La Atlantida egipcia

La mítica ciudad perdida del Antiguo Egipto que nadie ha podido encontrar

La obsesión de arqueólogos británicos por Zerzura no cosechó sino fracasos y expediciones donde no se halló ningún tipo de indicio de esta utópica urbe.

El pasado año 2020 fue un gran año en cuanto a hallazgos egipcios se refiere.

En la necrópolis de Saqqara, situada a unos 50 kilómetros al sur de El Cairo, se identificaron en noviembre más de cien sarcófagos en buen estado. Tan solo un mes antes, 59 veían la luz tras permanecer en el olvido durante 2.600 años.

Este mismo 2021, ha salido a la luz ‘El Ascenso de Atón’, una urbe perdida durante 3.000 años. En un país donde las revoluciones arqueológicas están a la orden del día, llama la atención que jamás se haya localizado la histórica ciudad de Zerzura.

Este enclave ubicado supuestamente entre Egipto y Libia, oscila entre la mitología y la historiografía. La primera vez que se menciona este desconocido lugar es entre finales del siglo XII y el siglo XIII. Por aquel entonces, la milenaria civilización ya se había desvanecido. Figuras como Tutankamón, Ramsés II o Cleopatra pertenecían al pasado.

Egipto sobrevivía bajo el dominio de la dinastía musulmana de los ayubíes y fue en este periodo cuando se empezó a mencionar una mítica ciudad situada en un bello oasis al oeste del río Nilo, en pleno desierto. “En estos escritos se describía Zerzura como una ciudad blanca como una paloma, y algunos la denominaban el oasis de las pequeñas aves”, apunta el escritor bilbaíno Andoni Garrido en su reciente publicación, Colega, ¿dónde está mi urbe? (La esfera de los libros).

Dunas del Sáhar

El autor recorre en su obra, con tono ameno y una fácil lectura, las distintas ciudades perdidas en el tiempo; desde la Atlántida hasta El Dorado. Muchas de ellas, como sucede con Zerzura, fueron objeto de estudio durante décadas, y arqueólogos de todas las nacionalidades buscaron en el país de las pirámides uno de sus secretos todavía por revelar.

Concretamente, los investigadores hacían referencia al texto medieval Kitab al Kanuz —también conocido como Libro de las perlas ocultas—, un manuscrito árabe repleto de menciones a más de 400 lugares de Egipto donde se escondían grandes tesoros. “Pero no tesoros cualesquiera, sino tesoros antiquísimos, protegidos por toda suerte de trampas mortales, espíritus y demonios”, narra el vizcaíno. El texto, perdido en el tiempo, afirmaba que Zerzura estaba gobernado por un rey y una reina durmiente, y que la custodiaban guardianes gigantes negros.

Campañas arqueológicas

Para diferenciar la mitología de la realidad, existe una teoría que dice que estos guardianes podrían representar a la tribu de los tubus, guerreros nómadas que habitaban en los desiertos de Chad, Níger y Libia. “Al parecer, en la Antigüedad estos tubus se dedicaban a atacar oasis pertenecientes a bereberes y árabes, y quizás de ahí venga de que fueron ellos quienes tomaron el control del rico oasis”, considera Garrido.

El emir Bengasi fue uno de los primeros hombres que ordenó buscar Zerzura. Corría el año 1481 y jamás hallaron ningún rastro. Siglos más tarde, cuando Egipto se transformó en un reino autónomo en 1922, la presencia británica siguió investigando los tesoros ocultos que permanecían en el país

En este sentido, cabe destacar el fracaso del explorador William Joseph Harding King quien, pese a aportar diversos elementos al Museo Británico, estos nunca estuvieron relacionados con la mítica ciudad. Partió en 1909 desde el oasis de Dakhla, y regresó con las manos vacías. Esta derrota arqueológica se repitió seis años más tarde en una expedición organizada por el geólogo John Ball, director del Departamento de Estudios de Egipto. 

El húngaro László Almásy sería quien más veces intentó obtener unos resultados difíciles de conseguir. Piloto durante la Primera Guerra Mundial, terminó obsesionandose por Zerzura hasta el punto de comprarse un avión para realizar vuelos de reconocimiento por el desierto del Sáhara. En una de las incursiones, debido a una tormenta de arena, su vehículo quedó destrozado. Al poco se quedó sin fondos y estuvo a punto de abandonar su sueño hasta que Sir Robert Clayton, un británico adinerado, financió sus campañas.

Portada de ‘El oasis perdido’.

3 mayo, 2021

  1.  ANTIGUO EGIPTO
  2.  ARQUEOLOGÍA
  3.  CIUDADES
  4.  HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
  5.  HISTORIA

J.B.

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El pasado 2020 fue un gran año en cuanto a hallazgos egipcios se refiere. En la necrópolis de Saqqara, situada a unos 50 kilómetros al sur de El Cairo, se identificaron en noviembre más de cien sarcófagos en buen estado. Tan solo un mes antes, 59 veían la luz tras permanecer en el olvido durante 2.600 años. Este mismo 2021, ha salido a la luz ‘El Ascenso de Atón’, una urbe perdida durante 3.000 años. En un país donde las revoluciones arqueológicas están a la orden del día, llama la atención que jamás se haya localizado la histórica ciudad de Zerzura.

Sobrevolando la meseta de Gilf Kebir logró divisar algunas zonas verdes, por lo que parecía que allí podría haber algunos oasis ocultos inexplorados“, explica Garrido. Al regresar, con un equipo de transportes terrestres, acudió a la zona para examinar aquellos “misteriosos valles verdes dentro de la meseta”.

Los valles fueron llamados Wadi Talh, o el valle de Acacia; Wadi Hamra, o valle Rojo, y Wadi Abd al-Melik. “Almásy estaba seguro de que había encontrado Zerzura, sin embargo, nunca se halló ningún tipo de ruinas en la zona“, asegura el escritor. El explorador no se volvió con las manos vacías, ya que al final encontró unas pinturas rupestres neolíticas en la meseta.

¿Ciudad ficticia?

El austrohúngaro no fue el último en buscar la desconocida Zerzura. No obstante, el resultado sí fue el mismo. Ralph Alger Bagnold utilizó vehículos motorizados modificados para surcar las dunas del desierto y tras varias prometedoras expediciones repitió el  resultado de sus antecesores.

“A pesar de los fracasos, no penséis que los miembros de estas expediciones se frustraron y se lo tomaron mal. Resulta que varios de ellos se hicieron muy amigos, y a su vuelta montaron un club llamado el Club de Zerzura en un bar de Wadi Halfa, ciudad situada entre la frontera de Egipto y Sudán”, comenta el autor.

Actualmente, no quedan dudas de que Zerzura es una de las muchas ciudades ficticias que a lo largo de los siglos han suscitado expectación entre las gentes. Un lugar repleto de promesas y utopías cuyos indicios nunca han sido hallados precisamente por lo que es, una utopía.

El Museo del hombre en París.

Francia le devolverá a la Argentina los restos de un cacique tehuelche

Francia aceptó restituir a sus descendientes los restos del tehuelche Liempichún Sakamata que integran “la colección” del Museo del Hombre de París, donde estuvo exhibido hasta el 2009.

El esqueleto del tehuelche recaló en el museo de París luego de que, en 1896, el conde Henry de la Vaulx profanara su tumba y se llevará a Francia el esqueleto y su ajuar funerario compuesto por un estribo, pendientes y monedas (todo de plata).

En ese viaje de la Vaulx por el sur de Argentina, del 1 de marzo de 1896 al 24 de julio de 1897, se llevó unos 1.400 objetos entre minerales, metales, cerámicas, insectos, esqueletos de mamíferos y una importante “colección” de restos humanos de las comunidades originarias de la región.

El conde envió a Francia los restos humanos y los objetos en 29 cajas con un peso total de 1371 kilos.

El antropólogo del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), Fernando Miguel Pepe, quien desde el 2015 acompañó el reclamo de la comunidad tehuelche Liempichún Sakamata, del Paraje Payagniyeo, expresó que “hemos dado un paso muy importante en la reparación histórica a nuestras comunidades”.

 

“Nos confirmaron del Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores de Francia que los restos serán restituidos por Ley pero hasta tanto se promulgue esa ley los restos de Sakamata ya pueden viajar hacia la Argentina para esperar el final del proceso burocrático en nuestro país”, confirmó Pepe.

El experto destacó que la aceptación por parte del Estado francés de restituir a Sakamata “se da luego de que el vicecanciller argentino Pablo Tettamanti, durante la XI Reunión de Consultas Políticas entre Argentina y Francia, solicitara a Francia que adoptara pronto los pasos legales necesarios para lograr la restitución de los restos del cacique Sakamata-Liempichún“.

 

“Contamos con el apoyo total de la presidenta del INAI, Magdalena Odarda pero este triunfo se da principalmente por la fuerza de las comunidades originarias, las cuales nunca se rindieron entendiendo que es un derecho humano universal el poder dar sepultura sus ancestros como dicta su cosmovisión“, remarcó Pepe.

 

El antecedente inmediato a esta restitución, que sentó un importante precedente, se dio en julio del 2020 cuando Francia le restituyó a Argelia 24 cráneos de argelinos, asesinados durante la batalla contra el general francés Émile Herbillon en 1849.

Pepe adelantó que “estamos ultimando los detalles de la entrega con la esperanza que este año Liempichúm finalmente regrese a su territorio de donde nunca tendría que haber salido”.

FUENTE: PAGINA 12 Editorial – 4mayo2021

¿El Imperio del centro; fagocita?

Montenegro, el candidato a entrar a la UE atrapado por una deuda con China

El pequeño país balcánico, que aspira a entrar al bloque, contrajo un préstamo multimillonario para una autopista aún sin terminar y con cláusulas que comprometerían su soberanía

La polémica “autopista de la nada”, a medio construir en el interior de Montenegro

La polémica “autopista de la nada”, a medio construir en el interior de Montenegro

PARÍS.– ¿Acaso China podría “comprar” Montenegro? La pregunta no tiene nada de extravagante. Víctima de un contrato leonino, el pequeño país balcánico tendrá que reembolsar a Pekín los 1000 millones de dólares de un préstamo solicitado para construir “la autopista de la nada”. Pero no dispone de los fondos necesarios y no puede contar con la ayuda de la Unión Europea (UE). El problema son las cláusulas secretas que figuran en el contrato.

Las piedras de Montenegro son duras como el acero y filosas como el vidrio. Y subir la ladera del cañón que acoge la “ruta china” no tiene nada de un paseo. Es ahí justamente, en el corazón de los Balcanes, que China llegó para construir lo que muchos europeos ya denominan “la autopista de la nada”. Un magnífico trabajo de ingeniería e ingeniosidad. Aun cuando se trate sobre todo de una maniobra geopolítica de gran amplitud, de una gigantesca piedra en las ruedas de la UE, que podría hacer tambalear al bloque.

Vistos desde las orillas del Moraca, el río que desciende hacia la capital, Podgorica, los pilones del viaducto emergen del valle rocoso como misiles listos para despegar hacia el espacio. Son gigantescos, desproporcionados para una autopista europea. Pero, sobre todo, para un pequeño país como Montenegro. Para muchos, la obra será una aventura que no tendrá fin. Sobre todo porque, desde el 1º de julio, Montenegro tendrá que comenzar a reembolsar su deuda de cerca de 1000 millones de dólares, contraída con China. El problema es que el país carece de fondos y no podrá financiar los 80 kilómetros de ruta que faltan.

La China Road and Bridges Corporation, empresa estatal china que realiza gran parte de la obra con trabajadores chinos, tiene atraso en terminar los 41 kilómetros del primer tramo. Pero el contrato prevé que Montenegro comience a reembolsar a partir de julio unos 66 millones de euros anuales durante 14 años.

Debería seguir la construcción de otros dos tramos suplementarios para unir el puerto montenegrino de Bar a la frontera serbia –tramos para los cuales Montenegro no ha conseguido todavía financiación–, y después comenzar la extensión que irá de la frontera serbia hasta Belgrado.

El problema es que los derechos de peaje de autos y camiones no bastarán para financiar todo. Serían necesarios 12 millones de autos por año. Es decir 32.800 por día, en un sitio donde podrían pasar no más de 4000 diarios.

Montenegro es un país de 620.000 habitantes, que vive esencialmente del turismo, de servicios diversos y de ayudas internacionales. La deuda contraída con China solo para construir un tercio de la ruta representa el 25% de la deuda total del país. Y, para cubrirse, China decidió “comprar” el país mediante cláusulas secretas que figuran en el contrato: si Montenegro no paga, estará obligado a ceder algo a Pekín.

  • Hagamos un poco de historia: cuando Sri Lanka fue incapaz de reembolsar la deuda asociada a la construcción del gigantesco puerto de Hambantota, Pekín tomó el control del puerto durante 99 años.

Caballo de Troya

Pequeña aclaración: Montenegro es el primer candidato a entrar en la Unión Europea (UE). “No es una autopista. ¡Es un caballo de Troya!”, exclama una fuente en Bruselas.

Hace dos semanas, el joven Dritan Abazović, viceprimer ministro proeuropeo del gobierno montenegrino, apoyado por una alianza de tres coaliciones de pequeños partidos, viajó a Bruselas para solicitar a la UE “ayudarlos a pagar”.

El pedido provocó un pequeño terremoto en la Comisión Europea, dirigida por la alemana Ursula Von der Leyen. Sus voceros respondieron que “Europa no puede pagar deudas que un país contrajo con otro”. En otras palabras, la UE no puede pagar con el dinero de sus ciudadanos las deudas que Montenegro contrajo con China. Por otra parte, en su momento, el bloque se había opuesto a ese proyecto.

“Debemos hallar una solución. No tenemos nada contra los chinos. La culpa es del gobierno precedente, cuando nosotros estábamos en la oposición. Votamos contra una ley que permitió la conclusión de ese contrato secreto”, argumentó el joven Abazović, exactivista anticorrupción, de 35 años, señalando que su país tendrá “una de las autopistas más caras del mundo: 26 millones de euros por kilómetro”.

“No estamos pidiendo una donación, sino un arreglo financiero para escalonar y diversificar esa deuda. Necesitamos alrededor de 500 millones de euros”, explica.

Según el vicepremier, el acuerdo prevé que China puede exigir el reembolso inmediato del crédito en cualquier momento y, en su defecto, solicitar tierras o recursos naturales en compensación. Por otra parte, Pekín exigió que todo litigio jurídico debe ser dirimido por un tribunal chino y, en caso de proceso, también será China quien juzgará.

Por su parte, la embajada de China en Montenegro defiende su proyecto, al señalar en su sitio de Internet que “la tasa de interés del préstamo es de solo 2%”.

“Nuestro contrato no responde a ningún motivo geopolítico” ni “condición política” y “no representa amenaza para la seguridad”.

Según el texto, “las inversiones chinas en los Balcanes occidentales tienen como objetivo ayudar a los países de la región a adherir a la UE”.

Diplomático y universitario montenegrino, Miodrag Lekić es hoy presidente de la comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional de su país, que cuenta con 81 diputados. “Los chinos no son inocentes. Sabían perfectamente que nuestra economía era muy frágil y tendríamos muchas dificultades para reembolsar: entonces se protegieron”, afirma.

“Así es como China coloca sus peones: en Montenegro, en los Balcanes, pero también en toda Europa”, señala Lekić. A su juicio, la trampa plantada por los chinos en los Balcanes podría ser calificada de “caso de manual” para los países en dificultades que golpean a la puerta de Pekín sin tomar recaudos.

Pero, ¿quién quiso ese contrato? El actual presidente de Montenegro, Milo Đukanović, que estuvo en el poder durante 30 años, y fue derrotado por primera vez en 2020. A pesar de ello, tanto él como su partido siguen siendo muy poderosos. Según numerosas fuentes del oficialista Frente Democrático, fueron sus hombres quienes montaron el negocio.

Hoy, Bemax es ultra rica; Montenegro, ultra pobre, y China ha puesto a Europa entre la espada y la pared. Si la UE no ayuda a ese país a hallar los fondos para reembolsar la deuda, China se convertirá en “propietaria” de un Estado que pronto debería ser miembro del bloque

FUENTE: Luisa Corradini – DIARIO LA NACIÓN – El Mundo

Heinrich Schliemann, ¿arqueólogo o cazatesoros?

EL DESCUBRIDOR DE TROYA 

Sobre el famoso alemán, reconocido por su tenacidad para dar con lugares como Troya o Micenas, pesa también la sombra de adulterar los yacimientos que excavaba.

Retrato de Heinrich Schliemann, por Sydney Hodges, c. 1866

Retrato de Heinrich Schliemann, por Sydney Hodges, c. 1866 Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images

JULIÁN ELLIOT

Fue como si de pronto se descubriese el esqueleto de un centauro. Puede imaginarse el revuelo cuando, en 1873, Heinrich Schliemann, un arqueólogo aficionado, anunció a bombo y platillo el hallazgo de lo que llamó, pomposamente, el Tesoro de Príamo. 

Carente de formación científica y sobrado de ambición, entusiasmo y perseverancia, este estudioso alemán se refería a un conjunto de diademas, collares, pendientes, copas y otras espectaculares piezas de oro y plata que había encontrado en una gran vasija de cobre, junto a otros restos, en Hisarlik.

Las joyas emergidas en esa colina turca, cercana a los Dardanelos, presentaban, en efecto, un aspecto arcaico y orientalizante. Bien podrían haber realzado la belleza de Helena de Troya. ¿Había dado Schliemann con la mítica ciudad destruida por los aqueos?

Desde hacía un par de años, Heinrich llevaba desenterrando a gran escala muros y rampas de sillería, estructuras urbanas y domésticas, fragmentos cerámicos, proyectiles de piedra y puntas de lanza. Para él, estos y otros indicios que iban aflorando de la Edad del Bronce pertenecían con claridad a la ciudad cantada en la Ilíada

Sin embargo, la comunidad científica se mantuvo reacia a compartir esa convicción, hasta que los ornamentos recobrados entre el Escamandro y el Silios, dos ríos muy homéricos, no dejaron margen de duda.

Hasta ese momento, se había pensado que Troya era simplemente literatura, ficción, una fantasía.

Del mito a la realidad

El hombre que convirtió en una realidad histórica esa raíz legendaria de la cultura europea marcó un antes y un después en la arqueología. Heinrich Schliemann se transformó en su mejor embajador para varias generaciones.

Más cuando, después de la Troya de Príamo, tanteó la Micenas de Agamenón, la Ítaca de Ulises y otros puntos calientes del universo de Homero. 

Su ausencia de preparación académica no hizo sino aumentar su esta­tura totémica.

El explorador alemán parecía predestinado desde la infancia, cuando su padre le regaló su primera Ilíada, a devolver a la humanidad parte de su pasado mitológico. Contribuyó con fuerza a ello su biografía posterior, repleta de luchas contra la adversidad, aventuras en varios continentes, vaivenes personales y saltos económicos sin red.

Fotografía de un joven Schliemann. Dominio público

Todo esto protagonizado por un personaje, indudablemente, fuera de serie. Superdotado, políglota, poseía una memoria prodigiosa que le permitía saberse verso a verso sus libros favoritos y dominar una decena y media de idiomas.

Hizo fortuna en los negocios, y más tarde, siempre visionario y audaz, se retiró de ellos e invirtió lo ganado en un sueño. No es de extrañar que muchas aproximaciones a su vida suenen a hagiografía (1).

Ahora bien, la leyenda áurea de Schliemann cohabita, al igual que en todo ser humano, con facetas por lo menos cuestionables. Las voces menos seducidas por su fama reducen sus afanes arqueológicos a la búsqueda de un mero pelotazo.

En esa versión, este emprendedor, contemporáneo del Segundo Reich, no habría sido más que un vulgar cazador de tesoros con mucha suerte. 

Este perfil de avidez coincidiría con sus actividades previas a meterse entre andamios, palas y escobillas. Entroncaría con naturalidad en su pasado como inversor de alto riesgo, como un auténtico buscavidas en el mundo de los negocios y la banca hasta que logró cosechar fortuna.

Codicia, prisas y trizas

Una ramificación de la misma vertiente explicaría, siempre para las malas lenguas, su falta de miramientos hacia los restos helenísticos, romanos y otros, posteriores a su época de interés, con los que se cruzó. 

En Hisarlik, donde identificó hasta siete ciudades superpuestas –un número ampliado por prospecciones ulteriores a diez niveles (o más)–, dañó parte de las capas superiores a Troya II para llegar a ese estrato, que creía el homérico.

En ello también pudo haber prisas y, ciertamente, falta de conocimientos, si no de respeto, para conservar un yacimiento tan antiguo, vasto, diverso y delicado.

Ruinas del anfiteatro de Troya

Tampoco se salva de la quema el mito de que el arqueólogo se basó, exclusiva y líricamente, en Homero para detectar la ubicación de Troya.

Algunos autores recuerdan que la antedicha colina otomana había sido señalada como seno de la legendaria ciudad al menos desde inicios del siglo XIX. Apuntaron, en esa dirección, las publicaciones de los naturalistas y anticuarios ingleses Edward Daniel Clarke y John Marten Cripps y del periodista y geólogo escocés Charles Maclaren.

Además de los testimonios numismáticos y topográficos aportados por esos tres intelectuales, un ingeniero, John Brunton, tanteó la elevación década y media antes que Schliemann, eso sí, sin mayores resultados.

Y un funcionario anglomaltés, Frank Calvert, descubrió en ella un templo helenístico consagrado a Atenea en el lustro previo a la cata del alemán. 

De hecho, fue Calvert quien trató de convencer al director del Museo Británico para hurgar en Hisarlik en pos de Troya –un proyecto malogrado por falta de financiación– y quien orientó hacia ese lugar al admirador de la Ilíada para que pudiera coronar su sueño.

Multado por expolio

El revisionismo tampoco perdona a Schliemann su manera de sacar el Tesoro de Príamo de tierras turcas, un acto que fue considerado como un claro expolio y un ejemplo de tráfico ilegal de bienes culturales.

Consistente en unas diez mil piezas históricas de oro, el descubridor dio la mayoría a su joven esposa.

La idea era que camuflara una parte entre sus joyas y saliera del Imperio otomano en el primer medio de locomoción que pudiese. Así lo hizo Sophia Engastromenos, pero las autoridades locales no se dejaron engañar. No del todo.

La mujer logró escapar a Europa, pero Estambul cerró la excavación anatolia, multó al marido y, además, lo conminó a entregar las piezas restantes en su poder.

Esto explica que en 1876 Schliemann se hallase en Grecia, dedicado a Micenas, donde no le fue mal. Encontró la llamada máscara de Agamenón, otros valiosos objetos y numerosos sepulcros, antes de que, por fin, años después y previo pago de una penalización, se le permitiese regresar al yacimiento troyano.

Una de las diademas con colgantes de oro del tesoro de Príamo. Dominio público

Esta vez le acompañaría, desde 1882, el arqueólogo Wilhelm Dörpfeld, continuador de las obras in situ, que no solo evitó nuevas excentricidades de Schliemann, sino que corrigió sus errores de datación, algunos de bulto.

Troya II, por ejemplo, de donde había emergido el Tesoro de Príamo, era un milenio anterior a la época de la guerra que habría enfrentado a Aquiles y Héctor. 

El enclave homérico resultó ser Troya IV, que, tras la muerte de Schliemann en 1890, volvió a rectificarse, pues Dörpfeld dio con dos estadios de ocupación más. Después de nuevos cálculos, hoy se estima que el nivel legendario de la ciudad es el VI o el VII, siendo el I del Bronce antiguo, y el X, bizantino.

Grande pese a sus errores

La arqueología tiene una deuda inestimable con Heinrich Schliemann, pese a las sombras que proyecta su figura.

Sus descuidos técnicos, confusiones, inobservancias legales, carencias académicas y otros defectos, algunos más achacables a la época que al hombre, se empequeñecen al contrastarlos con sus contribuciones a las ciencias históricas. 

El inquieto emprendedor revalorizó las fuentes literarias como brújulas para localizar sitios ancestrales.

Abrió un nuevo campo a los estudios clasicistas, al mostrar la relevancia de las raíces protoculturales, y fue el primero en ensayar excavaciones estratigráficas, lo que sentó escuela entre los investigadores de su país, el Reino Unido, Francia, EE. UU. y la propia Grecia.

‘La Iliada’, de Homero, fue la inspiración en la vocación como arqueólogo de Schliemann.  Otras Fuentes

Tan importante como su rol precursor, en estos y otros aspectos, sus descubrimientos y su personalidad dieron a su disciplina un impulso divulgativo de tal potencia que la hicieron familiar al público general, además de inspirar, hasta hoy, a generaciones enteras de colegas. 

Sin el ejemplo de su romántica búsqueda de Troya, no se entiende al explorador de Tartessos Adolf Schulten, que persiguió Numancia solo con textos de Apiano y un viejo mapa en la mochila. Incluso el influyente egiptólogo británico Petrie tomó buena nota de su par germánico en la época, finales del siglo XIX, en que estaba naciendo la arqueología moderna.

De ahí que se considere a Schliemann el padre de esta, pese a todos sus fallos, en esos tiempos en que la ciencia y la aventura todavía podían ser sinónimos.

Cinco excavaciones puntales

Además de Troya, Schliemann trabajó en otros yacimientos

La ciudad del rey Príamo fue, sin duda, la aportación más espectacular del arqueólogo alemán. Trabajó de modo intermitente en ella desde 1871 hasta su muerte en 1890, con una repercusión solo comparable con las meteduras de pata en que incurrió.

Pero Troya no fue el único trabajo de campo acometido por este admirador a ultranza de Homero, que incluso bautizó a sus hijos Agamenón y Andrómeda ante un volumen de la Ilíada.

Micenas, la capital de los enemigos de Ilión, mereció, asimismo, sus desvelos desde 1876. Allí, este pionero dio con un círculo funerario, tholos y ajuares de gran valor. Pero, como en Anatolia, erró por siglos la datación, llevado por sus fantasías literarias.

Tras pretender localizar en Ítaca, sin éxito, el palacio del viajero rey Odiseo y su paciente esposa Penélope, una nueva campaña en Troya lo condujo a otros hallazgos (por ejemplo, una estructura palaciega en 1879) que volvió a identificar, de manera irreal, con la corte de Héctor, Paris y familia.

En su última década de vida, Schliemann exploró, bien asesorado por Dörpfeld, la localidad beocia de Orcómeno, la micénica de Tirinto y su querida Troya.

Fueron intervenciones menos coloristas, pero de un estimable mérito científico.

FUENTE: número 635 de la revista Historia y Vida. 28abri2021