Cai lun, el funcionario chino considerado el inventor del papel

El eunuco imperial Cai Lun, un alto funcionario de la corte del emperador He, de la dinastía Han Oriental, recibió el encargo de su señor de hallar un nuevo soporte de escritura mejor que el existente hasta el momento, en seda, bambú y madera, que además tenía un gran coste de fabricación. El enorme ingenio de Cai Lun lo llevó a mejorar un método ya existente probando diferentes materiales hasta que logró fabricar un papel mucho mas económico, duradero y flexible.

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Si a alguien se le pregunta cuál es el invento más importante de la historia de la humanidad, seguramente responderá que el papel. En realidad, el papel ha contribuido de un modo impagable a la evolución humana y se ha convertido en un vehículo ideal de transmisión del conocimiento de generación en generación. Pero antes del papel, el ser humano ya empleó otros soportes para plasmar aquello que quería transmitir. La arcilla en la antigua Mesopotamia, por ejemplo, o el papiro en Egipto. De hecho, ya desde el III milenio a.C. los egipcios usaron la fibra extraída de la planta del papiro, que crecía en las riberas del Nilo, para crear un soporte de escritura muy parecido al papel. Posteriormente, el papiro sería sustituido por el pergamino, un material confeccionado a partir de la piel de animales como el cordero, el becerro o la cabra.

Pero ¿y el papel tal y como lo conocemos en la actualidad? Pues para conocer la evolución del papel desde sus inicios hasta nuestros días tenemos que remontarnos hasta el año 105 d.C. y viajar a la China de la dinastía Han Oriental. Hasta aquel momento, todos los documentos oficiales de la corte se habían escrito sobre soportes fabricados con seda, bambú o madera, pero debido a su fragilidad, su rápido deterioro y su costoso proceso de elaboración, el emperador He de Han ordenó a sus sabios que pensaran un sistema de fabricación para lograr un material que fuera más flexible y resistente, y también más económico. Para lograrlo, a partir de entonces el eunuco y consejero imperial Cai Lun dedicó todos sus esfuerzos a cumplir la orden de su señor.

Manuscritos chinos realizados en papel.Foto: iStock

CAI LUN EN LA CORTE IMPERIAL

Se cree que Cai Lun nació en la provincia china de Guiyang alrededor del año 48 d.C., cuando en el país asiático gobernaba la dinastía Han Oriental. En el año 75 d.C., el joven Cai Lun se convirtió en eunuco imperial (aunque el sinólogo australiano Rafe Crespignyi sugiere que esto posiblemente ocurrió en el año 70 d.C.). En su nuevo puesto, el trabajo de Cai Lun consistía en ejercer como enlace entre el consejero privado del emperador y este, y probablemente también actuó como chambelán, un alto funcionario real que estaba a cargo de la administración de la familia real. Alrededor de 80 d.C., bajo el reinado del emperador Zhang, Cai Lun fue ascendido a Xiao Huang Men (Asistente en las Puertas Amarillas), un cargo de confianza que consistía en ser el encargado de entregar y distribuir los mensajes que llegaban desde el exterior a las diferentes estancias del palacio imperial.

Cai Lun ejerció como enlace entre el consejero privado y el emperador y probablemente también actuó como chambelán.

Separado de la fibra útil del resto de las materias primas necesarias para la fabricación de papel (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Proceso de calentamiento de la pulpa obtenida tras la criba de la fibra útil (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Pero Cai Lun no se dedicó tan solo a actividades administrativas. Al parecer también se vio implicado en algún que otro complot cortesano.

Algunas fuentes apuntan a que, tras la muerte del emperador Zhang, Cai Lun ayudó a su viuda, la emperatriz Dou, a asesinar a una rival de la corte con la intención de situar al hijo adoptivo de Dou, el príncipe Zhao, como heredero al trono imperial. El príncipe Zhao ascendió al trono en 88 d.C., con diez años de edad, como emperador He, y Dou se hizo con el poder efectivo con el titulo de Emperatriz Viuda. Esta repartió los puestos de responsabilidad entre sus propios hermanos. Uno de ellos fue Dou Xian, el cual premió la lealtad de Cai Lun con el cargo de Zhongchang shi (Asistente regular). 

A partir de entonces, Cai Lun ejerció como consejero privado de He y se convirtió en el eunuco principal de la corte. Más tarde Cai Lun sería nombrado Shangfang Ling (Prefecto del Taller del Palacio o Prefecto de los Maestros de Técnicas), es decir, responsable de la producción de instrumentos y armas para uso imperial.

EL ÉXITO DE CAI LUN

Hacia el año 105 d.C, como hemos visto, el emperador He encargó a Cai Lun investigar el modo de conseguir un soporte para escritura mucho mejor que el que se utilizaba en aquel momento, elaborado con unas piezas de seda llamadas chih, las cuales resultaban muy caras de fabricar, o sobre tablas de bambú, que eran bastantes pesadas. 

A todo ello se sumaba la fragilidad de los materiales, que podían ser destruidos fácilmente por la humedad. Pero Cai Lun no partía de cero, ya que un par de siglos antes se había empezado a fabricar un nuevo material más fino y manejable a base de cáñamo. Aquel invento llamó poderosamente la atención de Cai Lun, que decidió probar con él y cambiar totalmente su proceso de elaboración.

El emperador He encargó a Cai Lun investigar el modo de conseguir un mejor método de fabricación de un soporte para la escritura.

Triturado de la pasta resultante hasta conseguir una fina lámina (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Proceso de ablandado de la pasta en finas láminas (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Cai Lun entonces llevó a cabo varias pruebas con cáñamo, cortezas de árboles, trapos de tela y restos de redes de pesca. El aplicado funcionario trituró todos aquellos componentes y los sumergió en agua durante varios días, removiéndolos hasta que se ablandaron lo suficiente para evitar grumos que produjeran rugosidades no deseadas en la superficie. Una vez ablandado el material, lo trituró hasta conseguir una pasta que, una vez seca, extendió en capas muy finas que puso a secar al Sol. Según cuenta el historiador chino Fan Ye en un pasaje del Hou Hanshu, la historia oficial de la dinastía Han Oriental, Cai Lun «presentó el proceso al emperador en el primer año de Yuanxing y recibió elogios por su habilidad. Desde ese momento, el papel ha estado en uso en todas partes y es universalmente llamado el ‘papel del Señor Cai'».

EL LEGADO UNIVERSAL DE CAI LUN

Posteriormente, Cai Lun desarrolló varias formas de impermeabilizar este material para lo cual usó encolados a base de almidón de arroz, con lo que logró un efecto satinado que además protegía al papel de los parásitos y del paso del tiempo. Sin embargo, a pesar del éxito y del prestigio que le valió aquel revolucionario invento, Cai Lun tuvo un triste final. Tras la muerte del emperador He quedó vacante el trono imperial y hubo problemas sucesorios. Su viuda, la emperatriz Deng, para evitar traiciones ordenó que todo el séquito de su predecesor fuera encarcelado. Antes que tener que soportar aquella tremenda humillación, Cai Lun prefirió quitarse la vida ingiriendo veneno tras tomar un baño.

Cai Lun desarrolló varias formas de impermeabilizar el papel para lo cual usó encolados a base de almidón de arroz.

Proceso de secado del papel en la antigua China (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Pero el magnífico legado de Cai Lun no fue olvidado. De hecho se erigió un templo en su honor en la misma área de la ciudad donde cientos de familias se dedicaban a la fabricación del papel empleando su método y que se distribuía por toda China. En la actualidad Cai Lun es internacionalmente reconocido como el «padre» del papel tal como lo conocemos en la actualidad, un elemento de enorme importancia que se expandió rápidamente por todo el mundo y que, aun hoy en día, y a pesar del avance de las modernas tecnologías, parece tener asegurada una larga vida.

Imagen de portada: Posible retrato de Cai Lun representado en un sello emitido en 1962. Foto: CC

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic Historia. Por J.M.Sadurni. Actualizado Mayo 2022.

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El pan de los romanos: gratis y bien horneado.

A principios del siglo II d.C., el poeta Juvenal lamentaba la triste imagen que daba el pueblo de Roma, al que veía como una multitud de parásitos que se limitaban a obedecer el capricho de los emperadores.

«¿Qué hace esta turba de los hijos de Remo? […] Desde hace tiempo, exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos en el circo». 

Con esta célebre expresión, «pan y circo», panem et circenses, se refería Juvenal a las dos maneras que tenían los emperadores de Roma de mantener al pueblo en calma: los espectáculos de gladiadores y las carreras de carros, que absorbían la atención de los romanos como hoy el fútbol, y el pan que repartían gratis entre una gran parte de la población.

Desde siempre, una de las funciones de las autoridades romanas fue el aprovisionamiento de cereal, la llamada annona, como se denominaba el producto de las cosechas y el cereal almacenado en los graneros. 

Esta tarea se hizo más compleja conforme aumentó la población de la ciudad de Roma, que en época de Augusto llegó a superar el millón de habitantes.

Ante el declive de la agricultura cerealera en los campos de Italia, el trigo tuvo que importarse de diversas regiones del Mediterráneo como Sicilia, la provincia de África (Túnez y el este de Argelia) o Egipto.

DE BARATO A GRATIS

El abastecimiento de grano se hacía por vía marítima. Los armadores privados, llamados naviculari, llevaban los cargamentos de trigo desde Alejandría o Cartago hasta el puerto de Ostia, en la desembocadura del Tíber (que desde el siglo I d.C. sustituyó al de Puteolum, en la bahía de Nápoles).

Allí la mercancía era registrada por un magistrado, el cuestor ostiense, y luego se trasladaba a Roma a lo largo del Tíber en navíos especiales, las naves caudicariae, pertenecientes a la corporación de barqueros del Tíber.

En circunstancias normales, los comerciantes privados bastaban para garantizar el suministro de Roma. Pero un año de malas cosechas podía provocar una situación de escasez y de aumento de los precios del cereal, con el peligro de que se extendiera el descontento entre el pueblo e incluso estallaran alteraciones o motines. Una crisis de este tipo podía producirse en cualquier momento. 

Por ejemplo, Séneca nos informa de que a la muerte de Calígula, en el año 41, sólo había en Roma reservas de trigo para una semana. 

Su sucesor Claudio, durante un período de gran escasez de víveres, en una ocasión se vio rodeado en pleno Foro por una multitud hambrienta que le arrojó trozos de pan como señal de descontento y escapó entrando por una puerta trasera del palacio. Particular importancia tenía garantizar la subsistencia del ejército apostado en Roma, que en cualquier momento podía encabezar una conspiración contra el emperador de turno.

Fue así como, con el objetivo de garantizar la paz social, las autoridades romanas pusieron en marcha un sistema de reparto de trigo entre los ciudadanos. Al principio, la intervención se limitó a rebajar su precio. Por ejemplo, en el año 202 a.C. el trigo enviado desde la provincia de África por Esci- pión fue distribuido en Roma a mitad del precio normal. Estos eran repartos puntuales, de los que a veces se encargaban ciudadanos particulares que por algún motivo deseaban ganar popularidad entre la población.

Fue unas décadas más tarde cuando se instituyó un sistema de distribución regular de trigo a los ciudadanos por parte del Estado. En 123 a.C., Cayo Sempronio Graco, dentro de su programa de reformas favorables a la plebe, hizo aprobar una ley, la llamada lex Sempronia frumentaria, por la que los ciudadanos que lo solicitasen recibirían una cierta cantidad de trigo a un precio reducido, entre un 25 y un 50 por ciento menor al habitual. Por primera vez en la historia de Roma, una ley regulaba las distribuciones de trigo a la población ciudadana con cargo al erario público.

Aunque bajo la dictadura de Sila, favorable a los patricios, se abolieron los repartos, en el año 73 a.C. una nueva ley restableció el sistema de Graco. En 58 a.C. otra disposición, la lex Clodia frumentaria, impuso el reparto gratuito de trigo entre el pueblo. Es decir, a partir de entonces el Estado correría con todos los gastos de la alimentación de la plebe romana.

COMER, UN DERECHO CIUDADANO

Las leyes frumentarias estaban dirigidas a varones padres de familia, ciudadanos que no descendieran de esclavos y cuyo patrimonio, tal como constaba en el censo, no superara un determinado límite. 

Por tanto, quedaban excluidos los esclavos, los libertos, los extranjeros y, obviamente, los miembros de la nobleza y de los estratos más ricos de la sociedad, que obtenían el cereal de sus propias fincas o lo compraban en el mercado. 

Eso significa que en la plebe frumentaria, que era como se denominaba a los beneficiarios del reparto gratuito de trigo, se incluían no sólo los indigentes sin empleo fijo, sino también ciudadanos con un nivel de renta modesto que vivían de un oficio o un pequeño negocio. De hecho, la annona no era considerada como una limosna que daba el Estado a los pobres de solemnidad, sino como un derecho que todo ciudadano romano podía reclamar.

Las autoridades inscribían el nombre de los beneficiarios de la annona en tablillas de bronce, se fijaba un día al mes para el reparto y éste se hacía en un lugar específico del Campo de Marte: el Porticus Minutia Frumentaria, en la actual Via delle Botteghe Oscure. 

Los beneficiarios acudían con un certificado, la tessera annonaria, y recibían 35 kilos de cereal, que era el equivalente al consumo de dos personas, lo que parece indicar que la annona no era suficiente para garantizar la alimentación mensual de una familia. 

Las autoridades crearon toda una burocracia para organizar la distribución del cereal. Al frente se encontraba el prefecto de la annona, y a sus órdenes operaban los centuriones de la annona y los procuradores de la annona.

FRAUDES, ABUSOS Y EXCESOS

El aliciente de comer gratis propició toda clase de fraudes y abusos, de modo que el número de beneficiarios no dejó de aumentar. 

Incluso había patricios que se inscribieron en la lista. Para corregir estos excesos, Julio César redujo el máximo de beneficiarios de 320.000 a 150.000, y estableció que al fallecimiento de cada uno de ellos se hiciera un sorteo para reemplazarlo. 

Augusto pensó incluso en abolir los repartos, porque creía que éstos favorecían el abandono de las tierras para emigrar a Roma y vivir allí a costa del Estado, pero lo único que pudo hacer fue limitar los beneficiarios a 200.000. 

Desde entonces, los emperadores hicieron del reparto de trigo gratuito el mejor instrumento para mantener la paz social en Roma.

Con el tiempo, al agravarse la crisis económica, la annona se convirtió en tabla de salvación de las clases desfavorecidas. Fue así como a finales del siglo III los emperadores, además de mejorar el sistema de aprovisionamiento, empezaron a repartir no harina, sino pan cocido en grandes hornos industriales, además de aceite, carne de cerdo y vino a un precio rebajado.

Imagen de portada: Gentileza de Domus-Romana

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Historia

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