El escritor en su laberinto: la historia desconocida detrás del Nobel a García Márquez.

Gonzalo García, el hijo de Gabo, recibe a la LA NACIÓN en la casa de México donde conoció la noticia de la Academia Sueca y Rodolfo Terragno cuenta el proyecto que desvelaba entonces al colombiano: fundar un diario; hoy La Feria del Libro le rinde homenaje a 40 años del premio.

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Ciudad de México. También la materia de los sueños más codiciados puede convertirse en una visión desencantada. Aun para aquellos acostumbrados a sacar provecho de sus alucinaciones. Le sucedió a Gabriel García Márquez casi cuarenta años atrás, al recibir el anuncio del Premio Nobel de Literatura.

Hacía tiempo que el colombiano acariciaba la ilusión del galardón. Sin embargo, la mañana del 21 de octubre de 1982, cuando el célebre escritor de América Latina recibió la llamada de la Academia de Letras de Suecia, esa conquista activó en su mente un temor escondido, su premonición fatal. Ahí, quizás, estaba la significación más compacta de su final, perforando las oscuridades de su corazón: ¿Y si se trataba de la muerte?

La Academia de Suecia fundó su decisión de premiar al autor de Cien Años de Soledad “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos de un continente”.

Gabo y Mercedes recrearon la foto junto al árbol de caucho en la casa de Pedregal, México, donde en 1982 los "sorprendió" la noticia del Premio Nobel de Literatura

Gabo y Mercedes recrearon la foto junto al árbol de caucho en la casa de Pedregal, México, donde en 1982 los «sorprendió» la noticia del Premio Nobel de Literatura. Editorial PRH

Hace 40 años, en su casa del Pedregal, al sur de la Ciudad de México, donde se instaló y puso fin a las mudanzas de su exilio, Gabo debió entendérselas con lo real y lo fantástico como nunca antes; esta vez, no era él quien dominaba el lenguaje de las conspiraciones. 

Así lo hace pensar el encuentro con LA NACIÓN de su hijo Gonzalo García Barcha, diseñador gráfico y editor, a escasos metros del árbol de caucho donde su hermano Rodrigo tomó la famosa fotografía de sus padres -ambos en bata y ropa de cama- tras recibir la noticia. 

Gabo era muy supersticioso. Tenía explicaciones para no ganar el premio. Decía que no quería porque ningún Premio Nobel había sobrevivido más allá de cinco años. Era su excusa”, rememora. Camus lo obtuvo en 1957 y murió en 1960; Faulkner, en 1949 y falleció en 1962. 

Los recuerdos del hijo vuelven a pocas horas del homenaje que tendrá lugar este jueves en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, con la participación vía streaming del cineasta Rodrigo García Barcha desde Los Ángeles, la presencia de Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Gabo, y de Ezequiel Martínez, director de la Feria, con motivo de los 40 años del Nobel a García Márquez.

La huida de la posteridad

Meses atrás, esta sala en la que ahora su hijo se entrega a los recuerdos, albergó para un público reducido el armario de Gabo, que exhibió el vestido que Mercedes se mandó a hacer para el Nobel. Gonzalo entrelaza sus manos -semejan las de Gabo- y se pierde en el afuera. 

El jardinero riega con esmero las rosas, como si Mercedes estuviera por regresar, para contemplarlas después de la siesta. El aire seco de la primavera azteca se vuelve fresco por un instante y las lagartijas huyen de sus escondites, como si quisieran recuperar el calor del que fueron arrancadas. El aroma a flores se mezcla con el de la madera lustrada de los muebles. 

Los tapizados blancos lucen inmaculados, como si escogieran la modestia a presumir el rastro incesante de visitantes. Entonces su hijo mira hacia arriba, quizás al primer piso de la casa donde García Márquez pasó sus últimos días, y dice: “El Nobel lo cambió todo”. Fue ahí, asegura, que comenzó la mayor tarea de Mercedes Barcha, la de buscar un respeto entre lo público y lo privado. “No somos figuras públicas”, evoca Rodrigo García a su madre en su libro Gabo y Mercedes, una despedida.

El libro que Rodrigo García, uno de los hijos de Gabo, escribió tras la muerte de sus padres, lleva en la portada la imagen que él mismo tomó el día que conocieron la noticia del Nobel

El libro que Rodrigo García, uno de los hijos de Gabo, escribió tras la muerte de sus padres, lleva en la portada la imagen que él mismo tomó el día que conocieron la noticia del Nobel. Editorial PRH

“Nadie pensaba en la posteridad en ese entonces”, reflexiona el hijo, que tenía veinte años. La poca oportunidad para cruzar palabras con su padre en Estocolmo, quizás, debió ser un presagio. 

“Gabo iba poniéndose cada vez más famoso. Entraba y salía mucha gente de la casa. Hubo un momento en que salir con él era un evento. Ya muy mayor siento que lo necesitaba. Le gustaba salir y sentir el contacto con el otro. Mi madre hacía los filtros, pero había gente que lograba franquearlos”. 

Esa “faceta alienante de la fama”, como refiere Rodrigo, fue la causa probable de que él y su hermano estudiaran y trabajaran fuera de México, volviendo cada tanto. Pero mientras esa fama crecía, y el nombre de Gabriel García Márquez ingresaba en la eternidad, para todos estuvo prohibido hacer planes póstumos.

“¿La posteridad? Nada lo decidió él”, revela Gonzalo. “Él no quería saber absolutamente nada del después. Era parte de su superstición. No se podía hablar de la muerte ni de lo que iba a suceder después de él. Mercedes era mucho más planeadora y por eso había un testamento. Pero no existía manera de hablar con Gabo de nada de eso. No dispuso nada. Nunca hubo ninguna disposición póstuma de su parte. Mi madre iba guardando cosas y hubo un momento en que la empezamos a guiar. 

Rodrigo los dirigió hacia el Harry Ransom Center (de la Universidad de Texas, donde se encuentra el archivo digital personal y familiar)”, cuenta. También esa aversión a la desaparición la narra Rodrigo, cuando cita a su padre: “Después de mí hagan lo que quieran”. García Márquez murió en 2014.

Un Nobel obsesionado con fundar un diario

“Gabo más o menos sabía que podía ganar el Nobel. De alguna manera -creo- lo estaba esperando. Aunque no tengo elementos para demostrarlo”, dice Jaime Abello Banfi, director de Fundación Gabo, quien conoció al escritor un año después del premio. Sostiene que desde antes de recibirlo, y aún después, “la mente de Gabo estaba ocupada en crear un periódico”. Iba a llamarse El Otro. “Fue Rodolfo Terragno quien lo convenció de no avanzar con la idea. Y qué bueno, porque hizo algo mayor, que fue la creación de la Fundación”, especula Abello Banfi.

El mismo historiador y político argentino recuerda en diálogo con LA NACIÓN aquellos días. Desde Francia, donde reside tras finalizar su mandato como embajador de Argentina ante la Unesco, Terragno dice: “Yo no lo conocía a Gabo cuando él me llamó desde Estocolmo, donde acababa de recibir el Nobel. Nos vimos una semana después, en París. La idea de hacer un diario le había rondado durante mucho tiempo. Cuando le preguntó a [la artista plástica] Soledad Mendoza quién había creado El Diario de Caracas ya tenía pensado hacer El Otro. Él decía que, ante todo, era periodista. Los dos tomos de Entre Cachacos, que reúnen artículos periodísticos suyos, son una prueba”.

Borges y Gabo

“El nombre de El Otro era una evocación a Borges -recuerda Terragno-. Nunca lo había oído hablar sobre Borges ni a Borges sobre él; ambos eran escritores de géneros, temas y estilos distintos; y políticamente estaban en las antípodas. Recitó uno de los dos sonetos de ‘El Ajedrez’. Me preguntó: ‘¿Qué más se puede decir del rey si ya se ha dicho que es postrero? ¿Qué más se puede decir del alfil si ya se ha dicho que es oblicuo? Borges agota la posibilidad de calificar’, dijo”. Así, recuerda Terragno, El Otro para Gabo debía contener solo adjetivos precisos; iba a prohibir, además, los adverbios terminados en “mente”, pues creía que solo demoraban las frases.

Para Gabo, Terragno debía ser el director. “Yo le decía que no le convenía crear un diario. Para mí habría sido un orgullo dirigir el diario de García Márquez, pero yo creía que a él no le convenía”, dice quien también es miembro de número de la Academia Argentina de Historia y de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias.

Para el historiador, el Nobel arriesgaba su prestigio. La carta del 6 de agosto de 1983, en la que le desaconseja que avance con esa idea, fue calificada como un “proyectil epistolar” en el libro Gabo no contado, del periodista colombiano Darío Arizmendi. Terragno guarda un recuerdo entrañable y a la vez amargo de aquel sueño, para el que incluso formaron periodistas de la que sería la redacción.

En 1985, después de tres años de distraer su mente del Nobel y soñar con el diario, ”la ficción terminó”. “Habíamos representado la fundación de un periódico, pero no habíamos encarado un plan de negocios ni la búsqueda de financiación. No habíamos pensando en importar maquinaria, ni siquiera habíamos constituido una sociedad. García Márquez no me necesitaba para crear y darle contenido a su diario”, concluye Terragno.

“Moriré siendo periodista”

Quizás la única vez que Gabo se permitió hablar de la muerte fue con Darío Arizmendi. “¿Quieres que me convierta en un viejito de pantuflas y me encierre en un cuarto para que no se me escape el aroma de la fama?”, le dijo al periodista. En las conversaciones con el periodista colombiano, García Márquez entonces se atrevió a pensar su posteridad. “No quiero que se me recuerde por Cien Años de Soledad ni por el Premio Nobel, sino por el periódico. Nací periodista y hoy me siento más reportero que nunca”, declaró.

En “El Otro”, el cuento de Borges, el escritor argentino se encuentra con su alter ego. Narra: “De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor”. Para Terragno, todos los periodistas que formaron parte de aquella redacción que nunca nació fueron de alguna manera “inducidos a soñar”. Mucho antes, también Gabo fue encandilado por una flor. Lo acompañó en la creación de Macondo y del resto de sus ficciones. Se dice que fue el día que leyó “Una rosa para Emilia”, de otro Nobel, William Faulkner. En Estocolmo, para recibir la medalla, lo acompañó una rosa amarilla. La superstición pervive sobre su escritorio, donde cerca de su iMac G3 aún hoy reposa un ramo de pétalos apenas abiertos, testigo póstumo de aquel encanto.

 cartas originales enviadas por Terragno a Gabo el 6 de agosto de 1983, después de un año de trabajo conjunto y formar periodistas para aquella redacción que no fue. Las fotos fueron tomadas por Terragno y compartidas con nosotros.

Cartas originales enviadas por Terragno a Gabo el 6 de agosto de 1983, después de un año de trabajo conjunto y formar periodistas para aquella redacción que no fue. Las fotos fueron tomadas por Terragno y compartidas con nosotros.Archivo familiar

Fragmento de la carta de Rodolfo Terragno a García Márquez

“El diario que imaginamos es posible y deseable, aún si no fuera tu diario. Contigo sería mucho más que un diario: un fenómeno cultural, una fuerza movilizadora de inteligencia. Con todo creo que si no modificas el proyecto, no debes seguir adelante. En esa entrega, arriesgarías demasiado. Quienes sueñan con un diario (…) aspiran a ser oídos, a ser apreciados, a ser citados; (…), buscan, en suma, prestigio y poder. En tu caso, prestigio y poder sería el capital que arriesgarías. Quizás el diario aumentara tu poder, haciéndolo más tangible y eficaz; pero éste solo cuenta si -aun cuando deseches la posibilidad de ser protagonista- aspiras a un rol político.

Estoy tratando de hacerme cargo de tu egoísmo. Con el mío, te incitaría a seguir; un medio de la trascendencia que tendría El Otro serviría a mi prestigio, sin costo para mí. Yo tomaría parte del crédito y no correría ningún riesgo. Sin embargo este negocio que para mí sería una ganancia para ti sería una pérdida (…). Te obligaría a seducir a ricos, te forzaría a chapalear en un barro cotidiano hecho de fallas mecánicos, problemas de liquidez y conflictos laborales (…). Tener una tribuna en lugar de tener todas. Devaluar tu imagen, porque la familiaridad siempre devalúa, y uno termina empequeñecido por las pequeñeces inevitables de toda rutina colectiva”.

HOMENAJE A GABO

Jueves 5 de mayo, a las 16.30. A 40 años de la entrega del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez. Participa: Jaime Abello Banfi, Rodrigo García Barcha (modalidad virtual) y Gloria Rodrigué Presenta: Ezequiel Martínez Organiza: Fundación El Libro y Fundación Gabo Sala: Alejandra Pizarnik Pabellón: Pabellón Amarillo.

Imagen de portada: Histórica imagen de la entrega del Premio Nobel a Gabriel García Márquez, en 1982; aunque quería el galardón, Gabo temía que fuera el final: los ganadores no sobrevivían demasiado después de recibir la medalla. Archivo familiar

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Cultura. Argentina. Por Gisela Antonuccio. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Periodismo/Gabriel García Márquez

Sin empleo y en la quiebra: Así escribió el «Gabo» su obra maestra: «100 años de soledad»

El autor colombiano llegó a decir que la historia llegó a su mente en un viaje a Acapulco.

Gabriel García Márquez siempre le decía a los periodistas que la idea de escribir «100 años de soledad» se le ocurrió mientras conducía por la carretera a Acapulco para disfrutar de unas vacaciones en familia. De repente, se le vino una maravillosa epifanía que lo inspiraría a escribir la novela, dio la vuelta al automóvil y regresó a la Ciudad de México, donde vivía, para escribir el primer párrafo de la novela. 

Romántico el señor, ¿no? Siempre lo fue. Pero no era muy honesto. Así como en sus cuentos mezclaba la realidad con hechos mágicos (niños con rabo de cerdo, una epidemia de insomnio que ataca al pueblo de Macondo, y una lluvia que duró cuatro años, once meses y dos días), el «Gabo» solía contar episodios de su vida con un toque mágico. La verdad es que, en ese viaje a Acapulco, el aturo sí llegó a la playa, y la creación de su obra maestra no es tan mágica como imaginas. 

García Márquez llegó a su hotel en Acapulco a escribir el primer párrafo de la novela que cambiaría la literatura latinoamericana: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a descubrir el hielo…» La epifanía que tuvo mientras conducía en realidad fue un recuerdo viejo: se vio a sí mismo de chico, y su padre, como la oración lo indica, cuando lo llevó a descubrir el hielo. «100 años de soledad» es, sin lugar a dudas, una obra maestra que nadie puede negar, y quien trata de hacerlo, es porque no la ha leído, o no la ha entendido (o al contrario, la ha entendido demasiado bien). Y su historia de origen no es tan difícil de comprender, pero igual de interesante de leer. 

Seguramente te sorprenderá el link siguiente; por las imagines de la historia y el cuentista de la obra. Pincha el mismo, por favor. Muchas gracias.

Draw My Life Cien Años De Soledad

La novela está escrita a partir de las historias que le contó su abuela, momentos vividos por él mismo y vivencias de vecinos y amigos. “No hay línea en mis novelas que no esté basada en la realidad”, respondió García Márquez a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza en una entrevista. Sus abuelos maternos fueron las figuras más influyentes en su literatura y estilo. Cuando era estudiante y leyó por primera vez «La metamorfosis» de Franz Kafka, se dio cuenta de que estaba escrito de la misma manera que su abuela le contaba historias, y pensó: “si esto se puede hacer, si escribir así es posible, entonces yo también puedo hacerlo ”. Y así comenzó su carrera literaria. Una vez que tuvo algunas novelas publicadas, pero aún no era un autor reconocido, vivió en un exilio autoimpuesto en la Ciudad de México, donde Álvaro Mutis, escritor colombiano y amigo de García Márquez, le obsequió un librito titulado» Pedro Páramo» del autor mexicano Juan Rulfo. 

Lo leyó en ese momento y no podía dormir por la noche, ni leer nada que no estuviera escrito por Rulfo en ese año porque todo lo demás parecía menos.

Estaba tan conmovido y sorprendido por la fuerza del libro que lo memorizó y pudo recitar capítulo por capítulo a sus amigos. «Pedro Páramo» fue quien inspiró la magnífica frase con la que García Márquez inició su obra maestra: “Muchos años después, el padre Rentería recordaría cómo la rigidez de su cama le impidió dormir esa noche, hasta que finalmente se vio obligado a levantarse de la cama. Fue la noche que murió Miguel Páramo ”. – Juan Rulfo 

No solo Pedro Páramo influyó en el primer párrafo de «100 años de soledad», sino también en el estilo general de la novela. Pero la verdadera historia de su creación va más allá de la lealtad, el amor y MUCHA paciencia. 

Todo se remonta a la única mujer de su vida: «La Gaba» para los amigos y para los no tan amigos, Mercedes Barcha, la esposa, cómplice y compañera de Gabriel García Márquez. Márquez, con la historia metida en la cabeza, le dijo a su esposa que le diera unos meses para terminar su novela. 

El autor no tenía un empleo y las carencias económicas no tardaron en hacerse presentes dentro de su familia, especialmente porque la pareja ya tenía 2 hijos: Rodrigo y Gonzalo. Aún así, «La Gaba» le dio los 18 meses que tardó Gabriel García Márquez en escribir su obra maestra. 

Fueron meses difíciles, donde Mercedes tuvo que endeudarse con muchísimas personas, incluyendo el carnicero, el panadero, ¡hasta los vendedores de verduras! Muchos amigos también los trataron de ayudarlos con comida, y cuando los gastos eran demasiados, la esposa hizo TODO para que su familia siempre tuviera un techo y comida. 

Casi los echan a la calle por deber meses de renta, hasta que Luis Coudurier, quien en ese entonces era oficial mayor de la alcandía de la Ciudad de México, los ayudó a mantener su renta después de una simple promesa.

Empeñaron todo, vendieron lo que podían, y su marido se dedicó a escribir 6 horas al día. «La Gaba» fue su ama de casa, esposa, contadora, tesorera, madre de sus hijos, y creadora de milagros. Pero en 18 meses, «El Gabo» terminó su obra maestra y en tan sólo un mes y medio de su publicación, se agotó la primera edición, y la novela es considerada una de las mejoras de la literatura hispanoamericana y universal. 

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: CHICMagazine. Cultura. Por Andrea Bouchot. Marzo 2021.

Sociedad y Cultura/Literatura/Gabriel García Márquez/Cien años de soledad.

 

La mujer a la que García Márquez le dedicó Cien Años de Soledad.

La actriz y escritora española María Luisa Elío apareció -junto a su esposo- en la primeras páginas del clásico del colombiano. El autor hizo el gesto en agradecimiento al rol que tuvo la ibérica durante la escritura de la novela: siempre estaba atenta a escuchar y leer sus avances. En España, Elío ha vuelto a la palestra por la edición de su obra reunida, que puede ser adquirida desde Chile.

En las primeras páginas de Cien años de soledad -de prácticamente cualquiera de sus ediciones- tras el árbol genealógico de la familia Buendía, suele venir la dedicatoria: “Para Jomí García Ascot y María Luisa Elío”. 

La segunda, una escritora española nacida en Pamplona en 1926, acaba de volver a la palestra por la edición de Tiempo de Llorar: Obra Reunida. Un libro que reúne gran parte de su escritura.

Su familia, republicana, debió exiliarse en México tras la derrota de su bando en la guerra civil española. Ahí fue donde Elío desarrolló gran parte de su trayectoria, como actriz y narradora.

María Luisa Elío.

A cargo de esa edición estuvo Soledad Fox Maura, y en declaraciones al sitio El Cultural, señaló: “Lo que me apasiona de ella es que Elío tiene una voz narrativa tan poderosa, tan bella e íntima que es muy fácil identificarse con ella y sentirse cercana a esa narradora/ protagonista y a los personajes que habitan sus palabras”.

“También es emocionante leer a una mujer nacida en Pamplona en 1926 con una voz en primera persona tan moderna, directa, y personal -agrega Fox Maura-. 

Con el trasfondo de la Guerra Civil y el dolor del exilio, el drama está servido. No nos cuenta cosas que ya sabemos, sino que es libre de centrarse en ella misma, en su mundo, sus emociones y su pasado”.

Como escritora, Elío publicó Tiempo de llorar (1988) y Cuaderno de apuntes (1995), además de relatos breves.

Su trabajo actoral se basó sobre todo en la televisión mexicana, pero también tuvo un rol en la pantalla grande con la película En el balcón vacío (1962), de corte autobiográfico. Fue dirigida por su marido, el también exiliado hispano Jomí García Ascot.

María Luisa Elío y Gabriel García Márquez.

Amiga de Gabo

Inquieta, Elío en México comenzó a vincularse con la bullente escena cultural latinoamericana de mediados del siglo XX. Su círculo incluía a gente como Octavio Paz, Leonora Carrington, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Emilio Prados, Remedios Varo, Alejo Carpentier y Álvaro Mutis. Entonces, era cuestión de tiempo para que conociera a Gabriel García Márquez.

Y así ocurrió. Fue durante la década de los 60, cuando el escritor colombiano Álvaro Mutis los presentó junto a sus respectivas parejas. 

Es decir, el cuarteto era Gabriel García Márquez, Mercedes Barcha, Jomí García Ascot y María Luisa Elío, y terminaron entablando un vínculo muy cercano y estrecho.

“Es una relación que ha traspasado generaciones porque yo mismo soy íntimo amigo de Gonzalo y Rodrigo, los hijos de García Márquez”, señala Diego García Elío, hijo de María Luisa, en declaraciones recogidas por El País. 

Al parecer, a María Luisa, socializar era algo que no le resultaba difícil. “Mi madre era una mujer guapa, apasionada y de carácter simpático y siempre estaba rodeada de amigos”, señala Diego.

Para inicios de esa década, el oriundo de Aracataca ya había publicado sus primeras obras: las novelas La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala hora (1962) y el volumen de cuentos Los funerales de la Mamá Grande (1962). Pero ya estaba masticando la escritura de su próxima novela.

Como señaló Enrique Lihn, la literatura es un ejercicio colectivo, por lo que es usual que un escritor muestre a sus cercanos lo que está escribiendo, con el fin de obtener un feedback. 

De este modo, “Gabo” consideró que sus nuevos amigos españoles eran los perfectos para leer lo que llevaba de Cien años de soledad.

Así, Fox Maura señala que más de una vez la misma Elío contaba: “García Márquez se pasó toda una noche contándosela antes de haber empezado a escribirla. Y a María Luisa le volvió loca”. 

De hecho, añade que la escena del cura que levitaba, al colombiano le generaba ciertas dudas, pero Elío fue quien le animó a que la mantuviera. “Gabo la llamaba a menudo para leerle los capítulos que iba escribiendo, y consultarle alguna duda”, añade la editora.

En julio del 2001, el mismo autor colombiano narró al matutino El País cómo fue esa trastienda en que la opinión de sus cercanos fue crucial para construir el libro. Y que por lo mismo, nunca dudó en que la dedicatoria del libro tenía que ser a ellos, Jomí y María Luisa.

Claro que primero, su mujer tenía que autorizarlo “Su papel fue tan importante que quiso dedicarle el libro, pero quería hacerlo bien, así que primero pidió permiso a su mujer, Mercedes Barcha ‘La Gaba’, y a Jomi, al que también se lo dedicó, para celebrar su amistad”, relata Fox Maura. El resto es conocido. Cien años de soledad salió en junio de 1967 y se convirtió en un fenómeno literario hasta nuestros días.

María Luisa Elío falleció en México, el 17 de julio de 2009. El libro Tiempo de Llorar: Obra Reunida, puede ser adquirido desde Chile vía Buscalibre.

Imagen de portada: Gentileza de La Tercera. República de Chile.

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera PM. Cultura. Por Pablo Retamal N. Febrero 2022.

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En el ropero de Gabo: una subasta altruista.

La nieta de Gabo escogió la ropa que el público podrá comprar desde el 20 de noviembre.

Lo recordamos: Gabriel García Márquez vistió liquiliqui al recibir el premio Nobel de Literatura de manos del rey de Suecia Carlos XVI Gustavo. Este traje –típico de los Llanos colombo-venezolanos– se exhibe en las salas del Museo Nacional de Bogotá.

Sin embargo, el resto del ropero del autor de Cien años de soledad salió a la venta esta semana. 

La subasta de los sacos de tweed y otras prendas será el primer evento de la “Casa de Literatura Gabriel García Márquez”, entidad encargada de mantener viva la memoria del colombiano en la calle De la Loma 19, san Ángel, Ciudad de México. O, simplemente, el hogar de “Los Gabos”.

La curadora es la nieta de Gabo y de Mercedes Barcha, la actriz Emilia García Elizondo. 

A partir del 20 de noviembre quien quiera adquirir algo del clóset de la pareja podrá suscribirse en una cuenta de Instagram destinada para la interacción con el público. Los dividendos de la subasta serán entregados a la Fundación FISANIM, dirigida por la artista Ofelia Medina, cuyo trabajo procura disminuir los índices de hambre de niños indígenas mexicanos.

Imagen de portada: Gentileza de Colprensa

FUENTE RESPONSABLE: El Colombiano. Por Ángel Castaño Guzmán