Ciertos tipos de memoria estarían mejor conservados en mujeres que en hombres durante la mediana edad.

CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD

La inferencia surge de experimentos realizados por un equipo del CONICET, que muestran diferencias en el deterioro cognitivo entre ratas macho y hembra.

¿En qué circunstancias te enteraste de la caída de las Torres Gemelas? ¿Con quién estabas el día que Maradona quedó excluido del Mundial en 1994? ¿Cómo supiste de la muerte de Rodrigo, el cantante de cuarteto? Es probable que la respuesta a alguna de estas preguntas aparezca casi sin esfuerzo: la mayoría de las personas puede recordar detalles que ocurrieron en su vida alrededor de esos sucesos. Es porque a partir de una situación ligada a un impacto emocional fuerte, se genera una traza de memoria mucho más robusta, que los neurocientíficos denominan “memorias perdurables”, en contraposición a eventos cercanos en el tiempo, pero menos relevantes, que muchas veces no es posible recordar. En relación con esto, según un reciente estudio de un equipo del CONICET, se puede inferir que las mujeres durante la llamada “mediana edad” podrían tener una mayor capacidad de memoria perdurable que los hombres. Algo similar ocurre en torno a los objetos que las personas suelen perder de forma cotidiana: preguntas como “¿dónde dejé las llaves?”, “¿la tijera?” o “¿la billetera?” podrían ser respondidas con mayor eficacia por mujeres de mediana edad, ya que, según el estudio, en ellas la memoria espacial se deterioraría menos que en los hombres.

“Existen muchas diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres, y lo que ocurre con el cerebro no es la excepción. Esas diferencias incluso se acentúan más en la mediana edad, cuando comienza la menopausia en las mujeres y la andropausia en los hombres, que es una etapa asociada típicamente con el inicio de una declinación cognitiva progresiva”, explica Natalia Colettis, científica del CONICET en el Instituto de Química y Fisicoquímica Biológicas (IQUIFIB, CONICET-UBA) y una de las autoras del trabajo, que acaba de publicarse en la revista Learning & Memory. “Y si nos centramos particularmente en el hipocampo, un área del cerebro especializada en la formación de memorias, encontramos que, durante la mediana edad, ocurren allí diversos cambios fisiológicos que siguen dinámicas diferentes entre los distintos sexos”.

Para conocer la naturaleza de esas diferencias en la memoria entre los sexos, el equipo trabajó con un modelo de ratas utilizando machos y hembras. Se trata de una práctica poco frecuente ya que, llamativamente, “la ciencia en general tiende a usar exclusivamente a modelos basados en animales macho en todos sus estudios”, señala Martín Habif, investigador en el Laboratorio de Neuroplasticidad y Neurotoxinas (LaN&N) del Instituto de Biología Celular y Neurociencia “Prof. Eduardo De Robertis” (IBCN), UBA-CONICET). “Tiene que ver con que, generalmente, las hembras suelen usarse para el estudio de funciones reproductivas o de hormonas sexuales. Por otra parte, estas presentan variaciones hormonales que son difíciles de controlar para el experimentador. Es así como existe un sesgo hacia el uso de animales macho, que resultan más homogéneos en este sentido, pero que, por otro lado, generan descubrimientos poco representativos de la población en su conjunto. En el caso de estar evaluando potenciales fármacos, estos podrían resultar muchas veces ineficaces para la mujer y eventualmente dañinos”.

Al encarar este estudio a acerca de las diferencias entre ratas macho y hembras, el equipo científico sabía que había diferencias a nivel cerebral entre los sexos en torno a aspectos como la densidad de neuronas, la vascularización del cerebro e incluso cambios en la expresión de algunos genes. Eso llevó a que se preguntaran qué sucede en relación con los fenómenos de aprendizaje y memoria en la mediana edad ante los primeros indicios de deterioro cognitivo. Para averiguarlo, realizaron pruebas conductuales en ratas de mediana edad, que en esta especie equivale a los 12 y los 13 meses de vida, y que en humanos se traslada a una edad promedio de entre los 35 y 45 años.

Lo que observaron fundamentalmente es que en la mediana edad los machos, a diferencia de las hembras, presentan dificultad para establecer lo que se llaman “memorias espaciales de larga duración”. También notaron que los machos tenían mayor dificultad para recordar eventos aversivos, que se habían presentado dos semanas antes, es decir que tuvieron afectada lo que llamamos la “persistencia de la memoria”. “Lo relevante de este hecho, es que los eventos aversivos suelen generar trazas de memoria muy fuerte”, apunta Colettis, y agrega: “Por otro lado, no observamos diferencias en otros tipos de memoria, como la vinculada al reconocimiento de objetos, memorias espaciales y en la habituación a un ambiente”.

Tanto Habif como Colettis subrayan, a partir de este estudio, la necesidad de que en la ciencia se comiencen a realizar experimentos de modo comparativo entre los sexos y no solo utilizando modelos basados en machos. “Para nosotros este estudio es un punto de inflexión en nuestros experimentos. En el laboratorio trabajamos con patologías neurodegenerativas como el Alzheimer utilizando modelos de ratas transgénicas que recapitulan la enfermedad, y al hacer un uso equilibrado de machos y hembras encontramos diferencias entre los dos sexos. Al hallar estas diferencias, entendimos la necesidad de un cambio de percepción general en la ciencia, donde se tome conciencia del impacto de este sesgo”, apunta Habif.

A partir de estos resultados, el equipo científico dirigido por la investigadora del CONICET Diana Jerusalinsky continuará en sus investigaciones, tanto en torno al Alzheimer como en el estudio de los mecanismos de memoria y aprendizaje, utilizando ambos sexos en sus experimentos. “Estamos trabajando con un sesgo que se viene arrastrando y tiene que comenzar a modificarse. Si bien en este trabajo describimos diferencias fisiológicas centradas en lo cognitivo, esas diferencias son el emergente de un montón de diferencias fisiológicas en otros planos subyacentes. Y el hecho de profundizar en el conocimiento de estas diferencias, considero que contribuirá a que las mujeres estemos más protegidas e incluidas el día de mañana”, concluye Colettis.

Este trabajo fue realizado en el Laboratorio de Neuroplasticidad y Neurotoxinas (LaN&N) en el Instituto de Biología Celular y Neurociencias “Profesor Eduardo De Robertis” (IBCN) dependiente del CONICET-UBA bajo la dirección de la investigadora del CONICET Diana Jerusalinsky.

Referencia bibliográfica

Differences in learning and memory between middle-aged female and male rats. Natalia Claudia Colettis(*), Martín Habif(*), María Victoria Oberholzer, Federico Filippin and Diana Alicia Jerusalinsky. Learning & Memory, CSHL Press. 2022. 29: 120-125.

Imagen de portada: El equipo de investigación integrado por Habif y Colettis y liderado por Jerusalinsky. Foto: gentileza Valentina Pastore.

FUENTE RESPONSABLE: CONICET. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Mayo 2022.

Ciencia/Argentina/CONICET/Cerebro/Memoria/Salud/Salud Mental.

 

Lo que las experiencias traumáticas le hacen al cerebro y al cuerpo.

Imagina que te ofrecen un trabajo magnífico en el que te van a pagar muchísimo dinero y te piden que te reúnas con la persona que será tu jefe para saber más del puesto.

A medida que habla y describe el cargo, sientes algo en el estómago, como una contracción, pero en ese instante no entiendes por qué tienes esa sensación incómoda.

Tu amígdala sí lo sabe. Esta estructura que está en el cerebro detectó algo en la inflexión de la voz, los movimientos faciales, la forma en que esa persona estaba haciendo los planteamientos e hizo una asociación con una experiencia en la que te defraudaron y te está lanzando una advertencia:

«¡Cuidado! Aquí hay una incoherencia aunque no la puedas explicar conscientemente».

«La amígdala, en el caso humano, es un detector de incoherencias», le explica a BBC Mundo -tras ofrecer ese ejemplo- el doctor Manuel Portavella, profesor en el área de Psicobiología y coordinador del Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

Ahora imagina cuánto más se puede exacerbar cuando se ha vivido una experiencia traumática: «se hace más sensible a cualquier tipo de incoherencia o apariencia de incoherencia».

Hay gente que puede llegar a ser más sensible que otra a una experiencia traumática y sufrir efectos a largo plazo, que se manifiestan, por ejemplo, en «reviviscencias, pesadillas, y pensamientos negativos» que interfieren con su vida diaria, indica Joelle Rabow Maletis, educadora y asesora en psicología.

«Este fenómeno se llama trastorno de estrés postraumático, o TEPT, y no es un fallo personal; más bien, es el mal funcionamiento de mecanismos biológicos que nos permiten hacer frente a experiencias peligrosas y que es tratable», señala en la animación TED-Ed: La psicología del trastorno del estrés postraumático.

Una amígdala hiperactiva

El efecto en una persona de una experiencia traumática depende de varios factores, entre ellos el fenotipo cerebral de cada individuo, explica Portavella.

Amígdalas

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La amígdala cerebral consiste en un par de estructuras con forma de almendra situadas en ambas partes del lóbulo temporal del cerebro.

Cuatro personas -ejemplifica- pueden haber sido sometidas a la misma experiencia traumática y «una de ellas consigue llevar una vida normal, pero las otras no».

En parte eso se debe a lo que «en psicología clínica se conoce como diátesis-estrés, la combinación de estrés y la sensibilidad de cada persona ante él. No hay un patrón único».

De acuerdo con la psiquiatra Ellen Vora, «las experiencias traumáticas con frecuencia se almacenan en el cuerpo, el cual también reprograma el cerebro».

«Cuando eso ocurre, la amígdala -esa parte del sistema límbico a cargo de nuestra respuesta del miedo- queda en una especie de estado de agitación creando ansiedad desproporcionada a lo largo de la vida», escribió la también autora en la revista Psychologies.

El trauma deja al cerebro en alerta elevada, «incluso si la amenaza ya no existe», y algunas personas pueden percibir peligro donde no hay.

Portavella habla de la retroalimentación de la memoria episódica, «como una reverberación, o lo que en psicología se llama ‘rumiar’: estar constantemente auto exponiéndose al recuerdo».

Eso retroalimenta el circuito amigdalino, clave, entre varias funciones, en el aprendizaje emocional y en la gestión de las respuestas emocionales.

Lucha, escape o bloqueo

Las experiencias traumáticas (violencia doméstica, abuso sexual, desastres naturales, guerras, entre otras) activan el sistema de alarma cerebral conocido como: lucha, escape o bloqueo.

«Junto al miedo esas son reacciones naturales que han estado diseñadas a lo largo de la evolución para nuestra supervivencia».

Ilustración de un neandertal

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«Esas emociones vienen prediseñadas en nuestra genética y se empiezan a desarrollar en la infancia», cuando se inicia el aprendizaje de cómo usarlas de forma adecuada.

En ese proceso, desempeñan un rol clave los circuitos amigdalinos y la corteza prefrontal del cerebro (la que nos permite tomar decisiones, realizar tareas planificadas).

Pero ¿qué ocurre si una persona tiene estrés sostenido producto de una experiencia traumática?

Si bien contamos con una respuesta que ha sido naturalmente diseñada para huir, para defendernos de una situación crítica, «en un contexto de maltrato continuado, no hay escapatoria, se mantiene el estrés y el estrés produce muchas alteraciones metabólicas porque hace que nos preparemos para una acción».

Y es que cuando ocurre la experiencia traumática, se genera lo que Maletis llama una «cascada química», que «inunda el cuerpo con varias hormonas de estrés diferentes, causando cambios psicológicos que preparan al cuerpo para defenderse».

«Nuestro ritmo cardíaco se acelera, la respiración se acelera y los músculos se tensan».

Se altera el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA) y en ese proceso se desencadena la respuesta del miedo por la activación del sistema límbico.

Y, advierte Portavella, «si eso se mantiene en el tiempo, desarrollamos un trastorno».

«El sistema aprende que hay una amenaza permanente y una vez que lo aprende, aunque salga de esa situación, se ha modificado, se ha hecho más sensible al estrés».

La memoria

Con el tiempo, tanto el organismo como el cerebro pueden sufrir las consecuencias.

«El estrés sostenido puede producir muerte en el hipocampo, una estructura fundamental de la memoria, y puede producir problemas de memoria y de concentración», dice el profesor.

Sombra de un hombre y una persona sentada

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Y es que la memoria no sólo es clave para resolver problemas, tomar decisiones, planificar, sino para «regular nuestras emociones y desarrollar un sentido positivo de uno mismo», indica UK Trauma Council en la publicación Childhood trauma and the brain (El trauma infantil y el cerebro).

Por eso es que experiencias de maltrato en la infancia «pueden crear recuerdos negativos que pueden ser abrumadores y también influir en cómo creamos recuerdos nuevos».

De acuerdo con esa organización, varios estudios han mostrado diferencias en la función del hipocampo en niños cuyo cuidado se ha descuidado o que han sufrido abuso.

«Hay una disminución de la activación del hipocampo cuando se recuperan recuerdos de la autobiografía positiva», así como también durante el aprendizaje asociativo, «cuando los niños aprenden y recuerdan nuevas relaciones entre elementos que no están conectados».

Castigo vs recompensa

El sistema de recompensa en nuestro cerebro, que usa la dopamina, nos ayuda a reconocer los aspectos positivos de nuestro entorno y a motivarnos, también nos guía en muchas de las decisiones que tomamos.

Crecimiento de un niño hasta la vida adulta

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«Las investigaciones muestran que los niños que han experimentado abuso y negligencia tienen una sensibilidad reducida en estas regiones (del cerebro) en comparación con la de sus compañeros cuando procesan señales de recompensa, posiblemente reflejando la adaptación a un mundo donde la recompensa es poco frecuente o impredecible», indica UK Trauma Council.

En nuestro proceso continuo de tomar decisiones, se produce una competencia -explica Portavella- entre los castigos, que están muy mediados por la amígdala cerebral, y las recompensas.

Nuestra corteza prefrontal, que juega un papel clave en la toma de decisiones y que se conforma a lo largo de la infancia y de la adolescencia, «va a determinar cuál es la mejor opción o la menos mala».

Con un trastorno de estrés postraumático, se le da demasiado primacía a las alarmas, y por tanto puede que «te niegues las situaciones recompensantes».

Es como si el cerebro redujera su habilidad para reaccionar a ellas, para experimentar disfrute. Por ejemplo, «uno anticipa una amenaza en una situación novedosa y eso afectará las decisiones que tome».

En el caso de los niños, los traumas tienen un impacto en la manera en que van construyendo sus relaciones.

«Los científicos creen que los cambios cerebrales pueden afectar la forma en que un niño experimenta y moldea activamente el mundo social que les rodea», apunta el reporte de UK Trauma Council.

«Por ejemplo, un niño puede concentrarse en el peligro mientras se pierde otras señales sociales más positivas».

Fenómeno epigenético

De acuerdo con Portavella, los fenómenos epigenéticos se dan cuando el ambiente influye en la forma en que se «lee nuestro genoma».

Sistema límbico

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Ilustración de las estructuras anatómicas del sistema límbico del cerebro.

«No es que aparezcan nuevos genes o desaparezcan otros, sino que nuestro genoma va a ser alterado por esa exposición a factores estresantes generados por nuestro propio organismo, pues el sistema busca adaptarse al medio».

«Uno aprende que tiene que estar en alerta porque va a estar constantemente amenazado y eso puede producir una serie de modificaciones de genes que van a ser suprimidos, lo que significa que su lectura se impide, mientras que hará que otros se activen».

«Eso hace que se conforme un perfil diferente de sensibilidad, de receptores cerebrales, y lo que genera es que una persona (que sufre de TEPT) se vuelva muy sensible a situaciones estresantes».

«Y cuando se encuentra con otras situaciones estresantes, aunque no sean exactamente de la misma naturaleza, la forma de responder será con un ansiedad por encima de lo que sería del tipo adaptativo para otras personas».

Diferencias individuales

El miedo no es otra cosa que las sensaciones desagradables que sentimos: temblores, bloqueo, duda, sudoración.

Imágenes por resonancia magnética del cerebro

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En individuos que son menos sensibles al estrés, la amígdala cerebral es menos sensible para poner en marcha una respuesta intensa.

«Viven el miedo de una forma diferente y, a nivel cognitivo, le produce menos modificaciones, su corte prefrontal termina madurando bien».

«Sin embargo, en niños (que han sufrido traumas), esas conexiones del corte prefrontal, que nos permiten gestionar bien las emociones en la etapa adulta, se ven muy interferidas, no maduran de forma adecuada, con lo cual sigue siendo un cerebro sensible a lo largo de la vida».

«En los trastornos de estrés postraumático se produce una memoria persistente: ese hipocampo va metiendo constantemente la información de lo que le ocurrió sin bajar la intensidad» y se convierte en una interferencia que puede llegar a ser constante.

Maletis explica que con TEPT, «la memoria activa la misma cascada neuroquímica como en el evento original. Se despiertan los mismos sentimientos de miedo e impotencia como si experimentásemos el trauma otra vez».

«Intentar evitar los desencadenantes, a veces impredecibles, pueden llevar al aislamiento».

El tiempo

Según la experta, «un pequeño porcentaje de los que experimentan trauma tienen problemas persistentes que a veces desaparecen temporalmente para resurgir meses después».

Mujer agarrándose la boca

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«No comprendemos por completo qué está pasando en nuestro cerebro, pero una teoría es que la hormona del estrés, el cortisol, puede estar continuamente activando la respuesta ‘lucha, huida, bloqueo’, reduciendo el funcionamiento general del cerebro dando lugar a síntomas negativos».

«Cuando los problemas duran más de un mes, a menudo se diagnostica TEPT».

La doctora Marianne Trent, autora y psicóloga clínica, señala en la revista Psychologies que en algunas personas podrían pasar meses o incluso años antes de que la sintomatología de un trauma aflore y «no siempre se manifiesta como una dificultad de salud mental».

«Debido a la forma como los traumas afectan el cuerpo, pueden llevar a migrañas, al síndrome del intestino irritable e incluso problemas en la espalda».

Pedir ayuda

Es fundamental pedir ayuda especializada si se ha vivido una experiencia traumática que sentimos nos está afectando.

«No hay que tener miedo ni vergüenza porque tener un trastorno de este tipo es como tener una tuberculosis o un problema intestinal, no te lo puedes curar solo. Tienes un problema emocional», indica Portavella.

Abrazo

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«El problema es que vivimos en una sociedad en la que parece que pedir ayuda nos hace valer menos».

«Aquí no vinimos a ser grandes caballeros andantes que lo llevamos todo sobre la espalda, el individualismo va en contra de la propia naturaleza humana».

Existen diferentes ideas sobre cómo ofrecerle apoyo a las personas que sufren trastorno de estrés postraumático, es un área muy compleja de la psicología y la psiquiatría.

El profesor asoma un enfoque:

«Es necesario para el sistema recordar porque es adaptativo y cuando intervenimos desde el punto de vista psiquiátrico decimos: está muy bien la biología y la especie humana, pero estoy hablando de este individuo, que puede hacer una vida normal y si hay que ayudarle a olvidar, se puede tratar, pero ayudarlo a olvidar en el sentido de que cuando recuerde ese evento no le produzca la misma sensación».

Es decir, el recuerdo seguirá existiendo, pero no la sensación abrumadora y limitante al evocarlo.

«Lo vital es ayudar a que se reduzca esa ansiedad».

Mano de un padre con la mano de una hija

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En el caso de los niños, existen importantes y esperanzadoras ventanas de acción y estrategias para ayudarlos en su desarrollo.

Una buena noticia es la impresionante plasticidad del cerebro, que le permite cambiar en respuesta al ambiente y las experiencias sociales.

«Los cambios en el cerebro que ocurren después de un trauma pueden mejorar con el tiempo. Esto es particularmente probable que suceda cuando los niños experimentan seguridad, estabilidad y apoyo», señala Katie McLaughlin, profesora de Psicología de la Universidad de Harvard, en el texto académico: How can trauma affect the brain.

Maletis dice que el TEPT ha sido llamado «la herida escondida», pero pese a su invisibilidad no se debe sufrir en silencio.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Margarita Rodríguez. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Ciencia/Cerebro/Estrés postraumático/Salud / Salud Mental

 

 

 

 

Cerebro: que recomiendan en Harvard para la memoria.

Aunque muchas veces se deja de lado la salud del cerebro y esto puede terminar afectando la memoria y el olvido de ciertas cosas. ¿Cómo se entrena?

El cerebro es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano y por eso no hay que dejar de mantenerlo ejercitado. Y una de sus funciones principales para nuestra vida es la memoria.

Aunque muchas veces se deja de lado la salud del cerebro y esto puede terminar afectando la memoria y el olvido de ciertas cosas. Por ese motivo es necesario entrenarlo para mantenerlo de forma saludable.

El Center for Wellness and Health Promotion (Centro para el Bienestar y la Promoción de la Salud), de la Universidad de Harvard, expuso el cómo proteger la salud de la memoria con una serie de actividades:

Compartir tiempo con amigos: la convivencia con amigos y seres queridos no solo aumenta el nivel de felicidad, sino que prolonga la vida y esto es beneficioso para el cerebro y la memoria.

Evita fumar y moderarse con el alcohol: los fumadores tienen un mayor grado de pérdida de memoria relacionada a la edad, entre otros problemas de memoria que aquellos que no fuman. En el caso de los bebedores, estos tienen problemas para realizar tareas de memoria a corto plazo y también pueden pasar por el síndrome de Korsakoff, el cual puede desencadenar una amnesia repentina y dramática. Es por eso que debe de dejar de lado estas actividades.

Lectura: esta actividad es sumamente importante y no importa si se leen, novelas, cuentos o noticias. Lo que en realidad importa es adquirir el hábito y mantenerlo en el transcurso del tiempo, es decir, que se vuelva parte de su rutina diaria.

Salir a caminar: esta actividad es muy necesaria para liberar tensiones y puede hacerse de forma singular o con un grupo de personas. Los padres también pueden aprovechar esta actividad para que tanto ellos como sus hijos liberen tensiones.

Tomar siestas y dormir bien por la noche: en el caso de las siestas, se pueden dedicar cinco minutos para descansar, relajarse y respirar profundamente. Respecto al descanso nocturno, es importante cumplirlo, ya que aquellas personas que no duermen bien pueden ser olvidadizas. La falta de sueño, como el insomnio pueden afectar en el descanso, y existen medicamentos que lo tratan, los cuales también terminan afectando el cerebro. Es necesario que se mejoren los hábitos de sueños.

Proteger el cerebro de lesiones: tener golpes en la cabeza es una de las principales causas de pérdida de memoria e inclusive puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia. Es importante utilizar un casco cuando se realicen actividades y deportes de riesgo.

Otras actividades que potencian el cerebro:

Aprender a tocar un instrumento

Aprender nuevas habilidades

Escuchar música clásica

Escribir poesía

Leer diversas fuentes de noticas para estar bien informado y nutrirse de varias fuentes

Pintar

Hacer actividad física

Cómo ayudan estas actividades a nuestro cerebro

Desarrollar valores y opiniones personales.

Experimentar una vida más estimulante.

Mejor cognición.

Mejor concentración y memoria.

Mentalidad más amplia.

Razonamiento más claro.

Imagen de portada: Gentileza de Ámbito Financiero.

FUENTE RESPONSABLE:ÁMBITO FINANCIERO. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Cerebro/Entrenamiento/Memoria

¿Cuánto tiempo dura la memoria de un perro?

Los canes poseen una memoria a largo plazo y también una a corto plazo, así como una memoria asociativa, que es más potente que su capacidad de retención.

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Los perros son la primera opción a la hora de tener una mascota en España. Y sobre ellos, existe una falta creencia de que los perros tienen mala memoria, sin embargo, está demostrado que perros muy inteligentes como el border collie poseen una memoria muy buena. Por eso, aquí buscamos resolver dudas como: ¿Cuánto tiempo puede recordar un perro a una persona? o ¿cuánto tiempo puede retener un evento un perro? 

¿Los perros tienen memoria?

La respuesta es evidente: Sí, los perros tienen memoria, y concretamente la de algunos es excelente. Es bastante obvio que los perros no se olvidan fácilmente de sus dueños, ni su familia y amigos, ni de las mascotas que han ido conociendo a lo largo del tiempo. La memoria forma parte del sistema adaptativo de cualquier animal. La memoria es fundamental para la supervivencia de un perro. Esta le permite saber dónde hay comida, agua, cobijo, peligros… 

Sin embargo, es importante distinguir qué tipo de memorias existen en los perros. Por un lado, tenemos la memoria a corto plazo (también llamada memoria de trabajo), y por otro lado, la memoria a largo plazo. Un estudio de la Universidad de Estocolmo ha demostrado que un perro tiene una memoria a corto plazo de un máximo de 2 minutos. Además, los canes recuerdan eventos inmediatos hasta por 70 segundos de media.

La memoria a corto plazo

La memoria a corto plazo o de trabajo de un perro es importante para retener pequeñas cantidades de información durante un periodo de tiempo pequeño. Normalmente se vincula a unos segundos únicamente, y son recuerdos que utiliza el animal para gestionar determinadas actividades de su vida cotidiana. 

La memoria a largo plazo

Con respecto a la memoria a largo plazo, esta guarda de forma duradera los recuerdos de los hechos significativos que haya vivido el can. Según los expertos se divide en memoria no declarativa o implícita y memoria declarativa o explícita. La primera se vincula a la memoria de hábitos y de las habilidades, y a la memoria emocional. Y la segunda, la memoria declarativa permite recordar hechos y proporciona una representación del mundo. 

La memoria asociativa de los perros

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los perros viven el presente sin pensar en el pasado. De hecho, porque no tienen esa capacidad. Esto tiene que ver con que la memoria de los perros no es como la nuestra, sino que la memoria de los perros es asociativa. Su memoria funciona de tal manera que vinculan circunstancias e imágenes del pasado con circunstancias del presente. Estas asociaciones permanecen en la memoria del perro para siempre. Únicamente, los perros de avanzada edad que pueden padecer un proceso degenerativo son aquellos que olvidan sus asociaciones.

Imagen de portada. Gentileza de El Español

FUENTE RESPONSABLE: El Español. Por Noelia Gomez. Abril 2022.

Mascotas/Perros/Cerebro/Memoria

El gen que hace especial al cerebro humano

¿Por qué somos como somos? ¿Qué hace que cada uno de nosotros sea único en el mundo? La respuesta está, sin duda alguna, en nuestro cerebro. Un nuevo descubrimiento explica por qué este órgano es tan excepcional.

Como su propio nombre indica, la corteza cerebral recubre al cerebro y le proporciona su típico aspecto rugoso. Es una de las más grandes maravillas de la naturaleza, que nos ha permitido pasar del uso de las herramientas más simples de nuestros ancestros a crear herramientas tan complejas como un ordenador portátil o una estación espacial internacional.

Gracias a la corteza cerebral podemos construir desde los edificios más grandes y eficientes hasta las más bellas catedrales. Podemos tener interacciones sociales de gran sutileza y lograr en tiempo récord identificar un nuevo tipo de virus como el SARS-CoV-2 y desarrollar una vacuna efectiva contra este.

Más aún, en la corteza cerebral reside buena parte de aquello que nos hace únicos a cada uno de nosotros: nuestra personalidad.

Así evolucionó nuestra corteza cerebral

Al igual que nuestras manos y nuestra nariz, nuestra corteza cerebral es fruto de millones de años de evolución. Tras la gran extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, los mamíferos más grandes que sobrevivieron no eran mucho mayores que un topillo, y su corteza cerebral pesaba unos pocos gramos.

Sin embargo, la incesante acción de múltiples factores siguió creando mutaciones en el genoma de esos mamíferos primigenios, al igual que venía ocurriendo desde el origen de la vida.

Algunas de estas mutaciones eran perjudiciales (como las que nos causan cáncer de piel, por ejemplo), y se perdían al perecer sus portadores. Pero otras mutaciones genéticas fueron beneficiosas, y se perpetuaron en las siguientes generaciones.

Mediante este proceso repetido durante millones de generaciones, la corteza cerebral pequeña y relativamente sencilla de aquellos mamíferos primigenios fue aumentando en tamaño y complejidad hasta convertirse en el fenomenal órgano que ocupa hoy nuestros cráneos y nos permite comprender este artículo.

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Pues bien, un estudio llevado a cabo desde el Instituto de Neurociencias en Alicante ha descubierto uno de estos cambios genéticos que tuvieron lugar durante la evolución y que fueron clave para la expansión de la corteza cerebral humana.

La corteza se forma durante el desarrollo embrionario a partir de células madre neurales, que se dividen constantemente dando lugar a dos células hija tras cada división. Al inicio del desarrollo, la división de células madre neurales genera más células madre, aumentando así en número.

A partir de cierto momento, estas empiezan a generar neuronas (neurogénesis), que finalmente conformarán la corteza cerebral adulta.

Este es un paso decisivo, porque cuando la división celular produce dos neuronas, ya no queda célula madre de repuesto que pueda seguir produciendo más neuronas.

Por ello, el número total de neuronas en la corteza depende del número de células madre neurales que las tienen que generar. Y cuantas más neuronas se generen y más variopintas sean, mayor serán el tamaño y la complejidad de la corteza cerebral.

En el cerebro embrionario humano el número de células madre neurales, su diversidad y su capacidad de proliferación son enormes, mientras que en el pequeño embrión de ratón son mucho menores.

Un gen que regula las células madre del cerebro

La nueva investigación en el laboratorio demuestra que la alta capacidad de proliferación de las células madre neurales de la corteza humana, y de otras especies con una corteza de gran tamaño, se debe en buena medida al gen MIR 3607, cuya función permanecía completamente desconocida hasta ahora.

Este gen pertenece a la familia de los micro ARNs, pequeñas secuencias de ARN que actúan como pequeños directores de orquesta, regulando la actividad de otros genes. En este caso, MIR 3607 aumenta la proliferación de las células madre de la corteza para que eventualmente generen un mayor número de neuronas.

El equipo ha llegado a esta conclusión analizando la presencia y función de este micro ARN durante el desarrollo embrionario de la corteza cerebral en múltiples especies de mamíferos con grandes cerebros. Nuestro estudio ha incluido el ser humano, mediante el cultivo de ‘minicerebros’ (organoides cerebrales).

MIR 3607 aumenta la proliferación de las células madre de la corteza para que eventualmente generen un mayor número de neuronas

¿Por qué otros mamíferos no desarrollaron cortezas cerebrales tan complejas?

La evolución puede ser caprichosa y no siempre avanza hacia órganos o estructuras más grandes y complejas. A veces los hace más sencillos o incluso los elimina.

Esto se llama pérdida secundaria, y es conocido el caso de delfines, ballenas y otros mamíferos marinos para quienes resultó más útil para nadar con agilidad convertir brazos y piernas articulados, y manos con dedos, en simples aletas.

De forma similar, cuando la estirpe de los roedores se separó de los primates hace 75 millones de años, su evolución les llevó a reducir el tamaño de la corteza cerebral en comparación a su ancestro común con los primates.

¿Qué cambios y mutaciones genéticas causaron esta reducción del tamaño cerebral en roedores?

Este estudio da respuesta por primera vez a este enigma. Resulta que en los roedores no se expresa MIR3607 durante el desarrollo embrionario, a diferencia de los primates. Eso hace que sus células madre neurales no proliferen mucho. En consecuencia, se generan pocas neuronas, y la corteza acaba teniendo un tamaño pequeño.

Es decir: gracias a la aparición del gen MIR 3607 el cerebro de los mamíferos aumentó de tamaño durante la evolución, y sigue siendo necesario que las células madre lo mantengan activo para que nuestro cerebro tenga su tamaño apropiado.

En caso contrario, el desarrollo cortical y la neurogénesis son deficientes, dando lugar a un tamaño mucho menor, tal y como ocurrió con los roedores.

Un hallazgo que cambia los libros de texto

Este descubrimiento nos ayuda a comprender cómo las fuerzas evolutivas moldearon nuestro cerebro hasta alcanzar lo que es hoy. Y también, cómo esos mismos mecanismos han moldeado el cerebro de otras especies, cambiando lo que dicen los libros de texto.

El hallazgo también tiene impacto a nivel clínico, ya que el gen MIR 3607 es ahora un posible marcador de diagnóstico genético de malformaciones cerebrales congénitas; en particular, aquellas que afectan al tamaño cerebral, como la microcefalia.

Imagen de portada: Gentileza de Istock

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic ESPAÑA. Por *Victor Borrell Franco es Investigador Científico de CSIC, director del grupo Neurogénesis y Expansión Cortical, Universidad Miguel Hernández. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Cerebro/Neurociencias/Evolución/Neuronas

Así almacena los recuerdos el cerebro, estudio.

Los resultados de un nuevo trabajo de investigación en 2022 muestran un importante hallazgo sobre el almacenamiento de recuerdos en el cerebro.

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El cerebro es un órgano imprescindible para el organismo, implicado en el aprendizaje y la memoria. Así, este órgano también cumple la misión de almacenar recuerdos.

No obstante, debido al envejecimiento, junto con otros factores el cerebro puede verse afectado, especialmente por el deterioro cognitivo asociado a la demencia.

Recientemente un grupo de investigadores ha desarrollado una nueva herramienta que permite obtener imágenes de astrocitos individuales en el cerebro de ratones despiertos. La gran noticia es que el nivel de detalle de estas imágenes no tiene precedentes.

En concreto, estos investigadores han podido demostrar por primera vez ‘in situ’ que los astrocitos provocan señales de calcio tan rápidas como la de las neuronas; con una duración inferior a 300 milisegundos.

Lo interesante de este trabajo de investigación publicado en la revista ‘Science Advances‘ es que los astrocitos juegan un papel clave en el cerebro durante el procesamiento de información y el almacenamiento de recuerdos.

Las conexiones del cerebro y los recuerdos

Hay que tener en cuenta que la forma en la que experimentamos el mundo se debe a complejas e intrincadas interacciones entre las neuronas del cerebro. Así, los resultados de esta prestigiosa investigación, muestran que los astrocitos, que son unas células no neuronales del cerebro, también participan de forma protagonista en el procesamiento de la información y probablemente en la memoria.

Almacenamiento de los recuerdos en el cerebro.

Un aspecto interesante de esta investigación liderada por profesionales de la Universidad de Posgrado del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST), en Japón, es que lograron una señalización en el interior de los astrocitos individuales con un nivel de detalle y velocidad nunca visto anteriormente en el cerebro de ratones despiertos.

Al respecto, el primer autor de la investigación, el doctor Leonidas Georgiou, explica que «si estas implicaciones son ciertas, transformarán fundamentalmente nuestra forma de pensar sobre la neurociencia y el funcionamiento del cerebro».

Los astrocitos, un elemento clave

Los astrocitos son un elemento cerebral que hasta el momento no habían recibido tanta atención como las neuronas. En este sentido, se creía que tan solo se trataba de células auxiliares que suministraban nutrientes a las neuronas y eliminaban sus residuos.

«Pero en los últimos años ha habido cada vez más pruebas de que los astrocitos pueden escuchar los mensajes químicos que se envían entre las neuronas en las sinapsis, y pueden responder con sus propias señales, proporcionando una capa adicional de complejidad a la forma en que nuestro cerebro recibe y responde a la información», explica el doctor Leónidas Georgiou.

Superalimento cacahuete memoria y cerebro

Como conclusión, los autores de esta importante investigación cuyos resultados han visto la luz en 2022, señalan que «todavía no sabemos cómo se almacenan los recuerdos en el cerebro, pero es increíble pensar que podría implicar a los astrocitos. Es probable que sea demasiado bueno para ser cierto, pero es una hipótesis apasionante que hay que seguir».

Hábitos para mejorar la memoria y la salud del cerebro

La memoria guarda una relación estrecha con los recuerdos en la memoria, aunque realmente no significan lo mismo. Así, a medida que envejecemos es habitual que se produzca un deterioro cognitivo en el cerebro, lo cual puede conllevar a pérdidas de memoria de forma más regular.

Sin embargo, existen diferentes hábitos que dependen de nosotros mismos, los cuales pueden ayudar a frenar o retrasar la pérdida de memoria. Igualmente, estos hábitos también son especialmente beneficiosos para la salud del cerebro en su conjunto.

Así, diferentes estudios y trabajos de investigación destacan la realización de ejercicio físico de forma regular, llevar a cabo una alimentación saludable y equilibrada, y descansar bien, como tres hábitos claves para la salud de la memoria.

Beneficios del deporte en la salud cerebral

Está demostrado que la realización de ejercicio físico con regularidad aporta beneficios a la salud del cerebro y la memoria. Sin ir más lejos, un reciente trabajo de investigación realizado por neurocientíficos de la Universidad de Ginebra (Suiza) demuestra que una sesión de 15 minutos de ejercicio físico intenso ayuda a mejorar la memoria.

Beneficios del deporte para la salud del cerebro

Además, de estos beneficios para la memoria, cuando una persona realiza ejercicio físico, de diferente intensidad; una vez finalizado sienten inmediatamente bienestar físico y psicológico. Esta sensación agradable es originada por los endocannabinoides, que se tratan de unas pequeñas moléculas originadas en el cuerpo durante la realización de ejercicio físico.

Imagen de portada: Gentileza de TodoDisca

FUENTE RESPONSABLE: TodoDisca. Por Alejandro Perdigones en Salud. Febrero 2022.

Sociedad/Salud/Cerebro/Conciencia/Recuerdos/Memoria.

En qué consiste Neuralink, el proyecto de Elon Musk para implantar chips en el cerebro.

Neuralink se presenta como una tecnología innovadora para el cerebro capaz de crear el futuro de las interfaces cerebrales. Su objetivo es construir dispositivos que ayuden a personas con parálisis e inventar nuevas tecnologías que amplíen nuestras habilidades humanas.

De este modo, el proyecto de Elon Musk, también dueño de Tesla y SpaceX, se encuentra diseñando el primer implante neural que permitirá controlar una computadora o un dispositivo móvil donde quiera que vaya la persona con este chip implantado.

“Se insertan hilos a escala micrométrica en áreas del cerebro que controlan el movimiento. Cada hilo contiene muchos electrodos y los conecta a un implante, el Link”, explican desde Neuralink.

DISPOSITIVO DE NEURALINK DONDE SE PUEDEN OBSERVAR LOS HILOS. FOTO: NEURALINK

¿Cómo funciona?

Se trata de un dispositivo extremadamente pequeño que se implanta en el cerebro y procesa, estimula y transmite señales neuronales. El microchip cerebral contiene hilos pequeños, cada uno de estos hilos contiene muchos electrodos para detectar señales neuronales.

Además, cuenta con un “cargador inductivo compacto” que se conecta de manera inalámbrica al implante para cargar la batería desde el exterior.

“Los hilos del Link son tan finos y flexibles que no pueden ser insertados por la mano humana. En cambio, estamos construyendo un sistema robótico que el neurocirujano puede usar para insertar de manera confiable y eficiente estos hilos exactamente donde deben estar”, explican en la página web de Neuralink.

Asimismo, los desarrolladores de Neuralink están trabajando en la aplicación del proyecto que permitirá, en principio, controlar dispositivos iOS, teclados y mouse directamente con la actividad del cerebro. Es decir, con solo pensarlo una persona con el chip de Neuralink implantado podrá controlar dispositivos electrónicos desde su pensamiento.

“La aplicación Neuralink lo guiará a través de ejercicios que le enseñarán a controlar su dispositivo”, comentan desde el proyecto dirigido por Elon Musk aunque por el momento la simulación no está aprobada por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA).

Ingeniería con el cerebro

“El objetivo inicial de nuestra tecnología será ayudar a las personas con parálisis a recuperar su independencia a través del control de ordenadores y dispositivos móviles. Nuestros dispositivos están diseñados para brindar a las personas la capacidad de comunicarse más fácilmente a través de síntesis de texto o voz, seguir su curiosidad en la web o expresar su creatividad a través de aplicaciones de fotografía, arte o escritura”, explican los desarrolladores de Neuralink.

Esta tecnología tiene el potencial de tratar una amplia gama de trastornos neurológicos, restaurar la función sensorial y del movimiento y, finalmente, ampliar la forma en que interactuamos entre nosotros, con el mundo y con nosotros mismos.

Hasta el momento, Neuralink ya ha hecho pruebas en un cerdo y en un mono macaco que pudo jugar al videojuego Pong desde su cerebro.

Recientemente, se dió a conocer que Elon Musk está en busca de un director de ensayos clínicos para comenzar a hacer pruebas en humanos.

Imagen de portada: Gentileza de mdz on line

FUENTE RESPONSABLE: mdz on line. Ciencia. Tecnología. Por Nicolás Hornos. Febrero 2022

Neuralink/Elon Musk/Ciencia/Tecnología/Cerebro

¿Sirve la estimulación cognitiva en la vejez?

En el transcurso del proceso de envejecimiento acontecen una serie de transformaciones que se traducen en la manifestación de déficits en algunas funciones cognitivas, los cuales interfieren en la realización de las actividades de la vida diaria.

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Las funciones cognitivas hacen referencia a las actividades mentales que realiza la persona al relacionarse con el ambiente que la rodea. Estas funciones son las responsables de los procesos de adaptación, resolución de problemas e interacción social que poseen todos los seres humanos, debido a que constituyen la base de la capacidad para planificar, evaluar las posibles consecuencias de las acciones e implementar estrategias adecuadas. 

El declive de las funciones cognitivas no se produce de manera homogénea en todos los individuos, tampoco en una misma persona todos sus órganos o funciones envejecen al mismo tiempo. Además, los cambios pueden estar sometidos a percepciones subjetivas tanto de la persona que los manifiesta, como de los familiares o del propio evaluador, por lo que puede haber individuos que se encuentren seriamente preocupados por las alteraciones en la memoria o la dificultad repentina para realizar algunas tareas, mientras que otros no los valoren adecuadamente.

Entre las alteraciones que se producen en el envejecimiento es posible mencionar:

  • Déficit en la memoria reciente, lo que dificulta la evocación o el recuerdo de hechos recientes, produciendo olvidos frecuentes. También se observan limitaciones en la memoria de trabajo, es decir, la habilidad de retener la información mientras se procesan otras tareas, y en la memoria episódica, la cual permite el almacenamiento y recuperación de información contextualizada en parámetros temporo-espaciales.
  • Enlentecimiento en el procesamiento de la información y en la emisión de respuestas que hace que la persona tarde más tiempo en realizar actividades que antes hacía sin dificultad. La ansiedad, el estado de ánimo negativo o la preocupación ante las pérdidas de las funciones cognitivas pueden agravar esta situación.
  • La inteligencia se mantiene estable en la vejez, pero puede aparecer un enlentecimiento en el tiempo de respuesta y en la capacidad de resolución de problemas, así como dificultades para pensar y concentrarse, pérdida de interés por algunas actividades y fatiga o falta de energía mental.
  • El lenguaje se mantiene conservado, no obstante la capacidad para iniciar y mantener una conversación puede estar disminuida.
  • La capacidad de cálculo, es decir, el proceso que permite leer, escribir, comprender los números y realizar cálculos aritméticos, presenta limitaciones.
  • Disminución de la atención dividida o en la capacidad para centrarse en múltiples tareas simultáneamente, lo que produce mayor distractibilidad, falta de persistencia, dificultades en la abstracción y mayor vulnerabilidad a la interferencia. En los casos más graves, las dificultades en la atención pueden derivar en desorientación temporo-espacial.
  • Reducción de la función inhibitoria que permite anular los estímulos internos o externos para mantener la concentración en la tarea.
  • Limitaciones en la capacidad para realizar determinados movimientos en diferentes regiones del cuerpo.
  • Alteraciones en las funciones sensoriales, es decir, en los órganos de los sentidos, principalmente en la visión y la audición.
  • Alteraciones en las funciones ejecutivas frontales, que permiten controlar los cambios en el ambiente, prevenirlos y lograr la adaptación. Además, contribuyen a la conducta socialmente adaptada y al despliegue de las habilidades de autocuidado.
  • Alteraciones emocionales provocadas por la dificultad para adaptarse a los cambios y las pérdidas que acontecen en la vejez. Por otra parte, los rasgos de personalidad ansiosos y depresivos inciden negativamente en los cambios en las funciones cognitivas que se producen durante la vejez. La falta de estímulos por parte del contexto también puede provocar que las funciones cognitivas reduzcan su desempeño.

La estimulación cognitiva es el conjunto de técnicas y estrategias que tienen como propósito mejorar el rendimiento y la eficacia de las funciones cognitivas del adulto mayor

La clave para mantener una mente activa consiste en prevenir los déficits y aumentar su potencial. Por lo cual, la estimulación cognitiva busca potenciar aquellas funciones que presentan un déficit mediante mecanismos que promueven la plasticidad cerebral, también actúa sobre las habilidades que se encuentran preservadas, a través de programas y actividades destinados a su mejora, permitiendo a la persona mayor conservar sus capacidades de la mejor manera posible.

En este sentido, se enseña a la persona a reutilizar habilidades instauradas y a recurrir a recursos externos en caso necesario para mantener durante más tiempo las funciones conservadas, retrasando su posible declive. Es decir, la estimulación cognitiva se basa en la plasticidad y en la reserva cerebral para mejorar el rendimiento de las habilidades mentales a partir de ejercicios y técnicas organizadas sistemáticamente.

En este punto, cabe destacar la diferencia entre el entrenamiento y la rehabilitación cognitiva. El primero hace referencia al conjunto de técnicas que se dirigen a estimular y mantener el funcionamiento cognitivo, así como a aumentar al máximo su rendimiento al actuar sobre las habilidades que se encuentran conservadas. Por el contrario, la rehabilitación cognitiva consiste en las actividades que tienen por objetivo recuperar la capacidad cognitiva de la persona, actuando sobre aquellas funciones alteradas debido a una afección médica o patología mental.

En todos los casos en que la propia persona o sus familiares cercanos comienzan a notar cambios bruscos en las funciones cognitivas, la conducta o las emociones, lo recomendable es acudir a un centro especializado donde se establezca un plan de tratamiento adaptado a las necesidades del paciente. Sin embargo, existen diversos ejercicios de estimulación cognitiva que pueden realizarse a diario en el hogar:

  • Ayudar al adulto mayor a ubicarse en tiempo y espacio. Preguntar por la fecha, día de la semana, mes y año. Compartir recuerdos a través de fotografías.
  • Realizar ejercicios de lectura y escritura.
  • Realizar ejercicios de cálculo aritmético.
  • Reconocer sonidos y música.
  • Identificar objetos y formas mediante el tacto.
  • Copiar dibujos, realizar manualidades o artes plásticas.
  • Participar en juegos de mesa, como el ajedrez, las damas o el dominó.
  • Memorizar refranes.
  • Ordenar frases.
  • Buscar palabras en una sopa de letras o en un texto.
  • Realizar ejercicios de repetición.
  • Armar un puzzle.

El objetivo de estas actividades es trabajar sobre aquellas habilidades que se encuentran alteradas debido a una enfermedad, trastorno o al paso de los años, así como sobre aquellas que se encuentran conservadas y pueden mejorar su funcionamiento a partir del entrenamiento.

Los adultos mayores presentan un riesgo elevado de padecer alguna afección que repercuta en su funcionamiento cognitivo. Cuando las condiciones ambientales resultan poco estimulantes, este riesgo se ve incrementado. La soledad, el aislamiento y escaso apoyo social percibido juegan un rol fundamental en el surgimiento de estas alteraciones, por este motivo, es necesario que las actividades sociales y recreativas se mantengan preservadas durante la vejez, adaptándolas a los intereses, habilidades y limitaciones de la persona mayor. 

Para finalizar, las intervenciones deben estar dirigidas a promover la adaptación del adulto mayor a los cambios ambientales y a las pérdidas naturales que se producen en esta etapa de la vida, proporcionando estrategias compensatorias que ayuden a mantener la competencia social.

En síntesis, algunos beneficios de la estimulación cognitiva son:

  • Proporciona un ambiente estimulante y desafiante que propicia el razonamiento y la motricidad.
  • Preserva las funciones cognitivas, como la memoria, atención, orientación, el mayor tiempo posible.
  • Mejora el funcionamiento cognitivo de las habilidades que se encuentran alteradas.
  • Reduce el proceso de deterioro provocado por enfermedades neurodegenerativas.
  • Mejora la plasticidad neuronal.
  • Incrementa la autoestima y los sentimientos de autoeficacia.
  • Promueve la autonomía e independencia en la realización de las actividades de la vida diaria.
  • Evita la desconexión con el entorno.
  • Disminuye síntomas de ansiedad, estrés y depresión.
  • Mejora la calidad de vida de la persona y de su familia.
  • Optimiza las interacciones sociales y los vínculos interpersonales.

Imagen de portada: Gentileza de Cottonbro en Pexels

FUENTE DE PORTADA: mds On line. Terapia Neurocognitiva. Por Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif; miembros de Terapia Neurocognitiva.

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¿Cuánto necesitamos dormir para un sueño reparador?

Nos encanta esa sensación matutina que nos hace decir: “Hoy me he levantado como nuevo”. Pero no es lo habitual. Entre otras cosas porque en nuestro día a día hay tantas cosas que nos preocupan que, a veces, al llegar el momento de ir a dormir, por muy cansados que estemos no somos capaces de pegar ojo.

Contamos ovejitas, hacemos ejercicios de respiración y tratamos de poner a prueba cualquier consejo que nos lleve a conciliar el sueño. Y, de este modo, despertar con ganas de comernos el mundo o, al menos, de estar lo más descansados posible para nuestros quehaceres diarios. Vamos en busca del anhelado sueño reparador. Y describirlo así, como “sueño reparador”, no es sólo una metáfora.

Si hacemos cuentas, fácilmente vemos que un tercio de nuestras vidas lo pasamos durmiendo. Por algo será cuando el cuerpo lo pide. Con sensaciones y avisos, antes o después, llega el momento en el que se activan señales para que descansemos.

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Dormimos para reparar el ADN de las neuronas.

El origen más íntimo de las señales que inducen al sueño está en nuestras células. Estas señales se activan de un modo preciso para reparar los daños que se producen en su interior, de un modo natural, durante la actividad cotidiana.

Los mecanismos moleculares que nos llevan al sueño han sido desenmascarados en un estudio muy reciente en modelos animales, pues el sueño es esencial en todos los organismos con un sistema nervioso. Y se ha demostrado que el fin último de dormir es reparar los daños que se acumulan en el ADN mientras que estamos despiertos. Sí, así como suena.

Cuando estamos despiertos, la presión homeostática que nos induce al sueño, es decir, el cansancio, se acumula en el cuerpo. Somos acumuladores de cansancio cuando estamos activos y nos vamos vaciando cuando dormimos. Y llegamos a un mínimo de cansancio después de una noche completa de buen sueño.

La principal causa de aumento de la presión homeostática es la acumulación de daños en el ADN de las neuronas. Durante el funcionamiento normal de todas nuestras células se producen reacciones cuyos productos pueden dañar al ADN y, por lo tanto, a los genes que nos hacer ser como somos.

Todas las células poseen mecanismos moleculares para combatir los daños, día y noche. Pero las neuronas son más susceptibles a la acumulación de daños cuando estamos despiertos, llegando hasta niveles peligrosos que no nos podemos permitir. La ciencia ha revelado que el sueño recluta a los sistemas de reparación de ADN, que lo arreglan tan eficientemente que nos levantamos como nuevos, y nunca mejor dicho. Utilizar, pues, la metáfora “un sueño reparador” adquiere todo su sentido.

PARP1 nos manda a dormir.

Una de las primeras moléculas en responder y activar los mecanismos que nos inducen al sueño es la proteína PARP1. Su misión es de vital importancia: se encarga de marcar los sitios del ADN que se han dañado y de reclutar a los sistemas adecuados para que los reparen.

Un resultado interesante fue ver que, si se impide que PARP1 actúe, la sensación de sueño desaparece. Pero esta inhibición también conlleva que no se activen los sistemas de reparación de las mutaciones en el ADN, algo que ya intuirán que no es nada bueno.

¿Cuantas horas de sueño son necesarias?

Con el fin de tratar de averiguar si hay un mínimo de horas de sueño que lleven al deseado sueño reparador, en el estudio se utilizó al pez cebra, un modelo animal de uso común en los estudios sobre el cerebro y con un sueño similar al de los humanos.

Pues bien, tras analizar la relación entre las horas de sueño y la reparación del ADN se llegó a la conclusión de que seis horas de sueño por noche suelen ser suficientes para la reducción adecuada de los daños en nuestro ADN.

¿Y si nos vamos de fiesta?

Entre los muchos y muy diferentes mecanismos neuronales que regulan los ciclos de vigilia y sueño también se encuentra la motivación.

La motivación, sin duda, modula que seamos más propensos a permanecer despiertos o a quitarnos de en medio e irnos a dormir si la situación lo requiere. Cuando estamos motivados podemos mantener un buen rendimiento físico y mental, por ejemplo escribiendo un artículo interesante, leyendo un buen libro o bailando en una divertida fiesta. Y todo ello mucho más allá de nuestros horarios habituales e ignorando la presión homeostática.

En la naturaleza, el establecer relaciones con otros congéneres, las oportunidades de apareamiento y la presencia de depredadores está claro que generan respuestas motivacionales y modulan los estados de excitación. 

Hay animales que pueden permanecer despiertos o dormidos mucho más de lo normal, e incluso mantener despierta solo la mitad de su cerebro, y un único ojo abierto.

Algo parecido ocurre en humanos cuando dormimos en una cama que no es la nuestra durante un viaje. Es lo que se conoce como el efecto de la primera noche. Así pues, resulta más que interesante conocer lo mejor posible los procesos que modulan la excitación y su relación con permanecer despiertos o ir a dormir, ya que pueden derivar en situaciones complicadas, incluso de conflicto.

Por su significado y relación, finalicemos con el comienzo del poema “El sueño” de Jorge Luis Borges:

Si el sueño fuera (como dicen) una

tregua, un puro reposo de la mente,

¿por qué, si te despiertan bruscamente,

sientes que te han robado una fortuna?

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por Francisco José Esteban Ruíz. Profesor Titular de Biología Celular en la Universidad de Jaén.

Sociedad y Cultura/Cerebro/Neuronas/Sueño/Dormir/ADN

Cómo detectar un derrame cerebral una hora antes de sufrirlo.

Los accidentes cerebrovasculares no se producen de la nada, por eso es importante detectar los síntomas que emite el organismo una hora antes de que ocurra este accidente que en muchas ocasiones puede tener un desenlace fatal.

El dolor de cabeza intenso, las náuseas, el deterioro de la coordinación de los movimientos, la disminución de la visión y la sensación de adormecimiento de las manos pueden ser señales de un derrame cerebral inminente.

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Así lo señaló el cardiólogo Azizjón Askarov a tiempo de advertir que estos síntomas se producen media o una hora antes de que ocurra el daño cerebral.

Y ocurre literalmente en media hora, cuando la arteria se bloquea y comienza el derrame cerebral. (…) La conciencia de una persona comienza a deteriorarse y se embota hasta el punto de hibernar», explicó en una entrevista a AyF.

Agregó que se debe también tomar en cuenta que el habla cambia, se vuelve incoherente, arrastrado o lento, o incluso la persona no puede decir nada.

Además, se pueden notar problemas de coordinación como no poder caminar o incluso caerse, ya que se tiene reducido el tono muscular de los brazos y las piernas.

Askarov recomendó que en caso de que se produzcan estos síntomas es necesario llamar inmediatamente a una ambulancia para reducir al máximo las secuelas que puede provocar el derrame cerebral, ya que las primeras dos o tres horas son clave para evitar desenlaces fatales.

Quienes tienen mayor riesgo de padecer un derrame cerebral, según Askarov, son aquellas personas con hipertensión, diabetes mellitus, sobrepeso, obesidad o que tienen antecedentes de enfermedad vascular cerebral.

Advirtió que un derrame cerebral puede desarrollarse cuando la presión arterial se eleva bruscamente en respuesta al esfuerzo físico, o en personas con aterosclerosis de los vasos sanguíneos, o en aquellas con diabetes o fibrilación auricular.

El café y el té podrían ayudar a prevenir los derrames cerebrales y la demencia.

Un equipo de investigadores chinos ha realizado un estudio de más de una década para demostrar que dos tazas de café y té al día podría ayudar a reducir el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y demencia hasta en un 28%.

Los científicos chinos de la Universidad médica de Tianjin incluyeron en su estudio a 500.000 británicos de entre 50 y 74 años que fueron añadidos al Biobanco del Reino Unido entre 2006 y 2010. Analizaron su salud y la ingesta de bebidas calientes. A ellos se sumaron voluntarios a los que no se dio seguimiento durante el periodo de diez años para verificar si bebían la misma cantidad de té o café y tampoco se les preguntó si agregaban leche o azúcar a estas bebidas.

Los resultados de este estudio, concluyeron que los participantes que bebían dos tazas de café y dos tazas de té al día tenían un tercio menos de probabilidades de sufrir un derrame cerebral y sus probabilidades de desarrollar demencia eran un 28% más bajas. Además, consumir una taza de café o té también proporcionaba algún beneficio, incluso si los adultos solo consumían una al día.

«Nuestros hallazgos sugieren que el consumo moderado de café / té por separado o en combinación se asocia con un menor riesgo de accidente cerebrovascular y demencia», explican el estudio dirigido por el doctor Yuan Zhang

Los investigadores no descartaron que los hallazgos podrían haber sido fruto del azar, insistiendo en que el vínculo más claro era para bebidas calientes ya que a los participantes que bebieron café y té se compararon con los que no consumieron bebidas calientes.

Por ello varios expertos independientes consideran que el estudio no pudo probar que beber café o té evite la demencia y los accidentes cerebrovasculares, sino que es solo un vínculo que se encontró. La doctora Charlotte Mills dijo a DailyMail que es probable que hayan otros factores que no se tomaron en cuenta en el estudio, pero cree que los hallazgos son consistentes con otros estudios que han profundizado en los beneficios de beber café y té.

Imagen de portada: Gentileza de CCO Unsplash

FUENTE RESPONSABLE: Sputnik Mundo. Diciembre 2021

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