¿Sirve la estimulación cognitiva en la vejez?

En el transcurso del proceso de envejecimiento acontecen una serie de transformaciones que se traducen en la manifestación de déficits en algunas funciones cognitivas, los cuales interfieren en la realización de las actividades de la vida diaria.

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Las funciones cognitivas hacen referencia a las actividades mentales que realiza la persona al relacionarse con el ambiente que la rodea. Estas funciones son las responsables de los procesos de adaptación, resolución de problemas e interacción social que poseen todos los seres humanos, debido a que constituyen la base de la capacidad para planificar, evaluar las posibles consecuencias de las acciones e implementar estrategias adecuadas. 

El declive de las funciones cognitivas no se produce de manera homogénea en todos los individuos, tampoco en una misma persona todos sus órganos o funciones envejecen al mismo tiempo. Además, los cambios pueden estar sometidos a percepciones subjetivas tanto de la persona que los manifiesta, como de los familiares o del propio evaluador, por lo que puede haber individuos que se encuentren seriamente preocupados por las alteraciones en la memoria o la dificultad repentina para realizar algunas tareas, mientras que otros no los valoren adecuadamente.

Entre las alteraciones que se producen en el envejecimiento es posible mencionar:

  • Déficit en la memoria reciente, lo que dificulta la evocación o el recuerdo de hechos recientes, produciendo olvidos frecuentes. También se observan limitaciones en la memoria de trabajo, es decir, la habilidad de retener la información mientras se procesan otras tareas, y en la memoria episódica, la cual permite el almacenamiento y recuperación de información contextualizada en parámetros temporo-espaciales.
  • Enlentecimiento en el procesamiento de la información y en la emisión de respuestas que hace que la persona tarde más tiempo en realizar actividades que antes hacía sin dificultad. La ansiedad, el estado de ánimo negativo o la preocupación ante las pérdidas de las funciones cognitivas pueden agravar esta situación.
  • La inteligencia se mantiene estable en la vejez, pero puede aparecer un enlentecimiento en el tiempo de respuesta y en la capacidad de resolución de problemas, así como dificultades para pensar y concentrarse, pérdida de interés por algunas actividades y fatiga o falta de energía mental.
  • El lenguaje se mantiene conservado, no obstante la capacidad para iniciar y mantener una conversación puede estar disminuida.
  • La capacidad de cálculo, es decir, el proceso que permite leer, escribir, comprender los números y realizar cálculos aritméticos, presenta limitaciones.
  • Disminución de la atención dividida o en la capacidad para centrarse en múltiples tareas simultáneamente, lo que produce mayor distractibilidad, falta de persistencia, dificultades en la abstracción y mayor vulnerabilidad a la interferencia. En los casos más graves, las dificultades en la atención pueden derivar en desorientación temporo-espacial.
  • Reducción de la función inhibitoria que permite anular los estímulos internos o externos para mantener la concentración en la tarea.
  • Limitaciones en la capacidad para realizar determinados movimientos en diferentes regiones del cuerpo.
  • Alteraciones en las funciones sensoriales, es decir, en los órganos de los sentidos, principalmente en la visión y la audición.
  • Alteraciones en las funciones ejecutivas frontales, que permiten controlar los cambios en el ambiente, prevenirlos y lograr la adaptación. Además, contribuyen a la conducta socialmente adaptada y al despliegue de las habilidades de autocuidado.
  • Alteraciones emocionales provocadas por la dificultad para adaptarse a los cambios y las pérdidas que acontecen en la vejez. Por otra parte, los rasgos de personalidad ansiosos y depresivos inciden negativamente en los cambios en las funciones cognitivas que se producen durante la vejez. La falta de estímulos por parte del contexto también puede provocar que las funciones cognitivas reduzcan su desempeño.

La estimulación cognitiva es el conjunto de técnicas y estrategias que tienen como propósito mejorar el rendimiento y la eficacia de las funciones cognitivas del adulto mayor

La clave para mantener una mente activa consiste en prevenir los déficits y aumentar su potencial. Por lo cual, la estimulación cognitiva busca potenciar aquellas funciones que presentan un déficit mediante mecanismos que promueven la plasticidad cerebral, también actúa sobre las habilidades que se encuentran preservadas, a través de programas y actividades destinados a su mejora, permitiendo a la persona mayor conservar sus capacidades de la mejor manera posible.

En este sentido, se enseña a la persona a reutilizar habilidades instauradas y a recurrir a recursos externos en caso necesario para mantener durante más tiempo las funciones conservadas, retrasando su posible declive. Es decir, la estimulación cognitiva se basa en la plasticidad y en la reserva cerebral para mejorar el rendimiento de las habilidades mentales a partir de ejercicios y técnicas organizadas sistemáticamente.

En este punto, cabe destacar la diferencia entre el entrenamiento y la rehabilitación cognitiva. El primero hace referencia al conjunto de técnicas que se dirigen a estimular y mantener el funcionamiento cognitivo, así como a aumentar al máximo su rendimiento al actuar sobre las habilidades que se encuentran conservadas. Por el contrario, la rehabilitación cognitiva consiste en las actividades que tienen por objetivo recuperar la capacidad cognitiva de la persona, actuando sobre aquellas funciones alteradas debido a una afección médica o patología mental.

En todos los casos en que la propia persona o sus familiares cercanos comienzan a notar cambios bruscos en las funciones cognitivas, la conducta o las emociones, lo recomendable es acudir a un centro especializado donde se establezca un plan de tratamiento adaptado a las necesidades del paciente. Sin embargo, existen diversos ejercicios de estimulación cognitiva que pueden realizarse a diario en el hogar:

  • Ayudar al adulto mayor a ubicarse en tiempo y espacio. Preguntar por la fecha, día de la semana, mes y año. Compartir recuerdos a través de fotografías.
  • Realizar ejercicios de lectura y escritura.
  • Realizar ejercicios de cálculo aritmético.
  • Reconocer sonidos y música.
  • Identificar objetos y formas mediante el tacto.
  • Copiar dibujos, realizar manualidades o artes plásticas.
  • Participar en juegos de mesa, como el ajedrez, las damas o el dominó.
  • Memorizar refranes.
  • Ordenar frases.
  • Buscar palabras en una sopa de letras o en un texto.
  • Realizar ejercicios de repetición.
  • Armar un puzzle.

El objetivo de estas actividades es trabajar sobre aquellas habilidades que se encuentran alteradas debido a una enfermedad, trastorno o al paso de los años, así como sobre aquellas que se encuentran conservadas y pueden mejorar su funcionamiento a partir del entrenamiento.

Los adultos mayores presentan un riesgo elevado de padecer alguna afección que repercuta en su funcionamiento cognitivo. Cuando las condiciones ambientales resultan poco estimulantes, este riesgo se ve incrementado. La soledad, el aislamiento y escaso apoyo social percibido juegan un rol fundamental en el surgimiento de estas alteraciones, por este motivo, es necesario que las actividades sociales y recreativas se mantengan preservadas durante la vejez, adaptándolas a los intereses, habilidades y limitaciones de la persona mayor. 

Para finalizar, las intervenciones deben estar dirigidas a promover la adaptación del adulto mayor a los cambios ambientales y a las pérdidas naturales que se producen en esta etapa de la vida, proporcionando estrategias compensatorias que ayuden a mantener la competencia social.

En síntesis, algunos beneficios de la estimulación cognitiva son:

  • Proporciona un ambiente estimulante y desafiante que propicia el razonamiento y la motricidad.
  • Preserva las funciones cognitivas, como la memoria, atención, orientación, el mayor tiempo posible.
  • Mejora el funcionamiento cognitivo de las habilidades que se encuentran alteradas.
  • Reduce el proceso de deterioro provocado por enfermedades neurodegenerativas.
  • Mejora la plasticidad neuronal.
  • Incrementa la autoestima y los sentimientos de autoeficacia.
  • Promueve la autonomía e independencia en la realización de las actividades de la vida diaria.
  • Evita la desconexión con el entorno.
  • Disminuye síntomas de ansiedad, estrés y depresión.
  • Mejora la calidad de vida de la persona y de su familia.
  • Optimiza las interacciones sociales y los vínculos interpersonales.

Imagen de portada: Gentileza de Cottonbro en Pexels

FUENTE DE PORTADA: mds On line. Terapia Neurocognitiva. Por Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif; miembros de Terapia Neurocognitiva.

Sociedad y Cultura/Adultos mayores/

Cerebro/Conciencia/Memoria/Terapia neurocognitiva.

¿Cuánto necesitamos dormir para un sueño reparador?

Nos encanta esa sensación matutina que nos hace decir: “Hoy me he levantado como nuevo”. Pero no es lo habitual. Entre otras cosas porque en nuestro día a día hay tantas cosas que nos preocupan que, a veces, al llegar el momento de ir a dormir, por muy cansados que estemos no somos capaces de pegar ojo.

Contamos ovejitas, hacemos ejercicios de respiración y tratamos de poner a prueba cualquier consejo que nos lleve a conciliar el sueño. Y, de este modo, despertar con ganas de comernos el mundo o, al menos, de estar lo más descansados posible para nuestros quehaceres diarios. Vamos en busca del anhelado sueño reparador. Y describirlo así, como “sueño reparador”, no es sólo una metáfora.

Si hacemos cuentas, fácilmente vemos que un tercio de nuestras vidas lo pasamos durmiendo. Por algo será cuando el cuerpo lo pide. Con sensaciones y avisos, antes o después, llega el momento en el que se activan señales para que descansemos.

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Dormimos para reparar el ADN de las neuronas.

El origen más íntimo de las señales que inducen al sueño está en nuestras células. Estas señales se activan de un modo preciso para reparar los daños que se producen en su interior, de un modo natural, durante la actividad cotidiana.

Los mecanismos moleculares que nos llevan al sueño han sido desenmascarados en un estudio muy reciente en modelos animales, pues el sueño es esencial en todos los organismos con un sistema nervioso. Y se ha demostrado que el fin último de dormir es reparar los daños que se acumulan en el ADN mientras que estamos despiertos. Sí, así como suena.

Cuando estamos despiertos, la presión homeostática que nos induce al sueño, es decir, el cansancio, se acumula en el cuerpo. Somos acumuladores de cansancio cuando estamos activos y nos vamos vaciando cuando dormimos. Y llegamos a un mínimo de cansancio después de una noche completa de buen sueño.

La principal causa de aumento de la presión homeostática es la acumulación de daños en el ADN de las neuronas. Durante el funcionamiento normal de todas nuestras células se producen reacciones cuyos productos pueden dañar al ADN y, por lo tanto, a los genes que nos hacer ser como somos.

Todas las células poseen mecanismos moleculares para combatir los daños, día y noche. Pero las neuronas son más susceptibles a la acumulación de daños cuando estamos despiertos, llegando hasta niveles peligrosos que no nos podemos permitir. La ciencia ha revelado que el sueño recluta a los sistemas de reparación de ADN, que lo arreglan tan eficientemente que nos levantamos como nuevos, y nunca mejor dicho. Utilizar, pues, la metáfora “un sueño reparador” adquiere todo su sentido.

PARP1 nos manda a dormir.

Una de las primeras moléculas en responder y activar los mecanismos que nos inducen al sueño es la proteína PARP1. Su misión es de vital importancia: se encarga de marcar los sitios del ADN que se han dañado y de reclutar a los sistemas adecuados para que los reparen.

Un resultado interesante fue ver que, si se impide que PARP1 actúe, la sensación de sueño desaparece. Pero esta inhibición también conlleva que no se activen los sistemas de reparación de las mutaciones en el ADN, algo que ya intuirán que no es nada bueno.

¿Cuantas horas de sueño son necesarias?

Con el fin de tratar de averiguar si hay un mínimo de horas de sueño que lleven al deseado sueño reparador, en el estudio se utilizó al pez cebra, un modelo animal de uso común en los estudios sobre el cerebro y con un sueño similar al de los humanos.

Pues bien, tras analizar la relación entre las horas de sueño y la reparación del ADN se llegó a la conclusión de que seis horas de sueño por noche suelen ser suficientes para la reducción adecuada de los daños en nuestro ADN.

¿Y si nos vamos de fiesta?

Entre los muchos y muy diferentes mecanismos neuronales que regulan los ciclos de vigilia y sueño también se encuentra la motivación.

La motivación, sin duda, modula que seamos más propensos a permanecer despiertos o a quitarnos de en medio e irnos a dormir si la situación lo requiere. Cuando estamos motivados podemos mantener un buen rendimiento físico y mental, por ejemplo escribiendo un artículo interesante, leyendo un buen libro o bailando en una divertida fiesta. Y todo ello mucho más allá de nuestros horarios habituales e ignorando la presión homeostática.

En la naturaleza, el establecer relaciones con otros congéneres, las oportunidades de apareamiento y la presencia de depredadores está claro que generan respuestas motivacionales y modulan los estados de excitación. 

Hay animales que pueden permanecer despiertos o dormidos mucho más de lo normal, e incluso mantener despierta solo la mitad de su cerebro, y un único ojo abierto.

Algo parecido ocurre en humanos cuando dormimos en una cama que no es la nuestra durante un viaje. Es lo que se conoce como el efecto de la primera noche. Así pues, resulta más que interesante conocer lo mejor posible los procesos que modulan la excitación y su relación con permanecer despiertos o ir a dormir, ya que pueden derivar en situaciones complicadas, incluso de conflicto.

Por su significado y relación, finalicemos con el comienzo del poema “El sueño” de Jorge Luis Borges:

Si el sueño fuera (como dicen) una

tregua, un puro reposo de la mente,

¿por qué, si te despiertan bruscamente,

sientes que te han robado una fortuna?

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Francisco José Esteban Ruíz. Profesor Titular de Biología Celular en la Universidad de Jaén.

Sociedad y Cultura/Cerebro/Neuronas/Sueño/Dormir/ADN

Cómo detectar un derrame cerebral una hora antes de sufrirlo.

Los accidentes cerebrovasculares no se producen de la nada, por eso es importante detectar los síntomas que emite el organismo una hora antes de que ocurra este accidente que en muchas ocasiones puede tener un desenlace fatal.

El dolor de cabeza intenso, las náuseas, el deterioro de la coordinación de los movimientos, la disminución de la visión y la sensación de adormecimiento de las manos pueden ser señales de un derrame cerebral inminente.

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Así lo señaló el cardiólogo Azizjón Askarov a tiempo de advertir que estos síntomas se producen media o una hora antes de que ocurra el daño cerebral.

Y ocurre literalmente en media hora, cuando la arteria se bloquea y comienza el derrame cerebral. (…) La conciencia de una persona comienza a deteriorarse y se embota hasta el punto de hibernar», explicó en una entrevista a AyF.

Agregó que se debe también tomar en cuenta que el habla cambia, se vuelve incoherente, arrastrado o lento, o incluso la persona no puede decir nada.

Además, se pueden notar problemas de coordinación como no poder caminar o incluso caerse, ya que se tiene reducido el tono muscular de los brazos y las piernas.

Askarov recomendó que en caso de que se produzcan estos síntomas es necesario llamar inmediatamente a una ambulancia para reducir al máximo las secuelas que puede provocar el derrame cerebral, ya que las primeras dos o tres horas son clave para evitar desenlaces fatales.

Quienes tienen mayor riesgo de padecer un derrame cerebral, según Askarov, son aquellas personas con hipertensión, diabetes mellitus, sobrepeso, obesidad o que tienen antecedentes de enfermedad vascular cerebral.

Advirtió que un derrame cerebral puede desarrollarse cuando la presión arterial se eleva bruscamente en respuesta al esfuerzo físico, o en personas con aterosclerosis de los vasos sanguíneos, o en aquellas con diabetes o fibrilación auricular.

El café y el té podrían ayudar a prevenir los derrames cerebrales y la demencia.

Un equipo de investigadores chinos ha realizado un estudio de más de una década para demostrar que dos tazas de café y té al día podría ayudar a reducir el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y demencia hasta en un 28%.

Los científicos chinos de la Universidad médica de Tianjin incluyeron en su estudio a 500.000 británicos de entre 50 y 74 años que fueron añadidos al Biobanco del Reino Unido entre 2006 y 2010. Analizaron su salud y la ingesta de bebidas calientes. A ellos se sumaron voluntarios a los que no se dio seguimiento durante el periodo de diez años para verificar si bebían la misma cantidad de té o café y tampoco se les preguntó si agregaban leche o azúcar a estas bebidas.

Los resultados de este estudio, concluyeron que los participantes que bebían dos tazas de café y dos tazas de té al día tenían un tercio menos de probabilidades de sufrir un derrame cerebral y sus probabilidades de desarrollar demencia eran un 28% más bajas. Además, consumir una taza de café o té también proporcionaba algún beneficio, incluso si los adultos solo consumían una al día.

«Nuestros hallazgos sugieren que el consumo moderado de café / té por separado o en combinación se asocia con un menor riesgo de accidente cerebrovascular y demencia», explican el estudio dirigido por el doctor Yuan Zhang

Los investigadores no descartaron que los hallazgos podrían haber sido fruto del azar, insistiendo en que el vínculo más claro era para bebidas calientes ya que a los participantes que bebieron café y té se compararon con los que no consumieron bebidas calientes.

Por ello varios expertos independientes consideran que el estudio no pudo probar que beber café o té evite la demencia y los accidentes cerebrovasculares, sino que es solo un vínculo que se encontró. La doctora Charlotte Mills dijo a DailyMail que es probable que hayan otros factores que no se tomaron en cuenta en el estudio, pero cree que los hallazgos son consistentes con otros estudios que han profundizado en los beneficios de beber café y té.

Imagen de portada: Gentileza de CCO Unsplash

FUENTE RESPONSABLE: Sputnik Mundo. Diciembre 2021

Sociedad/Salud/Cerebro/Derrame cerebral/Síntomas/Estilo de vida

Estos son los graves efectos para la memoria que produce fumar.

Dejar el tabaco puede contribuir a la adquisición de hábitos saludables.

La memoria es un proceso psicológico que sirve para codificar información, almacenarla en el cerebro y recuperarla cuando la persona requiera. Existen diferentes tipos de memoria humana, entre los que se encuentra la que es a largo plazo, a corto y la llamada fotográfica.

Desde el momento del nacimiento, el cerebro humano recibe información para ser almacenada. Cómo caminar, cómo hablar y cada etapa de enseñanza es exitosa gracias a la memoria. Esta es la función cerebral que participa en todos los aprendizajes de los individuos. Cuando el ser humano conoce cómo hacer algo, debe buscar en su cerebro la información que obtuvo en una primera vez para poder realizarlo de nuevo.

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Es común que el envejecimiento implique cierto grado de problemas de memoria, así como una ligera disminución de otras habilidades de razonamiento, según Mayo Clinic, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación.

Sin embargo, hay una diferencia entre los cambios normales en la memoria y la pérdida de memoria asociada a malos hábitos, como el cigarrillo.

El portal Neurología.com afirma que, según un estudio publicado recientemente en la revista Archives of Internal Medicine (Archivos de Medicina Interna, en español), fumar no solo daña la memoria, sino que puede afectar directamente la capacidad del razonamiento deductivo.

La investigación se realizó durante 17 años con personas que rondaban los 35 y 55 años. Más tarde, en pruebas relacionadas con la memoria, aquellos que fumaban obtuvieron peores resultados que los demás.

Así mismo, fueron poco destacados en pruebas de razonamiento deductivo, vocabulario y fluidez.

Ese mismo estudio afirma que quienes dejan el tabaco pueden llegar a adquirir hábitos saludables con facilidad como beber menos, más actividad física y comer más fruta y verdura.

¿Qué alimentos necesita el cerebro para mejorar la memoria y la concentración? | Videos Semana

Alimentos para mejorar la memoria

La psiquiatra nutricional y miembro de la facultad de Medicina de Harvard, Uma Naidoo, habló con CNBC Make It y le enumeró varios alimentos que ayudan a mejorar la memoria, como, por ejemplo, el chocolate extra amargo.

El chocolate extraamargo está lleno de antioxidantes y flavonoides de cacao que ayudan a preservar la salud de las células cerebrales […] También contiene fibra para ayudar a reducir la inflamación del cerebro y prevenir el deterioro cognitivo”, le dijo la especialista el medio.

También señaló que las bayas son buenas para la memoria, pues tienen antioxidantes, fitonutrientes, fibra, vitaminas y minerales.

Además, recomendó consumir cúrcuma pues sus compuestos “llamados curcuminoides (la curcumina, la demetoxicurcumina y la bisdemetoxicurcumina), le otorgan grandes propiedades medicinales a esta especia. Sus aceites volátiles (turmerone, atlantone y zingiberene), proteínas, resinas y azúcares también contribuyen a la sanación”.

Sobre la misma línea, la especialista dijo que las hojas verdes también son buenas para la memoria, ya que “las verduras de hoja son un alimento básico en las dietas saludables para el cerebro porque contienen ácido fólico, que es una vitamina B que apoya el desarrollo neurológico y la función de los neurotransmisores”. Las hojas que recomendó Naidoo son: rúcula, dientes de león, espinacas, acelga y berro.

Finalmente recomendó, los alimentos fermentados como el chucrut, el miso, el kombucha, el kéfir y el yogur, ya que consumir estos alimentos mejora la función cognitiva.

Añadido a la anterior, se recomienda un estilo de vida saludable que involucre el ejercicio y una dieta equilibrada asignada por un especialista.

Imagen de portada: La memoria en aquellos que fuman es menos destacada que la de las personas que no poseen este hábito. – Foto: Getty Images

FUENTE RESPONSABLE: Semana. Diciembre 2021

Sociedad/Salud/Cerebro/Memoria/Hábitos saludables

¿Cómo mide nuestras emociones la neurociencia?

¿Por qué una obra de arte nos puede sobrecoger? ¿Qué se esconde detrás de las fobias? ¿Podríamos controlar nuestras emociones? Estas y otras muchas preguntas están siendo investigadas en el campo de la neurociencia para poder entender el procesamiento de las emociones.

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Cuando el cerebro procesa una determinada información pone en marcha un entramado de redes neuronales para clasificar el tipo de emoción a la que nos enfrentamos y generar nuestra respuesta emocional o corporal.

¿Por qué nos empeñamos en estudiar la mente humana?

Las emociones, presentes en nuestras vidas desde antes de nacer, juegan un papel fundamental en la construcción de nuestra personalidad y en nuestra interacción social. Además, son el principal motor de las decisiones que adoptamos diariamente. Es decir, las emociones son las que nos permiten adaptarnos al medio que nos rodea.

Conocer las emociones nos aporta una perspectiva amplia sobre el funcionamiento de los aspectos más personales y ocultos de la mente. Al mismo tiempo, nos ayuda a entender qué puede andar mal cuando este aspecto mental falla y aparecen ciertas enfermedades.

Si conociésemos todo sobre las emociones, podríamos conseguir una interacción entre nuestro cerebro y un ordenador y que este pudiese conocer nuestras emociones en tiempo real. También podríamos comunicarnos con personas discapacitadas que tienen muchas dificultades para comunicar sus propias emociones. Incluso, podríamos obtener estudios objetivos, por ejemplo, en el entorno del neuromarketing.

Primer reto: identificar cada emoción.

El primer paso para poder estudiar las emociones es su identificación. Están descritas centenares de emociones, desde la alegría, la aceptación o la empatía hasta la tristeza, el asco y la amargura.

Para el estudio de las emociones es necesario simplificarlas en dos grandes grupos: emociones positivas y emociones negativas, es decir, de aproximación y de rechazo. Estas emociones básicas (también primarias o fundamentales) son las que producen, entre otras manifestaciones, una expresión facial feature y una disposición típica de afrontamiento. Se pueden observar desde que somos bebés y no requieren un procesamiento cerebral complejo.

Las emociones, al ser procesadas por el cerebro, generan una serie de cambios fisiológicos en nosotros. Si somos capaces de identificar estos cambios en nuestro, seremos capaces de clasificar el estímulo causante.

Este proceso es lo que el psicólogo experimental, científico cognitivo y lingüista Steven Pinker denomina “ingeniería a la inversa”. Tenemos el producto y queremos saber cómo funciona. Por eso, desmenuzamos el cerebro con la esperanza de ver qué pretendía la evolución al poner en marcha este mecanismo.

Cómo la neurociencia puede saber lo que sentimos.

Para ello existen diferentes métodos que dependen de la tecnología utilizada. Por ejemplo, la pupilometría se encarga de medir los cambios en el tamaño de la pupila; el electrocardiograma mide las variaciones en los latidos cardíacos; los medidores de impedancias en la piel, que también se pueden utilizar con estas multas, permitir identificar cambios en la sudoración del individuo; la electromiografía, que consiste en registrar microexpresiones del individuo, también nos ayuda a clasificar las emociones asociadas a una expresión facial determinada.

Todas estas técnicas se centran en observar y valorar las respuestas fisiológicas que se producen de manera espontánea una vez que el cerebro ha procesado la información. Pero existe un desfase temporal importante desde que la emoción se presenta hasta que el cuerpo responde.

Técnicas de estudio del cerebro.

Si nos vamos al origen de las emociones, al cerebro, podemos encontrar diferentes técnicas de análisis. La primera de ellas es la resonancia magnética funcional , que mide cambios en la oxigenación de la sangre. Este sistema aporta valiosos datos de localización, pero, como contrapartida, su resolución temporal es baja.

Por otro lado, la magnetoencefalografía mide los campos magnéticos que producen la actividad neuronal en el cerebro. Con este método se obtiene una buena señal cerebral, pero es una técnica muy costosa al alcance de unos pocos afortunados.

También se utiliza la tomografía de emisión de positrones, que mide cambios en el metabolismo de la glucosa del cerebro. Pero este método es muy invasivo porque es necesario administrar una inyección al individuo y, además, es una técnica costosa.

Por último, pero no menos importante, una de las técnicas más utilizadas en los últimos estudios es la electroencefalografía. Dicha técnica consiste en el registro y evaluación de los potenciales eléctricos generados por el cerebro.

Los datos se obtienen a través de electrodos situados sobre la superficie del cuero cabelludo. Pero los registros pueden tener signos muy complejos, difíciles de analizar y pueden variar mucho entre individuos , pues cada cerebro posee un gran número de interconexiones entre las neuronas y las estructuras del encéfalo no son uniformes.

Aunque como ventaja hay que señalar que se trata de un sistema barato, fácil de utilizar, no invasivo, que en experimentos controlados es capaz de dar buenos resultados.

¿Podremos controlar nuestras emociones?

El desarrollo tecnológico del electroencefalograma, combinado con el desarrollo del análisis de datos, permite subsanar cada vez más las deficiencias.

No obstante, el sistema ideal de registro de emociones sería una combinación de los anteriormente expuestos, de tal manera que todos ellos se complementan entre sí.

Estamos más cerca de descubrir dónde y cuándo nuestro celebro clasifica la emoción. Aunque el camino es aún largo para poder generalizar y obtener resultados universales.

Las tecnologías siguen avanzando a pasos agigantados. No cabe duda de que llegará un día que, ante una decisión dudosa como la elección del color de nuestra vivienda, será nuestro cerebro quien nos dé la información. Podremos elegir aquel que nos provoquen más emociones positivas aun no siendo nosotros conscientes de ello.

Imagen de portada: Gentileza de The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por María Dolores Grima Murcia.Investigadora y Técnico de Innovación Anatómica, Universidad Miguel Hernández. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Cerebro/Neurociencia/Emociones/Neurología/

Sentimientos

Neurociencia en el negocio: cómo lograr un buen mensaje y una comunicación efectiva.

Según los expertos, la región del cerebro más involucrada en la toma de una decisión de compra es la relacionada con las emociones y la intuición. ¿Cómo llego a mis clientes dejando de lado lo racional?

Desde hace algunos años, las empresas han visto en la neurociencia una oportunidad, una forma de conocer a sus potenciales clientes a través de las exploración del cerebro humano y conocer así sus gustos, deseos, necesidades y motivaciones de compra.

La neurociencia, primero que todo, según explica Gabriel Narvaja, director del diplomado en Neuro Liderazgo y Equipos para Alto Desempeño de la Universidad Andrés Bello (UNAB), es el conjunto de disciplinas que estudian la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso humano y cómo se relacionan entre sí sus diferentes elementos para crear y constituir la base biológica de la cognición, las emociones y la conducta.

“Las ramas de la neurociencia nos iluminan día a día en un mayor entendimiento del cerebro y de nuestras capacidades de pensamiento, creatividad, innovación, y de nuestra inteligencia emocional y relacional. Estos descubrimientos nos ayudan a comprender el funcionamiento del cerebro y su impacto en la toma de decisiones, en la gestión y el management”, dice Narvaja.

Ahora, una de las metodologías más utilizadas de este campo de la ciencia es el neuromarketing, el cual está dejando atrás otras técnicas como los focus group, las encuestas o los test de productos. Este estudia los efectos que la publicidad y otras estrategias tienen en el cerebro con la intención de llegar a predecir la conducta del consumidor. Y es que, según dicen los expertos, la región del cerebro más involucrada en la toma de una decisión de compra es la relacionada con las emociones y la intuición.

Entre las técnicas del neuromarketing una de las más conocidas es el eye tracking, que mide los movimientos de los ojos y su punto de foco para extraer información sobre el objeto principal de la atención de una persona. También se utiliza mucho la electroencefalografía (EEG), que consiste en instalación de electrodos sobre el cuero cabelludo de los sujetos para medir corrientes eléctricas que determinarán, en tiempo real, dónde se está produciendo la mayor actividad cerebral, y la resonancia magnética funcional, la cual logra identificar la zona del cerebro con mayor actividad en función de los niveles de oxígeno en la sangre. Sin embargo, esta última requiere más tiempo para obtener las imágenes (5-8 segundos) a diferencia de la velocidad de reacción de la EEG.

Pese a las virtudes y fortalezas de esta metodología, tiene una gran barrera para las empresas: los elevados costos. Sin embargo, sin tener acceso a estas tecnologías, una empresa puede aplicar técnicas de neurociencia básicas:

Asociar tu producto o servicio a las emociones y experiencias sensoriales: activa los sentidos de tu potencial cliente. Si es el tacto, menciona texturas; si es el olfato, preocúpate de que tu tienda o espacio en el que atiendes tenga un aroma distintivo que los estimule; si es el oído, puedes utilizar la “técnica del eco”, es decir, repetir las tres o cuatro últimas palabras dichas por el cliente y a través de esto se sienta escuchado, o puedes poner música representativa en tu espacio, y finalmente, si es el gusto, puedes probar técnicas súper conocidas como ofrecer pequeñas pruebas de un producto a tu cliente y así se dejen llevar.

Empatía como elemento importante: muestra, por ejemplo, a otras personas en interacción con tu producto o servicio.

Cuidado con los elementos visuales: es importante que, para comunicar bien tu mensaje, no distraigas a las personas de lo importante. Además de jerarquizar la información, no utilices demasiados elementos o datos como números, por ejemplo. Buscar la manera más visual de llegar.

Conocer a tu audiencia: es importante saber a quiénes llegas y a quiénes quieres llegar y dividirlos (mujeres, hombres, niñas, niños, adultos y adultos mayores, etc.) para enviar tu mensaje de manera eficiente.

Simple: sé sencillo, claro y preciso. No compliques ni confundas a tu consumidor.

Imagen de portada: Gentileza Ilustración: Álex Toledo.

FUENTE RESPONSABLE: LA TERCERA. Por Maria Ignacia

Pentz .Noviembre 2021

Negocios/Cerebro/Toma de decisiones/Emociones

/Engaños/ Consumidor

¿Cómo prevenir la demencia vascular y la pérdida de la memoria?

La pérdida de memoria normal relacionada con la edad no impide vivir una vida plena y productiva.

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La demencia vascular es una pérdida gradual y permanente del funcionamiento cerebral. Esta ocurre con ciertas enfermedades. Afecta la memoria, el pensamiento, el lenguaje, el juicio y el comportamiento, de acuerdo con Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Los síntomas preliminares de demencia pueden incluir: dificultar para hacer tareas que se solían hacer con facilidad, problemas del lenguaje; extraviar artículos; cambios de personalidad y pérdida de las destrezas sociales. La biblioteca señaló que a medida que la demencia empeora, los síntomas son más obvios y la capacidad para cuidarse disminuye.

Hay que señalar que no hay ningún tratamiento para reparar el daño al cerebro causado por los accidentes cerebrovasculares pequeños, pero puede evitarse llevando una vida saludable basada en los siguientes aspectos: no fumar; evitar o moderar el consumo de alcohol; evitar el sobrepeso; evitar el estrés; mantenga el colesterol LDL “malo” en menos de 70 mg/dL.

Los beneficios de comer frutas y verduras

Sobre la misma línea, Mayo Clinic, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación, hizo otras recomendaciones para cuidar la memoria:

1. Realizar actividad física, ya que es importante realizar ejercicio al menos treinta minutos diarios, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pues esto aumenta el flujo sanguíneo al cuerpo entero, incluso al cerebro y ayuda a mantener la memoria activa.

Además, las personas con un nivel insuficiente de actividad física tienen un riesgo de muerte entre 20 % y 30 % mayor en comparación con las personas que alcanzan un nivel suficiente de actividad física.

2. Mantenerse activo mentalmente, porque así como hay que ejercitar el cuerpo, hay que ejercitar la mente con actividades que estimulen el cerebro y lo mantengan en forma. Para hacerlo, la entidad recomienda hacer crucigramas, jugar bridge, tomar caminos diferentes cuando conduzca, tocar algún instrumento, entre otros.

3. Socializar regularmente, pues esto previene la depresión y el estrés, que pueden contribuir a la pérdida de la memoria.

4. Organizar las tareas diarias, ya que el escribir las citas, tareas o eventos ayudará a recordar más fácilmente. Además, Mayo Clinic, recomienda evitar las distracciones y no hacer demasiadas cosas a la vez. “Si se concentra en la información que está tratando de retener, es más probable que la recuerde más tarde. También puede ser útil relacionar lo que está tratando de retener con una de sus canciones favoritas u otro concepto familiar”, señaló.

5. Dormir bien, porque ayuda a consolidar los recuerdos de modo que se puedan recordar más adelante. La mayoría de los adultos necesitan de siete a nueve horas de sueño por día.

6. Seguir una alimentación balanceada, ya que esto es bueno para el cerebro y para el corazón. La entidad recomienda comer frutas, verduras y granos integrales, elegir fuentes de proteína bajas en grasa, como pescado, frijoles y carne de pollo sin piel. Asimismo, señaló que el alcohol puede causar confusión y pérdida de memoria, al igual que el consumo de drogas.

De hecho, el Grupo Sanitas de España reveló que una dieta rica en vegetales, frutas y cereales integrales, aportará la cantidad necesaria de antioxidantes para contrarrestar el efecto que los radicales libres tienen sobre las neuronas y el proceso general de envejecimiento. También los ácidos grasos Omega-3, presentes en diferentes tipos de pescado cumplen con una función protectora frente a la demencia.

Los alimentos recomendados son: mango, uvas, plátano, peras, huevos, legumbres como las lentejas, frutos secos como los anacardos, acelgas, espinacas, lácteos, entre otros.

De igual manera, los nutricionistas recomiendan mezclar alimentos de distintos colores, porque así la persona asegura que toma diferentes tipos de nutrientes. Cuantos más colores haya, más nutrientes va a tener un plato y si son frescos, mejor.

¿Cuáles son los alimentos que oxigenan el cerebro?

Este padecimiento puede llegar a causar daños irreversibles en la salud de las personas.

El cerebro es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano, ya que este regula el sistema nervioso, entre otras funciones importantes del organismo, y, aunque no sea comúnmente sabido, este sería uno de los que más energía consume, según estipula el portal Noticias en Salud, el cual, citando a expertos de la Ludwig Maximilians Universitaet, en Múnich, Alemania, recalca que el consumo de oxígeno en esta parte del cuerpo se relaciona directamente con la actividad de algunas células nerviosas.

Por esta razón, mantener un correcto flujo de oxígeno hacia el cerebro debería ser una de las preocupaciones de las personas para contribuir con el buen funcionamiento de su cuerpo. Es más, hay una enfermedad llamada anoxia cerebral, que se presenta cuando este órgano no recibe suficiente oxígeno, según recoge el portal español Neural, que también explica que esta lesión frecuentemente resulta de otro diagnóstico llamado hipoxia.

“El cerebro es un órgano especialmente vulnerable a la falta de oxígeno, una disminución del flujo sanguíneo durante unos 5-6 minutos, produce un daño cerebral irreversible”, acota el portal, haciendo referencia a la importancia de contar con este elemento para el buen funcionamiento del cuerpo.

Agrega que un paro cardiorrespiratorio es uno de los resultados frecuente de la falta oxígeno en el cerebro, como causa de la anoxia y, claramente, un daño irreversible. Otros padecimientos que pueden llegar a desarrollarse son “crisis asmáticas severas, obstrucción de la vía aérea por atragantamiento, ahogamientos por inmersión o por estrangulación”, según Neural, entre otros.

Como síntomas de alarma, este portal recoge la visión borrosa, la pérdida de memoria, el mareo y los desmayos. Si estos son recurrentes de manera conjunta, es recomendable asistir a un centro médico y pedir orientación sobre el actual estado de salud.

Ante este panorama, es importante tener a la mano una buena dieta que incluya alimentos que ayuden con el proceso de la circulación del oxígeno por medio de la sangre, no solo al cerebro, si no también al resto del cuerpo.

El portal World Health recoge una serie de recomendaciones para combatir este padecimiento y llegar a mejorar el flujo del elemento en el cerebro.

Uno de los alimentos recomendados son los arándanos, pues ayudan a fortalecer el flujo de oxígeno por contener polifenoles, los cuales son antioxidantes esenciales para este proceso. Además, recalca que “los frutos pueden ser rojos o morados, y por lo general, según la creencia médica contienen propiedades cardiovasculares”, haciendo referencia al beneficio de consumir este tipo de frutas.

Seguido de este, otro de los sugeridos son el brócoli y el coliflor, los cuales tendrían propiedades importantes para combatir la pérdida de la memoria, además ayudan al proceso de aprendizaje, todo esto si se consume frecuentemente, ya que este mejora la actividad cerebral. El té verde, por su capacidad de relajación y reducción del estrés, también se recomienda para fortalecer el funcionamiento del cerebro.

La avena sería uno de los ingredientes principales en las preparaciones de aquellos que padecen de oxígeno en el cerebro, ya que según World Health, es un “equilibrante para el sistema nervioso”, por su alto contenido de vitamina B1, ayuda al órgano en medio de trabajos importantes de alto consumo intelectual.

Entre tanto, también se recomienda la ingesta de nueces, ya que contienen antioxidantes y omega 3 que son esenciales para combatir el natural envejecimiento del cerebro, y por tanto mantiene las funciones y la actividad de este órgano en una buena proporción, explica el portal.

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FUENTE RESPONSABLE: SEMANA

Sociedad/Salud/Cerebro/Memoria/Alimentación

Por qué esta nota va a cambiar tu cerebro (y otros 3 datos sobre la neurociencia de la lectura).

En su último libro, titulado «Neuroeducación y lectura», el neurobiólogo Francisco Mora habla sobre «la verdadera gran revolución humana».

El título de esta nota suena pretencioso, pero es un simple dato científico: leer cambia la química, física, anatomía y fisiología del cerebro.

La duda es qué tanto conseguirá transformarlo. De acuerdo con el neurobiólogo español Francisco Mora, dependerá de que el texto logre despertar tu curiosidad y, sobre todo, tus emociones.

«Solo se puede aprender aquello que se ama», decía Mora en el libro «Neuroeducación», publicado hace 8 años. Este ensayo sobre cómo la ciencia del cerebro puede mejorar la forma en que se enseña y aprende lleva 48.000 ejemplares vendidos y acaba de llegar a su tercera edición.

El año pasado el también docente universitario publicó «Neuroeducación y lectura» para ampliar uno de los temas centrales de su anterior bestseller y que considera «la verdadera gran revolución humana»: la capacidad de leer.

Previo a su charla en el marco del Hay Festival Arequipa, Mora habló con BBC Mundo sobre el cerebro, la educación y la lectura, diálogo resumido aquí en cuatro grandes datos.

1. Leer es un proceso artificial y reciente

«La capacidad de hablar la hemos adquirido por procesos de mutaciones genéticas con el Homo habilis hace unos 2 a 3 millones de años«, dice Mora.

Desde aquel entonces, los humanos nacemos con los circuitos neurales del lenguaje, aunque vale la pena aclarar que la acción de hablar solo se aprende en contacto con otros.

FUENTE: FRANCISCO MORA

FRANCISCO MORA SE FORMÓ COMO MÉDICO Y ES DOCTOR EN NEUROCIENCIAS.

«Se podría decir que nacemos con un disco cerebral en el que poder grabar, pero que estará vacío si no se graba nada en él», escribe en «Neuroeducación y lectura».

En cambio, la lectura nació hace apenas unos 6.000 años por la necesidad de comunicarnos más allá de la tribu propia, del corto alcance del boca a boca.

Además, su base no es genética sino artificial o, mejor dicho, cultural.

«Leer es un proceso que al no estar genéticamente codificado (y, por tanto, no es transmitido por la herencia) se repite costosamente en cada ser humano y necesita cada vez del trabajo duro del aprendizaje y la memoria», explica en el libro.

Y agrega: «Leer, y desde luego leer bien o muy bien, requiere un laborioso proceso de aprendizaje, atención, memoria y entrenamiento explícito que dura años e, incluso, gran parte de toda la vida si se aspira a leer de un modo altamente eficiente».

Pero lo de «costoso» y «laborioso» no tiene por qué significar sufrimiento, aclara Mora, quien a los 4 años comenzó a vivir «el castigo de la lectura en el colegio» por el desconocimiento de sus educadores sobre cómo funciona el cerebro del niño.

2. Aprender a leer más temprano no te hace más inteligente.

Los niños son «verdaderas máquinas de aprender» ya desde el útero, escribe el investigador y divulgador. De hecho, continúa, «el ser humano necesita aprenderlo casi todo».

FOTO: GETTY IMAGES «NO HAY PENSAMIENTO SIN EL FUEGO EMOCIONAL QUE LO ALIMENTA», ESCRIBE MORA.

La lectura es uno de esos grandes hitos en el desarrollo infantil, uno que llena a los padres de orgullo… o de preocupación.

«Cuando una madre se da cuenta de que a su niño de 5 años todavía le cuesta mucho aprender a leer y que el vecinito de enfrente con 4 años ya lee de corrido, se puede preguntar: ¿es que mi niño es más torpe?«, dice.

Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que para aprender a leer, hay ciertas partes del cerebro que tienen que haber madurado previamente, algo que puede llegar a suceder a los 3 años, pero que por lo general culmina cuando tienen 6 o 7 años.

Por eso, escribe, lo aconsejable es que la lectura se empiece a enseñar formalmente a los 7 años, «edad en la que, casi seguro, las áreas cerebrales base de la lectura están en todos los niños lo suficientemente desarrolladas y maduras para captar en todo su sentido y emoción la tarea de comenzar a leer. Precisamente esa es la edad en la que se empieza a aprender a leer en ese país tan avanzado en la enseñanza que es Finlandia».

Este es uno de los ejemplos que más le gusta usar para explicar la importancia de la neuroeducación, o sea, una educación basada en cómo funciona el cerebro.

Es que además de que forzar a un niño a aprender a leer prematuramente puede provocarle un sufrimiento y frustración innecesarios, que lo logre a los 3 o 4 años no tiene trascendencia alguna a futuro.

En otras palabras, no le da una ventaja académica ni lo hace más inteligente.

FUENTE: GETTY IMAGES

LA NEUROEDUCACIÓN ES UNA VISIÓN DE LA EDUCACIÓN BASADA EN LO QUE LA CIENCIA SABE SOBRE CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO.

Según Mora, la maduración cerebral tiene un componente genético, pero también uno cultural, vinculado sobre todo, al hogar: crecer con padres que leen o te leen, «tiene una dimensión emocional que facilita enormemente el aprendizaje de la lectura».

3. Internet está generando un problema atencional

«Nadie duda que internet ha supuesto una revolución cultural, creando una ‘era digital’ en la que la lectura no solo se hace más deprisa sino también de modo diferente», escribe Mora en «Neuroeducación y lectura».

Sin embargo, diversos estudios sobre los efectos de internet en el cerebro de niños y adolescentes también empiezan a mostrar aspectos negativos, que van desde la disminución de la empatía hasta el decaimiento de la capacidad de tomar decisio­nes.

Sobre la lectura en concreto, como explica en «Neuroeducación», es necesario inhibir de forma temporal el «99% de todo aquello que normalmente pensamos o entra a nuestro cerebro y solo prestar atención al 1% de ello». Además, precisa de un cierto tiempo.

En cambio, navegar en internet «necesita de un foco de atención muy corto y siempre cambiante».

Eso, dice el español, está inhabilitando uno de los muchos tipos de atención que existen: la ejecutiva. «Es la que tienes cuando diseñas un plan de trabajo, la que requieres para el estudio», explica, que es «sostenida» y «reposada».

Incluso hay quienes hablan de una nueva forma de atención, a la que llaman digital.

FUENTE: GETTY IMAGES

MORA DEFINE LEER BIEN COMO «LA ALEGRÍA DE APRENDER, EL TENER ESA RECOMPENSA DE CONOCER».

Mora reconoce que hoy en día no tiene sentido retener la fecha de nacimiento de una figura histórica, dato que Google responde de forma rápida y correcta. Pero eso no quiere decir que la memoria haya dejado de importar en el aula.

«Necesitas memorizar y mucho, porque tus memorias son lo que eres», opina. «Inclusive, ¿no es bello acaso tener algunas memorias de alguna poesía o de un trozo pequeño de literatura que puedas usar para embellecer tu propio discurso?»

«Esa es una dimensión importante de tu individualidad, de lo que te hace diferente». E incluso, asegura, te hace mejor persona.

4. Leer cambia al cerebro (y a ti)

Si bien el cerebro no está genéticamente diseñado para leer, este órgano posee una propiedad clave para lograrlo: la plasticidad.

La palabra proviene del griego «plastikos», que significa «cambio» o «modelado».

Quizás el máximo ejemplo sea que aprender a leer modifica la función de un área del cerebro principalmente programada para identificar formas y detectar caras, la cual también pasa a procesar y construir palabras.

Pero las transformaciones no son solo a nivel fisiológico.

FUENTE: ALIANZA EDITORIAL

ESTE AÑO SE PUBLICÓ LA TERCERA EDICIÓN DE «NEUROEDUCACIÓN», MIENTRAS QUE «NEUROEDUCACIÓN Y LECTURA» SALIÓ EL AÑO PASADO.

«Lo que enseña (el maestro) tiene la capacidad de cambiar los cerebros de los niños en su física y su química, su anatomía y su fi­siología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en la conducta», escribe en «Neuroeducación».

Es que, como afirma luego en «Neuroeducación y lectura», «cada persona cambia no solo en función de lo vivido, sino también de lo leído».

«Leer no es un acto pasivo de absorción de lo que hay escrito en un determinado documento o libro, sino un proceso activo, o recreativo (‘volver a crear’) si se quiere, de lo que allí se describe», agrega.

Implica «activar un amplio arco cognitivo que involucra la curiosidad, la atención, el aprendizaje y la memoria, la emoción, la consciencia y el conocimiento». Y cambiar.

Como escribió el filósofo italiano Umberto Eco y a quien Mora disfruta de citar: «El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee, habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás».

Este artículo es parte del Hay Festival Arequipa digital, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza del 1 al 7 de noviembre de 2021.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Noviembre 2021

Neurociencias/Cerebro/Plan de lecturas/Sociedad y Cultura/Educación

El cerebro construye su propio mapa del lenguaje.

Un equipo científico descubre que los términos con significados parecidos activan las mismas regiones del cerebro, creando una especie de mapa lingüístico.

¿Os imagináis que pudiéramos representar en un mapa nuestros pensamientos más profundos? 

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Es el reto que se propuso un equipo científico de la Universidad de California en Berkeley cuando intentaba descifrar cómo codifica y organiza el lenguaje nuestro cerebro. Los expertos consiguieron elaborar un ‘atlas semántico’ que representaba en vívidos colores las diferentes palabras, y dieron con un hallazgo revelador: los términos con significados parecidos activan las mismas zonas del córtex cerebral.

El lenguaje es una función sumamente compleja de cuyo desarrollo se encarga la corteza cerebral,  en concreto el sistema semántico, que «traduce» el significado de aquello que escuchamos, leemos, vemos o pensamos. 

Para encontrar qué zonas cerebrales se activan con cada palabra, los investigadores pidieron a siete voluntarios que se sometieran a un escáner cerebral mientras escuchaban un programa de radio durante dos horas. 

Después de desglosar y clasificar las 10.470 palabras de la emisión según su significado, solaparon toda esa información con los datos de la actividad neuronal. El resultado: una suerte de atlas cerebral donde las palabras, agrupadas en 12 categorías según sus similitudes semánticas, quedaban representadas en diferentes zonas del córtex cerebral de los hemisferios derecho e izquierdo.

Los modelos semánticos creados predicen la actividad neuronal asociada con el lenguaje en las regiones del córtex cerebral.

«La posibilidad de representar un mapa semántico del cerebro tan detallado es un logro increíble», afirma Kenneth Whang, director de programas de la división de Sistemas de Inteligencia e Información de la National Science Foundation. 

«Nuestros modelos semánticos son capaces de predecir las actividades neuronales asociadas con el lenguaje en grandes regiones del córtex cerebral, pero además nos proporcionan información detallada sobre qué tipo de conceptos se representan en cada área del cerebro”, afirma Alex Huth, investigador de la Universidad de California en Berkeley, uno de los voluntarios del proyecto.

Una de las conclusiones más sorprendentes de la investigación, según Huth, fue descubrir que incluso personas muy diferentes comparten un mismo ‘mapa lingüístico’ cerebral.  

Según los científicos, este tipo de descubrimiento podría tener múltiples aplicaciones. Por ejemplo, dar «voz» a personas afectadas de apoplejía o aquejadas de enfermedades neuromusculares, como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). 

Además, podría servir para monitorizar la actividad cerebral de personas con dificultades para comunicarse y hasta para diseñar una especie de ‘descodificador’ que traduzca nuestras palabras a otro idioma mientras hablamos. ¡Casi nada!

Neuroimaging reveals detailed semantic maps across human cerebral cortex – Science Nation

Imagen de portada: Gentileza de  Alexander Huth, Universidad de California en Berkeley.Imagen del mapa interactivo de la actividad neuronal asociada al lenguaje.

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Mayo 2016.

Cuerpo humano/Cerebro/Neuronas

 

Los sentimientos verdaderos dejan huella en nuestro cuerpo.

Verdad

La termografía es una técnica basada en la detección de la temperatura de los cuerpos que se aplica en multitud de áreas, como la industria, la estructura de edificios o la medicina. Ahora unos científicos de la Universidad de Granada la han utilizado en el ámbito de la psicología, en concreto para demostrar que mediante la termografía, así como con la imagen cerebral, se pueden evidenciar ciertos comportamientos o estados de ánimo humanos.

Si lo que afirman es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral.

El estudio ha observado la reacción de las personas cuando tienen que responder a preguntas relacionadas no con hechos sino con sentimientos o cualidades (las cualidades subjetivas de las experiencias individuales). 

«Si el sentimiento que afirman tener es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral situada entre el lóbulo parietal y el temporal que interviene en la detección y regulación de la temperatura corporal, y la termografía muestra un descenso en la temperatura de la nariz y de otras zonas corporales», dice Emilio Gómez Milán, coautor del estudio junto con Elvira Salazar López.

Para explicarlo de forma sencilla, los investigadores exponen unos ejemplos. Si un creyente «se encomienda a Dios», se le activa la ínsula y le baja la temperatura de la nariz; si lo hace un no creyente, no. Lo mismo sucedería con personas que afirman sinceramente sentir una alta empatía con otras, o con un experto en flamenco que siente la belleza de ese arte cuando ve a otras personas bailar. En caso de que mintieran, la falta de cualidad se traduciría en que la imagen cerebral no presentaría activación significativa de la ínsula, y la termografía no mostraría ningún cambio aparente.

Este estudio ayudará a probar fácilmente cuándo alguien realmente siente lo que dice y cuándo dice lo que no siente. Para estos «mentirosos emocionales», el lenguaje de la filosofía neurológica tienen un nombre que es la bomba: zombis filosóficos. ¡Cuidado con ellos! –NGM-E

Imagen de portada: Gentileza de Emilio Gómez Milán y Elvira Salazar López

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC.

Cuerpo humano/Cerebro/Neurociencia.