Las ranas negras de Chernóbil: el descubrimiento español que dispara las posibilidades de la exploración espacial.

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En 2016, Germán Orizaola y Pablo Burraco encontraron una rana de San Antonio negra como el tizón. Hacía muy poco que habían empezado a trabajar en las inmediaciones de Chernóbil y buscaban aprovechar los pecios de la catástrofe para observar a la evolución en vivo y en directo. Y, pese a todo, las ranas negras los dejaron fuera de juego.

¿Qué tiene de especial una rana negra? La rana de San Antonio oriental (Hyla orientalis) es verde brillante. Un verde brillante muy característico, de hecho. 

Es cierto que, ocasionalmente, se pueden encontrar individuos algo más oscuro, pero ¿negros? Tras la sorpresa, los investigadores se dieron cuenta de que quizás era algo que tenía sentido: al fin y al cabo, la misma sustancia responsable del color oscuro en la mayoría de los animales (la melanina) se ha relacionado constantemente con la reducción de los efectos negativos de la radiación ultravioleta.

Es decir, «la melanina absorbe y disipa parte de la energía de las ondas radiactivas. Además, puede captar y reducir el número de radicales libres que generan. 

Estas acciones reducen la probabilidad de sufrir daños celulares que disminuyan la supervivencia de los individuos», explican Orizaola y Burraco. ¿Era posible que lo que tuvieran entre manos fuera, precisamente, una adaptación a la radiación ionizante?

Germán Orizaola/Pablo Burraco

En busca de la rana perdida. Para averiguarlo, los investigadores examinaron unas 200 ranas macho entre 2017 y 2019. De hecho, para averiguar si la ‘correlación’ con Chernóbil era cierta (o se trataba, no sé, de una variante autóctona que hasta ese momento no había sido identificada), las ranas macho se recogieron en muchas zonas del norte de Ucrania: algunas estaban en el corazón de la zona de exclusión, lejos de la central y tenían zonas normales de radioactividad.

La evolución, en acción. Tras estos años de trabajo, descubrieron efectivamente que «las ranas de Chernóbil tienen una coloración mucho más oscura que las ranas capturadas en zonas control fuera de la Zona de Exclusión». 

El diseño observacional del estudio no permite asegurar nada, pero los datos sugieren fuertemente que «las ranas oscuras habrían sobrevivido mejor a la radiación y se habrían reproducido con más éxito». 

En apenas diez generaciones las ranas pasaron un proceso acelerado de selección natural que ha marcado de manera tremendamente llamativa a las ranas de la Zona de Exclusión.

Más allá de las ranas. 

Sin embargo, esto va mucho más allá de las ranas. Es más precisamente por tratarse posiblemente de uno de los ejemplos más claros de adaptación a los efectos de la radiación ionizante hay mucha miga en este descubrimiento. 

Al fin y al cabo, el estudio de las ranas negras de Chernóbil constituye el primer paso para entender mejor el papel protector de la melanina en ambientes afectados por contaminación radiactiva. Es decir, estamos ante un estudio clave para entender que la biología tiene un papel central en la exploración espacial.

Imagen de portada: Gentileza de Xataka.

FUENTE RESPONSABLE: Xataka. Por Javier Jiménez. 24 de septiembre 2022.

Ecología/Naturaleza/Rana/Chernóbil/Radiación.

 

Así es la zona crepuscular del océano: la región más oscura de los mares que rebosa en especies multicolor.

La zona crepuscular oceánica se encuentra a 1,000 metros de profundidad en el mar. Ahí, donde ni siquiera la luz del Sol alcanza a llegar.

A la zona crepuscular oceánica no llega la luz del Sol. Está tan por debajo de la superficie en los mares, que la vida transcurre completamente a oscuras.

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Por ello, un ecosistema que parece traído de otro mundo se desarrolla mayormente en silencio. Animales con luces integradas. Peces ciegos con fauces que parecen desproporcionadas a su tamaño. Especies minúsculas que integran un ecosistema microscópico. Todos ellos integran este reino de sombras.

Aunque parezca completamente ajena a la vida sobre la superficie, la zona crepuscular oceánica es fundamental para regular la temperatura del planeta, explica Woods Hole Oceanographic Institution. A pesar de encontrarse a tantos metros por debajo de las olas, actualmente está en riesgo a causa de la crisis climática global. Éstas podrían ser las consecuencias.

¿Dónde está la zona crepuscular oceánica?

Value Beyond View: The Ocean Twilight Zone

La zona crepuscular oceánica se encuentra de 200 a 1,000 metros por debajo de la superficie. Por esta razón, la luz no llega a penetrar esta región del mar. Conocida también como zona mesopelágica, ha desarrollado su propia bioquímica y ecosistemas, como si se tratara de una biosfera completamente diferente a la que se encuentra bajo la influencia del Sol.

En las profundidades del mar, se almacenan entre 2 y 6 mil millones de toneladas de carbon al año. Comparativamente, asegura Woods Hole Oceanographic Institution, esta cantidad es «6 veces la magnitud de emisiones que producen los coches en todo el mundo». Por ello, según los registros de la institución, la zona crepuscular oceánica se entiende como una cápsula de gases de efecto invernadero.

Un calamar de cristal juvenil. Crédito: Institución Oceanográfica Woods Hole / Paul Caiger

Además, esta región en los océanos contiene 10 veces más animales marinos que los que proliferan en la superficie. Por ello, también se puede entender como un banco de alimentos para otras especies que habitan los mares. A pesar de que contiene esta riqueza, y es uno de los ejes primordiales en la regulación de la temperatura global, se conoce muy poco sobre la zona crepuscular oceánica.

¿Qué organismos viven ahí?

La boca de cerda alargada (Sigmops elongatus) es abundante en la zona crepuscular de los océanos. Crédito: Institución Oceanográfica Woods Hole / Paul Caiger.

La zona crepuscular oceánica es mayormente un misterio para la ciencia contemporánea. Dada la profundidad a la que se encuentra, es difícil de estudiar porque alcanzarla puede ser muy costoso —y peligroso— para los investigadores. Y lo que es más: muchas de las especies son demasiado frágiles para aguantar otras condiciones ambientales.

Aún así, la vida florece entre las sombras del planeta, de acuerdo con el estudio publicado en Nature:

«[…] la zona es poco conocida, física, biogeoquímica y ecológicamente. Incluso la cantidad de organismos que viven allí sigue siendo un misterio, por no hablar de su diversidad y función», escriben los autores.

Además, «la zona crepuscular también está al tanto de la migración más grande de la Tierra«. Los científicos aseguran que una amplia variedad de «peces y zooplancton se mueven cientos de metros hacia la superficie cada noche para alimentarse«. Antes de que el Sol aparezca de nuevo, todos ellos se retiran a las sombras nuevamente. , antes de retirarse al amanecer.

Antes de que sea demasiado tarde

El alza en las temperaturas globales representa una amenaza para la zona crepuscular oceánica. Con la creciente celeridad con la que los océanos se calientan, las especies que habitan este espacio desprovisto de luz también podrían verse gravemente afectadas. Y con ellas, uno de los receptores principales de carbono en el planeta podría venirse abajo también.

«Lamentablemente», reconocen los autores del estudio, «es demasiado tarde para evitar un daño ambiental generalizado en estas regiones costeras. En cambio, los esfuerzos de investigación y las políticas locales deben apuntar a mitigar los peores efectos».

A pesar de que los efectos de la crisis climática global ya aquejan a quienes vivimos en la superficie,»la zona crepuscular es casi prístina«. Y lo que es más: es completamente irregular, por lo que no existe una legislación que la proteja. Por ello, enfatizan los científicos, «esto hace que sea de interés y responsabilidad común, y hace necesario un acuerdo global para gestionarlo».

Iniciativa Hope for Reefs de la Academia de Ciencias de California

Sobre la posibilidad de que los gobiernos del mundo empiecen a explotar los recursos disponibles ahí, los científicos no tienen preocupaciones. La zona crepuscular oceánica es todavía inaccesible con la tecnología que existe en la actualidad. Aunque parezca increíble, es más fácil mandar a multimillonarios como Jeff Bezos al espacio que investigar esta región de los mares.

Antes que sea demasiado tarde, los científicos están interesados en aprender más sobre la zona crepuscular oceánica. Tal vez, entre las sombras más profundas del planeta, encontremos las respuestas que necesitamos para mantener las temperaturas del planeta a raya —si la crisis climática global lo permite.

Imagen de portada: WOODS HOLE OCEANOGRAPHIC INSTITUTION

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. 26 de agosto 2022.

Océanos/Biodiversidad/Conservación/Zona crepuscular oceánica/ Ecología 

 

 

 

Acabamos de clonar ratones con una nueva técnica. Es quizá un primer paso para recuperar especies extinguidas.

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El 19 de marzo de 2018, entre soldados armados que protegían su vida, el último rinoceronte blanco del norte macho murió en la reserva keniata de Ol Pejeta. Tenía 45 años y era el último de su extirpe: quedaban tres hembras más, pero con él se apagaba la posibilidad de recuperar una especie a la que cazadores furtivos y medicina tradicional habían llevado hasta el último suspiro. O eso creíamos.

Sin embargo, la batalla genética y reproductiva no había hecho más que empezar y ahora una nueva técnica acaba de abrir la puerta para traer de vuelta no solo al rinoceronte blanco del norte, sino a decenas de especies que se encuentran al borde de la extinción.

¿Qué ha pasado? Un equipo de investigadores de la Universidad de Yamanashi en Japón acaba de crear ratones clonados a partir de células de piel liofilizadas. Hasta ahora las técnicas se habían centrado en células congeladas, pero conservar material biológico en nitrógeno líquido no solo es costoso, está muy expuesto a problemas técnicos. Ante cualquier problema, las células se descomponen y quedan inutilizadas.

La búsqueda de técnicas que permitieran hacer clones a partir de células liofilizadas lleva años encima de la mesa porque, si se conseguía, «los recursos genéticos de todo el mundo se pueden almacenar de forma económica y segura», explicaba el profesor Teruhiko Wakayama, director del proyecto.

Era algo que cambiaba completamente las reglas del juego. “Los países en desarrollo podrían almacenar sus propios recursos genéticos valiosos en sus propios países. Además, esta tecnología puede usarse para crear hembras incluso en especies en peligro de extinción donde solo sobreviven los machos”.

¿Cómo lo han hecho? Lo primero que hicieron los investigadores fue tratar células de la piel de colas de ratones y las almacenaron hasta nueve meses antes de intentar crear clones a partir de ellas. Los procesos de liofilización destrozaron las células. No obstante, casi in extremis, los científicos se dieron cuenta que aún podían crear blastocitos (embriones muy tempranos) si insertaban las células muertas en óvulos de ratón a los que se les había extraído su propio núcleo.

A partir de esos blastocitos, se desarrollaron células madre que se usaron para generar nuevos embriones. Y estos sí que se llevaron a término con éxito. Se crearon 75 ratones y se cruzaron 12 de ellos para comprobar que la fertilidad no se veía afectada. No lo estaba: todas las hembras tuvieron camadas de ratones.

Muchos problemas…El logro es impresionante, pero la tecnología aún es muy torpe, la verdad. El proceso resulta aún bastante impreciso y la tasa de éxito para crear crías de ratón macho y hembra sanas fue muy bajo (menos del 5% llegaron a buen puerto). Sin embargo, el avance allana el camino para aumentar la diversidad genética de especies amenazadas. Ya sabemos que la pérdida de diversidad genética también puede hacer que los animales sean más vulnerables a enfermedades de todo tipo.

…y una esperanza. La moraleja de este experimento (si es que, acaso, los experimentos pueden tener moralejas) es que cada vez necesitamos menos para reconstruir células embrionarias funcionales. Esto es, no lo olvidemos, una carrera de fondo que primero evitará que las especies al borde de la extinción acaben desapareciendo y, después, nos dará herramientas suficientes para traer especies desaparecidas. No parece buena idea jugar con eso herramientas suficientes para, es cierto; y ni siquiera será fácil hacerlo, pero no hay duda de que es una puerta que está a punto de abrirse.

Imagen de portada: Universidad de Yamanashi

FUENTE RESPONSABLE: Xataka. Por Javier Jimenéz. 6 de julio 2022

Sociedad/Ecología/Naturaleza/Ratones/Embriones/Clonación

La laguna salobre más grande de sudamérica se convierte en el nuevo parque nacional de Argentina. Parte 2/2

Mar de Ansenuza

Un aguará guazú (Chrysocyon brachiurus) intenta ocultarse entre los juncos. Los Bañados del Río Dulce concentran buena parte de la población de esta especie cuya supervivencia está en peligro en Argentina. Foto: Yanina Druetta.

El paisaje, los caminos y hasta la cultura cambian en pueblos como La Rinconada, Rosario del Saladillo o Puesto de Castro. El ripio sustituye al asfalto, los arbustos muestran su carácter espinoso y el confort desaparece en la orilla menos favorecida de la laguna. La alta salinidad de los suelos prácticamente los inhabilita para la producción agropecuaria y todo recuerda la cara más árida del Chaco, ecorregión en la cual Córdoba queda incluida, más allá de que apenas queden pequeños parches de bosque nativo.

El coche avanza por el camino polvoriento, cada tanto una columna de humo se recorta en el horizonte. La quema de pastos para alentar el rebrote es una práctica ancestral, pero también un peligro. “Los incendios, debido a las quemas descontroladas, son los problemas más graves de ese sector porque de esa manera se homogeniza el paisaje y se pierde diversidad”, analiza Laura Josens.

La creación de la Reserva Nacional no impedirá que los campesinos continúen usando el fuego, pero el desafío será lograr que lo hagan dentro de un orden establecido. “Habrá que controlar cuándo, cómo y qué parte queman, pero la idea es que el parque sea desarrollo y no prohibición, que no cierre ninguna puerta sino que abra nuevas oportunidades”, sostiene Novarino, que es asistente en el equipo de Aves Argentinas, y pone un ejemplo: “Nuestra misión es hacerle ver a la señora que nos invita a comer una empanada o una torta asada que se las podrá ofrecer y vender al turista que venga a observar pájaros cuando el parque quede abierto al público”.

En los bosques espinosos del lado norte de “la mar” suele escucharse el sonido metálico del canto del gallito de collar (Melanopareia maximiliani). Foto: Yanina Druetta.

El coipo (Myocastor coypus), una nutria roedora, es un habitante habitual de los humedales sudamericanos. Foto: Yanina Druetta.

Miramar, el pueblo que resurgió del agua

El ecoturismo de naturaleza es, sin duda, la gran apuesta de todos los implicados en la promoción del flamante espacio protegido. Lo saben a la perfección en Miramar porque, desde siempre, han vivido del atractivo que la laguna ofrece a los visitantes. “En los años setenta, que fue la época dorada, venían 50.000 personas los fines de semana”, recuerda Matías Michelutti. La bonanza acabó de pronto. Entre 1976 y 1978 la laguna duplicó su tamaño e inundó el pueblo: el 90 % quedó bajo las aguas, incluyendo 102 de los 110 hoteles existentes y de los 5000 residentes habituales apenas quedaron 1200. Solo a partir de 2004 Miramar comenzó a resurgir y ahora la declaración del parque nacional renueva y multiplica las ilusiones.

“Cuando en La Paquita comenzamos a hablar de la explotación turística de la naturaleza la gente dudaba porque creía que no teníamos nada que mostrar. Siempre vimos la laguna como nuestro patio trasero y prácticamente nadie tenía conciencia de lo importante que era la biodiversidad que existía a ocho kilómetros de nuestras casas. Ahora ya tenemos dos emprendimientos de turismo rural”, se entusiasma Juan Carlos Mendoza, director de Turismo y Ambiente del municipio.

Los camarones son el principal alimento de las espátulas rosadas (Platalea ajaja) que pueden hallarse en las cercanías de la costa. Foto: Yanina Druetta.

Situada al este de la laguna, la ciudad de Morteros se jacta de tener los mejores atardeceres de Ansenuza. Con 25 000 habitantes, se trata de la localidad más poblada de la región. Foto: Maximiliano Novarino.

En Ansenuza, la conservación va necesariamente de la mano con el desarrollo sustentable. “El parque es un gran aporte a la lucha contra el cambio climático y representa además el cuidado de áreas que funcionan como grandes sumideros de carbono. Su nacimiento representa, al mismo tiempo, la oportunidad de poner en marcha un sin número de actividades sustentables en la región”, precisa Scotto, el encargado de las cuestiones ambientales en la provincia.

Claro que la esperanza de progreso conlleva a la vez retos y amenazas que habrá que sofocar. “El plan de gestión y manejo del agua será clave. Hay que ordenar el uso público del territorio con estudios previos de impacto ambiental y capacidad de carga. Mi miedo es que quieran aprovecharse los recursos en el corto plazo sin pensar en el largo”, dice la doctora Josens.

La intención de generar un desarrollo sustentable para los pueblos que rodean “la mar” tiene su eje en el turismo de naturaleza. Las cabalgatas entre matorrales, arbustos y espinillos es una de las actividades predilectas. Foto: Maximiliano Novarino.

El caudal de los ríos es la gran preocupación

Los principales riesgos para Ansenuza guardan relación con la cantidad de agua que transportan los ríos que la nutren. Tanto el Salí-Dulce, que atraviesa las ciudades de San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero, La Banda y las termas de Río Hondo; como el Suquía, que transita por la ciudad de Córdoba, una de las tres más pobladas del país, van perdiendo caudal durante su recorrido a partir de canalizaciones, embalses y extracciones de agua para uso urbano o de actividades agropecuarias. “Habría que reactivar el Comité de Cuenca porque la posibilidad de construir un nuevo dique sobre el río Dulce está en carpeta, y haría peligrar el caudal ecológico mínimo que necesita la laguna para subsistir”, asegura Josens.

La posibilidad de contaminación por basuras y efluentes cloacales es una amenaza añadida. Hasta ahora, la alta salinidad de la laguna (80 gramos por litro, mucho mayor que la del mar), derivada de la evaporación que produce la fuerte irradiación solar, parece “defender” la limpieza de las aguas, “pero el riesgo de que una alteración del pH afecte la proliferación del fitoplancton o una mortandad de peces en los ríos siempre está latente”, remarca Josens.

Decenas de miles de falaropos tricolor llegan cada verano a Ansenuza procedentes de América del Norte. Sus enormes bandadas deleitan la vista de los visitantes. Foto: Yanina Druetta.

La brasita de fuego (Coryphospingus cucullatus) es una pequeñísima ave paseriforme con un canto muy peculiar que puede oírse en los alrededores de la laguna. Foto: Yanina Druetta.

Los residuos que generan las localidades que rodean “la mar” es otro punto crucial. Salvo el municipio de La Para, que posee una modélica planta de tratamiento, los basurales a cielo abierto son norma en el resto. “Todas las comunidades —asegura Juan Carlos Mendoza— estamos en camino de erradicarlos gracias a una planta de tratamiento que comenzará a funcionar en Porteña”. En cualquier caso, la toma de conciencia ambiental es todavía muy reciente. “En Morteros empezamos a trabajar el tema en 2019”, acepta Maximiliano Novarino. Aun así, la colocación de contenedores de basuras en la orilla, las campañas de limpieza y la promoción de un cambio de hábitos, como no encender fuego para hacer asados en la costa, van dando frutos.

Un período seco como el actual es ideal para los flamencos porque la escasa profundidad de las aguas les facilita el acceso a la artemia salina, su crustáceo preferido, y les ofrece islotes descubiertos para hacer sus nidos. En tiempos de lluvia, el pejerrey (Odontesthes bonariensis) coloniza el lugar, para el disfrute de las aves que se alimentan de peces, como la gaviota cocinera. En los días de viento, las olas sacuden las aguas y las tablas de windsurf corren sobre ellas.

El Mar de Ansenuza es un organismo vivo que puede aumentar o reducir su tamaño en 20 o 25 kilómetros de largo y de ancho, que se transforma y palpita. El desarrollo social de quienes viven a su alrededor es un reto; la conversión en Parque y Reserva Nacional es la garantía para alcanzarlo conservando su salud y su riquísima biodiversidad.

Una comadreja overa o zarigüeya (Didelphis albiventra) descansa entre las ramas de un árbol. Foto: Yanina Druetta.

Una parina grande o flamenco andino (Phoenicoparrus andinus) despliega toda su plasticidad en el vuelo. Los períodos de sequía multiplican la presencia de la especie en Ansenuza. Foto: Yanina Druetta.

Imagen de portada: : Un grupo de flamencos australes (Phoenicopterus chilensis) se alinea en el frente de la laguna. Esta especie puede verse todo el año en Ansenuza ya que tiene allí sus áreas de nidificación. Foto: Yanina Druetta.

FUENTE RESPONSABLE: Mongabay. Por Rodolfo Chisleanschi. 4 de julio 2022.

Medio Ambiente/Naturaleza/Ecología/Argentina/Laguna de agua salada/Aves/Animales/Reserva Natural.

 

La laguna salobre más grande de sudamérica se convierte en el nuevo parque nacional de Argentina. Parte 1/2

  • Mar de Ansenuza, la nueva área protegida, ocupa unas 600.000 hectáreas, tamaño equivalente a los grandes parques argentinos, como Nahuel Huapi, Iguazú o Los Glaciares.
  • Cientos de miles de aves migratorias llegadas desde Norteamérica, tres especies de flamencos y una multitud de otros seres alados se reúnen en este espejo de agua que se abre en el centro del país.
  • La apuesta por el desarrollo sustentable de una región con muchas diferencias entre las orillas norte y sur de la laguna y el trabajo consensuado con las comunidades locales son una parte fundamental del proyecto.

Una nube de minúsculos seres alados se desplazan a toda velocidad sobre el agua. Avanzan, giran y retroceden con asombrosa armonía. “Son falaropos nadadores (Phalaropus tricolor), aves de no más de 25 centímetros que cada temporada llegan por cientos de miles a la laguna”, comenta la doctora Laura Josens, bióloga y coordinadora territorial del Programa Tierras de la organización no gubernamental Aves Argentinas. Los flamencos, inmutables ante semejante despliegue, ni los miran.

El escenario del espectáculo es Mar Chiquita, la quinta laguna de agua salobre más grande del mundo, la primera de Sudamérica, un gigantesco humedal que acaba de transformarse en el Parque y Reserva Nacional de Ansenuza y en donde las aves son sin duda las grandes estrellas. Ejemplares de más de 300 especies se reúnen en verano, cuando arriban aquellas que viajan cada año, principalmente desde Norteamérica.

Aquí se dan cita tres de las seis variedades de flamencos que existen en el planeta —el de James o parina chica (Phoenicoparrus jamesi), el andino o parina grande (Phoenicoparrus andinus) y el común o austral (Phoenicopterus chilensis)— junto al 36 % de la avifauna del país y el 66 % del total de aves migratorias y playeras.

A la izquierda un flamenco austral; a la derecha, una parina chica (Phoenicoparrus jamesi)  y sobre ellos un tero (Vanellus chilensis). Tres especies diferentes en apenas un metro de agua de la laguna. Foto: Yanina Druetta.

Punto final de la mayor cuenca endorreica de la Argentina (es decir, que no tiene salida fluvial al océano), el también llamado Mar de Ansenuza (diosa de las aguas para los pueblos originarios que habitaban la región) es el corazón de un área que incluye a los bañados del río Dulce, espacio de muy difícil acceso que concentra una riquísima diversidad en sus 50 kilómetros de ancho y es el hábitat ideal para el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), un cánido en peligro de extinción en el país, así como para yaguarundi (Herpailurus yagouaroundi), coipos (Myocastor coypus), tortugas terrestres, carpinchos, zorros, hurones, corzuelas o peludos.

Las cámaras trampa de la organización Natura Internacional —participante destacada en la creación del parque— descubrieron incluso la presencia del aguará popé (Procyon cancrivorus), mapache americano que se suponía extinto en la provincia.

Si deseas ver los videos; pincha en los links. Muchas gracias.

https://youtu.be/17t6b7WlNZE?t=2

Trabajo mancomunado en torno a “la mar”

El Dulce (llamado Salí en su curso superior) es el eje principal de la cuenca y aporta el 80 % del líquido que alimenta la laguna. El 20 % restante llega desde el sur a través de los ríos Suquía y Xanaes. Entre los tres se ocupan de rellenar una superficie de amplitud muy cambiante. “Actualmente estamos en un período de seca y el espejo de agua ha retrocedido mucho. Debe rondar las 400 000 hectáreas, pero en 2003 o en 2015 alcanzó el millón”, indica Matías Michelutti, bisnieto de quien fue primer alcalde de la localidad de Miramar, la única con acceso directo a lo que en la zona denominan “la mar”: “No debe ser fácil trazar los límites de un Parque Nacional con una dinámica tan fluctuante”, subraya.

En efecto, los límites de las nuevas áreas protegidas son, en buena medida, líneas en el aire determinadas luego de un largo proceso de estudios técnicos y catastrales, obligados por las particularidades del entorno. “En la orilla sur hay campos privados que hace 30 años están bajo el agua y se decidió que el parque comience justo donde terminan esos terrenos. Hacia el norte, donde las formas y condiciones de vida son muy diferentes, era necesario garantizar que la gente pudiera continuar con sus actividades económicas habituales, y por eso se le dio el carácter de Reserva Nacional”, explica Juan Carlos Mendoza, actual director de Turismo y Ambiente de La Paquita, municipio de 1056 habitantes, uno de los 21 que rodean “la mar”.

Para complicar aún más los mapas, ambos espacios se solapan con la Reserva Provincial de Usos Múltiples que se extiende hacia el norte. “Este es uno de los mejores ejemplos de trabajo mancomunado y participativo en la declaración de un área protegida, porque además del apoyo del gobierno y de toda la Legislatura provincial de Córdoba han intervenido las comunidades que habitan el territorio y muchas organizaciones no gubernamentales”, se enorgullece Hernán Casañas, director ejecutivo de Aves Argentinas, entidad que en 2015 decidió impulsar un proyecto en el que por entonces muy pocos creían.

“Este es un hecho de trascendencia internacional, un gran paso en la conservación de un ecosistema maravilloso”, afirma con indisimulada satisfacción Juan Carlos Scotto, Secretario de Ambiente de Córdoba. No le faltan razones para sostener su argumento, ya que varias organizaciones internacionales han participado en la creación del parque, interesadas en apoyar las migraciones de especies que pueblan los lagos de Estados Unidos y Canadá.

El aporte de la Wyss Foundation —5,8 millones de dólares— es el principal sostén financiero para dar los primeros pasos en el desarrollo del área. “Destinaremos una parte a la compra de tierras alrededor de la laguna que donaremos a la Administración de Parques Nacionales, y otra para establecer las infraestructuras básicas: casas para los guardaparques, señalización, cartelería, senderos, vehículos…”, señala Casañas.

Los llamativos colores del pico caracterizan a la gallineta de pico pintado (Pardirallus sanguinolentus), una de las más de 300 especies que tienen su hogar en la laguna. Foto: Yanina Druetta.

En su tramo final, el río Dulce da lugar a un sistema de bañados que ocupa prácticamente todo el sector norte de la Reserva Nacional. Es allí donde los campesinos llevan su ganado en la temporada seca. Foto: Yanina Druetta.

Pobreza al norte, desarrollo en el sur

El guardaparques Matías Carpineto, quien ya estaba coordinando las tareas en el lugar y desde principios de julio es el intendente de la nueva área protegida, es decir, la persona que a cargo de toda la organización y control del parque, comenta: “El área ocupa la máxima categoría de complejidad en la clasificación de los parques argentinos. Esto se debe a su tamaño, a la cantidad de municipios que rodean la laguna y al fuerte componente social que es parte central del proyecto”.

Ansenuza es una entidad que verdaderamente divide aguas. En todo el anillo sur se ubica una de las principales cuencas lecheras de la Argentina: “En nuestra ciudad hay 250 tambos (corrales de ordeña) que emplean a 50 personas cada uno, generando una enorme actividad económica”, puntualiza Maximiliano Novarino, director de Turismo de Morteros, la localidad más poblada de la región.

Una situación diferente se vive en el arco norte, donde decaen dramáticamente los niveles de desarrollo en infraestructuras, servicios y densidad habitacional: “Los campesinos de esa zona viven de una ganadería extensiva muy limitada por las dificultades de acceso al agua potable y su renta per cápita es muy, muy baja”, señala Carpineto.

En períodos de sequía la laguna retrocede y deja tras de sí amplias playas de sal. Son el resultado final de un proceso que comienza con la evaporación del agua debido a la potente radiación solar. Foto: Yanina Druetta.

Imagen de portada: : Un grupo de flamencos australes (Phoenicopterus chilensis) se alinea en el frente de la laguna. Esta especie puede verse todo el año en Ansenuza ya que tiene allí sus áreas de nidificación. Foto: Yanina Druetta.

FUENTE RESPONSABLE: Mongabay. Por Rodolfo Chisleanschi. 4 de julio 2022.

Medio Ambiente/Naturaleza/Ecología/Argentina/Laguna de agua salada/Aves/Animales/Reserva Natural.

 

El telescopio espacial James Webb es una enorme cámara térmica. Las mejores imágenes desde el Hubble.

Los astrónomos han utilizado durante mucho tiempo la tecnología infrarroja, usada en las imágenes térmicas, para ver el espacio profundo. El enorme telescopio espacial lleva la tecnología a otro nivel.

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Los científicos están entusiasmados con el próximo envío de las primeras imágenes a todo color del Telescopio Espacial James Webb, el telescopio espacial infrarrojo más grande y poderoso, previsto para julio.

«[Las imágenes] seguramente fascinarán tanto a los astrónomos y como al público», dijo Klaus Pontoppidan, astrónomo del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial en Estados Unidos.

Se necesitaron más de dos décadas para desarrollar el telescopio espacial James Webb, a un costo de alrededor de 10.000 millones de dólares, y se espera que las primeras imágenes sirvan para justificar todo el trabajo, el tiempo y el presupuesto invertidos.

El telescopio espacial James Webb fue lanzado en diciembre de 2021 como proyecto conjunto entre la NASA, la agencia espacial estadounidense y las agencias espaciales europea y canadiense.

El aparato utiliza tecnología infrarroja para permitir a los científicos ver las profundidades del espacio. De este modo, los astrónomos quieren ver galaxias y estrellas distantes y entender cómo se han formado.

También esperan que el telescopio les permita aprender más sobre exoplanetas, planetas que orbitan estrellas que no son nuestro propio sol, y buscar signos de vida.

¿Qué es la tecnología infrarroja?

Al igual que con la luz visible, el tipo de luz que podemos ver con nuestros ojos, la infrarroja es una forma de radiación electromagnética.

La radiación electromagnética viene en diferentes longitudes de onda que se encuentran en un espectro que incluye a las microondas, los rayos infrarrojos, la luz visible, la luz ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma.

El infrarrojo es en sí mismo una gran parte del espectro electromagnético y se divide en infrarrojo cercano, infrarrojo medio e infrarrojo lejano.

Si has visto películas como «Predator», la serie documental «Planet Earth» o la actuación de Thirty Seconds to Mars en los MTV Video Music Awards 2017, estarás familiarizado con la luz infrarroja y algunos de sus usos.

Todos los ejemplos anteriores utilizaron cámaras térmicas, que capturan luz infrarroja.

Las cámaras térmicas también se utilizan en los aeropuertos para medir la temperatura corporal de las personas, que aumenta cuando se tiene fiebre, por ejemplo, por una infección por SARS-CoV-2.

Algunas serpientes, como las víboras, las pitones y las boas, tienen órganos especiales de «fosa» que también pueden detectar la radiación infrarroja, o el calor corporal, de sus presas.

¿Cómo funcionan las cámaras térmicas infrarrojas?

Todo lo que esté por encima del cero absoluto (-273,15 grados Celsius / -459,67 grados Fahrenheit), ya sea vivo o inanimado, emite radiación infrarroja, eso te incluye a ti y a la silla en la que estás sentado.

Incluso si no podemos ver el objeto con nuestros ojos, emitirá radiación de calor. 

Podemos detectar esa radiación con infrarrojos y luego convertir esos datos en una imagen, usando diferentes colores para ilustrar la intensidad de la radiación infrarroja. Y eso crea un contorno con contornos detallados del objeto.

Así ha avanzado la resolución de las imágenes infrarrojas obtenidas por telescopios espaciales.

Eso es similar a cómo los telescopios infrarrojos como el Telescopio Espacial James Webb crean imágenes desde el espacio.

¿Por qué usa infrarrojos el telescopio espacial James Webb?

Los astrónomos necesitan infrarrojos para poder ver las primeras estrellas y galaxias.

Los infrarrojos nos permiten ver a través de nubes de polvo que, de lo contrario, bloquearían nuestra vista.

Las nubes de polvo son el lugar donde nacen las estrellas y los planetas, y poder ver a través de ellas nos ayudará a comprender mejor cómo se forman esas estrellas y planetas.

El telescopio espacial James Webb tiene un espejo enorme para capturar la luz de estrellas y planetas distantes.

El espejo es seis veces más grande que el utilizado en su predecesor, el Telescopio Espacial Hubble. El Telescopio Espacial James Webb debería ser capaz de ver objetos que son de 10 a 100 veces más débiles de lo que podía ver el Hubble, y tomar imágenes mucho más nítidas y detalladas en infrarrojo que cualquier telescopio anterior de su tipo.

Una nueva era infrarroja

El infrarrojo fue descubierto en 1800 por el astrónomo británico nacido en Alemania William Herschel, uno de los principales astrónomos detrás del descubrimiento de Urano.

Herschel usó un prisma y un termómetro para medir cómo los diferentes colores de la luz influían en la temperatura y notó que el mayor aumento de temperatura estaba en una región que se conoció como infrarroja.

El telescopio James Webb fue lanzado en diciembre pasado desde la Guyana Francesa.

Ha habido muchos más descubrimientos y mejoras tecnológicas desde entonces, incluida la primera detección de radiación infrarroja de la Luna en 1856.

En 1878 llegó la invención del bolómetro, un dispositivo de medición infrarrojo, que se utilizó de forma actualizada en el Observatorio Espacial Herschel hasta 2013.

Los detectores de infrarrojos continúan mejorando en sensibilidad y precisión, lo que permite a los científicos detectar la luz infrarroja de planetas como Júpiter y Saturno.

El telescopio espacial James Webb ahora se sumará a esta rica historia al mirar más atrás en el tiempo y con detalles inéditos.

Si tenemos suerte, revelará cómo era el universo unos pocos cientos de millones de años después del Big Bang.

ALGUNAS DE LAS IMÁGENES MÁS BELLAS CAPTURADAS POR EL TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE.

Problema informático resuelto

Entre el 13 de junio y el 15 de julio de 2021 el telescopio espacial Hubble no entregó imágenes debido a la falla de un ordenador que controla sus instrumentos tecnológicos. Por ello, la NASA tuvo que llamar a los expertos para que volvieran de su retiro, y estos lograron reiniciar el ordenador. Durante más de tres décadas, el Hubble ofreció imágenes fascinantes del cosmos, y continúa haciéndolo.

Una galaxia como regalo de cumpleaños

En 2020, la NASA eligió esta imagen para celebrar el 30º cumpleaños del telescopio espacial Hubble. Aquí se muestra la nebulosa gigante NGC 2014 y la galaxia vecina NGC 2020: juntas forman parte de una región de estrellas en la Nube de Magallanes, una galaxia satélite de la Vía Láctea, ubicada a unos 163.000 años luz de la Tierra.

¿Mejor que «La Guerra de las Galaxias»?

En 2015, justo a tiempo para el estreno de una película de la saga de «La Guerra de las Galaxias», el Hubble fotografió un sable láser cósmico a unos 1.300 años luz de la Tierra. Aquí se aprecia el nacimiento de un sistema estelar, mezclado con un poco de polvo interestelar. El telescopio espacial siempre captura fotos fascinantes, como lo muestran las siguientes imágenes.

Ojos en el espacio exterior

Desde 1990, el veterano de los telescopios espaciales da vueltas alrededor de la Tierra, a 600 kilómetros de altura y a unos 28.000 kilómetros por hora. El Hubble mide once metros de largo y pesa unas once toneladas, es decir, es tan grande y pesado como un autobús escolar.

Entre explosiones cósmicas

El Hubble ha contribuido a atestiguar el nacimiento de estrellas y planetas, a determinar la edad del universo y a estudiar la misteriosa materia oscura que impulsa el cosmos. Aquí vemos una gigantesca bola de gas creada por la explosión de una supernova.

Los colores del cosmos

Esta coloración casi psicodélica es creada por diferentes gases. El rojo, por ejemplo, es producido por el azufre, el verde, por el hidrógeno, y el azul es provocado por el oxígeno.

Sin embargo, las primeras fotos del Hubble fueron un desastre. Esto se debió a que el espejo principal, de 2,4 metros, estaba mal colocado. En 1993, el transbordador espacial Endeavour despegó en dirección al Hubble. El telescopio recibió un par de gafas: fueron necesarias un total de cinco misiones para mantener y renovar el Hubble. La última ocurrió en mayo de 2009.

Jardín estelar

El Hubble tomó esta magnífica foto en diciembre de 2009. Los puntos azules son estrellas muy jóvenes, de apenas unos miles de millones de años. Este jardín estelar se encuentra en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite y compañera de nuestra Vía Láctea.

¿Una mariposa?

¿Qué tal una foto instantánea desde el espacio exterior? En realidad, nadie sabe qué fotografió exactamente el Hubble aquí, pero eso no significa que la imagen sea menos impactante. Este es uno de los 30.000 objetos celestes que el Hubble ha capturado para la eternidad.

Sombrero cósmico

Esta foto es, como la mayoría de las imágenes del Hubble, una composición de muchas tomas individuales. La galaxia del Sombrero se encuentra en la constelación de Virgo y está a solo 28 millones de años luz de la Tierra.

Edwin Powell Hubble

El telescopio espacial lleva el nombre del astrónomo estadounidense Edwin Powell Hubble (1889-1953), quien descubrió que la mayoría de las galaxias se alejan de la Vía Láctea. Así, el astrónomo sentó las bases de la teoría del Big Bang según la cosmología moderna.

Los Pilares de la Creación

Estas formaciones con aspecto de columnas se encuentran en la nebulosa del Águila, a unos 7.000 años luz de nosotros. Fueron fotografiadas por el Hubble y se hicieron mundialmente famosas con el nombre de «Pilares de la Creación».

Sucesor a la vista

Se espera que el Hubble siga funcionando todavía durante un tiempo. Sin embargo, debido a su órbita en constante descenso, es posible que el telescopio vuelva a entrar en la atmósfera terrestre en 2024, y se incendie. Pero el sucesor ya está listo: el telescopio James Webb será lanzado al espacio en 2021, y su lugar de trabajo estará a un millón y medio de kilómetros de la Tierra.

Carita feliz

Esta, por cierto, es otra de las creaciones de Hubble: ¡un emoticón espacial! ¿La explicación fácil? Fue hecha, por decirlo de alguna manera, «doblando» la luz. Autor: Judith Hartl

Imagen de portada: NASA Picture Alliance

FUENTE RESPONSABLE: Made for Minds. 4 de julio 2022.

Ciencia y Ecología/Telescopios/James Webb/Cámara térmica/ Imagenes/Marte/Júpiter/Big Bang/Espacio

Seis formas en que puede desaparecer la civilización.

¿Cuáles son los peligros que acechan a nuestra civilización? ¿Cómo desapareceremos? ¿Por culpa de algún meteorito? ¿Un vulcanismo desatado? ¿O será por nuestra propia incompetencia a la hora de gestionar los recursos de este planeta?

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A pesar de lo que decía la famosa frase publicitaria, ni siquiera los diamantes son para siempre. La historia del planeta nos revela que toda especie tiene su fecha de caducidad: lo que no nos dice es cuándo y como. En particular, ¿cómo desapareceremos nosotros? He aquí algunas posibilidades.

Desaparición del campo magnético terrestre

Nuestro planeta se encuentra bombardeado continuamente por una lluvia de partículas de alta energía, los rayos cósmicos. Parte de ellas las detiene la atmósfera, que actúa como una capa protectora, no totalmente eficiente pero tampoco completamente ineficaz. También existe otro tipo de protección más efectiva pero menos duradera, que es el campo magnético de la Tierra, una escudo de fuerza generado por el lento giro del núcleo de hierro fundido que nos protege de las partículas cargadas que contiene la radiación cósmica. Ahora bien, este escudo parece haber perdido un 15% de la intensidad que poseía en 1670, cuando se realizaron las primeras medida dignas de confianza: de seguir así desaparecerá en el año 4000. Por si no fuera poco, sabemos que el campo magnético ha invertido su polaridad varias veces a lo largo de la historia, la última vez hace 780.000 años. Y para que suceda una inversión debe reducirse a cero durante un tiempo.

¿Deberíamos preocuparnos? No existe ninguna correlación entre pasadas extinciones y descensos globales del campo magnético, pero eso no implica que no vaya a afectarnos. El problema es que no sabemos lo suficiente para poder decidir cuáles serán esos impactos y cómo protegernos de ellos.

La llegada de Skynet

¿Recordamos la película Terminator? En ella la gran máquina de Inteligencia Artificial (IA) Skynet decidió que la Humanidad era superflua y que lo mejor que podía hacer era hacerla desparecer. Pues bien, tanto el fundador de SpaceX y Tesla Motors, Elon Musk, como el fallecido Stephen Hawking han expresado su temor a que algo así pueda suceder. Para Musk, la IA es “potencialmente más peligrosa que las armas nucleares” y para el físico “el desarrollo de una IA completa será el anuncio del final de la raza humana”.

Sin embargo eso no parece preocupar a los millonarios tecnológicos de Silicon Valley. Allí más de 200 empresas están a la caza de una verdadera IA. ¿Debemos temer lo que salga de esos laboratorios? La historia nos ha demostrado que los expertos confían en exceso en su capacidad para lidiar con cualquier cosa. Eso nos ha llevado a situaciones como la de Fukushima, situada en un país donde todo se construye en previsión de un gran terremoto…  Y la naturaleza los pilló con los calzones bajados. La explosión de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon en el Golfo de México en 2010 fue la demostración clara de que los especialistas son incapaces de comprender los riesgos de su propia actividad. Semejante petulancia terminó con más de 11 000 km2 de aguas contaminadas. Por eso no es extraño que haya quien piense que cuando un experto dice que no hay que nada que temer, es el momento de echarse a temblar.

Desastre biotecnológico

En muchas ocasiones los científicos, llevados por su pasión, no son conscientes de lo que puede provocar, y que cualquier mínimo error puede acabar en desastre. Y avisos ya hemos tenido varios, como el de mediados del siglo pasado en la Universidad de Sao Paulo de la mano de Warwick Estevam Ker, uno de los mejores genetistas brasileños y el gran especialista en abejas del mundo. Ker buscaba una especie nueva de abeja que produjera mucha miel y fuera resistente al clima de Brasil. Para ello cruzó las melíferas abejas europeas con las violentas abejas africanas, perfectamente adaptadas a ambientes cálidos y húmedos. De ese cruce nació una robusta abeja productora. Al igual que en una película de serie B, un error humano dejó libres a 26 reinas de esas abejas africanizadas. Warwick Kerr no se preocupó porque pensó que no prosperarían, pero pronto empezaron a llegar noticias de abejas salvajes que atacaban a seres humanos. Bautizadas por la prensa como ‘abejas asesinas’, se fueron extendiendo por toda América a una velocidad de 150 km al año, llegando a EE UU en 1985.

El asteroide del fin del mundo

El 15 de febrero de 2013 un asteroide de 17 metros de diámetro provocó una explosión 35 veces más potente que la bomba atómica de Hiroshima en la región de Chelyabinsk, Rusia. La roca no fue detectada hasta que entró en la atmósfera.

Una cosa debemos tener clara: no vivimos en un barrio demasiado tranquilo. Nuestra apacible vida cósmica puede verse trastocada por un asteroide o un cometa cuya órbita atraviese la de la Tierra. Saber cuántos cruzan la órbita de la Tierra es complicado pero podemos dar algunos datos: mayores de 1 km de diámetro se cree que hay unos 2.000; por encima de 500 m, unos 10.000; mayores de 100 m, 300 000 y de 10 m puede haber 150 millones. Por debajo de ese tamaño no resultan peligrosos: cada año suele llegar uno pero se desintegra antes de llegar al suelo. Para enfrentarnos a la extinción global solo necesitamos un asteroide entre uno y diez kilómetros de diámetro. En el peor de los casos la energía del impacto sería unas 500.000 veces el potencial nuclear mundial. Y la probabilidad de que en los próximos 50 años caiga un objeto así es de una entre 6.000 y 20.000: es más difícil que a usted le toque el gordo de la lotería.

Pandemia global

Hace 30 años creíamos haber acabado con dos temibles enfermedades, la viruela y la polio, pero otras tomaron su relevo. Así surgió el VIH y se comenzó a tener noticia de otros temibles virus, Ébola y Marburg, de los que se desconocía casi todo salvo su virulencia. También hemos tenido un resurgimiento de patógenos que se creían erradicados, y que muchas veces han venido acompañados de nuevas capacidades para resistir los tratamientos antivirales. Por último, tenemos la extensión a otras regiones de algunas enfermedades características de latitudes concretas, como la malaria y el dengue. Todos estos hechos han provocado que se haya desplomado el optimismo de poder controlar las enfermedades infecciosas.

En la mayoría de los casos estos virus estaban ya presentes en la naturaleza en ciclos que incluían la presencia de uno o varios hospedadores animales, y lo cierto es que el salto a la especie humana ha favorecido el desarrollo de una nueva enfermedad con síntomas mucho más graves que los desarrollados en su reservorio animal habitual. La regla es que un cambio de hospedador lleva asociado un aumento de virulencia. Un ejemplo de estos virus emergentes es el culpable de la primera pandemia del siglo XX, el SARS-CoV-2. Con un porcentaje de letalidad muy bajo (alrededor del 3% de los infectados), ha provocado una crisis mundial económica y sanitaria de proporciones inimaginables. La Covid 19 ha demostrado de la forma más cruda que no estamos preparados para una pandemia global mucho más letal.

La siguiente edad del hielo

Dentro de unas cuantas decenas de miles de años -prácticamente el mismo tiempo que ha pasado desde nuestra época de cazador-recolector- nos encontraremos ante un planeta blanco, donde la nieve cubrirá desde los polos hasta el ecuador. El nivel del mar caerá dejando a la vista nuevas costas, uniendo islas con continentes y convirtiendo los golfos en praderas. Los pocos humanos vivos posiblemente se acurrucarán alrededor de fuegos de campamento en las zonas ecuatoriales. Estaremos en la siguiente Edad del Hielo, peor que la soportada por cromagnones y neanderthales. Y muchos científicos piensan que se está iniciando ahora.

Referencia: Close, F. (1990) END – Cosmic Catastrophe and the Fate of The Universe, Penguin Books

Imagen de portada: Muy interesante

FUENTE RESPONSABLE: Muy interesante. Por Miguel Ángel Sabadell. 21 de junio 2022.

Sociedad/Biotecnólogia/Cambio climático/Ciencia/Ecología

 

El Glaciar del “Fin del Mundo” se esta derritiendo con la mayor rapidez en 5.500 años.

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El Glaciar Thwaites es un área inusualmente grande de hielo en la Antártida. La NASA lo ha considerado como un parámetro de la salud de los bloques congelados en el polo sur de nuestro planeta. Por la superficie tan extensa que tiene, ha sido monitoreado de cerca, por su potencial de elevar el nivel del mar hasta extremos insostenibles. Coloquialmente, por esta razón, se le conoce como glaciar del ‘fin del mundo’.

Geográficamente, esta vasta región congelada desemboca en Pine Island Bay, en el extremo más austral de la Tierra. Recibe su nombre oficial del geólogo glaciar Fredrik T. Thwaites, quien dedicó la mayor parte de su carrera a estudiar la naturaleza y morfología de las formaciones de hielo en el polo sur. Después de años de que falleció el científico, el glaciar que heredó su nombre se considera como el «vientre débil» de la capa de hielo de la Antártida occidental.

Cada vez más vulnerable

Wikimedia Commons

La quema de combustibles fósiles ha generado gases de efecto invernadero por décadas. A causa del ritmo acelerado con el que los utilizamos como fuente de energía principal, los casquetes de hielo que antaño recubrían los polos terrestres se han venido rápidamente a menos. El derretimiento glaciar del ‘fin del mundo’ es la expresión más preocupante de este deterioro ecológico.

Desde hace unos cuantos años, éste y otros glaciares antaño perennes de la Antártida han incrementado su flujo. Principalmente, por el alza en las temperaturas globales. De acuerdo con un estudio reciente, publicado en Nature Geoscience, el glaciar Thwaites está alcanzando sus niveles de deshielo más acelerados en más de 5 mil 500 años.

De acuerdo con el equipo internacional de científicos a cargo del estudio, esto podría provocar un alza aproximada de 3.3 metros en los niveles del nivel del mar en varios países. En consecuencia, el avance de las olas podría provocar la desaparición de poblados enteros.

Así lo explican los investigadores en el artículo:

«[…] las tasas actuales de levantamiento del lecho rocoso son un orden de magnitud mayor que la tasa de caída relativa del nivel del mar a largo plazo, lo que sugiere un cambio en la descarga de la corteza regional e implica que la desglaciación actual puede no tener precedentes en los últimos 5 mil 500 años».

Para la investigación, los científicos compararon sus mediciones con modelos existentes de la dinámica entre el hielo y la corteza terrestre. A partir de ello, reconocen que estos «no representaban con precisión la historia del nivel del mar», según escriben en un comunicado. Sin embargo, los resultados son valiosos para tener una ‘imagen más precisa’ de la Antártida, y de las consecuencias que la crisis climática global está teniendo sobre el continente helado.

UNAM declara extinto el Glaciar de Ayoloco del Iztaccíhuatl y coloca placa de la vergüenza. (National Geographic. Por Andrea Fischer. Abril 2021)

Foto: María Paula Martínez

Después de milenios de revestir de blanco al Iztaccíhuatl, el glaciar Ayoloco es declarado extinto por expertos de la UNAM.

Desde tiempos inmemoriales, la Ciudad de México ha estado coronada por volcanes. El Popocatépetl y el Iztaccíhuatl son emblemas capitalinos: forman parte de la línea del horizonte de la capital mexicana, cuando el smog y el viento así lo permiten, con su silueta reconocible en la frontera entre el Estado de México y Puebla.

Después de milenios, la actividad humana generó que el glaciar más importante de uno de ellos desapareciera para siempre.

Iztaccíhuatl: la mujer dormida se quedó sin su vestido blanco.

Tanto el Popocatépetl como el Iztaccíhuatl tienen una presencia cultural milenaria en la cosmogonía de los pueblos originarios mexicanos. En el caso del segundo volcán, cuenta la leyenda que un guerrero tlaxcalteca se enamoró de una joven gobernante de un pueblo aledaño.

Al mismo tiempo, una guerra sanguinaria entre los aztecas y los tlaxcaltecas se desató. Antes de que el soldado partiera a librar una batalla contra el enemigo, pidió la mano de la joven a quien le había jurado amor incondicional. Su padre, un cacique poderoso, le concedió su bendición, siempre y cuando volviera sano y salvo del frente de batalla.

A la espera, la novia se vistió de blanco. Sin embargo, alguno de los enemigos de su prometido le informó que había perdido la vida. Ella se enfermó de tristeza, y falleció poco tiempo después sin saber que la noticia era falsa. Cuando el guerrero volvió victorioso de la guerra, se enfrentó con la noticia de que su amada había muerto.

A manera de rendirle homenaje, ella subió a un monte con una antorcha incandescente, donde la vela hasta la fecha. Con el tiempo, se convirtieron en volcanes. Hoy, milenios después de que la leyenda se fincó en la tierra, el Iztaccíhuatl perdió su vestido blanco a causa del calentamiento global.

Imagen de portada:NASA / WIKIMEDIA COMMONS

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. 22 de junio 2022.

Antártida/Cambio climático/Crisis climática/Deshielo/Ecología

Un experimento para fabricar oxígeno en la Luna nos acerca a un hito en la Tierra: el acero verde.

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La exploración espacial ha traído muchos beneficios directos a los que habitamos en la Tierra, a veces ni siquiera es necesario mandar una nave al espacio para lograrlos. Podría ser el caso de la empresa israelí Helios, cuyos científicos intentaban buscar una forma de crear oxígeno en la luna y hallaron una forma de producir acero verde: un método de producción que minimiza las emisiones industriales de CO2.

Una industria mastodóntica con enormes emisiones. La industria del acero es una de las industrias más tradicionales, con unas raíces hundidas en las revoluciones industriales del siglo XIX. El mundo produce unas 2.000 millones de toneladas de este compuesto, la mayor parte a través del sistema de acería de oxígeno básico, un método siderúrgico heredero directo del proceso Bessemer creado en 1850. Algo menos de un tercio de la producción en cambio se hace a través del horno de arco eléctrico, un método con menos emisiones de dióxido de carbono o CO2.

Las emisiones de CO2 son de hecho uno de los grandes problemas de esta industria, que puede llegar a generar el doble de emisiones que de producto (la mayor parte emisiones indirectas por la gran cantidad de energía necesaria para calentar los hornos). La producción actual viene asociada a 3.000 millones de toneladas de CO2, entre un 7 y un 11 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Las características de la industria no hacen muy atractivas la innovación y la toma de riesgos, sin embargo es necesario dada la circunstancia.

Necesidad de que las alternativas sean coste-eficientes. Pese a todo esto existen multitud de innovaciones que pretenden descarbonizar esta industria. El problema es que no todas estas medidas son coste-eficientes, por lo que aunque existan incentivos a la innovación, el desarrollo e implementación global pueden fallar. Si los nuevos procesos no son más eficientes o económicos es poco probable que se extiendan en una industria asentada y estática.

Diversidad de alternativas. El acero se produce a través de una serie de combinaciones que culminan con la unión de coque, un derivado del carbón con arrabio, el compuesto que aporta hierro a la mezcla. Los hornos de las acerías de oxígeno básico utilizan el oxígeno para extraer el exceso de carbono de la mezcla resultante, creando el famoso gas de efecto invernadero. Los hornos de arco eléctrico son una pieza imprescindible en este proceso ya que su proceso genera menos emisiones en este punto.

A partir de ahí existen varias alternativas en distinto grado de desarrollo. Una de ellas es la propuesta por el proyecto sueco Hybrid. Este método se basa en el hidrógeno y corrientes eléctricas para sustituir el coque y el oxígeno. Las emisiones resultantes son de vapor de agua. No se trata de un proceso nuevo pero sí se es la primera vez que se implementa en la práctica.

Otro proyecto, este a cargo de Boston Metal, se basa en lo que han llamado electrólisis de oxido derretido. La empresa utiliza energía eléctrica para tratar el hierro en su forma mineral. Las rocas que contienen hierro suelen contenerlo unido a oxígeno. En la producción de acero es habitual utilizar carbono para limpiar este oxígeno, lo cual genera CO2. Este sistema sustituye el carbono por corrientes eléctricas. Así, puede liberarse el oxígeno del compuesto dejando el hierro para ser mezclado, ahora sí, con el carbono necesario para producir el acero.

Primera planta cero emisiones en España: 2025. El acero libre de emisiones ya tiene fecha programada para llegar a España, se trata del año 2025 según anunció la empresa ArcelorMittal el año pasado. Lo hará combinando diversas técnicas como los hornos de arco eléctrico con los que cuenta la planta de la empresa en Sestao, un mayor uso de chatarra reciclada como materia prima y el uso de hidrógeno en el pretratado del hierro en la planta de la empresa en Gijón. Las emisiones indirectas se evitarán a través del uso de fuentes renovables de energía, con el remanente de emisiones cortado con “introducción de diversas tecnologías emergentes claves (…) como biomasa producida de forma sostenible o hidrógeno verde”

Capturar el carbono. Existe una alternativa más, la de la captura de carbono. 

Esta no es exclusiva de la industria siderúrgica pero puede ser empleada para reducir las emisiones, tanto directas como indirectas. En la actualidad las tecnologías de captura han ido ganando protagonismo aunque su implementación aún no está asegurada, entre otros motivos por su elevado coste. Sin embargo cuentan con la ventaja de que no requieren cambios específicos en el proceso industrial y pueden ser implementadas en casi cualquier sector.

Descubrimiento casual. 

Uno de esos felices accidentes tan habituales en la ciencia puede sumar un nuevo mecanismo a esta lista, y sus creadores, la empresa Helios, asegura que se trata de una alternativa superior en términos económicos a los procesos actuales.

Los científicos de la empresa trataban de hallar una forma de crear oxígeno a partir de rocas lunares, regolitos, para evitar así tener que transportar este gas desde la Tierra. El oxígeno es necesario para respirar pero también para propulsar cohetes, y resulta más práctico crearlo in situ que transportarlo en cohetes. La sorpresa del equipo de investigadores era que su proceso para aislar el oxígeno generaba grandes cantidades de hierro como residuo. Si se mira de otra manera, este mecanismo podría generar hierro como resultado primario y oxígeno como residuo.

Camino a las emisiones cero. La empresa explica que este método elimina las emisiones directas pero, lo que quizá sea más importante, reduce a la mitad el consumo energético requerido, y con ello las emisiones indirectas, que en la actualidad representan la mayor parte de las emisiones de CO2 de la industria. La gran reducción de la energía requerida es lo que hace que este método sea, según la empresa, mucho más eficiente y económico que el resto de alternativas. Combinando este procedimiento con fuentes energéticas renovables podría alcanzarse el objetivo de emisiones cero.

La fuente de energía es clave. La descarbonización de la metalurgia puede ser determinante en los años venideros pero aunque contemos ya con la tecnología existen barreras a su implementación. Se espera que la demanda por acero siga creciendo, por lo que las nuevas plantas y mas eficientes plantas no desplazarán necesariamente a las más antiguas y contaminantes.

Esto se suma a lo ya mencionado antes, que al tratarse de una industria pesada y tradicional, los cambios resultan difíciles y costosos aunque la innovación siempre es necesaria. Aunque las nuevas tecnologías reduzcan los costes de producción, los costes variables; los costes de implementación, o fijos, que implican los cambios tecnológicos pueden hacer que las empresas se inclinen por mantenerse como están. Aquí entran en juego tanto los posibles incentivos fiscales que los países puedan ofrecer como la situación del sector en el panorama internacional. Si a esto sumamos la gran incertidumbre con la que convive la economía hoy por hoy nos encontramos ante un futuro nada claro para el sector.

Imagen de portada: Kateryna Babaieva

FUENTE RESPONSABLE: Xataka. Por Pablo Martínez-Juarez. Junio 2022

Sociedad/Ecología/Naturaleza/Industria/Cambio climático/Emisiones

 

La producción desmedida de carne cobra miles de vidas al año por contaminación del aire.

El 80 % de las muertes por contaminación del aire están relacionadas a la producción de lácteos, huevos y carne para el consumo humano, según un estudio.

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Tráfico. Quema de combustibles fósiles. Emisiones por parte de fábricas de diversas industrias. En la actualidad, una de las causas de muerte principales en Estados Unidos está relacionada con la contaminación del aire, que incide directamente en la salud de las personas. Un nuevo estudio revela que la producción de carne también está ligada a esta problemática global.

Más allá de una dieta poco equilibrada.

Foto: Getty Images

Cerca de 17 mil muertes anuales en Estados Unidos están vinculadas con el aire contaminado de cultivo y crianza de alimentos. De todas ellas, un alarmante 80 % son causadas por la producción de carne, lácteos y huevos.

El resto de los fallecimientos están relacionados con los productos derivados de los animales que los seres humanos no ingieren, como el cuero o la lana.

Según Nina Domingo, autora principal del estudio que se publicó en Proceedings of the National Academia of Sciences, la problemática sanitaria va mucho más allá de lo que nos llevamos a la boca:

«PASAMOS MUCHO TIEMPO PENSANDO EN CÓMO LOS ALIMENTOS QUE CONSUMIMOS AFECTAN NUESTRA SALUD, PERO LOS ALIMENTOS QUE COMEMOS TAMBIÉN AFECTAN A OTRAS PERSONAS».

De acuerdo con la investigación, la producción de carne en el mundo contribuye a que la calidad del aire sea letal. Particularmente para la crianza y transportación de ciertos alimentos, cuya huella de carbono ha incidido en la contaminación de la tierra, el agua y el aire durante más de diez años.

No sólo eso: el estudio es enfático en que nos concentramos demasiado en las consecuencias a futuro de la emergencia climática global, descuidando las que ya se viven en la actualidad. 

Además de contaminar el aire, la industria cárnica genera de manera indirecta asma, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

Combustibles, fertilizantes y otros factores tóxicos.

Foto: Getty Images

El estudio ha generado revuelo entre los grupos de la industria cárnica. Por ejemplo, la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne desestimó los resultados, considerando que la investigación está «basada en suposiciones erróneas y plagada de lagunas de datos«. Sin embargo, los autores revisaron la información a detalle en colaboración con Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, quienes confirmaron la veracidad de los datos.

Para analizar el impacto de este tipo de alimentos en la salud del ambiente y de los seres humanos, los científicos analizaron qué se necesita para producirlos. Fertilizantes para los cultivos, labrar la tierra y la quema de combustibles fósiles se encuentran entre los factores más dañinos, de acuerdo con Jason Hill, ingeniero de biosistemas de la Universidad de Minnesota:

“GRAN PARTE DE NUESTRA AGRICULTURA ESTÁ IMPULSADA POR LA GANADERÍA. NO SOLO POR LOS ANIMALES EN SÍ, SINO A LO QUE SE NECESITA PARA ALIMENTARLOS ”, DICE HILL.

Cuando los autores investigaron el número aproximado de muertes por producción de carne roja, descubrieron que los productos de res por sí solos causan 4 mil fallecimientos al año, ligados a la contaminación del aire. En términos del sector porcino y lácteo, la cifra se eleva dramáticamente a 9 mil 100 casos anuales, lo que corresponde a más del doble.

En contraste, los decesos por producción de vegetales contribuyen a 100 muertes. A pesar de que el estudio intentó no caer en nociones preconcebidas, resultó notable que el grueso de la mortalidad se encuentra entre unos cuantos grupos de alimentos. Y aún más específicamente, en la producción irresponsable que se emplea para obtenerlos.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Por Andrea Fisher. Mayo 2021.

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