El espectador…

Mujer madura
pese a ello cuidada,
esbelta  guardando
sus formas,
en su mirada
me regala
velado interés,
su lengua
se desliza hacia
arriba de su boca,
como si al verme
me invitara hacia
su camino sensorial.

Abre sus piernas
sutilmente,
humedece uno
de sus dedos,
me enseña
el destino
al que quiere
llegar solo
para satisfacerse,
debajo de la mesa
no hay telón,
ella misma
es la única
protagonista.

Se mueve
en su silla
mordiéndose
los labios,
sigue
mirándome,
sus mejillas
se enrojecen,
yo continuo
como silencioso
espectador,
de ese
tan deseado
orgasmo.

Me pregunto
sobre la
complejidad
del ser humano,
de fondo suena
una vieja melodía
de Joe Cocker,
lo único
que hago
es mirarla,
enviándole
una señal
de palmas,
que aplauden
por su función.

No habrá pendientes…

Hace tiempo que no sabia de ti

desde aquel adiós apurado y sorpresivo,

al ver luz en las ventanas de tu casa

pensé que luego de años de abandono,

la habrías arrendado para evitar el recuerdo

lo que con tus padres en ella, habías sufrido.

Luego de mi cena continúe pensando en ti

cuando nos abrazamos en el porche de esa casa,

subí a mi dormitorio con ese fuerte recuerdo

y al llegar no pude dejar de mirar por la ventana,

por si alguna silueta se recortaba detrás de las cortinas.

Desperté casi acompañando al amanecer,

no dormí del todo bien y hasta soñé contigo,

me di la ducha de cada mañana bajando luego

a preparar como todos los días mi desayuno.

Escuche música ochentosa en alto volumen

como si alguien quisiera inyectar movimiento

y despertar al vecindario sin importarle nada,

me sorprendí al verte en la ventana bailando

eras tu sin duda alguna quien había regresado.

Miraste, me sorprendiste viéndote y fue así

que levantaste tu mano como gesto de saludo,

me alegro tanto ese gesto como el que hiciste

luego al darme a conocer que querías verme.

Pensé que siempre en la vida, nada debe quedar

en nuestro camino como tema pendiente

y más aún, cuando de amor se trata…