Emociones en sangre: el estrés puede alterar los niveles de glucemia.

Las tensiones nerviosas y los conflictos emocionales son otro de los factores que influyen como disparador de un crecimiento del azúcar en sangre. Cómo manejarlos según los especialistas

Emociones en sangre: el estrés puede alterar los niveles de glucemia

LAS EMOCIONES PUEDEN GENERAR UN PICO DE DIABETES

La diabetes es una patología que genera graves complicaciones asociadas al deterioro en la calidad de vida y a una elevada mortalidad, con una disminución de 5 a 10 años en la expectativa de vida.

Es por eso, y por ser generalmente “una enfermedad silenciosa durante varios años”, es que en 1991 la Federación Internacional de Diabetes y la Organización Mundial de la Salud estableció el 14 de noviembre como el Día de la Diabetes, con el fin de concientizar acerca de las causas y el tratamiento de esta afección a la que ya se la considera una epidemia.

A nivel global, esta enfermedad afecta a más de 463 millones de personas, de las cuales 32 millones son de América del Sur y Central de acuerdo a la Federación Internacional de Diabetes.

En Argentina, la prevalencia de diabetes es del 12,7 por ciento y esta tendencia continúa creciendo: según la 4ta Encuesta Nacional de Factores de Riesgos realizada por la Dirección Nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas No Transmisibles, en 15 años la diabetes aumentó en un 50 por ciento. 

Asimismo, se registró un aumento en los porcentajes de otros factores que potencian el riesgo asociado a la enfermedad como la obesidad, el exceso de peso, la baja actividad física y la presión arterial elevada.

Se estima que 1 de cada 10 argentinos mayores de 18 años tiene diabetes y dado que, por varios años permanece sin síntomas, aproximadamente 4 de cada 10 personas que la padecen desconocen su condición.

La diabetes originada por las tensiones nerviosas y emocionales, es la “diabetes emotiva”

Y los pronósticos a mediano plazo no son alentadores: se estima que para el año 2030, 1 de cada 10 adultos podría padecer diabetes.

Más allá de las causas físicas y/o orgánicas que generan esta enfermedad, está comprobado que las emociones afectan los niveles de glucemia. Por eso, la diabetes originada por las tensiones nerviosas y los conflictos emocionales, es la llamada “diabetes emotiva”.

“La experiencia con pacientes demuestra que aunque un diabético no haya comido durante más de 15 horas, puede tener una glucosa en sangre arriba de lo normal por haber pasado una situación de angustia, ira o ansiedad. Esto tiene una explicación hormonal muy clara: cada vez que nos ponemos nerviosos sube un neuroquímico llamado adrenalina, y esta sustancia estimula directamente la glándula suprarrenal aumentando el cortisol. Estas dos sustancias normalmente suben el azúcar en la sangre, sacándola del hígado, y así se producirá un cuadro de hiperglucemia en un diabético”, explica la doctora María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787).

Como en varios tratamientos médicos, controlar esta patología se basa en la relación médico paciente: “si se establece un equipo de trabajo, cada una de las partes responde con el 50 por ciento de la tarea y, por tal motivo, es preciso el pleno compromiso del paciente con el procedimiento. 

Muchos pacientes llegan a autocontrolarse y, con el tiempo, son sus propios médicos y solo acuden al profesional para actualizar los tratamientos. En este punto, cabe destacar que es fundamental el control emocional para que un paciente logre la autodependencia”, subraya la especialista.

La diabetes es una enfermedad crónica que debe controlarse con responsabilidad

En este sentido, Rodríguez Zía menciona que las emociones no distinguen entre los tipos de diabetes. “Afecta tanto al diabético tipo I como al tipo II, ya que ante cualquier emoción que suba la adrenalina en primer término y, luego, el cortisol, sube el azúcar en la sangre. Si bien entonces afecta a ambos tipos, puede tener niveles diferentes si el paciente es insulino dependiente, que puede subir bastante más según los controles, tanto de insulina como de alimentación. En cambio, el diabético tipo II, como no depende de la insulina inyectada, puede ser más leve”.

Ahora, si estas situaciones de estrés o emocionales se prolongan en el tiempo, dado que no son un schock agudo, van a aumentar los niveles crónicos de glucosa en sangre, si no existe un control médico, obviamente, porque esto se puede evitar. “Esto va llenando el cuerpo de un proceso denominado glicosilación, que es el proceso que determina que luego aparezcan problemas oculares, renales, pie diabético, entre otras complicaciones. Pero esto se puede controlar manejando, por un lado, las emociones y por supuesto con los controles propios de la diabetes a nivel clínico”, cuenta la doctora.

Es por eso que, si un diabético sabe que va a enfrentarse a una situación emocional fuerte tiene que consultar a su médico, quien determinará si necesita una atención terapéutica, si necesita ayuda medica del tipo psicofármaco, o bien colaborar con la bioquímica de sus neurotransmisores.

“Cuando esto lo amerita, en un caso de insomnio crónico, por ejemplo los diabéticos que no pueden dormir aunque no coman nada, siempre están con glucosas altas. Estos cuadros hay que tratarlos sí o sí porque si no aparecen las complicaciones”, ejemplifica la experta.

“Lo ideal es que el paciente con diabetes sepa adelantarse a estas situaciones, tanto sea con las comidas como con el ejercicio, que son generadores de estrés extras no programadas; o a las emociones imprevistas. Esto va a llevar a tener que modificar su medicación en forma aislada, sólo por esa situación. Se tiene que controlar su glucemia y donde se requiera plantear una corrección, ya sea con insulina (tipo I) o con medicación (tipo II), por supuesto concurrir al médico o a la terapeuta, que ayude con el tema emocional”, agrega Rodríguez Zía.

“Siempre va a ser mejor un control de la emociones, que la debacle que genera la glucemia alta” 

Si bien hay eventos de estrés inesperados, en la vida de quienes padecen una enfermedad crónica ya es normal saber que hay que prepararse para esos acontecimientos. “Si la persona ya está prevenida por un profesional, tomará una medicación extra o aumentará la dosis de insulina a demanda. En caso del diabético tipo II aumentará su hipoglucemiante oral hasta que pueda controlar el manejo de la emoción en sí misma o, sino tratarla con psicofármacos para disminuir los niveles de adrenalina y cortisol, hasta lograr dominar todo el episodio. Siempre va a ser mejor un sueño reparador, un control de la emociones, que la debacle que le ocasiona su cuerpo al tener la glucemia alta en forma crónica”, finaliza la médica.

Imagen de portada: Gentileza de El Día- La Plata- Argentina

FUENTE RESPONSABLE: El Día – Noviembre 2021

Sociedad/Salud/Diabetes/Estrés/Prevención/Control

Qué puede enseñarnos sobre la felicidad un panadero de la antigua Pompeya.

A pesar de una pandemia que cambió radicalmente las vidas de miles de millones de personas, el «Informe mundial de la felicidad» indica que eso, la felicidad, se mantiene estable en el mundo, un testimonio de la resiliencia de la raza humana.

Como estudiosa del mundo clásico, no me parecen nada nuevas las discusiones sobre la felicidad que suelen darse en medio de crisis personales o sociales como la que vivimos.

Hic habitat felicitas o «Aquí mora la felicidad», proclama una inscripción hallada en una panadería de Pompeya, unos 2.000 años después de que su dueño viviera y probablemente muriera en la erupción del volcán Vesubio que destruyó la antigua ciudad romana en el año 79 d. C.

¿Qué significaba la felicidad para ese panadero pompeyano?

¿Y cómo puede ayudar la antigua idea romana de felicidad en nuestra búsqueda de lo mismo hoy?

Felicidad para mí, pero no para ti.

Los romanos consideraban a Felicitas y a Fortuna, una palabra relacionada, diosas.

Ambas tenían templos en Roma en los que quienes buscaban sus favores depositaban ofrendas y hacían promesas.

Felicitas fue también retratada en monedas romanas desde el siglo I a. C. hasta el IV d. C., lo que indica su posible conexión con la prosperidad de las arcas del Estado.

Los emperadores romanos intentaron asimismo asociar su figura a la de estas diosas, como muestran algunas de las monedas que acuñaron.

Grabado de una estatua de Felicitas

FUENTE DE LA IMAGEN,

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Grabado de una estatua de Felicitas incluida en la Enciclopedia Iconográfica de Ciencia, Literatura y Arte, publicada en 1851.

«Felicitas Augusti» se leía, por ejemplo, en una moneda de oro del emperador Valeriano, iconografía que parece mostrar que era el hombre más feliz del Imperio y favorecido por las diosas.

Al invocar a Felicitas en su propia morada y negocio, el panadero pompeyano quizá estaba intentando atraerla, con la esperanza de que la bendición de la felicidad recaería sobre su vida y venta.

Pero esta idea del dinero y el poder como fuente de la felicidad encerraba una cruel ironía.

Felicitas y Felix fueron nombres habituales para esclavos de ambos sexos. Por ejemplo, Antonius Felix, gobernador de Judea en el siglo I d. C., era un antiguo esclavo.

Pompeya

La antigua ciudad romana de Pompeya.

No hay duda de que su suerte cambió. Mientras que Felicitas era el nombre de la esclava que fue martirizada junto a Perpetua en el año 203 d. C., hoy ambas adoradas como santas por el cristianismo.

Los romanos veían a los esclavos como prueba del estatus superior de sus dueños y como la encarnación de su felicidad.

Vista de esta manera, la felicidad parece un juego de suma cero, entrelazado con el poder y la dominación. La felicidad en el mundo romano tenía un precio y los esclavizados lo pagaban para entregar el don de la felicidad a sus dueños.

Baste decir que para los esclavizados, sea donde sea que habitara la felicidad, no era en el Imperio romano.

¿Dónde reside realmente la felicidad?

¿Es posible imaginar en la sociedad actual que la felicidad sólo exista a costa de otro?

¿Dónde reside la felicidad, si los casos de depresión y otras enfermedades mentales aumentan y las jornadas de trabajo duran cada día más?

Mujer agotada grente a la computadora

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Durante las últimas dos décadas, los trabajadores de Estados Unidos han trabajado más y más horas.

Una encuesta de Gallup reveló el año pasado que el 44% de los empleados a jornada completa trabajaban más de 45 horas a la semana, mientras que un 17% llegaba o superaba las 60.

El resultado de esta cultura del exceso de trabajo es que la felicidad y el éxito realmente parece ser también una ecuación de suma cero.

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Hay un coste, habitualmente humano, cuando el trabajo y la familia libran un tira y afloja por el tiempo y la atención en el que la felicidad es siempre la víctima.

Esto ya era así mucho antes de la pandemia de covid-19.

Los estudios sobre la felicidad se vuelven más populares en tiempos de alto estrés social.

Quizá no sea casualidad que el más longevo de ellos, el de la Universidad de Harvard, surgiera durante la Gran Depresión de la década de 1930.

En 1938, un grupo de investigadores midió la salud física y mental de 268 estudiantes y les siguieron el rastro a ellos y a sus descendientes durante 80 años.

¿Cuál fue su principal descubrimiento? «Las relaciones estrechas, más que el dinero o la fama, mantienen a la gente feliz a lo largo de sus vidas».

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Esto incluye un matrimonio y una familia feliz, y una comunidad cercana de amigos.

Significativamente, las relaciones destacadas en el estudio son las basadas en el amor, el cuidado, y la igualdad, más que en el abuso y la explotación.

Igual que la Gran Depresión motivó el estudio de Harvard, la actual pandemia empujó al científico social Arthur Brooks a lanzar en abril de 2020 una columna semanal sobre la felicidad titulada «Cómo construir una vida».

En el primero de sus artículos, Brooks bucea en los estudios de que la fe y trabajar con un sentido, además de las relaciones estrechas, pueden mejorar nuestra felicidad.

Encontrar la felicidad en el caos.

Los consejos de Brooks se relacionan con los descubrimientos del «Informe mundial de la felicidad» de 2021, que detectan «alrededor de un 10% de aumento en el número de personas que dijeron haber estado preocupadas o tristes el día anterior».

Una pareja tomada de la mano

La fe, encontrarle un sentido al trabajo y las relaciones contribuyen a desarrollar sentimientos de seguridad y estabilidad, ambas han sufrido con la pandemia.

El panadero pompeyano que escogió colocar esa placa en su lugar de trabajo probablemente hubiera estado de acuerdo en que hay una relación significativa entre la felicidad, el trabajo y la fe.

Y, aunque no vivió una pandemia, o al menos no han encontrado constancia de ello, no era ajeno al estrés social.

Es posible que su elección decorativa refleja una corriente oculta de ansiedad, algo comprensible si se tiene en cuenta la convulsión política en Pompeya y en el Imperio en los últimos 20 años de vida de la ciudad.

Sabemos que, cuando tuvo lugar la erupción del 79 d. C., algunos pompeyanos estaban todavía reconstruyendo sus casas o reparando los daños ocasionados por el terremoto del 62 d. C.

La vida del panadero estuvo seguramente llena de elementos que le recordaban la inestabilidad y la posibilidad de un desastre inminente. Quizá la placa que colocó fue una manera de combatir esos miedos.

Después de todo, ¿sentiría la gente realmente feliz la necesidad de colocar una placa proclamando la presencia de la felicidad en su hogar?

O quizá estoy analizando demasiado ese objeto, y era simplemente un adorno fabricado masivamente, una versión del siglo I del «Hogar, dulce hogar» de nuestra época, que el panadero o su mujer compraron como capricho.

En cualquier caso, la placa contiene una verdad importante: la gente del mundo antiguo tuvo sueños y la aspiración de ser feliz, como la gente de hoy.

El Vesubio pudo poner punto final a los sueños de nuestro panadero, pero la pandemia no tiene por qué tener ese efecto en nosotros.

Y aunque el estrés de este último año y medio hayan podido resultar abrumadores, no ha habido un momento mejor para reevaluar nuestras prioridades y recordarnos que debemos poner a las personas y nuestras relaciones primero.

Nadejda Williams es profesora de Historia Antigua en la West Georgia University. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Imagen de portada: Gentileza de The Conversatión.

FUENTE: The Conversation – Por Nadeida Williams

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