5 temas de los que los hombres deberían hablar más (y por qué es preocupante que no lo hagan).

Cada 40 segundos, una persona se suicida en el mundo.

Con frecuencia, son más hombres que mujeres quienes se quitan la vida, en parte, porque son menos proclives a hablar de sus problemas o buscar ayuda.

Entonces, ¿de qué temas deberían hablar más los hombres para sufrir menos?

1. De la diferencia entre redes sociales y realidad

Las redes sociales pueden tener un efecto profundo en la salud mental.

Un estudio de la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos llegó a la conclusión de que cuanto más tiempo pasamos en las redes, más posibilidades tenemos de sentirnos solos y deprimidos.

Pero el efecto, dicen, es reversible.

Pareja posando para un selfie

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Las redes sociales muestran una imagen muy distinta a la realidad.

«Usar menos las redes de lo que harías normalmente lleva a una disminución significativa de la depresión y la soledad», dice Melissa Hunt, psicóloga y autora del estudio.

«Estos efectos fueron particularmente pronunciados en personas que estaban más deprimidas cuando se hizo el estudio».

¿Pero qué tienen las redes sociales para ser tan dañinas?

Lo que pasa en las redes sociales es raramente un reflejo veraz de la vida real y, aún así, no podemos evitar hacer comparaciones, dice Oscar Ybarra, profesor de psicología de la Universidad de Michigan, en EE.UU.

«La gente no tiene que ser superconsciente de que eso está pasando, pero pasa. Entras al sitio, y generalmente debes lidiar con contenido que está muy curado», dice.

Cuando más usas las plataformas, más tendencia tienen a hacer comparaciones, y eso se vincula a cómo te sientes luego, añade.

2. De la soledad

Un estudio de la BBC y la Wellcome Collection (una entidad encargada de difundir el conocimiento sobre las ciencias médicas y la historia de la medicina) encontró que los jóvenes entre 16 y 24 años son los que se sienten más solos.

Un estudio de 2017 de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, halló que para los hombres es particularmente difícil combatir la soledad.

Joven mirando la puesta de sol

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

A los hombres les cuesta más que a las mujeres combatir la soledad.

«Lo que determinó la supervivencia de la amistad entre mujeres es si hacían o no el esfuerzo de hablar más por teléfono entre ellas», dice Robin Dunbar, líder del estudio.

«Lo que permitió mantener la amistad entre los hombres fue el hacer cosas juntos (ir a ver un partido de fútbol, ir al pub, o hacer algún deporte juntos). Es una diferencia de género muy sorprendente».

Cuando la soledad se torna una condición crónica puede tener un impacto serio tanto en la salud mental como física.

Estudios vinculan la soledad al aumento en el riesgo de demencia, enfermedades crónicas y comportamientos riesgosos para la salud.

3. De sus sentimientos

Numerosos estudios indican que llorar no solo nos proporciona alivio, sino que también promueve la empatía y ayuda a crear vínculos sociales.

Aún así, el concepto de que «los hombres no lloran» está muy arraigado en la sociedad.

Hombre angustiado

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Llorar ayuda a generar empatía en los demás.

Según un estudio en Reino Unido, 55% de los hombres entre 18 y 24 años sienten que llorar los hace menos masculinos.

Este sentimiento es compartido en muchos otros países.

«Condicionamos a los hombres desde una edad muy temprana a no expresar sus emociones, porque expresarlas es ser ‘débil'», dice Colman O’Driscoll, exdirector ejecutivo de operaciones y desarrollo en Lifeline, una organización sin fines de lucro australiana dedicada a prevenir el suicidio.

4. Sobre ser «el sostén de la casa»

En muchas sociedades, los hombres heterosexuales en una relación de pareja creen que deben ganar más que ellas.

Olumide Durojaiye es uno de ellos.

Olumide Durojaiye

FUENTE DE LA IMAGEN – BBC SPORT

Olumide Durojaiye es mediocampista del equipo de fútbol británico Woking

«Yo veía cómo mi papá era el principal sostén (de la familia), y trabajaba día y noche viajando por todo el país. Yo necesitaba ser igual», dice Durojaiye.

«Necesitaba ganar dinero porque quería ser ese tipo de hombre que pensaba que mi pareja necesitaba».

Pero sentir el peso de la responsabilidad financiera puede exacerbar los problemas de salud mental.

Un estudio de 2015 descubrió que por cada aumento de 1% en la tasa de desempleo, hay un 0,79% de aumento en el índice de suicidios.

«Nos crían toda la vida para juzgarnos en comparación con nuestros pares y pare ser económicamente exitosos», dice Simon Gunning, director ejecutivo de Campaign Against Living Miserably (Calm), una ONG británica dedicada a evitar el suicidio en los hombres.

«Cuando hay factores económicos que no podemos controlar, se torna muy difícil».

5. De su imagen corporal

Josh Denzel ganó cierta fama en Reino Unido el año pasado cuando salió tercero en un reality de TV llamado «Love Island».

«Vivía (metafóricamente) en el gimnasio antes de ir al programa e incluso así, recuerdo mirarme al espejo y, aunque estaba en forma, no quería ir», confiesa.

Josh Denzel

FUENTE DE LA IMAGEN – BBC SPORT

Los reality shows han sido criticados por crear ansiedad sobre la imagen corporal en los jóvenes,

«Todavía hoy siento que no hay nada peor que estar en la playa y ver pasar a un hombre con unos abdominales increíbles y mirarte a ti mismo y sentirte menos hombre».

Si tú o alguien de tu entorno se encuentra deprimido o en problemas, busca ayuda. Puedes encontrar aquí recursos de apoyo según tu región.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo – Mayo 2019

Sociedad/Salud/Salud Mental/Depresión

Viajando por la Argentina en fotografías.

Buen miercoles; Bo mércores; Boa quarta feira; Buon mercoledi;

Bon dimecres; Good wednesday; Bon mercredi

¿Me acompañan? Les mostraré algunas bellezas del Litoral Argentino. Siempre con los mismos deseos de buena salud y de armonía en vuestra vida. Muchas gracias. Saludos totales.

Bañado la Estrella. Provincia de Formosa. Argentina

Cataratas del Iguazú.Provincia de Misiones. Argentina

Costanera de Corrientes. Provincia de Corrientes. Argentina

Ciudad de Formosa. Provincia de Formosa. Argentina

Isla San Martín. Provincia de Misiones. Argentina

Corrientes. Provincia de Corrientes. Argentina

Paisaje correntino. Provincia de Corrientes. Argentina

Paisaje entrerriano. Provincia de Entre Ríos. Argentina

Palacio Santa Candida. Provincia de Entre Ríos. Argentina

Río Paraná. Provincia de Entre Ríos. Argentina

Palacio San José. Provincia de Entre Ríos. Argentina

Reitero lo de siempre; hay tantas fotos para subir. Pero sería muy monótono. Todavía debemos recorrer la Zona de Cuyo y Centro; para luego dirigirnos a la pampa argentina, para seguir viaje hasta el fin del mundo. Saludos totales. Disfruten el día!!

Imagen de portada: Delta del río Paraná. Provincia de Entre Ríos. Gentile de Pinterest en la totalidad de las fotografías.

La foto del fin de la locura

Las emociones
se desprenden
muchas veces
necesitando
ese tan esperado
aviso previo,
porque
en este caso
que más
disparador,
qué escuchar
el anuncio
de lo más
deseado,
el fin
de la contienda
una sangrienta
plena de locura
segunda
guerra mundial,
ella una enfermera
el un marinero,
inmortalizados
por dos fotógrafos
desde distintos
ángulos,
postal icónica
que avisaba
el fin
de lo más brutal
del siglo XX.

Imagen de portada: Gentileza de National Geographic Victor Jorgensen, autor de la imagen sobre estas líneas tomada en la neoyorquina Times Square

No es la soledad…es la vida.

Soledad infinita
que ya pesa
un poco más
que ayer
y menos
que mañana,
sobre
las espaldas
exhaustas
por haber vivido
de pie
equivocado
o no,
pero jamás
de rodillas.

Orgullo, no
no es orgullo,
es lo que uno
mamo de chico,
ejemplos de vidas
sin dobleces
ni trampa alguna.

No conseguiré
el cielo fácilmente
porque me equivoqué
fiero algunas veces,
he pedido perdón
a aquellos que lastime
por esos impulsos
que uno no los sujeta.
 
Pero no me quejo
vida bien vivida,
con momentos
únicos e
inolvidables,
mi único amor,
mis hijos, mis nietos
y también
de los otros
las pérdidas
algunas que aún
duelen en el Alma,
y que uno guarda
para cuando
se acerque
el camino
del reencuentro.

Como cantaba
la «negra» Sosa,
gracias a la vida
que me ha dado tanto.

Mascotas: Así es como piensan los perros.

Los perros siguen siendo los verdaderos protagonistas en la mayoría de los hogares.

Una mascota de compañía ideal que para muchos ha pasado a convertirse en un miembro más de la familia, pero de la que cada día conocemos algo nuevo.

Pero, lo cierto es que tanto sus sentidos como sus pensamientos siguen siendo un auténtico misterio para los humanos.

Puede que te preguntes por ejemplo ¿cómo ven los perros?, ¿porque ladran a la nada?, cómo pueden saber cuando estamos deprimidos o enfermos o simplemente: ¿cómo piensan?

Pero para responder a esta última pregunta, es necesario dedicar a nuestro peludo horas y horas de observación y tener claro que los perros son animales capaces de razonar y de sentir.

Por lo que, nadie mejor que nosotros, además de los etólogos y educadores caninos, para entenderlos y reconocer su lenguaje corporal y verbal y para acercarnos en definitiva un poco más a sus pensamientos.

La psicología canina versus la humana

Se ha demostrado científicamente que, al igual que los humanos somos capaces de reaccionar de diferente forma ante diferentes olores, los perros cuentan con una capacidad de reconocer sus preferencias parecida a la nuestra.

Todo esto ocurre en la región cerebral denominada núcleo caudado y es la que les ayuda a distinguir entre las emociones positivas y las negativas en su día a día. Por lo que, no solo está demostrado que los perros piensan, sino que además sienten y eligen sus preferencias de un modo muy similar al de los humanos.

Además, un estudio realizado en la Emory University de Atlanta ha demostrado que los perros son capaces de asociar nuestras modificaciones en la entonación del habla para comprender nuestros cambios de humor.

¿Cómo piensan los perros?

Se ha comprobado que los perros responden a estímulos sociales y con la ayuda de un área concreta del cerebro que es responsable de la percepción y el aprendizaje.

De hecho, hay quienes comparan la mente de estos animales con la de un niño pequeño, ya que al igual que ellos son capaces de sentir empatía, amor, tristeza.

Todo ello unido a su capacidad para memorizar palabras y para reconocer a personas y otros compañeros peludos, así como también a otras especies.

También son capaces de recordar cientos de palabras diferentes y ejercicios o comandos que les enseñamos.

Pero si hay un sentido que interviene y mucho en su pensamiento, ese es el del olfato.

Uno de los sentidos más desarrollados que presentan, junto con el oído, y con el que estos peludos son capaces de entender el entorno que les rodea o incluso identificar nuestro estado de ánimo.

¿Cómo comunican sus pensamientos?

Aunque los perros no hablan, sí que pueden comunicarse entre sí y con nosotros a través de gestos, posturas, sonidos y olores. Esas son sus herramientas para acercarnos a su estado emocional, necesidades, deseos y status. 

Imagen de la portada: Gentileza de Mendoza Post/Estilo de vida

FUENTE RESPONSABLE: Mendoza Post/Estilo de vida

Mascotas/Perros/Emociones/Razonamiento

Para tod@s ustedes; amig@s virtuales amantes de las letras…

Lapidario; Marian Rojas Estapé: «Por primera vez en la historia, los jóvenes son menos inteligentes que la generación anterior».

Marian Rojas Estapé. Madrid, 1983. Psiquiatra. Su anterior libro, Cómo hacer que te pasen cosas buenas, fue el más vendido de no ficción en 2019. Ahora acaba de publicar Encuentra tu persona vitamina, que lleva el mismo camino.

No lo tomes a mal, pero lo de ‘tu persona vitamina’ suena a frase para taza.

No fastidies, qué horror. ¿A taza?

Un poco, ¿de verdad hay personas que curan?

Totalmente. En una conferencia en México hace ocho o nueve años estaba hablando de cómo gestionar las emociones y cómo estar con determinadas personas altera tu organismo, tu nivel bioquímico, para mal. Lo que se suele llamar personas tóxicas, aunque no me gusta el concepto. Una persona no es tóxica, es tóxico el efecto que ejerce en ti, así que dejemos de etiquetarlas como tal porque hacen mucho daño. En cualquier caso, todo el mundo te habla de personas así, que si tu pareja, tu jefe, tu suegra… Decidí que había que invertir el enfoque y hablar de personas vitaminas como contraposición a las tóxicas. No por eso de «pon felicidad en tu vida», que es un mantra que me pone muy nerviosa, sino por avanzar en la idea de que también hay gente que tiene el poder de serenarte, tranquilizarte, sacar lo mejor de ti y bajarte los niveles de cortisol [la hormona del estrés]. A partir de ahí, empecé a investigar en el concepto de persona vitamina.

¿Cómo detectar a una?

Son las personas que no te juzgan, que te tratan bien, que te sacan una sonrisa… Persona vitamina es aquella que le pasa algo bueno y lo disfruta incluso más que tú. En todo caso, puedes ser vitamina para mí y tóxico para tu cuñado. Lo que busco en el libro es que cada uno entienda por qué sucede esto. Mi primer libro trataba de cómo gestionarte a ti mismo y éste analiza de qué depende que te relaciones de una forma u otra con las personas de tu entorno. Por qué hay personas que, da igual donde las pongas, generan tensión en el ambiente y todo funciona mal, y otras que te alegran cualquier situación. Esas que en las bodas tienes como comodín para sentar en cualquier mesa. Esas son las personas vitaminas.

¿Tiene base científica este efecto sanador?

Ahí es donde entró la oxitocina en mi vida. Si yo no veo una base científica buena, me da urticaria. Si algo no lo puedo explicar desde la ciencia, no lo cuento. Este libro me costó tres años escribirlo porque tuve que investigar e investigar hasta que mis intuiciones sobre ciertas cosas tuvieron una base científica. En la carrera de Medicina, la oxitocina se limitaba al parto y la lactancia. Ahí se quedaba. Pero estando en plena lactancia de mi tercer hijo, me atracaron, salí huyendo y cuando llamé a mi marido era incapaz de articular palabra, sólo balbuceaba muy nerviosa. Tenía un ataque de pánico y no podía respirar. Llegué a casa, me puse a dar el pecho al bebé y a los cinco minutos estaba tan tranquila. Algo había pasado y empecé a pensar que igual la oxitocina bajaba el cortisol. Investigué y en efecto. Desde entonces he pasado dos años estudiando la oxitocina.

¿Cuál es la mejor manera de generar oxitocina, bebés aparte?

Simplificando, es la hormona de los abrazos. Se produce cuando alguien te presta atención en los momentos de agobio. La escucha activa provoca un subidón de oxitocina instantáneo en el prójimo. Cuando empatizas, activas la oxitocina.

Antes decías que no crees en las personas tóxicas, ¿tampoco en las relaciones?

Es un problema de palabra y no de concepto. El lenguaje tiene un impacto directo en nuestra salud y si uno habla todo el rato de relaciones tóxicas, se lo acaba creyendo. Tus palabras crean tu realidad, tu cerebro se cree que todas esas personas son tóxicas y dispara tu cortisol en cuanto estás cerca de ellas aunque no haya motivo. ¿Hay relaciones tóxicas? Hay relaciones que nos afectan mucho y hacen mucho daño a nuestro organismo. Nos inflaman, nos alteran, nos agotan. Y eso empieza antes de estar físicamente con la otra persona. Tienes una comida con alguien que te produce esa reacción y desde por la mañana estás enfadado, hablas mal a tus hijos, pitas a los otros coches… Eso significa que tu mente, tus relaciones humanas y tu cuerpo han hecho un clic, están profundamente unidos, y mi objetivo es entender por qué sucede y cómo desarticular. ¿Te he convencido un poco, pese a tu escepticismo?

Tu primer libro vendió 350.000 ejemplares y este ya es número 1, así que lo que yo piense da igual. Lo importante es lo que esas ventas de un libro de psiquiatría indican, ¿cuánta gente necesita ayuda?

Es un drama. La primera sorprendida con las ventas del libro anterior fui yo. Me quedé impresionada y, sobre todo, preocupada. Además, cada libro llega ante un problema distinto. Cuando salió el primero, en 2018, era un momento de la historia en el que había un estado de alerta mantenido: pantallas, compra compulsiva, gratificación instantánea, sin tiempo para frenar… La vida iba a una velocidad que nos abrumaba y todo eran síntomas: te tiembla el párpado, se te duerme la mano, se te hincha la tripa, se te inflaman las articulaciones… Y llegó el punto de inflexión, la pandemia.

Y lo cambia todo.

Exacto. Hiperactivo la amígdala, que es la parte del cerebro que se encarga del miedo. La incertidumbre nos hizo perder absolutamente el control, lo que choca de pleno con la que había sido una de las grandes enfermedades del siglo XXI hasta entonces: la necesidad de controlarlo todo. La pandemia nos ha enseñado que no se puede controlar nada, ni si puedes casarte este año, ir de viaje en un mes o a una cena en cinco días. En un momento de la historia donde el primer mundo vivía del control y la planificación absoluta, de golpe no sabemos nada de lo que va a pasar mañana y estamos obligados a vivir el presente. Cada día es una incógnita.

¿Y estamos preparados para ello?

Aprender a vivir en la incertidumbre es complicadísimo. Durante tres meses estuvimos en un estado de alerta generalizado sin vías de escape. En un día normal, tu cortisol tiene picos y valles, pero en un estado de alerta mantenido como aquel se genera cortisol a todas horas. Si me contagio, si mis padres, si los muertos, si el miedo… ¿Cómo se baja el cortisol? Deporte, amigos, reírte, abrazar, naturaleza… Nada que pudiéramos hacer en ese momento. No había una vía de escape durante la pandemia. Y cuando estás intoxicado de cortisol se apaga automáticamente la corteza prefrontal, que es la zona encargada de pensar y tomar decisiones. Cuando tienes miedo, te dejas llevar por la masa sin razonar y toda la sociedad desactivó a la vez la corteza prefrontal. Ahora, aunque ya hayamos vuelto a las calles y la gente, seguimos encontrando siempre un motivo para el miedo: que si las dosis de la vacuna, que si el trombo, que si la variante Delta, que si la enésima ola… Siempre pasa algo. Por eso esto sigue afectando gravemente a nivel físico y psicológico.

¿Volveremos a ser los de antes?

No creo. El mundo sanitario ha salido muy tocado, estoy tratando a muchos profesionales con estrés postraumático, eso por un lado. Luego, por primera vez en la historia moderna, cuando ves a alguien lo primero que mides es el riesgo que supone para ti, antes que el amor que le tienes o las ganas de abrazarla. Ese freno en las relaciones humanas es muy dañino y no creo que recuperemos la normalidad y volvamos a ser como éramos. Algo se nos ha quedado en la cabeza. Llegas un poco tarde a casa y sientes que estás cometiendo una ilegalidad. Soy una mujer casada con cuatro hijos y me siento como cuando salías de adolescente y mentías a tus padres. Ha llegado un punto en el que hasta lo normal te da miedo. No creo que lo perdamos nunca del todo.

¿Qué más secuelas han quedado?

Nos ha dejado muy tocados. Nos ha quitado la ilusión de lo cotidiano, de organizar un viaje, una cena… Eso que se llama felicidad, que es una palabra que evito porque se ha convertido en eslogan, viene por tener ilusiones sencillas todos los días. Cualquier cosa. Y ahora muchas son imposibles.

¿Ha ayudado, al menos, a normalizar hablar sobre salud mental?

Creo que ha aligerado el tabú, que si ahora hablas mismo hablas de que estás mal se te juzga con menos dureza porque se entiende que algo te ha podido pasar para que estés sufriendo: lo has pasado mal, has perdido a alguien, no tienes estabilidad laboral, tienes miedo… Y otra cosa que ha hecho mucho bien es el caso de Simone Biles en los Juegos, porque demasiada gente tiene la sensación de que si eres una persona extremadamente exitosa, todo te va bien: le das a un botón y a ser número 1. Andrés Iniesta, con quien tengo muy buena relación, se deprimió en el mejor momento de su carrera. La vulnerabilidad del ser humano es inmensa y no necesitas un problema tangible para estar mal. Me gustaría que hubiera más campaña y más implementación, por supuesto, pero ahora hay mucha más gente pidiendo ayuda porque se ha sentido profundamente vulnerable.

Con el caso de Biles, hubo una corriente de opinión que consideraba que no era ejemplo de nada.

A lo largo de la historia, y sobre todo en los últimos años que cada vez hay más presión, ha habido muchísimos deportistas de élite que se han roto… pero no lo han dicho. He conocido y tratado a muchísimos que tuvieron que tomar medicación y no estaban bien, pero no lo dijeron públicamente porque era una señal de debilidad mal vista por la sociedad. Lo ocultaban con una lesión física y cosas así. La gente quiere que esos ídolos no les fallen, que sean máquinas perfectas, y eso es un problema porque es falso. Biles tuvo el valor de decirlo y a partir de ahora muchos darán ese mismo paso. La presión a la que están sometidos es tremenda y, sí, es su trabajo, pero eso no inmuniza. Todos los trabajos de mucha exigencia multiplican el riesgo de romperte, sea un futbolista o un cirujano. Eso no te hace peor en él ni quiere decir que no aguanten la presión, porque la mayoría ni nos acercamos a sospechar lo que soportan. Lo que hay que pensar es a qué punto tiene que llegar alguien como Biles, con todas las situaciones extremas a las que se ha enfrentado y superado, para que decida parar.

Dices en el libro que somos una sociedad adicta a las emociones, ¿eso es positivo o negativo?

Es un hecho, sin más. Nos hemos convertido en una sociedad con drogodependencia emocional: una emoción y otra y otra. Eso provoca chispazos de dopamina y placer, pero a la larga genera un gran bajón y un gran vacío en tu vida. Vives a base de emociones instantáneas, quiero esto, lo compro, lo miro, lo encargo, lo tengo y ahora necesito más. Y, luego, cuando luego tienes que profundizar en un tema, no puedes, porque has descuidado el desarrollo de la corteza prefrontal que es la que se encarga de la atención, la concentración, tomar buenas decisiones y tener la fuerza de voluntad para posponer las recompensas. Es la primera vez en la historia en que los jóvenes son menos inteligentes que la generación anterior, y lo son porque su corteza prefrontal es adicta a experiencias vibrantes. Por eso les pides que lean un texto entero o que tengan una conversación profunda y no pueden. Esa profundización requiere salir de la gratificación instantánea y, como no aporta emoción, no lo hacen. Lees un titular y no lees la noticia, mandas un whatsapp y te ahorras una conversación, miras Instagram y te das por enterado sobre la otra persona…Otra consecuencia: es la primera vez en la historia en que la gente tiene más facilidad para hablar de sexo que para hablar de amor.

Bueno, eso no es malo.

No, pero demuestra que ahora el tabú es sentimental. El otro día una paciente se escandalizaba porque llevaba un año con su novio y él pretendía que conociese a sus padres. ¡Un año y le parecía pronto! La quería ver hace 15 años (risas).

¿Las aplicaciones tipo Tinder son la solución o problema?

Cuando tu acudes a Tinder puedes hacerlo buscando pareja, buscando sexo, porque estás solo, porque estás triste y quieres que alguien te toque y te haga caso… La sensación de abandono y fragilidad que crea la soledad en mucha gente es enorme. El problema, y es algo que me perturba profundamente, es que en estas aplicaciones te eligen por la imagen. Por mucho que te maquees para la foto, eres como eres. Nos hemos hartado a decir lo importante que es acabar con esa obsesión por lo físico, pero las aplicaciones que ahora mismo definen la vida sentimental de millones de personas lo hacen sólo en función de una imagen. Una foto lo decide todo. Eso está generando un vértigo tremendo en mucha gente, porque muy pocos pasamos ese filtro. El ghosting, por ejemplo, esa gente que queda una vez contigo y desaparece sin dar explicaciones, es muy habitual y un golpe tremendo para la autoestima. Dejas de tratar a las personas como tales, son objetos, meros inputs o emociones momentáneas. Se crean traumas nuevos y el número de gente que sufre debido a Tinder es muy superior al de gente a la que le sale bien.

Como padre agonías que soy, me estás inquietando.

Pues tengo más. Otro asunto muy preocupante es la hipersexualización de las niñas en la sociedad actual. Visten de una forma muy provocativa hasta con nueve, diez o 12 años y no es que yo sea una puritana, pero quemar etapas antes de tiempo es muy peligroso para el desarrollo del ser humano. En todo, eh. Lo mismo con la niña de nueve años que se mueve como una de 17 que con la de dos años que pretendemos que conozca diez idiomas. Todos los psiquiatras, psicólogos y médicos sabemos que para llegar lo más sanos posibles a la edad adulta es muy importante haber vivido las etapas cada una en su momento. Cualquier padre que lea estas líneas sabe a qué me refiero y el vértigo que sentimos a veces. La sociedad se ha acelerado y pocas cosas funcionan mejor para el cerebro que ir despacio.

Hablabas antes del vértigo ante la soledad. ¿El confinamiento nos ha enseñado a llevarla mejor?

No, al contrario, nos ha hecho más conscientes de ella. Ahora mismo, el gran drama del primer mundo es la soledad. La gente se siente profundamente sola. Ya no es, como era antes, la soledad de los ancianos en las residencias. Es el chaval de 15 años que palía su soledad en las redes, el joven de 25 que no tiene pareja ni trabajo estable y se encuentra perdido, el de 30 que ha tenido hijos y le sobrepasa completamente la conciliación… Hay una sensación de soledad enorme, mucha gente ha vivido como un drama estarlo durante la pandemia y ahora se obsesiona con que no le vuelva a pasar. Hay una soledad elegida que ayuda al crecimiento personal y se vive de forma sana, pero cuando has estado solo encerrado en tu casa, la mayoría de la gente ha sufrido muchísimo.

Antes eras muy crítica con las pantallas, ¿te ha cambiado la pandemia la perspectiva?

Es evidente que las pantallas han ayudado muchísimo a superar esta época. Sin ellas, sin videoconferencias, series, películas, etc., hubiese sido aún más terrible. Pero ahora se multiplica el problema. Nos hemos enganchado todavía más, sobre todo los jóvenes que han vivido año y pico online: los amigos, las clases, el ocio… Todo en la pantalla. Y como son muy adictivas, salir de eso y volver a conectar con las relaciones humanas reales va a ser super complicado. Hemos sido fantasmas por las calles durante meses, ni una cara ni una sonrisa, y ahora tenemos que perder el miedo a reconectar. No va a ser fácil.

Imagen de portada: Gentileza de Bernardo Díaz

FUENTE RESPONSABLE: El Mundo – La entrevista final por Iñako Díaz-Guerra @InakoDiazGuerra – Madrid- España.

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