutó y se limitó a comentar de forma escueta: “Ya era hora”. 

Tan solo tres años después su hijo cumplió el deseo de llevar sus cenizas a su Viena natal, a pesar de que había conseguido la ciudadanía estadounidense medio siglo atrás.

Hedy Lamarr fue bella entre las bellas, pero nadie como ella añadió a su belleza natural una inteligencia poco común, la audacia del genio creativo, el arrojo para no detenerse ante nada de lo que se le pusiera por delante y el inconformismo necesario para vivir su vida o, al menos intentarlo, sin más dictados que los de sus adentros.

Imagen de portada: Gentileza de HoyesArte.com

FUENTE RESPONSABLE: HoyesArte.com Por José Gonzáles Núñez. 23 de junio 2022.

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Mitómana e intransigente: la increíble vida de Virginia Woolf, según su sobrino.

Una mujer fuera de época.

«Virginia Woolf. Una biografía», de Quentin Bell, reconstruye la vida de la autora en el seno una familia inglesa privilegiada, pero rodeada de tragedia.

Cincuenta años después de su publicación en Gran Bretaña, se reedita en la Argentina «Virginia Woolf. Una biografía» (Lumen), el libro escrito por Quentin Bell, el sobrino de la autora, en el que reconstruye su vida en el seno una familia inglesa privilegiada pero rodeada de tragedia, a 140 años de su nacimiento y en un contexto de la reedición de gran parte de su obra que potenció una lectura contemporánea.

Adeline Virginia Stephen, reconocida como Virginia Woolf, nació en Londres en 1882, y se suicidó en 1941 en Sussex, arrojándose al río Ouse. 

Reconocida por las novelas «La señora Dalloway» y «Las olas«, gran parte de su obra osciló entre el atrevimiento epocal de «Orlando«, el análisis sociológico lúcido de «Tres guineas» y los párrafos inquietantes y luminosos de «Un cuarto propio«, donde la autora reivindicaba la autonomía económica de las mujeres para garantizar su libertad e independencia.

Quentin Bell, escritor y crítico de arte, fue, además, el sobrino de la autora y mantuvo un trato personal y cálido con ella y llegó a escribir la única biografía autorizada bajo una petición con ciertos aires de manipulación: Woolf le advirtió a Bell que había mucha «gente dispuesta» a escribir la biografía de Virginia Woolf y que la familia debía resguardar esa «voz autorizada».

La nueva edición que acaba de editar Lumen, un relato de unas seiscientas páginas solo interrumpido por fotos del archivo familiar, suma el prólogo que Bell escribió en 1996 para explicar las razones que lo llevaron a escribirla. 

Quentin Bell, sobrino de Virginia Woolf 

El texto se convirtió en un clásico en su género porque el vínculo familiar no le impidió dar cuenta de una infancia marcada por el abuso de sus medio hermanos, George y Gerald; los trastornos mentales que la familia percibió a lo largo de su vida y que él no disfraza y llama «locura», y un matrimonio particular para la época en la medida que coexistió con las relaciones que la autora entabló con varias mujeres.

«Se ha atacado con frecuencia el carácter de Virginia Woolf y, en aquella época mucha gente la consideraba una snob rica, pretenciosa, difícil y maliciosa. Como biógrafo, mi tarea consistió en determinar tan honradamente como fuera posible cuánta verdad y falsedad había en semejante descripción y hacerlo muy a conciencia para que a una gran parte del público no le pareciera que estaba defendiendo a una familia celosa de su reputación», aclara el autor. 

Bell reconoce que el carácter de Woolf «no era del todo admirable», pero advierte que en la historia de su vida sí hay mucho digno de admiración: «Sus libros fueron sus hijos. He tratado de describir su origen, el trabajo que supuso darlos a luz y las emociones profundas que resultaron de la recepción de los críticos».

Imagen de portada: Gentileza de La Librería andante.

FUENTE RESPONSABLE: Entre Líneas. 15 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Biografía/En memoria/Virginia Woolf

Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte.

En ocasión hace un par de meses del 80 aniversario de su muerte, la figura y la obra de Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) vuelven a ser recordadas. La Fundación José Manuel Lara rinde homenaje al poeta con la recuperación de la biografía que escribiera hace veinte años José Luis Ferris, una obra que, según Antonio Muñoz Molina, llegó para desbaratar las leyendas y los lugares comunes, devolviéndonos al hombre “en la plenitud de su vida, su poesía y su compromiso político”.

Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta se publica ahora enriquecida con nuevos testimonios y documentos. Esta obra, que ya era de referencia obligada para lectores y estudiosos, es una edición revisada y ampliada, especialmente en los capítulos finales, aquellos que afectan a los últimos años de Hernández: su detención en Portugal, su turbio proceso carcelario, su condena y muerte.

La biografía de Ferris es reconocida como la más completa por su rigor, audacia y ecuanimidad, y por arrojar luz definitiva sobre la breve pero intensa trayectoria del poeta. En esta nueva edición profundiza aún más en ese itinerario vital y poético, con sus luces y sus sombras, y sitúa en su justo lugar a aquel joven cuyo compromiso con la vida, en todas sus manifestaciones, le llevó a cantar con igual entrega la fuerza del deseo, la plenitud de la naturaleza y la honda grandeza del sufrimiento humano.

El biógrafo considera que la obra de Hernández está «asombrosamente vigente»: «Su mensaje caló hondo en su tiempo y lo sigue haciendo porque, por desgracia, las cosas no han cambiado tanto. Hay mucho desamor, mucho desasosiego, mucha soledad, se sigue marginando a los débiles, deteniendo a muchos inocentes y explotando a los niños en muchos rincones del mundo. Para todo eso hay un poema, un texto, una prosa de Miguel».

Para Ferris, «cada puesta al día de este libro, cada actualización, sirve también para confirmar lo que en versiones anteriores eran solo hipótesis. Por concretar, la aparición en la última década de epistolarios inéditos –la correspondencia entre el hispanista Dario Puccini y la viuda de Hernández, las misivas de Vicente Aleixandre a Miguel y a Josefina Manresa, y la edición completa de las cartas del poeta a su esposa–, así como de los diarios de guerra del diplomático chileno Carlos Morla, sirvieron para reconstruir con razones más firmes el entorno amoroso de El rayo que no cesa y para documentar minuciosamente los últimos días de Hernández en Madrid al acabar la guerra».

Consejos de guerra

Pero, además, la obra incorpora ahora documentación exhaustiva sobre la terrible experiencia de su detención en Portugal y su primer encarcelamiento, es decir, el comienzo del largo calvario carcelario que le esperaba: «Quizá lo más relevante sea el material que documenta ese periplo penitenciario. 

Los protagonistas de esos procesos –jueces, secretarios, miembros de tribunales, falsos abogados defensores, avales y avalistas, etc. — se desenmascaran en esta nueva edición».

José Luis Ferris.

De hecho, la biografía se publica casi a la vez que el libro Los consejos de guerra de Miguel Hernández (Madrid, Ministerio de Defensa / Universidad de Alicante, 2022), del profesor e investigador Juan Antonio Ríos Carratalá, con quien Ferris trabajó durante el pasado año a partir del material facilitado por Defensa: «Con esa nueva documentación hemos podido completar una información que aparecía fragmentada en las anteriores ediciones, hemos recogido testimonios que ahora se demuestran falsos, poner en claro el caótico entramado de los procesos de guerra y saber quién estaba detrás de ciertos nombres determinantes para condenar al poeta».

José Luis Ferris (Alicante, 1960) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y doctor en Literatura Española por la Universidad de Alicante. Ha publicado los poemarios Piélago (1985), Cetro de cal (1985), Niebla firme (1989), Poemas del agua y de la noche (2010) y El animal que habito (2022), así como las novelas Bajarás al reino de la tierra (1999, Premio Azorín), El amor y la nada (2000) y El sueño de Whitman (2010, Premio Málaga). Es autor de relatos infantiles y de tres obras de aproximación al mundo de Miguel Hernández para niños y jóvenes. En calidad de biógrafo, además del trabajo dedicado al poeta de Orihuela, ha publicado Maruja Mallo. La gran transgresora del 27 (2004); Carmen Conde. Vida, pasión y verso de una escritora olvidada (2007) y Palabras contra el olvido. Vida y obra de María Teresa León (2017, Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías).

Imagen de portada: Miguel Hernández (Ilustración)

FUENTE RESPONSABLE: HoyesArte.com Cultura

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Ann Radcliffe, la precursora de la novela gótica.

La famosa escritora británica fue toda una pionera en su tiempo al crear unos personajes femeninos fuertes, valerosos y decididos, capaces de vencer a los villanos y malvados de la historia. Radcliffe fue la creadora de un estilo literario que influenció profundamente a autores contemporáneos y posteriores, como sir Walter Scott o Edgar Allan Poe.

Ann Radcliffe nació el 9 de julio de 1764. Aunque no se sabe mucho sobre la vida de esta pionera de la literatura gótica, sí es conocido que abandonó una prometedora carrera literaria tras el éxito conseguido con sus cinco novelas publicadas en vida. 

De hecho, Radcliffe, consumida por la melancolía tras la pérdida de sus padres y a causa de la enfermedad degenerativa que sufría su esposo, dejó la pluma y se retiró del mundo. 

Con todo, son muchos los críticos literarios que se han mostrado sorprendidos del contenido de su obra. Y es que llama la atención que una mujer criada en un ambiente puritano como fue Ann Radcliffe (por otra parte, algo muy habitual en la Inglaterra que le tocó vivir) mostrara sin tapujos los horrores más ocultos del ser humano en algunos de sus libros como Los misterios de Udolfo (1794) o El italiano (1797).

Ann Radcliffe hizo uso de una técnica literaria absolutamente personal para describir los elementos de aire sobrenatural que se describen en sus novelas.

Tras su muerte, la escritora adquirió cierta notoriedad en el mundo de la literatura gótica, y acabó convirtiéndose en la autora más popular del género y ganándose la admiración de numerosos lectores. 

Los críticos literarios de la época la bautizaron como «la poderosa hechicera» y el «Shakespeare de los escritores románticos». La popularidad de Radcliffe siguió manteniéndose durante el siglo XIX, y el interés por su obra reapareció a principios del siglo XXI con la publicación de varias biografías sobre la autora.

Retrato de fecha desconocida de la escritora británica de novela gótica Ann Radcliffe. Foto: PD

UNA VIDA SOLITARIA

El nombre de nacimiento de Ann Radcliffe era Ann Ward, y aunque no se conoce demasiado sobre los primeros años de su vida, lo que sí es seguro es que nació en Holborn, un céntrico barrio de Londres. Ann era hija de un comerciante que se trasladó a la ciudad de Bath para regentar una tienda de porcelana. 

Allí, y a pesar de que su familia sentía pasión por la cultura, la educación de la joven Ann se redujo a recibir ciertas nociones de arte y algunas de música. En 1787, Ann se casó con un joven periodista llamado William Radcliffe, que era copropietario y editor del periódico vespertino English Chronicle. Al parecer, el matrimonio fue feliz y William, conocedor de la afición de su esposa por la lectura, en seguida la animó a escribir.

Ilustración para la novela de Ann Radcliffe Los misterios de Udolfo (1794).Foto: PD

Tras su matrimonio, Ann se convirtió en una mujer muy celosa de su vida privada, y, curiosamente, dejó de escribir a los 32 años, cuando sus cuotas de popularidad se encontraban en lo más alto. 

De hecho, se ha especulado mucho sobre el motivo real por el cual Ann Radcliffe llevó desde entonces una vida tan solitaria y recluida. Ann apenas salía de su casa y nunca visitó los países que fueron el escenario de sus novelas. En realidad, sus únicos viajes al extranjero fueron a Holanda y a Alemania, y los hizo después de haber escrito la mayoría de sus novelas. 

Ann narró aquellos dos viajes en una obra publicada en 1795 a la que tituló A Journey Made in the Summer of 1794 (Un viaje realizado en el verano de 1794). Así, aunque dejó de publicar novelas muy pronto, Ann siguió escribiendo poesía y una última novela, Gastón de Blondeville, que sería publicada de manera póstuma.

LAS PROTAGONISTAS DE SUS NOVELAS: JÓVENES DONCELLAS

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, la literatura gótica causaba furor entre los lectores y Ann Radcliffe saboreó el éxito desde sus primeras publicaciones a pesar de que The Castles of Athlin and Dunbayne (Los castillos de Athlin y Dunbayne,1789) y A Sicilian Romance (Un romance siciliano, 1790), sus dos primeras novelas, se publicaron de forma anónima. 

Ann describe con maravillosa precisión castillos en ruinas, puertas misteriosas y espectros terroríficos, que pueblan todas y cada una de las páginas de sus libros. Estos escenarios oníricos son el tenebroso preámbulo de la violencia sin límites que van a sufrir las jóvenes y bellas doncellas que protagonizarán sus novelas.

Su tercera novela, una historia que transcurre en la Francia del siglo XVII titulada El romance del bosque (1791), consolidó definitivamente a Ann como una escritora de éxito, aunque sería Los misterios de Udolfo (1794), la cuarta, la que acabó por convertirla en la novelista más popular de Inglaterra. 

En esta última novela, Radcliffe relata la historia de una huérfana llamada Emily St. Aubert que es encerrada en el castillo Udolfo, propiedad de un bandolero que se ha casado con su tía. 

Muchos críticos definen esta novela de Radcliffe como el romance gótico por excelencia, una narración repleta de incidentes de terror, tanto físico como psicológico, de castillos remotos y en ruinas, y de acontecimientos sobrenaturales, protagonizada por un villano malvado y retorcido y una valiente heroína perseguida. 

Ann ganó bastante dinero con sus obras, así que tras la publicación de su quinta novela, El italiano, por la cual percibió 800 libras en concepto de derechos de autor, la escritora decidió dejar de publicar.

EL TERROR Y EL HORROR

Tras dejar la pluma, Ann Radcliffe permaneció 26 años años retirada del mundo, junto a su esposo y su perro. El aislamiento llegó a tal extremo que mucha gente rumoreaba que la autora se había vuelto loca. 

Pero Ann no había dejado de escribir. Tras su muerte, el 7 de febrero de 1823, posiblemente a causa de una neumonía, se descubrió un libro suyo titulado Lo sobrenatural en la poesía, en el que la autora afirmaba que su objetivo a la hora de incluir escenas de terror en sus obras había sido, sobre todo, estimular la imaginación de sus lectores. 

Asimismo, para componer sus paisajes y escenarios tenebrosos, Radcliffe se basó en las pinturas de artistas como Claude Lorrain y Salvatore Rosa. Su admiración por la obra de estos artistas se refleja en la novela Los misterios de Udolfo.

Portada de Los Misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe. Foto: PD

Pero a pesar del éxito que había obtenido con sus obras, se dice que a Ann Radcliffe no le convencía en absoluto el rumbo que empezaba a tomar la novela gótica de su tiempo. 

De hecho, Ann describía el terror en sus novelas, pero no revelaba detalles del horror, como sí hicieron otros autores como Matthew Gregory Lewis o el marqués de Sade, cuya obra tenía un enfoque innegablemente más violento. Posteriormente, la producción literaria de Radcliffe influiría en autores como sir Walter Scott o Edgar Allan Poe, considerado el inventor del genero de ficción.

Otro aspecto a destacar en las novelas de Radcliffe, como por ejemplo en The Italian, es que presenta a sus personajes femeninos en igualdad de condiciones a los masculinos, algo muy novedoso para la época. 

Estas mujeres eran capaces de vencer a los villanos a pesar de todas las dificultades a las que debían enfrentarse. De hecho, Radcliffe hizo de sus heroínas unas mujeres fuertes y decididas, algo impensable en la literatura de la época. 

Asimismo, la autora británica estableció una clara diferencia entre el terror, un elemento recurrente en sus obras, y el horror, que para ella eran elementos contrapuestos. 

En su obra Lo sobrenatural en la poesía lo explica con estas palabras: «Terror y Horror son tan opuestos, que el primero expande el alma y despierta las facultades a un alto grado de vida; el otro las contrae, congela y casi las aniquila».

Imagen de portada: Escena gótica similar a las descritas en las novelas de Ann Radcliffe. Foto: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 

Sociedad y Cultura/Reino Unido/Biografías/Historia de la Literatura

 

 

 

Sylvia Plath, la poeta que ganó el primer Pulitzer póstumo.

Pese a su temprana muerte y la pérdida de parte de su trabajo, la obra de Sylvia Plath es considerada una de las piezas más extraordinarias de poesía del siglo XX. Su aproximación al dolor, a la enfermedad mental y al sufrimiento la convirtieron en una de las máximas exponentes del género confesional, plasmado de manera brillante en sus versos descarnados.

Sylvia Plath nació en Boston, Massachusetts, el 27 de octubre de 1932. Sus padres, Otto Emil Plath y Aurelia Schober, eran ambos de ascendencia alemana. Él daba clases de alemán y biología en la universidad, y ella de inglés y alemán. Juntos tuvieron a Sylvia, la mayor, y a Warren, que nació en 1935.

Desde muy pequeña, Sylvia destacó por ser sumamente perfeccionista y aplicada. Escribía, pintaba, tocaba el piano y sacaba matrículas de honor. A los ocho años publicó su primer poema y, a partir de entonces, no dejó de desarrollar su genio creativo.

En 1940, Otto Emil Plath falleció a causa de una diabetes que nunca quiso tratarse. Su muerte destrozó por completo a la joven Sylvia, que con nueve años sufrió su primera depresión

Durante el duelo, Sylvia tuvo que lidiar con el dolor que le producía sentirse traicionada por su padre al morir, pese a que había tenido una relación bastante problemática con él (ya que era un hombre muy autoritario), y los desencuentros con su madre, a quien siempre echó en cara que no llorara en público la pérdida de su marido.

En la adolescencia, Sylvia empezó a escribir un diario personal que mantuvo durante toda la vida, al igual que otras reconocidas autoras como Virginia Woolf o Anaïs Nin. 

En el diario, Plath comenzó a cuestionarse su rol como mujer en una sociedad que esperaba de ella que se convirtiera en una madre sumisa (como la suya), cosa que contrastaba con su intención de ser una feminista radical. “Mi gran tragedia es haber nacido mujer”, escribió.

ESTUDIOS Y MATRIMONIO

Después de terminar el colegio, Sylvia fue a estudiar al Smith College. En el primer año de universidad, la escritora intentó quitarse la vida por primera vez. 

Entonces la ingresaron en el Hospital McLean, una institución psiquiátrica, donde fue tratada con electrochoques. Tras este episodio, Sylvia se recuperó y terminó el curso con honores, dejando aquel oscuro episodio atrás y confiando en que no se volvería a repetir. Sin embargo, Sylvia Plath fue diagnosticada con depresión clínica y padeció esa patología durante muchos años.

Gracias a sus notas sobresalientes, Plath obtuvo una beca Fulbright que le permitió ir a estudiar a la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.

Fue entonces cuando conoció al poeta inglés Ted Hughes, con quien contrajo matrimonio en junio de 1956. Durante todo este tiempo, Sylvia continuó escribiendo y publicó algunos relatos y poemas en el periódico universitario.

Poco después de casarse, Sylvia y Ted se trasladaron a Estados Unidos, donde residieron entre 1957 y 1959. 

Plath empezó a dar clases en el Smith College, la misma institución donde ella había estudiado, y siguió con su labor creativa. Al poco tiempo, descubrió a su marido coqueteando con una estudiante en el campus, cosa que la quebró por completo.

En Boston, Sylvia asistió a los seminario de Robert Lowell, donde coincidió con la poeta Anne Sexton, con quien se la compara muchas veces. Al poco tiempo, Sylvia se quedó embarazada y la pareja decidió regresar a Inglaterra.

VIDA TORMENTOSA Y CREACIÓN LITERARIA

Sylvia Plath y Ted Hughes residieron primero en Londres y luego fueron a vivir a North Tawton, un pequeño pueblo de Devon. 

En 1960, Sylvia tuvo a su primera hija, Frieda, y publicó su primer poemario titulado El Coloso. Poco después, sufrió un aborto que la sumió de nuevo en la oscuridad. 

Un año más tarde, Sylvia recitó en la BBC su famoso poema Tres mujeres, en el que narra la maternidad a través de tres voces desde una perspectiva feminista y antibelicista

En este poema también habló del dolor causado por su aborto. A partir de su experiencia en la BBC, Sylvia empezó a concebir sus poemas para ser leídos en voz alta. Ese mismo año nació su segundo hijo, Nicholas.

Sylvia Plath y Ted Hughes.

Sylvia Plath y Ted Hughes. Foto: CC

El año 1963 también fue importante para Plath porque publicó su primera y única novela, La campana de cristal. En este relato semiautobiográfico, Sylvia explora la inestabilidad emocional que lleva a un episodio depresivo a su personaje principal, la periodista Esther Greenwood. La primera edición la publicó bajo el pseudónimo “Victoria Lucas”, pero en 1967 la novela ya apareció firmada con su verdadero nombre.

A partir de entonces, el matrimonio entre los dos poetas, que ya se había empezado a deteriorar en Estados Unidos, fue de mal en peor. 

Tras descubrir varias infidelidades por parte de Ted (que mantenía una relación con la poeta Assia Wevill) y sufrir sus malos tratos, Sylvia decidió divorciarse. Así, regresó a Londres con sus dos hijos, donde alquiló un piso en el que había vivido W.B. Yeats, algo que Sylvia consideró un buen presagio.

Aquel invierno fue demasiado duro para la escritora que sola, con dos niños, alejada de su ciudad natal, enferma y con problemas económicos, se sumió de nuevo en el lugar más oscuro de su mente. 

La mañana del 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath dejó preparado el desayuno para sus dos hijos, que estaban en la casa, y se quitó la vida metiendo la cabeza dentro del horno y abriendo la llave de gas. Así, Plath puso fin a los episodios depresivos y el trastorno bipolar (que se cree que padecía) que tanto la habían atormentado. Tristemente, la autora no contó con los recursos necesarios para curar su salud mental y seguir en vida.

Sylvia Plath fue enterrada en el cementerio de Hepton Stall, en West Yorkshire.

PUBLICACIONES PÓSTUMAS Y RECONOCIMIENTOS

Tras fallecer su primera esposa, Ted Hughes adquirió los derechos de explotación de la obra de Plath y se convirtió en el editor de su legado literario. 

Hughes supervisó y editó sus manuscritos y, en 1965, publicó el poemario Ariel, en el que están recopilados los poemas que escribió la autora durante los meses anteriores a su muerte.

Ariel es considerada la obra maestra de Sylvia Plath, por sus profundas reflexiones sobre el corazón roto y la creatividad y la radical honestidad con la que describe su dolor. En Ariel están los famosos poemas Daddy y Lady Lazarus, en el que Plath habla sobre el suicidio y hace un homenaje a la supervivencia. 

Este conjunto de poemas marcó un punto de inflexión en la carrera de la poeta que, al escribirlos, se convirtió en una de las máximas exponentes del género confesional.

En los años siguientes, Hughes publicó Cruzando el agua (1971) y Árboles invernales (1972), además de una colección de cuentos, fragmentos de sus diarios y ensayos titulada La caja de los deseos (1977).

Muchos críticos han acusado a Ted Hughes de haber utilizado y censurado la obra de Sylvia Plath en su beneficio. 

De hecho, lo primero que hizo el poeta al adquirir los manuscritos de Plath fue destruir el último volumen de sus diarios, en los que la autora narraba el tormentoso matrimonio que compartieron. 

Antes de morir, Hughes publicó Cartas de cumpleaños, donde compiló todos los poemas que le había escrito a Sylvia.

Sylvia Plath murió a la temprana edad de 30 años.Foto: Cordonpress

A partir de las décadas de 1980 y 1990, se empezó a estudiar la obra de Plath desde una perspectiva crítica feminista y de género

En 1982 la escritora fue reconocida con el Pulitzer de poesía por su obra recogida en Poemas completos, siendo la primera autora en recibir este premio de manera póstuma. Poco después, en 1998, se publicó la edición casi completa de sus Diarios.

Pese a su temprana muerte y la pérdida de parte de su trabajo, la obra de Sylvia Plath está considerada como una de las piezas más extraordinarias de poesía del siglo XX. 

Por eso sus poemas se siguen leyendo, recitando e interpretando hoy en día, haciendo eco de la voz de una autora que plasmó de la manera más honesta y visceral lo que es el dolor.

Imagen de portada: Cordon Press.

FUENTE RESPONSABLE: Historia. National Geographic. 19 de abril 2022.

Sociedad y Cultura/Biografía/Mujeres pioneras/Historia del feminismo.

Pearl S. Buck, la escritora estadounidense que se enamoró de China.

Ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1938 por su ingente obra dedicada a China, sus costumbres y sus gentes, la autora norteamericana vivió siempre entre dos mundos. Asimismo, su filantropía y su gran amor por China, país en el que pasó gran parte de su vida, le llevaron a fundar varias organizaciones de ayuda humanitaria, así como una agencia de adopción para niños asiáticos.

Aunque la carrera como escritora de Pearl S. Buck fue menospreciada durante mucho tiempo por gran parte de la crítica literaria, que llegó a calificar su obra de simple, no habían pasado ni diez años desde la publicación de su primera y exitosa novela, Viento del Este y viento del Oeste, cuando la escritora estadounidense recibió el Premio Nobel de Literatura en 1938. Los miembros de la academia sueca quedaron fascinados con el talento de S. Buck para manejar las palabras y crear bellos paisajes literarios.

En su discurso de agradecimiento, Pearl S. Buck aseguró que había sido durante su larga estancia en China cuando aprendió lo que realmente significaba ser novelista. Para la autora, escribir era hablar de las personas y de su interior más profundo, como evidencia su larga y extensa obra, que comprende diversos géneros literarios, incluidos la poesía y los cuentos infantiles. Pero la vida de Pearl S. Buck no fue fácil. La escritora tendría una dramática experiencia con la maternidad que le marcaría de por vida. A partir de ese momento se propuso dedicar su vida a ayudar al prójimo, en especial a los más desfavorecidos, y sobre todo a los niños.

CHINA, EL GRAN AMOR DE PEARL S. BUCK

Pearl S. Buck, nacida Pearl Sydenstricker, vio la luz el 26 de junio de 1892 en la localidad de Hillsboro, Virginia, y fue la cuarta de los siete hijos de una pareja de misioneros presbiterianos. Cuando contaba cinco meses, su familia marchó a China, donde pasaría gran parte de su vida. Allí la niña recibió una educación básica por parte de su madre y de su tutor, un hombre al que llamaban Mr. Kung, que le enseñó los clásicos de la literatura china, las teorías de Confucio y la historia del país asiático. Asimismo, tanto su niñera como el cocinero de la familia solían contarle cuentos, historias y anécdotas sobre las costumbres chinas.

En China recibió una educación básica por parte de su madre y de su tutor, Mr. Kung, que le enseñó a leer los clásicos de la literatura china.

Hasta aquel momento Pearl había vivido inmersa en un ambiente completamente chino y bastante humilde. Por eso, cuando ingresó en la escuela americana en Shangái, la Miss Jewell’s Day School, Pearl empezó a darse cuenta de que el mundo que había compartido hasta entonces con sus padres en la misión presbiteriana, seguro y sin preocupaciones, no era el único existente y que fuera de él había otros muy distintos.

Fotografía de Pearl S. Buck durante la promoción de su libro La Gran Ola.Foto: Cordon Press

Años después, la propia Pearl contaría en su autobiografía la dicotomía entre los dos mundos en que se educó: «Crecí entre dos mundos diferentes, uno corresponde al mundo de visión estrecha y limpia de los norteamericanos; mientras que el otro corresponde a una visión de un mundo amplio, feliz, alegre y menos limpio de los chinos. Los dos mundos no se comunican. En el de los chinos, hablo en chino, me comporto como uno de ellos, como lo mismo y comparto sus pensamientos y sentimientos. En el mundo de los norteamericanos, cierro la puerta que los conecta».

MATRIMONIO Y ALGUNOS REVESES

En 1910, Pearl S. Buck regresó a Estados Unidos para estudiar Psicología en una universidad de Virginia, donde su comportamiento y su corte de pelo al estilo chino llamaron la atención entre sus compañeros, lo que la hizo sentirse algo incómoda. Tras su graduación en 1914 tuvo que regresar de inmediato a China para cuidar a su madre enferma y allí empezó a dar clases de inglés en varias escuelas. En 1917, Pearl conoció al que sería su primer marido, un economista agrícola llamado John Lossing Buck, con quien se casaría ese mismo año. La pareja se trasladó posteriormente a Suzhou, una ciudad situada junto al río Yangtsé, donde vivieron casi tres años.

En 1914, Pearl tuvo que volver de inmediato a China para cuidar a su madre enferma y allí empezó a dar clases de inglés en varias escuelas.

Pearl S. Buck con un grupo de niños chino adoptados por familias a través de su agencia de adopción Welcome House. Foto: Cordon Press

A finales de 1919, el matrimonio se mudó a Nankín, donde ambos trabajaron como profesores en la universidad y donde Pearl escribiría casi todas las obras que contribuirían a que años después consiguiese el Premio Nobel de Literatura y el Premio Pulitzer. 

Pearl tradujo por primera vez al inglés A la orilla del agua, una de las cuatro obras clásicas más famosas de la literatura China que se publicaría bajo el título de All Men are Brothers (Todos los hombres son hermanos). Un año después, en 1920, Pearl dio a luz a Carol, su primera y única hija biológica, que nacería con una grave enfermedad mental. Pero Pearl pronto iba a recibir otro duro golpe. Aquel mismo año le detectaron un tumor uterino, cuya extirpación le provocaría una esterilidad permanente. 

Tras aquella terrible noticia, en 1921 Pearl tuvo que hacer frente a la muerte de su madre y poco después al fallecimiento de su padre. Para intentar superar todos estos reveses, en 1925 los Buck decidieron trasladarse a Estados Unidos, donde adoptaron a una niña a la que llamarían Janice, aunque volvieron a China en otoño de ese mismo año.

LA VISIÓN DE CHINA DE PEARL S. BUCK

Mientras vivió en Suzhou, Pearl había conocido a muchos campesinos analfabetos que nunca habían visto a un extranjero. La autora fue testigo de cómo aquellas personas luchaban día a día por subsistir y sobrevivir al hambre, la pobreza y los desastres naturales. A Pearl le conmovieron profundamente la sencillez y la tenacidad con la que hacían frente a las adversidades de la vida, tanto que llegó a afirmar que aquellos campesinos eran la verdadera representación de la nación china. Así, Pearl se vio impelida a escribir acerca de ellos para, según dijo, romper estereotipos: «No me gustan las obras que describen a los chinos de una manera extraña y grotesca. Mi mayor deseo es hacer que en mis obras aparezca la imagen real de esta nación», y es que en sus libros la autora decidió mostrar la vida real del pueblo chino de su época a los lectores occidentales con la intención de cambiar la extendida imagen de «orientales misteriosos» que sobre los chinos habían popularizado algunos escritores occidentales.

La estancia de Pearl en Suzhou le permitió conocer a muchos campesinos analfabetos que nunca habían visto a un extranjero.

Pearl S. Buck recibe el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Gustavo V de Suecia en la Sala de Conciertos de Estocolmo en 1938.Foto: PD

En 1927, Pearl y su familia se vieron atrapados en medio del enfrentamiento que se desató entre las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek y las fuerzas comunistas, conocido como el «incidente de Nankín», en el transcurso del cual varios señores de la guerra y algunos ciudadanos occidentales fueron asesinados. 

Con la ayuda de la embajada norteamericana, los Buck se trasladaron a Shangái y desde allí fueron a Japón para poner rumbo a Estados Unidos. Allí empezaría Pearl su brillante carrera como novelista. Corría el año 1930 cuando publicó su primera novela, Viento del Este, viento del Oeste, gracias a la ayuda de un editor llamado John Day, que acabaría convirtiéndose en su segundo marido cinco años más tarde, tras su divorcio de John Lossing Buck. 

En 1931, Pearl publicó La buena tierra, que se convertiría en la novela más vendida ese año y el siguiente. Un año después, Pearl obtuvo el Premio Pulitzer y asumió el cargo de presidenta de la Asociación de Autores de Estados Unidos.

LA IMPORTANCIA DE AYUDAR A LOS DEMÁS

En 1938, Pearl S. Buck ganó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera mujer norteamericana en lograr dicho galardón y en la primera occidental que lo logró escribiendo acerca de China. Un año antes, el 13 de diciembre de 1937, Japón había llevado a cabo una sangrienta masacre de civiles en la ciudad de Nankín, y nada más enterarse de la noticia Pearl publicó un artículo para condenar los excesos del ejército japonés. 

En 1940, ya en plena guerra, junto al periodista Edgar P. Snow, especialista en el país asiático, recabó fondos y ayuda médica para enviar a la población china, e hizo un llamamiento para constituir una asociación de auxilio de la que asumió la presidencia.

El 13 de diciembre de 1937 Japón llevó a cabo una sangrienta masacre de civiles en Nanking, y Pearl publicó un artículo para condenar los excesos del ejército japonés.

Un prisionero de guerra chino a punto de ser decapitado por un oficial japonés.Foto: CC

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De hecho, Pearl S. Buck fue durante toda su vida una incansable activista por los derechos civiles y de las mujeres, y publicó diversos ensayos en el periódico de La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), y en Opportunity, la revista de la Liga Urbana, una organización que luchaba por los derechos civiles. En 1949, Pearl fundó la Welcome House, la primera agencia de adopción que aceptaba a niños asiáticos y de otras razas, y años después, en 1964, fundó la Fundación Pearl S. Buck, que ofrecía atención a niños asiático-estadounidenses que no eran candidatos para la adopción y también ofrecía ayuda a miles de niños procedentes de países asiáticos.

AÑORANZA DE CHINA

Mucho después de que acabase la Segunda Guerra Mundial, en plena Guerra Fría, y tras muchos años sin poder viajar a China, Pearl envió un telegrama a un miembro del Partido Comunista Chino llamado Zhou Enlai y a diversos dirigentes del partido para que le permitiesen visitar el país, cosa que le negaron. 

En febrero de 1972, las relaciones entre China y Estados Unidos parecieron experimentar cierta mejoría, por lo que Pearl solicitó al presidente norteamericano Richard Nixon que la dejara acompañarle en su próxima visita oficial al país asiático. El presidente prometió ayudarla en la medida que fuera posible, pero cuando Nixon anunció su próximo viaje oficial a China, Pearl, para evitar problemas, acudió a la embajada china en Canadá para solicitar un visado de entrada. Pero su solicitud fue rechazada.

Con la idea de acompañar a Nixon en su viaje oficial a China, Pearl acudió a la embajada china en Canadá para solicitar un visado, pero su solicitud fue rechazada.

Aquel revés le provocó un gran disgusto, a lo que se sumaría la detección de un cáncer de pulmón que acabó causándole la muerte el 6 de marzo de 1973, a los 81 años de edad. Pearl murió sin haber podido cumplir su sueño de volver una última vez a su añorada China. Para su último viaje, el cuerpo de Pearl fue vestido con su qípáo favorito, un traje inspirado en la estética del pueblo manchú. En la actualidad, numerosos turistas chinos que visitan Estados Unidos acuden a la antigua residencia y al cementerio donde está enterrada Pearl S. Buck, una escritora que amó profundamente aquel país, y que vivió siempre entre dos mundos.

Imagen de portada:  Pearl S. Buck tomada alrededor del año 1932. Foto: PD

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic Historia. Por J. M. Sudarni. 23 de junio 2022

Sociedad y Cultura/Historia de la Literatura/Biografías

Cai lun, el funcionario chino considerado el inventor del papel

El eunuco imperial Cai Lun, un alto funcionario de la corte del emperador He, de la dinastía Han Oriental, recibió el encargo de su señor de hallar un nuevo soporte de escritura mejor que el existente hasta el momento, en seda, bambú y madera, que además tenía un gran coste de fabricación. El enorme ingenio de Cai Lun lo llevó a mejorar un método ya existente probando diferentes materiales hasta que logró fabricar un papel mucho mas económico, duradero y flexible.

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Si a alguien se le pregunta cuál es el invento más importante de la historia de la humanidad, seguramente responderá que el papel. En realidad, el papel ha contribuido de un modo impagable a la evolución humana y se ha convertido en un vehículo ideal de transmisión del conocimiento de generación en generación. Pero antes del papel, el ser humano ya empleó otros soportes para plasmar aquello que quería transmitir. La arcilla en la antigua Mesopotamia, por ejemplo, o el papiro en Egipto. De hecho, ya desde el III milenio a.C. los egipcios usaron la fibra extraída de la planta del papiro, que crecía en las riberas del Nilo, para crear un soporte de escritura muy parecido al papel. Posteriormente, el papiro sería sustituido por el pergamino, un material confeccionado a partir de la piel de animales como el cordero, el becerro o la cabra.

Pero ¿y el papel tal y como lo conocemos en la actualidad? Pues para conocer la evolución del papel desde sus inicios hasta nuestros días tenemos que remontarnos hasta el año 105 d.C. y viajar a la China de la dinastía Han Oriental. Hasta aquel momento, todos los documentos oficiales de la corte se habían escrito sobre soportes fabricados con seda, bambú o madera, pero debido a su fragilidad, su rápido deterioro y su costoso proceso de elaboración, el emperador He de Han ordenó a sus sabios que pensaran un sistema de fabricación para lograr un material que fuera más flexible y resistente, y también más económico. Para lograrlo, a partir de entonces el eunuco y consejero imperial Cai Lun dedicó todos sus esfuerzos a cumplir la orden de su señor.

Manuscritos chinos realizados en papel.Foto: iStock

CAI LUN EN LA CORTE IMPERIAL

Se cree que Cai Lun nació en la provincia china de Guiyang alrededor del año 48 d.C., cuando en el país asiático gobernaba la dinastía Han Oriental. En el año 75 d.C., el joven Cai Lun se convirtió en eunuco imperial (aunque el sinólogo australiano Rafe Crespignyi sugiere que esto posiblemente ocurrió en el año 70 d.C.). En su nuevo puesto, el trabajo de Cai Lun consistía en ejercer como enlace entre el consejero privado del emperador y este, y probablemente también actuó como chambelán, un alto funcionario real que estaba a cargo de la administración de la familia real. Alrededor de 80 d.C., bajo el reinado del emperador Zhang, Cai Lun fue ascendido a Xiao Huang Men (Asistente en las Puertas Amarillas), un cargo de confianza que consistía en ser el encargado de entregar y distribuir los mensajes que llegaban desde el exterior a las diferentes estancias del palacio imperial.

Cai Lun ejerció como enlace entre el consejero privado y el emperador y probablemente también actuó como chambelán.

Separado de la fibra útil del resto de las materias primas necesarias para la fabricación de papel (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Proceso de calentamiento de la pulpa obtenida tras la criba de la fibra útil (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Pero Cai Lun no se dedicó tan solo a actividades administrativas. Al parecer también se vio implicado en algún que otro complot cortesano.

Algunas fuentes apuntan a que, tras la muerte del emperador Zhang, Cai Lun ayudó a su viuda, la emperatriz Dou, a asesinar a una rival de la corte con la intención de situar al hijo adoptivo de Dou, el príncipe Zhao, como heredero al trono imperial. El príncipe Zhao ascendió al trono en 88 d.C., con diez años de edad, como emperador He, y Dou se hizo con el poder efectivo con el titulo de Emperatriz Viuda. Esta repartió los puestos de responsabilidad entre sus propios hermanos. Uno de ellos fue Dou Xian, el cual premió la lealtad de Cai Lun con el cargo de Zhongchang shi (Asistente regular). 

A partir de entonces, Cai Lun ejerció como consejero privado de He y se convirtió en el eunuco principal de la corte. Más tarde Cai Lun sería nombrado Shangfang Ling (Prefecto del Taller del Palacio o Prefecto de los Maestros de Técnicas), es decir, responsable de la producción de instrumentos y armas para uso imperial.

EL ÉXITO DE CAI LUN

Hacia el año 105 d.C, como hemos visto, el emperador He encargó a Cai Lun investigar el modo de conseguir un soporte para escritura mucho mejor que el que se utilizaba en aquel momento, elaborado con unas piezas de seda llamadas chih, las cuales resultaban muy caras de fabricar, o sobre tablas de bambú, que eran bastantes pesadas. 

A todo ello se sumaba la fragilidad de los materiales, que podían ser destruidos fácilmente por la humedad. Pero Cai Lun no partía de cero, ya que un par de siglos antes se había empezado a fabricar un nuevo material más fino y manejable a base de cáñamo. Aquel invento llamó poderosamente la atención de Cai Lun, que decidió probar con él y cambiar totalmente su proceso de elaboración.

El emperador He encargó a Cai Lun investigar el modo de conseguir un mejor método de fabricación de un soporte para la escritura.

Triturado de la pasta resultante hasta conseguir una fina lámina (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Proceso de ablandado de la pasta en finas láminas (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Cai Lun entonces llevó a cabo varias pruebas con cáñamo, cortezas de árboles, trapos de tela y restos de redes de pesca. El aplicado funcionario trituró todos aquellos componentes y los sumergió en agua durante varios días, removiéndolos hasta que se ablandaron lo suficiente para evitar grumos que produjeran rugosidades no deseadas en la superficie. Una vez ablandado el material, lo trituró hasta conseguir una pasta que, una vez seca, extendió en capas muy finas que puso a secar al Sol. Según cuenta el historiador chino Fan Ye en un pasaje del Hou Hanshu, la historia oficial de la dinastía Han Oriental, Cai Lun «presentó el proceso al emperador en el primer año de Yuanxing y recibió elogios por su habilidad. Desde ese momento, el papel ha estado en uso en todas partes y es universalmente llamado el ‘papel del Señor Cai'».

EL LEGADO UNIVERSAL DE CAI LUN

Posteriormente, Cai Lun desarrolló varias formas de impermeabilizar este material para lo cual usó encolados a base de almidón de arroz, con lo que logró un efecto satinado que además protegía al papel de los parásitos y del paso del tiempo. Sin embargo, a pesar del éxito y del prestigio que le valió aquel revolucionario invento, Cai Lun tuvo un triste final. Tras la muerte del emperador He quedó vacante el trono imperial y hubo problemas sucesorios. Su viuda, la emperatriz Deng, para evitar traiciones ordenó que todo el séquito de su predecesor fuera encarcelado. Antes que tener que soportar aquella tremenda humillación, Cai Lun prefirió quitarse la vida ingiriendo veneno tras tomar un baño.

Cai Lun desarrolló varias formas de impermeabilizar el papel para lo cual usó encolados a base de almidón de arroz.

Proceso de secado del papel en la antigua China (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Pero el magnífico legado de Cai Lun no fue olvidado. De hecho se erigió un templo en su honor en la misma área de la ciudad donde cientos de familias se dedicaban a la fabricación del papel empleando su método y que se distribuía por toda China. En la actualidad Cai Lun es internacionalmente reconocido como el «padre» del papel tal como lo conocemos en la actualidad, un elemento de enorme importancia que se expandió rápidamente por todo el mundo y que, aun hoy en día, y a pesar del avance de las modernas tecnologías, parece tener asegurada una larga vida.

Imagen de portada: Posible retrato de Cai Lun representado en un sello emitido en 1962. Foto: CC

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic Historia. Por J.M.Sadurni. Actualizado Mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Biografías/Inventos/Curiosidades de la Historia.

Romances y dolor: la reveladora biografía de Alejandra Pizarnik.

Ya se encuentra en librerías libro Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito, de Cristina Piña y Patricia Venti. En el libro ahondan aspectos poco conocidos de la célebre poeta argentina, como la accidentada relación con un poeta colombiano. Todo en base a una gran cantidad de papeles, diarios, correspondencia, borradores que dejó la autora de El árbol de Diana. Una de las autoras habla con Culto sobre el volumen

De su puño y letra, el 22 de septiembre de 1963, Flora Alejandra Pizarnik, la joven poeta argentina que residía en París, por entonces La Meca de los escritores a nivel mundial, anota en su diario: “Sí, estoy encinta. De pronto, la idea de no reaccionar con miedos y llantos. Hacer lo que se necesita hacer con extrema seguridad y lucidez. Esto es una nueva trampa”.

La “trampa” se había ocasionado en una fiesta, en agosto anterior, donde había conocido a un sujeto a quien solo identifica como “un joven pintor italiano”. En su estilo dramático, la autora de Los trabajos y las noches lo relató así: “Se quedó fascinado el itálico mozo. Y tanto que no se despegó de mí —’oh si supieras cuánto te siento!’— me decía a cada momento con sus ojos en mis ojos, deseoso de que todo su dolorido sentir se asomara a su mirada húmeda”. La noticia del embarazo la sorprendió, por lo que comenzó a mover sus piezas.

El episodio, desconocido hasta ahora, se encuentra detallado en el libro Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito, de Cristina Piña y Patricia Venti, y que ya se encuentra en nuestro país publicado vía Lumen. El texto revisa la vida acontecida de una de las destacadas poetas allende Los Andes.

En rigor, es una versión ampliada de la biografía que Piña publicó en 1991, a la que se sumó el trabajo de la escritora y cineasta venezolana Patricia Venti. Ambas revisaron una importante cantidad de papeles, diarios, correspondencia, borradores, y cuadernos inéditos de la poeta, que se encontraban en la Biblioteca de la Universidad de Princeton. Además, se agregaron dos testimonios claves: el de la rama de la familia paterna residente en Francia, con quienes Alejandra residió entre 1960 y 1964; y el de su hermana mayor, Myriam.

Cristina Piña, escritora, traductora y una destacada crítica literaria argentina, se dio el tiempo para responder las preguntas de Culto. Comenta que de todo el ingente material que revisaron junto a Venti para esta edición, hubo dos cosas que la sorprendieron: “Las partes del diario y la correspondencia centradas en París, ya que daban una imagen totalmente diferente de la que se podía tener a través del testimonio de los amigos de Buenos Aires.

También en relación con ese mismo período, los datos aportados por la familia francesa con la cual vivió en diversos momentos de su experiencia parisina”.

¿Qué fue lo más dificultoso a la hora de trabajar este libro?

Articular todos los testimonios con el diario y la correspondencia, es decir hacer de todo ese gran material algo organizado, ordenado y legible, que diera una imagen lo más verdadera posible de Alejandra. Es decir, la organización de la gran cantidad de material recabado.

¿Cómo fue la experiencia de hablar con su hermana Myriam y revisar los archivos que se encuentran en la Universidad de Princeton?

Las conversaciones con Myriam fueron de una gran riqueza, porque su hermana se abrió totalmente y dio todos los datos posibles sobre Alejandra. Fue fundamental para reconstruir tanto la atmósfera del hogar y la personalidad de los padres como de la misma Alejandra en su infancia y su adolescencia. Fue importantísimo y de una gran utilidad.

Ustedes hablan de que en la personalidad de Alejandra Pizarnik había un costado “bastante infantil”. ¿De qué manera ese rasgo la acompañó en su vida?

Toda su vida lo mantuvo en los celos que experimentaba por sus amigos; en la búsqueda de relaciones absolutamente excluyentes y centradas por completo en ella; en su humor que se fue agudizando con los años; en su curiosidad constante ante cualquier elemento o personaje nuevo; en el establecimiento de relaciones en las que atribuía rasgos materno o paternos a amigos y psicoanalistas; en su inutilidad para las tareas de la vida cotidiana; en su desentendimiento de responsabilidades que fueran más allá de la consagración a la escritura; en su desconocimiento de los horarios propios y de los amigos a los que podía despertar a las 4 de la mañana para hablar.

Cristina Piña. Foto: German Garcia Adrasti.

Un amor violento

Uno de los puntos reveladores de la biografía, es el intenso romance que Pizarnik tuvo con el poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, desconocido para el público, pero muy citado a las autoras por sus cercanos. 

“Hubo un enamoramiento profundo, al menos de Alejandra por Gaitán Durán, que en el caso del testimonio de su hermana Myriam se confirma con la afirmación de que con este poeta Alejandra habría fantaseado con casarse”, se indica en la biografía. Sin embargo, el romance terminó de manera trágica el 23 de junio de 1962, con un accidente aéreo que le costó la vida a Gaitán.

El hecho la destrozó. “Tenía 35 años, era muy bello e hicimos antes de su partida, planes maravillosos y posibles que me hubieran sacado de mi miseria. Su muerte me afectó enormemente”, le escribió a León Ostrov, su antiguo sicoanalista. Incluso, a Gaitán le dedicó su poema Memoria, incluido en Los trabajos y las noches (1965).

Eso sí, Pizarnik, como se indica en la biografía y se desprende de sus diarios, era bisexual. Por eso, Piña aclara que Gaitán fue uno de sus grandes romances, mas no el único. “Con un hombre sin duda. Pero sabemos que Alejandra era bisexual y por lo menos sintió un gran amor por una mujer”, explica Piña.

Otro episodio desconocido es lo que Pizarnik realizó en París tras notar su embarazo. El 30 de septiembre de 1963, según se indica en la biografía, y acompañada de su amiga Marie Jeanne, se realizó un aborto. “Lloré todo el día. Lloré por mí. Ahora comprendo por qué no lloré hasta hoy”, anotó en su diario.

Además, en la biografía se habla de la enfermedad mental de la poeta, de la cual, hasta hoy no se sabe exactamente cuál fue. 

¿Por qué? Piña lo explica: “No hay un diagnóstico preciso porque dos de sus psicoanalistas murieron, el hospital Saint Anne de París —donde suponemos que estuvo internada o que se trató por las anotaciones que aparecen en sus diarios— a los diez años de muertos los pacientes se deshacen de todos los papeles vinculados con ellos y porque el único psicoanalista que vive, hasta hoy se niega a dar un diagnóstico que considera que es algo privado entre paciente y analista”.

¿Considera que su obra ha obtenido el reconocimiento que merece?

Sí. Alejandra ha sido traducida no sólo a los principales idiomas sino a otros menos comunes como el esloveno y hay trabajos, artículos, tesis y libros en diversos países del mundo, al margen de que se la sigue estudiando en universidades de toda Europa y América.

Pizarnik debutó con La tierra más ajena, aunque luego se distanció un poco de ese libro, y El árbol de Diana la consagró. Habiendo estudiado su vida, ¿cuál creen ustedes que fueron los libros –para ella– imprescindibles de su obra?

Sin duda El árbol de Diana. Cuál estaría en segundo lugar no es tan seguro, ya que habla muy poco de su producción publicada en sus papeles, correspondencia y diarios.  Pero como le valió el Primer Premio Municipal de poesía podría ser Los trabajos y las noches si bien le merecía atención especial Extracción de la piedra de locura donde desarrolla algo que le interesaba mucho: el poema en prosa extenso.

Imagen de portada: Gentileza de Lumen

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera. Cultura. Por Pablo Retamal.Mayo 2022

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