Homenaje a Emily Dickinson

No tuve tiempo para odiar, poema 498 de Emily Dickinson

PODCASTS | Por Elisa M. Salzmann | 16 de April 16:30

El poema 498 es uno de los 1773 poemas que escribió E. Dickinson en su hogar natal casi siempre en su dormitorio, en la mansión diríamos hoy o residencia de la familia Dickinson, The Homestead.

La vida literaria del siglo XIX en los Estados Unidos suele estudiarse como una época fundante y fecunda. 

Se la llama la era del Renacimiento Americano con sus vitoreados pesos pesados: R.W.Emerson, H.D.Thoreau, N. Hawthorne, H. Melville, W .Whitman. 

No es raro para la época que haya quedado excluida una mujer. 

Pero Emily Dickinson merece formar parte de ese dream team y agregar su diferencia. 

Ya en el siglo XX las feministas se encargaron de re ubicarla en el mapa de la literatura occidental. 

Emily nació en 1830 en una Massachussets profundamente calvinista, vivió con su familia en su amplia mansión – museo visitable por la web en estos tiempos pandémicos-  en la ciudad de Amherst. 

El rasgo que une su poesía con la poesía moderna es el interés por hacer del poema un lugar de reflexión, a veces intrincadamente oscuro, otras veces como en el 498, más claro y comprensible.

Es famosa una carta entre ella y su editor Thomas Wentworth Higginson en la que él le pide que deje de rimar en sus versos, que se aparte del sonsonete de la rima. Recordemos que ya Walt Whitman estaba rompiendo a sablazos con estrofas rimadas e instalando el verso libre de una vez y para siempre. Y ella muy elegantemente y – por carta – se niega a hacerlo. La negación, negarse a seguir ciertos parámetros impuestos por la sociedad heteropatriarcal será parte de su ideología, educada en la primera universidad para mujeres, Emily condensó en su poesía todo tipo de conocimientos: literarios, históricos, sociológicos, físicos, geográficos y los someterá a una nueva mirada, a una nueva manera de ver ese-  su mundo en guerra. La trágica guerra de Secesión lleva a Emily a escribir en su annus mirabilis entre 1882 y 1883, más de trescientos poemas y el 498 es uno entre tantos asombrosos poemas que están a disposición de los lectores ávidos de preguntas y de poesía.

No tenía tiempo para Odiar

porque la Tumba Me lo impedía 

y la Vida no

bastaba

para concluir la Aversión 

Tampoco tenía tiempo para Amar 

pero puesto

que alguna Ocupación ha de haber—

el pequeño Esfuerzo del Amor 

pensé,

era lo bastante grande para mí 

Traducción de Alvaro Torres Díaz.

por Elisa M. Salzmann

No obstante lo breve y oscuro que expresa su mensaje en su poema 498; en lo personal me conmovió uno entre tantos otros, de los que su fina letra nos dejara como su legado.

TENÍA UNA GUINEA DORADA:

TENÍA una guinea dorada;

Lo perdí en la arena

Y aunque la suma fue simple,

Y libras estaban en la tierra,

Todavía lo tenía de tal valor

A mi ojo frugal,

Que cuando no pude encontrarlo

Me senté a suspirar.

Tuve un petirrojo carmesí

Que cantó de lleno muchos días,

Pero cuando los bosques fueron pintados

Él también se fue volando.

El tiempo me trajo otros petirrojos,

Sus baladas eran las mismas:

Todavía por mi trovador perdido

Mantuve la “casa en hame”.

Tenía una estrella en el cielo;

One Pléyade era su nombre,

Y cuando no estaba atendiendo

Se apartó de la misma.

Y aunque los cielos estén abarrotados

Y toda la noche cenando

No me importa,

Ya que ninguno de ellos es mío.

Mi historia tiene una moraleja:

Tengo un amigo perdido, –

Pléyade su nombre, y robin,

Y Guinea en la arena,

Y cuando esta triste cancioncilla,

Acompañado de lágrima,

Se encontrará con los ojos del traidor

En un país lejos de aquí

Concede ese arrepentimiento solemne

Puede apoderarse de su mente,

Y no tiene consuelo

Debajo del sol puede encontrar.

I HAD A GOLDEN GUINEA:

I HAD a golden guinea;

I lost it in the sand

And although the sum was simple,

And pounds were on the ground,

I still had it of such value

To my frugal eye

That when I couldn’t find it

I sat down to sigh.

I had a crimson robin

That he sang full for many days,

But when the woods were painted

He too flew away.

Time brought me other robins,

Their ballads were the same:

Still for my lost troubadour

I kept the “house in hame”.

He had a star in the sky;

One Pleiade was his name,

And when I was not attending

He turned away from it.

And although the skies are crowded

And all night having dinner

I do not mind,

Since none of them are mine.

My story has a moral:

I have a lost friend, –

Pleiade his name, and robin,

And Guinea in the sand

And when this sad little song,

Accompanied by a tear,

He will meet the eyes of the traitor

In a country far from here

Grant that solemn repentance

It can take over your mind

And has no consolation

Under the sun can find.