Cómo no vamos a odiar Nueva York.

De un salto, Federico García Lorca abandonó el puente del transatlántico Olimpic para poner los dos pies en el puerto de Nueva York

Tras un ajetreado viaje desde Southampton, el poeta elevaba la vista hacia la incipiente masa de rascacielos neoyorquinos. Desconocemos si en ese momento se topó por primera vez con las famosas cuatro columnas de cieno que ilustran uno de sus poemas más ingeniosos, pero sí sabemos que a partir de entonces Lorca se vería engullido por una ciudad que acabó por asquearlo, que le repugnó hasta límites que nunca llegó a imaginar. 

Paradójicamente, ese choque trajo consigo una fecunda creatividad, y tras ella uno de los poemarios más extraordinarios de la literatura universal: Poeta en Nueva York

Se percibe ese desasosiego lorquiano en aquellos versos: la deshumanizada industria americana, la muerte y el miedo asociados al ultraliberalismo del crac, el hambre y la precariedad unidos al lujo y el fasto en la ciudad de los contrastes. 

Al llegar a Cuba, meses más tarde, Lorca sintió que huía de un agujero infecto.

Cabe pensar en lo distinta que es aquella percepción lorquiana de la fascinación ridícula que la ciudad norteamericana genera en la Europa decadente que hoy nos cobija. 

Sólo hay que ver cómo se pasean por allí políticos de todo signo, haciéndonos creer que los problemas en materia de igualdad de género o los bloqueos económicos del país dependen de cuatro reuniones con funcionarios estadounidenses de tercera división. Nada de eso. La única misión que persiguen es mostrarle al españolito cosmopaleto que nuestra Españita tiene repercusión en ese mundo futurista y anhelado, que la Arcadia del siglo XXI les hace un hueco a nuestros alcaldes y ministros: fíjate qué influyentes son esos a los que votamos, que se pasean por una película de Woody Allen

Faltan las calabazas de Annie Hall para dejar anestesiado por completo al votante.

En fin, vivimos en el mundo de la imagen, de la apariencia. Tanto da si nuestro futuro no pinta un carajo allí donde deben importar las cosas, lo necesario es proyectar esa imagen de consideración global en el extranjero sobre el paisano que dentro de unos cuantos meses introducirá el sobrecito en la urna. 

El asesor político de turno tiene muy localizado a ese hombre de Cuenca o de Segovia que le hace más caso a la columna que una vez al año escribe sobre España un redactor semianalfabeto del Washington Post que a lo que realmente ocurre al otro lado de la calle. 

Tiene muy localizado al modernito woke de Malasaña o de Gràcia a los que les bastará una palabra del New Yorker para sanar sus turbias conciencias.

Mi consejo en este punto es que no se dejen engañar por los tambores neoyorquinos, como no se dejó engañar Lorca, y hagan caso a lo que hizo caso el poeta: a la tierra, a la cotidianeidad de nuestro mundo. Los problemas están aquí, en el barrio, en el campo, en el pueblo, a dos metros de su casa. Dejémosles Nueva York a los poetas.

Imagen de portada: Time Square en New York.

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Carlos Mayoral. 7 de julio 2022

Sociedad y Cultura/EE.UU./New York/Capitalismo/Medios de comunicación/ Política/»La obsolencia de la cuna de la Democracia»/Crítica

Es el algoritmo, estúpido…

Hoy se escucha hablar todo el tiempo de una palabra que antes era solamente campo de la matemática: el algoritmo. En muchas charlas de café un apasionado interlocutor nos explica que el algoritmo sabe todo de nosotros. Parecen querer decirnos: “es el algoritmo, estúpido”. Ya no podemos decir que no sabemos de qué se trata aunque no entendamos nada.

Y nos hacen una prueba, nos dicen que saquemos el celular y pidamos un auto en alguna aplicación, todos la misma, todos al mismo lugar, y veamos si el precio es el mismo. No es así, el algoritmo pone precios diferentes. El algoritmo se ha sofisticado, no depende solamente de la oferta, de la cantidad de autos disponibles en la zona sino que se ha especializado en la demanda: saben de ese lugar, cuánto dinero tenemos en nuestro bolsillo, cuánta desesperación en llegar. ¿Cómo logran saber cuestiones que quizás nosotros no tenemos tan claras? ¿Cuál es el costo de una sociedad sin intimidad?

El algoritmo está acostumbrado a manejar millones de datos, información diversa que interpreta y analiza pero más allá de sus cualidades de “Big Data”, la ventaja que realmente tiene es que lo queremos mucho, dependemos mucho de él, le confiamos todos nuestros secretos y cada vez más hacemos pasar por ahí nuestra vida. El algoritmo sabe de nosotros. Se graba en una “caja negra” todas nuestras búsquedas, todas las páginas en internet, los lugares donde estamos, y estaremos el fin de semana y en las vacaciones. Y nos hace ofrecimientos, tiene deferencia por nuestro nivel económico, por nuestras preferencias, por nuestros secretos pero se aprovecha de ellos para que no le digamos que no, siempre hay otros mirando en este momento nuestra oferta y nos amenaza con perder las oportunidades.

El algoritmo conoce al que pide el servicio como al que lo ofrece. Lo único que podemos hacer los seres humanos es, como a los padres que todo lo saben, hacerle trampa. Los trabajadores de autos en Washington en la entrada del aeropuerto apagan el celular al mismo tiempo para que se eleven los precios antes que llegue el horario de llegada de los aviones.

El algoritmo está en nuestro querido celular, muchos pensamos que el celular nos pertenece pero no hay nada menos personal. Allí se esconde un tipo de sociedad, que es del conocimiento, de un sistema de poder sostenido en una ¿ideología algorítmica neutral? Cada vez más el celular necesita pegotearse en tu carne, te pide un patrón, la huella del dedo, realiza tu reconocimiento facial y necesita sí o sí que ligues tu cuenta de gmail, a tu ubicación autenticada y a una tarjeta de crédito. Y con esto ya está, perdiste mucho más que la intimidad, saben no solamente lo que compraste sino lo que comprarás durante este mes. Van complejizando variables, identifican lo que buscás y lo diferencian de lo que deseás y en esa diferencia crean la ilusión de que la búsqueda de lo que deseás está en manos de tu emprendimiento, de tu voluntad.

Algunos se asustan y piden volver al tiempo pre algoritmo pero hoy pareciera tan posible extirparlo como vivir sin pulmones. Aunque su derrotero pareciera inalterable, es necesario abrir debates acerca de sus evidentes consecuencias. Una de las preguntas es si las tecnologías del algoritmo y del tiempo “real” podrán ser utilizadas para el bien común.

Una de las primeras limitaciones es conocida: estas tecnologías están controladas por dos grandes “megasuper corporaciones” que dominan las plataformas y determinan los senderos y sobre todo censuran los caminos alternativos. Mientras que el acceso al conocimiento esté limitado a pocas corporaciones, resultará complicado abrir el juego a nuevos participantes. Esas corporaciones tienen ideología y marcan a fuego la perspectiva de la humanidad sostenida en un horizonte totalitario y homogeneizador. Crean un tipo de subjetividad, una sociedad de supuestos emprendedores que nos hace sentir que de cada uno y cada una depende el éxito y el fracaso. Por convergencias y reiteraciones, sectorizando esos diferentes deseos, el algoritmo podría realizar la correlación entre la compra de un determinado champú con las decisiones que tomaremos en las próximas elecciones.

Hasta comienzos del siglo XXI, a las corporaciones les importaba tu cerebro, cómo mantenerlo con vida dándole lo menos posible, les interesaba qué porcentaje de la torta se podían quedar sin crear una revuelta tal que creara un cambio en las reglas de juego, hoy con las redes en tiempo real, las corporaciones se animan a más porque pueden crear la idea de que la política es una idea pasada de moda y que todos los políticos son la misma cosa, ya sea de derecha o de izquierda y que finalmente, lo único que puede salvarte sos vos mismo, en el supremo esfuerzo de hacer lo que mejor puedas.

Una sociedad individualista que te muestra miles de ejemplos de personas que se han vuelto millonarias por el simple manejo del “simplemente hazlo”, ese hashtag de una conocida empresa de zapatillas que te dispara el cerebro a la estratosfera diciéndote que si no conseguís más, será porque no lo has deseado con la tenacidad del que logra lo que se propone. Ya no se trata de la lucha por una sociedad que te facilite un acceso a mayores niveles de igualdad y distribución de la riqueza sino de las limitaciones de la psicología de tu deseo.

Nos convertimos entonces en una sociedad de frustrados que miran con envidiosa penuria a algunos que logran lo que nosotros no. No hay que quedarse, hay que seguir. Los ejemplos sobran, en el medio de la metrópoli, la sociedad norteamericana toma antidepresivos como galletitas en el desayuno antes de salir a su vida laboral. Hoy se trata de mantenerse activo.

El algoritmo quiere conocer tus movimientos en el fondo de tu bolsillo y anticipar tus próximos movimientos. La del bolsillo es una metáfora anacrónica, porque nadie que tiene dinero lo lleva en el bolsillo, miran tus cuentas bancarias, tus movimientos por la ciudad, tus repeticiones de compras en el súper, tus miradas a páginas deseando algo, tus llamadas a otros a través de redes sociales y sobre todo miran el uso de tus aplicaciones. Te acercan el taxi que necesitas para llegar, la comida para la noche, la serie que seguramente estás esperando, la frase que tenés que decir para la ocasión, la aplicación que necesitás para no olvidarte las claves para entrar a las diferentes cuentas.

Pero todo esto tiene un costo. El “pequeño” costo que no dicen ni aún con letritas pequeñas en el fondo del “acepto término y condiciones”. Ese costo es daño colateral, además de la ideología que transmiten en su masividad y las anticipaciones de nuestras próximas jugadas, el daño es la construcción de subjetividades cada vez menos cuestionadoras de lo que la sociedad hace de nosotros.

Imagen de portada: Gentileza de Página12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Argentina. Por Martín Smud*psicoanalista y escritor. Mayo 2022.

Sociedad/Capitalismo/Tecnología

 

 

 

 

El nuevo pronóstico de Bill Gates acerca del futuro y el metaverso.

Como se sabe, Microsoft trabajando en la creación de un metaverso donde los usuarios podrán asistir a reuniones laborales mediante avatares personalizados, sin necesidad de presencia física. Gates habló al respecto en su blog.

Si deseas conocer más sobre esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Bill Gates volvió a dar orientaciones de lo que vendrá, a partir de una nueva publicación de su blog. El cofundador de Microsoft reflexionó sobre el futuro del teletrabajo y sobre cómo podría cambiar su formato con el desarrollo del metaverso. 

«Con la pandemia del coronavirus, la presencia en el lugar de trabajo y el proceso en sí mismo «han revolucionado», al punto de que cada vez son más las empresas que, aunque antes nunca ofrecieron esa flexibilidad a sus empleados, optan ahora por trabajar a distancia», evalúa Rt

«Estos cambios no harán más que intensificarse en los próximos años», consideró Gates, agregando que el teletrabajo irá atrayendo a más y más trabajadores al metaverso. 

«Dentro de los próximos dos o tres años, predigo que la mayoría de las reuniones virtuales pasarán de las cuadrículas de imágenes de cámaras 2D […] al metaverso, un espacio 3D con avatares digitales»  

El multimillonario reconoció, no obstante, que el trabajo a distancia hace que se pierda la interacción espontánea entre colegas.

«En el salón de tu casa no vas a tener exactamente una conversación no planificada con un colega sobre tu última reunión», explicó. A pesar de esto dijo que el metaverso permitirá replicar en casa esa experiencia, utilizando el avatar en 3D para reunirse con las personas en un espacio virtual que reproduciría la sensación de estar con ellas en un mismo lugar.

Como se sabe, la compañía Microsoft, cuya junta directiva abandonó Gates en 2020, ya trabaja «en la creación de un metaverso orientado al terreno laboral, donde los usuarios podrán asistir a reuniones de trabajo por medio de avatares personalizados, sin necesidad de hacerlo físicamente. A principios de noviembre, la compañía anunció un plan para introducir herramientas de realidad virtual y realidad aumentada en su servicio Teams de videoconferencias y trabajo en equipo», cierra la agencia. 

Mark Zuckerberg, por cierto, también trabaja fuerte en el metaverso, para Facebook. 

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Mdz mundo online. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Capitalismo/Metaverso/Bill Gates/Mark Zuckerberg/ Microsoft/Pensamiento critíco.

La condición que comparten Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates y Warren Buffett, y que los ayudó a hacerse ricos.

Cuatro de los hombres más ricos del mundo comparten una condición, no menor, que los ayudó a ser ricos y que rompe un poco el mito de los multimillonarios surgidos de la nada.

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Cuatro de los hombres más ricos del mundo comparten una condición, no menor, que los ayudó a ser ricos y que rompe un poco el mito de los multimillonarios surgidos de la nada. Hablamos de Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates y Warren Buffett.

“Mucho se ha escrito sobre los secretos del éxito de los multimillonarios. Trabajan duro, trabajan muchas horas, toman riesgos, se levantan antes del amanecer. 

Sin embargo, por muy bueno que sea ese consejo, hay mucha gente que trabaja duro y durante mucho tiempo pero que apenas sobreviven”, afirmó la publicación de INC antes de dar a conocer el punto en común que resultó una de las claves del éxito de estos empresarios.

Elon Musk

Ninguno de ellos hizo realmente su fortuna sin algo de ayuda de sus familias. Elon Musk, el empresario estadounidense fundador de Tesla y SpaceX, posee el título de la persona más rica del mundo. Pero ya era alguien potencialmente adinerado: su padre era dueño de una rentable mina de esmeraldas y un rico promotor inmobiliario en Sudáfrica.

Jeff Bezos

Su principal competidor por el título de la mayor fortuna, Jeff Bezos, recibió una ayuda de u$s300.000 de parte de sus padres para que pudiera comenzar su negocio y transformarse en el hacedor de Amazon.

Bill Gates

Bill Gates de hecho ya era rico antes de fundar Microsoft. Sus padres tenían una módica fortuna y conexiones con IBM, la compañía a la que destronó su hijo.

Gentileza: El Economista. Por su parte, el padre de Warren Buffett había sido un inversor de gran éxito y cuatro veces congresista.

Es decir, los cuatro ya tenían un patrimonio que los apalancó, o vínculos empresariales y políticos que allanaron el camino al éxito. Por supuesto, hay un gran mérito en tomar esa «herencia» y ponerla en funcionamiento.

“Estos tipos obviamente jugaron bien sus cartas, pero al principio se les repartió una mano muy fuerte y tuvieron suerte cuando jugaron nuevas cartas, probablemente porque la baraja con la que estaban jugando ya estaba apilada a su favor”, remarcó la publicación de INC tras la reseña.

“Mira, el espíritu empresarial es genial, pero no es una solución para la pobreza. El espíritu empresarial es un camino a seguir para aquellos de nosotros lo suficientemente afortunados de tener una formación que puede proporcionar el apoyo para desarrollar las habilidades y el capital necesarios para iniciar un negocio”, planteó. Y cuestionó: “¿Hay algunas personas muy pobres que han tenido éxito e incluso son ricas? Claro, pero esos ejemplos son por definición excepcionales”.

En ese contexto, se concluye con una reflexión al respecto: “Si eres un emprendedor exitoso, siéntete orgulloso de tus logros, pero no conviertas tu éxito en un club con el que golpear a los menos afortunados. No es un buen look; te hace parecer pequeño y mezquino. Y detente con el mito del ‘hecho a ti mismo´. Es una tontería y lo sabes”.

La lista de los 10 hombres más ricos del mundo

  1. Elon Musk: u$s 362.000 millones
  2. Jeff Bezos: u$s 192.000 millones
  3. Bernard Arnault: u$s 167.000 millones
  4. Bill Gates: u$s 137.000 millones
  5. Larry Page: u$s 129.000 millones
  6. Sergey Brin: u$s 125.000 millones
  7. Mark Zuckerberg: u$s 122.000 millones
  8. Steve Ballmer: u$s 119.000 millones
  9. Larry Ellison: u$s 116.000 millones
  10. Warren Buffet: u$s 105.000 millones

Imagen de portada: Gentileza de Ámbito

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito – Negocios. Noviembre 2021

Sociedad/Capitalismo/Grandes fortunas/Denominados común

 

Ida Tarbell, la mujer que enfrentó a Rockefeller y le puso freno al titán del petróleo. Parte I

«Ni una palabra», le dijo John D. Rockefeller Sr. a sus subordinados. «Ni una palabra sobre esa mujer descarriada».

La orden la dio en los primeros años del siglo XX, cuando ya era un hombre inconcebiblemente rico, quizás el más rico que haya existido jamás -aunque eso es difícil de establecer-, e indudablemente uno de los héroes de un país cuya leyenda sostenía que hasta aquellos de orígenes modestos tenían el triunfo al alcance de sus manos.

Hijo de un padre semipresente, estafador y bígamo y una madre baptista devota, desde muy joven Rockefeller tuvo una férrea determinación de ganar dinero.

Era también uno de los «barones ladrones», una etiqueta que surgió de una furiosa editorial del diario The New York Times de 1859 criticando a Cornelius Vanderbilt por los métodos de los que se valió para controlar la lucrativa ruta marítima a California a través de América Central.

Si deseas ampliar tus conocimientos: por favor cliquea en los párrafos escritos en «negrita». Muchas gracias.

Lo que para el diario era condenable, para un puñado de la siguiente generación de empresarios, como Rockefeller, Andrew Carnegie (acero) y William Randolph Hearst (prensa), era más bien un ejemplo de lo que se podía hacer si se ignoraban las viejas reglas y se creaban unas propias, como explica el historiador Adam I.P. Smith en el artículo «The rise of the Robber Barons» de BBC History.

Tras la abolición de la esclavitud después de la Guerra Civil estadounidense, los llamados barones ladrones se beneficiaron de una de las revoluciones más profundas en la experiencia humana: la transición de una sociedad en la que la mayoría de la gente trabajaba por cuenta propia o en alguna forma de trabajo no libre, a una en la que la mayoría trabajaba por un salario.

Algo que todos tenían en común era que ganaban dinero con la implacable lógica de las economías de escala. Al expulsar a la competencia, controlar las cadenas de suministro y distribución y mantener los salarios lo más bajos posible, los barones ladrones redujeron los costos sin piedad.

Caricatura política contra los barones ladrones Cyrus Field, Jay Gould, Cornelius Vanderbilt y Russell Sage, 1883. Los trabajadores luchan para sostener las industrias de la madera, el papel y el lino con trabajos de bajo salario.

FUENTE DE LA IMAGEN –  GETTY IMAGES

Caricatura política contra 4 barones ladrones, 1883. Los trabajadores luchan para sostener las industrias de la madera, el papel y el lino con trabajos de bajo salario.

Eran los explotadores, no los inventores: tomaban operaciones a pequeña escala y las ampliaban y luego las volvían a agrandar.

El tamaño lo era todo, algo de lo que se dio cuenta Rockefeller: una gran refinería de petróleo era mucho más eficiente que 20 pequeñas.

Esa molesta sustancia

El negocio que hizo fabulosamente rico a Rockefeller era relativamente nuevo.

Por mucho tiempo, el petróleo había sido una sustancia molesta y maloliente con la que se topaban quienes perforaban los suelos en busca de agua salada para producir sal.

Hasta deshacerse de ella era difícil pues se encendía con facilidad, algo que sabían muy bien los primeros exploradores del noroeste de Pensilvania quienes hallaron manantiales y arroyos cubiertos de ese aceite espeso que ardía ferozmente.

El único uso que tenía era como medicina: los indígenas creían que tenía propiedades curativas y algunos de los que llegaron a sus tierras empezaron a embotellarlo; a mediados del siglo XIX se vendía como la panacea para todo tipo de dolencias.

Y se vendía bien… muy bien.

"Petrolina: el gran ungüento curativo de la naturaleza, vendido por boticarios".

FUENTE DE LA IMAGEN –  GETTY IMAGES

«Petrolina: el gran ungüento curativo de la naturaleza, vendido por boticarios». 

Otros remedios de petróleo no se untaban… se tomaban.

No obstante, hubo quienes intuyeron que su potencial era mayor. Se sabía que a veces se utilizaba como lubricante y que podía reemplazar el aceite de ballena en las lámparas, pero su uso extendido se veía impedido por las impurezas, que lo hacían peligroso.

De poder superar ese obstáculo, las ventas se multiplicarán exponencialmente… pero para satisfacerlas había que hallar fuentes abundantes de petróleo.

Así que mientras los laboratorios encontraban formas de refinarlo, en 1958, un hombre llamado Edwin Drake fue contratado por la recién formada compañía Seneca Oil para buscar la cada vez más preciada sustancia.

En un bosque de Pensilvania, a las afueras de un pequeño pueblo llamado Titusville, Drake instaló una turbina de vapor y comenzó a perforar un agujero.

Tras un año de intentarlo, finalmente encontró lo que llegaría a llamarse oro negro, y desató un frenesí, transformando una zona que hasta entonces había sido pasada por alto por las grandes olas de migraciones por ser demasiado accidentada y hostil.

Golpe a la prosperidad

Cuando Rockefeller diseñó su estrategia para tomar por asalto la industria del petróleo, «esa mujer» tenía 15 años.

Drake Well, Pensilvania. Edwin Laurentine 'Coronel' Drake (1819-1880) el primero en perforar en busca de petróleo, con sombrero de copa en el centro de la imagen.

FUENTE DE LA IMAGEN –  GETTY IMAGES

Drake Well, Pensilvania. Edwin Laurentine ‘Coronel’ Drake (1819-1880) el primero en perforar en busca de petróleo, con sombrero de copa en el centro de la imagen.

Se llamaba Ida Minerva Tarbell y había nacido en la misma región que el flamante negocio.

Su padre, Frank, había pasado años construyendo tanques de almacenamiento de petróleo, pero comenzó a prosperar cuando se cambió a la producción y refinación de petróleo.

La familia empezó a disfrutar de «lujos de los que nunca habíamos oído hablar», escribió más tarde, y Titusville, así como las áreas circundantes en Oil Creek Valley «se habían convertido en una industria organizada» a la que se le auguraba «un futuro espléndido».

Pero, de repente, «esta ciudad alegre y próspera recibió un golpe», que llegó en la forma de una corporación cuyo nombre prometía bondades -La compañía del mejoramiento del Sur (South Improvement Company)-, pero que provocó sinsabores que se llevaron apelativos menos favorables, como «la guerra del petróleo» y la Masacre de Cleveland.

Sucedió en 1872, cuando Rockefeller ya era empresario exitoso, aunque poco conocido, de Cleveland, que se había convertido en el centro de refinación de petróleo de Estados Unidos. Standard Oil, su corporación, controlaba el 10% de la capacidad de refinación del país.

Rockefeller a los 35 años.

FUENTE DE LA IMAGEN –  GETTY IMAGES – Rockefeller a los 35 años.

Desde que había brotado petróleo del pozo de Drake, tantos se habían metido en el negocio que la industria del crudo adolece de desorden e ineficacia.

Pero él creía tener el remedio.

La guerra

La Compañía de Mejoramiento del Sur había sido creada por las grandes ferroviarias que transportaban el petróleo y que estaban ansiosas por ponerle fin a la guerra de tarifas que se había desatado por su feroz competencia.

Como el otro objetivo era limitar la producción de petróleo refinado, pues el país tenía ya una capacidad de refinación dos veces y media más grande que el mercado, incluyeron compañías petroleras.

La idea era que cada empresa de ferrocarriles recibiera envíos regulares de petróleo en una proporción garantizada.

Las casas de comercio de Nueva York también comprarían el petróleo a tarifas fijas, lo que les daría estabilidad y ganancias consistentes en las ventas de la Costa Este y en el extranjero.

Las refinerías participantes recibirían reembolsos en sus envíos de petróleo a cambio de un volumen garantizado (lo que implicaba que las otras tendrían que pagar más por el transporte).

Todos (los que formaban parte del pacto) se beneficiarían…

Mapa del noroeste de Pensilvania, que muestra la región petrolera con los ferrocarriles en 1859, cuando se 'descubrió' petróleo, y las líneas construidas entre 1860 y 1872.

Mapa del noroeste de Pensilvania, que muestra la región petrolera con los ferrocarriles en 1859, cuando se ‘descubrió’ petróleo, y las líneas construidas entre 1860 y 1872.

La furia se desató. Hubo disturbios en los campos petrolíferos, miles de personas enardecidas se tomaron la Ópera de Titusville, saboteadores asaltaron envíos de Standard Oil y destruyeron vías de ferrocarril, los tachados de traidores fueron asaltados por las turbas y golpeados, Rockefeller fue amenazado.

A los pocos meses de fundada, el estado de Pensilvania revocó el estatuto de la Compañía de Mejoramiento del Sur.

Pero Rockefeller no estaba derrotado.

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Extra

FUENTE:BBC News Extra