Filosofar entre rejas

Adelantos editoriales

Desde hace más de siete años, el Proyecto de Filosofía Aplicada en Prisiones BOECIO ha diseñado y puesto en funcionamiento talleres filosóficos en prisiones argentinas, brasileñas, colombianas, españolas y mexicanas. Su objetivo consiste en el fortalecimiento del pensamiento crítico, del gobierno sobre las pasiones y de la comunicación entre personas privadas de libertad.

Las autoras y autores de este manual (Ángel Alonso Salas, José Barrientos Rastrojo, Cindy Tatiana Carrero Torres, Jonathan René Cortés Sandoval, Mario Raúl Henríquez García, Marco Antonio López Cortés, Edson Renato Nardi, Carmen Pérez Cabrera, Víctor Andrés Rojas Chávez e Ingrid Victoria Sarmiento Aponte), tomando como base el libro Plomo o Filosofía, de José Barrientos Rastrojo, describen cómo realizan encuentros filosóficos con individuos en riesgo de exclusión social y proponen actividades para fortalecer sus competencias filosóficas.

Zenda reproduce un fragmento de Filosofar entre rejas.

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¿Quiénes fueron los estoicos?

El estoicismo constituye una escuela filosófica griega y romana que se extiende desde su fundación por Zenón de Citio en el siglo III a. C. hasta finales del siglo II con Marco Aurelio. El fallecimiento de este emperador romano no ha sido óbice para que la influencia de esta escuela se haya extendido a lo largo de los siglos; autores como Quevedo, Cicerón, María Zambrano o Martha Nussbaum y personajes de ficción como el capitán Alatriste son testigos de este despliegue que, como el Cid, resistió a su acta de defunción. Su pujanza ha sido de tal envergadura que han fundado adjetivos. Como aquellos que aparecen cuando se menciona a una mujer con actitud estoica o se admira el estoicismo de un hombre. Así, el estoicismo subraya la fuerza imperturbable de sus ostentadores ante las dificultades existenciales (Marco Aurelio, 2004; Musonio Rufo, 1995; Epicteto, 1993, 2004; Crisipo, 2006; Sellars, 2003; Séneca, 2000a, 2000b; Irvine, 2009; Foucault, 1990, 1994, 2009).

El nombre de esta escuela procede del lugar donde enseñaba Zenón: la stoa poikile, o la stoa pecile. Se trataba de un edificio con murales pintados por importantes artistas, situado al norte del Ágora de Atenas.

El estoicismo entendía la Filosofía como un arte de vida y su práctica, como un entrenamiento para afrontar los desaires que había que soportar cada día. Este entrenamiento dependía del desarrollo de tres dimensiones: el logos, el ethos y la physis. El logos exigía la capacitación en lógica y la activación de dimensiones críticas para accionarlas en el día a día. Su exponente principal fue Crisipo (2006). La lógica de este griego no solo servía para resolver problemas que vinculaban razones y consecuencias, sino que, además, encontramos en sus escritos (hoy fragmentarios en gran medida) cuestiones epistemológicas e incluso de índole perceptiva. En relación con el último punto, distingue las percepciones vanas de las correctas, los phantasmas de las phantasias (Crisipo, 2006: 14-15). La lógica estoica era baluarte protector del hegemonikon o del principio racional. Su aproximación no solo requería una labor cognitiva, sino que demandaba un compromiso con la prudencia y, por tanto, implicaba el adiestramiento del comportamiento. Aquí comienza la segunda columna vertebral estoica: el ethos.

El ethos conllevaba el mantenimiento de la imperturbabilidad delante de los reveses de la existencia. La ataraxia resume ese estado. Esta imperturbabilidad no es sinónimo de desentenderse de la realidad o de una frialdad emocional siberiana. Séneca avisaba que sería poco estoico no llorar la muerte de un padre; ahora bien, el error sería extender eternamente el duelo. El ethos alza una lucha sin paliativos contra las pasiones. Ellas convierten a la persona en un sujeto pasivo y, por tanto, roban la autonomía, esto es, la ley del yo racional. Esta pérdida convierte al individuo en un animal, al extraviar aquello que lo distinguía como humano.

La physis abarcaría el estudio de la naturaleza y lo que hoy entenderíamos como ontología e incluso metafísica. El estudio de la physis servía para evitar la hybris, es decir, caer en los dos excesos humanos: despeñarse a la animalidad o ensoberbecerse como un Dios.

Aunque existe un espíritu común, esta filosofía muta a lo largo de los siglos y sus autores mantienen focos de interés diversos. La dimensión ético-moral de Musonio Rufo (1995) contrasta con la lógica de Crisipo (2006) o con la tendencia a la visión cósmica de Marco Aurelio (2004).

Entre las líneas comunes, se repite la condición gladiatoria y gimnástica de la existencia. El estoico era consciente de las complejas vicisitudes de la vida y su fatalismo le permitía entender que algunas podrían ser cambiadas, aunque otras, como la muerte, era imposible trocarlas. Siendo así, era preciso aprender a encajar los golpes como los gladiadores en el circo o en el anfiteatro. Esto era un arte que ellos entrenaban con ejercicios específicos. La praemeditatio malorum, la prosoche, la akroasis, la diakrisis, la enkrateia, la gymnastique, la visión cósmica o la lógica fortalecían la musculatura filosófica para prepararse ante los fracasos y contratiempos de cada nueva jornada. La Filosofía Experiencial estoica actualizará estos ejercicios con personas en riesgo de exclusión social. Inspirado en este espíritu, nació el proyecto BOECIO.

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BOECIO: Filosofía Experiencial en prisión

Historia del proyecto

Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio fue un filósofo nacido en el año 480 en Roma. Sus enseñanzas median entre los últimos estertores del pensamiento romano y los inicios del medieval. Sus escritos manifiestan un profundo espíritu estoico, sobre todo, aquel que le hizo más famoso: La consolación de la filosofía. Boecio escribe esta obra en prisión en el año 524, justo un año antes de ser ejecutado. Allí, asistimos a un diálogo entre el autor y la Filosofía. Ella intenta explicarle por qué los malvados consiguen éxito en esta vida y los justos pueden acabar condenados. Serán las prebendas interiores y no las recompensas exteriores, arguye la sabia compañera, las importantes de la existencia. Esta breve semblanza ofrecía suficientes referencias cuando comenzó a gestarse nuestro proyecto para honrar con su nombre nuestra actividad.

La inspiración de BOECIO es doble: el grupo ETOR (Educación, Tratamiento y Orientación Racional) y las actividades iniciadas en 2007 por uno de sus miembros, Eduardo Vergara.

El grupo ETOR fue uno de los grupos de trabajo de la Asociación de Estudios Humanísticos y Filosofía Práctica X-XI. La institución fue iniciada en 1999 por el profesor de universidad José Ordóñez García, por algunos de sus compañeros de estudios como Francisco Macera y Alberto Barea, y por estudiantes como Diego Ruiz Curiel. El objetivo de este grupo consistía en diseñar un método filosófico original para el trabajo en consultas de orientación filosófica (u OrFi). Esa herramienta fomentaría el análisis crítico de la realidad del consultante y el desvelamiento de la ideología del sistema. La conciencia de estas imposiciones sociales ocultas serviría para una liberación y emancipación concordante con las pretensiones teóricas que autores como Karl Mannheim o Karl Marx habían expuesto en sus escritos.

Las diversas generaciones etorianas animan al grupo a completar su actividad en consultas con talleres grupales. Uno de esos nuevos miembros fue Eduardo Vergara, quien se propone la implementación de sesiones en prisiones españolas. Su actividad, dificultada al principio por las propias limitaciones de las instituciones penitenciarias, fue, posteriormente, creciendo en número de prisiones implicadas. Su encomiable labor se introdujo en todos los grados penitenciarios, en el Plan de Prevención de Suicidios y en módulos de máxima seguridad. Asimismo, en 2004, inició una tesis doctoral sobre su labor que esperamos poder leer finalizada pronto.

José Barrientos Rastrojo se inició en el campo de la consulta filosófica a comienzos del año 2000 de la mano de ETOR y sus principales promotores: José Ordóñez y Francisco Macera. Por ello, sus primeros años trabaja en el método ETOR y en consultas que comparte con el resto del equipo. Barrientos Rastrojo une su investigación doctoral sobre orientación filosófica, que defiende en 2009 (Barrientos, 2010), a labores en talleres filosóficos, por ejemplo, colaborando con Francisco Barrera en su vino filosófico desde el año 2006.

La conciencia de que la mayor parte de los asuntos de las consultas tenían su germen en la carencia de habilidades filosóficas lleva a su deslizamiento a trabajos grupales. Además, al ganar una plaza de profesor en la Universidad de Sevilla, se apercibió de la necesidad de realización de estudios de investigación con base empírica que cumplieran unos estándares mínimos de calidad. De esta forma, en 2015, diseña el primer proyecto piloto de talleres filosóficos con sedes en Noruega, Croacia, México y España, que financia la John Templeton Foundation a través de la Universidad de Chicago. Finalizada esta iniciativa y movido por los resultados, se embarca en un proyecto más ambicioso en prisiones latinoamericanas. Después de su presentación en dos convocatorias, se logra que el proyecto BOECIO sea financiado, por una parte, por medio de la concesión de un proyecto FEDER, que cuenta con fondos europeos, y, por otra, gracias a una ayuda para proyectos de cooperación de la Oficina de Cooperación de la Universidad de Sevilla.

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Autor: Varios autores. Edición: José Barrientos Rastrojo. Título: Filosofar entre rejas. Editorial: Plaza y Valdés. Venta: Todostuslibros

Imagen: Portada de “Filosofar entre rejas”

FUENTE RESPONSABLE: ZENDALIBROS.COM Editor: Arturo Pérez-Reverte. 13 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Filosofía/Taller/Prisiones/Estoicismo.

 

 

Las mejores lecciones estoicas para enseñar a tus hijos a superar las dificultades.

CONTRA EL MIEDO Y EL PESIMISMO

Los valores de esta escuela filosófica pueden ser muy positivos de cara a ayudarles a resolver los grandes problemas con los que se verán en el futuro y a no dejarse llevar por la ansiedad.

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Desde hace un tiempo a esta parte se viene repitiendo un mantra colectivo bastante negativo que, de alguna forma, ha permeado en la mente de los jóvenes: «esta es la primera generación que vivirá peor que sus padres».

Tantos años de progreso humano, científico y tecnológico para que ahora haya unanimidad al pensar que estamos en claro retroceso, que vamos hacia atrás. Se trata de un mensaje catastrofista que puede conducir a la inmovilidad. De ahí que existan debates en torno a cómo informar sobre, por ejemplo, el cambio climático, ya que ser demasiado apocalípticos con el «ya no hay marcha atrás» puede hacer que efectivamente se den todos los esfuerzos por perdidos. 

Sí, vivimos un punto de inflexión histórico, sobre todo a raíz de la crisis climática. Nunca antes las generaciones jóvenes habían estado tan movilizadas con respecto a un problema, que en este caso es global. Son muchos los estudios que hablan de la aguda ansiedad climática que a muchos niños y adolescentes les produce esta situación. También a los adultos. 

De hecho, posturas filosóficas críticas para el mantenimiento de la especie humana como el antinatalismo (la voluntad de abstenerse de procrear o no querer traer más hijos al mundo) han vivido una resurrección en estos últimos años.

«Perdida la esperanza, perdida la ilusión / los problemas continúan sin hallarse solución», cantaba un grupo de punk a mediados de los 80. Y «el pasado ha pasado y por él nada hay que hacer», mientras tanto «el presente es un fracaso y el futuro no se ve». ¿Acaso no hay mejor forma de describir el clima de pesimismo que inunda nuestra época? El hecho de que un estribillo de hace cuarenta años como este siga teniendo vigencia en el presente nos demuestra que el pesimismo también se reproduce entre las diferentes generaciones. Solo que parece que esta vez la situación es más crítica y urgente. El hecho de que los niños y adolescentes de ahora hayan crecido con Internet ha producido que los mensajes catastrofistas se hayan compartido mucho más rápidamente y con mayor intensidad.

La urgencia del estoicismo hoy en día

«Como padre, creo que es esencial empoderar a los niños y transmitirles el mensaje de que el mundo está en sus manos, que tendrán el poder de resolver sus problemas más acuciantes, y que hay mucha gente que ya está trabajando en ello, que está deseando que los niños aprendan y crezcan. La lucha contra el cambio climático forma parte de eso, y es importante y merece la pena que lo tengan en cuenta, pero no porque no vaya a haber un mundo en el que los niños no puedan vivir cuando sean mayores». 

Estas palabras pertenecen a Kelsey Piper, periodista del medio de comunicación ‘Vox’, en un artículo reciente en el que pide un giro argumentativo a la hora de tratar la crisis climática por parte de los gobiernos e instituciones, a raíz de la ansiedad que crean los mensajes catastrofistas en los jóvenes.

«La mejor manera de que un niño de siete años mejore el mundo puede ser aprender y desarrollar nuevas habilidades que pueda aplicar frente a estos problemas cuando sea mayor» 

Y ante toda esta situación, para que el pesimismo inmovilista no atrofie la necesidad de un cambio de rumbo efectivo y en la buena dirección en sus mentes, una buena opción podría ser educarles en valores filosóficos como el estoicismo, cuya máxima principal reside en pensar que no se puede controlar lo que sucede en tu vida, pero sí cómo se responde ante ello. Este puede ser un buen punto de partida. Así lo manifestaba Epicteto, alumno de Musonio Rufo, uno de los fundadores del pensamiento estoico

Este dividía la experiencia humana en dos categorías: las cosas que podemos controlar y las que no. Si atendemos a emergencias como la del cambio climático, esta se puede antojar como el problema más acuciante e incontrolable de todos. ¿Qué respondería Epicteto si viviera en nuestra época? Es difícil de imaginar, pero básicamente llamaría a concentrarse en la forma de reaccionar individual y colectivamente para reducir la ansiedad y conseguir cierta autonomía frente a situaciones de caos.

Esto, de alguna forma, es lo que también propone Piper en su artículo: «Los niños a los que les preocupan estos problemas en su infancia saben que no son Greta Thunberg y, por tanto, no tienen posibilidades de llegar a ninguna parte, al igual que cuando sean adultos. La mejor manera de que un niño de siete años mejore el mundo probablemente no sea suplicando a los adultos», como hace la activista, quien se erige como icono de su generación, sino «aprendiendo y desarrollando nuevas habilidades que pueda aplicar frente a estos problemas cuando sea mayor».

Los hábitos y la ataraxia

Y «habilidades» se parece lingüística y semánticamente a otra palabra que obsesionaba a los estoicos: «hábitos». Aplicado al tema del cambio climático, inevitablemente concluimos que hay que instruir a los niños en formas de estar en el mundo respetuosas con el medio ambiente: reciclar, contaminar lo mínimo… Como es obvio, todo esto es positivo en el día a día para enfrentar esta gran amenaza. Pero habría que ir más allá y educar en el hábito de reflexionar y pensar sobre cómo mejorar su vida y la de los demás. Al fin y al cabo, el estoicismo no solo se basa en un «soporta y renuncia», sino en buscar la virtud, que ellos veían en la ataraxia, que es ese estado de ánimo tranquilo en el que ya no existe el deseo o los temores. En este sentido, abogaban por una vida sin influencia de los agentes externos que se antojan como más deseables, como vienen a ser la riqueza o el poder, para ahondar más en un modo de vida ascético basado en la consabida frase de «no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita». Esto, en la educación con los hijos, podría aplicarse a instruirles en huir de los mantras de la sociedad de consumo.

Estoicismo en problemas concretos

Más allá de las luchas que se juegan en un plano más general, cabe detenerse en los problemas que puedan presentarse en su día a día. El mayor de ellos que podemos pensar es sin duda el del acoso escolar o bullying. A este respecto, la postura estoica les invita a pensar y reflexionar sobre su situación para saber decidir de la mejor forma posible cómo reaccionar. 

«Puedes ser poderoso si puedes elegir cómo responder a todo. Tendrás la mejor vida y nadie podrá mandar sobre ti, serás el jefe de tus pensamientos, sentimientos y decisiones» 

Así lo explican desde la web ‘Eres Estoico’: «¿Recuerdas cuando tu amigo fue malo contigo la semana pasada? Eso no fue agradable por su parte, pero tampoco había nada que pudieras hacer al respecto. Si alguien quiere ser malo, será malo. Pero después de que fueran malos, tuviste una opción. Debías decidir si ibas a ser malo, si ibas a golpearlos, o a correr al maestro y explicarles lo sucedido, o si ibas a seguir jugando y olvidarlo». Cuanto mejor sea la respuesta que tomes, «más felices seremos y menos triste estaremos». 

A este respecto, «puedes ser tan poderoso como los soldados y héroes y los adultos grandes y fuertes, ya que puedes elegir cómo responder a todo. Si puedes aprender eso ahora y abrazarlo, tendrás la mejor vida y nadie podrá mandar sobre ti, serás el jefe, el jefe de tus pensamientos, sentimientos y decisiones».

Por tanto, podemos extraer de este consejo que el valor estoico más positivo para enseñar a un niño o adolescente que se siente el marginado de su clase es empoderarle para que no se sienta el débil o la víctima. Y, la mejor forma de empoderamiento es fomentar su capacidad de decisión sobre su propia vida, sus pensamientos y sus decisiones. 

Esto puede resultar un poco abstracto de explicar a edades tempranas, pero seguramente lo entienda, ya que los niños son más listos de lo que los adultos tendemos a pensar. En este sentido, nunca está de más leer con él algunos de los libros que recojan enseñanzas filosóficas o, directamente, de la escuela estoica. Aunque pueda parecer demasiado complejo de comprender, las ‘Meditaciones‘ de Marco Aurelio pueden ser una buena puerta de entrada a este pensamiento. 

O Cartas de un estoico’ de Séneca, el cual les iluminará en el proceso de toma de decisiones. Del mismo modo, al ser nativos digitales seguramente prefieran contenidos adaptados a estos canales. Por ello, en Instagram hay perfiles como Eres Estoico, de la citada web, que pueden ser muy útiles para reflexionar con tus hijos sobre citas que tienen que ver con esta corriente filosófica. La clave es transmitirles la pasión por el pensamiento y la costumbre de hacerse preguntas que estén dirigidas a querer tener una vida más plena, más consciente y más activa.

 

Imagen de portada:Heráclito por Hendrick ter Brugghen (1628). La filosofía natural estoica está influenciada de las doctrinas del Logos y el fuego de Heráclito (Fuente: Wikimedia)

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Enrique Zamorano.  de julio 2022

Sociedad y Cultura/Filosofía/Estoicismo/Actitud/Pensamiento

 

 

Los tres requisitos del estoico Epicteto para alcanzar la felicidad.

Epicteto (55 – 135 a. C.) fue un filósofo griego de la escuela estoica. Nació esclavo en Hierápolis, Frigia (actual Pamukkale, Turquía) y vivió en Roma hasta su destierro, cuando fue a Nicópolis, en el noroeste de Grecia. Sus enseñanzas fueron escritas y publicadas por su alumno Arrian.

Epictetus enseñó que la filosofía es una forma de vida y no solo una disciplina teórica. 

Para Epicteto, todos los eventos externos están fuera de nuestro control; debemos aceptar con calma y serenidad lo que sucede a nuestro alrededor.

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Sin embargo, los individuos son responsables de sus propias acciones, que pueden examinar y controlar mediante una autodisciplina rigurosa.

La alegría de vivir de Matisse

En el período helenístico, algunos filósofos también se preguntaron cómo alcanzar la felicidad y el equilibrio. Sus respuestas dieron vida a uno de los movimientos filosóficos más importantes de todos los tiempos: el estoicismo.

Epicteto fue uno de sus principales exponentes. Sus ideas tienen siglos de antigüedad, pero son tan actuales que pueden ayudarnos a delimitar el camino a la felicidad en el mundo moderno.

1. Para ser feliz, primero debes ser libre

Los estoicos no concebían la felicidad sin la libertad. Epicteto llegó a afirmar que “la felicidad no consiste en desear cosas sino en ser libre”. 

Estaba convencido de que esa libertad se consigue reduciendo los deseos a su mínima expresión.

“La riqueza no consiste en tener muchas posesiones, sino pocos deseos”, afirmaba el filósofo. 

El apego a las cosas genera un estado febril que nos aleja de la felicidad y el equilibrio emocional. Cuantas más cosas deseemos, más tendremos que esforzarnos por alcanzarlas, olvidándonos de disfrutar el aquí y ahora. 

Eso nos condena a un ciclo de insatisfacción permanente. El apego a las cosas materiales también genera el miedo a su pérdida, lo cual nos aleja cada vez más del camino a la felicidad.

Por tanto, para Epicteto el primer paso en la búsqueda de la felicidad consistía en alcanzar la libertad que proviene del desapego de lo material, de ser conscientes de que no necesitamos muchas cosas. 

Ese insight rompe muchas ataduras, nos libera de muchos condicionamientos y presiones sociales que pueden llegar a ser oprimentes y angustiantes, para seguir adelante más ligeros de equipaje.

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La alegre familia de Jan Steen

2. Deshazte de las preocupaciones – de una vez y por todas

Epicteto era el filósofo de la no-preocupación. Comprendió que para alcanzar la felicidad no solo debemos desapegarnos de lo material sino también de nuestros pensamientos. 

Decía que “el único camino a la felicidad es dejar de preocuparnos por las cosas que escapan de nuestro control y voluntad”.

También nos alerta de que “el hombre no está tan preocupado por los problemas reales sino por la ansiedad que imagina generan esos problemas […] El hombre no se perturba por las cosas, sino por la opinión que tiene de estas […] Los acontecimientos no le lastiman, pero la percepción de ellos sí”.

Según Epicteto, necesitamos aprender a deshacernos de las preocupaciones que solo añaden un peso innecesario a nuestra vida. 

Para ello, debemos darnos cuenta de que muchas veces la ansiedad, el miedo o la frustración no provienen de los acontecimientos en sí, sino de la manera en que los interpretamos.

Si consideramos que ha sucedido algo negativo, reaccionaremos con enfado, frustración o tristeza. Si pensamos que es probable que suceda algo negativo, reaccionaremos con ansiedad, tensión y miedo. 

Sin embargo, esas emociones son más el producto de nuestros juicios que de los propios acontecimientos. 

“No es lo que te pasa, es como te lo tomas. El dolor y el sufrimiento vienen de lo que nos contamos a nosotros mismos sobre las consecuencias, sobre el futuro, sobre lo que va a pasar como resultado de lo que ha pasado”, explicaba Epicteto refiriéndose a la narrativa que construimos alrededor de los eventos. 

¿Cómo deshacernos de esa tendencia?

Comprender que existe una brecha entre la realidad y nuestra respuesta nos permite intervenir precisamente en la fase sobre la que tenemos algún control: nuestros pensamientos sobre lo ocurrido. 

De hecho, Epicteto decía que “las circunstancias no hacen al hombre, solo le revelan lo que hay en él”. Todo depende del cristal con que lo miremos. De ese cristal dependerá nuestra actitud y, en última instancia, nuestra felicidad.

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Bacanal de los Andrios de Tiziano.

3. No luches contra las circunstancias, acéptate incondicionalmente

Uno de los requisitos para alcanzar la felicidad más importantes en la filosofía estoica es la aceptación radical

De hecho, los estoicos desarrollaron diferentes ejercicios prácticos para ayudarnos a aceptar las cosas. Séneca, por ejemplo, recomendaba hacer un balance al final de cada día, anotando cuando nos irritamos por algo trivial o nos enojamos por algo que no lo merecía. Si somos capaces de percibir esos errores, podemos mejorar nuestra actitud al día siguiente y responder con mayor ecuanimidad.

Epicteto, por su parte, pensaba que si esperamos que el universo nos proporcione lo que deseamos, vamos a estar condenados inevitablemente a la decepción. 

En cambio, si abrazamos lo que el universo nos da nuestra vida será más llevadera y podremos ser más felices. 

Nos da un sabio consejo: “No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”. 

En el corazón de su filosofía se encontraba la aceptación incondicional, que no implica sometimiento ni resignación, sino una simple constatación de la realidad tal y como sucede.

Solo cuando tomamos nota objetivamente de lo que ocurre podemos cambiar lo que puede ser cambiado y dejar de preocuparnos por aquello sobre lo que no tenemos ningún control. 

En ese instante dejamos de reaccionar automáticamente para comenzar a planificar nuestra respuesta. Tomamos las riendas.

Epicteto simplemente nos propone responder de manera adaptativa ante los cambios que se producen en nuestro entorno, sin presentar una resistencia inútil, solo porque esos sucesos no encajan con nuestros deseos, expectativas o visión del mundo.

Epicteto pensaba que “la felicidad solo puede ser hallada en el interior”.

Intentó ofrecer a sus discípulos un camino para alcanzar la felicidad personal estableciendo unos «requisitos» que siguen siendo perfectamente válidos en la actualidad.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta. Por Silvia Garcia. Febrero 2022

Sociedad y Cultura/Filosofía/Felicidad/Epicteto/Estoicismo/Séneca

EL ‘SÓCRATES ROMANO’

Musonio Rufo, el filósofo estoico del siglo I con perspectiva ‘feminista’

Aunque en aquellos años las connotaciones culturales eran muy diferentes, sí que se pueden extraer unas conclusiones muy oportunas sobre su legado y la relación con las corrientes del presente.

«No podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí lo que pensamos sobre ello». 

Esta es una de las máximas que fundamenta el pensamiento de los estoicos, una escuela filosófica que se remonta al siglo III a. C. pero que, de manera directa o indirecta, hemos acabado asumiendo en cada acto cotidiano de un tiempo a esta parte. 

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No en vano hemos aguantado y afrontado, con más o menos dificultades, el complejo período histórico que nos ha tocado vivir. Todos aquellos lemas de psicología positiva (útiles o inanes) que fluían por la red cuando supimos con certeza que no volveríamos a socializar ni a ver a nuestros seres queridos hasta dentro de unas cuantas semanas, podían quedar reducidos a un «soporta y renuncia» global que nos hizo cambiar el gimnasio por el salón de nuestra casa y los ‘pubs’ por la videollamada grupal. El estoicismo, a fin de cuentas y de una forma simplista y burda, podría ser reducido a ese famoso refrán que dice: «cuando la vida te da limones, aprende a hacer limonada».

Foto: 'Marco Aurelio distribuyendo pan al pueblo', de Joseph Marie Vien.

«Soporta y renuncia»: consejos estoicos para sobrevivir a la cuarentena. Marta Medina

Si hacemos una búsqueda rápida en Google de la palabra «estoicismo», efectivamente nos saldrán los típicos bustos griegos que tan asociados tenemos a películas y a portadas de libros de filosofía antigua. 

No veremos ni a una sola mujer. Veremos, en la mayoría de los resultados, a un señor con barba y pelo rizado llamado Zenón de Citio, el fundador de esta escuela filosófica. 

También aparecerá el que será una de las mayores influencias para pensadores modernos como Montaigne, Descartes o Rousseau, el autor trágico por antonomasia, al que también el teatro moderno le debe tanto: Séneca el Joven. 

Pero seguramente descuidemos a uno de los más importantes, que precisamente puso en valor el papel de la mujer en la filosofía y la ciencia, en una época en la que estaban relegadas a las labores domésticas (como hasta no hace mucho tiempo, cuando las ideas feministas no habían entrado en la opinión pública). 

Hablamos de Musonio Rufo, maestro de filosofía en la Roma de Nerón, quien intentó reventar todos los prejuicios existentes con aquellas mujeres que desoyendo las voces patriarcales de la época, querían instruirse en los saberes y participar en los debates elevados en las mismas condiciones que los hombres. «La mujer es igualmente capaz de dominar la cólera, las tristezas, las intemperancias de los placeres y de adquirir la resistencia suficiente para sobreponerse a las dificultades».

 «El mismo raciocinio han recibido de los dioses las mujeres y los hombres, el que utilizamos en las relaciones mutuas y con el que discurrimos sobre cada cosa si es buena o mala y si es hermosa o fea. El deseo y la buena disposición natural hacia la virtud residen no solo en los hombres, sino también en las mujeres», afirmaba el filósofo romano en su obra ‘Disertaciones y fragmentos‘, editada por la Editorial Gredos en 1995.

Igualdad estoica

Aunque otros filósofos como Platón o el propio Zenón de Citio anteriormente mencionado ya imaginaban una sociedad ideal en la que hubiera cierta igualdad civil entre hombres y mujeres, los textos de Rufo son los que más defienden las capacidades morales e intelectuales femeninas, equiparándolas a los hombres. 

No por ello estaría bien concluir que se trata de un filósofo clásico «feminista», ya que evidentemente las connotaciones culturales de su época eran muy distintas a las de ahora, como reconoce también Massimo Pigliucci, profesor del City College de Nueva York y uno de los principales exponentes en el estoicismo moderno, la corriente filosófica que más recoge y adapta al mundo actual las reflexiones y enseñanzas de la escuela estoica. 

«¿Cómo no iban a necesitar el valor las mujeres? La raza de las amazonas participaban en la lucha, vencieron a muchos pueblos mediante las armas» 

«Los estoicos antiguos no pueden considerarse feministas en el sentido moderno del término», asevera Pigliucci en un reciente artículo de Aeon. «No solo porque la etiqueta sería obviamente anacrónica, sino porque eran, inevitablemente, un producto de su época y cultura. Musonio pensaba que una mujer debía ocuparse de la gestión del hogar, mientras que Epicteto valoraba los ideales femeninos de modestia y decencia. Ambos filósofos criticaron a los hombres por pensar que están, por naturaleza, por encima de las tareas femeninas». 

Aún así, Rufo pedía algo que resultaba revolucionario en su época: una educación universal para ambos sexos. «Y si ambos necesitan poder discurrir de la misma manera y ser sensatos y participar del valor y de la justicia el uno no menos que el otro, entonces, ¿no habremos de educarlos de la misma forma ni habremos de enseñarles a ambos por igual el arte por la cual el hombre podría llegar a ser bueno? Pues así hemos de obrar y no de otra manera», reflexiona. 

«Hay que enseñarles enseguida empezando desde que son pequeños, que esto es bueno y eso es malo en la misma medida para ambos; y que esto es beneficioso y aquello perjudicial y que estoy hay que hacerlo y aquello no. Y de ello resulta el buen sentido en quienes aprenden, por igual en las chicas que en los chicos y sin destacarse en nada en unos o en otras».

Foto: Zenón de Citio, fundador del estoicismo. (Foto: shakko)

Lecciones para nuestra vida cotidiana que podemos extraer de los estoicos por Marta Jiménez Serrano

Rufo extiende aquellos predicados de la escuela estoica para hombres y mujeres. 

De este modo, las virtudes filosóficas que más se valoran dentro de esta corriente, como poner coto al deseo, ser prudente o no dejarse llevar por las preocupaciones, también las aplica y las comenta desde el plano femenino. 

«La mujer, dice Musonio, puede alcanzar igualmente la prudencia y el gobierno de sus pasiones tal y como también las puede alcanzar el hombre», sostienen en un interesante artículo de la web Apuntes filosóficos‘. 

«La mujer es igualmente capaz de dominar la cólera, las tristezas, las intemperancias de los placeres y de adquirir la resistencia suficiente para sobreponerse a las dificultades». 

Uno de los prejuicios más aceptados en la época del Imperio Romano, de manera similar a la nuestra, es que las mujeres no resultaban fieras en batalla y carecían del coraje necesario para tomar decisiones sobre los asuntos políticos o en su vida privada. A este respecto, Musonio las equiparó a los hombres, alegando que al igual que el sexo masculino, las mujeres también eran valientes luchadoras, demostrándolo con creces anteriormente.

«¿Cómo no iban a necesitar el valor las mujeres?», escribe. «Que también participan de la lucha con armas lo mostró la raza de las amazonas, que venció a muchos pueblos mediante las armas. De modo que si a las demás mujeres les falta algo para llegar a esto, será la falta de entrenamiento más que el no haber nacido para el valor». 

«Los estoicos articularon una teoría moderna sobre lo que hoy consideraríamos psicología moral evolutiva. Pensaban que los seres humanos son buenos por naturaleza» 

De igual manera, el estoico también las vio completamente aptas para ejercer la justicia al poseer el razonamiento filosófico y moral suficiente como para dictar sentencias basándose en la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo. «Que, además, hay que rehuir la avaricia, honrar la equidad; que, siendo seres humanos, han de estar dispuestos a hacer el bien a los seres humanos y no han de estar dispuestos a hacerles mal, todo eso son enseñanzas hermosísimas y que hacen justos a quienes las aprenden», sostiene Rufo. «¿Por qué sería más necesario que aprenda esas cosas el hombre?»

El estoicismo universal del presente

Como apuntábamos anteriormente, el estoicismo es una de las corrientes filosóficas más influyentes en los movimientos intelectuales posteriores que dieron luz a la modernidad, como la Ilustración. 

En la actualidad, ha llegado a aplicarse en campos como la psicología, ya que uno de sus máximos exponentes, el doctor Albert Ellis, fue el inmediato precursor de la terapia cognitivo conductual

Al fin y al cabo, la máxima estoica por antonomasia, aquella que establecía ‘grosso modo’ que las cosas no son malas ni buenas de por sí, sino cómo las asimilamos y la respuesta que las damos, conecta muchísimo con la terapia psicológica que tantas personas reciben hoy en día.

Foto: Fuente: iStock

Reestructuración cognitiva: el mejor método para cuidar la salud mental, según un gran estudio. Por Enrique Zamorano

Más allá de esta consideración, cabe regresar al texto de Pigliucci en el que defiende a ultranza el estoicismo moderno, iniciado a finales del siglo XX por Lawrence Becker, autor de Un nuevo estoicismo’ (1997). 

«Los estoicos articularon una teoría notablemente moderna de lo que hoy consideraríamos psicología moral evolutiva», asevera. «Pensaban que los seres humanos son buenos por naturaleza, como han argumentado algunos biólogos evolucionistas. Esta bondad básica, sin embargo, resulta insuficiente para hacer frente a las complejidades de los grecorromanos antiguos o a las sociedades del siglo XXI». 

«Es una corriente que reconoce tanto las limitaciones de nuestra capacidad para cambiar el mundo como la posibilidad de realizar algún cambio» 

Así pues, el autor pone en valor el cosmopolitismo como «la actitud que nos hace considerar a los demás como nuestros hermanos o hermanas, sin importar en qué parte del mundo se encuentren», al compartir «nuestras mismas necesidades, deseos, temores y esperanzas». 

Sin embargo, «algunos críticos del estoicismo insisten en que la filosofía es conservadora cuando se trata de cuestiones sociales, porque se centra en lo que el individuo puede y debe soportar pero no en efectuar cambios sistémicos. 

Después de todo, el movimiento está orientado a no reaccionar ante los eventos, manteniendo un estado interior tranquilo frente a las externalidades». 

Entonces, ¿cómo aplicar el estoicismo al mundo de hoy en día para mejorarlo? 

«El estoicismo moderno no solo postula una filosofía pasiva para soportar con ecuanimidad todo lo que la vida te depare», concluye el pensador. «Es una corriente que reconoce tanto las limitaciones de nuestra capacidad para cambiar el mundo como la posibilidad de realizar algún cambio. 

Esforzarse por encontrar el punto óptimo entre la resistencia del mundo tal como es y el impulso de mejorar las cosas sin golpearnos la cabeza contra una pared es su esencia».

Imagen de portada: Gentileza de Alma,Corazón y Vida

FUENTE RESPONSABLE: Alma,Corazón y Vida. Por Enrique Zamorano. Diciembre 2021.

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