Isabel del Valle, la «novia eterna» de Carlos Gardel.

“Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”, dice uno de los versos de «Volver», uno de los tangos que consagraron a Carlos Gardel como figura indiscutible de la música rioplatense. Así fue también como vivió Isabel del Valle, la “novia eterna” del Morocho del Abasto.

“Isabelita”, como Gardel la llamaba, era una niña de 14 años cuando conoció al «Mago» que, en aquel entonces, finales de 1920, tenía al menos 30 años: una historia inconcebible en el mundo actual pero que en los años 20 del siglo pasado floreció en las calles de Buenos Aires, a pesar de las reticencias iniciales de la familia de la adolescente. 

La relación comenzó cuando Gardel empezó a frecuentar la casa familiar de los Martínez del Valle, un matrimonio gallego afincado en Buenos Aires, como tantos en aquella época, para deleitarse con el delicioso arroz a la valenciana que la matriarca cocinaba manteniendo la tradición de la cocina española.

Esta, junto a otro puñado de anécdotas surgidas de los recuerdos de Isabel del Valle, son recogidas ahora en un libro impulsado por Mario Fattori, uno de los nietos de la mujer que rehízo su vida en Uruguay tras el accidente en el que el «Zorzal Criollo» perdió la vida en junio de 1935. 

En diálogo con EFE, Fattori afirma que el libro surgió como un homenaje a su abuela al cumplirse 100 años del comienzo de la relación entre la “papusa” (hermosa en lunfardo), como Gardel apodó a Del Valle, y su “viejo”, como el rey del tango firmaba las misivas para su “novia”.

“Cuando falleció Gardel, ella se vino a Uruguay para alejarse de los recuerdos que le traía Buenos Aires, todo le recordaba a Carlos”, explica Fattori en base a los cuentos que su abuela le hacía cuando él era niño y adolescente. Ni siquiera la familia que construyó en Uruguay, con hijos y nietos, logró borrar el recuerdo de los años compartidos con el referente de la música popular. Cuenta Fattori en el libro que todas las tardes su abuela escuchaba a “su Gardelito” en su radio portátil.

El libro Isabel del Valle: La novia eterna de Carlos Gardel recopila materiales del archivo familiar de Fattori y relata “esos pequeños detalles que capaz no todo el mundo sabe”. 

Como por qué Gardel no tuvo hijos, debido a una enfermedad que padeció de niño, o por qué Isabel del Valle y el músico nacionalizado argentino no se casaron. 

“Siempre se posponía por una cosa o por otra, pero Gardel le prometió muchas veces casamiento a la abuela. Siempre cuando venga de tal gira o de tal trabajo. Siempre él estaba ocupado con su profesión”, explica Fattori en alusión a las argumentaciones que usaba Gardel para no consolidar su vínculo. “Gardel tuvo muchas novias. Sí, tuvo aventuras, otros amoríos, pero la abuela fue la que le duró más de 12 años y era la que él presentaba en público, la que lo acompañaba a las giras, era su novia oficial”, esgrime Fattori, quien dice que el libro “no intenta ni se propuso ser una investigación periodística”.

La publicación contó con la colaboración del escritor Alfredo Mazzei, quien llegó a conocer a Isabel del Valle en 1984 en Pando (sur del país), una localidad uruguaya donde residió la mujer inmortalizada en la publicación y donde aún viven algunos de sus descendientes. 

Para Mazzei, autor de los textos, el libro “transmite una serie de sentimientos del nieto por su abuela” y también los detalles de esa historia “que, sea como sea, es casi mítica” entre Gardel y Del Valle.

Si bien Isabel y Carlos se dejaron de ver dos años antes del accidente aéreo en Medellín (Colombia) del que esta semana se cumplen 87 años, la prensa de la época titulaba, como atesoran los recortes de prensa que Fattori conserva: “Un corazón de mujer vive hoy la tragedia de muchos corazones”, en alusión a la conmoción que recorrió América al perder a uno de sus artistas más emblemáticos.

Imagen de portada: EFE

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. 27 de junio 2022

Sociedad y Cultura/Argentina/Tango/Carlos Gardel

Alfredo Lepera: 5 canciones únicas

Lepera es uno de los grandes poetas del tango.

Instrucciones para recordar los 24 de junio de cualquier año:

Sin Amargura pero en plena Evocación, ir por el Caminito soleado En los campos en flor, Cuesta abajo y en Silencio. Aprovechar un poco del Sol Tropical en la Mañanita de Sol, comerte quizás una Criollita (decí que sí) en Soledad y Volver a pensar en los Viejos Tiempos.

Confiar siempre en el viento (porque oye tu lamento) y aunque sea dolor cuando no está, saber que ríe la vida si sus ojos negros te quieren mirar.

Último paso: Recordar siempre a Alfredo Le Pera, el gran poeta del tango.

Por eso va un Top 5 caprichoso de sus mejores letras.

Si deseas escuchar estos grandes temas de música ciudadana; cliquea en cada enlace. Muchas gracias.

5- CARRILLÓN DE LA MERCED

Yo no sé por qué extraña

razón te encontré,

Carrillón de Santiago

que está en la Merced,

con tu voz inmutable,

la voz de mi andar,

de viajero incurable

que quiere olvidar.

Milagro peregrino

que un llanto combinó.

Tu canto, como yo,

se cansa de vivir

y rueda sin saber

dónde morir…

Penetraste el secreto

de mi corazón,

porque oyendo tu son

la nombré sin querer.

Y es así como hoy sabes

quién era y quién fue,

¡la que busco llorando

y… que no encontraré!

Mi vieja confidencia

te dejo, Carillón.

Se queda en un tañir,

y al volver a partir

me llevo tu emoción

como un adiós.

Edmundo Rivero – Carillón de la Merced (con orq. Héctor Stamponi)

4- SUERTE NEGRA

Dicen que jurar en vano

es maldad que se castiga,

pero en su pecho inhumano

hay crueldad y me mintió.

Con su sonrisa más fina

me dijo: «Te quiero yo»,

y una noche de neblina

con un viejo se fugó.

Ayer me fui al cementerio

con mi pena a terminar,

pero yo soy de suerte tan negra

que no quisieron dejarme entrar.

Carlos Gardel – Suerte Negra. Tangocity.com

3- AMARGURA

Me persigue implacable

su boca que reía,

acecha mis insomnios

ese recuerdo cruel,

mis propios ojos vieron

cómo ella le ofrecía

el beso de sus labios

rojos como un clavel.

Un viento de locura

atravesó mi mente,

deshecho de amargura

yo me quise vengar,

mis manos se crisparon,

mi pecho las contuvo,

su boca que reía

yo no pude matar.

Fue su amor de un día

toda mi fortuna,

conté mi alegría

a los campos y a la luna.

Por quererla tanto,

por confiar en ella,

hoy hay en mi huella

sólo llanto y mi dolor.

Doliente y abatido

mi vieja herida sangra.

Bebamos otro trago

que yo quiero olvidar,

pero estas penas hondas

de amor y desengaño

como las yerbas malas

son duras de arrancar.

Del fondo de mi copa

su imagen me obsesiona,

es como una condena

su risa siempre igual,

coqueta y despiadada

su boca me encadena,

se burla hasta la muerte

la ingrata en el cristal.

Amargura

2- CUANDO TU NO ESTÁS

Solo en la ruta de mi destino

sin el amparo de tu mirar,

soy como un ave que en el camino

rompió las cuerdas de su cantar.

Nace la aurora resplandeciente,

clara mañana, bello rosal,

brilla la estrella, canta la fuente,

ríe la vida, porque tú estás.

Cuando no estás la flor no perfuma,

si tú te vas, me envuelve la bruma;

el zorzal, la fuente y las estrellas

pierden para mí su seducción.

Cuando no estás muere mi esperanza,

si tú te vas se va mi ilusión.

Oye mi lamento, que confío al viento,

todo es dolor cuando tú no estás.

Cuando tu no estas (Gardel) – Roberto Goyeneche

1- EL DÍA QUE ME QUIERAS

Acaricia mi ensueño

el suave murmullo de tu suspirar,

¡como ríe la vida

si tus ojos negros me quieren mirar!

Y si es mío el amparo

de tu risa leve que es como un cantar,

ella aquieta mi herida,

¡todo, todo se olvida..!

El día que me quieras

la rosa que engalana

se vestirá de fiesta

con su mejor color.

Al viento las campanas

dirán que ya eres mía

y locas las fontanas

me contarán tu amor.

La noche que me quieras

desde el azul del cielo,

las estrellas celosas

nos mirarán pasar

y un rayo misterioso

hará nido en tu pelo,

luciérnaga curiosa

que verá…¡que eres mi consuelo..!

Recitado:

El día que me quieras

no habrá más que armonías,

será clara la aurora

y alegre el manantial.

Traerá quieta la brisa

rumor de melodías

y nos darán las fuentes

su canto de cristal.

El día que me quieras

endulzará sus cuerdas

el pájaro cantor,

florecerá la vida,

no existirá el dolor…

La noche que me quieras

desde el azul del cielo,

las estrellas celosas

nos mirarán pasar

y un rayo misterioso

hará nido en tu pelo,

luciérnaga curiosa

que verá… ¡que eres mi consuelo!

El dia que me quieras – Mercedes Sosa

Yapa: la poesía de Amado Nervo que inspiró a Lepera

Imagen de portada: Alfredo Lepera (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Malena; nombre del tango. 27 de junio 2022.

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El cantor de la Argentina.

La primera tarea que debe asumir un historiador frente a una figura como la de Gardel es desbrozar la selva de mitos que han crecido en torno a su figura. Investigando su extraordinaria vida, me fui encontrando con versiones absurdas pero mantenidas como verdades reveladas. Muchas lanzadas con la audacia y la impunidad de quienes lo hacían con la “tranquilidad” de que se trataba de alguien perteneciente a los sectores populares, por lo que esas calumnias no tendrían mayores consecuencias. Distinto hubiera sido blasfemar contra un hijo del poder.

Lo otro que me sorprendió fue que gran parte del interés demostrado frente a una figura tan gigantesca era la obsesión con el lugar de nacimiento y las circunstancias de su muerte, quedando en un segundo plano lo más relevante: su carrera, su valor artístico, el ser humano.

Frente a la contundente y seria documentación existente, cada vez menos gente se anima a discutir que nació en Toulouse el 11 de diciembre de 1890 con el nombre de Charles Romuald Gardes. Su madre era una humilde planchadora, Marie-Berthe, que fue abandonada por su pareja, Paul Jean Laserre, apenas quedó embarazada.

No era sencillo ser madre soltera en una ciudad de provincia. El señalamiento y el hostigamiento eran moneda corriente. Con todo lo que tenía en la vida, su pequeño Charles, decidió partir lo más lejos posible, hacia la gran capital del sur.

Llegó a Buenos Aires el 11 de marzo de 1893 y el vista de aduana nunca podría haber sospechado que le estaba dando entrada a quien se convertiría en el símbolo máximo de la París del Plata. La madre y el niño se instalaron en un conventillo de la calle Uruguay. Berthe comenzó a ejercer su oficio, muy requerido por entonces, y Carlitos transcurría sus días entre casas de vecinos y la calle, que lo atraía desde muy pequeño. 

A los seis años ya ayudaba a su madre a repartir las camisas planchadas en los teatros de Corrientes y en las redacciones de revistas que engalanaban la angosta calle cultural por excelencia. 

Pero a Carlitos también le encantaba correr hasta el Mercado de Abasto para hacer algunas changas, ganarse la amistad de los puesteros y escuchar las variadas melodías europeas que entonaban y que se mezclaban con las de las provincias que traían los carreros junto al azúcar tucumano, el vino mendocino o la yerba de Misiones. 

Ya se iba haciendo conocido como el francesito cantor dueño de una voz única y una gracia muy particular. Berthe más de una vez lo tuvo que ir a buscar a la comisaría detenido por vagancia. Cuentan que en una de esas ocasiones un comisario le dijo: “¿Y? ¿Ahora qué me vas a decir, pibe?”. “Decirle nada, pero si quiere le canto.” Y se largó con alguna milonga y toda la comisaría estalló en un aplauso, desde los presos hasta el comisario quedaron encantados con aquel morochito “atrevido”.

Así fue creciendo, dándole disgustos y alegrías a la vieja a la que amaba con todo su corazón; eran dos contra el mundo, un mundo que no los miraba bien y que, sin quererlo, los hacía fuertes. Carlitos hizo de todo para ayudar a su madre a parar la olla: fue mandadero, empleado gráfico, aprendiz de orfebre, pero lo de él era cantar. Se había destacado en el coro del colegio junto a su compañero Ceferino Namuncurá.

SE PRODUJO LA MAGIA

De adolescente, le encantaba recorrer boliches y escuchar a los payadores, que ya eran urbanos e iban anticipando la temática del tango. Y, si lo dejaban, cantaba. Para algunos era el Zorzalito; para otros, el Morocho del Abasto, pero la fama crecía.

Fue una noche mágica de 1911 cuando conoció al Oriental, José Razzano. La química fue instantánea y el Pepe le propuso conformar un dúo. Carlitos respondió con una de sus humoradas: “Y si la gente no se da cuenta y no nos llevan presos… dale”. Y así comenzó una larga amistad cruzada por giras, discos y miles de historias.

El repertorio del dúo era exclusivamente folklórico: cifras, milongas, cielitos, zambas y estilos. El tango no estaba muy bien visto ni había demasiados letristas destacados que conformaran la exigencia de Gardel. Pero algo cambió en 1917. Hacía un año que la gente votaba libremente, en Rusia una revolución ponía a temblar a los poderosos y el pueblo necesitó hablar, decir, hacerse oír. Y el tango también. Llegó a manos de Gardel un hermoso tango de Castriota y Contursi, “Percanta que me amuraste”. Gardel prefirió llamarlo “Mi noche triste”, y lo estrenó, como decía él, paradójicamente la noche más feliz de su vida. Desde entonces el tango y Gardel fueron hermanos y crecieron juntos. También en aquel año, con sus 120 kilos a cuestas, fue convocado por el director Defilippis Novoa para hacer una película, Flor de durazno, que lógicamente era muda, y Carlitos no se sentía cómodo porque no era actor y no podía cantar.

Con Razzano grabó discos y realizó innumerables giras. En una de ellas, pasando por Mercedes, decidió cambiar su apellido Gardes por Gardel, que le sonaba más musical.

En 1923 viajaron a España como integrantes de una compañía teatral para realizar el número musical final que se conocía como “fin de fiesta”. A la obra no le fue tan bien, pero sí a los “cantaores argentinos”, como decía la prensa madrileña. Fueron contratados aparte con gran éxito.

En 1925, debido a problemas de garganta de Razzano y algunas desinteligencias económicas que decepcionaron mucho a Gardel, el dúo se disuelve y Carlitos se convierte en uno de los solistas más requeridos en todos los escenarios.

En 1928 debutó en París con toda “la crème de la crème” en la platea. El suceso fue total. Llegó a actuar a beneficio en la Ópera de París y todos querían conocerlo. Volvió a su querido Toulouse, del que casi no tenía recuerdos, pero aprovechó para conocer a sus familiares y darle el gusto a la “viejita”, que volvía ahora victoriosa y con legítimo orgullo.

En 1929 había visto asombrado el éxito de El cantor de jazz, de Al Jolson, la primera película con banda de sonido incluida. Carlitos quiso llevar el invento a Buenos Aires, y allí, en 1930, grabó los primeros videoclips de la historia bajo la dirección de Eduardo Morera y con la participación de grandes figuras, como Enrique Santos Discépolo y Francisco Canaro, entre otros.

LA DÉCADA INFAME Y OTRA VEZ LA MAGIA.

Pocos días después del golpe, Gardel se presentó a cantar y un grupo de jóvenes pertenecientes al llamado Klan radical lo silbaron y lo trataron de golpista y conservador. La bronca pudo más que sus convicciones políticas y grabó un olvidable “Viva la patria” en honor al golpe de Estado de 1930. Gardel no era un hombre comprometido políticamente, tenía amigos socialistas y hay quien habla de un carnet de afiliación al partido de Juan B. Justo. Los veía en el Café de los Angelitos, cercano a la Casa del Pueblo. También tenía amigos radicales y vínculos con caudillos conservadores, como Alberto Barceló, el “dueño” de Avellaneda. Pero sí tenía un profundo compromiso social, siempre cercano a los más necesitados, a los que dedicaba un lugar especial en su repertorio con canciones como “Pan”, del Negro Celedonio Flores, del que decía que era su tango preferido, “Acquaforte”, “Al pie de la Santa Cruz” o “Pordioseros”. Siempre cuando terminaba una función, en el lugar del mundo en donde estuviese, les dedicaba a la salida un mini recital a aquellos que no habían podido pagar la entrada.

En 1931 volvió a París para filmar para la Paramount Luces de Buenos Aires, Espérame, Melodía de arrabal y La casa es seria, esta última duramente censurada en varios países. Otro encuentro mágico se produciría en París. Esta vez con el enorme poeta Alfredo Le Pera. Nacía una gran amistad y una dupla imbatible para la historia del tango.

Regresó al país y disfrutó el éxito de sus películas, que llegaban a todos los rincones de la Argentina, España y Latinoamérica. En 1933, su último año en su Buenos Aires querido, grabó muchos discos y conoció al gran Federico García Lorca, a quien le propuso ponerle música al maravilloso Romancero gitano. El destino trágico no los dejó concretar el proyecto.

Se fue para siempre de la Reina del Plata el 7 de noviembre en el Conte Biancamano rumbo a España. Volvió a Francia con gran éxito. En Niza conoció a Charles Chaplin, que quedó fascinado con la voz y la personalidad de Gardel. Partió desde allí hacia Nueva York, donde lo esperaban un suculento contrato con la cadena radial NBC y nuevos compromisos con la Paramount para filmar sus películas Cuesta abajo, El tango en Broadway, Cazadores de estrellas, El día que me quieras y Tango Bar, todas con guion de Alfredo Le Pera y con las actuaciones de Mona Maris, Rosita Moreno, Manuel Peluffo, Enrique de Rosas, Tito Lusiardo, Jaime Devesa, Vicente Padula, Suzanne Dulier y la rubia de Nueva York, Sydelle Slewette, entre otras figuras. Para estas películas compuso junto a Le Pera maravillas como “Volver”, “El día que me quieras”, “Por una cabeza” o “Soledad”, seguramente una de sus creaciones más bellas y complejas.

Estando en Nueva York se vinculó con la colonia argentina. Allí estaba una familia marplatense que tenía fama de muy buena anfitriona, los Piazzolla. En una cena conoció al pequeño Astor, que ya trataba bien al bandoneón, aunque Carlitos decía que lo hacía “como un gallego”. La amistad entre el pequeño y Carlitos fue creciendo y Gardel le propuso acompañarlo con su bandoneón en la gira que estaba por iniciar por América latina. El sindicato y la familia se opusieron, y Astor pudo decir muchos años más tarde en una sentida carta de homenaje a su querido Charlie: “Menos mal que no te acompañé, porque ahora, en vez de estar tocando el bandoneón, estaría tocando el arpa”.

EL FINAL TRÁGICO Y EL RECONOCIMIENTO POPULAR

Pudo volver a París en 1934, y a Toulouse, para ver a su querida viejita. De regreso a Nueva York, completó sus emisiones radiales para la NBC y organizó su viaje latinoamericano, que comenzó a fines de marzo de 1935 por San Juan, capital de Puerto Rico, donde lo recibieron en el muelle más de cinco mil personas. Continuó por Aruba, Curazao y Venezuela, siempre con teatros repletos y multitudes que lo aguardaban. Lo de Colombia fue apoteótico desde un principio, cuando el avión que lo traía casi no puede aterrizar en Bogotá porque la pista estaba invadida por la gente.

El 24 de junio amaneció nublado. Ni Gardel ni sus guitarristas querían volar. El viaje entre Bogotá y la primera escala rumbo a Cali, Medellín, fue muy accidentado. Le Pera no pudo más y dijo: “Ahora lo único que falta es que nos hagamos mierda todos”. El ambiente no era el mejor en la mesa del bar del aeródromo de Medellín: Barbieri extrañaba a su mujer, Gardel había perdido su mágica sonrisa y Aguilar tampoco estaba muy contento de subirse al avión, que había cambiado de piloto. Tendrían el honor de ser llevados por el dueño de la compañía SACO, Sámper Mendoza, una gloria de la aviación colombiana, pero que no tenía mucha experiencia en pilotear aviones grandes como el que acababa de comprar en Estados Unidos. 

La carga del avión era un tanto excesiva y estaba muy mal distribuida. La pista no estaba en buen estado y tuvo que tomar por un camino lateral que no le daba buena visibilidad. Cuando se encontró con el avión alemán de frente, ya era demasiado tarde: impactó de lleno contra el aparato que, como el suyo, tenía los tanques de combustible llenos. El desastre fue total. Gardel y Le Pera, que ocupaban los primeros asientos, murieron instantáneamente. Solo se salvaron el comisario de a bordo, el guitarrista Aguilar y el profesor de inglés, el catalán Plaja. Ellos contaron que no hubo ninguna conspiración, ni tiroteo, ni atentado, solo una tragedia producto de una serie de sucesos desafortunados, a los que se sumó un inesperado viento de cola que complicó todo.

La muerte de Gardel fue tapa de todos los diarios del mundo. Y el gobierno liberal-conservador del general Agustín P. Justo trató de aprovecharla para sacar de las primeras planas el asesinato en plena sesión del Senado del legislador Enzo Bordabehere, compañero de bancada de Lisandro de la Torre, valiente denunciante de los negociados del gobierno con los frigoríficos ingleses y estadounidenses. La campaña la llevó adelante Natalio Botana desde las páginas de su diario Crítica.

Tras muchas dilaciones, un velatorio en el Barrio Latino de Nueva York, un homenaje en Río de Janeiro y otro velorio en Montevideo, el cuerpo de Gardel llegó finalmente a su Buenos Aires querido el 6 de febrero de 1936. Fue velado en el Luna Park, por el que pasaron miles de personas. La frase que más se escuchaba era “Gracias, Carlitos”, los más humildes no olvidaban las alegrías que aquel morochito del Abasto les había brindado.

No todos recibían con un corazón limpio, como el pueblo porteño acongojado y solo consolado por el regreso de su mejor cantor, la llegada de los restos de Gardel. Entre quienes incluso se llegaron a mofar de las muestras de cariño no podían faltar algunos representantes de la recalcitrantemente retrógrada derecha católica de entonces.

El periódico “nacionalista” Bandera Argentina sostuvo en su edición del 5 de febrero de 1936 que el velorio de Carlitos había sido una sucesión de “frases cursis, elogios desmesurados, discursos histéricos, innoble música de prostíbulo mezclada con diálogos de una desesperante chabacanería (…) Los litros de lágrimas que durante el día de ayer vertieron los admiradores y las admiradoras de Carlos Gardel, el Zorzal de Toulouse (Francia), convirtieron lo que debió ser un simple entierro en un candombe”. El pasquín terminaba diciendo que el pueblo que había asistido al sepelio y acompañó los restos de su ídolo a la Chacarita “no es la población sana, decente y argentina”.

Otra publicación del mismo pelaje, Crisol, compartía el desagrado por ver a las masas en la calle llorando a un “tanguero” y proclamaba: “El tango no es nuestro, porque lo criollo es viril y es gentil como un malambo, una zamba, un gato” (8 de febrero de 1936).

Y en la edición del día siguiente, Crisol explicitaba aún más su posición racista y anti popular: “Nada se pareció tanto al entierro de Gardel como el entierro del señor Irigoyen (sic): la misma hez social presa de idéntica epilepsia vociferante y arrebatada; la misma sensibilidad inferior y antiestética, la misma propensión a lo soez y abyecto, la misma mentalidad grosera y primitiva”.

Dentro de la derecha clasista, quien más se destacó en su derrame de bilis fue el portavoz de la jerarquía católica, monseñor Gustavo Franceschi, un personaje que en su larga trayectoria se destacó por su oposición a todo lo que fuese popular. A modo de necrológica de Gardel, escribió en su revista Criterio: “Como cantante, divulgó con preferencia las peores canciones, las de letra más humillante, las que menos ennoblecen; y, no satisfecho con la obra que realizó entre nosotros en ese perjudicial sentido, las difundió en el extranjero como el mejor producto de arte argentino. ¡Y luego sus películas, a alguna de las cuales ya nos hemos referido anteriormente! A través de las cintas de Gardel, la idiosincrasia nacional se concreta en delincuentes, orilleros y mujerzuelas”.

Dos años después, el cuerpo de Gardel fue depositado en su panteón en la Chacarita donde, desde el 7 de julio de 1943, lo acompaña su querida viejita, doña Berta. De Franceschi ya nadie se acuerda. Para todos nosotros, Carlitos sigue por aquí y, qué duda cabe, cada día canta mejor.

Imagen de portada: Gentileza de Caras y Caretas

FUENTE RESPONSABLE: Caras y Caretas. Argentina. Por Felipe Pigna; Historiador. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Argentina/Tango/Historia/Carlos Gardel

 

Guía de Bares Notables: el histórico café porteño al que iba Carlos Gardel todavía existe.

RECOMENDACIONES

Las calles porteñas están inundadas de cultura y todos los recovecos de la ciudad tienen alguna anécdota para contar: este bar es uno de los más clásicos y los más históricos de la capital y hasta lo frecuentaba Gardel.

Si te interesa este tema; cliquea por favor donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

En el mundo, la Ciudad de Buenos Aires es sinónimo de tango y no es exagerado decir que Carlos Gardel fue una figura – sino la más importante – que hizo eso posible. El tanguero más amado de la city porteña era fan de un café de media tarde y, junto con otras personalidades y políticos de la época, solía frecuentar el Café los Angelitos.

EL CAFÉ LOS ANGELITOS

Antes conocido como «Bar Rivadavia», en la esquina de Rivadavia y Rincón, en el barrio de Congreso, se encuentra el «Café los Angelitos», uno de los más tradicionales y amados de la Ciudad de Buenos Aires.

Su nombre cambió porque, con el paso del tiempo, los vecinos y la policía de la zona comenzaron a llamarlo – irónica y sarcásticamente -el bar de «los angelitos» por la cantidad de peleas que ocurrían dentro de sus puertas, en una época en la que por las calles porteñas rondaban rufianes y buscapleitos.

Con la construcción del Congreso a unas pocas cuadras de Los Angelitos, muchos políticos comenzaron a frecuentar el café para el almuerzo o un necesario café de media tarde. Con ellos también llegaron muchos célebres pensadores, literatos y músicos de la época.

Incluso, el bar recibió el honor de que se le escriba una canción que quedó en la historia como una de las más conocidas del país: «Café de los Angelitos» con música de José Razzano y letra de Cátulo Castillo.

Claro que al hablar de los icónicos músicos argentinos que pasan día por medio, sino todos los días, por Los Angelitos no puede faltar Carlos Gardel. El tanguero no sólo era fanático del lugar, sino que también lo eligió para firmar su contrato discográfico.

Los empleados de la casa suelen comentar que el famoso artista celebraba con pucheros sus victorias y que llegaba a cenar a altas horas de la madrugada. En el ingreso al «Café de los Angelitos», se puede leer: «Usted está donde paraba Gardel, porteños desde 1890 y tangueros desde siempre».

LOS BARES NOTABLES DE BUENOS AIRES

Buenos Aires es una ciudad cargada de cultura e historia en todos sus rincones. Muchos de sus recovecos actuaron como punto de encuentro entre grandes personalidades de la música, el cine, la literatura y más.

En la página oficial de turismo de la Ciudad de Buenos Aires existe un listado que menciona todos los llamados «Bares Notables» que se encuentran en los barrios de la city porteña:

 turismo.buenosaires.gob.ar/es/article/bares-notables.

Del listado, algunos a destacar son:

  • Bar Oviedo, en Mataderos: funciona desde 1900 y durante muchos años funcionó como un punto de encuentro entre la ciudad y el campo por estar situado donde llegaban los animales con destino a los mataderos.
  • Café de Gracia, en Villa Devoto: lo caracterizan las incontables fotos y objetos que hay colgados en sus paredes, entre los que se encuentran máquinas de coser, espejos, cajas registradoras y hasta viejos sifones.
  • Café Margot, en Boedo: es una casa tradicional construida a principios del siglo XX por el genovés Lorenzo Berisso, en donde funciona este icónico café porteño, el cual solía frecuentar el ex presidente Juan Domingo Perón, quien era fan del sándwich de pavita en escabeche, una de las estrellas de la casa.
  • La Farmacia, en Flores: es un edificio muy característico de dos pisos que data del siglo XX donde hay un gran salón con vitrinas de madera y los estantes de la época cuando el bar era, literalmente, una farmacia.
  • El Tortoni, en Microcentro: es el Bar Notable más antiguo de la ciudad y lo frecuentaban figuras como Gardel, Borges y Cortázar, entre otros..

Imagen de portada: Café “Los Angelitos”

FUENTE RESPONSABLE: EL CRONISTA.Clase.Gourmet.Bares notables.

Ciudad de Buenos Aires. Argentina. Sociedad y Cultura