El Gigante Tembloroso es el ser vivo más grande y está por desaparecer.

El “Gigante Tembloroso”, o también llamado «Pando», se trata de aproximadamente 47 mil árboles idénticos que en realidad forman parte de uno sólo y lamentablemente está muriendo. Te contamos su ubicación, características y por qué está en peligro.

El “Gigante Tembloroso” se trata de unos 47 mil árboles idénticos que en realidad forman parte de uno sólo, por eso es el ser vivo más grande del mundo.

Es verdad que actualmente el animal más grande es la ballena azul, con hasta 30 metros de largo, pero si incluimos el reino vegetal entonces el ser vivo más grande conocido en nuestro planeta es el “Gigante Tembloroso”, o también llamado el “Pando” que en latín significa “yo me esparzo”.

Justamente su nombre describe a la perfección la historia y morfología de este gigante, un enorme bosque que se ha estado extendiendo durante más de un millón de años, pero que lamentablemente ahora se ve seriamente amenazado.

¿Cómo es el Pando?

Se trata de una milenaria y gigante arboleda compuesta por aproximadamente unos 47 mil álamos temblorosos con idéntica genética, cuyas raíces están unidas en una gran red enmarañada bajo la tierra, y terminan comportándose como un solo organismo vivo.

Este tipo de álamo (Populus tremula), conocido como temblón o tembloroso, es un árbol caducifolio que alcanza una altura de 10 a 15 metros. Su corteza es de color gris-verdoso y fisurada en los ejemplares más añejos, las hojas son redondeadas de color verde por ambas caras.

álamo Pando Utah árbol ser vivo más grande

Decenas de miles de álamos temblorosos con idéntica genética permanecen con sus raíces unidas en una gran red enmarañada bajo la tierra, por eso terminan comportándose como un solo organismo vivo.

Este descomunal bosque está ubicado en Fish Lake en Utah, EE.UU., y ocupa actualmente unas 43 hectáreas con un peso aproximado de 6615 toneladas.

La raíz madre se expande desde hace al menos un millón de años por el terreno, y emerge a la superficie de manera múltiple desde donde brotan nuevos árboles como “tallos de un clon expansivo”, según explican los científicos.

Los bosques de álamo se reproducen de dos maneras: mediante las semillas que caen de los árboles maduros que luego germinan, y la más común que es al liberar brotes de sus raíces a partir de las cuales nacen nuevos árboles a los que se les llama clones.

El gigante está muriendo lentamente

Los cambios abruptos en el ambiente que rodea al Gigante Tembloroso lamentablemente lo han puesto en peligro. 

Los expertos cuidadores y ecologistas de la Universidad Estatal de Utah explicaron en reiteradas oportunidades, que el crecimiento del Pando en las últimas cuatro décadas muestra problemas, e incluso denota evidencias de decrecimiento por la falta de tallos jóvenes, según un reciente estudio.

Pando Utah

La sobrepoblación de venados en el área de Pando alimentándose de los brotes de álamo más jóvenes, es una amenaza para el bosque.

Es lógico que al tratarse de un ser vivo tan longevo (los álamos suelen vivir entre 100 y 130 años) los tallos más antiguos vayan muriendo de manera natural, como parte de su ciclo de vida. 

Pero el problema es que están muriendo sin que haya una nueva generación que los reemplace.

La sequía y el ataque de plagas dificultan la supervivencia de los clones, pero el principal problema es el excesivo pastoreo por parte de la industria ganadera, que impide que crezcan los tallos nuevos reemplazando a los que van muriendo.

Soluciones para preservarlo

Los cuidadores locales indican que debido a la gran cantidad de ciervos y vacas que se alimentan actualmente de los brotes tiernos y jóvenes, el Pando está en peligro.

Si no se toman cartas en el asunto es posible que en una década el Pando se haya reducido de manera muy significativa, y si perdemos este bosque también alteraremos todo el ecosistema que depende de él.

Los especialistas indican que se está a tiempo de frenar y revertir esta lamentable situación, por ejemplo ampliando el vallado en determinadas zonas del bosque para aislarlo y protegerlo de los animales. Además, urge llegar a un acuerdo con la industria ganadera para que retiren ejemplares bovinos del área.

Imagen de portada: Gentileza de Meteored

FUENTE RESPONSABLE;  Meteored. Por Marina Fernández. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Biodiversidad/Ecología sustentable/Depredación

Las aves comunes desaparecen en Europa: “Es el anuncio de la sexta extinción de especies”.

Se han perdido unos 600 millones de aves reproductoras en la UE desde 1980.

Las aves están desapareciendo. Y es un acontecimiento que preocupa. “Las aves son el canario de la mina y su desaparición es el anuncio de la sexta extinción de especies que está en marcha”, asegura Miguel López, director de organización de SEO BirdLife España. 

Un nuevo estudio sobre las aves reproductoras en la UE muestra que se ha perdido una de cada seis aves en un periodo de casi 40 años.

Han desaparecido unos 600 millones de aves reproductoras en la UE desde 1980. Así lo han verificado un equipo de científicos europeos de la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB), la mayor organización sin ánimo de lucro de Europa dedicada a la protección de la vida salvaje, BirdLife International y la Sociedad Checa de Ornitología que han analizado los datos de 378 de las 445 especies de aves nativas de los países de la UE.

Entre 1980 y 2017, los autores estiman un descenso global de la población de entre el 17% y el 19%, lo que equivale a una pérdida de entre 560 y 620 millones de aves individuales. 

De hecho, se han perdido unos 900 millones de aves durante ese periodo, aunque esto se contrapone a un aumento de unos 340 millones en determinadas especies. Una gran proporción de estas pérdidas se debe a una disminución muy importante de un pequeño número de especies comunes, y lo mismo ocurre con los aumentos.

Estamos perdiendo individuos a un ritmo sin precedentes y es uno de los indicadores de pérdida de biodiversidad» MIGUEL LÓPEZ, SEO

El estudio se ha elaborado a partir de los datos del sistema paneuropeo de seguimiento de aves comunes del Consejo Europeo del Censo de Aves y de los informes obligatorios de los Estados miembros de la UE a la Comisión Europea en virtud de la Directiva de Aves de la UE.

“Los datos corroboran la información que registran a escala global los voluntarios en los programas de ciencia ciudadana de SEO/BirdLife. 

Desde hace tiempo nos dicen que estamos perdiendo individuos a un ritmo sin precedentes y es uno de los indicadores de pérdida de biodiversidad, al ser las aves el grupo faunístico más estudiado”, afirma Miguel López.

Si deseas conocer mas sobre este tema; cliquea por favor donde este escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Según el estudio, el gorrión común es el más afectado. Ha perdido el 50% de su población desde 1980, un total de 247 millones de aves. Su pariente más cercano, el gorrión molinero, también ha perdido 30 millones de ejemplares. Ambos se han visto afectados por los cambios en la política y la gestión agraria, pero los gorriones de las ciudades también han disminuido. Las razones de estos descensos urbanos no están claras, pero pueden estar relacionadas con la escasez de alimentos, la propagación de la malaria aviar o los efectos de la contaminación atmosférica.

Gorrión común.

Gorrión común. SEO

“La desaparición de aves la tenemos delante de nuestras casas con la situación del gorrión común, cuando un pueblo no tiene gente los gorriones desaparecen  en el campo y el hecho de que desaparezcan en las ciudades nos habla de los poco saludables ambientes que tenemos”, asegura el director de organización de SEO/Birdlife España.

«La naturaleza ha sido erradicada de nuestras tierras de cultivo, del mar y de las ciudades» ANNA STANEVA, BIRDLIFE EUROPE

«Este informe muestra de forma clara y contundente que la naturaleza está dando la voz de alarma” esgrime Anna Staneva, directora de Conservación de BirdLife Europe. 

“Las aves comunes son cada vez menos frecuentes, en gran medida porque los espacios de los que dependen están siendo arrasados por el ser humano. La naturaleza ha sido erradicada de nuestras tierras de cultivo, del mar y de las ciudades. Los gobiernos de toda Europa deben establecer objetivos legalmente vinculantes para la restauración de la naturaleza, de lo contrario, las consecuencias serán graves, incluso para nuestra propia especie», añade.

“En la cumbre del clima de Glasgow se han constatado que la pérdida de diversidad y el cambio climático son problemas que tienen las mismas causas y se retrolimentan”, afirma López.  

Fiona Burns, científica principal de conservación de la RSPB y autora principal del estudio apunta  a los organismos internacionales para que tomen en consideración el problema de la sexta extinción. «El año que viene se reunirá el Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas para debatir el futuro de nuestra biodiversidad mundial y crear un marco que exija aumentar los esfuerzos de conservación para prevenir las extinciones y recuperar la abundancia de las especies”, afirma Burns.

Imagen de portada: Gentileza de PIXABAY

FUENTE RESPONSABLE: El Independiente. Por Rafael Ordóñez – Noviembre 2021

Medio Ambiente/Contaminación Ambiental/Depredación/Extinción/Aves/Sociedad

Los nadadores. Parte 2/2

Desde hace media hora una guepardo llamada Etta permanece a la sombra del árbol con sus cuatro cachorros de corta edad, observando una manada de gacelas de Thomson que ha aparecido en un promontorio cercano. 

Etta se levanta y empieza a deslizarse hacia el rebaño con una estudiada indiferencia que no engaña a nadie, y menos aún a las gacelas, que miran con nerviosismo en su dirección.

Los leopardos del Okavango

LOS LEOPARDOS DEL OKAVANGO

De repente uno de los guías grita: las gacelas han empezado a dispersarse y a correr, mientras Etta se lanza en una de sus carreras explosivas. El esbelto felino, demasiado veloz para seguirlo con la vista, es una figura borrosa entre las hierbas altas. El espectáculo acaba en unos segundos, con una nube de polvo y una tenaza mortal en el cuello de una infortunada gacela joven. 

Mientras Etta arrastra la presa hacia sus cachorros, los pequeños salen de entre los matorrales, ansiosos por sumarse al festín. Apenas unos segundos más tarde llegan las furgonetas, cuyos conductores compiten por conseguir el mejor ángulo para que sus clientes hagan fotos.

Bellos y exóticos, veloces como coches deportivos y famosos por su docilidad

Los guepardos ocupan un lugar destacado en la imaginación humana. 

Bellos y exóticos, veloces como coches deportivos y famosos por su docilidad, estos habitantes de la sabana salvaje son estrellas mediáticas, apreciadas por cineastas y publicistas de todo el mundo. 

Toda esa presencia en la cultura popular po­­dría crear la falsa impresión de que el guepardo está tan seguro en la naturaleza como en el imaginario colectivo. 

Pero no es así. De hecho, es el más vulnerable de los grandes felinos. Hay pocos ejemplares en el mundo, y cada vez quedan me­­nos.

Hace unos siglos el área de distribución de los guepardos se extendía desde el subcontinente indio hasta el mar Rojo y ocupaba casi toda África

Sin embargo, pese a lo veloces que son corriendo, no pudieron eludir el avance de la actividad humana. Actualmente el guepardo asiático, la elegante subespecie que adornó en etapas anteriores las cortes reales de la India, Persia y Arabia, está casi extinguido. 

En África su número se desplomó en más de un 90 % a lo largo del siglo XX, a medida que los agricultores, ganaderos y pastores los expulsaban de su hábitat, los cazadores deportivos los mataban por diversión y los furtivos roban sus crías para venderlas en el lucrativo comercio de las mascotas exóticas. En total, hoy sobreviven menos de 10.000 guepardos en el medio natural.

Nacidos para correr

NACIDOS PARA CORRER 

Las grandes reservas de caza africanas, su situación es difícil. Esquivos y de constitución delicada, estos grandes felinos, los únicos que no pueden rugir, son desplazados por los leones, mucho más fuertes y numerosos. Consideremos por ejemplo el Parque Nacional del Serengeti, en Tanzania, y la adyacente Reserva Nacional Masai Mara, en Kenya. 

Los dos par­­ques acogen en total más de 3.000 leones, una población estimada de 1.000 leopardos y solo 300 guepardos. Y pese a su categoría de estrellas, los leones también los superan en el terreno tu­­rístico. «Por lo general la gente solo busca guepardos en su segundo safari –dice el guía Eliyahu Eliyahu–. En el primero todos quieren ver leones. 

El problema es que donde la población de leones es grande, no suele haber muchos guepardos.»

Los guepardos no solo constituyen una especie dentro del selecto grupo de los grandes felinos, sino que además pertenecen a un género distinto del que son los únicos miembros, Acinonyx, nom­­bre que hace referencia a la curiosa garra semi retráctil de estos animales, un rasgo que no comparten con ningún otro félido. 

A diferencia de los leones y los leopardos, cuyas garras retráctiles son instrumentos para desgarrar la carne y trepar a los árboles, los guepardos tienen unas garras semejantes a los clavos de las zapatillas de correr y desempeñan una función similar: mejorar el agarre y facilitar la aceleración.

Los guepardos siguen estando muy de moda en Arabia Saudí y los países del Golfo, donde un cachorro puede costar más de 8.000 euros. 

Los jóvenes pudientes se compran un guepardo para que combine con su coche deportivo –dice Mordecai Ogada, biólogo keniata que estudia la relación entre guepardos y humanos y el tráfico de especies protegidas–. En estos tiempos es un típico comportamiento de nuevo rico.» 

En lugares como la Unión de Emiratos Árabes, el guepardo se encuentra en una especie de limbo legal. «La importación es clandestina –dice Ogada–, pero una vez dentro, el comercio es abierto. Los guepardos introducidos de contrabando se pueden “blanquear” para que parezcan criados legalmente en cautividad. 

Es difícil averiguar el origen de los cachorros a menos que se les hagan análisis genéticos y se los identifique como miembros de una subespecie endémica de un área concreta.»

No es fácil determinar las consecuencias del tráfico para una población en declive, pero los datos indican que el comercio de crías nacidas en libertad es un negocio a gran escala. Internet está lleno de «criadores» que ofrecen cachorros en lugares como Dubai. 

El año pasado varios contrabandistas de guepardos fueron detenidos en Tanzania y Kenya, y hubo rumores de crías puestas a la venta en lugares tan distantes como Camerún. «Sospecho que el problema es mayor de lo que imaginamos –dice Sheneneh Teka, jefe de la Dirección de Desarrollo y Protección de la Fauna de Etiopía–. 

Hay mucho dinero de por medio, y al igual que los contrabandistas de drogas o de armas, los traficantes de fauna disponen de redes bien establecidas.»

El año pasado Etiopía implementó duras medidas contra el tráfico de fauna y puso en marcha un programa de formación para guardias fronterizos y funcionarios de aduanas. Como resultado de la nueva política, los agentes interceptaron un cargamento de crías de guepardo cuando los traficantes intentaban pasar la frontera de Somalia. «Mientras los guardias fronterizos examinaban la documentación del camión, oyeron unos ruidos como si alguien rascara en el interior de un bidón que supuestamente contenía gasolina –cuenta Teka–. Cuando lo abrieron, encontraron cinco cachorros de guepardo en muy mal estado.» Una de las crías murió. Los otros cuatro, después de varias semanas de atención veterinaria, fueron trasladados a un refugio de fauna.

«Nunca podrán volver a vivir en la naturaleza –lamenta Ogada–. Aunque pudiéramos enseñarles a cazar, los humanos no sabríamos enseñarles a reconocer y eludir a enemigos como los leones y las hienas.» Si bien algunos guepardos han sido reintroducidos con éxito en grandes reservas valladas de Sudáfrica, las extensas sabanas son mucho más peligrosas. Los cachorros huérfanos «no tendrían ninguna posibilidad en un lugar como el Serengeti», asegura Ogada.

Tampoco para una guepardo es fácil criar a los cachorros en el medio natural, donde la mortalidad de las crías puede llegar al 95 %. La ma­­yoría de los pequeños ni siquiera salen de la madriguera en la que nacieron. Caen víctimas de las incursiones de los leones o de las hienas, mueren por las inclemencias meteorológicas o son abandonados por una madre incapaz de cazar lo suficiente para mantenerlos. De hecho, muchas hembras no consiguen que ninguno de sus cachorros llegue a la madurez.

Unas pocas, sin embargo, logran vencer la adversidad y tienen un éxito sorprendente con las crías. Algunas incluso adoptan los cachorros de otras hembras. Esas supermadres, magníficas cazadoras y profundas conocedoras del entorno, logran cobrar una presa casi cada día y mantener a salvo a su prole en la vastedad de la sabana africana, en las mismas narices de hienas y leones. Una de ellas, una hembra de siete años llamada Eleanor, ha criado al menos al 10 % de los guepardos adultos del sur del Serengeti.

«No sé de ningún otro carnívoro que dependa tanto del éxito de tan pocas hembras», dice Sarah Durant, de la Sociedad Zoológica de Londres. Durant dirige el Proyecto de Investigación de Guepardos del Serengeti, uno de los estudios más prolongados que se han hecho en el mundo sobre un carnívoro. Desde hace 38 años, el proyecto lleva un registro de la vida y el linaje ma­­terno de varias generaciones de guepardos del Serengeti. Se trabaja duramente, soportando el calor y el polvo dando tumbos por la sabana a bordo de viejos Land Rover en busca del felino más esquivo de África. Gracias a la laboriosa investigación de Durant conocemos la vital importancia de las supermadres.

Los linajes maternos de los guepardos del Serengeti están ahora bien documentados, pero la paternidad es otra historia. La bióloga Helen O’Neill espera pacientemente en su Land Rover a escasa distancia del lugar donde tres guepardos hermanos (Moca, Latte y Espresso, conocidos colectivamente como los Coffee Boys) descansan a la sombra de un mirobálano de Egipto. 

O’Neill ha salido a hacer lo que denomina jocosamente la «patrulla de la caca», que consiste en recoger muestras de las heces de ejemplares concretos e identificables. 

Mediante el estudio del ADN de las muestras, los científicos de la Sociedad Zoológica de Londres esperan añadir los linajes paternos a los árboles filogenéticos del Serengeti. Los datos obtenidos hasta la fecha indican que las hembras son más promiscuas de lo que se sospechaba: en la mitad de las camadas hay cachorros de diferentes padres. 

«Pensamos que este tipo de apareamiento múltiple podría ofrecer ventajas genéticas en un entorno inestable –dice Durant–. Es como si las madres diversificaran las apuestas para asegurarse de que al menos una parte de su prole sobreviva.»

A un mundo de distancia de la soleada sabana del Serengeti, al final de una fría y despejada tarde de invierno, un solitario guepardo macho avanza cautelosamente por una cresta rocosa cubierta de nieve. Se detiene un momento para marcar olfativamente un tamarisco y enseguida sale del campo visual de la cámara de vídeo operada a distancia que lo ha estado grabando.

La cámara oculta es una de las 80 cámaras-trampa instaladas por el desierto de Kavir, una remota región de la montañosa meseta central de Irán, para captar imágenes de uno de los grandes felinos más raros y esquivos del mundo: el guepardo asiático. 

«Cuando conseguimos algo así, es como un sueño hecho realidad», dice el biólogo iraní Houman Jowkar refiriéndose a la secuencia de 27 segundos. Jowkar trabaja en el Proyecto de Conservación del Guepardo Asiático, creado en 2001 por el Departamento de Medio Ambiente de Irán para tratar de salvar la última población de esta subespecie amenazada. «Hay poquísimos ejemplares –insiste Jowkar–. Tenemos algunos guardabosques que han vivido y trabajado durante años en estas montañas y nunca han visto un guepardo vivo.»

Gracias al programa de cámaras-trampa, los científicos iraníes han podido determinar a grandes rasgos cuántos guepardos asiáticos quedan y dónde viven, dos datos fundamentales para desarrollar una estrategia de conservación. «Tenemos suerte de que estos preciosos animales tengan manchas –dice Jowkar–. Observando los dibujos de sus pelajes, únicos en cada ejemplar, podemos identificarlos y deducir su número y su distribución.»

Aún así, salvar al guepardo asiático no será tarea sencilla. Su retroceso comenzó en la época de gloria del Imperio mongol, cuando se puso de mo­­da cazar con guepardos. Se dice que uno de aquellos emperadores reunió más de 9.000 ejemplares durante sus 49 años de reinado. 

Esas cifras contrastan con las actuales. En diez años, con decenas de cámaras instaladas, los investigadores iraníes apenas han conseguido 192 imágenes fugaces. En ellas se pueden ver 76 ejemplares huesudos y enjutos, quizá los últimos miembros de la noble subespecie que vivió antaño en la mayor parte de Asia. 

Estos supervivientes llevan una existencia precaria. Acechan antílopes y ovejas salvajes en las abruptas laderas rocosas y deben competir con los lobos e incluso con los seres humanos, que también recurren a estas especies como fuente de alimento.

«Viven al borde del abismo, en el límite mismo de lo que es ecológicamente posible»

«Viven al borde del abismo, en el límite mismo de lo que es ecológicamente posible –dice Luke Hunter, presidente de Panthera, una organización conservacionista internacional dedicada a la protección de los grandes felinos, que colabora con el proyecto del guepardo iraní–. Pero lo curioso es que estos guepardos no se han visto desplazados a las montañas en época re­­ciente. 

Llevan aquí miles de años. La gente no se da cuenta de lo resistentes y adaptables que son.»

Pese a su vulnerabilidad, los guepardos se cuentan entre los supervivientes más aguerridos y astutos, capaces de soportar los despiadados inviernos de las estepas iraníes y el calor abrasador de los uadis del Sahara.

«No son solo veloces –dice el argelino Farid Belbachir, biólogo experto en fauna que ha instalado cámaras-trampa en el macizo de Ahaggar de Argelia para tratar de captar imágenes del guepardo del Sahara, subes­­pecie en peligro crítico–. 

Entienden el entorno. Han averiguado la forma de aprovechar las partes más estrechas de los uadis para atacar y dar a su presa menos oportunidades de escapar.»

De vuelta en el Parque Nacional del Serengeti, cae la tarde con el sabor caliente del polvo en el aire y las nubes de tormenta agrupándose en el horizonte. Durante una hora más o menos Etta se ha aproximado reptando a un macho grande de gacela, hasta situarse a unos 40 metros, sin que él note su presencia.

Pese a su vulnerabilidad, los guepardos se cuentan entre los supervivientes más aguerridos y astutos

«Es muy pronto para saber si Etta llegará a ser una supermadre –dice Durant–. Esta es solo su primera camada. Pero el hecho de que haya sido capaz de sacar a cuatro cachorros del cubil y de que aún los esté criando es muy alentador.»

Etta da un par de pasos más hacia su presa, rápidos y furtivos, y luego se agazapa y espera, como un corredor en los tacos de salida, atento al pistoletazo inicial. Transcurre un minuto de tensión, y luego otro. 

De pronto, y sin razón aparente, Etta se levanta y se marcha. Algo le habrá parecido mal. Quizás el olor a hiena en la brisa, o tal vez la proximidad de los leones. Sea lo que fuere, una madre de cuatro cachorros, sola en el Serengeti, no puede correr riesgos por una gacela, por muy grande que sea. Reúne a sus crías y se aleja con ellas, entre la neblina violácea.

Imagen de portada: Gentileza de Buddhilini de Soyza / Wildlife Photographer of the Year / Natural History Museum

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Septiembre 2021

Animales/Depredación/Caza furtiva/Guepardos/Extinción/Sociedad

Cómo acabamos con el ave más abundante (y volveremos a hacerlo).

Les robaron la Luna…ahora las aves…que mas les van a quitar a las/os poetisas/poetas?

La fulminante extinción de la paloma migratoria muestra la capacidad de exterminio del ser humano. Un potencial aniquilador del que ninguna especie está a salvo.

Gorriones, golondrinas, lechuzas. Cuando los ornitólogos alertan de la caída en picado de nuestras aves más comunes, son pocos los que atienden a su requerimiento. 

Con todas las que se ven —piensan— ¿cómo pueden llegar a extinguirse? Eso es otra exageración de los ecologistas. Pero no, no lo es en absoluto. 

Porque lo cierto es que, si siguen con su tendencia a desaparecer, no solo es posible que acabemos con los pájaros antaño más abundantes, sino que no sería la primera vez que un ave a la que veíamos hasta en la sopa se extingue por la acción directa del hombre. 

Cuando cruzaban el cielo en sus pasos migratorios llegaban a ocultar el sol durante largo tiempo.

Uno de los casos de extinción más espectaculares que se han dado en el mundo de las aves es el de la paloma migratoria o pasajera (‘Ectopistes migratorius’), una columbiforme que habitaba hasta hace apenas un siglo las praderas y los campos de la mayor parte de Norteamérica. 

Era una paloma semejante a las que hoy en día revolotean por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, solo que con el pecho bellamente anaranjado y mucho, muchísimo más abundante que cualquier otro columbiforme del mundo.

Había tantas migraciones desplazándose por los cielos, que en el siglo XIX llegó a ser considerada como el ave más numerosa del planeta. 

Algunas estimaciones señalan que sus poblaciones llegaron a superar los cinco mil millones de ejemplares. Las bandadas de pasajeras eran tan nutridas (se desplazaban formando grupos de centenares de millones de pájaros) que cuando cruzaban el cielo en sus pasos migratorios llegaban a ocultar el sol durante largo tiempo. 

Pero un día, los granjeros estadounidenses descubrieron que capturadas y pasadas por el horno, aquellas abundantes aves estaban buenísimas, y decidieron convertirlas en plato casero.

Ejemplar disecado de paloma migratoria. (NYS Museum)

Ejemplar disecado de paloma migratoria. (NYS Museum)

La carne de paloma migratoria se convirtió en el primer acceso a la proteína para las clases populares y los proveedores de los mercados no daban abasto. Las señales de alarma se dispararon al poco de comenzar las batidas de caza. 

Se capturaban mediante todo tipo de métodos: desde redes gigantescas hasta batidas masivas. Cuando la demanda de su carne se derivó a la elaboración de piensos ganaderos aquello se convirtió en un proceso casi industrial, por lo que la presión cinegética se hizo insostenible para la especie. A mediados del siglo XIX las señales de su declive se hicieron evidentes, ya era demasiado tarde para la especie.

Hembra y macho de paloma migratoria.

Hembra y macho de paloma migratoria.

Fueron tantas las que se llegaron a cazar, que a principios del siglo XX la paloma migratoria, el ave que probablemente haya poblado en mayor número los cielos de Norteamérica, se dio por extinguida para siempre. 

El último ejemplar murió en 1914. El recuerdo de ‘Ectopistes migratorius’ se reduce hoy a la triste estampa de los ejemplares naturalizados en los museos de ciencias naturales, y a las láminas y grabados de los viejos tratados de biología. 

Nos bastó apenas un siglo para acabar con una de las aves más abundantes de la Tierra. Y lo peor es que llevamos camino de repetir la ‘hazaña’ con algunas de las que lo son hoy en día.

FUENTE: El Confidencial – Por José Luis Gallego