China: la cruzada del gobierno para educar a los niños para que sean «más varoniles».

Si bien China quiere que sus jóvenes elijan ser soldados, no es la ambición de todos.

El gobierno chino cree que los hombres jóvenes del país se han vuelto demasiado «femeninos».

Así lo sugirió un reciente mensaje del Ministerio de Educación de China que no escapó a la controversia.

El comunicado, publicado en la página web del ministerio, fue calificado de sexista por muchos usuarios indeternet, pero algunos dicen que las celebridades masculinas de China son en parte culpables.

La «Propuesta de Prevención de la Feminización de Hombres y Adolescentes» insta a las escuelas a reformar por completo su oferta de educación física y fortalecer la contratación de maestros.

El texto aconseja reclutar a atletas retirados y personas con antecedentes deportivos y «desarrollar vigorosamente» deportes particulares como el fútbol con el objetivo «cultivar la masculinidad de los estudiantes».

La medida se impulsa en un país donde los medios de comunicación suelen mostrar estrellas inmaculadas y «socialmente responsables».

«Débiles, tímidos y autodestructivos»

Hubo algunas señales anteriores en China que sugirieron que se avecinaba un movimiento de este tipo.

En mayo pasado, un delegado del máximo organismo asesor del gobierno, Si Zefu, dijo que muchos de los hombres jóvenes de China se habían vuelto «débiles, tímidos y autodestructivos».

Afirmó que existía una tendencia entre los jóvenes hombres chinos hacia la «feminización», lo que «inevitablemente pondría en peligro la supervivencia y el desarrollo de la nación china» a menos que se «gestionara eficazmente».

El funcionario dijo que el ambiente del hogar era en parte culpable, ya que la mayoría de los niños chinos son criados por sus madres o abuelas.

También señaló que el creciente atractivo de ciertas celebridades masculinas significaba que muchos niños «ya no querían ser ‘héroes del ejército'».

Entonces, sugirió que las escuelas deberían desempeñar un papel más importante para garantizar que los jóvenes chinos reciban una educación equilibrada.

«¿A qué le tienen miedo los hombres?»

La reacción del público en China al comunicado fue abrumadora y la mayoría de las respuestas fueron negativas.

Cientos de miles de chinos expresaron su enojo en las redes sociales y muchos tildaron de sexista el mensaje del gobierno.

«¿La feminización es ahora un término despectivo?» preguntó un usuario de Weibo, recibiendo más de 200.000 «me gusta».

Otro dijo: «Los niños también son humanos… siendo emocionales, tímidos o amables, estas son características humanas».

«¿De qué tienen miedo los hombres? ¿Ser iguales a las mujeres?» preguntó un tercero.

«Hay 70 millones más de hombres que de mujeres en este país», afirmó otro. «Ningún país del mundo tiene una proporción de sexos tan deformada. ¿No es eso lo suficientemente masculino?»

Xi Jinping visitó el club Manchester City en 2015.

FUENTE DE LA IMAGEN – WPA POOL/GETTY IMAGES

El presidente Xi, un conocido aficionado al fútbol, ​​visitó la cancha del Manchester City en su visita a Reino Unido en 2015.

Otro usuario destacó: «Ninguna de estas propuestas ha salido de mujeres».

Y es posible que tengan razón. Se ha escrito mucho anteriormente sobre cómo el liderazgo de China está significativamente dominado por los hombres.

Sin embargo, en algunos medios de comunicación, hubo una recepción positiva de la medida. El periódico Global Times señaló que había «ganado cierto apoyo».

En la plataforma de redes sociales Sina Weibo, los comentarios apuntaban a que las celebridades masculinas de China eran las culpables, en especial las conocidas como «pequeña carne fresca» (小 鲜肉).

Esta es una palabra de moda que se refiere a los jóvenes chinos que son vistos como impecables, bien arreglados y con rasgos delicados.

La banda musical TF Boys y el cantante chino Lu Han entran en esta categoría, al igual que muchas estrellas del K-pop. 

Si bien figuras como el jugador de baloncesto Yao Ming alcanzó la fama en el extranjero, es notable que el fútbol se incluya específicamente en la propuesta.

Eso no es una sorpresa. El presidente Xi ha hablado en el pasado de sus esperanzas de que el país se convierta en una «superpotencia mundial del fútbol» para 2050.

Pero los repetidos intentos de mejorar el nivel de los futbolistas de China han fracasado y hasta se han burlado de ellos.

Hace dos años Marcello Lippi, quien llevó a Italia a ganar la Copa Mundial de la FIFA 2006, renunció como entrenador de la selección nacional de fútbol de China. 

Mientras tanto, el gobierno se ha esforzado en los últimos meses para introducir y promover nuevos modelos a seguir para los jóvenes chinos

En lo que respecta a las mujeres, la pandemia de la covid-19 ha sido una buena oportunidad para demostrar el importante papel de las mujeres como trabajadoras de primera línea.

Y los logros de China en el espacio el año pasado fueron una gran oportunidad para promover a figuras como Zhou Chengyu, quien se convirtió en una sensación viral como comandante espacial con tan solo 24 años.

Pero como insinuó Si Zefu el año pasado, para los jóvenes chinos el atractivo de ser soldados, policías o bomberos valientes y fuertes está disminuyendo.

Zhou Chengyu

FUENTE DE LA IMAGEN – CCTV

Zhou fue descripta en los medios estatales como una «hermana mayor» a la que los jóvenes chinos pueden admirar.

El fenómeno de la»pequeña carne fresca» sigue siendo un éxito comprobado, pero las celebridades masculinas jóvenes están bajo un mayor escrutinio y les resulta difícil ser cualquier cosa que se aparte de un molde impecable.

En los últimos años, los medios han tenido problemas para permitir que jóvenes estrellas masculinas aparezcan en las pantallas chinas con tatuajes o aros.

Y una de las principales estrellas del pop de China fue objeto de duras críticas en línea en 2019 cuando fue fotografiado fumando.

Imagen de portada: Gentileza de BARCROFT MEDIA/GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC Monitoring. Por Kerry Allen. Febrero 2021

Educación/Sociedad y Cultura/Sociedad/China

La remuerte de Sócrates.

El método de Sócrates era el de cuestionar y cuestionarse, y por eso mereció morir. A ojos de los encargados de la educación de cada país, lo sigue mereciendo.

En su Historia de la filosofía occidental, Bertrand Russell dice: “El relato de un estúpido sobre las ideas de un hombre inteligente nunca es acertado, porque inconscientemente traduce lo que oye en algo accesible a su entendimiento”. Usa estas palabras para referirse al texto en el que Jenofonte argumenta que no había razones para condenar a muerte a Sócrates.

La defensa de Jenofonte es tan clara y decisiva que necesariamente es simplona; pero con ella no acaba de demostrar una injusticia, pues si el comportamiento y las ideas de Sócrates hubiesen sido tan simples, ni siquiera habría motivo para haberlo juzgado.

Jenofonte comienza su libro mostrando asombro por el funesto veredicto: “A menudo me he preguntado sorprendido con qué razones pudieron convencer a los atenienses quienes acusaron a Sócrates de merecer la muerte a los ojos de la ciudad. Porque la acusación pública formulada contra él decía lo siguiente: ‘Sócrates es culpable de no reconocer a los dioses en los que cree la ciudad, introduciendo, en cambio, nuevas divinidades. También es culpable de corromper a la juventud’”.

El comentario de Russell es correcto, pero mal dirigido, pues Jenofonte no era ningún estúpido. Como alumno de Sócrates, ciertamente no estuvo al nivel de Platón. No en filosofía. Pero a Jenofonte se le considera uno de los grandes talentos militares. Gran templanza, lucidez, elocuencia, maña y liderazgo empleó para sacar del territorio enemigo a su ejército de mercenarios griegos. Este episodio se halla entre las grandes proezas de la historia militar. Sin duda ese ejército, bajo las órdenes de Sócrates o Platón o el mismo Russell, habría terminado empalado en las riberas del Tigris.

La filosofía podía ocuparse de abstracciones metafísicas, pero también había nacido para buscar el mejor modo de vivir. Una sabiduría terrena. La gran sabiduría para la situación en que se hallaban los soldados de Jenofonte no tenía que ver con la eternidad del alma o si en los cielos existía un círculo perfecto, sino con darse cuenta de que “la disciplina supone la salvación, mientras que la indisciplina ha perdido ya a muchos” o que “en la guerra, quienes buscan por todos los medios conservar la vida, ésos por lo general mueren” o con sapiencia tan elemental como: “No hay quien se atreva a hablar a los griegos de concertar treguas sin haber suministrado antes el almuerzo”.

En su Hipólito, Eurípides hace esta crítica a los filósofos por boca de Teseo: “¡Oh hombres que poseen muchos conocimientos en vano! ¿Por qué enseñan innumerables ciencias y de todo hallan salida y todo lo descubren y, en cambio, una sola cosa no saben y no la han cazado aún: enseñar la sensatez a los que no la poseen?”.

Aquí hay que hacerle poco caso a Teseo, que muestra pocas luces. Tampoco su hijo se acerca al buen juicio cuando le responde: “Muy hábil debe ser aquel capaz de obligar a ser sensatos a los que no lo son”.

Al menos socráticamente, la filosofía no es disciplina para enseñarse sino para aprenderse. El método socrático era el de cuestionar y cuestionarse. Era la vida examinada. Era conócete a ti mismo. Era la libertad dentro de la ley, pero cuestionando las leyes y a los gobernantes. Era la autodeterminación. No son recetas que se enseñen; son frutos que se cosechan.

Por eso Sócrates mereció morir. Maldito prevaricador. Y lo sigue mereciendo. Por fortuna los encargados de la educación de cada país nos protegen y le siguen administrando al filósofo griego su letal dosis de cicuta para desterrarlo de las escuelas y asegurarse de que nunca más vuelva a corromper a la juventud.

Imagen de portada: Gentileza de Entre Letras.

FUENTE RESPONSABLE: Letras Libres. Por David Fontana.Monterrey, 1961) es escritor. Fue ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2017 por su novela Olegaroy. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Bertrand Russel/Educación/ Filosofía/ Jenofonte /Sócrates

Sobre el declive de las civilizaciones.

Civilizaciones “inferiores”, pero más cohesionadas (tribus bárbaras, bereberes) pueden hacer caer a una civilización decadente sin cohesión de una forma relativamente rápida

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor donde leas lo escrito en “negrita”. Muchas gracias.

En un meme viral que circula por WhatsApp, se observa en la parte superior de la imagen unos legionarios romanos atravesando los Alpes, y acompaña a la viñeta la leyenda (en inglés en el original) “épocas difíciles crean hombres duros”; la imagen inmediatamente inferior muestra el esplendor de la civilización romana con el auge de la Urbe, y la leyenda “hombres duros crean épocas buenas”; la tercera viñeta muestra una bacanal (fiestas en honor de Baco, el dios del vino, en las que confluía, según la tradición, aparte del caldo, el sexo orgiástico), la leyenda es “épocas buenas crean hombres débiles”; la cuarta y última viñeta muestra el asalto de los vándalos a Roma, con la destrucción parcial de la ciudad, y la leyenda es “hombres débiles crean épocas difíciles”. Se señala así cómo el final de un ciclo vuelve a dar paso al principio de otro. La conmoción que supuso la caída del Imperio romano occidental a manos de tribus bárbaras consideradas más atrasadas fue enorme. 

Con todo, el primer historiador que se atrevió a realizar un trabajo profundo sobre la naturaleza del declive de las civilizaciones fue el tunecino Ibn Jaldún, a su vez hijo de sevillanos huidos tras la reconquista, en el siglo XIV. Jaldún se quedó perplejo al observar las grandes ciudades romanas del norte de África y preguntarse cómo en esa zona las tribus bereberes y los vándalos venidos del norte por mar habían podido desplazar a Roma. 

Su obra ‘Muqaddima’ (Introducción a la historia universal) realiza un planteamiento general sobre los elementos comunes que marcan el declive de las civilizaciones. El concepto esencial que utiliza es el de ‘cohesión social’ (‘asabiya’, en árabe). Según él, las sociedades, al hacerse opulentas, acaban perdiendo ‘asabiya’, hasta el punto de que entran en decadencia a pesar de su opulencia. Llegados a un punto, civilizaciones “inferiores”, pero más cohesionadas (tribus bárbaras, bereberes) pueden hacer caer a una civilización decadente sin cohesión de una forma relativamente rápida.

Foto: Dos niños pasan con sus patinetes frente a un mural en Chile. (Reuters)

Opinión Consecuencias económicas de nuestra desaparición. Ignacio de la Torre

Ya en el siglo XXI, el recientemente fallecido pensador judío Jonathan Sacks afirmó unas impactantes palabras al recoger el premio Templeton de 2016: «Ibn Jaldun, Giambattista Vico, Stuart Mill, Bertrand Russell, Will Durant… Todos han mantenido lo mismo: que las civilizaciones comienzan a morir cuando pierden la pasión moral que les dio forma. Ocurrió en Grecia y Roma, y le puede ocurrir a Occidente. Los signos son: caída de la tasa de natalidad, decadencia moral, mayores desigualdades, una pérdida de confianza en las instituciones, autoindulgencia por parte de los ricos, desesperanza por parte de los pobres, minorías no integradas, la incapacidad de hacer sacrificios presentes para poder beneficiar a las futuras generaciones y una pérdida de fe en las creencias antiguas sin que sea reemplazada con un nuevo esquema de valores. 

Son señales peligrosas, y muchas de ellas están hoy en auge».

Nos separan siete siglos desde los escritos de Jaldún, y casi 16 desde la caída del Imperio romano de Occidente. Sin embargo, las palabras de Sachs parecen estar más presentes que nunca. 

La prosperidad lograda en la reconstrucción tras la segunda guerra mundial sin duda promovió un rearme económico y un Estado social que soportó el crecimiento de las clases medias, y su afinidad con el sistema democrático. Desde mediados de los 70, ese modelo adolece, por las ventajas y los desafíos que ha supuesto la cuarta revolución industrial. Desde entonces, seguimos progresando, pero a un ritmo muy inferior al que lo hacían nuestros padres. Además, el progreso es mucho más volátil, debido a las habilidades que se precisan precisamente de dicha revolución industrial: ahí se genera la enorme dispersión de salarios observada desde entonces, génesis de la mayor desigualdad de ingresos y de riqueza. 

Por último, la revolución ha concentrado la creación de trabajos altamente remunerados en grandes urbes, lo que se traduce en un crecimiento económico totalmente dispar, y en la emigración de jóvenes desde sus ciudades ancestrales hacia la gran urbe que genera el ‘efecto red’ de trabajos altamente productivos y remunerados. La consecuencia de estos factores es una pérdida intensa de ‘cohesión social’.

Foto: Un bar de Vallecas. (Sergio Pérez/Reuters)

Opinión El «apoyo político al más alto nivel» y lo que se está cociendo en los barrios del sur. Esteban Hernández

No demonizo la revolución tecnológica, está aquí y presenta también enormes ventajas (como las vacunas de RNA mensajero contra el covid), pero no nos hemos parado a analizar posibles respuestas. 

Los populistas levantan su bandera proponiendo soluciones sencillas para tamaños problemas (como construir un muro en Texas, o cambiar fronteras), pero, como siempre, un fenómeno complejo requiere de soluciones complejas, y nos jugamos mucho en ello. 

Esta vez, con todo, me asombra que, a diferencia del siglo V, no acabo de encontrar otras civilizaciones muy cohesionadas. China y Rusia se encuentran en un ‘suicidio demográfico (acuñando la expresión de Alejandro Macarrón) profundo. La India ha pasado ya a una tasa de fertilidad de dos niños por mujer, que no asegura el reemplazo generacional. El islam afronta profundas divisiones políticas, religiosas y jurídicas. 

La cuestión, como siempre en la historia, es cómo reaccionamos a tamaños problemas. Spengler escribió ‘La decadencia de Occidente’ en 1917, hace más de un siglo, y aún seguimos debatiendo la decadencia. En cualquier caso, nuestra reacción ante tan enormes desafíos tiene que partir de la premisa de la valentía. Como dijo Upton Sinclair: “Nuestras libertadas se ganaron con sufrimiento, y pueden perderse a través de nuestra cobardía”.

Imagen de portada: La caída del Imperio romano. (Thomas Cole, 1836)

FUENTE RESPONSABLE: Observatorio del IE. España. Por Ignacio de la Torre. Diciembre 2021.

Sociedad y Cultura/Decadencia/Populismo/Demografía/Tecnología/

Educación/Desigualdad.

Por qué esta nota va a cambiar tu cerebro (y otros 3 datos sobre la neurociencia de la lectura).

En su último libro, titulado «Neuroeducación y lectura», el neurobiólogo Francisco Mora habla sobre «la verdadera gran revolución humana».

El título de esta nota suena pretencioso, pero es un simple dato científico: leer cambia la química, física, anatomía y fisiología del cerebro.

La duda es qué tanto conseguirá transformarlo. De acuerdo con el neurobiólogo español Francisco Mora, dependerá de que el texto logre despertar tu curiosidad y, sobre todo, tus emociones.

«Solo se puede aprender aquello que se ama», decía Mora en el libro «Neuroeducación», publicado hace 8 años. Este ensayo sobre cómo la ciencia del cerebro puede mejorar la forma en que se enseña y aprende lleva 48.000 ejemplares vendidos y acaba de llegar a su tercera edición.

El año pasado el también docente universitario publicó «Neuroeducación y lectura» para ampliar uno de los temas centrales de su anterior bestseller y que considera «la verdadera gran revolución humana»: la capacidad de leer.

Previo a su charla en el marco del Hay Festival Arequipa, Mora habló con BBC Mundo sobre el cerebro, la educación y la lectura, diálogo resumido aquí en cuatro grandes datos.

1. Leer es un proceso artificial y reciente

«La capacidad de hablar la hemos adquirido por procesos de mutaciones genéticas con el Homo habilis hace unos 2 a 3 millones de años«, dice Mora.

Desde aquel entonces, los humanos nacemos con los circuitos neurales del lenguaje, aunque vale la pena aclarar que la acción de hablar solo se aprende en contacto con otros.

FUENTE: FRANCISCO MORA

FRANCISCO MORA SE FORMÓ COMO MÉDICO Y ES DOCTOR EN NEUROCIENCIAS.

«Se podría decir que nacemos con un disco cerebral en el que poder grabar, pero que estará vacío si no se graba nada en él», escribe en «Neuroeducación y lectura».

En cambio, la lectura nació hace apenas unos 6.000 años por la necesidad de comunicarnos más allá de la tribu propia, del corto alcance del boca a boca.

Además, su base no es genética sino artificial o, mejor dicho, cultural.

«Leer es un proceso que al no estar genéticamente codificado (y, por tanto, no es transmitido por la herencia) se repite costosamente en cada ser humano y necesita cada vez del trabajo duro del aprendizaje y la memoria», explica en el libro.

Y agrega: «Leer, y desde luego leer bien o muy bien, requiere un laborioso proceso de aprendizaje, atención, memoria y entrenamiento explícito que dura años e, incluso, gran parte de toda la vida si se aspira a leer de un modo altamente eficiente».

Pero lo de «costoso» y «laborioso» no tiene por qué significar sufrimiento, aclara Mora, quien a los 4 años comenzó a vivir «el castigo de la lectura en el colegio» por el desconocimiento de sus educadores sobre cómo funciona el cerebro del niño.

2. Aprender a leer más temprano no te hace más inteligente.

Los niños son «verdaderas máquinas de aprender» ya desde el útero, escribe el investigador y divulgador. De hecho, continúa, «el ser humano necesita aprenderlo casi todo».

FOTO: GETTY IMAGES «NO HAY PENSAMIENTO SIN EL FUEGO EMOCIONAL QUE LO ALIMENTA», ESCRIBE MORA.

La lectura es uno de esos grandes hitos en el desarrollo infantil, uno que llena a los padres de orgullo… o de preocupación.

«Cuando una madre se da cuenta de que a su niño de 5 años todavía le cuesta mucho aprender a leer y que el vecinito de enfrente con 4 años ya lee de corrido, se puede preguntar: ¿es que mi niño es más torpe?«, dice.

Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que para aprender a leer, hay ciertas partes del cerebro que tienen que haber madurado previamente, algo que puede llegar a suceder a los 3 años, pero que por lo general culmina cuando tienen 6 o 7 años.

Por eso, escribe, lo aconsejable es que la lectura se empiece a enseñar formalmente a los 7 años, «edad en la que, casi seguro, las áreas cerebrales base de la lectura están en todos los niños lo suficientemente desarrolladas y maduras para captar en todo su sentido y emoción la tarea de comenzar a leer. Precisamente esa es la edad en la que se empieza a aprender a leer en ese país tan avanzado en la enseñanza que es Finlandia».

Este es uno de los ejemplos que más le gusta usar para explicar la importancia de la neuroeducación, o sea, una educación basada en cómo funciona el cerebro.

Es que además de que forzar a un niño a aprender a leer prematuramente puede provocarle un sufrimiento y frustración innecesarios, que lo logre a los 3 o 4 años no tiene trascendencia alguna a futuro.

En otras palabras, no le da una ventaja académica ni lo hace más inteligente.

FUENTE: GETTY IMAGES

LA NEUROEDUCACIÓN ES UNA VISIÓN DE LA EDUCACIÓN BASADA EN LO QUE LA CIENCIA SABE SOBRE CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO.

Según Mora, la maduración cerebral tiene un componente genético, pero también uno cultural, vinculado sobre todo, al hogar: crecer con padres que leen o te leen, «tiene una dimensión emocional que facilita enormemente el aprendizaje de la lectura».

3. Internet está generando un problema atencional

«Nadie duda que internet ha supuesto una revolución cultural, creando una ‘era digital’ en la que la lectura no solo se hace más deprisa sino también de modo diferente», escribe Mora en «Neuroeducación y lectura».

Sin embargo, diversos estudios sobre los efectos de internet en el cerebro de niños y adolescentes también empiezan a mostrar aspectos negativos, que van desde la disminución de la empatía hasta el decaimiento de la capacidad de tomar decisio­nes.

Sobre la lectura en concreto, como explica en «Neuroeducación», es necesario inhibir de forma temporal el «99% de todo aquello que normalmente pensamos o entra a nuestro cerebro y solo prestar atención al 1% de ello». Además, precisa de un cierto tiempo.

En cambio, navegar en internet «necesita de un foco de atención muy corto y siempre cambiante».

Eso, dice el español, está inhabilitando uno de los muchos tipos de atención que existen: la ejecutiva. «Es la que tienes cuando diseñas un plan de trabajo, la que requieres para el estudio», explica, que es «sostenida» y «reposada».

Incluso hay quienes hablan de una nueva forma de atención, a la que llaman digital.

FUENTE: GETTY IMAGES

MORA DEFINE LEER BIEN COMO «LA ALEGRÍA DE APRENDER, EL TENER ESA RECOMPENSA DE CONOCER».

Mora reconoce que hoy en día no tiene sentido retener la fecha de nacimiento de una figura histórica, dato que Google responde de forma rápida y correcta. Pero eso no quiere decir que la memoria haya dejado de importar en el aula.

«Necesitas memorizar y mucho, porque tus memorias son lo que eres», opina. «Inclusive, ¿no es bello acaso tener algunas memorias de alguna poesía o de un trozo pequeño de literatura que puedas usar para embellecer tu propio discurso?»

«Esa es una dimensión importante de tu individualidad, de lo que te hace diferente». E incluso, asegura, te hace mejor persona.

4. Leer cambia al cerebro (y a ti)

Si bien el cerebro no está genéticamente diseñado para leer, este órgano posee una propiedad clave para lograrlo: la plasticidad.

La palabra proviene del griego «plastikos», que significa «cambio» o «modelado».

Quizás el máximo ejemplo sea que aprender a leer modifica la función de un área del cerebro principalmente programada para identificar formas y detectar caras, la cual también pasa a procesar y construir palabras.

Pero las transformaciones no son solo a nivel fisiológico.

FUENTE: ALIANZA EDITORIAL

ESTE AÑO SE PUBLICÓ LA TERCERA EDICIÓN DE «NEUROEDUCACIÓN», MIENTRAS QUE «NEUROEDUCACIÓN Y LECTURA» SALIÓ EL AÑO PASADO.

«Lo que enseña (el maestro) tiene la capacidad de cambiar los cerebros de los niños en su física y su química, su anatomía y su fi­siología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en la conducta», escribe en «Neuroeducación».

Es que, como afirma luego en «Neuroeducación y lectura», «cada persona cambia no solo en función de lo vivido, sino también de lo leído».

«Leer no es un acto pasivo de absorción de lo que hay escrito en un determinado documento o libro, sino un proceso activo, o recreativo (‘volver a crear’) si se quiere, de lo que allí se describe», agrega.

Implica «activar un amplio arco cognitivo que involucra la curiosidad, la atención, el aprendizaje y la memoria, la emoción, la consciencia y el conocimiento». Y cambiar.

Como escribió el filósofo italiano Umberto Eco y a quien Mora disfruta de citar: «El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee, habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás».

Este artículo es parte del Hay Festival Arequipa digital, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza del 1 al 7 de noviembre de 2021.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Noviembre 2021

Neurociencias/Cerebro/Plan de lecturas/Sociedad y Cultura/Educación

5 hábitos de conversación que puedes usar para conectar mejor con los demás.

Expertos aseguran que hay ciertas técnicas de conversación que podrían ser útiles para ayudarnos a crear conexiones más profundas con nuestros interlocutores.

¿Nos ayuda a conversar para tener una mayor conexión social? 

Cinco pasos útiles pueden ayudarnos a fortalecer los lazos y evitar errores.

«No existe la conversación», escribió la novelista y crítica literaria Rebecca West en su colección de cuentos The Harsh Voice («La voz cruel»). «Es una ilusión. Hay monólogos que se cruzan, eso es todo «.

En su opinión, nuestras propias palabras simplemente pasan por alto las palabras de los demás sin que se produzca una comunicación profunda.

¿Quién no ha podido reconocer ese sentimiento en algún momento de su vida? 

Ya sea que estemos conversando con un barista o con un amigo cercano, es posible que tengamos la esperanza de establecer una conexión pero, luego, al dejar la charla, nos quedemos con la sensación de que nuestras mentes no se pudieron encontrar.

Mucho más tras los largos períodos de aislamiento que hemos vivido durante la pandemia del coronavirus que hacen que nuestra sed de contacto social sea mayor que nunca.

Si esto te suena conocido, es posible que algo te pueda ayudar.

Durante los últimos años, psicólogos que estudian el arte de la conversación han identificado muchas de las barreras que se interponen en el camino de una conexión más profunda y las formas de eliminarlas.

1. Haz preguntas

El primer paso puede parecer obvio, pero a menudo se olvida: si deseas tener un diálogo significativo con alguien, en lugar de dos «monólogos que se cruzan», debes hacer el esfuerzo de hacer algunas preguntas.

Considera la investigación de Karen Huang, profesora asistente en la Universidad de Georgetown, EE.UU.

Mientras estudiaba un doctorado en Comportamiento Organizacional en la Universidad de Harvard, Huang invitó a más de 130 participantes a su laboratorio y les pidió que conversaran en parejas durante 15 minutos a través de un sistema de mensajes instantáneos en línea.

Descubrió que, incluso en este corto período de tiempo, la cantidad de preguntas que se hacían variar ampliamente, desde alrededor de cuatro o menos en el extremo inferior a nueve o más en el extremo superior.

A lo largo de una serie de estudios de seguimiento, Huang descubrió que hacer preguntas marcaba una diferencia significativa en la simpatía que se generaba entre las personas.

Pareja en un bar.

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Haz preguntas, pero recuerda que no todas las preguntas son igualmente encantadoras.

Al analizar las conversaciones en un evento de citas rápidas, por ejemplo, descubrió que la cantidad de preguntas formuladas por alguno de los solteros podía predecir sus posibilidades de conseguir una segunda cita.

No todas las preguntas son igualmente encantadoras: un seguimiento que requiere más información sobre un punto anterior es más atractivo que un cambiocambia de tema, o que repetir lo que el otro ya te ha preguntado.

Huang concluyó que la mayoría de las personas no están preparadas para hacer preguntas y que, en detrimento de nuestras relaciones, disfrutamos hablando de nosotros mismos, pero subestimamos los beneficios de dejar que los otros hablen sobre ellos.

2. Atención con la empatía

A menudo se nos dice que nos pongamos en el lugar de otras personas, pero nuestra empatía rara vez es tan precisa como pensamos. Una de las razones de esto es el egocentrismo.

«Uso mi propia experiencia, mis propios estados mentales, como un sustituto del tuyo», dice Nicholas Epley, profesor de Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Chicago.

En su forma más básica, este egocentrismo se puede notar cuando señalamos algo en nuestro entorno físico sin darnos cuenta de que está fuera de la línea de visión de la otra persona, o cuando subestimamos el conocimiento de alguien sobre un tema que nos es familiar.

También puede llevarnos a pensar que alguien está sintiendo lo mismo que nosotros, o que tienen las mismas opiniones, ya sea una preferencia por un restaurante en particular o sus puntos de vista sobre un tema controvertido.

Pareja en la cocina.

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Curiosamente, la investigación de Epley ha demostrado que nuestro egocentrismo es peor cuando estamos con un conocido, en lugar de con un extraño, un fenómeno llamado «sesgo de comunicación cercana».

«A menudo percibimos que nuestros amigos cercanos y parejas son similares a nosotros, por lo que asumimos que saben lo que sabemos», explica Epley. Con los extraños, podemos ser un poco más cautelosos al hacer esas suposiciones.

Puedes intentar resolver este problema con una «toma de perspectiva» consciente, en la que imagines deliberadamente lo que la otra persona está pensando y sintiendo, basándote en tu conocimiento existente de ella.

3. Familiaridad vs. originalidad

¿Qué hay de nuestras elecciones para el tema de conversación?

Es natural suponer que la gente prefiere la originalidad, siempre debemos intentar transmitir algo nuevo y emocionante, en lugar de decirle a alguien algo que ya sabe. Pero no es así.

Según una investigación de Gus Cooney, psicólogo social de la Universidad de Pensilvania, EE.UU., sufrimos una «penalización de la novedad» cuando hablamos de algo nuevo, en comparación con un tema que ya es familiar para el oyente.

Si estamos hablando de algo completamente nuevo, es posible que nuestra audiencia no tenga los conocimientos suficientes para comprender todo lo que estamos diciendo. Sin embargo, si estamos hablando de algo que ya es familiar para nuestra audiencia, los oyentes pueden llenar esos vacíos ellos mismos.

Grupo de amigos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Describir con muchos detalles las experiencias increíbles que hemos tenido, dándoles vida, puede ayudar a que otros se conecten mejor con nuestras experiencias.

La penalización por novedad podría explicar por qué una descripción de unas vacaciones exóticas a menudo no tiene tanto impacto cuando se las cuentas a tus colegas, a menos que ellos mismos hayan estado en ese lugar.

«Cuando la experiencia es tan increíble en tu cabeza que puedes olerla, saborearla y ver todos los colores, simplemente asumes que otras personas también pueden hacerlo», afirma Cooney.

Cooney sugiere que podrías superar la penalización de la novedad con una narración muy ajustada que ofrezca una impresión vívida de lo que estás describiendo.

4. No tengas miedo de profundizar

Muchas experiencias humanas compartidas pueden ser increíblemente profundas, incluso en una charla ligera. La investigación reciente de Epley muestra que la mayoría de las personas aprecian la oportunidad de explorar sus pensamientos y sentimientos más íntimos, incluso si están hablando con desconocidos.

El equipo de Epley pidió a parejas de participantes que no se habían conocido previamente, que discutieron preguntas como: «Si una bola de cristal pudiera decirte la verdad sobre ti, tu vida, tu futuro o cualquier otra cosa, ¿qué te gustaría saber?».

La mayoría de los participantes temía que los intercambios fueran muy incómodos, pero la conversación fluyó mucho más de lo que habían predicho. También sintieron una mayor sensación de conexión y todo esto con un estado de ánimo más feliz después del intercambio.

Hombres conversan en un café.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Las conversaciones honestas aunque muchas veces son complejas generan mayor conexión entre las personas, un estado de ánimo más feliz y una sensación constructiva duradera.

«En estas conversaciones profundas, tienes acceso a la mente de otra persona y puedes reconocer que la otra persona realmente se preocupa por ti», dice Epley. «Eso puede generar un intercambio de palabras conmovedor, incluso aunque nunca vuelvas a encontrarte con esa persona».

5. Honestidad con tacto sobre la bondad sin sentido

Imagínate por un momento que te ves obligado a hablar con total honestidad durante cada interacción social. ¿Cómo te iría en tus relaciones?

Hace unos años, Emma Levine, profesora asociada de Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Chicago, y Taya Cohen, profesora asociada de Comportamiento Organizacional en la Universidad Carnegie Mellon, decidieron convertir este experimento mental en realidad.

Reclutaron a 150 participantes y los dividieron en tres grupos. Se pidió al primer grupo que fuera «absolutamente honesto» en cada conversación, en casa y en el trabajo, durante los siguientes tres días; al segundo grupo se le dijo que fuera amable, cariñoso y considerado durante el mismo período, mientras que al último tercio se le animó a comportarse normalmente.

Los participantes honestos obtuvieron puntajes tan altos en las medidas de placer y conexión social durante los tres días como aquellos a quienes se les dijo que fueran amables y, a menudo, encontraron mucho sentido en los intercambios.

«Parecía que sería horrible», dice Cohen, «pero los participantes informaron estar felices de haber tenido conversaciones honestas, aunque fueran difíciles».

Experimentos de seguimiento demostraron además que la comunicación honesta resultó ser mucho más constructiva de lo que la gente predijo y los beneficios de la revelación franca sobre su bienestar general continuaron durante al menos una semana después.

No hace falta decir que la honestidad se sirve mejor con una buena dosis de diplomacia.

Cohen dice que debes pensar detenidamente sobre el momento de tus comentarios, la forma en que están redactados y si la persona tendrá la oportunidad de hacer uso de la información.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC Work Life por David Robson. Noviembre 2021

Sociedad/Educación/Relaciones sociales/Comunicación/Cultura

Qué es la lectura profunda y cómo afecta (para bien) tu cerebro.

«Sin libros, no seríamos humanos como lo somos», le dice a BBC Ideas la biblioterapeuta Ella Berthoud.

Si bien eso es cierto, «no hay nada menos natural que la lectura», precisa la neurocientífica Marianne Wolf.

«La alfabetización es uno de los más grandes inventos de la especie humana», que no sólo es útil sino tan poderoso que transforma nuestras mentes y aún más: «la lectura literalmente cambia el cerebro», afirma Wolf.

Los beneficios son extraordinarios pero estamos en riesgo de perder algunos de ellos. ¿Por qué?

Pregúntate: ¿prestaste atención a todo lo anterior o lo leíste por encima, buscando información rápidamente o quizás «un gancho» que te lleve a leer un poco más?

Sinceramente, ¿cuán a menudo haces lo último?

A pesar de que hoy en día estamos leyendo más palabras que nunca -se calcula que un promedio de alrededor de 100.000 al día- la mayoría se leen en ráfagas cortas en las pantallas, y «por encima».

Eso preocupa a expertos, pues transformar nueva información en conocimiento consolidado en los circuitos del cerebro requiere múltiples conexiones con las habilidades de razonamiento abstracto, cada una de las cuales requiere un tipo de tiempo y atención que a menudo falta en la lectura digital.

Todo lo cual nos deja con la misma pregunta que hizo el poeta TS Eliot: «¿Dónde está el conocimiento en nuestra información? ¿Dónde está la sabiduría en nuestro conocimiento?».

Volvamos al cerebro.

Físicamente

Dibujo de mujer con libro en vez de cerebro

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Venimos equipados para hablar, pero no para leer.

A diferencia del lenguaje oral, la visión o la cognición, no existe un programa genético para aprender a leer.

Si un niño, en cualquier lugar del mundo, está en un entorno hablante, su lenguaje, naturalmente, se activará. Eso no ocurre con la lectura, pues implica la adquisición de un código simbólico completo, tanto visual como verbal.

Por ser un invento relativamente reciente -«es un parpadeo en nuestro reloj evolutivo: tiene apenas 6.000 años», apunta Wolf-, aún no lo hemos formateado.

«Empezó de una manera simple, para marcar cuántos vasos de vino u ovejas teníamos. Y con el nacimiento de los sistemas alfabéticos, comenzamos a tener un medio eficiente para recordar y almacenar el conocimiento».

«La lectura es un conjunto adquirido de habilidades que literalmente cambia el cerebro»

«Lo que hace es explotar un principio de diseño en el cerebro humano, que le permite hacer nuevas conexiones entre regiones visuales, regiones del lenguaje, regiones para el pensamiento y la emoción».

Dibujo de hombre con libro y flecha que va al cerebro y al corazon

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Todos tenemos que crear circuitos nuevos.

Esta transformación, subraya la neurocientífica, «comienza de nuevo en cada nuevo lector. No existe dentro de nuestra cabeza. Cada persona que aprende a leer tiene que crear un nuevo circuito en su cerebro».

Y eso, abre las puertas a un mundo nuevo.

Mágicamente

«La lectura aporta tres poderes mágicos: creatividad, inteligencia y empatía», le dijo a BBC Ideas Cressida Cowell, escritora de literatura infantil y autora de la serie «Cómo entrenar a tu dragón».

«Leer por el gusto de hacerlo es uno de los dos factores clave en el éxito económico posterior de un niño. Es más probable que no termines en prisión, que votes, que seas dueño de tu propia casa…».

Además, «leer una gran historia es mucho más que entretenimiento», asegura la biblioterapeuta Ella Berthoud.

Libro, velas, cojines

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Para calmar los ánimos.

«La lectura en realidad tiene muchos beneficios terapéuticos.

«Tu cerebro entra en un estado meditativo, un proceso físico que ralentiza los latidos del corazón, te calma, y reduce la ansiedad», afirma Berthoud, para quien, por ejemplo, el remedio para la «claustrofobia, rabia, agotamiento» es la novela de Nikos Kazantzakis «Zorba el griego».

La biblioterapia, el arte de prescribir ficción para curar las dolencias de la vida, fue reconocida en el Diccionario Médico Ilustrado de la editorial Dorland’s en 1941.

Su práctica se remonta al menos a la Antigua Grecia, época en la que se colocaban notas en las puertas de las bibliotecas, advirtiendo a los lectores que estaban a punto de entrar en un lugar de curación del alma.

En el siglo XIX, psiquiatras y enfermeras le recetaba a sus pacientes toda clase de libros, desde la Biblia, pasando por literatura de viajes, hasta textos en lenguas antiguas.

Varios estudios en el siglo XX y XXI han comprobado que la lectura agudiza el pensamiento analítico, lo que nos permite discernir mejor los patrones, una herramienta muy útil ante conductas desconcertantes de otros y de nosotros mismos.

Mujer leyendo junto a la estatua de un poeta islandés, Tomas Gudmundsson, Reykjavik, Islandia.

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Mujer leyendo junto a la estatua de un poeta islandés,Tomas Gudmundsson, Reykjavik, Islandia.

La ficción en particular puede hacerte socialmente más hábil y empático. Y aunque no prometen una transformación total en siete sencillos pasos, las novelas te pueden informar y motivar, los relatos breves consolar y ayudar a reflexionar y está demostrado que leer poesía estimula partes del cerebro relacionadas con la memoria.

Sumergirse en una novela es perderse, pero cuando volvemos a la realidad traemos con nosotros aquello que nos inspiró nuestro personaje favorito.

Sin embargo, muchos de estos beneficios dependen de un estado conocido como «lectura profunda».

Profundamente

«Cuando leemos a nivel superficial, sólo estamos obteniendo la información. Cuando leemos profundamente, estamos usando mucho más de nuestra corteza cerebral», explica Wolf.

«La lectura profunda significa que hacemos analogías, hacemos inferencias, lo que nos permite ser seres humanos verdaderamente críticos, analíticos, empáticos».

Niño leyendo

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Cuando pasamos de decodificar a leer, el cerebro traza otra ruta.

En su libro «Proust y el Calamar. Historia y Ciencia del Cerebro Lector» -cuyo título en español es «Cómo aprendimos a leer»-, la experta en neurobiología de la lectura explica cómo «en cierto momento, cuando un niño pasa de decodificar a leer fluidamente un texto, la ruta de las señales a través de su cerebro cambia.

«En vez de recorrer una ruta dorsal (…), la lectura comienza a moverse a través de una más rápida y eficiente ruta ventral…

«Puesto que el tiempo empleado y el gasto de energía cerebral son menores, un lector fluido será capaz de integrar más de sus sentimientos y pensamientos en su propia experiencia.

«El secreto de la lectura se halla en el tiempo que ésta libera para que el cerebro pueda tener pensamientos más profundos que antes».

Pero, si bien el proceso de aprender a leer cambia nuestro cerebro, también lo hace lo que leemos, cómo leemos y en qué leemos (impresión, lector electrónico, teléfono, computadora portátil).

Alternativamente

Chica leyendo en la cama un telefono

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Es lo mismo pero no es igual.

Para Chris Meade, autor transmedia, esto último no es problema: «Pensamos en el libro como la obra, pero el libro es sólo un mecanismo de entrega».

La narrativa transmedia es un tipo de relato en el que la historia se despliega a través de múltiples medios y plataformas de comunicación -apps, e-books, juegos, comics, blogs, etc.-, y en la cual los consumidores pueden asumir un rol activo en el proceso de expansión.

«Los nuevos medios le están dando voz a una nueva generación de escritores. Impide que tengamos o estemos condicionados a pensar que sólo hay un tipo de ‘escritura buena’ y en realidad le permite a las personas simplemente hablar y compartir historias y experiencias», opina Natalie A. Carter, co fundadora del extraordinariamente exitoso Black Girls Book Club.

«No importa el medio, no importa cómo lo consigas, lo que importa es la historia», dice la otra co fundadora Melissa Cummings-Quarry.

«La novela está evolucionando. Hay todo tipo de libros increíbles que se están escribiendo deliberadamente para ser leídos en los teléfonos», señala Berthoud.

Hombre leyendo en tableta en una biblioteca antigua

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«El libro tal vez da la ilusión de que esto es todo. Nunca lo ha sido, es una forma de entrar en un proceso de pensamiento», afirma Meade.

Sin embargo, la lectura digital puede tener un costo para el cerebro del lector.

Desafortunadamente

«Reunimos a académicos y científicos de más de 30 países, para investigar sobre el impacto de la digitalización en la lectura», le contó a BBC Ideas Anne Mangen, presidenta de E-READ.

E-READ, o Evolución de la lectura en la era de la digitalización, es un organismo cuyo objetivo es mejorar la comprensión científica de las implicaciones de la digitalización.

Es parte del Programa Internacional de Cooperación Europea en el Campo de la Investigación Científica y Técnica (COST), que considera la lectura como un «asunto de urgente preocupación».

«Las investigaciones muestran que la cantidad de tiempo que se dedica a leer textos de formato largo está disminuyendo y, debido a la digitalización, la lectura se está volviendo más intermitente y fragmentada», algo que podría «tener un impacto negativo en los aspectos cognitivos y emocionales de la lectura», explica COST.

Hombre por entrar en puerta dentro de libro

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«Descubrimos que hay, lo que se llama una inferioridad en la pantalla», reveló Mangen.

«Hay muchas cosas que se pueden leer igualmente bien en su teléfono inteligente, actualizaciones de noticias más cortas, pero con algo que es cognitivo o emocionalmente desafiante, leer en una pantalla conduce a una comprensión de lectura más pobre que leer en papel».

«La realidad es que no es sólo qué o cuánto leemos, sino cómo leemos lo que es realmente importante», señala Wolf.

«El volumen mismo está teniendo efectos negativos porque para absorber tanto, hay una propensión a leer por encima. El cerebro lector tiene un circuito plástico. El circuito refleja las características del medio con el que lee. Las características de lo digital se van a ver reflejadas en el circuito».

En otras palabras, así como al aprender a leer de la manera tradicional el cerebro se formatea y graba los itinerarios de la razón y los caminos a la emoción, al aprender a leer de la manera en la que lo hacemos en los medios digitales, el cerebro trazará rutas distintas y, si dejamos de un lado la lectura profunda, borrará las anteriores, si es que existían.

Cerebro con libros

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Hay que proteger lo que la lectura profunda logró hacer en el cerebro.

«Si no entrenamos esas habilidades, eventualmente podemos perder la capacidad de comprender contenido más complejo, y también tal vez de involucrarnos e imaginar», advierte Mangen.

Entonces, ¿qué podría deparar el futuro para los libros y para el cerebro lector?

Eventualmente

«La imaginación humana es algo fantástico, somos muy flexibles. Encontramos formas de hacer lo que queremos con la tecnología disponible», opina Meade.

Según Carter, el futuro traerá «muchas más colecciones de cuentos, y creo que veremos muchos más libros más cortos».

La escritora Cowell ya ha sentido el cambio: «He modificado la forma en que escribo, porque la capacidad de atención de los niños se ha acortado. Los libros tienen capítulos cortos y son increíblemente visuales… brillantes, como las golosinas».

Para la neurocientífica Maryanne Wolf, «así como las personas pueden ser bilingües y trilingües, mi esperanza es que desarrollemos un cerebro bialfabetista.

«Podemos disciplinarnos para elegir el medio que mejor se adapte a lo que estamos leyendo y así no perder el extraordinario don que la lectura le ha dado a nuestra especie».

* Este artículo está basado en el video «What does reading on screens do to our brains?» de BBC Ideas y The Open University

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo

Educación/Sociedad y Cultura/Ciencia/Salud

Para tod@s ustedes; amig@s virtuales amantes de las letras…

Por qué usar la cabeza demasiado va en contra de pensar inteligentemente.

Para pensar de forma más inteligente, lo que hay que hacer es usar menos el cerebro.

«Usa la cabeza»: la frase se repite una y otra vez a lo largo de nuestras vidas a modo de consejo o, incluso, de regaño.

Es que la sociedad actual gira en torno al cerebro y su poder.

Le llaman «una maravilla insondable, la estructura más compleja del universo», escribe la periodista científica Annie Murphy Paul en su reciente libro «Mente extendida: el poder de pensar fuera del cerebro» (Extended Mind: The Power of Thinking Outside the Brain).

«El cerebro es realmente asombroso», le dice a BBC Mundo, «pero también es muy limitado».

Por eso, Murphy Paul asegura que usar el cerebro demasiado no nos hace más inteligentes, sino todo lo contrario.

En su libro, la autora estadounidense repasa investigaciones neurocientíficas que muestran cómo podemos «pensar fuera de la cabeza» y da ejemplos prácticos para usar nuestros cuerpos, entorno y relaciones como extensiones mentales que nos ayuden a mejorar la concentración, comprensión y creatividad.

¿Por qué «usar la cabeza» no siempre es lo más inteligente que uno puede hacer?

La frase «usa la cabeza» encapsula una actitud hacia el pensamiento con la cual la mayoría de nosotros crecimos y que incorporamos, pero creo que es problemática.

Asume que pensar sucede aquí arriba (se toca la frente) y que, para solucionar un problema, aprender algo nuevo o generar una nueva idea, debes trabajar más duro con la cabeza.

En este sentido hay una metáfora muy extendida del cerebro como un músculo, que indica que cuanto más lo ejercitas, mejor funciona.

Pero, el cerebro por sí solo es bastante limitado e inestable. No es una máquina pensante multiuso y todopoderosa.

Annie Murphy Paul

FUENTE DE LA IMAGEN – GENTILEZA ANNIE MURPHY PAUL

El último libro de la periodista científica Annie Murphy Paul, «Mente extendida», fue publicado en junio.

De hecho, este órgano evolucionó para hacer ciertas cosas y no son las cosas que le pedimos que haga en nuestras vidas modernas, como pensar en conceptos abstractos o en teorías contrarias a la intuición y absorber toda esta información todo el tiempo.

Por ende, decir «usa la cabeza» en verdad es encerrarte en una caja y aislarte de una cantidad de estrategias extra neuronales.

¿Cómo diste con estas áreas de investigación neurocientíficas que van más allá del paradigma cerebrocentrismo que predomina en la actualidad?

Si bien existe este acercamiento predominante hacia el pensamiento que se centra en el cerebro, siempre han habido líneas de investigación que no confirman esta idea.

Son áreas sólidas y sustanciales que llevan décadas, pero que están fuera de la corriente principal.

Se trata de áreas de investigación como la cognición corporeizada —que pensamos con nuestros cuerpos—, cognición situada —que el lugar donde estamos afecta a cómo pensamos— y cognición socialmente distribuida —la idea de que pensar ocurre a lo largo de grupos de personas—.

Dado que investigo y escribo sobre aprendizaje y cognición, estaba muy intrigada por estas áreas. Me parecía que estaban relacionadas, pero no estaba segura de cómo unirlas.

Mujer con caja en la cabeza

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«Decir ‘usa la cabeza’ en verdad es encerrarte en una caja y aislarte de una cantidad de estrategias extraneuronales», dice Murphy Paul.

Entonces, un día encontré un artículo de los filósofos Andy Clark y David Chalmers sobre la mente extendida, donde proponen esta idea de que el pensamiento no solo ocurre en nuestra mente, sino que se extiende por nuestros cuerpos, espacios, relaciones, dispositivos y herramientas que usamos.

Eso me brindó la gran idea de unir estos cuerpos de investigación que sugieren que centrarse solo en el cerebro es una perspectiva muy limitante.

¿Podrías dar ejemplos de estudios y hallazgos vinculados a la cognición corporeizada, la cognición situada y la cognición socialmente distribuida?

En cuanto a la cognición corporizada, un área de investigación muy interesante es la de los gestos y cómo usamos nuestras manos cuando hablamos y pensamos.

La noción cerebrocentrismo sugiere que todo el pensamiento ocurre aquí arriba (se vuelve a tocar la frente) y que tus manos simplemente se mueven como una suerte de entretenimiento secundario. 

Pero en realidad las investigaciones en cognición corporeizada y gestos muestran que los movimientos de nuestras manos en verdad son parte del proceso.

Se retroalimentan: los movimientos de nuestras manos informan lo que estamos pensando y lo que estamos pensando se expresa en nuestras manos.

Por eso, cuando no se le permite a la gente mover las manos, hablan menos fluido, piensan menos claro y son menos capaces de resolver problemas.

Mujer hablando en un entorno profesional

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La ciencia ha demostrado que los movimientos de manos al hablar son parte del proceso de pensar y no un mero espectáculo secundario.

En cuanto a la cognición situada, hay una gran cantidad de investigaciones sobre cómo estar al aire libre en la naturaleza afecta nuestro pensamiento.

La teoría principal se llama teoría de la restauración de la atención. Es la idea de que, como los seres humanos evolucionamos en la naturaleza, nuestros cerebros procesan los estímulos que encontramos allí de forma fácil y eso nos resulta muy refrescante y revitalizador.

En la naturaleza, por ejemplo, no hay bordes puntiagudos ni muchos movimientos rápidos y los sonidos suelen ser suaves. Es muy distinto a un entorno urbano o al interior de una construcción.

Entonces, pasar tiempo al aire libre en la naturaleza es como volver a llenar el tanque de atención y de las habilidades que te permiten enfocarte y concentrarte.

Pensamos tanto en cómo administramos o gastamos nuestra atención y olvidamos que tenemos que recargar y refrescar regularmente esta capacidad.

Una reunión en una oficina con post its

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Anotar ideas en Post-it y moverlas para ordenar ideas es una estrategia práctica para reducir el esfuerzo mental o carga cognitiva.

Por último, está la cognición socialmente distribuida. Existe el mito de que los genios y las personas muy inteligentes logran todo por sí mismos y no es así, especialmente en el mundo actual.

Hoy en día la información es tan abundante, existe tal nivel de especialización y nuestros problemas o desafíos son tan complejos que tenemos que crear algo así como una mente colectiva donde la gente se una, colabore y piense junta.

Uno de mis ejemplos favoritos es el de la memoria transactiva. Nadie puede saberlo todo, pero cuando tienes un grupo de personas, cada una tiene una especialidad y sabes cuál es, entonces puedes multiplicar cuánta información y cuánta memoria tienes como colectivo.

Es una forma social de expandir nuestra capacidad mental al ir más allá de nuestro propio cerebro.

En tu libro das consejos prácticos sobre cómo implementar muchos de estos hallazgos. ¿Hay alguno en particular que te guste o te haya servido más?

Una cosa que aprendí al escribir el libro y que ahora pongo en práctica es la llamada descarga cognitiva, que es la idea de que hacemos demasiado en nuestras cabezas.

Tratamos de que toda la información, todas nuestras ideas y todas las conexiones que estamos haciendo entre esas ideas se mantengan en nuestras cabezas. Esa, en realidad, es una estrategia ineficiente e ineficaz.

Manos estiradas frente a un paisaje montañoso.

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Nuestros cerebros procesan los estímulos de la naturaleza de forma fácil y eso nos resulta muy refrescante y revitalizador.

Lo que debemos hacer es descargar el contenido de nuestra cabeza en el espacio físico. Puede ser en la computadora, una pizarra o, mi favorito, en muchos Post-it.

Es que nuestros cerebros evolucionaron para hacer ciertas cosas con mucha facilidad y bien. Por ejemplo, evolucionaron para manipular objetos físicos y navegar a través de paisajes tridimensionales.

Pero no lo hicieron para lidiar con conceptos abstractos y teorías contrarias a la intuición, como decía antes.

Así que cuanto más puedas convertir ideas e información en objetos o paisajes, mejor. No es lo mismo mantenerlo dentro de nuestras cabezas que tenerlo escrito en hojas y poder poner en juego los recursos extra neuronales.

También das ejemplos de artistas, científicos y autores famosos que piensan con el cuerpo, los espacios y las relaciones: ¿alguno te gustó o sorprendió particularmente?

Una historia en la que pienso mucho es la de James Watson, el codescubridor de la estructura del ADN.

A veces nos parece que los científicos son estos genios que de golpe se iluminan. Pero lo que hizo Watson para descifrar algo tan complejo como la estructura de doble hélice del ADN fue cortar pedazos de cartón y hacerlas encajar.

Es casi como una estrategia de jardín de infantes. Y es que a los niños les permitimos que jueguen y aprendan manipulando bloques y otros objetos.

Un niño jugando con bloques

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Aprender manipulando objetos no debería estar restringido a los niños pequeños, pues es una forma efectiva de ayudar al cerebro a pensar mejor.

Sin embargo, tenemos la idea de que, a medida que uno crece y se convierte en adulto, debe dejar esas cosas de lado y simplemente pensar con la cabeza.

La historia de Watson es una gran demostración de cómo eso no es cierto.

Incluso es posible que él no hubiera podido descifrar la estructura del ADN sin manipular objetos concretos que le ayudarán a pensar.

¿Por qué crees que es importante explicar las limitaciones del cerebro?

Creo que es muy importante porque en los libros, programas de televisión y todo tipo de presentaciones científicas nos dicen que el cerebro es asombroso, que es el objeto más complejo del universo.

Y el cerebro es realmente asombroso, pero también es muy limitado. Y esos límites son universales e inherentes al organismo. No tienen que ver con las diferencias individuales ni con lo inteligentes que somos.

Entonces, la gente escucha todo el tiempo sobre lo maravilloso que es el cerebro en general, pero luego su propio cerebro los decepciona. Por ejemplo, olvidan cosas, no pueden concentrarse o no pueden mantenerse motivados.

En este sentido es realmente útil recordar que esos son límites que están integrados en el cerebro como órgano biológico evolucionado.

Hombre de compras

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Olvidar a veces simplemente es una consecuencia de la capacidad limitada de nuestro cerebro de recordar.

Por ejemplo, el cerebro está hecho para distraerse porque, en la situación en la que evolucionamos, las distracciones podrían significar una oportunidad o una amenaza. Era muy importante distraerse en el sentido de prestar atención a cualquier cosa nueva o sorprendente que se presentará en nuestro entorno.

Así que no deberíamos ser demasiado duros con nosotros mismos cuando intentamos trabajar, pero nos distraemos todo el tiempo.

Una forma de aplicar aquí la descarga cognitiva sería protegernos de las distracciones con paredes, con un espacio privado para trabajar.

El cerebro tampoco está diseñado para recordar las cosas exactamente como pasaron. Esa es otra razón por la que, siempre que sea posible, deberíamos descargar las cosas que necesitamos recordar en una agenda, calendario o cuaderno.

Así liberamos ancho de banda mental para hacer lo que el cerebro humano hace realmente bien; por ejemplo, imaginar y planificar, que son capacidades cognitivas superiores.

En tu libro afirmas que el paradigma «cerebro centrista» no puede resolver los «desafíos sin precedentes de nuestra sociedad». ¿Por qué?

Es posible argumentar que en realidad hemos alcanzado los límites del cerebro biológico, que lo estamos haciendo trabajar al 100% de su capacidad.

Los seres humanos nunca han vivido en un entorno con tanta información y conviviendo con problemas de vida o muerte que son increíblemente complejos. Un ejemplo es el cambio climático.

Por eso, para enfrentar el momento y resolver los problemas que tenemos frente a nosotros, la única opción es aprender a ir más allá del cerebro y encontrar estos recursos que pueden aumentar su poder, porque el cerebro biológico simplemente no está a la altura del trabajo.

Manos unidas

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Existen métodos científicamente probados para aumentar la inteligencia colectiva de los miembros de un equipo de trabajo.

Es importante destacar que ya estamos aplicando muchas de estas estrategias, pero no lo hacemos intencionalmente. Necesitamos aprender a utilizarlas de forma consciente y hábil.

Para eso debemos adquirir una especie de segunda educación, porque nuestra primera educación estaba muy centrada en cómo usar el cerebro.

De hecho, veo a los maestros cada vez más interesados en ello porque son quienes más se dan cuenta de los límites del modelo actual.

¿Qué es la «desigualdad de extensión», concepto que abordas en tu libro?

Este es un tema muy importante para mí, algo que mientras escribía el libro, me golpeaba en la cara.

Pensamos en la inteligencia como esta cantidad fija en nuestra cabeza, como un bulto en nuestra cabeza que es más grande o más pequeño, y que podemos medir para luego clasificar a las personas de acuerdo con lo inteligentes que son.

Pero si lo inteligentes que somos depende tanto de estos recursos externos, de lo bien que podemos y sabemos usarlos, pero también de si están disponibles para nosotros o no, entonces esta idea de que la inteligencia es algo inherente, fijo e innato simplemente no tiene ningún sentido.

Es dependiente de la accesibilidad de estas extensiones mentales, las cuales no se distribuyen equitativamente.

La gente no tiene el mismo acceso o la libertad para mover el cuerpo, a espacios verdes, a lugares tranquilos para hacer su trabajo o a redes de mentores y docentes que puedan ayudarlos con su pensamiento, por citar algunos ejemplos.

Entonces creo que una vez que empiezas a pensar de esta manera, la desigualdad de extensión se vuelve realmente difícil de ignorar o de negar.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Ana Pais (@anapais)

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