La historia del artista que pinta al Maradona más realista: «Mis obras llegaron al mundo gracias a la mano de Dios» .

Entrevista a Maximiliano Bagnasco

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Maximiliano Bagnasco pinta impresionantes murales y cuadros de el «Diez» que parecen fotografías. «Tengo cien vidas de Diego para pintar», aseguró y contó en qué se inspira para representar al ídolo argentino.

Maximiliano Bagnasco está parado en la esquina de Segurola y Habana. En la mano tiene un dibujo de Diego Maradona con sus hijas Dalma y Giannina. Espera con ilusión poder conocer al “Diez” y darle su arte en persona, como lo soñó. Pero no ocurrió, en cambio justo apareció la mayor de las hijas y se lo dio. Años después, la muerte de Diego lo paró en seco. Como todos, pensaba que “iba a estar para siempre”. Lo dibujó, lo pintó y lo mostró. Hoy su arte recorre el mundo, él dice que fue “la mano de Dios”.

A un año del fallecimiento del “Pelusa”, el artista asegura que su arte lo hace “parte” de lo que “Maradona es hoy”. Sus pinturas y murales, hechas con aerosoles de un realismo exquisito, muestran a un Diego futbolista pero también por fuera del deporte: con un tapado de piel y una copa de champagne en la mano; con el ceño fruncido y teñido de un rubio oxigenado; en sus primeros años, con los pelos desordenados y la mirada llena de futuro.

Grupo Octubre · Maximiliano Bagnasco

En una entrevista con AM750, Bagnasco, de 39 años y recién llegado de un viaje a Rusia donde coloreó las calles de un pueblo con murales iluminados de Ivan Pavlov y León Tolstoi, contó qué lo inspira a recrear la imagen viva de Diego Maradona y por qué sabe que tiene “cien vidas” del “Diez” para pintar.

Venís de un viaje a Rusia, ¿qué fuiste a hacer allá?

Fui a un festival de streetart en Solnechnodol’sk, un pueblo de Rusia. Fuimos artistas de todo el mundo y pintamos los edificios del lugar. Es un pueblito donde no hay muchas luces y de noche está todo oscuro. Pero ahora los murales están iluminados y quedó lindísimo. Una experiencia única del mundo. Me puse a investigar los personajes de allá, para poder pintar alguien de la cultura de ese lugar y pinté a Ivan Pavlov y León Tolstoi. Fue acertado. Siempre que pintamos algún mural, los artistas pasamos a formar parte, porque lo transformamos.

Imagino que pasará algo parecido con los murales de Maradona

Lo que pasó con Diego es que siempre quise hacer un trabajo y tratar de llegar a Diego y tratar de conocerlo. Soñé literalmente que lo conocía, pero nunca pasó. Cuando yo vi la noticia de su muerte, la verdad me chocó porque se caía ese sueño que yo tenía que conocer a Diego. Porque todos en realidad pensábamos que Diego iba a estar siempre porque Diego es Argentina. El día que me enteré de la noticia lo pinté y lo compartí. Tuve repercusión y al otro día me llamaron de un programa que querían que pinte un cuadro y eso tuvo más alcance. Y después me pidieron en santuario, en Argentinos Juniors. Y bueno, ahí empezó a conocerse mi arte en el mundo y después la gente ya quería en sus casas. Su propio santuario. Pinté una pileta, después una calle entera con imágenes de Diego. Yo digo que dedico mi vida al arte pero el arte me da todo lo que tengo en esta vida. Bueno, en este caso el arte me está haciendo parte de lo que es Diego hoy en día.

Tus obras se conocen como las “más realistas” de Maradona

Hoy la gente me toma como el que pinta a Diego oficialmente. Para mí es una felicidad porque no me hubiese gustado pintar a nadie más tanto como al Diez. Creo que no hubiese llegado a otros países. Justo mis pinturas se encontraron en un momento en el que se podían destacar. Yo digo que mi arte llegó al mundo de la mano de Dios.

¿Cuál es ese “Diego de hoy en día”, a casi un año de su fallecimiento?

Es el de siempre. Yo creo que siempre es genuino. el que tuvo una vida que nadie va a tener y entonces por eso pueden pasar mil cosas y Diego está siempre presente en la gente. Cuando fui a Rusia llevé una camiseta de Argentina y cuando la vieron recordaron a Diego. Es de esas personas que nos representan en el mundo.

Pintás al Diego futbolista y también en otras situaciones…

Sí, las imágenes más comunes son de el Diez victorioso, con la pelota, joven. Pero también está el Diego fuera de la cancha. Lo he pintado rubio, un poquito más gordito. Hay algunas pinturas que he hecho que capaz la gente no lo quería ver así, pero yo digo: “Diego fue este”. Y a mí me atrapa pintarlo de diferentes maneras y en todas sus formas. Para mí también artísticamente me da un material increíble porque nunca me voy a aburrir. Tengo las cien vidas de Diego para pintar, cien looks, cien anécdotas, cantidad de imágenes, no sé, lindas o graciosas o bizarras o lo que sea. Yo digo que todavía me queda muchas imágenes de lo que quiero hacer.

¿Intentaste hacerle llegar alguna vez tus dibujos?

Una vez cuando era chico lo dibujé junto a sus hijas y fui a Segurola y Habana y lo llevé. Y bueno, bajó Dalma y se lo di a ella. Pero siempre dibujé a Diego y decía bueno, en algún momento quiero hacer que mi trabajo sea él. Por eso me chocó y cuando el falleció, ahí fue que me puse “también te dibujé el día que te fuiste”. Siempre tuve ese anhelo con él. Por eso fue que que ese día esa noticia me chocó, porque Diego para nosotros iba a estar siempre.

¿Creés que desde su muerte creció su mito? ¿Tus pinturas aportan a la leyenda?

Yo pude haber pintado algún mural que llame la atención, pero se hicieron santuarios y murales en todo el mundo. No es mi trabajo o nuestro trabajo, es lo que generó Diego.

¿Tenés algún otro proyecto con Maradona?

De cada cinco trabajos, tres me piden sobre Maradona. Ahora por ejemplo, que ya se puede viajar quiero hacer un Diego en alguna parte del mundo, así que estén atentos.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Eugenia Muzo. Noviembre 2021

Sociedad y Cultura/Entrevista/El pintor de Maradona/Historias de vida/El «Diez«

Marian Rojas: “El vacío existencial es la primera causa de ansiedad”

Marian Rojas Estapé (Madrid, 1983) es la best seller de la pluma antiinflamatoria, la bata blanca y la sonrisa realista y consciente. Psiquiatra. 

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En el momento más doloroso de su vida escribió Cómo hacer que te pasen cosas buenas (2018), y el viento de la naturalidad y la franqueza de sus páginas, siempre entre la ciencia y la experiencia, cosechó 350.000 ejemplares vendidos y un alto número de hogares encendidos sin miedo al precio de la luz. 

Sus páginas trajeron más brillo, también para los ojos de una sociedad con síndrome de burnout que miraba hacia los lados, titubeante, incluso antes de que debutara el coronavirus.

Este año ha vuelto al podio de los libros más vendidos con Encuentra tu persona vitamina: una rebotica para conocernos y sanar la convivencia, y una vacuna de emergencia ante este clima de urgencias de salud mental que se salen de madre en nuestros propios domicilios.

No ha vivido aún su crisis de los 40 y ya ha salvado de muchas asfixias emocionales, angustias existenciales, ahogamientos en piscinas y en vasos de agua, tiros por la culata, encierros al vacío, sorderas de orgullo, miopías individualistas, cobardías crónicas, hiperplasias de inmadurez, esguinces familiares, anorexias de afecto, bulimias de egocentrismo… y suicidios.

El timbre de su consulta está que arde. Las páginas de sus libros viajan en el metro. Mujer de rojo sobre fondo gris-oscuro-casi-negro-mate. Apasionada. Ilusionante. Es un ventilador de divulgación científica, guiños de empatía y motivos contundentes para vivir con la cabeza alta.

Con la mirada puesta en una pandemia que sube y baja por el retrovisor. Con El País y su “España, en terapia” sobre la mesa del café. Muy cerca de las grúas monstruosas que recomponen el nuevo Bernabéu, zumo de oxitocina con vitaminas, andamios, reset, la ola en las gradas y ¡gol!

— Dice The Lancet que los casos de depresión grave han aumentado un 28% en todo el mundo y los diagnósticos de ansiedad, un 26%. Son porcentajes de guerra mundial que nos están hablando a gritos: “Conócete a ti mismo, cuídate, y protege a los demás”.

— No estamos diseñados para vivir en modo alerta. Las cifras son “lógicas” después de este tiempo de pandemia, porque casi nadie sabe enfrentarse de manera sana a la muerte, a la enfermedad, al sufrimiento y a la incertidumbre. Durante el confinamiento repetí muchas veces: “Si no puedes salir fuera, métete dentro”. Estas circunstancias son ocasiones de oro para pararse a pensar y hacerse las grandes preguntas. La pandemia bien gestionada nos ayudará a crecer. De momento, lo que veo en consulta es que la pandemia mal gestionada nos está enfermando.

— Desde el inicio de la pandemia, en España se prescriben el doble de psicofármacos. Pero en Encuentra tu persona vitamina nos habla de que nadie sale del hoyo solo con pastillas.

— Las pastillas pueden ser una grúa necesaria que nos sacan del hoyo y nos colocan de nuevo con los pies sobre la tierra. A partir de ahí, debemos contar con herramientas que nos permitan aprender a vivir sin fármacos. Las pastillas son impermeables que ayudan a no sentir. En los casos de depresión grave o de angustia sirven para paliar esos síntomas ansiosos depresivos, pero debemos prepararnos para seguir adelante sin impermeables. Recomiendo ir contando con recursos propios, poco a poco, para ser capaz de gestionar los problemas de cada día: un bache económico, la incertidumbre de la vida misma, la relación con personas que no nos convienen…

“Si contamos con herramientas para gestionar lo bueno y lo malo, vibra en nosotros un equilibrio interior y somos más felices”

— El CIS dice que el 35,1% de los españoles ha llorado en el último año y medio. Me parecen pocos. Lo que está claro es que ante una sociedad que cambia bruscamente cada día, la incertidumbre y las crisis cada vez necesitamos más estar rodeados de personas que curan: aspersores de oxitocina, en la jerga de tus libros.

— Yo he llorado varias veces durante la pandemia y no me importa admitirlo. En pleno confinamiento tuve a mi cuarto hijo y el mayor tenía cinco años… De pronto, me vi en unas circunstancias muy complejas de gestionar, porque mi marido era trabajador esencial. No conozco a nadie que no haya sufrido mucho en algún momento de esta pandemia. La incertidumbre, el miedo y el estrés nos intoxican de cortisol y las personas vitamina nos riegan de oxitocina, que inhibe el cortisol. Es importante aprender a ser persona vitamina y rodearse de personas vitamina, que son esas que en un solo instante te alivian de la tensión y saben sacar lo mejor que llevas dentro.

— Bienaventurados quienes te bajen el cortisol y te mejoran la vida, porque ellos son la mejor vitamina en este contexto de anemia existencial.

— Tener una persona con quien hablar o estar cuando lo necesitamos provoca ratos oxitocínicos que son el mejor regalo. Por primera vez en nuestra historia, hoy, cuando vemos a alguien, medimos antes el riesgo que el cariño. Prevalece el miedo a contagiarse sobre las ganas de verse. ¿Estará vacunado? ¿Lleva mascarilla? ¿Me ha dado la mano? ¿Le respondo con un abrazo? Todo este proceso mental es terrible en las relaciones humanas, que son de entrega, de servicio y de cariño.

— En tus libros abres muchas pestañas y hay una que me parece la más esperanzadora de todas: los seres humanos podemos cambiar. Tenemos capacidad para mejorar nuestra forma de ser y para hacer que nos pasen cosas buenas después de evitar las inercias malas.

— No conozco a nadie que no esté librando una batalla importante en algún aspecto de su vida, porque la vida es un drama y eso es una realidad. Al que no le preocupa la salud, le angustia el dinero, o el amor, o el trabajo, o los padres, o los hijos… Como psiquiatra y como persona que se dedica a investigar el comportamiento humano, cada vez tengo más claro lo importante que es ser capaces de disfrutar lo bueno y gestionar adecuadamente lo malo. Conozco a personas que protagonizan muchas vivencias positivas, pero no son capaces de disfrutarlas y deambulan en tensión. Suelen ser personas que, después, ante lo malo, se bloquean, se enfadan, pierden el control o enferman. Mi mensaje es esperanzador, porque yo he visto que, cuando contamos con herramientas para gestionar lo bueno y lo malo, vibra en nosotros un equilibrio interior y somos más felices.

— Es posible pensar en una sociedad en la que amanezcamos pensando: ¿cómo puedo hacer que todas las personas que se cruzan hoy por mi vida estén a gusto, aunque el mundo real no sea Pixar?

— En esto soy más pesimista, porque hay un fondo egoísta en la sociedad. Hoy estamos más conectados que nunca, tenemos más amigos en las redes sociales que nunca, y somos más individualistas que nunca. Y la pandemia ha exacerbado ese perfil. Nos levantamos por la mañana preguntándonos qué hago con mi vida, qué me satisface, y nos hemos olvidado completamente de qué hago con la vida de los demás o qué les satisface a quienes me rodean. Con mis libros, trato de impulsar que esto cambie, porque una sociedad individualista, se destruye. No estamos diseñados para vivir así. No tocarse, mata. Aislarse, enferma.

— Pongamos por hecho que yo quiero ser vitamina en medio del mundo. ¿Cómo puedo curar a una persona egoísta?

— Las personas que no son vitamina están sufriendo por algún motivo. La mejor manera de ser vitamina es dejar de juzgar a los demás. Debo comprender que detrás de la toxicidad de ese egoísmo, de ese mal humor, de esa frialdad, hay un daño patente o latente. Si levanto la barrera del juicio crítico y me impongo la del entendimiento, todo cambia. Yo escucho cosas increíbles en mi consulta, y evito juzgar, sobre todo desde que me tocó afrontar un caso muy grave que me dejó impactada. En este episodio concreto, pensaba que mi paciente era una mala persona, y cuando percibí ese planteamiento, me di cuenta de que así nunca sería capaz de ayudarle. Me despojé del prejuicio del juicio, intenté entender el camino por el que había llegado hasta ese comportamiento, y en ese momento el paciente empezó su fase de sanación, porque cuando comprendemos a alguien aflora la oxitocina, y si hay oxitocina, baja el cortisol, y cuando baja el cortisol, nos empezamos a curar.

“La mejor manera de ser vitamina es dejar de juzgar a los demás. Comprenderse y comprender es aliviar”

— Dices que la escucha activa “provoca un subidón de oxitocina instantáneo en el prójimo”. Que empatizar de verdad es una receta magistral para todos. Parece fácil, pero…

— La empatía es una cualidad maravillosa, pero ojo con la empatía exagerada. Hay personas que empatizan tanto que se pasan la vida sufriendo por todos los problemas del mundo. Debemos aprender a protegernos. De todas formas, para el 80% de la población, la empatía es dejar de ser el centro del universo para que los demás nos empiecen a importar. Todos nos damos cuenta perfectamente cuando interesamos de verdad a otra persona y sentimos esa conexión mágica ante quien nos entiende perfectamente.

— ¿Cómo se ayuda a curar la amargura, la tristeza y ese resentimiento que muchas veces reverbera en el diálogo social?

— La tristeza se contagia y los amargados se juntan. Son cosas de las neuronas espejo… Al triste hay sacarle de su zona de disconfort con mucha delicadeza. La amargura es un veneno. En ambos casos conviene ayudar a cada cual a saber cómo han entrado en su vida. Cuando el ser humano se entiende, entiende por qué ha llegado a una determinada situación. Si desconocemos el cómo, el cuándo y el por qué, la capacidad de salir se complica y se acaba huyendo hacia adelante buscando vías de escape rápidas como las redes sociales, la pornografía, los videojuegos, las compras compulsivas o la comida, que son extras que alivian momentáneamente la amargura, pero que, a la larga, nos destruyen.

— ¿Cómo podemos revertir el colapso de quien sufre incertidumbre crónica, miedo al presente y al futuro o vértigo por soledad?

— Lo primero es saber si uno es así, o si las circunstancias han hecho que se convierta en una persona así. ¿Soy miedoso, sufridor, hipocondríaco, habitualmente irascible…, o lo soy ahora después de una pandemia, después de una ruptura afectiva, después de un problema de salud? Saber dónde y cómo se activó mi estado de alerta es importante para salir del túnel. Si son problemas de mi forma de ser, tengo que trabajar mi forma de ser. ¿Por qué soy así? ¿Algún trauma en el armario? Identificar las heridas y las causas es el primer paso para mejorar. Yo suelo exponerlos por escrito, con flechas, con colorines, porque ver tu vida simplificada plasmada en un papel nos descomplica y alivia las fuentes de tensión. Si no analizamos las cosas con calma, en frío, entramos en estado de incertidumbre, de miedo, de ansiedad, colapsamos en medio del desconocimiento y naufragamos en el desconcierto. Comprenderse y comprender es aliviar.

“El amor requiere mucha tolerancia a la frustración y una alta capacidad de posponer la recompensa y, sin embargo, todos ansiamos sentirnos queridos de esa manera”

— ¿A qué cosas buenas podemos agarrarnos cuando nos tiemblan los cimientos personales y sociales?

— No podemos tener miedo a profundizar. La historia nos ayuda a entendernos, la cultura nos hace más sabios, conocer vidas ejemplares nos enseña y nos inspira, desde un Nelson Mandela a un santo Tomás Moro, pasando por muchos grandes personajes que, en momentos de grandes sufrimientos, dolor y lucha, supieron encontrar un camino. En un mundo cada vez más materialista no podemos temer dar respuesta a nuestra sed de trascendencia. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Todo lo que existe es tangible? ¿Admiro la grandeza del más allá? ¿Creo en Dios? Yo creo que hay un ser superior que nos quiere y nos protege, y me parece que creerlo te cambia la vida. Cada uno debe buscar sus respuestas preguntando, leyendo, escuchando… Encerrarse en el hoy y el ahora sin aclarar los interrogantes últimos que dan sentido a nuestra vida genera un vacío existencial, que es la primera causa de angustia. El amor es otro pilar fundamental. El motor principal que nos mueve a hacer cosas buenas es sentirnos queridos.

— En tu libro queda claro que amar bien es fundamental y, también, que amar bien es dificilísimo. Y nadie nos enseña…

— Aprendemos a querer durante nuestra infancia según nos quieran en casa. Si unos padres se gritan, se normaliza el grito como componente de las relaciones; si unos padres expresan su afecto, se busca esa manera de expresarse en la propia vida. Si unos padres se comunican, conversan y se entienden, se aprende a comunicarse adecuadamente en las relaciones personales, y si los padres se hablan en casa en el idioma de la tensión constante, a los hijos les faltarán habilidades para manifestar cómo se sienten. Nadie nos enseña a querer, pero cuando aprendes a querer bien, la sensación de plenitud es inmensa.

— Alertas de que reluce un “tabú sentimental” en la sociedad open-mind, open-heart, open-couple…

— En muchos círculos es más fácil hablar de sexo que de amor. Las mismas personas que cuentan que ven porno, tienen reparos en comentar el regalo que le han hecho a su mujer o la carta romántica que le han escrito a su pareja, porque eso sí les da vergüenza. Hay quien entra en crisis porque su novia le quiere presentar a sus padres, pero alardea con familiaridad de todas las posturas sexuales que practican en la intimidad. Estamos en un contexto social donde la consistencia del amor es líquida, incluso gaseosa. Vivimos en una sociedad basada en gratificaciones instantáneas –¡lo quiero todo y lo quiero ya!– en la que podemos comprar sushi, sexo, ropa y libros en menos de 24 horas, pero el amor es esfuerzo, trabajo, paciencia, perseverancia, atención… El amor requiere mucha tolerancia a la frustración y una alta capacidad de posponer la recompensa y, sin embargo, todos ansiamos sentirnos queridos de esa manera.

— Drogodependencia emocional: hemos apostado por las sensaciones fuertes posponiendo las razones para vivir. Y tampoco le acabamos de encontrar sentido a estas arenas movedizas…

— Querer sentir a todas horas tiene sus consecuencias, y una de ellas es que la inteligencia y la voluntad se vuelven irrelevantes. A más experiencias vibrantes, más dopamina y menos corteza prefrontal, que es la zona del cerebro de la atención, de la construcción, del control de impulsos, de la profundización, del discernimiento, del juicio moral… Sentir a todas horas hace que el criterio para opinar dependa de los sentimientos y no del pensamiento, y eso es un problema. Cada uno siente según su biografía, sus heridas y su estado de ánimo de esa mañana, y eso se observa perfectamente en las redes sociales, porque la razón está perdiendo la guerra.

— La felicidad no es Mr. Wonderful. La felicidad está en las ilusiones sencillas, defiendes tú.

— Lo que llamamos felicidad es la capacidad de disfrutar de las cosas buenas de cada día. El problema es cuando nuestro corazón está incapacitado para amar, para disfrutar, para compartir… La pandemia nos ha ayudado a valorar la felicidad en las pequeñas cosas.

“La gente buena tiene algo muy atractivo, que se llama corazón. La gente mala es gente herida, no lo olvidemos”

— Has vendido más de 350.000 ejemplares de Cómo hacer que te pasen cosas buenas. Y estás en el podio de los más vendidos de no ficción con esta segunda obra. Los libros curan, al menos a muchos lectores. Pero la autora supongo que irá de ala…

— El primer libro lo escribí para ayudar a mis pacientes y tener un apoyo para mis conferencias. Me alegra saber que un mensaje esperanzador que toca las fibras sensibles del ser humano está calando en la sociedad, pero estoy abrumada por la respuesta. He tenido que aprender a gestionarme ante esta avalancha, que, de haberla intuido, la habría rechazado desde el principio, porque yo soy muy casera y disfruto en la consulta, y de pronto me he visto en medio de un tsunami a lo grande. Como me conozco muy bien, he intentado poner frenos y barreras para que esto no me afecte más de lo normal, aunque ha habido momentos de agobio.

— Reconocer la vulnerabilidad es un componente importante de la empatía. Parece que ese prototipo de perfección que nos proponían las redes sociales y la televisión ha perdido hegemonía. El maquillaje y el postureo ya no nos dan confianza. Escuchamos mejor a quienes tienen heridas, porque son como nosotros.

— La perfección no existe, pero nos la venden. No conozco ninguna vida sin heridas, pero nos atrae tanto la belleza y la armonía, aunque sean artificial, porque alivian el sufrimiento. Cuando estamos sumergidos en el drama, mirar mundos supuestamente ideales nos evade, aunque, en general, ayuda más constatar que todos somos humanos y que tenemos nuestras luces y nuestras sombras. Es bueno que sepamos que las redes sociales son el paraíso del filtro, y que el perfeccionista es el eterno insatisfecho. Quien ansía la perfección constantemente es un gran sufridor que acaba somatizando en algún frente, porque vive con la tensión de quien no sabe disfrutar.

— Sus investigaciones científicas acaban aconsejando abrazos, equilibrio, normalidad, escucha, silencio, paz… Parece un villancico…

— ¡Me encanta!

— Hay tanta dopamina en los villancicos como en la bondad de la gente, que también existe.

— Todos conocemos a gente buena y a todos nos gusta estar con esa gente, porque tienen algo muy atractivo, que se llama corazón. Son personas que siempre buscan comprenderte y entenderte sin juzgarte. La gente mala es gente herida, no lo olvidemos.

— Navidad y asombro. Infancia y misterio. Sorpresa y horizontes. Dar gracias y pedir perdón. Pasar página y hacer propósitos de año nuevo.

— Después de la pandemia, es muy sano hacer un reset, rebobinar, ver en qué hemos mejorado este año, de qué me siento orgullosa, de qué me arrepiento, a quién le debería pedir perdón, a quién iría a darle un abrazo consciente de que lo necesita… No viene mal hacerse estas preguntas y ser valientemente consecuentes con las respuestas. También nos sirve pensar propósitos realistas para el año que viene, y no me refiero a ir al gimnasio o a dejar de fumar, sino a temas vitales más consistentes. Solo la conquista de haber traído a la mente ese deseo de mejorar nos guía ya por el camino correcto.

— ¿Pedimos a los Reyes Magos algo especial para que nos conserve con salud la corteza prefrontal?

— Pedimos a los Reyes que no perdamos la ilusión de la infancia o que la recuperemos, porque las cosas buenas pueden suceder.

— ¿Venderá Amazon barriles inyectables de oxitocina?

— Si Amazon supiera donde los venden, no me cabe la menor duda…

  • Imagen de portada: Gentileza de Lupe de la Vallina
  • FUENTE RESPONSABLE: ace PRENSA por Álvaro Sánchez León. Noviembre 2021
  • Sociedad y cultura/Psicología/Entrevista/Actualidad

Willem, el ‘bisnieto’ de Vincent Van Gogh que hoy custodia sus obras de arte: «Yo no pinto ni un poco».

ENTREVISTA 

El asesor del museo

El holandés visitó Madrid este septiembre, con motivo de la inauguración de Meet Vincent Van Gogh, la exposición sobre el pintor que se presenta en Madrid, hasta enero de 2022.

 

El 2 de junio de 1973, el gobierno neerlandés inauguró el Museo Van Gogh, la conocida pinacoteca, ubicada en Ámsterdam, en la que se despliega el legado de Vincent Van Gogh. 

Es decir, una colección de 700 pinturas que, antes de exhibirse en un espacio público, descansaban en la casa de Willem, el sobrino bisnieto del artista, quien además de ser el asesor de su museo, se dedica a recorrer el mundo hablando sobre su «tío». Es más, el pasado 29 de septiembre, Willem aterrizó en Madrid para asistir a la inauguración del Meet Vincent Van Gogh, la «nueva experiencia inmersiva», que se presenta en el Espacio Ibercaja.

«Me gusta mucho Madrid. Hay mucho arte para ver y la gente es muy amable. La comida también es deliciosa. Tenéis unos vinos increíbles. Como el Rioja o el Ribera del Duero. 

Pero lo que más me gusta es que hasta el 9 de enero vais a poder disfrutar de Meet Van Gogh. Una experiencia increíble, con la que vais a poder sumergiros en el mundo de Vincent, pisar sus huellas, sentir la emoción de su arte y conocer distintos pasajes de su vida», comentó Willem en una entrevista con LOC, en la que también desvela varios secretos de su archiconocido pariente.

«Me gustaría que la gente supiera que Vincent era un artista que nunca se daba por vencido. Siempre exploraba cosas nuevas. Por ejemplo, en una de estas salas se exhiben cerca de 800 pinturas y la verdad es que todas se ven diferentes. 

Porque la misión de Vincent era explorar el arte y creo que eso interesa mucho. Vincent podía pintar el retrato de un campesino, las olas del mar, los girasoles, la naturaleza, dos amigos, a un cartero, un café, su casa o su habitación… Y por eso creo que su pintura sigue tan vigente. Como todo el mundo toma café o tiene un dormitorio es fácil sentir una conexión con él», relata.

Asimismo, Willem piensa que muchas personas pueden sentirse identificadas con los procesos artísticos de Van Gogh. De hecho, a él mismo le hubiese gustado analizar a su «tío» y conocer, en profundidad, su trabajo. «Si Vincent estuviese vivo, creo que me encantaría salir con él y observar mientras trabaja, ver cómo pinta. 

Eso es lo que más relevante me parece. Es impresionante la cantidad de pinturas que realizó. En 10 años realizó 1.000 pinturas -de las cuales solo 860 sólo son conocidas- y algunas fueron hechas en solo un día. Y eso me provoca mucha curiosidad», cuenta Willem, quien creció rodeado de sus creaciones.

Y es que el abuelo de Willem era el hijo de Theo, el hermano más querido de Vincent, a quien envió la mitad de sus pinturas. Esa es la razón por la que gran parte de sus obras estaban en la casa de sus familiares. 

«Conozco gran parte de los cuadros de Vincent. Pero mi favorito es Almendro en flor. Creo que es una de las pinturas más hermosas que se han hecho en la historia. Además, el Almendro es uno de mis preferidos, porque Vincent le dedicó ese cuadro a su sobrino, mi abuelo, quien en su adultez decidió compartir la colección con el mundo y abrir el Museo Van Gogh. Creo que eso es muy emotivo», explica.

Pero los cuadros no es lo único que Willem heredó… Sino también las cerca de 600 cartas que Vincent envió a Theo, contándole sobre su vida, sus penas y sus labores artísticas. «He leído casi todas esas cartas, pero he tardado 20 años en hacerlo. 

Mi carta favorita es una en la que Vincent le escribe a Theo ‘nosotros tenemos cierta responsabilidad con la próxima generación’. Le dice algo como ‘las estrellas en el cielo iluminaran a las próximas generaciones de artistas’. Esa es una de mis citas favoritas», menciona Willem. No obstante, el holandés debe reconocer que las palabras de sus antepasados no lo han inspirado lo suficiente como para convertirse en pintor.

«Yo no pinto ni un poco. Una vez lo intenté. Pero no quedé muy contento con los resultados. Tomé clases de pintura, pero creo que no es lo mío. Me gusta el arte, pero me siento mejor como asesor que como artista», afirma sobre su actual misión en el Museo Van Gogh. 

«Me gusta mucho trabajar en el museo, es muy reconfortante y a la vez desafiante. Ahora nos enfrentamos al reto de volver a recibir al público tras el covid, además de garantizar el acceso a la colección para las generaciones futuras. Creo que lo que hacemos es muy inspirador. Sobre todo ahora, que estamos próximos a nuestro aniversario número 50», finaliza.

Imagen de Portada: Gentileza de El Mundo España

FUENTE RESPONSABLE: El Mundo España por Andrea M. Rosa del Pino

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