Dopamina, el neurotransmisor que nos da la felicidad, pero también nos la quita.

La dopamina es un neurotransmisor, es decir, una molécula que se encarga de llevar un mensaje desde las neuronas que lo producen hacia otras células.

Por eso interviene en una gran cantidad de procesos como el control del movimiento, la memoria, la recompensa cerebral -ese mecanismo de nuestro cerebro que nos refuerza a repetir una conducta- o el aprendizaje.

También influye en numerosas funciones fuera del cerebro como la motilidad gastrointestinal, la liberación de hormonas, la presión arterial e incluso en la actividad de las células del sistema inmune.

«El que canta su mal espanta», dice el refrán.

Pero no es lo mismo que Rosalía le cante «Si me das a elegir», a que su hijo de tres años vocifere al son de «Baby shark». Tampoco es lo mismo cantar «Paquito el chocolatero» en las fiestas patronales del pueblo, que hacerlo en medio de un entierro, un examen o dentro de un avión. Esto precisamente explica la disparidad de funciones que tiene la dopamina.

Y es que su acción depende de dónde, cuándo, cómo y en qué cantidad se produzca.

Almacenar recuerdos a través de las emociones

La dopamina es conocida mundialmente por ser una de las moléculas de la felicidad. No en vano, es una de las herramientas que Cupido usa para enamorar.

También proporciona placer y relajación. Interviene en procesos de memoria y aprendizaje porque regula la duración de los recuerdos. Es decir, decide si una determinada información se puede almacenar durante un tiempo o se elimina inmediatamente.

Un padre y su hija juegan y ríen

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La dopamina determina rasgos de nuestra personalidad como la inseguridad o el grado de extroversión.

Y esto lo consigue fomentando que la memoria y el aprendizaje vayan asociados a emociones. En este proceso interviene la dopamina en el accumbens, una parte del cerebro muy implicada en el control de las emociones, que comunica con zonas encargadas de la memoria, como el hipocampo.

Por eso, el aprendizaje que contiene una carga emocional dura más, porque aprender provoca placer y la información se retiene durante mas tiempo. Así que de nada sirve aquello de «la letra, con sangre entra».

La cantidad de dopamina en el cerebro da información sobre su personalidad

Nuestro horóscopo no influye ni determina para nada nuestra personalidad. 

La dopamina, sin embargo, sí. Y es que numerosos estudios científicos sostienen que la dopamina podría estar relacionada con rasgos de la personalidad como la inseguridad, la cobardía o incluso el grado de extroversión.

Una familia grita en una montaña rusa

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La predilección por las emociones fuertes puede estar relacionado con la dopamina

Tanto es así que la cantidad de dopamina en la amígdala cerebral -región del cerebro relacionada con emociones como la ira, el placer o el miedo- nos permitiría saber si una persona es tranquila o insegura o si se estresa con facilidad.

Es lo que ocurre con las personas con predilección por las «emociones fuertes». Ciertas regiones de su cerebro tienen una mayor cantidad de dopamina, por lo que son mas «inconscientes» en sus actos. Al contrario, bajos niveles de dopamina se han relacionado con fobia social.

Dopamina, adicciones y motivación

La dopamina es la culpable de nuestras adicciones, de las malas y de las menos malas. Entre las malas, las drogas aumentan la cantidad de dopamina en el sistema de recompensa del cerebro, lo que produce un estado de placer que refuerza que sigamos consumiéndolas. Algo parecido pasa con las menos malas, como el dulce o la comida basura.

Además, cada persona no responde de la misma manera ante estas adicciones. La razón es que no todos sentimos el mismo placer al comer una tarta, por ejemplo. Un estudio científico asegura que es debido al número de receptores a los cuales se une la dopamina.

De esta manera las personas con tendencia a la obesidad tendrían menos de estos receptores y por tanto necesitarían comer más para notar la misma satisfacción que produce el acto de comer. 

Son, por tanto, «más adictos» a la comida. Y esta es otra característica de la dopamina: su liberación nos puede convertir en adictos ya que nos impulsa a una búsqueda continua del placer.

Tre mujeres ríen a punto de comer una torta de chocolate

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Las adiciones, buenas y malas, están relacionadas también con esta molécula.

La dopamina también tiene función motivacional. No solo nos recompensa cuando realizamos una actividad placentera, sino que también se libera mucho antes de realizar una acción. De esta manera, consigue motivarnos a buscar situaciones o actividades agradables, evitando las negativas.

Prueba de esto es que la baja producción de dopamina ocasiona anhedonia, uno de los síntomas mas característicos de la depresión. Al contrario, altos niveles de dopamina en la corteza prefrontal hacen que las personas estén más motivadas a cumplir con objetivos más exigentes.

La cara oculta de la dopamina

Pero no todo son alegrías. La dopamina también está relacionada con muchas enfermedades psiquiátricas y neurológicas.

Cuando tenemos un exceso de dopamina pueden aparecer trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

En caso de que la cantidad de dopamina disminuya, aparecen el trastorno depresivo mayor, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la enfermedad de Huntington y la neurodegeneración asociada al VIH-1.

Hombre con parkinson realiza ejercicios viendo una computadora

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La muerte de las neuronas que producen dopamina se relaciona con la enfermedad de Parkinson.

Aunque si hay una enfermedad que irremediablemente nos viene a la cabeza cuando hablamos de un déficit en dopamina es la enfermedad de Parkinson, cuyo Día Mundial se celebra el 11 de abril.

En este caso, la causa de este trastorno es la muerte de las neuronas que producen dopamina en una región del cerebro que se llama sustancia negra. Esta dopamina está implicada en el control de la actividad motora, de ahí los síntomas que presentan los pacientes que la sufren.

A pesar de que en la actualidad no hay una cura contra el párkinson, algunos tratamientos permiten mejorar los síntomas y, por tanto, la calidad de vida de los pacientes.

En este sentido, el fármaco estrella desde hace décadas es la levodopa, precursor metabólico de la dopamina. Es decir, cuando se consume por vía oral, se absorbe rápidamente en el intestino y rápidamente llega al cerebro, donde se transforma en dopamina, mejorando el control del movimiento.

En resumen, la dopamina es la Mary Poppins de nuestro organismo, «prácticamente perfecta en todos los sentidos». En cuanto a sus acciones, al igual que la niñera inglesa, puede ser severa pero también amable y educada.

Imagen de portada: GETTY IMAGES. La dopamina es un neurotransmisor que interviene en procesos como el control de movimiento.

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por José A. Morales García. Abril 2022.

*José A. Morales García es profesor e investigador científico en Neurociencia en la Universidad Complutense de Madrid. Esta nota se publicó en The Conversation y fue reproducida aquí bajo la licencia Creative Commons.

Sociedad y Cultura/Cuerpo Humano/Salud/Día Mundial de la enfermedad del Parkinson.

La nueva parte del cuerpo hallada por un grupo de científicos (y para qué sirve).

Pon tus dedos en la parte posterior de tus mejillas y aprieta los dientes. Notarás que un músculo se tensa en relieve.

Ese es el músculo masetero, el más prominente de los músculos de la mandíbula.

Los libros de anatomía tradicionalmente han descrito al masetero como un músculo compuesto por dos capas: una superficial y otra profunda.

Pero ahora, un grupo de investigadores en Suiza dice haber descubierto una sección de los músculos de la mandíbula que hasta ahora había pasado desapercibida.

Su hallazgo consiste en que describieron una tercera capa aún más profunda del músculo masetero.

El músculo masetero es el más prominente de los músculos de la mandíbula.

«Aunque generalmente se asume que la investigación anatómica en los últimos 100 años no ha dejado piedra sin remover, nuestro hallazgo es casi como si los zoólogos descubrieran una nueva especie de vertebrado», dijo en un comunicado Jens Christoph Türp, coautor del estudio y profesor en el Centro Universitario de Medicina Dental de Basel.

Capa profunda

Para lograr este descubrimiento, los investigadores estudiaron la estructura de la musculatura de la mandíbula, imágenes tomográficas, secciones de tejido de personas muertas que donaron sus cuerpos a la ciencia y datos de resonancia magnética de una persona viva.

La S corresponde a la capa superficial del masetero. La D a la capa profunda. Y la C a la coronoide, la tercera capa aún más profunda recién descubierta.

De esta manera, identificaron esta tercera capa profunda, asociada al proceso muscular de la mandíbula inferior.

A ese proceso muscular se le llama «coronoide», por eso los autores de la investigación proponen que a esta nueva capa se le llame Musculus masseter pars coronoidea.

Szilvia Mezey, coautora del estudio, explica que aunque anteriormente ya se había descrito al músculo masetero con tres capas, la literatura existente no es clara y a veces es contradictoria.

El masetero a veces se describe con una sola capa, a veces con dos y cuando se ha descrito con tres capas, se ha visto como una variación particular, dice la experta.

Mujer

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«Queríamos ver a qué se debía esa inconsistencia», le dice a BBC Mundo Mezey, quien trabaja en el Departamento de Biomedicina en la Universidad de Basel.

«Con nuestra investigación nos dimos cuenta de que no era solo una variación, sino que era consistente, estaba constantemente ahí».

 

¿Qué función tiene?

Según Mezey, esta nueva capa tiene una función claramente distinta a las otras dos capas del masetero.

Odontóloga

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La primera capa se encarga de elevar la mandíbula, la segunda ayuda a que no se se vaya ni hacia atrás ni hacia adelante; y la tercera ayuda a retractar la mandíbula, estabilizarla y cerrarla.

Para la experta, este hallazgo resulta importante para odontólogos y cirujanos, ya que indica que el masetero está formado y se comporta de una manera distinta a lo que hasta ahora se había pensado.

Además, dice la especialista, su investigación demuestra que no tenemos el cuerpo humano completamente mapeado y que nos falta mucho por conocer.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Diciembre 2021

Cuerpo humano/Ciencia/Investigación médica/Salud

El cerebro construye su propio mapa del lenguaje.

Un equipo científico descubre que los términos con significados parecidos activan las mismas regiones del cerebro, creando una especie de mapa lingüístico.

¿Os imagináis que pudiéramos representar en un mapa nuestros pensamientos más profundos? 

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Es el reto que se propuso un equipo científico de la Universidad de California en Berkeley cuando intentaba descifrar cómo codifica y organiza el lenguaje nuestro cerebro. Los expertos consiguieron elaborar un ‘atlas semántico’ que representaba en vívidos colores las diferentes palabras, y dieron con un hallazgo revelador: los términos con significados parecidos activan las mismas zonas del córtex cerebral.

El lenguaje es una función sumamente compleja de cuyo desarrollo se encarga la corteza cerebral,  en concreto el sistema semántico, que «traduce» el significado de aquello que escuchamos, leemos, vemos o pensamos. 

Para encontrar qué zonas cerebrales se activan con cada palabra, los investigadores pidieron a siete voluntarios que se sometieran a un escáner cerebral mientras escuchaban un programa de radio durante dos horas. 

Después de desglosar y clasificar las 10.470 palabras de la emisión según su significado, solaparon toda esa información con los datos de la actividad neuronal. El resultado: una suerte de atlas cerebral donde las palabras, agrupadas en 12 categorías según sus similitudes semánticas, quedaban representadas en diferentes zonas del córtex cerebral de los hemisferios derecho e izquierdo.

Los modelos semánticos creados predicen la actividad neuronal asociada con el lenguaje en las regiones del córtex cerebral.

«La posibilidad de representar un mapa semántico del cerebro tan detallado es un logro increíble», afirma Kenneth Whang, director de programas de la división de Sistemas de Inteligencia e Información de la National Science Foundation. 

«Nuestros modelos semánticos son capaces de predecir las actividades neuronales asociadas con el lenguaje en grandes regiones del córtex cerebral, pero además nos proporcionan información detallada sobre qué tipo de conceptos se representan en cada área del cerebro”, afirma Alex Huth, investigador de la Universidad de California en Berkeley, uno de los voluntarios del proyecto.

Una de las conclusiones más sorprendentes de la investigación, según Huth, fue descubrir que incluso personas muy diferentes comparten un mismo ‘mapa lingüístico’ cerebral.  

Según los científicos, este tipo de descubrimiento podría tener múltiples aplicaciones. Por ejemplo, dar «voz» a personas afectadas de apoplejía o aquejadas de enfermedades neuromusculares, como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). 

Además, podría servir para monitorizar la actividad cerebral de personas con dificultades para comunicarse y hasta para diseñar una especie de ‘descodificador’ que traduzca nuestras palabras a otro idioma mientras hablamos. ¡Casi nada!

Neuroimaging reveals detailed semantic maps across human cerebral cortex – Science Nation

Imagen de portada: Gentileza de  Alexander Huth, Universidad de California en Berkeley.Imagen del mapa interactivo de la actividad neuronal asociada al lenguaje.

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Mayo 2016.

Cuerpo humano/Cerebro/Neuronas

 

Los sentimientos verdaderos dejan huella en nuestro cuerpo.

Verdad

La termografía es una técnica basada en la detección de la temperatura de los cuerpos que se aplica en multitud de áreas, como la industria, la estructura de edificios o la medicina. Ahora unos científicos de la Universidad de Granada la han utilizado en el ámbito de la psicología, en concreto para demostrar que mediante la termografía, así como con la imagen cerebral, se pueden evidenciar ciertos comportamientos o estados de ánimo humanos.

Si lo que afirman es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral.

El estudio ha observado la reacción de las personas cuando tienen que responder a preguntas relacionadas no con hechos sino con sentimientos o cualidades (las cualidades subjetivas de las experiencias individuales). 

«Si el sentimiento que afirman tener es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral situada entre el lóbulo parietal y el temporal que interviene en la detección y regulación de la temperatura corporal, y la termografía muestra un descenso en la temperatura de la nariz y de otras zonas corporales», dice Emilio Gómez Milán, coautor del estudio junto con Elvira Salazar López.

Para explicarlo de forma sencilla, los investigadores exponen unos ejemplos. Si un creyente «se encomienda a Dios», se le activa la ínsula y le baja la temperatura de la nariz; si lo hace un no creyente, no. Lo mismo sucedería con personas que afirman sinceramente sentir una alta empatía con otras, o con un experto en flamenco que siente la belleza de ese arte cuando ve a otras personas bailar. En caso de que mintieran, la falta de cualidad se traduciría en que la imagen cerebral no presentaría activación significativa de la ínsula, y la termografía no mostraría ningún cambio aparente.

Este estudio ayudará a probar fácilmente cuándo alguien realmente siente lo que dice y cuándo dice lo que no siente. Para estos «mentirosos emocionales», el lenguaje de la filosofía neurológica tienen un nombre que es la bomba: zombis filosóficos. ¡Cuidado con ellos! –NGM-E

Imagen de portada: Gentileza de Emilio Gómez Milán y Elvira Salazar López

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC.

Cuerpo humano/Cerebro/Neurociencia.