Trece dibujos y un poema de Federico García Lorca: así se evitó su exportación a Estados Unidos.

No hubo acuerdo en 2019 en las negociaciones entre la propietaria de los dibujos y una galería de arte de Nueva York, por lo que finalmente el Ministerio de Cultura acabó declarándolas Bien de Interés Cultural.

Sobre el cielo negro, culebrinas amarillas», así comenzaba el poema Lamentación de la muerte del poeta Federico García Lorca que se quiso exhibir (o vender) en una feria de arte de Nueva York: un escrito y trece dibujos del poeta granadino del tamaño de una cuartilla. Una obra diminuta que contrasta con su inmenso valor por estar escrito dentro de un conjunto que forma parte del Poema del Cante Jondo. Una obra muy poco habitual del granadino (los dibujos) que podría alcanzar un alto valor en el mercado –sobre todo en el extranjero– si se hubiese llegado a poner a la venta.

La propietaria que obtuvo el lote a través de una herencia familiar contactó con la galería de arte Max Estrella. Los expertos le ofrecieron la posibilidad de vender las obras o exhibirlas: al final se optó por lo segundo ante la inseguridad de la propietaria sobre la venta de las mismas. Sin embargo, las reuniones entre ambas partes se torcieron y la propietaria no quiso ni vender, ni prestar las valiosas obras. Tampoco el Estado hubiera permitido sacar este tipo de obras al extranjero: Alberto de Juan solicitó la autorización de la exportación al Ministerio de Cultura que finalmente declaró las obras como Bien de Interés Cultural.

El precio de estas obras en el extranjero es mucho más valiosa según contaron desde la galería por eso pidieron permiso al Ministerio de su venta en el exterior. Ante la negativa de la propietaria, se propuso simplemente exhibirlas pero en el último momento la negociación se rompió y tuvieron que rellenar el hueco vacío de la feria con otros dibujos con los que contaba una neoyorquina que descendía de una pareja de Lorca a quien el poeta les regaló cuatro dibujos.

Cada pieza dibujada alcanzaría 10.000 euros en su valoración inicial, pero los expertos en arte coinciden que hoy se superaría con creces ese valor inicial. La causa es el escaso número de obras que han salido a la venta de García Lorca, con tan solo una docena vendidas desde los años 80.

Exposición de dibujos de García Lorca en Toledo

Este manuscrito en particular tiene un inmenso valor, pues se trata de un poema que es un borrador del que fue publicado. Una obra que sirve a los estudiosos para conocer más a fondo la obra del autor, tanto a nivel literario como histórico.

Imagen de portada: Federico García LorcaGTRES

FUENTE RESPONSABLE: El Debate. España. Por Adrián González Sebastián. 14 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Federico García Lorca/Patrimonio Cultural/

Controversial.

 

 

 

 

Borges, Celine, Günter Grass… ¡Cancelados!

A propósito del caso de la escritora Carolina Sanín, vale preguntarse si debería cancelarse la obra de aquellos escritores cuyos dichos y hechos la historia ha condenado.

El 30 de octubre pasado, la escritora colombiana Carolina Sanín publicó un video, un largo monólogo, en el que ahonda sobre sus opiniones, sostenidas en los últimos años, respecto a las políticas indentitarias, sexo y género.

A través de declaraciones y escritos periodísticos, la autora polemiza respecto a la transexualidad, cuestionando especialmente la imagen del hombre embarazado. Para ella, ni la autopercepción ni el cambio quirúrgico de sexo hacen de un hombre una mujer, en el marco de la lucha histórica del feminismo.

En ese mismo video vuelve a denunciar que desde hace años es víctima de hostigamiento mediático y en redes sociales por parte del llamado trans activismo, que la acusa de promover el odio hacia ese colectivo. La tildan de TERF (sigla inglesa para feminista radical transexcluyente).

El 4 de noviembre último, Sanín anunció en Twitter que, producto de esas opiniones, la editorial Almadía, de México, había cancelado la publicación en ese país de dos de sus novelas: ‘Somos luces abismales’ y ‘Tu cruz en el cielo desierto’ (ya publicadas en español, en la Argentina por Blatt & Ríos, y traducidas a varios idiomas), que había contratado para su edición.

Según trascendió, los editores mexicanos desistieron de publicar ambas obras a raíz de los cuestionamientos públicos de Sanín a las políticas identitarias. Sin embargo, ninguna de esas novelas hace alusión alguna, ni directa ni indirectamente, a dichos y opiniones de su autora sobre esa cuestión.

La obra e la escritora, entonces, habría sido cancelada debido a sus cuestionamientos personales sobre un tema de “corrección política” del que, en definitiva, no se puede hablar ni sobre el cual estaría permitido polemizar, como advierte en citado monólogo.

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La identidad, las mujeres y el mundo siguiente, por Carolina Sanín | CAMBIO

La cancelación de las novelas de Sanín repercutió en redes sociales en innumerables manifestaciones de solidaridad con la escritora y repercusiones en medios de América Latina, incluyendo artículos en los principales diarios de los Estados Unidos.

También se multiplicó el hostigamiento a la propia Sanín y hacia otras personalidades que, aunque en algunos casos manifestaron disidencias políticas con ella, rechazaron en general la cancelación de su obra. Mariana Enríquez, por ejemplo, debió cerrar su cuenta en Twitter ante la catarata de reacciones de “haters”.

Consecuencias exponenciales de la cultura de la cancelación

Este nuevo hecho generado por la “cultura de la cancelación” obliga a preguntarnos sobre sus consecuencias exponenciales. Casi sin esfuerzo, podría aplicarse retrospectivamente a reconocidos autores que opinaron y hasta cometieron actos tanto o más graves que Sanín, quien solo intenta polemizar mediáticamente.

Tenemos a Céline, uno de los escritores más influyentes del siglo xx, también autor de panfletos antisemitas y ferviente simpatizante del nazismo durante su auge. O Günter Grass, premio Nobel y miembro de las Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial. O el novelista, poeta y dramaturgo Gabriele D’Annunzio, precursor del fascismo italiano y del mismísimo Musolini.

O con nuestro Jorge Luis Borges, cuyas opiniones y acciones distaron muchas veces de ser incluso democráticas; como al apoyar pública y decididamente los golpes militares en 1955 y 1976, reuniéndose y tratando de “caballero” a Videla, o al alabar a Pinochet, en Chile, durante uno de los momentos más sangrientos de su dictadura.

Nada de lo que haya dicho o hecho hasta su muerte en Ginebra se refleja en su obra, a la que preservó de su actitud reaccionaria ante la realidad que le tocó vivir. Sin embargo, siguiendo la lógica de la “cultura de la cancelación” deberíamos alentar la prohibición de obras como ‘Ficciones’, ‘El Aleph’ o ‘El libro de arena’.

De hecho, sufrió esa cancelación a la hora de no otorgarle el Nobel: gracias a archivos desclasificados recientemente por la Academia Sueca, se supo que, en su momento, el comité encargado de designar cada año al ganador tenía vedado otorgarle el galardón debido a sus opiniones políticas.

¿Deberíamos cancelar, finalmente, la obra de todo aquel o aquella cuya corrección política personal está en la picota? El debate sigue abierto; la respuesta a esa pregunta también.

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Cancelar a Borges (a propósito del caso Carolina Sanín)

Imagen de portada: Jorge Luis Borges (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: Minuto 1. Por Gustavo H. Mayares. 13 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Transexualidad/Polémica/Controversial.

 

 

 

Hablemos de la lotería genética: ¿qué hacemos con la herencia de tus padres?

EL ERIZO Y EL ZORRO

Sabemos que algunas personas nacen menos listas, menos guapas, menos sanas o con rasgos menos valorados socialmente, pero nos cuesta pensar cómo se podrían compensar esas carencias.

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Quizá usted piense que la meritocracia es la mejor organización social posible: es decir, que los más capaces y trabajadores tengan más éxito.

Seguramente está de acuerdo en que para eso es necesario que exista igualdad de oportunidades. Y que, para que esta sea real, el Estado debe intervenir y corregir, aunque sea de manera parcial, las enormes desigualdades sociales con las que nacemos. 

Son muchas las cosas a enmendar para que todo el mundo tenga de verdad igualdad de oportunidades: a fin de cuentas, aunque hay excepciones, quien nace en un entorno pobre suele estudiar menos, y quien tiene menos estudios suele ganar menos, y quien tiene menos dinero suele morirse antes. Y ese ciclo empieza con una lotería: la familia en la que naces. 

Sin embargo, hay otra lotería de la que todos somos conscientes pero que, en general, no creemos que haya que corregir mediante una intervención externa: la lotería genética. Sabemos que algunas personas nacen menos listas, menos guapas, menos sanas o, simplemente, con rasgos menos valorados socialmente. Pero nos cuesta pensar cómo se podrían compensar esas carencias: ¿Dar dinero a la gente que nace con genes que le hacen más proclive a coger un determinado cáncer? ¿A quien es un poco tonto? ¿Al que es bajito y por lo tanto no podrá destacar en el baloncesto? 

Las preguntas que se hace La lotería genética. El ADN importa: por qué para conquistar la igualdad hay que conocer lo que nos hace diferentes , de la psicóloga estadounidense Kathryn Paige Harden, recién publicado por la editorial Deusto, son algo más sofisticadas que estas, pero responden al mismo impulso: si nos tomamos en serio la igualdad de oportunidades, ¿no deberíamos empezar por las desigualdades genéticas?

‘El ADN importa’ (Deusto)

¿Por qué eso se nos hace extraño? 

Harden tiene muy clara la respuesta: por miedo a que nos llamen eugenésicos o, peor aún, nazis. 

Cuando ella, como académica, exponía la vinculación entre cuestiones como la educación o la inteligencia con la genética, dice, le llegaban correos electrónicos de colegas diciendo que eso la convertía en alguien “no mejor que un negacionista del Holocausto”. 

Y, reconoce, mucha gente ha utilizado las diferencias genéticas de las personas para declarar que hay unas superiores a otras. Muchas veces eso se ha medido con tests de inteligencia que evalúan determinadas capacidades cognitivas en la que las personas de clase alta, porque han tenido buena educación, y las blancas, por la misma razón, obtienen mejores resultados. 

La polémica intención de Harden es romper con quienes consideran “un tabú entender cómo las diferencias genéticas entre los individuos conforman las desigualdades sociales”. “Si, como colectivo, los científicos sociales quieren estar a la altura del reto de mejorar la vida de las personas, no podemos permitirnos ignorar un hecho fundamental sobre la naturaleza humana: que las personas no son iguales al nacer”.

No podemos permitirnos ignorar un hecho fundamental sobre la naturaleza humana: las personas no son iguales al nacer Pero, ¿en qué medida eso influye en nuestra carrera laboral, en nuestros ingresos o los años que vivimos? Harden da elaboradas —y en algunos casos, arduas— explicaciones científicas de la manera en que los genes influyen en estos aspectos. 

Y su respuesta es al mismo tiempo contundente y matizada: sí, los genes influyen, por ejemplo, en si un estudiante prosigue con sus estudios, y si lo hace con provecho y buenas notas, pero naturalmente no es el único hecho relevante y, además, no existe nada parecido a un “gen del buen estudiante”, sino que los genes interactúan entre sí de muchas maneras que no entendemos del todo y cuya complejidad es enorme.

Las gafas

Aunque algunas cosas sí las sabemos, dice Harden. Y, en realidad, algunas desigualdades genéticas ya se tratan con mecanismos que nada tienen que ver con la eugenesia. “Hay pocos ejemplos reales de intervenciones conductistas que aumenten la equidad. Pocos, pero no cero”. 

El más simple de todos lo vemos a diario: las gafas. Si alguien tiene mala vista por razones genéticas, el mero hecho de darle unas gafas para que vea bien supone mejorar la equidad social. 

Otro ejemplo es una reforma educativa británica que obligó a los niños a estudiar hasta los dieciséis años; con el tiempo, quienes alargaron sus estudios tuvieron menos masa corporal y unos pulmones más sanos. Ese efecto positivo fue más acusado entre los que tenían una mayor propensión genética al sobrepeso, con lo que la medida, aparentemente universal, mejoró la equidad entre personas con distintas predisposiciones genéticas. 

También hay políticas bienintencionadas que, al no tener en cuenta el componente genético, han salido mal. Un ejemplo son los impuestos al tabaco para desincentivar su consumo: al final, lo que se consigue es que quienes tienen menos riesgo genético de ser adictos a los cigarrillos los dejen, pero se castiga a los que tienen mayor predisposición genética a seguir fumando que, además, deben pagar más. 

El libro de Harden es complejo, matizado y provocador. No tiene recetas definitivas, ni una propuesta definitiva contra la desigualdad. Sin embargo, abre de una manera franca, que elude de forma moderna y democrática las cuestiones más espinosas de la relación entre la genética y los logros vitales, un debate que será importante en las próximas décadas. 

Ahora que discutimos profunda y constantemente sobre la meritocracia, sobre las injusticias sociales que oculta o sus ventajas morales, necesitamos plantearnos en serio esta cuestión: cómo podemos y debemos ayudar a quienes han tenido mala suerte genética para que puedan vivir en igualdad de condiciones con quienes la han tenido buena. Es necesario reconocer que la suerte tiene una inmensa importancia en la vida que viviremos. 

Y eso tiene también tiene una dimensión personal: “si te tomas en serio el poder de la lotería genética, puedes acabar dándote cuenta de que muchas cosas de las que te enorgulleces, como un buen vocabulario y una rápida velocidad de procesamiento, el orden y la determinación, el hecho de que siempre te fuera bien en los estudios, son consecuencia de una serie de golpes de suerte de los que no te puedes atribuir ningún mérito.”

Imagen de portada: Secuencia de ADN (Istock)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Ramón González Férriz. 1° de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Genética/Desigualdad social/Controversial.

 

 

 

La increíble historia del ladrón que Estados Unidos consiguió identificar tras más de 50 años de búsqueda.

El fugitivo detrás de uno de los robos bancarios más notorios de la historia de Estados Unidos ha sido identificado finalmente tras 52 años de búsqueda, según anunciaron funcionarios estadounidenses.

Ted Conrad trabajaba en el Society National Bank en Cleveland, Ohío, cuando robó a su jefe en julio de 1969.

Desapareció entonces con US$215.000, que hoy serían el equivalente a US$1,7 millones.

Después de ello, el prófugo vivió una vida apacible y sin pretensiones, de acuerdo con el Servicio de Alguaciles de EE.UU.

Conrad, quien murió el pasado mes de mayo víctima de un cáncer de pulmón, tenía solo 20 años cuando cometió el hurto.

El crimen perfecto

Se dice que Conrad se aprovechó de la seguridad mediocre del banco y salió caminando con todo el dinero metido dentro de una bolsa de papel marrón cuando su oficina cerró un viernes por la noche.

Cuando los otros empleados del banco se dieron cuenta que faltaba dinero, ya Conrad había desaparecido.

Su fuga provocó una búsqueda que ha durado más de medio siglo y que ha sido contada en programas de televisión como America ‘s Most Wanted and Unsolved Mysteries (Los misterios sin resolver más buscados en Estados Unidos).

Según el Servicio de Alguaciles, Conrad había contado a sus amigos sobre sus planes para robar el banco y se jactaba de cuán fácil sería.

Al parecer, estaba obsesionado con la película The Thomas Crown Affair, protagonizada por Steve Mcqueen en 1969, en la que este comete un robo perfecto.

Conrad la vio más de una docena de veces durante su preparación para el robo.

Las autoridades dicen que, tras desaparecer, Conrad cambió su nombre a Thomas Randele y huyó a Washington DC y Los Ángeles, antes de finalmente asentarse en un suburbio de Boston, a unos 1.000 kilómetros de la escena del crimen.

Oficial del Servicio de Alguaciles de Estados Unidos.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El Servicio de Alguaciles de Estados Unidos lideró la cacería de Conrad durante 52 años.

Los investigadores dicen que posteriormente vivió una vida tranquila y sin pretensiones, y el periódico The New York Times informó que había pasado los últimos 40 años trabajando como profesional del golf y en un concesionario de autos usados.

Caso enfriado

El caso se enfrió durante décadas hasta que los investigadores, alertados por la aparición del obituario de Randele en un periódico, pudieron comparar los documentos que había presentado durante la década de 1960 con otros papeles que había completado recientemente.

Irónicamente, esos papeles incluían un caso de quiebra que Randele presentó en un tribunal de Boston en 2014.

El mariscal Peter Elliott fue uno de los investigadores principales del caso. Lo heredó de su padre John, que había estado obsesionado con descubrir qué había sido del intrépido ladrón.

«Mi padre nunca dejó de buscar a Conrad y siempre quiso cerrar el caso hasta su muerte en 2020», dijo Elliott.

«Espero que mi padre esté descansando un poco más tranquilo hoy sabiendo que su investigación y su Servicio de Alguaciles de Estados Unidos pusieron fin a este misterio de décadas».

Imagen de portada: Gentileza de US MARSHALS SERVICE

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo  – Noviembre 2021

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