Las 10 mejores películas de Anthony Hopkins.

A sus 83 años de edad, el actor británico Anthony Hopkins (Margam, 1937) acaba de hacerse con el segundo Oscar de su carrera merced a su interpretación en El padre, de Florian Zeller. Lo que nos incumbe es el camino, en cualquier caso: tras este galardón se acumulan más de cinco décadas de trabajo continuado, primero en televisión y después en la gran pantalla. Hopkins ha sabido ajustar su método: su rostro es el del más riguroso mayordomo inglés de entreguerras; también el de uno de los psicópatas más icónicos de la historia del cine. Hoy seleccionamos diez papeles suyos para poner en valor la envergadura de su trayectoria.

Las 10 mejores películas de Anthony Hopkins

1. Lo que queda del día (The Remains of the Day, James Ivory, 1993)

2. El hombre elefante (The Elephant Man, David Lynch, 1980)

3. El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991)

4. Regreso a Howards End (Howards End, James Ivory, 1992)

5. Un puente lejano (A Bridge Too Far, Richard Attenborough, 1977)

6. La carta final (84 Charing Cross Road, David Hugh Jones, 1987)

7. Tierras de penumbra (Shadowlands, Richard Attenborough, 1993)

8. Nixon (Oliver Stone, 1995)

9. Drácula de Bram Stoker (Dracula, Francis Ford Coppola, 1992)

10. Burt Munro. Un sueño, una leyenda (The World’s Fastest Indian, Roger Donaldson, 2005)

Imagen de portada: Anthony Hopkins

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Audrey Soprano. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 5 de junio 2021.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Anthony Hopkins

 

5 poemas de Oscar Wilde

Conocido por su faceta como dramaturgo, también por ser todo un icono social de su época, hoy recupero su vena más lírica con esta selección de 5 poemas de Oscar Wilde. 

La tumba de Keats

Libre de la injusticia del mundo y su dolor,

descansa al fin bajo el velo azul de Dios:

arrebatado a la vida cuando vida y amor eran nuevos,

el mártir más joven yace aquí,

justo cual Sebastián y tan temprano muerto.

Ningún ciprés ensombrece su tumba, ni tejo funeral,

sino amables violetas con el rocío llorando

sobre sus huesos tejen cadena de perenne floración.

¡Oh, altivo corazón que destruyó el dolor!

¡Oh, los labios más dulces desde los de Mitilene!

¡Oh, pintor-poeta de nuestra tierra inglesa!

Tu nombre inscribióse en el agua; y habrá de perdurar:

lágrimas como las mías conservarán tu memoria verde,

como el pote de albahaca Isabella.

Soneto al acercarme a Italia

Llegué a los Alpes: mi alma ardía

al oír tu nombre: Italia, Italia mía.

Y al salir del corazón de la montaña

la tierra avizoré por la que mi alma tanto suspirara,

y reí, como quien gran premio conquistara,

y meditando en lo maravilloso de tu fama

el día contemplé hasta que lo marcaran heridas de llama

y el cielo turquesa fuera oro bruñido.

Los pinos ondeaban como cabellos de mujer

y en los huertos cada rama sarmentosa

se abría en copos de floreciente espuma.

Pero al saber que allá lejos en Roma

en cadenas injustas otro Pedro yacía

lloré de ver tierra tan bella.

Mi voz

Dentro de este inquieto, apresurado y moderno mundo,

Arrancamos todo el placer de nuestros corazones, tú y yo.

Ahora, las blancas velas de nuestra nave ondean firmes,

Pero ha pasado el momento del embarque.

Mis mejillas se han marchitado antes de tiempo,

Tanto fue el llanto que la alegría ha huido de mi,

El Dolor ha pintado de blanco mis labios,

Y la Ruina baila en las cortinas de mi lecho.

Pero toda esta tumultuosa vida ha sido para ti

No más que una lira, un luto,

Un sutil hechizo musical,

O tal vez la melodía de un océano que duerme,

La repetición de un eco.

Portia

Poco me maravilla la osadía de Basanio

de arriesgar todo lo que tenía al plomo,

o que el orgulloso Aragón bajara la cabeza,

o que Marroquí de corazón en llamas se enfriara:

pues en ese atavío de oro batido

que es más dorado que el dorado sol,

ninguna mujer que Veronese mirara

era tan bella como tú a quien contemplo.

Aún más bella cuando con la sabiduría por escudo

al vestir la toga severa del jurista

y no permitieras que las leyes de Venecia cedieran

el corazón de Antonio a ese judío maldito.

¡Oh Portia!, toma mi corazón: es tu debido pago;

no he de objetar a ese aval.

Flores de amor

Amor, no te culpo; la culpa fue mía,

no hubiera yo sido de arcilla común

habría escalado alturas más altas aún no alcanzadas,

visto aire más lleno, y día más pleno.

Desde mi locura de pasión gastada

habría tañido más clara canción,

encendido luz más luminosa, libertad más libre,

luchado con malas cabezas de hidra.

Hubieran mis labios sido doblegados hasta hacerse música

por besos que sólo hicieran sangrar,

habrías caminado con Bice y los ángeles

en el prado verde y esmaltado.

Si hubiera seguido el camino en que Dante viera

los siete círculos brillantes,

¡Ay!, tal vez observara los cielos abrirse, como

se abrieran para el florentino.

Y las poderosas naciones me habrían coronado,

a mí que no tengo nombre ni corona;

y un alba oriental me hallaría postrado

al umbral de la Casa de la Fama.

Me habría sentado en el círculo de mármol donde

el más viejo bardo es como el más joven,

y la flauta siempre produce su miel, y cuerdas

de lira están siempre prestas.

Hubiera Keats sacado sus rizos himeneos

del vino con adormidera,

habría besado mi frente con boca de ambrosía,

tomado la mano del noble amor en la mía.

Y en primavera, cuando flor de manzano

acaricia un pecho bruñido de paloma,

dos jóvenes amantes yaciendo en la huerta

habrían leído nuestra historia de amor.

Habrían leído la leyenda de mi pasión, conocido

el amargo secreto de mi corazón,

habrían besado igual que nosotros, sin estar

destinados por siempre a separarse.

Pues la roja flor de nuestra vida es roída

por el gusano de la verdad

y ninguna mano puede recoger los restos caídos:

pétalos de rosa juventud.

Sin embargo, no lamento haberte amado -¡ah, qué más

podía hacer un muchacho,

cuando el diente del tiempo devora y los silenciosos

años persiguen!

Sin timón, vamos a la deriva en la tempestad

y cuando la tormenta de juventud ha pasado,

sin lira, sin laúd ni coro, la Muerte,

el piloto silencioso, arriba al fin.

Y en la tumba no hay placer, pues el ciego

gusano se ceba en la raíz,

y el Deseo tiembla hasta tornarse ceniza,

y el árbol de la pasión ya no tiene fruto.

¡Ah!, qué más debía hacer sino amarte; aún

la madre de Dios me era menos querida,

y menos querida la elevación citerea desde el mar

como un lirio argénteo.

He elegido, he vivido mis poemas y, aunque

la juventud se fuera en días perdidos,

hallé mejor la corona de mirto del amante

que la de laurel del poeta.

Imagen de portada: Oscar Wilde

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 3 de julio 2020.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Antes que llamara y la carne me abriese, de Dylan Thomas.

Su singular vozarrón consiguió liderar una legión de seguidores de su poesía en sus populares recitales. A continuación reproduzco Antes que llamara y la carne me abriese, de Dylan Thomas.

Antes que llamara y la carne me abriese, de Dylan Thomas

Antes que llamara y la carne me abriese,

que mis líquidas manos golpearan en el vientre,

yo, que era entonces informe como el agua

que formaba el Jordán junto a mi casa

era hermano de la hija de Mnetha

y hermana del gusano que gestaba la vida.

Yo que era sordo ante la primavera y el verano,

que no sabía los nombres de la luna y el sol,

ya sentía el latido bajo la armadura de mi carne,

aunque existía sólo en forma de infusorio,

veía las plomizas estrellas, el martillo lluvioso

que mi padre balanceaba en su cúpula.

Conocía el mensaje del invierno,

los dardos del granizo y la nieve pueril

y el viento era mi hermana pretendiente;

en mí saltaba el viento, el rocío infernal;

y mis venas fluían con los climas de oriente;

antes que me engendraran supe el día y la noche.

Antes que me engendraran ya por cierto sufría;

el potro de tortura de los sueños

enroscaba mi osamenta de lirio

en una cifra viva,

la carne era cortada para cruzar los bordes

de las horcas en cruces sobre el hígado

y las zarzas de los cerebros estrujados.

Mi garganta conocía la sed antes de la estructura

de vena y piel alrededor del pozo

donde palabras y agua se entremezclan

sin pausa alguna, hasta pudrir la sangre,

mi corazón conocía el amor, mi vientre el hambre;

al gusano yo olía entre mis propias heces.

Después el tiempo envió a mi mortal criatura

a derivar o ahogarse en los océanos

habituados a la aventura de la sal

en las mareas que jamás tocan las orillas.

Yo que era rico, me hice más rico aún

sorbiendo poco a poco el vino de los días.

Nacido del espectro y la carne, no era espectro

ni hombre, sino espectro mortal.

Y luego me abatió la pluma de la muerte.

Fui mortal hasta el último suspiro prolongado

que llevó hacia mi padre

el mensaje de su agónico cristo.

Tú que te inclinas en la cruz y el altar

acuérdate de mí y apiádate de Aquel

que mi carne y mi sangre tomó por armadura

y llegó a traicionar el vientre de mi madre.

Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell

Imagen de portada: Dylan Thomas

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 3 de septiembre 2019.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Las 10 mejores películas de Audrey Hepburn.

Casi tres décadas después de su fallecimiento, el vigor de la figura de Audrey Hepburn (1929-1993) se mantiene erguido incluso con una fuerza superior a la que exhibió durante los años 50 y 60, las dos décadas de su esplendor interpretativo. Concebida entonces como una diva-de-Hollywood, su legado se comprende hoy también desde el prisma de su actividad política e intelectual, además del subrayado evidente de haber sido una de las intérpretes de cabecera de cineastas como William Wyler o Stanley Donen.

Las 10 mejores películas de Audrey Hepburn

1. La calumnia (The Children’s Hour, William Wyler, 1961)

2. My Fair Lady (George Cukor, 1964)

3. Charada (Charade, Stanley Donen, 1963)

4. Vacaciones en Roma (Roman Holiday, William Wyler, 1953)

5. Sabrina (Billy Wilder, 1954)

6. Dos en la carretera (Two for the Road, Stanley Donen, 1967)

7. Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany’s, Blake Edwards, 1961)

8. Una cara con ángel (Funny Face, Stanley Donen, 1957)

9. Historia de una monja (The Nun’s Story, Fred Zinnemann, 1959)

10. Sola en la oscuridad (Wait Until Dark, Terence Young, 1967)

Imagen de portada: Audrey Hepburn

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Audrey Soprano. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 24 de octubre de 2020.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/En memoria/Audrey Hepburn

 

 

Romy Schneider: el triste destino de Sissi.

Javier Memba reanuda con Romy Schneider, una de las grandes actrices europeas del siglo XX, la mítica serie «Malditos, heterodoxos y alucinados» que en 2002 repasó en El Mundo las vidas de 75 escritores, poniendo ahora el foco en el mundo del cine.

Tan sólo ese estigma, que tan a menudo obra sobre los talentos tempranos, podía llevar a pensar que Romy Schneider —una de las grandes musas del cine europeo del siglo XX— acabaría siendo perseguida por la fatalidad hasta la muerte. 

Final que, amén de tan prematuro como los primeros aplausos que escuchó, bien pudo haber sido el último jalón de la senda de la autodestrucción, por la que la actriz encaminó su vida. Muy probablemente, puso rumbo al abismo en 1963, cuando la dejó Alain Delon tras un romance de cinco años. 

Dos décadas después, el 29 de mayo de 1982, fue encontrada muerta en su apartamento parisino. Oficialmente, se dijo que el óbito se produjo a consecuencia de un infarto agudo de miocardio. Pero como no se le practicó la autopsia, cuantos admiraron a Romy en Lo importante es amar (Andrzej Zulawski, 1975), La muerte en directo (Bertrand Tavernier, 1980) o Fantasma de amor (Dino Risi, 1981), las tres cintas, del último tramo de su filmografía, más representativas de la experiencia personal de la actriz, dieron por sentado que la antigua intérprete de Sissi había decidido poner fin a sus días mediante una mezcla letal de barbitúricos y alcohol.

Hija de los actores Wolf Albach-Retty y Magda Schneider —protagonista del gran Max Ophüls en Amoríos (1933)—, la futura actriz que habría de dar vida a la que, para el común de las espectadoras de los años 50, fue la princesita más gentil de la Casa Habsburgo-Lorena nació en la Viena que vitoreaba la anexión de Austria por la Alemania nazi. 

Fue el 23 de septiembre de 1938. Sólo tenía quince años cuando la joven Romy debutó en el cine incorporando a la hija del personaje interpretado por su progenitora en Lilas blancas (Hans Deppe, 1953). No mucho después, Ernst Marischka, para quien protagonizaría la trilogía de Sissi —Sissi (1955), Sissi emperatriz (1956) y El destino de Sissi (1957)—, le confió su primera princesa en Los jóvenes años de una reina. En aquella ocasión, recreó a la reina Victoria del Reino Unido.

Aunque aquellos papeles la convirtieron en una de las estrellas jóvenes más rutilantes de la pantalla europea, Romy Schneider, como todos los actores encasillados en un solo personaje, acabó cansándose de tanto miriñaque, tanto polisón y tanto vals. En cierto sentido arremetió contra todo ello con su creación de Manuela von Meinhardis en Corrupción en el internado (Géza von Radványi, 1958). Remake del clásico del cine lésbico Muchachas de uniforme (Leontine Sagan y Carl Froelich, 1931), sobre un internado para hijas de oficiales prusianos, en una de sus secuencias, Manuela besa en los labios a Elisabeth von Bernburg (Lili Palmer), la profesora de la que está enamorada.

También fue en el año 58 cuando conoció a Delon en el rodaje del remake de Amoríos dirigido por Pierre Gaspard-Huit. Debió de ser Delon quien le presentó a Luchino Visconti. Lo cierto es que para el realizador italiano Romy Schneider protagonizó su episodio de Boccaccio 70 (1962). También para él, con el correr de los años, interpretaría por última vez a Sissi. Fue en Ludwig (1973), el acercamiento de Visconti a Luis II de Baviera, el rey loco que prefería levantar castillos para las óperas de Wagner a los asuntos de estado. Siempre vestida de negro, la frescura de su belleza juvenil empezaba a volverse melancólica. 

La Sissi de entonces ya dejaba entrever la decadencia de una actriz cuyas dotes dramáticas habían seducido al Orson Welles de El proceso (1963) y al gran Claude Sautet. Su colaboración con este último arrancó en Las cosas de la vida (1969) y tendría su fruto en algunos de los mejores títulos de la actriz: Ella, yo y el otro (1972), Mado (1976) y Una vida de mujer (1978). Esta tercera precisamente le valió su segundo César a la mejor actriz.

El primero lo había obtenido tres años antes por su creación de Nadine Chevalier en Lo importante es amar. Era aquella una actriz alcoholizada y en decadencia —trasunto de la misma Romy— que se dedica al porno y mantiene un romance autodestructivo con Servais Mont (Fabio Testi), un fotógrafo que va a robarle unas fotos comprometidas.

De espaldas a la cámara siempre fue una depresiva que vio morir a su hijo Daniel, a los 14 años, atravesado accidentalmente por la verja de su casa mientras intentaba trepar por ella. Nunca llegó a levantarse de aquel golpe. Pese a todo el dinero que ganó, parece ser que cuando llegó su hora estaba arruinada. Fueron sus amigos quienes corrieron con los gastos del sepelio.

Imagen de portada: Romy Schneider

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Javier Memba. Editor: Arturo Pérez Reverte.  8 de mayo 2020.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/En memoria/Romy Schneider

 

 

 

 

 

 

 

India y Pakistán: 3 preguntas para entender la separación de los dos países hace 75 años y qué consecuencias tiene aún hoy.

Tras más de un siglo de dominio colonial, el Imperio Británico concedió la independencia a India en 1947.

El hito, del que ahora se cumplen 75 años, supuso también la partición en dos del país.

El territorio se dividió entre la actual India y el nuevo Estado de Pakistán, cuya parte oriental se convirtió años después en Bangladesh.

El proceso desató una ola de violencia con aproximadamente un millón de muertos y 15 millones de desplazados.

Y marcó el inicio de una larga enemistad entre India y Pakistán cuyas disputas y efectos persisten hoy en día.

A continuación presentamos 3 preguntas para entender el origen de la separación, el conflicto y sus repercusiones actuales.

1. Por qué se dividió el país

La India bajo control británico abarcaba 4,3 millones de kilómetros cuadrados, más del doble del tamaño de México.

Sus entonces 400 millones de habitantes se repartían en un complejo entramado de antiguos reinos con una amplia diversidad religiosa.

Los hindús conformaban aproximadamente el 65% de la población, mientras los musulmanes eran la principal minoría con el 25%, por delante de sijes, jainas, budistas, cristianos, parsis y judíos.

Mapa de la partición de India

Estos colectivos coexistían con la mayoría hindú en las regiones del sur, centro y parte del norte, y con la mayoría musulmana en provincias del noreste y noroeste del país.

Con el Imperio Británico inmerso en la II Guerra Mundial (1939-45), el movimiento pacifista por la independencia de India liderado por Mohandas Karamchand Gandhi ganó protagonismo.

Una India soberana y emancipada de Londres era cuestión de tiempo. Pero, ¿cómo sería?

Además de Gandhi, dos figuras marcaron el devenir del país: Jawaharlal Nehru y Mohamed Ali Jinnah.

Nehru y Ghandi en 1946.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Nehru y Ghandi en 1946.

Nehru, de ascendencia hindú, aunque agnóstico declarado, era un popular líder independentista que, al igual que Gandhi, anhelaba una India unida en la que convivieran personas de distintos credos.

Jinnah, por su parte, presidía la Liga Musulmana, el partido político que demandaba una nación separada para los indios seguidores del Islam y que gozaba de un fuerte respaldo popular en las provincias donde se profesaba esa religión.

«A medida que veían más cerca la independencia, a más musulmanes indios les preocupaba vivir en un país gobernado por una mayoría hindú», explica el académico Gareth Price, del instituto de política exterior Chatham House de Reino Unido.

Mohamed Ali Jinnah

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Educado en Londres, donde adoptó su aspecto y costumbres occidentales, Mohamed Ali Jinnah tenía una visión moderada e idealista del Islam.

En aquellos años los colonizadores británicos acostumbraban a dividir a la población local por grupos religiosos, destaca la profesora Navtej Purewal, miembro del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades de India.

«Por ejemplo, creaban listas separadas de votantes musulmanes e hindúes para las elecciones locales. También había escaños reservados para políticos musulmanes y para hindúes. La religión se convirtió en un factor en la política», apunta.

Tras varios motines en sus destacamentos militares en India, en 1946 Londres accedió a abandonar el país y organizar una transición pacífica del poder a las autoridades locales en un plazo máximo de dos años.

Mapa pakistaní de India

El Imperio, urgido a zanjar el asunto cuanto antes por la creciente inestabilidad social en la colonia, decidió que la mejor opción era dividir India en dos.

«Llegar a un acuerdo sobre cómo funcionaría una India unida habría llevado mucho tiempo», por lo que la partición «parecía ser una solución rápida y sencilla», explica Price.

Y, para trazar las nuevas fronteras entre hindúes y musulmanes, Londres designó al abogado británico Cyril Radcliffe.

GETTY IMAGES. Radcliffe (en el medio) participa en una reunión con Nehru (izquierda) y Jinnah (derecha) sobre la partición de India en dos estados.

Radcliffe, que nunca antes había estado en India y desconocía su complejo crisol cultural y religioso, viajó al país con el cometido de diseñar las líneas divisorias en solo 5 semanas.

Fue así que el 15 de agosto de 1947 nacieron India, de mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría musulmana.

Nehru fue primer ministro de India hasta fallecer en 1964 y Jinnah gobernó Pakistán también hasta su muerte, aunque esta ocurrió solo un año después de la independencia, en 1948.

2. Cuál fue el costo humano de la división

La nueva frontera de unos 3.000 kilómetros delimitaba dos territorios separados para Pakistán: el que ocupa actualmente y Pakistán del Este, que en 1971 se desvinculó políticamente de Islamabad para convertirse en la República de Bangladesh.

Tras la partición se produjo la mayor migración en masa de la historia, con una cifra estimada de 15 millones de desplazados.

Hindús y sijs que vivían en territorio asignado a Pakistán emprendieron el camino hacia un futuro incierto en India, mientras musulmanes hacían el recorrido opuesto.

En muchos casos se trataba de distancias de miles de kilómetros que por lo general las mayoritarias clases bajas recorrían a pie, las clases medias en trenes y las clases acomodadas en vehículos y aviones.

La gran matanza de Calcuta

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El preludio de lo que pasaría a gran escala un año después: en agosto de 1946 hindúes y musulmanes se enfrentaron en la Gran Matanza de Calcuta, en la que murieron unas 2.000 personas.

Tren indio en 1947

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Los trenes en la segunda mitad de 1947 se abarrotaron de refugiados hindúes y musulmanes en busca de una nueva vida en el lado de la frontera que correspondía a su religión.

Los meses posteriores a la independencia también estuvieron marcados por la radicalización del conflicto étnico, que produjo un derramamiento de sangre en un ambiente de caos e impunidad.

En los meses de 1947 que siguieron a la independencia grupos de soldados acostumbraban a atacar trenes y puntos de concentración de desplazados, dejando entre cientos de miles y dos millones de muertos, según estimaciones.

«La Liga Musulmana formó milicias, al igual que los grupos hindúes de extrema derecha», explica Eleanor Newbigin, profesora de historia del sur de Asia de la Universidad de Londres SOAS.

«Los grupos terroristas expulsaban a la gente de sus aldeas para ganar control en su bando», afirma.

Gran parte de la violencia ocurrió en el estado fronterizo noroccidental de Punjab, donde las turbas se ensañaron especialmente con las mujeres, que sufrieron violaciones y mutilaciones.

Solo en ese estado se estima que unas 100.000 mujeres fueron secuestradas, violadas y en muchos casos forzadas a casarse con sus captores.

Además, la casi impenetrable alambrada que separa a los dos países dejó a millones de familias divididas de forma permanente.

Y las fronteras siguieron siendo objeto de disputa entre India y Pakistán hasta el día de hoy.

3. Qué consecuencias tiene aún la partición

Frontera entre India y Pakistán

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Los alambres de espino para evitar cruces no autorizados se extienden por gran parte de los 3.323 kilómetros de la actual frontera entre India y Pakistán.

Cachemira, una región del Himalaya conocida por la belleza natural de sus paisajes y también por su diversidad étnica, ha sido el principal foco de conflicto desde la independencia hasta hoy.

Según el plan de reparto contemplado por el Acta de Independencia de India, Cachemira podía elegir libremente si ser parte de India o de Pakistán.

En 1947, el gobernante local, marajá Hari Singh, eligió India, lo que provocó el estallido de una guerra que duró dos años.

Desde entonces India mantiene el control de aproximadamente la mitad de la región, mientras Pakistán domina algo más de un tercio en las áreas del noroeste, y China administra los territorios restantes, en el norte y noreste.

La región es frecuente foco de conflicto de mayor o menor intensidad.

Mapa de Cachemira

India y Pakistán entraron de nuevo en guerra por la región en 1965, y en 1999 protagonizaron un choque bélico conocido como el conflicto de Kargil.

A finales del siglo XX ambos países ya eran potencias nucleares.

India también luchó contra Pakistán en 1971, cuando intervino para apoyar la independencia de Bangladesh.

Aproximadamente un 14% de la población de la actual India es musulmana, mientras solo un 2% de los pakistaníes practica el hinduismo.

«Pakistán se ha vuelto cada vez más islámico», afirma Price.

E India, asegura el académico, «está cada vez más bajo la influencia del nacionalismo hindú».

Newbigin califica como «muy preocupante» el legado de la partición, ya que «ha creado poderosas mayorías religiosas en ambos países», mientras las minorías «se han vuelto más pequeñas y vulnerables».

Tropas indias y pakistaníes celebran la ceremonia de bajada de banderas en el paso fronterizo de Wagah

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. La violencia no es el único legado de la partición: cada tarde desde 1959, tropas indias y pakistaníes celebran la ceremonia de bajada de banderas en el paso fronterizo de Wagah.

Para la profesora Navtej Purewal, la división del país podría haberse evitado.

«Crear una India unida pudo haber sido posible en 1947. Habría sido una federación flexible de estados, incluidos aquellos donde los musulmanes eran mayoría», dice.

«Pero tanto Gandhi como Nehru insistieron en construir un estado unificado, controlado desde el centro. Realmente no tuvieron en cuenta cómo podría vivir una minoría musulmana en ese modelo de país».

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. 15 de agosto 2022.

Atahualpa Amerise/Asia Central/India/Guerra/Pakistán/Reino Unido/ Asia del Sur

 

 

 

Afganistán: cómo se vive en Kabul y otras zonas del país un año después del regreso de los talibanes al poder.

Cuando llegas al aeropuerto internacional de Kabul, lo primero que notas son las mujeres, vestidas con pañuelos marrones y capas negras, sellando pasaportes.

La pista de aterrizaje, que hace un año fue escenario de una marea de personas en pánico desesperadas por escapar, ahora es mucho más tranquila y limpia. Filas de banderas blancas de los talibanes ondean en la brisa del verano: se han pintado vallas publicitarias de los viejos rostros famosos.

¿Qué hay más allá de esta puerta de entrada a un país que fue trastornado por una rápida toma de poder por parte de los talibanes?

Dejar el trabajo a los hombres

Los mensajes son sorprendentes, por decir lo menos.

«Quieren que le dé mi trabajo a mi hermano», escribe una mujer en una plataforma de mensajería.

«Nos ganamos nuestros puestos con nuestra experiencia y educación. Si aceptamos esto significa que nos hemos traicionado a nosotras mismas», declara otra.

Estoy sentada con algunos antiguos altos funcionarios del Ministerio de Finanzas que comparten sus mensajes.

Forman parte de un grupo de más de 60 mujeres, muchas de la Dirección de Ingresos de Afganistán, que se unieron después de que se les ordenara irse a casa en agosto pasado.

Funcionarias públicas en Afganistán

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND

Los talibanes dijeron a las funcionarias públicas que enviaran los CV de sus familiares varones que pudieran postularse para sus puestos de trabajo.

Aseguran que los funcionarios talibanes les dijeron: «Envíen los resúmenes curriculares de sus familiares varones que puedan postularse para sus trabajos».

«Este es mi trabajo», insiste una mujer que, como todas las mujeres de este grupo, pide ansiosa que se oculte su identidad. «Luché con mucha dificultad durante más de 17 años para conseguir este trabajo y terminar mi maestría. Ahora estamos de vuelta a cero».

En una llamada telefónica desde fuera de Afganistán, se nos une Amina Ahmady, quien fue directora general de este despacho.

Se las arregló para irse, pero esa tampoco es una salida.

«Estamos perdiendo nuestra identidad», lamenta. «El único lugar donde podemos guardarlo es en nuestro propio país».

El título de su grupo, «Mujeres líderes de Afganistán», les da fuerza. Lo que quieren es su trabajo.

Fueron las mujeres quienes aprovecharon los nuevos espacios de educación y oportunidades laborales durante dos décadas de compromiso internacional que terminaron con el régimen talibán.

Los funcionarios talibanes dicen que las mujeres siguen trabajando. Quienes lo hacen son principalmente personal médico, educadoras y trabajadoras de seguridad, incluso en el aeropuerto, en espacios frecuentados por mujeres.

Los talibanes también enfatizan que las mujeres, que alguna vez ocuparon alrededor de una cuarta parte de los empleos del gobierno, todavía reciben un pago, aunque una pequeña fracción de su salario.

Una exfuncionaria me cuenta cómo un guardia talibán la paró en la calle y criticó su velo islámico, o hiyab, aunque iba completamente cubierta.

«Tienes problemas más importantes que resolver que el hiyab», replicó, otro momento de la determinación de las mujeres de luchar por sus derechos dentro del islam.

El riesgo de hambruna

La escena parece idílica. Gavillas de trigo dorado brillan bajo el sol de verano en las remotas tierras altas centrales de Afganistán. Se puede escuchar un suave mugido de vacas.

Noor Mohammad, de 18 años, y Ahmad, de 25 años, siguen blandiendo sus hoces para limpiar un trozo de grano restante.

Un campo de trigo en Ghor

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND. A medida que se agotan los trabajos, los jóvenes se dedican a trabajos como la cosecha, que paga el equivalente a US$2 por día.

«Este año hay mucho menos trigo debido a la sequía», comenta Noor, con el sudor y la suciedad en su joven rostro. «Pero es el único trabajo que pude encontrar».

Un campo cosechado se extiende en la distancia detrás de nosotros. Han sido 10 días de trabajo agotador por parte de dos hombres en la flor de su vida por el equivalente a US$2 por día.

«Estaba estudiando ingeniería eléctrica pero tuve que abandonar la carrera para mantener a mi familia», explica. Su arrepentimiento es palpable.

La historia de Ahmad es igual de dolorosa. «Vendí mi moto para ir a Irán pero no encontraba trabajo», explica.

El empleo temporal en el vecino Irán solía ser una respuesta para los habitantes de una de las provincias más pobres de Afganistán. Pero el trabajo también ha disminuido en Irán.

«Damos la bienvenida a nuestros hermanos talibanes», dice Noor. «Pero necesitamos un gobierno que nos dé oportunidades».

Más temprano ese día, nos sentamos alrededor de una mesa de pino brillante con el gabinete provincial de Ghor, hombres con turbantes ubicados junto al gobernador talibán Ahmad Shah Din Dost, quien fue vicegobernador en la sombra durante la guerra.

«Todos estos problemas me entristecen», dice al enumerar la pobreza, las malas carreteras, la falta de acceso a los hospitales y las escuelas que no funcionan correctamente.

El final de la guerra significa que más agencias de ayuda ahora están trabajando aquí, incluso en distritos que antes estaban fuera de los límites. A principios de este año, se detectaron condiciones de hambruna en dos de los distritos más distantes de Ghor.

Pero la guerra no ha terminado para el gobernador Din Dost. Dice que fue encarcelado y torturado por las fuerzas estadounidenses. «No nos den más dolor», asevera. «No necesitamos ayuda de Occidente».

«¿Por qué Occidente siempre interfiere?», pregunta. «No cuestionamos cómo tratan a sus mujeres y hombres».

Gobernador talibán Ahmad Shah Din Dost

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND. El gobernador talibán Ahmad Shah Din Dost.

En los días siguientes, visitamos una escuela y una clínica de desnutrición, acompañados por miembros de su equipo.

«Afganistán necesita atención», dice Abdul Satar Mafaq, joven director de salud con educación universitaria de los talibanes, quien parece ser más pragmático. «Tenemos que salvar la vida de las personas y no es necesario que involucre la política».

Recuerdo lo que me dijo Noor Mohammad en el campo de trigo. «La pobreza y el hambre también es una lucha y es más grande que los tiroteos».

El cierre de escuelas para niñas

Sohaila, de 18 años, está emocionada.

La sigo por unas escaleras oscuras hasta el sótano del mercado exclusivo para mujeres de Herat, la antigua ciudad occidental conocida desde hace mucho tiempo por su cultura más abierta, su ciencia y su creatividad.

Es el primer día que abre este bazar: los talibanes lo cerraron el año pasado, y estuvo clausurado por la pandemia de covid-19 el año anterior.

Nos asomamos a través de la fachada de cristal de la tienda de ropa de su familia, que aún no está lista. Una fila de máquinas de coser se encuentra en la esquina, globos de corazones rojos cuelgan del techo.

Un mercado exclusivo para mujeres en Herat

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND. Un mercado exclusivo para mujeres en Herat.

«Hace una década, mi hermana abrió esta tienda cuando tenía 18 años», me dice Sohaila, compartiendo una historia resumida de la costura de su madre y abuela de vestidos tradicionales kuchi con estampados brillantes.

Su hermana también había abierto un club de internet y un restaurante.

Las instalaciones están mal iluminadas, pero en esta penumbra hay un rayo de luz para las mujeres que han pasado demasiado tiempo sentadas en casa.

Sohaila tiene otra historia para compartir.

«Los talibanes han cerrado las escuelas secundarias», comenta con naturalidad sobre algo que tiene enormes consecuencias para las adolescentes ambiciosas como ella.

La mayoría de las escuelas secundarias están cerradas por orden de los principales clérigos ultraconservadores de los talibanes, a pesar de que muchos afganos, incluidos miembros talibanes, han pedido que se vuelvan a abrir.

«Estoy en el grado 12. Si no me gradúo, no puedo ir a la universidad».

Le pregunto si puede ser la Sohaila que quiere ser en Afganistán. «Por supuesto», declara con confianza. «Es mi país y no quiero ir a otro».

Pero un año sin escuela debe haber sido duro. «No soy solo yo, son todas las chicas de Afganistán», comenta estoicamente.

«Es un triste recuerdo», asegura.

Sohaila

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND

Los talibanes cerraron escuelas para niñas en Afganistán proyectando un futuro incierto para muchas jóvenes como Sohaila.

Su voz se apaga mientras rompe a llorar.

«Yo era la mejor estudiante».

Imagen de portada:JACK GARLAND. Los talibanes tomaron el poder en Afganistán en agosto de 2021.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo.Por Lyse Doucet, Kabul. Hace 8 horas.

Afganistán/Pobreza/Mujeres

 

 

 

 

4 poemas de Pedro Salinas

Dedicó su vida a la docencia y a la traducción, y, por supuesto, a la poesía. Estos 4 poemas de Pedro Salinas nos sirven para recordar a una de las figuras claves de la Generación del 27 y la lírica española del Siglo XX.

Sin voz desnuda

Sin armas. Ni las dulces

sonrisas, ni las llamas

rápidas de la ira.

Sin armas. Ni las aguas

de la bondad sin fondo,

ni la perfidia, corvo pico.

Nada. Sin armas. Sola.

Ceñida en tu silencio.

«Sí» y «no», «mañana» y «cuando»,

quiebran agudas puntas

de inútiles saetas

en tu silencio liso

sin derrota ni gloria.

¡Cuidado!, que te mata

fría, invencible, eterna

eso, lo que te guarda,

eso, lo que te salva,

el filo del silencio que tú aguzas.

 

Underwood girls

Quietas, dormidas están,

las treinta, redondas, blancas.

Entre todas

sostienen el mundo.

Míralas, aquí en su sueño,

como nubes,

redondas, blancas, y dentro

destinos de trueno y rayo,

destinos de lluvia lenta,

de nieve, de viento, signos.

Despiertalas,

con contactos saltarines

de dedos rápidos, leves,

como a músicas antiguas.

Ellas suenan otra música:

fantasías de metal

valses duros, al dictado.

Que se alcen desde siglos

todas iguales, distintas

como las olas del mar

y una gran alma secreta.

Que se crean que es la carta,

la fórmula, como siempre.

Tú alócate

bien los dedos, y las

raptas y las lanzas,

a las treinta, eternas ninfas

contra el gran mundo vacío,

blanco a blanco.

Por fin a la hazaña pura,

sin palabras, sin sentido,

ese, zeda, jota, i…

 

Luz de la noche

Estoy pensando, es de noche,

en el día que hará allí

donde esta noche es de día.

En las sombrillas alegres,

abiertas todas las flores,

contra ese sol, que es la luna

tenue que me alumbra a mí.

Aunque todo está tan quieto,

tan en silencio en lo oscuro,

aquí alrededor,

veo a las gentes veloces

prisa, trajes claros, risa

consumiendo sin parar,

a pleno goce, esa luz

de ellos, la que va a ser mía

en cuanto alguien diga allí

«ya es de noche».

La noche donde yo estoy

ahora,

donde tú estás junto a mí

tan dormida y tan sin sol

en esa

noche y luna del dormir,

que pienso en el otro lado

de tu sueño, donde hay luz

que yo no veo.

Donde es de día y paseas

te sonríes al dormir

con esa sonrisa abierta,

tan alegre, tan de flores,

que la noche y yo sentimos

que no puede ser de aquí.

Fe mía

No me fío de la rosa

de papel,

tantas veces que la hice

yo con mis manos.

Ni me fío de la otra

rosa verdadera,

hija del sol y sazón,

la prometida del viento.

De ti que nunca te hice,

de ti que nunca te hicieron,

de ti me fío, redondo

seguro azar.

Imagen de portada: Gentileza de Anthony Delanoix

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 7 de noviembre 2017.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/En memoria/Pedro Salinas

5 poemas de Jorge Pérez Cebrián

Jorge Pérez Cebrián nació en Requena en 1996. Actualmente cursa el grado de Filosofía en la UNED, disciplina que impregna la temática de sus poemas. Su primer libro publicado fue La voz sobre las aguas (Valparaíso, 2019). Más adelante publica La lumbre del barquero (Olé-Libros, 2021), obra nominada al Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana en 2021. En ese mismo año es galardonado con el premio Arcipreste de Hita 2021 con la obra De cuánta noche cabe en un espejo, que verá la luz en la editorial Pre-Textos en 2022. Además, en este tiempo, ha coordinado los eventos poéticos «Las noches de Eleusis» en Madrid, imparte un ciclo de conferencias en La Casa del Libro acerca de la historia de la poesía universal en Valencia, participa en antologías como Para decir amor sencillamente (Diputación Provincial de Granada, 2021) y publica poemas en revistas como 21 veintiún versos o Estación Poesía. Su escritura, fundamentada en la filosofía, busca redescubrir los temas esenciales del ser humano, que han venido atravesando una tradición a la que se rinde reverencia. Poemas que desde la fragilidad buscan el destello que une lo humano con lo eterno, con el terror sagrado que ese encuentro implica. Zenda publica dos poemas de La lumbre del barquero, otros dos de De cuánta noche cabe un espejo y un inédito.

***

BARANDILLA DE METAL OSCURA Y FRÍA

Pero incluso los ángeles –dijiste–

están anclados por la sombra al suelo;

porque toda raíz se da a la tierra,

mientras la vaga lengua de las ramas

pronuncia entre sus hojas

despedidas.

Y de entre todos los jardines

–¿recuerdas?–

solo este crece y

bebe y

no respira.

El pasado

aún no era patria de las rosas,

pero sobrevolaban ya

los ruiseñores

la eterna primavera de los cementerios.

Pero tú todo el resto ya lo sabes.

Y cómo –me dijiste–

desde tan alto, ver el cielo.

Entonces un farol

bastaba para sostener la noche

cuando te hiciste silueta

de un susurro entre las paredes blancas

igual que una paloma

que no encontrara el aire.

–Moisés abrió bajo el fulgor los ojos

y vio en sus párpados cansados

diamantes dentro de la arena blanca–.

Allí un velo de luz te recubría,

como oculta la mano ajada del pintor las flores

del vago acontecer de los ciruelos.

Y nuestros pasos

eran jóvenes,

como sin duda deberían serlo

los pasos jóvenes de los mortales.

Nuestras manos      demasiado grandes para el vacío.

Desnudos,

el mundo nos cubría de los pies abajo,

tan solos,

tan recónditos

e inadvertidos.

Será por eso que no aprendimos a caminar de espaldas,

como nunca aprendimos

a ver la luz a solas.

Mañana no saldrá el sol, amor, pero tú eso ya lo sabes.

Y tú aún sostienes

mi mano

como un pájaro

y las palomas sueñan con volar sin aire.

De La lumbre del barquero (Olé-Libros, 2021)

***

EL TRIUNFO DEL LENGUAJE

Coge mi mano, amor,

con el valor que da saber que es tarde.

Ya se acercan.

¿No lo sientes,

cómo se nos desangra en tiempo el mundo,

en lúcidas teselas, la

sintaxis soñolienta de tus pasos?

Ya vienen:

empezará esta calle en un entonces

y esta secreta novedad del mundo

será un rumor de ecos ya de nadie.

Dame tu mano, amor,

quizá sea tu mano quien nos libre

de toda esa gramática de ayeres:

las frases sin nostalgia que seremos,

los verbos que se mezclan a la carne.

De La lumbre del barquero (Olé-Libros, 2021)

***

HIC SUNT DRACONES

«Así le hablé, y me respondió acto seguido:

–¡Atrida! ¿Por qué me preguntas tales cosas?

No te compete a ti saberlas,

y no estarás mucho sin llorar

tan luego como las sepas todas».

La Odisea, IV, 491 y ss.

Qué importa que el mañana sea uno:

aún puede una promesa ser la vida.

Mira a lo lejos.

Y allí, sobre las aguas, detenido,

su huella se parece a cada humano

que alguna vez dará su rastro al viento.

Algunas veces teme

la abisal conjetura de la sombra

porque tan sólo allí,

donde claudica el ojo,

lo que la luz oculta hunde la hierba.

Se agacha a recoger las redes

a solas en un mar que nadie ha visto.

Y tiende

su cuerpo entre las bestias,

como un pastor en medio del rebaño,

jugando a deshilar cada futuro.

Aún no sabe

que fue por su mirada la ardua historia,

qué palabras pronuncian los silencios

que a un tiempo son un no y un todavía.

Sin darse cuenta,

todo pasa,

y en sólo un cuerpo yerra el infinito.

El leve cuarto se diluye.

La luna lo contempla con dulzura,

y vuelve a ser un niño que se sueña.

De De cuánta noche cabe en un espejo (Pre-Textos, 2022)

***

ALIQUIS ME FECIT

(ALGUIEN ME HIZO)

«Did he who made the lamb make thee?»

WILLIAM BLAKE

En las orillas

de algún remoto río ya sin nombre

alguien ha hundido el rostro y

sólo llora.

Y lo sé:

habita todavía el tiempo,

sobre la suave sumisión del mármol,

la mano blanca

y el sudor perdido.

El suspiro, el dolor encadenado

debajo de una sombra de certeza,

el triste amor por el cobijo irguiéndose,

tensándose en los hombros de los Atlas,

el grito y el fragor que llamo historia.

Existe un rastro invicto, existe

un hálito en el barro, una prisión,

la firma de quien ya no tiene nombre

y sabe que aún la muerte se arrodilla

si un hombre dice al mundo «yo he vivido».

Un alma, una vida, un pasado

que habitan más las cosas que los cuerpos.

Y lo sé:

no existe una belleza tan desnuda,

que no diga en silencio «alguien me hizo»,

que no esconda en su piel algún temblor

clamando su otra sangre ya callada.

Y esta noche sin dueño sólo callo.

Acerco a ti mi cuerpo,

Y en este gesto exacto y temeroso,

profundo como la respiración

de un tigre,

como un cordero,

me pregunto.

Y es algo que me acerca al polvo alzándose

al vivo olor de la madera fresca.

Lo más cercano acaso

al misterio y la luz de una plegaria.

Cierro los ojos.

Y quizá alguien aún siga llorando

sentado junto a un río

ya sin nombre.

De De cuánta noche cabe en un espejo (Pre-Textos, 2022)

***

ALGUIEN

Se sientan a la mesa.

Lo tenue de la luz. La llama lenta.

El peso acostumbrado de la carne.

Está cansado.

Sobre sus manos duras,

sin víctima, verdugo y sin memoria,

el barro y el aliento de los dioses,

las ascuas que aún gobiernan su ventana.

Cansado

fatigó el alba, aprendió del frío.

Cansado del sigilo de su cuerpo,

como una llama nunca mengua al darse,

así esparció su sombra por el mundo.

Aprendió a dar los nombres.

Aprendió

de las más altas leyes su lugar,

robó el fuego, afiló la roca,

besó a su madre y emprendió el desierto.

Caminó.

Se resguardó en la tierra de la muerte

con sólo sangre y con su mano anónima.

Fue solo una canción que se ha perdido.

Venció los mares,

sometió al horizonte hasta ser mapa.

Fue la Voz, fue los hombros

llevando el peso invicto de la Roca

al fin de algún Imperio o de un rey muerto.

Y dio su alma

dispensando porqués contra el horror

deshilando, hebra a hebra, el arcoíris,

calculando Una Ausencia en sus silencios.

Amó

hasta encontrar sentido

blandiendo insomne el arma enamorada.

Cantó el origen y cantó el destino

enmudeció de dicha,

en un espejo negro sin destino.

Robó y mató, fue muerto y fue los clavos.

Fue cobarde o no fue, o fue valiente.

Murió a millares cada día.

Estuvo vivo.

Pero ahora,

desde hace mucho tiempo, está cansado.

Se sienta con demora.

Lo tenue de la luz. La llama lenta.

El peso acostumbrado de la carne.

Los mismos astros velan las ventanas.

“Es de noche” se dice

y piensa, sin motivo, en el zapato

que ha visto abandonado en una acera.

“Pero es de noche y he llegado a casa”.

Y entonces, otra vez,

mira sus manos.

Un hombre parte el pan y se pregunta

si puede el tiempo

rozar una belleza

por más que muera un poco

cada día.

(Inédito)

Imagen de portada: Jorge Pérez Cebrián

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 21 de abril 2022. 

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Anoche cuando dormía, antología poética de Antonio Machado.

Fue el autor más joven de la conocida como Generación del 98. En Madrid y París convivió con escritores como Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y Ramón María del Valle-Inclán. Casi una década pasó entre el modernista Soledades y Campos de Castilla, su consagración como poeta. Colliure fue su última morada; su tumba se convirtió en el mayor símbolo del exilio republicano.

Anoche cuando dormía, antología poética de Antonio Machado

Zenda reproduce 5 poemas incluidos en Anoche cuando dormía, antología poética de Antonio Machado publicada en la colección «Poesía portátil» de Random House, de la cual ya hemos publicado versos de Alejandra Pizarnik, Rafael Alberti, Federico García Lorca e Idea Vilariño .

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una fontana fluía

dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,

agua, vienes hasta mí,

manantial de nueva vida

de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una colmena tenía

dentro de mi corazón;

y las doradas abejas

iban fabricando en él,

con las amarguras viejas

blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que un ardiente sol lucía

dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba

calores de rojo hogar,

y era sol porque alumbraba

y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que era Dios lo que tenía

dentro de mi corazón.

Parábolas

I

Era un niño que soñaba

un caballo de cartón.

Abrió los ojos el niño

y el caballito no vio.

Con un caballito blanco

el niño volvió a soñar;

y por la crin lo cogía…

¡Ahora no te escaparás!

Apenas lo hubo cogido,

el niño se despertó.

Tenía el puño cerrado.

¡El caballito voló!

Quedóse el niño muy serio

pensando que no es verdad

un caballito soñado.

Y ya no volvió a soñar.

Pero el niño se hizo mozo

y el mozo tuvo un amor,

y a su amada le decía:

¿Tú eres de verdad o no?

Cuando el mozo se hizo viejo

pensaba: Todo es soñar,

el caballito soñado

y el caballo de verdad.

Y cuando vino la muerte,

el viejo a su corazón

preguntaba: ¿Tú eres sueño?

¡Quién sabe si despertó!

Orillas del Duero

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.

Girando en torno a la torre y al caserón solitario,

ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,

de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.

Es una tibia mañana.

El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,

casi azules, primavera

se ve brotar en los finos

chopos de la carretera

y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.

El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,

azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,

y mística primavera!

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,

espuma de la montaña

ante la azul lejanía,

sol del día, claro día!

¡Hermosa tierra de España!

Retrato

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,

más recibí la flecha que me asignó Cupido,

y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

pero mi verso brota de manantial sereno;

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

mas no amo los afeites de la actual cosmética,

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

mi verso, como deja el capitán su espada:

famosa por la mano viril que la blandiera,

no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo

?quien habla solo espera hablar a Dios un día?;

mi soliloquio es plática con ese buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

Yo voy soñando caminos

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero

a lo largo del sendero…

-la tarde cayendo está-.

«En el corazón tenía

«la espina de una pasión;

«logré arrancármela un día:

«ya no siento el corazón».

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

y el camino que serpea

y débilmente blanquea

se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:

«Aguda espina dorada,

«quién te pudiera sentir

«en el corazón clavada».

—————————————

Autor: Antonio Machado. Título: Anoche cuando dormía. Editorial: Random House (Literatura portátil). Venta: Todostuslibros y Amazon

Imagen de portada: Antonio Machado

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 5 de diciembre 2020.

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