El chocolatero que no invierte en publicidad y ahora quiere conquistar Europa: así se creó Rapanui.

Cumple 25 años

Diego Fenoglio aprendió el oficio de su padre turinés y en 1996 fundó su propio emprendimiento. Sus helados, bombones y frambuesas congeladas conquistan a los paladares argentinos y extranjeros.

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Sus trufas y bombones seducen el paladar de los barilochenses desde hace 25 años, aunque sus verdaderos orígenes se encuentran en la tradición chocolatera italiana. En la última década salieron a la conquista de Buenos Aires y hasta se convirtieron en la dulce tentación de la vicepresidente de la Nación. Chocolates, helados y frambuesas bañadas aparecen entre los productos estrella de Rapanui, el proyecto de Diego Fenoglio que ahora quiere enamorar al viejo continente.

Aldo Fenoglio aprendió el oficio de chocolatero en una confitería en Torino. Ahí deleitaba a todos con su producción hasta que la Segunda Guerra Mundial lo llevó a abandonar su país junto a su esposa. Su destino fue San Carlos de Bariloche, donde abrió su propio emprendimiento de chocolates artesanales, Tronador, en 1948.

El padre de Fenoglio abrió su confitería en 1948. Ahí aprendió todo para crear Rapanui.

Desde chico, su hijo Diego iba a la fábrica para mirar y aprender. Al mismo tiempo, durante sus vacaciones de verano, trabajaba sacándole el carozo a las guindas y las cerezas. En los 60 Aldo decidió imprimirle su apellido a sus chocolates y la marca pasó a llamarse Fenoglio. Pero falleció de un infarto y sus hijos Diego y Laura y su esposa Inés tuvieron que hacerse cargo del negocio familiar.

Habiendo aprendido de primera mano el oficio, Diego Fenoglio sentía que, aunque los números de la compañía eran positivos, la calidad de sus productos podía mejorar. «En ese momento tuve la sensación de que nos estábamos masificando demasiado, esa es la verdad. Le planteé a mi familia la idea de cambiar la línea de productos, de hacer algo un poquito más exclusivo y no estuvieron de acuerdo», aseguró en 2018 en diálogo con APERTURA.

RUMBO PROPIO

Fue así que en 1996, junto a un grupo de empleados y algunas máquinas, inició su propio camino con Rapanui. En tanto, la empresa familiar fue absorbida por Havanna en 2012. Abrió su local/fábrica en Bariloche y empezó elaborando bombones, trufas y chocolates de autor.

Diego Fenoglio supervisa personalmente la calidad de los productos .

En los 90, la compañía de su familia había desembarcado en territorio porteño y Diego sacó un aprendizaje de aquella experiencia: el helado era el complemento fundamental para la oferta. El directivo pensó que si en algún momento quería lanzarse en Buenos Aires antes tenía que desarrollar una línea propia. Finalmente en 2009 empezó a vender su helado en Bariloche y dos años después un evento aceleró sus planes.

La erupción del volcán Puyehue cubrió de cenizas la zona y desplomó el turismo. Esto llevó a Fenoglio a armar las valijas para mudarse de la Patagonia a la Ciudad de Buenos Aires. En 2012 abrió su primer local en Recoleta con una inversión de u$s 400.000. Durante tres años se mantuvo así hasta que en 2015 inauguró otros siete. La mayoría de ellos están situados en antiguas casonas para darle un ambiente hogareño y familiar.

¿A QUÉ HORA CIERRA?

Además de los helados, el otro producto estrella de la firma son los Franui, frambuesas congeladas bañadas en chocolate. «Ideamos una nueva categoría pionera en el mundo dulce: es un snack, una fruta, un chocolate congelado. Compite en el rubro de helados y postres, por la forma en la que se exhibe, pero es para cualquier ocasión, haciéndolo versátil a toda situación de consumo y target», asegura el directivo. El producto nació hace más de ocho años y producen más de 1800 toneladas al año en su planta barilochense.

La mayoría de sus locales fueron construidos en casonas antiguas para darle un ambiente hogareño.

En mayo pasado, la marca se volvió tendencia cuando Cristina Fernández la mencionó durante el cierre de una sesión de la Cámara de Senadores. «¿A qué hora cierra Rapanui?», preguntó la vicepresidente a uno de sus colaboradores sin darse cuenta que tenía el micrófono abierto. «Nunca invertí un peso en publicidad», reconoció el empresario. El boca a boca fue una de las claves.

La pandemia lo encontró con un sistema online ya aceitado. En 2019 desarrolló 11 dark kitchens en alianza con Rappi en Buenos Aires y el Interior. También, poco antes de que estallara el virus, realizó su desembarco en Europa con una planta en Valencia para la cual desembolsó 3,5 millones de euros.

Hoy la compañía sigue en manos de Fenoglio pero sus hijos, Leticia y Aldo, también tienen un lugar. El objetivo es llegar con sus frambuesas bañadas a Portugal, Italia, Alemania, Estados Unidos y Canadá. 

Imagen de portada: Gentileza de  APERTURA

FUENTE RESPONSABLE: APERTURA. Noviembre 2021

Sociedad y Cultura/Empresas/Chocolates/Rapanui/Franui/Negocios

LA COLABORACIÓN CIUDADANA, CLAVE

Convertir las especies invasoras en dinero ya es posible (en EEUU).

Tanto el ‘pez león’ como la ‘carpa asiática’, están poniendo en peligro multitud de ecosistemas del país norteamericano. Diversas iniciativas (desde comida para perros como nuevos restaurantes) están ayudando a luchar contra ellas

 

Cuando una especie invasora entra de lleno en un nuevo ecosistema, puede provocar el caos. 

 

Es eso lo que está pasando en muchos lagos y ríos de Estados Unidos con la carpa asiática (aunque en realidad son dos especies diferentes, ‘Catla catla’ y ‘Cirrhinus cirrhosus), procedentes del subcontinente indio. En EEUU su expansión parece imparable, lo que pone en serio peligro el desarrollo y supervivencia de otras especies autóctonas de peces de agua dulce como el salmón. 

 

Además, si sumamos la amenaza de la introducción de estas nuevas especies, los salmones presentes en Norteamérica también están en peligro por otros factores como la pérdida de hábitats naturales a raíz de las acciones del ser humano, el aumento de la temperatura de los océanos y la sobreexplotación pesquera. 

 

Las motivaciones económicas en EEUU han conseguido aumentar la lucha contra las especies exóticas invasoras Debido a que la perca asiática tiene en estos nuevos ecosistemas una superioridad evolutiva con respecto a las especies autóctonas, su expansión está descontrolada y se están buscando soluciones que permitan reducir el problema. 

 

Y parece que se ha conseguido una más que satisfactoria: utilizarlas para elaborar piensos para perros. Esa es la iniciativa que ha puesto en marcha la empresa «Chippin», una gran productora de piensos para mascotas en Estados Unidos, que ha empezado a usar las carpas plateadas y asiáticas, ambas invasoras, para producir sus nuevas gamas de piensos para perros. 

 

Aunque tanto en Asia como en Europa la carpa es uno de los peces de río más consumidos por el ser humano, en Estados Unidos no es nada conocida ni consumida.

Esto hace que su explotación en el país norteamericano sea prácticamente nula, por lo que establecer una industria alrededor de su explotación pesquera y alimentaria está fuera de la ecuación (lo que a su vez provoca que su expansión esté descontrolada).

Pesca deportiva con arco y flecha de carpa asiática en EEUU. Reuters

Pesca deportiva con arco y flecha de carpa asiática en EEUU. Reuters

Pero los estadounidenses son menos selectivos a la hora de alimentar a sus mascotas y, como explican desde Chippin, no les importa que sus perros se alimenten a base de carpas invasoras. Esto permite que esta nueva industria se aproveche unos precios extraordinariamente bajos (dado que la oferta de estos peces de agua dulce es enorme, y su demanda prácticamente nula) y, al mismo tiempo ayuda a poner remedio a un problema que amenaza con destruir muchos de los ecosistemas del continente americano.

Otros aprovechamientos de especies invasoras

Similar es el caso del pez león (del género ‘Pterois’) que, aunque originario de las costas del Índico y del pacífico, consiguió introducirse en el atlántico. 

De forma similar a las carpas, sus ventajas evolutivas han conseguido que sufra una expansión sin precedentes en los arrecifes de la costa este de EEUU y también en el mar Caribe. La ausencia de depredadores, su sistema de defensa (se trata de peces con multitud de aletas punzantes venenosas) y su rápido ciclo de reproducción han conseguido que sean capaces de expulsar de su hábitat a multitud de especies autóctonas de la costa de Florida.

Pez león frito, una nueva receta cada vez más popular en las costas de Florida.

Pez león frito, una nueva receta cada vez más popular en las costas de Florida.

Es por esto que en la ciudad costera de Pensacola, en el estado de Florida, durante los últimos 15 años se ha llevado a cabo una gran campaña para conseguir popularizar la carne de pez león, que, unida a una gran permisividad en cuanto a la pesca amateur de estas especies ha conseguido su objetivo. 

Actualmente, son muy comunes en toda la costa del estado americano los restaurantes especializados en la venta de la carne de este pez, lo que a su vez ha motivado una expansión tanto del turismo pesquero como de la industria especializada en la comercialización de este producto, consiguiendo por primera vez en 2020 que algunas especies autóctonas regresen a las costas de Pensacola.

La lucha contra las especies invasoras es muy difícil, pero si, como hacen los estadounidenses, somos capaces de encontrar motivaciones económicas para cuidar del medio ambiente y proteger nuestros ecosistemas, tendremos mayor probabilidad de éxito.

Imagen: Gentileza El Confidencial

FUENTE: El Confidencial – Medio Ambiente – Sociedad – Empresas – Por Álvaro Hermida