Tu regalo

Tal
como ninfa
presuntuosa,
hace
que mis manos
la tomen
de su diminuta
cintura,
en donde
predomina
su cadera
tan perfecta,
como la
redondez
de sus pechos
de miel.

Me dice
que hoy
ella se ocupa,
que desea
hacerme
esta vez,
su regalo
que obedezca
como cual
esclavo.

Le pregunto
¿Qué regalo?
No me da
ni siquiera
tiempo,
ella quiere
ocuparse
de todo,
y se lanza
a la aventura.

Me pone
boca arriba
sobre su cuerpo
sl igual que ella,
sus piernas
sempiternas,
sus codos
flexionados
haciendo
más liviano
mi cuerpo.

Su lengua
comienza
en forma
circular,
hacer lo
que sabe
me excita,
más que
ninguna
otra cosa,
me moja
con su boca.

Me toma
con sus manos
la cadera,
la humedad
de sus labios,
el aliento
tibio que
me desplaza,
hace que
como un ruego
le pida ya
de que pare.

Es imposible,
no cesará
hasta verme
satisfecho,
para luego
demandar
lo que más
le gusta
y a su
manera,
presuntuosa
como toda
ninfa, tal
como siempre…

Inconfesable

:Puedo darte un masaje
en tus pies me dijiste»,
presentí en ello
que sería el inicio,
de ese juego al que tanto
nos entregabamos,
en todo encuentro furtivo
dentro de las tinieblas
de tu cuarto donde hasta
el mismo Satanás parecía
estar presente
con su lasciva mirada.

Cuando te acomodaste
entre las almohadas de plumas,
dejando al descubierto tus piernas,
comencé suavemente a acariciarlas,
sintiendo tu temblor y ansiedad
cuando desde abajo hacia arriba,
una y otra vez tocaba tu pubis.

Minutos después tu humedad
mojo levemente mis manos,
supimos que deseábamos fuegos
interminables desde nuestros cuerpos
que nos inflamaran de placer.

Nos lanzamos como salvajes
a hundirnos en ese placer
al que al mismo tiempo
llegamos a la explosión
de todos los sentidos…