Historia de la literatura: “Pigmalión”.

En esta pieza el maestro George Bernard Shaw se vale de la ironía, el humor, la sátira y la crítica social en una obra entretenida que ha traspasado las fronteras del tiempo.

“Díganme, caballeros, ¿qué soy yo? Un pobre que no tiene la culpa de ser pobre. Esto supone un conflicto continuo con la moralidad de la clase media. Si hay algo de que disfrutar y yo trato de disfrutarlo, todos me quieren negar el derecho a ello”, George Bernard Shaw, Pigmalión (acto II).

Esta obra de teatro es uno de los escritos más populares de George Bernard Shaw, aquel gigante de la dramaturgia angloparlante. A partir de uno de los mitos griegos descritos por Ovidio en Las metamorfosis, Shaw publicó la obra de teatro en 1913 y luego la adaptó como guion en 1938, lo que le significó un premio Óscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Ha sido adaptada al teatro musical de diversas formas, en diferentes épocas y reinterpretada desde la literatura, la lingüística, la sociología, la filosofía y la psicología. 

El académico Eric Bentley afirma: “Shaw exagera con humor cuando considera como público a toda la nación inglesa, escribiendo de hecho sus piezas para la gente cultivada de todas las naciones, a la que le da exactamente igual si el actor aparece con un frac o con una toga. Shaw contribuyó así a que la clase media se reconociera a sí misma y a que criticara sus propios tópicos y lugares comunes”.

George Bernard Shaw nació en Dublín en 1856 en el seno de una familia protestante de clase media. Vivió en Irlanda hasta los veintiséis años y luego se mudó con su madre y hermanas a Londres. Fue periodista, crítico de teatro, novelista, dramaturgo y muy activo en crítica social a partir de posturas marxistas. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1925 y murió en 1950.

Recordemos el mito ovidiano que le sirve de base al dramaturgo para la construcción de esta famosas obra teatral: Pigmalión es un joven artista que está desilusionado y asqueado por el comportamiento de las mujeres que lo rodean y por eso decide moldear a una mujer, a su juicio, perfecta. Al finalizar a Galatea se enamora de ella hasta que, eventualmente, la estatua cobra vida y creador y creación pueden, finalmente, estar juntos.

La pieza teatral de Shaw, estructurada en cinco actos, tiene el siguiente argumento: dos hombres, el coronel Pickering, lingüista de dialectos indios, y el profesor Higgins, fonetista, se encuentran a la salida del teatro en Covent Garden, en Londres, y escuchan gritar a una vendedora de flores llamada Eliza Doolittle en un lenguaje y con una actitud muy vulgar. 

Higgins le apuesta a su amigo que es capaz de enseñar a esta mujer a hablar correctamente y convertirla en una dama refinada y elegante en un período de seis meses. La joven acepta dejarse “educar y moldear” e incluso el padre de la joven, intentando sacar provecho económico de la situación, pide alguna remuneración por dejar que su hija se quede en la casa de Higgins, ya que la familia de Eliza es muy pobre. 

Al final, el profesor logra su objetivo; sin embargo, a diferencia del mito, la conversión no necesariamente implica felicidad, sino que deja ver una ambigüedad de sentimientos y situaciones tanto para Eliza como para las personas que la rodean. Después de concluir su formación, Eliza se da cuenta de que para ella es más importante que Higgins la aprecie a ella, en vez de que solo admire su nuevo y adquirido refinamiento. Dice expresamente: “No quiero ser un cero a la izquierda” (acto V).

Son pues muchos y muy variados los temas que se dejan ver en esta trama: una crítica social de la que se desprenden numerosas aristas, empezando, por ejemplo, con la mirada feminista: ¿un hombre puede tener la capacidad de objetivizar a la mujer y decidir las características de la dama perfecta y la forma de moldearla? 

En algún momento, la madre de Higgins dice: “Parecen ustedes un par de chiquillos jugando con una muñeca” (acto III). Pero, el punto de vista sociológico no se queda atrás: ¿una determinada labor o un comportamiento específico es el más adecuado y válido en una sociedad? o ¿cómo deben ser las relaciones entre hombres y mujeres? Curiosamente, el mismo Higgins no se caracteriza, propiamente por su delicadeza a la hora de hablar con la gente. De hecho, es tan directo que se pasa, con frecuencia, a modales ofensivos.

En pocas palabras, el Nobel irlandés, considerado uno de los dramaturgos más importantes de la literatura europea, se vale de la ironía, el humor, la sátira y la crítica social en una obra entretenida que ha traspasado las fronteras del tiempo. Igualmente, se percibe un diálogo directo entre el objeto de la creación artística y su creador. 

Adicionalmente, hay una evidente crítica sociolingüística, ya en el prólogo se deja claro que, a su juicio, los ingleses hablan muy mal y que los padres y educadores deberían enseñar bien el idioma. Pero, sobre todo, es un canto a la libertad y a la visión de independencia que cada persona tiene en función de su lugar en el imaginario social.

Cierro con una de las citas más populares de Higgins: “El gran secreto, Eliza, no consiste en tener buenos o malos modales o cualquier clase particular de modales, sino en tratar del mismo modo a todas las almas hermanas; en una palabra: hay que portarse como si uno estuviese en el cielo, donde no hay vagones de tercera ni reservados, y donde un alma es tanto como la otra” (acto V).

Imagen de portada: George Bernard Shaw, autor de ‘Pigmalión’ y ‘Santa Juana’.Archivo particular

FUENTE RESPONSABLE: El Espectador. El Magazín Cultural. Por Mónica Acebedo. 19 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Historia de la Literatura/En Memoria/George Bernard Shaw

 

 

 

 

Historia de la literatura: “Por el camino de Swann”

Un recorrido por la novela de Marcel Proust, el primer tomo de la obra “En busca del tiempo perdido”.

“Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las miga del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior” (Por el camino de Swann, de Marcel Proust).

El epígrafe con el que inicio esta reflexión es una de las escenas más famosas en la historia de la literatura. Marcel Proust cuenta que sumergió una magdalena en una taza de té y a partir de ese momento se disparó en su cerebro un torrente de recuerdos y sentimientos. En un momento fundamental en el movimiento narratológico conocido como el flujo de conciencia, que también desarrollarán, por ejemplo, Virginia Wolf y James Joyce.

En efecto, una de las grandes obras de la literatura universal se llama En busca del tiempo perdido, escrita por Marcel Proust (1871-1922), cuya publicación inició en 1913, un momento crucial para la historia europea. Se trata de una monumental novela modernista, compuesta por siete tomos que utilizan el pensamiento interno y la memoria involuntaria del narrador. Es en una especie de cuento filosófico, autoficción y novela sociológica. 

Afirma Alain Verjat al explicar el alcance de la novela: “La ficción literaria, a lo largo de tres mil páginas, con todo el material turbio nacido del sueño, de los vicios, de las vanidades y de las ilusiones que permite actualizar, sirve sobre todo para que comprendamos que la única forma de romper la soledad de la personalidad social, la máscara que exhibimos, es llegar a comunicar con los demás por medio de una especie de lenguaje común que abusivamente podríamos llamar ‘objetividad’, lo que somos, la esencia de las cosas, no la existencia que les damos”.

Marcel Proust nació el 10 de julio de 1871 en plena belle époque, luego de un período bélico significativo para la sociedad francesa: la guerra con Prusia. El auge de los artistas, los escritores, la arquitectura y las ciencias en general fue germen para su formación, junto con una familia pudiente y bien conectada en los medios intelectuales y culturales. Tuvo una salud complicada a lo largo de su vida, lo que probablemente le significó un carácter especialmente sensible. Murió el 18 de noviembre de 1922.

En esta historia de la literatura me refiero al primer tomo, que es en sí mismo una novela independiente llamada Por el camino de Swann, que contiene los ejes temáticos y formales de su escritura: la forma como rescata en su memoria anécdotas de su infancia y juventud; la forma como reflexiona sobre la creación literaria, el arte y el artista; el comportamiento de los seres humanos en la sociedad que los rodea, como los celos, el duelo por la muerte o la pérdida de la persona amada, la percepción subjetiva del mundo, los objetos y las personas.

El contexto espacial corresponde a Combray, el pueblo de la infancia del narrador; es decir, del mismo autor. La primera sección trata de un largo recuento de su infancia durante una noche; sus primeros años, las visitas de un amigo de la familia, el señor Swann, un hombre conocido en la sociedad parisina, que se convertirá en el enlace referencial de aquella época. 

Recuerda, por ejemplo, el temor que sentía a la hora de ir a la cama, la necesidad inminente de un beso de la madre antes de irse a dormir y la inoportuna visita del señor Swann, el culpable de que su madre no le diera el consabido beso de buenas noches. La memoria del narrador identifica a las personas con los objetos que las rodean. También, admira el paisaje que rodea el pueblo, en particular, los espinos florecidos a lo largo del camino hacia la casa del señor Swann. De la misma manera, el autor-narrador reflexiona sobre la labor del escritor y concluye, a partir de sus recuerdos, que su interés por la lectura y la escritura proviene de aquella época de su infancia. Asimismo, rememora su primer amor: Gilbert, hija de Odette y del señor Swann. Cuando ella despierta la sección termina.

A manera de relato intercalado, el autor cuenta la historia del señor Swann, quince años antes de que él lo conociera, y la forma como aquel se enamoró perdidamente de Odette a pesar de la mala reputación de esta última. Infidelidades, celos, sociedad parisina, envidias y angustias son los elementos que nutren la trama de esa sección de la novela que, además, dialoga con lo ocurrido en las últimas tres décadas del siglo XIX.

Precisamente, este primer tomo de En busca del tiempo perdido dispone de los elementos de la teoría del autor sobre la memoria involuntaria, el espacio y el paso del tiempo, que, posiblemente, estuvieron influidas por el filósofo francés Henri Bergson (1859-1941). 

De acuerdo con el pensamiento proustiano, la única manera que tiene el ser humano de alcanzar la felicidad plena es a través de los sentimientos que se despiertan por recuerdos de los que no somos plenamente conscientes. Adicionalmente, Charles Swann sirve como el prototipo del sentimiento del amor y las relaciones que, casi necesariamente, implican sufrimiento, mentira, celos, infidelidades…

En resumen, a partir de una trama sencilla pero profunda se desvela una de las mejores y más emblemáticas obras de la historia de la literatura del siglo XX; una caracterización psicológica de los individuos a partir de sensaciones que disparan recuerdos y situaciones que de manera voluntaria no sería viable identificar. Una forma moderna de percibir el paso del tiempo.

Imagen de portada: Marcel Proust, escritor francés, recordado por su célebre obra “En busca del tiempo perdido» .Foto: Archivo particular.

FUENTE RESPONSABLE: El Magazín Cultural. Por Monica Acebedo. 7 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Historia de la Literatura/Marcel Proust.

Ann Radcliffe, la precursora de la novela gótica.

La famosa escritora británica fue toda una pionera en su tiempo al crear unos personajes femeninos fuertes, valerosos y decididos, capaces de vencer a los villanos y malvados de la historia. Radcliffe fue la creadora de un estilo literario que influenció profundamente a autores contemporáneos y posteriores, como sir Walter Scott o Edgar Allan Poe.

Ann Radcliffe nació el 9 de julio de 1764. Aunque no se sabe mucho sobre la vida de esta pionera de la literatura gótica, sí es conocido que abandonó una prometedora carrera literaria tras el éxito conseguido con sus cinco novelas publicadas en vida. 

De hecho, Radcliffe, consumida por la melancolía tras la pérdida de sus padres y a causa de la enfermedad degenerativa que sufría su esposo, dejó la pluma y se retiró del mundo. 

Con todo, son muchos los críticos literarios que se han mostrado sorprendidos del contenido de su obra. Y es que llama la atención que una mujer criada en un ambiente puritano como fue Ann Radcliffe (por otra parte, algo muy habitual en la Inglaterra que le tocó vivir) mostrara sin tapujos los horrores más ocultos del ser humano en algunos de sus libros como Los misterios de Udolfo (1794) o El italiano (1797).

Ann Radcliffe hizo uso de una técnica literaria absolutamente personal para describir los elementos de aire sobrenatural que se describen en sus novelas.

Tras su muerte, la escritora adquirió cierta notoriedad en el mundo de la literatura gótica, y acabó convirtiéndose en la autora más popular del género y ganándose la admiración de numerosos lectores. 

Los críticos literarios de la época la bautizaron como «la poderosa hechicera» y el «Shakespeare de los escritores románticos». La popularidad de Radcliffe siguió manteniéndose durante el siglo XIX, y el interés por su obra reapareció a principios del siglo XXI con la publicación de varias biografías sobre la autora.

Retrato de fecha desconocida de la escritora británica de novela gótica Ann Radcliffe. Foto: PD

UNA VIDA SOLITARIA

El nombre de nacimiento de Ann Radcliffe era Ann Ward, y aunque no se conoce demasiado sobre los primeros años de su vida, lo que sí es seguro es que nació en Holborn, un céntrico barrio de Londres. Ann era hija de un comerciante que se trasladó a la ciudad de Bath para regentar una tienda de porcelana. 

Allí, y a pesar de que su familia sentía pasión por la cultura, la educación de la joven Ann se redujo a recibir ciertas nociones de arte y algunas de música. En 1787, Ann se casó con un joven periodista llamado William Radcliffe, que era copropietario y editor del periódico vespertino English Chronicle. Al parecer, el matrimonio fue feliz y William, conocedor de la afición de su esposa por la lectura, en seguida la animó a escribir.

Ilustración para la novela de Ann Radcliffe Los misterios de Udolfo (1794).Foto: PD

Tras su matrimonio, Ann se convirtió en una mujer muy celosa de su vida privada, y, curiosamente, dejó de escribir a los 32 años, cuando sus cuotas de popularidad se encontraban en lo más alto. 

De hecho, se ha especulado mucho sobre el motivo real por el cual Ann Radcliffe llevó desde entonces una vida tan solitaria y recluida. Ann apenas salía de su casa y nunca visitó los países que fueron el escenario de sus novelas. En realidad, sus únicos viajes al extranjero fueron a Holanda y a Alemania, y los hizo después de haber escrito la mayoría de sus novelas. 

Ann narró aquellos dos viajes en una obra publicada en 1795 a la que tituló A Journey Made in the Summer of 1794 (Un viaje realizado en el verano de 1794). Así, aunque dejó de publicar novelas muy pronto, Ann siguió escribiendo poesía y una última novela, Gastón de Blondeville, que sería publicada de manera póstuma.

LAS PROTAGONISTAS DE SUS NOVELAS: JÓVENES DONCELLAS

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, la literatura gótica causaba furor entre los lectores y Ann Radcliffe saboreó el éxito desde sus primeras publicaciones a pesar de que The Castles of Athlin and Dunbayne (Los castillos de Athlin y Dunbayne,1789) y A Sicilian Romance (Un romance siciliano, 1790), sus dos primeras novelas, se publicaron de forma anónima. 

Ann describe con maravillosa precisión castillos en ruinas, puertas misteriosas y espectros terroríficos, que pueblan todas y cada una de las páginas de sus libros. Estos escenarios oníricos son el tenebroso preámbulo de la violencia sin límites que van a sufrir las jóvenes y bellas doncellas que protagonizarán sus novelas.

Su tercera novela, una historia que transcurre en la Francia del siglo XVII titulada El romance del bosque (1791), consolidó definitivamente a Ann como una escritora de éxito, aunque sería Los misterios de Udolfo (1794), la cuarta, la que acabó por convertirla en la novelista más popular de Inglaterra. 

En esta última novela, Radcliffe relata la historia de una huérfana llamada Emily St. Aubert que es encerrada en el castillo Udolfo, propiedad de un bandolero que se ha casado con su tía. 

Muchos críticos definen esta novela de Radcliffe como el romance gótico por excelencia, una narración repleta de incidentes de terror, tanto físico como psicológico, de castillos remotos y en ruinas, y de acontecimientos sobrenaturales, protagonizada por un villano malvado y retorcido y una valiente heroína perseguida. 

Ann ganó bastante dinero con sus obras, así que tras la publicación de su quinta novela, El italiano, por la cual percibió 800 libras en concepto de derechos de autor, la escritora decidió dejar de publicar.

EL TERROR Y EL HORROR

Tras dejar la pluma, Ann Radcliffe permaneció 26 años años retirada del mundo, junto a su esposo y su perro. El aislamiento llegó a tal extremo que mucha gente rumoreaba que la autora se había vuelto loca. 

Pero Ann no había dejado de escribir. Tras su muerte, el 7 de febrero de 1823, posiblemente a causa de una neumonía, se descubrió un libro suyo titulado Lo sobrenatural en la poesía, en el que la autora afirmaba que su objetivo a la hora de incluir escenas de terror en sus obras había sido, sobre todo, estimular la imaginación de sus lectores. 

Asimismo, para componer sus paisajes y escenarios tenebrosos, Radcliffe se basó en las pinturas de artistas como Claude Lorrain y Salvatore Rosa. Su admiración por la obra de estos artistas se refleja en la novela Los misterios de Udolfo.

Portada de Los Misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe. Foto: PD

Pero a pesar del éxito que había obtenido con sus obras, se dice que a Ann Radcliffe no le convencía en absoluto el rumbo que empezaba a tomar la novela gótica de su tiempo. 

De hecho, Ann describía el terror en sus novelas, pero no revelaba detalles del horror, como sí hicieron otros autores como Matthew Gregory Lewis o el marqués de Sade, cuya obra tenía un enfoque innegablemente más violento. Posteriormente, la producción literaria de Radcliffe influiría en autores como sir Walter Scott o Edgar Allan Poe, considerado el inventor del genero de ficción.

Otro aspecto a destacar en las novelas de Radcliffe, como por ejemplo en The Italian, es que presenta a sus personajes femeninos en igualdad de condiciones a los masculinos, algo muy novedoso para la época. 

Estas mujeres eran capaces de vencer a los villanos a pesar de todas las dificultades a las que debían enfrentarse. De hecho, Radcliffe hizo de sus heroínas unas mujeres fuertes y decididas, algo impensable en la literatura de la época. 

Asimismo, la autora británica estableció una clara diferencia entre el terror, un elemento recurrente en sus obras, y el horror, que para ella eran elementos contrapuestos. 

En su obra Lo sobrenatural en la poesía lo explica con estas palabras: «Terror y Horror son tan opuestos, que el primero expande el alma y despierta las facultades a un alto grado de vida; el otro las contrae, congela y casi las aniquila».

Imagen de portada: Escena gótica similar a las descritas en las novelas de Ann Radcliffe. Foto: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. 

Sociedad y Cultura/Reino Unido/Biografías/Historia de la Literatura

 

 

 

Pearl S. Buck, la escritora estadounidense que se enamoró de China.

Ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1938 por su ingente obra dedicada a China, sus costumbres y sus gentes, la autora norteamericana vivió siempre entre dos mundos. Asimismo, su filantropía y su gran amor por China, país en el que pasó gran parte de su vida, le llevaron a fundar varias organizaciones de ayuda humanitaria, así como una agencia de adopción para niños asiáticos.

Aunque la carrera como escritora de Pearl S. Buck fue menospreciada durante mucho tiempo por gran parte de la crítica literaria, que llegó a calificar su obra de simple, no habían pasado ni diez años desde la publicación de su primera y exitosa novela, Viento del Este y viento del Oeste, cuando la escritora estadounidense recibió el Premio Nobel de Literatura en 1938. Los miembros de la academia sueca quedaron fascinados con el talento de S. Buck para manejar las palabras y crear bellos paisajes literarios.

En su discurso de agradecimiento, Pearl S. Buck aseguró que había sido durante su larga estancia en China cuando aprendió lo que realmente significaba ser novelista. Para la autora, escribir era hablar de las personas y de su interior más profundo, como evidencia su larga y extensa obra, que comprende diversos géneros literarios, incluidos la poesía y los cuentos infantiles. Pero la vida de Pearl S. Buck no fue fácil. La escritora tendría una dramática experiencia con la maternidad que le marcaría de por vida. A partir de ese momento se propuso dedicar su vida a ayudar al prójimo, en especial a los más desfavorecidos, y sobre todo a los niños.

CHINA, EL GRAN AMOR DE PEARL S. BUCK

Pearl S. Buck, nacida Pearl Sydenstricker, vio la luz el 26 de junio de 1892 en la localidad de Hillsboro, Virginia, y fue la cuarta de los siete hijos de una pareja de misioneros presbiterianos. Cuando contaba cinco meses, su familia marchó a China, donde pasaría gran parte de su vida. Allí la niña recibió una educación básica por parte de su madre y de su tutor, un hombre al que llamaban Mr. Kung, que le enseñó los clásicos de la literatura china, las teorías de Confucio y la historia del país asiático. Asimismo, tanto su niñera como el cocinero de la familia solían contarle cuentos, historias y anécdotas sobre las costumbres chinas.

En China recibió una educación básica por parte de su madre y de su tutor, Mr. Kung, que le enseñó a leer los clásicos de la literatura china.

Hasta aquel momento Pearl había vivido inmersa en un ambiente completamente chino y bastante humilde. Por eso, cuando ingresó en la escuela americana en Shangái, la Miss Jewell’s Day School, Pearl empezó a darse cuenta de que el mundo que había compartido hasta entonces con sus padres en la misión presbiteriana, seguro y sin preocupaciones, no era el único existente y que fuera de él había otros muy distintos.

Fotografía de Pearl S. Buck durante la promoción de su libro La Gran Ola.Foto: Cordon Press

Años después, la propia Pearl contaría en su autobiografía la dicotomía entre los dos mundos en que se educó: «Crecí entre dos mundos diferentes, uno corresponde al mundo de visión estrecha y limpia de los norteamericanos; mientras que el otro corresponde a una visión de un mundo amplio, feliz, alegre y menos limpio de los chinos. Los dos mundos no se comunican. En el de los chinos, hablo en chino, me comporto como uno de ellos, como lo mismo y comparto sus pensamientos y sentimientos. En el mundo de los norteamericanos, cierro la puerta que los conecta».

MATRIMONIO Y ALGUNOS REVESES

En 1910, Pearl S. Buck regresó a Estados Unidos para estudiar Psicología en una universidad de Virginia, donde su comportamiento y su corte de pelo al estilo chino llamaron la atención entre sus compañeros, lo que la hizo sentirse algo incómoda. Tras su graduación en 1914 tuvo que regresar de inmediato a China para cuidar a su madre enferma y allí empezó a dar clases de inglés en varias escuelas. En 1917, Pearl conoció al que sería su primer marido, un economista agrícola llamado John Lossing Buck, con quien se casaría ese mismo año. La pareja se trasladó posteriormente a Suzhou, una ciudad situada junto al río Yangtsé, donde vivieron casi tres años.

En 1914, Pearl tuvo que volver de inmediato a China para cuidar a su madre enferma y allí empezó a dar clases de inglés en varias escuelas.

Pearl S. Buck con un grupo de niños chino adoptados por familias a través de su agencia de adopción Welcome House. Foto: Cordon Press

A finales de 1919, el matrimonio se mudó a Nankín, donde ambos trabajaron como profesores en la universidad y donde Pearl escribiría casi todas las obras que contribuirían a que años después consiguiese el Premio Nobel de Literatura y el Premio Pulitzer. 

Pearl tradujo por primera vez al inglés A la orilla del agua, una de las cuatro obras clásicas más famosas de la literatura China que se publicaría bajo el título de All Men are Brothers (Todos los hombres son hermanos). Un año después, en 1920, Pearl dio a luz a Carol, su primera y única hija biológica, que nacería con una grave enfermedad mental. Pero Pearl pronto iba a recibir otro duro golpe. Aquel mismo año le detectaron un tumor uterino, cuya extirpación le provocaría una esterilidad permanente. 

Tras aquella terrible noticia, en 1921 Pearl tuvo que hacer frente a la muerte de su madre y poco después al fallecimiento de su padre. Para intentar superar todos estos reveses, en 1925 los Buck decidieron trasladarse a Estados Unidos, donde adoptaron a una niña a la que llamarían Janice, aunque volvieron a China en otoño de ese mismo año.

LA VISIÓN DE CHINA DE PEARL S. BUCK

Mientras vivió en Suzhou, Pearl había conocido a muchos campesinos analfabetos que nunca habían visto a un extranjero. La autora fue testigo de cómo aquellas personas luchaban día a día por subsistir y sobrevivir al hambre, la pobreza y los desastres naturales. A Pearl le conmovieron profundamente la sencillez y la tenacidad con la que hacían frente a las adversidades de la vida, tanto que llegó a afirmar que aquellos campesinos eran la verdadera representación de la nación china. Así, Pearl se vio impelida a escribir acerca de ellos para, según dijo, romper estereotipos: «No me gustan las obras que describen a los chinos de una manera extraña y grotesca. Mi mayor deseo es hacer que en mis obras aparezca la imagen real de esta nación», y es que en sus libros la autora decidió mostrar la vida real del pueblo chino de su época a los lectores occidentales con la intención de cambiar la extendida imagen de «orientales misteriosos» que sobre los chinos habían popularizado algunos escritores occidentales.

La estancia de Pearl en Suzhou le permitió conocer a muchos campesinos analfabetos que nunca habían visto a un extranjero.

Pearl S. Buck recibe el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Gustavo V de Suecia en la Sala de Conciertos de Estocolmo en 1938.Foto: PD

En 1927, Pearl y su familia se vieron atrapados en medio del enfrentamiento que se desató entre las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek y las fuerzas comunistas, conocido como el «incidente de Nankín», en el transcurso del cual varios señores de la guerra y algunos ciudadanos occidentales fueron asesinados. 

Con la ayuda de la embajada norteamericana, los Buck se trasladaron a Shangái y desde allí fueron a Japón para poner rumbo a Estados Unidos. Allí empezaría Pearl su brillante carrera como novelista. Corría el año 1930 cuando publicó su primera novela, Viento del Este, viento del Oeste, gracias a la ayuda de un editor llamado John Day, que acabaría convirtiéndose en su segundo marido cinco años más tarde, tras su divorcio de John Lossing Buck. 

En 1931, Pearl publicó La buena tierra, que se convertiría en la novela más vendida ese año y el siguiente. Un año después, Pearl obtuvo el Premio Pulitzer y asumió el cargo de presidenta de la Asociación de Autores de Estados Unidos.

LA IMPORTANCIA DE AYUDAR A LOS DEMÁS

En 1938, Pearl S. Buck ganó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera mujer norteamericana en lograr dicho galardón y en la primera occidental que lo logró escribiendo acerca de China. Un año antes, el 13 de diciembre de 1937, Japón había llevado a cabo una sangrienta masacre de civiles en la ciudad de Nankín, y nada más enterarse de la noticia Pearl publicó un artículo para condenar los excesos del ejército japonés. 

En 1940, ya en plena guerra, junto al periodista Edgar P. Snow, especialista en el país asiático, recabó fondos y ayuda médica para enviar a la población china, e hizo un llamamiento para constituir una asociación de auxilio de la que asumió la presidencia.

El 13 de diciembre de 1937 Japón llevó a cabo una sangrienta masacre de civiles en Nanking, y Pearl publicó un artículo para condenar los excesos del ejército japonés.

Un prisionero de guerra chino a punto de ser decapitado por un oficial japonés.Foto: CC

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor adonde se encuentre escrito en azul. Muchas gracias.

De hecho, Pearl S. Buck fue durante toda su vida una incansable activista por los derechos civiles y de las mujeres, y publicó diversos ensayos en el periódico de La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), y en Opportunity, la revista de la Liga Urbana, una organización que luchaba por los derechos civiles. En 1949, Pearl fundó la Welcome House, la primera agencia de adopción que aceptaba a niños asiáticos y de otras razas, y años después, en 1964, fundó la Fundación Pearl S. Buck, que ofrecía atención a niños asiático-estadounidenses que no eran candidatos para la adopción y también ofrecía ayuda a miles de niños procedentes de países asiáticos.

AÑORANZA DE CHINA

Mucho después de que acabase la Segunda Guerra Mundial, en plena Guerra Fría, y tras muchos años sin poder viajar a China, Pearl envió un telegrama a un miembro del Partido Comunista Chino llamado Zhou Enlai y a diversos dirigentes del partido para que le permitiesen visitar el país, cosa que le negaron. 

En febrero de 1972, las relaciones entre China y Estados Unidos parecieron experimentar cierta mejoría, por lo que Pearl solicitó al presidente norteamericano Richard Nixon que la dejara acompañarle en su próxima visita oficial al país asiático. El presidente prometió ayudarla en la medida que fuera posible, pero cuando Nixon anunció su próximo viaje oficial a China, Pearl, para evitar problemas, acudió a la embajada china en Canadá para solicitar un visado de entrada. Pero su solicitud fue rechazada.

Con la idea de acompañar a Nixon en su viaje oficial a China, Pearl acudió a la embajada china en Canadá para solicitar un visado, pero su solicitud fue rechazada.

Aquel revés le provocó un gran disgusto, a lo que se sumaría la detección de un cáncer de pulmón que acabó causándole la muerte el 6 de marzo de 1973, a los 81 años de edad. Pearl murió sin haber podido cumplir su sueño de volver una última vez a su añorada China. Para su último viaje, el cuerpo de Pearl fue vestido con su qípáo favorito, un traje inspirado en la estética del pueblo manchú. En la actualidad, numerosos turistas chinos que visitan Estados Unidos acuden a la antigua residencia y al cementerio donde está enterrada Pearl S. Buck, una escritora que amó profundamente aquel país, y que vivió siempre entre dos mundos.

Imagen de portada:  Pearl S. Buck tomada alrededor del año 1932. Foto: PD

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic Historia. Por J. M. Sudarni. 23 de junio 2022

Sociedad y Cultura/Historia de la Literatura/Biografías