«El corazón del daño» de María Negroni.

Sobre cómo habitar la lengua materna

Momentos de una vida, en especial del mundo de la infancia, y una figura gravitante en el futuro de la escritora: la madre. Estos son los hitos de la formidable escritura condensada en El corazón del daño, de la poeta y ensayista María Negroni. Una narración invadida de poesía y habitada por la lengua materna. 

Tal vez lo más maravilloso que sucede al entrar a un libro sea el estado de ignorancia original, ese momento en el que no sabemos cuál de todos sus hilos van a comenzar a trenzar nuestra lectura. 

Qué palabras, qué imágenes tendrán la pregnancia suficiente como para convertirse en esas posibilidades que están a punto de ocurrirnos. La ignorancia propicia el acontecimiento de la lectura, permite el asombro, la acumulación, el alimento. Luego la salida del libro suele ser lenta y con repliegues. 

En ese silencio comienzan a decantar las claves de lectura que nos construimos, la agitación de habitar lo nuevo y desparramarlo sobre lo vivido.

Por eso las claves de lectura tienen una conformación tan extraña -y a veces tan antojadizas- como las propias imágenes de un texto. Pero en su capricho van revelando coincidencias, cruces irreales, armando repreguntas, proponiendo nuevas clasificaciones imposibles. La clave emerge como dispositivo sólido aunque es siempre deudora de las imágenes que decantaron de la lectura a fuerza de pura resonancia. 

Porque hay que saberlo: mientras leemos la voluntad es una falacia y la lectura es espectro: tanto si la pensamos como una distribución de imágenes gráficas de los sonidos como en ser una entidad fantasmática sobre la que en principio no tenemos dominio ni poder de comprobación. 

Del diálogo enloquecido entre imágenes y clave comienza a crecer el hilo de Ariadna que guiará la lectura hacia otros laberintos. 

No sería necesario aclararlo, pero ahí va por las dudas: esto no sucede con cualquier libro, y por eso se agradece tanto la porosidad, la textura, la sintaxis generosa y desobediente, el ritmo que expande la raíz y el rumbo del sentido cuando de pronto un libro se transforma en una experiencia. 

El corazón del daño, el último libro de María Negroni publicado por Literatura Random House es eso, una experiencia a decantar.

En este caso, la clave de lectura resuena en una entrada casi enciclopédica que gira alrededor de la idea de “Islas” y está en esa especie de inventario de amuletos que es su Pequeño mundo ilustrado. 

En algún párrafo dice así: “Las islas son también lugares raramente felices. Tristes, pero felices, como toda infancia, o mejor sería decir: como toda infancia recobrada. El mundo se vuelve allí superficie en blanco. 

Por eso, todos los náufragos sucumben a la compulsión lingüística: se desviven por nombrar. En su aislamiento, construyen fábulas de castigo o salvación: lo mismo da, con tal de cancelar la temporalidad y abrir espacios donde otra genealogía -cierta fantasía de autocreación- pueda tener lugar. La apuesta es a que todo suceda por primera vez, sin antecedentes, sin las jerarquías del poder o la historia.” Negroni construye una idea de isla y la llama camafeo, mundo perdido, diorama viviente que en su pequeñez maximiza, al mismo tiempo, las posibilidades de la visión trascendental. 

En El corazón del daño, Negroni vuelve a ser coleccionista de miniaturas pero esta vez las despliega sobre la imposible cartografía materna. 

La madre como fondo y forma, como piedra refractaria de analogías inconcebibles donde las miniaturas pueden ocupar todo el espacio existente. 

En El corazón del daño entran todos los hitos de una vida pero también sus fugas en forma de recortes, párrafos, poemas o versos. Es lo que se escribió antes, durante y después de la muerte de la madre. Entran cartas, poemas, fotos y rencores, entra el amor y el odio eterno, el genio y la figura, lo que la madre es en la hija y lo que ésta ha construido de ella usando sus mismas palabras. En el corazón del daño está la madre y en ella el centro de la pregunta: «¿Cómo transmitir a los otros el infinito aleph que mi memoria apenas abarca?» 

Negroni hace de la madre un aleph literario y personal, una isla en sí misma alrededor de la cual no se puede ser ni más ni menos que un náufrago en busca de ese lenguaje que vuelva a nombrarlo todo.

Y para eso hay que volver a la infancia suspendida en las palabras. María Negroni las recobra, las mastica y las escupe. Arma y desarma la palabra madre de mil maneras posibles, atravesando ciudades, amores y militancias de las que ha formado parte. Va y viene sobre las definiciones -las hay también de otros- sobre lo que es escribir, qué tipo de artefacto es un libro, una biblioteca, si la vida está en la obra o la obra es la vida. 

El corazón del daño es entrar a una dimensión personal, casi secreta, de una clase magistral de teoría literaria, gramática o lingüística donde la doctora titular de la cátedra se convierte en poesía atravesada por las preguntas de la materia. 

Maria Negroni se adentra tanto en las claves de otros como en las propias y no se queda con ninguna, sino que las sigue replicando, sigue tirando del hilo que generan y luego los abandona porque no quiere salir del laberinto. 

Todo lo contrario. Hay un intento de expandirlo a costa del poema y por eso el silencio aparece en medio de tantos sonidos. Leer a Negroni es quedarse sin aliento y hasta sin palabras. No es posible rearmar en línea recta lo que se ha leído. 

Quedan imágenes y sonidos como al evacuarnos de un sueño: “La pérdida es una varita mágica. Las cosas se borran, se anulan, se suprimen y a continuación se reinventan, se fetichizan, se escriben. 

Después se hacía de noche y la noche se lo tragaba todo: los puentes sobre el río, los rascacielos, los seres sin fe, la música del corazón y el corazón del tiempo”. 

La vida fuera de Buenos Aires, lejos del cuerpo de la madre, son los años en Nueva York. Rodeada de ríos, en medio de otras islas y fundaciones, Negroni nombra el espacio que Jim Jarmusch retrató. 

El libro fue Ciudad Gótica que ahora vuelve para injertarse en El corazón del daño. Detrás de cada oleada que acerca y aleja, detrás de cada libro está la fuerza gravitatoria de la figura materna. Por la deformación del espacio tiempo en el que el cuerpo de la narradora se encuentra inmerso, la fuerza de gravedad irrumpe en las frases pronunciadas por la madre: Guay que se te ocurra. Ahuecar. Vos sabrás. No sos quién. ¿Qué más se puede esperar del hijo de un almacenero?. A veces son solo palabras: Trifulca, lumbrera, poligrillo, bataclana. 

¿Cómo acallar a la madre? ¿Cómo dejarla hablar sin agotarse? ¿Llenando de palabras la propia vida? ¿Haciendo de la lengua materna un laberinto para perdernos en él? Desde la pérdida y en el perderse, Negroni volvió a escribir una isla donde poder seguir naufragando. 

Por eso en el corazón del daño también le da voz a María Zambrano: “Escribir es defender el silencio en que se está”. 

Imagen de portada: Gentileza de Radar Libros

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Luciana De Mello

Literatura/Poesía/Ensayo/Critica

 

 

             

Ida Vitale, un regalo de tiempo y recuerdos.

Los versos del nuevo poemario de la uruguaya, ‘Tiempo sin claves’, están dedicados a retener lo que inexorablemente se ha ido o está a punto de irse.

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Autora de una obra espléndida, que cuenta con numerosos reconocimientos internacionales, desde el Premio Reina Sofía al Cervantes, en su poema “Accidentes nocturnos” —ya publicado en su Poesía reunida (2017)— la uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923), dice: “Juega a acertar las sílabas precisas / que suenen como notas, como gloria”. Es esta la declaración de una poética en la que la palabra adquiriría musicalidad. 

Unos versos antes se lee en el mismo poema que “Solo abrirte a la música te salva”. Y en otro que el sonido de Mozart “da paso a más vida”. Unas palabras así servirán, se concluye, para suplir “los destrozos de los días”.

Quien se haya acercado a esta poesía sabe que sí, que su decir es sonoro y está fuertemente caracterizado por un modo de mirar el mundo y nombrarlo que es profundamente moral —como lo es su propia peripecia vital—, ligado a la vida, a su celebración pese a “lo obtuso del mundo y sus conjuras”, de las que la poeta sufrió, entre otras, el exilio que duró décadas.

Del mal del mundo la salvación la trae el amor —léase con atención el pequeño cancionero amoroso “De Enrique”—, el cántico de la vida, la música —“Solo abrirte a la música te salva”—, la poesía… Y ello a pesar de que, a la altura de la vida en que se escribe —no deja de consignarse: “Después de los ochenta” se lee en uno de los poemas—, la nostalgia de tantas cosas idas se impone. El verso “Tanto ya se ha perdido y reemplazado” parecería que desdice lo apuntado, pero la continuación, “como se perderá. La cueva espera” desvanece esa ilusión. 

O no, porque se pueden citar pasajes en sentido contrario, como “Ahora la ruta está casi vacía […] Pero te tuve a ti, mi alma distinta, / volviendo plata la más negra tinta”. La pena de la ausencia es redimida por el recuerdo, tanto que se llega a escribir: “Ahora es ayer” y en ese mismo poema se habla de “recuerdos analgésicos”.

Los versos de ‘Tiempo sin claves’ están dedicados a retener lo que inexorablemente se ha ido o está a punto de irse.

Cántico de la vida, como lo es todo el conjunto de la obra de Vitale: en estos poemas las pequeñas cosas —solo aparentemente pequeñas—, atraen la mirada de la poeta y resultan ser redentoras. Así, al ver volar a unas golondrinas, estas no solo “nos libran / del precipicio sin tino / de la calle y su ruido”, sino que sus giros acaban siendo mucho más poderosos, “en nuestra memoria anulan / extrañezas/ fealdades”.

Esas golondrinas se unen a varias otras aves, “con su cantar sabroso”, como escribió fray Luis de León, para proclamar la vida. No solo ellas, es la naturaleza en conjunto la que no es mero paisaje o espectáculo, sino que, como si fuese un libro, da lección de emociones y saberes. A quien sabe mirar le hablan: “Los árboles y el viento te argumentan / juntos diciéndote lo irrefutable”, “Si cae un aguacero, va a decirte / cosas finas, que punzan y te dejan / el alma, ay, como un alfiletero”, o “Mira las piedras y las hojas, umbrales de la paz”.

Tiempo sin claves está escrito para perpetuar lo vivido, incluso lo más querido, “lo aun precioso será olvido, / ya lo sabemos, la memoria y yo”, sí, “hay olvido. / E intenta proteger de destrucciones, / con gratitud, aquello que no es suyo”. A esa protección van dedicados estos poemas, a retener lo que inexorablemente se ha ido o está a punto de irse: sentimientos, emociones, cosas que, como dice Vitale , no han encontrado las palabras que las detengan.

Pero esta espléndida colección de poemas lo desmiente, pues son justamente palabras que atrapan aun lo inasible y lo ofrecen envueltas en música. Si de las mencionadas golondrinas se dice que son “pasado eterno”, lo mismo cabe afirmar de estos versos. Casi centenaria, Ida Vitale ofrece en este Tiempo sin claves un regalo más de alta poesía.


PRECIPICIO Y AIRE

Ninguno labra en Madrid

por San Isidro Labrador,

salvo, excepción clara,

las golondrinas que labran

en círculos por el aire,

sobre la terraza de esta

habitación donde estamos.

Ellas, girando, nos libran

del precipicio sin tino

de la calle y de su ruido.

Mientras chillan en la altura

quizás buscando sus nidos,

en nuestra memoria anulan

extrañezas, fealdades,

y vuelan por las edades

que hasta aquí levantaron.

Ellas son pasado eterno,

el cierto y el inventado.

Imagen de portada: Gentileza de FIL / Paula Islas

FUENTE RESPONSABLE: El Cultural. Por Tua Blesa. Noviembre 2021

Literatura/Critica/Poesía/Sociedad y Cultura

Francia prohibió la venta de perros y gatos en tiendas de animales.

Las penas que se implementarán

El Parlamento francés aprobó una ley que pone fin a la explotación comercial de animales. A partir de 2024 no se podrán exponer los perros y gatos a la venta en las tiendas de mascotas ni tampoco utilizar animales en circos o tener granjas de visones criados para aprovechar sus pieles. 

Además de luchar contra el maltrato animal, la iniciativa busca evitar las compras impulsivas que pueden conducir a los abandonos de las mascotas. Se calcula que cada año hay unos 100.000 abandonos.

El trámite parlamentario finalizó en el Senado con el apoyo al texto de 332 votos, frente a solo uno en contra y diez abstenciones, lo que pone en evidencia el elevadísimo grado de consenso, que también se había dado en la Asamblea Nacional.

La ley contra el maltrato animal refuerza las sanciones contra los que no cuiden de forma adecuada a los animales de compañía, con un régimen de propiedad y de regulación mucho más estricto. Además, marca el fin de la cautividad de especies salvajes con fines comerciales.

El maltrato estará castigado con penas de hasta tres años de cárcel y 45.000 euros de multa en caso de muerte. Además, en ambos casos se retirará la autorización para tener otras mascotas. 

El plan para hacer efectiva la ley 

Para que se cumpla este último punto, en un plazo de dos años se prohibirá la adquisición y la reproducción de animales salvajes y los circos ya no podrán tener ninguno en siete años.

También quedarán proscritos los delfines utilizados en espectáculos en los acuarios en cinco años. Únicamente podrán mantenerse allí cuando formen parte de programas de investigación científica homologados por el Estado.

En el caso de las granjas de visones, la prohibición entrará en vigor en cuanto se promulgue la ley.

Para poder tener un animal de compañía, habrá que obtener siete días antes un «certificado de sensibilización» en el que se recuerdan las obligaciones para su cuidado (atención veterinaria y de vacunación) así como los costes derivados.

Imagen de portada: Gentileza de Pexels

FUENTE RESPONSABLE: Página  12 

Mascotas/Perros/Gatos/Francia/Prohibiciones/Sociedad/Cultura

Imago Mundi. Libros para tiempos de barbarie y civilización – Parte 1/2

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Arte y Letras

La Universidad de Sevilla organiza la exposición Imago Mundi, dedicada al libro como representación del mundo, en la que dialogan incunables, obras maestras del pasado y artistas del presente. En esta exposición podremos contemplar desde el Astronomicum caesareum de Petrus Apianus a una de las veintidos Biblias de Gutenberg que aún se conservan en la actualidad. 

imago

Cardenal Petrus de Alliaco Tractatus de ymagine mundi, et al.

Lovaina, 1480-1482 Catedral de Sevilla. Biblioteca Capitular Colombina

La imagen y la palabra han ido conformando a lo largo de la historia la visión del mundo, siempre en continuo proceso de construcción simbólica y real, mutable unas veces, sólida otras, tanto como la propia conformación de los relatos de viajes o de los mapas cartográficos que fueron ensanchando los límites de lo real y arrinconando los relatos fantásticos y mitológicos de lo diferente y de las tierras allende los mares, de lo no conocido y cambiante. El orden y la simetría del mundo se encerraba en cada página, en cuarenta renglones, cada renglón en ochenta letras de color negro que uniformaban cada libro de la biblioteca infinita soñada de Borges.

Son libros que poseen una narrativa y una armonía interna que se mantiene por sí misma, a la que cada tiempo, cada civilización vuelve una y otra vez. Por este motivo, estas obras dialogan con un conjunto de libros de artistas contemporáneos y fruto de esa conexión surgen reflexiones sobre cómo se ha observado, leído y representado el mundo a lo largo de la historia.

La creación de archivos y bibliotecas ha permitido salvaguardar el germen y el desarrollo de la civilización frente a la estrategia y amenaza de la desinformación. El esfuerzo por mantener viva la herencia de la cultura clásica, la elaboración costosa de manuscritos e incunables y, posteriormente, las ediciones impresas que difundieron universalmente los saberes, conformaron el conocimiento y la imagen del mundo.

Esta muestra reflexiona sobre el libro como fuente de conocimiento y cómo ha ido moldeando la vida, la representación y la transformación del territorio y de la ciudad. Los libros y los documentos fueron los depositarios del conocimiento y permitieron consolidar paso a paso los cimientos de la civilización como se refleja en las bibliotecas públicas o privadas que se fueron abriendo en las principales ciudades. La incorporación de xilografías, grabados, fotografías… a los libros permitió moldear el mundo, darlo a conocer masivamente y transformarlo merced a este conocimiento en una civilización cada vez más subyugada por la cultura de la mirada. Pero a su vez, la destrucción de esos contenedores del saber que son las bibliotecas y la quema o expurgos de los libros se convierten en epítomes de la barbarie, de la erradicación del individuo, de la comunidad y de su obra.

Los libros han permitido a sus lectores viajar con ellos a través de sus páginas y han ensanchado también el horizonte al divulgar a través de los descubrimientos nuevos continentes o al ilustrar el conocimiento del cielo y el firmamento. Libros que se convierten en maletas para viajar en tiempos de incertidumbre.

De acuerdo con estos propósitos, la exposición se articula en cuatro niveles:

La ciudad y los libros. Fragmentos del individuo

La palabra revelada

El control de la memoria. El naufragio del papel

El viaje de los libros

Útiles de escritura y soportes de papel

Se exponen un conjunto de instrumentos y soportes de la escritura, desde los metales y pétreos, como los mandamientos de la antigua ley judía, hasta los cerámicos, el pergamino y el papel, a la vez que se reúnen además aquellos utensilios que permitieron la escritura manuscrita desde estilos hasta cáñamos y tinteros que conformaron con el tiempo los libros como los conocemos.

Los estudios monásticos permitieron salvaguardar el conocimiento mediante la copia manuscrita. Esos estudios se recrean en grabados como el de Cicerón o en aquellas representaciones como la de san Jerónimo que nos lo muestran trabajando en el estudio, pues la única forma de escritura de los libros era a mano. Producir un libro de varios ejemplares se realizaba con el arduo trabajo de escribirlos al dictado. El resultado en el medievo eran obras únicas, muy caras y de muy limitada difusión como las que se copiaron en los monasterios que permitió que llegase el conocimiento de la cultura clásica, aunque estuviesen al alcance de una minoritaria élite alfabetizada. Poetas y filósofos fueron retratados y sus esculturas aparecían en las bibliotecas donde se concentraba la cultura grecorromana.

Torre de Babel

La Torre de Babel representa al mismo tiempo la capacidad técnica imprevisible del ser humano y el recordatorio de que no se debe pretender ser más que los dioses. Es una metáfora pionera de la construcción en un ignoto lugar donde surgió la palabra arquitectura, acontecimiento que viene a narrar el origen común del lugar y la palabra. Partiendo del mito bíblico de la Torre de Babel, expuesto en la pintura en la que Dios castiga la osadía de la humanidad con la confusión de las lenguas; Luis Mayo ha codificado desde la matriz común de la tradición iconográfica, una moderna Babel, en proceso de construcción, inspirándose en la tabla de Brueghel el Viejo.

Babel simboliza el gran mito bíblico sobre la narración del lenguaje y de la arquitectura, cuyos ecos iconográficos, semánticos, políticos y sus significados esotéricos y masones han reactualizado un tema que ha evolucionado a lo largo de los siglos en la cultura visual occidental como un hogar inicial del conocimiento y de la arquitectura, una utopía humana en proceso de elaboración acorde al proceso de cambio que vivimos, a la metamorfosis y arquetipos de la cultura vigente en tiempos efímeros y cambiantes, en las versiones de Pérez Villalta o de Curro González, más cercanas al tratado que le dedicó Athanasius Kircher. Un símbolo de la ciudad de un mundo que se ha hecho inacabable.

Imago mundi

El libro escrito por Pierre d’Ailly (1350-1420), prelado y teólogo francés, compendiaba el estado de la cosmografía, geografía y astronomía en la primera mitad del siglo XV. Es una edición incunable, conservada en la Biblioteca Colombina, que fue impresa en Lovaina por Johannes de Westfalia entre 1477 y 1483. El ejemplar contiene manuscrita las tablas de los equinoccios y horas de salida y puesta de sol. Comienza, además, con una advertencia relativa a las ocho figuras, esferas celestes y terrestres, que aparecen en las cuatro hojas, coloreadas, que siguen a estas tablas. Existen otras figuras, también con vistosos colores, que ilustran el texto, como la consistente en dos círculos destinada a calcular el día en que se debe celebrar la Pascua.

El libro era propiedad de Cristóbal Colón, dejado junto a otros impresos y el volumen manuscrito Libro de las Profecías, a su hijo Hernando Colón. Fue consultado por el Almirante y su hermano Bartolomé, que incorporaron notas manuscritas, que se aprecian en los márgenes con llamadas, noticias u observaciones propias del apostillado para aclarar y corregir ideas del libro. Así, por ejemplo, Colón señala su extrañeza por la duración del viaje de las naves romanas a la isla de Taprobana o en otra identifica Sophora como la isla Española. Bartolomé de las Casas consultó este ejemplar para componer noticias relativas a las vidas de los hermanos Colón.

San Isidoro

El retrato que hace Murillo de san Isidoro determina la relación con la Iglesia de Sevilla, de la que fue arzobispo durante más de tres décadas. Isidoro de Sevilla llevó a cabo una intensa actividad literaria, de la que son fruto numerosas obras de carácter teológico, escriturístico, litúrgico, monástico, histórico y cultural. Las Etimologías constituyen la primera enciclopedia conocida, siendo concluida en torno al 634. Se trata de su obra más estudiada, de todas las que escribió el gran polígrafo hispalense y constituye uno de los pilares fundamentales del medievo. El libro que se expone es una edición del siglo XVI, destacando por su rigor científico, su extraordinaria erudición y su enorme dominio del saber antiguo. Las Etimologías transmitieron al medievo una buena parte del conocimiento del caudal enciclopédico de la cultura clásica.

En sus veinte libros divididos en 448 capítulos se tratan todos los ámbitos del conocimiento y de la vida cotidiana: Astronomía, Geometría, Geografía, Derecho, Arte, Teología, Historia, Literatura, Ciencias Naturales, desde los saberes clásicos a aspectos cotidianos como la agricultura, los adornos, los vestidos o el calzado de la época.

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Andrea Palladio – I quattro libri dell’architettura – Venecia, 1570. Universidad de Sevilla – sección 1

Imagen de portada: Gentileza de Jot Down

FUENTE RESPONSABLE: JOT DOWN – Arte y Letras. IMAGO MUNDI.  Por Luis Méndez

Literatura/Libros y Arte/Escritores/Sociedad y Cultura

Victoria Ocampo, la mujer que rompió todas las reglas.

 

Mecenas, editora, escritora, traductora, intelectual… Victoria Ocampo hizo de todo, siempre retorciendo el canon, siempre buscando la libertad de la mujer. 

Fue una de las figuras claves de la Argentina del siglo XX. Villa Ocampo fue el centro del universo cultural y su legado todavía pervive actual y transgresor como entonces.

¿Quién fue Victoria Ocampo?

Victoria Ocampo nació en 1890 en una familia aristocrática de Argentina. 

Su padre frustró sus deseos de convertirse en actriz, pero pronto derivó sus impulsos artísticos en la escritura. En 1924 publicó su primera obra. Aunque su primera lengua, por su educación, era el francés, eligió el español para sus libros. 

También fue precoz a la hora de tomar posición en la política. Desde muy joven participó en los movimientos feministas, y en 1936 creó la Unión Argentina de Mujeres (UMA). Junto con Susana Larguía y María Rosa Oliver luchó por evitar que fuesen derogadas las leyes de 1926 que habían permitido dotar de derechos a las mujeres argentinas. 

La UMA estuvo muy activa a lo largo de todo el país: realizaban conferencias y se repartían panfletos escritos por la propia Victoria. Pero su visión no solo se centraba en la mujer argentina; aspiraba a que el movimiento tuviese una repercusión mundial, como recogía en su famoso discurso «La mujer y su expresión». En 1938 dejó la UMA por las diferencias con las integrantes comunistas.

«Estos ejemplares fueron revolucionarios para su tiempo: dentro había un cuestionario anónimo con preguntas sobre temas tan comprometidos como el aborto»

En la década de los 30 descubrió también otra de sus grandes pasiones, el periodismo. Fundó la revista Sur —nombre sugerido por su amigo el filósofo español José Ortega y Gasset, quien le había ayudado con sus primeras publicaciones—, que llegó a los 300 números y por cuyas páginas pasaron autores como Albert Camus, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares o su hermana Silvina. 

En 1970 la revista le dedicó tres importantes números a «la mujer». En ellos escribieron personalidades de la cultura como Alejandra Pizarnik, Indira Gandhi y Golda Meier. Estos ejemplares fueron revolucionarios para su tiempo: dentro había un cuestionario anónimo con preguntas sobre temas tan comprometidos como el aborto.

¿Por qué la encarceló Perón?

«En 1951, Ocampo empezó a estar en la diana de los seguidores del general»

Victoria Ocampo es uno de los personajes que más odio ha generado en el peronismo de izquierdas, pese a haber sido una mujer progresista, motor cultural de Argentina e introductora de debates sociales tan innovadores como el aborto y el control de la natalidad. 

Su feminismo le convirtió en antiperonista. Su primer posicionamiento claro contra el gobierno del general fue cuando se anunció la aprobación del sufragio femenino. Ocampo denunció esta medida como oportunista al buscar el control de la mujer de una forma demagógica.

En 1951, Ocampo empezó a estar en la diana de los seguidores del general.

Cuando comenzaron las amenazas decidió sacar todos los papeles y la correspondencia de su casa por las posibles represalias. 

Dos años más tarde, unas bombas estallaron en la Plaza de Mayo después de un acto de protesta de la CGT (Confederación General del Trabajo de la República Argentina). Fue capturada y tratada como una presa política. 

La escritora fue enviada a la prisión de El Buen Pastor. El escritor Aldous Huxley lideró un movimiento internacional para exigir su liberación. Después de casi un mes retenida fue puesta en libertad, pero con restricciones para poder salir del país.

Ocampo tuvo relación con los más importantes intelectuales y artistas de su tiempo, como Gabriela Mistral, Igor Stravinski, Le Corbusier, Marguerite Yourcenar, Rabindranath Tagore, Albert Camus, Graham Greene… También conoció a dirigentes como Mussolini. 

En 1934 fue invitada a unas charlas en Italia donde conoció al Duce. Ocampo le interrogó en esa ocasión por el papel de la mujer en las sociedades fascistas, a lo que Mussolini le contestó que su único rol era el de dar hijos al estado. 

Dos años más tarde, en su ensayo La historia viva, la autora argentina expresaba sus peores temores sobre las intenciones del líder fascista. En ese mismo viaje conoció a otra destacada escritora del siglo XX, Virginia Woolf, con quien inició una intermitente relación epistolar.

«Después del derrocamiento de Perón en 1955, la Villa Ocampo recuperó su febril actividad intelectual. Fue un periodo de reconocimientos y nombramientos»

Durante la II Guerra Mundial ayudó a artistas judías y se posicionó contra el nazismo a través de diversos actos. Participó en la celebración en Buenos Aires de la liberación de París en 1944. 

El general Perón decidió disolver la manifestación de forma violenta y acusó a las organizadoras de causar los incidentes. En 1946 fue invitada —la única latinoamericana— a presenciar los juicios de Núremberg que juzgaron los crímenes contra la humanidad de los gobernantes nazis.

Después del derrocamiento de Perón en 1955, la Villa Ocampo recuperó su febril actividad intelectual. Fue un periodo de reconocimientos y nombramientos. 

Victoria fue designada presidenta del Fondo Nacional de las Artes y elegida por Francia Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras. 

Los premios siguieron durante toda la década posterior, pero en 1964 le fue diagnosticado un cáncer del cual se recuperó. Falleció el 27 de enero de 1979. 

Reconocida como humanista y mecenas, su legado sigue vivo gracias a sus libros, traducciones y el legado de su lucha por los derechos de la mujer en Argentina.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda.

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, Libros y Cía. Por Paca Pérez. Paca Pérez nació en Burgos un año no muy lejano del siglo XX. Estudió Historia y escribe historias.Noviembre 2021

Silvina Ocampo/Victoria Ocampo/Feminismo/Literatura/Villa Ocampo/Sociedad y Cultura

 

Los detalles de los primeros pobladores del valle central de Chile.

FUNDACIÓN PALARQ

Un equipo internacional de arqueólogos está llevando a cabo un nuevo proyecto de investigación para estudiar cómo vivieron las primeras comunidades humanas del Cono Sur.

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El antiguo lago Tagua Tagua, ubicado en el valle central de Chile, posee un registro fósil de vertebrados único en el planeta que ha permitido a los investigadores reconstruir con absoluto detalle los antiguos ecosistemas que allí se desarrollaron durante el fin de la glaciación, durante el Pleistoceno final. 

Este lago también ha sido testigo privilegiado de los cambios ambientales acaecidos durante los últimos 50.000 años, que han podido ser develados gracias al estudio de los sedimentos que albergaba en su fondo. 

Pero, además, el Tagua Tagua posee evidencias de varios asentamientos de los primeros grupos humanos que habitaron el área, gentes que convivieron con animales hoy extintos, hace unos 13.000 años.

UN ANTIGUO LAGO DESECADO

El lago, ubicado en un arco de la llamada cordillera de la Costa, fue desecado artificialmente en 1833. 

Cuando aún existía, ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en la época de lluvias. Las excavaciones que se llevaron a cabo durante las labores de vaciamiento de su cuenca dejaron al descubierto un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional. 

De hecho salieron a la luz diversos sitios arqueológicos, como Taguatagua 1 (TT1), de 12.600 años de antigüedad, y Taguatagua 2 (TT2), de 11.700 años, que fueron excavados por los arqueólogos chilenos Julio Montané y Lautaro Núñez, respectivamente. En ellos se han recuperado restos de megafauna hoy extinta y de industria lítica asociada. En ambos sitios se han hallado pruebas de la caza de gonfoterios, unos parientes lejanos de los elefantes modernos.

Vista panorámica del antiguo lago de Tagua Tagua, hoy ocupado por terrenos dedicados a actividades agrícolas.Foto: IPHES

El lago Tagua Tagua ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en época de lluvias. Las excavaciones que se realizaron durante las labores de vaciamiento de su cuenca exhumaron un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional.

Debido a su relevancia arqueológica, treinta años después de las últimas investigaciones que se realizaron en el antiguo lago, un nuevo proyecto financiado por la fundación Palarq, en el que participan Erwin González de la Universidad de O’Higgins, Carlos Tornero del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Matías Frugone-Álvarez y Rafael Labarca, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, busca estudiar la relación que tuvieron los primeros habitantes del Pleistoceno del centro de Chile con la flora y los animales extintos que poblaron la región, así como conocer el impacto de los abruptos cambios climáticos que allí se sucedieron durante el período de transición del Pleistoceno al Holoceno.

RIQUEZA EN ASENTAMIENTOS HUMANOS

Entre 2019 y 2020, los arqueólogos exploraron un nuevo sector cercano a los sitios arqueológicos TT1 y TT2, llegando a documentar un tercer sitio, al que pusieron por nombre Taguatagua 3 (TT3), de similar cronología a TT1. 

Este hallazgo confirma la enorme relevancia arqueológica y científica del lago Tagua Tagua, que ha permitido a los investigadores sostener que el lugar fue ocupado de forma recurrente por grupos de cazadores-recolectores, que explotaron de manera integral los recursos que el lago ofrecía. 

El estudio de los fósiles recuperados demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad, como roedores, marsupiales, anfibios, aves, reptiles… de los que se han contabilizado hasta ahora 28 especies diferentes.

Recreación de la fauna que pobló las riveras del lago Tagua Tagua durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

El estudio de los fósiles recuperados en los yacimientos del Tagua Tagua demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad.

Particularmente TT2 es uno de los pocos casos en América del Sur donde precisamente se ha podido documentar la caza de gonfoterios, debido al hallazgo de dos puntas de proyectil tipo «cola de pescado» elaboradas con cristal de roca. 

Estos proyectiles se asocian con un fragmento de ante astil de dardo compuesto manufacturado en una defensa de mastodonte joven. Todos estos elementos se encontraron asociados espacialmente a los restos óseos de gonfoterios desarticulados y apilados. 

También se recuperó instrumental lítico compatible con actividades de procesamiento de grandes carcasas (láminas retocadas, cuchillos, raederas, raspadores…). 

Por su parte, las excavaciones iniciales desarrolladas en TT3 han permitido asimismo documentar dos piezas líticas (un raspador y un cuchillo) situadas en una posición estratigráfica muy similar a las documentadas en las ocupaciones de TT1 y TT2. Cerca de estos elementos se registró un fogón, asociado a gonfoterios y a fauna menor. 

Todos estos resultados aportan nuevos datos a la hipótesis de que el antiguo lago Tagua Tagua funcionó como un polo de atracción para grupos humanos y animales durante la transición del Pleistoceno al Holoceno.

Evidencia arqueológica de un fogón asociado estratigráficamente a una vértebra de un mastodonte.Foto: IPHES

VISIÓN DE FUTURO

El equipo del proyecto tiene previsto continuar con los trabajos ya iniciados en TT3 y seguir con la búsqueda de nuevos sitios arqueológicos en la cuenca del antiguo lago y sus inmediaciones. 

En su condición de refugio, se espera descubrir allí una gran densidad de asentamientos arqueológicos tempranos. Además, el principal objetivo de este proyecto arqueológico será facilitar la comprensión de cómo las diferentes especies, tanto las extintas como las que aún viven, respondieron a estos cambios en su entorno físico y biológico (un aspecto aplicable a la biología de la conservación y a la ecología de la restauración). 

Paralelamente, se llevarán a cabo muestreos de restos orgánicos e inorgánicos para desarrollar nuevas reconstrucciones paleoambientales. Los investigadores están convencidos de que el análisis de estos datos aportará información detallada sobre las respuestas de los ecosistemas que surgieron en torno al antiguo lago a los cambios ambientales, una información muy útil para construir un modelo de estudio respecto al futuro de los ecosistemas actuales frente a la amenaza del cambio climático global.

Imagen de portada: Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Carlos Tornero, Rafael Labarca y Erwin González, investigadores del IPHES. Noviembre 2021

Arqueología/Paleontología/Primeros pobladores/Chile/América Latina/Sociedad y Cultura

 

Las mejores fotos de aves de 2021.

Conoce a los ganadores del certamen FotoAves 2021, el concurso de fotografía ornitológica organizado por SEO Birdlife en el que aves y pájaros son los protagonistas.

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Una imagen de una avutarda hubara -Chlamydotis undulata- titulada «El galán del llano», le ha valido al fotógrafo José Juan Hernández para alzarse con el primer premio de la decimocuarta edición de FotoAves, un concurso anual organizado por la Sociedad Española de Ornitología -SEO Birdlife– desde el año 2007 con el objetivo de premiar las mejores fotografías de aves entre los aficionados y profesionales de todo el mundo.

En la instantánea, Hernández emplea una técnica de “barrido” que permite reflejar el dinámico comportamiento de exhibición de los machos de avutarda hubara, los cuales después de las lluvias de invierno empiezan un impresionante cortejo desplegando su plumaje en todo su esplendor.

El galán del llano

El galán del llano – Foto: José Juan Hernández / FotoAves

Seleccionadas entre las más 1500 imágenes presentadas a la competición por fotógrafos de todo el mundo, a la fotografía ganadora la han seguido varios accésit como «El sonido del bosque», de José Manuel Castrillo. En ella podemos observar el perfil iluminado de un urogallo macho en la plenitud del bosque durante los primeros rayos de luz del día.

El sonido del bosque

El sonido del bosque. Foto: José Manuel Castrillo / FotoAves

«Pez volador» de Sebastián Molano Robledo también ha conseguido un accésit en esta edición, a pesar de que es difícil que la imagen de un martín pescador destaque a ojos del jurado entre las decenas que llegan cada año a FotoAves. Sin embargo, esta fotografía lo consigue gracias al efímero instante captado; ese momento mágico de una acción que transcurre a milésimas de segundo en el que el pez parece flotar ingrávido en el pico del ave.

Pez volador

Pez volador. Foto: Sebastian Molano / FotoAves 2021

Otros de los accésit, en este caso la imagen titulada «La panda», de Pau Nuñez Santos, nos traslada a Volunteer Point, una reserva natural situada en las Islas Falkland en la que se encuentra una colonia de pingüino rey que cuenta con unas 2.000 parejas. Sus habitantes se mueven a su antojo entre zonas de hierba y una playa de aguas azul turquesa y fina arena blanca desde la que entran y salen al mar en busca de alimento.

La panda

La panda. Foto: Pau Nuñez Santos / FotoAves 2021

Mención especial también para la fotografía titulada «Cara a cara» de Francisco Javier Sánchez Cabecera, merecedora del cuarto accésit. Una imagen de tremenda fuerza visual y meritoria composición que muestra el enfrentamiento de dos garcetas, y donde un fuerte contraluz hace destacar tanto el blanco plumaje de las aves como las gotas de agua que salpican la acción.

Cara a cara

Cara a cara. Foto: Francisco Javier Sánchez / FotoAves 2021

Sin embargo, eso no es todo. Además de las imágenes premiadas, el concurso nos deja un excelente compendio de fotografías, las cuales han puesto francamente difícil la labor del jurado de este año. En esta galería os mostramos una pequeña selección de las mejores, no sin destacar que, tal y como informan desde la organización, la convocatoria para FotoAves 2022 ya se encuentra abierta, y que los interesados en participar pueden hacerlo a través del portal web del certamen.

Estoicismo

1 / 11 Estoicismo – Foto: Alfredo Conde / FotoAves 2021

Capuchino en blanco y rojo

2 / 11 Capuchino en blanco y rojo. Foto: Jorge Ruiz/ FotoAves 2021

El ojo

3 / 11 El ojo. Foto: Javier Lafuente/ FotoAves 2021

Águila imperial en vuelo

4 / 11 Águila imperial en vuelo. Foto: Tomás Calle/ FotoAves 2021

Una mirada al cantábrico

5 / 11 Una mirada al cantábrico. Foto: Egoitz Ikaza / FotoAves 2021

El vuelo del cuco

6 / 11 El vuelo del cuco. Foto: Mario Cea/ FotoAves 2021

Amanece

7 / 11 Amanece. Foto: Carlos Cifuentes / FotoAves 2021

Zorzal alirrojo entre ramas rojas

8 / 11 Zorzal alirrojo entre ramas rojas. Foto: MIguel Vallespir/ FotoAves 2021.

Relevos de vida

9 / 11 Relevos de vida. Foto: José Juan Hernández/ FotoAves 2021

Cortejo en la nieve

10 / 11 Cortejo en la nieve.Foto: Txema Grandio/ FotoAves 2021

Hojas que regresan

11 / 11 Hojas que regresan.  Foto: Aitor Badiola/ FotoAves 2021

Imagen de portada: Gentileza de National Geographic

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC España. Por Hector Rodriguez

Certamen fotos aves/Sociedad/Arte fotográfico/Cultura

 

Escondites, puertos y hogares: como los vikingos pueden haber debido su éxito a sus campamentos.

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Durante muchos años, los arqueólogos e historiadores han proporcionado una visión cada vez más informada del mundo dinámico de los vikingos, eliminando los clichés de un pueblo enloquecido y caprichoso preocupado por las barbas y el derramamiento de sangre. Un enfoque particular para comprender la actividad vikinga ha sido estudiar los campamentos que establecieron a lo largo de las costas y ríos de Europa occidental, lo que les permitió sustituir sus barcos por una posición fija en tierra cuando el frío, la fatiga, el hambre u otras condiciones los obligaran a hacerlo. .

A menudo llamados «campamentos de invierno» o longhurst , más de 100 de estos sitios fueron presenciados en todo el archipiélago atlántico y el continente europeo solo durante el siglo IX, y sus restos tangibles se han descubierto en lugares como Repton y Torksey en Inglaterra, y Woodstown en Irlanda. . Más recientemente, también se han señalado posibles campamentos vikingos cerca de Zutphen en los Países Bajos, así como el Valle de Coquet en Northumbria.

Pero en los casos en que estos campamentos se han considerado a menudo por sus funciones estratégicas más amplias, se ha dedicado mucho menos tiempo a su planificación y funcionamiento prácticos y cotidianos. Una nueva investigación , que une estos diferentes hilos de evidencia, ahora revela una imagen mucho más intrincada de la logística del campamento, desafiando las nociones de los vikingos simplemente esperando el invierno detrás de sus muros en compañía de sus compañeros y el saqueo.

Ubicaciones de campamentos vikingos del siglo IX, como se encuentran en fuentes escritas de la época. Christian Cooijmans; mapa base de AWMC, UNC-Chapel Hill.

Refugios seguros

No habría dos campamentos vikingos iguales, y podrían haber durado desde unas pocas horas hasta muchos meses o incluso años.

Establecidos en entornos hostiles, muchos utilizaron islas, humedales y otras posiciones defendidas naturalmente en su beneficio. 

Otros se hicieron cargo de estructuras anteriores hechas por el hombre: en el continente, por ejemplo, el palacio carolingio en Nimega fue tomado por vikingos en 880, solo para que sus nuevos ocupantes lo incendiaran el año siguiente. 

Donde fuera necesario, los vikingos también habrían construido sus propias murallas, como se ve en Repton, donde la iglesia abacial de St. Wystan parece haberse incorporado a un nuevo muro perimetral como una caseta de entrada improvisada.

Pero la protección contra los ataques solo habría sido la mitad de la batalla, ya que la seguridad continua de cualquier almacén de alimentos local, ganado y no combatientes habría sido tan importante para la sostenibilidad de dicho campamento.

Trabajos de excavación en el campamento de Woodstown (Co. Waterford, Irlanda). Las investigaciones locales se llevaron a cabo entre 2003 y 2007. Studio Lab / NRA / ACSU.

Comer local

Como cualquier fuerza armada, los grupos vikingos necesitaban fuentes constantes y confiables de alimentos y agua para mantener viables sus campamentos. 

Bajo el fantasma que se avecinaba del hambre y la desnutrición, diversificaron sus métodos para obtener provisiones tanto como les fue posible. Además de cazar, pescar y buscar comida en los campamentos, existe evidencia de que ellos mismos cultivaban y cuidaban ganado.

De manera menos inesperada, los vikingos también obtuvieron su comida a través de la violencia, o la amenaza de la misma. Los acampados en las afueras de París en 885-886, por ejemplo, fueron vistos llevándose cosechas y rebaños, mientras que otros recibieron grandes cantidades de harina, ganado, vino y sidra como parte de los pagos de tributos regionales.

De regreso al campamento, esta comida habría tenido que prepararse para su consumo y almacenamiento. 

En consecuencia, se han recuperado piedras de molino, que se utilizan para moler el grano y convertirlo en harina, de las bases vikingas tanto en Inglaterra como en Irlanda, y un campamento propuesto en Peran en Bretaña ha producido varios calderos de hierro y otros recipientes para cocinar. Los registros escritos también describen a los vikingos que se deleitaban con carne y vino dentro de los confines de sus campamentos.

Ajetreo y bullicio

Más allá de lo básico de protegerse y alimentarse, los vikingos participaron en una amplia gama de actividades en los campamentos, con la construcción de refugios, establos y talleres; barcos en reparación; y armas, adornos y otros artículos que se están elaborando. Para apoyar estos esfuerzos en curso, un flujo constante de recursos, incluida la madera, la piedra y los metales (preciosos), habría tenido que ingresar a los campamentos.

Es posible que lugares como estos no hayan estado completamente fuera del alcance de los forasteros, e incluso pueden haber brindado valiosas oportunidades para comerciar. 

Los Anales de San Bertin del siglo IX, por ejemplo, describen cómo los vikingos buscaban «mantener un mercado» en una isla del río Loira (ahora Francia). Poco después, los Anales de Fulda también señalan que los soldados francos pusieron un pie dentro de un campamento vikingo en el río Mosa (ahora los Países Bajos), no para luchar, sino para comerciar. Se han encontrado rastros físicos de dicho comercio , incluidas monedas, lingotes de plata y pesos comerciales, en sitios como Torksey y Woodstown.

Además de ofrecer a los vikingos otra forma de obtener sus suministros, ocasiones como estas pueden haber permitido que los artículos que anteriormente fueron robados o extorsionados vuelvan a circular.

Un tesoro de plata encontrado en la antigua isla de Wieringen (Holanda Septentrional, Países Bajos), que se cree que indica una presencia vikinga local establecida. Museo Nacional de Antigüedades, Leiden.

Un lugar para todo

En general, los campamentos vikingos no estaban en modo alguno inactivos o desorganizados, y funcionaban como puestos de mando, armerías, tesorerías, graneros, prisiones, talleres, mercados, puertos y hogares. 

Al albergar comunidades diversas y dinámicas de docenas, cientos o, en ocasiones, incluso miles de personas, algunos brindaron apoyo a grupos vikingos regionales mucho más allá del lapso de un solo invierno.

Mantener campamentos como estos en funcionamiento no habría sido poca cosa, dependiendo de niveles de planificación y disciplina que no se asocian comúnmente con la actividad vikinga. 

Como resultado, el éxito de los campamentos proporciona una visión clave de un fenómeno vikingo más amplio que no fue ni arbitrario ni sin rumbo cuando tocó tierra en Europa occidental.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation

Arqueología/Vikingos/Edad vikinga/Sociedad/Historia

 

Eunice Newton Foote, la científica olvidada que descubrió cómo se calienta la atmósfera.

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Eunice Newton Foote (1819-1888), científica y activista por los derechos de las mujeres de EEUU. 

Puede que haya dos negaciones que, al menos en los siglos XIX y XX, estén mucho más relacionadas de lo que se suele aceptar: la del sexismo y la del calentamiento global. Y las dos coinciden en la vida de la científica Eunice Newton Foote (1819-1888), climatóloga y defensora de los derechos de las mujeres, quien descubrió el fenómeno causante del desastre ambiental que, poco más de un siglo después, ha provocado daños irreversibles en el planeta.

El 23 de agosto de 1856, en la Octava Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) en Albany, Nueva York, hubo solo un trabajo firmado por una mujer: Circumstances Affecting the Heat of Sun’s Rays (Circunstancias que afectan al calor de los rayos solares), de Eunice Newton Foote.

La importancia del trabajo de la climatóloga se revela, por cierto, en este dato: solo 16 artículos de Física escritos por mujeres se publicaron en Estados Unidos en el siglo XIX, solo dos aparecieron antes de 1889, y ambos fueron escritos por ella.

El artículo de Eunice Newton Foote, ‘Circunstancias que afectan a los rayos del sol’.

Newton Foote diseñó un experimento sencillo y muy ingenioso para mostrar cómo se calienta la atmósfera terrestre. Usando termómetros, cilindros de vidrio y una bomba de vacío, aisló los gases componentes de la atmósfera y los expuso a los rayos del sol, tanto a la luz solar directa como a la sombra. Al medir el cambio de sus temperaturas, descubrió que el dióxido de carbono (CO₂) y el vapor de agua absorben suficiente calor como para afectar a la temperatura atmosférica.

Pero aunque hizo el experimento, redactó el informe de resultados y se atrevió a enviarlo a la reunión, no pudo asistir a presentarlo y defenderlo, porque hace 164 años no estaba permitido que las mujeres asistieran a la AAAS. Su investigación la presentó el profesor Joseph Henry, de la Smithsonian Institution, aunque Foote consiguió que fuese publicada en The American Journal of Sciences and Arts, en noviembre de 1856. Pero enseguida fue olvidada.

Antes, en 1824, el matemático francés Jean Batiste Fourier había calculado que la Tierra debía ser mucho más fría y supuso que algo en la atmósfera debía actuar como una manta aislante. Pero solo los experimentos de Foote explicaron el fenómeno. Por años, sin embargo, el descubrimiento del cambio climático se atribuyó al premio Nobel Steven Arrhenius, y el del calentamiento global a Jhon Tyndall, quien mejoró los experimentos de Foote seis años después de que ella presentara su estudio.

En 2011, Raymond P. Sorenson, un investigador independiente —coleccionista de manuales científicos y coeditor de Oil-Industry History— reveló que en aquella reunión de la AAAS pasó desapercibido el trabajo más significativo: el de Eunice Newton Foote. En 2016, la climatóloga canadiense Katharine Hayhoe hizo una investigación y rescató la comunicación de Foote publicada por The American Journal of Science and Arts​. Ese año, el climatólogo Ed Hawkins publicó este tuit​, con el cual comenzaría la reivindicación de la científica.

Eunice Foote fue además una reconocida activista feminista, miembro del Comité Editorial para la Convención Seneca Falls de 1848, el primer acuerdo sobre los derechos de las mujeres en Estados Unidos. Junto a su marido Elisha Foote, estuvo entre las 78 mujeres y los 32 hombres de diversos movimientos y asociaciones políticas liberales que firmaron la Declaración de Seneca Falls (Declaration of Rights and Sentiments) sobre las condiciones y derechos sociales, civiles y religiosos de la mujer.

Foote se adelantó a la ciencia de su tiempo y explicó qué pasaría si aumentara la concentración de CO2 en la atmósfera: «… si el aire se mezclara con una mayor proporción de CO2 que en el presente, el resultado sería un aumento de la temperatura ambiental». Así predijo el fenómeno que ha causado estragos en el planeta, en especial a partir de la revolución industrial, y cuyos efectos hoy no tienen precedentes en milenios.

En la primera mitad del siglo XX, Svante Arrhenius (1903), Guy Callendar (1938) y Gilbert Plass (1956) hicieron predicciones importantes sobre el aumento de CO2 atmosférico global en la era posindustrial y sus consecuencias en la temperatura del planeta. Luego el químico estadounidense Charles D. Keeling (1928-2005) desarrolló el primer instrumento de medición de CO2 en muestras atmosféricas. La ‘Curva de Keeling’ es el registro continuo más antiguo de CO2 atmosférico (1958-2021) que demuestra el aumento constante de los niveles de este gas en la atmósfera. Hoy hay más de 100 observatorios de CO2 atmosférico en el mundo.

La concentración de CO2 atmosférico pasó de 280 partes por millón (ppm) en la era preindustrial a 315 ppm en 1958, y en 2020 alcanzó las 410 ppm. La temperatura promedio global de la superficie terrestre ha aumentado 1,2 grados Celsius en 100 años. Las mayores cantidades de CO2 atmosférico se disuelven en los océanos, formando ácido carbónico y acidificando el agua. Y como los océanos almacenan el 80 por ciento del calor de la atmósfera, se derriten las masas de hielo de los polos y aumenta el nivel del mar (19 cm desde 1901 y 3,2 mm/año en la última década). Además disminuyen las nieves en las zonas montañosas y templadas, se pierde el agua para irrigación y consumo humano y cambian los patrones de precipitación que afectan directamente a la agricultura.

Por estos descubrimientos, la Asamblea General de la ONU aprobó en 1988 la resolución 43/53, sobre «la protección del clima para las generaciones actuales y futuras». Y ese año el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial establecieron el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que publicó su primer informe en 1990. En junio de este año el IPCC publicó su informe Biodiversity and Climate Change IPBES-IPCC, que advierte de que el cambio climático ha entrado en código rojo.

Injusticia adicional es que sean los países industrializados (China, EEUU, India, Rusia, Japón y Alemania) los que emiten más gases de efecto invernadero (GEI) mientras que las zonas más afectadas por el cambio climático, según predicciones, serán las que concentran a países subdesarrollados. Hoy Canadá, EEUU, Rusia y Japón emiten 70% de GEI por habitante, mientras que Latinoamérica y el Caribe, por ejemplo, aportan menos del 6% de las emisiones mundiales.

Todos sabemos que los episodios meteorológicos extremos son más frecuentes cada día. Hay más olas de calor extremo, huracanes, tormentas e inundaciones. Este verano se han alcanzado temperaturas inconcebibles y los incendios han arrasado millones de hectáreas. La destrucción del hábitat de millones de especies animales y vegetales es alarmante, y esto afecta inevitablemente a la vida humana. Las pandemias que se podrían suceder son una muestra de ello, y se predice hasta un fenómeno de extinción masiva que se ha denominado la era del Antropoceno.

Aunque 160 años después de las investigaciones de Eunice Newton Foote la comunidad científica que la desconoció sabe perfectamente las consecuencias del calentamiento global, todavía hoy niegan el fenómeno muchos políticos, empresas y gente que se resiste a modificar su modo de vida. Lo niegan tanto como el sexismo que impidió reconocer a Foote. Quizá haber entendido ambos fenómenos a tiempo nos hubiera ahorrado montones de tragedias.

Imagen de portada: Gentileza de Pictorial Press Ltd / Alamy Stock Photo

FUENTE RESPONSABLE: El Diario.es por Sabina Caula y Sandra Caula. Noviembre 2021

Sociedad/Cambio climático/Efecto Invernadero/Cumbre del clima/Mujeres cientificas.