Así mutaría nuestro cuerpo si colonizáramos Marte.

Muchos morirían, pero los supervivientes adquirirían rápido una serie de características para sobrevivir que… los matarían si volvieran a pisar la Tierra.

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Con esto de los viajes de millonarios al espacio cada vez vemos más cerca la posibilidad de cumplir lo que tantos años nos ha prometido la ciencia ficción

Cada vez vemos más cerca esa ciencia y más lejos esa ficción, pero no será por las necesidades del ser humano, sino por la prometedora suma de dinero más aburrimiento.

Sea como sea ya no vemos que lo de mudarnos a Marte vaya a ser un recurso de última hora, a la desesperada. Más bien será algo progresivo, que comenzará con científicos y seguirá con millonarios. 

Pero el viaje al espacio nunca será seguro ni cómodo. De hecho, nuestro cuerpo tendría que cambiar bastante. Si la NASA nos ofrece 11.000 € por vivir en cama dos meses para comprobar los cambios en nuestro organismo, imaginemos lo que puede suponer el hecho de vivir toda una vida en otro planeta. 

Y sí, esto incluye Marte aunque haya indicios de que la vida surgió en Marte y luego fue a la Tierra.

astronauta y marte

SCIEPRO/SCIENCE PHOTO LIBRARYGETTY IMAGES

De eso precisamente habla el Doctor Scott E. Solomon, de la Universidad de Rice, para Inverse. 

En la misma asegura que las primeras generaciones de Marte tendrán una alta tasa de mortalidad, pero que eso hará que los supervivientes transmitan sus mutaciones aceleradamente. 

Es decir, un proceso darwiniano acelerado y necesario. Para Scott, uno de los principales y primeros cambios en nuestro cuerpo será la desaparición del sistema inmunológico, ya que quedaría inservible en en el planeta estéril. Por supuesto, si esto sucedería, los seres humanos de Marte no se podrían no rozar con los de la Tierra sin arriesgarse a un peligro mortal.

También afirma que la densidad de los huesos de nuestros colonos marcianos aumentaría de manera notable, lo que haría nuestro esqueleto más resistente a fracturas aunque puede suponer complicaciones en la infancia. También podría haber problemas de miopía, un mal común ya entre los astronautas de misiones prolongadas. 

Esto se debe a problemas vasculares provocados por la mayor presión en el espacio o por la mayor cantidad de líquido cefalorraquídeo, que aumenta notablemente en los que pasan un largo tiempo en el espacio. Aún así, Solomon afirma que esto puede deberse a los pequeños espacios en los que se desarrollan las misiones espaciales, por lo que en Marte todavía estaría por comprobar.

astronautas en marte

COKADA – GETTY IMAGES

Por supuesto, este nuevo entorno podría propiciar nuevos tonos de piel, ya que aquí desarrollamos melanina para luchar contra los rayos ultravioleta y en Marte habría que desarrollar otros pigmentos contra la radiación. 

Otro paso fundamental de los supervivientes será aprender a utilizar el oxígeno de manera más eficiente. Por razones obvias, la principal medida para colonizar con éxito el planeta sería mandar un grupo con la mayor diversidad genética posible para aumentar las probabilidades de mutaciones adecuadas al entorno.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Esquire Actualidad. Por Rafael Sánchez Casademont

La vida humana en Marte/Evolución/Adaptación/Mortalidad

La historia de Ötzi: el ‘hombre de hielo’ de los 61 tatuajes asesinado hace 5,300 años.

Ötzi murió asesinado hace 5 mil años, cuando una flecha le perforó el pulmón izquierdo en circunstancias misteriosas.

Ötzi murió en el 3255 a.C., cuando tenía aproximadamente 46 años y atravesaba los Alpes, entre lo que hoy es Austria e Italia. Era un hombre de cabello castaño y largo, que medía 1.59 metros de altura y pesaba alrededor de 50 kilogramos.

Su cuerpo permaneció congelado durante casi 5,300 años, periodo en el que se momificó naturalmente debido a las bajas temperaturas extremas de los Alpes de Ötzal. Así se mantuvo hasta septiembre de 1991, cuando un par de alpinistas alemanes encontró sus restos durante una excursión.

Su alto grado de conservación les llevó a pensar que se trataba del cadáver de un alpinista que había muerto recientemente; sin embargo, científicos de la Universidad de Innsbruck, en Austria, se percataron que estaban frente a un hallazgo histórico al descubrir en la datación que fue asesinado hace más de 5 mil años.

Ötzi

Foto: Getty Images

Los restos de una flecha que le perforó el pulmón izquierdo, además de un traumatismo craneal y algunas costillas rotas revelan que los últimos minutos en la vida de Ötzi debieron ser agónicos: el ‘hombre de hielo’ sufrió un ataque a unos 3,200 metros de altura sobre el nivel del mar, del que no salió bien librado.

Hallado con los pies cruzados y el brazo izquierdo extendido en una posición inusual, la hipótesis más aceptada es que Ötzi se encontraba descansando después de una comida copiosa cuando fue atacado por sorpresa. 

La punta de flecha se alojó en su omóplato izquierdo, provocando un daño irreversible a sus arterias y pulmones. 

La siguiente pista es la acumulación de sangre en el cráneo, que delata un traumatismo. Aunque no es posible conocer con certeza la naturaleza del impacto, es probable que el flechazo provocara su caída o bien, que una vez disminuido, su enemigo se acercara para asestarle un golpe final.

Hoy sabemos que su estado de salud era delicado, pero acorde a su edad y la época: Ötzi era intolerante a la lactosa, sufría de caries dentales y presentaba una artritis avanzada que debió haberle provocado dolores intensos.

Ötzi

Foto: Getty Images

Además, el tracto intestinal de Ötzi revela que llevaba una dieta similar a la contemporánea de nuestra especie: con una combinación entre plantas, proteínas de origen animal, carbohidratos y lípidos, es posible asegurar que su alimentación era omnívora y se adecuaba a la vida de alta montaña que llevaba.

Entre su indumentaria llevaba un gorro elaborado con piel de oso, mientras que su pantalón era de piel de cabra. En sus pies, zapatos de cuero y paja, que le permitían caminar sobre la nieve sin alcanzar el grado de congelación. 

Estaba armado con un cuchillo y un hacha de cobre, pero no fue suficiente para defenderse.

El rasgo más notorio de Ötzi son los 61 tatuajes que lleva en todo su cuerpo: un conjunto de líneas paralelas a lo largo de rodillas, tobillos, la espalda baja y otras zonas relacionadas con dolores musculares en la edad avanzada.

La hipótesis más aceptada al respecto es que cada tatuaje representó una especie de tratamiento para el dolor similar a la acupuntura china, que pudo estar acompañado de rituales de sanación que se apegaban a las creencias religiosas de él y su grupo.

Como ningún otro hallazgo, el de Ötzi ha permitido conocer más a fondo sobre los humanos que se extendían por el continente hace 5 milenios. A 30 años de su descubrimiento, la momia más antigua de Europa seguirá aportando información clave para entender cabalmente cómo era la vida de nuestra especie en la Edad de Cobre.

Imagen de portada: Gentileza de National Geographic

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Alejandro López. Octubre 2021.

Evolución/Homo sapiens/Ciencia/Antropología

Descubren las huellas más antiguas de ancestros prehumanos en una isla griega.

Hace 6 millones de años, un prehumano con un pie muy similar al nuestro caminó por las playas de Grecia y dejó las huellas más antiguas jamás encontradas.

Las playas de la villa de Trachilos, al oeste de la isla de Creta, podrían cambiar radicalmente todo lo que sabemos sobre los orígenes del humano y su expansión por todo el globo.

El primer hallazgo de huellas prehumanas en la zona ocurrió en 2002 y desde entonces, los sedimentos fosilizados de Trachilos amenazan con crear un parteaguas en la historia natural de nuestra especie conocida hasta ahora:

La datación más reciente concluye que un grupo de 50 huellas descubiertas en 2017 (y elaboradas por un ser vivo que caminaba erguido y poseía una planta del pie similar a la humana) tienen más de 6 millones de años y por lo tanto, se trata de la “evidencia directa más antigua de un pie humano utilizado para caminar”.

huellas humanas

Foto: Getty Images

Para poner en perspectiva la importancia del hallazgo, los científicos comparan la datación de las huellas de Creta con las más antiguas conocidas hasta ahora, las de un Australopithecus afarensis del yacimiento Laetoli en Tanzania, fechadas hace 3.6 millones de años.

En busca de dilucidar qué especie caminó por la playa de Trachilos hace 6 millones de años, el equipo descartó que se trate del Homo sapiens y la otra especie de humano más reciente, el Neandertal, que desapareció hace aproximadamente 40 mil años. 

huellas humanas

Foto: Getty Images

Y aunque se propuso que los sedimentos podrían ser rastros de Australopithecus, las huellas describen un pie más corto que el del homínido primitivo, con dedos laterales más cortos, un pulgar más fuerte, un arco no tan pronunciado y un talón estrecho.

De ahí que una de las hipótesis sugiera que se trató de Graecopithecus freybergi, un homínido extinto cuyos restos fueron encontrados en Grecia en 1944. El equipo explica que no es posible descartar este escenario, toda vez que hace 6 millones de años, la isla de Creta se encontraba unida a la Grecia continental.

De confirmarse los resultados del estudio publicado en Scientific Reports, podría comenzar a esbozarse una explicación distinta a la que considera África como la cuna de la humanidad, desde donde nuestra especie comenzó una expansión posterior a Eurasia. 

Imagen de portada: Gentileza de  Per Ahlberg, Uppsala

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Alejandro López. Octubre 2021

Evolución/Homínidos/Homo sapiens/Humanos

Los lémures indri poseen habilidades musicales que se creían únicas de los humanos.

¿Y si nuestras habilidades musicales son parte de un legado evolutivo que compartimos con los lémures?

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El indri (Indri indri) es el lémur más grande de Madagascar, de donde son endémicos. A diferencia de otras especies de la familia, un adulto puede alcanzar hasta 68 centímetros de largo y pesar 10 kilos, con piernas largas y una cola corta que le permiten desplazarse entre los árboles con facilidad. 

Sin embargo, al margen de su apariencia, los indri son fácilmente reconocibles por sus vocalizaciones agudas que varían de grupo en grupo y comúnmente se realizan en dueto o bien, en familia, provocando coros armonizados. 

De ahí que también sean conocidos como ‘primates cantores’ y aunque sus voces forman parte de los sonidos habituales en la selva tropical y los saberes ancestrales de la isla, un estudio pionero acaba de descubrir que poseen habilidades musicales que se creían únicas en los humanos.

indri lémures

Foto: Getty Images

Un árbol evolutivo de rasgos musicales 

Según Andrea Ravignani, del Instituto Max Planck de Psicolingüística y coautor del estudio que se dedica a investigar las bases biológicas del ritmo y la producción de sonidos, el interés en comprender cómo evolucionó la musicalidad no se limita a nuestra especie.

A lo largo de doce años, Investigadores de la Universidad de Turín se internaron en la selva tropical de Madagascar con el objetivo de grabar el canto de 20 grupos distintos de indris en su hábitat natural. Después de analizar sus vocalizaciones, el equipo descubrió que a pesar de las diferencias en el tempo entre el canto de machos y hembras, todos poseían el mismo ritmo. 

indri canto

Foto: Getty Images

No sólo eso. Las grabaciones demostraron la primera prueba de un ritmo universal en un mamífero no humano: mientras algunas vocalizaciones poseían un ritmo de 1:1 con intervalos de duración idéntica, otras tenían un ritmo de 1:2, ambos considerados comunes en los ritmos elaborados por nuestra especie e incluidos en canciones fácilmente reconocibles, independientemente de su velocidad.

“¿Por qué otro primate iba a producir ritmos categóricos «similares a la música»? La capacidad puede haber evolucionado de forma independiente entre las especies cantantes, ya que el último ancestro común entre los humanos y el indri vivió hace 77,5 millones de años”, explica Chiara de Gregorio, autora principal del estudio a propósito de la hipótesis de que esta habilidad rítmica sea parte de un legado evolutivo que compartimos con los indris.

Además de la comunicación, el ritmo puede haber surgido como un elemento clave para “facilitar la producción y el procesamiento de las canciones, o incluso su aprendizaje”. De ahí que la búsqueda de rasgos musicales en otras especies sea un pilar para, en palabras de Ravignani, construir un ‘árbol evolutivo’ de rasgos musicales, que nos ayude a entender cómo se originaron y evolucionaron las capacidades rítmicas en los humanos.

Imagen de portada: Gentileza de

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Alejandro López.Octubre 2021

África/Evolución/Lémures/Música

Descubren el mecanismo genético compartido entre las aletas de los peces y los dedos humanos.

Los peces de hace 350 millones de años ya llevaban las ‘instrucciones genéticas’ que hoy forman a los dedos humanos.

Un nuevo estudio revive uno de los temas más álgidos en la biología evolutiva: la explicación de cómo los peces lograron adaptarse al medio terrestre hace unos 350 millones de años y a partir de ellos, la diversificación de organismos tetrápodos (vertebrados con cuatro pies) de los que somos parte.

La investigación aporta evidencia definitiva de que el mecanismo de formación de los dedos en humanos y de las aletas en los peces parte de procesos genéticos similares pero estructuras distintas, una clave que reafirma que nuestra historia evolutiva (y la de todas las criaturas terrestres) se remonta a las especies de peces primitivos.

peces aletas dedos

Foto: Hiroaki Ono / Yomiuri / The Yomiuri Shimbun via AFP

A partir de técnicas CRISPR, el equipo desactivó el gen Gli3 en un grupo de peces medaka, un gen cuya actividad define el número de dedos que se forman a partir de las células.

En el caso de los humanos, el Gli3 limita la formación de cinco dedos en el desarrollo embrionario; sin embargo, cuando presenta mutaciones y una actividad anormal, polidactilia, es decir, manos o pies con seis o nueve dedos.

El resultado fue que los peces sin actividad del gen desarrollaron aletas más grandes y con más huesos que el resto, una condición que recuerda a la polidactilia humana.

“MEDIANTE MÉTODOS MOLECULARES Y GENÉTICOS, CONCLUIMOS QUE LAS ALETAS DE LOS PECES Y LOS DEDOS HUMANOS SE FORMAN MEDIANTE MECANISMOS PARECIDOS, PERO NO IDÉNTICOS, Y QUE NUEVOS GENES SE FUERON INCORPORANDO A ESTAS REDES DE REGULACIÓN QUE CONTROLAN EL DESARROLLO DE LA EXTREMIDAD PARA DAR LUGAR AL ESQUELETO DE LOS BRAZOS Y PIERNAS COMO SE CONOCEN EN LA ACTUALIDAD”, EXPLICÓ JAVIER LÓPEZ-RÍOS, BIÓLOGO DEL CENTRO ANDALUZ DE BIOLOGÍA DEL DESARROLLO (CABD) Y AUTOR DEL ESTUDIO.

peces cebra

Foto: Getty Images

De ahí que sea posible concluir que hace más de 350 millones de años, antes de que un linaje específico de peces evolucionara hacia el medio terrestre, la vía Shh-Gli3 se encargaba de controlar el tamaño de las aletas y por lo tanto, tanto dedos humanos como aletas guardan una «relación ancestral muy profunda entre ellas».

Imagen de portada: Gentileza de NATIONAL GEOGRAPHIC

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Alejandro López. Noviembre 2021.

Genética/Evolución/Evolución humana/Sociedad/Vida

Por qué la gente peculiar nos resulta atractiva.

La originalidad y peculiaridad podrían ser factores de atracción.

Recostada en su diván, con un abanico de plumas de pavo real en la mano, la modelo le echa una mirada por encima del hombro al artista. Son principios del siglo XIX y Jean Auguste Dominique Ingres está pintando La Grande Odalisque, un desnudo en óleo sobre lienzo de una criada turca.

El pintor ha plasmado su encanto, pero algo no está del todo bien. Cuando se muestra en público, las críticas que recibe son duras: la mujer tiene una espalda extrañamente larga y su cuerpo apunta en direcciones opuestas.

Un análisis llevado a cabo en 2004 por médicos franceses, incluyendo uno especializado en dolor vertebral, sugiere que a la modelo no sólo le sería imposible contorsionar su cuerpo de esa manera, sino que hubiera necesitado cinco vértebras lumbares adicionales para que su espalda luciera como se ve en el famoso cuadro.

En el arte romántico de la época abundan las mujeres desnudas que dan la espalda al espectador, con cinturas diminutas y caderas anchas.

En aquel entonces se creía que la figura del «reloj de arena» era la cumbre de la belleza.

Que Ingres tuviera o no la intención de distorsionar tanto las proporciones de la modelo es debatible, aunque ninguna jamás hubiera podido posar así.

Es posible que el artista quisiera exagerar su esbelta espalda, cintura angosta y caderas para añadir un poco más de sensualidad a su obra y se le fuera la mano.

Y es que las alteraciones sutiles de nuestra apariencia pueden marcar una gran diferencia. Simples cambios de vestimenta hacen que se perciba a las mujeres como más confiables, competentes o atractivas.

Como la psicóloga Miriam Liss, de la Universidad Mary Washington en Fredericksburg (Virginia, Estados Unidos) ,y sus colegas descubrieron que, para proyectarse como honrada y competente en un entorno profesional, o hasta elegible como política, una mujer debe vestirse de forma conservadora y no sensual.

Pero ¿por qué ciertas características, como una figura de reloj de arena, parecen ser universalmente preferidas? ¿Será que estas características comunican algo sobre nuestra calidad reproductiva?

De ser así ¿por qué hay tanta diversidad en la apariencia física humana?

La figura de reloj de arena, según han razonado algunos biólogos de la evolución, atrae a los hombres porque está ligada a la calidad reproductiva de la mujer.

En el pasado se señaló que las mujeres con niveles de estrógeno más altos, y de por sí más fértiles, tienen caderas anchas y cintura delgada.

Entonces, si esta mayor fertilidad pudiera ser legada a través de los genes, tal vez una figura de reloj de arena sería un buen indicador de éxito reproductivo.

La Grande Odalisque, de Jean Auguste Dominique Ingres

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El pintor de La Grande Odalisque pudo haber exagerado las proporciones de su modelo para hacerla más atractiva.

«En un momento dado pensamos que varias [de las características que tradicionalmente se han asociado al atractivo, como la figura de reloj de arena, un rostro femenino y buena piel], están vinculadas a las hormonas sexuales, pero ahora nos damos cuenta de que tenemos poca evidencia de que ese sea el caso», dice Jeanne Bovet, una biólogo de la evolución de la Universidad de Northumbria, en Reino Unido.

Para estudiar el cuerpo femenino idealizado, Bovet, por ejemplo, usó como guía varias obras de arte realizadas a lo largo de la historia.

Y encontró que desde el año 500 a.C. hasta el siglo XV en las representaciones artísticas el índice cintura-cadera (la relación que resulta de dividir el perímetro de la cintura de una persona por el perímetro de su cadera, medido en centímetros) rondaba el 0,75; esto es, el perímetro de la cintura mide el 75% del de las caderas.

A partir del siglo XV, este índice fue cambiando y las cinturas estrechándose, hasta llegar a medir dos tercios del perímetro de las caderas para el tiempo en el que Ingres ejecutó su obra.

Nuevos gustos

En el siglo XX, los gustos parecen haber revertido, aunque Bovet estaba usando modelos de Playboy y ganadoras de concursos de belleza para completar la base de datos, que no es una comparación exacta.

Entonces, la figura de reloj de arena es atractiva para los hombres, pero parecería que no está ligada a ninguna herencia genética que traería beneficios, como el demostrar que las mujeres tienen niveles hormonales evolutivamente útiles en términos.

Bovet dice que esta preferencia surgió porque las caderas anchas y cintura angosta comunican que la mujer está en edad reproductiva, más no es vieja, y que ha dado a luz menos veces.

«Algo que parece ser constante es que las características que hacen atractivas a las mujeres suelen ser señales de edad y también de procreación [las veces que han dado a luz]», comenta Bovet. «Realmente están estrechamente relacionadas al atractivo».

Si estas cualidades atractivas no siempre están vinculadas a los genes de las mujeres, entonces las presiones de selección sexual podrían no aplicar, lo que significa que no habría razón para que la figura de reloj de arena se haya vuelto el tipo corporal más común. ¿Es por eso que no todos nos vemos igual?

Mujer de espaldas y en silueta contra una ventana

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El ideal de la proporción cintura-caderas ha cambiado a través de los siglos.

Barnaby Dixson, un psicólogo de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia, y sus colegas preguntaron a hombres y mujeres heterosexuales que evaluaran figuras corporales generadas por computador del sexo opuesto para ver si se podía crear un cuerpo «ideal» a través de la selección.

Cada cuerpo tenía leves variaciones en 24 áreas, como la longitud del muslo, estatura, ancho de hombros, relación cintura-cadera, tamaño de los senos, etc.

Las figuras corporales que recibieron la calificación más alta fueron agrupadas en parejas del mismo sexo y cruzadas para crear dos descendientes, cada uno de los cuales poseía una mezcla aleatoria de las características de su madre o padre. Eso se continuó haciendo generación tras generación para ver qué características eran preferidas o rechazadas.

Para los hombres que escogen a mujeres, la masa corporal fue la prioridad principal, con ellos seleccionando mujeres más menudas. Tomó mucho tiempo, sin embargo, para que las características que consideramos relevantes, como tamaño de los senos, fueran una cuestión importante. Igualmente, el interés en la relación cintura-cadera fue realmente más tardío.

Los avatares femeninos en la última generación seleccionada por los hombres siguieron siendo bastante diversos -con cada hombre del estudio manifestando una preferencia levemente diferente. Para las mujeres que escogieron hombres, sin embargo, pareció haber más consistencia. Ellas prefirieron la figura de «nadador» -alto, con hombros anchos y cuerpo atlético.

Así que, aunque hay tendencias generales que son consistentes para la mayoría de las personas, qué tanto importan varía de persona a persona, dice Dixson.

Cuando se trata de cualidades atractivas que están bajo nuestro control, como el peinado y la moda, grupos estables de anti conformistas pueden existir dentro de poblaciones conformistas.

El inconformismo

Imagínate una familia criada en una ciudad donde juegan dos equipos rivales de fútbol: el equipo A y el equipo B. A lado y lado de la familia hay hinchas de ambos. Un menor de la familia debe escoger qué equipo apoyar (ignoremos por un momento la opción de no apoyar a ninguno o que odie el fútbol por completo). Una opción que pudiera escoger sería irse con el más popular, así conformándose y contrariando a menos miembros de la familia. O podría optar por ser un anticonformista.

El inconformista puede vivir dentro de un grupo conformista y volverse atractivo.

«Los individuos toman una serie de muestras de la generación anterior, cuentan los números de As y Bs en su muestra, y luego adoptan A o B dependiendo de esas cuentas y su grado de conformidad o inconformidad», dice Kaleda Krebs Denton, estudiante de doctorado en biología de la Universidad de Stanford.

Si el menor tiene dos simpatizantes de A y un simpatizante de B en su familia, y es conformista, muy probablemente apoyará a A. Si es inconformista, podría apoyar a B.

Ahora, imagínate que A y B representan algo que podría otorgar una ventaja de supervivencia: ¿sería toda la población conformista? No necesariamente.

Denton y sus colegas usaron modelos de computadora para ver cómo factores complicados como la migración y la selección sexual afectan la relación entre conformistas y anti conformistas. Encontraron que la gente podría cambiar, siendo conforme cuando algo fuera razonablemente popular pero inconforme cuando se volviera demasiado popular.

«Habrá situaciones en las que ser anticonformista te da ventajas. Si estamos hablando de ventajas biológicas, se esperaría que la inconformidad sea ventajosa cuando la variante que produce la mayor aptitud física es rara», explica Denton. Posiblemente en un nuevo entorno, o en un entorno que ha cambiado dramáticamente, sólo un pequeño número de individuos posean la mejor característica.

«La selección natural favorece a la diversidad», señala Dixson. «En principio exige la habilidad de ajuste y adaptación a nuevos ambientes a medida que se te presentan».

Toma el colorido de un pez olomina macho. Sus largas, resplandecientes aletas son del gusto de las olominas hembras, cada una de las cuales tiene su particular color y patrón preferencial. De manera que no hay un macho olomina que sea «ideal».

También significa que acercarse al promedio no es una ventaja. Es mejor ser un olomina singular y esperar que le caigas perfectamente a alguien. En zoología esto se llama polimorfismo. La novedad les otorga una ventaja reproductiva a estos pequeños peces.

Olominas

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No hay un olomina macho que tenga aletas ideales.

En escenarios donde la novedad no favorece sexualmente, donde en cambio un rasgo específico se considera ideal, hay oportunidades para que los organismos exploten ese sesgo imitándolo.

Por ejemplo el cangrejo violinista con su cómica tenaza. Los cangrejos violinistas machos tienen una enorme tenaza con la que se defienden de otros machos rivales. Las cangrejos hembras están atraídas a los machos con la tenaza más grande, pues son más hábiles en el combate.

Si un cangrejo violinista macho pierde su tenaza en una pelea, es capaz de regenerar una casi idéntica. Esta nueva tenaza tiene la misma longitud, pero menos masa y es un arma menos efectiva que la original. Las cangrejos violinistas hembras sólo seleccionan a su pareja basadas en la longitud, y no la masa, de la tenaza del macho, así que son incapaces de realmente distinguir quiénes son mejores en el combate.

Si el macho perdió su tenaza, es probable que haya mejores peleadores por ahí, pero ella no sabría cómo notarlo.

La longitud de la tenaza es el rasgo clave que le importa a la cangrejo violinista hembra, así que eso es un poco como los hombres que sólo se están fijando en la relación cintura-caderas, o las mujeres enfocándose únicamente en la estatura.

Entonces, unos cangrejos violinistas machos avivados están manipulando esa atención enfocada de las hembras para disfrazar el hecho de que son perdedores. Cuando hay tanta dependencia en una señal para determinar la calidad, se abre la posibilidad de actuar de manera deshonesta. Donde se aprecia la novedad, es mucho más difícil ser deshonesto, dice Dixson.

Cangrejo violinista

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El cangrejo violinista macho puede engañar a la hembra regenerando una tenaza grande pero menos poderosa.

Las señales

¿Cómo se aprecia la novedad en humanos? En hombres, cejas espesas, vello facial y mandíbula angulada son un ejemplo de un fenotipo que envía señales de altos niveles de testosterona. En un sentido evolutivo, es una ventaja para las mujeres, como con los cangrejos violinistas, aparearse con los hombres más fuertes y capaces.

La reciente popularidad de las barbas en hombres ha generado el término «punto máximo de la barba», que sugiere que el vello facial puede estar pasando de moda. ¿Será el mismo sesgo anticonformista el impulsor del punto máximo de la barba?

Un estudio de 2014 muestra que después de ver muchas caras con barbas, las mujeres encuentran a los hombres rasurados más atractivos y viceversa.

«Tienes estos efectos novedosos, como quien dice: ‘Me están mostrando algo diferente y me gusta»», dice Dixson.

«Si consideramos las ventajas en términos culturales, entonces la inconformidad podría tener ventajas en áreas como la música, literatura, moda o artes visuales», indica Denton. «Aquí, no es necesario que la variante inusual sea de alguna manera mejor; sino que la propia singularidad sea apreciada intrínsecamente».

Esto ha sido observado en los cambios rotativos de nombres populares para bebés. Donde nuestros ancestros hubiesen escogido nombres comunes por su universalidad, los nombres populares modernos de bebés pasan rápidamente de moda, como si el hecho de que la popularidad de un nombre lo hiciera impopular otra vez.

Cuando se trata de nombrar a nuestros bebés, manifestamos un sesgo anti conformista.

Puede que sea demasiado pronto para determinar qué hemos llegado al punto máximo de la barba, o tal vez, como la relación cintura-caderas, simplemente hay algo atractivo en las barbas que no podemos explicar en términos de genética.

Este artículo es parte de la serie Laws of Attraction (Las leyes de la atracción) coproducida por BBC Future y BBC Real. Textos y videos escritos por William Park, con animación de Michal Bialozej, que puedes ver en inglés aquí.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC Future Por William Park – Junio 2021

Sociedad/Cultura/Evolución/Biología/Ciencia

 

La verdadera razón por la que los humanos somos la especie dominante. Parte 2/2

En épocas medievales, sólo los reyes y nobles gozaban del estilo de vida abundante del que cada vez más de nosotros tiene hoy día.

Los que trabajaban largas horas en los campos naturalmente querían almacenar sus granos. Y luego estaban los que tenían las armas de metal que se llevan su tajada de esos graneros a manera de impuestos.

De hecho, durante miles de años, el estándar de vida de la gran mayoría de la gente en la Tierra no mejoró significativamente, a pesar de la abundancia producida por la agricultura.

«Las sociedades cazadoras recolectoras fueron las sociedades afluentes originales», dice Claire Walton, arqueóloga residente de la Antigua Granja Buster, un museo arqueológico al aire libre en Hampshire, Inglaterra. 

«Gastaban unas 20 horas a la semana en lo que se podría llamar puro trabajo».

En comparación, un granjero romano o sajón de la Edad de Hierro, Neolítica, tendría que gastar el doble de eso, opina.

Sólo los reyes y los nobles vivían ese estilo de comodidad del que cada vez más de nosotros gozamos hoy en día.

Se necesitaría un cambio contundente en el uso de energía para lograr eso, un cambio impulsado por combustibles fósiles.

Llegado el siglo XVIII, nuestras sociedades cada vez más pobladas empezaron a estrellarse contra los límites de la energía que los rayos de sol podían producir a diario.

El cohete, la locomotora diseñada y construida por George and Robert Stephenson

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El cohete, como se llamó la locomotora diseñada y construida por George and Robert Stephenson.

La catástrofe malthusiana se cernía sobre nosotros. ¿Cómo podríamos cultivar comida lo suficientemente rápido para alimentar todas esas bocas o, en efecto, tener suficiente madera para construir nuestras casas y barcos, y producir el carboncillo para fundir todas nuestras herramientas de metal?

Así que empezamos a recurrir en cambio a una piedra negra que podríamos excavar y quemar en cantidades casi ilimitadas.

El carbón contiene la energía solar atrapada durante millones de años de los bosques fosilizados.

En el siglo XX, esa materia negra sería reemplazada por unos yacimientos geológicos aún más ricos en energía fotosintética: petróleo y gas natural.

Y con estos, todo tipo de actividades nuevas fueron posibles.

Los combustibles fósiles no sólo eran abundantes. También proporcionaban mayores fuentes de energía, liberándonos de nuestra dependencia de los animales.

Primero llegaron los motores de vapor, que convertían el calor del carbón en movimiento. Luego el motor de combustión interna. Después, la turbina de propulsión.

El cohete Saturno V: una máquina industrial extrema con millones de caballos de fuerza.

«Un caballo sólo te puede dar un caballo de fuerza», explica Paul Warde, un historiador ambiental de la Universidad de Cambridge.

«Ahora contamos con máquinas industriales que pueden darnos decenas de miles de caballos de fuerza y en su mayor expresión el cohete Saturno V: 160 millones de caballos de fuerza que puede lanzarte afuera de la superficie de la Tierra».

Los combustibles fósiles impulsan mucho más que nuestros vehículos.

Aproximadamente El 5% del suministro de gas natural mundial se usa para crear fertilizantes basados en amoníaco, por ejemplo, sin los cuales la mitad de la población mundial sufriría hambruna.

Convertir el hierro en acero consume 13% de la producción global de carbón.

Más o menos 8% de las emisiones de CO2 del mundo se generan del concreto.

Pero la quema de combustibles fósiles ha tenido un efecto increíble en nuestro estándar de vida.

Desde la Revolución Industrial nos hemos vuelto más altos, más saludables, nuestra expectativa de vida ha aumentado enormemente y, en el mundo desarrollado, estamos en promedio entre 30 y 40 veces mejor que antes.

Paneles de energía solar en Turquía

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La humanidad podría regresar a depender del Sol para suplir nuestras necesidades energéticas.

Y todo eso es gracias a la revolución energética impulsada por combustibles fósiles, argumenta Vaclav Smil, de la Universidad de Manitoba, Canadá, un destacado experto en el papel de la energía en nuestras sociedades.

«Sin los combustibles fósiles, no hay transporte masivo rápido, no hay vuelos, no hay excedente de producción de alimentos para el consumidor, no hay teléfonos celulares hechos en China, transportados a Southampton en un buque gigante con 20.000 contenedores. Todo eso se debe a los combustibles fósiles», afirma.

Vivimos en una sociedad de combustibles fósiles, asegura Smil.

Pero, mientras nos han distanciado cada vez más del yugo agrario, y creado nuestra economía global y altos estándares de vida, el catastrófico cambio climático que están creando ahora amenaza con descarrilar esa sociedad.

Así como hace dos siglos alcanzamos los límites de lo que podía lograr la agricultura, ahora el calentamiento global nos está imponiendo un límite a lo que el carbón, el petróleo y el gas pueden hacer con seguridad.

Ha creado el mayor reto jamás enfrentado por la sociedad humana -el tener que regresar a depender de la entrada diaria de energía del Sol para suplir nuestras enormes demandas de energía de una población de 8.000 millones de personas que sigue creciendo.

Justin Rowlatt es productor de «A Pyrotechnic History of Humanity» (Una historia pirotécnica de la humanidad) que se transmitió por Radio 4 de la BBC.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Por Justin Rowlatt & Laurence Knight – Marzo 2021

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La verdadera razón por la que los humanos somos la especie dominante. Parte 1/2

La excepcional relación de la humanidad con la energía empezó hace cientos de miles de años, con el descubrimiento del fuego.

Desde los primeros humanos que frotaron dos palos para hacer fuego, hasta los combustibles fósiles que impulsaron la revolución industrial, la energía ha jugado un papel central en nuestro desarrollo como especie. Pero la manera en que la consumen nuestras sociedades también ha creado el mayor reto para la humanidad. Uno que requerirá todo nuestro ingenio para resolver.

La energía es la clave del dominio mundial de la humanidad.

No solo se trata del combustible que impulsa los aviones y nos permite atravesar continentes enteros en pocas horas, o las bombas que construimos que pueden aplastar ciudades enteras, sino las enormes cantidades de energía que consumimos todos los días.

Considera esto: un ser humano en reposo requiere la misma cantidad de energía que una bombilla incandescente tradicional para sostener su metabolismo -unos 90 vatios (julios por segundo)-.

Pero lo que un humano promedio en un país desarrollado usa se acerca a 100 veces esa cantidad, si se suma la energía necesaria para movernos, construir y calentar nuestras casas, cultivar nuestro alimento y todas las otras cosas a las que se dedica nuestra especie.

El estadounidense promedio, por ejemplo, consume unos 10.000 vatios.

Esa diferencia explica mucho sobre nosotros, nuestra biología, nuestra civilización y el increíblemente próspero estilo de vida que llevamos, comparado, naturalmente, con los otros animales.

Cráneos de antiguos homínidos

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Los cerebros de los humanos modernos (el de arriba y el de abajo a la derecha) son más grandes que los de nuestros antiguos antepasados. 

¿Influyó el control del fuego en el crecimiento del cerebro?

Porque, virtualmente contrario a todas los demás seres de la Tierra, nosotros los humanos hacemos mucho más con la energía que impulsa nuestro metabolismo.

Somos criaturas de fuego.

La excepcional relación de la humanidad con la energía empezó hace cientos de miles de años, con el descubrimiento del fuego.

El fuego hizo mucho más que mantenernos calientes, protegernos de nuestros depredadores y darnos una nueva herramienta para la caza.

Una serie de antropólogos cree que el fuego realmente modificó nuestra biología.

«Cualquier cosa que permite a un organismo adquirir energía de forma más eficiente va a tener efectos enormes en la trayectoria evolutiva de ese organismo», explica la profesora Rachel Carmody de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts.

Ella cree que el desarrollo clave fue la cocina. La cocina transforma la energía disponible de la comida, arguye.

Los carbohidratos, proteínas y lípidos que aportan nutrientes a nuestros cuerpos se desenvuelven y son liberados cuando se calientan.

Eso facilita que nuestras enzimas digestivas trabajen más eficientemente, extrayendo más calorías más rápidamente que si consumiéramos la comida cruda.

Interprétalo como una manera de «predigestión» de la comida.

Un bombillo incandescente

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Un ser humano en reposo requiere la misma cantidad de energía que una bombilla incandescente para sostener su metabolismo.

La profesora Carmody y sus colegas creen que esa energía adicional garantiza la evolución de nuestros pequeños intestinos gruesos y relativamente grandes cerebros -hambrientos de energía- que nos distinguen de nuestros más cercanos parientes primates.

Y, a medida que nuestros cerebros fueron creciendo, se creó un círculo de retroalimentación positiva.

Cuando se añaden neuronas al cerebro mamífero, la inteligencia aumenta exponencialmente, indica Suzana Herculano-Houzel, neurocientífica basada en la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, Tennessee.

Con cerebros más inteligentes, nos volvimos mejores para la caza y el forrajeo.

También encontramos mejores maneras de tener acceso a las calorías en la comida -al machacarla con una roca, molerla en harina, o simplemente dejar que se pudra- y, por supuesto, asarla sobre el fuego.

Al hacerlo, aumentamos aún más el suministro de energía para nuestros cuerpos.

Esto nos permitió evolucionar cerebros más inteligentes y el resultado de este círculo virtuoso impulsó nuestros cerebros al primer puesto de la clase.

Una pintura rupestre en España que se interpreta como una persona escalando un peñasco con cuerdas para recolectar miel de una colmena de abejas. Es posible que esté usando el humo de una tea para ahuyentar las abejas.

A lo largo de cientos de miles de años, el clima cambió constantemente, con capas de hielo que se extendían y luego se retiraban por todo el hemisferio norte.

La última Edad de Hielo terminó hace unos 12.000 años. Las temperaturas globales subieron rápidamente y luego se estabilizaron, y la humanidad se embarcó en su siguiente transformación energética.

Fue una revolución que vería al mundo alcanzar niveles sin precedentes de cambio tecnológico.

«En 2.000 años, por todo el mundo, en China, en Oriente Próximo, en Sudamérica, en Mesoamérica, hubo pueblos domesticando cultivos», dice el doctor Robert Bettinger, de la Universidad de California, Davis.

La plantación de cultivos fue prácticamente imposible durante la Edad de Hielo, opina, pero el nuevo clima cálido, junto con un gran aumento de dióxido de carbono (CO2), fue muy propicio para la vida vegetal.

El mono que cocinaba se convirtió también en un mono que cultivaba.

Mural de un cultivador en la tumba de Sennedjem, un artesano que vivió en antiguo Egipto

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Mural de un cultivador en la tumba de Sennedjem, un artesano que vivió en el antiguo Egipto.

Se requirió una gran inversión de energía humana en la forma de trabajo arduo y duro. A cambio, nuestros antepasados cosecharon un suministro de comida más abundante y fiable.

Piensa un instante sobre lo que hay que hacer para cultivar.

Los campos actúan como una especie de panel solar, pero en lugar de producir electricidad, convierten los rayos del sol en paquetes de energía química digerible.

Principalmente estaban los cultivos de cereales -granos domesticados como el trigo, el maíz y el arroz- que actuaban como una especie de moneda [o bien] de energía almacenada.

Ese bien se puede guardar en un silo para consumirlo cuando venga bien en los meses de invierno. O se puede llevar hasta el mercado para intercambiar por otros. O reinvertirlo plantando la siguiente cosecha.

O para engordar animales, que pueden convertir esa energía en carne, lácteos o fuerza de tiro.

Mohenjo Daro en Pakistán

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Después de la llegada de la agricultura, los humanos empezaron a experimentar con la convivencia en grandes y complejos asentamientos, como Mohenjo Daro en Pakistán.

Con el paso de los siglos, los animales y plantas domesticados en diferentes sitios del mundo se fusionarán en una especie de paquete agrícola, señala Melinda Zeder, una arqueóloga que estudia el desarrollo de la labranza pastoral en el Instituto Smithsonian.

Los cultivos alimentaron a los animales. Los animales trabajaron la tierra. Su estiércol alimentó a los cultivos. Y, dice la doctora Zeder, como paquete, aportaron una fuente de comida mucho más fiable y abundante.

Más comida significó más población, que podía expandirse a nuevos territorios y desarrollar nuevas tecnologías que producían aún más comida.

Fue otro ciclo virtuoso, pero esta vez impulsado por la energía solar captada a través de la agricultura.

El excedente de energía creado significó que podíamos sostener poblaciones más grandes y, lo que es más, no todos tenían que dedicarse al cultivo.

Las personas podían especializarse en la fabricación de herramientas, de casas, fundiendo metales o, si vamos al caso, diciéndole a otros qué era lo que debían hacer.

La civilización iba en desarrollo y con ella también hubo cambios fundamentales en las relaciones entre personas.

Las comunidades cazadoras recolectoras tienden a compartir sus recursos equitativamente. En comunidades agrícolas, en contraste, se pueden desarrollar profundas desigualdades.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Por Justin Rowlatt & Laurence Knight – Marzo 2021

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Descubren cuál fue el primer animal con colmillos y las pistas de cómo evolucionaron hasta hoy.

Mucho antes de la aparición de los dinosaurios, una extraña criatura  prehistórica desarrolló colmillos por primera vez.

Un equipo de paleontólogos de la Universidad de Harvard, el Field Museum, la Universidad de Washington y la Universidad Estatal de Idaho rastreó la historia evolutiva de los primeros colmillos y para su sorpresa, descubrió que estos dientes especiales que jamás dejan de crecer fueron desarrollados incluso antes de la aparición de los dinosaurios:

Para delimitar el tema de estudio, el equipo primero redefinió qué es un colmillo, un término que calificaron de «increíblemente ambiguo» debido a su amplio uso. Desde su perspectiva, un colmillo debe cumplir con tres requisitos: debe seguir creciendo durante toda la vida, tiene que sobresalir del resto de la dentición y hacerlo más allá de la boca y sobre todo, el material de la superficie debe estar compuesto de dentina.

colmillos evolución

Foto: Getty Images

De ahí que los colmillos sean un rasgo único de los mamíferos, nunca reportado en reptiles, aves, peces o alguna otra especie.

Rastreando el origen de los colmillos

Decenas de millones de años antes de los elefantes, las morsas o los jabalíes, un ancestro de los mamíferos llamado dicinodonte desarrolló los colmillos más antiguos jamás conocidos. 

Con un cuerpo similar al de un cerdo con patas y pico propias de un reptil, estos animales habitaron la tierra entre 270 a 201 millones de años previo a los dinosaurios y durante un tiempo fueron los herbívoros más comunes en el planeta.

La principal característica de los dicinodontes es el par de colmillos que asoman sobre su mandíbula superior

Con un pico similar al de las tortugas y un tamaño que varía desde una rata hasta un elefante, fueron descubiertos hace 176 años; sin embargo, un nuevo estudio encontró que además de tratarse de los primeros colmillos, esta característica apareció a partir de una evolución convergente, es decir, distintas especies desarrollaron colmillos con estructuras similares de forma independiente, un rasgo que se repite al analizar la historia evolutiva de los dicinodontes.

El hecho de que los colmillos hayan evolucionado en distintas ocasiones abre un sinfín de nuevas interrogantes para los científicos sobre las condiciones anatómicas necesarias para su aparición. 

colmillo evolución

Foto: Ken Angielczyk

En el caso de los dicinodontes, una adaptación que dio origen a un ligamento flexible y una baja variación en el reemplazo de piezas dentales pudo haber propiciado el surgimiento de los primeros colmillos:

“LOS COLMILLOS DE LOS DICINODONTES PUEDEN DECIRNOS MUCHO SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LOS COLMILLOS DE LOS MAMÍFEROS EN GENERAL. ESTE ESTUDIO MUESTRA QUE SE NECESITAN TASAS REDUCIDAS DE SUSTITUCIÓN DE DIENTES Y UN LIGAMENTO FLEXIBLE QUE FIJE EL DIENTE A LA MANDÍBULA PARA QUE LOS VERDADEROS COLMILLOS EVOLUCIONEN. ESTO NOS PERMITE COMPRENDER MEJOR LOS COLMILLOS QUE ENCONTRAMOS HOY EN LOS MAMÍFEROS”, EXPLICA KENNETH ANGIELCZYK, COAUTOR DEL ESTUDIO.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Por Alejandro López

Animales prehistóricos/Evolución/Antropología

 

 

La otra obra maestra de Charles Darwin que quizás no conoces (y no es sobre la evolución).

¿Se expresa asombro abriendo mucho los ojos y la boca y levantando las cejas? ¿La vergüenza provoca un rubor y, especialmente, a qué altura del cuerpo se extiende el rubor? Cuando un hombre está indignado o desafiante, ¿frunce el ceño, mantiene erguido el cuerpo y la cabeza, cuadra los hombros y aprieta los puños?

Estas son las tres primeras preguntas de un cuestionario de 17 que Charles Darwin le envió a amigos, familiares y, más importante, a naturalistas, misioneros, comerciantes y viajeros en lugares remotos.

Se había enfrascado en una investigación sistemática sobre las emociones alrededor de 1866 y durante los siguientes años se abocó a recopilar observaciones a escala global.

Le interesaban particularmente los pueblos que hubieran tenido poca comunicación con los colonos europeos, pues el objetivo era calibrar hasta qué punto las expresiones emocionales eran culturales y convencionales, o instintivas y universales.

Las respuestas llegaron desde Australia, Nueva Zelanda, Borneo, Malasia, China, Calcuta, Ceilán, África meridional y occidental, América del Norte y América del Sur.

Pero también hizo experimentos en casa. Durante una serie de cenas de marzo a noviembre de 1868, le pidió a sus invitados que interpretarán las expresiones de un sujeto que aparecía en 11 fotografías tomadas por el anatomista francés Guillaume-Benjamin Duchenne, para examinar el movimiento de los músculos faciales.

Según estas notas, sus sujetos coincidieron casi por unanimidad en determinadas fotografías, aquellas que delataban miedo, sorpresa, alegría, tristeza e ira.

Notas de Darwin de los resultados de su test.

FUENTE DE LA IMAGEN – CAMBRIDGE UNIVERSITY LIBRARY

Notas de Darwin de los resultados de su test.

Quería determinar si existían una serie de emociones «cardinales» que eran expresadas y percibidas por todos los humanos de la misma manera, y que estas eran innatas o biológicas.

Sus pesquisas formaron parte del libro «La expresión de la emoción en el hombre y los animales» en el que describió su opinión de que la expresión era un rasgo que los humanos compartían con los animales.

Desde Tierra del Fuego

El interés de Darwin en la expresión emocional ya era evidente en su famoso viaje en el Beagle, durante el cual quedó fascinado por los diferentes sonidos y gestos entre los pueblos de Tierra del Fuego y, a su regreso, registró observaciones en un conjunto de cuadernos, luego titulados «Metafísica sobre la moral y especulaciones sobre la expresión».

De hecho, en 1866, tres décadas después de su regreso, le escribió al oficial naval e hidrógrafo, Bartolomé James Sulivan, teniente del HMS Beagle, que le pidiera el favor al misionero Waite Hockin Stirling de que observa «durante unos meses la expresión de semblante ante diferentes emociones de cualquier fueguino pero especialmente de aquellos que no han vivido mucho en contacto con los europeos» y le escribiera una carta sobre el tema.

Era, le dijo, «una vieja pasión por la que siento mucha curiosidad y sobre la que he buscado información en vano».

HMS Beagle en Tierra del Fuego, pintado por Conrad Martens durante el viaje (1831-1836), de "El origen ilustrado de las especies" de Charles Darwin.

HMS Beagle en Tierra del Fuego, pintado por Conrad Martens durante el viaje (1831-1836), de «El origen ilustrado de las especies» de Charles Darwin.

Pero también la había explorado más cerca.

Desde antes de tener sus propios hijos, a los que estudiaba con su esposa detalladamente, registrando cada observación, le pedía a familiares y conocidos que le reportaran sus observaciones de las expresiones de bebés e infantes.

Y sus amadas mascotas, perros y gatos, también eran objeto de investigación, así como los de conocidos, incluyendo aves enjauladas y peces en acuarios.

Los animales del zoológico de Londres no eran la excepción y cuando la respuesta no era suficiente, Darwin buscaba la manera de encontrarla en donde fuera necesario.

En 1868 le escribió, por ejemplo, al botánico y entomólogo George Henry Kendrick Thwaites, superintendente de los jardines botánicos de Peradeniya, Ceilán (Sri Lanka), para pedirle un favor «que parecerá uno de los más extraños jamás solicitados. Sir J Emerson Tennant dice que los elefantes capturados cuando gimen y gritan, lloran de modo que las lágrimas brotan de sus ojos (…). ¿Podrías hacer que me observan eso, sin confiar en la memoria de nadie?»

Charles Darwin

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Darwin publicó 19 obras y cientos de estudios científicos.

Darwin mantuvo además correspondencia con varios expertos en diversos campos, entre ellos especialistas médicos como el cirujano oftálmico William Bowman, a quien le pidió que observara si «cuando un bebé gritó violentamente, cierra los músculos orbiculares para comprimir los ojos y evitar que se llenen de sangre», y el oftalmólogo holandés Franz Donders, quien realizó experimentos detallados en su nombre para determinar cuáles eran las fibras nerviosas específicas responsables de la secreción de lágrimas.

Sus preguntas desafiaron a los expertos a investigar nuevos fenómenos y ampliaron el conocimiento fisiológico.

Como pensaba que quienes eran considerados como locos compartían con los niños la incapacidad de controlar u ocultar emociones fuertes, pidió la ayuda de James Crichton Browne, el superintendente de un asilo que estaba tratando de hacer de la institución un centro de investigación sobre la locura y las enfermedades del cerebro, quien compuso descripciones detalladas de pacientes que padecían trastornos emocionales como miedo extremo, rabia y melancolía.

Pero a pesar de todo ese esfuerzo, Darwin estuvo a punto de tirar la toalla antes de compartir con el mundo lo que había investigado.

Casi que no

Después de la publicación de «El origen de las especies» en 1859, Darwin sufrió un largo período de enfermedad que lo llevó a la desesperación y a pensar que nunca podría completar su proyecto de extender la teoría que había expuesto -la de la descendencia con modificación a través de la selección natural en animales y plantas- a los humanos.

Su investigación sobre las emociones era parte de ese proyecto.

En un momento particularmente difícil en 1864 llegó hasta a ofrecerle todo su material a su colega Alfred Russel Wallace: «He recopilado algunas notas sobre el hombre, pero no creo que las use nunca… Hay mucho más que me gustaría escribir pero no tengo fuerzas».

Sin embargo, perseveró.

Reloj de arena con figura de mono arriba y de hombre abajo

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«El origen del hombre» fue publicado en 1871; un año después salió a la venta «La expresión de la emoción», todos conectados por un tema: el poder de las pequeñas modificaciones para, dado el tiempo, producir fines gigantes.

Si bien «El origen de las especies» provocó un cambio de paradigma en las ciencias de la vida, la noción que expuso -aquello de que una variación que ocurría aleatoriamente dentro de una población, si confería una ventaja de reproducción o supervivencia, tendía a preservarse, lo que llevaba con el tiempo a divergencia- no cobijaba al hombre.

Admitir la idea de la evolución (una palabra que no figuraba en «El origen de las especies») de los humanos y de que era un proceso sin fin y de que pudieran compartir un antepasado común con los monos era ir muy lejos hasta para muchos de los que habían aplaudido a Darwin hasta entonces.

La racionalidad humana, la espiritualidad y la civilización eran prueba de la creación divina. El origen del hombre era un asunto de estudio para los teólogos, no un área legítima de estudio para los naturalistas.

Pero, ¿qué tal que hubiera evidencia suficiente para demostrar que los humanos y los animales tenían mucho más en común de lo que se aceptaba?

Y qué mejor prueba que las emociones.

Emocionante

De hecho, uno de los principales argumentos en contra de su teoría de la evolución era que la capacidad de sentir, expresar e interpretar las emociones era exclusiva de los humanos, lo que probaba que no podían tener nada en común con los simios.

Esa opinión tenía un fundamento sólido: el referente sobre el rostro humano hasta ese momento era «Ensayos sobre la anatomía y la filosofía de la expresión» (1824) del anatomista, cirujano y fisiólogo escocés Charles Bell, en el que, siguiendo los principios de la teología natural, se afirmaba la existencia de un sistema exclusivamente humano de músculos faciales al servicio de una especie humana con una relación única con el Creador.

Ilustración del libro de Darwin de un "chimpancé decepcionado y malhumorado".

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Ilustración del libro de Darwin de un «chimpancé decepcionado y malhumorado».

Darwin se basó en gran medida en el enfoque experimental iniciado por Bell, pero estaba seguro de que los sentimientos internos de los seres humanos y los animales se manifiestan externamente de manera similar.

Lejos de tener un conjunto de músculos faciales diseñados especialmente para comunicar sentimientos morales y espirituales superiores, creía que las expresiones debían haberse desarrollado a través de mecanismos evolutivos comunes, y que eran «una prueba diaria y viva de [nuestra] ascendencia animal», como explica Janet Browne en su biografía de Darwin.

Aunque contenía estas peligrosas ideas, 9.000 copias del libro se vendieron en cuestión de cuatro meses: en su momento fue la obra más popular de quien, a pesar de todo, era una de las figuras más respetadas en el mundo de la filosofía natural.

A los lectores les encantaron las historias de animales y las entretenidas anécdotas de los niños, así como la manera de Darwin de involucrarse en el proceso de investigación y el uso no sólo de ilustraciones sino de fotografías, algo muy novedoso en una publicación científica que se logró sólo gracias a avances en la tecnología y adaptaciones específicas para esa publicación.

Fue uno de los primeros ejemplos de intentos de congelar el movimiento para el análisis y, aunque varias imágenes no se ajustan a los estándares modernos de objetividad, el libro marcó el nacimiento del uso de fotografías como evidencia científica.

Algunas de las fotografías del libro.

FUENTE DE LA IMAGEN – WELLCOME COLLECTION

Algunas de las fotografías del libro.

Desde entonces, «La expresión de la emoción en el hombre y los animales» ha sido olvidado y desenterrado; sus teorías, atacadas y defendidas; sus experimentos, refutados y respaldados… prueba de ser una obra fundamental.

«Los hallazgos [de Darwin] no solo son históricamente interesantes, en realidad siguen guiando nuestro pensamiento sobre cómo desarrollamos medidas para estudiar enfermedades», le dijo a la BBC Peter Snyder, profesor de neurología en la Universidad de Brown. «Todavía estamos usando lo que descubrió Darwin».

«Era realmente un genio y tuvo influencia en todo tipo de campos, pero una de las áreas en las que no es muy conocido por influir es la psicología humana».

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

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