¿Cuándo empezamos a envejecer? La pregunta del millón.

El paso de los años se nota, en algunos más que en otros. Pero, al margen de las apariencias, hay facetas del envejecimiento objetivas y otras subjetivas. 

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Sentirse joven o serlo no es lo mismo

El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza. Este dicho popular podría resumir la experiencia cercana de amigos o familiares que a una edad avanzada tenían una misión vital: el cuidado de algún familiar enfermo, una vocación laboral o social, su pareja; en definitiva, algo que les mantenía vivos. 

Y de cómo, cuando ese ancla que les unía a la vida desaparece, se despedían de nosotros en poco tiempo. Lo cierto es que la actitud vital puede ser importante de cara a envejecer con salud. 

Si nos limitamos únicamente a medir la edad cronológica o la biológica, podemos perder parte de la perspectiva. Porque ¿de qué nos sirve estar fuertes como un roble si no tenemos ganas de vivir?

Las edades de la vida

Así, nos encontramos con la edad percibida (es la que uno siente como propia y con la que se identifica), la edad psicológica (la que te sitúa psicológicamente en un grupo etario; por ejemplo, el típico adulto inmaduro con síndrome de Peter Pan o el joven viejo de actitud), la edad aparente (la que perciben los que están a tu alrededor, por tu apariencia o actitud) o la edad social (definida por la del entorno en el que te desenvuelves, y que a veces es mayor o menor que la propia).

Foto: Unsplash/@vidarnm.

Foto: Unsplash/@vidarnm.

Todas estas ‘edades’ pueden afectar a cuán jóvenes o viejos nos sentimos o nos perciben los demás. Pero no podemos tampoco olvidar la edad biológica, o más bien las edades biológicas, puesto que no existe una única. 

Cada órgano o sistema, incluso cada tejido, puede envejecer a diferente velocidad; así hablamos de la edad biológica pulmonar que se puede determinar con algoritmos a partir de una espirometría; de la edad biológica de la piel, que se puede determinar con una prueba de elasticidad, o de la edad biológica arterial, que se puede establecer mediante la medición de la velocidad de la onda de pulso aórtico (velocidad a la que va la sangre en la sístole por la aorta).

También existen la edad neurológica, que se establece mediante un test neurocognitivo; la edad inmunológica, que se puede calcular mediante el recuento y función de las células del sistema inmune; o la edad biológica celular, determinada a partir de la longitud mediana de los telómeros o, mejor aún, mediante la longitud de los telómeros más cortos de cada célula. 

La metilación del ADN es un parámetro, relacionado con el estilo de vida, que se correlaciona con el envejecimiento epigenético El último grito en cuanto a medición de la edad biológica son los nuevos test desarrollados a la luz de estudios epigenéticos, como los de Horvath, que analizan la metilación del ADN. 

Este parámetro, relacionado con nuestro estilo de vida, se correlaciona con el envejecimiento epigenético (arrugas en la piel, pérdida de fuerza y de agilidad o presencia de enfermedades). Ya hablábamos en este espacio de uno de ellos especialmente, GrimAge, que está mostrando resultados muy prometedores en la predicción del riesgo de enfermedades asociadas al envejecimiento.

¿Cuándo envejecemos?

Pero, realmente, ¿cuándo empezamos a envejecer? La Organización Mundial de la Salud define una serie de etapas de la vida o franjas de edad de referencia. 

Así, la frontera entre la edad adulta y la tercera edad se sitúa a partir de los 60 años. Ahora incluso se habla de la cuarta edad, dado el envejecimiento de la población y la prolongación de la esperanza de vida, además del progresivo retraso en la edad de jubilación en algunos países por encima de los clásicos 65 años. 

Pero estas franjas de edad no nos cuentan toda la película. Así, tenemos los DALYS o años de vida ajustados por discapacidad, un parámetro cada vez más tenido en cuenta como medida del estado de salud de una población, más allá de su esperanza de vida media. O de la vida libre de enfermedad, un término que no está del todo definido, pero que se sitúa alrededor de los 40 años, momento en el que comienza a dispararse la incidencia de las enfermedades asociadas al envejecimiento.

Foto: Unsplash/@bonko86.

Foto: Unsplash/@bonko86.

En este espacio nos gusta hacer cuando es oportuno un guiño a la evolución. Esta edad libre de enfermedad de unos 40 años sería aquella a la que ya habríamos cumplido buena parte de nuestro ciclo vital: nacer, crecer y reproducirnos. 

Teóricamente, nuestra vida debería acabar pronto tras esta etapa cuando ya nuestros hijos son independientes, sobre todo en un entorno tradicional donde éramos padres a una edad temprana. 

Y así sucede por ejemplo con nuestros parientes más próximos, los chimpancés, que rara vez viven más allá de la cuarta década. La hipótesis de las abuelas explicaría nuestra longevidad cumplida la función reproductora y paterna. 

Consiste en que la función social de las abuelas al cuidado de los nietos, especialmente en su alimentación, trajo como consecuencia una prolongación en la esperanza de vida del ser humano que algunos estudios cifran en hasta 49 años. El hecho se explica porque al ayudar a las abuelas a alimentar a los nietos después del destete, procesando de forma sencilla los primeros alimentos sólidos del niño, las madres pueden engendrar más hijos en intervalos más cortos de tiempo. 

Esto hizo que los genes de las abuelas que vivían más tiempo y cuidaban más a la prole fueran propagándose. Más allá de este hecho, todos percibimos que el envejecimiento se acelera cerca de esa temida crisis de los 40 y puede afectar de forma desigual a diferentes sistemas: reproductivo, capacidad física (tanto muscular como aeróbica), capacidad intelectual, etc. Algo que a veces podemos compensar con nuestra experiencia acumulada y que algunos movimientos quieren poner en valor, con la llamada ‘generación de las canas’ o generación sénior.

El inicio real del envejecimiento

Más allá del que podríamos denominar ‘envejecimiento percibido’, y que afecta a nuestra calidad de vida, lo cierto es que, a nivel molecular, envejecemos casi desde nuestra concepción. En un trabajo reciente, Gladyshev define en la prestigiosa revista ‘Cell’ lo que denomina el punto cero’ del envejecimiento

Las observaciones en embriones muestran que tras la concepción se produce un rejuvenecimiento celular. Es sorprendente ver cómo en esta etapa se alargan los telómeros o se eliminan las marcas epigenéticas, en las que se basan relojes biológicos como GrimAge. 

Alcanzado el punto cero, que el autor define como el inicio de la vida del organismo, comienza el envejecimiento.

No es de extrañar dado que la programación fetal relacionada con nuestros hábitos es un hecho que puede afectar a nuestra salud en la vida adulta, como se observó tras episodios como la hambruna holandesa durante la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso, y más allá de mecanismos moleculares y biológicos, para poder envejecer con más años y más vida hay que hacerlo también disfrutando. Algunos estudios han encontrado una curva en forma de U para la felicidad; somos más de niños que de ancianos. Y por ello la edad psicológica y la autopercibida son muy relevantes. Una actitud positiva y vitalista es clave. Así que aprovechemos cada momento. De nosotros depende.

Imagen de portada: Gentileza de ALIMENTE+

FUENTE RESPONSABLE: ALIMENTE + Por el Dr. Ángel Durántez

Filosofía del envejecimiento/Vivir mejor/Salud

Filosofía de la longevidad: cómo aprender a vivir los años de más.

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«No me siento viejo en absoluto, excepto cuando me afeito y me veo en el espejo», decía Keith Richards. Os hablaré de un libro que enseña a vivir los años extra que dan los nuevos tiempos

Soy dermatólogo y me dedico a tratar enfermedades de la piel como el cáncer de piel, pero también realizo técnicas de dermatología estética; es decir, intento ayudar a los pacientes a verse de la edad de la que se sienten utilizando los avances de la dermatología moderna. 

Por mi profesión, y por mi edad, soy sensible a todo lo que se publica sobre el envejecimiento. Es un área fascinante, y cada vez hay más estudios y publicaciones que tratan sobre cómo prevenirlo y, sobre todo, cómo manejarlo. Desgraciadamente, lo que se ha prolongado es la vida que vivimos en nuestra madurez y vejez Este verano he leído el maravilloso libro ‘Un instante eterno. Filosofía de la longevidad’ (Ed. Siruela Biblioteca de Ensayo). Este libro destaca que los avances científicos han provocado un alargamiento sustancial del tiempo que vivimos –uno de cada dos niños que nazca hoy llegará a los 100 años–. Pero desgraciadamente lo que se ha prolongado es la vida que vivimos en nuestra madurez y vejez.

 “Es la vejez lo que se prolonga, no la vida”, dice el prestigioso filósofo francés Pascal Bruckner. 

El autor en su libro nos enseña cómo vivir ese ‘veranillo’ de la vida a la que nos enfrentamos los que nos acercamos a los 60 años, edad en la que no somos ni jóvenes ni viejos.

Renacer después de los 50

Pascal propone renacer a la vida a partir de los 50, y renunciar a la resignación viviendo esos años con las pasiones encendidas llenando nuestras vidas de proyectos. El secreto de una vejez feliz, según el autor, está “en cultivar todas las pasiones, todas las capacidades hasta bien avanzada la vida, en no abandonar nunca ningún placer ni ninguna curiosidad, en lanzarse a retos imposibles, en continuar hasta el último día amando, trabajando, viajando, y permanecer abierto al mundo y a los demás”. Brillante.

Foto: iStock.

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Hoy, las personas de más de 50 años somos más del 30% de la población mundial, y nos enfrentamos a la supremacía de la juventud. 

Por ello este libro es “una lucha por permanecer en la luz y no caer en la categoría de los invisibles”. Cuando tienes menos de 30 años crees que la vida es infinita. Pero, a partir de los 40, una pregunta que nos hacen frecuentemente en la consulta los pacientes es cómo pueden ralentizar el envejecimiento. 

Nuestra respuesta siempre se basa en lo que realmente ha demostrado la ciencia: valorar lo que comemos, mantener una actividad física, cuidar las conexiones mente/cuerpo, potenciar las relaciones personales con los demás, manejar bien el estrés, mantener el peso adecuado y alimentar adecuadamente nuestro espíritu. 

El refranero español lo resume perfectamente: “Poco plato, mucho trato y mucho zapato..

Cuando veo personas que envejecen bien, todas tienen algo en común: siguen activos social o laboralmente. 

Bruckner destaca que “el fin obligatorio del trabajo a partir de los 60 años nos sumerge en la maldición del ocio absoluto como forma de vida, como si poblaciones enteras de cabezas canosas volvieran a sumergirse en el mundo infantil de los parques de atracciones». 

El autor se rebela contra eso, y no puedo estar más de acuerdo. Y demuestra que en el arte, la literatura y el cine puede haber una vejez prodigiosa, sin decadencia, como la tuvieron Goya, Beethoven, Picasso, Casals, Clint Eastwood…

La mejor edad

Según ‘The Economist’, la edad más propicia para sentirse feliz es la de los 70 años, gracias a la despreocupación y el buen humor frente al estrés que nos aporta el paso de los años. 

En este sentido, el autor de ‘Filosofía de la longevidad’ desmitifica algunos aspectos de la juventud: “La juventud posee belleza, dinamismo y curiosidad, pero es la edad mimética, la que, a tientas, tropieza y sucumbe a las modas y a las ideologías”. También habla de la nobleza en el envejecimiento: “Hay ancianos hermosos y magníficos. Son los aristócratas del tiempo”.

Es un libro que no paras de subrayar. Los que tenemos más de 50 años debemos tomar nota de muchas de estas reflexiones de Pascal y ponerlas en práctica. 

Vivir con intensidad sin renunciar a nuestras pasiones estos años de más que nos regalan los nuevos tiempos es una condición fundamental para envejecer mejor. 

El libro también da muy buenos consejos que los médicos podemos recomendar a nuestros pacientes para conseguir que envejezcan con elegancia y discreción y sin resignación. ‘Filosofía de la longevidad’ es una reflexión sabia, profunda y optimista sobre las infinitas posibilidades que nos ofrece esa vida ‘extra’ de los nuevos tiempos. Al final se trata de morir joven lo más tarde posible.

Imagen de portada: Gentileza de ALIMENTE+

FUENTE RESPONSABLE: ALIMENTE + Por el Dr. Ricardo Ruiz Rodriguez

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